Gazeta de Antropología, 2011, 27 (1), artículo 05 · http://hdl.handle.net/10481/15001 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 10 enero 2011    |    Aceptado 25 marzo 2011    |    Publicado 2011-03
Nostalgia culturalista y modernidad tardía. Persiguiendo la cultura en Castilla-La Mancha
The culturalist nostalgia and the late modernity: Searching culture in Castilla-La Mancha



RESUMEN
El estudio de las prácticas sociales y las identidades colectivas hoy no puede abordarse sin tomar en cuenta la aparición de "la cultura" como factor autónomo que acompaña a las gentes en un afanoso diálogo meta-cultural. Más allá de definiciones académicas, la cultura en la actualidad se ofrece como escenario reflexivo, abierto y en disputa, en el que los actores sociales pugnan por definir los contenidos de lo cultural en cuanto definiciones de sí mismos y de sus destinos colectivos. Para abordar desde la Antropología el estudio de este escenario se propone una perspectiva retórica de la cultura. Ésta implica definir la cultura como un símbolo independiente, una noción instrumental que circula forjándose a sí misma (en su contenido, en su validez) en la medida en que una diversidad cada vez mayor de individuos y colectivos hacen uso de ella. A través de un estudio de caso se intentará mostrar la eficacia de este enfoque para la comprensión de las prácticas culturales partiendo de un diagnóstico crítico: la ausencia de bienes patrimoniales interpretada por los actores locales como ausencia de cultura.

ABSTRACT
Beyond definitional academic problems, the notion of "culture" has emerged as an autonomous factor of social practices and collective identities within the framework of fervent meta-cultural dialogues. Currently, "culture" is a reflexive scene under discussion, where social actors struggle against one to another to define the contents of "what is cultural" as definitions of themselves and as projects for their collective destinies. A rhetorical perspective of culture is proposed here to take into account this scene from Anthropology. This perspective seeks to define culture as an independent symbol, as an instrumental notion that flows in social practices and discourse while individuals and groups use the notion with quite different meanings. We shall try to show the advantages of a rhetorical approach to culture through a case analysis. For this purpose we will start by taking into account a critical point: some social actors interpret the absence of patrimonial goods as the absence of culture.

PALABRAS CLAVE
cultura | retórica | patrimonio | desarrollo local | antropología social
KEYWORDS
culture | rhetoric | heritage | rural development | social anthropology


Las texturas de lo cultural visibilizado en la posmodernidad ponen el acento en discursos, prácticas y grupos sociales lo bastante diversos como para que en muchas ocasiones resulte difícil vislumbrar de qué “cultura” se habla, qué acontece en esta invocación heterogénea que irrumpe cada vez más a menudo en una escena que, reflexivamente, es “cultural” (1). Aunque diferencias sociales haya habido siempre, de muchos modos y grados, las diferencias sociales que cobran significado y visibilidad creciente en la actualidad son (o se apellidan) culturales, consistan en lo que consistan. La ciudadanía emerge cultural, la participación política, la identidad, el pluralismo, los derechos, pero también el patrimonio, su gestión, la riqueza de los pueblos, y el turismo, el ocio, las revistas, las agencias, las agendas, los agentes (las asociaciones, los clubes, los centros, los colectivos). Y en ningún momento ha dejado de considerarse cultural el arte, los museos, la literatura, las industrias y políticas asociadas a ellos, las instituciones educativas y sus actividades. Todo ello al mismo tiempo que las tradiciones, las creencias, los ritos, los valores, son hoy más valiosos en cuanto culturales (en un sentido distinto, contrario), valiosos para las mismas instituciones, industrias y políticas que hace no tantas décadas procuraban corregir su desviación de lo culto.

Tal vez en otras épocas las escenas del ser y sus culturas se tejieran con hilos invisibles en la urdimbre de la religión local, las tradiciones familiares o en las particularidades ecológicas de la vida de los pueblos. En la actualidad, sin embargo, el tejido de lo cultural se teje también con hilos que llevan su mismo nombre. Y el estudio de las prácticas sociales y las identidades colectivas hoy no puede abordarse sin tomar en cuenta la aparición de “la cultura” como factor autónomo (esto es, autonomizado) que acompaña a las gentes en un afanoso diálogo meta-cultural. Sin embargo, como en todas las ocasiones en las que una palabra se convierte en fetiche de la acción y reflexión sociales, la condensación semántica del término (de “cultura” en este caso) termina por disolver sus sentidos originales (en este caso humanísticos y antropológicos) en el impreciso pero poderoso encanto de su prestigio. ¿Acaso hay facción económica o política alguna explícitamente en contra de “lo cultural” en la actualidad? Sin duda las hubo cuando el término denotaba aquellos destinos (bien ilustrados, bien folclóricos, Elías 1988, Kuper 1999, Goberna Falque 2003) que hoy han venido a confluir en una alquimia algo sorprendente (García García 1998). No obstante, hoy la cultura es más bien el escenario abierto, compartido y en disputa, en el que la reflexividad de los actores sociales pugnan por definir los contenidos de lo cultural en cuanto definiciones de sí mismos y de sus destinos colectivos.

 

1. Introducción: por una perspectiva retórica de la cultura

Las variedades de la investigación social sobre la cultura como objeto en construcción socialmente explícita se han desarrollado especialmente alrededor de tres ejes temáticos principales: identidad, patrimonio y arte. Cada uno de estos tres temas genéricos se relaciona con los demás de un modo u otro que por lo general dependen de los contextos concretos en que se realiza una investigación empírica, o bien del contexto teórico en que se enmarcan los estudios de cada tema. Pero, si bien existe heterogeneidad de hipótesis y enfoques, hay algunos elementos comunes que forman parte de lo que hoy podríamos considerar un marco general en los estudios culturales en su más amplio sentido: a) un cierto constructivismo característicamente ajeno al otrora fascinante esencialismo folclorista e indigenista, b) el reconocimiento de la reflexividad como elemento fundamental de las prácticas sociales y no sólo de las hermenéuticas de la ciencia social, así como también, c) la creciente importancia otorgada a la dimensión performativa de los discursos identitarios, los objetos patrimoniales y las producciones artísticas, esto es, su impacto en el cambio sociocultural más allá de su mera emergencia como frutos del espíritu de los pueblos. A la suma de estos tres ingredientes (constructivismo, reflexividad y performatividad) proponemos referirnos aquí con la noción de retórica tal y como se desarrolla en el llamado Rethoric Culture Project (Tyler y Strecker 2009, Carrithiers 2009, Gudeman 2009, Salazar 2006, Strecker y otros 2003).

Más allá de la Antropología Hermenéutica, aunque en una cierta continuidad (Tyler y Strecker 2009:2), la perspectiva retórica de la cultura permite analizar las prácticas sociales como representaciones que actúan en un escenario de espejos en el que se encuentran y se desencuentran consigo mismas y con otras, reconociéndose en su condición representacional y reconociendo, en esta medida, que su validez compite en un campo (bourdieano) de legitimaciones en construcción, inestables, oportunistas. En este sentido, esta perspectiva se expresa en el quiasmo según el cual las retóricas de la cultura emergen como una nueva y global cultura de la retórica (Strecker 2003). Y como el uso original del término denota (Salazar 2006), la retórica consiste en la clase de discurso (o de práctica simbólica en este caso) orientado a la transformación sociocultural (y no a la expresión de las esencias identitarias o creativas). De este modo, la entrada en escena de las acciones o discursos retóricos dependerá de las coordenadas de la imaginación política y las relaciones de poder de actores sociales concretos y su validez descansará tanto en su potencial disruptivo respecto al estado de cosas anterior, como en su eficacia transformadora final.

Ciertamente, el concepto de cultura que aquí se pone en juego es distinto a los (al menos) tres sentidos tradicionales del término: las manifestaciones del genio colectivo, el cultivo de las disciplinas artísticas como refinamiento del gusto y la noción tyloriana que previamente logró sintetizar a las otras dos, la cultura como repertorio de costumbres y creencias. Usada como palabra clave y fetiche legitimador, los usos habituales del término por parte de los actores sociales suelen remitir a alguno de los tres significados anteriores. Pero justamente el análisis de las prácticas que tienen “la cultura” como artefacto discursivo o práctico en escena (esto es, el análisis de las prácticas culturales que se dan sobre la propia “cultura”), se hace necesario dar un paso atrás y adoptar una perspectiva en la que la cultura como concepto analítico no se remita a las definiciones tradicionales, sino que asuma que las definiciones tradicionales son hoy por hoy parte del repertorio de representaciones colectivas que los sujetos individuales y colectivos articulan para pensarse a sí mismos. En este sentido, por tanto, una perspectiva retórica de la cultura implica definir ésta como un símbolo independiente, una noción instrumental que circula forjándose a sí misma (en su contenido, en su validez) en la medida en que una diversidad cada vez mayor de actores sociales hacen uso de ella. La cuestión ahora es, obviamente, demostrar la eficacia de este enfoque para el estudio de las prácticas sociales y comprobar qué nos dice “la cultura” (como símbolo) de las personas que usan de ella.

Para desarrollar esta propuesta se hará una aplicación a un estudio de caso, con un análisis de los conceptos y prácticas de cultura activos entre los actores sociales. Para ello se partirá de un diagnóstico crítico que los actores sociales ofrecen: la idea de que ellos no tienen cultura. A continuación se analizará el contexto local en el que este análisis popular emerge, así como las diversas prácticas locales asociadas al cultivo de lo cultural en diferentes momentos. Prestando atención a la dimensión retórica se estudiarán especialmente los conflictos colectivos (políticos, económicos, identitarios) relacionados con el uso de diferentes conceptos de cultura y los cambios habidos tanto en las prácticas culturales como el concepto de cultura manejado desde hace tres décadas hasta hoy. Finalmente, se plantearán algunas reflexiones críticas sobre la retórica de la cultura como práctica y teoría.

 

2. Perseguir la cultura en Castilla-La Mancha

El estudio de caso que se ha elegido goza de una condición paradójica que lo hace especialmente representativo, en mi opinión. El municipio de Noblejas, en Toledo, se encuentra aparentemente alejado de las más obvias disputas meta-culturales. No es el escenario en el que un movimiento político-cultural del estilo del nacionalismo o los movimientos indígenas haya arraigado, o tenga sentido. No es el escenario de un desmantelamiento industrial que haya inspirado la revitalización culturalista como reacción a su propio fin de la historia ni cosa semejante. Ni tampoco es el escenario de un conflicto de convivencia multicultural particular. Sin embargo, y precisamente por todo lo que no es y todo lo que no tiene, Noblejas representa eficazmente a una inmensa mayoría de contextos habitualmente invisibles en los que, sin embargo, la retórica de la cultura campa por la vida cotidiana ejemplificando la generalización y pregnancia de la cultura de la retórica de nuestros días.

 

2.1. Un punto de partida partido: ¿”aquí no hay nada”?

La primera vez que estuve en Noblejas fue en 2000, con motivo de una investigación etnográfica encargada por la Asociación Comarcal Don Quijote de La Mancha (2)y el ayuntamiento del municipio a un equipo de sociólogos y antropólogos en formación. Noblejas ha visto en las dos últimas décadas la culminación de un profundo proceso de reestructuración económica que ha transformado las condiciones de vida en relación con las épocas anteriores. Este despegue económico se ha interpretado en coherencia con las tendencias nacionales de “desagrarización” del campo y ha sido producto de una fuerte promoción institucional, pues la iniciativa e ideología modernizadora del ayuntamiento ha sido decisiva para cultivar esta transformación. El proceso dio comienzo en los años 1970 siguiendo una pauta básica de difusión industrial desde Madrid. Noblejas ha sabido explotar desde entonces las ventajas de su localización (accesibilidad por carretera y suelo muy barato, fundamentalmente) siendo actualmente reconocido como uno de los polos industriales más activos e importantes de la provincia de Toledo (ABC, Toledo, 16 de junio de 2006). Fue en el contexto de un rápido cambio económico y social, y por ende cultural, cuando el equipo de investigación empezó sus labores contactando con los actores locales de diversas ideologías, formación y situación económica obteniendo como primer material de trabajo un mismo y monocorde resultado: todos parecían coincidir en que Noblejas no tenía cultura alguna que estudiar.

Con cierta modestia, los noblejanos declaraban una y otra vez que era en Ocaña donde “hay cosas para estudiar”, convencidos de que “aquí no hay nada, fuera aparte de la iglesia”. También se lamentaban nuestros primeros informantes hace 10 años: “había una fuente muy bonita, muy antigua, como la de Ocaña, pero la taparon estos”… y arremetían contra el gobierno municipal, que sin embargo no era el que la había enterrado. Aunque estas frases están fueron recogidas durante los primeros meses del trabajo de campo, también las he podido escuchar más tarde cada vez que conocía a gente nueva. Y aún hoy se escuchan, porque aún hoy lo que en el pueblo se considera cultura susceptible de investigación es una suerte de bosquejo patrimonial (o eventualmente patrimonializable) del que hablaban con inseguridad acerca de su valor: la iglesia parroquial, el retablo, la ermita, la fuente vieja enterrada, la fuente nueva reubicada, la cueva de Villacampa, el castillo destruido de Oreja y alguna casa grande, llamativamente distinta a las casitas tradicionales que abundaban, invisibles, en el centro del pueblo y que para el forastero buscador de cultura resultan mucho más interesantes y originales, en realidad.

El repertorio inexacto de objetos culturales valiosos o susceptibles de ponerse en valor, manifestaba una concepción de la cultura afín al uso vigente en el programa marco que financiaba la investigación socio-antropológica que iniciamos en el 2000. Entre los documentos de los planes Leader manejados por la Oficina de Desarrollo Comarcal, la cultura figuraba inequívocamente fusionada al patrimonio. En uno de los boletines de la Asociación sobre el programa Leader II (de 1996 pero vigente en el momento en que esta oficina contrata una investigación antropológica) la referencia a la cultura en sentido más próximo a lo antropológico clásico (tyloriano) decía algo como esto: “Por cada piedra que se pierda estamos eliminando una hoja de nuestro pasado, pasado en el que están impresas nuestras raíces, es decir, nuestra cultura” (Asociación Comarcal Don Quijote de la Mancha, 1996).

La actualidad de esta visión patrimonialista puede comprobarse hoy en el Programa territorial de la comarca de Ocaña, y también en el borrador del Plan estratégico de desarrollo sostenible de Castilla-La Mancha (3). En realidad, si uno busca los recursos de patrimonio cultural en la comarca a través de la web encontrará varios listados de “bienes culturales” (consagrados para la condición global en Wikipedia) y más tarde o más temprano llegará a una inequívoca nota que reza: Puede realizar búsquedas de recursos de patrimonio. Se clasificarán estos recursos en tres tipos: Arquitectónico, arqueológico y natural (4). Así las cosas ¿qué podría estudiarse de un pueblo donde sus gentes creen que la cultura es precisamente un recurso ausente? Sin duda, esa creencia misma, así como los conceptos y contextos en los que emerge.

 

2.2. El contexto de varios textos

Antes de intentar responder extensamente a la cuestión recién planteada parece necesario aportar alguna información sobre el municipio de Noblejas. El municipio tiene actualmente una población aproximada de unos 3.100 habitantes, se encuentra a seis kilómetros de Ocaña dirección este por la carretera N-400 y a unos sesenta kilómetros de Madrid. En un arrebato de entusiasmo modernizador, uno de los gestores más relevantes del gobierno municipal decía hace unos años que “a Noblejas… ¡no le va a reconocer ni su madre!”. Aunque el proceso de transformación económica y los cambios sociales asociados comenzaron en los años setenta del siglo XX, fue especialmente a partir de los ochenta cuando se hicieron las reformas más importantes y se dotó de una ideología modernizadora específica que coincidía con la llegada al gobierno municipal del PSOE, que ha seguido gobernando hasta el día de hoy. Así, entrados los años ochenta se acometió la reforma de los espacios urbanos y rurales que acompañaría la industrialización y terciarización del municipio en los años sucesivos. La canalización de las aguas, la expansión del alumbrado público a todas las calles, el asfaltado generalizado y la señalización de las vías públicas se inician a partir de 1985. Quince años después, hacia el año 2000, la labor todavía continuaba con mejoras de la red de aguas (para el abastecimiento del polígono industrial) o la instalación de gas natural.

Uno de los grandes y más polémicos proyectos de reforma iniciados por el equipo municipal actual ha sido la concentración parcelaria. Ha sido un largo proceso marcado por las negociaciones entre las instituciones y los propietarios de suelo rústico, y su resultado más significativo es, no sólo la concentración de tierras de cultivo, sino sobre todo la formación de varios espacios dedicados a la promoción industrial (suelo barato con redes de agua, electricidad, etc., disponibles), así como la disposición de suelo público para la construcción de vivienda social y la instalación de nuevas infraestructuras municipales. Unos años más tarde, las reformas urbanísticas y agrarias de los ochenta impulsaron la tecnificación de las labores agrícolas y la profesionalización del campo, así como el desarrollo industrial de la elaboración tradicional del vino y el aceite. Noblejas se ha especializado en la producción, embotellado y comercialización del vino. Actualmente, Noblejas tiene el mayor índice de crianza y exportación de vinos de la denominación de origen Castilla-La Mancha, seguida de Villarrobledo y Tomelloso (Pillet Capdepon 2000).

El desarrollo de esta industria tiene algunas peculiaridades significativas para nuestro análisis. Frente a las estrategias de importación de capitales y actividades que tuvo lugar en las décadas anteriores (5), la industria vitivinícola es importante en Noblejas por su carácter endógeno. Las fábricas embotelladoras forman parte de un tejido empresarial municipal claramente dominado por la mediana y pequeña empresa, y es el tipo de producción industrial que conserva las dinámicas de la producción tradicional basadas en las redes personales de confianza y reciprocidad, y además se considera relacionada con las sustancias simbólicas de la identidad local. No obstante, sólo el Grupo Avilés creció a mediados de los noventa hasta poderse comparar en capital y capacidad de empleo con las grandes empresas instaladas más tarde en suelo municipal. Entre las actividades tradicionales de Noblejas solo “el vino”, “el yeso” y “el aceite” han pervivido, pero por su mayor capacidad para asumir mano de obra y capital local, el vino es más importante económicamente y se considera más representativo de la vida noblejana. Constituye, además, un eslabón que une el pasado agrícola con el desarrollo industrial y la terciarización en crecimiento. Por este vínculo con el pasado, las imágenes relacionadas con el vino (los conos, las cuevas, las bodegas, las viñas) se consideran iconos permanentes de lo noblejano.

También se ha dado un crecimiento en las actividades de servicios como talleres mecánicos, comercios y otros. Se ha desarrollado considerablemente en estos años el sector de la construcción, que ha sido también tradicionalmente uno de los principales nichos de empleo masculino (especialmente como alternativa al campo) (6). Aparte de otras características de la estructura de actividad en Noblejas (7), cabe señalar que todo este proceso de desarrollo ha ido acompañado por un considerable desarrollo institucional y la constante mejora y crecimiento de los servicios públicos del municipio. Las primeras inversiones en servicios se basaron en la reforma de infraestructuras disponibles. Así, y además de las reformas urbanas mencionadas antes, en 1986 se transformó el dispensario en el “centro de salud”, se creó el centro social polivalente Hogar del Pensionista y la primera oficina del Centro de la Mujer. Así también, por la misma época se reformó el edificio del ayuntamiento, se reformaron varios parques y el viejo edificio de la escuela fue abandonado tras la construcción del colegio público de educación primaria Santísimo Cristo de las Injurias (8).

En 1991 se inauguraba otro de los grandes proyectos de esta corporación, la que se llamaría Posada de la Cultura, un centro multiusos con biblioteca, salas de informática, auditorio y otros espacios de reunión (en los que habitualmente se organizan varias clases de cursos de formación (9)). En 1995 se inauguraría el Centro de Atención Primaria, una guardería financiada por el ayuntamiento como apoyo a la mujer trabajadora y estrategia para fomentar su inserción laboral. Junto a esto, la inversión en servicios municipales ha incluido también la creación de infraestructuras deportivas de envergadura, tales como un pabellón deportivo cubierto y un polideportivo abierto cuya inversión estrella es un campo de fútbol de hierba natural. En estos últimos años, disponiendo ya el pueblo de un considerable desarrollo urbano y de servicios, se han instalado otras plantas industriales como la fábrica ENRON de turbinas eólicas (10), o la francesa alimentaria SENOBLE, conocida en el pueblo como “los yogures”. También se llevó a cabo el último gran empeño de la reforma urbana, la construcción de la llamada Plaza Nueva, un edificio monumental al estilo de las plazas mayores castellanas, con viviendas, locales comerciales y una parte de ella dedicada a albergar las actuales oficinas del ayuntamiento. Y existen más proyectos que hoy se van terminando o iniciando.

 

2.3. Destradicionalización y nostalgia culturalista

En el tiempo que ha durado este proceso, Noblejas ha visto incrementada su población, su gasto familiar y el empleo (11). El pueblo se ha convertido en un polo de desarrollo comarcal y está recibiendo cada vez más gente de municipios vecinos, de otras comunidades autónomas y otros países. Ha cambiado el paisaje del campo por el paisaje de los parques industriales. Y tan interesante como la dimensión objetiva del proceso ha sido la vivencia colectiva de los cambios y los factores subjetivos que se han implicado en los acontecimientos. En este sentido, la descripción general del proceso también nos da una idea de la concepción del cambio social y cultural que ha regido la planeación política noblejana.

La práctica y el diseño de la política local han implicado una retórica explícita (en las campañas electorales, por ejemplo) de modernización entendida como antítesis de pasado, viejo y tradicional. Atendiendo a las prácticas se aprecia que las iniciativas de desarrollo local se han orientado hacia la industrialización y la ubanización del municipio, dejando en un segundo lugar la cuestión del desarrollo agrario, así como también se ha potenciado la importación de actividades y empresariado exógenos, que los empresarios locales han terminado viendo con recelo. En este marco, el sector primario y el secundario representan, no sólo estrategias de desarrollo sino también formas de vida en sentido amplio, esto es, diferentes ideas de la “cultura”. Así, cuando las instituciones locales se han comprometido con la industrialización no han optado únicamente por una estrategia económica en vez de otra, sino también por una ideología del cambio social expresada como rechazo de la tradición y como modernización económica y cultural.

La imaginación modernizadora de los agentes locales ha representado en sus discursos al viejo pueblo como un anacronismo afortunadamente agonizante. El pasado, el campo, las costumbres tradicionales, se interpretan como los tiempos, lugares y modos de la escasez, del trabajo duro de los campesinos, de los valores de la autoridad familiar, las lealtades clientelares, y también la memoria de las distancias sociales, de la explotación, de la represión sexual y el control vecinal, representa el universo del que apremia escapar camino de una especie de revolución cultural. Así, en este otro planteamiento, el cambio cultural promovido por la industrialización y urbanización del municipio se representa como alternativa cuasiterapéutica contra un pasado de pobreza y dificultades. Al contrario que en el modelo anterior, el pasado, la tradición, y sus esencias imaginadas son interpretadas de un modo ligeramente siniestro en el discurso de algunos actores institucionales, para quienes la fuente vieja de la discordia trae a la memoria algo como: “allí bajaban las mujeres de los pobres a lavar, no las de los ricos”. Y del mismo modo contrastante, el paisaje de las fábricas, el asfaltado de todas las calles, los nuevos barrios de viviendas protegidas, se aparecen como logros objetivos del presente que se describen con optimismo.

En la representación del curso del desarrollo (relativamente hipostasiada), los elementos citados por los actores sociales institucionales presentan una polarización conflictiva entre el campo y la industrialización. Una polarización que se remonta a categorías dicotómicas como pasado/futuro, control social/libertades sociales, escasez/calidad de vida, o también tradición/modernidad. Y en esta lógica, las acciones específicamente relacionadas con “lo cultural” desarrolladas por el ayuntamiento en las primeras décadas de esta transformación tenían un significado netamente “educativo”. Se trata de la idea de cultura presente en la idea de “agenda cultural”: bibliotecas, posadas de la cultura, arte, música (especialmente música “culta”), ordenadores para los niños, cursos de todo tipo, así como financiación, profesores y edificios para todo eso. Es en este modelo “ilustrado” de lo cultural donde encaja también el notable apoyo municipal a las actividades deportivas, cuyo valor simbólico y formativo se apoya también en esta filosofía moderna de la cultura. Pero nunca llueve a gusto de todos.

Desde los comienzos del proceso hasta hoy en día circula otra representación, también hasta cierto punto estereotipada, que recoge las incertidumbres, los inconvenientes y las suspicacias en sobre el mismo proceso de desarrollo. Para una parte significativa de los actores locales la industrialización ha consistido en una especie de traición a la idiosincrasia del pueblo. La estética de las fábricas, de los parques enlosados, de los nuevos edificios, se critica como un desacierto del ayuntamiento. La llegada de nuevos residentes, la apertura del mercado de empleo local, o la aparición de formas de delincuencia urbana, dan lugar a reproches en los que se hace responsable a las instituciones de males tan mediáticos como míticos: “la droga” en los años ochenta, “los gitanos” en los noventa, “la inmigración” a partir del año 2000. Y en este caso también, el vínculo entre el desarrollo y las tribulaciones morales de la sociedad contemporánea es tan conscientemente forzado como explícito cuando es usado por algunosinformantes. Hasta cierto punto sirve como recurso efectista, cuya eficacia no radica en la verosimilitud descriptiva sino en la capacidad de provocar en el interlocutor el rechazo y la desconfianza. Esta movilización pretende circular simultáneamente contra el curso de la industrialización local y contra sus promotores, de modo que las formas más radicales (y también más estandarizadas) de este discurso son sostenidas por informantes movilizados contra el ayuntamiento por estos u otros motivos (12).

Al igual que en el caso anterior, en el contexto cotidiano o la charla informal, la mayor parte de las personas que sostienen militantemente el discurso contrario a la industrialización, aprecian como mejoras en sus vidas algunos de los cambios que han tenido lugar, sobre todo algunas de las nuevas dotaciones de infraestructura urbana y el aumento del mercado de empleo (13). En este contexto de discurso informal no existe una polarización tan estricta como en el caso anterior, entre otras cosas porque no es una representación dicotómica que imagine la realidad desde dos perspectivas recíprocamente excluyentes. Se trata más bien de un discurso de resistencia crítica, construido a la contra y en el que no se ofrece representación alternativa (y positiva) a la realidad enjuiciada.

El diálogo entre estas dos formas de presentar y representar el curso del desarrollo en Noblejas se hace visible en varios debates concretos que se mantienen vivos en la actualidad. Uno de los más característicos es el de la “fuente vieja”. La llamada Fuente Vieja es una construcción de estilo herreriano, levantada en el siglo XVIII en las afueras del pueblo, cuya función era dar agua y servir de bebedero de animales y lavadero para la ropa. Antes de la Guerra Civil, se construyó una fuente nueva más próxima al pueblo, de modo que la anterior se fue abandonando, hasta que en los años setenta el lugar de la fuente vieja fue enterrado por la insalubridad de las aguas y la degradación del entorno.

Ya en la década de los ochenta, tras el cambio de gobierno municipal, el ayuntamiento hizo un parque sobre el terreno de la fuente vieja. En 1993, la fuente nueva, que tampoco cumplía ya la función para la que se creó, fue “trasplantada” desde su lugar original y se instaló como motivo más o menos decorativo al lado de la carretera que cruza el pueblo. A partir de entonces se abrió un interesante debate sobre el valor histórico y simbólico de las fuentes. El debate fue abierto desde la oposición municipal, contraria al traslado de la fuente nueva, y entre los argumentos de la crítica a la iniciativa del equipo de gobierno se rescató la cuestión de la fuente vieja.

Las dos fuentes se consideraban valiosas como recursos patrimoniales, y salió a la luz entonces cierta conciencia sobre la pobreza histórico-artística del pueblo, que se veía a la sombra de la espléndida Ocaña, rica justamente en estéticas patrimonializadas (14). Las fuentes de la discordia, como a menudo ocurre con otros hitos patrimoniales, también se consideraban valiosas como representación de resonancias identitarias. A la vez que se veían como huellas más o menos originales de la historia local, se consideraron iconos de la identidad, emblemas de lo noblejano, y el trato que el ayuntamiento había dado a las fuentes se interpretó como un atentado contra la estética, contra la herencia histórica, y contra las sustancias del sujeto colectivo que sería Noblejas.

Informantes de todos los bandos cuentan que cuando la fuente vieja se enterró no había en el pueblo ninguna sensibilidad por la conservación patrimonial como la que surgió en la década de los noventa. “Tapar la fuente” fue una decisión técnica y barata en un momento en el que el municipio tenía escasos recursos propios. Hoy, los discursos han cambiado para responder a nuevas sensibilidades estéticas e ideológicas. El ayuntamiento actual asume que con la fuente vieja no se enterró tanto la bucólica memoria de una tradición entrañable, como la memoria de la pobreza y de la desigualdad social. En palabras de un informante de este grupo: “son los fascistas del lugar los que quieren ver la fuente vieja (…), quienes quieren rehabilitarla son los mismos que nunca han ido a lavar, las mujeres del pueblo iban a lavar la ropa de los hijos de los que ahora están diciendo que habría que recuperar aquello”.

Resulta significativo que la mayor parte de las personas que arremeten contra el gobierno municipal por su maltrato de las fuentes, le atribuyen también a este grupo el haber enterrado la fuente vieja, cosa que ocurrió años antes de su llegada al consistorio. Y es relevante también que desde ese gobierno actual se señale a los “fascistas” como herederos de las “buenas familias” y se les atribuya así un interés subrepticio en una reconstrucción romántica del pasado, pues estos vínculos tampoco se corresponden con el origen de los partidarios de la fuente, que son muchos más. Ambas cosas tomadas en conjunto ponen de manifiesto las dimensiones inequívocamente políticas del debate.

 

3. Economía y política de las retóricas sobre la cultura

Si atendemos a la configuración de los discursos enfrentados, tenemos de un lado la representación tópica del desarrollismo modernizador, y de otro lado una representación nostálgica que pone en cuestión la vocación de cambio total y plantea la necesidad de reequilibrar el cambio con concesiones simbólicas. En el primer modelo, la relación de la cultura y el desarrollo corresponde a una visión materialista de la historia donde la cultura es consecuencia de los cambios económicos, y la lectura del pasado se hace en términos de subdesarrollo económico, social y también cultural… pues aquí la cultura se concibe como superestructura que va evolucionando en pos de la mayoría de edad de la civilización. En el segundo modelo, por el contrario, se asume esta misma secuencia en un sentido negativo y antievolucionista: el cambio de valores, estilos y hábitos de vida en Noblejas es consecuencia de los cambios económicos y la industrialización. No obstante, el abandono de pautas culturales del pasado no se concibe como un progreso civilizatorio, sino como una pérdida, un naufragio producto de cambios positivos e irreversibles (el progreso material y técnico), pero del que aún deben rescatarse cuantos tesoros estén al alcance.

El debate de la fuente vieja muestra hasta qué punto la coincidencia de los bandos en las retóricas generales acerca la cultura difieren menos en la semántica de estos conceptos que en su pragmática, en su implementación. Así, cuando las fuentes son vistas por la mayoría de los noblejanos como un lustroso pecio del pasado, es ampliamente asumido también que su maltrato es una pérdida innecesaria, y se generan nostalgias compartidas que ya no se centran en cuestiones como la ideología del rescate.

 

3.1. Relaciones de poder

Al mismo tiempo, los significados y las emociones del debate sobre el cambio cultural se articulan también en el devenir las prácticas económicas y especialmente en la transformación de las relaciones de poder locales que aquel devenir ha traído como consecuencia en el presente. Resulta prestigioso para el pueblo que grandes multinacionales se instalen en sus polígonos industriales, pero las multinacionales también restan protagonismo a las empresas locales. Les restan espacios publicitarios en los libros de fiestas, en las actividades deportivas que patrocinan, en las revistas locales y comarcales. El esfuerzo económico que supone la publicidad para un pequeño negocio familiar es proporcionalmente enorme comparado con el de las grandes empresas, cuyo presupuesto de marketing es proporcional también a su volumen de negocio. También es notable la desigualdad entre unas y otras empresas para generar empleos, ofrecer sueldos y firmar o mantener convenios laborales.

Algunos empresarios locales acusan también al ayuntamiento de maltratar sus pequeños negocios a base de impuestos, o de retirarles el apoyo institucional en las subastas de obra pública. La oposición se hace eco de estas protestas:

“Hay un malestar de los empresarios, los empresarios de Noblejas de toda la vida, están contentos de que vengan nuevas empresas, se le ofrece todo el apoyo que se pueda prestar, sin embargo, desde el gobierno, a los que están aquí se les pone muchas trabas, para una licencia, para una actividad, cualquier cosa, y a las otras empresas todas las ventajas. A cambio dicen que están ofreciendo puestos de trabajo, pero la verdad es que no están ofreciendo puestos de trabajo a tanta gente de Noblejas, y las empresas de toda la vida de Noblejas estamos dando trabajo a gente de Noblejas”.

Algo semejante ocurre en otros ámbitos. Jóvenes que cursan estudios profesionales o universitarios fuera del pueblo, aspiran a encontrar en el pueblo un trabajo especializado que sigue siendo difícil de hallar. Los escasos puestos especializados fueron ocupados por personas de pueblos y ciudades vecinas, los puestos directivos de las grandes fábricas son importados desde otros países, y las expectativas de mejora laboral de los jóvenes noblejanos se han seguido ciñendo en buena parte a las posibilidades de promoción interna en empresas pequeñas o al autoempleo. Como consecuencia, la mayor parte de los profesionales noblejanos trabajan y residen fuera del municipio, y son “vecinos de fin de semana”. Si bien este acceso diferencial se ha ido atenuando con los años, en la actualidad sigue vivo como representación y opera, entre otras cosas, como legitimación de una demanda localista en este sentido.

Es en el contexto de estas paradojas donde han surgido discursos identitarios de contestación que defienden la pertenencia local como un valor añadido a la posición socioeconómica (Espada 2001, Cornejo 2004) añadiendo una dimensión identitaria a la retórica de la cultura que no se había dado hasta entonces. Desde el ayuntamiento, se señala a los vinateros y a los residentes de fin de semana como promotores de un tradicionalismo que manipula los sentimientos identitarios a favor del conservadurismo y en contra del progreso. Sin embargo, en el propio ayuntamiento hay quien ha sido vinatero, y quien reside fuera de Noblejas por motivos de trabajo. De la misma forma, puede señalarse que las críticas más radicales no se dan realmente entre los vinateros sino entre otros sectores (15), actores concretos que residen todo el año en el municipio (vinculados a la construcción y los servicios).

Por último, en el panorama de las retóricas de la cultura hay una dimensión política ulterior que guarda relación no sólo con las posiciones socio-económicas de los actores locales sino con los procesos de toma de decisiones y la cultura política en el sentido clásico. Una buena parte de las críticas a las instituciones municipales pone en cuestión su autoridad (de derecho) para llevar a cabo las reformas e innovaciones que se proyectan. Así, la crítica no se funda solamente en la valoración de los cambios, sino en las formas en que se llevan a cabo. En este caso concreto, parte de la crítica al proceso de desarrollo local es un lamento contra el autoritarismo, contra la falta de acceso de los vecinos a la toma de decisiones en la gestión municipal. Por su lado, desde los noventa el ayuntamiento ha venido poniendo en práctica una política de apoyo a la formación de asociaciones locales a las que apoyar con recursos (infraestructuras y fondos, principalmente) desde la que estimular la participación local. Sin embargo, si bien se ha incrementado el asociacionismo, los propios protagonistas señalan que el acceso a la toma de decisiones sobre lo que se hace y lo que no se hace ha permanecido centralizado, de modo que los debates sobre las diferentes retóricas del cambio cultural han permanecido en sus mismos términos hasta la actualidad.

Sin embargo, los debates locales sí han tenido un impacto apreciable en de la retórica general acerca de la cultura. Con los años y el oído atento al rumor de esa nostalgia que a menudo surge en contextos de cambio cultural rápido, la política municipal ha girado también su noción de lo cultural hacia el sentido patrimonialista (más folclorista que moderno, más romántico que ilustrado) y ha pasado a formar parte de ese coro que canta buscándose a sí mismo.

 

3.2. La reacción institucional

En respuesta a la expansión de la nostalgia culturalista, la corporación municipal se ha movilizado para la promoción de tesoros del presente. Nuevos edificios como la Posada de la Cultura o la Plaza Nueva, son promovidos como símbolos de un nuevo patrimonio, un patrimonio que se añora y que el ayuntamiento se ofrece a dotar desde la actualidad y desde su militante concepción del ser y el deber ser de la cultura. Si en un principio (aproximadamente entre 1985-1995) el concepto de cultura local manejado por las instituciones estaba fundamentalmente adscrito a la formación e información del ciudadano, a las “actividades culturales” programadas en la Posada de la Cultura, la biblioteca, etc. Desde 1996 en adelante se empieza a asumir un concepto más amplio, especialmente afín a los discursos del marco europeo de desarrollo local. Entre los objetivos de “desarrollo sostenible” del plan se concreta aquella idea inequívoca: “por cada piedra que se pierda estamos eliminando una hoja de nuestro pasado, pasado en el que están impresas nuestras raíces, es decir, nuestra cultura” (Asociación Comarcal Don Quijote, 1996). Pero, como se ha visto, si la cultura y las raíces noblejanas han de estar en las piedras del pasado poco podríamos esperar de esta estrategia.

No obstante, una forma original de paliar su propio “malestar de la cultura” por parte de las instituciones municipales ha sido la creación de un nuevo patrimonio arquitectónico, entre el que cabe destacar fundamentalmente la Posada de la Cultura y la reciente Plaza Nueva. En las actas de los plenos municipales se aprecia que su justificación inicial se funda en la necesidad de generar infraestructuras urbanas suficientes, pero la promoción de estos edificios como elementos de interés en varias guías turísticas on-line nos dan una pista clara de la interpretación patrimonialista que también se da a ambos edificios:
http://www.pueblos-espana.org
http://www.diputoledo.es
http://www.turismocastillalamancha.com

En otra lógica, el ayuntamiento también promovió el diseño de dos museos (museo enológico y museo de los oficios) y cuatro rutas turísticas (rutas del aceite y queso, artesana, subterránea y vinícola) en el marco de un curso de formación al empleo dedicado al turismo rural realizado en 2002. El curso resultó un buen laboratorio para explorar las representaciones locales de la cultura y de sus expectativas de rentabilidad económica y simbólica. Sus participantes se encontraron de frente con las contradicciones del concepto patrimonialista de cultura desde el momento en que tuvieron que construir un “inventario de Noblejas”. En el inventario se incluían ordenadamente unas líneas de historia local, descripciones de los edificios que consideraron relevantes, recetas, referencias a instalaciones deportivas así como al pantano de Las Chorreras, y breves comentarios sobre un puñado de “recursos festivos”. A la vista de este primer resultado, las propuestas iniciales de los participantes se orientaron al diseño de actividades deportivas como rutas a caballo o de senderismo, bajo la descorazonadora convicción de que en el pueblo no hay nada que mostrar al visitante. Sin embargo, el ayuntamiento estaba haciendo un notable esfuerzo por “poner en valor” los recursos locales y armonizar sensibilidades, lo que requería un diseño de turismo rural con más visión “etnográfica”. Al final, las orientaciones temáticas de museos y rutas reflejan el modo en que unos y otros superaron las dificultades del concepto patrimonialista de cultura: a falta de piedras donde incrustar el pasado, éste se recrea en la evocación ruralizante de las labores preindustriales, compensando la enérgica apuesta fabril del municipio.

Por último, ha habido otras iniciativas que terminan de bosquejar este paisaje de evocaciones nostálgicas. Desde la colección de fotografías para Infolamancha.com (donde se recrea una colorista fantasía tradicionalizante) hasta la progresiva ruralización estética de las fiestas de los quintos (Cornejo y Pires 2003), pasando por la aparición de mercados medievales en fiestas (a partir de 2005), como está de moda en todo el país, el conjunto de esta casuística está contribuyendo a una particular “etnomímesis” (Cantwell 1993) desde la que el patrimonio inmaterial imaginado se materializa y vive en un nuevo escenario cultural: el de su ocaso anunciado. Aunque a menudo se relaciona este nuevo escenario con una época posindustrial (Rodríguez Regueira 2002), Noblejas desafía esta idea. No ha sido el desmantelamiento industrial el que ha dado alas a la conciencia crepuscular y sus estrategias de “puesta en valor”, sino la convergencia de varios factores diversos entre sí: la transformación del paisaje, la crítica política contra el ayuntamiento y sus gestores, el impacto social de las nuevas empresas en la dinámica de la convivencia, la forzosa adhesión de las instituciones al imaginario rural de los planes europeos y la carencia de recursos patrimoniales como los que ese imaginario da por hecho.

 

3.3. Las políticas generales de desarrollo rural

Contemplar la búsqueda de la cultura en Castilla-La Mancha nos obliga a considerar uno de los elementos característicos de redefinición de lo cultural en la época de la globalización y la posmodernidad: la re-significación de lo rural, de los pueblos, de las periferias y de sus bienes. El navegante nostálgico de la aldea global ya no es exactamente el cosmopolita urbano de hace unas décadas, sino más bien el buscador de raíces, de identidades, el que regresa a un universo rural mitificado y sus paisajes presuntamente eternos. Las profecías neorruralistas abundan representando el encanto pacífico de lo vernacular, de unos pueblos plagados de tipismos y efervescente magia cultural. Pero el contraste entre los mitos ruralizantes y los lugares y personas en los que se les espera encontrar encarnados puede ser considerable.

El caso de Castilla-La Mancha tiene sus particularidades a este respecto. Como ha señalado Nogués Pedregal (2006:54) y se aprecia en parte del análisis de nuestro caso, la Unión Europea ha concebido un modelo de desarrollo paneuropeo en el que la desagrarización de las primeras economías se va implementando a la par de una progresiva terciarización cuyo principal activo es el turismo. Y de una forma muy optimista se tiende a suponer que hay un mundo lleno de viajeros ávidos de tradición y experiencias rurales, y que los propios pueblos son un territorio exuberante de recursos patrimoniales que sólo hay que “poner en valor”. Aunque las ideas asociadas al esfuerzo de activación patrimonial se aprecian en la legislación europea desde los años sesenta por lo menos (I Conferencia europea de ministros responsables de la salvaguarda y rehabilitación del patrimonio cultural inmobiliario, Bruselas, 1969), es propiamente la convención de Granada de 1985 la que recomienda en su artículo 10, que “hagan de la conservación, promoción y puesta en valor del patrimonio arquitectónico una característica importante de las políticas en materia de cultura, medio ambiente y ordenación del territorio”. Al amparo de esta convención, la II Conferencia de ministros responsables del patrimonio arquitectónico, conduce la política patrimonial hacia este objetivo: “la puesta en valor del patrimonio arquitectónico como elemento de desarrollo económico de las regiones problemáticas“. Y más adelante, en la recomendación 5 de 1989 sobre patrimonio arquitectónico rural, encontramos la “puesta en valor” convertida ya en “factor primordial de desarrollo local”. En la década siguiente, la idea de “poner en valor” ha ido ampliando su dominio a medida en que la noción misma de patrimonio se ha diversificado.

El ambiguo y actualmente dominante concepto de “patrimonio cultural” es hoy el predilecto de los objetivos de la “salvaguarda y puesta en valor” anteriores en la legislación. Es este “patrimonio cultural” la cantera de recursos rentables que los planes de desarrollo suponen esparcido generosamente por esa Europa de los pueblos. Sin embargo, si uno presta atención a los municipios de esta región que tienen algún reconocimiento patrimonial de instituciones oficiales (Ocaña, Consuegra, Almagro…) aprecia de un vistazo la clase concreta de recursos que se ajustan al imaginario del patrimonio (arquitectónicos y arqueológicos), y aprecia que la inmensa mayoría de las poblaciones castellano-manchegas no pueden competir seriamente en un mercado (ni económico ni simbólico) basado en las estéticas rurales de la comunidad autónoma, ni de la Comunidad Europea. No obstante, la implantación de este imaginario de la “ruralidad turística” (Nogués Pedregal 2006:54) no ha tenido como efecto la crítica realista al desajuste entre planes y recursos. O quizá deberíamos decir que no ha podido permitirse renunciar a la financiación de los planes Leader sosteniendo planes o acciones fuera de los presupuestos ruralistas de la planificación europea. Y a la vista del conjunto, se ha adoptado el argumento generalizado según el cual cultivar la “cultura” local implica también sacar a la luz su dimensión “patrimonial”.

Como ha señalado José Luis García (1998:10), la idea de cultura que se encuentra en el imaginario del patrimonio está estrechamente unida a la de “identidad”, y gracias a sucesivas condensaciones semánticas, poner en valor el patrimonio de los pueblos (en el sentido de la ruralidad turística) ha ampliado el carácter de estrategia económica y de conservación de bienes históricos y culturales para ganar connotaciones morales y políticas nuevas y coherentes con los esfuerzos que desde su nacimiento viene haciendo la administración castellano-manchega por promover la etnogénesisregional (Lucas Picazo 2000), esto es, una construcción de identidad. De este modo, a pesar de condiciones prácticas desfavorables, la fantasía bucólica se ha sembrado y reproducido incluso allí donde parecía poco probable.

 

4. Consideraciones finales

Como se decía al principio, asumir una perspectiva retórica de la cultura equivale también a asumir que la cultura como símbolo explícito participa en la transformación social, construyendo su vigencia y validez en función de la vigencia y validez de los propios actores sociales que ponen el símbolo en juego. Este punto de vista también implica, a su vez, asumir que el trabajo del etnógrafo se da en un auténtico laberinto de espejos en el que la propia labor etnográfica participa reflejando y siendo reflejada por otros. Reduciendo la complejidad a lo manejable, del caso noblejano podemos extraer al menos tres imágenes de la cultura con relaciones distintas entre sí.

De un lado, las retóricas locales de la cultura se dan alrededor de dos modelos, uno modernizante y explícitamente transformador y otro arqueologizante y explícitamente conservador. Uno y otro son opuestos en el contenido que atribuyen a lo cultural, en su forma de entender el “deber ser” de la conducta colectiva respecto a la cultura, así como en la cronotopía de la cultura, puesto que para unos está en el pasado y lo local, y para otros en un futuro global. Sin embargo, ambas imágenes se asemejan en algunos aspectos clave para formarnos una tercera imagen de la cultura. Así, los dos modelos anteriores coinciden en un tácito acuerdo sobre la importancia central de la cultura, sea lo que sea, sobre la necesidad de que tal cosa sea promovida de algún modo, y sobre el vínculo de los propios actores sociales con lo cultural a través de valores, hábitos y la trama socioeconómica local, esto es, los ingredientes del diálogo colectivo.

Por otro lado, sin embargo, si bien es cierto que en las retóricas locales de la cultura los vecinos se representan a sí mismos más bien como producto de lo cultural en un sentido o en otro, las prácticas cotidianas de todos ponen de manifiesto su naturaleza de agentes, de creadores y gestores de cultura. Desde un punto de vista etnográfico, la cultura local que emerge actualmente se caracteriza justamente por el carácter procesual y retórico de lo cultural como dominio semántico y pragmático que se encuentra más presente en el debate colectivo que en los catálogos de actividades, mentalidades o cachivaches culturales, entre los que cada uno prefiere tal o cual. A este respecto, la perspectiva retórica de la cultura converge con la llamada antropología dialógica en cuanto ésta ha defendido que aquello que precisamente caracteriza la cultura es que “cultures are continuously produced, reproduced and revised in dialogues among their members” (Tedlock y Manheim, en Tyler y Strecker 2009). Al mismo tiempo, como ha señalado Carrithers (2009:3), la cultura comprende un repertorio más o menos amplio y variado de cosas aprendidas que incluyen desde los esquemas mentales e imágenes, valores y actitudes, disposiciones, formas de hablar y de organizarse, narrativas y más, pero ninguna de estas cosas están activas por sí mismas. Ninguna de ellas es por sí sola la fuente de la conducta, sino que es precisamente la puesta en juego dialógico, el debate entre las posibilidades de un repertorio la que permite enfocar las acciones humanas, las reacciones a esas acciones, y las diferentes consideraciones de esas acciones y reacciones.

Para el caso concreto que se ha analizado aquí, este enfoque permite dar cuenta del surgimiento histórico de un desencuentro colectivo originado en la implantación más o menos fallida de discursos y prácticas políticos acerca de la cultura. Por otro lado, esta perspectiva también permite apreciar el desencadenamiento de un característico malestar cultural que acompaña tanto a los discursos transformadores como a los conservadores. Pero también se aprecian las reacciones que buscan transformar el propio debate a través de la puesta en marcha de acciones de construcción de la cultura como la que aparece en la tradicionalización estética de las fiestas o como la propia iniciativa de lanzar una investigación etnográfica. En cualquier caso, parece claro que uno de los elementos cruciales en el devenir local ha sido la propia la aparición del concepto de cultura como la clave que ha guiado tanto la planificación del cambio socio-económico durante décadas como la movilización en su contra y finalmente las reacciones que actualmente constituyen la política cultural local.

Por último, si bien es cierto que el enfoque retórico de la cultura se ha presentado en ocasiones más orientado a la tropología (Fernández 2006) o a la invocación del analogismo como esencia de la cultura (Tyler y Strecker 2009), en mi opinión es precisamente el carácter político de la noción de retórica lo que le dota de más ventajas que otras antropologías simbólicas. Como han señalado Carrithers (2009) o Salazar (2006), el recurso a un concepto como “retórica” ha implicado desde la antigüedad la práctica de la persuasión y, por tanto, la presencia de agendas ocultas de los interlocutores. En este sentido, el análisis del caso noblejano ha intentado mostrar la versatilidad de este enfoque poniendo el acento mucho más en la política de las representaciones que en los aspectos más figurativos o de carácter más semántico.

 


 

Notas

1. Este artículo se enmarca en el proyecto de investigación “La reutilización de la cultura en las políticas de intervención social”, financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación con referencia CSO2008-03427.

2. “Don Quijote” es uno de los tres grupos de desarrollo rural de la llanura manchega creado con fondos Leader II de la Unión Europea. Su área de acción es la comarca de la Mesa de Ocaña.

3. En este documento se puede encontrar, además, la única alternativa a la visión patrimonial que parece vigente en el uso institucional del término ‘cultura’, esto es, la cultura como “educación”. A pesar de ello, el uso de cultura en un sentido afín a la idea y objetivos de una “investigación cultural” persiste en la vinculación a lo patrimonial. Documentos disponibles en: http://www.asociaciondonquijote.org/documentosdeinteres/docdow.php?id=93http://www.asociaciondonquijote.org/documentosdeinteres/docdow.php?id=61

4. En http://www.asociaciondonquijote.org/turismo/patrimonio/

5. En 1971, se inaugura el centro emisor de onda corta de Radio Nacional de España, en 1974 se instala la fábrica de transformación de yeso (Yetosa), y en 1976 se abre una planta de la empresa estatal ENDASA (extrusión de aluminios, privatizada posteriormente, hoy ALCOA), que son los hitos más representativos de esta década.

6. Conviene señalar que el lugar de trabajo preferente de estas empresas no es ni Noblejas ni la comarca, sino Madrid.

7. Otra gran parte del empleo de los noblejanos está fuera del pueblo y de las empresas locales. Algunas personas están empleadas en industrias instaladas en pueblos vecinos, y otros son funcionarios del Estado en diversas administraciones y trabajan fuera. Especialmente significativos son en este sentido los maestros, y sobre todo maestras noblejanas, que trabajan en escuelas de otros municipios, y los funcionarios de prisiones noblejanos que trabajan en Ocaña.

8. Existe en el pueblo otro colegio, regido por la hermanas de la Caridad, que ha sido privado hasta reconvertirse en centro concertado.

9. Estos mismos cursos pueden considerarse acciones de desarrollo en muchos casos, especialmente los muchos que están financiados como complementos de formación para el empleo, orientados a grupos desfavorecidos (sobre todo mujeres y parados, que también son mujeres en su abrumadora mayoría), pero también otros orientados a la población infantil como el aula de inglés, la escuela municipal de ajedrez y otros.

10. Son muy pocas personas del pueblo las que trabajan en esta planta, y sus puestos son de baja cualificación, sin embargo la fábrica tiene cierto valor simbólico como logro de la estrategia industrial. En cierto modo, el rechazo de la empresa a favorecer la contratación preferente de noblejanos se ha considerado una especie de traición al espíritu de la negociación. Un caso del que los agentes locales tomaron ejemplo para la siguientes negociaciones.

11. La tasa de paro se ha mantenido estadísticamente porque en el proceso también ha salido al descubierto el paro no registrado (fundamentalmente femenino). El incremento del gasto familiar se aprecia en los cambios habidos en el parque de vehículos y la evolución de la segunda vivienda. Sobre esto pueden consultarse los datos del Instituto Nacional de Empleo, de la Dirección General de Tráfico, y de Instituto Nacional de Estadística, así como las fichas municipales del Instituto de Estadística de Castilla-La Mancha.

12. La mayor parte de estos informantes son simpatizantes del partido de la oposición, no obstante, los representantes de este partido mantienen posturas más matizadas, dan su apoyo a las iniciativas del equipo de gobierno (especialmente para la solicitud de subvenciones en la Junta de Comunidades) y en ocasiones, estos concejales de la oposición son blanco de las mismas críticas que el gobierno municipal por parte de sus propios votantes.

13. Paradójica y significativamente, entre los concejales de oposición municipal no se encuentra esta actitud sino la inversa… es en la entrevista formal donde mantienen un discurso matizado, mientras en la informal expresan críticas más duras a la gestión y a los gestores del ayuntamiento. Véase la nota 19.

14. La fuente vieja era de un estilo semejante a la de Ocaña, aunque de menor tamaño. La de Ocaña fue diseñada por Juan de Herrera, está bien conservada y tiene cierta rentabilidad turística y simbólica.

15. La relación simbólica entre el vino y el pueblo provoca que los vinateros no sean los más interesados en la promoción identitaria, porque su localismo no está en crisis, y también porque tal y como funciona el mercado del vino no les resulta especialmente rentable. Así, la propuesta del ayuntamiento para promover una denominación de origen “Noblejas”, ha sido rechazada precisamente por los empresarios del sector.

 



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