Gazeta de Antropología, 2010, 26 (2), artículo 34 · http://hdl.handle.net/10481/6737 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 12 septiembre 2010    |    Aceptado 29 octubre 2010    |    Publicado 2010-12
Construcción de la identidad de grupo local. El espacio y el patrimonio material e inmaterial como referentes identitarios en Trujillo y Huertas de Ánimas
Local group identity construction. Space and material and immaterial heritage as identity referents in Trujillo and Huertas de Ánimas




RESUMEN
En este artículo analizamos las tensiones identitarias entre trujillanos y huerteños, en un conflicto de construcción de identidad de grupo local proveniente de la definición administrativa de Huertas de Ánimas como un barrio de la localidad cacereña de Trujillo. Los huerteños y trujillanos, en su intento de reproducción y reafirmación de su identidad local, construyen sus diferencias acudiendo fundamentalmente al espacio y al patrimonio, tanto el material como el inmaterial, especialmente los rituales festivos, con los iconos religiosos presentes en ellos, y la música.

ABSTRACT
In this article, we analyse the identity tensions between people from Trujillo and people from Huertas de Ánimas in a conflict of local group identity construction derived from the administrative definition of Huertas de Ánimas as a neighbourhood or suburb of the town of Trujillo (Cáceres, Spain). People from Huertas and Trujillo, in their attempt to reproduce and reaffirm their local identity, build their differences mostly with reference to their space and their heritage, both material and immaterial, especially festival rituals and the religious icons that are present in them, and music.

PALABRAS CLAVE
identidad colectiva | identidad de pueblo | patrimonio cultural | ritual | música
KEYWORDS
collective identity | village identity | cultural Heritage | music


Introducción

Existe en nuestra especie una tendencia, prácticamente universal, a categorizar y categorizarnos, a clasificar todo lo que nos rodea y, de la misma manera, a generar grupos de clasificación social, de los cuales nos consideramos, o no, miembros. De esta manera, tendemos a definirnos como pertenecientes a una categoría social determinada por diferenciación con otras existentes; en definitiva, a una construcción constante de nuestras identidades colectivas.

Escalera Reyes define las identificaciones colectivas como “los procesos mediante los cuales los distintos individuos que componen un colectivo se reconocen como integrantes del mismo y se diferencian de otros colectivos” (1997: 145). La identidad supone, pues, un proceso de clasificación, de identificación con un grupo y al mismo tiempo diferenciación con otro u otros. La forma en la que los grupos se diferencian tiene que ver, según Érica Lander, con “una definición que “crea” tanto al grupo de pertenencia, el “nosotros”, como al grupo enfrentado, el “otro”, a partir de la imposición de una frontera” (1997). Esta misma idea es explicada por José Luis Ramos en la definición conceptual y operativa que ofrece sobre identidad: “…la representación social que construye un sujeto (A) de sí mismo en contraste con otro sujeto (B)” (2010), defendiendo que se trata de concepto que remite a “un proceso y producto social, contrario a verlo como algo esencial de los sujetos; por lo tanto, la identidad aparece como una construcción social e histórica” (2010).

Los humanos afianzamos nuestra autonomía, reafirmamos nuestra identidad, desde niveles estrictamente personales a otros en los que aparecemos integrados en grupos sociales más amplios: grupo de amigos, miembros de la casa, la familia, vecinos del edificio o de la calle, etc. Pero esta identificación de cada uno de nosotros con un grupo de referencia trasciende a estas estructuras, consolidándose asimismo en ámbitos estructurales socialmente más complejos, como el barrio, la localidad, la comarca, la región, etc.

En ámbitos rurales, con la población concentrada en pequeños núcleos separados unos de otros, como ocurre en la provincia de Cáceres y en muchas otras provincias españolas, el pueblo, como unidad local, constituye una unidad básica de expresión identitaria de gran importancia para sus miembros, que tratan de utilizar diversos vehículos y medios para la exaltación del nosotros local, y para ofrecer un perfil compacto frente al ellos que suponen los pueblos vecinos. Pero, a veces, esta expresión de identidad se asienta en niveles intralocales, especialmente cuando hablamos de localidades grandes, de mayor población, en los que el barrio adquiere un protagonismo especial en su consideración como grupo social de referencia, y la categoría de grupo local si atendemos a los criterios identitarios de sus miembros. Es el caso de la localidad de Trujillo (Cáceres) y Huertas de Ánimas, éste último barrio de la primera.

En la construcción de la identidad de pueblo, intervienen diversos elementos, todos ellos, formas de expresión de esa identidad. Andrés Barrena habla, entre ellos, de “…rasgos lingüísticos diferenciadores, folclore, elementos del paisaje o la ecología, modos de vida, estereotipos y atribuciones, historia, monumentos, derechos colectivos, etc.” (1985: 95). Dentro del folclore, la música de tradición oral y los rituales festivos constituyen elementos claves en la construcción de identidad de grupo local.

Al igual que en temas de identidades colectivas, de distinción entre el “nosotros” y el “ellos”, la Antropología ha puesto sobre la mesa la tendencia humana a diferenciar naturaleza y cultura. Las ideas de lo “crudo” y lo “cocido”, que plantea Lévi-Strauss en sus Mitológicas, pueden llevarnos a pensar en dicotomías clásicas como lo rural y lo urbano, la artesanía y el arte, el habla tradicional y el habla culto, la literatura popular y la Literatura -con mayúscula-, el patrimonio etnológico y el patrimonio histórico, el saber popular y el saber académico, el colegio y la escuela… En contextos musicales podemos, asimismo, hablar de música popular y música culta, de instrumentos tradicionales e instrumentos musicales, de zarzuela y ópera, etc.

Muchas veces, esta polarización ha generado grupos de confrontación que han defendido una u otra posición en base a propuestas diferenciadoras: “lo nuestro”, caracterizado por la excelencia (mejor, de más valor, de más trascendencia e importancia, lo auténtico) frente a “lo de los otros”, caracterizado por la imperfección (peor, de menos valor, de menos trascendencia e importancia, la copia). El resultado es, como ya hemos comentado, la construcción de identidades colectivas, de sentimientos de pertenencia a un grupo y no a otro.

En Huertas de Ánimas, en su intento de reproducción y reafirmación de identidad local frente a Trujillo, aspectos como el espacio, las fiestas y el folclore-y dentro de él, la música y los instrumentos tradicionales-, suponen un recurso de inestimable valor en la edificación de la identidad huerteña. En el presente artículo abordamos esta situación a partir del análisis de un grupo local, el de los huertanos y sus intentos de construcción de una identidad de pueblo frente a Trujillo.

Muy relacionado con todo lo dicho hasta ahora está el tema de la construcción de identidades de grupo local como respuesta a los procesos de globalización. Crespi escribe que: “Se percibe en el análisis, que el temor a perder las tradiciones autóctonas ante los fenómenos de homogeneización y de interculturalidad hacen reaccionara la gente a dinamizar nuevamente la cultura popular que le identifica” (Crespi 2003: 7). El panorama actual es bien distinto de aquel que preconizaba que ser modernosuponía en cierta medida “estar en contra de los procesos explicativos de las identidades locales, y no pocos los gritos de alerta que durante décadas estuvieron clamando la desaparición, transformación y supresión de todos aquellos rasgos que, aún definitorios de lo local, se creían primitivos, atrasados o simplemente demasiado rústicos” (Anta Félez 2002).

En Huertas de Ánimas, de un tiempo a esta parte, y tal vez como respuesta a lo que se ha dado en llamar globalización, que está diluyendo fronteras e identidades, y a la necesidad de construir un patrimonio cultural propio y alternativo al patrimonio histórico trujillano, ha renacido el interés por retomar las tradiciones, muchas de ellas manifiestamente perdidas, propuesta que ha tenido su materialización en la creación, por empeño personal del párroco de este barrio, José Blanco, del llamado Museo Etnográfico de Huertas de Ánimas, entre otras cosas, una respuesta de cultura popular, rural, agrícola y ganadera, al Trujillo monumental, señorial, histórico, turístico y comercial.

También este asunto tendrá espacio en el artículo, ya que hablaremos del museo de Huertas, y de su papel como símbolo identitario huerteño.

Antes de entrar a analizar las tensiones identitarias entre trujillanos y huerteños, vamos a presentar brevemente estos dos grupos locales, es decir, Trujillo y Huertas de Ánimas, una localidad y un barrio.

Trujillo es una ciudad española situada en la provincia de Cáceres, en un batolito granítico entre dos grandes ríos del oeste peninsular: el Tajo y el Guadiana, sobre cuyas cuencas vierte sus aguas la extensa comarca Trujillana.

Trujillo es la capital de la comarca de su mismo nombre. Con 9.860 habitantes (Censo INE de 2008), es el municipio más habitado, centro médico, educativo, judicial y administrativo de los 14 que conforman esta comarca cacereña.

Si hay un elemento esencial sobre el cual los trujillanos construyen su identidad de grupo local, este es, sin duda, su historia. Desde sus orígenes prehistóricos hasta su actualidad, vinculada esencialmente al turismo histórico de la ciudad, pasando por su protagonismo como prefectura estipendiaria de la capital lusitana Emerita Augusta en la época romana cuando era conocido como Turgalium, por su constitución de Reino Taifa en el periodo musulmán y de cabeza de un señorío semi-independiente en el Medievo, o por el hecho de que fuera cuna de Francisco Pizarro y Francisco de Orellana, Trujillo ha contado con una historia en la que aparece como una localidad con un importante protagonismo social en el oeste español, algo que no se mantiene en la actualidad. Quizá sea esta dependencia económica del patrimonio histórico lo que le confiere a éste el valor identitario del que estamos hablando.

Por su lado, Huertas de Animas es una aldea o arrabal de Trujillo, situada a dos kilómetros del centro de dicha ciudad, constituyendo en la actualidad uno de sus barrios, con unos 2050 habitantes. Frente a la dominancia del sector servicios en Trujillo, la población de Huertas de Ánimas está dedicada fundamentalmente al sector primario, sobre todo a la ganadería.

 

Tensiones en la construcción de identidades de grupo local en Trujillo y Huertas de Ánimas

Dos son los elementos esenciales sobre los que se construyen las diferencias identitarias entre Trujillo y Huertas de Ánimas: el espacio y el patrimonio. Dentro de este último vamos a analizar aspectos relacionados con el patrimonio histórico-artístico y etnológico, los rituales festivos y la música.


El espacio como generador de identidades colectivas

Se dice que en Trujillo hay dos pueblos: el de los villanos y el resto. Los villanos son los habitantes de la Villa, es decir, del interior y los aledaños de la zona amurallada de la antigua Truxiello. El resto, es la gente que vive en la periferia. Pero aun en este resto hay distinción entre los trujillanos “cercanos” a la Villa y los trujillanos “alejados” de la Villa. Entre estos últimos se sitúan los habitantes del barrio de Huertas de Ánimas. La separación espacial entre Huertas y el resto de Trujillo es evidente. A vista de pájaro, algo que nos permite un paseo a lo largo de la muralla del castillo medieval de esta localidad, ubicado en su parte más alta, se puede observar un núcleo urbano, más o menos circular, del que sale una calle de más de un kilómetro, casi sin viviendas hasta bien avanzada la década de los noventa, que va a desembocar en otro núcleo más pequeño, conocido como Huertas de Ánimas.

Estas distinciones llevan implícitas una serie de construcciones ideacionales de unos y otros en torno a quién es, y quién no es, su gente, la gente de su grupo local; dicho de otra manera, idealizaciones sobre quiénes somos “nosotros”, los que vivimos aquí, en esta parte del pueblo, y quiénes son “ellos” o “los otros”, los que viven allí, fuera de nuestra parte.

Recientemente, de 2008 en adelante, se viene construyendo una urbanización de chalet prácticamente equidistante entre el núcleo de Trujillo y Huertas de Ánimas. Se trata de viviendas en parcelas independientes, justo al lado de un colegio de Educación Primaria y un instituto de la ESO. Preguntado algún informante trujillano, que en el momento de la entrevista buscaba parcela para construirse un chalet, sobre la posibilidad de hacerlo en esa zona, su respuesta fue clara: “Las parcelas están muy bien, son grandes, ¡fíjate los chalet que se están construyendo en ellas!, pero, para mi gusto, están demasiado cerca… de las Huertas, y ya sabes…”

Tanto los trujillanos como los huerteños (aún siendo todos trujillanos) diferencian claramente a unos y otros, siendo el espacio, como hemos visto, un elemento diferenciador esencial.

Muy vinculado al espacio están los centros educativos. En Trujillo funcionan tres centros de Educación Primaria y cuatro de Educación Secundaria. Uno de los centros de Primaria y Secundaria es el Colegio “Sagrado Corazón de Jesús”. Éste colegio, concertado, con un alumnado procedente del núcleo más céntrico de Trujillo, está ubicado muy cerca de la Plaza Mayor, en pleno casco antiguo de la Villa; de hecho, sus instalaciones se encuentran repartidas en cuatro edificios, dos de ellos de interés histórico-artístico: el Palacio de Juan Pizarro de Orellana y el Alcázar de Luís de Chaves el Viejo. El segundo colegio cercano al centro de Trujillo, de nombre Mari Paz de Orellana, es un centro educativo en régimen de sociedad cooperativa, también concertado, que se formó con los profesores del desaparecido Colegio Carmelitas. Luego está el colegio de Infantil y Primaria “Las Américas”, con tres edificios: dos son de Educación Infantil, y están situados en la entrada de Trujillo, el uno, y en pleno barrio de Huertas de Ánimas, el otro. El tercer edificio, situado en el centro de la calle que une Trujillos y Huertas de Ánimas, es un colegio completo de Infantil y Primaria, con alumnado mayoritariamente de este barrio. Resulta significativo el nombre de “Las Escuelas” para este último, y “Las Escuelinas” para los otros dos, que se da en Trujillo a “Las Américas”. En esta localidad, los niños que van al “Sagrado Corazón” y al “Mari Paz de Orellana”, van al colegio; por su lado, los niños que van a “Las Américas”, lo hacen a la escuela.

Sin duda, esta denominación de colegio y escuela remite claramente a dicotomías espaciales, de fuerte componente social, como urbano-rural, cercano-lejano, céntrico-periférico, villa-arrabal, Trujillo-Huertas de Ánimas.

Además de los colegios concertados “Sagrado Corazón de Jesús” y “Mari Paz de Orellana”, en los que se puede cursar la Educación Secundaria y el Bachillerato, en Trujillo hay dos institutos públicos, uno, el IES “Francisco de Orellana” junto al colegio “Las Américas”, y otro, el IES “Turgalium”, situado a las afueras, en la antigua carretera de Madrid, cerca del Centro de Menores “Francisco Pizarro”, ambos con un alumnado procedente mayoritariamente de Huertas de Ánimas y de otras localidades pequeñas de la comarca: a los colegios concertados con ubicación céntrica van los muchachos de la urbe de Trujillo, mientras a los institutos públicos, situados en la periferia, lo hacen los muchachos de Huertas de Ánimas y de los pueblos cercanos, además del alumnado procedente del Centro de Menores que se reparte entre ambos a partes iguales. Como vemos, las dicotomías que señalamos anteriormente, vuelven a aparecer cuando nos situamos en la Educación Secundaria.

 

Patrimonio histórico-artístico y patrimonio etnológico

El patrimonio es otra de las claves identitarias que trujillanos y huerteños utilizan para hacer explícita la diferenciación entre unos y otros.

Hablar de Trujillo es hacerlo de una localidad con un patrimonio histórico de indudable valor. Pensemos que estamos ante una localidad con fundadas aspiraciones a ser nombrada, por la UNESCO, “Patrimonio de la Humanidad”. Cierto es que, ante las reiteradas negativas que ha recibido en este tema, en la actualidad se encuentra inmersa en un propuesta más amplia que liga el conjunto histórico-artístico de Trujillo con el de Plasencia, además del patrimonio natural del Parque nacional de Monfragüe, que une ambas localidades, en lo que se ha dado en llamar: “Eje Monfragüe-Plasencia-Trujillo. Paisaje Mediterráneo”.

Hablar de este patrimonio histórico artístico trujillano es hacerlo de su castillo, antiguo alcázar árabe; de la muralla, en la que se conservan diecisiete torres y las puertas de Santiago, de San Andrés, del Triunfo y de La Coria; de la alberca árabe; de iglesias como las de Santa María la Mayor, Santiago, San Martín y San Francisco; de los conventos de las Jerónimas o el de San Francisco el Real; de palacios como los de los Marqueses de la Conquista, los Orellana-Pizarro, los Duques de San Carlos, el Marquesado de Piedras Albas, de los Chaves Cárdenas o la Casa fuerte de los Altamirano; de museos como el de La Coria (fundación Javier de Salas), la Casa-museo de Pizarro, el del Traje de Enrique Elías o el del Queso y del Vino.

Frente a este patrimonio histórico-artístico, los huerteños se sienten orgullosos de su Resbaladero, roca con una zona especialmente pulida que utilizan los pequeños para deslizarse por ella, en torno a la cual se ha generado un interesante espacio de sociabilidad de los distintos grupos de edad, y de su ermita, construida recientemente (1990) por los propios vecinos de Huertas, en una zona de recreo, merendero, aparcamiento y una amplia nave, de estilo rústico, cubierta utilizada en romerías. La ermita del Cristo de la Vida se encuentra ubicada junto al Museo Etnográfico de Huertas de Ánimas, museo que constituye un contrapunto etnológico al patrimonio histórico trujillano.

Este museo se empezó a construir en 1987, a instancias del párroco de Huertas de Ánimas don José Blanco, con la ayuda de los huertanos, tanto en el proceso de construcción, que aún hoy día continúa con nuevas salas, como en el de conseguir materiales para el museo. A la espera de que se abran las nuevas dependencias, en la actualidad se pude visitar una plaza cerrada y todo un conjunto de construcciones en torno a ella, en las cuales se muestra la forma de vida tradicional de las zonas rurales de la comarca. En este museo, construido en dos plantas, se muestran diversas dependencias de la casa, la escuela, la sacristía, la barbería, el establo, el chozo, etc., cada una de ellas con un buen puñado de utensilios de cocina, aperos de labranza, herramientas, útiles para el trabajo con el ganado, material escolar, instrumentos tradicionales, etc.

A través del patrimonio de Trujillo y el de Huertas de Ánimas, aquellas construcciones culturales que la gente de uno y otro sitio considera más representativas y significativas de la sociedad de la que forman parte, podemos definir dos modelos de construcción de identidad de grupo local ciertamente enfrentados. Hasta cierto punto, esto es así si tenemos en cuenta que es mucha la gente de Trujillo que reconoce no saber nada del museo de Huertas de Ánimas, aún siendo éste uno de los museos etnográficos más visitados en la comunidad autónoma extremeña, tanto por gente de esta comunidad como de fuera de ella. En las mismas guías turísticas de Trujillo se omite información de dicho museo. Por su lado, hay muchos huerteños que no demuestran el más mínimo interés por todo el mundo monumental trujillano y no tienen reparos en reconocer que apenas lo han visitado, aún teniéndolo tan cercano y tratándose, como se trata, de uno de los conjuntos monumentales más importantes de Extremadura.

 

Los rituales como elementos identitarios

Dentro del patrimonio inmaterial, los rituales festivos y los símbolos presentes en ellos constituyen otro de los recursos de trujillanos y de huerteños para la diferenciación.

Trujillo tiene dos fiestas locales oficiales: la fiesta en honor a la Virgen de la Victoria, finales de agosto e inicios de septiembre, y el Chíviri, Fiesta de Interés Turístico Regional en Extremadura, que coincide con el Domingo de Resurrección. Por su parte, Huertas de Ánimas se vuelca con sus fiestas en honor a la Virgen del Rosario, finales de septiembre e inicios de octubre.

La Virgen del Rosario es la Virgen de Huertas de Ánimas, frente a la Virgen de la Victoria, que es la Virgen de Trujillo. En este contexto, ambas vírgenes dejan a un lado su valor como símbolos religiosos para privilegiar su carácter de símbolos identitarios, cada una de ellas con una importante presencia como elemento expresivo y comunicativo de uno y otro pueblo, el huertano y el trujillano: la Virgen del Rosario es un símbolo de identidad local de Huertas de Ánimas, y la Virgen de la Victoria es un símbolo de identidad local de Trujillo.

Por otro lado, frente a las importantes corridas de toros asociadas a las fiestas trujillanas, con un cartel en el que comparten protagonismos algunos de los más conocidos toreros del panorama nacional, con astados de las más prestigiosas ganaderías, Huertas de Ánimas nos ofrece unas fiestas en las que el protagonismo lo tienen las capeas populares, por la mañana para los pequeños y por la tarde para el resto, con suelta de toros que habrán de ser corridos y toreados al estilo tradicional, como suelen recoger los carteles anunciadores.

Para ilustrar cómo los huerteños utilizan esta fiesta de la Virgen del Rosario para construir y reproducir su identidad de grupo local, baste con señalar un hecho que acontece cada año en el Colegio de Enseñanza Primaria “Las Américas” y en el Instituto de Enseñanza Secundaria “Francisco de Orellana”, ambos públicos y centros en los que fundamentalmente se matriculan los niños y jóvenes huerteños. Como quiera que “las fiestas de las Huertas” no son fiestas locales, su celebración coincide con días lectivos del calendario escolar. Ello genera un problema grave en ambos centros educativos ya que el profesorado se encuentra con que, en estos días, los niños y jóvenes de Huertas no asisten a las clases, y si lo hacen, es sólo a las primeras horas de la mañana ya que a partir de las 12h comienzan las capeas para los menores, y nadie de las Huertas se perdería las capeas por nada del mundo, aunque algunos profesores les pongan exámenes esos días, y en esas horas, o les amenacen con suspensos. Los mismos padres suelen justificar las faltas de sus hijos aduciendo la asistencia a los actos festivos programados y están dispuestos a cargar con la falta de sus hijo “hasta donde sea” porque esos días “las capeas son más importantes para los niños que la escuela”.

 

Música e identidad local

Comentamos, a continuación, el papel esencial de la música en la construcción de identidades huertana y trujillana. En cierto modo, Trujillo es el pueblo de la música culta y Huertas de Ánimas el de la música popular, si bien, la fiesta del Chíviri genera un punto de inflexión en esta separación, siendo, como es, fiesta trujillana y teniendo, como tiene en ella, un especial protagonismo la vestimenta y los cantos tradicionales.

Los niños en Trujillo van a la Escuela de Música. Quieren tocar el clarinete, o la flauta travesera, para formar parte de la Banda Municipal. Algunos utilizan esta escuela como trampolín para posteriormente dar el salto al Conservatorio; el de Cáceres generalmente.

En Huertas de Ánimas, por su parte, los pequeños quieren aprender a tocar la guitarra, la bandurria, el laúd, el tambor, la pandereta o el almirez; quieren practicar bailes tradicionales y así pasar a formar parte de la Escuela Infantil del grupo de Coros Danzas “Virgen del Rosario”. Tan importante es este grupo en la cultura huerteña que recientemente, en 2004, cambiaron el nombre de la plaza principal de este barrio por el de “Plaza Coros y Danzas Virgen del Rosario”. Dentro de la música tradicional, como vemos, las Huertas nos hablan de un grupo de folclore, cuyos miembros, todos habitantes de este barrio, llevan la indumentaria tradicional en cada una de sus actuaciones, y utilizan, asimismo, instrumentos tradicionales.

Cada año este grupo celebra el Festival de Valfermoso (nombre antiguo de Huertas de Ánimas) con un gran despliegue de cantos, bailes y tonadas de la tradición, en la que tienen un especial protagonismo los niños. En la XII edición, que se ha celebrado en 2010, han participado: “una nueva agrupación infantil, compuesta por cuarenta y un niñas y niños, con su rondalla; a continuación, nuestro grupo juvenil con treinta y siete componentes, también con su rondalla incluida; y los titulares, que somos otros treintaiocho”. Según el testimonio de la directora de esta agrupación folclórica, estaríamos hablando de más de ciento diez miembros, algo que no está nada mal para un barrio de una pequeña ciudad, si no es porque la pertenencia a ésta tiene algún añadido al puramente musical, como puede ser el identitario.

Hay que señalar que, a pesar de contar Trujillo con una plaza en la que tiene cabida cualquier espectáculo musical pensemos que durante muchos años en ella se celebraron todas las actuaciones musicales del Día de Extremadura), los huertanos han preferido ubicar este festival en la misma finca en la que se sitúan el museo etnográfico y la ermita del Cristo de la Vida: “Lo hacemos (el festival) en la fachada del Museo Rural de Huertas, y lo hacemos coincidir con la posterior Romería del Cristo”.

Por su parte, en la actualidad Trujillo no cuenta con grupo de coros y danzas o de folclore, aunque inicialmente el grupo de Huertas se formara a partir de uno que hubo en Trujillo: “Aunque este grupo lo fundó un trujillano, en la actualidad no hay nadie de Trujillo, somos todos de Huertas, excepto una niña pequeñita de las nuevas que es de La Cumbre y otra de Torrecillas (ambas localidades cercanas a Trujillo)”. Esta forma de expresarse muestra bien a las claras el sentimiento “no trujillano” de alguien que se siente “huerteño”.

Al margen de esto, tendríamos que remontarnos a los años 80 para ver un grupo trujillano interpretando este tipo de música, eso sí, se trataba de un grupo folk, conocido por el nombre de Altamirano, grupo que ofrecía un repertorio con tonadas de raíz tradicional muy elaboradas y con instrumentos más de la tradición culta, caso de la flauta travesera. Los mismos directores de ambos grupo tienen a su vez un vínculo musical un tanto contrapuntístico: la directora del grupo de Coros y Danzas Virgen del Rosario de Huertas de Ánimas es a su vez presidenta de la Federación Extremeña de Folclore, mientras el que era director del grupo Folk Altamirano es desde hace mucho tiempo director de la Escuela Municipal de Música de Trujillo.

En Trujillo no es fácil encontrar canciones de la tradición oral, algo que contrasta con Huertas, lugar en el que es fácil encontrar informantes dispuestos a cantarte este tipo de repertorio. Hasta el estilo de los cantos que se pueden recoger en uno y otro sitio se pueden localizar diferencias significativas. Así por ejemplo, en un trabajo de investigación sobre el romancero llevado a cabo por alumnos del instituto “Francisco de Orellana” en 2002, se consiguieron varios romances de cada una de las localidades de nacimiento de los jóvenes investigadores o de sus padres, incluidas Trujillo y Huertas. Pues bien, los dos únicos cantos narrativo que se recopilaron en Trujillo eran versiones de El romance de Alicia, perteneciente al grupo de los llamados Romances Viejos, caracterizados por tratar temas caballerescos e históricos, con un lenguaje muy cuidado y una rima mantenida a lo largo de toda la composición. Por su lado, en Huertas se recogieron hasta diez de estas coplas, todas ellas pertenecientes al grupo de los Romances Vulgares o de Cordel, de temas populares, tratados con un lenguaje más llano y con una rima diferente para cada cuarteta octosílaba.

El mismo mundo organológico genera contrapunto cultural entre Trujillo y las Huertas. Así, si en el primero destacan los órganos de sus iglesias, los instrumentos orquestales de su Escuela de Música, o la presencia de instrumentos históricos en los múltiples conciertos que se suelen dar en su castillo; en la segunda son protagonistas los instrumentos tradicionales que maneja en grupo “Virgen del Rosario” y los que esperan en algunos desvanes de sus viviendas la próxima apertura de la sala de la música en su museo etnográfico (prevista para 2011).

Concluimos diciendo que, frente a la actual tendencia homogeneizadora puesta en marcha en las poblaciones de Trujillo y de Huertas de Ánimas, la cual obedece a indudables intereses políticos y administrativos, amén de los históricos, estaríamos hablando de dos poblaciones social y culturalmente heterogéneas y divergentes que, si bien comparten instituciones políticas con todo lo que ello conlleva en lo referido a servicios públicos, hoy día manifiestan una diferencial forma de construir sus identidades de grupo local, algo que se pone de manifiesto, como hemos visto, en las idealizaciones en torno elementos espaciales, patrimoniales, rituales y musicales.

 


 

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