Gazeta de Antropología, 2009, 25 (1), artículo 21 · http://hdl.handle.net/10481/6866 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 10 febrero 2009    |    Aceptado 12 mayo 2009    |    Publicado 2009-05
La limpia en las etnomedicinas mesoamericanas
The 'limpia' in Mesoamerican ethnomedicines



RESUMEN
La limpia es un procedimiento físico-simbólico de reequilibrio utilizado en las etnomedicina mesoamericanas y amerindias. Procede de épocas antiguas y relaciona a la persona con ella misma y su medio (físico-natural, social-comunitario y cultural-religioso-espiritual). A través de la limpia se pretende rearmonizar a la persona con su entorno, eliminando y expulsando de ella los elementos (físicos, sociales y espirituales) causantes de su mal o influyentes en el mismo.

ABSTRACT
The 'limpia' (cleansing) is a physical and symbolic curative procedure used in Mesoamerican and Amerindian ethnomedicine. It comes from ancient times and relates the person to his- or herself and his or her environment (physical-natural, social-community and cultural-religious-spiritual). The limpia eliminates the elements (physical, social, and spiritual) causing troubles and illness.

PALABRAS CLAVE
etnomedicina | medicina tradicional | Mesoamérica | salud | antropología médica
KEYWORDS
ethnomedicine | traditional medicine | health | medical anthropology


1. Introducción

Las formas de entender el bienestar en cada cultura se relacionan con los contenidos de sus tradiciones. Las gentes de las tradiciones originarias y de la mestiza siguen desarrollando en Mesoamérica sus propios modos de prevenir los males y curar. En las sociedades del pasado, y en las del presente, los seres humanos fabricaron, y fabrican, sistemas y maneras para atender las necesidades de salud. En el estudio interpretativo de los investigadores Jean Clottes y David Lewis-Williams (2001) sobre los dibujos, pinturas y esculturas de las cuevas del paleolítico, se sugiere la existencia de chamanes en la prehistoria. Por lo que se conoce a través de las fuentes documentales (principalmente rusas) estudiadas por Mircea Eliade (2001) sobre el chamanismo asiático y norasiático, ese sistema, además de terapéutico, sería un modo organizativo de los grupos y comunidades en tiempos en los que las amenazas externas (naturales, “sobrenaturales” y humanas) hacían peligrar no sólo el equilibrio y bienestar de los individuos sino la estabilidad e integridad de sus grupos. Para Antony Tao (2003), del chamanismo arcaico chino nació una especialidad más dedicada a la terapéutica: el chamanismo curativo, a partir del momento en que las sociedades se hicieron sedentarias (inicio del Neolítico, hace unos 10.000 años). De este chamanismo surgiría posteriormente la medicina tradicional china.

Hasta la llegada de los europeos a América, los grupos amerindios dispusieron de modos de curar adaptados a sus formas de pensar y a sus cosmovisiones. Los cronistas de Indias dieron cuenta de las características del mundo que encontraron y descubrieron. Y, aunque influidos por su origen, su forma de pensar europeo-cristiana y los condicionamientos que el poder religioso y el poder político les imponían, dibujaron con palabras toda la majestuosidad de aquellas culturas, como hizo fray Bernardino de Sahagún (1994). En esas etnografías de la época, se habla de curadores, de formas de curar y de elementos para curar; es decir, de toda una organización de la terapéutica local.

En los libros de los cronistas que hablan de etnomedicina se valoran principalmente características y elementos relativos a medios de cura naturales (de origen vegetal, la mayoría; pero también, minerales y de origen animal). Cuando Sahagún (1994) expone aspectos de la medicina azteca, habla de buenos y malos médicos; no sólo refiriéndose a la responsabilidad y a los principios sino también a los métodos de trabajo y a los medios utilizados. Lo no natural lo suele asociar a prácticas de hechicería o a simbolismos culturales (religiosos) relacionados con el calendario, los augurios, las tradiciones locales, etc.

Anna Reid (2003) escribe sobre el chamanismo siberiano, recuperándose, como otras parcelas de la cultura de los pueblos norasiáticos, tras el fin del “Imperio soviético”. Chamanes y etnomédicos siberianos sufrieron por el avance de la Rusia zarista hacia el Este; y volvieron a sufrir cuando el sistema soviético impuso a los originarios siberianos un orden basado en una cultura materialista de base productiva.

Europa Occidental, como ha ocurrido en otras partes del mundo, ha seguido su propio camino de evolución y progreso. Razones sociohistóricas y culturales hicieron posible el surgimiento de la ciencia. Expresa Antony Tao (2003) que los griegos entendieron el universo como un todo ordenado por leyes que el pensamiento es capaz de descifrar y conocer. A esta base cultural se unió el aporte del cristianismo; que, como el judaísmo, entendía un dios trascendente, separado de la naturaleza. Quedó la naturaleza, en las culturas europeas, libre de ataduras y dependencias espirituales, dispuesta para ser estudiada por un pensamiento no mediatizado por la divinidad. En el Renacimiento ya se expresó y se ensayó esa tendencia. Luego llegó la Ilustración; y después, la Revolución Industrial. Europa se hizo poderosa. Los grupos dirigentes y los poseedores del dinero “proyectaron su mirada” (enfocaron sus intereses), como en su tiempo hizo la Corona de Castilla, a otros lugares del planeta. Encontraron gentes diferentes, gentes que no hablaban como ellos, que no pensaban como ellos, que no veían las cosas como ellos, que no entendían las enfermedades como ellos y que no curaban como ellos. Al igual que hicieron los españoles en América, el resto de los países europeos también impuso unas relaciones de poder a las nuevas sociedades.

La ciencia, como parte de la cultura europea, se ha tomado como modelo de progreso (evolucionismo). Una gran parte de los científicos positivos ha considerado una sola línea de avance humano en el globo: la suya. Se ha visto a gentes de otros pueblos como seres en fase de desarrollo precientífico, tildados, incluso por algunos estudiosos, de “salvajes”. En la actualidad se ha creado entre los occidentales una conciencia de superioridad basada en todas esas ideas. La medicina se ha hecho científica y, por lo tanto, el modelo a seguir. Sin embargo, antropólogos como Malinowski, Franz Boas o Clifford Geertz han valorado el aporte original de los miembros de las diferentes culturas. Para saber de alguien, no sólo hay que observarlo; también hay que escucharlo hablar de sí mismo. Para conocer una cultura ajena, además de mirarla y analizarla desde nuestro punto de vista, es necesario que nos la expliquen sus protagonistas. Medicinas tradicionales amerindias y asiáticas “nos dicen” que para entender qué le pasa a un enfermo, hay que permitirle hablar de su dolencia, y de la vivencia obtenida a través de esa experiencia. Algo así decía Edward Bach (1999).

Cada etnomedicina se ubica en un asiento cultural propio. Nunca convergerán del todo, de manera natural, dos líneas de progreso culturales si no se manipulan para que así ocurra. La ciencia surgió en Europa como un hecho propio del camino evolutivo europeo. Pero otros pueblos (amerindios, asiáticos, africanos) no tuvieron cultura griega, ni cristianismo, ni judaísmo, ni Renacimiento, ni Ilustración a la francesa. Y eso no significó, ni significa, que fueran (o que sean) menos que los europeos, o los occidentales. Es una clara cuestión política.

Los Polo (1984) narraron maravillas de progreso en Asia cuando Europa aún vivía en plena Edad Media. Los cronistas de Indias, y otros hombres inteligentes y sensibles de la época, se quedaron “boquiabiertos” cuando contemplaron la amplitud de las culturas de los pueblos conquistados en América. Fue el colonialismo (hablando del colonialismo occidental en general, no sólo del ibérico) el que rompió el desarrollo equilibrado de los pueblos no occidentales. Fue ese colonialismo el que modificó la trayectoria de las líneas de evolución sociocultural no occidentales. Fue el mismo colonialismo el que fabricó las diferencias que generaron “complejos de inferioridad” a gran escala (entre los pueblos sometidos), potenciando a la vez los egos culturales de los colonizadores. El llamado Tercer Mundo es una expresión acuñada por la cultura occidental, dominante. Es una expresión de gradación. El Primer Mundo es el mundo rico; por lo tanto, superior, porque tiene el poder y el dinero. El Segundo Mundo es un híbrido a medio desarrollar, “mal sentado entre dos sillas”. El Tercer Mundo es el de los “miserables” (término con muchas lecturas, dependiendo de la óptica de aproximación a su comprensión). La pobreza, las enfermedades, el hambre y todas las lacras que padecen los hombres, las mujeres y los niños de ese llamado Tercer Mundo surgieron después de que los grupos humanos que en él se desarrollaban desde la antigüedad, se vieran invadidos y sometidos por humanos venidos de lejos. Esas condiciones no se deben, pues, a sus particularidades socioculturales, históricas y organizativas, diferentes de las que condujeron a la revolución científica europea (Aparicio 2007).

En la actualidad, en general, se sigue llevando a cabo una “ayuda” al Tercer Mundo, “asistencialista”, a través de ONG, organizaciones religiosos y estatales. Una ayuda, en opinión de muchos miembros de las etnias, improductiva, estéril e incapaz de ajustarse a la organización autóctona de grupos y gentes. Los miembros de esas sociedades desean, primero, que se les respete y se les tenga en cuenta; segundo, si se les ofrece ayuda, ésta debe ser valorada, validada y gestionada desde las propias organizaciones locales. Tercero, que los especialistas sanitarios occidentales y estatales se complementen con los especialistas locales y etnomédicos. A veces, dicen, “llegan los blancos con sus ideas, sus medicinas y su comida para nosotros, lo cual marca todavía más las diferencias entre unos y otros”. Mapuches sudamericanos, mayas de Chiapas o zapotecos, mixes y chatinos oaxaqueños desean poder seguir su desarrollo desde sus organizaciones, compartiendo con el resto de los grupos y con sus naciones un diseño de futuro en una sociedad plural, multicultural y en paz. Para muchos, es parecida la imposición de la fuerza, de las leyes ajenas, de la educación nacional, de los centros de salud estatales y de sus medicinas. Con ninguno de los grupos locales contaron para hacerlo. No hubo mesa de acuerdo. Todo lo que se haga, debe ser el resultado de compromisos y de diálogo, opinan ellos.

Cuando los amerindios sufrieron la desestructuración de sus sociedades a partir del siglo XV. Cuando nuevas instituciones impusieron un orden importado de Europa, empezó el camino de decadencia de los grupos originarios, alejados de los puertos seguros de su organización tradicional. Pasaron los años, y los siglos, en América. La mezcla amerindio-hispana creó una nueva sociedad, mixta, mestiza, confluencia de dos fuentes humanas y culturales distintas. Esa sociedad se desarrolló en los núcleos urbanos, fabricando un tipo de etnomedicina mixta, mestiza (como la podemos encontrar hoy en el Mercado de Sonora en México D. F.). Dicha cultura de salud es ya una tradición más en América. Por otra parte, los grupos indígenas, alterados, siguieron su desarrollo relativamente original en las áreas alejadas de las ciudades, manteniendo con mayor o menor grado de aculturación sus propios sistemas terapéuticos. El mundo en el que vivimos hoy presenta otro tipo de “colonialismo” si se quiere llamar así, caracterizado por la sustitución, superposición y empuje de ideas. La cultura occidental (sus iconos ideales y comerciales, la publicidad, la música…), a través del fenómeno de la globalización y de la internacionalización, se muestra poderosa y avanza dominante, imponiéndose en todas las sociedades, superponiéndose a las culturas locales, sustituyéndolas (en el peor de los casos) o mezclándose con ellas (en el mejor de los casos). Las medicinas tradicionales son medicinas surgidas en sociedades y culturas con rasgos propios y diferenciados, utilizadas con éxito por los miembros de esas sociedades. Representantes de la antropología médica como Robert Hahn, Arthur Kleinman, Peter Brown o Byron Good entienden que salud y enfermedad no se pueden separar de sus contextos socioculturales; y que los sistemas terapéuticos, etnomedicina y modos de curar son el resultado de la adecuación de la atención a dichos contextos.

La occidentalización del mundo es un hecho palpable. La extensión de la medicina occidental-científica hace que muchos problemas, entendibles dentro de un contexto cultural global puedan ser atendidos y solucionados. Pero, no todos. Alteraciones como el “susto” o las mapuche kutran(enfermedades, éstas, entendibles dentro del contexto de vida mapuche, Sudamérica), son síndromes de nosología indígena. “Bloqueo de Qi de Hígado-Vesícula Biliar” es un síndrome definido en la medicina tradicional china no necesariamente coincidente con una patología universalmente reconocible según la ciencia occidental. Formas de atención como la “limpia” (culturas amerindias), acceden a la persona enferma de forma diferente a como lo hacen las píldoras de la medicina de patente. En ambos casos, el medio y la forma de atención se ajustan al contexto sociocultural del enfermo así como al modo de entender la enfermedad (por él y por el médico), y a la manera de contrarrestarla. Medios de tratamiento como la acupuntura (medicina tradicional china) no son entendidos en su verdadera dimensión si son estudiados desde ópticas diferentes a la de su contexto de origen. Juzgar la acupuntura desde otra posición cultural (por ejemplo, la científica), implica necesariamente hacer comparaciones. Si se considera que la posición de partida del estudio, por ejemplo la científica, es la “verdadera”, al no entenderse la acupuntura como se entiende en su contexto de origen, se verá únicamente como una práctica de estimulación de la reacción defensiva. Incluso se podrán elaborar juicios calificándola de placebo. Se habrá descubierto una “nueva acupuntura”, una acupuntura diferente a la de su contexto originario. Y se habrá hecho un ejercicio de auténtico etnocentrismo. Siguiendo a Geertz (1990, 1993) creo que necesitamos acercarnos al objeto del que queremos hablar. Ello implica necesariamente, moverse, “salir de nuestro centro”, conocer al objeto en su lugar, reconocerlo. Es el ejercicio básico en antropología; y es un ejercicio que la antropología recomienda practicar a cualquier investigador (científico natural o científico social). Así entenderemos que la acupuntura, o la limpia mesoamericana, tienen significados relacionados con sus respectivos contextos sociohistóricos y culturales. La limpia amerindia y otros procedimientos etnomédicos significan algo más allá de nuestra propia proyección significativa (exótica), hecha desde “nuestro centro”. Si nos salimos de ahí, nos liberaremos de una incómoda y anticuada posición estática de observación, así como del juicio etnocentrista, inadmisible en los tiempos que corren para cualquier investigador, divulgador o comunicador cultural-científico que se precie (Aparicio 2007b).

Las medicinas tradicionales pueden practicarse solas o pueden ser combinadas entre sí y con la medicina científica. Puede haber colaboración entre los profesionales de unas y otras. Pueden convertirse también los sistemas terapéuticos originales en sistemas interculturales cuando los que los conocen y practican los adaptan a las circunstancias específicas de las personas y sus problemas (relación con lo natural-biológico, lo social y lo cultural).

En el futuro podremos tener: a) una gran cultura mundial con más o menos préstamos de las culturas que ha ido encontrando por el camino; b) una sociedad internacional multicultural (con un dominio claro de la cultura occidental); c) una sociedad caracterizada por la interculturalidad; d) una dinámica imprecisa caracterizada por la variación permanente del hecho cultural.

Mientras tanto, supervivientes y preservadas hoy como parte de la cultura indígena por instituciones mexicanas; reconocidas por leyes de salud en algunos Estados (Morelos, Nuevo León); y con reconocimientos parecidos en otros (Oaxaca, Chiapas) se practican y se utilizan las etnomedicina tradicionales mesoamericanas. En China, gran parte de Asia y un número importante de países del mundo es utilizada con éxito la medicina tradicional china. En India y Sri Lanka, la medicina ayurvédica. Y en otras áreas del globo siguen vivas aún formas de curar perfectamente válidas dentro de sus contextos y fuera de ellos; de igual rango que la medicina occidental convencional (la más extendida del globo). Como medicinas interculturales (adaptadas por los profesionales y etnomédicos de distintos contextos socioculturales) la más conocida y difundida es la medicina china. Pero la difusión de los conocimientos y la distribución por el mundo de los etnomédicos originarios están haciendo que se conozcan etnomedicina tan antiguas e importantes como las de los grupos indígenas mexicanos (uso del temazcal, de la herbolaria y las limpias) o sudamericanos (herbolaria, limpia, etc.) (Aparicio 2007 a-b).

El trabajo sobre la limpia que a continuación se expone corresponde a parte de la investigación de mi tesis doctoral (1), realizada en distintos lugares de los Estados de México y Oaxaca en 2004, 2005 y 2006.

 

2. El procedimiento etnomédico de la limpia

La limpia, que se practica en las culturas tradicionales de salud mesoamericanas, también se encuentra en la mayoría de las tradiciones terapéuticas del resto del continente americano. Aquí la vamos a estudiar como modo de atención terapéutica y reequilibradora. Su estudio puede enfocarse desde otras ópticas (culturales específicamente, religiosas, etc.). En las sociedades que he conocido, y que conozco, en Mesoamérica central a la hora de narrar qué se entiende por limpia, las informaciones suelen ser amplias y globales, refiriéndose no sólo a dicho procedimiento como una exclusiva práctica médica, sino como un modo de devolver a la persona al estado de bienestar general (equilibrio relacionado con lo natural-biológico, lo social-organizativo y lo cultural-religioso-ideológico); es decir, a la operatividad de la vida cotidiana.

Entendiéndola como procedimiento etnomédico, se trata de un modo reequilibrador dirigido a varios niveles:

a) Emocional. Las vivencias conllevan a veces variaciones y alteraciones importantes a nivel emocional; otras, roces y enfrentamientos. En general, la convivencia implica emocionalidad, ya sea disfrutando, ya sufriendo. El resultado de esa dinámica es la creación y estancamiento de “residualidad” emocional, según la tradición. Dicha residualidad termina por crear problemas también en el plano físico. Ahí es donde interviene la limpia, movilizando, ayudando a eliminar tales residuos y permitiendo el fluir de nuevas emociones. Según Timoteo (2), un disgusto puede ocasionar “susto” (3). La limpia es necesaria para desbloquear la consecuencia de esa emoción.

b) Espiritual. A veces, la gente se adentra donde no debe en el camino espiritual, según don Isaías (4) esto puede conllevar la pérdida del rumbo verdadero y la entrada en la vida de la persona de “elementos dañinos” procedentes del mundo espiritual, invasivos, esclavistas y perjudiciales. Señala que la contaminación espiritual puede llegar a la posesión por espíritus malignos.

c) Mental. El exceso de trabajo intelectual, las preocupaciones, el estudio, la falta de descanso, el estrés, el desgaste normal y natural de la vida (en unos más que en otros), la fatiga, la edad, etcétera, consumen y obstruyen la energía vital de la persona, por lo que la limpia la ayuda a su revitalización.

d) Físico. La baja del sistema inmunitario, la deficiencia de las circulaciones (de sangre, de líquidos, neuromuscular o bioeléctrica), el exceso de actividad laboral, la deficiencia alimentaria, el cansancio muscular, la falta de sueño, el desgaste general, la edad, los excesos y abusos (comida, bebida, sexo, otros) consumen, degradan y degeneran a la persona impidiendo una funcionalidad equilibrada del organismo en la transformación, en el transporte, en la absorción y en la distribución (de nutrientes básicos, de residuos…), conllevando una mala eliminación y una retención de sustancias y elementos sucios en el cuerpo. La limpia, a este nivel, según la tradición, primero desbloquea y luego ayuda a eliminar los residuos y la suciedad por las vías normales de excreción. Según Norma Yescas (5) el baño temazcal junto con los frotamientos de hierbas y plantas durante su desarrollo, ayudan a la apertura de poros y a la eliminación de toxicidad vía transpiración. Pero, además, desbloquean las otras vías naturales, descargando a la vez la tensión muscular y nerviosa, produciendo el descanso mental, la neutralización de la ansiedad, el reequilibrio emocional y el bienestar físico general. María, asistente al baño temazcal en el que participé en Tutla, me aseguró que tras la experiencia fue al baño y liberó su intestino como jamás, teniendo una sensación de gran bienestar y de limpieza interna (física, en este caso).

e) Energético. A veces, la persona pasa por lugares que, según la tradición mesoamericana, le pueden pegar “energías” desagradables (“aire”) (6). La limpia ayuda a eliminar tales adherencias y toda la energía sucia absorbida involuntariamente al relacionarse con ciertas personas. Moviliza y neutraliza influencias negativas proyectadas por otros (envidias, malos deseos, malos pensamientos). Pero el aire no sólo puede entrar en nuestro cuerpo por malas acciones y malos deseos ajenos. También puede entrar por la normal relación con los demás. Por eso en Mesoamérica se recomienda darse limpias de vez en cuando. Se dice que es una práctica saludable.

El Diccionario enciclopédico de la medicina tradicional mexicana (1994) define la limpia como procedimiento “ritual cuya finalidad es la prevención diagnóstico y/o el alivio de un conjunto grande de enfermedades, entre ellas destacan las concernientes a la penetración de inmundicias en el cuerpo”. La limpia se realiza de diversas formas y con distintos elementos. Lo más habitual es pasar alrededor del cuerpo ramos de plantas con características especiales y capacidades para realizar movilización energética, absorción y neutralización de energía residual y malas influencias. Se puede envolver a la persona en humo de incienso (sahumar con copal). Tradicionalmente se entiende que el humo es más denso que la energía sucia y mala, por ello puede sacarla de la persona. En la tradición mesoamericana, para la limpia (que, a diferencia de las concepciones naturalistas europeas, es algo más que una regeneración del cuerpo) se pueden utilizar: vapor, aromas, colores. Algunos pasan un huevo por las partes doloridas o afectadas (costumbre zapoteca, mixe, chatina, mixta). El huevo representa en las tradiciones mesoamericanas la convergencia de los polos, positivo (panza) y negativo (extremos), lo dual. Algunos terapeutas populares recomiendan tapar los extremos (negativos) con los dedos y frotar con la panza (positiva), que absorbe la negatividad. En las limpias que vi hacer, y en las que me practicaron, las sanadoras así lo hicieron. Según las tradiciones locales, el huevo transforma el calor y reequilibra la circulación hídrico-térmica. Es posible y habitual combinar el huevo y las hierbas (como vi hacer entre los chatinos). El baño temazcal es uno de los más potentes procedimientos de limpia, a todos los niveles. Además de vapor, utiliza plantas que ayudan por fuera e infusiones bebidas que ayudan por dentro. Hay limpias especiales como los baños en río o laguna realizados por los familiares de alguien que ha muerto, según costumbre chatina y zapoteca. Se pueden hacer limpias con velas y veladoras. También, pasando alrededor del cuerpo el vapor de cera derretida, con limón, con lociones, etcétera. Las limpias reequilibran a las personas y armonizan su energía liberando de sentimientos y pensamientos negativos (tanto propios como proyectados por otros). Aplicando la analogía, la suciedad energética es un mal como el que puede causar un enemigo que ataca a traición (por la espalda). Por ello, se recomienda detenerse en la zona lumbar, donde puede esconderse esa suciedad. Habitualmente la limpia se empieza por la cabeza que es por donde se cree entra el mal. Las sanadoras que conocí en Nopala (Oaxaca) realizan sobre los clientes-pacientes la señal de la cruz varias veces con el huevo sobre la cabeza antes de iniciar la sesión. Como ya hemos mencionado, se hacen limpias a animales, a casas, a negocios, locales, lugares de reunión, terrenos agrícolas, coches y otras cosas.

La ciencia del Feng Shui chino, proveniente del antiguo chamanismo, también se ocupa de la salud de los lugares. La tradición siberiana contempla el aseo energético y la puesta a punto de casas, lugares de reunión y otros hábitats.

Las limpias se acompañan de rezos, oraciones, frases o recitaciones. Las realizan sanadores, curanderos, terapeutas populares (cultura originaria y cultura mixta), médicos tradicionales, chamanes, limpiadores, y otros especialistas, algunos no dedicados al mundo de la salud directamente. Las realizadas a personas tienen también como objeto deshacer una maldición, sacar el mal de ojo, contrarrestar y neutralizar un hechizo, proteger, atraer dinero, atraer amor, atraer prosperidad, eliminar el aire, atraer trabajo, salud y en general bienestar y equilibrio. La limpia resume bien la confluencia de elementos biológicos (humanos, vegetales) y elementos procedentes de la realidad no sensorial (influencias no específicas, suciedad no visible, todo ello entendido como energías negativas y perjudiciales). También contempla la parte espiritual de la planta específica, que la caracteriza y diferencia de otras dedicadas a otros fines (hay plantas para adornar, plantas para limpiar, plantas para curar, plantas para comer). En el estudio etnobotánico de L. I. Zamora y M. P. Barquín se ven las plantas desde su categoría antropocéntrica, clasificándose según la finalidad y funciones en relación con la experiencia humana, destacando el fin medicinal (Zamora, Barquín 1997). Los pueblos mesoamericanos disponen del conocimiento de la experiencia, acrecentado a través de cientos y de miles de años. Cuando un etnomédico señala que la guayaba es mejor para problemas internos (diarreas y deshidratación) y que el romero o la albahaca lo son para la limpia y para el temazcal, la afirmación se basa en el uso especializado de dichas plantas desde mucho tiempo atrás. En la cultura tradicional de salud originaria hay plantas para cada cosa. La limpia se incluye en el contexto cultural-vital de los pueblos tradicionales aunque, como elemento aislado o unido a otros procedimientos culturales (mágico-rituales), se ha trasladado también al ámbito urbano. En los Estados de Oaxaca y en México he observado la realización de limpias de distintos tipos, tanto dentro de la tradición antigua, preconquista (contexto de las culturas y grupos originarios) como en ámbitos de la cultura mixta, urbana. Hay en todo México publicidad abundante sobre esta práctica tan cotidiana y popular por lo que no resulta difícil acceder a ella. En la tradición mapuche sudamericana, el árbol canelo es uno de los elementos naturales dotados de capacidad para intervenir en rituales chamánicos (ceremonias de iniciación de la nueva machi). Mircea Eliade (2001) lo menciona en su obra. Se usa por su poder limpiador y purificador. Entre los mapuches el elemento vegetal también se utiliza, como entre los mesoamericanos, para recoger la suciedad energética y despejar el camino a la persona para lograr la purificación, por tanto la salud, y/o la preparación para una prueba. En la zona de Teotihuacán le corresponde ese honor al pirul, árbol que se extiende por la planicie y que todos conocen para tal menester.

 

3. Experiencias

Referiré a continuación la observación de varias experiencias de limpia en México capital y Oaxaca, así como la participación de un servidor en algunas de ellas.

En primer lugar, la limpia del temazcal, realizada con incienso de copal al entrar al recinto y con los medios y procedimientos propios del baño tradicional tanto dentro como fuera (salida). El baño temazcal es un baño terapéutico-ritual usado desde antiguo en Mesoamérica para limpiar y atender a la parturienta, aunque también se usó para los participantes de los “juegos de pelota” (7). Los temazcales actuales, de inspiración tradicional, se ofrecen a toda la población por sus beneficios físicos y nerviosos. Mi experiencia del temazcal me aportó un conocimiento que me sirvió para entender más a fondo el significado amplio de la limpia. Para mayor información, remito al lector a mi artículo “El temazcal en la cultura tradicional de salud y en la etnomedicina mesoamericana”, publicado en el nº 22 de Gazeta de Antropología(año 2006).

En segundo lugar, limpias observadas en México D.F. (Mercado de Sonora) con ramos de pirul, albahaca y romero. El procedimiento consiste en pasar los ramos alrededor del cuerpo, rozando el mismo y pronunciando las frases correspondientes. Esos ramos luego se deben quemar o destruir.

En tercer lugar, la limpia que vi realizar en Puerto Escondido, con humo de cera derretida, pulverizando (soplando) a la vez un agua especial sobre y alrededor de la persona a limpiar.

En cuarto lugar, la limpia realizada por don Erasto (8) con la planta denominada chichicatle (o chichicastle) de hojas grandes y urticantes. Zamora y Barquín (1997: 87) hacen referencia a esta planta en su estudio etnobotánico como Urtica dioica, “ortiga de la buena”, “ortiga ancha” o “chiquicastle”. Usada tradicionalmente para calmar los nervios mediante azotes en el hueco poplíteo de la rodilla. Otros usos: circulación y reumatismo, regulación de la tensión, limpias. El procedimiento de don Erasto, previo contacto a través de determinadas frases con las entidades del cielo y de la Madre Tierra, consiste en golpear suavemente el cuerpo con el envés de la hoja (una hoja grande y picosa) produciendo reacción de rojez y pequeñas vesículas que desaparecen en unos minutos. Esta limpia es muy potente y tiene importantes efectos fisiológicos, apreciados por un servidor tras recibir una sesión del terapeuta zapoteco (estímulo del sistema inmune, estímulo de la circulación sanguínea y linfática, aporte a través de la piel de elementos fitoquímicos antioxidantes, desbloqueo del intestino, relajante del sistema nervioso, reequilibrio de la circulación hídrico-térmica corporal general). La limpia que yo recibí fue suave comparada con las que dom Erasto da habitualmente. Aún así, tuve una reacción fuerte en los brazos, bastante mayor en intensidad y duración que las que me han producido las ortigas de mi tierra (Castilla-León). Desde el punto de vista de nuestro estudio, lo más interesante fue apreciar la práctica terapéutica tradicional como un trabajo integrado, atendiéndose todos los niveles de la persona, no sólo el físico. El terapeuta tradicional actuó sobre mi cuerpo con la planta, pero también sobre mis otros componentes (no físicos) con sus oraciones y fórmulas. La finalidad era conseguir mejorar mi circulación y facilitar mi adaptación a un medio ambiente distinto. También, sacarme el aire y pedir por mi bienestar integral como persona.

Por último, tres limpias hechas por sanadoras chamanas del área chatina y chatino-mixteca. Dos de ellas correspondientes a mi segunda estancia en Oaxaca; y la tercera, el último año. Las tres limpias me fueron realizadas con hierbas, huevo y mezcal. Acompañado por don Fredy Zárate (9) en una mañana calurosa y luminosa del verano de 2005, llegamos a casa de doña Petra (10), que nos estaba esperando. Nos recibió en el porche de la vivienda, un lugar sombreado y fresco por la proximidad de las plantas de su patio. Hablamos y hablamos sobre medicina tradicional, costumbres chatinas, chamanismo local, plantas y hongos. Tras contarme sus experiencias, le pregunté si podía practicarme una limpia. Me dijo que sí. Entonces pasamos a un cuarto en penumbra con una mesa sobre la que se encontraban los útiles necesarios para la intervención: vasos con agua, huevos y mezcal. Me mandó quitar la camisa y pronunció una oración: “Santísimo sacramento, padre eterno y la Virgen santísima. Echen su bendición y que salga toda la enfermedad”. Usó una hierba de su patio llamada “floripondio”. Cortó siete hojas y las roció con mezcal (11). Luego me dijo que había que hablarles y pedirles ayuda: “Hojita, la maravilla que Dios te dio. Vas a ser remedio. Te voy a ocupar [utilizar] para curar… Así, no más, le digo”. Fue pasándomelas, frotándome la piel. La curadora comentó que los limpiadores sienten, perciben el mal que están limpiando: “Yo luego siento, siento dolorcito, se me pega”. Después de limpiarme con la planta, lo hizo con un huevo, previamente pulverizado con mezcal, pronunciando: “En nombre de Dios y de María Santísima, con la maravilla que Dios te dio [se refiere al huevo] sacas toda la enfermedad. Padre Eterno y la Virgen Santísima, que lo remedie”. Luego de pasarlo varias veces alrededor de mi cuerpo y de mi cabeza lo cascó en un vaso de agua. Seguidamente tomó otro huevo y, tras orar y rociarlo con mezcal, lo volvió a pasar como el anterior. Terminado el acto, procedió a la lectura de los huevos. El primero estaba deshecho, yema y clara deshilachadas y parduzcas. El segundo se veía intacto, una simple nube surgía de su clara. Explicó que con el primero salió toda la enfermedad. No se trataba de un mal físico pues la yema permanecía en el fondo. Era aire, es decir, miradas de la gente con distintos pensamientos (buenos y malos). También veía cansancio y demasiado trabajo. “Le jaló fuerte el aire, ¿ve?”, me dijo. “Deshizo la yema. El segundo está bien. Con éste ya se limpió”, añadió. Quise saber cómo había conseguido los conocimientos para leer los huevos en el agua. Me dijo que de su madre, y de la experiencia. Para la protección contra ojo y aire me recomendó llevar en un saquito: un ajo, un chile y una rama de albahaca. Doña Petra usa el huevo también como medio de pronóstico, una primera visión sobre la enfermedad y sobre la persona afectada, posibilidades de curación, acciones terapéuticas a seguir, etcétera. “Le recomiendo a usted que evite el aire”, me dijo. La propia sanadora llevaba sus ramas de hierbas protectoras por dentro de su vestido. Terminado el trabajo se frotó bien manos y brazos con alcohol para desprenderse de la energía negativa pegada.

Opina Ruth Gubler que el curandero, al estar en contacto con la enfermedad, con la esencia del mal, también está él expuesto al peligro por lo que, para su bien, depende de sus espíritus protectores (Gubler 1996).

Los sanadores son conscientes de que ellos mismos son muchas veces el medio terapéutico para curar los males. En todo caso, al concebir al enfermo como parte de una realidad en la que ellos también se encuentran, el tránsito, la dinámica energética constante, hacen, o puede hacer, que los problemas a los que se enfrentan se trasladen a ellos o transiten por su persona. Algunos opinan que lo que reciben en realidad son sólo reflejos, imágenes de la enfermedad, “copias” sin capacidad para dañar. Otros pueden llegar a sentir los síntomas del paciente durante un periodo variable de tiempo. En el primer caso, la percepción del mal ajeno le da al experto la posibilidad de calibrar el nivel de fuerza o potencia de la terapéutica, adaptándose a cada persona según las especificidades de su problema. En el segundo caso, el mal que siente el terapeuta, no es de la misma naturaleza que el de su paciente ya que las circunstancias que ocasionan uno y otro son distintas. El médico también puede adecuar el trabajo terapéutico a su cliente y sólo tiene que esperar el tiempo necesario para que el estancamiento de la dolencia ajena en su persona desaparezca sin más. En todo caso, ninguno de los profesionales de la medicina tradicional que he conocido, y que conozco, tiene miedo. Dicen que son cosas que pasan, en unos más que en otros, pero que no suponen un riesgo o un problema para el médico. Médicos de la tradición mixta (posconquista) en México, así como sanadores y médicos naturistas y tradicionales europeos también me han expresado algo parecido.

Para algunos chamanes, la utilización de huevo en la cura no está bien vista. Supone, según ellos, acercarse a lo oscuro y a lo sombrío, bajar de nivel y de categoría. La propia María Sabina ejerció como curandera lo cual no la satisfizo. El uso del huevo asociado a la tierra (enterrado) le hacía estar cerca de la podredumbre física (gusanos) y por ello lo dejó (Estrada 1997). La cultura tradicional de salud mesoamericana se basa en el equilibrio de lo dual. El hecho de utilizar huevos en las prácticas curativas no necesariamente va asociado, en mi opinión, a actitudes y actuaciones negativas, sucias, oscuras y dañinas de los practicantes. Algunos son polivalentes, es decir, se adaptan a lo que el cliente les pide. Si les piden venganza, actúan en consecuencia (lo que implica causar daño a terceros por encargo). Si les piden ayuda para curar a un familiar, trabajan para conseguir su restablecimiento. Hay quienes son especialistas para conjurar y ocasionar males (en las tradiciones prehispánicas y en la posconquista). Por último están los sanadores, generalmente etnomédicos indígenas, que jamás actúan para perjudicar, que nunca se ven movidos por fines lucrativos o de venganza. Todos pueden usar plantas, huevo, rituales parecidos. La diferencia está en la finalidad y en el concepto que de sí mismo y del trabajo sanador y curador tenga cada cual. He conocido algún curandero extraño y ambiguo, pero la mayoría de chamanes y etnomédicos que he observado, en México, en Oaxaca y fuera, son personas honestas, íntegras, profesionales o expertos practicantes interesados por sus pacientes y con prestigio en su comunidad. Considero que otros estudios, abiertos a las acciones e influencias de todo tipo de curanderos, podrían aportar las perspectivas de quienes actúan no precisamente en favor de la salud y el bienestar. Tal vez María Sabina se refiriera, más que al uso de elementos tradicionales concretos como el huevo, a actitudes específicas de quienes los usan, asociando el elemento al mal profesional (éticamente hablando), al llamado hechicero.

El hecho de dirigirse a las plantas a la hora de curar se da en muchas tradiciones amerindias. La planta en cuestión no es cualquier hierba sino una en especial, conocida desde antiguo para el menester que sea. Tiene alma, o es la apariencia de un ser superior de la naturaleza. Por ello se le habla y se le pide ayuda e intermediación. María Sabina hablaba a sus hongos antes de tomarlos. “Antes de comerlos los hablé, les pedí favor…Tu sangre tomaré. Tu corazón comeré. Porque mi conciencia es pura, es limpia como la tuya. Dame la verdad, que me acompañen san Pedro y san Pablo” (Estrada 1997: 43). La sabia mazateca siguió la línea y el camino del chamanismo ancestral. Cuando de éste se desprendieron prácticas adaptadas a la evolución y organización compleja de los grupos, cada uno de esos nuevos saberes conservó el fondo común de la “matriz cultural arcaica” y manifestaciones, rasgos y elementos expresivos de las antiguas culturas. Los especialistas como don Erasto hablan a las plantas que van a utilizar (ocupar), hablan a la tierra y a los lugares, hablan al cielo, al agua, al viento y a la lluvia donde, como expone Marcia Trejo, habita un universo de fuerzas y energías (benefactoras y perjudiciales) visualizadas desde antiguo y transmitidas por la tradición (Trejo 2004).

Volviendo a Nopala y a las limpias; para contrastar, el verano siguiente nos fuimos (Fredy y un servidor) a otra sanadora que vivía en una localidad próxima dentro de un área mixta chatino-mixteca. Había sido tomadora de hongos durante muchos años, pero ya no ejercía como chamana, o al menos eso fue lo que nos dijo. Conversamos con ella durante largo tiempo. Luego le pedimos que nos realizara una limpia y contrastamos los resultados con el trabajo de doña Petra. La nueva especialista no usó humo ni roció el huevo con mezcal. Lo frotó con un líquido de hierbas y lo pasó por nuestro cuerpo como hizo doña Petra, iniciando el trabajo en esta ocasión con la señal de la cruz sobre nuestras cabezas. Los “blanquillos” (huevos) salieron intactos, tanto en el caso de un servidor como en el de mi acompañante. Tan sólo una nube sobre la clara del mío que volvía a indicar aire. La experta me hizo unas recomendaciones personales, entre ellas mucho descanso. También me aconsejó protegerme de las miradas. En cuanto al cuerpo, no vio ningún problema.

La técnica de la segunda sanadora era diferente, más informal aparentemente. Se movía con mucha soltura y con menos ceremonia que la primera. Sólo utilizó el huevo, sin plantas. Realizó la señal de la cruz sobre nuestras cabezas y frotó el huevo repetidamente de forma lineal y en círculos sobre cabeza, sienes, cuello, brazos, espalda, pecho, abdomen y piernas; volviendo a la cabeza donde insistió un rato antes de terminar.

Haciendo una comparación de los trabajos, podemos decir que sus resultados se correspondieron. Una y otra sanadoras dijeron lo mismo, acertando en mi caso, y acertando, según el señor Zárate, en el suyo. Personalmente, me sentí satisfecho con lo que me dijeron y con lo que me hicieron. Ninguna sabía de nuestra visita a la otra. Realmente, me impresionó. Tanto Fredy como un servidor nos sentimos aliviados y revitalizados. A mi entender, el procedimiento en ambos casos surge de la misma tradición o de tradiciones hermanas. Ambas curadoras demostraron conocer bien su trabajo, actuaron con destreza, sinceridad, honestidad, gran experiencia, confianza y fenomenal ojo clínico. Además, no hubo en sus trabajos una finalidad económica o de quedar bien. Trabajaron de forma sencilla y, diría yo, rutinaria, dentro de la más absoluta naturalidad; incluso doña Petra con su ritual un poco más ceremonioso. No nos pidieron dinero, ni nada. Sin embargo, colaboramos con un donativo. Algunos sanadores me han explicado que el dinero es energía, y debe circular. Si alguien recibe un bien, se debe compensar o equilibrar con otro. Puede ser dinero o puede ser otra cosa (principio elemental del trueque). Nuestras terapeutas se sintieron satisfechas atendiéndonos. Lo que les ofrecimos lo aceptaron de buen grado, pero sin darle demasiada importancia. El valor, desde el punto de vista antropológico es la muestra de una tradición, no como algo exótico, desconectado de la persona y del medio sino como algo vivo, dinámico, presente en la cotidianidad de esas gentes, una forma ancestral y actual de atender necesidades de las personas de un grupo, necesidades que incluimos aquí dentro de la salud, pero que habría que incluir mejor dentro del bienestar en sentido amplio (personal, familiar, social).

La última limpia la recibí de doña Petra en nuestro encuentro de 2006. Ese verano fue tormentoso y lluvioso en la costa del Pacífico, al menos el tiempo que estuve allí. Contrastaba con los dos veranos anteriores, tranquilos y apacibles. Cuando fui a ver a la curadora, llevaba la cara hinchada por picaduras terribles de mosquitos que no me habían dejado dormir la noche anterior. En realidad, la noche había sido una batalla contra esos rápidos y escurridizos voladores que había terminado en un desasosiego total. Por supuesto, la contienda la perdí yo; y me costó soportar el lento paso de las horas en aquella quietud tropical, sólo rota por el silbido repentino de los mosquitos. Se me hizo eterno el paso de la noche al día. Aún fresca la mañana, subí el camino cimentado que conducía a la casita sombreada de doña Petra. Allí daba gusto estar. Encontré a la terapeuta tradicional más envejecida y cansada. Me saludó con agrado, recordando todo lo que habíamos hablado el año anterior. Me confesó que ya no curaba, que estaba enferma y se sentía débil. Al lado, su hija, una mujer joven, intervenía en la conversación con ganas de protagonismo. Era, al parecer, la sucesora de su madre en la tarea terapéutica. Pregunté si todos los curanderos de allí dejan a alguno de sus hijos o familiares la herencia de los conocimientos para seguir la profesión. Me dijeron que no, que ocurre en casos contados (como el de ellas), y cada vez menos. Quise saber la razón y me respondieron que a veces, los descendientes no quieren, pero también ocurre que la gente no tiene la misma confianza en la hija o hijo del curandero; y que cuesta tiempo hacerse un nombre. Hay que demostrar que también se tiene don para curar. Quise saber más del susto y de la limpia local, o al menos de la practicada por doña Petra, o Petrona, como es llamada en el lugar. Me habló la sanadora-chamana en esa ocasión de tres técnicas para curar el espanto. La primera, con hierbita de espanto: “se muele, se cuela y se rucea” [se sopla mezcal]. “Después de eso, se le untan tres huevitos, bien, bien, bien bien y se quiebran. Ahí sale lo que tiene usted. La segunda, se barre bien la casa. El enfermo se sienta en medio, donde hace cruz la casa. Ahí se le untan 14 huevitos, o hasta que no salga nada (12). Después lo rucean” [con mezcal]. El tercer procedimiento de doña Petrona es con un nido de pajarito. “En un tepazcate [recipiente] se echa brasa, un nido de pajarito, palma bendita y rabo de ajo. Entonces se llama [al enfermo)] por su nombre. Por ejemplo, si se llama Juan, se dice:-Vente, Juan; -¿Dónde estás, Juan? Y se da vuelta al enfermo llamándolo. Si arde la lumbre solita, ¡ya llegó! Si no arde, vuelvo a hacer más, otra vez, hasta que arda y vuelva el espíritu”. Petra y su hija me explicaron que se llama por su nombre a la persona (a su alma perdida) porque, generalmente, los espantados se asustan lejos por diversas razones (accidente, miedo, soledad, caída…). Muchas veces, ni el propio enfermo sabe que se asustó o cuándo pasó.

Todos estos comentarios, aclaraciones y explicaciones coinciden con los dadas por médicos tradicionales y conocedores de otras tradiciones, mixes, zapotecas y mixtas estudiadas para mi tesis. El modo del “nido de pajarito” se usa para los asustados muy lejos. Se reclama al alma perdida para que vuelva a la persona. Los espantados en las proximidades pueden ser atendidos y curados con el procedimiento de la hierba y el huevo. El de los 14 huevos sirve también para casos difíciles. Me relató Petra que uno de sus hijos se estaba bañando una vez en las proximidades cuando dos toros se dirigieron corriendo al lugar. Petrona pudo desviarlos, pero el chico se asustó y le dio “calentura” (13) que no se le quitó. Lo trataron con la técnica de 14 huevos y sanó. Para quien tiene susto y no lo sabe, el “ojo clínico”, las preguntas y el análisis de la situación hecho por el curador determina qué procedimiento escoger. El profesional refuerza al enfermo preparándole, explicándole lo que le va a hacer y aportándole un apoyo dirigido a la curación. Pregunté por el caso de los niños. Ellos, que no saben lo que les pasa, que no saben explicar lo que sienten, cómo son vistos por el médico tradicional, cómo hace éste para saber cuándo están afectados de espanto. Petra y su hija me respondieron que cuando un niño está asustado, llora y llora. No se fija en nada, no toma alimento, no come golosinas, está triste, no bebe. Se le trata poco a poco según se vaya viendo cómo va. Le pedí a doña Petra que me hiciera una limpia un poco más fuerte que la que me hizo el año anterior pues esos días no me sentía bien, sumándose la noche horrible que había pasado peleándome con los mosquitos. Ella me dijo que el lugar donde yo me hospedaba era un lugar de por sí “sucio y espeso” (14) (al lado del río). Me recomendó cambiarme a otro. Se sorprendió un poco de mi petición súbita, pero se compadeció de mi cara hinchada. Al principio no quería atenderme pues no trabajaba mucho. Sus hijas se iban ocupando de los casos que llegaban. Finalmente, accedió. Pasé a la habitación en la que estuve el año anterior y Petra, concentrada y seria, procedió. Me realizó un tratamiento un poco diferente esta vez. Comenzó rociándome mezcal, insistiendo en mi cabeza y en mi pecho. A las frases habituales, sumó el paso de un huevo, incidiendo sobre mi cara hinchada. Cascó el huevo en el agua y me pasó otro concienzudamente. Depositó su interior en otro vaso y esperó antes de emitir su diagnóstico. Se lavó y miró detenidamente los dos vasos. En el agua, los huevos mostraban claramente la yema envuelta en nubes ascendentes de clara que llegaban hasta la superficie. Allí podía verse también un conjunto de burbujas. El aspecto general era turbio, no tan bueno como el año anterior. La médica tradicional me dijo que tenía aire y que me había dado “muina” (15). Según ella, estaba asustado de lo ocurrido con los mosquitos. Me recomendó volver esa noche o a la mañana siguiente si me seguía encontrando mal y si mi cara seguía hinchada.

Hablamos poco más y me fui pues había clientes esperando. Pasé el día bien y, con las marcas de los picotazos en el rostro, dejé de sentir la presión de la inflamación, que cedió. Mis molestias gastrointestinales se corrigieron con la dieta adecuada: agua de soda, lima exprimida y sal. En general, sentí una sensación de frescor, alivio y distensión, como las veces anteriores que me había dado limpias.

 

4. Conclusión

A medida que se profundiza en el estudio de los procedimientos terapéuticos tradicionales y de quienes los ponen en práctica, uno se da cuenta que, tras la fachada y la apariencia sencilla de personas del pueblo, humildes, algunas iletradas, trabajadoras y anónimas, se descubren personalidades robustas e influyentes, personas muy bien formadas (en los conocimientos de su tradición) y experimentadas en la curación a través de la experiencia de años. El conocimiento de estas personas, genera confianza. No entramos aquí a analizar el valor de los procedimientos, empleando la vara de medir de nuestra cultura científica (occidental). No los podemos comparar más que con otros de su entorno, y de su mismo peso. Como tales, pertenecientes a un contexto cultural propio, tienen la misma validez que los nuestros en nuestro contexto occidental. Esas personas tienen una mente ágil. Relacionan muy bien, son rápidos. Utilizan el conocimiento de la experiencia y el análisis del momento en cada caso y en cada situación. Te aportan seguridad. Son buenos psicólogos. Saben preguntar. Doña Petra, o don Erasto, con sencillez y elegancia comentan, explican, piensan, te miran, te estudian y adaptan sus actuaciones a las necesidades que ven en quien tienen delante. Uno se va satisfecho tras el encuentro con ellos. Son sabios del pueblo, estudiosos de la vida, de la naturaleza, de las tradiciones; cumplidores y generosos. No necesitan quedar bien, al menos los que he conocido, sobre todo los mayores. No buscan tu aplauso pero se sienten satisfechos (importantes) atendiendo a alguien de fuera, sobre todo si el resultado es bueno y si la persona recibe con buenos ojos la atención. El caso de los nuevos que acceden a la profesión es otro cantar. Al lado de doña Petra, su hija, con brío, con deseo de emular a su madre, explicaba haciendo ver que también tenía experiencia. Deseaba demostrar su validez, hacerse un hueco en el espacio ocupado por su madre, pero le faltaba naturalidad. Tal vez es parte del camino que tiene que recorrer, pudiendo llegar en el futuro a niveles incluso superiores a los de su progenitora; tal vez no. Sólo el tiempo lo dirá. Intentaremos comprobarlo.

Podemos resumir diciendo que la limpia es en Mesoamérica un procedimiento ancestral de reequilibrio adaptado a cada momento y a cada lugar; es decir que, proveniente del antiguo chamanismo, ha adoptado formas terapéuticas variadas en las etnomedicina. Es, a mi juicio, uno de los pilares sobre los que se asientan las culturas tradicionales de salud y los sistemas y modos de curar de las etnias y de la tradición mestiza mesoamericanas.

 

 

Notas

1. Cultura tradicional de salud en Mesoamérica. Del chamanismo arcaico a la etnomedicina. Universidad de Salamanca, 2007.

2. Informante mixe, Oaxaca.

3. El susto es una enfermedad de nosología indígena. Mis informantes oaxaqueños me lo describieron (con otras palabras) como un problema resultante de la interacción con el medio (físico, social y cultural-simbólico), para gentes pertenecientes a los grupos originarios o a la sociedad mestiza. El susto provoca reacciones variadas, pero las personas afectadas van languideciendo poco a poco, pierden interés por comer, por beber, por la gente, por las cosas. Están tristes, adelgazan o se inflaman; a veces se desazonan, les cuesta respirar, tienen miedos y pierden el hilo de relación con su comunidad. Se dice que un lugar, una circunstancia, personas, un animal, un fenómeno meteorológico (entendidos como seres con capacidad para influir sobre las personas y sobre las cosas), etc., les han robado, o han hecho que pierdan el alma o el constituyente anímico-energético-vital capaz de mantenerles unidos al mundo y operativos en su grupo. Algunos de mis informantes etnomédicos aseguran que el susto no curado puede evolucionar terminando en la muerte del paciente. Opinan también que los remedios occidentales son en su mayoría ineficaces cuando se trata de susto; y que sólo la hábil intervención del especialista o de otra persona conocedora de los procedimientos tradicionales de atención pueden parar la evolución y/o solucionar el problema.

4. Informante área chatina (Pacífico).

5. Terapeuta de temazcal e informante.

6. El aire es otro problema de nosología indígena consistente, según las tradiciones locales, en la afectación de la persona por “energías” provenientes de miradas-pensamientos, de la tierra, de la proximidad a áreas malsanas, aguas estancadas, basuras o espacios calificados de impuros o perjudiciales desde el punto de vista tradicional (simbólico).

7. Temazcal de Tenango del Valle (México).

8. Informante etnomédico zapoteco (San Juan Tabaá, Oaxaca).

9. Etnógrafo e informante de Santos Reyes Nopala (área chatina, Oaxaca).

10. Sanadora y conocedora del uso de los “hongos mágicos” chatinos. Informante.

11. Los sanadores normalmente toman un sorbo de mezcal y luego lo soplan sobre la persona a limpiar o sobre los elementos y medios de que se sirven.

12. Después de pasar cada huevo, se vierte en un vaso con agua, y ahí se ve si se debe seguir con la limpia-cura o no.

13. Tomamos aquí calentura como problema de nosología indígena también ya que no sólo hace referencia a una alteración térmica en el cuerpo sino a expresiones emocionales, a la conducta y a otros rasgos de la persona y de sus manifestaciones sociales relacionados con la cultura local y las tradiciones. A veces, cuando se produce susto también se da calentura.

14. Las enfermedades de humedad conllevan no sólo manifestaciones físicas (alteraciones y bloqueos circulatorios, acumulación de toxicidad, etc.) sino psicológicas, espirituales, emocionales caracterizadas por la densidad, por la lentitud. Y hay una relación directa con el entorno donde se vive o en el que se está (lugar de aguas y de aguas sucias o estancadas).

15. El Diccionario de la medicina tradicional mexicana define muina como: “Estado emocional de disgusto que repercute en la salud de quien lo experimenta, y puede ser la causa de muy diversos padecimientos”.

 


 

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