Gazeta de Antropología, 2008, 24 (1), artículo 09 · http://hdl.handle.net/10481/7068 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 8 enero 2008    |    Aceptado 25 marzo 2008    |    Publicado 2008-04
Ideología y utopía. La idealización de las islas Malvinas en el pensamiento colectivo argentino
Ideology and utopia. The idealization of Islas Malvinas in the Argentinian collective thinking



RESUMEN
Este ensayo tiene como objetivo analizar el caso Malvinas, como fenómeno ideológico y utópico según el profesor Paul Ricoeur. En los últimos años, estos territorios se configuraron con un alto valor emocional para el pueblo argentino pero paradójicamente menos del 1% de aquellos que viajan al exterior visitan las Islas Malvinas. Tanto ideología como utopía poseen una fase positiva y otra patológica, en la relación de ambas, hemos encontrado una explicación plausible (desde lo teórico) para el problema planteado.

ABSTRACT
The present essay analyses the case the Islas Malvinas, as an ideological and utopian phenomenon according to the professor Paul Ricoeur. In recent years, these territories were invested with a high emotional value for the Argentinean people but paradoxically less than 1% who travel abroad, visit the Malvinas. Ideology and utopia have a positive as well as a pathological side, and, in the relationship both, we have found a plausible explanation according to the problem posed.

PALABRAS CLAVE
Malvinas | Argentina | ideología | utopía | turismo
KEYWORDS
Falkland Islands | Argentina | ideology | tourist place


Es posible que pocos politólogos se hayan ocupado de estudiar al turismo desde un punto de vista político. En parte, como observa Schluter, esto se debe a una tendencia en el ámbito académico a considerar al turismo como una actividad frívola. Sin embargo, existe todo un campo casi inexplorado con respecto al turismo y las ciencias políticas.

El turismo como disciplina requiere y necesita de un enfoque histórico que permita el análisis de su dinámica en forma estructural y comparativa. En este punto, “la perspectiva del turismo como fenómeno histórico propone describir y estudiar algunos presupuestos que consecuentemente podrían rescatar y construir una acción social que mediatice mejor los intereses de las comunidades receptoras como lo es el trade de los destinos turísticos. Así, podría reducirse el vacío existente entre estos dos elementos que, equivocadamente, muchas veces son considerados extremos opuestos” (Cioce Sampaio 2005: 291).

Dicho en otros términos, las relaciones entre los estados nación y sus implicancias en el encuentro entre turistas y pobladores locales continúa siendo un interesante y atractivo objeto de estudios (Richter 1994: 25; Schluter 2005: 43). No obstante, para ello es necesario precisar algunos conceptos sobre lo que se comprende por nación y nacionalismo, para luego comprender su vínculo con los centros de poder y sus periferias.

Cuadro nº 1. Cantidad de arribos y crecimiento

Año/Temporada Pasajeros % incremento
2000/01 22.125 -
2001/02 27.230 23%
2002/03 27.461 1%
2003/04 34.691 26%
2004/05 37.880 9%
2005/06 45.229 19%
2006/07 51.282 13%
2007/08 81.000 58%
Promedio   21%
Fuente: Falkland Islands Tourist Board.

El cuadro número 1, demuestra que los arribos (sin contabilizar vuelos aéreos sino sólo cruceros) han aumentado desde 2000 a 2007 un promedio de 21%. Particularmente, en el año 2004 la cantidad de extranjeros arribados fue de 37.880, cuya cifra sube para 2005 a 45.229, en 2006 a 51.282 y toca un techo máximo de 81.000 para 2007, representando así un incremento del 58% con respecto al año anterior.

Si bien varias nacionalidades de turistas arriban anualmente a Malvinas, como se observa en el cuadro número 2, se estima por la misma fuente que en 2006 las primeras diez nacionalidades suman unos 45.059 arribos, de los cuales los argentinos sólo representan el 2,4%, es decir un total de 1.082 arribos.

Cuadro nº 2. Lista de los diez mayores arribos 2006

Ítem Nacionalidad Cantidad %
1 Estadounidenses 21.298 47,27
2 Británicos 6.736 14,95
3 Canadienses 4.862 10,79
4 Alemanes 4.054 9,00
5 Brasileros 2.044 4,54
6 Australianos 1.388 3,08
7 Suizos 1.291 2,87
8 Franceses 1.235 2,74
9 Argentinos 1.082 2,40
10 Mexicanos 1.069 2,37
  Subtotal 45.059 100
Fuente: Falkland Islands Tourist Board.

En efecto, la tendencia mayoritaria apunta a los estadounidenses como el flujo de mayor volumen con 21.298 arribos (47,27%, seguido de los británicos con 6.736 (14,95%), los canadienses 4.862 (10,79%), los alemanes 4.054 (9%) y los brasileros 1.388 (3,08%) entre otros.

Sin embargo, estos números sólo son comprensibles dentro del contexto de argentinos que anualmente viajan hacia el extranjero.

Cuadro nº 3. Egresos de argentinos al exterior por motivo de viaje y destino

Destino Número Vacaciones
/ ocio
Visita a familiares o amigos Negocios Otros
Brasil 273.641 148.446 22.505 99.312 3.378
Chile 128.496 28.558 24.030 73.685 2.223
Resto países limítrofes 89.256 21.016 24.098 42.885 1.257
EE UU y Canadá 181.382 81.387 27.754 63.645 8.596
Resto de Amárica 186.233 82.331 22.825 75.814 5.263
Europa 249.472 100.887 60.187 73.552 14.846
Resto del mundo 46.529 20.324 4.833 19.194 2.178
Total año 2006 1.155.009 482.949 186.232 448.087 37.741
Fuente: Secretaria de Turismo de La Nación. Sectur. Encuesta Turismo Internacional.

En este sentido, como demuestra el cuadro número 3, para el mismo 2006 por el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini se registraba un total de 1.155.009 salidas de argentinos hacia el exterior, de los cuales 482.949 lo hicieron por vacaciones, 186.232 por visita a amigos y familiares, unos 448.087 por negocios y dentro de Otros 37.741. A su vez, si analizamos la información por destino obtenemos que el destino de mayor afluencia es Brasil con 273.641, seguido de Europa con 249.472, Chile con 128.496, resto de América con 186.233, y Estados Unidos con 181.382 entre otros.

Dentro de este escenario, podemos afirmar que los arribos de argentinos a las islas Malvinas son notablemente inferiores si se los compara con destinos de una distancia geográfica similar como Brasil o Chile. Esto presupone la hipótesis que, entonces, si bien Malvinas tienen un impacto emocional alto en el colectivo argentino, éste no goza de la fuerza suficiente como destino turístico cultural o histórico.

El objetivo del siguiente ensayo, es analizar cuales son los mecanismos político-institucionales que por un lado construyen la figura Malvinas como un ideal que reivindica y rememora ciertas cuestiones históricas vinculadas a la nociones de soberanía, territorio e identidad nacional; mientras que (paradójicamente) por el otro, este proceso no se ve reflejado en la cantidad de argentinos que realmente visitan las islas anualmente. Así, consideramos que Paul Ricoeur y su tesis sobre Ideología y utopía tiene mucho para aportar en la materia.

 

Reseña histórica e implicaciones políticas

Los primeros en establecerse en las Islas Malvinas fueron los franceses en 1764. Desafiando esta expedición los ingleses hicieron también asentamiento efectivo un año después y en 1766 establecieron la colonia de Port Egmont. Tras el tratado de Utrecht celebrado en 1770 entre España, Inglaterra y Francia, ésta toma posesión real sobre las islas y otras colonias británicas y francesas. Luego de largas negociaciones, los ingleses abandonan la colonia el 20 de Mayo de 1774. Los españoles ordenaron la exclusión de todas las embarcaciones pesqueras en la zona (Peterson 1986: 132).

Tras la independencia lograda por el Virreinato del Río de la Plata, el gobierno argentino intentó por todos los medios heredar las fronteras hispanas pre-existentes: Uti Possidetis Juris (Imaz 1984: 249). En 1823 Lewis Vernet es designado gobernador de las Islas; en los meses posteriores las Malvinas habían crecido en forma notable. La función de Vernet era aplicar las leyes argentinas en el territorio velando por los intereses nacionales con motivo de la pesca y otros beneficios obtenidos. Sin embargo, las restricciones argentinas no eran acatadas por los buques estadounidenses. Convencido de que la situación requería una medida extrema, en 1831 Vernet ordenó apoderarse de los barcos estadounidenses: Harriet, El Superior y Breakwater.Este hecho despertó uno de los primeros conflictos diplomáticos formales entre Argentina y Estados Unidos (Peterson 1986: 133).

Consecuentemente, y con el Harriet en el puerto de Buenos Aires esperando para un juicio, el capitán Duncan a bordo de la fragata Lexington dio un ultimátum al gobierno argentino; si al cabo de tres días no se restablecía al Harriet su tripulación y no se lo liberaba, el capitán Duncan tomaría (temporariamente) las Malvinas por la fuerza. Anchorena, no atendió las exigencias estadounidenses, hecho que provocó el saqueo de las Malvinas y una acusación de piratería sobre Vernet. El vigoroso capitán Duncan, procedió de acuerdo a lo establecido con su gobierno en Washington, y regresó finalmente a su país. La intención estadounidense no fue tomar posesión territorial de las Malvinas, aunque este lapso de desconcierto y falta de autoridad en la zona, influyó en Gran Bretaña para reavivar un conflicto que ya tenían latente con el Reino de España. De esta forma, y aprovechando la oportunidad, en 1832 los británicos vuelven a instalarse en las Islas, ahora de forma definitiva. Las relaciones bilaterales entre Argentina y Estados Unidos habíanse visto seriamente dañadas. Argentina no habrá de enviar ministros a Washington sino hasta 1838 (Peterson 1986: 145).

Desde ese entonces, Argentina ha reclamado durante todos los años la soberanía sobre las islas en forma sistemática, hasta el 2 de abril de 1982. El gobierno, hasta ese entonces, mantenía excelentes relaciones con Estados Unidos y en América Central fuerzas argentinas prestaban servicio conjuntamente con el ejército estadounidense, en la lucha contra la guerrilla.

El motivo aducido a la gesta de Malvinas fue la defensa de un grupo de trabajadores argentinos expulsados de las islas Arials (bajo mando británico) al izar la bandera nacional. Es el 2 de abril de 1982 cuando el entonces Presidente de facto argentino, general Fortunato Galtieri proclama la “gesta heroica de Malvinas”. Ese día la Plaza de Mayo se llenó de gente en apoyo del operativo. Obviamente, las Malvinas mostraron un impacto emocional muy profundo en todos los estratos de sociedad argentina. El general Lucio Menéndez, fue designado gobernador general de las Islas y se instaló en Puerto Argentino. Existen testimonios en la prensa escrita que atestiguan la posición de los medios de comunicación favorable a la medida del general Galtieri.

El 18 de febrero de 1982, el diario La Prensapublica un artículo sobre las negociaciones previas entre Argentina y Gran Bretaña diciendo “lo menos que se les puede pedir a los gobiernos militares es que no vacilen ante ninguna eventualidad militar cuando se trata de cuestiones de soberanía. Tras décadas de negociaciones infructuosas, la Argentina tiene ya muy buenos y abundantes motivos para saber que la Gran Bretaña no se desprenderá de las Malvinas por propia voluntad ni por acuerdo alguno que signifique la pérdida de su poder administrador en las islas Y se aproxima, pues, la hora en que Buenos Aires empiece a pensar en la fuerza, cuyo empleo en estos casos, se fundamenta siempre en tres premisas: razón, capacidad y necesidad” (Russell 1984: 22).

Tras la invasión argentina, la respuesta del gobierno de Margaret Tatcher no se hizo esperar. Finalmente, la derrota argentina llega el día 14 de junio tras la rendición incondicional del general Menéndez. La población es mantenida en ignorancia hasta finalizar la guerra, la misma había costado al país alrededor de 2.000.000 dólares y 2.000 bajas humanas. En ese mismo año, las fuerzas armadas argentinas cuestionan fuertemente la conducción militar de la guerra. El informe queda a cargo del general Rattenbach. Es entonces cuando, el general Galtieri, acorralado por el desprestigio de la derrota y un desbalance en la situación financiera cede al general Bignone la presidencia. El 30 de octubre de 1983 se celebran elecciones democráticas para la Argentina, en donde el Dr. Raul Alfonsín es elegido presidente del país (Winter y Rins 1996: 479-480).

Las consecuencias producidas por Malvinas quedarán latentes incluso hasta la actualidad. Un excelente trabajo de Rosana Guber, sobre el levantamiento de Semana Santa en abril del año 1987, demuestra que aquellas jornadas se estructuran dentro de un proceso ritual turneriano de resignificación ante un drama social: “Los hechos de Semana Santa muestran que el pasado puede instalarse en el presente sin aviso previo, y que las transiciones no siempre suceden en una dirección; quizás ni siquiera son transiciones sino vueltas cíclicas” (Guber 2002: 297-299).

Para Guber, el evento alcanza los cuatro “paradigmas fundacionales” de una dramatización: resistencia contra el autoritarismo (sublevación militar), rescate de un líder popular (apoyo popular al presidente democrático), la defensa de la soberanía nacional (el conflicto de Malvinas) y la pasión de Cristo (Pascuas).

Eugenio Kvaternik sostiene que el conflicto del Beagle y la posterior derrota militar en Malvinas trajeron consigo diversas cuestiones que afectaron notablemente al régimen institucional del país. En efecto, el desprestigio que supuso el desempeñó de la junta Militar y el posterior informe del general Rattenbach, precipitó un final anunciado: el advenimiento de la democracia. En este sentido, las Islas Malvinas recuerdan y legitiman indirectamente el sistema democrático, al evocar e indagar las experiencias negativas acaecidas en el período que va desde 1976 hasta 1982 (Kvaternik 1998: 65).

En este sentido, Agulla sostiene “El nacionalismo se ha exaltado en el Campeonato Mundial de Fútbol (Videla) y en la disparatada aventura a Malvinas (Galtieri) que, tras dos gestiones del Papa, el desastre bélico y el repudio internacional, lleva al fracaso ignominioso del Proceso de Reorganización Nacional dejando una secuela de nunca más. Los planteos ideológicos adquieren caracteres fuertes e irreconciliables. El general Bignone termina una triste etapa, con dolores, resentimientos y revanchas, con un llamado a elecciones en 1983″ (Agulla 1986: 447).

El Washington Postpublicaba un artículo en enero de 2007, que decía “El patriotismo se agita rápidamente cuando la gente aquí habla acerca de las islas conocidas en Argentina como Las Malvinas. Este sentimiento no se ha perdido en los estrategas políticos de la nación. Muchos historiadores dicen que la dictadura militar de Argentina inició la guerra hace 25 años en un esfuerzo desesperado por salvarse a sí misma; el gobierno estaba presionado por una dura oposición pública y se agarró a la causa más conveniente de unificación nacional que pudo encontrar. El 2 de abril de 1982, los militares lanzaron ataques desde la ciudad portuaria de Río Gallegos para comenzar la fatal invasión” (1).

La tesis del profesor Kvaternik es interesante y útil a la hipótesis que persigue este trabajo, y consiste en señalar que el imaginario colectivo ha hecho de las Islas Malvinas un “souvenir de la democracia”; en otras palabras el conflicto del Atlántico Sur (tan esperado y fagocitado por varios) fundamentó las bases para un nuevo orden institucional y una barrera para el surgimiento de futuras gestas militares. De esta forma, se explicaría (parcialmente) las incógnitas fijadas en la parte introductoria. El elemento Malvinas es parte integral del nacionalismo argentino aunque no el único.

En cuanto a números se refiere, podemos decir en cuanto al tema que:

1. En el año 1996, un sondeo en una muestra de 1.000 personas demostró que existe cierto escepticismo en que Argentina podía recuperar su soberanía en las islas. De acuerdo con este trabajo, un 76% sostenía que el entonces presidente Carlos Ménem no conseguiría recuperar las islas, el 16% decía no saber mientras que sólo un 8% estaba seguro de recuperar las Malvinas (2).

2. Otras encuestas más recientes llevadas a cabo por medios periodísticos como Clarín demuestran que de 19.765 votantes, el 66,88% de los consultados apunta al gobierno argentino como el principal responsable del conflicto, el 19,2% al gobierno argentino y británico por igual, el 9,7% apunta sólo al gobierno británico, y el 4,3% no sabe (3).

3. Según el último censo colonial en Malvinas (2006) se estima que viven en la isla unas 2.955 personas, entre civiles y militares apostado en sus destacamentos. La cifra de civiles netos alcanza los 2.478 individuos. La franja etaria de habitantes va de 30 a 55 años de edad, mientras que 1.569 son varones, unas 1.386 son mujeres. El mismo informe sostiene que unos 29 argentinos gozan de permisos de residencia en el lugar. De este número, 15 son hombres y 14 mujeres (4).

4. Es interesante el hecho de poder comprobar que la población se encuentra demográficamente controlada. En el año 1911 había residiendo 2.272 personas; el número ascendería a 2.392 para 1931; y bajaría a 2.239 para 1946. En el año 1953, se computaba un total de 2.230 personas. Estos números no difieren sustancialmente con los 2.955 habitantes que refleja el último censo de 2006 (5).

 

Turismo en Malvinas

Un interesante estudio de Michael Riley, de la Universidad de Surrey, revela que el déficit poblacional de las islas afecta a su crecimiento económico. Uno de los atractivos de la región, son la fauna, la pesca y la historia militar que evoca el conflicto del Atlántico Sur entre el Reino Unido de la Gran Bretaña y la República Argentina. Existen, según el autor, tres tipos de turistas: basados en tierra, de crucero y de residencias familiares. En cuanto a su permanencia, los turistas de crucero no están más de dos días mientras que los de tierra llegan aproximadamente a los 15 días (Riley 1995: 95).

En el período que va desde 1986 a 1988 se contaron un total de 5.846 turistas, de los cuales 5.563 provenían de los cruceros, y 283 por tierra. En los años 1990-1991, se contabilizaron sólo un total de 1.916 turistas cuya cifra se compone de 1673 en cruceros y 243 en tierra. Finalmente, para los años 1993 y 1994 se contabilizaron un total de 6.158 turistas, de los cuales 6005 eran provenientes de cruceros mientras que sólo 153 eran contabilizados por tierra (Riley 1995: 95). Los datos llevan a señalar según la clasificación de Boullon que las Islas Malvinas sólo se perfilan como un centro turístico de estadía ya que las pernoctaciones no superan las dos noches (Boullon 1990).

Según las conclusiones de Riley, el turismo es pequeño pero tiene cierta contribución a la economía de la isla. A diferencia de otras islas, en Malvinas no existe industria de la construcción. Esto desemboca en una inflación controlada ya que no existen indicios de especulación con respecto al valor del suelo o movimientos migratorios significativos.

Las empresas turísticas tienen como objetivo ampliar el ingreso familiar, y los trabajadores empleados en dicha actividad lo hacen en forma parcial. Los efectos positivos del turismo facilitan a los pobladores mayor integración social como comunidad y un aumento en el ingreso familiar (Riley 1999: 99).

En este punto, caben algunas reflexiones que son interesantes para nuestro trabajo. Si bien por un lado (como el autor señala) existen indicadores muestran al turismo como una actividad de consecuencias beneficiosas para la economía isleña y la relación de sus pobladores con el mundo exterior; el trabajo de Riley no apunta al encuentro entre argentinos e isleños. Asimismo, tampoco explica la baja afluencia o visitas de argentinos hacia las islas.

Según Royle, el turismo en Malvinas se enfoca como una forma de preservación cultural, en lo que MacCannel denominó “una forma autentica de experiencia”. Las islas han mantenido durante nueve generaciones de ocupación británica diversas pautas culturales, sobre todo en una economía rural. Los impactos sociales y económicos en los espacios geográficos insulares son altos, si se comparan con los destinos continentales. En la actualidad, el turismo se despierta como una actividad que puede generar nuevos puestos de trabajo, y cierta reactivación demográfica, aunque ésta forma de aculturación que trae consigo la actividad puede implicar algunas consecuencias no deseadas y de difícil regulación (Royle 2006: 10).

 

El turismo como espacio de encuentro

La industria turística tiene características, como actividad de servicios, que la hacen particular en cuanto al consumo del producto; en este se ponen de manifiesto diversos elementos culturales tanto para proveedores como para turistas o huéspedes. Entre esos elementos culturales como por ejemplo la historia, la religión, y los valores entre anfitriones y huéspedes (Sutton y Huyton 1989: 105; Aktas 1996: 125).

Si bien el turismo se ha convertido en una actividad económica de considerable crecimiento, los desplazamientos siguen generándose entre centros urbanos de gran densidad poblacional (Woog y Hiernaux 1992: 21-25). En concordancia con los hallazgos de Schluter y Var (1988: 442-445) en los principales centros turísticos en Argentina, Ferrari (1992) encontró en la Isla Martín García, que los residentes del lugar en su mayoría consideran que el turismo afianza la soberanía territorial. En efecto, el 39% de los encuestados respondió estar de acuerdo con la consigna planteada mientras que el 19% dijo estar muy de acuerdo. Solamente el 30% dijo estar en desacuerdo y el 12% no sabe o no responde (Ferrari 1992: 19).

El turismo está condicionado a diversas variables, pero de todas ellas, los conflictos bélicos o diplomáticos entre naciones son aquellos que mayor impacto negativo generan al desarrollo de la actividad; sea debido a los movimientos separatistas que esta clase de eventos genera, o debido al peligro que sugiere un ambiente hostil. Lo cierto es que los flujos turísticos fluctúan acorde a los conflictos internacionales e intra-nacionales (Bar-On, 1995: 127-146).

Key y Pillai sostienen que en ocasiones surgen conflictos entre residentes y turistas por temas económicos u étnicos. Una de las formas que tienen los residentes de afianzar su identidad es celebrar ciertos festivales y rituales en lugares que les son negados a los turistas o consecuentemente desconocidos por éstos últimos (Key y Pillai 2006). Análogos comentarios hace el profesor Jeremy Boissevain con respecto a los rituales ocultos “al hacerse más familiares con el turismo y lograr más pericia en las ganancias, los habitantes de destinos turísticos se hacen más activos en la protección de sus intereses. Ellos desarrollan estrategias para protegerse de la manipulación tanto de las agencias y empresarios turísticos como de turistas empeñados en mercantilizar su cultura y/o penetrar en sus áreas privadas para mirar, tener experiencias auténticas y fotografiar” (Boissevain 2005: 221).

Un interesante análisis de Ahmet Aktas en Turquía reveló que si bien los profesionales abocados a la atención del turista deseaban conocer gente diferente, mejorar sus idiomas, e interactuar con “otros”; también por otro lado, pocos tenían el tiempo suficiente para realizar hobbies o veían como los jóvenes imitaban (por el idioma, o la forma de vestir) diversos parámetros ajenos a la cultura turca. Asimismo, en los residentes declina el respeto por las costumbres ancestrales, y la interacción puramente con intereses económicos por parte de los actores involucrados no permite un conocimiento profundo del otro (Aktas 1996: 119-124).

En otros trabajos llevados a cabo en la ciudad de Buenos Aires, Korstanje demostró que tanto la población residente como los turistas están sujetos a estereotipos (en ocasiones comunes o encontrados), que fundamentan prácticas e ideas de prejuicios y discriminación encubierta. Sobre todo en casos, de conflictos diplomáticos o bélicos precedentes; como es el caso entre argentinos y chilenos. Según sus hallazgos, el autor sostiene que el contacto bajo circunstancias específicas como la subordinación de estatus y la presencia de estereotipos negativos previos, aumenta la posibilidad de prejuicios sociales entre ambos grupos (Korstanje 2007a, 2007b y 2007c).

Otros investigadores sostienen que el turismo ayuda a los objetivos del Estado-nación con respecto al ordenamiento étnico de ciertos grupos. En otras palabras, los conflictos entre comunidades de variedad étnica pueden ser reducidos acorde la interacción e intercambio que se suscita entre residentes y turistas (Picard y Wood 1997: 20; Jamison 1999: 944; Tarlow y Santana 2002: 270).

En definitiva, existe consenso dentro de la comunidad científica del turismo en señalar al destino turístico como la conjunción de ciertas variables de concentración geográfico-espacial, la experiencia subjetiva (cognitiva) y ciertas dinámicas afectivas, incluyendo prejuicios y estereotipos previos (Cooper y otros 1993: 15; Pike 2000: 541; Murphy, Prtichard y Smith 2000: 43; Joppe, Martin y Waalen 2001: 252; Gunn 2002: 8; Bigné 2005: 221; Gutiérrez San Martín 2005; Castaño, Moreno y Crego 2006: 287). El aporte de estos autores es útil al recalcar el hecho de que un espacio (cualquiera sea) puede tener una estructuración mental específica (cognitiva) aún sin haber sido visitado o experimentado. Incluso otros autores nos sugieren que cada destino turístico posee estereotipos también negativos que previenen la afluencia de turistas. Sólo cuando los aspectos positivos sobrepasen a los negativos, el sujeto tomará una decisión favorable en cuanto al lugar (Kotler y otros 1993: 26).

Uno de los aportes de mayor significación en materia de destinos turísticos fue el de Gunn (1988). Para el autor, existen dos tipos de imágenes de los destinos: la orgánica, la cual está constituida por fuentes no comerciales (estereotipos generales) y la inducida, que obedece a influjos externos producidos por agentes específicos (campaña publicitaria).

Algunos años más tarde, otros autores como Fakeye y Crompton (1991) van a sugerir un tercer elemento al que van a llamar imagen compleja, surgida de la experiencia directa del turista una vez retornado al hogar. Particularmente, el individuo es sometido a influjos no dirigidos que capta en reuniones de pares o algún medio de comunicación (imagen orgánica), comienza así una búsqueda de información que satisfacen determinadas pulsiones internas hasta que la promoción lo lleva a una imagen inducida. Finalmente, tras evaluar los beneficios y costos del viaje, y haber seleccionado el destino, el viajero concreta su anhelo y hace contacto por primera vez con el destino turístico creando la imagen compleja(Fekeye y Crompton 1991: 15).

En su estudio sobre la imagen producida en España sobre Marruecos, el profesor López Lara enfatiza “tras el análisis se concluye que no se puede hablar de una sola imagen de Marruecos ya que Internet desarrolla una gran diversidad de recursos sobre le país magrebí (…) Asimismo, el principal prisma de atracción se centra en la dualidad entre cultura occidental y oriental buscando los aspectos exóticos/atrayentes. Haciendo hincapié en otra dualidad: cercanía geográfica/lejanía cultural (…) se puede decir que, sintetizando la cuestión, existe una doble visión entre el Marruecos foco de origen de inmigrantes, y el Marruecos foco de atracción turística, entre una imagen negativa por peyorativa y otra positiva por idealizada” (López Lara 2005: 131-132).

La hipótesis del profesor Lara parece apuntar hacia un fenómeno de naturaleza ambigua, la idealización de un espacio como destino para el ocio implica la estigmatización del mismo lugar en la competencia por el trabajo. Por otro lado, el problema principal para adaptar este interesante artículo a nuestro caso de estudio es el siguiente. Los argentinos parecen lejanos en su percepción de idealizar Malvinas como un destino turístico, sino más bien como un recordatorio político.

De todas maneras, poca es la bibliografía especializada sobre la posibilidad de que un espacio sea idealizado (positivamente) empero (paradójicamente) se convierta en todo lo contrario a un destino turístico; como el caso de Malvinas. )Por qué motivo los argentinos poseen una imagen positiva de Malvinas, pero no la visitan como plaza turística?

En este sentido, consideramos más que importantes los aportes que en la materia hace la filosofía de Paul Ricoeur.

 

El modelo de ideología y utopía en Ricoeur

El filósofo francés está fundamentalmente orientado al estudio de la ideología y la utopía como partes componentes del imaginario social y la estructura política. Asimismo, comprendemos a la ideología como “un proceso de distorsiones y de disimulos mediante los cuales nos ocultamos de nosotros mismos… la ideología es entonces asimilada pura y simplemente a un engaño social o, lo que es más grave, a una ilusión protectora de nuestro estatuto social” (Ricoeur 2000: 349).

Por otro lado, el autor entiende a la utopía como la contracara de la ideología; si ésta última es considerada una protección, entonces la utopía es “una suerte de escape o ciencia ficción” aplicada al la dinámica política.

Pues bien, entonces el filósofo francés propone un modelo para el estudio de la ideología que puede dividirse en tres: a) la ideología como distorsión / estímulo, cuya función es presentar una imagen cambiada del mundo real; éste sentido de ideología es aquel que usa Marx en sus trabajos, b) la ideología como dominación (legitimidad), siguiendo al mismo Marx el problema se presenta en esta dimensión unidas a un grupos de intereses particulares que son impuestos de un grupo a otro a través de la retórica, y finalmente c) la ideología como integración, en donde los sistemas de autoridad se integran mutuamente logrando unidad y coherencia en la estructura social, el ejemplo más claro puede verse en ceremonias o rituales conmemorativos en las cuales se integran varios órdenes jerárquicos (Ricoeur 2000: 350-354).

Con este modelo analítico, el autor establece una hipótesis por lo menos interesante: la ideología tiene como función última servir de enlace para la memoria colectiva, reviviendo y remodelando el acto fundador o mito de origen. En otras palabras, la ideología constituye y construye la imagen del sí mismo del propio grupo (identidad).

El conflicto bélico del Atlántico Sur se ha configurado siguiendo los tres elementos ideológicos descriptos y presentados por Ricoeur: distorsión, por la cual se presente como “natural” y “legítimo” un supuesto derecho en pugna desde el siglo XVIII (luego de la firma del Tratado de Utrecht); dominación, por cuanto el conflicto significó tanto para la junta militar como para el gobierno de Tatcher un ocultamiento de los problemas económicos y financieros internos en forma temporaria; finalmente integraciónpor cuanto el conflicto estableció una solidaridad hacia el propio grupo en aras de un enemigo externo.

Al respecto de este último punto (una vez retornado a la Argentina) Wenceslao Bunge advierte “Lo que me sorprendió de todos ellos es que era como si estuviesen envueltos en la bandera argentina. No podían ver mas allá del Río de la Plata. El resto del mundo era cómplice de la agresión contra nuestro país que, finalmente, iba a poder, con su orgullo, con sus soldados y su fortaleza, vencer en una contienda absolutamente justa” (Bunge 1992: 61).

¿Qué rol cumpliría la utopía entonces? Para responder esta pregunta es necesario remitirse al mismo Ricoeur quien señala “si la ideología preserva y conserva la realidad, la utopía la pone esencialmente en cuestión” (Ricoeur 2000: 357). La función de la utopía radica en deshacer los nudos creados por la ideología, quebrando los estereotipos mentales que la legitiman. Principalmente, la utopía es una clase de proyección imaginativa fuera de la construcción real en algún lugar que tampoco es real.

La misma se manifiesta en tres niveles, el primero hace referencia al lugar que es otro lugar, y el cual comprende a la utopía como ejercicio de proyección; la segunda forma, es la legitimación de la autoridad, en donde la utopía cumple un papel si se quiere político en el sentido de Mannheim (crítico); por último existe un tercer nivel denominado patología de la utopía, el cual se caracteriza por una locura inversa. En otras palabras, una lógica desmedida de lo irrealizable anclados en la perfección (una disociación entre idea y praxis).

 

Conclusiones

Tanto la ideología como la utopía pueden enfocarse desde una perspectiva positiva o constitutiva y una negativa o patológica.

La ideología en su aspecto constitutivo ayuda a la cohesión grupal y fortalece la identidad grupal y los lazos sociales. En consecuencia, el conflicto de Malvinas ha formado en el colectivo argentino una estructura de cohesión ante un “otro” externo y lejano. Pero a la vez, en su punto negativo, ha sumergido a gran parte de la ciudadanía en un embriagante estado de enajenación, cuya máxima expresión se observa en la exacerbación de los símbolos nacionales tras la “mítica” gesta de 1982.

Por el contrario, la utopía (como ya hemos adelantado) en su fase positiva va a corroer y criticar los fundamentos sobre los cuales se construye dicha ideología. Aplicado a nuestro caso en estudio, podemos señalar que (una vez) finalizada la contienda bélica (tras la derrota), la utopía en su forma más virulenta ha conducido inevitablemente hacia un escenario de descontento y desconfianza que finalizó con la llamada a elecciones democráticas. Así, nuevamente la plaza de Mayo es escenario de la congregación de grandes multitudes, pero en aquella ocasión para pedir la renuncia del general Fortunato Galtieri.

Ahora bien, desde el punto de vista ideológico podemos comprender a Malvinas como el recordatorio de un régimen que acompañó la historia social de los argentinos, y cuyas consecuencias no parecen olvidarse con facilidad. Malvinas, se constituye así, no sólo en una fecha, una isla, una parte de la soberanía nacional, una derrota militar, y/o el final de un autoritarismo político “descarnado” (que en parte lo es) sino también como el ideal que sustenta las bases del sistema democrático argentino. Al igual que los mitos, los ideales funcionan como entes entrópicos, que si bien no entablan un diálogo con el mundo empírico, lo legitiman y condicionan a su manera.

En resumidas cuentas, a la vez que aquellas islas son el símbolo del amor a la patria, a la nación y a la identidad colectiva, se convierten como destino turístico en un lugar lejano, hostil y utópico (casi desconocido y peligroso de conocer). Si a cifras generales nos referimos, podemos decir, que de un total de 1.155.009 argentinos que viajaron al exterior en 2006, sólo 1.082 fue (en crucero o buque) a las Malvinas, para ser más exactos un 0,09%.

En este sentido, el presente ensayo intenta resaltar la hipótesis de que Malvinas no se perfila como un destino turístico debido a que se ha construido ya como un ideal político (casi sagrado), y así seguirá funcionando por las próximas décadas. El binomio (término) sacra-ideología puede ser comprendido en contraposición por la acción de la profana-utopía. En esta (última) línea de estudio, parece que Ricoeur todavía tiene mucho para decir (aunque algunos hagan la vista a un lado).

 

 

Notas

1. Fuente: The Washington Post, “Falkland Island an unsettled issue 25 years later after war”, publicado el 8 de enero de 2007. Disponible en:
http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2007/01/07/AR2007010700938_pf.html

2. Fuente: “Estudio de nueva mayoría”, publicado en La Nación, 1 de junio de 1996. Disponible en:
http://www.ser2000.org.ar

3. Fuente: Grupo Clarín – Encuéstate tenes la palabra. Consigna Malvinas )Quién fue el mayor responsable? Disponible en:
http://weblogs.clarin.com/encuestate/archives/2007/04/malvinas_quien_fue_el_mayor_responsable.html

4. Fuente: Hipólito Solari Yrigoyen, “El último censo de las Malvinas”, La Nación, 17 de abril de 2007. Disponible en:
http://www.lanacion.com.ar/archivo/Nota.asp?nota_id=900762

5. Fuente: Hipólito Solari Yrigoyen, “El último censo de las Malvinas”, La Nación, 17 de abril de 2007. Disponible en:
http://www.lanacion.com.ar/archivo/Nota.asp?nota_id=900762

 


 

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Gazeta de Antropología