Gazeta de Antropología, 2008, 24 (1), artículo 10 · http://hdl.handle.net/10481/6998 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 11 enero 2008    |    Aceptado 28 marzo 2008    |    Publicado 2008-04
La etnografía como modelo de investigación en educación
Ethnography as a research model in education



RESUMEN
En el texto se delimitan las bases de la etnografía como modelo de investigación en educación. Para ello se revisa el concepto de etnografía y los fundamentos de la misma (su finalidad, sus características y el papel del etnógrafo), se hace un recorrido por las principales etapas que configuran el proceso etnográfico (negociación y acceso al campo, trabajo de campo, análisis de datos y elaboración del informe), se analizan las principales perspectivas en etnografía educativa (etnografía holística, antropología cognitiva, etnografía de la comunicación e interaccionismo simbólico) y se plantea cómo es posible asegurar la credibilidad de los datos etnográficos (a través de la contextualización, la saturación, la negociación con los implicados y la triangulación).

ABSTRACT
In the text, the basis of ethnography are defined as a model of research in education. For this, the concept and foundations of ethnography are reviewed (its purpose, characteristics and the ethnographer’s role), the main parts of the ethnographical process are examined (negotiation and access to the field, field work, analysis of data, and drawing up the report), the main prospects in educational ethnography are analysed (holistic ethnography, cognitive anthropology, ethnography of communication, and symbolic interactionism), and how it is possible to ensure the credibility of the ethnographical data is questioned (by means contexualization, saturation, negotiation with those involved, and triangulation).

PALABRAS CLAVE
etnografía educativa | proceso etnográfico | metodologías etnográficas
KEYWORDS
educational ethnography | ethnographical process | ethnographical methodologies


Frente a los enfoques de investigación de índole positivista han ido surgiendo diversas perspectivas alternativas en investigación educativa. Una de ellas es la etnografía, la cual ofrece al investigador educativo un enfoque especialmente rico. De hecho, cada vez con más frecuencia aparecen estudios e investigaciones siguiendo métodos de investigación cualitativos, y cada vez son más quienes siguen modelos etnográficos.

San Fabián afirma que: “al ser la educación un proceso cultural por el que niños y jóvenes aprenden a actuar adecuadamente como miembros de una sociedad, hace de ella un ámbito particularmente idóneo para la investigación etnográfica” (1992: 18).

Los etnógrafos han abierto campos de estudio, han ofrecido atentas descripciones, han aportado modelos para comprender la dinámica escolar y han explorado las perspectivas, estrategias y culturas de maestros y alumnos. No obstante, su fin último es la mejora de la práctica. Como plantea Torres: “las etnografías no deben quedarse exclusivamente en su dimensión descriptiva, sino que, como modalidad de investigación educativa que son, deben coadyuvar también a sugerir alternativas, teóricas y prácticas, que conlleven una intervención pedagógica mejor” (1988: 17).

Es por ello que es preciso plantearse algunas cuestiones básicas sobre la etnografía: una delimitación conceptual, una aproximación a los fundamentos de la misma, las notas más características del proceso etnográfico, las perspectivas antropológicas más destacadas y una fundamentación sobre la credibilidad que tienen los datos recogidos etnográficamente.

 

1. Aproximación al concepto de etnografía educativa

El concepto de “etnografía” es un concepto ampliamente utilizado, auque no siempre con los mismos sentidos. No obstante, cabe destacar la pobreza que supone definir un término en muchos casos, pues puede éste reducirse y restringirse en exceso al acotarlo en una simple definición. Calvo Buezas y Barbolla Camarero afirman que: “Los antropólogos suelen tener ordinariamente alergia a las definiciones. (…) Si pregunta a un antropólogo qué es la familia, la religión, el Estado o la propiedad, evitará probablemente el darte una definición. Eso sí, te podrá responder con una larga paráfrasis, exponiendo las diversas respuestas culturales que, en los distintos pueblos y tiempos, han organizado los humanos para dar soluciones a tales necesidades sociales. Nuestro antropólogo enfatizará en las divergencias y similitudes en ese abanico de formas culturales, pero seguramente evitará sentar cátedra sobre el concepto de tales instituciones o entidades consideradas en abstracto” (2006: 9).

Aguirre Baztán analizando el término etimológicamente entiende que “la etnografía es el estudio descriptivo (graphos) de la cultura (ethnos) de una comunidad” (1995: 3).

Mauss, que fue uno de los antecedentes y propulsores de la misma la entendía como una “observación profunda, lo más completa y avanzada posible, sin olvidar nada de una tribu” (1967: 19). Al proceder esta forma de investigación de la antropología, no es de extrañar que inicialmente su preocupación radicase en el estudio de las diferentes culturas, con especial hincapié en las civilizaciones “más atrasadas”.

Si nos centramos en lo que es la etnografía desde el plano pedagógico, alejándonos ligeramente de los intereses de estudio de la antropología, diversos autores han planteado qué entienden por etnografía educativa y por etnografía escolar (1).

Velasco y Díaz de Rada afirman que “la etnografía de la escuela no es más que el resultado de aplicar una práctica etnográfica y una reflexión antropológica al estudio de la institución escolar” (2006: 10).

Esta definición es especialmente rica pues hace hincapié en dos aspectos básicos e íntimamente relacionados en un estudio etnográfico en la escuela:

1. Práctica etnográfica, es decir, trabajo de campo, el cual debe seguir las características propias de la antropología, con una salvedad, que es el estudio en el contexto de una escuela: observación participante en los centros, contacto con los sujetos estudiados, etc. Serra matiza: “la etnografía escolar o de la educación surge simplemente como consecuencia de haber seleccionado un campo determinado para realizar la etnografía” (2004:166).

2. Reflexión antropológica, es decir, trabajo reflexivo y personal, teniendo en cuenta la investigación previa existente sobre el estudio de las culturas, con un carácter constructivo de la realidad investigada, el cual será fundamentalmente de gabinete.

Hammersley y Atkinson apuntan: “entendemos el término como una referencia que alude principalmente a un método concreto o a un conjunto de métodos. Su principal característica es que el etnógrafo participa, abiertamente o de manera encubierta, en la vida diaria de las personas durante un periodo de tiempo, observando qué sucede, escuchando qué se dice, haciendo preguntas; de hecho, haciendo acopio de cualquier dato disponible que pueda arrojar un poco de luz sobre el tema en que se centra la investigación” (2005: 15).

Estos autores hacen especial énfasis en lo que Velasco y Díaz de Rada (2006) denominan práctica etnográfica. Ello es así porque el concepto “etnografía” designa tanto al trabajo de campo que se realiza como al proceso completo de producción de un estudio siguiendo un modelo etnográfico (incluido la elaboración del informe).

Serra lo expresa perfectamente: “el término etnografía se refiere al trabajo, el proceso o la forma de investigación que nos permite realizar un estudio descriptivo y un análisis teóricamente orientado de una cultura o de algunos aspectos concretos de una cultura, y, por otra, al resultado final de este trabajo (la monografía o el texto que contiene la descripción de la cultura en cuestión)” (2004: 165).

Otros autores también han ofrecido su propia visión acerca de lo que es la etnografía, haciendo hincapié en algunas de las que son sus notas más destacadas; sin embargo, en aras a conseguir una delimitación más clara de la idea de “etnografía” que se maneja, en el apartado siguiente se comentan someramente los fundamentos de la misma, que también contribuyen a definirla.

 

2. Fundamentos de la etnografía escolar

En este apartado se analizan algunos de los fundamentos básicos de la etnografía: su finalidad, sus características y el rol del etnógrafo.

 

Finalidad

Entiendo que la etnografía no tiene una única finalidad, sino varias, íntimamente relacionadas, entre las que destaco: la descripciónde los contextos, la interpretación de los mismos para llegar a su comprensión, la difusiónde los hallazgos, y, en último término, la mejora de la realidad educativa. También señalo otra finalidad no siempre considerada: la transformación del investigador.

a) Descripción cultural

La descripción de la cultura elegida es básica en todo estudio etnográfico. Es preciso delimitar el campo estudiado, caracterizarlo, “peculiarizarlo”. Para Serra (2004:166) es su objetivo principal.

b) Interpretación y comprensión

Además de describir la cultura es preciso que el investigador la interprete subjetivamente, pues sólo así el lector de la etnografía, ajeno a la vivencia del investigador, podrá comprenderla.

c) Difusión y mejora

Otro objetivo de las etnografías es la difusión de sus informes para tratar de conseguir, en último término, mejoras en la educación. Hamersley y Atkinson aseguran que “el principal objetivo de la investigación es, y debe seguir siendo, la producción de conocimiento” (2005: 32). Pero como la finalidad de producir conocimiento por sí misma puede ser muy simple, lo ideal es que ese saber contribuya a introducir cambios sustanciales en las escuelas.

Torres se manifiesta de acuerdo con estas finalidades cuando afirma: “Circunscribiéndonos al ámbito escolar, el objeto de la etnografía educativa se centra en descubrir lo que allí acontece cotidianamente a base de aportar datos significativos, de la forma más descriptiva posible, para luego interpretarlos y poder comprender e intervenir más adecuadamente en ese nicho ecológico que son las aulas” (1988: 14).

Esta finalidad es especialmente importante cuando las etnografías se plantean desde la pedagogía, al ser éste un campo de conocimientos aplicados.

d) Autoconocimiento

Por otra parte, otra finalidad de la etnografía, no siempre contemplada es la transformación del investigador: de sus ideas, de sus concepciones previas, etc. Nolla Cao plantea que “lo esencial de la experiencia etnográfica es transformarnos a nosotros mismos” (1997: 5).

La experiencia de investigación etnográfica permanentemente transforma al investigador, tanto en sus modos de hacer, como de pensar: puede volverse más tolerante hacia la recepción de ideas que no comparte debido a la escucha comprensiva que tiene que realizar, posiblemente aprenda a mostrarse más dialogante, amable y cercano que otro tipo de investigadores, puede modificar muchos de sus esquemas, etc.

 

Características

Básicamente, considero que las características más destacadas de la etnografía escolar son:

-La participación prolongada en el contexto a estudiar para dar cuenta del punto de vista de “los nativos”.

-La observación participante por parte del investigador como “nativo marginal”.

-La descripción reflexiva con carácter holista.

Goetz y Le Compte comparten esta caracterización cuando afirman: “El diseño etnográfico requiere estrategias de investigación que conduzcan a la reconstrucción cultural. Primero, las estrategias utilizadas proporcionan datos fenomenológicos; éstos representan la concepción del mundo de los participantes que están siendo investigados (…) Segundo, las estrategias etnográficas de investigación empíricas y naturalistas. Se recurre a la observación participante y no participante para obtener datos empíricos de primera mano (…) Tercero, la investigación etnográfica tiene un carácter holista. Pretende construir descripciones de fenómenos globales en sus diversos contextos y determinar, a partir de ellas, las complejas conexiones de causas y consecuencias que afectan al comportamiento y las creencias en relación con dichos fenómenos” (Goetz y Le Compte 1988: 28-29).

La participación prolongada en el contexto a estudiar estudiando el punto de vista de “los nativos” se refiere a la necesidad de convivir con el grupo a estudiar durante periodos de tiempo continuados para comprender las interacciones que se producen entre sus miembros y poder dar cuenta fiel de las dialécticas relaciones que se producen entre las interacciones sociales y los significados que se construyen.

Serra plantea que “se considera que uno de los requisitos para la obtención de una buena etnografía es un trabajo de campo prolongado en el que se produzcan un contacto directo y una toma de datos sobre el terreno. La presencia en el campo y la vinculación con las personas que son objeto de estudio durante un periodo largo se consideran necesarias porque permiten reunir, en su ambiente natural, datos sobre el comportamiento de las personas y los acontecimientos, y situarlos en el contexto en el que adquieren significación, lo que facilita su comprensión y la formulación de hipótesis pertinentes” (2004:167-168).

La participación prolongada permite crear relaciones cercanas que favorecen la recogida de unos datos fiable que de otro modo serían muy difíciles de lograr y de comprender.

La observación participante del investigador como “nativo marginal” (2) hace referencia a que el etnógrafo nunca es uno más en el grupo que estudia, pero tiene que intentar integrarse lo máximo posible para realizar adecuadamente su investigación. Como plantean Hamersley y Atkinson, el etnógrafo tiene que “vivir en dos mundos simultáneamente, el de la participación y el de la investigación” (2005: 130). El mundo de la participación implica tratar de “ser uno más” en el grupo, tratando de interferir lo menos posible en el modo de vida de los sujetos estudiados. El mundo de la investigación supone, además de trabajo de despacho, no olvidarse de que uno es investigador y tiene que asumir cierta distancia con aquello que observa. Por ello, se habla de que el etnógrafo asume una identidad de “nativo marginal”.

La descripción reflexiva con carácter holistasupone para el etnógrafo la necesidad de realizar un trabajo en el que se relacione a los individuos, grupos u organizaciones con su entorno socio-económico, físico y simbólico de modo holístico.

Para ello debe generarse una “descripción densa” que aborde las principales estructuras de significación. Esta “descripción densa” no consiste en un relato pormenorizado de todas las observaciones realizadas, sino de aquellas que al investigador le resultan más significativas para dar a conocer la realidad que ha estudiado, es decir, aquellas que sirven para contextualizar lo más posible a los casos estudiados y comprender sus dinámicas culturales. Serra afirma que “hay que integrar el estudio de los problemas en el contexto general en el que se producen, y hemos de hacerlo guiados por los contextos teóricos que hemos seleccionado como adecuados” (2004:170).

 

Papel del etnógrafo

El etnógrafo, para la gran mayoría de los autores, es el principal instrumento de investigación. De él depende la selección de la temática a investigar, la filosofía que se adopte en el estudio, el acceso al campo, las relaciones con los sujetos estudiados, las observaciones e interpretaciones realizadas, y un largo etcétera. Como afirma Sanmartín Arce, el investigador es un reconstructor de la realidad, cuyo trabajo “exige paciencia y dedicación, atención esmerada y ferviente, fina observación y reflexión crítica de lo observado” (2000: 139).

Podemos preguntarnos cuáles son las principales exigencias que debe cumplir un investigador etnográfico en su quehacer cotidiano. Señalaré brevemente dos, que considero las más destacadas: el extrañamiento y el tratar de ser uno más.

 

Extrañamiento

Malinowski, en su clásico texto Los argonautas del Pacífico Occidental, ilustra qué es el extrañamiento del etnógrafo, cuando apunta: “Imagínese que de repente está en tierra, rodeado de todos sus pertrechos, solo en una playa tropical cercana a un poblado indígena, mientras ve alejarse hasta desaparecer la lancha que le ha llevado hasta allí” (Malinowski 1995: 24).

El extrañamiento guarda una estrecha relación con dos aspectos básicos: (1) el desarraigo de abandonar los espacios que habitualmente uno frecuenta, y (2) el afrontamiento de una situación desconocida, que además ha de ser examinada para ser comprendida. Pero además, el extrañamiento, ha de ser una actitud vital en el etnógrafo a lo largo de todo el proceso de investigación, no únicamente en los primeros momentos. Esta actitud guarda una estrecha relación con la capacidad del investigador para afrontar con sensación de asombro cada observación realizada, por vulgar, familiar o rutinaria que parezca a simple vista, pues profundizando en su significado puede resultar muy reveladora para la investigación.

Un principio de procedimiento vinculado a esta cuestión lo aporta Barrio Maestre, cuando afirma que “el investigador tiene que poner en entredicho su etnocentrismo” (1995: 165), es decir, el investigador tiene que juzgar la realidad desde el punto de vista de los miembros de la misma, mostrando capacidad para dejar a un lado sus concepciones previas.

Los antropólogos tienen dos términos que se emplean para designar el discurso de los miembros de la comunidad estudiada y el discurso propio acerca de la realidad cultural a investigar: emic y etic, respectivamente. El relato emic es el que se genera a partir de las opiniones y vivencias del observador cuando se convierte en un nativo más. El relato etices el que permite ver la cultura con la mirada que realiza un observador externo a ella. La relación entre estos dos discursos es uno de los principales problemas a resolver.

 

Ser uno más

El etnógrafo no sólo tiene que extrañarse con lo ajeno, además tiene que tratar de integrarse parcialmente en el campo que estudia. Como plantea Barrio Maestre “el etnógrafo tiene que familiarizarse con lo extraño y extrañarse de lo familiar” (1995: 164).

En este intento por ser uno más en la comunidad estudiada son fundamentales tres cualidades: intuición, reflexión yempatía (Heras Montoya 1997: 16). El etnógrafo, en su viaje, tiene una brújula que le ayuda a ubicarse: en ocasiones la intuición le lleva a plantearse unas hipótesis, en otras ocasiones la reflexión le lleva a cuestionarse éstas o a construir otras, y otras veces, los afectos le permiten idear nuevas tentativas de explicación.

Estas cualidades personales son muy importantes y tienen que trabajarse permanentemente, en aras a conseguir una penetración estratégica dentro de la cultura a estudiar. Como plantea Woods: “Así como se trabaja en el perfeccionamiento de un cuestionario, así debe trabajarse en el desarrollo de las cualidades personales de curiosidad, penetración intuitiva, discreción, paciencia, decisión, vigor, memoria y el arte de escuchar y observar” (1987: 23).

 

3. Proceso etnográfico

El proceso etnográfico no es un proceso lineal, sino circular, aunque en él puede identificarse diferentes momentos, que en la práctica pueden darse (y se dan) simultáneamente. Son la negociación y el acceso al campo, el trabajo de campo propiamente, el análisis de los datos y la elaboración del informe etnográfico.

 

Negociación y acceso al campo

El ingreso en el campo de estudio suele ser un problema al que aluden todas las obras sobre etnografía, y es que, como muy acertadamente plantea Stake: “Casi siempre, la recogida de datos “se juega en casa” de alguien. En la mayoría de los casos, supone al menos una pequeña invasión de la vida privada. Los procedimientos para obtener respuesta se basan en que siempre se da por supuesta la necesidad de obtener permisos. ¿A quién corresponde el espacio en que nos movemos?” (2005: 58).

La fase de la negociación que nos abre (o no) las puertas al campo de estudio es obligada y puede determinar en buena medida el curso de la investigación, pues como Woods mantiene, en esta fase “en el fondo, se trata de venderse a sí mismo como una persona digna de crédito que lleva a cabo un proyecto de valor” (1987: 37).

No obstante, como plantean Sanchiz Ochoa y Cantón Delgado, la negociación, la entrada al campo y la recogida de información no son fases distintas porque “negociando el acceso nos hacemos con un tipo de información muy valiosa, y porque de algún modo esa negociación es un proceso permanente. Los primeros momentos son tan cruciales como el resto de los momentos, sólo que en el comienzo lo ignoramos casi todo” (1995: 129).

Ahora bien, una vez negociada la entrada, el acceso al campo suele ser también conflictivo, pues entrar en un campo no significa permanecer en él en exclusiva. Acceder a un campo implica penetrar en las culturas grupales así como invadir determinados espacios que previamente eran habitados por otros. Como afirman Hammersley y Atkinson: “El acceso no es sólo una cuestión de presencia o ausencia física. Es mucho más que una simple cuestión de conseguir o poseer un permiso para llevar a cabo la investigación. (…) En muchos lugares, mientras la presencia física no representa en sí un problema, la actividad investigadora sí puede presentarlo” (1995: 72-73).

 

Trabajo de campo

El trabajo de campo frecuentemente ha sido idealizado, así como la negociación y el acceso. Sanchiz Ochoa y Cantón Delgado han escrito: “Si algo hay más idealizado que el trabajo de campo en la disciplina es el modo y manera en que ésta se inicia. Inicios idealizados por defecto, idealizados por silenciados: demasiada contingencia prosaica. Pero acaso ni lo uno ni lo otro, trabajo de campo y acceso-adaptación, merecen en justicia tanta solemnidad, atravesados como suelen estar de pesares y despropósitos” (1995: 128).

La fase del trabajo de campo es una etapa del trabajo también problemática, pues como su propio nombre indica, se desarrolla en el espacio en el que habita el grupo a estudiar. En esta etapa básicamente se recoge la información con la que se trabajará posteriormente realizando los pertinentes análisis, aunque, como es evidente, ya muchos de estos análisis (reflexiones, interpretaciones, etc.) se van produciendo a la par de la recogida de datos.

A continuación recojo sintéticamente las principales características de las técnicas de recogida de información en etnografía más destacadas: la observación participante, la entrevista y el análisis documental. No obstante, en función del estudio pueden además emplearse otras, y conviene señalar que estas técnicas deben contribuir a un fin básico: la triangulación de perspectivas.

 

Observación participante

La observación participante es considerada la técnica por excelencia de la etnografía. Ello es así por que “la observación participante se entiende como forma condensada, capaz de lograr la objetividad por medio de una observación próxima y sensible, y de captar a la vez los significados que dan los sujetos de estudio a su comportamiento. (…) La observación y la observación participante proporcionan descripciones, es decir, discurso propio del investigador” (Velasco y Díaz de Rada 2006: 34).

Para observar, lo ideal es modificar lo menos posible la situación objeto de estudio, adoptando un modo de actuar “de mosca en la pared”, para observar las situaciones tal y como acontecen provocando la menor interferencia posible.

Para observar, por otra parte, no sólo hay que mirar atentamente. Como señala Woods , “Los principales requisitos de la observación son, naturalmente, un ojo avizor, un oído fino y una buena memoria” (1987: 56).

Por otra parte, los datos de la observación pueden recogerse con diferentes instrumentos: diarios de campo, registros anecdóticos, grabaciones, etc.

La gran aportación, sin duda, de esta técnica es que permite acceder a un tipo de información que si no sería imposible recoger, brindando al investigador la oportunidad de recoger dicha información en persona.

 

La entrevista como diálogo

La entrevista, por su parte, es la segunda estrategia fundamental en los estudios etnográficos. Su relevancia radica en que “tejida sobre el diálogo, proporciona discurso ajeno, de los sujetos de estudio” (Velasco y Díaz de Rada 2006: 34). Me parecen especialmente significativas dos cuestiones apuntadas por estos autores:

- Tejida sobre el diálogo, es decir, evitando la formalidad siempre que sea posible, tendiendo a la conversación informal. Woods plantea que “entrevista no es precisamente un término afortunado, pues implica una formalidad que el etnógrafo trata de evitar” (1987: 82).

- Proporciona discurso ajeno, es decir, los sujetos de estudio ofrecen su visión sobre los particulares que se comenten.

Las principales características que el etnógrafo debe tener para realizar entrevistas, según Woods, “giran siempre en torno a la confianza, la curiosidad y la naturalidad” (1987: 77). Otra cuestión es determinar quiénes serán los informantes principales del estudio, pues no siempre es una tarea sencilla, y en ocasiones es necesario realizar una tarea de “vagabundeo” (Goetz y Le Compte 1988: 108).

Stake plantea que: “A menos que se haya tenido una experiencia negativa reciente, las personas generalmente cooperan, les suele gustar que se conozca su historia, se sienten felices de ayudar a alguien a hacer su trabajo, aunque no sean optimistas sobre el beneficio que les pueda procurar la investigación” (Stake 2005: 58).

La principal ventaja de esta técnica es que estimula el flujo de los datos y que ofrece una información personal, que de otro modo sería imposible conocer.

Los foros de discusión también constituyen, desde la etnografía, una forma particular de entrevista, aconsejable cuando el tema a tratar genera conflicto entre los miembros de la comunidad.

 

Análisis documental

El análisis de documentos es otra técnica habitual en los estudios etnográficos, habitualmente considerada como un apoyo a la observación. Básicamente consiste en un rastreo de materiales en formato papel, vídeo, audio, ya sean producidos por los miembros de la comunidad estudiada o por el propio investigador.

San Fabián muestra la enorme diversidad de documentos analizables: “cartas, memorias, autobiografías, periódicos, diarios, libros de texto, notas de suicidio, artículos, epitafios, casos, historias de vida, historias médicas, panfletos políticos, publicaciones oficiales, fotografías, películas, listas, registros, directorios, agendas” (1992: 35), pues todos ellos, potencialmente, ofrecen una información variada que necesariamente hay que contemplar.

Dentro de esta variedad es posible trabajar con documentos oficiales y con documentos personales. Ambos tienen que examinarse teniendo en cuenta un aspecto fundamental: los documentos oficiales pueden ofrecer simplemente visiones “deseables” y los documentos personales pueden ofrecer simplemente visiones “autocomplacientes”.

En etnografía es muy frecuente emplear alguna estrategia de grabación o fotografía porque permite “volver” sobre la realidad objeto de estudio. Estos materiales también constituyen un excelente material que hay que analizar.

 

Análisis de datos

La metodología etnográfica está caracterizada por el trabajo de campo en el cual debe jugar un papel muy destacado la interpretación de los significados, el análisis de la estructura social y de los roles en la comunidad estudiada.

El análisis de los datos es un aspecto sumamente delicado y complicado, pues el etnógrafo recoge gran cantidad de material, de diversas fuentes, en diferentes soportes, y necesariamente debe hacer uso de él. Muchos son los autores que plantean que analizar los datos genera cierta angustia, al tener que elaborar un informe científico en el que además se rechazan muchas ideas. Rodríguez Gómez, Gil Flores y García Jiménez plantean que: “el análisis de datos es visto por algunos como una de las tareas de mayor dificultad en el proceso de investigación cualitativa. El carácter polisémico de los datos, su naturaleza predominantemente verbal, su irrepetibilidad o el gran volumen de datos que suelen recogerse en el curso de la investigación, hacen que el análisis entrañe dificultad y complejidad” (1996: 201).

¿En qué consiste este proceso? Stake ha escrito: “El análisis significa esencialmente poner algo aparte. Ponemos aparte nuestras impresiones, nuestras observaciones. (…) Tenemos que separar la nueva impresión, y dar sentido a las partes. No al principio, la mitad y el final, no a esas partes, sino a aquéllas que son importantes para nosotros” (2005: 67)

Para realizar este análisis, básicamente, se dan dos pasos, intrínsecamente ligados:

a) Reflexión analítica sobre los datos

A la par que el etnógrafo recoge los datos, realiza una tarea de reflexión que es fundamental para la organización y selección de los mismos. “Cuando se observa, se entrevista, se toman notas de campo y se confecciona el diario de investigación, la labor del etnógrafo no es limita a “registrar”. También hay en ello reflexión, la que a su vez informa la serie de datos siguiente” (Woods, 1987: 135).

El etnógrafo juega así un papel “centralizador” en todo el estudio. Su mente archiva y desecha, recoge y analiza, reflexiona sobre lo vivido, lo sentido, lo pensado, los datos recogidos. Sanchiz Ochoa y Cantón Delgado han afirmado: “Nadie niega ya el papel omnipresente de la subjetividad en el trabajo antropológico, ni la implicación del antropólogo en aquello que estudia. (…) Sabemos que los datos no se “recogen” tanto como se “construyen”. Sabemos que después se interpretan. En verdad interpretamos desde el mismo momento en que iniciamos la “recogida de datos, y ciertamente ello da comienzo con el acceso al campo, o acaso antes” (1995: 133).

b) Selección y reducción de datos

Dados los impresionantes volúmenes de información con los que trabaja un etnógrafo es preciso “apartar”, como plantea Stake, aquello que es relevante para el estudio de aquello que no lo es tanto.

Reducir los datos con los que se va a trabajar finalmente no es una tarea sencilla, pues implica dejar a un lado gran cantidad de material.

¿Cómo realizar esa selección? Los intereses del estudio tienen que guiar ese proceso. Hammersley y Atkinson plantean que: “Las necesidades del etnógrafo, por supuesto, a la hora de decidir qué códigos son relevantes para los temas del trabajo en cuestión y para el análisis preliminar que acompaña a la recogida de información, son prioritarias” (2005: 217).

c) Organización y categorización de los datos

Una vez seleccionados los datos es preciso organizar los mismos. Esta operación se puede realizar de modo “manual” o mediante el empleo de programas informáticos, pero, en cualquier caso, el etnógrafo tiene que tratar de ser consecuente con los intereses de su investigación, pues los programas informáticos, por ejemplo, hacen un excelente trabajo de recuento de frecuencias, pero no reflexionan sobre los significados que encierran las muestras que se someten al programa.

Permanentemente el etnógrafo, en su esfuerzo por dar sentido a los datos recogidos genera y regenera categorías explicativas en las que agrupa los significados más relevantes recogidos. Esta categorización no es una tarea sencilla, ni definitiva, pues se encuentra sometida a permanente revisión y transformación, en cuanto aparece un nuevo dato que nos hace repensarla.

Además, las categorías, con el objeto de llegar a formular unas conclusiones en el estudio deben reagruparse formando redes que proporcionen información sobre las relaciones existentes entre las diferentes unidades de significado.

 

Elaboración del informe etnográfico

Elaborar el informe correspondiente al estudio realizado suele ser una tarea complicada. Tras horas y horas de lecturas, observaciones, conversaciones, entrevistas, análisis de documentos, etc. no es sencillo escribir, pues escribir significa divulgar.

Stake afirma: “La página no se escribe sola, sino cuando se descubre, y se somete a análisis, el ambiente adecuado, el momento adecuado, mediante la lectura repetida de las notas, con la reflexión profunda, para que después se revele el sentido y se nos escriba la hoja” (2005: 69).

La redacción académica es una actividad dura, rigurosamente disciplinada, que exige dedicación, tranquilidad, optimismo y reflexión permanente, aunque no siempre es posible dedicarle todo el tiempo que precisa. Como plantea Woods: “Si la paz es esencial, también la prisa” (1987: 185). Los informes suelen tener unos plazos, y aunque éstos tengan que ser reflexivos, en ocasiones, el tiempo se echa encima.

 

4. Perspectivas en etnografía educativa

Bajo la perspectiva etnográfica de investigación se dan cita diversas formas de indagación. Ello es así, en parte, porque este enfoque de investigación ha nacido en la Antropología y se ha ido extendiendo a otras ciencias sociales.

Como afirma Serra: “esta extensión (…) ha supuesto transformaciones y una creciente indefinición. (…) A menudo, se han adoptado técnicas habituales de los trabajos etnográfico (la observación participante, la descripción naturalista), pero no su objetivo principal: la descripción antropológica de una cultura o de algunos aspectos de una cultura” (2004:166).

Tomando la clasificación que realiza Jacob (1987: 3-32) y retoma Cajide (1992: 365-366) se hace un breve repaso por la etnografía holística, la antropología cognitiva, la etnografía de la comunicación y el interaccionismo simbólico.

Los focos de interés de estas perspectivas se recogen sintéticamente en la siguiente tabla.

PERSPECTIVA FINALIDAD
Etnografía holística Descripción e interpretación cultural de modo holístico.
Antropología cognitiva Identificar y entender las categorías culturales que usan los miembros de una cultura para organizar su modo de vida.
Etnografía de la comunicación Estudiar los patrones con los que interactúan los miembros de una comunidad, realizando análisis socio-lingüísticos.
Interaccionismo simbólico Examinar las interacciones sociales que se producen en los grupos, destacando la importancia de analizar los símbolos y los significados que se les atribuyen en las relaciones.
Tabla 1: Finalidades que persiguen las diferentes perspectivas etnográficas.

Etnografía holística

La preocupación más destacada de la etnografía holística es la descripción y la interpretación cultural del todo o de alguna/s parte/s de la cultura de una determinada comunidad, incidiendo en cómo las distintas partes configuran la cultura.

En la siguiente tabla se recogen sus características más destacadas.

Fundamento: Asume que ciertos aspectos de la cultura son fundamentales en el entendimiento de la vida humana en todas las sociedades.
Meta: Estudiar la cultura de los grupos con la intención de describirla y analizarla como un todo.
Ámbito: Estudiar la cultura incluye la organización social, economía, estructura familiar, religión, política, rituales, educación, patrones de enculturación y comportamientos ceremoniales.
Metodología: Reunir la evidencia empírica directamente a través de un trabajo de campo, mediante la observación participante y entrevista informal en la cultura que se está estudiando (Malinowski); documentar los puntos de vista de los participantes con informaciones verbales, reunir gran cantidad de datos con diversos tipos de métodos (el primer análisis es cualitativo).
Autores: Goodenough (1971) Barret (1984) Malinowski (1922; 1961)
Tipos: Macroetnografía: Geertz (1973); Malinowski (1922). Estudios de la comunidad: Arensberg y Kimball, (1940). Microetnografía: Chang (1991); Spindler (1982); Wolcott (1973).
Tabla 2: Características de la etnografía holística (Cajide 1992: 365).

 

Antropología cognitiva

La antropología cognitiva (también denominada etnocienciao nueva etnografía) plantea que el etnógrafo tiene que identificar y entender las categorías culturales que usan los miembros de una cultura para organizar su modo de vida.

En la siguiente tabla se recogen algunas de sus características más destacadas.

Fundamentos y supuestos: Asumen que cada grupo de individuos tiene un sistema único de percibir y organizar el mundo, la cultural se organiza en categorías que se relacionan unas con otras; asumen que el conocimiento cultural de un grupo se refleja en su lenguaje, especialmente la semántica.
Metodología: Identifican fenómenos para entender cómo los grupos organizan su cultura. Los datos son: palabras y su significado, reunidos mediante entrevistas y observación. El primer análisis es cualitativo, identificando “dominios” de conocimiento cultural, se organizan los términos de cada dominio y se pretende descubrir relaciones entre los dominios culturales.
Autores: Spradley (1979, 1980); Tyler (1969).
Tabla 3: Características de la antropología cognitiva (Cajide 1992: 366).

 

Etnografía de la comunicación

La etnografía de la comunicación, también denominada microetnografía o etnografía constitutiva se centra en el análisis de los patrones con los que interactúan los miembros de una comunidad, haciendo énfasis en las cuestiones socio-lingüísticas.

En la siguiente tabla se recogen sus características más destacadas.

Fundamentos: La antropología, sociología, sociolingüística y la comunicación no verbal.
Supuestos: Asumen que ambas comunicación verbal y no verbal, son culturalmente modeladas, aunque las personas en interacción no tengan conciencia de ello.
Meta: Estudiar los patrones de interacción social entre miembros de un grupo cultural o de diferentes grupos culturales. Se interesan por los patrones del cara a cara de la interacción.
Metodología: Usan la observación participante, audio o vídeo de interacciones que ocurren naturalmente, Seleccionan segmentos para el análisis detallado, los codifican y analizan cualitativa o cuantitativamente.
Representantes: Hymnes (1972, 2974); Gumpertz (1968) Erickson y Mohatt (1982); R. Test (1990).
Tabla 4: Características de la etnografía de la comunicación (Cajide 1992: 366).

 

Interaccionismo simbólico

El interaccionismo simbólico estudia fundamentalmente las interacciones sociales que se producen en los grupos, destacando la importancia de analizar los símbolos y los significados que se les atribuyen en las relaciones.

En la siguiente tabla se recogen algunas de sus características más destacadas.

Fundamentos: Se deriva de la escuela de Chicago de 1920 y 1930. Su conceptualización es entender la relación entre la sociedad y el individuo. Supuestos: Los humanos actúan ante las cosas según el significado que tienen para ellos; la motivación del significado hacia los objetos a través de los símbolos es como un proceso continuo. La motivación significante surge a través de la interacción social. Ven la sociedad compuesta de personas que actúan y la vida de la sociedad se compone de sus acciones. Los símbolos son signos, lenguaje, gestos, y el significado se construye en la interacción social.
Meta: Conocer a los individuos en las relaciones de unos con otros y aprender los significados y símbolos en la interacción en situaciones concretas.
Metodología: Observación participante y entrevista. Además d e historias personales, autobiografías, estudio de casos y cartas. El análisis suele ser cualitativo.
Autores: Blumer (1969); Denzin (1978); Ritzer (1983); Bogdan y Taylor (1975); Woods (1992).
Tabla 5: Características del interaccionismo simbólico (Cajide 1992: 366).

 

5. La credibilidad de los datos etnográficos

La credibilidad de la investigación etnográfica ha sido una de las grandes preocupaciones en el contexto de la investigación educativa general. Frecuentemente se ha tildado a ésta de imprecisa, subjetivista, distorsionada, etc.

Para garantizar la credibilidad de los datos etnográficos hay varias estrategias que el investigador tiene que conocer y emplear que contribuyen a la validación de los mismos. Son: la contextualización, la saturación, la negociación con los implicados y la triangulación.

 

Contextualización

Frecuentemente entendemos por “contextualizar” dar una visión panorámica de alguna cuestión. En etnografía, quedarse con una visión general de los hechos estudiados es reduccionista. Por ello, se plantea que no es conveniente examinar separadamente el entorno social y cultural y el análisis de los mismos. “Suministrar contexto es ir mostrando las reglas que siguen los agentes de un modo de vida particular, proponiendo progresivamente nuevas ampliaciones ante sucesivas excepciones. Suministrar contexto también es dar la oportunidad al lector de la etnografía de ponerse en el lugar de aquéllos que viven una forma extraña de experiencia, ofreciéndole, de una manera ordenada, la mayor cantidad posible de claves significativas sobre su realidad concreta” (Velasco y Díaz de Rada 2006: 236-237).

 

Saturación

La saturación guarda relación con la justificación de una afirmación apoyándose en múltiples pruebas. Si sobre un tópico se desea indagar especialmente puede que sea preciso observarlo, preguntar a los informantes más adecuados sobre él, analizar los documentos que se han generado sobre el mismo, incluso puede que sea necesario repetir estas estrategias, con el objeto de “saturar”, de agotar las estrategias de búsqueda sobre el mismo, tratando de ver si los resultados obtenidos se mantienen en el tiempo.

 

Negociación con los implicados

La negociación con los implicados guarda relación con el encuentro entre los fines, los métodos y los resultados del etnógrafo y la opinión de los implicados, con el objeto de saber si hay acuerdo entre ellos, especialmente en lo que se refiere a los resultados que muestra el informe final. Para tal cuestión pueden organizarse foros, reuniones, etc. en los que se discutan cuestiones vinculadas a las diferentes fases del estudio o en las que se revisen escritos previos a la difusión del informe.

González Riaño afirma que: “Cuando las personas que intervienen en el control de la información la aceptan como justa, relevante y precisa, de algún modo están asegurando la validez o credibilidad de la misma” (1994: 217).

 

Triangulación

La triangulación es la estrategia de validación de los datos más empleada y más conocida por los investigadores sociales. Básicamente puede entenderse como la puesta en relación de las aportaciones que realizan los diferentes agentes implicados en la investigación, incluido el punto de vista del investigador.

Arias Valencia plantea que: “la principal meta de la triangulación es controlar el sesgo personal de los investigadores y cubrir las deficiencias intrínsecas de un investigador singular o una teoría única, o un mismo método de estudio y así incrementar la validez de los resultados” (2000: 8).

Generalmente se habla de cuatro tipos de triangulación:

1. Triangulación de métodos: El investigador contrasta la información obtenida a través de una técnica (por ejemplo, la entrevista) con otras (la observación, la revisión documental…)

2. Triangulación de sujetos: El investigador trata de contrastar los puntos de vista de los miembros de la comunidad estudiada.

3. Triangulación de espacios y tiempos: Se trata de aplicar las técnicas de recogida de información (observación, entrevista y análisis documental) en diferentes espacios y tiempos, para ver si los resultados obtenidos con consistentes.

4. Triangulación de expertos: Se trata de que diferentes investigadores que se encuentren presentes en el campo a estudiar pongan en común sus visiones sobre el/los tema/s objeto de estudio.

 

 

Notas

1. El concepto etnografía educativa es más amplio que el concepto de etnografía escolar, que únicamente remite al estudio etnográfico en las escuelas. El primero, en cambio, remite a una pluralidad de frentes de estudio posibles con diferentes agentes educativos, no sólo la escuela. Cuando apunta esta cuestión, Serra plantea muy acertadamente: “Ni la educación es exclusivamente escolar, ni lo que pasa en la escuela se explica por lo que sucede en los límites estrictos de esta institución” (2004: 166).

2. Esta expresión ha sido tomada de Freilich (1970).

 


 

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Gazeta de Antropología