Gazeta de Antropología, 2006, 22, artículo 36 · http://hdl.handle.net/10481/7112 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 15 noviembre 2006    |    Aceptado 5 diciembre 2006    |    Publicado 2006-12
Deseos públicos e identidades privadas. Internet, género e identidad sexual masculina en Chile. El caso de los avisos personales del diario 'La Nación'
Public desires and private identities. Internet, gender and masculine sexual identity in Chile. The case of the personal warnings in the newspaper 'La Nación'



RESUMEN
En el caso de Chile, y muchos otros países también, la identidad masculina ha estado anclada en pautas culturales como racionalidad, fuerza y liderazgo. Así la identidad homosexual se ha "clasificado" públicamente y socialmente desde lo abyecto, debido a que se considera demasiado cercano a lo femenino. Sin embargo, ahora podemos ver que hay distinciones más finas y diversas y que esta argumentación se instala desde lo hegemónico. Metodológicamente analizaremos los discursos, con análisis de contendido, desde los avisos de el diario La Nación y también con una reflexión inicial del sitio de osos gay Chile. Entonces argumentamos que los deseos hacía otro hombre (bi y homosexual) se diversifican y se reinstalan, en la arena del ciberespacio, desde la apropiación de ciertos elementos estéticos de la identidad masculina hegemónica.

ABSTRACT
In Chile, as well as other countries the masculine identity has been anchored in such cultural schemes as rationality, strength and leadership. Homosexual identity has in this sense been classified as queer and too close to the feminine sphere. Besides this, there may be emerging or has already emerged more discrete and diverse ways to argue that also shows that homosexual identity is close to a hegemonic aesthetics. Methodologically we are using content analysis in the personal ads in the Chilean newspaper La Nación and an initial gender analysis on the website Osos Gay Chile. So, we argue that desires towards another man (homo and bisexual) diversifies, in the virtual space, also into certain aspects of heterosexual aesthetics.

PALABRAS CLAVE
género | identidad sexual | gais | heterosexual | bisexual | Chile
KEYWORDS
gender | sexual identity | gays | heterosexual | bisexual | Chile


Introducción

Dentro de la configuración de género en Chile se han sucedido varios cambios significativos en el último tiempo. Uno de estos es básicamente la incorporación de la mujer al campo laboral y la calidad de la permanencia en ella. Sabemos que es una dimensión desde donde se constituye el discurso, tanto una práctica de escribir y como la oratoria, donde se establecen los referentes de género bipolares. Esta configuración concentra así las tensiones y disputas simbólicas, de género y subjetivas, en torno el deseo y los guiones culturales relativo a la sexualidad y también la disputa de cómo ser y qué implica finalmente la condición de varón.

La intersección central de este artículo es entonces entre género e identidad masculina con Internet. Siendo éste un fenómeno reciente que propulsa una sociabilidad virtual, también da una privacidad semipública para cualquiera que entre en ella. Así creemos que Internet posibilita un nuevo espacio de creación de sociabilidad en torno a temas de género y sexualidad. Se pretende en este articulo plantear una reflexión incipiente respecto a cómo se está constituyendo la identidad de hombres chilenos y su sexualidad en el ciberespacio.

 

Marco teórico

Se asume como punto de partida en este texto, para la reflexión en torno a la identidad masculina, el concepto de género. En este ámbito, encontramos múltiples definiciones, tanto de género como de la identidad masculina. Están las definiciones que van desde la primera aproximación de Simone de Beauvoir, pasando por la definición del sistema sexo/género de Gayle Rubin, y el concepto sobre el conjunto de prácticas de Teresita de Barbieri, Pierre Bourdieu con el concepto habitus y Joan Scott que aporta la dimensión de poder; Elizabet Batinder que habla de los tres elementos sustantivos de la constitución de la identidad masculina y así otros más. Así partiremos de una definición de género que apunta a la noción de una organización simbólica que entrega pautas prácticas sexuadas, que además se enmarca en las relaciones históricas. Así, el concepto que está ligado con estas dos dimensiones es el Gender Project (Connell 2005). Este concepto ahonda también en la narrativa diacrónica de los sujetos. No basta, según su autor, apelar a las configuraciones sincrónicas de género, porque así el análisis a partir de este concepto puede resultar muy estático, sin profundidad. Nos debemos fijar en las trayectorias de género, en las cuales hay modificaciones y situaciones que van moldeando tanto la práctica como el discurso del sujeto en cuestión. Esto para identificar, con el objetivo estratégico de los estudios de masculinidad en mente, el abanico de identidades masculinas surgidas de las cuatro relaciones centrales en la constitución de la identidad masculina: hegemonía, subordinación, complicidad y marginación (Connell 2005).

Siguiendo a Connell y otros más, vemos que género es una de las formas en que se organiza la vida social, los cuerpos y lo que estos hacen. Veamos detenidamente una definición, antes de relacionarlo con los desplazamientos de discursos en la identidad masculina gay y/o bisexual en Chile.

“Género es un modo en que la práctica social es organizada. En los procesos de género, la vida cotidiana es organizada en relación con la área reproductiva, definido como estructuras corporales (…) La práctica social es creativa y inventiva, pero no rudimentaria. Responde a situaciones particulares y es generada dentro de estructuras definidas de las relaciones sociales” (Connell 2005).

Retomando una de las definiciones más notorias dentro de la literatura de género internacionalmente reconocida, podemos decir que el género se presenta así como una construcción social y cultural de las diferencias sexuales, a lo que Gayle Rubin llama el sistema sexo/género, y de esta manera podremos asumir que culturas diferentes tendrán diferentes configuraciones de género, a partir de las diferencias biológicas, o como lo diría Teresita de Barbieri que género son:

“Los conjuntos de prácticas, símbolos, representaciones, normas y valores sociales que las sociedades elaboran a partir de la diferenciación sexual anatomofisiológica y que dan sentido a la satisfacción de impulsos sexuales, a la reproducción de la especie y en general al relacionamiento entre las personas” (Rubin 1992).

Así nos interesa ver, en este texto, la complejidad del eje identitario hetero/bi/homosexual en hombres, mostrando la tensión entre el modelo de género público y los deseos íntimos. Existe un consenso en que el modelo socialmente aceptado y que los deseos (del cuerpo) tienen como referencia es el modelo de género tradicional. Aún así existen diferentes dimensiones de esta configuración, simbólica y pública, que inciden en la configuración social de género en un contexto dado. Puede ser una de estas dimensiones los espacios de convivencia con mujeres y hombres homosexuales. Así, lo fundamental, en mi opinión, es decir que socialmente la bisexualidad, en Chile hasta ahora, poco o nada existe socialmente hablando, como opción dentro del modelo de género. Por tanto, es de suponer la poca visibilidad en la identidad masculina, lo que también explica que los deseos masculinos se visibilicen en los avisos de contactos personales. Así, la opción que entrega el modelo tradicional de género es: O eres homosexual o hetero. Pero no existe, en este caso, simbólicamente hablando o sea desde los sujetos mismos y como institucionalmente, una instalación social de la identidad bisexual o de la legitimidad de este deseo hacia los dos sexos. Veremos entonces, a medida que avanza este ensayo, cómo esta tensión de género se plasma en un espacio virtual en avisos de contactos personales, en un diario santiaguino, y la relación inicial que podamos hacer con el sitio Osos Gay, en Internet.

 

Internet

El contexto histórico en que nos situaremos es la bien llamada sociedad de la información. Esta ha desafiado la forma como comprendemos, por ejemplo, el conocimiento, las relaciones sociales e incluso formación de movimientos sociales (1). En este mismo proceso, podemos sospechar que la identidad de género está sometida a nuevas tensiones en la creación de comunidades virtuales y la visibilidad pública de éstas.

Internet ha sido, según Castells y otros, uno de los emblemas de la revolución informática, y coexiste con la sociedad posmoderna. Esta conjugación entre consideración de la ampliación del acceso a la información y la instalación de la metáfora de la disolución de las fronteras es lo que estaría convergiendo en el espacio virtual y el uso social de éste. Este medio ha intensificado el flujo de la información de una manera no vista anteriormente en la historia. Se podría decir que ha tenido la misma o mayor intensidad que la revolución industrial. Así, en su uso cotidiano y cada vez más extendido, no sólo es un aspecto macro-social sino también incide, de a cuerdo con autores como Edgar Gómez y Joan Mayans, en cómo percibimos la educación, el sexo, la identidad de género y el movimiento social. Un medio tecnológico tan masivo como Internet no es posible que no se erotice, en un u otro grado, buscado un cuerpo, y se masifique la plasticidad de los deseos sexuales y no tan sexuales. Esto, creemos, posibilita en este sentido la expresión de inquietudes íntimas de los cibernautas, blindadas por el “escondite” relativo detrás de cada uno de los nick (2); pero no por eso son menos reales. Sabiendo que el ciberespacio concentra el tiempo y el espacio, y que a la vez permite también la continuidad para una transformación íntima en un espacio compartido, se establecen modificaciones en cómo nos conocemos y cuáles son los contenidos de estas relaciones sociales, por ahora experimentales y mediadas por las computadoras. El nick (apodo) es, en forma sintetizada, la relación del sujeto con otros similares en espacios como los chats, u otras plataformas, que permiten la interacción instantánea. El caso del foro puede ser pensado como un caso poco diferente a medida que los y las cibernautas se presentan con sus nombres reales, como es el caso de los foros en diarios electrónicos como La Segunda.

Siendo cierto que al inicio no existían referentes físicos y visuales en Internet, esto ha ido cambiando a medida se ha masificado el uso de la computadora. Se han incorporado herramientas y software audiovisuales, en un entorno amigable para el usuario. Por ejemplo, los chats rápidamente incorporaron cámara y sonido, que han fortalecido el sentido de simultaneidad. Además, con el caso de los avisos (contactos personales) en diarios electrónicos, trataremos de argumentar que sí existen las identidades de género, basado en parámetros físicos, como los cuerpos deseantes, y que se basan en una textualidad y no en el aspecto visual, diferenciándose del sentido de la simultaneidad del chat. Ciertamente las características de los avisos no es la misma que los chats, como MSN Messenger o Yahoo Messenger, fundamentalmente por el grado de inmediatez de uno y otro, pero sí los une el hacer posible una interacción aglutinadora de deseos íntimos compartidos.

 

Metodología

Nuestra aproximación a Internet es, primero, considerando algunos elementos cruciales. Pensamos que Internet, con las fuentes que pretendemos analizar, constituye un medio de deseos y espacio para la intimidad, que puede en última instancia también actuar como organizador de movimiento social, que cuestiona o re-adecua el orden de género.

Metodológicamente, nos queremos situar desde el uso cotidiano de la red. Siendo Internet una gran fuente de información y conocimiento, también es una fuente de relación social; relación social mediada por una computadora. Una de estas modalidades de relación social es el ejemplo del chat y los foros virtuales, ambos basados, de alguna manera, en la característica del anonimato del sujeto o cibernauta (Mayans Planells 2000). Se da la posibilidad de crear un personaje ficticio, con protección a la identidad real de la persona, así como de expresar libremente opiniones, sentimientos y creencias, sin esconder la identidad real. (Téllez Infantes 2006). En ambos casos, supondremos que la mediación permite una naturalidad diferente a la situación de cara a cara, porque permite una instalación desde lo virtual, pero no por eso menos real. Además, junto a estas modalidades recién mencionadas, existen seguramente muchas más. Creemos que los avisos electrónicos son una de ellas y que reflejan una modalidad de relación social con otro ser inicialmente distante, pero no lejano. Esta modalidad tiene dos características: Es menos intensiva y, por tanto, la narrativa biográfica está comprimida, en comparación con los foros y chats; y segundo, en relación a la direccionalidad de la comunicación. Desarrollaremos esto más adelante, en la sección de discusión y análisis.

Las fuentes para analizar son los avisos de contactos de el diario La Nacion On-line (www.lanacion.cl) y el sitio gay “Osos” Chile. Los avisos personales fueron recogidos desde la sección llamada “Mercado del placer”, del diario on-line,en los avisos “Todos y todas buscan a…”. En el sitio Osos Chile se considerará el formato de presentación y la estética de la iconografía de género.

En este ensayo adoptaremos metodológicamente algunos postulados de la ciber-antropología. Esta subdisciplina o especialización ha surgido frente la necesidad de abordar la creciente participación en la World Wide Web y su explosiva expansión. Esta subdisciplina se interesa en como la interacción produce espacios, comunidades y agrupaciones en espacios virtuales, con socialidad formal e informal. También la discursividad en los mismos textos, disponibilidad de información y su uso, como los condicionamientos marco económicos de la misma Red mundial. Así, se instala una reflexión en cuanto a cómo se podría insertar la labor antropológica en relación a este nuevo terreno, que, como producto humano, interesa investigar para conocer, por ejemplo, cómo se configuran las estructuras de género. Anastasia Téllez Infantes se centra en la reflexión metodológica cuando nos dice que: La investigación etnográfica se centraría, entre otras cosas, en los entornos sociales y las relaciones sociales que sus informantes, usuarios, establecen a través de Internet. Al respecto, diversos autores sostienen que hay que tener presente el mundo real de quienes estudiamos en el mundo virtual, es decir, el contexto cultural de los usuarios de Internet que analizamos en nuestra investigación, pues las fronteras entre ambos mundos está difuminada e interconectada. El mundo virtual es un mundo de flujos e interconexiones, de tiempo encriptado e intermitente, de ‘no lugares’ ciberespaciales y de ‘lugares con identidad propia’ a modo de contextos de sociabilidad formal e informal. En este mundo virtual el etnógrafo debe saber sumergirse con empatía entre sus informantes, presentarse siguiendo los códigos de conducta establecidos, dominando el mundo simbólico y por supuesto el lenguaje propio” (Téllez Infantes 2006). Esta definición de los nuevos desafíos metodológicos de la antropología en relación en la sociedad de la comunicación busca reinstalar el trabajo de campo tradicional en el espacio virtual de la Red WWW.

Podemos ver dos diferencias sustanciales de las dos fuentes a las cuales estamos recurriendo. La diferencia de los avisos electrónicos con el sitio web Osos Gay es que en el primero más bien se sitúan desde el anonimato de los sujetos y sus fantasías y deseos, permitiendo permeabilizarse los deseos íntimos, sexuales y no tan sexuales, mientras que en el caso del sitio Osos Gay se sitúa desde una comunidad con un grado de organización, con un discurso y planteamiento concreto. Ambos apuntan, a pesar de sus diferencias de formato, a nuestro interés teórico, que busca conocer el impacto de las estructuras de sexualidad y género en un espacio como Internet.

Se hará el análisis de los avisos a partir de la metodología del análisis de contenido. Usualmente esta técnica se ha aplicado en el análisis de contenido de los diarios u otros textos de diferente naturaleza, hasta otros medios más masivos, para conocer la forma del discurso y cómo se expresa en cada uno de esos contextos lingüísticos (Silva 2006) (3). Al ser los avisos de contactos en diarios parte de este formato, es pertinente usar esta técnica, porque finalmente se inserta en la discursividad, a la vez que se cruza con la perspectiva de género. Tenemos la definición de Krippendorff citada por Eduardo López-Aranguen respecto al análisis de contenido: “El análisis de contenido es una técnica que se utiliza para hacer inferencias reproducibles y válidas de los datos al contexto de los mismos”.

Así, si bien se podría pensar el análisis de contenido solamente para la consideración del texto, incluye asimismo las imágenes como elemento de análisis, ya que en éstas también residen muchos significados culturales.

 

Discusión y análisis

En esta sección nos detendremos primero en la intersección entre género y ciberespacio; segundo, reflexionaremos sobre la tensión, en los avisos, entre lo legítimo, lo heterosexual y los deseos privados. Tercero, veremos cómo se instala, desde Internet, la legitimación de los deseos hacia otros hombres, desde la masculinidad hegemónica, y cómo pueden plantearse los inicios de una identidad bisexual. Transversalmente a esta reflexión, se considerará la siguiente pregunta: ¿Cómo se legitiman los deseos íntimos al mismo sexo, entre hombres que colocan avisos o contactos personales en Internet?

¿Es Internet un espacio público o privado? Esta es la pregunta que podemos poner sobre la mesa y es relevante al contexto general de las comunicaciones. Apunta, por ejemplo, a los elementos ético-sexuales de la sociedad en general, ya que en este medio, con su libertad/restricción de información, permite el establecimiento de nuevas redes y agrega complejidad a la estructura social, incluyendo el género. Esta nuevo modo de comunicación entrega a la capacidad inventiva una extensión en donde se conjugan y convergen oralidad, escritura y textualidad (4). Así podemos decir que la computadora es finalmente un medio para un fin. Un fin que es, a su vez, determinado por el sujeto en su uso cotidiano, ya merced de sus deseos cuerpo/sexualidad/género. La distancia de lo público, pensando de forma tradicional como ágora, es lo que permite la expresión de los deseos íntimos, mientras que la cercanía a lo público permite la creación de nuevas comunidades imaginadas, aglutinadas en intereses compartidos. Así, volviendo a lo anterior, veremos que la pregunta central es: ¿Cuál es el rol de las comunidades virtuales (foros, chats y avisos electrónicos) para la identidad de género y sexualidad?

Se ha mencionado anteriormente, en este texto, que una de las características de Internet es el anonimato y la privacidad. Entonces podemos plantear que hay libertad para crear, recrear y cumplir fantasías. Ciertamente sabemos que esta libertad es relativa, sin embargo, para los mismos usuarios, la libertad reside en poder exponer y, finalmente quizás, realizar las fantasías entretejidas en los mitos y tabúes sexuales de la sociedad chilena (Gómez Cruz 2001). Además de la visualidad, los avisos personales se instalan desde la textualidad, en vez de la imagen como forma de relación social.

La historia de la homosexualidad ha estado ligada a la historia de la represión y a un gran debate (Weeks 1986). Sin embargo, debido al paralelismo actual con la sociedad de la información, ha tenido la posibilidad de recrear las fantasías en, o a través de, lo virtual. Lo virtual se podría pensar como el universo de información disponible tanto para informarse como para divulgar conocimiento, opiniones y vivencias; pero también para compartir una nueva sociabilidad virtual o semivirtual. En términos de difusión, Internet permite un acercamiento, una intimidad distinta a la de otros medios de comunicación masiva o pública. En términos de educación, el navegante puede autogestionar su proceso y el contenido de su aprendizaje, para bien o para mal.

Desde nuestra perspectiva marco, podemos ver que hay dos disyuntivas en el tema de Internet. Y éstas son la expansión del mercado informático y el uso de ésta. Lo primero apunta a la cantidad de computadores que ciertamente está relacionada con el poder adquisitivo de distintos sectores, para la instalación del soporte tecnológico de Internet. Lo segundo, concierne al uso de Internet en distintas dimensiones, sociedad civil e institucional, en la sociedad informática actual. Este último tema no es menos interesante, porque se refiere el know how de las personas que lo utilizan.

Las relaciones cara a cara han sido la forma en que se han definido, históricamente, en las ciencias sociales y humanas, las relaciones sociales. Así Internet, dentro de los nuevos medios de comunicación de masa, ha sido uno de los máximos referentes de la sociedad de la información. Podemos asumir que el género y la sexualidad también han estado, crecientemente, mediatizados a través de la computadora, y ésta se ha instalado como un sustituto de la relación física entre las personas (Balaguer Prestes 2005).

 

Los avisos e identidad de género

Lo que interesa aquí es ver, a través de los avisos, como se reconstituyen nuevas comunidades, o redes en torno al elemento aglutinador, que en este caso sería la identidad de género. Consideramos que los avisos y contactos personales en los diarios electrónicos son un formato comunicacional que puede tener varias lecturas. Por un lado, una hipótesis podría ser que busca suplir un mayor grado de sentimiento de soledad y menor nivel de solidaridad en la sociedad posmoderna. También se puede leer como la conciencia y la posterior liberación de los deseos contenidos por mucho tiempo, de modo que los avisos personales serían un canal legítimo para su expresión. Otra visión puede ser la que señala que, al fin al cabo, la naturaleza del ser humano no cambia con la irrupción de Internet, sino que la cuestión es la visibilidad pública en Internet de los deseos íntimos. Finalmente, podemos considerarlo como un medio mucho más abierto y menos discriminador, y así los sujetos pueden sentirse menos inhibidos a expresar hechos que en otras circunstancias podrían ser considerados como socialmente reprochables. Ciertamente es un medio que también permite crear comunidad en una forma muy distinta a la modalidad tradicional de movimiento social. Veremos los avisos personales como relaciones virtuales informales, basadas en la textualidad, mientras que las relaciones de los usuarios del sitio Osos Chile serán consideradas formales y con un acercamiento al cuerpo no mediante el texto sino mediante la narrativa visual.

Podemos decir que la identidad gay u homosexual, en Chile, ha experimentado y experimenta estos dos modos de organización y ha estado comúnmente muy asociada a la identidad de la Loca (literatura chilena, ejemplo Pedro Lemebel). La diversificación de esta, y en parte también su legitimación en el nicho social particular chileno, se constituye desde el estereotipo masculino, lo macho, considerado hasta ahora exclusiva propiedad del heterosexual. Ciertamente la estética identitaria no es nueva para otros movimientos o comunidades homosexuales, pero si es relativamente nueva en Chile.

Veamos un primer aviso personal del diario La Nación:

“Buscando conocer hombres varoniles, heterosexuales, con la necesidad de satisfacer la fantasía sexual de estar con un hombre, entre 30 y 40 años de preferencia Santiago y quinta región. Tengo 30 años, me considero heterosexual, muy varonil, interesante, profesional, sincero, reservado y discreto. Favor abstenerse los gay, afeminados y aquellos que frecuenten el ambiente. Solo hombres que sean heterosexuales y que tengan la misma fantasía que yo. Pido reserva y discreción. Si hay algún hombre que se encuentre en esta misma situación y tenga la necesidad de comunicarlo no dude en escribir”
comenzando_experiencia@yahoo.es

Lo que resalta en este primer aviso es la instalación desde la identidad masculina hegemónica, para buscar otro hombre como pareja sexual, aún considerándose heterosexual. Si pensamos que en el homosexual hay un deseo que socialmente en cierta medida hoy se acepta, aún con aprehensiones, ¿qué sucede entonces con el que ha crecido heterosexualmente, pero descubre que también desea, sexualmente, a un hombre, y no quiere ser etiquetado como gay u homosexual? En el contexto de Chile, no sería muy descabellado decir que la “solución” ha sido elegir entre uno u otro y así no hay opción, culturalmente hablando, de ser bisexual. Un ejemplo de esta “inconsistencia” cultural, pública, masculina y heterosexual, es la fantasía sexual de que dos mujeres tengan relaciones, mientras que el caso inverso no es una fantasía públicamente aceptada. Esta poca aceptación del deseo intragénerico desvela poca aceptación de la bisexualidad; por tanto, tampoco es una realidad social de ellos o ellas. Entonces, aquí estamos frente a la tensión y la lucha simbólica entre una visión de la sexualidad humana y la direccionalidad del deseo (hacia quién y con quién).

Veamos otro aviso:

“Hola… Soy Jorge. Tengo 28 años… Moreno, mido 1,77; peso 74 kilos… quiero conocer a hombres que quieran experimentar cosas nuevas, que tengan la fantasía de estar con otro hombre, y pasarla bien… sólo hombres, machos, discretos, y ojalá que con poca experiencia… para empezar juntos a probar cosas distintas… juntos… Yo me considero heterosexual… y me gustan la minas. Pero quiero probar sensaciones nuevas… ojalá que me escriba alguien que se encuentra en las mismas que yo. chaoooo… no voy a contestar a personas que sean gay… y todo con mucha discreción.”
conejero.jorge@gmail.com

En este aviso, lo que resalta es el hecho de que dice: “y me gusta las minas” (5). Una pregunta que puede surgir en este contexto es: ¿Por qué no se instala desde lo bisexual? Aunque se ubique desde la fantasía, puede que la condición de ser bisexual, dentro del ethos chileno, resulte doblemente discriminada, tanto por los hetero- como los homosexuales. Hay dichos populares referidos a la bisexualidad, como “hacer gol a los dos arcos”, o “tirar para los dos lados”. Reflejan la poca aceptación social y poca visibilidad de la identidad bisexual. Esto es debido a una autorregulación público-social de la sexualidad. Primero, según la (hetero)normalidad sexual, el bisexual se asocia, en el discurso público, con el imaginario del polimorfo sexual, no tanto por ser concebido como un ser altamente sexuado, sino por cometer una “traición” de género. Mientras que la discriminación homosexual sería que son considerados como personas que no han asumido su condición real, como homosexual, y por eso se les reprocha. Otro aspecto que sigue apareciendo en los avisos es la petición de discreción, y eso delata, por parte del sujeto que escribe, poca aceptación en su nicho social inmediato.

Veamos el siguiente aviso:

“Hola, me gustaría conocer hombres machos, tengo 29 años, me considero heterosexual, soy bien varonil, mido 1,72, peso 74 kilos, soy peludo de piernas y trasero; no me interesan los gay ni afeminados ni nada de eso, solo hombres que sean heterosexuales y que tengan esta fantasía y lo más importante que sean muy pero muy reservados. Ojala algún hombre que este pasando por esto mismo me escriba, soy sincero, machote y reservado.”
andres2005@latinmail.com

En los avisos que hasta ahora se han visto, se reitera la idea de estar cumpliendo una fantasía. Esto, por un lado, podría ser considerado como que esos hombres heterosexuales están conociendo su sexualidad. El uso de la “fantasía” les permite en parte desprenderse de un elemento que pueda poner “en jaque” su sexualidad. Así, este dispositivo de defensa discursiva es el modus operandidel modelo masculino hegemónico tradicional.

Si bien estos avisos se plantean desde la fantasía, ¿qué sucede con un aviso que delata más un sujeto polimorfo sexual? Desde la radicalidad sexual, aquí la pregunta pertinente podría ser: ¿Cuál es la tensión que se produce en relación con las fugas de deseos? Las fugas de deseo son los caminos sexuados que cuestionan los pilares del modelo de género tradicional.

El siguiente aviso es un ejemplo de una múltiple fuga de deseos:

“¡Hola a todos! Soy un hombre que se considera librepensador, no me encajo en ninguna categoría, me gusta el sexo de todas las formas. En esta etapa estoy buscando tener sexo con hombres: gays, bisexuales, heteros o lo que sea. Soy versátil, tengo 30 años, soy muy varonil y atractivo, mido 171 cm, moreno de ojos café claro, contextura media, buen cuerpo, no tengo dramas y restricciones en el sexo, hago y me gusta que me hagan de todo. Tengo un culo de miedo, muy resistente y una herramienta muy juguetona y cumplidora. Busco hombres varoniles, de preferencia grandes, musculosos tipo oso, de entre 25 a 45 años. Me encanta el sexo grupal, así que espero me contacten parejas y grupos a indomito197@yahoo.es. Doy y pido reserva y discreción.”

En los avisos, la textualidad está atravesada por referencias al cuerpo. Aunque no haya ninguna imagen, el cuerpo se describe minuciosamente, en parte para iniciar el juego de recrear el cuerpo sexuado.

La plasticidad de la sexualidad, mencionada por algunos autores, se ve aquí plasmada en un sujeto ya que dice: “en esta etapa estoy buscando tener sexo con hombres: gays, bisexuales, heteros o lo que sea”. Es interesante que este aviso no encasille a nadie. Además, el sujeto se presenta con un deseo omnipresente y sin restricciones, o sea, un lugar desde el cual la permeabilidad de los deseos es lo que define la relación de futuro.

Si bien se puede pensar que cumplir la fantasía es parte del proceso de asumir la identidad homosexual, tampoco se puede negar que la persona se transforma al objeto de deseo -es decir, al ubicarlo dentro de la fantasía, lo no real- y que la expresión de ese deseo sólo es posible desde la esfera despersonalizada y, por ejemplo, no como parte del desarrollo individual en la sexualidad. También debiéramos considerar la ausencia de la bisexualidad como opción de identidad de género en el ethos criollo chileno. Además, en los dos primeros casos, es notable la actitud homofóbica del aviso, porque, simbólicamente hablando, muestra recelos en cómo se está buscando/deseando a otro.

En el siguiente aviso, se nota más el tema de la integración a la vida social heterosexual, a costa de la nula presencia de una vida emocional, y se usa la constelación semiótica que reinstala en la vivencia de la subjetividad relacionada con el mimetismo:

“Hola me llamo Bastian y tengo 27 años. Busco maduros activos que deseen pasar un rato agradable sin compromisos. Soy un tipo pasivo muy varonil y muy discreto. Soy profesional de muy buena educación, mido 1,72, ojos café, pelo corto estilo ejecutivo. Me gustan los tipos maduros , peludos y muy activos y discretos. Si te interesa y tienes lugar discreto…”
contactame.boymaster@hotmail.com

Nuevamente se reitera la idea de que el objeto de deseo son “hombres más hombres” que ellos, desde la perspectiva de la masculinidad hegemónica. ¿Puede ser que el varón chileno, pensado al modo tradicional, tiene la necesidad de sentirse deseado, tanto sexual como emocionalmente? Si dentro de la concepción de la masculinidad hegemónica (heterosexual, proveedor, fuerte, etc.) nunca se le ha concebido como sujeto de deseo, sino sólo como sujeto deseante, entonces desear un sujeto masculino, siendo varón, desestructura la concepción tradicional de género. La idea del instinto sexual irrefrenable (Olavarría 2001) en el hombre hetero/homo es reflejo de una concepción cargada de valoración social considerada positiva. Para la mujer homosexual, se torna algo altamente negativo. Me refiero a la argumentación feminista lésbica de la mayor aceptabilidad de la homosexualidad masculina.

Otro aviso, que reitera la necesidad de que el otro sea “más” varonil, muestra el poder de la fantasía:

“Joven de 26 años, soltero, buen físico, atractivo, trigueño, piola y buena onda, 1,70 m., busca cumplir fantasías con otro hombre. Soy de mente abierta, y así que estoy dispuesto a todo (dentro de lo “normal”). Sólo necesito que él sea súper varonil, ardiente y sin rollos ni atados. Sólo busco amistad con ventajas y todo súper discreto y piola. No me importa estado civil, sólo que estés bien de cuero y mejor aún si bien dotado… no es de goloso… solo fetiche. A ver si alguien se atreve a cometer locuras.”
caliente.pepe2@gmail.com

En antropología, en el análisis de parentesco, es central analizar culturalmente las regulaciones sociales en sexualidad, en lo tocante a con quién, cuándo, cómo y qué práctica sexual se “debe” tener. Siguiendo a Thomas Laqueur, el sexo se ha regulado culturalmente y se ha ido transformando, y afirma que la sexualidad ha girado entorno a tres variables: Quién, qué y donde. En ese sentido, y desde una perspectiva histórica, una de las regulaciones más notorias, en la sociedad occidental, ha sido la de la sodomía. La importancia se desplazó desde la frecuencia y cuándo se hacía hasta centrarse finalmente en quién cometía el acto. Ciertamente en el siglo XX se insistió en la penalización de las personas que incurrían en estas faltas “morales”, que se sustentaban en la tradición cristiana relativa a la sexualidad.

Sin embargo, hay versiones de la sexualidad menos desindividualizadas, pero no por eso menos complejas, como la siguiente:

“Hola: Soy casado, 45 años, me gustaría conocer un hombre en igual situación, para compartir este secreto y este deseo oculto de querer estar con un hombre. Ojalá podamos compartir esta difícil experiencia y desahogarnos mutuamente muy en secreto, muy discretos, como amigos del alma. No busco pareja, porque ya tengo mi familia… pero si alguien maduro, serio y muy discreto… para una relación muy de amigos y cómplices… y comprobar que no soy el único que carga este tremendo secreto. Escríbeme.”
a.universal_2006@hotmail.com

El hombre casado con un secreto es importante en la medida que en un mismo sujeto conviven dos modos de relación social y de deseo. Si bien podemos pensar que la adquisición de la identidad sexual es un proceso, tampoco podemos pensar siempre que se trata de una sexualidad provisional. Hay que reconocer, primero a nivel personal y después social, que existen los deseos. La palabra y el uso de éstos denotan una realidad.

Un aspecto que parece importar es la edad, ya que la mayoría de los avisos son de personas con una edad promedio de treinta años o más. Esto también nos revela que se trata de la generación criada básicamente en la segunda mitad de los años 1960 y en los 1970, y que se encuentran condicionados generacionalmente en el modo de manejar y comprender su sexualidad, en relación a la generación que hoy está en la adolescencia o adolescencia tardía. Así, este ejemplo muestra la poca visibilidad social de la bisexualidad en lo que respecta a la actoría social. Se mantiene dentro de la dimensión del secreto por ser una trasgresión del deseo y la direccionalidad que representa la normatividad sexual pública, para la que sería una doble infidelidad intra-género imperdonable.

Así, ahondando en el carácter virtual de estos avisos, podríamos decir que los se instalan en islas de deseo y buscan relaciones informales con respuestas discretas. Se supone que el correo electrónico es para que las personas interesadas contesten de forma privada al creador del aviso. El creador elige entre los que respondan con quién se “queda”. Debemos pensar que forma parte de sus objetivos el encuentro no virtual. El aviso es sólo el puntapié inicial para una relación cara a cara entre dos personas que buscan complacerse. Por otro lado, desde un marco más amplio, , junto con otras transformaciones históricas, el concepto tradicional de familia está siendo enfrentado públicamente, lo que en parte puede explicar muchas modificaciones de sus aspectos centrales. El mantenimiento de una identidad sexual secreta choca así con la posibilidad de existir socialmente.

En el caso de las mujeres homosexuales o lesbianas, tiene un tinte simbólico diferente, en la medida en que lo femenino se ha comprendido culturalmente como elemento de la reproducción. Así, quizás sin tanta sorpresa, a ellas se las ha cargado con un peso muy diferente al de los hombres.

 

El sitio Osos Gay, a modo de ejemplo

Después del clic desde Google.com, aparece la pantalla de bienvenida del sitio Osos Gay. Es una imagen de una cueva con un oso. Busco alguna indicación para entrar al sitio, sin encontrar nada. Sin embargo paso el puntero del ratón sobre el oso y veo que aparece la mano y hago un clic. Escucho un rugido de oso y se carga la página inicial de sitio.

Ya dentro de la pagina, se pueden apreciar diferentes secciones. Entre ellas está, por ejemplo, el foro, datos, noticias, etc. Creo que así hay una sociabilidad virtual más envolvente que en los avisos electrónicos.

En la sección de Noticias, salen las actividades futuras y las que se han realizado. Por ejemplo, la promoción de las fiestas patrias (18-19 de septiembre). Claramente esta imagen del cuerpo de Adonis está más cerca de otra de las identidades masculinas gays y no tanto de los osos. Además, con los llamados banners,aparece una invitación a conocer qué es ser oso y a “caminar” por la ruta del oso.

Aquí queremos mostrar, brevemente, cómo la identidad masculina gay se sustenta, tanto subjetivamente como estructuralmente, desde los parámetros y estéticas de la identidad masculina hegemónica. Dentro del proceso de sensibilización de la identidad gay, en Chile (inclúyase en esto también a la Gay Parade que se hace todos los años y otras actividades más), la presencia de Internet se podría considerar como una de las nuevas formas de cotidanidad que no reemplaza la sociabilidad pero sí la enriquece.

Así, con el primera inmersión en el sitio es notorio visualmente cómo se instala una identidad gay, desde elementos estéticos y cotidianos que anteriormente se consideraban exclusivos del mundo heterosexual.

Estos elementos estéticos y su contenido introducen complejidad en el proceso de la identidad homosexual en Chile. Se favorece la relativización de los estereotipos de las identidades sexuales en el público chileno en general, de lo que se sigue una menor estigmatización. Ser gay o cumplir con una fantasía de estar con otros hombres obedece a diferentes formas y ciclos en la identidad sexual masculina, en torno a cómo se configuran las biografías de los individuos y de qué manera esto se expresa en el espacio virtual y real de sujetos concretos.

Los avisos personales del contexto virtual se deberían considerar cualitativamente distintos, porque los avisos personales en el diario La Nación representan un espacio de tránsito y no son de una calidad inclusiva, como los del sitio de Osos Gay.

 

Conclusión

La argumentación de este texto es, entonces, que la identidad masculina hegemónica constituye un escalafón que permite visualizar e instalar al deseo homo/bisexual en dos modalidades en el espacio semipúblico de Internet. Así, aún cuando la identidad masculina hegemónica y la identidad masculina homosexual pueden coexistir, y han coexistido de forma accidentada y violenta, con la identidad bisexual escondida en el entretejido estructural en la mismísima familia chilena tradicional, la pregunta final de este ensayo sería: ¿No podría ser que la sociedad chilena “de huachos” (hipótesis Sonia Montecino) y con la ideología de género tradicional haya producido también una identidad bisexual masculina, que sólo ha podido encontrarse o vivirse, hasta ahora, en secreto y desde una doble discriminación?

Así resaltan las dos hipótesis centrales de este ensayo. Primera, que la identidad bisexual/homosexual se instala, y en cierta medida se legitima, desde lo masculino hegemónico, pudiendo lograr una mayor sensibilización pública-instalada desde la heteronimia de género tradicional- de la identidad gay/bisexual. Y segunda, que ambos formatos de interacción virtual funcionan como complementarios y como puntos de partida de las relaciones sociales cara a cara.

 



Notas

1. Ramón Rivera Espinosa, “La era de la información y la ciber-antropología”:
http://www.tuobra.unam.mx/publicadas/031101192329.html#fn1

2. Es el nombre inventado del usuario o cibernauta y por el cual te conocen estando en línea.

3. http://www.uccor.edu.ar/paginas/REDUC/porta.pdf#search=%22metodologia%20cualitativa%20analisis%
20de%20contenido%22

4. Véase el artículo: Joan Mayans i Planeéis, 2000, “Género confuso: género chat“, Textos de la Cibersociedad, 1.Disponible en:
http://www.cibersociedad.net

5. Es un chilenismo que se usa popularmente para denominar a la mujer.

 



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Gazeta de Antropología