Gazeta de Antropología, 2005, 21, artículo 26 · http://hdl.handle.net/10481/7196 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 10 agosto 2005    |    Aceptado 26 septiembre 2005    |    Publicado 2005-10
La parroquia como escenario social. Expresión de demandas y formas de implementación de servicios religiosos y seculares. El caso de la parroquia San Cayetano de La Plata
The parish like a social scenario. Expression of demands and way to implement religious and secular services. The case of San Cayetano's parish in La Plata



RESUMEN
Durante la década de 1990, Argentina atravesó profundos cambios sociales, producto de una política de reforma del Estado, que produjo una reestructuración material y simbólica de nuestra sociedad, incluyendo lo religioso. La reconfiguración de la relación entre religión y sociedad abarcó a la Iglesia Católica en su conjunto, haciéndose visible desde sus parroquias. Desde un estudio de caso, el de la parroquia San Cayetano de La Plata (a cargo de los teatinos), se exploran algunos aspectos de dicha reconfiguración. Así, se analiza la definición de su rol socio-pastoral, orientado a la generación de nuevos espacios de participación, frente a las distintas demandas sociales a las que se vio enfrentada.

ABSTRACT
During the 1990s, Argentina underwent profound social changes, as the result of a reformation policy from the State, which generated a material and symbolic re-structurating of Argentinean society, including religious aspects. The reconfiguration of the relationship between religion and society embraced the Catholic Church as a whole, becoming visible in the parishes. This case study, settled in the parish San Cayetano of La Plata (managed by the Teatin religious order), explores some aspects of this reconfiguration. Thus, their socio-pastoral role is analysed, guided to the generation of new participation spaces, such as a response to social demands that were addressed.

PALABRAS CLAVE
religión y sociedad | globalización | Argentina | neoliberalismo | parroquia
KEYWORDS
religion and society | globalization | neoliberalism | parish church


Introducción

En la década de 1990, Argentina atravesó profundos cambios socio-económicos, producto de una política neoliberal, centrada en la reestructuración económica a partir del achicamiento del Estado y la reconversión laboral (Bayardo y Lacarrieu 1997; Minujín 1997; Sabarots 1997). En este contexto, el mercado financiero se erigió en una especie de dios que actuaba satisfaciendo las necesidades de aquellos que le ‘rendían culto’. Mientras las diversas problemáticas sociales fueron subordinadas a los aspectos técnico-economicistas, como condicionantes del “progreso social” del país (Minujín 1997; Sabarots 1997). Estos cambios afectaron al conjunto de nuestra sociedad, aunque no en igual medida. Se generaron situaciones de marginalidad y exclusión para una amplia mayoría de la población argentina, que quedó sin empleo, o con un trabajo temporario y bajos ingresos salariales. Ello produjo el consecuente deterioro respecto al acceso a necesidades básicas: la alimentación, la educación y la salud. En contraposición, se intensificaron los beneficios para aquella minoría que ostentaba-y aún ostenta- sitiales de poder político-financiero-sindical-empresarial. Beneficios traducidos tanto desde la acumulación de bienes materiales, como desde la redefinición y ocupación de diferentes ámbitos de poder (Ducha Roca 2001; Minujín1997).

Todo este proceso de reestructuración social, tanto material como simbólico, incluyó a la institución Iglesia Católica de Argentina, que vio disminuir su monopolio en el campo religioso del país (Frigerio1997; Mallimaci1996). La Iglesia argentina nunca fue homogénea en términos políticos, aunque adhiere a una visión integralista orientada a ‘catolizar’ todos los ámbitos sociales, autoproclamándose la única alternativa religiosa de superación posible. Tal integralismo, desarrollado entre las décadas de 1930 y 1960, procuraba la unicidad de la identidad católica con la identidad nacional, en el contexto de un Estado con fuerte presencia social. Durante los años 1970, este catolicismo comenzó a cuestionarse socialmente, para terminar convirtiéndose en el ala eclesiástica de la dictadura militar.

Con el advenimiento de la democracia, en 1983, vuelve a reubicarse en la sociedad civil; para, en la década de 1990, ya con visibles fragmentaciones, denunciar sólo desde algunos sectores los abusos del neoliberalismo, y autoproponerse -en su totalidad-como ‘otro espacio’ de salida ante la crisis social (Mallimaci 1996, 2000; Soneira 1986). Mientras algunos de sus máximos representantes respaldaron la llegada prematura al gobierno de Carlos Menem y su política, varios sacerdotes y obispos de diferentes diócesis de nuestro país (Hesayne de Río Negro; Farinello de Quilmes y Cajade de La Plata) alertaron acerca de la creciente situación de desigualdad y marginalidad social, en la cual sus comunidades se iban sumiendo.

Monseñor Olmedo (arzobispo de Jujuy) y monseñor Hesayne (arzobispo de Río Negro), no identificados con las ideas del liberalismo, eligieron denunciar los perjuicios del capitalismo con sus regímenes globalizantes, tanto desde sus púlpitos, como desde los medios masivos de comunicación. E incentivaron en sus diócesis adoptar una posición observante, antes que observadora, para enfrentar los cambios; apuntalando, entre otras cosas, la labor social de sus parroquias. Esta labor social incluía el asistencialismo gerenciado por cáritas, pero daba un paso más hacia nuevas formas de sostén material y espiritual, que dieron lugar a la autogeneración y autogestión de diversos microemprendimientos.

Como contrapartida, la jerarquía eclesiástica centró su mirada en otros aspectos. Así, empezó a percibir como problemático para su iglesia un aumento de la secularización (1) en la sociedad civil, alertando a la población argentina respecto de esta situación, que disociaba al hombre de Dios. Sin embargo, no reconocieron su papel en la emergencia de esta “sociedad secular” de la mano del modelo político instrumentado durante la administración de Carlos Menem. Modelo que, según palabras de este presidente, permitiría “insertar a la Argentina en el mundo”.

El producto hoy resultante es un endeudamiento externo e interno. Externo en relación a los compromisos asumidos con los organismos financieros internacionales, punto que aquí no vamos a desarrollar. Interno, en cuanto a la deuda con la población local, específicamente, con los sectores medios y bajos del país, afectados por la desocupación y marginalidad crecientes; y sin auxilios efectivos instrumentados a nivel del Estado (Minujín 1997; Sabarots 1997). Sumado a ello, creció la falta de credibilidad hacia el clero argentino, frente a casos de corrupción política donde la Iglesia apareció denunciada (2); situación que terminó por afectarla en grado diverso. Obligada a reposicionar su imagen pública, la Iglesia argentina salió a enfrentar su crisis intraeclesial en el contexto de la crisis del país. Una de las formas que adoptó para salvaguardar sus intereses fue promocionar la labor de las parroquias, promoviendo el papel social de las mismas, como espacio donde se gestasen alternativas viables a futuras transformaciones sociales. Y, si bien las parroquias responden a la autoridad de los obispos de sus respectivas diócesis, cada una trabaja según el ámbito del país donde se encuentre inmersa, con objetivos que apuntalen cambios posibles en el marco de las poblaciones que abarcan.

En este punto resulta interesante mencionar la propuesta que un autor brasilero, Benedetti, realiza, de la parroquia como prestadora de servicios y de atención de individuos según su situación (Benedetti 2000). En su tesis sobre el campo religioso católico brasilero, analiza las reformas al interior de la Iglesia. a partir de su inserción parroquial en una comunidad. Habla del paso de un modelo feudal, hasta la conformación de movimientos, atravesando la oposición parroquia/misión. Resalta que esa división se debe a la dinámica ocupacional del espacio urbano realizada por las diferentes clases sociales; puesto que la parroquia, como eje de la vida de la Iglesia, nunca dejó de existir; destacando la importancia que el papa Juan Pablo II dio a la reparroquialización de la Iglesia (Benedetti 2000: 161-162). Y, desde aquí, analiza el caso de la parroquia de Campinas, como prestadora de servicios religiosos y no religiosos, dentro de su contexto socio-económico (Benedetti 2000: 163-170). Creemos que esta visión de la parroquia como prestadora de servicios y de atención de individuos en su situación resulta apropiada para nuestro trabajo, donde examinaremos algunas de las alternativas de acción parroquial implementadas, desde mediados de los años 1990, en la ciudad de La Plata (3). Para ello analizaremos el caso específico de la parroquia San Cayetano (4). La misma se encuentra emplazada en el casco urbano de dicha ciudad, en una zona geo-demográfica con características de clase media. No obstante, diversifica sus actividades buscando generar espacios de participación ante las distintas demandas sociales a las que se vio y aun se ve enfrentada; dando cuenta, así, de la atención de los individuos en ‘su situación’ (Benedetti 2000).

 

Los teatinos y la parroquia San Cayetano de La Plata

La orden de clérigos regulares teatinos fue fundada por Cayetano Thiene en 1524, en Roma. En un contexto histórico-social que aun combinaba lo medieval con lo moderno, se valieron políticamente de dicha situación para reubicarse en la sociedad de su época, atendiendo necesidades básicas que el poder político y religioso no cubrían. Así, orientaron su tarea apostólica a la atención de enfermos y hambrientos; fundaron una imprenta para dar trabajo a los necesitados; instauraron un banco para otorgar créditos sin intereses a artesanos y campesinos; y organizaron el primer hospital de enfermedades infecciosas de Roma. Simultáneamente, apuntalaron su reposicionamiento, como grupo religioso en el seno de la Iglesia Católica, erigiéndose en una alternativa reformista a la Iglesia oficial. Pero con la intención de transformar la institución eclesial en su conjunto, sin desprenderse de la vinculación directa con el Papado romano (Poupard 1997).

Cayetano, quien además de sacerdote era abogado, trabajó como tal para el Estado Pontificio. Durante la rebelión napolitana contra el virrey, representante de Carlos V, Cayetano cumplía el rol de mediador, pero enferma y muere. Ese mismo día, 7 de agosto de 1547, se negoció políticamente la pacificación de la ciudad de Nápoles, acontecimiento que el pueblo atribuyó a una acción milagrosa de Cayetano. En 1671 fue declarado santo por el papa Clemente X.

La parroquia San Cayetano de la ciudad de La Plata fue erigida en el año 1949 y es la primera iglesia argentina perteneciente a la orden de clérigos regulares teatinos. Actualmente, sus sacerdotes constituyen la primera generación de teatinos argentinos. En La Plata, ciudad heterogénea, diversificada y con pertenencias múltiples, su trabajo pastoral abarca distintos sectores de la comunidad platense, entre ellos: los jóvenes, las familias, los enfermos (5) y los pobres. Asimismo, para retroalimentar su función socializadora y redefinir su rol social en el contexto donde se halla emplazada, promueve la apertura al diálogo con diversos sectores sociales (6), en el ámbito de su jurisdicción y en otras zonas de influencia fuera de la misma. Posibilita a los interesados especificar sus problemáticas y tomar parte en decisiones relacionadas con la participación en dicha iglesia, a modo de ámbito alternativo legítimo, donde canalizar sus inquietudes: recreativas, artísticas, de prestación de servicios y generación de recursos (7). Para apuntalar esto, tanto los clérigos como los laicos participantes se apoyan en la obra de Cayetano Thiene y en los lineamientos en que sustentó el perfil sacerdotal de la orden de clérigos que él fundó. Así esgrimen:

a) Los teatinos, en tiempos de su fundador, vivían de acuerdo al modelo de las primeras comunidades apostólicas, según Hechos de los apóstoles 2, 42-44: “y todos los que creían vivían unidos, teniendo todos sus bienes en común; pues vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos según la necesidad de cada uno. Diariamente acudían al templo, partían el pan en las casas y tomaban su alimento con alegría y sencillez de corazón”.

b) Para Cayetano Thiene, ser verdaderos cristianos no era sólo preocuparse, sino ocuparse y solucionar los problemas del pueblo. Cayetano decía: “Cristo espera y nadie se mueve”.

c) “La muchedumbre de los que habían creído tenían un corazón y un alma sola” (Hechos4, 32).

d) Cayetano promulgaba la plena confianza en la Providencia, a modo de principio liberador de la esclavitud del poder :”no os inquietéis por vuestras vidas, por lo que habéis de comer o de beber (…) ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? (…) Buscad primero el Reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura” (Mateo6, 25-33).

Siguiendo estos lineamientos, los teatinos en La Plata viven comunitariamente en una amplia casa anexa a la parroquia. Dejan sus familias de origen, sin aislarse de ellas, para conformar una familia de religiosos. Y, como tal, conviven e interactúan cotidianamente con los vecinos del barrio. La frase”Cristo espera y nadie se mueve” emerge como estandarte del servicio comunitario que laicos y sacerdotes despliegan, frente a lo que describen como una deliberada inacción política de parte de los gobernantes y el Estado. “Con un solo corazón y una sola alma” es el lema que identifica a esta parroquia de La Plata; presente en documentos, afiches, propagandas, sermones, homilías, cánticos, etc.”Buscad primero el Reino de Dios y su justicia”es la frase que enmarca el altar de la parroquia San Cayetano; continuamente referenciada por sus sacerdotes como baluarte del accionar de Cayetano y de lo que significa vivir de manera cristiana.

Todo esto constituye el sustento ideológico que refuerza su carisma como parroquia dentro de la Iglesia local.Los grupos laicos se reconocen desde este carisma como parte de la parroquia. Reivindican las alternativas que Cayetano supo ofrecer a los excluidos de su época y su ideal de vida comunitaria. Referencia desde donde legitiman su accionar en los diferentes ámbitos de actuación, con el apoyo sacerdotal, confrontando al modelo neoliberal-capitalista, desde un modelo de catolicismo de presencia social y en toda la vida que les permite definir el escenario social de su intervención (Mallimaci 1996).

 

La parroquia San Cayetano como escenario social

El santuario San Cayetano se encuentra emplazado en el casco urbano de la ciudad de La Plata. Comprende, jurisdiccionalmente (8), un área urbanizada de 86 manzanas, cuya población podemos adscribir a los estratos medios y medios altos de la sociedad platense. Pero al analizar la relación parroquia-barrio, emerge una primera articulación que marca su posicionamiento socio-político. Fue una de las iglesias pioneras, en nuestra ciudad, en replantear su rol comunitario frente a la descentralización del Estado, cumpliendo un papel alternativo de participación y gestión; fundamentalmente (aunque no exclusivamente) entre los sectores sometidos con mayor fuerza a tales cambios (9). No negamos la recurrencia al asistencialismo, cubierto a través de Cáritas y otras formas de pastoral social, hecho reconocido por la propia parroquia. Sólo que pusieron en marcha una propuesta más autónoma de organización como entidad de base, en el ámbito de La Plata y sus iglesias, mayoritariamente insertas en barrios de clase media.

Retomando a Benedetti, podríamos hablar de un proceso de reparroquialización, orientado a reubicar el santuario San Cayetano como espacio socio-político de expresión y resolución de demandas materiales y espirituales, en un escenario geopolítico donde el mercado aparecía como el centro de la escena. En este escenario, a partir del trabajo comunitario de sacerdotes y laicos, comenzaron por plasmar un modo de autogestión participativa, para afrontar, primero, los casos de mayor urgencia vinculados con la falta de trabajo y sustento cotidiano; y luego, extenderse a otras áreas. En términos de Benedetti dicha atención se haría según su situación,es decir, recreando una modalidad de autoayuda local para brindar una respuesta localizada a los problemas localizados. Modalidad que, según sus mentores, produciría cambios tendentes a mejorar o, al menos, aliviar ciertas condiciones de la vida cotidiana de las personas que se acercaban buscando paliativos concretos a sus necesidades, más bien económicas que espirituales. La parroquia San Cayetano se constituyó, entonces, en prestadora de servicios religiosos y no religiosos, ofertando “otras formas” de competir al interior de una sociedad que políticamente gustaba de mostrarse globalizada (10).

Entre los servicios religiosos, encontramos las prácticas litúrgicas tradicionales, que aquí no describiremos. En cuanto a los servicios no religiosos, los sacerdotes establecieron días y horarios de atención, para dialogar con las personas acerca de problemas familiares, laborales, o de cualquier otra índole. Asimismo, el uso de la parroquia se amplió para abarcar tanto las actividades de sus grupos y el ejercicio de la pastoral social, como eventos diversos, a saber: celebración de cumpleaños de sus sacerdotes y fieles; bailes de adolescentes y jóvenes; almuerzos/cenas y festivales abiertos a la comunidad en general. En este ámbito observamos la gestación de redes sociales, orientadas a la creación de nuevos espacios de expresión-acción, donde todos los individuos involucrados juegan un papel esencial, para permitir su funcionamiento como formas autónomas de organización que privilegien la autoayuda local.

 

San Cayetano y la autoayuda local

La modalidad de autoayuda local que aquí describiremos comienza a gestarse alrededor del año 1995, con el arribo del Padre J., quien continúa al frente de esta iglesia. La misma funciona mediante una serie de grupos que a continuación describiremos:

Merendero-Hogar de Día:Pensado por el Padre J. para cubrir la merienda a los llamados “chicos del carro”. Se trataba de niños y preadolescentes, residentes en barrios carenciados, asistidos por Cáritas San Cayetano, quienes recorrían la zona de la iglesia colectando cartones. Estos chicos sumaron otros. Entonces, sacerdote y laicos idearon un espacioque actuara como ámbito de contención afectiva y escolar. Así nació el Hogar de Día, que actualmente brinda apoyo escolar y más de 200 meriendas por mes, a niños y madres; quienes, simultáneamente, reciben ayuda de Cáritas. La falta de espacio físico en la parroquia, para albergar a un mayor número de asistentes, los obligó a extenderse. La municipalidad de la ciudad de La Plata les cedió terrenos lindantes con dos de los barrios asistidos por la parroquia. Allí funcionan, desde mediados del año 2003, algunas de las nuevas instalaciones del Hogar de Día. El objetivo de dicho emprendimiento, según narran los informantes, no implica sólo el alimento diario, sino que apunta a lograr la protección y prevención de menores en situación de riesgo (drogadicción y otras adicciones, delincuencia, violencia familiar). Para ello, han sumado nuevos voluntarios, desde maestras hasta profesionales de la salud y otras áreas.

Cáritas:Entrega indumentaria y provisiones en base a datos de un censo comunal, efectuado por las coordinadoras de Cáritas de esta iglesia. El mismo procuró conocer la constitución de los grupos familiares de quienes venían en busca de ayuda y la existencia, o no, de vínculos parentales entre los individuos asistidos, para visualizar mejor las necesidades a cubrir. El censo abarcó barrios situados fuera de la jurisdicción parroquial, pues de allí eran las personas concurrentes. Y se implementó mediante las visitas: dos voluntarias (a veces asistentes sociales) recorrieron dichos barrios, visitando una serie de casas por mes. Se relevó información, predominantemente, con mujeres, pues eran quienes se encontraban al frente de sus hogares. Los indicadores considerados fueron seleccionados ad hoc por las voluntarias: nombre y apellido de la mujer; edad; condición civil; número de hijos; nivel de escolaridad de los mismos; datos del ‘cónyuge’; otros convivientes; etc. Además, categorizaron la condición de precariedad de la vivienda habitada, según los materiales utilizados en su construcción, junto al amueblamiento disponible.

De acuerdo a los informantes, de 12 visitas mensuales el número se incrementó a más de 120 en pocos meses. Esto provocó que se relevara sólo una vez cada unidad habitacional, diluyéndose la idea originaria de establecer un seguimiento de los sujetos y grupos familiares asistidos. A fines de los años 1990, de acuerdo a la información proporcionada por las voluntarias y los sacerdotes, Cáritas San Cayetano incrementó su ayuda de 2.500 a 5.000 personas por mes, con víveres, vestimenta y calzado. Hasta el año 2001, 800 kg. por mes de alimento (hidratos de carbono) eran donados por el Consejo del Menor y la Familia (11). Otros productos los donaban los vecinos del barrio de la parroquia, fieles que asistían a las misas y alumnos del colegio San Cayetano. Para grandes celebraciones, como Pascua o el día del santo patrono, se invita a los feligreses a colaborar con algún alimento no perecedero, antes que privilegiar las ofrendas de velas y flores. También se ha solicitado la ayuda de patrocinantes -hipermercados- para obtener una cierta cantidad de provisiones por mes.

Durante los años 2001 y 2002, la ciudad de La Plata -al igual que otras ciudades de Argentina- vio emerger el club del trueque (12). Se trató de otra modalidad alternativa al sistema capitalista, que funcionó en distintos centros barriales de la ciudad, incluida la jurisdicción parroquial. Las carteleras de la iglesia San Cayetano brindaban a toda la comunidad la información pertinente sobre los clubes del trueque de la zona.

Microemprendimiento cocina: Nació para realizar una actividad laboral con las madres de los niños que concurrían al merendero, quienes daban cuenta de la falta de trabajo y alimento en sus familias. Fue gestado en conjunto por el sacerdote, algunos laicos y estas mujeres. Hasta fines de 2001, asistían alrededor de diez mujeres (13), entre 23 y 49 años de edad, pertenecientes a los estratos bajos de la población local (con excepción de dos casos adscriptos a los estratos medios). Todas residentes en barrios cercanos a la parroquia (algunos fuera de su área jurisdiccional), cuyos habitantes tienen fuertes carencias económicas. Estas mujeres eran el puntal de sus respectivos hogares, ante la ausencia de la figura masculina por separación o abandono (detectado en cuatro casos). O bien por el desempleo de sus parejas (cinco casos), o padres (un caso). Tres habían desarrollado, con anterioridad a la llegada a la parroquia, tareas como empleadas domésticas en casas de familia; y dos habían trabajado en una empresa de limpieza. Cuatro poseían una familia numerosa a cargo, con más de seis hijos. Con excepción de un caso, que tenía estudios secundarios, el resto sólo había completado sus estudios primarios.

Este microemprendimiento comprende tanto la elaboración de comidas destinadas a la propia subsistencia, como la venta al público mediante encargos. Las ventas se realizan en la parroquia y a través del colegio San Cayetano. Además, los días 7 de cada mes, y especialmente el 7 de agosto, elaboran y venden una diversidad de productos dulces y salados, entre ellos, los ‘siete pancitos’.Todo lo recaudado se destina a la compra de nuevas materias primas y para abonar una pequeña suma de dinero por mes a dichas mujeres. Simultáneamente, una vez por semana, se les hace entrega de una bolsa de alimentos de la canasta familiar como té, yerba, tomate, aceite y leche en polvo.

La implementación de esta modalidad de ‘prestación de servicios’ refleja una primera articulación parroquia-barrio no vinculada exclusivamente a su circunscripción geográfica, en términos del código de derecho canónico (14). La parroquia comenzó por auxiliar aquellos sectores más marginados de la población local, fuesen o no residentes de su jurisdicción (15). Dicha articulación parroquia-barrio encontró sustento en aquello que Ariel Gravano denomina lo barrial como valor y símbolo (Gravano1997). Es decir, laicos y religiosos asignaron valores que trascendieron la espacialidad o territorialidad (16); valores relacionados con: brindar nuevos espacios de participación y expresión; y ampliar la ayuda a los más necesitados. Es decir, mientras abrían la iglesia a la comunidad en general como otro canal de concurrencia, cooperación y asociación, creaban pequeños focos de intervención tendentes a encauzar y satisfacer las necesidades requeridas por quienes se acercaban: niños, adolescentes, jóvenes y adultos de estratos medios y bajos, residentes o no en su jurisdicción.

Para el caso de personas de escasos recursos, sacerdotes y laicos asistentes y asistidos aceptan que las manifestaciones de socorro respondan al asistencialismo, algo común en la Iglesia Católica cuando asume su opción por los pobres. No obstante, sustentándose en el carisma de Cayetano y en documentos pastorales (17), implementaron otra modalidad, con eje en la reconceptualización de la idea de trabajo. Laicos y sacerdotes comenzaron a revisar la tarea de voluntariado, para no limitarla al mero paliativo de necesidades básicas insatisfechas e incluir la formación integral y la promoción de la persona. Desde esta perspectiva, la solidaridad y caridad cristianas fueron redimensionadas, al poner el eje en el trabajo, como valor, para obtener el sustento dignamente; junto al reconocimiento de toda persona como hijo de Dios. Y no en una ayuda receptiva-pasiva, basada en la idea de compasión de aquel que más tiene, frente a la debilidad del sujeto referenciado como pobre, quien recibe la dádiva. Esta visión del rol de la parroquia fue planteado mas tardíamente en la diócesis platense, con las conclusiones del Primer Sínodo de la Iglesia de La Plata, llevado a cabo en dicha ciudad en el año 1997: “a través de las parroquias se debe coordinar y consolidar acciones para la promoción integral de la persona” (18). Cuando ya el documentoEcclesia in America reclamaba que “es necesario valorar el trabajo como dimensión de realización y dignidad de la persona humana” (Juan Pablo II, 1990).

En el caso particular de esta parroquia, los ideales de Cayetano Thiene emergen como puntales del valor dignificador del trabajo. Laicos y religiosos hacen referencia de manera continua a la obra de Cayetano, antes que a los milagros que se le atribuyen. Así destacan: el funcionamiento de una imprenta en Venecia; el hospital para enfermos de lepra o el establecimiento de un banco popular que daba créditos, sin intereses, a los artesanos y campesinos de su época. Asimismo, remiten a las Escrituras: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente” (Génesis).

Este posicionamiento no resulta casual; pues, en Argentina, el trabajo como valor sufrió importantes transformaciones con las políticas neoliberales. Las condiciones laborales impuestas por el menemismo, en cumplimiento de pautas devenidas desde organismos internacionales como el Banco Mundial, fortalecieron la figura del mercado y la competencia, leal o no, a ultranza. Los atributos del Estado fueron disminuídos al máximo, en pos de un sistema de privatizaciones de empresas, que quedaron en manos de capitales extranjeros. En este contexto, la idea de trabajo emergió redefinida por los sectores de poder, no ya como un bien valorable, sino como una variable de ajuste. Esto provocó el enriquecimiento de los nuevos empresarios, mediante el aval de los contratos firmados por el gobierno, que les otorgaba a sus nuevos dueños-no argentinos- la concesión mayoritaria por más de 100 años; con la consecuente pauperización de los ex-trabajadores del Estado, que fueron expulsados del sistema de empleo bajo la apariencia del “retiro voluntario” (Margulis 1997; Sabarots 1997). Así, se vieron debilitados los logros sociales preexistentes, muchos obtenidos durante la primera presidencia de Perón, en la década de 1950; por ejemplo, la estabilidad laboral que promovía la inserción del trabajador en el mercado de empleo; el ascenso social de él y su familia; la protección sanitaria y las condiciones de reproducción de los mismos (Eguía 1994).

Ahora, el mercado resultó ser el emergente de un proceso de expansión capitalista, donde lo importante era aquello que circulaba, es decir, las mercancías y los capitales, sin importar la fuerza laboral representada por las personas. El nuevo modelo provocó niveles de desocupación nunca antes vistos en Argentina, que no eran reabsorbidos por ningún sector público o privado. Se fomentó el trabajo temporario por contrato, que permitía al empleador despedir a sus trabajadores sin explicación alguna, luego de pocos meses, para reemplazarlos por otros. Ello evitaba el pago de haberes con beneficios sociales y descuentos jubilatorios, avalando el trabajo en negro (Eguía 1994; Sabarots 1997).

Frente a esta situación, una de las preocupaciones de la parroquia San Cayetano de La Plata giró en torno de la recuperación y revalorización del ideal del trabajo como valor, basándose en la vida apostólica impulsada por los Teatinos, como ministerio de servicio activado en conjunto con la comunidad a ayudar (19). De ahí el desarrollo de la modalidad de autoayuda local antes comentada. Ahora bien, durante el trabajo de campo, indagamos acerca de la valorización que las mujeres del microemprendimiento cocina hacían del mismo y de su rol en él. Las mujeres con parejas o padres desempleados vivenciaban esta labor extradoméstica como una ayuda destinada a enfrentar una situación económicamente desfavorable. Pues, al menos, de manera transitoria, les permitía proveer mínima, pero dignamente, a su grupo familiar. Para las mujeres separadas, o en condición de abandono de sus parejas, esta tarea extradoméstica en la parroquia no constituía sólamente un auxilio. Mas bien se trataba de un trabajo, en el sentido que salían de sus hogares a realizar una actividad concreta a cambio de un ‘otro’ valor -comida, dinero-. Esto les permitía proveer, como jefas de hogar, la manutención básica diaria y, según sus palabras, “mantener honradamente a sus hijos”. Mientras que el socorro llegaba a través de otros familiares, generalmente padres y hermanos, a modo de complemento y en forma transitoria.

El acercamiento de estas mujeres al grupo respondió a necesidades básicamente económicas. Ahora bien, la ayuda, dentro del microemprendimiento, también actuó como promoción y garantía del sostén emocional y afectivo, pues se reconocían como iguales por atravesar situaciones de vida semejantes. Asimismo, aquellas de mayor tiempo en el grupo, junto a otras que ya lo habían dejado, al obtener un empleo fuera de la parroquia, interpretaron su presencia en el mismo reubicando el elemento religioso como motivador de su paso por el emprendimiento:

“Acá [en el grupo de cocina] me dieron una gran mano (…) San Cayetano me dio esto, su mano, y no me solté más (…). Soy muy creyente, muy devota (…) Acá me ayudaron mucho, cuando no tenía ni pan para los chicos” (Amanda, 47 años, ex-integrante del microemprendimiento cocina).

“Llegué en el peor momento de mi vida, mi esposo no tenía trabajo, no tenía nadie que me ayudara (…) Mi hijo venía al merendero y un día me dijo: Mami, se va a inaugurar una cocina, ¿por qué no vas? (… ) Y te aseguro que todos los días de mi vida doy gracias a San Cayetano por esto” (Yoli, 49 años, integrante del microemprendimiento cocina).

Estas mujeres pudieron crear un espacio propio de participación y acción desde el microemprendimiento, sustentándose en el compromiso y el trabajo conjunto. Espacio atravesado por un contenido simbólico más abarcativo, que incluye la figura del santo patrono del pan y el trabajo. El santo representa para ellas una imagen de auxilio y protección, cuya acción se vuelve viable a través del emprendimiento parroquial (Fora 2004).

 

Comentarios finales

El modelo neoliberal, instituido desde los centros de poder político y financieros mundiales, buscó afianzar la idea de un mundo global, convergente hacia un único sistema económico beneficioso y eficaz para todos. A nivel de las representaciones sociales la globalización, emergió como la panacea de fines del siglo XX, que acortaría las distancias, no sólo geopolíticas, sino también entre clases. Claro que, diversos autores hacen hincapié respecto de la globalización como un fenómeno de larga data y no un proceso contemporáneo, según se pretendió demostrar. Peter Worsley sostuvo que”el mundo siempre ha sido uno (…) mucho antes que los españoles anclaran en América (…) Los cazadores y recolectores más primitivos nunca han estado aislados. La civilización ha atravesado de una sociedad a otra, ha cambiado y se ha añadido o perdido” (Worsley 1978: 27).

Por ello, hablar de globalización implica considerar un desarrollo histórico de variadas dimensiones, que, a nivel pragmático, cobra magnitudes diferentes. Por ejemplo, entre los siglos XIV y XVI, época en la cual ubicamos a Cayetano Thiene, Europa vivió una serie de transformaciones de largo alcance: el crecimiento demográfico; el desarrollo de nuevas urbes; un agotamiento de las tierras y las consecuentes migraciones hacia los centros urbanos. En íntima asociación con ello se ahondó la escasez de alimentos y la ausencia de condiciones sanitarias, germen que derivó en la búsqueda de nuevos espacios a ser habitados, mediante la exploración de nuevas rutas comerciales, que llevaron al descubrimiento de América. Simultáneamente, la ciencia y el arte alcanzaron un fuerte desarrollo en el contexto del Humanismo. Los humanistas impulsaron una revolución de tipo religioso, desde un contacto más profundo y directo con la Biblia y una vida sustentada en la imitación de Jesús. Cayetano promulgó los ideales de un humanismo cristiano al interior de la Iglesia (como clero), para responder a las necesidades (materiales y espirituales) de la sociedad de su época, delineando el carisma de su orden de clérigos teatinos.

Cinco siglos después, la parroquia San Cayetano de La Plata se propone recuperar dicho carisma, vehiculando formas alternativas al asistencialismo, para enfrentar algunas de las formas de exclusión social vigentes. Desde sus grupos y con la gente, implementaron soluciones a situaciones emergentes: la falta de empleo, la escasez de alimentos, de vestimenta y una educación fragmentada o inexistente. Una exclusión a la que laicos y sacerdotes continuamente se refieren como semejante a aquella enfrentada por Cayetano Thiene, aunque maximizada en otro contexto mundial, el de la nueva ‘globalización’ (20).

La coyuntura económica de Argentina en los años 1990, articulada según dicho paradigma, marcó un retroceso del Estado, con una ausencia de políticas sociales, que profundizó la vulnerabilidad social de los habitantes de clase media y baja. En Argentina, se multiplicaron los procesos de diferenciación socio-económica, se activaron mecanismos de segregación y exclusión social, acrecentándose la marginalidad con referencia al sistema socio-político imperante. Marginalidad con eje en lo económico-financiero, pero extendida a la posesión de un particular bagaje cultural. Acervo que respondía a la configuración de un paradigma unificador (globalizante) del pensamiento y la vida, institucionalizado desde el gobierno, para no quedarse -en palabras del propio Menem-”fuera del mundo”. Por ejemplo: la exigencia del dominio de la lengua inglesa (aún para desempeñarse como empleados de un hipermercado), acortando en las escuelas las horas cátedra de castellano; la obligatoriedad del uso de computadoras con acceso a Internet, incluso en escuelas rurales sin luz eléctrica; la macdonalización alimentaria o fast food; la celebración de la “noche de brujas”; o de la Navidad, pero con nieve y Santa Claus bajando ‘por las chimeneas inexistentes’ de los hogares, con sus bolsas repletas de regalos también inexistentes (Margulis 1997).

Podríamos decir, siguiendo al autor antes mencionado, que el término globalizaciónconstituyó una modalidad discursiva útil, como dispositivo mediático, al paradigma noventista. Para nuestros gobernantes, permitía dibujar, desde la velocidad de la información y la racionalidad de los mercados, un mundo cuyas asimetrías y desigualdades aparecían desdibujadas hasta naturalizarse. Tal naturalización volvía invisibles las diferencias, diluyendo lo que no se incluía en el sistema: los pobres, los desempleados, aquellos que no accedían a la educación o a la salud, entre otros. El discurso político negaba que todo ello existiera, contando con el apoyo de algunos medios de comunicación afines al poder de turno. El bombardeo de dicha información funcionó, a nivel macro, acrecentando tal invisibilidad. No obstante, a nivel micro, guardó una funcionalidad diferente generándose formas alternativas al sistema; que actualmente siguen peleando para eliminar ese espejismo. Entre ellas, la conformación de las ONG (organizaciones no gubernamentales), de organizaciones vecinales, la promoción de antiguos centros y clubes barriales y el reposicionamiento de las parroquias, delimitando su rol social en el contexto de sus jurisdicciones y más allá de las mismas.

En La Plata, la simultaneidad de los procesos de diferenciación y su progresión geométrica vehicularon formas no homogeneizantes, como las arriba mencionadas, que volvieron visible lo invisible. La iglesia San Cayetano de La Plata fue de las pioneras en gestar e implementar un primer microemprendimiento social (que en la actualidad se ha ampliado y diversificado con éxito), considerando la realidad de quienes acudían en busca de respuestas a sus necesidades. La marginación estaba presente en el día a día de la parroquia, con personas que reclamaban una ayuda por la falta de empleo, de alimento y de salud. Situación que, cada 7 de agosto, durante los festejos del Santo del pan y el trabajo, algunos medios de comunicación local intentaban reflejar volviendo visibles, al menos, a una parte de ‘los excluidos’.

Lo novedoso en esta parroquia fue buscar la manera de trabajar junto con los propios excluidos, para repensar nuevas instancias y modos posibles de acción. Así, el microemprendimiento cocina surgió de una idea conjunta entre el Padre J., laicas de la iglesia y mujeres que acudían a Cáritas o llevaban a sus hijos al merendero. Durante el trabajo de campo, observamos que las mujeres que participaron del nacimiento de dicho microemprendimiento privilegiaron el sentirse parte de eso. ¿Por qué? Porque ello les posibilitó reposicionarse socialmente, enfrentar y dar cauce a las diferentes problemáticas en las que estaban inmersas. Tomaron conciencia de una condición social compartida, posible de revertir, antes que negar su situación, o resignarse a aceptar la imposibilidad del cambio. La articulación de una gestión conjunta, entre estas mujeres y miembros de la parroquia, orientada a revalorizar la dignidad de toda persona, desde la autovaloración del trabajo y la solidaridad comunitaria, las volvió visiblespara ‘otros’, dentro y fuera de la parroquia. La propuesta de la parroquia San Cayetano pretendió abrir espacios a la iniciativa y participación de los sujetos directamente involucrados, para buscar soluciones alternativas a problemáticas básicas, no cubiertas por el desaparecido Estado argentino de los años 1990, como la subsistencia cotidiana.

 



Notas

1. Desde la sociología y la antropología, el tema de la secularización, en Argentina, ha sido objeto de distintas sistematizaciones, entre ellas: a) Frigerio 1995; b) Sonería 1988. Para la Iglesia argentina hablar de secularización implica referirse a la desaparición de la religión católica (la única posible), con su doctrina y dogma signados por la autoridad papal, como eje de la vida de las personas; para terminar escindiendo definitivamente al hombre de Dios. No obstante, entre los laicos existe un distanciamiento respecto de dicha perspectiva, que los lleva a ejercitar sus creencias de una manera menos dogmática y más personalizada, privilegiando la relación hombre-Dios, antes que hombre-sacerdote.

2. El caso más resonante es el de la quiebra del Banco Crédito Provincial (BCP) de la ciudad de La Plata, en el cual la Iglesia platense y de la capital federal habrían estado involucradas, financieramente, a través del aval económico de monseñor Quarracino, quien fuera arzobispo de La Plata, primero y de capital federal, posteriormente. El caso continúa archivado sin resolución judicial alguna.

3. La ciudad de La Plata es la capital de la provincia de Buenos Aires, en la República Argentina. Y es cabecera del territorio arquidiocesano comprendido por esta ciudad, junto a las de Berisso, Ensenada, Magdalena, Gonnet, City Bell y Villa Elisa. Durante los años 1990, dos arzobispos estuvieron al frente de dicha arquidiócesis: monseñor Quarracino y monseñor Galán -ambos ya fallecidos-.

4. La parroquia San Cayetano de La Plata constituye el referente empírico de las investigaciones que he venido desarrollando desde 1997 y del plan de tesis doctoral en curso. Primero he analizado el proceso deconstrucción de la identidad religiosa entre los jóvenes integrantes de grupos parroquiales de las iglesias católicas de la ciudad de La Plata, incluyendo San Cayetano. Luego, he realizado una etnografía parroquial, para tomar a la iglesia San Cayetano como referente y analizar la construcción de la identidad religiosa de sus miembros, junto a su articulación con una identidad barrial. Dichas investigaciones fueron efectuadas mediante becas otorgadas por la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de la provincia de Buenos Aires, y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), respectivamente.

5. Esta parroquia comenzó a implementar, durante el 2002, una tarea de acción pastoral de la salud denominada “ministerio del alivio”. Ello refiere no solo a la búsqueda de la sanación espiritual, sino también a su articulación con la salud corporal, psíquica y social. Algo que Champion define como lograr el bienestar general (Champion 1990). Según las fuentes consultadas en dicha iglesia, y la versión que ofrecen los entrevistados, el ministerio del alivio abarcaría al hombre en su totalidad, en cuerpo (materia) y espíritu (alma). Los alivios adoptaron la forma de visitas realizadas por los coordinadores de pastoral de la salud, con el fin de restaurar el equilibrio cuerpo-espíritu de las personas que lo solicitaban. Ello se concretaba, según relatan los informantes, desde el diálogo fraterno, o un simple acompañamiento, orientado a fortalecer la oración y la eucaristía como caminos conducentes a Dios, y por ende, a la sanación física-mental, a través de la salvación espiritual. Asimismo, observamos que el Hombre aparecía coligado a la sociedad de pertenencia, también visualizada como enferma al privilegiar los valores promovidos por el capitalismo (individualismo, consumismo, o primacía del mercado). Valores que nuestros informantes percibían como ‘males sociales’ a sanar para aliviar otras dolencias, por ejemplo, el desánimo, la desesperanza, e incluso problemas psicosomáticos. Desde la visión clerical, agregaban que la sanación no sería completa (es decir, no incluirá al conjunto sujeto-sociedad) si el hombre no volvía a Dios, abandonando soluciones mágicas. Vuelta que implicaría un nuevo acercamiento a la Iglesia, junto con el rechazo de las ‘bondades’ capitalistas y de creencias y prácticas no vinculadas al catolicismo.

6. Grupos de niños, jóvenes y adultos desempeñan diversas actividades intra y extraparroquiales. Diferentes estratos sociales se incluyen en dichos grupos, aunque asimétricamente. Por ejemplo, los grupos juveniles están conformados por adolescentes y jóvenes de clase media. Por su parte, la asistencia de Cáritas recae en los sectores de clase baja de La Plata, al igual que la participación en microemprendimientos. La clase media platense no suele solicitar la asistencia social de la parroquia; si bien, desde los años 1990, se vio sometida a similares condiciones de vida que los sectores más desfavorecidos en lo que respecta a la falta de trabajo y de salud (Fora 2001, 2004).

7. Esta información surge de observaciones sistematizadas y entrevistas en profundidad, realizadas entre los años 1997 y 2003, a sacerdotes, fieles, demás miembros de la iglesia y de la comunidad vecinal.

8. En esta superficie de 86 manzanas radican un número aproximado de 10.000 habitantes, según el censo poblacional de 1991. Se trata de un área urbanizada, de clase media (y algunos sectores de clase media-alta), cuya densidad poblacional alcanza los 120 habitantes por hectárea. En dicha geografía se asientan colegios religiosos y estatales, hogares de ancianos, centros vecinales, clubes barriales, centros comerciales, bancos y uno de los hospitales más importantes de La Plata, el Hospital Italiano. Existe un templo pentecostal a ocho cuadras de esta iglesia, pero fuera de sus límites jurisdiccionales. Respecto a centros de distintos partidos políticos, la situación es similar a la de los otros cultos (Fora 2001).

9. Los datos estadísticos del año 2002 (consultora Artemio López) indicaban que la Argentina contaba con 9 millones de pobres, de los cuales 7 millones eran indigentes. Estos nueve millones incluían tanto a los sectores de clase baja, como a los estratos medios de nuestro país, con una desocupación del 23% (INDEC: Instituto Nacional de Estadística y Censos). En la ciudad de La Plata, cuya población ronda los 650.000 habitantes, la desocupación superó el 25%, sobrepasando al total del país. En este contexto pudimos observar un mayor acercamiento de la clase media platense a las parroquias, en busca de algún paliativo a sus necesidades insatisfechas. En San Cayetano comenzaron por buscar primero una vinculación con lo sobrenatural, desde las visitas al santo, cada 7 de agosto y los 7 de cada mes, solicitando trabajo y salud. No obstante, la ayuda humana ofrecida por los distintos grupos de esta parroquia quedó ubicada en un segundo plano entre los sectores medios. Mientras que, entre los sectores más pauperizados, la ayuda social aparece con mayor fuerza, a veces superando la relación primaria entre el fiel y el santo (Fora 2001, 2004).

10. En este sentido el término “globalización” fue utilizado, por aquellos que concentraron el poder económico y político del país, como estructurador de un nuevo orden que reflejaría las experiencias subjetivas de la sociedad en un único mundo equilibrado y equidistante. Dicho mundo aparecía constituido alrededor de los mercados financieros, como el nuevo ombligo, apuntalando el valor de la expansión capitalista y las ideas de libre mercado en un proceso homogeneizador, tendente a diluir las diferencias locales en un marco superador de integración global (Margulis 1997; Bayardo y Lacarrieu 1997).

11. Organismo del gobierno de la provincia de Buenos Aires, que implementa planes sociales elaborados por el Ministerio de Salud y la Secretaría de Acción Social de la Nación.

12. El club del trueque consistía en una modalidad que permitía trocar bienes y servicios (alimentos, vestimentas, enseñanza de algún oficio, entre otros) a través de un otorgamiento de créditos, sin intervención directa del dinero. Algunos estudiosos lo entienden como un modo de producción alternativo, donde no está presente la figura del capitalista y sus medios de producción, ni la explotación de aquel que constituye la fuerza de trabajo. A partir del año 2003, estas organizaciones ya casi no funcionan en la ciudad de La Plata (comunicación personal con la Lic. Florencia Ducha Roca, antropóloga, especialista en temas de pobreza urbana).

13. Puede parecer que la participación de diez mujeres constituye un número poco importante, ante el desempleo y los bolsones de pobreza existentes. Pero ello se debía a: por un lado, la escasez de espacio físico con que la parroquia contaba, hasta el 2002, para desarrollar dichas tareas. De ahí, las nuevas instalaciones inauguradas en el 2003, que permitieron ampliarlo. Y, por otro, cuando las mujeres encontraban un trabajo estable y remunerado, o se animaban a gestar sus propios emprendimientosa partir de este entrenamiento, o bien sus parejas eran nuevamente empleados, dejabansus lugares a otras mujeres que no contaban con medios económicos para sostener a sus familias; modalidad aún en vigencia (Fora 2001).

14. Según el Código de Derecho Canónico, la parroquia comprende una determinada comunidad de fieles, constituida de modo estable en una diócesis, cuya cura pastoral se encomienda a la autoridad de un sacerdote o párroco como su propio pastor (CDC, sección II, título III, cap. VI; 1983).

15. De todos modos, con la idea de fomentar la comunicación con la comunidad vecinal, comenzaron, junto con otras instituciones barriales, por activar la mutua difusión de sus actividades. Con algunas instituciones, como la asociación de inmigrantes calabreses, el hospital italiano y el centro correntino, observamos una relación dinámica de propagación de actividades y de participación en eventos de distinta índole.

16. En base a observaciones, entrevistas y fuentes documentales consultadas, el radio jurisdiccional-parroquial no se limita a la configuración territorial dada por el Código de Derecho Canónico. Sino que refiere a un área con límites difusos que, en algunos casos, se asocia directamente con la presencia de carenciados (Fora 1999-2001).

17. “La dureza del presente y la autenticidad de la evangelización exige a todo bautizado realizar una acción eficaz de promoción de la justicia, de alivio del dolor y de defensa de la real dignidad del pobre, del débil y del indefenso, inspirándose en la doctrina social de la Iglesia” (Líneas pastorales, CEA). “Su visión moral en esta materia se apoya en las tres piedras angulares fundamentales: la dignidad humana, la solidaridad y la subsidiariedad” (Propositio 74).

18. Documento final del Primer Sínodo Arquidiocesano Platense. Arquidiócesis de la ciudad de La Plata, 1997.

19. Durante el año 2002, se gestó una red solidaria conformada por diferentes organizaciones sociales de La Plata. Entre ellas: la parroquia San Cayetano; la Asociación Indígena Toba Ntaunaq Nam Qom; la asociación civil Volver a Empezar; y otros. El objetivo central consiste en la implementación de la “ayuda” revalorizando la idea del trabajo comunitario, como un bien que posibilite la promoción integral de las personas.

20. Actualmente el término globalización, en sentido estricto, aparece íntimamente vinculado a la expansión capitalista que converge hacia una fuerte concentración del capital circulante por los mercados financieros, como centros de poder económicos. Dichos procesos conllevan una serie de transformaciones socio culturales, entre ellas, el marcado desarrollo de nuevas tecnologías y el peso que cobran los medios de comunicación (Margulis 1997).

 


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