Gazeta de Antropología, 2004, 20, artículo 00 · http://hdl.handle.net/10481/7251 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 30 enero 2004    |    Aceptado 14 febrero 2004    |    Publicado 2004-03
Resistir a la crueldad del mundo
Resist the cruelty of the world




RESUMEN
En la situación planetaria actual, no basta la represión militar o policial, se necesita una política para la gigantesca parte de la humanidad que vive en condiciones de subordinación y humillación. Debemos pensar en preparar, siguiendo las ideas de Gandhi, una política no violenta. Ésta es la tarea de nuestro siglo.

ABSTRACT
In the current global situation, not just military or police repression, we need a policy for the vast part of humanity that lives in conditions of subordination and humiliation. We should think of preparing, following the ideas of Gandhi, a non-violent policy. This is the task of our century.

PALABRAS CLAVE
globalización | terrorismo | ética mundial
KEYWORDS
globalization | terrorism | world ethics


Esta jornada de orgullo para mí (1), que hubiera debido ser una jornada de fiesta para vuestra universidad, y ya casi puedo decir la mía, es una jornada trágica. Ayer [11 de marzo de 2004] me proponía hablar de ética en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación. Evidentemente, hubiera citado el precepto de Inmanuel Kant, que considera al otro humano como fin y no únicamente como medio. Pues lo peor es considerar a los otros como objetos, objetos a destruir: eso implica denegar que el otro es un sujeto con conciencia. Que su vida está hecha de amor: a su familia, niñas, niños, maridos, mujeres; de amistad; y que merece protección en el sufrimiento y en el infortunio.

Lo peor, desde el punto de vista humano, ético y político es negar la identidad humana de otro, que puede ser torturado o matado. Lo peor es ver regresar la idea bárbara de responsabilidad colectiva, que castiga a una familia, a una población, del crimen o supuesto crimen de una persona o un Estado. Una responsabilidad colectiva a nivel planetario por la que los civiles españoles deben pagar con su muerte la muerte de civiles iraquíes. Además, es terrible cuando en nombre de una ideología, de una idea de emancipación, de libertad, de fraternidad, o bien en nombre de una religión en la que la oración empieza con la invocación de Alá el Misericordioso, se realiza la degradación de una idea, o de una religión. Al día de hoy no sabemos con seguridad de dónde procede la matanza. Pero sabemos que el modo terrorista de matar que se está desarrollando en el mundo, y sobre todo con la organización planetaria llamada Al Qaeda, plantea los mismos problemas fundamentales de la violencia desencadenada.

Cuando el terrorismo ciego se hace en nombre de una idea de nación, hay que señalar una equivocación terrible sobre esta idea de nación. Como sabemos, la nación en el sentido moderno nació y se desarrolló en Europa occidental principalmente, en España, Francia, Gran Bretaña. Estas naciones pluriétnicas contienen poblaciones de culturas y lenguas diversas, y también religiosas hoy día. El ejemplo es Francia: donde se hizo una unidad nacional con la integración de estas diversidades: bretones, flamencos, languedocianos, vascos, catalanes, alsacianos. Esta noción de nación se expandió por Europa, donde había Imperios: otomano, austríaco. Y esta concepción quedó mutilada con la idea de nación monoétnica, y tal vez monorreligiosa.

Esta idea de nación se pervirtió y mutiló, cuando se manifestó la voluntad de constituir naciones monoétnicas, en territorios donde había minorías étnico-religiosas, cosa que produjo las dos enfermedades infantiles de los nacionalismos, que conocimos en el pasado nosotros los europeos: la purificación étnica y la sacralización de las fronteras. De este modo, nacieron los Estados balcánicos, con todos los problemas y todas las guerras, y todos los horrores que, por ejemplo, se manifestaron durante la guerra de Yugoslavia. Yugoslavia hubiera podido convertirse, con el tiempo, en una nación viable, pero sabemos lo que ocurrió… De forma más pacífica, Checoslovaquia se rompió en dos naciones.

Mientras ocurría esta tragedia sangrante en Europa oriental, las naciones del Este mantenían la unidad en el reconocimiento de las diversidades internas. Incluso en países tan centralizados como Francia, el uso del bretón estaba prohibido en la escuela; hoy es reconocido. En España, como ustedes saben mejor que yo, se da la unidad de España en la diversidad de las Españas. En el plano europeo, nuestra unión está en marcha de formar una confederación, en la que el poder de los Estados nacionales ya no será absoluto en lo que concierne a los problemas comunes fundamentales. Y la perspectiva histórica para el siglo XXI es constituir una unión planetaria que respete la diversidad de naciones y culturas. Esta situación muestra la locura que hay en el intento de crear una nación monoétnica en el corazón de una nación grande. Si es bien cierto que debemos mantener abiertas nuestras naciones a sus diversidades interiores y a las diversidades exteriores que confluyen en Europa, no se puede importar aquí el concepto balcánico de nación.

Podemos concebir violencias como recurso último de la existencia, cuando hay opresión total, cuando no hay democracia, cuando no hay libertad de expresión. De otro modo, es una locura sangrienta. Se acabó la ilusión de una “violencia revolucionaria”, que daría a luz un mundo mejor, por la razón muy evidente de que la utilización sistemática de medios violentos pervierte sus fines y los medios se transforman en fines. Esa fue la tragedia de la Unión Soviética, donde la violencia revolucionaria se hizo permanente, donde la liquidación de los dominantes, de los explotadores, en lugar de instituir una sociedad de libertad y de igualdad, instituyó una situación peor. Nosotros podemos ver, por ejemplo, en Colombia, la degradación de una guerrilla revolucionaria, que ha acabado convirtiéndose en una mafia que utiliza el tráfico de cocaína, que toma como excusa los secuestros, etc.

Hoy día, el desencadenamiento sin límites de la violencia a nivel planetario ha culminado en un ciclo infernal, en el que el maniqueísmo alimenta la violencia; violencia que, a su vez, alimenta el maniqueísmo. El fanatismo alimenta la violencia que alimenta el fanatismo. No podemos caer nosotros y nuestro odio a la violencia en un maniqueísmo simétrico al maniqueísmo que nosotros rechazamos. En la situación planetaria actual, no basta la represión militar o policial, se necesita una política para la gigantesca parte de la humanidad que vive en condiciones de subordinación y humillación. Debemos pensar en preparar, siguiendo las ideas de Gandhi, una política no violenta. Ésta es la tarea de nuestro siglo… Lo que podemos hacer es introducir en la educación el modo de pensamiento que permita superar las visiones mutiladas, ciegas, las tendencia a la autojustificación constante y al desprecio hacia el otro. Por esta razón, me parece que el modo de conocimiento complejo es un modo de conocimiento que permite situarlo todo en su contexto, que permite reconocer al sujeto humano, que considera la solidaridad entre todos los componentes de nuestras realidades. Un pensamiento que religa las informaciones, que religa los hechos, que muestra la sociedad en su conjunto, que los individuos no están constituidos de forma separada, sino que constituyen una totalidad. El conocimiento complejo que muestra la solidaridad entre las realidades sociales puede ayudar a regenerar las solidaridades entre humanos, a regenerar nuestras posibilidades de comprensión, de amistad. En suma, un pensamiento complejo es un pensamiento que demuestra las necesidades humanas de responsabilidad y de solidaridad.

Los terroristas no pueden comprender la humanidad de los humanos a los que matan. Nosotros debemos comprender los caminos psicológicos, ideológicos y sociales que conducen al terror criminal. No basta con calificarlos de criminales, debemos comprender el cierre mental, cómo se hace este cierre mental, que hace insensible ante los hechos y los argumentos, cómo se realiza el maniqueísmo que diviniza la propia causa y diaboliza la causa adversa. Debemos comprender cómo se produce la perversión ética que da dignidad moral a los más inmorales medios en servicio de su “causa”. Debemos saber que las raíces de estas perversiones se encuentran en cada humano y por esto el papel de la educación podría ser tan importante para arrancar estas raíces. La educación debe hacer que nosotros reconozcamos la naturaleza humana, que no es simplemente homo sapiens, sino homo sapiens-demens. Debemos saber que la posibilidad de locura es permanente, que debemos mantener la luz de la razón en la pasión.

De este modo, la misión de la educación, y sobre todo de la Universidad, sería de una importancia fundamental para hacer progresar las relaciones humanas y sociales.

Pero esta tarea gigantesca no puede realizarla sola. Hay que iniciar un proceso de regeneración humana y social, porque sabemos que todo lo que no se regenera degenera. Los períodos de crisis, de peligro, favorecen la toma de conciencia y pueden activar las fuerzas individuales y colectivas de la regeneración. Como decía Hölderlin, donde crece el peligro, crece lo que salva. Tarea muy difícil, pero la más urgente. Al final, el fundamento de la ética consiste para mí en la resistencia a la crueldad del mundo: al mundo natural y al mundo humano. Que, para esto, nos ayude el recuerdo y la presencia en nuestras mentes y nuestros corazones de las víctimas de una barbarie que se halla incluida en nuestra civilización. Y aquí quiero acabar, con la emoción de mi pensamiento hacia las víctimas del 11-M y hacia el sufrimiento de sus familiares y amigos.

 


 

1. Esta conferencia fue pronunciada por Edgar Morin al recibir el doctorado honoris causade la Universidad de Valencia, el día 12 de marzo de 2004.


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