Gazeta de Antropología, 2004, 20, artículo 12 · http://hdl.handle.net/10481/7263 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 23 abril 2004    |    Aceptado 21 mayo 2004    |    Publicado 2004-06
La 'noche de las calabazas' en Cuenca. Algunas cuestiones en torno a la reproducción interpretativa de un ritual infantil
'Pumpkin night' in Cuenca (Spain): some questions on the interpretative reproduction of a children's ritual




RESUMEN
Este trabajo analiza el desarrollo del ritual infantil de 'la noche de las calabazas' tal y como se celebra en torno a la noche del 31 de octubre en la ciudad de Cuenca (España). Además, para realizar una comparación con el guión del ritual de Halloween en Estados Unidos se obtuvo un conjunto de redacciones escritas por un grupo de alumnas y alumnos de Estados Unidos sobre este tema. El análisis se centra en dos aspectos: (a) el guión y las sub-rutinas que componen la celebración de la noche de las calabazas; (b) las teorías que despliegan los propios participantes sobre el origen y significado de esta práctica social. La discusión de estos resultados incorpora diferentes niveles de organización social para explicar el despliegue de la práctica y pone en relación estos datos con discusiones más amplias en diferentes perspectivas contemporáneas de la sociología y antropología de la infancia sobre la producción y reproducción de culturas infantiles.

ABSTRACT
This paper examines the development of ‘Pumpkin night’ as it is celebrated around October 31st in Cuenca (Spain). Also, we obtained a set of written essays from a group of American students on this topic, to compare the ritual’s script with the celebration of Halloween in the United States. The analysis focuses on two aspects: (a) the script and sub-routines that make up the celebration of Pumpkin night; (b) the participants’ theories regarding the origin and significance of this social practice. Our discussion includes several levels of social organization to explain the unfolding of the ritual, and it attempts to relate our findings to current debates in anthropology and sociology of childhood , regarding the production and reproduction of children’s cultures.

PALABRAS CLAVE
fiesta popular | ritual | cultura infantil | difuntos
KEYWORDS
folk celebration | children's culture | Halloween


Introducción

Una de las preocupaciones centrales de cualquier aproximación a la infancia como fenómeno estructural es definir el modo en que los niños y las niñas despliegan prácticas, creencias y conocimientos (un ‘sistema cultural’) distintivo del ‘mundo adulto’ y cómo influyen las instituciones sociales y el mundo adulto en el mantenimiento y transformación de estos sistemas culturales infantiles. La articulación de estas relaciones es lo que lleva a desarrollar diferentes posturas en las que, en un polo, se defiende la autonomía de la infancia frente al mundo adulto externo y, en el otro polo, se sostiene que los niños y las niñas simplemente recrean reproducciones simplificadas (y no creativas) de los rasgos y recursos construidos por la sociedad adulta (cf. Opie y Opie 1991, Bauman 1982). Ambas posturas pueden considerarse extremas en cuanto a su lógica y la mayoría de las propuestas actuales intentan desarrollar un equilibrio en el que, defendiendo una posición de ‘semi-autonomía’ de los sectores infantiles (y juveniles), precisamente se especifique el modo en que se producen las interconexiones, en qué aspectos y bajo qué condiciones priman más o menos las contribuciones de las propias niñas y niños.

El modelo desarrollado por Corsaro de reproducción interpretativa (1997) intenta organizar estos objetivos. Parte de una metáfora de la tela de araña para explicar dos ejes de producción y transmisión cultural. Primero, las diferentes etapas por las que se transita hasta la vida adulta y los espacios socio-culturales en los que se participa durante estas etapas – lo que visualmente formaría la espiral concéntrica de la tela de araña. Segundo, los diferentes campos transversales a través de los cuales se establecen conexiones entre grupos de edad y espacios y que, por tanto, posibilitan los intercambios (y transformaciones) intergeneracionales – lo que visualmente formaría los radios de la tela de araña. En este sistema, Corsaro postula tres clases de acciones colectivas que realizan los niños y las niñas y que explican la existencia de una cultura infantil distintiva de la adulta: (a) la infancia produce y participa en una cultura de iguales con una organización interna ajena a los adultos, (b) la infancia se apropia creativamente de información y conocimientos disponibles en el ‘mundo adulto’, (c) la infancia reproduce, extiende y cambia el mundo adulto.

Igualmente, este modelo se afilia con una tradición social interpretativa y, por tanto, asume una serie de postulados centrales de esta aproximación teórico-metodológica (definida en términos amplios), que Gaskins, Miller y Corsaro (1992) resumen en tres componentes. Primero, el desarrollo y la construcción de significados deben verse como procesos situados e interpretables sólo en contexto sociocultural. Segundo, la construcción de prácticas y significados es un proceso activo y afectivamente cargado, y por tanto selectivo, por parte de los niños y las niñas. Tercero, el habla y el lenguaje, como las principales herramientas de acción simbólica de las que disponemos los seres humanos, tienen un papel constitutivo en el despliegue y desarrollo de diferentes prácticas y actividades sociales.

Por tanto, este marco general proporciona un punto de partida valioso para analizar el despliegue y desarrollo de rituales sociales complejos, como ‘la noche de las calabazas’, en los que grupos de niños y niñas se coordinan para hacer uso de diferentes recursos, desarrollar diferentes rutinas y disponer de adultos e instituciones adultas (medios de comunicación, recursos comerciales, etc.) de diferente manera. Sin embargo, la propuesta de Corsaro, la cual ha sido construida sobre todo a partir de una base empírica que ha estudiado a la infancia antes de llegar a la adolescencia, no logra explicar completamente cómo diferentes prácticas e innovaciones infantiles pueden llegar a ‘estabilizarse’ y mantenerse a través de diferentes generaciones y cohortes de niños y niñas.

Para dar respuesta a estas cuestiones podemos hacer uso del modelo complementario, plasmado en la metáfora del reloj de arena, propuesto por Feixa (1998) -el cual al centrarse en culturas juveniles tiene que prestar mucha más atención a las conexiones con el mundo adulto, como etapa contigua-. Este autor propone un modelo en el cual los y las jóvenes construyen micro y macro culturas juveniles a través de un proceso de transformación y apropiación de diferentes elementos que forman parte de la cultura hegemónica institucional adulta (e. g., escuela y trabajo) y de las estructuras comunitarias más próximas (e. g., familia y vecindario) – visualmente, ‘la juventud’ se sitúa en un lado del reloj de arena, el ‘mundo adulto’ en el otro y el trasvase de la arena de un extremo a otro simboliza el proceso de transformación cultural. Como cabe esperar, gran parte de estas transformaciones tienen como propósito establecer una oposición y distinción clara del grupo juvenil tanto con el sistema social adulto (con el cual todavía no quieren identificarse) como el infantil (que ya han abandonado). Sin embargo, también postula mecanismos mediante los cuales las innovaciones juveniles con el tiempo, en el proceso de intercambio generacional, se normalizan e institucionalizan llegando a formar parte del ‘repertorio hegemónico’ sobre el cual una nueva cohorte de jóvenes tiene que realizar su transformación (cf. Bucholtz 2001) -simbólicamente esto ocurre cuando termina de caer la arena del reloj y se le da la vuelta para que comience el proceso de nuevo con la ‘arena nueva’-. Así, este modelo debería permitir especificar (o teorizar sobre) las condiciones que explican por qué, del rango de innovaciones y transformaciones que un grupo o cohorte de jóvenes (o niños) produce, sólo algunas se estabilizan e institucionalizan mientras que otras desaparecen o se transforman sucesivamente a mucha más velocidad.

En este contexto, el estudio de la noche de las calabazas (1) en Cuenca puede tener un interés especial a la hora de comprobar cómo los diferentes elementos de los marcos teóricos expuestos arriba se ponen en marcha para explicar la aparición y desarrollo de una práctica social que no parece tener ninguna conexión inmediata con rituales sociales similares en entornos geográficos próximos y, por tanto, debe estar íntimamente ligado a la actividad creativa y generativa de la infancia. La noche de las calabazas debe entenderse como un ritual amplio compuesto por varias sub-rutinas (William Corsaro, comunicación personal, 12 de noviembre 2002) que se desarrollan en los días anteriores y posteriores a la noche del 31 de octubre y en las que se prepara la celebración y posteriormente se organiza colectivamente el ‘disfrute’ de lo obtenido esa noche. En el centro del ritual está la tarde-noche del 31 de octubre en el que grupos de niños y niñas recorren las calles de diferentes barrios de Cuenca pidiendo puerta por puerta dinero a cada vecino/a. Con esta descripción genérica, el trabajo empírico que presentamos más abajo intenta desentrañar la forma en la que se desarrollan cada una de estas rutinas y el significado que puede tener este ritual en Cuenca.

Desde un punto de vista más abstracto, la descripción y análisis de estos rituales puede permitirnos establecer posibles guiones o esquemas (Nelson y Seidman 1989, García, Martín-Andrade y Linaza 1996) de la noche de las calabazas y especificar qué elementos son suficientes, necesarios o centrales en la realización del guión, así como valorar el grado de codificación que este guión tiene. Igualmente, situar este ritual dentro de las celebraciones y prácticas infantiles de la localidad puede permitir discutir algunos aspectos sobre los modelosy teorías culturales (García 2000) en torno al papel que tiene esta práctica en el sistema social local.

En consecuencia, el presente estudio intenta responder a las siguientes preguntas de investigación: (a) ¿cómo se organiza y pone en marcha la noche de las calabazas entre la infancia actual de Cuenca e indirectamente en cohortes precedentes de niños y niñas de la localidad?, (b) ¿qué origen y justificación tiene esta práctica en diferentes generaciones de conquenses?, (c) ¿qué estructura y diferencias tiene el guión de la noche de las calabazas tal y como se practica en Cuenca con respecto al guión practicado en Estados Unidos durante Halloween? Tras presentar la metodología de la investigación, los resultados se presentan en dos bloques. Primero, se describe y discute la estructura del guión de la noche de las calabazas en comparación con Halloween en Estados Unidos. Segundo, se presenta una interpretación ecológica de la práctica en Cuenca en la que se entrelazan diferentes esferas de influencia social (desde la más inmediata configurada por el grupo de iguales del vecindario hasta la más indirecta reflejada en los medios de comunicación de masas) para explicar las características del ritual en Cuenca, así como la valoración que recibe por parte de nuestros participantes. Finalmente, en las conclusiones se intentan poner en relación nuestros resultados con la discusión teórica que ha abierto este trabajo, así como con discusiones generales sobre el impacto de los medios de comunicación de alcance global en las culturas infantiles – dado que, como veremos, una de las afirmaciones recurrentes en nuestros datos es que esta práctica debe tener un origen externo y se ha expandido gracias a la influencia de los medios de comunicación audiovisuales.

 

Metodología

Participantes

Como se señala más abajo, el estudio hace uso de una variedad de técnicas de recogida de datos y trabaja con diferentes conjuntos de participantes. Un primer conjunto lo forman personas de diferentes grupos de edad; dos chicas adolescentes (de 15 años), dos mujeres jóvenes adultas (22-25 años) y dos personas mayores (en torno a los 70 años), que fueron entrevistadas. Un segundo conjunto los forman un grupo de niños y niñas de entre 7 y 12 años que fueron observados, grabados y fotografiados durante la noche de las calabazas y posteriormente entrevistados en grupo. Un tercer conjunto de participantes son veintidós niños y niñas de 6-8 años de origen hispano en Estados Unidos que proporcionaron redacciones escritas (en español) sobre la práctica de Halloween en Estados Unidos. Finalmente, durante la noche de las calabazas se realizaron varias fotografías y algunas preguntas informales a una variedad de niños y niñas con las que el primer autor mantiene amistad y que ‘pasaron’ por su casa durante la noche de celebración y/o los días contiguos; y mientras que estos participantes no han sido informados por los procedimientos formales de la naturaleza del estudio, sí que haremos algunas referencias a ellos y utilizaremos algunos de estos datos, dado que han expresado su disposición general a formar parte en diferentes proyectos desarrollados por el primer autor.

 

Procedimiento

Entrevistas: Se realizaron varias entrevistas semiestructuradas en parejas e individuales a participantes de diferentes cohortes de edad que ya no practican la noche de las calabazas (tres de ellas grabadas en audio y otra a través del correo electrónico) en las que se discutía: (a) la forma en que ellos/as celebraban este ritual, (b) los factores que influyen en su forma específica,© el posible origen que creen puede tener y (de) su valoración sobre la importancia de esta celebración dentro de la localidad en comparación con otras fiestas.

Grabación en audio, observación directa y fotografía: Se contactó con un grupo de niños y niñas que iban a celebrar la noche de las calabazas y se acordó con ellos/as (y con el consentimientos de sus padres y/o madres) que llevaran una grabadora durante su salida. Igualmente, el primer autor observó directamente parte de esta salida y realizó varias fotografías de la preparación y las visitas a diferentes casas. Después de la noche del ritual, este grupo fue entrevistado sobre el desarrollo de la propia noche y preguntas similares sobre el origen y valoración del ritual a las realizadas con el grupo anterior.

Redacciones escritas: A través de una lista electrónica de discusión académica se contactó con una maestra en Estados Unidos que se ofreció a recoger redacciones escritas de sus alumnos y alumnas sobre la celebración de Halloween en Estados Unidos. Para informar sobre el estudio y obtener las redacciones se preparó un documento escrito que se envió al centro escolar con dos partes: una dirigida a las personas responsables de conceder permiso para participar en el estudio (en los términos decididos por el propio centro) y otra para ser explicada a los niños y las niñas para realizar la redacción. Posteriormente, copias de estas redacciones en las que se mantenía el género y la edad de los participantes pero se eliminaba cualquier otra información personal (nombre del centro, alumnado, etc.) fueron remitidas por correo ordinario a los autores del estudio.

Recogida material documental y ‘participación reflexiva’: Durante el tiempo del estudio se recogieron diferentes documentos (editoriales de periódicos, publicidad, cuentos en inglés y español, etc.) relacionados con la celebración de Halloween y/o la noche de las calabazas. Igualmente, durante este tiempo los autores del trabajo (en calidad de residentes en la localidad y/o padres de menores que celebran la noche de las calabazas) han mantenido abundantes conversaciones informales sobre esta celebración, han hecho varias observaciones anecdóticas o se han visto implicados en mayor o menor grado en la celebración y preparación del ritual como padre (el primer autor) de una menor que celebró la noche de las calabazas (cf. Bauman 2001), obteniendo así información complementaria (aunque no sistemáticamente documentada) del proceso.

 

El guión del ritual de Halloween y la noche de las calabazas

En este epígrafe presentamos y discutimos sucesivamente el guión y los componentes que forman parte del desarrollo de esta celebración en Cuenca y Estados Unidos. La presentación se ejemplifica con realizaciones del guión recogidas de diferentes fuentes. Finalmente, también se desarrollan algunas comparaciones y se avanzan algunas conclusiones sobre ellas.

 

El ritual de Halloween en Estados Unidos

Halloween forma parte de las tradiciones culturales y familiares más importantes de Estados Unidos y su celebración se remonta a la construcción misma de la nación en el periodo colonial y las sucesivas oleadas de inmigrantes europeos (2). En la actualidad, su celebración puede describirse como un ritual altamente codificado reconocible a nivel nacional, a pesar de variaciones locales, regionales y subculturales, que tiene en el centro de la celebración una rutina verbal (Berko Gleason y Weintraub 1976) que muestra un grado mínimo de flexibilidad. La Tabla 1 resume los elementos que forman el guión del ritual que aparece en los textos escritos que hemos analizado (dos de los participantes señalan que no celebran Halloween pero describen su funcionamiento), mostrando la estabilidad con la que aparecen algunos componentes del ritual:

La celebración de la noche de Halloween en Estados Unidos sigue un esquema relativamente convencionalizado en el que todos los niños y todas las niñas (especialmente en un mismo entorno socio-geográfico como el de nuestra muestra) siguen una rutina muy similar. El guión contiene una serie de elementos fijos y necesarios para su desarrollo: hay que disfrazarse para salir a pedir caramelos, sólo se dan y reciben caramelos o dulces (en la actualidad todos empaquetados y comerciales frente a dulces caseros) y excepcionalmente algún otro regalo complementario (e. g., lápices). Como hemos dicho, en el centro hay un intercambio verbal que no permite ningún grado de improvisación o variación. Finalmente, otros componentes, aunque no forman parte necesaria del ritual, tienen una distribución y frecuencia generalizada: revisar los caramelos antes de tomarlos (como resultado de una serie de casos de envenenamientos de caramelos que en diferentes años recibieron mucha cobertura por parte de los medios de comunicación; cf. Steinberg y Kincheloe 2000) y realizar algún tipo de celebración colectiva posterior a la salida de la noche del 31 de octubre. Las siguientes redacciones ejemplifican los componentes que hemos presentado:

Ejemplos 1: Redacciones de alumnos/as de Estados Unidos sobre Halloween (3)

Ejemplo 1a: Niña

1 Cómo se celebra Halloween
2 Yo celebro Halloween con
3 toda mi familia Yo fui a Wal Mart
4 a comprar mi bolsa de calabaza.
5 Luego fuimos a Kromart a comprar
6 el traje.
7 Luego fui a las casas a recoger
8 dulces caminando con mis hermanos
9 Y fui con mi mamá a trick or treta a las 6:00pm.
10 Luego fuimos a los hotels a
11 recoger dulces porque habían mas
12 ahí. Luego llegamos y chequeamos
13 los dulces antes de comerlos.

Ejemplo 1b: Niña

1 Como Celebro Halloween
2 yo fui a la tienda a comprar mi
3 disfraz de bruja. Mi hermano mayor se Vistió
4 de un fantasma y mi otro hermano menor se disfrazo
5 de un vampiro. Mi mamá nos compró constas
6 de plástico
7 Mi mamám nos llevó a muchas casas Nos fuimos
8 a las 6:p.m y nos venimos a las 7:30 p.m
9 Nos venimos tenpreno porque iban a wenir los niños a
10 pidir dulces. Maritza y Armando fueron a mi casa
11 a pedir dulces y Maritza estaba disfrazada de pirata

La primera redacción ilustra todos los componentes que hemos señalado anteriormente: las compras de preparación (líneas 2-6), la salida por la noche (líneas 7-11) y las actividades posteriores (líneas 12-13). La segunda redacción contiene estos componentes pero es interesante porque, a lo largo del relato, cambia de perspectiva. En la primera parte describe los acontecimientos como beneficiaria de la salida (líneas 2-8) y en la segunda parte explica como su familia entregaba caramelos a diferentes visitas en la puerta (líneas 9-11). Estas redacciones describen el ritual pero no recapitulan las acciones de cada uno de los participantes de modo ‘literal’. La primera redacción contiene una referencia directa a la formula verbal que esta en el centro del ritual (ejemplo 1a, línea 9) pero no nos da una visión de su estructura secuencial. Otras fuentes, y el único estudio disponible sobre el tema que conozcamos, muestra como se desarrolla esta parte. En el trabajo de Berko Gleason y Weintraub (1976: 132) una inmensa mayoría de intercambios tenían el siguiente orden:

1. El/la niño/a llama a la puerta.
2. El/la adulto/a abre la puerta.
4. Niño/a dice trick or treat(‘truco o regalo’).
5. El/la adulto/a responde con alguna rutina adulta, como ‘ pasar’ o ‘madre mía’ y da a los/as niños/as caramelos.
6. El/la niño/a dice ‘gracias’.
7. Se despiden mutuamente.

En resumen, Halloween en Estados Unidos es una celebración nacional compuesta por una serie de rutinas que se han convencionalizados y que dan forma a un episodio central compuesto por una serie de elementos obligatorios e inflexibles. Como veremos este no es el caso en Cuenca.

 

El ritual de la noche de las calabazas en Cuenca

La noche de las calabazas en Cuenca es una celebración conocida y reconocible por la mayoría de los conquenses, pero que no necesariamente moviliza a toda las familias y la población infantil de la localidad. El ritual puede describirse como formado por un guión altamente flexible con varios elementos posibles y muy pocos componentes obligatorios. La Tabla 2recoge el abanico de actividades posibles que según nuestros participantes pueden asociarse a cada una de las sub-rutinas que hemos identificado anteriormente:

Dentro de este rango amplio de posibilidades lo que nuestros datos sugieren es que los niños y las niñas que celebran la noche de las calabazas en Cuenca se agrupan en torno a dos extremos de elaboración: uno relativamente ‘minimalista’ en el que se despliegan pocos componentes (no se disfrazan, no desarrollan una formula verbal, no hay mucha preparación, etc.) y otro ‘elaborado’ en el que los componentes tienen un desarrollo máximo (hay mucha preparación, disfraces, fórmulas verbales y coreografía, etc.). En otras palabras, los niños y las niñas que celebran y celebraban la noche de las calabazas parecen formar grupos de iguales que adaptan y elaboran su propio guión, formando un micro-estilo distintivo a ese grupo (y que los propios grupos de iguales reconocen como distintivo de otros grupos de participantes de otras calles y vecindarios).

Igualmente, en términos muy generales, puede decirse que a lo largo del tiempo (desde las décadas de 1930-1940 en la que los participantes más mayores de nuestro estudio celebraban la noche de las calabazas) el guión se ha hecho más complejo (mayor variedad y elaboración en las formulas verbales, la posibilidad de disfrazarse, mas celebraciones posteriores, etc.) – lo cual no quiere decir que todos los niños y las niñas actuales desplieguen estas posibilidades. La única excepción a esta progresión probablemente está en la preparación de la calabaza ya que, mientras que en la actualidad esta se compra en el mercado o se utilizan calabazas artificiales, en el pasado se seleccionaban y recogían directamente de los huertos (una actividad que requiere mayor planificación, trabajo, etc.). A continuación, utilizando datos transversales a todos los grupos de edad y de distintas fuentes, mostramos diferentes realizaciones (‘minimalistas’ y ‘elaboradas’) de cada una de las sub-rutinas del ritual.

Tradicionalmente, la sub-rutina de preparación implica buscar, seleccionar y preparar la calabaza para salir la noche de todos los santos. Para ello se acudía a diferentes huertos en los límites de la localidad, con el consentimiento de su propietario (normalmente un familiar o vecino) o furtivamente al anochecer. En la actualidad, preferentemente las calabazas son artificiales, se sustituyen por bolsas de plástico o se adquieren directamente en el mercado (el cual aumenta notablemente su abastecimiento de calabazas en los días previos a la noche de celebración). En cualquier caso, desde el punto de vista del trabajo implicado, la preparación de la calabaza no es un mero proceso mecánico y requiere cierta planificación y estrategia, como muestra la explicación proporcionada por Nuria (escrita), una participante de 25 años:

Ejemplo 2: Sub-rutina de preparación en Cuenca

La actividad empezaba unos días antes de la noche de todos los santos cuando todo el mundo se encargaba de buscar su calabaza para hacer la calavera, normalmente para esto se requería la ayuda de adultos, que eran quienes te decían que calabaza podías utilizar (no hay que olvidar que hay varios tipos de calabaza pero no todas son buenas para ello y tampoco tu madre te permitía coger la que más te gustaba, seguramente te daban la que menos le podía servir). Una vez elegida la calabaza empezaba el proceso de elaboración, consistente en dejar la calabaza hueca por dentro para después poder hacer agujeros con forma de cara e introducir una vela dentro. Al tratarse de un pueblo con huertos, el encontrar una calabaza no se hacía difícil, aunque la mayoría de estas no eran las típicas calabazas amarillas (las que salen en las películas y en el cuento de Cenicienta) sino que eran calabazas al más puro formato calabacín pero de mayor tamaño, con lo cuál muchas veces su construcción era difícil, había que tener en cuenta aspectos como el grosor de la calabaza, la longitud (una calabaza demasiado larga no permitía limpiarla ni poner la vela con facilidad con lo cuál si esta era muy larga había que cortarla y se quedaba sin tapa), también hay que tener en cuenta que este tipo de calabaza suele estar verde y de piel más fina que las otras, con lo que se aumenta la dificultad de su elaboración ya que es más fácil que se rompa y también que el diámetro de la misma suele ser menor que las otras calabazas, con lo que también hacía más difícil la tarea de vaciarla por dentro. En este punto la habilidad y la veteranía eran un grado, ya que cuanto más fina eras capaz de dejar la calabaza sin romperla (mejorando el efecto de la luz de la vela) más experto eras en la elaboración de las mismas. Lo mismo ocurría con el diseño de la cara, cuanto más experto, la cara tenía más elementos, no se trataba de hacer una cara que diera exactamente miedo sino una cara “bien hecha”, lo mejor era ser capaz de hacer una cara con dientes y cejas sin que la calabaza se rompiera.

Como hemos señalado anteriormente, en años recientes la preparación también incluye disfrazarse. En este caso, al igual que en Estados Unidos, los disfraces incluyen componentes comprados en tiendas y componentes adaptados del hogar. Como veremos en las fotos, los disfraces más sofisticados combinan máscaras y complementos comprados para tal propósito con bolsas de basura y trapos adaptados al disfraz, así como pinturas corporales y faciales. Para los grupos de niños y niñas que se disfrazan un rasgo común de esta preparación es que se realiza colectivamente, reunidos muchas veces en el hogar de uno de los miembros del grupo -y cuyos padres o familiares, por tanto, desempeñan un papel más activo en la preparación y organización de la celebración-.

Una vez equipados y disfrazados, los grupos de iguales están en disposición de salir a celebrar la noche de las calabazas y llevar a cabo la siguiente sub-rutina del ritual: la salida por la noche. Los grupos de niños y niñas que celebran la noche de las calabazas pueden estar formados por un número variable de miembros (en nuestras observaciones la horquilla esta entre tres y quince miembros) con un rango variable de edades que típicamente abarca desde los 5 años (cuando un menor ya puede salir acompañado por otros niños más mayores) hasta la entrada en la adolescencia (cuando deja de participarse en esta celebración). Estos grupos salen principalmente por su propio barrio y van llamando y pidiendo de puerta en puerta. Típicamente piden y reciben dinero, el cual obtienen la mayor parte de las veces, aunque en épocas recientes comienza a tener cierta visibilidad recibir caramelos (independientemente de lo que pidan los niños y las niñas). Finalmente, aunque la noche del 31 de octubre es cuando preferentemente se realiza esta salida, otros niños y niñas realizan esta rutina durante los diferentes días anteriores y posteriores a la noche de todos los santos o en palabras de un vecino “hasta que se pudra la calabaza”. En este caso debe señalarse que, tomando el continuo minimalista-elaborado propuesto anteriormente, el salir varias noches a pedir dinero o caramelos es más propio de grupos de iguales que optan por una versión minimalista del ritual (e. g., no se disfrazan, no tienen una fórmula verbal improvisada, etc.).

En cuanto a la fórmula utilizada para el encuentro con los diferentes vecinos, tampoco existe una versión codificada. Entre las alternativas planteadas por nuestros participantes de diferentes edades tenemos: “por las ánimas benditas” (73 años), “día de las calabazas” (15 años), “feliz Halloween” (12 años) o simplemente asustar al abrir la puerta. De nuevo, desarrollar y utilizar una fórmula verbal específica es indicativo de la disposición del grupo a elaborar y codificar el ritual de la noche de las calabazas. Durante la noche de la celebración en la que se recogieron datos observacionales se documentaron dos clases de realizaciones. Por una parte, se siguió y grabó en audio a un grupo de iguales durante toda la noche, lo cual nos permite comprobar las variaciones que existen dentro de un mismo grupo a lo largo de toda la noche en cada uno de los encuentros con diferentes vecinos. Por otra parte, se registraron las diferentes fórmulas con las que diferentes grupos de niños se aproximaron a una sola puerta (la del primer autor; cf. Berko Gleason y Weintraub 1976). La combinación de estas dos fuentes nos permite constatar el rango de rutinas verbales y la disposición de un mismo grupo a reciclar estas rutinas en intercambios sucesivos.

La Fotografía 1 muestra la versión más elaborada que se documentó de la rutina verbal, dentro de un grupo que claramente asume una versión sofisticada de la celebración de la noche de las calabazas. Este grupo organizó sus primeras peticiones con una coreografía y puesta en escena completa que preparaba frente a cada portal, la cual acompañaban con una rutina verbal específica que ya habían inventado el año anterior.

Fotografía 1: Escenografía elaborada de la noche de las calabazas.

En la fotografía se observa como el grupo de niños/as ha situado dos calabazas en la entrada de la casa, mientras que varios de ellos se colocan en torno a la escena central en la que una niña aparece tumbada en el suelo mientras que otro niño hace como si la atacara con una guadaña. Igualmente, aunque todos estos participantes están deliberadamente en el campo de visión del/a vecino/a que vaya a abrir la puerta, varios niños se ocultan agachados detrás de la pared de la entrada a la casa, para sobresaltar a la persona que abra la puerta y baje a recibirlos. En esta ocasión cuando el adulto contestó a la puerta, varios de los niños recitaron: Si nos dais pastelitos os damos besitos, si nos dais pasta nos vamos y nos basta que, como hemos dicho, es un pareado inventado por el grupo el año anterior y después de una pequeña conversación el grupo de niños y niñas obtuvo algo de dinero.

Esta escena muestra una de las versiones más elaboradas de toda la noche, ya que a lo largo de la salida fueron cambiando la rutina verbal, modificando o descartando elementos de la puesta en escena e incluso disgregándose en diferentes grupos más pequeños. Frente a esta versión, un formato mucho más simplificado es el que ilustra la Fotografía 2 en la que un grupo de tres niños, sin disfrazarse, pide “algo para las calabazas” en la noche del 31 de octubre (y uno de ellos ya había pasado por la misma casa la tarde anterior):

Fotografía 2: Escena simplificada de la noche de calabazas.

Después de salir la noche de todos los santos y acumular dulces o dinero cabe la posibilidad de completar la celebración con alguna otra rutina social, normalmente en forma de “fiesta” con comida. Por una parte, dentro de la tradición más habitual de tener una clase de dulce asociado a cada festividad en la noche de todos los santos también se preparaban y consumían alimentos específicos. En el caso de Nuria (25 años), la celebración posterior también era una actividad altamente organizada, típicamente con el dinero obtenido se compraban bollos y chocolate que luego se tomaban en un lugar especial dentro de una rutina más amplia:

Ejemplo 3: Sub-rutina celebración posterior en la noche de las calabazas

(…) una vez hecha la compra, nos dirigíamos a la cocinilla a preparar la cena, esta solía consistir en un chocolate caliente con pan tostado o bollos, cuando éramos más pequeñas, era alguna de las madres de las niñas (generalmente la que ponía la cocinilla) la que se encargaba de ir a preparar el chocolate, y una vez hecho se marchaba para dejarnos cenar solas, volviendo más tarde a cerrar y asegurarse de que el fuego quedaba bien apagado, también solían ir de visita otros padres para ver que tal iba todo y para asegurarse de que teníamos cuidado y de que todo iba bien.

(…) Una vez terminada la cena se recogían los utensilios utilizados y si había un grifo en el sitio se fregaban, sino cada una se llevaba para limpiar en casa aquello que había llevado, después se jugaban a diferentes juegos que cada una había traído de casa o simplemente se hablaba de temas de interés, generalmente historietas de miedo o de chicos. Todo terminaba cuando la dueña de la cocinilla venía a apagar el fuego y cerrar el sitio o cuando llegaba la hora hasta que nos dejaban estar fuera de casa.

Igualmente, una de las participantes más mayores (mujer, 69 años) señala que hay una comida típica de la noche de todos los santos:

Ejemplo 4: Comida del día y la noche de todos los santos

(…) lo que se hace mucho el día de todos los santos, de toda la vida (…) puches que se llaman. Es con harina de trigo, se tuesta un poquito con azúcar, se hacen trocitos de un pan frito y se apartan. Se hacen esas gachas, que decimos en esta provincia (…) como un puré, como unas natillas bien recogidas, recogidas y eso es la noche de todos los santos (…)

En cualquier caso, una de las alternativas más frecuentes y compatibles con el entorno urbano más contemporáneo es reunir todo el dinero recogido durante la noche de las calabazas en una reserva única y planificar entre el grupo de iguales una celebración específica, una merienda o una salida que será financiada con el dinero recolectado. Por ello, la noche de las calabazas implica varias actividades y tareas conjuntas por parte del grupo de iguales posteriores a la noche del 31 de octubre

En resumen, el ritual de la noche de las calabazas tiene varias realizaciones posibles, las cuales han ido variando también a lo largo del tiempo y en función de las circunstancias específicas de cada grupo de iguales. Como guión, la caracterización más adecuada debe resaltar su alta flexibilidad y codificación relativamente baja, lo que permite que diferentes grupos de iguales diseñen sus propias versiones de la celebración. En cualquier caso, esta descripción del guión no nos da información sobre el origen, recepción y significado local de la noche de las calabazas. Esta clase de preguntas implica analizar la información recogida desde otra perspectiva, la cual desarrollamos en el siguiente epígrafe.

Una interpretación ecológica sobre el origen y recepción de la noche de las calabazas en Cuenca

Nuestra propuesta es que el desarrollo del ritual se mantiene sobre diferentes estructuras sociales, tanto próximas y distales, que forman parte de la experiencia de los niños y las niñas que participan en él. Este conjunto de factores, sin suponer un esquema causal rígido permite responder tanto a la pregunta más inmediata (i. e., ¿por qué este ritual se da en Cuenca y no en otros entornos similares?) como a algunas incógnitas que elaboraremos en las conclusiones en relación con las herramientas teóricas propuestas en la introducción. Esquemáticamente, vamos a argumentar que el ritual de la noche de las calabazas esta mediados por diferentes planos de influencia sucesivamente más generales que podemos resumir en: la estructura del grupo de iguales, un entorno espacial específico (‘el barrio’), un entorno geográfico-agrícola específico y la influencia de los medios de comunicación y otros aspectos de la cultura de masas. Nuestra propuesta puede considerarse ecológicaporque postula que estas influencias pueden verse como insertas unas en otras en función de lo cercanas que son a la experiencia de los participantes y el impacto directo o indirecto que tienen en la puesta en marcha del ritual (cf. Bronfenbrenner 1987; Cole 1995). La Figura 1 intenta resumir gráficamente estos elementos, los cuales desglosamos a lo largo del epígrafe.

La iniciativa del grupo de iguales

La causa más inmediata e imprescindible para que se despliegue el ritual de la noche de las calabazas es que un grupo de niños y niñas decida que quiere celebrarlo y ponga en marcha todos los preparativos que implica realizar la salida de la noche del 31 de octubre. Además, este paso tan obvio, indirectamente, permite explorar diferentes aspectos sobre el papel de otros elementos relacionados con el grupo de iguales: el apoyo prestado por los adultos, la continuidad-discontinuidad percibida entre la actividad propia y la de generaciones posteriores y el papel que puede tener el propio grupo en la creación y desarrollo de elementos del ritual. La respuesta de las participantes adolescentes a por qué comenzaron a celebrar la noche de las calabazas invita a pensar que se trató de una decisión voluntaria y espontánea dentro del grupo de iguales:

Ejemplo 5: El papel del grupo de iguales en la puesta en marcha del ritual

ENT: ¿Por qué empezasteis a hacerlo?

PAR: Porque nos pusimos de acuerdo tres o cuatro y nos parecía bien a todas (y intentamos hacerlo un año) y luego nos gusto y al año siguiente igual así y luego ya pues.

ENT: ¿Lo decidisteis vosotras?

PAR: Sí, porque veíamos a gente que salía y entonces pues claro te entra la cosilla de si te lo vas a pasar bien o mal y algunas veces mi padre no me dejaba porque como era pequeña pues le daba miedo pero como era por el barrio pues ya sí.

Así, la noche de las calabazas es una actividad que surge por iniciativa propia, normalmente incitada por la observación previa (directa o vicaria) de que otros grupos de iguales ya realizan esta celebración. Los adultos, como hemos visto en el epígrafe anterior, desempeñan un papel facilitador en cuanto a su celebración pero no incitan, ni promueven su celebración, ni tampoco lamentan que deje de realizarse cuando los niños y las niñas deciden dejar de celebrarlo. Las únicas restricciones vemos que se producen en términos de seguridad similares a los que podrían darse con cualquier otra actividad en la que sus hijos o hijas estuvieran fuera de casa sin supervisión adulta (y vemos que no tienen ningún matiz especial, como el caso de Estados Unidos, por el hecho de que los menores van a interactuar con diferentes adultos desconocidos) – aunque veremos como la propia estructura del entorno va a delimitar el papel de los adultos en relación con la autonomía del menor. Finalmente, dado que los propios niños y niñas son los que ponen en marcha el ritual, la forma en que deciden llevarlo a cabo también define al grupo de iguales. Como vimos en el epígrafe anterior los rasgos en Cuenca son flexibles (e. g., con o sin disfraz, con o sin fórmula verbal, recibiendo dinero o dulces, etc.). Varios de estos elementos son el resultado de decisiones del grupo de iguales, que sirven para caracterizar el modo en que cada uno celebra la noche de las calabazas en relación y oposición a otros grupos – y, como cabe esperar, también permite a algunos grupos valorar si celebran el ritual mejor o peor que otros grupos de chicos y chicas.

 

El papel facilitador de la estructura geográfica y social del barrio y la localidad

El segundo elemento relativamente proximal que configura la celebración de la noche de las calabazas es la naturaleza del propio barrio de residencia de los niños y las niñas. ‘El barrio’ es una unidad relevante en, al menos, dos planos. Por una parte, especialmente en una localidad como Cuenca con una estructura de barrios muy marcada (tanto a nivel histórico, como social y geográfico), supone una unidad social en la que se desarrollan relaciones comunitarias y se despliegan ideologías que configuran al propio barrio y lo diferencian del resto. En segundo lugar, para los menores, las características físicas del barrio determinan las posibilidades que van a tener par salir por la noche y celebrar, con comodidad, libertad y seguridad, la noche de las calabazas – y en términos más amplios que se formen estos grupos de iguales y puedan llevar a cabo sus propias actividades en el barrio (si hay plazas, parques, etc. que favorezcan esto). Ambos elementos están presentes en las respuestas de los participantes, tanto los más mayores como los más pequeños:

Ejemplos 6: Papel del barrio en la celebración del ritual

Grupo 7-12 años

- ¿Pensáis que se celebra en toda Cuenca?

- No en toda Cuenca no

- ¿Hay sitios donde no? ¿pero se celebra en todos los barrios o en algunos sitios más que otros?

- En los barrios de los que tienen dinerillos pues esos no lo celebran porque son unos pijos (…)

- ¿En que barrios se celebra entonces? (varios)

- En este en San Antón, en Villaluz, en Villaromán, pues por la calle Colón alguno pero que van con sus madres, donde vivía yo antes

- ¿Pero por la calle Colón por qué dices que van con sus madres? (…)

- Porque dicen que hay carreteras y de todo (…) es mucho mejor [aquí] porque no hay gente por ahí paseandose, no hay coches ni nada y vamos tan tranquilos y luego nos tiramos en el césped.

Pareja 69-73 años

- Yo creo que a lo mejor eso es mas tradición de los barrios digamos pobres, así más ordinarios.

- ¿Y eso porque piensas que puede ser?

- Sí, yo creo que sí, porque ve por Carretería, nada por ahí yo no he visto nada, porque en la mayoría de las casas ahora hay porteros entonces ahí no te dejan entrar. Y porque ahora en mi barrio ahora van de otros barrios, mira mi hijo (…) tiene 45 pues entonces éramos todos los matrimonios con dos o tres hijos, por ahí o cuatro y era un barrio de jóvenes es que ahora nos hemos quedado vivimos los mismos (…) casi todos jubilados.

- ¿En qué barrios piensas que es más típico?

- Yo, de las más apartados (…) de todos los barrios más pobres.

- ¿En el casco viejo se celebra?

- Sí, sí, por ahí yo he vivido todo me he criado ahí arriba (…) yo me he criado ahí en Alfonso VIII (…) ahí me he criado hasta que me casé.

- ¿Por qué ahí la gente tenía huertas?

- Sí, por ahí había muchísimas huertas, lo que es toda la parte de San Pablo (…) todo eso lleno de huertas (…) luego venían pues los vecinos por ejemplo de Alfonso VIII había mucha gente que eran hortelanos eran los hortelanos de precisamente de esas huertas y ponían en sus puertas para vender tomates calabazas para esos días las guardaban para eso (…) yo me acuerdo de (…) ‘¿oye ya vamos a preparar una calabaza?’, ‘pues no tenemos’, ‘pues oye vamos a ver si Rosario ha traído de su padre del huerto’. Ya empezábamos dos o tres días antes a empezar.

El primer aspecto que resaltan los participantes es que la celebración es más propia de algunos barrios que de otros y el factor más visible en esta división es la clase social. Los participantes más pequeños señalan que en las zonas de mayor poder adquisitivo (‘pijillos’) no se celebra la noche de las calabazas y los participantes mayores adscriben esta práctica a las zonas populares de la ciudad (‘los más pobres’). Así, indirectamente la celebración de la noche de las calabazas se sitúa dentro de las tradiciones de las clases populares y como parte de la cultura vernácula. Sin embargo, esta división en términos de clase también correlaciona con las características físicas de los barrios y estas características físicas también influyen en el modo en que se celebra el ritual. Todos los participantes concuerdan que la noche de las calabazas no se celebra tanto (o peor) en las partes de la ciudad formadas por las arterias comerciales, donde predominan los pisos y hay pocas zonas verdes (‘Colón’ y ‘Carretería’), mientras que sí se celebra en las zonas de la ciudad donde hay más zonas verdes y plazas (‘Villaluz’) o predominan las viviendas unifamiliares, sean estas casas bajas del casco antiguo o la periferia histórica (‘Alfonso VIII’ y ‘San Antón’) o nuevas zonas residenciales formadas por chalés adosados (‘Villarromán’).

Otro modo en que se manifiesta esta división por barrios en la celebración del ritual es en las estrategias y delimitaciones que establecen los propios menores a la hora de celebrar el ritual. Como señalan las entrevistas anteriores, una alternativa para niños y niñas que viven en zonas donde la noche de las calabazas tiene poca implantación es trasladarse a zonas donde sí se celebra. En este caso, las relaciones de parentesco (‘ir a casa de primos o abuelos’) o amistad determinan el barrio al que se accederá para celebrar la salida. Otro aspecto es la zona geográfica que los menores ‘peinan’ durante su salida. En las observaciones de la noche del 31 de octubre se dieron dos fenómenos ilustrativos. Por un lado, cuando el grupo de iguales terminó de visitar el conjunto de casas (en este caso chalés adosados) que consideraba ‘su barrio’ una parte de éste se planteo ampliar su salida a otros barrios colindantes o conjuntos de viviendas que no formaban parte de su zona, señalando esto como una ‘incursión’ en otros territorios. Por otro lado, a lo largo de la noche y en conversaciones posteriores este grupo se mostró relativamente disconforme (y en ocasiones abiertamente hostil) con el hecho de que grupos de niños de otros barrios ‘subieran’ al suyo para pedir caramelos y dinero, ya que esto incide negativamente en la cantidad de ‘beneficios’ que ellos pueden sacar.

En resumen, además de la disposición de un grupo de iguales, el entorno mismo en que este grupo se forma y vive influye en la naturaleza y posibilidades de celebración de la noche de las calabazas. No obstante, dadas estas condiciones, la disponibilidad de los materiales propios de la celebración también desempeñan un papel. Como refleja la respuesta de los participantes mayores, las características del entorno agrícola, posibilitan acceder a calabazas, como elemento central de la celebración. La respuesta muestra dos de las formas en las que los menores accedían a las calabazas: comprándola (antes en puestos caseros, ahora en el mercadillo semanal) o a través del dueño de la huerta (un familiar o vecino). La tercera opción, que no aparece en las entrevistas, es obtenerla furtivamente de un huerto – opción que implica mayor coordinación entre los iguales y, lógicamente, autonomía de los adultos. Así, vemos como uno de los elementos centrales del ritual (la calabaza) tiene una continuidad y presencia histórica en la zona de Cuenca, permitiendo que sea adaptado para esta celebración. Pero también se ha mostrado como en los últimos años el ritual se ha elaborado, incorporando disfraces, nuevos elementos comerciales, etc. Estos componentes aluden al último elemento, más distal y no originado en la localidad, que configura la celebración y que, además, proporciona los argumentos para algunas de las explicaciones locales sobre el origen de la celebración.

 

El papel de los medios de comunicación en el desarrollo y origen del ritual

Cuando se indaga sobre el origen de la noche de las calabazas, todos los participantes concuerdan que debe ‘venir de fuera’. Los más mayores no pueden especificar el momento, ni la forma en que se introdujo, ya que tienen constancia de que lleva celebrándose al menos desde su infancia, pero sugieren que puede venir ‘de América’. Los más jóvenes también señalan el entorno anglo-sajón (Inglaterra y Estados Unidos) como la fuente de la celebración, pero afirman que el acceso ha sido a través de los medios de comunicación. La respuesta de una de las participantes adultas (22 años) es clara al respecto:

Ejemplo 7: Origen del ritual

- ¿De dónde crees que viene?

- De la influencia norteamericana.

- ¿Hace cuántos años dices que se celebra?

- Pues yo que se desde hace unos cuatro años o así.

- ¿Tú no lo has visto celebrar antes?

- Sí, yo han empezado a ir en torno a (…)

- ¿Y lo habrán visto ellos por la tele?

- Supongo que sí, lo habrán visto por la tele y no se ahora por series de dibujos (…) ahora hay más no sé por ejemplo los Simpsons y cosas así que, la familia Adams no se que no se cuantos, todo eso porque toda la gente se disfraza cuando se disfraza la noche esta pues siempre de la familia Adams y de cosas así de vampiros (…) y todo eso son personajes norteamericanos entonces yo pienso que la influencia viene de ahí porque de hecho es una costumbre norteamericana (…)

En esta respuesta se expone claramente la ‘teoría de los medios de comunicación’. Se ha empezado a celebrar porque los niños y las niñas han visto esta fiesta en las series de ficción norteamericanas. Además, de estas series han extraído elementos complementarios para la fiesta (disfraces, motivos, etc.) que aparentemente no estaban presentes en las formas más antiguas de la celebración -tal y como son descritos por los participantes adultos y mayores-. Sostener esta explicación tiene una serie de consecuencias para otras creencias y actitudes en la comunidad. Primero, los participantes más jóvenes (los/as niños/as que lo celebran ahora, las adolescentes que acaban de dejarlo y esta mujer de 22 años) sostienen que la celebración es nueva y que sus padres o la generación anterior no celebraba la noche de las calabazas. Esta afirmación mantiene la coherencia argumental de la teoría, ya que si el origen está en los medios de comunicación, el ritual sólo aparece cuando estos medios empiezan a tener impacto (lo que ha ocurrido recientemente). Frente a esto, los participantes más mayores afirman que la noche de las calabazas lleva varias generaciones celebrándose y, por tanto, son más inespecíficos en cuanto a su origen.

Segundo, aceptar que el origen de la celebración es externo invita a explorar las actitudes que pueden generarse en torno al ritual, ya que es fácil suponer que aparezcan ciertas reticencias ante tradiciones que no son locales o que incluso las nuevas tradiciones desplacen a las que sí están arraigadas y, por tanto, haya que ser escéptico ante ellas. No obstante, en este caso la única persona que muestra una actitud de rechazo a la celebración de la noche de las calabazas es la mujer de 22 años presentada más arriba, que considera que esta celebración no es propia de la localidad y no tiene tanto ‘sentido’ como otras fiestas conquenses/españolas. De modo significativo, esta es la única participante en el estudio que no celebraba personalmente la noche de las calabazas. Frente a esto, el resto de los participantes valora positivamente (por sus aspectos lúdicos, grupales, etc.) la celebración de la noche de las calabazas. Sin embargo, esta valoración se lleva a cabo posicionando de un modo especial la noche de las calabazas en relación con el resto de las celebraciones de Cuenca. De un lado, aunque para algunos participantes lleve generaciones celebrándose, es una fiesta ‘venida de fuera’ que no forma parte del conjunto estable y consolidado de celebraciones locales (y por tanto tampoco tiene capacidad para desplazarlas). De otro lado, es una celebración llevada a cabo y sostenida por los niños y las niñas, que se celebra porque ellos/as mismos/as la perpetúan, pero que no supondría una pérdida del ‘legado cultural’ si desapareciera. Además, en esta afirmación concuerdan tanto los menores que la celebran en la actualidad o acaban de dejarla (adolescentes) como los participantes adultos, quienes rememorando como lo celebraban o examinando su papel actual adulto refuerzan la idea de que son los propios niños y niñas quienes sostienen esta celebración.

En resumen, como síntesis de estas teorías sobre el origen de la celebración y el discurso ideológico que la rodea es ilustrativa la editorial realizada a este respecto por el periódico local de mayor tirada (selección de fragmentos):

Desde hace unos años, el 1 de noviembre viene registrándose la “importación” de una tradición netamente norteamericana, con nombre incluido, como es el Halloween, y que hace convivir con la reflexión de respeto a los difuntos el espíritu burlón de la fiesta y el carnaval en torno a las brujas y los espíritus de la noche. (…)

Pero indicar que la imagen que desde ayer se aprecia por nuestras calles y urbanizaciones, de grupos de niños disfrazados que recaudan golosinas y dinero en la noche de Halloween, sin que disminuya ni mucho menos la otra imagen tradicional, la de familias enteras que regresan a sus lugares de origen para rendir tributo a la memoria de sus personas queridas fallecidas, no implica necesariamente una crítica o una descalificación. (…)

Así pues, hay que dejar que la sociedad evolucione según entienda que sus gustos varían y se adaptan a las nuevas formas de vida, pero pidiendo protección para las tradiciones propias, porque todo lo que venga a sumar conocimientos, opciones y formas de entender la vida, sin imposiciones ni sustituciones, enriquece culturalmente a las personas y, por ende, a la sociedad (El Día-Cuenca, 1 noviembre 2002, Editorial, p. 3).

En conclusión, los resultados que hemos presentado tanto sobre los componentes del guión de la noche de las calabazas, como a las diferentes estructuras sociales que influyen en su despliegue muestran un ritual que tiene una implantación sólida, pero una forma de realización flexible y un estatus ideológico particular no exento de afirmaciones aparentemente contradictorias. Estas características permiten poner a prueba algunos de los supuestos teóricos con los que abrimos el trabajo y que ahora retomamos en las conclusiones.

 

Conclusiones

Son varias las preguntas que pueden hacerse sobre estos resultados en relación con el marco teórico que hemos presentado. La más general tiene que ver con la variabilidad: Si la noche de las calabazas es un ritual que lleva celebrándose durante décadas en Cuenca, ¿por qué no ha adoptado una forma más estable y codificada? En otras palabras, ¿por qué no se ha ‘institucionalizado’? Algunos de los componentes de los modelos de Feixa y Corsaro permiten dar una respuesta tentativa a esta pregunta. Ambos autores sugieren que uno de los mecanismos generales mediante los cuales una práctica infantil se codifica y transmite a sucesivas generaciones de forma similar es a través de procesos de transmisión intergeneracional, en el cual los adultos (‘ex-menores’ implicados en la práctica) desempeñan un papel importante en la estructuración de la práctica. Además, especialmente en el caso de los rituales culturalmente señalados, esta interacción suele estar englobada en un sistema social que promueve y proporciona sustento a estos procesos de intercambio.

Si comparamos esta explicación con el modo en que los participantes describen las relaciones intergeneracionales durante la noche de las calabazas vemos que el papel de los adultos se minimiza, tanto por los propios menores como por los adultos. Es una actividad que se desarrolla y organiza por iniciativa de los niños y las niñas con ‘los mayores’ desempeñando una papel logístico mínimo o similar al que realizarían durante cualquier otra actividad informal del menor (i.e. velar por su seguridad, controlar horarios, etc.). Es cierto que no se ha observado directamente el papel que desempeñan los adultos y es razonable suponer que, en la práctica (dadas las diferencias que, en general, existen en estilos parentales) algunos adultos realmente tienen un papel mucho más activo en la realización del ritual (4). No obstante, los propios participantes al describir las relaciones intergeneracionales minimizan el peso de estas y, por tanto, se sugiere una inhibición de los mecanismos de transmisión y codificación intergeneracionales contemplados en los aparatos teóricos de Corsaro y Feixa.

Por otro lado, ‘la noche de las calabazas’ no termina de adquirir un ‘rango institucional’ completo. Hay indicios de que tiene cierta visibilidad pública compartida (aparecen editoriales en los periódicos, se inserta en actividades escolares -manualidades, lengua extranjera -, hay cierto despliegue comercial, etc.) pero esta no es comparable a la que pueden tener las fiestas locales más consolidadas. En este caso, que todos los participantes sostengan como ideología que el origen de la práctica debe ser externo y que la noche de las calabazas no forma parte del cuerpo de tradiciones locales ‘oficiales’ es probablemente el factor determinante en este proceso de falta de institucionalización. El resultado de estos dos mecanismos sociales es que la noche de las calabazas persiste a través de las generaciones con unos elementos mínimos (sostenidos en el entorno cultural más amplio) sobre los cuales cada grupo de iguales local puede y debe construir un guión específico para la realización de la celebración, dando lugar a la variabilidad y diferentes formas que pueden observarse en la actualidad.

Dicho esto, lo que también puede observarse es que en tiempos más recientes el guión ha experimentado cambios hacia una forma más elaborada, tal y como se describe en el segundo epígrafe del trabajo (lo que quizás podría considerarse otra forma de codificación) en la que se concentran y repiten más elementos. Pero en este caso, los mecanismos de influencia no parecen estar en los adultos o el entorno local sino en los medios de comunicación de masas y la cultura popular que importa desde entornos anglosajones al contexto conquense estos elementos -y, por tanto, a través de mecanismos más informales y sin participación directa de los adultos del entorno inmediato-. Este proceso invita a abrir una discusión más amplia sobre el papel de los medios de comunicación y la industria del entretenimiento y la publicidad en el desarrollo de la cultura infantil; tema sobre el cual se ha polemizado mucho y que sólo discutiremos brevemente para cerrar este trabajo.

Las discusiones en torno a la relación entre cultura popular y cultura infantil se han desarrollado en términos similares a los que abrieron este trabajo: en un extremo se minimiza el impacto de la cultura comercial infantil en los aspectos sustanciales de la actividad infantil y, en otro extremo, se sugiere que el impacto de la cultura popular es tal que determina la actividad infantil y desplaza de ésta cualquier práctica que no emerja de la producción comercial. Igualmente, ambas posturas son extremas pero, en la actualidad, hay cierta tendencia a acercarse más al segundo polo (e. g., McKendrick, Bradford y Fielder 2000). Un ejemplo de esto lo vemos en las propuestas recientes de Steinberg y Kincheloe (2000), enmarcadas dentro de los estudios culturales, que muestran convincentemente la capacidad que tiene la industria dirigida a la infancia actual para construir y presentar ideologías sociales muy articuladas. Sin embargo, no muestran con tanta claridad que estas se hayan hecho hegemónicas (ver Eckert y McConnell-Ginet 2003 para una discusión de las distinciones entre ideología y hegemonía) y se hayan incorporado directamente y en los mismos términos a la actividad práctica infantil. En nuestro caso, la noche de las calabazas claramente no es una copia o versión modificada de Halloween, sino que recoge y transforma elementos de este último para configurar un ritual propio con una organización y estructura social específica (y diferente a la de Halloween). Por tanto, parece que los niños y la niñas que se implican en este ritual tienen capacidad de actuación para seleccionar y transformar elementos del entorno (mediático y social inmediato) e igualmente generar sus propios recursos para llevar a cabo esta celebración.

 



Notas

1. ‘La noche de las calabazas’ es una etiqueta formal construida por nosotros a partir de una variedad de designaciones con las que el ritual ha sido nombrado por nuestros participantes en formas similares o más incompletas como: ‘lo de las calabazas’, ‘la noche de los santos’, ‘lo de Halloween’, ‘lo de pedir dinero con la calabaza’, etc.

2. Esta información ha sido recogida de los artículos electrónicos divulgativos Happy Halloween :
http://www.theholidayspot.com/halloween(descargado 21/10/2002)
y History and customs of Halloween:
http://wilstar.com/holidays/hallown2.htm(descargado 21/10/2002).

3. Las redacciones se escribieron en un papel preparado por la escuela para tal efecto (con líneas predeterminadas y un ‘marco’ en cada hoja). Las redacciones se presentan respetando la grafía, puntuación y gramática de los/as autores/as, así como la distribución ‘en renglones’-aunque este ultimo componente puede considerarse accidental-. Las líneas han sido numeradas por nosotros para facilitar su análisis.

4. Por ejemplo, con los niños y las niñas más pequeñas (como el caso de la hija del primer autor que tenía dos años y medio el año de la investigación), los adultos desempeñan un papel mucho más activo e incluso son responsables de garantizar que estos menores participen en el ritual. Sin embargo, en relación a los grupos de niños y niñas mayores con los que pueden integrarse, la participación de los niños más pequeños es mucho más periférica.

 



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Gazeta de Antropología