Gazeta de Antropología, 2003, 19, artículo 03 · http://hdl.handle.net/10481/7318 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 8 enero 2003    |    Aceptado 18 enero 2003    |    Publicado 2003-01
¿Cómo considerar la antropología una herramienta mediadora entre culturas?
How to consider Anthropology as mediating tool between cultures?



RESUMEN
Se presenta una perspectiva general y una breve reflexión de lo que la antropología social y cultural puede aportar al estudio de la globalización y su influencia en las culturas, más concretamente el papel que ésta puede tener en el llamado "diálogo entre culturas" como herramienta mediadora para el entendimiento. Todo ello a través de una serie de ideas concretas y claras, sin pretender exponer grandes teorías y debates sobre el tema.

ABSTRACT
Here, we present an overview and brief reflection on what both social and cultural anthropology can add to the study of globalization. Moreover, it has taken into account their influences on cultures and more specifically the role that Anthropology plays in the "dialogue between cultures" as a tool to reach an understanding. All this has been framed with some basic and clear ideas, without the intention of laying out great theories or sparking heated debates about this current subject.

PALABRAS CLAVE
diálogo intercultural | globalización | antropología aplicada
KEYWORDS
cross-cultural dialogue | globalization | applied anthropology


Mi intención es hacer una breve reflexión sobre lo que la antropología puede aportar en el llamado diálogo entre culturas; no pretendo exponer grandes teorías o debates sobre un tema tan actual como éste, sino contribuir con ideas y conceptos concretos y claros. Por lo que en primer lugar daré una visión general del panorama social del momento, apuntando los principales fenómenos que facilitan el contacto entre culturas; continuaré con una serie de conceptos, que nos pueden ser de utilidad para abordar cualquier investigación o intervención en el ámbito de la interculturalidad. Y por último una reflexión, a modo de conclusión sobre la cuestión.

Ante todo empezaremos con dos aspectos que nos sitúen en el terreno conceptual, para lo cual entenderemos, por una parte:

-Diálogo entre culturas, como la afirmación de la existencia de conjuntos culturales, cuya identidad, especificidad y lógica interna deben ser reconocidas, aun cuando nos sean ajenas y extrañas, de manera que posibilite establecer una comunicación fluida entre individuos de distintas culturas, creando, al mismo tiempo, una necesidad de conocer al Otro.

Y por otra:

-Multiculturalidad, como una combinación de las diversas experiencias culturales que intentan convivir en la comunicación y el entendimiento, e incluso al intercambio; no como una fragmentación de los espacios físicos y simbólicos culturales, ni como un melting-pot cultural a nivel mundial (“ciudadanos de un mundo unido” (Tourain 1997:11).Tampoco debemos de considerar como multiculturalismo, una mezcla de culturas que de lugar a un sincretismo.

 

Panorama general

Podemos decir que nos encontramos en un momento histórico y social en el que el contacto entre diferentes culturas es más habitual y posible que en otras épocas; ya sea por motivos tan diversos, como los económicos, que generan grandes movimientos migratorios; por la gran expansión del fenómeno turístico, o por los medios de comunicación.

Es cierto que estos hechos han tenido lugar a lo largo de los siglos de existencia de la humanidad, pero es ahora cuando su alcance es mayor, ayudado por el desarrollo tecnológico, que facilita la llegada de personas, mercancías e información a todos los lugares del planeta, aunque de manera desigual.

Esta situación modifica y altera modos de vida y culturas, que, si bien, siempre se encuentran en constante cambio y transformación, estas nuevas condiciones lo hacen de manera más brusca e inmediata, llevando a la utilización de la identidad y la etnicidad como defensa frente a la Otra cultura que se impone como dominante desde el exterior. No sintiéndose como un intercambio mutuo.

De aquí la necesidad de conocimiento y entendimiento entre Culturas, sobre todo si tenemos en cuenta los últimos acontecimientos acaecidos a nivel internacional.

Debemos aceptar que las culturas, más que nunca, no son entidades cerradas y separadas, sino medios de interacción entre los individuos que las componen. En toda cultura hay un cierto orden interno, que puede experimentar cambios por diversos motivos, entre ellos con la interacción de individuos de distintas culturas.

Estas situaciones pueden convertirse en mediadoras de cambio e intercambio cultural, si el contacto se realiza de manera adecuada, bajo los parámetros de conocimiento, respeto por el Otro, siempre de manera paulatina y progresiva. O por el contrario encontrarnos con una “sobreinnovación” (Kottak 2000: 104-108) (1) que de lugar controversias y desconfianza.

 

Dos fenómenos a tener en cuenta: las migraciones y turismo

Dos de los fenómenos considerados más importantes y que mayor cantidad de personas ponen en contacto, en el actual panorama mundial, son las migraciones y el turismo:

Las migraciones, que afecta a gran cantidad de personas y territorios; siendo los factores económicos (globalización del sistema capitalista), los que generan grandes desplazamientos desde los países menos desarrollados económica y tecnológicamente, caracterizados por situaciones políticas y sociales de inestabilidad e inseguridad; hacia los llamados del primer mundo, con más y mejores infraestructuras y con una mayor seguridad política y social.

El otro de los fenómenos que facilitan estos movimientos poblacionales es el turismo. Considerémoslo como un tipo de migración estacional, con unas características muy peculiares.

Es una de las formas de desplazamiento poblacional más importantes de nuestro tiempo. Su desarrollo y expansión se han visto impulsados por los grandes avances en los medios de transporte, y el cambio en la estructura socioeconómica, que ha permitido la ampliación del tiempo libre y las vacaciones (remuneradas) a estamentos sociales que no tenían acceso a ellas. Facilitando los viajes y creando en torno a este fenómeno una serie de infraestructuras dirigidas al turista y al disfrute del tiempo de ocio.

Sea como fuere, en ambas situaciones se produce un contacto entre personas de diferentes culturas que:

 

Caso del turismo

En el caso del turismo será temporal y esporádico, incluso ficticio, pues al turista se le muestra sólo una parte de la cultura, la escenificada y representada según unos estereotipos establecidos por las empresas de viajes (o tour operadores), y buscados por los propios turistas. Produciéndose una perdida de significado original de la cultura visitada.

Por otro lado, el turista se desprende de parte de su cultura de origen, llevando al lugar de destino su propio estereotipo, una representación del “prototipo de turista” y de la cultura a la que procede.

Por ello, esta situación no la podemos considerar como un verdadero intercambio cultural que enriquezca a ambas partes.

Si nos aproximarnos al fenómeno turístico, para empezar, lo interesante sería saber cómo nos ven esos Otros, los turistas, y poder observar cual es la visión que del lugar de destino turístico tienen, qué imagen se les vende sobre ese país que visitan (gentes, cultura, medioambiente, etc…) y cómo esto afecta y modifica la propia identidad del lugar visitado.

Un ejemplo cercano lo tenemos con el gran boom turístico de España en los años 1960, que llevó a nuestro país a ser el foco de recepción de turistas por excelencia en Europa.

Se caracterizó por una serie de campañas publicitarias en el extranjero, de manos de tour operadores procedentes de países desarrollados de Europa y del propio Gobierno en el poder en aquel momento; que dieron lugar a una estereotipación del mismo (la España del sol, la playa, la paella, el torero y la bailaora).

Esto se acompañó además de un desarrollo urbanístico no planificado, en manos de empresas extranjeras, que se embolsaban, al igual que los tour operadores, la mayor parte de los beneficios económicos generados.

Estas actuaciones tuvieron a la larga consecuencias ambientales, sociales y culturales, negativas que todavía estamos tratando de subsanar en las zonas turísticas costeras españolas (principalmente del Levante y Andalucía).

Como muestra de ello expondré uno de los “productos subculturales” (Gaviria 1974:266-270) El tentadero (2), que por la primera época de expansión turística se vendía a los extranjeros como una de las fiestas tradicionales.

Esto puede darnos una idea del alcance y significación que la manipulación económica tiene sobre una cultura, cuando sólo se tienen en cuenta los fines lucrativos de una de la partes implicada en el fenómeno.

El tentadero es un espectáculo que quiere ocultar al turista una imagen real de lo que son los toros, a través de la diversión que supone el torear o ver cómo otros del público lo hacen…”

(..) Van llegando autobuses, y en la entrada de la minúscula plaza de toros, propiedad de un tal Paco,(..) se va apelotonando la gente (..).

El comienzo es informal: se pide a caballeros y señoras voluntarios que desciendan a la plaza para entrenarse; uno de los empleados de la plaza coge una cabeza con dos cuernos y hace de toro, intentando cornear al aprendiz y provocando las risas del espectador. (..) reparten seis o siete capas al azar (..) todos se retiran (..) y se abre el toril. Sale a toda velocidad, y ahí está Paco para pegarle los primeros pases. Un turista se hace el valiente: en seguida se revuelca por el suelo. Hasta que la vaquilla no está bien fatigada es casi imposible ver un buen pase a cargo de un turista, dado su modo deficiente de colocarse y la manera como agarra la capa (..). de tanto en tanto, para dar emoción, se hace penetrar al toro en el callejón (..) y cuando menos se espera se hace entrar de nuevo al toro en la arena.(..)….Y cansado ya el torillo, llega el turno para las mujeres. Paco las coge de una en una, les da un trocito de la capa y torean al limón, haciendo pasar al torillo por debajo (..) Paco asusta a la que había toreado con un grito: “¡Qué viene el toro!”, y ella sale corriendo, provocando risas.

(..) El tercer toro cuya actuación está basada en el puro divertimento. Para empezar, se sitúa en un agujero que está en el centro de la plaza una especie de balanza (…). Dos valerosos jóvenes se situarán en cada extremo e irán subiendo y bajando según que el torillo vaya a por uno o a por otro (..). enseguida llega el turno para cinco o seis voluntarios que hacen lo que pueden (..). es el jolgorio de fin de fiesta. (..) Paco elegirá al más valiente (..) y ala chica más torera (..). premios para ellos: alquiler gratis de un coche durante veinticuatro horas, entrada a los toros del domingo-los de verdad-para dos personas gratis, ramo de flores con prolongado beso de turno, etc.

Y llega el final de fiesta: tres números de baile flamenco (..).

Tarde de toros, tarde de diversión, tarde de flamenco, tarde de cierta humillación (atribución de un papel secundario) a la mujer, tarde del folklore y conocimiento de la “fiesta popular”..: ¿es esto el tentadero? En realidad, aparte del precio caro y algunos detalles ridículos…., las vaquillas divierten y el turista se puede hacer una idea aproximada de lo es una charlotada.

Pero esta estereotipación se produce en los dos sentidos, también los autóctonos mitifican al turista, lo ven como emblema de desarrollo y modernidad, por lo que en la mayoría de las ocasiones imitaran su conducta.

Conducta que por otra parte difiere mucho de la que realmente estas personas puedan tener en su país de origen y en su vida cotidiana. Puesto que el invitado se encuentra en una situación excepcional, en un lugar y espacio diferente, de fiesta, de descanso, de ocio, en resumen de liberación de la rutina diaria; la conducta varía, adoptando un nuevo papel: el de turista; a pesar que lleve consigo parte de su cultura de origen, ésta no se manifiesta totalmente.

Un ejemplo ilustrativo de la imitación, nos lo da Costa-Pau (1966: 56), en su libro Turistes, sirenes i gent del pàis:

Ah duien unes sandàlies de plàstic lleugeríssimes i d’un color blanquissím……Molta gent del pàis s’enamoraria d’aquelles sandàlies. Nosaltres no en fabricàrem, de plàstic. Corrues de gent se n’anaven a comprar unes de plástic a Perpinyá.

Ah llevaban unas sandalias de plástico ligerísimas y de un color blanquísimo……Mucha gente del país se enamoró de aquellas sandalias. Nosotros no las fabricábamos de plástico. Hileras de gente iban a comprar unas de plástico a Perpiñán.

Es posible que el ejemplo sea muy simple pero puede ser ilustrativo, si los autóctonos imitan algo tan sencillo como unas sandalias de plástico, que pasan a ser consideradas como algo especial por llevarlas los turistas extranjeros, qué no puede impactar y ser mitificado a nivel de otro tipo de conductas individuales y colectivas más complejas.

Actualmente, podemos ver como la misma situación se está produciendo en países llamados del Tercer Mundo, incluso en zonas rurales de países desarrollados, que ponen todas sus esperanzas de subsistencia y adaptación al sistema económico mundial, en el turismo.

Si no queremos que se vuelvan a reproducir situaciones como las antes expuestas, debemos de considerar la existencia de un sentimiento común en los países y zonas receptores de turistas: el de preservar su identidad, pero al mismo tiempo sacar provecho de ella, mostrándolo al visitante; esto se puede conseguir con un acercamiento más exhaustivo y serio a las culturas, dejándolas que tomen parte activamente, en este proceso de “desarrollo”, junto con todos los agentes interesados en el negocio (políticos locales, empresarios locales y extranjeros, tour operadores, asociaciones, ciudadanos autóctonos y turistas), evitando lo que al principio llamaba como sobreinnovación.

Con ello sería posible evitar o corregir, todo aquello que desde años se ha venido mitificando y utilizando como reclamo publicitario, y que en realidad es una distorsión que menoscaba la realidad cultural, social y medioambiental del lugar; nos permitiría al mismo tiempo redescubrir nuestras identidades culturales y las de los demás, creándose así un verdadero diálogo entre culturas y evitando el maldesarrollo (3).

 

Caso de las migraciones

Y en el caso de las migraciones la estancia de las personas es permanente en un territorio, que no es el suyo de procedencia, lo cual da lugar a un contacto más directo y prolongado entre la cultura receptora y la de origen.

La novedad actual es que Europa se encuentra en el papel de receptora de inmigrantes, a diferencia de épocas pasadas en las que los generaba.

Será después de la II Guerra Mundial, cuando los países industrializados comienzan a necesitar mano de obra para impulsar su crecimiento económico, por lo que se comience a permitir la entrada de trabajadores provenientes de otros países, sólo de forma temporal, serán los llamados: trabajadores invitados; al menos en un principio, pues en la mayoría de las ocasiones se convertirán en residentes estables, no por ello considerados como ciudadanos con los mismos derechos civiles y sociales que los autóctonos.

Debemos de recordar que por esta causa, y por la situación político-económica de España, durante los años 50 y 60 del siglo XX, muchos españoles, aproximadamente unos dos millones emigraron a países europeos del norte en busca de mejores condiciones de vida.

La realidad ha cambiado, y desde los años 80 en adelante, nuestro país (tras un largo proceso de desarrollo económico y político, en el cual también se ha visto implicada la inmigración interior), es el que se ha convertido en receptor de inmigrantes, procedentes de países diversos, algunos de ellos antiguas colonias de Latinoamérica, a las que muchos antepasados nuestros emigraron en busca de fortuna; y de otros países desfavorecidos de África y el Este de Europa.

Dejando de lado la inmigración interior, menos problemática en el sentido de integración sociocultural; podemos decir que los inmigrantes se encuentran con una barrera, que les impide formar parte con pleno derecho de la sociedad a la que se incorporan.

Ésta nueva situación está generando una serie de realidades sociales, como “un nuevo estrato social, compuesto por los inmigrantes, caracterizado por un bajo nivel socioeconómico, malas condiciones de vida y falta de derechos civiles y políticos (..) que da lugar a un mercado de trabajo segmentado en el que existe una dualidad entre dos grupos, inmigrantes y nacionales, que generalmente no compiten entre sí (..) pues los inmigrantes ocupan los puestos que van dejando vacantes los autóctonos cuando ascienden” (Álvarez Dorronsolo 1994: 26).

Y otras dificultades de este colectivo a la hora de acceder a cuestiones tan fundamentales como la vivienda, la educación y formación profesional o los servicios sanitarios y sociales.

Al igual que en el caso del turismo, debemos de hacer frente a estas situaciones desde los distintos sectores implicados, autoridades, los autóctonos y a los inmigrantes, favoreciendo así el diálogo y la comprensión.

Es muy importante conocer las condiciones de los países de origen de los inmigrantes, que situaciones les han llevado a la emigración, cuales son sus costumbres y formas de vida, con que dificultades se encuentran para desarrollar esa cotidianidad en los países receptores, como se adecuan a ellos. Y no menos importante introducirlos en nuestros costumbres, darles a conocer y entender el nuevo entorno en el que han de desenvolverse.

Algunas entidades y asociaciones de carácter local y vecinal están llevando a cabo actividades de acercamiento entre inmigrantes y autóctonos. Son pequeños contactos en los que se intenta facilitar el conocimiento entre ambas partes (reuniones donde unos y otros cuentan sus experiencias de vida; cursos de cocina internacional; jornadas de convivencia, etc); es una forma más de comenzar a conocerse y convivir (4).

El flujo de población en ambos casos es a la inversa:

En las migraciones, los ciudadanos de países menos desarrollados buscan establecerse en los países del llamado primer mundo, con la finalidad de encontrar una oportunidad laboral que les permita una mejora en su calidad de vida, impulsados por las circunstancias desfavorables que sufren en sus países.

Mientras que con el turismo, los ciudadanos de los países más desarrollados buscan, de manera temporal, ese tópico exótico de los países menos desarrollados, un descanso a su ajetreada vida laboral y una nueva experiencia que enriquezca su vida cotidiana.

En los dos podemos apreciar la búsqueda de un ideal, una especie de “paraíso prometido” al que llegar y donde poder materializar todas nuestras aspiraciones a nivel personal, hacer realidad o experimentar (en el caso del turismo por un periodo de tiempo más limitado) una “vida mejor”, y en la mayoría de las ocasiones un reconocimiento social, una reafirmación o mejora en el status.

También, en ambos casos se engendra un contacto entre culturas, en un territorio cuya identidad se supone diferente a la población recibida. Esta alteridad es el complemento necesario para determinar quiénes somos y quiénes son los Otros, (somos lo que no son los Otros).

 

Globalización, glocalización y diálogo entre culturas

Las situaciones antes expuestas son, pues, modos de poner en contacto culturas diversas, y por lo tanto una forma más de generar cambios socioculturales.

El caso de la globalización económica nos pone de manifiesto muchas de estas situaciones en las que el intento de homogeneización económica tiene como consecuencia una desestructuración sociocultural y pérdida de identidad bruscas, en favor de las nuevas influencias culturales procedentes de occidente.

Debemos de tener en cuenta que estos cambios a pesar de ser interiorizados y resignificados en cada uno de los territorios, no son siempre bien venidos y entendidos por los nuevos receptores, lo que forja discrepancias, resistencias y de nuevo refuerza estereotipos sobre los Otros.

Este fenómeno lo encontraremos materializado en dos direcciones, tanto en los emisores como los receptores de turistas, los inmigrantes y sobre los autóctonos que los reciben.

Además, crea un conflicto cuya base es el desconocimiento del Otro y de su cultura, lo que podríamos llamar “nuevo racismo” (Álvarez Dorronsolo 1994: 43) en el cual queda desfasada la argumentación de la raza o etnia, desde el punto de vista biológico, pasando a enfatizar la preservación de la cultura, frente a la amenaza de lo nuevo o extraño que viene, con el inmigrante, el turista, o a través de otros medios de comunicación, y que pueden significar la destrucción de la identidad cultural.

La producción de estereotipos y prejuicios se ve servida ante esta situación de desconocimiento mutuo. Estos llegan a convertirse en “verdades” o “realidades”, utilizadas como forma de discriminación, o de explotación (principalmente económica como ocurre en el caso del turismo) de la cultura propia o ajena.

Ante esto parece que el diálogo entre culturas se torna cada vez más necesario, puesto que con lo anteriormente expuesto, queda patente que nos encontramos en un mundo en el que la globalización económica nos obliga a compartir, no solamente espacios físicos, sino también espacios simbólicos, que mal interpretados y entendidos dan lugar al desencuentro (5).

Esta homogeneización global y cultural la podemos ver en el día a día, donde vayas puedes encontrar aspectos comunes, e incluso me atrevería a decir que en ocasiones nos hallamos en espacios carentes de identidad propia, o como bien apuntaba Marc Augé (1993) en su obra Los “no lugares”, espacios del anonimato; quién no ha viajado y se ha encontrado en lugares tan similares que ha pensado que realmente no se ha movido de su ciudad.

Isidoro Moreno nos da una herramienta interesante para comenzar a enfocar el trabajo de acercamiento y conocimiento de las culturas inmersas en esta vorágine, la glocalización (Moreno 2001: no publicado) (6), lo que hay de global en lo local, un pequeño punto de conexión entre culturas, , y que no puede, a su pesar, escapar a la identidad del lugar donde se implanta, puesto que lo local no es lo global a escala pequeña, sino que son dos dimensiones entrelazadas (Moreno 2001: no publicado) que se influyen mutuamente de manera continua.

Así que lo que nos interesará será lo global adoptado en la realidad local, cómo ésta lo transforma y ajusta a su identidad cultural, para ser entendido, aceptado e incluido en su cultura, a través de un proceso de resignificaciones.

Pero tener en cuenta estos conceptos de multiculturalidad, globalización, glocalización, resignificación, identidad, sobreinnovación, maldesarrolloy desencuentro es tan sólo el principio del hilo de donde hay que empezar a tirar para investigar e intervenir en el diálogo entre culturas.

 

Conclusiones

Ante un mundo que está abriendo sus puertas, donde las fronteras parecen que se van diluyendo, donde los contactos entre culturas son más habituales, encontramos posturas defensivas frente a esta situación.

El sentimiento de amenaza de la perdida de identidad se acrecienta con estos continuos contactos, y con el intento de imposición desde occidente, de una política económica mundial regida por la idea de homogeneización cultural, que permita aumentar el mercado y las ventas de productos seriados, sustituyendo y apoderándose de los tradicionales, en este último caso con la intención de comercializarlos y obtener un beneficio meramente económico, sin tener en cuenta otros factores socioculturales.

Por otra parte, el desconocimiento del Otro, la estereotipación que esta situación genera es un hecho, una barrera que hay que salvar, para evitar consecuencias mayores, como el resurgimiento de nacionalismos extremos e ideales (religiosos, políticos) radicales, que llegan a deformar la realidad social y cultural de un territorio, llevando a la xenofobia, el aislamiento, la violencia e incluso la destrucción de culturas a través de las guerras y del terrorismo.

No tenemos más que asomarnos a los diversos medios de comunicación y prestar atención a las noticias que día a día nos muestran, para darnos cuenta de cómo reproducimos repetitivamente las mismas pautas de comportamiento que se han venido teniendo a lo largo de la Historia. Deberíamos remitirnos más asiduamente a ella para aprender de los errores cometidos, y para evitar volver a cometerlos.

Parecen fáciles las respuestas a la realidad presente, pero el trabajo que se nos plantea el diálogo entre culturas es un camino largo y no exento de dificultades, pero no por ello imposible.

La Antropología tiene mucho que aportar en este terreno. Desde una perspectiva holística, utilizando los conceptos antes expuestos, (y como no, todos aquellos otros que nos puedan ser de ayuda), pero ante todo, implicando y haciendo partícipes a todas las partes involucradas; podremos encauzarlo, favoreciendo y facilitando el entendimiento y el acercamiento intercultural, ampliando el espacio para la reflexión y dejando de lado la enorme cantidad de prejuicios y estereotipos (de los que ninguno estamos libres) a la hora de abordar cualquier cuestión relacionada con la interculturalidad o simplemente en nuestra vida diaria.

El rumbo de los acontecimientos políticos, sociales y económicos hace inevitable el contacto cada vez en mayor número e intensidad entre grupos culturales, podríamos hacer que éste fuese menos traumático y más positivo para todos, permitiendo el conocimiento de las similitudes entre culturas y profundizando en las diferencias. Similitudes que nos acerquen y diferencias que nos enriquezcan. Posibilitando de esta forma una convivencia en el respeto y la tolerancia.

 



Notas

(1) Término utilizado por Conrad Phillip Kottak en su artículo 2000 “Cultura y desarrollo económico”, en Andreu Viola (comp.), Antropología del desarrollo. Teorías y estudios etnográficos en América Latina. Barcelona, Piados Studio: 103-126. En éste hace referencia a la introducción de nuevos sistemas de producción, a través de proyectos de desarrollo elaborados desde países desarrollados, en los que no se tiene en cuenta a los beneficiarios, sus formas culturales, así como las repercusiones que pueden tener estos cambios drásticos en sus vidas cotidianas y en su estructura sociocultural. Digamos que se la imposición de sistema cultural sobre otro, sin medir las consecuencias de este tipo de acciones.

(2) Ésta es sólo una de las muchas pseudo-fiestas typical spanish, que se vendían a los turistas durante los años 1960 en las zonas costeras. Otras también relatadas en el libro de Mario Gaviria, y dignas de leer, son: “La barbacoa” y “Donkey ride” (o montar en burro).

(3) Entendiendo maldesarrollo, como la forma en que se proyecta y lleva a cabo el desarrollo, en sus diversos aspectos, pero sin tener en cuenta a todos los agentes de la sociedad y cultura en la que se va a aplicar dicho proyecto, así como los costes y efectos que ello conlleva.

(4) Actividades habituales realizadas durante el año 2001-2002 por Asociación Futuro de la Mujer en Alicante (reuniones y cursos de cocina) y por Elche Acoge, en Elche (jornadas de convivencia).

(5) Utilizo este término porque creo que se ajusta a lo que podemos pensar como hostilidad entre culturas que se ven “obligadas por diversas circunstancias a interactuar”. Podríamos considerarlo como un encuentro desafortunado, que genera conflictos.

(6) Mezcla entre global y local, es la unión entre los ambos, es un constructo nuevo que nos puede ayudar, no sólo a entender mejor el fenómeno globalizador, sino a abordarlo desde una perspectiva totalmente innovadora, más allá del ya conocido “piensa globalmente, actúa localmente”.

 



Bibliografía

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