Gazeta de Antropología, 2003, 19, artículo 05 · http://hdl.handle.net/10481/7320 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 7 enero 2003    |    Aceptado 14 febrero 2003    |    Publicado 2003-03
Antropología y comunicación: gen.O. Miseria espectacular y cambio generacional en la era digital
Anthropology and communication: gen.O. Spectacular misery and generational change in digital age



RESUMEN
Los cambios tecnológicos, político-económicos y sociales de finales del siglo XX han repercutido en nuevas formas de cultura juvenil. A partir de la crítica de los situacionistas (y en especial Debord) a la sociedad del espectáculo, desde la antropología de la comunicación aquí se examinan los que parecen ser rasgos definitorios de la aparición de una generación transformadora: la gen.0, primera de la era digital y sucesora de la del 68.

ABSTRACT
The technological, political and social changes at the end of the 20th century have affected new models of culture among young people. We will study distinctive features of a new transforming generation, starting from the Anthropology of communication, considering the criticism of the society of spectacle offered by the situationists (particularly Debord). Concretely, we will analyse the gen.0, which is the first of the digital age and the heir of the 68th generation.

PALABRAS CLAVE
cultura juvenil | sociedad del espectáculo | comunicación | era digital
KEYWORDS
youth culture | society of spectacle | communication | digital age


A partir de la última década del siglo XX se ha impuesto un nuevo imaginario social con su correspondiente sistema de valores, basado en la neotecnológica utopía del progreso (cuya fragilidad se evidenció tras la catástrofe terrorista del 11-9-01), siendo sus máximos logros comunicativos la instantaneidad e interactividad que aportan lo digital, internet y la telefonía móvil. Una reducida parte de la humanidad (los info-ricos) convive en el ciberespacio y la realidad virtual. Vivimos en la era digital, que está remodelando las sociedades industrializadas, y bajo el arrastre de la globalización neoliberal, las dependientes culturas autóctonas, en vías de extinción. En tal contexto mundial, marcado por la hegemonía de un imperio belicista, apenas contestado por escasos países, ¿puede hablarse de la emergencia de una nueva franja generacional diferenciada?

Se trataría de la primera generación digital, crecida cuando se confunden la realidad y su representación virtual, y cuando las pantallas comparten funciones de trabajo y ocio. Dominan las formas de la (in)comunicación espectacular y del comprimido lenguaje cibernético, con sus chats y mensajes cifrados, y la expansión de los grupos conectados por telefonía celular (1), hacia los que está surgiendo cierta adicción. Por todo la geografía española se han expandido nuevos modos de comunicación juvenil: las tecno-fiestas rave resistidas a base de estimulantes sintéticos y los botellonesque se han apoderado de la vida nocturna en los espacios urbanos, hasta ser objeto de una legislación represiva que es dudoso consiga suprimirlos.

Las mundiales protestas antiglobalización poseen un referente en los foros sociales de amplia base, que de acuerdo con el espíritu de Porto Alegrepropugnan que “otro mundo es posible”, mientras que se desarrollan nuevos métodos de resistencia, basados en experiencias autónomas y sustitución de las tradicionales vías políticas, con la oposición a la guerra por el petróleo de Irak como aglutinante, además del mestizaje de artes y formas culturales. En el contexto español, para asombro de los desprevenidos analistas mediáticos, esta influencia se ha reflejado en las movilizaciones del 2001 contra la reforma autoritaria de las universidades (donde se revivió el casi olvidado espíritu asambleario) y la colaboración de los voluntarios para combatir la marea negra causada por el chapapote del Prestige desde finales del 2002.

Se perciben rasgos definitorios de la vanguardia de una generación nacida después de 1968 y que ha sido alfabetizada con vídeo-clips musicales: la que llaman gener@tion e, net o web y también podemos denominar gen.0, aludiendo no sólo a la numeración del nuevo siglo, los programas informáticos y el descubrimiento del genoma humano, sino también al piercing o agujeros en el cuerpo como marca identificatoria (junto a los tatuajes, expresiones ambas de neoprimitivismo), conscientes de la existencia de los todopoderosos agujeros negros espaciales y los incontenibles agujeros de ozono atmosféricos. Además de estar poco valorados, ignorantes en cultura clásica y sin abandonar el hogar (pero dominando la vida nocturna y el lenguaje cibernético) y considerados como un apático cero, incapaz de ilusionarse.

Quizás, las ideas-fuerza dominantes en esta nueva franja generacional de los agujeros y su símbolo el 0, podrían sintetizarse, como lejano eco, en la oposición estructural entre los eufóricos (síndrome Gates: se puede ser millonario en la veintena; nunca se han consumido más espectáculos) y los rebeldes (antiglobales, ecologistas, las ONG, insumisos, okupas, hip-hops, hackers).

 

La sucesión generacional

Desde lejanos tiempos, el macro-cómputo del tiempo se medía por el paso de las generaciones. Ya los antiguos egipcios establecieron la generación humana como unidad de la cronología histórica (unos 100 años cada 3 de ellas), lo que se acepta en Grecia y convierte en tópico. Como problema científico, lo inaugura Comte, al que sigue Stuart Mill. En 1933, Ortega y Gasset elaboró una teoría general de las generaciones, resaltando que el ámbito de actuación de cada generación son unos 30 años, divididos en dos etapas de 15: en la primera, en lucha por imponer sus ideas, preferencias y gustos; y en la segunda, dominando y defendiéndose contra la generación siguiente. Llamó generación decisiva a aquella que por primera vez piensa los nuevos pensamientos, con plena claridad y posesión de su sentido (2). Por otro lado, Dilthey insistió en la relación de contemporaneidad, definiendo la generación como “un grupo coetáneo y un hecho catalizador”. ?Cuáles podrían ser tanto el hecho catalizador como la orteguiana variación de la sensibilidad vital que ha marcado a la última reconocida generación decisiva, “la del 68″, cuyos cincuentones sobrevivientes dominan hoy el mundo? En respuesta, podría situarse en primer término la guerra del Vietnam, en cuyo rechazo se produjo una movilización juvenil intercontinental, desde Berkeley a Tokio y desde Pekín a Praga y México; con su efímera revolución del Mayo de París, donde habían convergido las disidencias y fue favorecida por la cobertura informativa que se daba a las negociaciones de paz entre EE UU y Vietnam. Luego, como cambios de sensibilidad colectiva, la liberación sexual propiciada por el uso de la píldora anticonceptiva, que también barrió con la moral del matrimonio y la célula familiar; el rechazo de los sistemas políticos imperantes y su sustitución por las comunas antiautoritarias; en contraste con los supuestos paseos por la luna, el vagabundeo o viaje al azar; disfrutar con el mínimo de dinero; abandonar el despacho urbano por el entorno natural; el rock, las melenas y ropa de colores; la psicodelia y los alucinógenos; los nuevos roles sexuales y la reivindicación de las diferencias; la autoafirmación de las minorías étnicas y la descolonización; todo ello impulsando una contracultura, con el arte pop, comics freaks, fotomontajes y cine experimental.

Los veinteañeros de entonces surgieron del baby boom posterior a la II Guerra Mundial, y convivieron tanto con la amenaza del arma total (el infernal hongo atómico) como con la hipnotizante televisión que estaba resquebrajando la comunicación familiar, cuando se imponía la sociedad de consumo. Entre ellos se incluyen los dos que se han relevado en el cargo de kosmokrator en la Casa Blanca de Washington, y que cuentan 57 años actualmente. A este respecto, es reseñable la larga campaña mediática de desprestigio contra los del 68, insistiendo en “su integración al sistema y su estatus de poder”, aunque la semejanza entre G. W. Bush y un ex-hippie californiano que siga dedicándose a la artesanía, sea haber compartido el mismo tiempo y acontecimientos, pero con rumbos vitales opuestos.

A inicios del III Milenio, ?se encuentran suficientes nuevas situaciones culturales y respuestas a ellas, como para configurar una nueva generación motriz, que relevará a la del 68 con mayor repercusión que los yuppiesde la posmodernidad light y la efímera y consumista generación X?

 

La crítica situacionista

La sociedad del espectáculo que se impuso en la década de los sesenta, tuvo uno de sus más ácidos críticos en el parisino Guy Debord, fundador y animador de la Internacional Situacionista (1957-72), quien inspirándose en Lukács tendría más influencia en las ideas del 68que el por entonces desconocido Marcuse, y se suicidó en 1994, con 62 años. Uno de sus últimos escritos (1990) son comentarios a su film testamentario, al que puso el rebuscado título de In girum imus nocte et consummimur igni (3), donde exponía que “éramos la gente del cambio ante tiempos que estaban cambiando” y denunciaba “el sistema de las mentiras dominantes [...] en los tiempos de la mercancía descompuesta [...] con el carácter ilusorio de las riquezas que pretende distribuir la sociedad actual”, planteando la posible resistencia. De hecho, las tendencias del imperialismo cultural con su reino irresponsable de la mercancía, y su rol de mediación en las relaciones sociales, que denunciara en 1967, seguían vigentes, pero además se había reforzado “el monstruo falsificador”, con ayuda del consenso engañoso y los intelectuales al servicio del sistema, hasta el punto que “por primera vez en Europa contemporánea, ningún partido ni siquiera pretende que trataría de cambiar algún aspecto relevante”. Ante el sólido sistema de ilusiones del capitalismo, separados unos de otros por la incesante competición y por el consumo ostentoso de la nada, se había alcanzado la sociedad del espectáculo integrado, compartiendo así su esencia.

En sus comentarios de 1990, Debord actualiza su visión crítica sobre “el siglo de las contrarrevoluciones y de los progresos de la esclavitud”, bajo los “métodos de gobierno democrático-espectacular” y el despilfarro que nos ha sumido en la gran cloaca, cuando “las desgracias accidentales de la contaminación, de hecho son necesidades lógicas”, y como nueva necesidad, “había que amar el video-clip”.

Desde 1990, parece constatable que el mundo se ha transformado: 6.000 millones de humanos (de los que el 20% ganan menos de $1 diario y 800 millones pasan hambre: la fractura digital es informativa y económica), victoria de la Otan sobre el Pacto de Varsovia, fusiones y red de oligopolios, el culto a la tecnología, el espejismo de las puntocom y los beneficios bursátiles, internet como paraíso, la ingeniería genética, la clonación, la viagra, los multisistemas comunicacionales, los medios de transporte de alta velocidad, el poder del mando a distancia, los hipermercados, la capacidad de persuasión de las grandes marcas, los atascos urbanos, el sedentarismo, las casas inteligentes, las emociones sentidas por delegación, el déficit de representación de la clase política, los semanales partidos del siglo, el DVD, los personajes virtuales,… Parecen dadas las condiciones de un nuevo entorno cultural y ecológico, con la parte rica del planeta (envejecida y con bajísima tasa de natalidad) inmersa en una burbuja de prosperidad y contaminado ocio pasivo, mientras que a su lado se suceden catástrofes bélicas y naturales, que causan oleadas de emigrantes tratando de escapar a la miseria. Y aún permanece el esclavismo en varios países: concretándonos a Sudán, se venden esclavos por 7.000 ptas.

La sucesión de las eras históricas se ha acelerado. A la era industrialhan seguido la atómica y la espacial, y la actual eradigital desde un punto de vista pesimista bien se podría catalogar como tóxica, dada la importancia adquirida por la contaminación, alimentos cancerígenos, alergias, bacterias mutantes y virus asesinos (ahora sabemos que el 3% de nuestros genes son retrovirus) naturales o creados en laboratorio, que suscitan cierta sicosis de terror.

Podemos percibir una doble dimensión en nuestra reciente era de la apoteosis comunicativa, donde se ha creado un nuevo imaginario (4) y obtenemos la realización virtual de nuestro impulso escópico, pero no podemos ni procesar ni creernos toda la avalancha informativa con su correspondiente dosis de manipulación. Los científicos están desbordados por las investigaciones en su propio campo de conocimiento. En cuanto al ciudadano como consumidor de información, la servidumbre mediática hacia sus amos financieros le abastece de prefabricadas noticias que sirven para modelar la sociedad bajo el espectáculo de la política binaria: ejercerá su pasivo simulacro de poder al elegir gobernantes entre opciones casi intercambiables, y al opinar en las miniencuestas mediáticas de escaso valor sociológico. Por otro lado, en nuestra sociedad neoliberal de mercado, el control estatal es cada vez más intenso, y adopta con eficacia camuflajes ideológicos, como en el concepto de guerra humanitaria, y atribuirse la “defensa de las libertades” gobiernos que reprimen la disidencia activa y experiencias radicales. En cuanto a las libertades civiles, aparte del ya conocido espionaje de internet por Echelon y las legislaciones restrictivas de las páginas web, la guerra mundial contra Al Qaeda está creando una estructura policíaca que es muy probable permanezca cuando pase la hora de las “medidas extraordinarias”.

 

Algunos recientes cambios negativos

Prescindamos ahora de los indudables beneficios que aporta nuestra nueva sociedad de la comodidad, longevidad e hipercomunicación, ya que abundan los profetas de la felicidad virtual (filtrada por los programadores), que se olvidan de la calidad de vida real, la de nuestro organismo animal, sujeto a “la catástrofe de sus sentidos” (Débord). Centrémonos pues en los inconvenientes.

Debido a la tecnocomplejidad, creemos sin entender, con alumnos que dominan la cibertecnología más que sus profesores. En el actual sistema neoliberal, la lógica del beneficio y la competencia convierten los usos tecnológicos en usos de dominación y de guerra, y la función a la que se dedica la mayor parte de los presupuestos en investigación aplicada, es la capacidad de destrucción (5).

La disgregación del imperio soviético ha repercutido en la adopción por Rusia del capitalismo salvaje, con una orgía de consumo para las mafias y ex cargos de la nomenklatura, que ya controlan la mayoría de las transacciones comerciales y la banca, y lo mejor de la economía estatal privatizada en la última década. Y este puede ser la vía que sigan las burocracias maoísta y de otros países ex-comunistas.

La insensatez ecológica: libertad para el derroche de energía. Los EE UU emiten el 25% del CO2 mundial y no aceptan reducirlo, lo que unido al acelerado desarrollo de China, no parece que vaya a frenar el calentamiento atmosférico que para muchos científicos es responsable del cambio climático.

Los espejismos monetarios, desde el consumista, con el milagroso dinero de plástico, al del rápido enriquecimiento invirtiendo en bolsa. En España, a mediados del 2001 los ahorros familiares poseían 68 billones de pesetas en acciones, algo más de un tercio de su riqueza financiera, habiéndose duplicado desde 1994 su adquisición de valores bursátiles (datos del Banco de España). Pero a los gurús financieros no parece afectarles la iniciada recesión.

La represión de minorías étnicas por estados aliados del promotor del nuevo orden mundial, que se aceptan como contrapartida por su apoyo activo. Por otro lado, la extensión de los fanatismos nacionalistas con el uso del terrorismo indiscriminado favorecen las estrategias represivas.

La publicidad contrata a los realizadores de cine y se apropia de los experimentos vanguardistas para convertir sus spots en imaginativas ficciones, elevando el reino de las marcas mercantiles a la esfera onírica.

La obesidad, enfermedad del 25% de la población de los países desarrollados, donde el colesterol comparte efectos dañinos con la anorexia de las adolescentes.

En el Vaticano tiene gran influencia el muy conservador Opus Dei, mientras los musulmanes integristas suprimen los derechos de las mujeres. También se multiplican las iglesias, sectas y grupos semirreligiosos: posible respuesta al vacío existencial, problemas psiquiátricos e insomnio crónicos.

El rebrote de los moralismos, favorecidos por la plaga del SIDA y la “terapeútica” disminución de las relaciones sexuales casuales.

Los reiterados escándalos de corrupción de altos cargos, en todos los regímenes, sin que la justicia internacional pueda actuar eficazmente.

Sucesión casi dinástica en estados de sistemas políticos opuestos, desde los Bush hasta Corea del Norte y Cuba, mientras en la Bulgaria exsocialista eligieron para primer ministro de la república a su derrocado monarca.

El éxito de chicos de 15 años empresarios en Internet y el auge del teletrabajo, cuando están la jubilación amenazada y los sindicatos languidecen.

La espectacularización de los rituales, desde los fastos del recibimiento al nuevo milenio hasta las competiciones deportivas y entregas de premios.

Los ídolos televisivos de las casas-cárcel de la Internacional Gran Hermano, que ha instaurado un tipo de concurso con éxito asegurado dentro de nuestras hipercompetitivas sociedades (6).

El auge de los video-juegos (convertidos en el gran negocio audiovisual del momento), cuya influencia parece manifestarse como destructiva en ciertos casos de adolescentes asesinos, que actúan sin causa ni remordimiento.

Finalmente por ahora, la persecución cuasi neurótica de las drogas, que de hecho favorece los negocios de las mafias y sus sobornados, y llena las cárceles, que en EE UU acogen a 2 millones de reclusos y se están convirtiendo en negocio privado. La masiva y destructiva exclusión carcelaria puede ser una de las consecuencias de la economía del despilfarro, basada en la precariedad, explotación y paro para la mayoría, con asociales respuestas violentas. Simultáneamente, se extiende el “toque de queda” para los adolescentes, recurso de una autoridad que no sabe cómo convencer.

El modelo de sociedad que se ofrece a los jóvenes no parece muy estimulante.

 



Notas

1. A finales del 2002, en el 60% de los hogares españoles se contaba con teléfonos móviles, superando ya su número total al de teléfonos fijos. Otras estadísticas reflejan que el 99’5% contaba con televisor, el 70% con vídeo, el 30% ordenador y el 6% con acceso a internet (Informativos Antena 3 del 9-XII-02).

2. Desde 1914 teorizó sobre las generaciones, como en los 40 harían Ayala, Laín Entralgo y Julián Marías, del que procede la información: El método histórico de las generaciones, Revista de Occidente, Madrid, 1949. Ahí dice que “sólo en Alemania se ha tratado con tanta frecuencia la cuestión de las generaciones como en España” (p. 146). Curiosamente, la “generación del 98″ se nominará así en 1913. Las siguientes generaciones reconocidas entre nosotros podrían ser “la del 27″ o republicana; la “de la posguerra” o silenciada; la “yé-yé” o de los 60; y “la del desencanto” en el posfranquismo, con los “posmoderno-lights” clausurando el V Centenario en 1992.

3. Terminado en 1978; estrenado en 1981 y nunca vuelto a exhibir. En 1990 Debord consideró útil una edición crítica del texto de su película, que sería publicada póstumamente en Francia en 1999 (Gallimard) y en castellano en 2000 (Anagrama). Las citas están entresacadas de este libro. A fines de 1994, se disparó una bala al corazón.

4. Si se entiende como conjunto de normas y valores sobre el que se sustenta el sistema de significados y de sentidos organizadores de la sociedad, “es la forma en la que el deseo se anuda al poder” (Ana Mundo Fernández, Proyecto social y subjetividad, La Habana, 1992).

5. En Maldeojo, revista de crítica social núm. 2 (2001) hay sugerentes artículos sobre la tecnología en el contexto capitalista, y las relaciones entre política y espectáculo (Mandosio, Ferrer).

6. En su versión francesa Loft Story, los ganadores eran una pareja que se quedaban con la casa, pero debían casarse y convivir en ella al menos 6 meses bajo las telecámaras. En EE UU triunfó una variante con obesos, en la que ganaba quien fuera capaz de adelgazar más, siendo así que la cocina estaba repleta de sus comidas favoritas (en 2003 un concurso similar se inició en Francia con 5 competidores, 1 de ellos varón); y en Rusia el público podía contemplar en vivo a los concursantes, alojados entre paredes de cristal en un hotel moscovita.


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