Gazeta de Antropología, 2000, 16, artículo 16 · http://hdl.handle.net/10481/7511 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 30 abril 2000    |    Aceptado 13 mayo 2000    |    Publicado 2000-06
La reducción de los espacios
Reduction of spaces



RESUMEN
El presente trabajo apunta a revisar el rol de la Antropología como ciencia, frente al fenómeno de la globalización. Se aborda el tema de lo global y lo local: el modelo neoliberal, la problemática de la pobreza a nivel mundial y la redefinición de las políticas sociales en la Argentina, en función de la coyuntura socioeconómica imperante. Ahí, las conceptualizaciones estigmatizantes sobre la "pobreza" y los "pobres" que dichas políticas emplean, no se corresponden con lo que sienten y piensan las personas con respecto a su situación de "pobreza". En este sentido se intenta abrir el debate y la reflexión crítica y conjunta sobre la intromisión de Occidente en el espacio del "otro"; intromisión que deviene en reducción del espacio: espacio que es físico, social y simbólico.

ABSTRACT
The present work proposes a revision of the role that Anthropology plays as a science in our era of globalization. The topic of the global and the local is discussed: the neo-liberal model, the problem of poverty in the world, and the redefinition of social politics in Argentina as a function of the prevailing socioeconomic situation. There, the conceptualizations stigmatizing "poverty" and the "impoverished", used by politics, don't fit with the people´s perspective on "poverty". In this sense, we propose to open a debate and a critical reflection on the Western interference into the space of the "other"; interference that becomes reduction of space: a physical, social and symbolic space.

PALABRAS CLAVE
antropología científica | mundialización | local y global | pobreza | política social
KEYWORDS
scientific anthropology | globalization | local and global | poverty | social policy


El proceso de globalización y la antropología como ciencia

Si por globalización entendemos al proyecto de mundialización de las relaciones económicas, sociales y políticas, notamos que este fenómeno no es nuevo. Comienza a fines del siglo XV con el encuentro violento entre Europa y América con la necesidad de extensión de las fronteras del comercio, continúa con la expansión capitalista industrial británica y hoy lo vemos liderado y vehiculizado a través del paulatino desarrollo tecnológico e informático (Tello y Ramírez 1997: 1).

Pero este proyecto de globalización es el de Occidente, que ha pretendido a lo largo de todos los tiempos y espacios universalizar su cultura. Su eurocentrismo se funda en un hecho igualmente fatal: el de los intereses económicos que persigue.

Actores nuevos para un argumento conocido: “progreso y modernidad” para los pueblos “extraeuropeos”.

En este sentido, Liliana Tamagno, cuando postula que los pueblos colonizados fueron los primeros en padecer la mundialización del planeta, cita a Marc Augé para mostrar que aquellos “vivieron, las más de las veces en medio del dolor, una triple experiencia relacionada con el descubrimiento del otro y que hoy nos es común a todos: la experiencia de la aceleración de la historia, la experiencia del encogimiento del espacio y la experiencia de la individualización de los destinos” (Tamagno 1995: 7).

El papel de la Antropología, no es menos dramático. Nace durante el colonialismo de mediados del siglo XIX, al servicio de la ideología dominante de la época, para estudiar a esos pueblos nuevos, “descubiertos” por la necesidad que imponía la expansión del capitalismo industrial naciente. “Descubrimiento” teñido por la lógica de los valores de Occidente, en donde los “otros” debían ser estudiados como los representantes del estadio evolutivo primigenio, en donde había que vislumbrar los orígenes de la “civilización” europea.

Paradójicamente el mundo que estaba siendo unificado en un solo sistema social -y que tiene como hito histórico el Congreso de Berlín de 1885, en donde las potencias se reparten el mundo-, estaba siendo dividido en esferas de influencia: por un lado los poderosos y por el otro los desposeídos (Worsley 1966: 10).

Siguiendo a Rodolfo Oliveira, hay toda una “lógica de empequeñecimiento” en todo este proceso: “reducción de las posibilidades del ‘otro’”, “reducción de los centros de decisión”, “reducción del libre pensamiento”; “reducción de los canales de expresión”, “reducción de las distancias”, “vía desarrollo de las comunicaciones (y hoy de la informática)”; “reducción de los riesgos económicos, de las ideologías, suponiendo su fin”; “reducción del mundo para los que tienen todo al alcance de la mano” y pueden “estar y llegar a todos lados”, y “mas pequeño aún para quienes tan poco tienen y nada pueden alcanzar” (Oliveira 1996, 2: 10).

 

Globalización, el modelo económico liberal y la pobreza

El tema de la pobreza y la preocupación por ella se encuentra en los comienzos del análisis sociológico. Fue tema de algunas de las primeras encuestas sociales a fines del siglo XVIII, motivados por los estragos que produjo la revolución industrial. También aparece en los tempranos escritos del marxismo “tal como el clásico estudio de Engels, como en los intentos de fundar teóricamente la idea de que el capitalismo traía consigo la miseria de los trabajadores” (Murmis y Feldman 1995: 48).

Sin embargo, la perspectiva de un mejoramiento en las condiciones de vida, a partir del desarrollo del capitalismo en los países centrales, habían dejado de lado el estudio de este fenómeno, o se lo enfocaba como algo residual que el crecimiento económico resolvería.

En los países del Tercer Mundo la visión sobre la pobreza que surge en la década del 60 es diferente a la de los países centrales para quienes los modelos de acumulación con altos niveles de ocupación y consumos masivos, era concebido como un proceso que la eliminaría. En el Tercer Mundo, sin embargo, se concibe al crecimiento como no “desempobrecedor” y en algunos casos se llega a plantear que los pobres son dañados por este crecimiento (Flier 1995: 28).

Habrá que esperar hasta la década del ’80 para que luego de las crisis sufridas por los modelos de acumulación de corte keynesiano que imperaron en el capitalismo de la segunda posguerra, tanto en los países capitalistas ricos como en los pobres, los procesos de reestructuración de la economía generen cierre de fábricas en ramas que antes fueron dinámicas y de punta, creen puestos de trabajo menos calificados y menos remunerados e incorporen al mercado de trabajo obreros nuevos en condiciones marginales propias de la economía negra.

Se toma conciencia de una pobreza nueva y en un contexto económico social muy diferente del de dos décadas atrás: la inflación, la recesión y el desempleo hace que aparezca una nueva pobreza que excluye a aquellos trabajadores que antes estaban ligados al mercado de trabajo, incluso en ocupaciones calificadas (Murmis y Feldman 1995: 56).

Cabe mencionar al respecto, que en los distintos momentos históricos de crisis en las economías capitalistas, los estudiosos comienzan a indagar sobre las irregularidades del modelo económico en su dimensión global, y con ello la problemática de la pobreza.

Así desde la Economía, aparecen teorías que visualizan por un lado las rupturas y transformaciones en el capitalismo, como ciclos o etapas de su desarrollo, aproximándose a la lógica de cambio a partir de la identificación de fuerzas exógenas. En este sentido, la explicación de la crisis de este modelo de acumulación, se agota dentro de los límites del comportamiento económico y tecnológico del sistema capitalista; tal es el caso de las teorías de Kondratieff, Rostow, Shumpeter y Forrester. Por otro lado, otras líneas de interpretación identifican como elementos causales de las rupturas en el desarrollo capitalista, a factores externos o a la articulación entre éstos y los factores internos. Esta línea de explicación, va más allá de los propios límites de las explicaciones meramente económicas y tecnológicas, incorporando elementos de análisis de índole social y política. Dentro de este último grupo, se encuentran los economistas Trotsky y Mandel (Cicolella1993: 15,16).

En este sentido también es interesante la propuesta del Sistema Económico para América Latina (SELA) que considera la pobreza como resultado del tipo específico de organización del aparato productivo y los mecanismos distributivos de riqueza social, es decir, como inherente al sistema productivo imperante. Este organismo concluye que la solución a la crisis que afecta a los países de América Latina no puede salvarse a través de medidas autocorrectivas del sistema y comprende todos los aspectos de la vida económica: el modelo global de desarrollo, el empleo, la inserción externa, los agentes económicos, los modelos de industrialización, de distribución del ingreso e incluso el pensamiento económico (Flier1995: 20).

 

El caso de la Argentina

En este caso, su ya larga crisis de desinversión productiva con centralización del capital productivo y largos períodos de especulación, sobre los de reestructuración económica, y el desmantelamiento de sistemas débiles de seguridad social, definen según Flier, un marco más dramático y con perspectivas de futuro más regresivas (Flier 1995: 29).

La crisis aquí, se expresó en la dificultad para mantener la expansión industrial y los niveles de incorporación social, provocando conflictos sociopolíticos que fueron resueltos, muchas veces a través de regímenes autoritarios (Flier 1995: 21).

En 1976, uno de estos regímenes fue el inaugurador de las políticas de ajuste, impulsadas desde el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para enfrentar la crisis económica, que se apoderó del capitalismo mundial y en particular de las economías latinoamericanas (Flier 1995: 15).

Cristina Laurell sintetiza las medidas de los planes de ajuste para América Latina en : reducción drástica y control estricto del gasto público (con excepción de la parte destinada al pago de la deuda pública) e incrementos en la tarifas de los bienes y servicios público, redefinición del tipo de cambio, apertura externa, comercial y de inversión, privatización de las empresas públicas, desregulación de la actividad financiera, desregulación y flexibilización de la relación laboral (con ataques a los sindicatos, destrucción de los contratos colectivos y cambios regresivos en la legislación laboral) y depresión laboral (Flier1995: 16).

 

El rol del Estado y el Mercado. Las políticas sociales

En el país, entre 1945 y 1952, con el Movimiento Nacional Justicialista (el “peronismo”), se va consolidando un estado de corte keynesiano, de gran dinamismo, en donde la presencia del mismo se observa a través de los mecanismos regulatorios, en el campo de los servicios y en la intervención directa como productor industrial (Cicolella 1993: 35).

El “peronismo” también fue un hito importante en la construcción de un imaginario social. En particular, el énfasis de las políticas sociales en la categoría del “trabajador”, y el fortalecimiento de los sindicatos, en esta etapa, construyen una idea de “pobre” como opuesta a “trabajador”. Siendo el “pobre” un “marginado” de las fuerzas productivas.

En los gobiernos de Perón, Frondizi (1958-1962) y el gobierno de facto de Onganía (1966-1970), la expansión de los derechos sociales fue de la mano de la conformación de la categoría de “trabajador”, y más aún,del trabajador formal vía legislación protectora y regulatoria del trabajo.

Este modelo particularista de constitución de la seguridad social, basado en la categoría del trabajador y sus derechos de protección específicos, delineó la asistencia social como un fenómeno de carácter residual dirigida a aquellos individuos marginados del mercado de trabajo por razones ajenas a su voluntad: invalidez, vejez, viudez, madresolterismo. El pobre por desocupación, se transformó en un sujeto vergonzante, considerándoselo de esta manera como responsable de su condición por desajustes personales.

Desde esta visión, la “integración” del “marginal” al mercado de trabajo, se realizaría a través de políticas de pleno empleo en relación con la participación activa del Estado, mediante inversiones productivas.

Así, la política social se orientaba a frenar cualquier obstáculo que impidiera el “cambio” y la “modernización” (Flier 1995: 24).

Este modelo particularista de la seguridad social en nuestro país se contrapone con el universalismo de las prestaciones que gozaban los países centrales, en donde ésta se estructuraba en función de todos los ciudadanos, sin referencia al lugar que ocupan los sujetos en las estructuras productivas (Flier 1995: 23,24).

Algunos autores dudan en reconocer a los gobiernos que van desde 1945 a entrados los años 70 como ejemplos de Estados de Bienestar. Las limitaciones que impedirían reconocerlos como tales surgen de la comparación con los países desarrollados, ya que en nuestro país se sucedieron numerosos regímenes autoritarios, el estado asumió el rol particularista (o la no completa universalización para la seguridad social) y no hubo una integración de la política social en un marco más amplio, que supere el asistencialismo, en donde estas políticas se identificaron con instrumentos de control social.

Los que fundamentan que en estos gobiernos se mantuvieron los elementos característicos de este tipo de estado-aun durante los gobiernos dictatoriales que avasallaron los derechos políticos-arguyen, que perduran (aunque con restricciones) los derechos del trabajo, y las políticas sociales en general, además de la lógica de intervención activa del Estado en la economía (Flier 1995: 25).

El papel del Estado difiere notablemente a partir de la década del 70 cuando se desencadenó la crisis del modelo de acumulación de corte keynesiano, que accionaba guiado por el papel del “Estado benefactor” en el capitalismo mundial. Aparece con fuerza el discurso neoliberal en la crítica hacia el papel que debe desempeñar el Estado. Según este discurso, el mercado es el espacio privilegiado para la búsqueda y satisfacción de las necesidades de los diferentes actores de la sociedad, y para la armonización de los conflictos que se suscitan entre ellos. En esta línea, al ser el mercado un ámbito eficaz para proveer un orden espontáneo; toda acción estatal dirigida a regular este espacio es concebida como un entorpecimiento, una intromisión en las “reglas del juego” (Flier 1995: 21).

Ya se mencionó anteriormente que a partir de la década del 80, el triunfo ideológico del neoconservadurismo y la implementación de las políticas de ajuste con el objetivo de superar la recesión económica, agravaron la situación, produciendo elevados y atípicos niveles de pobreza y profundizando el estancamiento.

Aparece entonces, la necesidad de identificarclaramente a los más pobres a través de políticas sociales focalizadas, que se sustentan en distintas posturas teóricas y metodológicas de conceptualización y evaluación de la pobreza.

Así vemos que desde el análisis sociológico, el estudio de los grupos definidos como pobres permite distinguir: 1) a aquellos que han sufrido históricamente carencias y que constituyen la parte más desfavorecida de la sociedad; y 2) los que han visto caer sus ingresos y enfrentar situaciones de privación como consecuencia de la crisis económica.

1) El primero de estos grupos, se denomina “pobres estructurales” y son aquellos que enfrentan serios problemas en su hábitat, especialmente en vivienda e infraestructura social y de servicios y, que en términos de su medición aparecen como aquellos hogares identificables por no satisfacer sus necesidades básicas.

2) El segundo es el de los denominados “pauperizados”, formado tanto por familias pobres que habían logrado en cierto momento mejorar su situación relativa (ex pobres estructurales), como por sectores que contaban con un aceptable nivel de vida, a los que una permanente contracción del ingreso real los ha llevado a vivir en condiciones que no se distinguen por el consumo de la de los pobres estructurales. Los criterios para su delimitación (medición) señalan como “pauperizados” a los hogares con bajos ingresos pero que no tienen necesidades básicas satisfechas; es decir que sus ingresos no alcanzan a cubrir una canasta básica de bienes y servicios, cuya valorización monetaria es la llamada “línea de pobreza”.

Finalmente se consideran “no pobres” a los hogares que satisfacen las necesidades básicas consideradas y cuyos ingresos son mayores que el costo de la canasta básica normativa.

Se delimitan así, dos conceptos claves:

a) Línea de pobreza (LP) : Tipo de medición que determina cuánto cuesta acceder a los bienes y servicios de una canasta básica previamente definida y que permite satisfacer un mínimo de necesidades alimentarias, de vestimenta, transporte, vivienda, salud y educación. Según se ubique cada hogar por encima o por debajo de la LP, al considerar sus ingresos per cápita, se lo clasifica como pobre o no pobre.

b) Necesidades básicas (NBI): Se expresan en hacinamiento (más de tres personas por cuarto), vivienda precaria o inadecuada, ausencia de saneamiento básico (viviendas con retrete sin descarga de agua), educación primaria (niños entre 6 y 12 años que no asisten a la escuela) y falta de capacidad de subsistencia (instrucción hasta tercer grado primario del jefe de hogar, combinado con la tasa de dependencia). Se considera que, desde este punto de vista, un hogar es pobre cuando no cubre por lo menos una de estas necesidades.

Ejemplo de este tipo de estudios los constituyen las investigaciones llevadas a cabo por Beccaria y Minujin (1985), dentro del ámbito del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) (1). Asimismo los estudios de Minijin (1991), Katzman (1989)y Desai (1990) (Minujin 1995: 41).

Es interesante mostrar aquí que, desde esta misma línea teórica y metodológica, diversas investigaciones sobre la pobreza plantean hoy la necesidad de conocer las nuevas manifestaciones de las carencias de la población, que exceden las descritas hasta ahora por los métodos tradicionales de medición tales como NBI y LP. En este sentido, se está avanzando en el desarrollo de metodologías que permitan describir situaciones de riesgo y vulnerabilidad social, a partir de la perspectiva de los beneficiarios de programas sociales. Ejemplos de estos desarrollos son los estudios participativos de pobreza (Participatory Poverty Assesment) y las evaluaciones sociales por parte de los beneficiarios (Beneficiary Assesment) desarrolladas en el área de América Latina, y llevadas a cabo por distintas ONG, institutos privados y ministerios locales, organismos regionales e internacionales como la UNESCO y la CEPAL, entre otros, el Banco Mundial, como organismo multilateral de créditos, además de universidades y asociaciones de profesionales.

En cuanto a los estudios participativos de y las evaluaciones sociales desde la perspectiva de los beneficiarios, notamos que existen algunas contradicciones al interior de su funcionamiento en el marco de las políticas sociales actuales.

En este sentido, si las necesidades se definen a nivel local en este tipo de estudios de Beneficiary Assesment (2), ¿no existiría un desfasaje en cuanto se enmarcan éstos en políticas sociales (tales como censos nacionales, informes de situación a nivel provincial, municipal, etc.), que fijan de antemano las necesidades básicas de la población y las tranfieren de manera homogeneizante a amplios sectores de la población?

Además, son estas pocas variables (indicador de NBI) las que coadyuvan a la conceptualización de la pobreza y los pobres en los programas sociales vigentes.

Las ambigüedades permean también los estudios participativos de pobreza.

Tomemos el caso de estudio realizado en la ciudad de Salta, en 1997, por las unidades ejecutoras que funcionan como soporte técnico de la Secretaría Nacional de Desarrollo y Acción Social (3).

Aquí, los profesionales y técnicos visualizan diferentes posicionamientos en cuanto a las representaciones acerca de la pobreza y los pobres que tienen los actores, a partir del empleo de distintas técnicas de recolección de datos, tales como encuestas, grupos focales, talleres participativos y entrevistas en profundidad.

Aquellos afirman que existe “una representación dominante, en términos de imaginario colectivo que asocia la pobreza a falencias, carencias de cosas que no son necesariamente materiales: falta de honestidad, falta de limpieza, escaso desarrollo del espíritu. Así, los pobres son los vagos, los sucios, los mendigos, los ladrones o los pobres de espíritu”. En este sentido es un estigma social del que necesitan separarse y diferenciarse, y en donde “pobres son los otros” (Centro de Estudios e Investigación De Estrategias Alternativas (CEIDEA),1998, I: 33,36).

“Si la pobreza es de cosas materiales y hay ganas de superarse, no hay pobreza o ésta puede aceptarse” (CEIDEA, 1998, I: 36). Y agregan: “Sobre este tema hay una pregunta de fondo que parece atravesar todas las discusiones y los discursos: ¿De qué pobreza estamos hablando?” (CEIDEA, 1998, I: 36).

Si bien estas conclusiones son válidas en cuanto al reconocimiento del punto de vista del actor, notamos que en este tipo de estudios:

Metodológicamente se parte de hogares previamente medidos como pobres estructurales o nuevos pobres y en segunda instancia se abordan temas cualitativos relacionados con las percepciones sobre la pobreza y los pobres que manifiestan los actores, dentro de este grupo heterogeneo de pobres.

La negación de los sujetos a ser considerados como pobres se visualiza, en este tipo de estudios participativos de pobreza, como si fuese una reacción ante un imaginario asociado a falencias, escorias, carencias que permea la sociedad.

Pero el considerar la negación de los sujetos a ser catalogados como pobres desde esta perspectiva, como reacción ante un estigma que urde en la sociedad es ver parte del proceso.

Dicha negación quedaría así desvinculada del accionar de las políticas sociales, que, a nuestro entender, crean y recrean la estigmatización de los “otros”; desvirtuando así cualquier identificación del Estado como aparato de control y dominación.

 

Estudio de caso: El barrio Villa Tranquila, del partido de Ensenada (4), provincia de Buenos Aires (Argentina)

A partir de un estudio desarrollado en este área, se ha logrado la identificación de hogares categorizados como “pobres estructurales” y “pobres pauperizados”, en base a la utilización de los indicadores NBI y LP, empleados por el INDEC, y a partir de la utilización de metodologías cualitativas.

Las mismas han sido: entrevistas semiestructuradas, cuestionarios con preguntas abiertas y semiabiertas y observación en sus distintos grados de participación. La información cualitativa resultante fue complementada con información documental, como censos, planos cartográficos y programas institucionales.

Cabe mencionar que las preguntas hechas a los informantes estaban formuladas en base a los indicadores. En este sentido, la caracterización en el barrio de grupos poblacionales “pobres”, consistió en la delimitación de :

Hogares NBI, medidos en:

– hacinamiento: es decir, hogares con más de tres personas por cuarto y

– vivienda precaria: que no reúne las condiciones mínimas de agua, luz, gas.

Hogares LP; es decir, grupos poblacionales con dificultad en costearse una canasta mínima de alimentos, medicamentos, transporte a establecimientos indispensables como hospitales públicos, escuelas.

Una vez realizada esta caracterización, se observó, a partir del análisis de las entrevistas realizadas a los informantes, que esta distribución de los sujetos según los indicadores no se correspondía con la distribución imaginaria de los actores y sus representaciones de la pobreza.

En cuanto a la percepción sobre quiénes son “pobres” en el barrio de referencia, tanto en los “pauperizados” como en los “estructurales”, la necesidad de diferenciarse aparece muy marcada, y en donde los “pobres” son siempre los otros. A modo de ejemplo:

“Pauperizados”: No, en el barrio mío no, para allá para afuera sí, pero cerca mío no. Un poco para allá sí, en el arroyo todo eso sí, hay de madera y de chapa esas cosas. Después ahí esa cuadra la mayoría (son) todas de material” (Mercedes).

“No, en el barrio mío no… en otros lados sí, hay. Hay lugares que dicen que son muy pobres, en Punta Lara, hay gente que necesita, pero…. que no tiene, a veces le da Cáritas o le da la iglesia” (Pedro).

“Estructurales”: En sus propios términos:

“No, pobreza, pobreza, no. Porque yo pienso que pobre es el que no tiene nada, y yo tengo unas cuantas cosas (…) la salud, y el querer vivir para mí y para mis hijos, ¿me entendés? Mientras vos tengas el entusiasmo y tengas la oportunidad de que te ayuden y todo lo demás… yo pienso que no se llama ser pobre (…) yo pienso que la persona que se siente pobre… yo no soy, porque tengo mi familia, ¿me entendés? Todos tiramos para el mismo lugar, ¿me entendés? Tengo una familia muy linda, también tengo mis hijos… por ahí capaz que no tenemos para comer ni a cómo mandar a los chicos al colegio. La otra vez me mandaron la comida, ¿me entendés?… Somos un conjunto (Marta).

Y siempre hay alguien que está en peor situación que ellos:

“Si ella está con cinco chicos sola, y (…), también tiene el suicidio (5) de madre con muchos hijos. Pero ¿qué son 120 y pico de pesos?, ¿qué le puede servir? No le sirve de nada. Lo que le haría falta, no a mí sóla sino a cualquier persona, es el trabajo” (Adriana).

 

Algunas reflexiones en torno a las conceptualizaciones sobre la “pobreza” y los “pobres”

Ya distintos sociólogos y economistas, estudiosos de la pobreza en Europa, como Titmuss, Townsend, Abel-Smith, Atkinson y Paugam, han establecido que el concepto de pobreza está en función de los valores dominantes de una época y de una sociedad en particular.

A partir de este estudio de caso, se arriba a la hipótesis de que la negación de los sujetos a ser categorizados como pobres se vincularía con las concepciones estigmatizantes acerca de la pobreza y los pobres construidas desde las políticas sociales en la Argentina, en determinado momento histórico y en función de la coyuntura económica imperante.

El eje central en este trabajo, pasa por considerar las contradicciones al interior del campo de las representaciones y significaciones en torno a la pobreza y los pobres, en el marco relacional entre Estado y sociedad, ya que es en ésta relación en donde operan desde lo simbólico, procesos complejos de asignación, apropiación , negación, diferenciación y resemantización de los imaginarios en torno a esta problemática.

Asimismo, coincidimos con Paugam en que toda aproximación teórica que intente determinar el umbral de pobreza, definirla, clasificar a los pobres, está condenada a fijar o invalidar categorizaciones siempre arbitrarias e inevitablemente fluctuantes (Ceirano 1999c: 1).

Siguiendo a Ceirano y colaboradores (1995, 1999a,1999b,1999c, 1999d), notamos que en la mayoría de los programas sociales, en Argentina, el empleo de las categorizaciones reproduce y produce la estigmatización de los “otros”.

La negación a ser pobre en los discursos de los informantes se vincularía a que identificarse como tal significa tener valores negativos, ser culpables de la situación en la que se encuentran. Se debe demostrar el abandono de la “cultura de la pobreza” para imaginariamente no ser discriminado y estigmatizado.

¿Y no es arbitraria la identificación de las necesidades básicas de la población desde afuera y, más aún, cuando éstas suscitan actitudes estereotipadas?.

¿No serán estas representaciones vigentes las que sustentan el supuesto éxito de las políticas sociales “contra la pobreza”, y la efectivización del cada vez más reducido gasto público?

Es decir, ¿tener un subsidio precario a cambio de un trabajo comunitario es tener trabajo, ser digno y “abandonar la pobreza”? Pareciera ser que las distintas conceptualizaciones que manejan las políticas sociales desvirtúan la problemática de la pobreza de las causas reales que la provocan.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de “pobreza”?

 

Conclusiones

Creemos que se contribuiría a una mayor comprensión de los fenómenos sociales si partimos de las visiones y expectativas de los sujetos; de aquellos que han sufrido a lo largo de la historia el estigma de “salvajes”, “marginales”, “pobres estructurales”, etc.

Asimismo desde esta postura teórica, y atendiendo a la problemática específica de la “pobreza” en el barrio Villa Tranquila, del partido de Ensenada, provincia de Buenos Aires (Argentina), se podría aportar información relevante para la elaboración de estrategias tendientes al mejoramiento de las condiciones de vida de la población en este contexto en particular .

En este sentido, la Antropología tiene un papel importante: el rescatar “lo dicho” por aquellos que son excluidos aun de su propio espacio simbólico.

Así, la actividad del etnógrafo debe dirigirse a “descubrir las estructuras conceptuales que informan los actos de nuestros sujetos (…); y el lenguaje constituye la vía para acceder a tales significados, puesto que “las objetivaciones comunes de la vida cotidiana se sustentan primariamente por la significación lingüística” (Berger y Luckmann 1998: 55).

Creemos que las contradicciones o rupturas al interior del campo de las representaciones sociales vigentes se entenderían mejor, si enfatizamos, en palabras de González Villar, “los procesos y las relaciones; haciendo de las políticas públicas y los discursos oficiales, las estructuras y las experiencias, la Economía y el Estado nuestros objetos empíricos principales” (González Villar 1999: 8).

De esta manera, la Antropología superaría el triste legado que recibió en sus orígenes: el de la reducción del espacio. Espacio que es físico, social y simbólico.

 



Notas

1. En 1989, el INDEC, con financiamiento del Banco Mundial realizó la Investigación sobre Pobreza Urbana en la Argentina (IPA), tomando como muestra los 19 partidos del Conurbano Bonaerense y las ciudades de General Roca, Neuquén, Posadas y Santiago del Estero y La Banda. Esta investigación caracteriza la pobreza combinando los dos métodos de medición desarrollados hasta el momento (NBI y LP). Los resultados obtenidos permitieron describir el fenómeno de la pobreza clasificándolo en tres categorías: pobres estructurales, pobres transicionales y pobres por ingresos, nuevos pobres o pauperizados.
Siguiendo la misma orientación que el IPA, entre 1990 y 1991, el Centro de Investigación sobre Pobreza y Políticas Sociales en Argentina (CIPPA), con el apoyo de la Fundación Interamericana (IAF) realizó una investigación orientada a profundizar las carencias que afectan a los sectores pobres de la población del conurbano bonaerense reprocesando la información cuantitativa y profundizando en la aplicación de metodologías cualitativas, con el fin de actualizar el conocimiento de las condiciones de vida y su percepción de los sectores pobres.
En 1994 el INDEC publica los resultados del procesamiento del Censo ’91, que incluye y expande la información sobre toda la población del país clasificada por cuatro indicadores de NBI hasta el nivel de departamento de cada una de las provincias.
En los 90 continúan las investigaciones sobre las manifestaciones de la pobreza, especialmente ligados a la magnitud de la pobreza por ingresos: Nuevos pobres; cuesta abajo; piden pan; sin trabajo; vivir en familia; métodos alternativos para medir la evolución del tamaño de la pobreza; las nuevas y viejas formas de pobreza en Argentina; las características del desenmpleo y sus efectos en la sociedad argentina, el capital social, etc.

2. La participación de la comunidad en éste tipo de programas sociales, se efectúan generalmente a través de talleres participativos y grupos focales dirigidos por técnicos y profesionales que tienden a: indagar sobre los problemas que manifiesta la comunidad, y las causas que los provocan, identificar las demandas desde la comunidad, lugar donde éstas se canalizan y tipo de actividades que se espera para intentar su satisfacción, identificar los grupos más vulnerables desde el punto de vista de la comunidad, etc (Diagnóstico de beneficiarios, 1995: 6,7)

3. Se llevó a cabo este tipo de estudios en la ciudad de Salta en cinco localidades. Consistió en dos etapas de trabajo. En la primera se elaboró un diagnóstico provincial, basado en el análisis de indicadores socioeconómicos y demográficos detectando la heterogeneidad de hogares pobres y especificidades locales. En la segunda etapa se procedió al relevamiento, procesamiento y análisis de la información a través de técnicas cualitativas y cuantitativas. Esta última etapa se estructuró primero mediante el abordaje cualitativo a partir de la puesta en marcha de grupos focales con mujeres jefas de hogar pobres estructurales y pobres pauperizadas, jóvenes pobres estructurales y empobrecidos, beneficiarios de políticas sociales (Salta capital), mayores de 60 años (Guachipas) y varones activos (Tartagal); talleres participativos con organizaciones comunitarias y con gestores y beneficiarios de programas sociales (capital y Morillo); entrevistas a hombres y mujeres y jóvenes aborígenes de las comunidades wichí y guaraní (Pichanal, Tratagal y Morillo) (CEIDEA 1998, I :3).
Luego el estudio se orientó a definir los criterios de diseño de la muestra para la aplicación de las 300 encuestas a hogares pobres.

4. Según datos oficiales, el partido de Ensenada está ubicado al noreste de la provincia de Buenos Aires y tiene una superficie de 101,00 km2. De acuerdo con las densidades y usos del suelo existen en el partido tres localidades urbanas: 1) Ensenada (cabecera), en donde se localiza el barrio Villa Tranquila, 2) El Dique y 3) Punta Lara; y una zona rural extensa en superficie pero poco desarrollada en su uso y áreas complementarias adyacentes a las áreas urbanas que tienen usos diversos, industriales, de esparcimiento y de reserva.

5. Aquí la informante debe querer decir subsidio.

 



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Gazeta de Antropología