Gazeta de Antropología, 1988, 06, artículo 00 · http://hdl.handle.net/10481/13743 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 20 julio 1988    |    Aceptado 20 julio 1988    |    Publicado 1988-09
Los antropólogos y Andalucía
Anthropologists and Andalusia



RESUMEN
Artículo editorial sobre la historia de la relación entre los antropólogos y Andalucía.

ABSTRACT
Editorial on the history of the relationship between anthropologists and Andalusia.

PALABRAS CLAVE
antropólogos en Andalucía | antropología en España | necesidad de teoría antropológica
KEYWORDS
anthropologists in Andalusia | anthropology in Spain | need of anthropological theory


Hubo una sola excepción a las reflexiones esencialistas de Andalucía en el siglo XIX: Machado y Álvarez y la sociedad El Folk-lore Andaluz. Este grupo de pronombres, más allá de las disciplinas sociales clásicas en la época, geografía e historia, y de la literatura, cultivaron un elemental folclore de intencionalidad científica. Con ello se ponían a la altura de parecidas corrientes existentes en la Europa anglosajona.

Después de la guerra mundial, en un mundo en trance de ser descolonizado, y con unos primitivos cada vez más escasos, los etnólogos noreuropeos comenzaran a dirigir sus investigaciones hacia las sociedades rurales mediterráneas. De esta manera Andalucía, tierra que tradicionalmente había atraído a los viajeros románticos de latitudes frías, recibía ahora un nuevo tipo de extranjero: el antropólogo. Buena parte de aquella producción etnológica, vista desde hoy, resultó superficial o fallida, Obvia es que las dificultades lingüísticas de los etnólogos extranjeros debieron ser notables. Añadámosle la distorsión etnocéntrica, que todos en mayor a menos medida arrastramos, y las especiales circunstancias políticas de la posguerra civil española. Todo ello dio como resultado obras brillantes a veces y erróneas otras tantas, Como contrapeso, los etnólogos traían consigo una tradición científica racionalista, interrumpida en Espata, y que finalmente acabaría años después por repercutir en el renacimiento de los estudios antropológicos de Andalucía. Está, por consiguiente, fuera de lugar hacer una valoración unilateral de la antropología colonial, ya que no sólo a pesar de ella sino gracias a ella existe actualmente antropología andaluza.

Cuando España se fue abriendo a las novedades intelectuales, personas de trayectoria profesional muy distinta-americanismo, prehistoria, derecho, sociología…- empezaron a estudiar los fenómenos sociales y culturales de nuestra región con perspectiva antropológica. En la Universidad de Sevilla permanentemente y en otros lugares de forma más esporádica se realizaron estudios etnológicos, siguiendo, como era habitual en los años 60-70, el género de la monografía. Por los mismos años las publicaciones de antropología, especialmente estructuralista, se iban popularizando en los medios más heteróclitos.

La realidad política inaugurada con la Restauración de 1977 y su prolongación en la estructuración autonomista del Estado hacía posible, cuando no necesario, el re/establecimiento de nuevos símbolos político-culturales, entre los que adquirió prontamente un lugar destacado a peculiaridad regional a nacional. Como el folclore resultaba rancio en demasía y recordaba además al régimen anterior, se tuvo que dar un paso adelante hacia la antropología. Ese cúmulo de circunstancias permitieron que, en marzo de 1982, bajo los auspicios del gobierno andaluz, los pocas, poquísimos antropólogos y alevines de lo mismo, existentes en la región andaluza gozásemos de la oportunidad de reunirnos. Aquel encuentro sirvió de acicate para la formación de nuestra asociación y revista.

Desde entonces hasta ahora han surgido no pocas vocaciones etnológicas. Sin embargo, en la producción que nos va llegando observamos con muy pocas excepciones una debilidad teórica preocupante. Nos explicamos: las investigaciones se mantienen por lo general en el estadio de lo etnográfico-descriptivo, sin llegar a trascender al nivel etnológico explicativo. La ausencia previa de etnografía folclórica de nuestra tierra, por contra de Galicia o el País Vasco, puede ser una causa plausible. No obstante, no puede servirnos de consuelo y espera. Hay que romper, la inercia, y ponerse a reflexionar teorizando, para salir de la retaguardia que ocupamos en los estudios antropológicos. El riesgo es evidente también, pues de la teoría antropológica podemos saltar con facilidad a las teorías esencialistas. De entre los pocos que teorizaron hubo quien por ejemplo extendió las conclusiones de un estudio particular al conjunto de Andalucía, desvirtuando las muy distintas realidades que coexisten en la región.

La reciente celebración de dos congresos, dedicados respectivamente al estudio de la religiosidad popular y de la fiesta, de los que damos cuenta en nuestro noticiario, fueron ocasiones idóneas para comprobar que esos dos paradigmas constituyen campos de investigación con especial relevancia en Andalucía. Entre la pura etnografía-folclore y las teorías filosóficas esencialistas hay un punto medio que le es propio a la antropología y que debe ser tratado con predilección. En ella pretendemos estar.


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