Gazeta de Antropología, 2014, 30 (2), artículo 05 · http://hdl.handle.net/10481/33424 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 17 mayo 2014    |    Aceptado 24 julio 2014    |    Publicado 2014-10
Integración social y deporte de proximidad en Francia. Un ejemplo de intervención pública en París
Social integration and local sport in France. An example of public intervention in Paris




RESUMEN
La utilización del deporte como integración social y cultural de jóvenes residentes en zonas urbanas desfavorecidas de Francia ha sido ensalzado por la clase política a modo de “ascensor social”. Desde los años ochenta, las revueltas violentas en la periferia de las grandes ciudades fomentaron los prejuicios hacia un sector de la sociedad joven de origen cultural diferente, vinculando así inmigración con delincuencia. Se planteó una política deportiva de inclusión social, desde un modelo de prevención y ocupación del tiempo libre a uno educativo y de “proximidad”. París ha sido el ámbito de estudio seleccionado con el objetivo de analizar el discurso que fundamenta la política municipal y de comprobar su implementación en los dispositivos activados. Las conclusiones de este texto buscan contribuir al debate sobre el uso del deporte en las sociedades culturalmente diversas como herramienta de intervención social.

ABSTRACT
The use of sports as social and cultural integration of young people living in deprived urban areas of France has been praised by the political arena as a “social lift”. Since the eighties, the violent riots in the suburbs of large cities have fostered prejudice towards a young sector of the society with different cultural backgrounds, therefore linking immigration to unlawfulness. In response, a sports policy of social inclusion was developed, evolving from a model of prevention and occupation of leisure time towards one of education and proximity. Paris has been the field of study selected with a double aim: to analyse the discourse that supports municipal policies and to verify their implementation through ongoing services. The conclusions of this article contribute to the discussion of the use of sports in culturally diverse societies as a social-intervention tool.

PALABRAS CLAVE
políticas deportivas | jóvenes inmigrantes | intervención social | Francia
KEYWORDS
sport policies | young immigrants | social intervention | France


1. Introducción

Desde la esfera política se ha afianzado el discurso de que el deporte es una actividad humana que permite transmitir una serie de valores como la solidaridad, el trabajo en equipo, la responsabilidad o la disciplina. Valores supuestamente intrínsecos a la propia actividad, y que a lo largo de su recorrido histórico han sido utilizados para diversos fines: educativos -creación de la disciplina Educación Física-, militares o propagandísticos (1), pero también integradores -discapacidad, mujer, inmigración-. De esta última vertiente cabe destacar cómo se ha ensalzado la potencialidad del fenómeno deportivo en el ámbito de las dinámicas de integración social y cultural, más afines a una democratización del deporte. Así lo afirma Dumazedier (1988) al fechar en los años sesenta en Francia lo que él denomina “la revolución cultural del tiempo libre”, con la mejora de la situación laboral, más tiempo de ocio y municipalización del deporte e intervención pública, entre otros.

De manera progresiva, las políticas han identificado y convocado al deporte como una herramienta que permitiese tanto la integración de población inmigrante en la nueva sociedad como la preservación de las propias raíces culturales e identitarias; este hecho ha sido extensamente estudiado en nuestro país (Domínguez Marco 2009, Kennet 2006, Kennet y 2007, Llopis-Goig 2009, Müller 2013 y Maza 2002), así como en otros contextos europeos multiculturales, como Francia (Gasparini 2008 y 2012, Weiss 2013), Gran Bretaña (Henry y otros 2007), Alemania (Heinemann 2002 y Pfister 2004) y Holanda (Elling y otros 2001), por mencionar algunos ejemplos.

En el contexto político europeo, destacan las directrices del Consejo de Europa (CoE) en los años ochenta. En 1981 el CoE integra de manera explícita la cuestión del deporte como medio de socialización de la población inmigrante en su Resolución 81/4 del deporte para inmigrantes (Consejo de Europa 1981); de forma reciente, el CoE continua esta línea de acción a través de las campañas de lucha contra el racismo y la xenofobia en el deporte, las convenciones relativas al diálogo intercultural y la creación de una estructura institucional de apoyo al deporte social como APES -Accord Partiel Elargi sur le Sport- (Acuerdo Parcial Ampliado sobre el Deporte) (Consejo de Europa 2010).

La Unión Europea (UE), aunque más tardíamente, también se ha interesado sobre estas cuestiones, integrándolas en el Tratado para una Constitución Europea (2004) y en el Libro Blanco sobre el Deporte (2007). En éste último se explicita la intención de los organismos europeos al “aprovechamiento del potencial del deporte para la inclusión social, la integración y la igualdad de oportunidades” (apartado 2.5: 7). La política comunitaria, al elaborar en el curso de los últimos treinta años un discurso sobre el papel del deporte como medio y espacio de integración de inmigrantes o de minorías étnicas o culturales, ha permitido integrar el hecho deportivo en un marco político más amplio, el de la cohesión social y la convivencia intercultural. Sin embargo, la dificultad a la hora de medir y homogeneizar las políticas públicas deportivas afecta a todos los países miembros, en virtud del principio de subsidiariedad que impide que las decisiones sean compartidas a nivel comunitario (Kennett, Sagarzazu y Cerezuela 2007: 15). A pesar de la falta de competencia explícita, las instituciones europeas integran poco a poco esta cuestión dentro de su programa político.

El texto que se presenta a continuación forma parte de la investigación llevada a cabo en el marco de una tesis europea acerca de dichas políticas deportivas en dos contextos como es el francés y el español, y concretamente en las ciudades de París y Madrid. En el presente texto presentamos un análisis preliminar del contexto parisino. El objetivo del estudio sobre la acción política es “comprender las prácticas observadas, ya que todos los fenómenos tienen un sentido y corresponden a una racionalidad a partir del momento en que existen” (Crozier y Friedberg 1977: 456). En este texto nos centraremos en la propuesta concreta del Ayuntamiento de París y su política deportiva, a través del programa Sport de Proximité, y con ello contribuir al debate del deporte en las sociedades pluriculturales y el papel específico de este como herramienta de intervención social y cultural.

 

2. Deporte como intervención social en Francia

2.1. Inmigración en Francia: ¿modelo de integración social o cultural?

El primer punto a considerar para el análisis del contexto francés es abordar su política de gestión de la diversidad. Francia ha sido considerada tradicionalmente como una “nación de inmigración” (Schnapper 1991) con más de cien años de trayectoria migratoria que ha marcado profundamente la propia historia del país. El modelo político republicano, donde teóricamente se considera a todos los ciudadanos iguales ante la ley y dentro de la sociedad, se dirige actualmente hacia un modelo más multicultural que asimilacionista, aunque es cierto que todavía es necesario superar ciertos requisitos para que su modelo se considere pluralmente diverso, como así se ha analizado extensamente en el contexto sociológico francés (Lagrange 2010, Schnapper 1991 y 2007, Tribalat 2010 y Wieviorka 2001).

En efecto, el concepto republicano de integración, basado en la laicidad, conlleva no pocas dificultades teóricas y metodológicas, a diferencia de otros países con larga tradición inmigrante, como es la prohibición de símbolos religiosos en espacios públicos o la recogida de información relacionada con el origen étnico, cultural o religioso no permitida por ley tanto a nivel público como privado. Tanto el principio de igualdad republicana reflejado en el artículo primero de la Constitución francesa de 1958 como el artículo 8 de la Ley de 1978 sobre el tratamiento de datos personales (Ley de Informática y Libertades) así lo estipulan. Sin embargo, esta posición acerca de la diversidad dentro del modelo republicano francés está siendo discutido en el ámbito científico, ya que el conocimiento de la población con relación a su origen “puede contribuir a la lucha contra las desigualdades y constituir una condición previa a la consecución de la universalidad. En este sentido, la clasificación étnica y racial contribuye al objetivo legítimo de garantizar la igualdad” (Simon 2005: 6).

Para autores como Lagrange (2010), la categoría de origen o procedencia resulta ser la más adecuada, ya que permite abarcar mejor la complejidad inherente a esta problemática. Además, la etnificación de la población va a darse principalmente en la periferia de las grandes ciudades zonas o banlieues (2), también categorizadas como zonas ZUP, esto es, zonas urbanas “sensibles” o “en prioridad” (3). La cuestión cultural es ignorada a nivel político para explicar las dificultades de integración en estas zonas urbanas, lo que Lagrange interpreta como una “negación de las culturas”. Otra particularidad del caso francés es la población procedente de sus antiguas colonias, conocidas con el nombre de DOM-TOM, los Departamentos y Territorios de Ultramar. Los DOM-TOM pertenecen administrativamente a Francia y son consideradas regiones como el resto del territorio francés, equiparable a cualquier región de la Francia metropolitana o hexagonal. Sin embargo, esta población ha sido comparada con la inmigrante o la extranjera, ya que, según algunos estudios, encuentran dificultades similares de integración por diferencias culturales o raciales (Comité d’Action Panafricaine 2000 y Simon 2006).

Es por ello que en las políticas sobre intervención social en Francia encontramos dificultades para evidenciar la cuestión de pertenencia cultural o étnica como factor implicado. Bajo el sombrero de la cuestión social también se incluyen, aunque implícitamente, la problemática de pertenencia racial, cultural, de identidad y religiosa. En el siguiente apartado presentaremos de qué manera se han originado las políticas deportivas que han buscado esta finalidad, cómo han evolucionado y qué dificultades han planteado en el momento de su implementación.

2.2. Las políticas deportivas de integración a través del deporte en Francia

La perspectiva funcionalista del deporte, con un desarrollo diferente en cada país según el modelo de gestión de diversidad cultural y la cuestión del origen étnico, ha tenido un mismo fin: utilizar el deporte como “ascensor social”. Efectivamente, el espejo del alto rendimiento ha sido clave en la configuración de este discurso; las estrellas deportivas francesas, muchas de ellas procedentes de clases humildes y con orígenes culturales diferentes, han sido modelo para varias generaciones como vía eficaz y mediática de visibilidad y reconocimiento social. La selección de los Bleus (4) y el éxito deportivo sin precedentes de la Copa del Mundo de 1998 celebrada en Francia fueron claves para fundamentar el discurso del deporte como vector de integración.

No podemos obviar que el deporte francés, y de manera especial el fútbol, se benefició de la llegada de inmigrantes europeos del sur -italianos, portugueses, y españoles, principalmente- durante el periodo de los Treinta Gloriosos (1945-1973). Con la descolonización africana también se sumó la inmigración procedente de países subsaharianos y del Magreb. Más recientemente, Francia se consolida como potencia deportiva mundial, y en el terreno futbolístico se convierte en un valor al alza con jugadores y entrenadores en las mejores ligas europeas, particularmente en la Premier League, como el jugador Eric Cantona en el Manchester United o el entrenador Arsène Wenger en el Arsenal (Boli 2010).

Aunque solo una minoría llegaría al estatus de estrella, la creencia colectiva de que ser deportista de élite permitiría a los jóvenes salir del entorno del barrio desfavorecido se refuerza en el imaginario colectivo francés. Pero las trayectorias no son homogéneas: hay jugadores profesionales de origen extranjero que adquieren la nacionalidad francesa y otros que optan por su país de origen, o incluso el de sus padres. Esta situación de biculturalismo en el terreno deportivo o de “despertar identitario” (Gastaut 2008: 51) quedó reflejada en un partido de fútbol, en principio amistoso: Francia y Argelia se enfrentaron el 6 de octubre de 2001 en lo que se interpretó como un símbolo de reconciliación postbélica. El rotativo deportivo L’Équipe así lo reflejaba: “más que un partido” (Duluc 2001). Sin embargo, acabó convirtiéndose en un fracaso al tener que interrumpirse el encuentro por la invasión del campo de parte de jóvenes espectadores portando banderas argelinas.

El origen de las políticas deportivas de integración en Francia se remonta a principios de los años ochenta, pero no precisamente como reflejo de los éxitos deportivos sino como respuesta política a una grave situación social y urbana (Charrier y Jourdan 2005, Gasparini 2008 y Vieille Marchiset 2003). Los eventos que marcaron el verano de 1981, con protestas y manifestaciones violentas en las zonas urbanas sensibles de varias ciudades francesas, manifestó el malestar de una juventud procedente de barrios humildes a los que los males de la delincuencia, el paro, y el choque cultural habían mermado profundamente, evidenciando así la amplitud de una crisis urbana, social y económica. Los protagonistas de estos eventos tienen a un perfil socio-cultural determinado, según Mucchielli (2012): adolescentes o jóvenes adultos que acaban de llegar a la edad adulta y al mercado de trabajo procedentes de la “primera generación” de francesas, hijos de la inmigración postcolonial, que se ven excluidos en gran medida por razones de discriminación, pero también por un débil capital social y cultural (redes, formación, etc.). La mayoría habitan en barrios humildes, tienen un trabajo precario o son aprendices de un oficio, están todavía escolarizados en formación profesional o incluso abandonaron la escuela; no están afiliados a partidos políticos o a una estructura ideológica particular (Mucchielli 2012: 66). Esta crisis urbana va a suponer un ataque directo al sistema francés, una manifestación de odio e indignación hacia las instancias públicas; no sólo en un lenguaje violento, que termina siendo el más mediatizado -quema de coches, asalto a comercios, enfrentamientos con la policía-, sino también en una vertiente pacífica de movilización política -huelgas de hambre, manifestaciones contra agresiones racistas y violencia policial, o en colaboración con asociaciones de izquierda y colectivos de inmigrantes-. La indignación y desesperanza hacia un futuro incierto se manifiesta, por tanto, según diversas razones, como el paro juvenil y la precariedad laboral, un fuerte sentimiento de desvinculación con la sociedad, de discriminación y racismo, así como un choque cultural y religioso (Mucchielli 2012: 67).

Los motines violentos en las banlieues de varias ciudades francesas se repitieron en otoño de 1990 y en noviembre de 2005, convirtiéndose así en un problema estructural. El estigma urbano y la “guetización” de los jóvenes hijos de inmigrantes puso en cuestión la política social, educativa y de integración en Francia. La situación provocó la apertura de un nuevo debate social bajo la cuestión de la “identidad nacional” lanzada en las presidenciales de 2007 por Nicolás Sarkozy, entonces Ministro del Interior. Este hecho se criticó duramente por su clara intención electoralista, “fabricando una división artificial entre «ellos» y «nosotros»” (Noiriel 2007: 7).

De este modo, Francia comienza a planificar en los años ochenta dispositivos de prevención y de inserción, temática permanente en la acción pública. El deporte no sería ajena a esta respuesta política. La idea de usar el deporte en la política social se fraguó con objetivos de prevención (de la delincuencia o desobediencia civil) y de ocupación del tiempo libre. La gran parte de las actividades se proponen fuera del barrio, es decir, desplazando la actividad fuera del territorio de referencia (actividades en la naturaleza, en centros deportivos alejados del barrio) con el objetivo de “resocializar” a los jóvenes de los barrios más difíciles. Dichas políticas, entre las que destaca el dispositivo OPE Opération Prévention Été (Operación Prevención Verano), se desarrolla en efecto en época estival. Este tiempo es considerado de “alto riesgo” debido a que frecuentemente los jóvenes de este perfil, tras el periodo escolar, quedan a su propio cuidado. En ocasiones la única referencia para estos jóvenes se limita a la vida en la calle con sus pares, de modo que las prácticas endogámicas de grupo aumentan y con ello el riesgo de segregación y vulnerabilidad social.

Sin embargo, el modelo va a evolucionar en los noventa hacia una política de integración a través del deporte basándose en sus valores educativos y de “proximidad”, para crear espacios de encuentro e intercambio en el corazón del barrio. Si en los ochenta el reto era ocupar el tiempo libre de los jóvenes de los barrios marginales haciendo actividades deportivas fuera de su contexto, a partir de los noventa se apuesta por centrar la actividad deportiva en su aspecto educativo, y al mismo tiempo se empieza a potenciar el mismo barrio como lugar próximo al lugar de residencia y referente para los jóvenes. El concepto de “deporte de proximidad” surge de esta búsqueda por aproximar el dispositivo deportivo dentro del propio contexto urbano, con el objetivo de mejorar la cohesión social y la posibilidad de inserción social de los jóvenes. Dichos programas tienen un carácter nacional, pero sería la política municipal la que se encargaría finalmente de gestionarlos. Además, esta idea de “servicio público”, de institucionalización de la práctica deportiva, también sirvió para consolidar una nueva forma de reivindicación de la cultura deportiva frente a los intereses urbanísticos y económicos de la ciudad (Vieille Marchiset 2003).

Es también durante este periodo cuando aparecen las primeras contribuciones académicas en el contexto francés que empiezan a evaluar la eficacia de la funcionalidad del deporte como forma de integración social y cultural, tanto para alabarlas como para criticarlas. Citemos, por ejemplo, los congresos celebrados por la Union Nationale Léo Lagrange en 1991, el trabajo de Duret y Agostini sobre los deportes urbanos (1993), o el informe interministerial a petición del Ministerio de Juventud y Deportes elaborado por Charrier en 1997, Actividades físicas y deportivas e inserción de jóvenes: retos educativos y prácticas institucionales (1997), donde alerta del peligro de sobreestimar el papel del deporte en materia de inserción social.

Las principales características de estos programas que los diferentes autores destacan pueden resumirse de la siguiente manera:

- En primer lugar, la forma de nombrar los dispositivos es heterogénea y en ocasiones confusa (“actividades socio-deportivas”, “deporte en libertad”, “de inserción”, “de ocupación”, “de prevención”, “de integración”, etc.). Este hecho evidencia la enorme dificultad para determinar la población diana y el contexto urbano al que se dirigen: ¿se trata de dispositivos para jóvenes? ¿para jóvenes procedentes de la inmigración? ¿para jóvenes difíciles? ¿para jóvenes de los ZUP? Los títulos de los proyectos han evitado en muchos casos nombrar la población a la que quieren dirigirse, para evitar precisamente su estigmatización (Charrier y Jourdan 2005). Sin embargo, esto ha llevado a que muchos de los proyectos no hacían explícitos sus objetivos de manera clara, al menos para el conjunto de la población, aunque sí de manera interna. Algunos ejemplos son los dispositivos de Deporte para todos, la animación deportiva de proximidad, el Basket en libertad desarrollado en la ciudad de Roubaix (en la región de Nord-Pas-de-Calais), o el programa nacional Operación Prevención Verano antes mencionado.

- En cuanto a las actividades deportivas propuestas, hay una clara tendencia a proponer aquellas a priori más atractivas para los jóvenes del barrio, como el caso del fútbol. Como ya hemos comentado, la innegable mediatización de los jugadores procedentes de barrios populares que han triunfado profesionalmente hacen del fútbol una práctica deseada por los propios jóvenes, aunque no siempre de una manera realista y educativa. Entre otras razones, como ya hemos comentado, está la visión caricaturizada del éxito deportivo, y sobre todo del fútbol profesional de élite. Otros deportes propuestos de forma recurrente son el baloncesto, sobre todo en la modalidad de streetball -imitando la modalidad de baloncesto practicado en espacios urbanos emblemáticos como Bronx o Harlem en Nueva York, propios de la subcultura urbana- o el boxeo y los deportes de combate, que permiten canalizar las tendencias violentas en un marco de reglas estrictas y de respeto al adversario. Sin embargo, existe una tendencia actual más o menos generalizada consistente en evitar estos deportes “estrella” en los programas. Hay varias razones para ello. En primer lugar, la apertura a una diversidad más amplia de cultura deportiva permite a su vez esquivar la presión por cultivar estereotipos sociales, en este caso de una suerte de etiqueta hacia los “deportes del gueto”. Por otro lado, en las prácticas deportivas se evidencia una presencia masivamente masculina, lo que imposibilitaría la coeducación en términos de género; el hecho de ampliar la oferta de actividades deportivas más atractivas para las chicas podría ayudar a una mayor participación en los programas propuestos.

- En tercer lugar, la multiplicidad de actores implicados (ayuntamientos, clubes deportivos, asociaciones culturales, animadores, trabajadores sociales) hacen difícil hallar una coherencia de objetivos y finalidades en las propuestas. Algunos autores lo califican como un auténtico “choque de culturas profesionales” (Charrier y Jordan 2005: 29), a veces opuestas según sus propios intereses. Tanto a nivel político (partidos políticos en el gobierno local, dirigentes de asociaciones y clubes) como sobre el terreno (práctica dentro del club vs deporte de la calle), los programas propuestos pueden desembocar en objetivos muy dispares. Por ejemplo, el papel de los grands frères o “hermanos mayores”, una figura de referencia en la calle a modo de mediador que conoce bien el barrio y a los jóvenes aunque con escasas competencias deportivas, frente a la figura del educador deportivo “profesional”, con titulación oficial y al servicio de los entes locales. La diferencia de culturas deportivas, como las practicadas en la calle y las que se hacen dentro de un club, han entrado en conflicto en ocasiones ya que su planteamiento es muy diferente, y simbolizan muy bien dos formas de entender el deporte, y también la vida en sociedad. Si la competición tradicional tiene reglas de juego estandarizadas, con entrenamientos fijos y una jerarquización muy clara de su organización, el deporte de la calle se opone a esta filosofía ofreciendo un espacio de libertad y creatividad deportivas. También encontramos divergencias en cuanto al deporte relacionado directamente con la pertenencia cultural o de origen: el deporte “comunitario” o practicado por colectivos de inmigrantes de un origen determinado -por ejemplo, los clubes turcos analizados por Weiss (2013) en Francia y Alemania- es ampliamente criticado por los actores políticos, viendo en ellos una amenaza al principio laico de igualdad individual frente a la diversidad de origen o culto.

- Finalmente, se ha evidenciado una evaluación escasa o insuficiente de estas iniciativas. A pesar de una trayectoria notable -30 años de políticas de integración deportivas-, medir de qué modo el deporte ha podido modificar o cambiar la situación de estos jóvenes es complejo. ¿Cuál es la rentabilidad social de las políticas? ¿Qué acciones o actividades han tenido mayor impacto? ¿De qué manera la actividad deportiva ha mejorado su socialización o integración? Todas estas preguntas son lógicas y necesarias pero difíciles de evaluar. Se ha tratado de medir el impacto de las prácticas a varios niveles: desde un tipo de valoración más informal en contextos locales muy concretos con pocos recursos económicos, a otro tipo más preciso con elementos cuantitativos y cualitativos y que, sin embargo, puede considerarse menos productivo o demasiado generalista para contextos locales. En todo caso, no es escasa la literatura gris producida en torno a la evaluación de programas, aunque ha quedado poco difundida (Charrier y Jourdan 2005). La principal forma de evaluación ha sido comúnmente un balance de la frecuencia de participantes, por diversas causas, ya sea por el excesivo coste que supone o la demanda por parte de las instituciones para producir cifras que justifiquen y legitimen las propias actividades propuestas. En todo caso, es evidente para los autores que la evaluación de estas actividades deportivas carecen en gran medida de un método objetivo y riguroso.

Un ejemplo ilustrativo de la ambigüedad en el impacto real de este tipo de programas puede comprobarse a través de su mediatización. Así, encontramos en extenso reportaje que el periódico Libération dedicó en 1991 a un programa deportivo desarrollado para los jóvenes durante las vacaciones estivales bajo el titular “El deporte al rescate de las banlieues (Dimeo 1991), o el diario deportivo L’Équipe, en su noticia “las banlieues toman juego: para rebajar las amenazas de fuego en las banlieues, el deporte ha sido convocado con urgencia” (L’Hermitte 1991). Ambos reportajes coinciden en reflejar la controversia de las iniciativas: por un lado, el deporte (boxeo y fútbol en este ejemplo) sirve para canalizar la violencia, para integrarse socialmente; pero por otro lado, según asociaciones socio-culturales del barrio, a los jóvenes se les vende una idea deformada del fenómeno deportivo, ya que normalmente estos eventos estaban muy mediatizados y son propuestos muy a corto plazo (solo para el verano), mientras que el resto del año es difícil contar con subvenciones municipales e infraestructuras deportivas.

El que presentamos ahora es un ejemplo de este tipo de iniciativas deportivas en la capital francesa bajo el nombre de Sport de proximité (deporte de proximidad). Se trata de un análisis preliminar de los resultados donde es posible realizar una evaluación del impacto de este tipo de intervención social a través del deporte.

 

3. El ejemplo de intervención pública a través del deporte en París

La capital francesa cuenta con 2.234.105 de habitantes en su área municipal (INSEE 2012a), con un índice de población inmigrante de 20,28% (INSEE 2012b) y una alta densidad de población (21.196 habitantes por km2, frente a 5.389 de la ciudad de Madrid), si no tenemos en cuenta el perímetro de ciudades y localidades denominadas banlieues, y que conformaría el proyecto Grand-Paris con una población aproximada de 10 millones al modo de las otras grandes metrópolis urbanas del mundo como Nueva York, Londres o Tokio.

Compuesta por 20 distritos, cada uno tiene su propio gobierno local, aunque existen competencias comunes coordinadas por el ayuntamiento central. En su fisionomía podemos localizar grandes diferencias socio-económicas entre la zona oeste, llamada también de la rive gauche (orilla izquierda), y la zona norte-este con viviendas más económicas y mayor concentración de población extranjera. La diferencia de nivel económico y social es muy alta, así como es diferente la tendencia política: los distritos del oeste (7, 8, 16, 17) tienden más a partidos conservadores como el UMP, mientras que en la parte oriental la presencia del gobierno socialista es histórica. Para el estudio del caso en París, nos hemos centrado en aquellos distritos o arrondissements con mayor presencia de población inmigrante, especialmente en el este y norte (10, 13, 18, 19 y 20), donde se concentra población de África del Norte y del Sahel, y en el caso del distrito 13 de origen asiático.

París tiene unas características particulares con relación al deporte, que es necesario precisar:

- Existe una gran dificultad de desarrollar el deporte, sobre todo por un factor clave, la falta de espacio. La imposibilidad de construir nuevos espacios deportivos dentro de la ciudad, con el enorme problema de vivienda, ha hecho que alrededor de la ciudad en los distritos limítrofes con la banlieue parisina se haya venido confirmando un cinturón verde o “deportivo”, con instalaciones, gimnasios y estadios que se han obligado a desplazarse hacia la periferia.

- Existe una tendencia política cada vez mayor por apoyar el deporte espectáculo y de élite: la polémica generada con un proyecto de desarrollo y transformación urbana para el Roland Garros, la fallida candidatura olímpica de París 2012 o la inversión multimillonaria del club Paris Saint Germain por parte de sus dueños qatarís son algunos ejemplos de esta tendencia.

- A favor se presenta una política deportiva de carácter público consolidada en los años con gran oferta de actividades y un sistema de gratuidad o bajo coste para sus actividades. Ya desde los años 60, París defiende la idea del deporte de masas como necesidad y no como privilegio, siendo el gobierno local quien asume esta tarea, y asociando la actividad deportiva al desarrollo social de la población (BMO 1964). 

3.1. El programa “Sport de Proximité

Para entender el origen de este dispositivo, es necesario remontarse a los años 90. En junio de 1991, el Ministerio de Juventud y Deportes anuncia la implementación del dispositivo J-Sports, consistente en la construcción de 500 instalaciones deportivas de proximidad, abiertas y gratuitas, en los barrios menos equipados, al pie de los inmuebles de los “barrios en dificultad” y con mayores dificultades socio-económicas (Ministère de la Jeunesse des Sports 1991). Bajo la perspectiva de que el nuevo espacio deportivo “organizado con los jóvenes, animado por ellos, construido con su ayuda”, se perseguía un doble objetivo: ofrecer a los jóvenes un lugar de práctica deportiva favoreciendo la animación de la vida local, y fomentar la formación y el empleo de los jóvenes, a través, sobre todo, de la formación y el reclutamiento de animadores y educadores deportivos (Duret y Augustini 1993: 115). Aunque el programa se diseñó para la participación del público en general, poco a poco estos espacios dedicados a la actividad física-deportiva se convirtieron en referente para la población joven del barrio, ya fuera durante sus vacaciones (de invierno o de verano), en los fines de semana o durante los miércoles (día de la semana del sistema escolar francés en el que se reduce el horario de clases). A día de hoy, la inversión por este programa se mantiene en París, a pesar de la situación de crisis financiera: más de medio millón de euros están previstos para el presupuesto de 2012 en materia de organización e implantación de los dispositivos deportivos de proximidad (BMO 2011). Se presenta, sin embargo, un problema a priori contradictorio en la orientación de la política deportiva: el deporte de élite, por un lado, es mucho más rentable que el deporte como servicio público, aunque su impacto social es mucho menor. El propio adjunto de Deportes del Ayuntamiento de París, Jean Vuillermoz, así lo expresaba en una entrevista:

“Hace falta intentar mantener las subvenciones a los grandes clubes de forma que puedan mantenerse en lo alto, al mismo tiempo que mantener el deporte de proximidad. Pero esto no es evidente. Intentaré obtener el presupuesto suficiente para poder crear nuevas estructura y ayudar a los clubes profesionales. Puede ser que haya que ahorrar. Habrá un poco más para el deporte de proximidad, sin tocar demasiado al deporte de alto rendimiento” (Koetschet y Gruet 2008).

La política del programa Sport de Proximité se concreta en dos vías: una directa, donde es el Ayuntamiento quien propone las actividades; y otra indirecta, haciendo las veces de puente con las asociaciones y clubes deportivos presentes en los barrios.

3.1.1. Intervención directa

Las actividades propuestas por el Ayuntamiento se caracterizan por su gratuidad o bajo coste, una amplia oferta deportiva y la calidad del servicio a través de animadores deportivos diplomados.

Sobre lo primero, resulta especialmente llamativo el coste cero de algunas actividades para los usuarios, siendo conscientes del gran gasto económico de instalaciones, material y personal que suelen comportar la práctica deportiva en general.

En cuanto a los deportes ofertados, tal y como vimos en el estado de la cuestión, se tiende a potenciar deportes menos conocidos o tradicionales, con actividades multideporte (bádminton, balonmano, tenis de mesa, patinaje, natación), o sesiones que combinan competencias deportivas con artísticas, como el hip-hop, muy presente en la cultura urbana.

Finalmente, para la calidad del servicio se busca sobre todo con un personal de animadores y educadores deportivos que tengan en su haber una formación mínima por parte del Ministerio de Deportes, y que les capaciten al mismo tiempo en competencias deportivas y educativas. Es importante destacar la figura del mediador deportivo, una referencia para los demás chicos del barrio en las instalaciones deportivas de barrio que tiene como objetivo garantizar “el bienestar de los usuarios, haciendo respetar la reglamentación en el buen uso de las instalaciones deportivas, así como trabajar con los educadores deportivos para la comunicación y el acercamiento de las familias” (Ministère des Sports, de la Jeunesse, de l’Éducation Populaire et de la Vie Associative 2010). En efecto, el animador socio-deportivo es la figura clave de este proceso de integración laboral: suelen ser antiguos usuarios del mismo programa en el que ahora trabajan, procedentes del barrio, y se convierten en referencia para los demás jóvenes.

3.1.2. Intervención indirecta

El apoyo a pequeños clubes de barrio y asociaciones es también la forma en la que el servicio público se hace presente como apoyo al deporte integrador. Las subvenciones son prioritarias para aquellos proyectos deportivos que incluyan entre sus objetivos la integración e inserción de jóvenes y su compromiso social.

Otro dispositivo indirecto de ayuda pública es el sistema del Ticket loisir. Esta iniciativa está coordinada con la CAF (5), que permite economizar gastos en la inscripción des actividades deportivas culturales a aquellas familias que sean beneficiarias de ayudas por bajos recursos económicos. Esta ayuda se inició en 1992 con el objetivo de integrar a aquellos usuarios, en su mayoría jóvenes de familias con pocos recursos, en actividades deportivas que tradicionalmente tenían un coste elevado de inscripción; además, sirvió para crear una pasarela entre una práctica espontánea y una más institucionalizada (Duret y Augustini 1993: 120).

París también cuenta con las OMS u Oficinas del Movimiento Deportivo, presentes en cada uno de los distritos. Esta red de asociaciones sin ánimo de lucro, independiente del gobierno local pero presente físicamente en el Ayuntamiento y con vinculación directa, tiene como objetivo la organización del Forum de las asociaciones que se celebra todos los años al inicio del curso escolar, para dar a conocer la oferta deportiva tanto del ayuntamiento como de los clubes, y servir de enlace o intermediario permanente precisamente entre las iniciativas privadas y las públicas (Office du Mouvement Sportif-Mairie du 19e 2003).

 

4. Conclusiones

El programa de Sport de Proximité es un ejemplo de intervención pública donde la actividad físico-deportiva se entiende como “derecho” para el conjunto de la población, y que permite la interacción y socialización de jóvenes procedentes de barrios y zonas sensibles hacia una actividad atractiva y educativa como es el deporte. Además, la finalidad de formación profesional en el ámbito deportivo también busca otro tipo de objetivos a largo plazo y externos a la práctica deportiva en sí, como la inserción laboral a través de la formación de animadores y educadores de barrio.

El programa Sport de Proximité forma parte de la ya tradicional intervención pública de la política francesa en materia deportiva. La vigencia de dichos programas en el tiempo puede interpretarse como una consolidación positiva de dichas políticas, tanto en el plano teórico o discursivo como en el práctico. Sin embargo, los estudios que hemos tomado como referencia nos alertan de una serie de dificultades o retos que no deben obviarse, y que aquí retomamos en forma de resumen:

- Por un lado, la falta de coordinación de las autoridades locales con los clubes u otras asociaciones culturales, lo que supone un choque de culturas deportivas. Las organizaciones presentes en el barrio cuentan con un conocimiento profundo de la necesidad del barrio y de su problemática local, hecho que debería ser utilizado a la hora de formular los dispositivos deportivos.

- Por otro, la falta de evaluación de los efectos a largo plazo de las prácticas deportivas nos lleva a pensar que su impacto en la integración de los jóvenes debe hacerse con un seguimiento más extenso que la mera evaluación en cifras. Sirva como posibles recomendaciones los trabajos de investigación-acción para una evaluación más profunda. Esto hace que no podamos afirmar que la integración a través del deporte sea automática y constante. Es fundamental que el proyecto sea duradero, a largo plazo, con profesionales implicados y cercanos a la realidad de cada contexto en el que se implemente el programa. En este caso, la figura del mediador deportivo parece una posible solución, como en el caso del programa deportivo citado.

Bien es cierto que el análisis que presentamos en este texto es la propuesta política a nivel teórico, por lo que es de esperar que el análisis de las prácticas de los actores implicados ofrezca una visión más amplia del impacto del deporte como vector de integración.

 


Notas 

1. Cabe mencionar el trabajo de Teresa González Aja (Sport y autoritarismos: la utilización del deporte por el comunismo y el fascismo, Madrid, Alianza Editorial, 2002) acerca de la utilización del deporte por parte de las dictaduras europeas previas a la XX Guerra Mundial. 

2. Banlieue significa “suburbio” o “extrarradio” en francés. En el caso de las grandes aglomeraciones urbanas en Francia, como París, Lyon o Marsella, se utiliza comúnmente este término para referirse a ciertas zonas urbanas periféricas, en su mayoría viviendas sociales, con población de recursos económicos medios o bajos, una alta tasa de paro y un notable porcentaje de población inmigrante. Es precisamente una doble identificación cultural y social la que se da en este contexto urbano específico.

3. En francés, Zones à urbaniser en priorité (Zonas prioritarias de urbanización). Es el acrónimo que designa el procedimiento de la política de urbanismo en Francia desde finales de los años 50 para la catalogación de áreas urbanas deprimidas. Aún hoy sirve para identificar barrios y distritos con dificultades de desarrollo y económicamente más accesibles, lo que también hizo que la gran parte de la población inmigrante se instalase en estas zonas.

4. En francés, los Azules. Es la forma común de referirse al combinado nacional francés de fútbol, aunque su uso también se hace extensivo al resto de selecciones deportivas francesas.

5. En francés, Caisse d’allocations familiales, que en España correspondería al dispositivo público de la Seguridad Social de ayuda a las familias con menos recursos económicos.

 


 

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