Gazeta de Antropología, 2017, 33 (1), artículo 09 · http://hdl.handle.net/10481/44465 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 6 septiembre 2016    |    Aceptado 21 diciembre 2016    |    Publicado 2017-01
Turismo de base local y gobernanza en la frontera. Etnografía de dos villas del Bajo Guadiana
Local-based tourism and governance at the border. Ethnography of two towns of Bajo Guadiana




RESUMEN
Existe una importante tradición de estudios antropológicos y sociológicos sobre la gobernanza en relación con el desarrollo del turismo de base local. No obstante, son más escasas las investigaciones que han abordado este fenómeno en destinos transfronterizos. Esta literatura revela que concurren dificultades objetivas para que cristalicen iniciativas de colaboración capaces de articular el hecho fronterizo de cara a un desarrollo turístico de base local. Este trabajo se basa en una etnografía realizada en las localidades de Alcoutim (Algarve, Portugal) y Sanlúcar de Guadiana (Andalucía, España) situadas en la frontera ribereña luso-española que dibuja el río Guadiana. Se estudian las iniciativas de cooperación transfronteriza fracasadas y las causas que explican la inexistencia de redes de colaboración turísticas consolidadas. La situación de multidependencia constituye la base estructural del fenómeno.

ABSTRACT
There is an important tradition of anthropological and sociological studies on governance in relation to the development of local-based tourism. However, researches that have addressed this phenomenon in cross-border destinations are scarce. This literature reveals that objective difficulties concur to consolidate initiatives cooperation able to articulate the fact border face a local-based tourism development. This work is based on an ethnography conducted in the towns of Alcoutim (Algarve, Portugal) and Sanlúcar de Guadiana (Andalusia, Spain) located in the Portuguese-Spanish riverside border that draws the river The Guadiana. Cross-border cooperation initiatives unsuccessful and the causes that explain the lack of consolidated tourist collaborative networks are studied. Multidependence situation forms the structural basis of the phenomenon.

PALABRAS CLAVE
gobernanza | turismo de base local | turismo en la frontera | multidependendencia
KEYWORDS
governance | local-based tourism | tourism in the border | multidependence


“A fronteira a língua querem separá-las o rio do destino mais forte a juntá-las” (Carlos Brito 2006: 78).

 

Gobernanza transfronteriza y turismo de base local (1)

La gobernanza turística es un campo de investigación con una considerable trayectoria en las Ciencias Sociales. Son de especial interés los estudios centrados en la participación de los actores locales en los procesos de toma decisiones, así como aquellos que analizan la institucionalización de la gobernanza en contextos turísticos (Beaumont y Dredge 2010, Bramwell 2011, Bramwell y Lane 2011, Dredge 2006, Hall 2011, Moscardo 2011, Pulido-Fernández 2014). Paralelamente es también muy abundante la producción científica sobre turismo comunitario (CBT) o turismo de base local que analiza principalmente el grado de control de la actividad turística por parte de las poblaciones locales.

Ambas tradiciones revelan la existencia de una importante diversidad empírica, lo que genera una interesante controversia en la comunidad científica sobre el alcance de la gobernanza en entornos turísticos locales. Unos autores sostienen que el turismo de base local es a menudo una práctica que se encuadra dentro de una retórica biensonante -respaldada y bendecida por organismos internacionales y gobiernos de todo el mundo- en la que las nociones de participación y gobernanza se conjugan con otros términos como sostenibilidad, inclusión, empoderamiento o igualdad de género con el objetivo implícito de legitimar determinadas políticas al servicio de intereses particulares que desencadenan casi siempre la desigualdad interna y la externalización de la actividad (Berlanga 2015, Gascón 2013 y 2015, Ishii 2012, Valcuende y De la Cruz 2009). En sentido distinto, otros autores defienden que la institucionalización de sistemas de participación es la vía más adecuada para garantizar un control local de la actividad, porque sienta las bases para una distribución más equitativa de los beneficios económicos producidos y actúa como un factor positivo para el reforzamiento de la identidad y la autoestima colectiva (Coca 2012, Hampton 2005, Mitchel y Reid 2001, Pereiro 2015 y 2016, Ruiz-Ballesteros 2009 y 2015, Sofield 2003).

En los estudios sobre gobernanza en el marco local destacan aquellos que abordan el fenómeno en destinos turísticos situados en la frontera. Estas investigaciones muestran que el contexto fronterizo introduce mayor complejidad. Si cualquier modalidad de gobernanza es ya de por sí un ejercicio político sumamente enmarañado, pues exige la institucionalización de un sistema de relaciones multisectoriales en el que participan actores diversos con intereses a menudo contrapuestos, en el caso fronterizo el marco de relaciones potenciales se multiplica. A las dificultades derivadas de la asociación de diferentes sectores sociales con intereses disímiles e incluso contrapuestos, se une aquí la negociación multilateral entre asociaciones, grupos de interés, gobiernos y estructuras administrativas paralelos con tradiciones, grado de implantación, atribuciones e incluso presupuestos generalmente asimétricos. Esta colaboración implica asumir una estrategia conjunta de integración, cuyo camino es difícil de recorrer pues supone la cesión de autonomía y la renuncia a ciertas competencias entre entidades que históricamente han vivido separadas en una relación de desconfianza, competencia e incluso conflicto.

Los resultados de las investigaciones sobre la gobernanza transfronteriza de base local son distintos. Unas enfatizan los aspectos positivos, afirmando que su institucionalización es el mecanismo más acertado para que estos destinos, especialmente los más periféricos, converjan con los principales núcleos metropolitanos (Tosun y otros 2005), alcancen una posición económica más competitiva (Hartman 2006 y Vodeb 2010), y adquieran centralidad (Weidenfeld 2013). En esta línea otros estudios verifican que la colaboración entre las partes del entramado social transfronterizo genera mejores resultados que la competencia, pues produce sinergias de todo tipo que multiplican los atractivos de los destinos (Blasco y otros 2014) y revelan que es una estrategia idónea para ejercer un control autóctono de la actividad turística, ya que fortalece a los intereses locales al aumentar su capacidad de negociación frente a sectores externos, especialmente los grandes operadores turísticos (Tosun y otros 2005).

Por el contrario, otros autores aseguran que en los procesos de convergencia transfronteriza se producen constantes interferencias y tensiones que restringen considerablemente la formalización de sistemas de gobernanza eficaces. La producción científica destaca cuatro obstáculos principales: en primer lugar, las resistencias de las administraciones nacionales para adaptarse a un marco institucional transfronterizo (Lovelock y Boyd 2006, Matthiesen y Burkner 2001); en segundo, la asimetría institucional (administrativa y asociativa) que suele caracterizar a territorios con tradiciones organizativas y socioculturales diferentes (Fernández-Sánchez 2008, Ilberry y Saxena 2011); en tercero, la competencia entre las administraciones en el interior de cada estado para liderar los procesos (Ioannides y otros 2006); y, por último, las repercusiones de la política supraestatal en los territorios de frontera (Ilberry y Saxena 2011). La conjunción de este conjunto de factores se puede traducir al final en una débil colaboración intersectorial y el fracaso de los proyectos de integración entre ambos lados de la frontera.

En la unidad de observación seleccionada están presentes los factores señalados, los cuales bloquean el desarrollo de estructuras participativas de gobernanza transfronteriza. La incidencia de los mismos ha sido analizada más pormenorizadamente en un trabajo anterior (Hernández-Ramírez 2016), pero en este artículo se constata que, además de los elementos apuntados, intervienen otros de naturaleza local que frenan cualquier iniciativa capaz de articular a los distintos actores de ambos lados de la frontera en redes de colaboración institucionalizadas. La situación de multidependencia (política, económica y social), en un contexto comarcal ya de por sí periférico, constituye la base estructural de este fenómeno.

 

Un escenario fronterizo periférico y multidependiente

La investigación se apoya en una etnografía cualitativa realizada en los municipios fronterizos de Sanlúcar de Guadiana y Alcoutim. El primero se sitúa en la comarca andaluza del Andévalo y el segundo en el noreste del Algarve portugués. Ambos pueblos forman parte del territorio trazado por el Bajo Guadiana, que integra a las poblaciones fronterizas bañadas por este río en su último tramo navegable. En los siguientes mapas se muestra la localización geográfica de ambos municipios:

Localización de la región transfronteriza del Bajo Guadiana. Fuente: Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio

 

Detalle del Mapa de la Eurorregión Alentejo-Algarve-Andalucía. Escala 1:600.000. Consejería de la Presidencia, Junta de Andalucía, 2014

  http://www.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia//lineav2/web/

 

Detalle del Mapa del ámbito transfronterizo del Bajo Guadiana. Escala 1:50.000. Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía y Direçâo-Geral do Territorio, Instituto Geográfico Nacional 2013

 El trabajo de campo etnográfico -actualmente en curso- se inició en la segunda mitad de 2015. Se basa en una serie de estancias cortas y regulares en la unidad de observación aplicando dos técnicas de investigación propias de la Antropología Social: observación directa y participante de la realidad cotidiana, así como entrevistas en profundidad dirigidas a distintos actores sociales. Se han efectuado numerosos contactos informales con el vecindario, asistido a rituales festivos, participado en encuentros ciudadanos, al tiempo que visitado espacios productivos y lugares de la sociabilidad de ambos pueblos. Paralelamente se han realizado entrevistas en profundidad a una veintena de informantes privilegiados (empresarios turísticos, directivos de asociaciones y representantes políticos). Esta información cualitativa se ha complementado con el análisis de la producción bibliográfica sobre gobernanza, turismo de base local y turismo de frontera, así como con el estudio de la investigación académica y la documentación producida por las instituciones públicas lusas y españolas sobre la unidad de observación.

Lo primero que llama la atención al visitar estas localidades es la proximidad de las mismas. Alcoutim y Sanlúcar de Guadiana se localizan tan cerca, que los vecinos de uno y otro lado pueden verse (incluso reconocerse) si se sitúan en los embarcaderos respectivos del Guadiana. El segundo aspecto sugestivo es la armoniosa proporción del paisaje. Ambos pueblos se asoman al río desplegando un asombroso orden simétrico. A primera vista se advierten sus pequeños puertos, donde fondean veleros y otras embarcaciones de similar calado y tonelaje; luego la trama urbana, que en ambos casos se eleva suavemente a medida que las casas se van alejando de la ribera; encima sus castillos enfrentados, como baluartes que se alzan vigilantes en colinas paralelas. En medio el Guadiana, como eje de simetría entre las dos poblaciones.

La fisonomía del paisaje dibujado es tan proporcionada que ambos pueblos parecen verse el uno al otro reflejados en el río como en un espejo. Esta relación, casi especular, que genera una apariencia de unidad o, al menos, de complementariedad, fue apreciada por José Saramago en su célebre Viaje a Portugal: “Las dos villas, puestas sobre el espejo del agua, se verán como espejo una de otra, la misma blancura de las casas, los mismos planos de belén navideño. En risa y lágrimas, tampoco debe de ser grande la diferencia” (Saramago 1995: 335).

Esta imagen gemela se corresponde también con unos indicadores demográficos, económicos, sociales y políticos semejantes, que sitúan a las dos localidades en una posición multidependiente en sus contextos regionales. Ambas poblaciones constituyen áreas fronterizas periféricas no sólo por su localización física alejada, sino sobre todo por su posición marginal con respecto a los centros de decisión política y los espacios de mayor actividad económica. Tanto el noreste del Algarve como el Andévalo son las comarcas más regresivas en términos demográficos y las más deprimidas en cuanto a indicadores económicos se refiere del sur de Portugal y Andalucía. En este marco, Alcoutim y Sanlúcar son exponentes del declive demográfico y económico que vive la zona, especialmente desde el último cuarto del siglo XX, ocupando los últimos puestos en todos los indicadores demográficos y socioeconómicos oficiales.

Sanlúcar de Guadiana y Alcoutim constituyen un ejemplo claro de lo que Hall (2005) denominó peripheral border areas, por cuanto un conjunto de factores sitúa a este espacio en una posición de multidependencia económica, política y social que constituyen frenos objetivos al desarrollo de la gobernanza transfronteriza de base local. Por un lado, factores de raíz demográfica y socioeconómica (despoblamiento, envejecimiento, crisis de las bases económicas tradicionales, alejamiento de los principales centros productivos y los circuitos de mercado…) bloquean posibles iniciativas económicas de base local, así como la vinculación con otras áreas más dinámicas. Por otro, el desempeño de un rol institucional casi irrelevante, frena la capacidad de las poblaciones para ejercer un efectivo control político sobre las decisiones más importantes y para impulsar autónomamente proyectos de futuro. Por último, la presencia de un frágil asociacionismo reduce la capacidad de respuesta de la sociedad civil ante los retos a los que se enfrentan.

Como señalan Ilberry y Saxena (2011), la posición multiperiférica es uno de los obstáculos más evidentes para el desarrollo de una buena gobernanza de base local. Esta hipótesis se constata también en este estudio, que muestra que la simetría paisajística de estas poblaciones gemelas, que sorprende a primera vista, es tan solo un espejismo que oculta la importante distancia existente entre ambas sociedades; una distancia que se traduce en unos niveles de cooperación tan débiles y efímeros, que impiden la formalización de un sistema institucionalizado y operativo de gobernanza.

 

Dos villas fronterizas, ¿un potencial destino turístico en la frontera?

La frontera representa el principal atractivo turístico de la zona de estudio. No hay que olvidar que un importante nicho del mercado turístico ansía vivir intensas experiencias de contraste y que el turismo en la frontera permite experimentar esa sensación liminar de poder estar aquí y allí (Gelbman y Timothy 2010,  Timothy 2001). En el Bajo Guadiana el turismo de frontera tiene una gran potencialidad (Jurado 2014) y en el caso específico que nos ocupa esto es evidente, porque la diferencia cultural es claramente perceptible cuando se atraviesa la frontera (distintos idiomas, horarios, costumbres, gastronomía y símbolos), lo que convierte a las poblaciones objeto de estudio en escenarios idóneos para el desarrollo del llamado turismo en la frontera, es decir, aquel en el que el destino es la misma línea fronteriza (borderline) y la actividad se centra en la visita a los territorios colindantes pertenecientes a distintos estados.

Sin embargo, en las relaciones socioeconómicas y políticas transfronterizas predomina la competencia y la indiferencia, siendo las iniciativas de colaboración tan puntuales y efímeras que no se ha desarrollado y comercializado un producto turístico común que transforme a las dos villas en un destino con una oferta complementaria.

¿Por qué no han cristalizado formas de cooperación que multipliquen el valor de cada destino? ¿Por qué no se ha llegado a configurar una oferta complementaria bajo la marca común de la frontera? En este trabajo se tratará de responder a estas cuestiones.

La indiferencia, la competencia y la ausencia de redes de colaboración caracterizan las relaciones entre Alcoutim y Sanlúcar. El fenómeno es, cuando menos, llamativo, ya que tras el ingreso de Portugal y España en la Comunidad Económica Europea en 1986 y la posterior aplicación del Acuerdo de Libre Circulación de Personas y Bienes en 1992 se suprimieron las fronteras, las incómodas aduanas y los tediosos y costosos trámites arancelarios. Después de muchos años de cierre férreo, los vecinos de Alcoutim y Sanlúcar de Guadiana podían cruzar libremente el río.

Es paradójico comprobar que la apertura de la frontera no se tradujo, como podría creerse a primera vista, en una intensificación de los contactos, sino todo lo contrario como sí ocurre en otras zonas de la frontera hispano-lusa (Simões 2008). Las causas son complejas. Un factor sería la propia globalización, que a nivel local se ha traducido en una homogeneización y pérdida de singularidad de los mercados, lo que hace innecesario desplazarse al pueblo vecino para comprar. Otra causa tiene que ver con los procesos de regionalización vividos recientemente, que en la zona han supuesto la implantación de estructuras político-administrativas que operan en circunscripciones delimitadas en el interior de cada estado (comarcas, provincias, regiones), las cuales posicionan más claramente a las dos poblaciones en sus contextos nacionales (Hernández y otros 1999). Otro factor es el proceso de institucionalización derivado de la integración en la UE, que en la zona ha supuesto la creación de superestructuras que formalmente promueven la cooperación, pero que en la unidad de observación están generando escenarios de competencia entre las administraciones de ambos lados de la frontera en su pugna por la adquisición de ayudas públicas comunitarias (Márquez 2010); fenómeno que ha sido advertido en otras zonas (Ilberry y Saxena 2011).

Obviamente, todos estos factores de carácter exógeno dificultan la cooperación transfronteriza, la cual, en la actualidad, es muy limitada y poco relevante en todos los planos. Pero como se mostrará en estas páginas a estos elementos se unen otros de naturaleza endógena. Ni el sector empresarial se ha aliado, ni siquiera diseñado una marca turística unitaria y diferenciada; ni el asociativo ha creado estructuras participativas capaces de integrar a los vecinos de las dos orillas en objetivos sociales, patrimoniales o medioambientales comunes; pero tampoco el político ha generado marcos institucionales de planificación y decisión compartidos. Tan solo en el ámbito cultural y recreativo, así como en las fiestas y rituales, se observa un cierto nivel de cooperación promovido desde instancias políticas. Esta débil integración obedece a razones complejas que se resumen en la posición de multidependencia de ambas poblaciones. En sentido figurado podría decirse que, más que puertas o puentes que unen a dos países, Alcoutim y Sanlúcar son lugares aislados, periferias liminares, final del camino; callejones sin salida.

La etnografía realizada sobre el terreno ha permitido alcanzar un conocimiento más detallado de la malograda experiencia de cooperación transfronteriza vivida en la unidad de observación. En las siguientes páginas se describirán y analizarán las causas del fracaso de los intentos de formalizar alianzas en los niveles socioeconómico, político y ciudadano.

 

Regresión demográfica y recesión de las bases económicas

La estructura demográfica de Alcoutim y Sanlúcar de Guadiana se caracteriza por la despoblación, la baja densidad y el envejecimiento progresivo. Aunque el peso demográfico de Alcoutim es mucho mayor, pues el municipio incluye a cuatro freguesías (Alcoutim-Pereiro, Martim Longo, Giôes y Vaqueiros), es interesante comprobar el paralelismo en la evolución demográfica de ambos municipios, ya que los dos han perdido población en el mismo periodo. Como se aprecia en el gráfico 1, 1950 marca el punto de máximo crecimiento, pero rápidamente a partir de los sesenta se inicia un implacable declive demográfico, motivado por una profunda crisis de las bases económicas tradicionales. La ausencia de alternativas laborales provocó un éxodo rural de tal envergadura que los efectivos demográficos quedaron mermados hasta niveles inferiores a los de principios del siglo XX. El descenso demográfico ha sido sostenido, siendo mucho más dramático en Alcoutim, donde el número de vecinos actuales representa tan solo un 27% con respecto a los que allí residían en 1950 (44% en Sanlúcar). De hecho de todo el Algarve, Alcoutim es el municipio que más población ha perdido en la última década (INE Portugal). Por su parte, en Sanlúcar el declive se ha frenado gracias a un fenómeno novedoso: la importante presencia de nuevos vecinos, procedentes de Europa (británicos mayoritariamente), los cuales representaban en 2014 ¡nada más y nada menos que el 26% del total de la población! Estamos, por tanto, ante un panorama marcado por la despoblación, la cual está siendo suavizada (¿coyunturalmente?) por la inmigración de extranjeros que se instalan sobre todo en Sanlúcar atraídos por la naturaleza y la tranquilidad del entorno.

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (Portugal y España). Elaboración propia

Esta debilidad demográfica se aprecia también en el territorio, ya que la densidad de población de ambos municipios es de las más bajas en sus respectivas comarcas y del Bajo Guadiana hispano-luso, donde además se aprecia un notable desequilibrio. En un polo se sitúa la zona del litoral, muy dinámica y con alta densidad; y en el otro, la del interior -donde se localizan los pueblos objeto de estudio- muy regresiva por cuanto tiende a una densidad bajísima. En 2010, el total de los municipios del Bajo Guadiana alcanzaba una densidad media de 15,61 hab./km2, siendo los municipios de este estudio aquellos que presentaban los índices más bajos: 5,16 hab./km2 en el caso de Alcoutim y 4,21 para el de Sanlúcar. Obviamente, estas dinámicas contradictorias en el Bajo Guadiana no son fenómenos aislados, sino interrelacionados, pues existe un movimiento de población estacional del interior hacia la costa, que en muchos casos termina siendo definitivo.

La tendencia demográfica descrita se está traduciendo, además, en un envejecimiento de la población. En ambos pueblos la población infantil (0 a 14 años) y el grupo de edad juvenil (15 a 24 años) presentan índices muy bajos y semejantes (en torno al 8% y el 6,5% respectivamente) y la mayor de 65 alcanza un porcentaje muy elevado, especialmente grave en Alcoutim, donde este grupo de edad de más de 65 años representa el 44% de los efectivos, superando incluso a la cohorte de 25 y 64 años.

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (Portugal y España). Elaboración propia

La triple dinámica demográfica regresiva (despoblamiento, baja densidad y envejecimiento) es un síntoma y, al mismo tiempo, uno de los factores que limita la capacidad de las poblaciones locales para impulsar procesos de desarrollo endógeno. La situación es tan grave que algunos autores sugieren que si continuara esta tendencia en los próximos años peligraría incluso la propia supervivencia de estos núcleos en un futuro cercano (Carrasqueira y Rodrigues 2004). Más allá de estas proyecciones, lo que sí parece confirmarse es que la actual regresión demográfica se está traduciendo en un aumento paulatino de las clases pasivas y en el correspondiente descenso de la población activa. El fenómeno acentúa el carácter dependiente de estas poblaciones que son sostenidas cada día más a través de pensiones y subsidios.

En este panorama, las actividades productivas son limitadas y poco dinámicas. El sector primario es casi irrelevante. Son escasas las familias que se ganan hoy la vida con la agricultura y la ganadería, aunque es bastante corriente en Alcoutim el recurso a una agricultura doméstica de autoconsumo. Muchas zonas de huertas han dejado de cultivarse, la caña de las riberas ya no se recolecta y gran parte de las dehesas ganaderas de ambos lados de la frontera han sido reforestadas con especies madereras con escaso aprovechamiento económico. Por su parte, el sector industrial es prácticamente inexistente y la mayor parte de las empresas de construcción han desaparecido tras el estallido de la burbuja inmobiliaria.

Dada esta precariedad, gran parte de los grupos domésticos que viven en estas localidades desarrollan estrategias económicas basadas en la pluriactividad y la estacionalidad. En verano y en la temporada de recolección se desplazan a las fincas de cultivos intensivos situadas en las localidades del sur para trabajar como jornaleros o al litoral cercano para emplearse en empresas del sector turístico. Cuando esta actividad estacional cesa tratan de ser empleados por las administraciones públicas en los distintos planes de empleo rural que ejecutan obras gracias a subvenciones procedentes de entidades superiores al ámbito local. Cuando no es posible encontrar trabajo, las prestaciones por desempleo y las pensiones de los mayores constituyen los únicos ingresos imprescindibles para muchas familias.

En este contexto recesivo y dependiente, la actividad de servicios orientada hacia el turismo es contemplada en el interior de estas sociedades como la única alternativa de futuro. “El turismo es la esperanza” es un argumento compartido y repetido por los informantes nativos con los que se ha hablado o a los que se ha entrevistado. “No hay alternativa”, dicen, “el futuro está en el turismo”. Como si fuesen sinónimos, el término turismo se asocia a prosperidad, dinamismo, salida del estancamiento, modernidad, empleo… Sin embargo, por ahora, este desarrollo es incipiente y centrado sobre todo en la hostelería, aunque con notables iniciativas empresariales en turismo activo que van transformando al río en un producto turístico.

El trabajo de campo realizado revela que, a pesar de que la perspectiva nativa dominante en ambas localidades contempla al turismo como la única vía hacia el desarrollo, los informantes no creen que este desarrollo pueda partir de la propia sociedad local y mucho menos de la colaboración transfronteriza. Desde la lógica emic, que nace del interior de una sociedad estructuralmente multidependiente, el único modelo de desarrollo turístico posible, eficiente y realista es aquel que se promueve y financia desde el exterior. Tan solo en los discursos oficiales emitidos por las autoridades en los actos de inauguración o clausura de actividades recreativas, deportivas o culturales (certámenes gastronómicos, eventos deportivos, rituales festivos…) se remarcan los beneficios que podrían derivarse de una potencial cooperación transfronteriza. Pero, al menos hasta ahora, estas manifestaciones públicas no se han traducido en proyectos de colaboración impulsados desde el interior de las dos localidades vecinas.

 

Malogrados intentos de asociación empresarial

En el contexto de multidependencia descrito, la actividad empresarial es, obviamente, poco dinámica. En este débil panorama es el sector servicios, especialmente el turístico, el que presenta un mayor desarrollo tanto en el número de empresas como en la diversidad de iniciativas existentes, sobre todo en los últimos años en los que han surgido algunas iniciativas singulares, dentro de la oferta del llamado “turismo activo”, que son buenos indicadores de la transformación paulatina de la zona en un destino turístico emergente.

La estructura empresarial de ambos pueblos es disímil. Sanlúcar de Guadiana presenta un tejido empresarial más reducido y menos diversificado que Alcoutim. Es menor su oferta de bares, restaurantes y alojamientos y, a diferencia de su vecina lusa, carece de empresas de comunicaciones fluviales que trasladen pasajeros de un lado a otro de la frontera o que ofrezcan paseos por el río. Las causas de esta desigual estructura del sector servicios tienen que ver con una mayor tradición turística de Alcoutim, debido en gran medida a las mejores comunicaciones por carretera con el litoral algaravío, pero también con la mayor centralidad política del conselho luso como centro administrativo de un amplio territorio, que emplea una considerable plantilla de trabajadores, los cuales a su vez demandan servicios en la localidad. Esta última circunstancia explica que, a diario, los establecimientos hosteleros alcoutenejos sean frecuentados por una clientela de empleados públicos relativamente amplia y constante; lo que contrasta con los bares y restaurantes de Sanlúcar que entresemana acogen a escaso público.

A pesar de esta disparidad, el tejido empresarial presenta dos características compartidas. En primer lugar, su escasa envergadura, ya que el empleo y el volumen de negocio que las empresas generan son muy reducidos; y, en segundo, el dominio de una cultura de empresa atomizada, conservadora, independiente y localista.

Las iniciativas empresariales son mayoritariamente de escaso tamaño y, salvo algunas excepciones significativas, de escaso tamaño en cuanto a inversión y empleo. Este panorama de debilidad y minifundismo empresarial no se combate desde el sector con estrategias emprendedoras de innovación, ampliación o diversificación.

Asimismo, las empresas se caracterizan porque normalmente operan a nivel local y de forma independiente sin establecer relaciones de cooperación con otros establecimientos de su misma rama de actividad. Tan solo la actuación de los poderes públicos, sobre todo locales, organizando fiestas gastronómicas de promoción de la cocina típica y otras actividades culturales y recreativas, concitan el interés de los hosteleros. Pero, a pesar de estas iniciativas públicas puntuales, la mayor parte de los empresarios ni tan siquiera establecen alianzas con otros agentes dedicados a actividades complementarias capaces de generar sinergias y economías de escala.

Desde esta cultura empresarial atomizada, tanto a nivel local como por supuesto transfronterizo, las relaciones entre empresarios son contempladas como de competencia antes que de colaboración. En este sentido, un informante sanluqueño refería con cierta amargura y exageración la debilidad del sector hostelero local incapaz de retener a sus visitantes, así como el predominio de la competencia en las relaciones empresariales a ambos lados de la frontera: “Alcoutim vive del turismo de Sanlúcar. La atracción de Sanlúcar es ir a Portugal”.

Este contexto de debilidad, atomización y competencia permite comprender que la única iniciativa relevante de cooperación empresarial turística transfronteriza fracasara estrepitosamente en 2011. De hecho el impulso no partió de ninguna de las dos poblaciones vecinas, sino que fue promovida por entidades externas muy vinculadas con estructuras institucionales situadas en un nivel superior al local (Federación Onubense de Empresarios, Mancomunidad de Municipios Beturia y Asociación para el Desarrollo Rural del Andévalo Occidental). El proyecto, diseñado de acuerdo con una clásica estructura vertical (top/down), se proponía crear dos asociaciones empresariales, una española y otra portuguesa, y agruparlas posteriormente en una federación transfronteriza. La entidad española, bautizada como Asociación Española de Empresarios de Turismo del Bajo Guadiana, emplazó su sede en la misma Sanlúcar y la portuguesa (Associaçâo Empresarial Turística do Baixo Guadiana, Uádi Ana) en Alcoutim con el patrocinio directo de la cámara municipal, así como de las localidades vecinas de Mértola, Vila Real de Santo António y Castro Marim.

Los medios de comunicación lusos e hispanos difundieron la vinculación empresarial transfronteriza con optimistas titulares que informaban de la superación de la frontera y el inicio de una nueva etapa de prosperidad gracias a la colaboración en materia turística: “Empresas españolas y portuguesas impulsarán el turismo en el Bajo Guadiana” (Hosteltur 10/06/2011), “Empresarios hispano-lusos impulsan las inversiones turísticas” (Huelva información 22/06/2011), decían algunos de ellos. Y en el interior de la información se resaltaba la necesidad de una entidad empresarial transfronteriza: “Esta associação tem como prioridade defender os interesses e o desenvolvimento empresarial turístico adjacente ao baixo Guadiana, através da concertação da oferta turística e da criação de uma plataforma -Cooperação Empresarial Transfronteiriça- nos diversos sectores da atividade entre Portugal e Espanha” (Região Sul 05/11/2011).

Dada la recesiva situación económica y empresarial, no debe extrañar que la principal motivación para crear la asociación fuera instrumental: captar fondos exteriores para impulsar determinados proyectos que se consideraban fundamentales. De esta forma explícita lo expresaba el máximo responsable de Uádi Ana: “estão a perder verbas comunitárias para projetos transfronteiriços e é necessário programar todas as atividades em comum para evitar que se perca dinheiro disponível para esse efeito até 2015” (Folha do Domingo 30/09/2011). Prueba de lo anterior es que este espíritu cooperativo se difuminó tan pronto como se comprobó que las ayudas públicas anunciadas no iban a financiar los proyectos ideados en las conversaciones entre las entidades.

Entre estos planes destacó muy especialmente el de instalación de una embarcación tipo ferryboat con la que se pretendían vincular los márgenes del Guadiana entre Sanlúcar y Alcoutim para transportar vehículos y personas y, consecuentemente, incrementar el tráfico de viajeros entre ambas orillas. Pero la falta de financiación pública malogró este emblemático proyecto, desanimando a los empresarios asociados que, paulatinamente, fueron abandonando la idea de una cooperación empresarial transfronteriza, retomándose la tradicional estrategia basada en la competencia. Al poco la asociación sanluqueña se extinguió y la alcouteneja se ha mantenido formalmente como una estructura dependiente del entramado político institucional, tal como ocurre con otras entidades sociales de esta localidad.

 

Escasa capacidad de maniobra política y frágil integración transfronteriza

La posición dependiente de estas poblaciones fronterizas no se limita a la esfera económica. Es también política. La cámara de Alcoutim y el ayuntamiento de Sanlúcar son instituciones locales con dificultades objetivas para materializar acuerdos de colaboración y consecuentemente institucionalizar un sistema de gobernanza transfronterizo.

Como se explicará seguidamente, la dependencia de fuentes de financiación externa, la asimetría institucional, la tendencia a la regionalización de las estructuras administrativas y la inestabilidad de las relaciones entre las autoridades de ambas poblaciones son factores determinantes que bloquean la convergencia política entre los dos pueblos. En este contexto, el impulso desde las administraciones de un turismo de base local encuentra importantes obstáculos y muchos más si se pretende integrar a organizaciones y actores de ambos lados de la frontera.

Los presupuestos de ambas entidades son bastante limitados, especialmente en el caso de Sanlúcar de Guadiana, cuyos recursos apenas cubren los gastos corrientes. Ante ello, las aportaciones procedentes de administraciones externas constituyen unos ingresos necesarios para financiar todo tipo de actuaciones (obras, equipamientos públicos, actividades socioculturales…) e imprescindibles para completar la renta de un importante sector de población que encuentra empleo estacional gracias a estas subvenciones. Pero estas ayudas son diseñadas por otras administraciones en el marco de programas comarcales, provinciales, regionales o comunitarios con unos objetivos bien definidos que las corporaciones locales se limitan a ejecutar en sus circunscripciones.

Siendo esto así, Alcoutim dispone de mayor autonomía política, ya que actúa como un interlocutor directo con el gobierno central, pudiendo controlar directamente determinados fondos públicos, especialmente aquellos que proceden de Bruselas (Feder, Interreg, POCTEP), mientras que la corporación local de Sanlúcar es el último escalón en la estructura administrativa, sin apenas capacidad de decisión más allá de las pautas definidas por organismos superiores. Alcoutim goza de mucho mayor reconocimiento institucional que Sanlúcar de Guadiana, la cual es contemplada por sus vecinos lusos como una pequeña freguesía, sin autonomía para impulsar por sí misma proyectos de cooperación. Esta perspectiva está justificada porque Sanlúcar no está presente como contraparte en los proyectos de desarrollo impulsados por Bruselas, quedando subsumida en organismos superiores (Diputación Provincial y Mancomunidad Beturia, sobre todo), lo que contrasta con el Conselho de Alcoutim que sí forma parte como actor con voz propia en todos los organismos públicos transfronterizos del Bajo Guadiana. Obviamente, esta asimetría institucional, competencial y presupuestaria es un factor clave para explicar la dificultad existente para encontrar caminos de encuentro y cooperación, ya que impide negociar en pie de igualdad un sistema de gobernanza transfronterizo que implique la asunción de compromisos vinculantes y paritarios.

Otro factor que no favorece la cooperación política entre ambas poblaciones es el proceso de regionalización vivido en la zona desde finales de los ochenta, por el cual las administraciones locales se integran en entidades supralocales que intervienen en sus circunscripciones dentro del territorio nacional, distanciándose de sus vecinos al otro lado de la frontera. Sanlúcar de Guadiana se integra y depende de la Mancomunidad de Municipios Beturia y la Diputación de Huelva, mientras que Alcoutim se vincula con organizaciones regionales lusas (destaca la Comissâo de Coordenaçâo e Desenvolvimento do Algarve) y establece fuertes alianzas con las poblaciones vecinas de Vila Real de Santo António, Castro Marim y Mértola. Esta regionalización contribuye a disgregar los lazos preexistentes en el área fronteriza porque existen impedimentos legales y jurídicos para que los responsables políticos locales actúen fuera de sus jurisdicciones sin la autorización de entidades supralocales, lo que afecta gravemente a la posible colaboración entre las dos poblaciones de nuestro estudio.

Además de los factores mencionados, que tienen que ver con dinámicas impuestas desde fuera, también afecta negativamente el carácter inestable de las relaciones políticas establecidas entre las dos corporaciones locales, ya que, dependiendo del color político de los partidos que ocupan alternativamente el poder, las relaciones oscilan desde la indiferencia hasta el establecimiento de contactos algo más estrechos. Evidentemente, esta inestabilidad tampoco favorece la formalización de acuerdos a medio y largo plazo.

Este es el contexto general que permite comprender por qué, en las últimas décadas,  Alcoutim y Sanlúcar no han consolidado una alianza política que impulse el desarrollo turístico. Podría decirse que políticamente viven de espaldas, ignorándose y sin coordinación ni planificación estratégica en ninguna materia, ni tan siquiera en la territorial, a pesar de compartir espacios de alto valor ecológico y turístico. Aunque en las ceremonias y actos protocolarios, los responsables políticos y sociales afirman la buena vecindad existente y la necesidad de profundizar en ella, lo cierto es que en los contados casos que esta colaboración se ha producido ha sido puramente testimonial y sin mayor trascendencia. Por ello, las pocas iniciativas institucionales orientadas a establecer vínculos entre las administraciones locales de ambos lados se han diluido al poco tiempo, siendo sus consecuencias de nulo o escaso alcance.

Destaca el acto de Hermanamiento promovido en 1996 por la Comunidad Económica Europea (CEE) en el marco del Programa Comunitario PACTE, el cual fomentaba la celebración de encuentros bilaterales entre localidades fronterizas. En el Bajo Guadiana se reunieron los responsables políticos de las poblaciones vecinas y fronterizas de El Granado y Mértola; Barrancos y Encinasola; Vila Real de Santo António y Ayamonte; y Sanlúcar de Guadiana y Alcoutim. En este contexto, el ayuntamiento de Sanlúcar y la Cámara de Alcoutim organizaron un encuentro, presidido por el entonces Gobernador Civil de la provincia de Huelva, consistente en el intercambio de experiencias de desarrollo rural y turístico. Aunque en los medios de comunicación se insistió en que dicho encuentro suponía la suscripción de un proyecto transfronterizo de cooperación, la actividad se redujo prácticamente a dicha reunión sin mayor repercusión política posterior en forma de colaboración transfronteriza. Sin embargo, el acto se acompañó de una ceremonia de alto valor simbólico, que consistió en la firma de un juramento de Hermanamiento por parte de sus respectivos ediles en una embarcación fondeada en la línea fronteriza del mismo río Guadiana. Esta acción simbólica tuvo su impacto en las sociedades locales, pues contribuyó a sentar las bases de un movimiento ciudadano transfronterizo que -como se desarrollará en el siguiente apartado- reivindicó posteriormente la construcción de un puente entre ambas localidades.

Más allá de este episodio y algún otro suceso puntual, en la actualidad, la colaboración institucional se limita a negociaciones muy concretas, especialmente sobre la gestión del río (puertos, embarcaciones, navegación), y a la participación en acciones simbólicas y recreativas (fiestas, certámenes culinarios y actividades deportivas, sobre todo) en cuyas ceremonias de protocolo suelen estar presentes las autoridades locales de ambos pueblos. No obstante, la cooperación se manifiesta en un nivel muy superficial, porque no existe un organismo de gestión compartido para resolver problemas comunes, ni siquiera una comisión de fiestas y actividades culturales, ya que la organización de los eventos y rituales corresponde a cada localidad, sin que la otra intervenga.

 

Un débil entramado social

La situación de multidependencia se manifiesta también en la debilidad estructural de una sociedad civil que no ha desarrollado un asociacionismo ciudadano reflexivo, crítico y propositivo. En Sanlúcar el asociacionismo es muy frágil. Tan solo destaca la Hermandad Patronal de la Virgen de la Rábida, la cual fomenta un intenso sentimiento de comunidad a través de los rituales festivos, pero no interviene directamente en el desarrollo turístico. Las restantes organizaciones son irrelevantes en cuanto a afiliación e incidencia social y económica. Por su parte, en Alcoutim el asociacionismo está más asentado, pero las entidades están estrechamente vinculadas a la Cámara Municipal de la que dependen en cuanto a su financiación, por lo que su funcionamiento suele estar muy condicionado.

Otro aspecto relevante del asociacionismo en la zona es su fuerte carácter local o endogámico (Fragoso 2009), lo cual es reflejo de un hecho fundamental: que las relaciones personales y de sociabilidad centran su marco de acción en el ámbito local (Gualda 2008). Esto ha sido corroborado por los informantes de uno y otro lado en las entrevistas y charlas informales realizadas durante el trabajo de campo, que mayoritariamente señalan que sus amistades principales viven en el mismo pueblo donde residen y que las relaciones que establecen con sus vecinos de la otra orilla suelen ser escasas y poco estrechas, siendo casi inexistentes los noviazgos y matrimonios mixtos. Obviamente, esto afecta al asociacionismo formalizado. En esta frontera no existe actualmente ninguna entidad transfronteriza que integre a las poblaciones de los dos pueblos y han fracasado todas las iniciativas en este sentido.

El caso más interesante lo protagonizó la Asociación Transfronteriza Alcoutim-Sanlúcar (ATAS) que fue capaz de aunar a amplios sectores de ambas localidades en la vieja aspiración de construcción de un puente sobre el río Guadiana.

El proceso arrancó tras la reunión de los Jefes de Estado de ambos países en Oporto en 1995, en la que coincidieron en la necesidad de habilitar un segundo puente en el Guadiana, que se sumaría al ejecutado entre Ayamonte y Vila Real de Santo António en 1991, la contratación de los estudios técnicos de esta infraestructura un año después (Márquez 1997) y el acto de Hermanamiento también de 1996. Estos eventos despertaron importantes expectativas entre gran parte del vecindario que contemplaba que la erección del puente supondría la superación definitiva de la frontera y la transformación de las dos poblaciones en puertas de entrada a Andalucía y al Algarve. Sin embargo, la demora del proyecto anunciado impacientó a un grupo de vecinos de los dos pueblos que en 1999 constituyeron ATAS y organizaron una manifestación fluvial en la que demandaron el inicio de las obras. El acto de marcado carácter simbólico consistió en la creación de un puente de barcas que conectaba ambas márgenes del río contando con la participación de numerosos vecinos y representantes políticos locales (De Bellis 2008).

Paralelamente, la asociación llevó a cabo una serie de actos cuyo propósito era alcanzar apoyo y consenso colectivo en la demanda del puente. Organizaron exposiciones, actos públicos y se entrevistaron con autoridades españolas y sobre todo portuguesas. Pero paralelamente dinamizaron la cooperación transfronteriza a través del fomento de distintas acciones de promoción turística, actividades culturales y deportivas (edición de una guía turística bilingüe, cursos de portugués y español, encuentros literarios, viajes organizados para vecinos de los dos pueblos, cursos de piragüismo, competiciones futbolísticas, etc.).

El acto de protesta más trascendental que protagonizó la entidad aconteció en septiembre de 2006, coincidiendo con el tradicional día de España que cada año se celebra en la Feira de Alcoutim. Consistió en la repetición de la manifestación fluvial de 1999 y la creación del simbólico puente de barcas. Pero en esta ocasión, la acción en el río y sus riberas fue de una mayor envergadura, alcanzando una notable repercusión mediática comarcal y regional, ya que se involucraron autoridades políticas y representantes de partidos, sindicatos y asociaciones de ámbito local, pero también regional (sobre todo portugueses), y participaron numerosos vecinos en embarcaciones de distinto tipo y tamaño, así como en los pantalanes de Sanlúcar y Alcoutim, portando banderas españolas, portuguesas, andaluzas y pancartas desde las que reivindicaban esta infraestructura. Sin embargo, a pesar de la importancia de la movilización, la acción tampoco sirvió de mucho porque el proyecto, ya elaborado y presupuestado, no llegó a consumarse.

Todo ello produjo una importante decepción y la sensación colectiva de estar siendo marginados, especialmente cuando poco tiempo después fueron inaugurados dos puentes aguas arriba del Guadiana: uno que enlaza El Granado con Pomarao (Concelho de Mertola) construido en 2008 y un segundo desde Paymogo a San Marcos-Corte do Pinto (Concelho de Mertola) erigido en 2012. Estas infraestructuras han provocado en las localidades no solo un sentimiento de frustración y discriminación, sino también de desconfianza y escepticismo ante la labor de los poderes públicos en sus poblaciones, pues el puente Alcoutim-Sanlúcar se contemplaba en el mismo programa europeo que los anteriormente mencionados (Interreg III-A HUBAAL).

El fracaso en la consecución del principal objetivo de la entidad transfronteriza, supuso su lento declive. En 2011, quizás como última alternativa de conexión, promovieron un nuevo proyecto: la instalación de un teleférico con capacidad para ocho pasajeros. Sin embargo, a pesar de que los trabajos técnicos avalaban su viabilidad y del reducido coste que habría supuesto la obra, la iniciativa también se malogró. Los reiterados fracasos de los proyectos se tradujeron en un paulatino desgaste de la entidad que terminó disolviéndose en el mismo 2011. Curiosamente, unos años más tarde, un empresario británico reinterpretó la idea creando una espectacular tirolina transfronteriza, que es en la actualidad el principal negocio y atractivo turístico de la zona.

En el ámbito asociativo, ATAS ha sido el único caso de entidad bilateral y transfronteriza. Pero conviene relativizar este carácter, ya que nunca fue una organización simétrica, sino un proyecto impulsado desde la orilla portuguesa con el apoyo directo de la cámara alcouteneja y la asociación portuguesa de desarrollo comarcal Alcance, dependiente de este consistorio. De hecho la sede de ATAS se localizaba en Alcoutim, en un local cedido por la cámara, que contaba además con personal administrativo municipal allí destinado; mientras que el rol del ayuntamiento de Sanlúcar fue más testimonial y puntual. Asimismo, aunque la estructura interna de la junta directiva de la entidad era paritaria y rotativa (alternaban los cargos cada cuatro años), el protagonismo de los líderes portugueses fue casi siempre mucho mayor. El liderazgo de Alcoutim y el papel testimonial y puntual del Ayuntamiento de Sanlúcar y su vecindario en ATAS son un buen ejemplo de la asimetría relacional e institucional existente entre ambas vecindades. No obstante, el caso revela también que, a pesar de las dificultades objetivas derivadas de la situación de multidependencia, existe una base social susceptible de movilización para alcanzar objetivos comunes.

El resto de las asociaciones tienen y han tenido un marcado carácter local o endógeno, ya que su radio de acción se ha reducido casi siempre al municipio o conselho. Un caso excepcional y esporádico lo protagonizó la entidad sanluqueña La Viñavila (Asociación para el Desarrollo Sociocultural y la Promoción Turística de Zonas Rurales). Esta organización de corta existencia (2010-2014) se proponía como objetivos fundamentales dinamizar la vida cultural y estrechar los lazos con la vecina Alcoutim. En este empeño participaron en varias ediciones de la Feira de Alcoutim sirviendo una paella en el tradicional día dedicado a España, para lo que contaron con la colaboración de las autoridades alcoutenejas que facilitaron espacios y medios. En la edición de 2012 editaron un cartel encabezado con el lema: Yo soy portuñol!!! Eu sou Portunhol”, que rodeaba a la imagen del toro y el gallo representativos de ambos países. Al lado se podía leer un manifiesto, cuyo texto constituye una expresión explícita del deseo de estrechamiento de los lazos entre los dos pueblos, lo que se enfatizaba por el hecho de que las frases alternaban los colores amarillo, rojo y verde correspondientes a los de las banderas lusa e hispana. Entresacamos algunas de las afirmaciones más destacadas:

“Es un honor sentirse Portuñol (a), identificarse con las dos orillas del Guadiana, con Sanlúcar y con Alcoutim, con Andalucía y con Algarve, con España y con Portugal (…) SOMOS TODOS PORTUÑOLES (AS) (…) el sentimiento de ser PORTUÑOL (A) es un sentimiento de unión y amistad entre todos nosotros (…). Aquí, ser Portuñol (a) es también llevar en nosotros mismos dos culturas cercanas, separadas por una corriente de agua, pero que se unen con expresiones, con gestos, con simples actos que nos hacen estar más cerca de nuestros hermanos (as)” (http://laviñavila.org).

A pesar de la manifiesta voluntad de hermanamiento e incluso de fusión entre ambos pueblos que se aprecia claramente en el texto, este espíritu fraterno fue tan efímero como la propia existencia de la asociación, la cual cesó en su actividad en 2014. El caso muestra que el voluntarismo de unos pocos no es condición suficiente.

En definitiva, el carácter endógeno y autocentrado de la sociabilidad, la debilidad de las redes de sociabilidad entre las dos orillas y la inexistencia de un movimiento ciudadano crítico, propositivo e independiente de los poderes públicos impiden que se sienten las bases para la institucionalización de una asociación transfronteriza. Esta debilidad de la sociabilidad y el asociacionismo no favorece el desarrollo de la confianza en la capacidad reactiva y resiliente de las sociedades locales y ayuda a comprender la creencia generalizada de que la única alternativa posible es la atracción de grandes capitales foráneos que promuevan proyectos turísticos generadores de empleo.

 

Conclusiones: Trazar puentes simbólicos

En este trabajo se ha tratado de encontrar repuestas a la inexistencia de una estructura formalizada de gobernanza de base local bilateral que agrupe a los sectores sociales, políticos y económicos de las dos poblaciones. La semejanza paisajística, el paralelismo en cuanto a indicadores económicos y demográficos y el hecho de compartir una frontera fluvial de gran atractivo turístico parecen ser a primera vista condiciones suficientes para que surja una estrategia de cooperación transfronteriza. Sin embargo, un conjunto amplio de factores coloca a este espacio periférico en una posición de multidependencia estructural que impide la formalización de una colaboración transfronteriza e institucionalizada en forma de gobernanza.

Llama la atención que los casos más relevantes de cooperación transfronteriza vividos en la historia reciente de ambas localidades se hayan centrado en reivindicaciones colectivas de infraestructuras para acercar físicamente ambas poblaciones. La demanda del puente propició una temprana colaboración entre las autoridades políticas, así como el hermanamiento de las poblaciones. La demanda de esta infraestructura propició también la formalización de la primera y única entidad social transfronteriza y fue precisamente el proyecto de teleférico lo que la mantuvo viva. Del mismo modo la solicitud del Ferryboat aunó por primera vez a los empresarios de los dos lados de la frontera. En todos los casos los esfuerzos de cooperación se diluyeron cuando sus promotores (políticos, líderes sociales y empresarios) comprobaron que la realización de cada uno de los proyectos era una quimera.

También es interesante comprobar que las reivindicaciones de equipamientos lideradas desde el ámbito social, empresarial y político se han acompañado de acciones cuya puesta en escena se ha rodeado de un marcado carácter simbólico. El río ha sido el espacio donde se han escenificado manifestaciones fluviales muy singulares capaces de concitar la participación ciudadana y el interés de los medios. Paralelamente, el día de España de la Feira de Alcoutim ha sido considerada la fecha más idónea para llevar a cabo estas acciones, integrando en el tiempo sagrado de la fiesta a los vecinos de las dos orillas unidos en un mismo objetivo. Tanto el espacio como el tiempo elegidos para las manifestaciones no han sido arbitrarios ni casuales. Río y día de España han simbolizado el interés por forjar una integración que supere la frontera, entendida como barrera física, social y económica.

No obstante, este espíritu de colaboración transfronterizo ha sido siempre efímero, diluyéndose tan pronto se malograban los proyectos. Los fracasos sucesivos han provocado desconfianza en la capacidad de las poblaciones locales para salir por sí mismas de la situación de estancamiento y subdesarrollo, así como en el proyecto europeo y en la política en general (Sidaway 2002). En este contexto, la mayoría de los vecinos y autoridades públicas locales contemplan la inversión privada y externa como la única alternativa.

Queda sin embargo un espacio para la esperanza (Harvey 2000). Aunque esporádico, el significativo respaldo social que han recibido las distintas demandas ciudadanas muestra que existe un sustrato social latente que quizás pudiera invertir la tendencia y generar confianza en las sociedades locales para empoderarse e institucionalizar un sistema de gobernanza bilateral transfronterizo. En esta nueva perspectiva, el río Guadiana podría pasar de ser percibido como un obstáculo a la comunicación a considerarse un bien común gestionado autónomamente por los propios actores ribereños con el que construir una imagen compartida y atractiva para el desarrollo del turismo en la frontera.

 


Notas

1. Este estudio ha sido realizado en el marco del  proyecto “La gestión pública del Patrimonio Etnológico” (P11-HUM-7377), Proyecto de Excelencia de la Junta de Andalucía de la convocatoria 2011 (modalidad Motriz) financiado por la Consejería de Economía, Innovación, Ciencia y Empleo de la Junta de Andalucía y el Ministerio de Economía y Competitividad.


 

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