Gazeta de Antropología, 2020, 36 (2), recensión 01 · http://hdl.handle.net/10481/64580 Versión HTML
Publicado 2020-11
Jesús I. Catalá Gorgues y Fernando Ros Galiana (coord.):
Senderos de la descripción. Perspectivas teóricas y prácticas diversas
Granada, Comares, 2020.

Almudena Cortés Maisonave


RESUMEN
Recensión del libro: Senderos de la descripción. Perspectivas teóricas y prácticas diversas (Comares, Granada, 2020) coordinado por Jesús I. Catalá Gorgues y Fernando Ros Galiana.

ABSTRACT
Review of the book: Senderos de la descripción. Perspectivas teóricas y prácticas diversas (Comares, Granada, 2020) coordinated by Jesús I. Catalá Gorgues and Fernando Ros Galiana.

PALABRAS CLAVE
descripción | etnografía | epistemología
KEYWORDS
description | ethnography | epistemology

Este libro es la consolidación de un largo proceso de investigación que empezó hace nueve años y que se ha ido fraguando en el grupo de investigación Teoría y usos de la descripción y sus relaciones con la imagen documental. Perspectivas desde la Historia de las Ciencias, la Antropología cultural y la Filología (Docudescripción) del CEU-Universidad Herrera Oria, y en varios proyectos de investigación financiados. El libro se compone de una introducción y seis textos que giran en torno a los usos de la descripción tal y como indica su título. A partir de ámbitos disciplinarios y teóricos variados como la lingüística, la antropología, la filosofía y la historia de la ciencia, Fernando Ros, Jesús I. Catalá, Ángel López, Ricardo Sanmartín, Enrique Anrubia y Hasan G. López transitan en sus respectivas contribuciones por estudios de caso centrados en el arte, la narración del dolor, los archivos fotográficos del trabajo de campo de Luiz de Castro Faria que acompañaba a Lévi-Strauss en Brasil, el lenguaje, la cultura, la obra de T. E. Lawrence titulada The Mint (El troquel en español), o la función descriptiva de la elaboración de listados y catálogos en la historia natural en España a finales del siglo XIX y comienzos del XX.

La relevancia y el interés de esta obra radica en que presta atención a una de las categorías que ocupan un papel central en la elaboración de nuestras etnografías, como es la descripción, aunque podamos afirmar que últimamente su valor se esté desdibujando. Es habitual encontrar en los trabajos de nuestros estudiantes de doctorado y en las propuestas de investigadores postdoctorales, algunas apuestas que prefieren hacer hincapié en la capa superficial del registro de su trabajo etnográfico frente a la labor de análisis e interpretación conclusiva posiblemente porque se confunde el valor metodológico del registro con la descripción en sí misma. Es habitual leer investigaciones en las que se suceden los fragmentos de las entrevistas o de las observaciones del trabajo de campo sin que medie la actividad analítica de quien elabora estas investigaciones. Parecen dejar al criterio de quien lee, una parte fundamental de su trabajo, como es la interpretación. También es frecuente encontrar propuestas que se presentan como innovadoras, e incluso con pretensiones refundacionales pero que hacen uso nominal de las viejas herramientas descriptivas que ya han sido cuestionadas y debatidas sobradamente en la antropología durante más de un siglo. Me refiero por ejemplo a las apelaciones referidas a las aperturas de archivos etnográficos de nuestras propias investigaciones, el uso de catálogos y listados o el impulso de laboratorios virtuales confiriéndoles una capacidad etnográfica nueva sin aclarar la manera en que se va a realizar la parte más compleja de nuestro trabajo etnográfico, como es, insisto, el análisis y la interpretación desde y de la alteridad del ser humano. Un ser humano entendido como miembro de una sociedad, como portador de una cultura, como heredero de una tradición, como representante de una colectividad, como iniciado en un universo simbólico, en definitiva, como resultado y creador partícipe de un proceso histórico específico, único e irrepetible en el sentido propuesta por Esteban Krotz en su artículo titulado “Alteridad y pregunta antropológica” publicado en 1994 en la revista Alteridades. El problema de fondo de estos enfoques que renuncian al análisis o no lo hacen explícito es que devuelven el trabajo etnográfico a un punto cero de enunciación que desconoce el contexto de generación del conocimiento. El observador del mundo social se coloca de esta manera en una plataforma neutra de observación que, a su vez, no puede ser observada desde ningún punto.

Por esta razón, al centrar su mirada en la descripción y en cómo ha sido usada en las ciencias naturales, humanas y sociales, así como sus efectos para el conocimiento, esta obra recentra el interés y devuelve la atención a los debates que han formado parte de las distintas tradiciones antropológicas por excelencia. Precisamente, los coordinadores de la obra nos recuerdan que el estatus epistemológico de la descripción ha sido intensamente negociado hasta hoy, especialmente desde el siglo XIX. Así, la descripción es legitimada en el siglo XVIII por contribuir a los avances de la Ilustración con su inclusión en la Enciclopedia en 1754 y nadie ponía en duda su valor ya que era considerada un elemento fundamental de numerosas disciplinas de conocimiento como la historia natural, las bellas artes, la geometría o la filosofía, por citar algunas. Las discusiones sobre su propio método, sus pretensiones de verdad y su dimensión lingüística estuvieron presentes desde el comienzo. En el siglo XVIII, nos dicen los coordinadores de esta obra, no se discutía todavía su validez científica ya que en una clara inspiración foucaltiana, se reconocía su capacidad para llevar al lenguaje la experiencia de lo visible ya que su función primaria era hacernos ver algo.

Sin embargo, a comienzos del siglo XIX y con el surgimiento y consolidación de los métodos de laboratorio se empezó a asociar la descripción con los saberes alejados del ideal de la ciencia. Como bien nos recuerdan los coordinadores en la introducción, incluso El origen de las especies de Darwin fue calificado de acientífico o de cientificidad aminorada al publicarse en un momento en el que las ciencias naturales estaban experimentando una profunda transformación en su método más preocupado por los experimentos en el laboratorio, que por las descripciones tan presentes en las ciencias naturales hasta entonces.

Es ya sabido que, desde el inicio de la antropología, la etnografía y la consecuente descripción han jugado un papel fundacional como método característico de esta disciplina. La relación con la descripción ha pasado por diferentes etapas y posicionamientos bien reconocibles. Sin ánimo de ser exhaustiva, entre las más conocidas, se encuentra la posición de Franz Boas (1858-1942) orientada a la recolección y registro de descripciones precisas de pequeñas comunidades a través del trabajo de campo intensivo. La clave aquí era el registro sin contaminar con generalizaciones y prejuicios previos a la realización del trabajo de campo y que impedirían la consecución de la objetividad. Se partía, por tanto, de una tabula rasa teórica en la creencia de que se accedía a un conocimiento mediante un método científico que aseguraba la objetividad. En el otro extremo, podemos encontrar los planteamientos de Marcel Mauss quien en su Manual de etnografía (1947) recuerda a los estudiantes que uno de los objetivos de la etnografía es registrar los hechos sociales y que el etnógrafo ha de preocuparse de conocer el sentido de los hechos y para ello debe estar enterado de cuanto se sabe sobre su materia, para poder sacar a la superficie, con su trabajo, lo que todavía se ignora. Para Mauss, son elementos fundamentales la descripción de los hechos sociales y relaciones socioculturales, y una rigurosa preparación teórica orientada al establecimiento de categorías analíticas y a la formulación de hipótesis en cualquier trabajo etnográfico.

Como vemos, la preocupación por la objetividad ha acompañado a los debates de la antropología desde sus orígenes en una clara sintonía con los debates de su época y su preocupación por ser considerada una disciplina científica. Sin embargo, como nos recuerda Ricardo Sanmartín en su capítulo, se ha extendido la idea de que tanto la observación como el trabajo de campo al usar la inferencia y la interpretación están sesgados por la subjetividad del investigador de tal manera que no puede elaborarse una etnografía sólida y objetiva. Como nos recuerda este autor, la subjetividad es la condición para la elaboración de una etnografía ya que se requiere que exista un sujeto investigador como herramienta heurística. Precisamente, la posibilidad de observar adecuadamente la alteridad para luego poder describirla implica al sujeto investigador desde su propia cultura, para enfrentarse entonces comparativamente a la ajena. Efectivamente las situaciones de contacto cultural pueden convertirse en lugar para la ampliación y profundización del conocimiento sobre uno mismo (véase Krotz, artículo citado).

En este sentido, me gustaría destacar tres elementos pensando en nuestros estudiantes y que esta obra contribuye a mostrar:

1) En primer lugar, es común identificar la descripción con la idea del registro etnográfico en el diario de campo, esto es, dar cuenta de lo que la gente dice y lo que la gente hace. Esto es lo que Rosana Guber, en su conocida obra La etnografía. Método, campo y reflexividad (2011), identifica como reporte o Clifford Geertz simplemente como descripción en su obra La interpretación de las culturas (1973). El reporte es necesario para poder establecer las explicaciones de estos hechos, las causas que los generan. Pero, si en nuestras etnografías solo reflejamos los hechos, la labor de los etnógrafos estaría más cercana a la copia, a la mímesis. La descripción, en el sentido planteado en Senderos de la descripción, implica la atribución de significados por parte del etnógrafo a esos hechos, en un ejercicio de semiosis. Efectivamente, la etnografía no es una tarea de simple copia o transcripción de lo que la gente dice o hace sin más, tal y como es habitual encontrar en numerosos trabajos de investigación. Lo que me lleva a la segunda cuestión.

2) La descripción implica un ejercicio de interpretación de las acciones de los sujetos de investigación en los términos en los que las caracterizan sus protagonistas; requiere un ejercicio de interpretación por parte del etnógrafo que ha requerido previamente suspender sus propias prenociones, sus certezas, valores y puntos de vista. Cuanto más ponga en cuestión sus certezas, más dispuesto estará a aprehender la realidad en términos que no sean los propios. Nos recuerda Guber que, dado que no existen instrumentos prefigurados para la extraordinaria variabilidad de los sistemas socioculturales, el investigador social solo puede conocer otros mundos a través de su propia exposición a ellos. El investigador es el principal instrumento de investigación con sus atributos socioculturalmente considerados (género, clase, nacionalidad y raza) en una interacción social de campo y posteriormente su relación con quienes serán sus lectores. Así, en las ciencias sociales, y especialmente en la antropología, no existe conocimiento que no esté mediado por la presencia del investigador. Es esto lo que permite ocupar una posición epistemológica desde donde realizar el trabajo de interpretación.

3) Finalmente, esto es lo que Geertz denomina descripción densa, en la que reconoce los marcos de interpretación dentro de los cuales los agentes atribuyen sentido a las acciones y comportamientos. Pero la escritura etnográfica no consiste en recoger, registrar, reproducir y transmitir datos o hechos pertenecientes a otros, sino de preparar la llegada de lo todavía no dicho, del brote de lo inédito. Consiste en elaborar una conclusión interpretativa que elabora el investigador que procede de la articulación entre la elaboración teórica y su contacto prolongado con los sujetos de investigación. Requiere por tanto una actividad específica de análisis y escritura, un trabajo personal desde la subjetividad del investigador que elabora un trabajo propio con voz propia.

En definitiva, nos recuerdan los autores de esta obra que del contacto con la diferencia surge en la escritura etnográfica una posibilidad nueva de comprender la diferencia. Y la descripción, si bien se presenta como una noción polisémica, sigue manteniendo su vigencia a pesar de los múltiples significados que conlleva. Pero es desde la técnica de la descripción desde donde podemos situarnos para identificar el marco cultural desde el cual comprender cómo opera la alteridad. La relación que se establece en la etnografía entre lo familiar y lo extraño, entre lo mismo y lo otro, entre la repetición y la diferencia surge como campo magnético para comprender la alteridad humana en sus semejanzas y diferencias.


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