Gazeta de Antropología, 2012, 28 (1), artículo 09 · http://hdl.handle.net/10481/20215 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 8 diciembre 2011    |    Aceptado 20 abril 2012    |    Publicado 2012-05
La agonía de una lengua. Lo que queda del caló en el habla de los gitanos. Parte II. Un modelo de niveles de competencia y formas de aprendizaje. Voces y campos semánticos más conocidos
The agony of a language. What remains of the Caló dialect in the language of the Gypsies. Part II. A model of levels of competence and learning patterns with the most popular words and semantic fields






RESUMEN
El caló es el idioma mixto desarrollado por los gitanos entre los siglos XV y XVIII a partir de un léxico derivado del romaní que se articula mediante la morfosintaxis del castellano (o del catalán, el vasco o el portugués en sus otras variedades). Las evidencias apuntan a la paulatina desaparición de esta lengua en los dos últimos siglos, pero apenas tenemos datos de su conocimiento ni su uso actual entre sus hablantes originarios. Para empezar a llenar este vacío hemos diseñado un cuestionario que contiene un listado de 355 términos de caló con su equivalencia castellana, y lo hemos aplicado en 84 entrevistas realizadas en Andalucía a personas que se definen como gitanos. En este segundo artículo ofrecemos un modelo de los principales niveles de conocimiento y competencia de caló, y de los ámbitos sociales donde se transmite este idioma.

ABSTRACT
Caló is the mixed language developed by Spanish Gypsies, Gitanos or Calé. It incorporates a Romany lexicon into the Spanish morphosintax (or Catalan or Basque in the regional varieties). All experts agree that Caló has been in a terminal state for over two centuries. But we lack data on the knowledge, and the use of Caló by its original speakers, and the meaning that Caló has for them. To begin filling this void, we developed a specific questionnaire that includes a detailed list of 355 Caló words with their Spanish equivalencies, and we applied it to an intentional sample of 84 'Gitanos' in Andalusia. This second part includes a model of levels of knowledge or competence of Caló that briefly reviews the three main social environments where it is learned, and analyze the most popular words in Caló and the semantic fields to which they belong.

PALABRAS CLAVE
caló | gitanos | romaní | Andalucía
KEYWORDS
Calo dialect | Gypsies | Romany | Andalusia


1. Introducción

En la primera parte de este trabajo (ver Gazeta de Antropología, nº 27 /2, artículo 39) establecimos los objetivos, métodos y fuentes de este estudio. También ofrecimos el vocabulario utilizado, incluyendo el número y porcentaje de hablantes que reconocen cada uno de los términos propuestos, así como las variaciones que ofrecen para cada uno de ellos. Referimos a los lectores y lectoras a ese artículo y aquí presentaremos la segunda parte de los resultados, que conciernen a los niveles de conocimiento y competencia de los usuarios, los ámbitos sociales donde parecen haber aprendido caló y el análisis de los campos semánticos a los que pertenecen las voces más populares. Presentamos los resultados de forma detallada, con citas literales de discursos recogidos, que permiten observar, al menos parcialmente, formas más o menos completas y espontáneas de uso de caló entreverado con el castellano, el idioma materno de la mayoría de los gitanos españoles.

Nuestros resultados ofrecen un modelo de niveles de conocimiento y competencia que deriva de la muestra de hablantes entrevistada y que puede ponerse a prueba en otras regiones y grupos gitanos de España, Francia y Portugal. Podría ser que en ciertas zonas abundasen más los hablantes con un mayor conocimiento de voces de origen romaní y un uso más articulado de caló. Se trataría, por tanto, de avanzar un primer elemento de contrastación y referencia. Recordemos que se trata de 68 gitanos andaluces entrevistados en profundidad, cuyas respuestas se han codificado cuantitativamente, y otros 16 que hemos utilizado también en el análisis cualitativo.

 

2. Resultados

2.1. Niveles de conocimiento de caló

Hemos establecido cinco grupos de usuarios de caló de acuerdo con el total de voces que reconocen los hablantes. Este dato parece un buen indicador del nivel de conocimiento y competencia del caló y se correlacionaría positivamente con un mayor uso del idioma (pasado o presente) y una mayor capacidad de formar frases completas y comunicarse en esa lengua mixta. En las tablas 1 y 2 presentamos la distribución de los informantes según su ubicación en estos niveles, necesariamente aproximados y ligeramente arbitrarios.

El nivel más bajo, con un reconocimiento de menos de 80 términos, incluye casi una cuarta parte de la muestra. Los dos siguientes niveles, que podríamos considerar medios, uno por debajo y otro por encima del promedio y la mediana (situadas en torno a los 130 términos), incluyen la mayor parte de los entrevistados, casi un 60 por ciento (58,8%) y aquellos/as informantes que tienen un conocimiento más alto e incluso máximo del caló suponen otro 20 por ciento del total.

O sea, nuestra base presenta un continuo de conocimiento del caló, con una parte media abultada y un sector de menor y mayor conocimiento algo más delgados, una distribución en forma de huso.

Estos porcentajes, sin embargo, no pueden extrapolarse a la población gitana para calcular el peso de esos niveles en su conjunto. Recordemos que hemos buscado hablantes con cierto conocimiento del caló y hay una sobrerrepresentación de usuarios con nivel medio o alto. Conseguir informantes que sepan muy poco o casi nada es hoy fácil entre los jóvenes gitanos y gitanas. Es por consiguiente probable que la mayoría de la población gitana se encuentre hoy en los niveles inferiores de esta distribución respecto a su conocimiento y uso del caló.

Tabla 1. Individuos en cada nivel de conocimiento de caló, establecido por el número de términos del cuestionario reconocidos, por sexo (N: 68).

 

Tabla 2. Número de términos conocidos por cada grupo principal de hablantes. Medidas centrales y de dispersión (N: 68).

 

Si atendemos a las edades de los hablantes en esos grupos, vemos que vuelve a repetirse una asociación inversa entre edad y conocimiento de caló que apuntamos anteriormente. En la tabla 3 se observa que la correlación de medias y medianas con los niveles es casi perfecta, sólo rota por los tres casos máximos que, seguramente, son excepcionales.

Tabla 3. Edad de los hablantes por grupo de conocimiento y uso del caló. Medidas centrales y de dispersión.

 

El grupo de menor conocimiento tiene una edad promedio de 39 años, la mitad tiene menos de 40 años. Según avanzamos en conocimiento, aumenta la edad media, hasta alcanzar una media de 56 años en el grupo de conocimiento alto. En los tres hablantes de máximo conocimiento se rompe esta asociación, seguramente por el caso de un entrevistado de 35 años que se incluye en ese grupo. Pero la relación entre edad y mayor conocimiento de caló parece clara y sostenida, aunque tratándose de un léxico relativamente pequeño, un hablante con empeño puede en unos meses alcanzar los niveles más altos, aunque con un tipo de conocimiento sustancialmente distinto al tradicional.

 

A. Nivel de conocimiento mínimo o nulo, de 30 a 80 términos

El primer nivel de conocimiento y uso del caló lo integran los hablantes que conocen entre 31 y 80 palabras del cuestionario. Por término medio, recuerdan 67 palabras. Son 16 personas, un 24 ciento de los 68 entrevistados. En su parte inferior incluye personas que apenas conocen términos romaníes más allá de los que son ampliamente conocidos por todos los hablantes de castellano, unas 30 o 40 palabras. En su extremo superior incluye personas que tienen un conocimiento del caló que es raro encontrar entre “payos”, lo que permite considerarlo como un elemento de distinción étnica.

 

Remedios, mujer gitana nacida en 1968

Por ejemplo, Remedios, una mujer de 40 años, es la menor de tres hermanos de una familia gitana un pueblo granadino del interior. Ha convivido poco con gitanos, ni siquiera con los su pueblo. Su madre no le dejaba juntarse con las niñas gitanas. A pesar de eso, en su familia siguen celebrando la Nochebuena de la manera tradicional gitana. “Es lo único que se ha diferenciado algo en mi casa del resto, de los castellanos”. En la actualidad reside en Granada capital con su esposo, que no es gitano, y su hijo. Remedios reconoció 31 términos del cuestionario, un 9 por ciento del total; fueron éstos:

Tató, rendundes, jalar, balichó, sacais, pinreles, chapiris, parné, jayeres, randar, randeta, jundunares, lumiasca, marar, currar, lachi, majara-majarón, pureta, najarse, camelar, endiñar, nasti, apoquinar, undibel, matu/patu, pureta, caló, gachó, lacorrillo, quer.

Como puede observarse, muchos de estos términos son de uso común en la población española, es decir, son términos hoy propios del castellano; su conocimiento apenas indica saber ni uso del caló. Algunos, como jalar, pinreles, parné, endiñar, majara, son términos comunes; otros son algo más literarios, pero también de uso común (randeta, randar). Y hay un tercer grupo de términos que son mucho menos conocidos en el hablante castellano medio, como tató, lacorrillo, quer, balichó, undibel, pero cuyo uso es más común en las familias y hogares gitanos y cobra cierto valor en la distinción étnica.

En cualquier caso, el conocimiento de Remedios es muy limitado. Apenas articula frases con los términos que conoce, ni juega productivamente con su morfología. Ella admite que nunca usa esas palabras. Y no transmite ese conocimiento a su hijo, ni lo encuentra relevante. En ella se detendrá, seguramente, la transmisión del caló, siquiera como léxico transmitido familiarmente. Si su hijo llega a saber más que su madre, lo habrá aprendido de otras fuentes.

Este es el nivel de conocimiento en el que se encuentran también más “payos”, bien por su contacto con el flamenco, con los vecinos gitanos o con la germanía delincuencial.

Este es también el nivel que incluiría a la mayoría de los gitanos y gitanas menores de 30 años, es decir, nacidos a partir de 1980. que apenas conocen hoy términos del caló ni los han oído en sus entornos familiares, laborales o comunitarios.

Son además, la generación que ha acudido masivamente a la escuela, que menos se ha encontrado en los entornos donde el caló más se transmitía fuera de la familia: el trato, la venta, el esquileo, el encuentro de gitanos cerca o en un universo payo.

 

Ana, gitana nacida en 1992

Por ejemplo, Ana, una muchacha nacida en un pueblo de la Comarca de Guadix bastante bien comunicado y donde siempre ha vivido. En su pueblo residen unos 100 gitanos, todos emparentados y descendientes de dos parejas fundadoras. Ello significa que todos son parientes y que hay un considerable contacto e intercambio en la comunidad gitana local. Ana tiene 18 años, está soltera, no tiene hijos y vive con sus padres. Ha cursado estudios primarios y ha dejado de estudiar en segundo curso de ESO. Su familia es muy conocida en la zona, se dedican sobre todo a las temporadas agrícolas y un poco a la construcción.

Ana nos dice que no conoce apenas caló, y que las pocas palabras que sabe las ha aprendido de sus padres. Reconoce unas 58 palabras del cuestionario, casi la mitad las recuerda al decirle su significado, aunque aporta elaboraciones que muestran que las conocía. Es un conocimiento bajo y pasivo, pero no nulo: muchas de estas expresiones no son comunes fuera de entornos gitanos o flamencos. Ana insistía en que los que saben o sabían caló eran los gitanos y gitanas ancianos.

Nos sorprendió que no conociera algunas de las palabras más comunes. Por ejemplo, al citarle “tató, manró, pañí y mol“. Respecto a ellas, exclamó: “¡La primera vez que estoy escuchando todas estas palabras!”, asombrada.

Sin embargo fue recordando otros términos del cuestionario, a menudo por asociación con experiencias pasadas. Por ejemplo, cuando le preguntamos si sabía lo que significa chuquel, dijo que no, pero al oír nuestra glosa (“perro”), espontáneamente respondió:

- La chuquela es cuando le dicen a los niños chicos que son muy malos, que chuquelo sinela -dice Ana-.
– ¿Sabes alguna expresión más?
- Vamos a najar a tasabar al jambo -ríe-.
– ¿Y qué significa?
– Vamos a ir a matar a algún payo -ríe-.

Es el de Ana un conocimiento que mezcla términos muy conocidos por todos los informantes y otros que se deben, seguramente, a experiencias más selectivas y personales que indican un cierto uso idiosincrásico por sus familiares más cercanos, sus padres, hermanos y primos con los que convive en casa y en las viviendas más próximas. Al final se despidió elaborando por su cuenta una frase ad hoc que resumía su situación y su conocimiento:

- Como abiyele mi madre sí que me va a matiserar a mí.
– Venga… y eso ¿qué significa?
– Que como venga mi mama y vea cómo tengo la casa, me va a matar a mí -ríe-.

Algunos hablantes de este nivel tienen un mayor conocimiento del cuestionario que ya resulta difícil encontrar entre los “payos”, salvo en sectores vinculados al flamenco, a la jerga delincuencial o carcelaria o directamente interesados en el caló que han aprendido en el trato con gitanos o en diccionarios.

 

Paco, gitano de 29 años

Por ejemplo, Paco, gitano que nació en 1979 en un pueblo granadino de una pareja gitana que se separó al poco de nacer él, por lo que le ha criado su madre que no ha tenido más hijos.

Paco estaba terminando el bachillerato cuando consiguió trabajo en un hotel de la Costa del Sol, a donde marchó y vive desde entonces, aunque sigue muy vinculado a su pueblo y a su familia. Paco tiene mucho interés por la “lengua gitana” y accede gustoso a realizar la entrevista. Reconoce 74 términos del cuestionario:

Acoy, ampio, bajañí, balichó, barendé (para referirse al alcalde), binar, bocata, bucharnó, bul, busnó, gachó, caló, cambrí, camelar, chachipén, fetén, chanelar, chapiris, chinorreta, chugales, currar, danes, duquelas, el quer (en masculino), endicar y junar (para “ver”), endiñar (para “dar”), estardó (tardó también lo utiliza), estinelar (para “estar”), jalar, jayipén, jendama (en vez de jindama, para “miedo”), jucal, jucarico, jundunares y pestañí; jurdó, lachi, lacorrillo, lileta, majara, majarón, lumiasca, majarí (no para la Virgen; se refiere a las santas), marar, matu, mol, moyate (la conoce, pero dice que se usa ya solo en el cante), molar, mutrar, muy, nacles, najarse, nasti, ojana (en vez de jojana para “mentira”), pachanda, patu, pinreles, poquinar, prajear, pureta, quinar, mercar, randar y chorar, rendundes (para garbanzos), rom, romí, ronear, sacais, sinelar (en vez de sinar para “ser”), tató, undibel, yaqui.

Además, Paco construye frases con esas palabras y las conoce de forma más activa que otros hablantes de este nivel de conocimiento léxico. Paco ha tenido siempre un gran interés por la “lengua gitana”. Aprendió muchas de esas palabras en casa, de su madre y sus abuelos, pero sobre todo, lo ha “practicado mucho” por gusto. Dice que tiene muchos amigos en el Sacromonte y con ellos sí habla “en gitano” las palabras que sabe. Dice que a los calé de su pueblo, al no practicarlo, les cuesta mucho acordarse de palabras que no sean esas 20 o 30 más comunes.

Paco representa el nivel más alto del grupo con menor conocimiento. Pero el suyo ya no es mínimo.

 

B. Nivel medio-bajo, entre 80 y 130 términos

El siguiente nivel de conocimiento y uso del caló, que va distinguiéndose gradualmente del anterior, incluiría a los hablantes con un mayor conocimiento del cuestionario que, generalmente, va acompañado de un uso más intenso y articulado, mayor profusión de frases y expresiones mixtas y cierta productividad morfológica según patrones de origen romaní.

En este nivel, de manera aproximada, hemos incluido a las personas que reconocen entre 80 términos y 130 del cuestionario, es decir, los que se sitúan entre el primer y el segundo cuartil, inmediatamente por debajo de la media y mediana. Suponen 21 personas, casi un tercio de todas las entrevistadas. Aquí encontramos ya cierto conocimiento especializado de términos propios del “hablar gitano” y un mayor uso actual o un recuerdo mayor de un uso pasado.

 

Antonio, varón gitano nacido en 1930

Por ejemplo Antonio, un gitano de 78 años, analfabeto, viudo y sin hijos, ha trabajado toda su vida como temporero agrario, aunque también he hecho algunos tratos de caballerías, una actividad que le encanta.

Antonio ha salido por temporadas a trabajar a otras provincias, pero se siente de su pueblo, donde su familia lleva muchas generaciones. Antonio insiste en que su pueblo ofrece un ejemplo de buena convivencia e integración entre la minoría gitana y la mayoría, con la que nunca ha habido conflictos ni peleas señaladas. Refiere que en otros pueblos y ciudades ve a los gitanos hacer cosas que ni siquiera un anciano como él ha conocido. Por ejemplo, nos cuenta que conoce a un hombre de Santa Fe que se vistió de luto el día que su hijo se casó con una castellana y que ya no quería saber nada de él. Nos cuenta este caso para explicar la diferencia de mentalidad de los gitanos de A. respecto a otros pueblos de comarcas vecinas.

Sobre el caló, dice que se ha perdido, que él en su casa lo escuchó, pero no lo ha practicado desde hace muchos años. Argumenta que se ha relacionado siempre con castellanos en todos los ámbitos, tanto en el trabajo (peón del campo) como en la calle, lo mismo que sus hermanos y toda su familia. Antonio reconoce 106 términos, un 30 por ciento de las 355 que incluye el cuestionario.

 

Antonia, gitana nacida en 1971

Toñi, una mujer gitana de 37 años, se casó a los 21 con un muchacho gitano de un pueblo vecino. Tuvieron una hija y se separaron al poco tiempo. Su boda fue “de pañuelo”, según dice para darle el gusto a su madre, porque todas sus hermanas hasta entonces se habían “ido” con sus maridos.

Ella estudió hasta los doce años. Su madre la sacó entonces del colegio (como a sus hermanos) porque había necesidad de trabajar. Ahora es su hija la que a los 16 años ha decidido dejar el instituto, e intenta convencerla para que estudie algo y no se ponga a trabajar tan joven y acabe limpiando suelos como ella.

Toñi cuenta que siempre ha tenido mucho interés por las costumbres y tradiciones gitanas y que preguntó mucho a sus mayores, sobre todo a su abuela, muchas palabras del caló. En su casa dice que no se practicaba y que lo que saben ella y sus hermanos es más por preguntar a los ancianos que por haberlo escuchado de sus padres. Le gustaría haberlo aprendido más a fondo a pesar de que hoy duda de que siga siendo “gitana”, al menos como otros:

- ¿En tu casa lo has escuchado?
– Sí, cuatro palabrillas sueltas de vez en cuando. Pero en mi casa no lo hemos practicado nunca. Si sabemos algo, es porque lo hemos preguntado. Vaya, más por curiosidad, pues, a mi madre: “¿Cómo se dice esto en gitano?” Pero yo más, a mi abuela. A mí es que siempre me han interesado así más las raíces y las cosas nuestras. Y yo me iba a la casa de mi abuela con mi hoyo de aceite, por la tarde, y me sentaba con ella y le preguntaba cosas. Hasta que la pobre se quedaba dormida en el sillón.

Pero luego en mi casa no lo hemos practicado nunca, vaya, que no hemos sido una familia donde se hablase [gitano]… Es que aquí no somos gitanos… Es que aquí, gracias a Dios, estamos muy integrados y no somos como esos gitanones de por ahí. (…) Algunas veces mis hermanos y yo lo hablábamos para reírnos. ¡Mira como se dice esto o lo otro! Pero ha sido siempre por curiosidad… ya te digo que yo me he quedado con ganas de aprender.

Toñi reconoce 103 palabras, un 29,5 por ciento del cuestionario, un nivel inferior a la media pero no de los más bajos. Para explicar la desaparición del conocimiento del caló en su gente, utiliza un argumento que hemos oído en otras comunidades. Cree los gitanos de su pueblo han retenido menos el caló por ser una comunidad muy “integrada” y, si se quiere, “apayá”, que ha convivido y se ha fundido con sus vecinos (1). Pero esto no es del todo cierto. En otras comunidades gitanas locales no encontramos un nivel mayor de conocimiento de caló, aunque estén segregadas de la mayoría paya. Además, algunos de los gitanos o gitanas que más caló conocen en su pueblo son universitarios y su trato con el universo social “castellano” ha sido más intenso.

 

C. Nivel medio: 130-180 términos conocidos

Este es un nivel de conocimientos superior a la media y propio de gitanos y gitanas que se han desenvuelto en ambientes donde había cierto uso del caló, bien como forma expresiva de identificarse mutuamente o con un uso críptico, para no ser entendidos por los “payos” próximos, o por ambos motivos que, a menudo se han combinado. Suponen el primer cuartil por encima de la media, 19 personas o un 28 por ciento de la muestra.

En este nivel aparece con más frecuencia un tipo diferente de aprendizaje y de conocimiento: la combinación de lo aprendido en casa y de familiares o hablando con otros gitanos en entornos “naturales” (campo, trato, venta) con lo aprendido de libros y diccionarios: es decir, un caló “libresco” o documentado junto con otro vernáculo.

 

Ramón, nacido en 1980

Ramón nació en 1980 en un pueblo del interior de la provincia Granada. Es el mayor de tres hermanos de una familia de vendedores ambulantes y es diplomado universitario. Hoy trabaja como gestor y administrativo en una empresa de su familia.

Se ha casado con una gachí o busní, como él mismo dice, y vive en Granada. En la universidad Ramón se interesó mucho por el asociacionismo gitano llegando a colaborar con una importante ONG nacional especializada en temas gitanos y contribuyó a crear una asociación de universitarios gitanos; pero se decepcionó con la forma en que se hacían las cosas en ese sector y lo dejó. No cree que se vuelva a involucrar en ningún proyecto asociativo por falta de tiempo y por el desencanto que le produjo aquella experiencia. En la misma época comenzó a escribir un diccionario de caló, que no terminó, según dice, por “desligarme de estos temas”. La dedicatoria del libro iba dirigida a su padre y decía así:

A mangué batu, o buter ejersiló e caló sos pincharo.
“A mi padre, el mejor ejemplo de gitano que he conocido.”

Esa frase incorpora un tipo de recuerdo diferente al de otros usuarios, un conocimiento libresco y seguramente contaminado de importaciones e invenciones quizá impropias del caló transmitido oralmente. Según cree:

“El 98 por ciento de los gitanos no te puede hacer una frase entera. Las palabras del caló que se saben, se aprenden en casa. Palabras que se usan de forma común intercaladas en la conversación. Pero no hay ocasiones especiales en las que se hable más, o persona con las que se hable más, simplemente se habla siempre en las mismas circunstancias o en casa o con la familia.”

Ramón reconoce 146 términos, un 42 por ciento del cuestionario, un nivel bastante alto, por encima de la media.

 

Torcuato, comarca de Guadix, nacido en 1964

Torcuato es un gitano de 47 años de la comarca de Guadix donde sus antepasados llevan viviendo varios siglos en uno de los barrios gitanos más antiguos de España. Se casó con una prima de su madre y han tenido seis hijos.

El cuarto de diez hermanos, en su familia nunca ha faltado comida ni afecto, porque su padre era un trabajador extraordinario que emigró a Suiza y venía sólo de vacaciones, enviando siempre dinero y llegando a ahorrar lo suficiente para comprarse una casa nueva. Con sus hermanos y hermanas también ha estado siempre muy unido.

Obrero de la construcción, ha trabajado también en campañas agrarias en Jaén, Granada y Murcia y a veces también vende fruta, sobre todo cuando anda sin trabajo. Muy fuerte y robusto, emigró a Suiza siguiendo los pasos de su padre, que trabajó treinta años en ese país. Ha vivido también varios años en Palma de Mallorca. Allí se dedicó un tiempo al menudeo de drogas, actividad por la que fue procesado y condenado y pasó dos años en prisión. Su conocimiento del caló, sin embargo, no parece deber mucho a la jerga carcelaria. No es de ese entorno de donde le vienen los principales recuerdos.

Hoy apenas usa el caló y a sus hijos no se lo ha enseñado. El aprendió lo que sabe de oírselo a los mayores, a sus parientes, tanto consanguíneos como afines y también a amigos y vecinos, en su vida en su barrio y los lugares donde ha vivido. Para identificar los términos del cuestionario, suele articularlos en frases o expresiones, como un recurso mnemotécnico. También asocia palabras del caló con eventos o personas memorables, lo que hace más profundo y sentido su significado.

- ¿Pincharar?
- Pinchelar. Lo pinchela es ‘lo conoce’.
- Barbaló.
– Sí, que tubela muchos jayeres.
Chapires.
– Zapatos. Mi suegro decía: “¡Limpio chapires, limpio chapires!” (su suegro, que murió hace dos años, había sido betunero o limpiabotas en la ciudad y estuvo bastante unido a él).
Ustilar.
Ustilar es coger o robar: Vamos a ustilar un najaor, ‘Vamos a robar un coche’.

Torcuato representa un conocimiento muy familiar del caló. El no lo ha leído nunca en libros. No ha visto nunca un diccionario gitano. Apenas fue a la escuela; lee poco y con dificultad. No lo aprendió de sus padres, aunque algunas palabras las ha oído en casa: lo ha ido aprendiendo “por ahí”, en su comunidad de origen, de una amplia red de parientes y conocidos, en las experiencias del trabajo, la fiesta o la celebración… algunas en la cárcel… Ha estado en la cárcel, pero su conocimiento del caló apenas incluye términos “talegueros”.

 

Carmen, mujer gitana nacida en 1929

Carmen, una anciana gitana de 80 años, vive en un pequeño pueblo de la comarca de Guadix muy cercano al que la vio nacer. Apenas hay matrimonios mixtos en su familia, bastante separada de sus vecinos “castellanos” que, en este pueblo, donde el 30 por ciento de sus 1.600 habitantes son gitanos, mantienen una gran distancia social con los gitanos y predomina un ambiente antipático entre ambos grupos, con algunas excepciones.

Carmen es madre de 8 hijos y 78 nietos. Ha trabajado haciendo canastas, vendiendo fruta y verdura, pero sobre todo como jornalera en las temporás de Jaén, Almería y también en Huesca, Lérida y, sobre todo, Murcia. Ha conseguido ahorrar y comprar varias casas en su pueblo y un par de finquitas de olivos. Hoy está enferma de diabetes, una enfermedad que le produce úlceras en los pies y le impide moverse como quisiera. Cobra una pensión mínima que, junto con la que cobra su marido, le permite vivir con humilde desahogo e incluso ayudar a sus hijos e hijas.

Carmen dice que apenas habla “el gitano” y que ha olvidado muchas palabras. Conoce 131 términos del cuestionario, seguramente porque ha olvidado muchos que conoció anteriormente. Cuando se le pregunta si sabe hacer frases, dice varias espontáneamente:

- Los chuqueles te jalen… -me río y elabora un poco más la frase-.
- Los chuqueles te jalelen, chaborró.
– Dale a los pinreles que te marela el busnó
.
– Anda -digo y se ríe-.
– ¿Chirricló? -pregunto-.
– El cherricló es una mujer mozuela y que la rompa un hombre. El cherricló es estar una mujer mozuela y romperla un hombre -repite-.
– ¿Jundanares?
– Los ceviles -dice Carmen-.
– Los jundunares son los civiles que vienen a por uno -apunta Juan, su marido, desde la lumbre, donde se calienta las manos-.
– ¿Bandar?
– No sé -dice Carmen-.
- Bandar es casarse.
– Nosotros decimos pandal. Se pandela el busnó con la cañí u con la busní. La busní es la paya y la cañí es la gitana que se pandela con el payo, con el busnó.
– Cuando una cañí se pandela con un busnó, ¿qué es lo que nace?
– Nacen mixtos -dice Carmen-.
– ¿Son buenos los mixtos?
– Más malos que el infierno, porque van cruzaos -ríe-.

 

D. Nivel de conocimiento elevado, 180 a 230 términos

El nivel de conocimiento alto incluye al grupo de hablantes que reconocen en torno a 200 términos (media, 197 y mediana, 196). Son 9 en nuestra muestra, el 13 por ciento. Este es un nivel de conocimiento importante, que destaca de los anteriores, sobre todo en los casos por encima de la media. Aquí encontramos ya un conocimiento más rico, especializado y denso. Y una combinación de formas de aprendizaje.

En algunos casos tenemos personas que lo han aprendido directamente del habla con otros gitanos muy pegada a su vida cotidiana y segregada. Es decir, es probablemente fruto al menos en su mayor parte, de procesos de transmisión cultural endógena: lo que se ha salvado del romaní ancestral. En el caso de hablantes analfabetos que conocen términos raros y poco comunes y que los articulan en sus frases, tenemos quizá una continuidad de habla que podría remontarse varias generaciones atrás e incluso hasta el romaní antiguo que se hablaba en sus familias (2).

 

Dolores, nacida en 1962

Por ejemplo, Dolores, una mujer gitana de 47 años, analfabeta, madre de seis hijos, jornalera que trabaja en las campañas de recogida de fruta con su marido y sus hijos, conoce un total de 211 palabras, un 60 por ciento de todas las que se le ofrecen.

Dolores nació en un pueblo de la comarca de Guadix y vive hoy en el de su marido, un pueblo vecino. Pero ha vivido en otros muchos lugares de España (Jaén, La Mancha, Huesca, Lérida, Gerona) y varios de Francia adonde ha acudido a trabajar en temporadas agrarias. Su conocimiento del caló, sin embargo, proviene de su familia, sobre todo de su abuela que al parecer lo hablaba mucho.

- Tipiar es beber -dice Dolores-. Que najela tipiao, que sinelas tipiao: ‘que estás borracho’ -explica-.
– Compone frases, y es consciente de que a veces deforma el castellano:
- Qué pila carnezuñi abela -dice Dolores-.
– Eso no es gitano.
– No; pero nos entendemos.
- Qué muy tubela la jamba -dice Dolores-: ‘qué boca tiene la paya’ -explica-.
– Cuando no quieres que sepan lo que dices, hablas en caló. Dices: “Qué lumiasca sinela la piturrilla”. No le vas a decir: “¡Qué payilla más puta!”

En varias ocasiones elabora considerablemente el significado de algunos de los términos del cuestionario. Por ejemplo, al preguntarle si sabe lo que significa poquinar (término número 144 del cuestionario). Dolores comenta una pequeña lección sobre esta palabra:

- Es ‘pagar’. Pero decimos: ¿L’has poquinao? Nanai -Que no le has pagao -aclara-. Atusa l’has poquinao. Nasti. Tusa eres tú -explica-. Mecri, mecri es ‘no digas na, calla’.
– Sabes mucho.
– Es que mi abuela era húngara. Ella era casá con un húngaro. Y si le ves hablar con el húngaro… mi abuela E. que ha muerto hace cinco años.

Su abuela, que se separó de su abuelo y marchó a Méjico tras casarse con un rom mejicano, retornó luego ya viuda y con hijos crecidos del nuevo matrimonio. Pero sus versiones de los términos del cuestionario parecen más derivación directa del caló vernáculo que hablan también su marido y otros gitanos de su comarca. Podría ser que la influencia de su abuela haya creado una motivación por recordar y usar un caló más rico. Sería un elemento nuevo entre los incentivos para usar el caló que venimos reseñando.

Dolores y su marido, José, que asiste a la entrevista insisten en el uso críptico que a menudo se hace del caló.

- Se usa para que no se entienda lo que dices… Si estamos trabajando, pues se avisa: Que abiyela jambo -dice José-.
– Allí en Francia, decíamos: Chaborró, jambo, jambo, y el dueño, que era francés y no entendía, acabó dándose cuenta. “¿Qué será lo que decís?” “Nada, que los niños se porten bien..” “Sí, sí”- decía-. No era tonto y se daba cuenta de que le ocultábamos cosas.
- Sesó: el payo -dice José-, y Dolores lo confirma y elabora: Sesó, sesorró.
– Flemicha.

– Poco a poco -dice José, que sabe casi tantas palabras como Dolores-.

 

Serafín, varón gitano, nacido en 1947

Serafín nació en un pueblo de León. Está casado y tiene 9 hijos. Siete los tuvo con su primera esposa, que murió. Tras enviudar volvió a casarse con una mujer gitana y tuvo un hijo y una hija, hoy adolescentes. Ha vivido en varias provincias del norte y el centro de España. Ahora viaja mucho para atender a su ministerio como pastor de la Iglesia Evangélica de Filadelfia, al que lleva dedicado los últimos cinco años, a más de otros cinco de formación como “candidato”. Cuando le entrevistamos, pasaba una temporada con unos familiares en Andalucía.

Serafín se gana la vida con la venta ambulante, a menudo en consorcio con alguno de sus hijos. Además, se dedica a la cría, doma y comercio de caballos. Afirma rotundo que “el romanó de Castilla es el verdadero romanó” y nos reprocha que algunos términos del cuestionario son “romanó barato”, de origen no gitano. Dice que los gitanos en Andalucía ya no son tan gitanos, que se han relacionado y mezclado mucho con los gaché. Por eso piensa que en Castilla son más “puros”.

Conoce 222 términos, un 64 por ciento de todos los que le preguntamos. Es uno de los hablantes con un conocimiento mayor y aporta bastantes términos nuevos. También aporta expresiones elaboradas, sobre todo relacionadas con el chalaneo. Su entrevista es muy rica en matices y precisiones que pueden derivar de su origen castellano y de diferencias con el caló hablado en Castilla:

- Hay algunas palabras que no sé si vienen ahí: Ustilela significa cógelo; parrabela es como estar en un trato, en un trato vendiendo un animal, una bestia y a un tercero se le dice: Parrabela, que quiere decir: “Parte la diferencia que hay entre lo que uno pide y el otro ofrece, busca la mitad”.
– ¿Quinaores?
– La palabra quinar tiene dos vertientes, una es comprar y otra es… vamos a ver… Antes había unos gitanos “artistas”, especialistas en robar caballos y transportarlos de una provincia a otra por medio de los montes, o sea, los cogían aquí y atravesaban montes y se iban a Jaén por ejemplo, no por carreteras, sino por rutas que ellos conocían y a esos se les llamaban quinadores. Entonces, la palabra quinar se puede aplicar a comprar y … Vamos a quinar, vamos a robar’

Algunas palabras le incitaron a hablar de las ferias y los tratos de caballos. Pensando en esa actividad tan significativa y cargada de símbolos para los gitanos, y a la que él todavía se ocupa, recordó muchas palabras espontáneamente:

- Ahí, dentro de los animales, de los caballos, la toqui. La toqui es la cabezada. La cuadra de los caballos es la estaña; el carro es el berdó; la vara es la ram; el agua es la pañí.
– Muchas veces, porque yo he tratado con los caballos siempre mucho, y dices: “A ver, corre con el caballo”. Y si el caballo se deja caer mucho, dices: Langea, o sea cojea, langea.
– La bají es cuando una persona ayuda a hacer un negocio a otra, pues esta persona le da una propina, entonces se llama bají … La bají es, por ejemplo, yo voy a una feria y estoy comprando caballos y hay un ayudante que me ayuda y luego le doy la propina. La bají es la propina al ayudante.

 

E. Nivel máximo: de 230 a 280 términos

Este nivel supone un conocimiento máximo del cuestionario. Sólo encontramos tres varones, que conocen una media de 250 términos de los 355 ofrecidos. Son adultos, pero hay casos de usuarios más jóvenes. Generalmente combinan los tres tipos de aprendizaje que hemos ido viendo: familiar, laboral-comunitario y documentado-reflexivo e incluso libresco.

 

Emilio, varón gitano nacido en 1951

Emilio es un hombre gitano nacido en 1951 en un pueblo de Granada. Entre los 14 y los 18 años vivió en Barcelona y fue allí fue donde aprendió caló, ya que su familia apenas lo hablaba. A la vuelta a su pueblo se casó con una prima suya, con quien tuvo un hijo, marchando poco después al servicio militar. A su vuelta se separó de su mujer y volvió a Barcelona donde se volvió a casar. De allí se mudó a Alicante, donde ha vivido los últimos treinta años. Después de trabajar sobre todo en la hostelería, montó un negocio comercial que fue bien hasta que llegó la crisis inmobiliaria y tuvo que cerrar. Hace poco ha regresado a su pueblo con su tercera esposa para tratar de sobrevivir allí, laborando en las temporás agrícolas y en las chapuzas que le van saliendo.

Su madre es gitana y su padre, ya fallecido, era mestizo. Su madre hablaba caló en casa en algunas ocasiones; su padre, casi nunca. A sus padres no les gustaba que ni él ni su única hermana se relacionasen con gitanos. De hecho, él es la excepción en su casa, porque su hermana no habla caló y mucha gente ni sabe que es gitana.

Conoce 240 términos, un 69 por ciento del cuestionario, uno de los tres hablantes con mayor conocimiento de todos los entrevistados.

- Yo lo sé, aparte de porque lo he aprendido, porque en Barcelona y por allí se practica más que aquí.
– ¿Y que aprendiste en tu casa?
– En mi casa lo hablaba mi madre, porque mi padre lo conocía y si tenía que hablarlo lo hablaba, pero no lo usaba normalmente. Porque él era mestizo. Yo me críe en Barcelona y allí si lo barquerábamos todos y, claro, a lo mejor teníamos una reunión y allí éramos dos andaluces y tres catalanes y yo estaba con un primo mío que era gitano y ellos estaban hablando catalán y nosotros hablábamos nuestra lengua y ni nosotros ni ellos no enterábamos de lo que decían los otros.
– Aquí, en Granada, ¿lo hablas?
– Sí, lo hablo, pero menos. Algunas familias de aquí todavía lo conservan. Como los hijos de P. entre ellos lo hablan. Algunas veces que he estado yo allí en su casa comiendo y en vez de decir: “Pásame el pan”, pues dicen: Endíñame el tató. Entre nosotros lo hablamos; es que no queremos dejarlo perder. Es que no se debe perder, por lo menos entre nosotros. El calé es una generación que… nuestras tradiciones se están perdiendo.

Emilio introdujo bastantes variaciones y matizaciones al léxico propuesto. Muchas coincidían con las variaciones de otros hablantes de su pueblo, por lo que podrían considerarse versiones locales del cuestionario. En otros casos se trataba de términos nuevos o incluso algunos más propios de germanía que del caló, como “peluco” para reloj:

- Al tomate le decimos el lolés.
- Jayipen además significar comida, para nosotros es hambre, alguien que come mucho le decimos el jalaor.
– La cara es jeró. Un ejemplo: Anda que no tenela jeró el amigo este.
– El pecho aquí… es chumieles. A la vulva se dice miche.
– Para nosotros “ver” lo decimos más como endiquela.
– Los piojos son los chubales.
– El undibel es una palabra que siempre tenemos en la boca.
– La olla, la perí.
– Nosotros decimos garrota, la cayá no la decimos.
– ¿La ram vosotros no la decís?
– Es que la ram es la vara lisa la que no tiene curva, y sí, muchos gitanos llevan la ram, no la garrota.
– Para nosotros el reloj es el peluco.
– Fiar y deuda para nosotros es igual: pachanga. Además pachanga es como pedir a alguien algo sin intención de devolvérselo.
– Pegar para nosotros es curripén. La manta que es la tasaba, para fornicar la palabra que se usa es depirabar . La jindama es que tienes miedo y trajata es una palabra menos gitana … Para nosotros enfadar es jacharar.
– Lo que pone por enfermo no lo ha escuchado, nosotros decimos nada más que najatí.
– Llorar es yoberar. El loco es el majaró y el tonto es el majareta, el borracho el matobao… el muerto, el muyao… el viejo, el pureta… el bonito es el jucarico.
– El ¡necle! es cuando le dices: “cállate”, porque se esta repitiendo.
– El tener es tubelar… Esconder y robar es igual: nicorar; la usamos para las dos. Dar es endiñar… Parecer es panchabelar y cerrar, pandarelar. Calle es licha.
– ¿Sabes? Los gitanos para identificarnos, porque muchas veces, sobre todo ahora, no sabes si una persona es gitana o no, porque no lo parece, te dicen: “Oye ¿tu vendes cal?”, y tu dices: “Sí”.

 

Ramón, varón gitano, universitario, nacido en 1973

Ramón nació hace 35 años en un pueblo del levante granadino, donde su familia, que era de Granada, se refugió durante la Guerra Civil. Luego han vuelto a Granada, donde Ramón ha estudiado y reside actualmente. Antonio está soltero, aunque tuvo una relación con una gachí de la que nació un hijo. Ha terminado una diplomatura y el segundo ciclo de Antropología. Ahora trabaja en un centro municipal como animador sociocultural. Aprendió caló de su familia, sobre todo de su abuela materna y una tía abuela que era “cantaora y curandera” y “sabía mucho”. Pero también ha participado en varios proyectos de recuperación del caló y de promoción de la cultura gitana, por lo que su conocimiento no es sólo familiar, sino también documentado y libresco. Tiene un gran interés en el caló y es de los pocos hablantes que cree que, en ciertos entornos, se está recuperando, aunque en la mayoría de la población gitana quedan sólo restos mínimos.

En su opinión: “siempre se ha relacionado el caló con el tema del hampa y con la delincuencia, y fue prohibido en la época de Franco. Por eso, dejó de hablarse y sólo quedan algunos coletazos. Se están intentando recuperar y ya existen algunos libros que está realizando el Consejo estatal…” Antonio nos dice que existe confusión en cuanto a cómo se escribe el caló, debido a que su transmisión es oral y casi ningún gitano lo escribe.

Ramón reconoce 266 términos, un 76 por ciento de los 355 del cuestionario. En general conoce con exactitud estas palabras y de forma muy semejante a la que presenta el cuestionario, aunque ofrece algunas matizaciones interesantes y ejemplos de uso cotidiano:

- Sobar nunca lo ha dicho mi abuela; sobelar sí…
– ¿Conoces alguna frase sobre cuando alguien se va a casar o va de boda?
– ¡Ah, bueno! Había algo que se decía en mi pueblo que era: Najarse a la estaripén. Es decir, te casas y es cómo si te vas pa la cárcel. Te najas a la estaripén, primo.
– ¿Te acuerdas de alguna palabra más?
– Por ejemplo, un chalán, que era un cambiador, que hacía trueques, que cambiaba telas, por trigo, cebada…
Gadyé en romanó es payo… Paya, lo mismo: busní, busñí, gachí, lacrí, lacorrilla. ¡Que graciosa la lacorrilla! (risas). Hace años que no escucho la palabra lacorrilla, es que es chiquitica… Sesí no lo he escuchado yo… El hombre, sesó, sí, pero en la mujer, no.
– Casarse es prandarse. Así: “Sinela prandaó” es en castellano: “Está casado”.
- Nasti, nasti, sinela prandaó, que es: “No, no, que está casao” (risas).
– Disparar: Buchandó. El jambo muyó, le endelaron un buchandó, es: “El payo murió, le pegaron un tiro”.
- Chibar, me encanta esa palabra, y hay gente en el Albaicín que le dice funar… En mi pueblo ‘puta’ era chibaora, lumi, lumiasca y chibaora, literalmente significa ‘follaora‘.
– ¿Avergonzar? Enlachar tiene más sentido. Si ‘vergüenza’ es lache, tiene más sentido, por lo menos en mi pueblo.
– Cantar es guiyabar, así cantaor es guiyabaor.
– Abuelo es bató puró y abuela batí purí.
– ¿Se te ocurre alguna profesión más?
– Ahí había uno que era el chichitó; el chichitó es peluquero, barbero.
– ¿Gordo?
- Chuyí.
– ¿Unga?
– Decir unga, es decir un sí que no es de verdad, un sí irónico. Por ejemplo: Unga jambó puchela, y significa: “Sí, vaya, cuidao con lo que dice el payo”. Como que no me lo creo mucho.
– ¿Yo?
Mangue.
– ¿Tú?
Tutem.
– ¿Este?
Amangue.
– ¿Nuestro?
Amaré, amarí, amaro, por ejemplo: Amaro gao caló significa: “Nuestro querido pueblo gitano”.
– ¿Conocer?
- Pincharar, conocimiento es pincharamiento.
– ¿Trabajar?
- Currelar, que es más que currar ¿eh? (ríe).
– Romper es parrabar, parrabao es roto.
– Cuando una mujer va a una discoteca buscando novio, se dice: Está roneando. Sinar roneando es buscando novio.
Quer dor caló, es la casa de los gitanos. Se le dice también esto a la casa evangélica del culto, se dice eso, hay una asociación también con este nombre.
– ¿Calle?
Oliche.
Abela arate, ¿está bien dicho?
– Pero falta el gitano: ¿Abela arate rom, romí, caló o cayí?
– ¿La barim es una rua?
– Para mí sería: La barim sinela rua: la novia es virgen.
– ¿Abela bocato?
– Será: ¿Tubela bocata? ¿Tienes hambre?

 

2.2. Las palabras más conocidas y usadas del caló

A pesar de la variedad de niveles de conocimiento, hay un conjunto de términos que son conocidos por la gran mayoría de los hablantes. Así, encontramos unos 50 términos que conoce entre el 75 y el 99 por ciento de todos los informantes. Considerando los problemas de memoria de cada entrevistado en su “actuación”, esos términos suponen la base más común del caló en el habla gitana. En la tabla 4 presentamos estos términos. Puede observarse también la frecuencia comparada en la tabla total que presentamos en el Apéndice de la primera parte:
http://www.ugr.es/~pwlac/G27_39Juan_Gamella-y-otros.html

 

RANGO

CASTELLANO CALÓ N %
1 Dios Undibel, Undebel, Debel 67 98,5
2 madre bata; matu 67 98,5
3 ir (se) najar(se), najelar(se) 67 98,5
4 querer camelar 67 98,5
5 ojos sacáis 66 97,1
6 padre bato, batico; patu 66 97,1
7 gitano caló 66 97,1
8 vergüenza lache 66 97,1
9 casa quer 65 95,6
10 comer jalar, jamar 64 94,1
11 cerdo balichó 64 94,1
12 payo busnó 64 94,1
13 presumir ronear 64 94,1
14 pie pinrel 63 92,6
15 policía (la) pestañí 63 92,6
16 pan tató 62 91,2
17 viejo puró, pureta 62 91,2
18 policías jundunares 62 91,2
19 pagar poquinar 61 89,7
20 prostituta lumi, lumiá, lumiasca 61 89,7
21 garbanzos redundes, rendundes 60 88,2
22 ver dicar, endicar, diquelar 60 88,2
23 tonto, loco diniló, dinileta; lila, liló, lileta 60 88,2
24 boca muy 59 86,8
25 dormir sobar, sobelar 59 86,8
26 payo gachó 58 85,3
27 comida jayipén 57 83,8
28 niño chaborró, chaborrillo 57 83,8
29 embarazada cambrí 57 83,8
30 dinero jayeres 56 82,4
31 agua pañí 55 80,9
32 esposa romí, rumí 55 80,9
33 saber chanelar 55 80,9
34 trabajar currar 55 80,9
35 vino mol 54 79,4
36 aceite ampio 54 79,4
37 culo bul, bullate 54 79,4
38 hablar naquerar, laquerar 54 79,4
39 zapatos chapires 54 79,4
40 pegar, golpear currar 54 79,4
41 no nasti, nastis, nastias 54 79,4
42 dar diñar, endiñar 54 79,4
43 marido rom 53 77,9
44 matar marar, marabelar 53 77,9
45 muerto(s) muyao 53 77,9
46 feo chungaló 53 77,9
47 orinar mutrar 52 76,5
48 niña chaborrí 52 76,5
49 robar chorar 52 76,5
50 ser sinar, sinelar 52 76,5

Tabla 4. Los 50 términos más conocidos por orden de frecuencia
(N: 68 entrevistados/as; 355 términos).

Esos términos pertenecen a todos los campos semánticos propuestos y configuran una base léxica mínima: la mayor influencia romaní en el habla gitana de hoy. Una parte de estos términos son ya patrimonio del castellano y otras lenguas españolas; pero no todos. Su combinación con los otros lexemas más conocidos conforma lo que queda del caló en el habla gitana.

Es notorio que matu o batu y undebel sean los términos más reconocidos, lo que responde a su proximidad e importancia. Curiosamente, varios informantes han oído e incluso usado el término undebel como exclamación, pero no conocían su significado originario.

Con mucha frecuencia un mismo término sufre pequeñas variaciones en su morfología y su fonética en unos lugares y otros, e incluso entre unas familias y otras. Esto es comprensible si consideramos que la mayor parte del caló “familiar” se aprende de forma oral, sin refuerzos ni guiones escritos, y entre grupos que en muchos casos apenas hacen uso de la comunicación escrita ni tienen un amplio comercio lingüístico en caló. Las variaciones son generalmente menores y permiten reconocer el término. Por ejemplo:

- Gromanyes aparece también como gromayes, grumajes, grumayes y grumanyis.
- Baquerar aparece también como naquerar y laquerar.

En la primera parte de este trabajo (ver Gazeta de Antropología, 2011, nº 27 /2, artículo 39) el cuestionario completo con el número de informantes que ha reconocido cada término, el porcentaje sobre el total de 68 informantes que representa, así como las variaciones entre las versiones más conocidas de los siguientes términos. En la última columna ofrecemos también algunas variaciones no propuestas que suponen ejemplos de la diversidad y creatividad (también la falta de estandarización) del habla gitana.

 

2.3. Campos semánticos privilegiados

Al comparar la frecuencia con que se reconocen términos de unos campos semánticos y otros, surge con claridad una gradación importante. Algunos de estos 16 grupos de palabras y los campos semánticos que pretenden representar están mucho más vivos y su principales términos se usan con mucha más frecuencia que el resto. La comparación, sin embargo, debe atender a la propia configuración del cuestionario. En la tabla 5 presentamos una comparación de medidas centrales (media y mediana) con las medidas de dispersión (desviación estándar y tercer cuartil) para los términos de cada campo semántico tal como los agrupamos en el cuestionario.

En la tabla 6 presentamos media, mediana y desviación estándar cuando tomamos los diez términos más conocidos de cada campo semántico (3) (en algunos hay menos de 10 términos en total). Observamos que los grupos de palabras privilegiadas son los correspondientes a identidad y diferencia étnica (entre gitanos y no gitanos), los términos de parentesco y filiación, los propios de las acciones verbales básicas.

Cuando observamos el cuestionario en su conjunto (ver Apéndice 1) vemos que hay algunos campos semánticos que resultan especialmente privilegiados. Comentaremos los más importantes a continuación. Pero el resultado palabra a palabra se presenta en el apéndice I, donde puede observarse la configuración interna de cada grupo de palabras y aquellas que resultan más y menos conocidas.

Tabla 5. Porcentaje de informantes que han reconocido los términos de cada campo semántico. Medidas centrales y de dispersión. Ordenados por el tercer cuartil (N: 68/informantes; 16 campos semánticos).

 

Tabla 6. Media, desviación estándar y mediana de los porcentajes de informantes que han reconocido los 10 términos más importantes de cada campo semántico. Ordenados por el valor de la mediana (N: 68/informantes; 17 campos semánticos).

 

- Alimentos

Uno de los campos semánticos más vivos es el de los alimentos, sobre todo los más elementales y cotidianos como el pan (tató (4) , conocido por 91%), los garbanzos (rendundes, 88%), el agua ( pañí ), el vino (mol, 79%), el aceite (ampio, 79%), las patatas (rilaoras, 65%), los tomates (gromayes o gromanyes: 43%) y también el cerdo: balichó(n), que se usa para referirse tanto al animal como a su carne, incluyendo el jamón, aunque también se conocen, pero menos, los términos balebás (28%) para tocino, y jeló para jamón (4%). Finalmente, son casi unánimemente conocidos los términos para el acto de comer (jalar, 94%, y en menor medida jayar, de donde deriva el termino para la comida: jayipen, 83%).

Como el cuestionario se iniciaba con este campo semántico, sus términos servían para romper la tensión. Algunos solían producir cierta hilaridad, como el balichó(n) o la conexión de rilaoras con riles (ventosidades). Este conjunto inicial permitía también diferenciar rápidamente entre los hablantes con un conocimiento más o menos amplio, al pasar de los términos comunes a aquellos menos conocidos, como traquiales ‘uvas’ (21%), chobasta ‘cebada’ (15%), etc.

Algunos/as informantes apuntaron opciones que no estaban en el cuestionario, como llamar lolés a los pimientos, legando algún informante a apuntar que lolé significaba ‘rojo’ (5).

 

- Familia, parientes

En las relaciones familiares tanto consanguíneas como por matrimonio se sitúa uno de los ejes de la diferencia cultural gitana y su reproducción generacional. Por eso los términos para los parientes suponen un campo semántico central en la cultura gitana y cabría esperar aquí un gran peso de la herencia romaní. No es así. Aunque alguno de los términos más conocidos del caló procedan de este campo, como los de bata o matu para madre (reconocido por el 99% de los/las informantes) (6) o el de bato o patu para padre (97%), los términos para denotar parientes que usan mayormente los gitanos hoy, y seguramente desde hace siglos, son los mismos que usan sus vecinos payos, los términos del idioma mayoritario (castellano, catalán, vasco o gallego) y que suponen un entendimiento bilateral y bilineal de las relaciones de parentesco, al tiempo que privilegian la familia conyugal o nuclear sobre las otras posibles agrupaciones de parientes.

Debe reseñarse, no obstante, que los términos comunes (primo/a, tío/a, abuelo/a, compadre/comadre…) cobran en el uso gitano un especial significado y una serie de connotaciones y asociaciones diferentes. Hemos reseñado en otro lugar (Gamella 2000, Gamella y Martín 2008) que tanto “primo/a” como “tío/a” y “abuelo/a” tienen en la semántica y pragmática de los calé un componente de afinidad, es decir, denotan también potenciales o reales parientes por matrimonio (la novia y la esposa, el suegro o la suegra, etc.). Algunos términos de parentesco, como el de tío (seguido del nombre propio), cobran también a menudo un sentido de autoridad, respeto y representación, que ha podido adoptarse también por castellanos en algunas regiones, pero rara vez con la misma amplitud e importancia que en el hablar gitano (ver Gamella y Martín 2008, Gamella 2000).

Sólo un 25% conoce variantes de plas/plano para hermano (plana o planí, para hermana) y sólo el 10 % identifica quiribó como compadre o padrino. Para “abuelo” y “abuela” algunos informantes ofrecen bató puro, batí purí (literalmente ‘padre viejo’, ‘madre vieja’) o simplemente la purí (la anciana o vieja), el pureta (el anciano/viejo) (7). De todos modos, estos términos parecen usarse poco (8).

 

- Transgresión, autoridad, violencia

Otro conjunto de palabras muy conocido es el que denota transgresiones contra la propiedad y las fuerzas policiales que ha menudo han reprimido a los gitanos y gitanas, bien por su propia condición de minoría perseguida o por su participación en vulneraciones del orden establecido, sobre todo las relaciones de propiedad.

La historia de la minoría gitana se refleja por tanto en la importancia que han tenido en su habla términos para referirse a la fuerza armada y la policía, sobre todo la Guardia Civil, a las armas, al robo, a los ladrones de objetos o de caballerías, a la prisión y el encarcelamiento, así como a los conflictos violentos entre los propios gitanos.

Las diez palabras más comunes de este campo son recordadas por un promedio de informantes del 79% (ver tabla 6). Así encontramos términos muy ampliamente reconocidos como jundunares o jundanares para guardias y/o soldados (9) (91%); pestañí ‘la policía’ (92%) y pestanós ‘policías’ (29%); chutes ‘policías y/o soldados’ (38%); embeos o ambeos ‘policías o fuerza armada’ (22%); jeres ‘soldados’ (10%) o ‘policías’ (13%); estaripén o estaribén ‘cárcel’ (66%); estardó o estardao ‘preso, encarcelado’ (46%). Nótese también: pusca ‘pistola o escopeta’ (10) (65%); ambea o embea : escopeta, fusil (10%); embeos o ambeos, “gente armada”, “fuerza armada”; disparo: bucharnó (66%); navaja: chorí, chori, o churi ( 62%), etc.

El conflicto violento entre gitanos es denotado por el término quimera, palabra castellana pero que hoy apenas se usa entre payos con este sentido de reyerta o enfrentamiento colectivo grave (54%). También es bien conocido el verbo chingararse para ‘pelearse, reñir’ (75%) y de ahí chingarea o chingara, ‘reyerta, riña, guerra’ (31%), un término que conocen sobre todo los mayores.

 

- Acciones verbales

Hay un grupo de verbos que son la base para construir sencillas oraciones y resultan ampliamente conocidos: sinar, sinelar ‘ser’ (la reconoce un 77% (11)); estubelar, estiñelar ‘estar’ (72%); najarse o najelarse ‘irse’ (99%); abiyelar ‘venir’ (68%); chanelar ‘conocer, saber’ (81%), además de otros verbos centrales que son reconocidos por los sectores más versados en caló: querar, querelar ‘hacer’ (38%); chelarse, achelarse ‘callarse’ (39%); pincharar ‘conocer’ (41%); parrabar ‘romper’ (57%), así como esos otros verbos que se han hecho comunes también en el español coloquial y que, por ello, algunos informantes no reconocían como propios del caló: diñar, endiñar, currar, etc.

Con estos verbos se generan sencillas frases que constituyen el núcleo del habla gitana actual. Por ejemplo, en la entrevista con una pareja de gitanos mayores, padres y abuelos de una familia muy conocida en la comarca de Montes Orientales (12), surgieron esas frases como respuesta al estímulo que provocaban los términos del cuestionario:

- ¿Jil? -pregunto-.
– Frío. ¡Undibel, qué jil querela! -dice Ramona-.
- ¡Ay undebel, qué jil querela! -repite Pedro-.
- Vámonos, que abiyela un jil que pa’ qué -insiste Ramona-.
– Les digo que voy a decir eso cuando me encuentre con otros amigos gitanos y ríen.
– ¿Majarí?
- Majarí significa muchas cosas -dice Pedro-. María de la Fe, qué feuña que sinela.
– Majarí, el jambo que chungaló sinela
-dice Ramona y ríe-.
– Muchas cosas no son correctas, pero nosotros las ponemos -dice Pedro-.
- Los sacáis que tubela el jambo -dice Ramona-.
- Lacró, ¿también lo decís, del payo?
– Sí, también. Que abiyela el lacróQue abiyela la lacorrilla.
- ¡Curles (13) que abiyela la lacrí! -dice Ramona- Curles que abiyela el lacorrillo.
- ¿Qué quiere decir curle?
– ¿ Curles no lo sabes?
– No. ¿Qué es?
- Curles es que corran -dice Pedro-.
– Que corran, que abrevien más en el trabajo -dice Ramona-.

Algunas canciones del flamenco o la copla han popularizado también algunas palabras y expresiones que se han vuelto de uso común, como camelar por querer o amar, ronear por presumir o exhibirse, por ejemplo (14). El flamenco puede haber sido así un vehículo de ida y vuelta para el mantenimiento del caló en el habla gitana, introduciéndose primero en las letras de sus cantes bien de mano de los propios gitanos o gitanas o de los “aficionados” que gustaban de agitanar el cante, y sirviendo luego de memoria colectiva que mantenía vivos algunos de esos términos, cuando ya habían casi desaparecido del uso común de los propios hablantes gitanos.

 

- El cuerpo humano y sus funciones

La palabra más conocida en este campo es sacais ‘ojos’ (97%), quizá en parte por su presencia en canciones flamencas o aflamencadas muy populares. Unos pocos conocen la forma más etimológica acais (15) (3 casos). Son también de uso común términos como pinrel(es) para pie(s), (93%); muy para boca (87%). El conjunto de términos comprometidos e incluso tabú para referirse a los órganos sexuales y excretores y a los excrementos es también importante en el caló preservado hoy. Así encontramos: mutrar (y muclar) para ‘orinar’ (77%); bul y bullate para ‘culo’ y ‘ano’ (79%), y varios términos para referirse al sexo femenino: jojoy, literalmente ‘conejo’ (22%), jiyar, que también significa ‘higo’ o ‘breva’ (10%), minche (6%); y otros como chucháis ‘pechos’(47%); car ‘pene’ (22%); ful ‘excremento’(62%); ril, rilar ‘ventosidad, peerse’ (60%); anrés, anreles (35%) ‘testículos’ (literalmente ‘huevos’).

Y en este campo hemos incluido también formas verbales para acciones centrales en el discurso cotidiano como naquerar o laquerar (80%) para hablar; dicar o endicar ‘ver o mirar’ (88%), junar para oír o escuchar (38%), que algunos usan también como ver; sobar o sobelar para dormir (87%), etc.

 

- Identidad: Los nombres de “el otro”

Los nombres que se conocen y se usan para ese denotar a la población no gitana configuran uno de los campos semánticos más vivos de todo el habla gitana. El uso de estos conceptos y términos es un elemento central de distinción, separación y construcción de una identidad en gran medida oposicional y resistente. En este campo semántico hallamos la media y mediana más alta de conocimiento de sus 18 términos: por encima del 60 por ciento.

Hemos encontrado 8 términos de origen romaní que se usan con mayor o menor frecuencia para denotar genéricamente a los no gitanos además del común “payo/a”. Por el número de hablantes que las reconocen, son las siguientes (16):

1. Busnó (94% ).
2. Gachó (85%).
3. Lacró (59%).
4. Jambo (56%).
5. Julai ( 4 casos).
6. Jeray o eray (2 casos).
7. Bengues o mengues (como payos: 4 casos).
8. Sesó (o sesor).

También se usan con el mismo propósito los términos: “castellano” y “vecino”, más neutros y políticamente correctos, si se quiere, y que forman una parte del habla gitana que deriva del propio idioma español. El apelativo de “castellanos” para los no gitanos se emplea en Andalucía y en otras regiones fuera de Castilla, en un sentido genérico que no implica origen regional. Es, por tanto, un término que cobra un diferente sentido en boca de gitanos y gitanas y de esta concreta interacción y diferenciación étnica. Es posible que este uso sea bastante antiguo y se relacione con el apelativo de “castellanos nuevos” que recibieron los gitanos cuando se prohibió el término de “gitanos” en 1633 -aunque siguió apareciendo en bastantes documentos oficiales-.

El término eray o jeray (17) se incluía en el cuestionario como “señor” y, cuando se usa para denotar al “otro”, al no gitano o payo, suele implicar rango o jerarquía superior, es decir: payo rico, poderoso o distinguido. Dos informantes comentaron esta acepción. Por ejemplo, Concha, mujer gitana nacida en 1958, abogada y funcionaria comentaba:

- Jeray es un vecino rico. Mi tío, el hermano de mi padre decía también el sesor a las familias ilustres vecinas, les decía gachó, vecino y para identificar al payo ilustre: jeray, sesor.

Sesó es una palabra que no se propuso en el cuestionario y que supuso un cierto descubrimiento cuando la oímos por primera vez en la declaración espontánea de una informante, que nos estaba explicando cómo a veces usaban el caló para avisar de la presencia de payos:

- ¡Curle, curle, que abiyela el sesó! -nos dijo Fermina (1953)-, explicando que era algo que se decía, por ejemplo en el campo, cuando se estaba trabajando en una finca y se advertía a alguien que venía el amo.

Indagamos sobre este término y observamos que era conocido y usado por otros informantes, y aparece en algunos diccionarios (por ejemplo, lo incluye Borrow en The Zinacali como “español”, 1841/1901: 409). Algunos informantes reconocieron sesí como paya o no gitana, pero muy pocos.

El término bengue o mengue se usa metafóricamente para designar a los payos, a partir de su sentido original, que se recoge en el cuestionario como “espíritus” o “fantasmas”, y, en este caso, tiene el sentido de “diablos” o “demonios”.

Los distintos términos a menudo introducen matices, jerarquías y connotaciones diferentes en referencia a los miembros de la mayoría dominante (18) y sus diversos sectores. Por ello, su uso según las circunstancias permite cierta diferenciación social o cultural del otro, del payo y referirse a él (o a ella) introduciendo escalas de connotaciones que incorporan su proximidad cultural, su estatus socioeconómico, e incluso lo versado que pueda estar en las costumbres calé. Torcuato, un gitano de 45 años del que hablamos antes, nos puntualizaba que:

- Gachó es payo de muchos dineros, busnó con muchos jayeres. Quiere decir lo mismo que busnó, sesó, jambo y lacró.

En suma, en el habla gitana encontramos al menos 11 términos para nombrar al otro, al no gitano. A estos términos hay que añadir las formaciones idolécticas, o las creaciones individuales o de pequeños grupos de hablantes que son también frecuentes. Se trata, por lo tanto, de uno de los ámbitos más vivos e importantes de la expresión y la vida cotidiana de esta minoría, una parte del habla gitana donde los vestigios del caló son más abundantes.

 

2.4. Cómo se usa y se valora el caló

El caló se usa poco; por eso su conocimiento es más pasivo que activo; muchas de las palabras que los informantes recuerdan, hace tiempo que no se oyen y algunas no las han dicho/oído en décadas. Por eso, en los casos en que hemos podido medirlo, el conocimiento es mayor (entre un 20 y un 30 por ciento) cuando se da la palabra caló y se pide reconocerla que cuando se pide el término caló para una expresión española.

La mayoría de los sujetos de esta investigación repiten que apenas usan el caló, y coinciden en señalar que este idioma mixto se encuentra en estado agónico. Casi todos reconocen que se está perdiendo o que se ha perdido y que casi no se usa. Y lo lamentan, porque suelen valorar mucho el “hablar en gitano” y lo consideran un elemento central de sus costumbres, sus tradiciones y lo que comparten como calé. Por eso, la gran mayoría declara que sería muy bueno recuperar este idioma, pero no creen que sea posible, no saben qué podría hacerse, y no planean hacer nada a este respecto.

Algunos de los más ilustrados han colaborado en varios esfuerzos por promocionar el caló, bien colaborando con diccionarios, o con cursos o iniciativas de concienciación. Pocos conocen el empeño del abogado y político Juan de Dios Ramírez Heredia en crear un romanó-kaló a partir de la reintroducción de la flexión romaní en el caló, o cualquier otra iniciativa española o europea en favor del romaní. Casi ninguno de nuestros informantes conoce nada del romaní, de su situación en Europa ni de la existencia de radios, televisiones y publicaciones en esta lengua, con la excepción, en algunos pocos casos, de I Tatchipen, la revista de la Unión Romaní.

 

2.5. Cómo y dónde se aprende caló

Los hablantes entrevistados relatan que han aprendido caló en tres ámbitos sociales diferenciados, cada uno de los cuales privilegia ciertos campos semánticos, formas de uso y orientaciones diferentes hacia el lenguaje y la propia identidad gitana:

1. En la familia, a través de padres, madres y parientes cercanos. A menudo la transmisión del idioma salta una generación: se ha aprendido tanto o más de los abuelos y abuelas que de los padres y madres, que rara vez enseñan el habla gitana a sus hijos. La lengua materna de los gitanos hace mucho que no es el romaní, ni siquiera el caló (si esta última lo ha sido alguna vez). Y no se puede decir hoy que sean bilingües. A menudo, como hemos visto, la actualización del conocimiento de caló cobra un carácter biográfico que vincula los recuerdos del uso del idioma a la evocación de personas muy queridas.

2. En el ámbito público del trabajo, la venta y el trato, es decir, en la interacción con gitanos frente a no gitanos, por ejemplo en la calle, el mercado o cualquier otro lugar público. En estos espacios predomina un uso críptico del caló, para decir algo de manera especial o ininteligible para los no gitanos, por lo que cobra además un importante valor identitario.

Este uso comunitario y público ha sido más importante para los gitanos y gitanas mayores. Varios de nuestros informantes citan a modo de ejemplo las ferias de ganado y los tratos de bestias como lugares privilegiados para el uso del caló.

3. De personas que saben más términos y hacen un uso más consciente y reflexivo del caló. A su vez, este repositorio de términos proviene de una combinación de aprendizaje directo y estudio de listados, vocabularios elaborados ad hoc o tomados de diccionarios en libros sobre caló o sobre la minoría gitana de forma directa o indirecta. Una porción de los informantes ha aprendido mucho de estas fuentes, es decir, directamente de listados, vocabularios o diccionarios, o, sobre todo, a través de personas cuyo conocimiento era consciente, reflexivo y, en parte, libresco, o sea, que bebía de alguna manera de ese caló “documentado” que aparece en vocabularios o listados o incluso los diccionarios y textos disponibles. Algunos de estos diccionarios contienen numerosas creaciones espúreas y copias de textos anteriores (19). Este es un aprendizaje más premeditado y reflexivo y menos familiar o comunitario, aunque hay muchos flujos entre unos y otros entornos. Es necesario analizar más este ámbito de adquisición y transmisión de caló.

El aprendizaje en estos tres ámbitos puede combinarse: los que más saben han aprendido de la familia, de la comunidad de hablantes gitanos, de personas eruditas en este tema, e incluso de libros y también de hablantes que tienen conocimiento libresco o mixto. Y podría ser que una parte del conocimiento libresco haya entrado también en el habla familiar y comunitaria gitana incluso a través de personas que nunca han visto los libros correspondientes o que no saben leer. O sea, es posible que una parte del contenido de diccionarios se haya filtrado a la comunidad gitana de hablantes. El flamenco, como hemos apuntado, puede haber sido un vehículo importante para esta realimentación. Estos procesos reflexivos están por estudiarse, como casi todo lo que concierne al uso del caló y sus variedades.

La mayoría de sus usuarios no ha intentado aprenderlo: ve que se habla en su familia y en las comunidades gitanas con las que interacciona, y al participar en esas interacciones, lo escucha y lo aprende. Pero en otros casos, se ha buscado aumentar este conocimiento estudiando “caló documentado” bien de hablantes más expertos e incluso libros y folletos, o bien tratando con personas que sabían más y aprendiendo de ellos. Curiosamente, en la mayoría de los pueblos y barrios donde hemos trabajado hay algún payo que parece saber más de la lengua gitana que la mayoría de los gitanos, y no es raro que señalen a esa persona como la autoridad en caló.

 

3. Conclusiones

El caló, el idioma propio de los gitanos españoles durante los tres últimos siglos, sufre una lenta agonía. No desaparece del todo, pero tampoco está vivo; su conocimiento es hoy escaso y limitado a unas docenas de palabras y unas cuantas estructuras básicas. Ahora no es ya un lenguaje mixto o pararromaní, sino una forma de expresión que incorpora un fuerte sentido identitario. Ya no suele usarse para expresar algo diferente; en su propio uso está la diferencia. Lo más importante que se expresa en caló es la diferencia cultural, étnica si se quiere, de un grupo que sigue reconociéndose distinto sin que le sea fácil precisar los fundamentos de esa diferencia, que suelen ser más vividos que razonados, más existenciales que sistemáticos, más implícitos en la acción que explícitos en los discursos, normas y concepciones que, además, se están replanteando radicalmente en las últimas décadas.

Lo que queda del caló, por lo tanto, es un resto lingüístico que funciona como sublenguaje o parte de un habla gitana que tampoco es un dialecto único: los gitanos hablan habitualmente el dialecto de la región donde viven; esto es, el mismo que hablan sus vecinos inmediatos. En el uso de las hablas locales, no obstante, muchos grupos gitanos pueden haber conservado o desarrollado algunos elementos propios, por ejemplo, una cierta entonación (que se exagera a menudo en la burla), así como expresiones que ya se usan menos entre la mayoría aunque sí que pueden trazarse a un castellano pretérito, pues también en esto gitanos y gitanas suelen ser más “conservadores”. Algunos de estos elementos, sean términos o giros, se comparten de forma variable por grupos gitanos de toda España e incluso de toda la península, y corresponden a peculiaridades de su vida social y de su cultura. El término de ajuntaora, por ejemplo, para designar a la mujer experta que practica el ritual central de la boda gitana, es un término que hemos escuchado entre ciganos en varias zonas de Portugal.

La diglosia (20) de las comunidades gitanas se ha reducido hasta casi desaparecer. Apenas se habla “gitano”, salvo en breves momentos e, incluso entonces, con unas pocas frases entreveradas de castellano. Ya no es un idioma familiar, doméstico, ni tampoco un recurso de la comunidad gitana en sus intercambios; es un recurso expresivo que puede añadir un sentido de pertenencia y comunidad a la interacción entre gitanos y gitanas. Pero no es mucho lo que se comunica en caló, por lo que su valor instrumental es bajo, salvo en lo que respecta a usos eufemísticos y crípticos. Por el contrario, su valor expresivo es muy alto.

 

- El vocabulario nuclear

De nuestro estudio deducimos que el vocabulario vivo del caló, al menos en esta zona de España, incluye entre 350 y 400 términos básicos. Los miembros de la minoría gitana conocerían entre un 10 y un 70 por ciento (de 40 a 280 palabras) de ese vocabulario nuclear.

Nuestros resultados coinciden los que encontró McLane hace más de 30 años en una de las zonas donde hemos trabajado nosotros, en la comarca de Guadix. Pero creemos que se quedaba corto, pues según él, incluso los hablantes más competentes apenas conocían más de 100 palabras (McLane 1977). Hemos visto que son bastantes los gitanos adultos que conocen más palabras de origen romaní, en algunos casos por encima de 200, incluso décadas después de su trabajo.

El cuestionario propuesto parece medir bien los principales niveles de conocimiento y competencia de caló y sus variaciones en la zona estudiada. El análisis de los resultados debe tomarse como un modelo que permite agrupar a los/as hablantes en varios niveles de conocimiento y uso del caló que oscilaría entre un nivel muy bajo que incluye entre 30 y 70 palabras de origen romaní, muchas de las cuales son hoy también patrimonio del castellano, hasta un nivel máximo representado por aquellas personas que conocen 250 términos o más. En las personas con un conocimiento mayor, existe aún cierta productividad morfológica o sintáctica. La fonética del caló es castellana.

Nuestro trabajo demuestra, por tanto, que hay una gran diversidad en el conocimiento del “habla gitana” o caló en esta fase terminal. Aquí no ocurre como en otros idiomas, en que cada hablante o un pequeño grupo de ellos, puede ofrecer un ejemplo completo de la sintaxis, la morfología y, con variaciones, la semántica elemental. Aquí el conocimiento del lenguaje o lo que queda de él se encuentra muy repartido.

También se confirma que hay payos y payas que conocen caló, incluso más que el común de los gitanos/as. Algunos son miembros de familias mixtas y han aprendido del entorno familiar de sus esposos/as. A veces son personas que han vivido cerca de gitanos y gitanas y han tenido un interés en aprender palabras y expresiones del hablar gitano, a menudo complementando el saber directo con el estudio de caló documentado. Otros han sido aficionados al flamenco y sus ambientes, donde la presencia gitana ha sido decisiva.

Nuestros resultados ofrecen un modelo de niveles de conocimiento y competencia que deriva de la muestra de hablantes entrevistada. Este modelo puede ponerse a prueba en otras regiones y grupos gitanos de España, Francia y Portugal para determinar si en otras zonas abundan más los hablantes con un mayor conocimiento de voces de origen romaní y un uso más articulado de caló. Aquí avanzamos, por tanto, un primer elemento de contrastación y referencia. Como dijimos en la primera parte, nuestro equipo ha empezado a utilizar el mismo enfoque y cuestionario en otras zonas de Andalucía, País Vasco y Madrid.

 

- Los términos más conocidos

Las palabras más conocidas pertenecen a varios campos semánticos, casi todos privados o restringidos, bien a la propia persona, a la familia o la comunidad gitana: algunos términos de parentesco, de la expresión emocional y espiritual, el cuerpo y sus partes y funciones, los alimentos y la propia identidad propia y ajena, un área especialmente rica y variada que refleja el enorme esfuerzo de resistencia, afirmación e incluso oposición que ha vivido la cultura gitana y el esfuerzo por mantener una identidad separada y distinta frente a las poderosas presiones asimilacionistas de la sociedad mayoritaria.

Como ocurre en el romaní, los préstamos provienen de actividades que requieren el contacto con la comunidad mayoritaria y el lenguaje dominante, mientras que la retención léxica es sobre todo crucial en las esferas íntimas de la interacción que corresponden al dominio familiar y doméstico (Matras 2002: 30). Así, “las palabras para los oficios, cargos y funciones, así como para los recursos económicos” o los instrumentos de oficios y gremios se toman prestados de los idiomas vecinos, mientras los términos asociados a “cuerpo, mente, parientes y recursos propios permanecen más estables y resistentes al préstamo lingüístico” (ibídem).

Existe un campo semántico de especial vitalidad, variedad y complejidad, que refiere a la identidad y ala separación de los endo- y exogrupos. Así, encontramos que el habla gitana recurre, con mayor o menor frecuencia, a una docena de términos diferentes, además de creaciones metafóricas e ideolécticas para denotar a los no gitanos, o “payos”, algunas de origen romaní : gachó, lacró, busnó, jambo, payo, eray, sesó, bengue, o castellano (“castellano”, “vecino”, “señor”…), lo que convierte a este área expresiva en la más rica, más viva y más caliente del habla gitana específica.

 

- Fuentes y formas de aprendizaje de caló

Hemos encontrado tres grandes ámbitos de transmisión y adopción del caló. Primero las relaciones familiares próximas, pero no necesariamente las de filiación, sino más bien las relaciones de descendencia. Esto es, se aprende tanto o más de los abuelos y abuelas que de los padres y madres (21). Ya no es una lengua materna que para los gitanos es el español (o el catalán o vascuence en algunos casos). Segundo, la interacción comunitaria entre gitanos y gitanas en ámbitos públicos donde se intenta crear un espacio de comunicación étnicamente restringido y no accesible a los “otros”, los payos. Y, por último, el ámbito del caló documentado, donde el aprendizaje se produce bien a través del estudio de libros y diccionarios, o bien a través del trato con personas que han desarrollado un conocimiento mayor y más reflexivo. Este conocimiento suele ser consciente y voluntariamente buscado e incorporar repertorios semánticos que se atesoran y se ejercitan de forma más estudiada y ejemplar, produciendo algunos casos de cierta “autoridad”, como personas expertas en Caló que diversos aprendices buscan para ilustrarse. Este conocimiento es, en ocasiones, más “libresco” y artificioso y puede incorporar términos inventados y espurios. No es mucho, sin embargo, el caló inventado de los diccionarios que se ha permeado al habla gitana común.

Los tres niveles o ámbitos de aprendizaje no son incompatibles. Varias de las personas que más términos conocían, habían aprendido de estas tres fuentes de conocimiento y de las maneras diferentes de aprender que representan. Generalmente estos niveles se suceden en la vida de los hablantes, empezándose a aprender de familiares, ampliándose en intercambios con gitanos y gitanas menos próximos y perfeccionándose de forma más consciente, reflexiva y premeditada con hablantes que saben más y que pueden haber consultado vocabularios o listados.

 

- Cómo se vive el estado del caló

La mayoría de los gitanos y gitanas perciben que el caló casi ha desaparecido: ya no existe como lo conocían sus abuelos y abuelas. “No queda nada”, “ya no lo hablamos”, “se ha perdío todo”, son expresiones que se repiten de forma similar en casi todas las entrevistas. Se tiene una clara sensación de pérdida y olvido que, en general, se lamenta. Pero el abandono u olvido del caló les parece a algunos un elemento más del cambio social, de la transformación que sufren gitanos y gitanas en tantos ámbitos de su vida, y se juzga así como inevitable. Para algunos, de hecho, la integración y participación en la sociedad más amplia se vive como la necesaria desaparición de ciertas tradiciones, entre las que el “hablar gitano” formaría parte. Algún informante, sin embargo, ve ciertos signos de esperanza y recuperación de esta lengua mixta que, en general, se vive como algo propio. La gran mayoría verían bien el desarrollo de programas de recuperación del caló.

En este sentido, nuestro trabajo pone de manifiesto una más de las grandes transformaciones que han experimentado la vida y la sociedad de los gitanos y gitanas en los últimos siglos. Si antes el caló era privilegio y patrimonio de una comunidad que rechazaba compartirlo y no veía con buenos ojos a quienes lo enseñaban a “los otros”, hoy nos hemos encontrado que el interés actual de un payo o paya que se preocupa por ese idioma puede ser interpretado como muestra de respeto y apreciación de la cultura gitana. Todo está cambiando; pero no todo está perdido: subsiste el interés y el amor de unas gentes por los restos del idioma que un día hablaron sus antepasados.

 


 
Notas

1. Algunos elementos de esta pérdida de costumbres y tradiciones incluyen la ruptura de la endogamia y el crecimiento de los matrimonios mixtos, la pérdida de tradiciones cruciales como el luto o el pañuelo, y cambios notables en las relaciones de género y el papel de las mujeres frente a los hombres, así como en las relaciones étnicas. En este sentido, varios informantes repiten la idea de “ya no somos gitanos”. Otros insisten en una concepción proactiva y no reactiva u oposicional de su identidad: “vivimos con los payos, no contra los payos, como otros gitanos”.

2. La conexión genealógica es posible. Contrariamente a lo que algunos creen, los gitanos y gitanas han venido registrando nacimientos (bautismos), defunciones y desposorios desde hace bastantes siglos de forma generalizada. En Andalucía hemos podido establecer la conexión entre personas definidas como gitanos o “castellanos nuevos” a finales del siglo XVII y descendientes suyos que viven hoy en los mismos pueblos y ciudades, tienen los mismos apellidos y siguen considerándose gitanos.

3. Hemos separado las 18 palabras que se usan para referirse a los gitanos frente a los no gitanos y a otros grupos étnicos de los otros términos de filiación y parentesco que conforman el grupo 9, formando el grupo 9a.

4. Curiosamente es mucho más común el uso de tató < romaní común tató ‘caliente’ que el de manró, que procede directamente de la palabra romaní para ‘pan’. Se trata sin duda de un cambio metonímico de la cualidad al objeto: ‘(pan) caliente’ > ‘caliente’.

5. Lo cual es etimológicamente cierto (< romaní común loló = rojo).

6. La forma gitana originaria para madre (day < romaní común daj), atestiguada en otras fuentes del caló -antiguas y modernas-, no es conocida por ninguno de los encuestados. Es evidente que ha sido desplazada por bata o matu, formas creadas analógicamente a partir de bato/patu. La propia forma bato había sustituido anteriormente a la forma que cabría esperar del romaní común (dad ‘padre’) y que no aparece ya documentada.

7. El empleo de perífrasis del tipo ‘padre viejo’ (o ‘padre grande’) para ‘abuelo’, ‘bisabuelo’ (y la correspondiente formación femenina para ‘abuela, bisabuela’) está bien documentado en otros dialectos romaníes. Por ejemplo, en el dialecto romaní de Gales: phuri daj ‘abuela’, bari daj ‘bisabuela’, phuro dad ‘abuelo’, baro dad ‘bisabuelo’ (phuro, -I ‘viejo, -a’, baro, -I ‘grande’. En el vocabulario caló de José Antonio Conde encontramos bato varó ‘abuelo, dai varí ‘abuela’.

8. A veces, como es común a muchas familias españolas, utilizan el término “mamá” con el nombre propio de la abuela (“mamá Lola” o “mami Rosa”, por ejemplo) para referirse a la abuela que ha criado a los nietos. También es común el término chacha con nombre propio para referirse a una tía, a menudo soltera, algo común también con los hablantes castellanos.

9. Los significados de militares y policías se solapan bastante, aunque no del todo. En ambos casos se trata de “gente armada” y uniformada, además de que el orden público en España ha menudo ha tomado un carácter militar que todavía conserva la Guardia Civil.

10. En ámbitos “talegueros” y delincuenciales se escucha más la fusca (posiblemente por contaminación con fusil) y los Guardias Civiles son los “picoletos”. Esto es un indicio que apunta hacia una diferenciación entre jerga “taleguera” y caló en un ámbito léxico en el que pudieran tender a solaparse.

11. Seguramente era más alto el porcentaje que la podía usar que el que la reconoció, lo que quizá vino dado por nuestra forma de preguntarla como sinar, cuando es mucho más común sinelar y en su forma presente: sinela.

12. Ramona, nacida en 1956 y su marido Pedro, nacido en 1953, gitanos de un pueblo de Granada.

13. Ramona y Pedro aspiran la ese final.

14. Lo mismo que sacais para los ojos o duquelas para penas o disgustos.

15. Sacáis ha surgido de una refacción del singular a partir de un falso corte: plural las acáis > singular la sacay > plural las sacáis (cf. español coloquial las tijeras > la estijera > las estijeras). Esta explicación implica que acáis era originariamente una palabra femenina. Esta presunción se basa en que, en romaní común y en la mayoría de dialectos romaníes, la palabra para ‘ojo’ es femenina. En caló se ha convertido en masculina al adaptarse al género del español ‘ojo’. Esta adaptación del léxico caló al género del español es un fenómeno generalizado.

16. Parece usarse menos la versión femenina de estos términos, seguramente por el uso genérico que suele hacerse de ellos y en la que predomina el masculino.

17. Recuérdese la canción flamenca: “Soy jeray en el vestir, soy caló de nacimiento”.

18. La minoría gitana vive hoy junto a otras minorías que han crecido en España en las últimas décadas, debido sobre todo a la inmigración económica internacional. Esto genera importantes transformaciones en las relaciones étnicas y en la concepción de las identidades de los grupos étnico-culturales con los que se comparte un mismo espacio social. La realidad étnica ya no puede verse de forma tan dicotómica, y en el propio uso del caló encontramos evidencias de estos cambios, como en ese apelativo de payo poni inventado para denotar a los inmigrantes andinos.

19. Puede servir como muestra de ello el primer diccionario gitano publicado en España (E. Trujillo, Vocabulario del dialecto gitano, Madrid, 1844), analizado en Adiego (2005).

20. Ver Fishman 1967 y Schiffman 1998 para una precisión de esta condición o situación lingüística y sus variedades.

21. Nuestros resultados coinciden con los de Gordaliza, que ha elaborado un importante vocabulario con unos 315 términos que siguen vivos en el habla de los gitanos de Palencia. Gordaliza concluye que los gitanos palentinos “han conservado un vocabulario gitano importante y de bastante pureza… pero el caló no es su lenguaje normal. Sólo lo usan en contadas ocasiones y dentro de su clan. Su lengua materna es el español… Hemos podido hablar durante años con muchos niños gitanos que asisten o han asistido a clases de primaria y de secundaria (cerca de 150) y el caló no es aprendido de labios de sus padres… podemos dar por completamente perdido su uso como lengua materna” (2001: 304).

 


 

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Gazeta de Antropología