Gazeta de Antropología, 2011, 27 (2), artículo 38 · http://hdl.handle.net/10481/18981 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 14 junio 2011    |    Aceptado 16 diciembre 2011    |    Publicado 2011-12
De enclave a centralidad. Espacio urbano, comercio y migración peruana en Santiago de Chile
From enclave to centrality. Urban space, trade, and Peruvian migration in Santiago de Chile



RESUMEN
El presente artículo aborda la migración peruana en Santiago de Chile enfocándose en su presencia concentrada en los espacios centrales de la ciudad. La yuxtaposición de las dimensiones residenciales y económicas para describir la presencia de una minoría en el espacio, han tendido a comprenderse en los estudios migratorios como un proceso de formación de 'enclaves étnicos'. A partir del desarrollo de una investigación etnográfica, se discute la predominancia de la noción de enclave para explicar este tipo de fenómenos, proponiendo como alternativa el uso del concepto de 'centralidad migrante', más flexible y dúctil para entender la multifacética inserción urbana de los migrantes, la porosidad de las fronteras que definen sus espacios, y la forma en que a partir de estos espacios se interacciona con la sociedad de recepción del flujo migratorio.

ABSTRACT
The aim of this paper is to analyse the Peruvian migration in Santiago de Chile, focusing on spatial concentration in the centre of the city. This phenomenon, which juxtaposes residential and commercial uses of space by a minority, has been predominantly designated in the migratory studies as an 'ethnic enclave'. The data collected in the present ethnographic research supports a critical debate on the predominance of the 'enclave' concept in the explanation of the phenomenon. The concept of 'migrant centrality' will be presented as a much more flexible alternative for the understanding of the migrant’s multifaceted urban inclusion, since it captures the porosity of the borders defined by the migrant’s spaces, also highlighting the way in which these groups use the space to interact with the host society.

PALABRAS CLAVE
migración internacional | centralidad migrante | enclave | espacio urbano
KEYWORDS
international migration | migrant centrality | urban space


1. Introducción

 Comúnmente se ha comprendido la noción de enclave inmigrante como la concentración en un espacio físico -generalmente en un área metropolitana- de firmas o empresas étnicas que emplean una proporción significativa de trabajadores de la misma minoría (Wilson y Portes 1980: 220; Werbner 1987). Poniendo en entredicho el concepto de enclave y de la economía étnica (1) que le es consustancial, intentaremos dar cuenta de una nueva forma espacial que lo migrante asume en la ciudad de Santiago, la cual aún manteniendo algunas características propias de estos conceptos que han devenido hegemónicos en la descripción de estos fenómenos, presenta matices que le dotan de una identidad particular.

En este sentido, nuestro objetivo en el presente artículo es proponer la categoría “centralidad migrante” como una alternativa teórica al concepto de enclave. Esta propuesta nace de la necesidad de solucionar algunas de las limitaciones analíticas con que nos encontramos en nuestra investigación sobre las formas y dinámicas urbanas de la migración peruana en la capital de Chile. Nuestra idea aquí no es desestimar completamente el concepto de enclave, sino más bien matizar, a partir de la amplia discusión existente en el campo de los estudios migratorios sobre la presencia urbana de los migrantes, el alcance explicativo que el concepto puede tener, subrayando sus limitaciones. Para ello presentaremos el caso concreto de tres espacios de la migración peruana en Santiago de Chile: la calle Catedral, la Calle Rivera y el mercado La Vega Central. Elegimos estos tres ejemplos de nuestro trabajo de campo considerando que, dadas sus peculiaridades en relación a la articulación entre espacio comercial y residencial, nos permiten mostrar una específica inserción urbana del flujo migratorio peruano en la ciudad.

En el apartado 2, apuntaremos algunas características generales de la migración peruana en Santiago y describiremos en qué consisten los tres espacios elegidos para ilustrar nuestra propuesta. Daremos indicaciones acerca del emplazamiento de estos espacios a nivel municipal, su centralidad o carácter periférico respecto del conjunto urbano, y caracterizaremos la residencialidad migrante en relación a la población nativa en estos locus. En el apartado 3, discutiremos el concepto de enclave en la literatura de los estudios migratorios, apuntando no solamente cómo el término viene siendo usado en el estudio de la territorialidad migrante en espacios urbanos, sino también ejemplificando su inadecuación explicativa en lo que se refiere a nuestro estudio concreto. En este apartado, definiremos lo que entendemos por “centralidad migrante”, dando las claves explicativas de esta propuesta conceptual.

En el apartado 4, enfocaremos nuestro debate acerca de las “centralidades migrantes” profundizando en los casos recopilados. Detallaremos la forma como la centralidad se organiza en estos locus originando articulaciones y dinámicas sui géneris. Se analizará además la preeminencia de que goza lo comercial en la producción de estos espacios, y se describirá la magnitud y la diversidad de formas comerciales con que nos encontramos, para así dar cuenta de las particularidades que éstas presentan y que de ese modo le alejan o le acercan a la idea de enclave. Finalmente, daremos cuenta de los principales tipos de comercios con que nos encontramos, analizando la ecuación entre la orientación comercial y la base geográfica de los mismos.

Hemos de insistir, no obstante, en que no se pretende reducir la comprensión de estos fenómenos a una mera cuestión económica, territorializada o confinada en los límites o fronteras de los área que usamos como ejemplo. Lo que nos interesa es comprender cómo estos locus escapan a una exclusiva caracterización en términos de “espacio económico de una minoría”, configurándose como “espacio multidimensional”. En este sentido, ellos dibujan un adentro y un afuera, unas pautas de interacción entre lo que ocurre al interior de las fronteras que, por lo general de manera difusa, definen su territorio, y su articulación al conjunto urbano del que forman parte.

 

2. Tres posibilidades para la emergencia concentrada de la migración peruana en Santiago de Chile

A partir de la década de 1990, la migración peruana en Chile sufre un proceso de notorio incremento. Las causas o los factores que sostienen o explican este particular desplazamiento de población pueden responder a una diversidad de fenómenos, aunque sin embargo existe consenso en señalar el mejoramiento de la situación económica y personal de los migrantes como el factor más importante en este sentido (Araujo y otros 2000; Stefoni 2002; Martínez Pizarro 2003a, 2003b, 2005).

Si bien no se trata del instrumento más óptimo para medir el flujo migratorio, el censo realizado en Chile el año 1992 nos habla de la presencia de 7.649 extranjeros nacidos en el Perú, mientras que los datos del censo del año 2002 elevan la cifra a 37.860 personas para la misma categoría (Martínez Pizarro 2003b), es decir, durante este período intercensal la población peruana casi se multiplicó por cinco. Con esto no queremos señalar que la migración peruana sea algo del todo novedoso en Chile, ya que este fenómeno en las regiones fronterizas presenta una dinámica particular y anterior (2).

Aún así, y de acuerdo a este mismo instrumento, la población peruana no constituiría aún la población migrante con más presencia en el país, sino que sería superada por la población argentina con un total de 48.176 personas (Instituto Nacional de Estadísticas, Chile, 2003). Lo interesante a efectos de nuestra investigación dice relación con el ritmo de incremento del flujo (que en el caso peruano es mucho mayor) (3), con su correlato en una pauta de concentración en la capital Santiago (frente a los migrantes argentinos que presentan una mayor dispersión en este sentido), y como veremos de ahora en adelante, por la particular producción de las territorialidades que caracterizan la inserción urbana de la migración peruana.

En este sentido, el dato de la concentración residencial de los inmigrantes peruanos por comunas en Chile resulta de singular importancia. La municipalidad de Santiago Centro constituye el territorio donde de acuerdo a los datos del último censo, del año 2002, se encuentra la mayor concentración de población peruana. Se estima que 27.739 personas -el 73,3% del total de 37.863 peruanos en Chile- se concentran en la provincia de Santiago. Dentro de esta provincia, el primer territorio comunal en cuanto concentración de la población peruana es Santiago Centro, donde se contabilizan un total de 5.850 de personas de referida nacionalidad (Martínez Pizarro 2003b: 40).

Cuadro 1. Peruanos por comuna de residencia en la provincia de Santiago de acuerdo al Censo de 2002. Fuente: Proyecto IMILA del CELADE) (4).

 Estamos entonces ante un territorio comunal fuertemente impactado por el incremento del flujo migratorio peruano, especialmente si consideramos que el número de extranjeros de esta nacionalidad en Santiago Centro en el año 1992, era de solamente 500 personas. Sin embargo, la residencialidad migrante sigue representando una estadística poco expresiva para una comuna cuya población total alcanza las 200.792 personas (5).

Teniendo en consideración estas características generales de la presencia urbana de peruanos en la ciudad, procedimos la selección de tres espacios en los que desarrollamos la mayor parte de nuestro trabajo de campo. Estos escenarios nos permitieron constatar la construcción de una “territorialidad de lo peruano” en la ciudad, puesto que nucleaban o aglutinaban gran parte de la experiencia migrante peruana en destino. La selección de estos espacios prioritarios de investigación, sin embargo, se orientó a partir de una definición previa de cuatro elementos clasificatorios:

1. La concentración residencial de la población migrante.
2. La concentración de la actividades económicas de la población migrante.
3. La configuración de un espacio de reconocimiento identitario para la población migrante, que se verifica fundamentalmente en la construcción de un lugar de reunión-encuentro y ocio para el colectivo.
4. La construcción/delimitación discursiva y práctica de una diferencia cultural en el espacio urbano por parte de la sociedad receptora a través de sus diferentes agentes, ya se trate de individuos concretos, de agentes estatales o de los medios de comunicación.

Buscamos que los tres espacios que delimitamos presentasen o combinasen de manera diferenciada cada uno de los cuatro elementos. En este sentido, entendemos que la forma concreta en que se articulan estos elementos, o la forma diferenciada en que se presentan, es la que dota de especificidad o particulariza a cada uno de ellos. A continuación, abordaremos algunos aspectos de la dimensión residencial y comercial en la producción de estos espacios, elementos que como veremos condicionan la práctica de una apropiación, describen una escena, el marco para una experiencia de la migración peruana en Santiago.

Es en el territorio del municipio de Santiago donde encontramos el primero de los espacios: la calle Catedral y sus alrededores. Se trata de la zona de la ciudad más reconocida por la visibilidad de la presencia en ella de la migración peruana, y por el valor simbólico de su emplazamiento colindante a la Plaza de Armas y a la Catedral de Santiago, lugares tradicionalmente concebidos como centro de la ciudad. El cuadrante compuesto por las calles Catedral, Bandera, San Pablo y Puente, la Plaza de Armas misma, más las galerías comerciales que conectan internamente algunas de sus calles, constituyen el espacio público por antonomasia de la migración peruana en Santiago. En este sentido, se trata de una presencia que es percibida no sólo por la población nativa que trabaja, circula o reside en el sector, sino que también por el conjunto social dada la visibilidad mediática que producen, desde hace algunos años a esta parte, los distintos medios de prensa nacional (Arriagada y Granifo 2008).

Plano de Santiago

La figura 1 nos muestra una imagen de las manzanas que componen este primer locus. Como puede observarse, hemos resaltado los espacios comerciales que encontramos en su interior, puesto que ellos constituyen el elemento material que más notoriamente le caracteriza. Sin embargo, esto también presenta un correlato residencial al interior de los límites que marcan este espacio migrante. Entre los años 1992 y 2002, la residencia de extranjeros peruanos pasa de ser casi insignificante (los encuestadores del censo dan cuenta sólo de tres extranjeros peruanos como residentes) para alcanzar las 91 personas en 2002 (6). Si bien no se trata de una cifra importante frente al total comunal de extranjeros peruanos que como señalamos sobrepasa las 5.000 personas, lo central aquí es la conformación del espacio a partir de la emergencia y concentración de una específica presencia económica o comercial. Además, es importante considerar al momento de valorar la presencia residencial peruana en la zona, el tipo de edificación urbana que predomina en el espacio. En este caso, el espacio en que se ubica trata de una zona de marcada orientación comercial, lo que reduce las posibilidades de vivienda para las poblaciones migrantes.

Figura 1. Elaboración propia.



Figura 2. Elaboración propia.

Por otra parte, durante el último lustro se ha podido constatar también la emergencia de una nueva territorialidad migrante -en los términos que venimos presentando- en la comuna de Independencia. Se trata de la zona marcada por la calle Rivera y algunas calles vecinas como las de Picarte y Maruri (ver figura 2). En este caso tenemos que la presencia residencial de la población peruana en la comuna es menor que en el municipio de Santiago, pero es una de las más importantes en el conjunto de la ciudad, con un total de 1288 personas (ver cuadro 1). En este sentido, el crecimiento intercensal de la residencia en la comuna de Independencia es bastante notable si consideramos que sólo fueron contabilizados 78 personas de origen peruano en 1992. En el caso específico de la residencia en el espacio delimitado (las manzanas que lo componen), tenemos que ésta pasa de apenas 10 personas en el año 1992 a un total de 563 en el año 2002 (7).

Así pues, podemos observar en la figura 2 una menor presencia comercial de los migrantes pese al intenso crecimiento de la residencia de extranjeros peruanos en la zona. De cualquier modo, cabe entender en este caso que el contexto de edificación urbana es netamente residencial, lo que influye en que los espacios habitacionales deriven o muten en espacios comerciales, o que incluso mantengan de manera simultánea ambas condiciones, cooperando en la construcción de lo que en otra parte hemos venido a llamar polifuncionalidad del espacio, como uno de las características centrales de los espacios comerciales regentados por migrantes (Garcés 2006: 17-18, 2007).

Por último, nos interesa presentar un tercer espacio, de carácter exclusivamente económico o comercial, que si bien no constituye un locus residencial para el colectivo migrante, sí da cuenta del desarrollo y pujanza de una economía étnica vinculada a la migración peruana. Nos referimos a la incrustación de comercios regentados por peruanos en el principal mercado de productos de alimentación de la capital, la conocida Vega Central. Se trata de un mercado que combina la venta minorista y al por mayor, donde si bien la abrumadora mayoría de comercios son regentados por nativos, se ha observado cómo en los últimos años de manera gradual se han ido estableciendo puestos de productos de alimentación peruanos. Ya ha mediados de Septiembre de 2007 contabilizamos un número de veinte puestos, copando incluso una de las pequeñas calles internas que estructuran el espacio del mercado.

Figuras 3 y 4: Calles internas de la Vega Central. Se observa la instalación de puestos peruanos de productos de alimentación. Fotos: Alejandro Garcés. Santiago de Chile, septiembre de 2007.

En el interior de los límites del espacio de La Vega Central, dado su carácter netamente comercial, no es posible ver combinadas la presencia de estos emprendimientos con la residencia de la población migrante. Lo que sí es relevante, por una parte, es su emplazamiento en la segunda comuna con mayor presencia de población extranjera de origen peruano (1.466 personas de acuerdo al censo de 2002), y por otra parte, dada la alta valoración que la gastronomía peruana en Chile, este espacio se convierte en un lugar asiduamente visitado no sólo por los migrantes, sino también por parte de la población nativa residente.

 

3. Entre cierre y apertura: las limitaciones del enclave y las posibilidades del espacio como centralidad

La intensificación del flujo migratorio peruano de la última década nos permite analizar -si bien no de manera óptima dada la precariedad de instrumentos para la cuantificación del fenómeno- algunas formas en que puede articularse la relación entre ciudad y migración. Por un lado, intentaremos dar cuenta del modo en que lo urbano condiciona la incorporación o la instalación de las poblaciones migrantes en la ciudad contexto de recepción, y por otro, la forma en que los grupos migrantes afectan, transforman o se apropian del espacio urbano. En este sentido, tampoco queremos plantear que exista una forma de inserción urbana de las poblaciones migrantes, cuestión que puede ser variable entre colectivos inmigrantes o al interior de los mismos, sino dar cuenta de esta forma concentrada como una de las más particulares al caso peruano en Santiago, además de su visibilidad pública en el espacio urbano.

La escuela de Chicago ofrece una paradigmática forma de entender algunos de estos procesos (8). Las ciudades tendrían una organización natural expresada en un crecimiento o expansión realizados según procesos típicos y caracterizados por la segregación:

“segregan amplias zonas a medida que se extienden radialmente desde el centro, o distrito comercial central; una zona de transición entre comercio y residencia; una invasión por las actividades comerciales y la industria ligera, que comporta deterioro físico y desorganización social; una zona de viviendas obreras, interrumpidas por distritos de viviendas infraurbanas a lo largo de líneas principales de transporte; una zona de apartamentos y distritos ‘restringidos’ de viviendas independientes y más al exterior, allende los límites de la ciudad, una zona suburbana cuyos residentes trabajan en la ciudad. Idealmente, esta segregación global puede ser representada por una serie de círculos concéntricos; y éste tiende a ser el hecho indiscutible allá donde no intervienen factores geográficos que compliquen el esquema” (Zorbaugh 1974: 85).

A partir de aquí y por un efecto de sucesión la ciudad se dividiría en conjunto de “áreas naturales”, que a su vez por isomorfismo se corresponderían con áreas culturalmente diferenciadas, tendiendo a coincidir en el mismo espacio. Del mismo modo, para Burgess la expansión de la ciudad es ilustrada a través de los círculos concéntricos que designan las zonas sucesivas de expansión urbana y los tipos de áreas diferenciadas en el proceso. La sucesión misma representaría la tendencia de cada zona interior a extenderse sobre la zona siguiente (Burgess 1974: 71-72) (9). Al mismo tiempo, la expansión actuaría como modelo que distribuye identidades por lugar de residencia y ocupación:

“Esta diferenciación de agrupamientos naturales, económicos y culturales, conforma y caracteriza la ciudad. Pues la segregación, en efecto, asigna al grupo, y, por ende, a los individuos componentes del grupo, un papel en la organización global de la vida ciudadana” (Burgess 1974: 75-76).

Con todo, e independiente de la estrechez naturalista de la propuesta, lo que se nos presenta es que el desarrollo o evolución de una urbe implica un conjunto de movimientos de población que acompañan y dan sentido a las distintas áreas que conforman la ciudad. Lo interesante es la posición que en esta estructura ocuparían los grupos inmigrantes. En este sentido, cabría entender un modélico movimiento de las poblaciones desde dentro hacia fuera, en la medida que la progresiva inserción o integración de los inmigrantes en la sociedad receptora supondría una mayor dispersión residencial:

“La relación entre distribución residencial y proceso de inserción social, entendido como asimilación, se interpreta como una fuerte correlación entre dispersión espacial e integración social” (Torres Pérez 2005: 34).

Pues bien, puede interpretarse entonces que esta pauta de concentración que se describe tiende a desaparecer en la medida en que los grupos migrantes se van incorporando o integrando a las sociedades de destino. Sin embargo, nuestra observación de estos espacios en Santiago indica que éstos se encuentran en proceso de crecimiento o consolidación, discutiendo el mecanicismo de la hipótesis anterior. En este sentido, procedemos a describir en qué consisten estas concentraciones de la migración peruana, de qué elementos se componen, para luego ver en qué sentido éstos nuclean diversas dinámicas de la reproducción social y económica de la migración peruana en Santiago.

En el contexto de las migraciones internacionales, autores como Wilson y Portes han aceptado comúnmente la definición de enclave étnico como la concentración en un espacio físico -generalmente en un área metropolitana- de firmas o empresas étnicas que emplean una proporción significativa de trabajadores de la misma minoría (Wilson y Portes 1980). En trabajos posteriores, Portes consideraría que a los aspectos relativos a la concentración espacial se agrega a la definición del enclave la orientación comercial de los nuevos negocios, señalando que estos sirven por una parte a sus propios mercados étnicos, y por otra a la población general (Portes y Bach 1985:203). Según estos análisis, la forma enclave como expresión en el espacio urbano del flujo migratorio responde a la articulación de al menos tres tipos de factores:

1. Las condiciones de salida, comprendidas como el peso que adquieren la situación política y económica en los países de origen, distinguiendo a los refugiados de los trabajadores asalariados. Se entiende que las condiciones políticas de salida tienen consecuencia sobre los modelos posteriores de asentamiento, en general más apoyados que obstaculizados por los Estados, aunque eventualmente menos autónomos económicamente (Portes y Böröcz 1998: 54-55).

2. El origen de clase, donde se refiere a los trabajadores rurales y urbanos (fundamentalmente trabajadores manuales), cuya presencia en las sociedades de destino se explicaría por la coincidencia entre, por un lado sus objetivos y aspiraciones, y por otro, los intereses de sus patronos. Son aquí importantes entonces las habilidades, la voluntad de trabajar más duramente y por salarios más bajos que la clase obrera local, además de la flexibilidad para acomodarse a las fluctuaciones en las necesidades de los empresarios (Portes y Bach 1985: 7; Portes y Böröcz 1998).

3. Los contextos de recepción, en el entendido de que los posibles asentamientos estarán determinados por la acción conjunta de las políticas gubernamentales, la opinión pública, la demanda del mercado laboral y las comunidades étnicas preexistentes interactúan según una geometría variable que puede canalizar a los recién llegados con similares dotes en direcciones muy distintas (Portes y Böröcz 1998: 61).

En contra las interpretaciones funcionalistas del asimilacionismo, la manera en que Portes propone combinar estos factores da cuenta de la variabilidad de dinámicas según las que las poblaciones migrantes se insertan en los espacios urbanos. Así, la forma concentrada (y en general denominada como enclave) es una de las posibilidades de inserción que puede presentarse, y para el caso que nos ocupa, ésta actúa de forma simultánea con otras formas que no responden necesariamente a los criterios de la concentración residencial y económica.

En su ya clásico trabajo sobre el enclave cubano de Miami, Wilson y Portes (1980) analizan la inserción de los migrantes en las sociedades de destino donde predomina un mercado de trabajo dual, esto es, segmentado en un mercado laboral primario y otro secundario. Según Piore, el mercado de trabajo primario ofrece puestos con salarios relativamente elevados, buenas condiciones de trabajo, posibilidades de avance, equidad y procedimientos establecidos en cuanto a la administración de las normas y, por encima de todo, estabilidad de empleo. Mientras tanto, los puestos del sector secundario tienden a estar peor pagados, a tener condiciones precarias y pocas posibilidades de avance; a tener una relación muy personalizada entre los trabajadores y los supervisores, lo que deja un amplio margen para el favoritismo y lleva a una disciplina laboral dura y caprichosa; y a estar caracterizados por una considerable inestabilidad del empleo y una elevada rotación de la población trabajadora (Piore 1979, 1983: 194-195; Jiménez 2007) (10). En este sentido, se entiende que los nuevos trabajadores inmigrantes se concentrarán en el mercado de trabajo secundario. Con la excepción de quienes acceden al sector primario, los inmigrantes compartirán las características de un empleo periférico, incluyendo bajo prestigio, bajos ingresos, insatisfacción laboral, entre otros, condiciones que en el caso de los trabajadores empleados por empresas inmigrantes, en los negocios del enclave por ejemplo, tenderían a repetirse (Wilson y Portes 1980: 301).

En nuestro caso tenemos que la mayor parte de la población peruana económicamente activa se concentra en ramas de actividad relacionadas con este mercado de trabajo secundario. La siguiente tabla da cuenta de la distribución de la población por ramas de actividad, de acuerdo a los datos de los últimos dos censos chilenos. Se observa allí un fuerte crecimiento y concentración en el servicio doméstico (relacionado a su vez con la feminización del flujo migratorio), actividad que comparte las características generales del mercado de trabajo secundario que venimos señalando:

Cuadro 2. Población peruana económicamente activa por rama de actividad: 15 años y más (1992- 2002) (Fuente: Martínez Pizarro 2003b: 45).

Sin embargo, frente a las posibilidades de inserción de los migrantes en los mercados primario y secundario abogadas por la teoría del mercado dual, la concentración y la economía específica que suponen los espacios de la migración peruana que hemos presentado anteriormente suponen otra estrategia de integración laboral al mismo tiempo que constituyen un nuevo patrón de asentamiento urbano.

Ahora bien, ha sido también objeto de discusión si esta concentración puede ser definida en términos económicos o residenciales, esto es, si exclusivamente se desarrolla la actividad económico comercial en la zona definida como enclave, o si se trata tan sólo del emplazamiento residencial del grupo migrante (Giménez y Malgesini 2000). Para el caso de los espacios peruanos en Santiago podemos en principio señalar, de acuerdo a la presencia residencial en las comunas en que éstos han emergido y que presentamos anteriormente, que la concentración referiría a ambas dimensiones, tanto en el orden residencial como en el económico, pudiéndose encontrar tanto individuos y grupos que residen y desarrollan su actividad económica en estos lugares, como aquellos que residiendo en otras zonas de la ciudad, localizan su actividad comercial en estos espacios específicos.

Otro problema relacionado con la categoría de “enclave” se refiere a que el uso más extendido del término hace referencia básicamente a una concentración étnica/migrante de carácter residencial, mientras los estudios que dan cuenta de la definición sociológica asumen que estas comunidades de emprendimiento viven y trabajan en el enclave (Portes y Jensen 1989: 930). En este sentido, se destaca la importancia de no confundir la participación en una economía de enclave con el hecho de vivir en un barrio de inmigrantes. Pese a que los barrios de inmigrantes cumplen una importante función de apoyo social, además de generar algunos pequeños negocios que satisfacen inmediatas necesidades de consumo por parte de la población que reside en ellos, éstos carecerían de la amplia división del trabajo propia del enclave, en la que se observa una clase empresarial claramente diferenciada (Portes y Bach 1985: 204-205; Portes y Jensen 1987: 768-769; Valenzuela 2008: 278) (11).

Esto último plantea cuestiones interesantes a propósito de la presencia migrante en Santiago, ya que los emprendimientos de los comerciantes extranjeros estudiamos descansan fundamentalmente en el trabajo familiar. Donde sí puede atisbarse una más marcada división del trabajo es en el caso de los empresarios chilenos al interior de estos espacios urbanos, quienes contando con un capital inicial más importante, emplean mano de obra migrante y comienzan procesos de expansión de sus negocios (12). Lo importante a los efectos de nuestro análisis es que esta fuerte división social del trabajo no se da al interior del colectivo migrante en estos espacios.

De cualquier modo, queda expuesta entonces una forma de enclave que pone acento más en la concentración comercial o económica -y en el proceso económico que es interno a las nuevas formas comerciales que introduce la migración-, que el aspecto residencial. La ecuación entre residencialidad y concentración económica da cuenta de la actuación de lo urbano como sistema de distribución de acceso a empleos y a oportunidades de alojamiento, o si se quiere en términos más generales, como una distribución geográfica de recursos de gran importancia económica, social, psicológica y simbólica (Harvey 1979: 50-61). De esta forma, podemos entender la formación de los espacios migrantes peruanos en Santiago como la resultante de la ecuación entre el proceso social que supone la inserción urbana o el acceso a recursos por parte de las nuevas poblaciones, y la forma espacial a que esta inserción da lugar.

En el caso de los tres espacios que analizamos nos interesa de antemano advertir que la importancia del componente económico o empresarial va necesariamente acompañada de un conjunto de prácticas y relaciones sociales que exceden o superan lo estrictamente económico. Proponemos entonces superar la modélica clausura del enclave a la economía de un grupo específico, para ilustrar la forma en que la “centralidad migrante” dialoga u organiza el flujo de personas, cosas y procesos que están en principio ubicados fuera del espacio de concentración. Nuestra noción de centralidad parte de la descripción de lo confinado para comunicarlo con aquello que le rodea, definiendo los usos y apropiaciones migrantes del espacio desde su permeabilidad y porosidad.

Para acuñar el término “centralidades migrantes”, nos apoyamos en el trabajo de Serra, quien ha insistido en la importancia de la variable geográfica para el análisis de la estructuración urbana de los llamados negocios étnicos. El concepto fundamental del autor vendría a ser el de centralidades étnicas, entendidas como concentraciones de negocios de emprendedores inmigrantes o étnicos, resultante de los procesos geográficos de la concentración/centralización urbana, y de la presencia de residentes coétnicos en un área más bien monoétnica (Serra 2008: 3-7). A partir de allí -de la configuración de un espacio urbano caracterizado por la homogeneidad de la concentración comercial y la residencialidad de un colectivo migrante- emergerían otras posibilidades de centralidad que combinarían de manera diversa las variables de la concentración/dispersión espacial, la diversificación/especialización comercial, y el tipo de residentes (co-étnicos o no coétnicos, en la tipología del autor). Tendríamos entonces las siguientes posibilidades:

- una centralidad étnica minoritaria, donde no se produce una correspondencia entre la nacionalidad u origen del grupo de negociantes predominante y el origen de la mayoría de los residentes de la zona;
– una centralidad multiétnica minoritaria, donde no habría un grupo étnico predominante en términos residenciales y concentraciones de negociantes de diferentes nacionalidades en el mismo espacio urbano;
– una centralidad étnica especializada que supone la concentración de negocios especializados dirigidos por emprendedores de un mismo grupo étnico o nacionalidad; y
– una dispersión de emprendedores étnicos minoritarios, que correspondería más bien a las minorías intermedias desarrolladas por Bonacich, en términos del uso de la dispersión espacial como estrategia empresarial (Serra 2008:15-23).

En este marco, los espacios de calle Catedral y Rivera en Santiago, responderían más bien a la idea de una centralidad étnica minoritaria, dada la predominancia de la residencia de población chilena tanto al nivel del municipio de que se trate (Santiago Centro e Independencia respectivamente), como al nivel del espacio mismo que hemos delimitado. Esto de acuerdo a los datos del Censo de 1992 y 2002 que presentamos anteriormente. Sin embargo, el énfasis en lo étnico del abordaje de Serra puede resultar confuso si lo que tenemos en perspectiva es comprender las dinámicas de construcción del espacio urbano que nacen de la articulación entre vivienda y comercio generada por las poblaciones migrantes, y de la relación que a través de ella se establece con la sociedad de destino. En este sentido, la ausencia de una clara división social del trabajo al interior del colectivo migrante en el espacio, y la introducción de empresarios chilenos con cuotas de capital que superan con mucho las posibilidades del emprendimiento migrante, dislocan la categoría de enclave.

Así pues, las centralidades vendrán a constituir una plataforma sobre la que se organiza tanto formal como informalmente una sociabilidad migrante en el espacio público de la ciudad. En general, las investigaciones que utilizan el concepto de enclaves inmigrantes y economías étnicas tienden a coincidir en que se trata del reflejo de procesos históricos de establecimiento en la ciudad destino de la migración (Werbner 1987: 220; Luque 2004). Otros como Valenzuela asumen que las comunidades étnicas pasan por procesos de formación donde los negocios étnicos de los nuevos migrantes forman clústers en el interior de algunos espacios físicos de la ciudad -en los que se forman nuevas identidades, formas de vida, y se hace accesible un consumo étnico cultural (Valenzuela 2008: 278-279)-. En nuestro caso, las formaciones comerciales de la migración peruana en Santiago forman parte de la construcción de un espacio público de la migración, un marco de visibilidad para la heterogeneidad propia de la urbano, y en esa línea podemos interpretarlas como una estrategia más de apropiación de la ciudad a partir de la experiencia migrante peruana, que aglutina una diversidad de otras dimensiones que por supuesto exceden la hermeticidad comunitaria-espacial que la noción de enclave conlleva.

 

4. Los comercios de lo peruano en Santiago: hacia una centralidad migrante

Decíamos que resulta consustancial a la formación de lo que aquí definimos como “centralidades migrantes” la consolidación de una economía específica, aquella que en la literatura especializada ha sido definida como economía étnica o economía de enclave. En términos generales puede entenderse por economía étnica o comercio étnico aquella actividad económica o empresa de cualquier tamaño que es propiedad y es administrada por una minoría cultural o nacional (Portes y Jensen 1989: 930). Por otro lado, la definición de empresariado étnico desarrollada por Beltrán y otros (2007) apunta precisamente a dar cuenta de las actividades empresariales pertenecientes a grupos étnicos con independencia de si se trata de poblaciones de origen migrante o no. Sin embargo, se agrega una cuestión central que dice relación con la supuesta dependencia del capital social que proveerían los recursos étnicos y que tendría como corolario la configuración de un tipo de empresa de corte familiar, donde el adjetivo de étnico remite a la identidad de grupo que orienta a los empresarios y a sus trabajadores hacia el grupo de pertenencia, influyendo sobre el tipo de inserción laboral y los espacios de instalación en un país, ciudad o barrio concreto (Beltrán y otros 2007: 27-28) (13).

Ahora bien, ¿a qué tipo de comercios nos referimos? Dentro del campo que podríamos reconocer como economía formal son tres los rubros de negocio que destacan notoriamente: los centros de llamados telefónicos e Internet, los restaurantes y cocinerías de comida peruana, y los puestos de venta de productos de alimentación peruanos.

Los centros de llamados, conocidos en otras latitudes como locutorios, son locales comerciales que intentan prestar la más amplia gama de servicios relativos a la comunicación con las localidades de origen en el Perú: telefonía, internet, incluyendo en algunos casos el servicio de envío de dinero o de paquetes (encomiendas). Se trata sin duda del rubro de negocio más extendido en la ciudad y resulta sintomático de la localización residencial peruana a nivel municipal, pudiendo encontrase importantes concentraciones de estos negocios en algunas zonas del municipio de Santiago e Independencia fundamentalmente. Es interesante destacar la tendencia de estos negocios para absorber otros rubros de negocio, principalmente la venta de productos de alimentación importados.

Los restaurantes peruanos constituyen un rubro comercial de importante crecimiento durante la última década. Pueden presentar una gran diversidad interna, desde aquellos de más alto standing ubicados en distintos municipios de la capital (inclusive en las más ricas), algunos de nivel medio en el municipio de Santiago fundamentalmente, y aquellos que hemos denominado cocinerías. Se trata de los restaurantes más modestos, con una gastronomía más vinculada a lo popular y que generalmente cuentan con un espacio bastante reducido para su funcionamiento. Uno de los elementos más importantes al momento de distinguirlos del resto de comercios de este tipo se refiere a que apuntan básicamente hacia la población peruana que reside o trabaja en sus alrededores o en otras zonas de la ciudad, generando en su interior una sociabilidad marcadamente comunitaria. Dada la relevancia que poseen en la configuración de los espacios de calle Catedral y Rivera, han constituido el tipo de comercio de restauración en el que hemos enfocado nuestro trabajo de campo.

Los puestos de productos de alimentación peruanos constituyen comercios de más tardía implantación en la ciudad y se ubican principalmente en las zonas residenciales de la migración peruana. Sin embargo, como explicamos anteriormente, es posible notar una concentración de éstos en uno de los mercados de abastos más central y tradicional en la ciudad, la Vega Central. En unos pocos años este tipo de puestos regentados por migrantes peruanos se ha introducido fuertemente en una zona comercial de marcado acento local. Si bien, su porcentaje no es importante respecto del total, los veinte puestos de alimentos peruanos importados y su concentración en la zona posterior del Mercado les otorgan una gran visibilidad en el conjunto. Es importante notar que en la mayoría de los casos se trata de locales de venta minorista, distinguiéndose tres casos de locales que llevan a cabo la importación, y que distribuyen tanto a los restaurantes de comida peruana como a los demás comercios minoristas.

Esta posición nos lleva, una vez más, a cuestionar los conceptos y categorías usados por la literatura de las ciencias sociales para definir estos fenómenos. Buckley, por ejemplo, nos propone una clasificación de las actividades comerciales de los inmigrantes en base a dos categorías. Por un lado, tendríamos aquellas que satisfacen necesidades directas de los grupos migrantes, y que a su vez podrían dividirse en intrínsecas (alimentación, religión, ocio), y extrínsecas o que se derivan de su condición de foráneos, donde podrían agruparse las actividades de comunicación con los lugares de origen, el envío de remesas, el asesoramiento jurídico, y el aprendizaje de la lengua local. Por otro lado, tendríamos aquellas actividades que ya no dirían relación con la satisfacción de necesidades propias de la experiencia migrante, sino de aquellas que surgirían a partir de la penetración de estas poblaciones en algunas ramas de actividad económica como la construcción o la venta al por mayor para la venta ambulante, entre otras (Buckley 1998: 285).

En la misma línea, Gómez caracterizó las economías étnicas propias de la migración distinguiendo tres ramas de actividad: aquellas que dan respuesta a la demanda del propio fenómeno migratorio (locutorios y envíos, productos de los países de origen, servicios para permisos de residencia-trabajo y reagrupaciones, servicios inmobiliarios y financieros, bienes de consumo para las familias en origen, agencias de viajes, peluquerías, productos y servicios para colectivos concretos -videoclubes, por ejemplo-); aquellos espacios no cubiertos por el comercio autóctono (por los horarios y la proximidad fundamentalmente); y aquellos en que las redes permiten acceder a la importación de productos baratos, tales como tiendas de ropa, calzado, complementos y bazares, tiendas de pequeños productos electrónicos, tiendas de fotografía y revelado (Gómez 2007: 6).

Hay en estas aproximaciones una tendencia a esencializar unas necesidades como el factor que induce la formación de los comercios. ¿Podemos entender como una necesidad el consumo de productos de alimentación propios de los lugares de origen por ejemplo? Esto es discutible al menos desde dos puntos de vista. Por una parte, porque invisibiliza o minusvalora las condiciones del contexto de llegada o si se quiere el tipo de inserción urbana de las poblaciones migrantes. Las normalmente complejas y asimétricas condiciones en que los migrantes se insertan en los mercados de trabajo facilitan la articulación de este tipo de alternativas empresariales que se fundan en la consolidación del consumo de productos propios como una cuestión de identidad, que se trasunta en la mercantilización de lo propio, lo originario o lo auténtico. Es necesario pasar entonces desde una naturalización del consumo (aquel que se funda en la idea de necesidad) hacia su construcción social como fenómeno.

Por otra parte, ya no en lo que refiere a la organización interna del grupo migrante sino respecto de la sociedad de destino en que se inserta, el comercio de elementos propios evidentemente ya no se sustentaría en la idea de la satisfacción de unas necesidades migrantes, configurándose crecientemente como objeto de un consumo exotista por parte de la población local o nativa. Junto con Parella concordamos que en estos negocios lo que se observaría es la generación de mercados de productos exóticos, basados en contenidos y símbolos de la etnicidad convertidos en mercancía, atractivas para el conjunto de la población (Parella 2004; Parella 2005: 269) (14). Esto resulta particularmente importante en el contexto de la alta valoración que por ejemplo tiene en Chile la gastronomía peruana (Stefoni, 2008), y que se ha convertido en uno de los principales consumos culinarios de los sectores medios y altos de la sociedad.

En este sentido, más que concentrarnos en el carácter específico de la eventual necesidad que estarían satisfaciendo los bienes y servicios que son proveídos en estos espacios comerciales regentados por migrantes, nos interesa dar cuenta del lugar que ocupa lo comercial en la producción de unas centralidades migrantes en la ciudad. No queriendo con esto restar importancia del acceso a determinados bienes culturales como recursos de identidad, nos enfocaremos ahora en la forma que su acceso se organiza en el espacio urbano.

De este modo, nuestro primer paso fue cruzar las variables de concentración espacial de los comercios y del área residencial de la población nativa e inmigrante, incorporando la tipología introducida por Jones y otros (2000). Estos autores distinguen por una parte si la orientación comercial de los negocios apunta a personas que forman parte del mismo colectivo migrante o si se trata de una orientación denominada generalista, y por otra parte, a la constricción geográfica de la clientela, esto es, si se trata de clientes que residen en el mismo barrio o bien que provienen de otras zonas (Jones y otros 2000) (15). La siguiente tabla es una aproximación a la forma en que podría presentarse la relación entre orientación y base geográfica para el caso de los comercios en los espacios que hemos distinguido.

Cuadro 3. Encuadre de orientación comercial y base geográfica por espacio de centralidad.

En el caso del espacio de calle Catedral, hemos señalado que constituye el lugar de mayor visibilidad de lo peruano en la ciudad. La presencia comercial que le caracteriza tiene una marcada orientación hacia una clientela connacional o de otras poblaciones migrantes que residen en la ciudad, como colombianos y ecuatorianos fundamentalmente. Así, son los servicios que prestan los centros de llamados telefónicos e Internet y los servicios de giros de dinero los más demandados por los migrantes residentes, o por los que acuden con mayor asiduidad a este espacio. A estos servicios orientados al colectivo migrante se suma la instalación de una gran cantidad de restaurantes o cocinerías también con una marcada orientación hacia la comunidad migrante, además del comercio ambulante de comidas que atiborra las calles con sus particulares colores y aromas.

Esta orientación comercial se ve matizada por la extensión hacia una clientela, aquella que reside o circula por la zona. En el caso de calle Catedral esto es singularmente importante dado que hablamos el centro de la ciudad, sector que aglutina un gran trasiego de personas que trabajan en los alrededores, empleados tanto en el sector público como privado. Así la orientación étnica que describía la concentración en principio, se abre ahora hacia la población local nativa, en muchos casos ávida consumidora de algunos productos de alimentación peruanos. El caso de un centro de llamados de calle Catedral que expende además este tipo de productos resulta sintomático al respecto:

“mayormente peruanos… a llamar fundamentalmente. Acá no hay Internet y los productos peruanos mayormente compran los chilenos. Compran la papa seca, compran el ají amarillo para hacer el ají de pollo, todo. O sea viene y me preguntan ‘cómo puedo hacer el ají de pollo?’, para aprender a preparar la comida peruana. Claro los peruanos compran, pero no mucho, más compran la gente chilena” (Carla, de nacionalidad peruana, atiende un centro de llamados).

Por otro lado, si bien como ya señalamos existe una importante concentración residencial de población peruana en la comuna de Santiago, quienes son potenciales y efectivos usuarios de estos espacios comerciales, la base geográfica de la clientela se extiende hacia otros territorios municipales. En este sentido, el trabajo en el servicio doméstico por parte de las mujeres peruanas, principal sector de empleo de la migración (ver cuadro 1), va a determinar un cierto régimen temporal en la demanda de los productos y servicios de las centralidades migrantes que describimos, y en el uso del espacio público que también le compone. El trabajo doméstico en el caso de Santiago, se realiza fundamentalmente bajo la forma conocida como ‘puertas adentro’, donde la mujer trabajadora reside en la misma vivienda en la cual presta su servicio, y cuenta con algún día del fin de semana como libre (generalmente el domingo) para acceder al espacio de Catedral y a los servicios que éste presta. De esta manera, se marca una temporalidad en que el uso del espacio es ciertamente más intenso los fines de semana y donde los usuarios provienen de otras zonas de la ciudad:

“Los domingos tenemos harto peruanos, se llena, puros peruanos… porque de día lunes a día sábado los peruanos trabajan, no salen… pero los días domingo salen a divertirse, a ver sus amigas, y ese día tiene tiempo de comer en la calle… de ahí al día lunes ya no hay” (Germán, comerciante peruano de 50 años, regenta una cocinería peruana).

“Hombres y mujeres por igual. Las chicas salen de sus trabajos. Yo tengo tres teléfonos públicos, ‘no te espero acá en San Pablo, en San Pablo con Bandera, en el centro de llamado’ dicen. Y ahí se encuentran, es su punto de encuentro para muchas personas también. En el mismo local, alquilan su máquina y esperan… Sí, el fin de semana, pero en la semana chilenos, llamadas nacionales a todo Chile, Internet. El fin de semana más que todo es el público peruano, pero en la semana no, peruano y chileno, a veces mas chileno que peruano” (José L., comerciante peruano, regenta un centro de llamados telefónicos e Internet).

Por el contrario, el espacio de calle Rivera tiene una dimensión bastante distinta, al tratarse de un espacio que podríamos pensar como cerrado sobre sí mismo. Emplazado en la comuna de Independencia, donde reside un importante número de población peruana (ver cuadro 1), los locales comerciales se orientan básicamente hacia los connacionales. Como se observa en la figura 2, la cantidad de negocios es significativamente menor a lo que ocurre en el espacio de calle Catedral, contándose a marzo de 2009 un total de diecisiete centros de llamados e Internet, cinco restaurantes o cocinerías, y tres locales ofertan productos de alimentación peruanos. Sin embargo, de acuerdo al conteo que hemos realizado directamente, y de acuerdo también a los relatos de los mismos migrantes que residen o trabajan en este lugar, ha sido posible notar desde 2007 un importante crecimiento en el número de comercios, al mismo tiempo que un interés por parte de los comerciantes de extender la base de su clientela, aunque como veremos más adelante, todavía de manera incipiente.

“Es de todo, yo me di cuenta que en ese sector no solo hay pura gente peruana, también hay gente chilena. La gente peruana los días que más consume es el sábado y domingo porque nuestros compatriotas la mayoría trabaja puertas adentro, solo sale en la noche, trabaja todo el día. Porque ahí había un negocio hecho, y nosotros tuvimos que conocerlo porque no sabíamos nada, no sabíamos que margen de ganancia dejaba. Al principio como que nos desanimamos, pero cuando lo fuimos conociendo ya nos fue dando resultado…. Es un local para todo tipo de gente” (Holbein, comerciante peruano, regenta tres centros de llamados y un restaurante en calle Rivera).

Finalmente, en el caso de la Vega Central se vuelve a imponer la tendencia hacia la apertura del espacio en cuanto a su orientación comercial y la base geográfica de su clientela. La Vega Central no es en simultáneo un espacio residencial, además de que la presencia de los negocios étnicos es todavía muy minoritaria respecto de los comercios chilenos, lo que le otorga a esta centralidad migrante unas características peculiares respeto a los dos otros casos que aquí analizamos. La Vega Central es un gran mercado, donde se observa un sostenido aumento en la apertura de puestos de productos peruanos, y su concentración en las calles posteriores del recinto, marcando ciertamente un pequeño territorio dentro del mismo: esta es su especificidad como centralidad.

¿Qué elementos caracterizan esta centralidad? Pues básicamente el acceso a unos productos de alimentación traídos desde el Perú por distintas vías, que dan lugar a puestos de venta minorista y mayorista, y de donde se colige una gran amplitud de la base geográfica de su clientela, que en absoluto se restringe a las poblaciones de la comuna de Recoleta (donde se emplaza la Vega). En efecto, aquí tiene singular importancia el lugar que ha venido ocupando la gastronomía peruana en la sociedad chilena (Stefoni 2008), cuestión que a su vez tiene efectos en la orientación tanto migrante como no-migrante de su clientela.

En este sentido, tenemos por una parte la afluencia de empresarios pequeños y medianos que cuentan con restaurantes en distintos sectores de la ciudad, ya sea aquellos que se encuentran más bajo la forma de cocinerías al interior de las otras centralidades migrantes que hemos señalado, como aquellos restaurantes de más alto standing que se ubican en las comunas más ricas de la capital. La presencia de estos empresarios en la Vega se explica por la necesidad de abastecer sus locales comerciales. Por otro lado, tenemos aquellos conocidos como ‘revendedores’, quienes compran gran cantidad de productos en los locales de venta al por mayor, para posteriormente distribuirlos entre los restaurantes o en algunos supermercados. La diversidad de la clientela queda señalada en la descripción que un comerciante de la Vega hace de ésta:

“Es variado, hay gente que se dedica a comprar aquí y revenderlo, y hay gente que compra directo para restaurante. Otros me compran y entregan a supermercados también. O sea yo directamente no llego a los supermercados, sino que por intermedio de otro…. Los locales chicos que están por los alrededores también nos llaman.”

“Aquí el cliente es variado, hay chilenos que te compran el pallares, la quínoa, que tienen locales en Vitacura. Los que más me compran por saco son los chilenos, los Córdoba, pallares por saco. Son empresas de entrega, Norte Verde… entregan a casas, restaurantes… Tenemos todo tipo de clientes, desde el que lleva para su casa, el que entrega, al feriano, todo…” (Juan, importador, comerciante minorista y mayorista de productos de alimentación peruanos).

También en el caso de la venta minorista de estos alimentos puede observarse esta tendencia a la ampliación de la base geográfica que opera junto con la apertura hacia el consumo tanto por parte de la población migrante como por la población nativa. Para la población migrante peruana, los puestos de productos peruanos de la Vega resultan una relativamente económica alternativa de acceso a estos consumos. En el caso de la población nativa, se observa como la penetración de la gastronomía peruana determina una importante afluencia de chilenos en busca de estos productos, quienes incluso en algunas oportunidades acuden acompañados de sus empleadas domésticas peruanas:

“los de la zona, chilenos y peruanos. La mayoría son gente trabajadora que vienen a…camioneros… hay de todo, gente de arriba, gente de Las Condes (16), gente que viene con la nana (17) para que le cocine… pal fin de semana que tiene visitas…” (Walter, comerciante peruano).

“También sí viene mucha gente de Las Condes, Vitacura, Providencia, que tienen nanas peruanas, y los fin de semana compran llevan harto, increíble. Aunque tú no lo creas el público que me consume más al por menor es el chileno, mucho más que el peruano a veces. Y yo creo que compra harto porque quiere que la nana le cocine para toda la familia, llevan regular… o también son chilenos porque se ven tentados porque han estado en una reunión con peruanos, o muchos tienen la curiosidad, y uno le dice lleva esto, prepáralo así, bájalo de Internet… uno trata de motivarlo, no engañarlo, decirle esto es así, esto se prepara así, se van contentos. Y a la otra semana viene, y te dicen ‘me gustó’, te das cuenta?…” (Juan, importador, regenta un puesto mayorista y minorista en la Vega).

El elemento espacial o geográfico nos está entregando aquí una perspectiva de análisis respecto de las economías étnicas que no se restringe a los elementos internos de las comunidades migrantes, en términos de las formas en que organizan sus recursos internos, aquellos que supuestamente vendrían determinados desde origen. Se da aquí la generación de unas estrategias comerciales por parte de los comerciantes que se ilustra en el encuadre de las orientaciones comerciales étnicas y no-étnicas, y las bases geográficas locales y no-locales. Contra la tendencia a pensar los espacios migrantes como una unidad espacial que coincide o es isomórfica respecto de una supuesta unidad sociocultural, la organización de estas centralidades y la posición estratégica que cumplen en la reproducción de una eventual comunidad migrante peruana, esto es, su actuación como recurso de una comunidad, les impele a un constante desbordamiento de sus límites territoriales, un desbordamiento de sus fronteras para convertirse en un nodo que fuerza u organiza (en su relación con otros, los puntos de trabajo fundamentalmente) los desplazamientos de los migrantes por la ciudad. Las centralidades migrantes se constituyen en un recurso de apropiación del espacio urbano.

Finalmente, hay todavía una cuestión relativa a la fuerza de estas centralidades que es necesario señalar. Ésta dice relación con la tensión entre dispersión y concentración como elemento relacionado con la inserción urbana de las poblaciones migrantes y su eventual integración. Como señalamos anteriormente, la influencia de la Escuela de Chicago en la construcción de un modelo de movimiento de las poblaciones migrantes, desde las zonas centrales de la ciudad hacia su dispersión posterior en otros sectores de la urbe, en tanto que correlato de la integración social de las poblaciones migrantes, constituye a la luz de lo ocurre con la migración peruana en Santiago de Chile una cuestión todavía en proceso y aún de difícil predicción. Por una parte, hemos podido constatar en las trayectorias de los migrantes peruanos en destino un cierto patrón de movimiento residencial que va desde una primera vivienda o infravivienda en el centro de la ciudad hacia una segunda o tercera ubicadas en municipios, que si bien no son necesariamente periféricos, están más alejados del centro de la ciudad. Este desplazamiento tiende a relacionarse con el mejoramiento de la situación económica de los migrantes y sus familias (una cierta estabilidad laboral), que permite pasar desde la habitación en pensión y por lo general en condiciones de hacinamiento, hacia el alquiler o la compra de una vivienda en mejores condiciones de habitabilidad. En este sentido, el recorrido que nos relata una comerciante de productos de alimentación peruanos, con más de cinco años de residencia en Santiago, resulta sintomático de esta expectativa por parte de los migrantes:

“cuando me vine he vivido cinco años en Estación Central, por General Velásquez. Y de ahí me he mudado para arriba pero por la Gran Avenida. Pero vivíamos así en piezas, porque en una pieza vivía mi hermano, los padrinos… yo en otra pieza, mi hijo en otra… Y ahora ya nos hemos trasladado, tenemos casa, ya casa propia. Vivimos mi nuera, mi hijo, mi nieta, mi esposo y yo. Ya nos hemos independizado. Igual nos ha dado fruto la Vega y podemos pagar una casa para vivir cómodamente. Ya no en cuartitos sino tener un living…” (Juana).

Sin embargo, el movimiento de población migrante al interior de la ciudad es simultáneo a la persistencia del centro de la ciudad como factor de atracción de estos colectivos. Ya sea por las posibilidades de acceso a una vivienda económica, o ya sea por el plus de accesibilidad que presenta a la hora de establecer un comercio, se constata la potencia del centro de la ciudad como espacio donde se verifica la presencia de la migración peruana desde hace más de una década:

“Ir al centro, poner un local más grande. Puede ser un restaurante, algún rubro que nosotros veamos que nos puede ir mejor que lo que tenemos ahora.” Y eso necesariamente es yéndose al centro? Claro porque el centro cuantas personas caminan diario, por el nivel de gente que hay… Puede ser internet… hay lugares que no son explotados en el centro. Lo que pasa es que acá para internet nuestro mercado está limitado. Allá el público de todos lados aparece en el centro, entran a chatear, a hacer una llamada, y cada día es distinto. No es todos los días lo mismo como nos pasa acá. Ese es… un restaurante o minimarket en el centro, que se yo” (María Elena, comerciante peruana de la comuna de Independencia, reside y trabaja en el espacio de calle Rivera).

En esta línea baste señalar, quizás lo más evidente en estos espacios urbanos, el intenso y sostenido crecimiento hasta ahora de la actividad comercial vinculada a la migración en el espacio de las centralidades que describimos. En el caso de calle Catedral por ejemplo, observaciones separadas por un período de nueves meses en el Caracol Bandera Centro, entre junio de 2005 y marzo de 2006, dan cuenta del incremento de la presencia de negocios regentados o atendidos por inmigrantes, desde la ocupación de la mitad de los puestos del Caracol, a casi el ochenta por ciento de los mismos, a lo que se agrega la diversificación de los rubros de negocio, ya no restringidos al centro de llamados telefónicos e Internet y a las cocinerías, sino que comienzan a aparecer entre otros negocios especializados en la venta minorista de productos de alimentación importados desde el Perú. Finalmente, a marzo del año 2009, ya se contaban al interior del caracol 29 puestos con una clara orientación étnica o migrante (ver figura 1).

De este modo, comprendemos la fortaleza de estas centralidades como nodos de la experiencia migrante en la ciudad, al mismo tiempo que esenciales en la reproducción económica y social de las nuevas poblaciones. Frente a la supuesta idea de la dispersión espacial como proceso geográfico simultáneo a la integración social de los migrantes, las trayectorias de los migrantes en destino nos hablan de una persistencia del centro como una importante fuerza aglutinadora de la residencialidad y de la economía migrante en la ciudad. Si bien presenta un componente de segregación espacial, en su interior se reproducen unas estrategias que impactan en, por ejemplo, la movilidad social de los migrantes, cuestión fundamental a la hora de pensar su inserción en destino.

 

5. Conclusión

La pretendida homogeneidad social y cultural con que suele pensarse a sí misma la sociedad chilena, supone la articulación de dispositivos que permitan ubicar, procesar, localizar y/o domesticar la diferencia que algunas formaciones sociales contemporáneas introducen en la ciudad. Y esto sobre todo en el marco de un colectivo, el migrante peruano, que se manifiesta a través de una notoria visibilidad en el espacio público de la ciudad de Santiago, sobre todo en sus espacios centrales. No cualquier diferencia se expresa de este modo en la ciudad, donde el contrapunto quizá más manifiesto lo constituye la opacidad de la presencia indígena urbana en Santiago, recluida o reducida a sus emergencias rituales en las comunas periféricas de la misma. Hay una novedad o una persistente presencia urbana en la dinámica de la migración peruana en Santiago, que dice relación con su manifestación (en forma de apropiación del espacio público o de comercio inmigrante) concentrada en los espacios centrales de la ciudad.

En este sentido, hemos discutido la hegemonía de que ha gozado la noción de enclave para explicar o dar cuenta de este tipo de fenómenos, ya sea en el marco de las ciencias sociales, como en otros escenarios mediáticos o cotidianos menos formalizados. Para ello hemos recurrido a la idea de centralidad migrante entendida como la articulación diversa y contingente de distintas dimensiones que presentaría esta concentración en el espacio urbano de la ciudad de Santiago, relativas a la yuxtaposición de la residencialidad de la población migrante, su actividad comercial comprendida como economía étnica o comercio inmigrante, las dinámicas de socialización comunitaria propias del colectivo, y las prácticas de reificación de esa diferencia y esos espacios por parte de actores e instituciones de la sociedad receptora. No hemos abundado en detalle respecto de cada una de dichas dimensiones, sino más bien se ha introducido la casuística de tres espacios concretos en la ciudad de Santiago, lugares que juegan u organizan de manera diversa estas cuestiones.

El examen de la dinámica en estos espacios permite enfrentar críticamente el hermetismo comunitario y espacial del enclave étnico, y ese supuesto isomorfismo entre una unidad sociocultural y un espacio concreto que le territorializa. Más allá de la particular ecuación entre residencialidad migrante y emprendimiento comercial que les caracteriza, las centralidades migrantes estudiadas no presentan esa nítida división social del trabajo que teóricamente hemos visto describe al enclave, sino que incluso la categoría se ve dislocada por la presencia de pequeños empresarios que emplean mano de obra migrante, y que en esa medida también desesencializan el consumo de productos propios y las supuestas “necesidades migrantes”, para hacer evidente su actuación como mercancías, o como manifestación de lo étnico en tanto objeto de mercado y consumos diversos.

Asimismo, en similar sentido apuntan la ecuación entre orientación comercial y base geográfica de los comercios en las distintas centralidades. Por una parte, se hace evidente un comercio que no se restringe, al menos como proyecto, a una orientación comercial intracomunitraria, al mismo tiempo que su base geográfica excede también fronteras de los espacios que hemos definido y que definen desde lo local/chileno la espacialidad de lo peruano en Santiago. Una espacialidad que ya no queda clausurada o enclavada en estos espacios, sino que los usa como nodos o puntos de arranque para el desplazamiento y la circulación de personas y cosas en la ciudad. Contra unas fronteras comprendidas como confinamiento y clausura, las centralidades migrantes nos ilustran acerca de su porosidad y capacidad de vincular y comunicar espacios, personas y mercancías.

 


 

Notas

Agradecimientos: A Menara Guizardi por los comentarios y correcciones al borrador de este texto.

1. Pese a que el examen de las nociones de economía étnica escape a las pretensiones del presente artículo, presentamos algunas claves para entender dicha categoría en el apartado IV, donde viene a caracterizar fundamentalmente la organización del proceso económico interno a los emprendimientos comerciales de los migrantes.

2. Con todo, si bien la tendencia expuesta habla de un incremento del flujo migratorio hacia Chile desde los países vecinos, su magnitud no alcanza para presentar a Chile como un importante receptor de migraciones internacionales. De acuerdo con los datos del censo de 2002, el total de extranjeros en Chile era de 184.464 personas, sobre un total de población de 15.116.435 personas, esto es, la población extranjera en Chile representa sólo el 1,2% del total (Instituto Nacional de Estadísticas, Chile, 2003).

3. Para conocer la tendencia de crecimiento del colectivo peruano consideraremos la última actualización de datos realizada por el Departamento de Extranjería de Chile a Marzo de 2008, datos aún no publicados oficialmente, pero presentados en el marco del 4º Encuentro de Migrantes “Iniciativa por la unidad de los migrantes en Chile”, del 17 de Julio de 2008, y organizado por la Corporación Ayún, la División de Organizaciones Sociales del Gobierno de Chile, ProAndes y Vargas Claure Consultores. De acuerdo a estos datos la población total extranjera en Chile alcanzaría las 290.901 personas, de las cuales el mayor colectivo sería el peruano con 83.352 personas, seguido del argentino con 59.711, el boliviano con 20.214, y el ecuatoriano con 14.688.

4. IMILA: Investigación de la Migración Internacional en América Latina. Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE), CEPAL.

5. Fuente: INE (Instituto Nacional de Estadísticas de Chile). Unidad de comercialización, Julio de 2008. Los recientes trabajos de Schiapacasse, Ducci y Rojas entregan mayores detalles acerca de los procesos geográficos de concentración y segregación residencial de la población migrante en Santiago (Schiappacasse 2008; Ducci y Rojas 2010).

6. Fuente: INE (Instituto Nacional de Estadísticas de Chile). Unidad de comercialización, julio 2008.

7. Fuente: INE (Instituto Nacional de Estadísticas de Chile). Unidad de comercialización, julio 2008.

8. Como explicaremos más adelante, recuperamos estas nociones con ciertas reservas y para marcar un contraste, puesto que sus ejes explicativos permiten sólo una limitada comprensión de los casos que analizamos.

9. En el mismo sentido, para Hawley, la sucesión refiere a la secuencia de cambios por los que las unidades de una utilización del suelo o tipo de población reemplazan a las de otro uso o tipo en un área (Hawley 1975).

10. En el mismo sentido Martínez Veiga señala que lo más común entre los teóricos del mercado de trabajo es afirmar que el trabajo inmigrante está colocado en el sector secundario, opuesto al primario que es ocupado básicamente por nativos, y donde la diferencia estaría básicamente en la estabilidad del empleo. Señala el autor que “Dobb (1959), uno de los primeros teóricos de la segmentación, afirmaba que los salarios bajos frecuentemente se combinan con empleo fluctuante e inconstante, mientras que para Piore la causa del dualismo es la variabilidad e incertidumbre que caracteriza las economías industriales. Los trabajadores del mercado primario son capaces de aislarse, mientras que los del mercado secundario están expuestos a una situación de incertidumbre” (Martínez Veiga 2005).

11. En este sentido, lo que ocurre en Santiago de Chile con la migración peruana también contrasta fuertemente con las categorías propuestas Bonacich acerca de las “minorías intermediarias” (middleman minorities). Estas últimas serían compuestas de grupos de comerciantes de un grupo étnico minoritario respecto de aquellos a los que sirven o venden sus productos, colocándose en una posición intermedia entre los productores y los consumidores finales, y con la característica de no basarse en una concentración geográfica sino que sectorial (Bonacich 1973: 583). Un ejemplo de ello puede ser la dispersión espacial de los comercios chinos de alimentación en Madrid, quienes a partir de una oferta de productos generalista en términos de la clientela a la que se dirigen, tienen una presencia constante en los distintos barrios de la ciudad (Garcés 2005). La concentración residencial y la orientación comercial predominante en el caso del comercio peruano en Santiago invalidan la aplicación del concepto de minorías intermediarias.

12. La cadena de centros de llamados Punto Perú y la Disco Inti, constituyen ejemplos de esta exitosa introducción de pequeños empresarios chilenos en los espacios de las centralidades migrantes que analizamos

13. En la misma perspectiva, Giménez y Malgesini señalan que como fenómeno éste no puede ser caracterizado simplemente como la actividad económica de un extranjero, sino que abarca las iniciativas empresariales en la que varios aspectos claves del negocio, su génesis, localización, inversión de mano de obra, proveedores, pautas de venta y distribución, publicidad, están estrechamente ligados a la cultura e identidad de sus promotores y clientes y a las redes sociales de la comunidad migrante o de la minoría étnica (Giménez y Malgesini 2000: 144).

14. Los otros tipos de establecimientos que se distinguen en este estudio son los mercados situados en nichos marginales (bares, colmados), muchas veces de escasa rentabilidad y que son abandonados por los autóctonos, y los mercados de productos segmentados, gracias a la importación y/o a la fabricación en talleres ilegales, permiten ofrecer productos más baratos que los autóctonos (tiendas de ropa, todo a 100, electrodomésticos, etc.) (Parella 2005: 269).

15. La misma tipología es la que aplica Parella para el caso de los comercios étnicos en Barcelona (Parella 2005: 269-271).

16. Refiere a una de las comunas más ricas de la capital, territorio donde se concentra la mayor demanda de servicio doméstico de población migrante.

17. Nana: forma en que suele denominarse a las empleadas domésticas en Chile.

 


 

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Gazeta de Antropología