Gazeta de Antropología, 2009, 25 (1), artículo 08 · http://hdl.handle.net/10481/6841 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 24 diciembre 2008    |    Aceptado 3 marzo 2009    |    Publicado 2009-03
Los Awá y la fiesta de El Pendón
The Awá and the festival of El Pendon



RESUMEN
El artículo examina una de las dos fiestas principales de los indígenas Awá. Hace una aproximación histórica que contextualiza el origen de esta celebración y la ubica dentro de los procesos de organización y potenciación de los Awá en el contexto regional y nacional. Asimismo, pone en cuestión algunas de las apreciaciones e interpretaciones que sobre esta fiesta se han tenido. Por último, se reflexiona acerca de la importancia de esta celebración cívico-religiosa en los procesos de construcción de identidad de los Awá en aquellos lugares donde se celebra este festejo.

ABSTRACT
The paper examines one of the two main festivals of the indigenous Awá. A historical approach places the origin of this celebration in context and locates it within the organizational processes and empowerment of the Awá in a regional and national scenario. Also, it questions some of the observations and interpretations that have been made on this celebration. Lastly, it reflects on the importance of this civic and religious festival in the processes of building the identity of the Awá in areas where this event takes place.

PALABRAS CLAVE
fiesta popular | Awá | Colombia | cultura indígena
KEYWORDS
popular celebration | indigenous culture


Fiesta de El Pendón en El Hojal

Una fiesta muy característica de los Awá (1) de la zona correspondiente al municipio de Tumaco, ha sido y sigue siendo la de El Pendón (2) (o del Pendón, según varios autores) (3). Antiguamente, a igual que la fiesta de Ramos, se celebraba en los pueblos de la carretera -Llorente y La Guayacana (4)-,si bien se había iniciado en la población de Ospina Pérez, luego se trasladó a Altaquer, donde fue suprimida por el párroco de entonces, reapareciendo en la parte de la llamada región costera. Más adelante volveré sobre los posibles orígenes de la fiesta y sobre su celebración en los pueblos de la carretera.

Cada año, el 6 de agosto, se celebra la fiesta de El Pendón en el resguardo (5) indígena Awá de El Hojal-La Turbia. Días después, y con muy pocas variantes, la misma fiesta es llevada a cabo en la comunidades de Calbí y Alto Palay (6).

Desde el día 5 de agosto van llegando a El Hojal (7) numerosas personas -indígenas, negros (8) y mestizos- de otras comunidades y resguardos, algunos con sus equipos de fútbol para participar en el torneo programado por los organizadores de la fiesta-pendoneros y capitanes-, otros con cosas para vender -cerveza, carne, galletas, gaseosas, pan…-, otros para hacer bautizar a sus niños, y también quienes simplemente desean participar de la fiesta anual tomando cerveza o aguardiente y bailando al son de la marimba (9). Para cuando se inicia la fiesta llega a reunirse un número aproximado de 200 personas.

Hasta el momento no ha habido ninguna voz de protesta o desagrado por el cursillo prebautismal impartido por algún misionero o misionera; todo lo contrario, por lo general es lo primero que toman en cuenta para la celebración de la fiesta. Además de la procesión y de las bendiciones que caracterizan la festividad, los bautizos son una de las motivaciones principales para que ésta se lleve a cabo.

Así registraba un estudio sobre los “cuayquer” (10) la fiesta de El Pendón hace algunos años:

“La fiesta más importante de la comunidad cuayquer es la de El Pendón que parece existir desde mucho tiempo antes de la llegada de los conquistadores y se realizaba seguramente en uno de los centros de organización tribal denominado hoy Cuayquer Viejo. Los miembros de esta etnia se reunían anualmente para efectuar ceremonias de reencuentro de personas de diferentes comunidades, con el fin de celebrar la bonanza de sus cosechas y la redistribución de sus riquezas, lo mismo que relacionar a los jóvenes en edad de comprometerse en amañe. Esta fiesta tradicional se ha ido transformando paulatinamente adquiriendo rasgos de sincretismo religioso, debido a la evangelización realizada por los misioneros, la cual es reforzada por el hallazgo de una imagen de Cristo en la ladera de una montaña cercana a Cuayquer Viejo; dicha imagen es considerada milagrosa por los indígenas y se ha convertido en símbolo de esta fiesta tradicional.

Los misioneros crearon un sistema de tributo, especialmente para la celebración de la fiesta del ‘pendón’ que consistía en la entrega, por parte de los indígenas, de especies vegetales y animales a los sacerdotes. Este hecho cambió el sentido y la importancia que tenía dicha celebración para los cuayquer.

Actualmente la fiesta del ‘pendón’ ha perdido su carácter tradicional para convertirse en un acto de poca significación cultural, más aún, si se tiene en cuenta que el ‘pendón’ constituía toda una expresión de sus formas organizativas propias; solamente quedan algunos rasgos en las jerarquías denominadas ‘fiesteros’, ‘capitán grande’, ‘capitán chiquito’, ‘pendoneros’ y ‘camaritos’, quienes se encargan de proveer, distribuir y transportar lo necesario para la celebración” (Comunidad… 1984).

Según lo anterior, la fiesta de El Pendón parece tener sus raíces en algún tipo de celebración o ritual indígena que incorporó elementos cristianos para poder ser llevada a cabo sin prohibición alguna por parte de la institución eclesiástica (11). En este sentido, el pendón mismo, debió constituirse a partir de las exigencias que el clérigo hacía a los indígenas tanto para permitirles hacer la celebración como para estar presente en ella.

En otras palabras, el pendón fue el símbolo de legitimidad que la Iglesia daba a la fiesta y que los indígenas Awá recibían por parte de la institución eclesiástica. Con la incorporación de la misa, de los bautizos y de otros ingredientes, la fiesta de El Pendón se convirtió en un evento cristiano, algo así como una fiesta patronal al mejor estilo de las comunidades mestizas y negras.

Antes de seguir adelante, voy a discutir primero algunas de las afirmaciones del texto anterior.

“Los miembros de esta etnia se reunían anualmente para efectuar ceremonias de reencuentro de personas de diferentes comunidades, con el fin de celebrar la bonanza de sus cosechas y la redistribución de sus riquezas”. En primer lugar, no sé a que se refieren los autores con “la bonanza de las cosechas”, por cuanto siempre el producto agrícola recogido -maíz, yuca, chontaduro, papa china…- es apenas lo suficiente para vivir, no queda para guardar y menos para acumular más allá de las semillas para la próxima siembra. En segundo lugar, lo que denominan la “redistribución de las riquezas” se basa en una idea de Wolf para las que él denominaba comunidades cerradas, en las cuales, para evitar la acumulación y mantener la equidad o igualdad entre sus miembros, obligaban, a quienes durante el año habían acumulado y podían amenazar a la comunidad con una incipiente diferenciación económica y social, a redistribuir o “compartir” aquello que habían ganado o acumulado de más, designándolos como capitanes, priostes, fiesteros o cualquiera fuera el nombre que se le daba al personaje que durante la fiesta ocupaba ese cargo. Pero para el caso de los Awá, no hay pruebas etnográficas ni etnohistóricas que atestigüen que se daba este procedimiento documentado por Wolf para comunidades andinas o de Mesoamérica.

Más adelante, el texto señala: “el ‘pendón’ constituía toda una expresión de sus formas organizativas propias”. Según Osborn (1969; 1970b.) y otros investigadores (Botero Villegas 2003) los Awá no tuvieron organizaciones propias hasta cuando comenzaron a conformar cabildos para solicitar y administrar las tierras de resguardo concedidas a partir de la década de los años 90.

Para los Awá actuales, la fiesta de El Pendón se ha constituido en una legitimación hacia afuera y hacia adentro. En el primer caso, para ubicar su celebración en la ya vasta constelación de festividades locales de comunidades, barrios y ciudades; y, en el segundo caso, porque la fiesta de El Pendón forma parte de aquellos medios en donde producen su identidad como indígenas Awá. Es una fiesta propiamente indígena pese a todos los elementos agregados que haya podido incorporar a través de los años; es una fiesta que reafirma y reproduce su identidad; es un elemento cultural importante que puede ser leído como un factor de resistencia frente a las presiones que a varios niveles sufren como indígenas en un medio habitado por personas que se comportan, la mayoría de las veces, de manera hostil. De hecho, no ha sido fácil mantener su celebración dentro de la montaña. Muchos mestizos provenientes del interior, sobre todo los “paisas”, desean fervientemente que la celebración vuelva a realizarse en las calles de Llorente o La Guayacana y con diferentes argumentos se acercan al sacerdote del lugar para proponerle cómo debería ser la fiesta. Algunos indígenas han escuchado los cánticos de estas sirenas y promueven tales ideas al interior de sus comunidades.

 

Fiesta de El Pendón en Calbí

El Pendón, cuyo origen pudo ser diverso, es el símbolo que mediatiza las relaciones de los indígenas tanto con los mestizos como con la Iglesia en un momento para ellos importante del año. En los últimos tiempos, pese a lo que afirmaba el texto citado, no ha perdido su importancia si bien ha refuncionalizado algunos elementos y abandonado otros, ha ido aumentando el número de comunidades y resguardos que participan durante los dos días y medio que, por lo general, dura el festejo.

En los últimos años, las comunidades presentes en el evento, fueron Piedra Sellada, Quejuambí, Tigrillo, Mayasquer, Guacamayas, que son las más apartadas, entre siete horas y dos días de camino a pie por los senderos de la montaña. De entre las comunidades más cercanas estuvieron Santa Rosita, Piguambí-Palangala, Alto Albí, San Lorenzo y las Marías; estas dos últimas son comunidades negras.

El día 5 se organizan las diferentes actividades: partidos de fútbol, encargados de hacer el altar y el pendón, se reúnen los padres de familia y padrinos de los niños que van a ser bautizados para recibir el cursillo prebautismal.

Desde el día 5 de agosto se comienza a atender con el cursillo prebautismal a quienes van a la fiesta para bautizar a sus niños. Hasta el momento, como se advirtió, no se ha escuchado ningún reproche por parte de los indígenas acerca de esta preparación para el bautismo. Al contrario, todos llegan el día anterior a preguntar la hora y el lugar para la preparación. Por lo general, el día 6 también es preciso hacer un nuevo curso breve para aquellas personas que han venido de sitios más retirados. En esta preparación están presentes las autoridades del cabildo (12) para aconsejar a padres y padrinos.

A las 2.30 de la tarde del día 6, se anuncia el comienzo de la celebración con música de marimba, interpretada por algún “marimbero” local acompañado, en ocasiones, por alguien venido de otra comunidad o resguardo. Después de la música se comienza la procesión desde la casa indígena siguiendo una ruta determinada buscando llegar a los puntos considerados como más relevantes del sitio: la escuela, la casa indígena, el río o quebrada, el monte… Durante la procesión, acompañada por música de bombo y flauta, se bendice a diferentes grupos de personas: autoridades del resguardo, hombres casados, jóvenes (tanto hombres como mujeres), mujeres casadas, niños, “escueleros”, así como los lugares apreciados por ellos como destacados. Esta bendición es muy valiosa y todos procuran que les llegue el agua bendita en el momento de la aspersión realizada por quien preside la celebración.

La procesión llega a su fin en la casa indígena y, una vez dentro, se da comienzo a la celebración de la misa y los bautizos. Los indígenas que colaboran en la ceremonia dan consejos a todos los participantes y en especial a los padres y padrinos de los niños y niñas que recibirán el sacramento. El número de bautizos oscila entre los 30 y los 50, si se toma en cuenta que la fiesta de El Pendón, y en ocasiones la de Ramos, es prácticamente la única fecha establecida por ellos para tal ceremonia.

Terminados los bautizos, viene la bendición del agua y de los diferentes objetos colocados en la mesa o altar de El Pendón. Acto seguido viene la designación de quienes oficiarán de pendoneros para el año siguiente:

-Pendonero mayor: se encarga de conseguir el cerdo o la res para la fiesta.
- Pendonero menor o chiquito: deberá conseguir un cerdo más pequeño y algunas gallinas.
- Capitán: encargado de conseguir el guarapo (13), la chicha (14) y la leña.

Además de estos pendoneros, hay una serie de voluntarios que los acompañan para prestarles algún favor o servicio.

En ocasiones, el gobernador del resguardo se ofrece como pendonero o capitán y se encarga de llevar el sacerdote a la comunidad para la celebración de la fiesta.

La participación de las mujeres, y en especial de la mujer del gobernador y de los pendoneros, es muy activa. Deben atender con alimentos y bebida a quienes van llegando de otras partes. Asimismo, se esmeran en el cuidado a los niños que vienen de fuera. Otra tarea que deben atender es la de tener preparadas las casas en donde van a hospedarse los visitantes.

En el caso de El Hojal, en la casa indígena funciona una tienda surtida por quienes allí viven, y donde durante esos días se expende cerveza, aguardiente, gaseosas, dulces, galletas, pilas y otros artículos. En años anteriores uno de los artículos de mayor venta era el llamado “chapil” o “charuco”, un aguardiente de baja calidad que producía estragos en quienes lo tomaban. En los últimos años su consumo ha bajado reemplazado por la cerveza y, en menor medida, por el aguardiente de marca.

Si bien la fiesta se caracteriza por un marcado énfasis en lo étnico e indígena, la participación de negros y mestizos es cada vez mayor. Hasta el momento las relaciones entre negros e indígenas durante la fiesta no ha dado lugar a conflictos interétnicos; sin embargo, desde hace algunos años se advierte la presencia de mestizos, la mayoría de ellos ocupados en la siembra de la coca y que buscan oficiar de padrinos por las ventajas que una tarea como esta pueda llegar a reportarles en cuanto al acceso a lotes de terreno en los resguardos indígenas.

La autoridad indígena se ve fortalecida durante esos días de diferentes maneras. Por un lado, son ellos, concretamente los alguaciles, quienes advierten a los participantes que no podrán portar armas mientras se encuentren participando en las fiestas. Quien no quiere entregar voluntariamente su cuchillo, machete, escopeta u otro elemento considerado de riesgo, es sometido a presiones hasta que se deshaga de él. El cepo, un elemento externo y cuya utilización es cada vez más frecuente en las comunidades, es empleado para castigar a quienes causen desórdenes, hayan agredido a alguien o se niegan a obedecer a las autoridades. En el cepo son castigados tanto indígenas como negros y mestizos. Se les colocan los pies o manos en las cavidades y una vez cerrada la tabla con candado permanecerá allí hasta cuando las autoridades lo crean conveniente.

Por otro lado, la autoridad se fortalece no sólo frente a los miembros de su resguardo o a los indígenas de otros resguardos, sino igualmente con respecto a miembros de otros grupos ya sean mestizos o negros. El ejercicio de la autoridad implica la defensa y el control no sólo del territorio, sino, además, de la autonomía indígena por medio del empleo de su propia legislación.

Después de la celebración de los bautizos los participantes son invitados a bailar y a disfrutar de la fiesta no sin antes recibir los consabidos consejos por parte del gobernador. El baile por lo general se hace al ritmo de la marimba y puede prolongarse hasta las cinco o seis de la mañana. Aunque en algunas fiestas se ha hecho presente el uso de grabadoras y equipos de sonido con música comercial, los indígenas prefieren bailar al sonido de la marimba.

Llegado el nuevo día, algunos indígenas buscan los lugares donde van a dormir, mientras otros se alistan para emprender el viaje de regreso a sus comunidades o lugares respectivos de origen.

 

Fiesta de El Pendón en Alto Palay

Durante los días 26 a 28 de octubre de 2005 se realizó la fiesta de El Pendón en la comunidad Awá de Alto Palay (15) perteneciente al resguardo Gran Rosario del municipio de Tumaco.

Era la primera vez que los habitantes de este lugar y otros venidos de sitios diferentes se reunían para celebrar este acontecimiento que, como se dijo, no es solamente un espacio para la celebración de sacramentos como el bautismo y la eucaristía, sino que, además, es un medio de producción de identidad y de ejercicio del poder propio tanto hacia adentro como hacia afuera de la comunidad por parte de las autoridades del cabildo.

Los días 26 y 27 de octubre, se realizaron partidos de fútbol entre las comunidades del resguardo. Muchas personas van a disfrutar de la fiesta y celebrar el bautismo de sus niños.

Gran Rosario está compuesto por nueve comunidades: Calbí, Alto Palay, Salto Palay, Peñalisa, Honorio, Alto Limón y Guandapí (con cabildos pequeños o menores), Negrital y Rosario. De la comunidad de Peñalisa es el gobernador mayor. Honorio y Alto Limón son cabildos conformados hace unos tres años. Negrital no ha tenido cabildo hasta ahora, y Rosario, que tenía cabildo anteriormente, pertenece ahora al cabildo de Guandapí.

En Calbí se viene celebrando la fiesta de El Pendón desde hace algunos años, pero en Alto Palay es la primera vez que la comunidad se organiza para acoger a personas de otras partes y llevar a cabo este evento tan importante para todos.

Algunas personas, como las provenientes de Calbí, llegaron con “mecato” (16) y cervezas, otras conformaron los equipos de fútbol para un torneo relámpago. Alrededor de la escuela se colocaron las ventas, y en otro lugar puestos de comida atendido por señoras de Alto Palay, Honorio y Alto Limón para servir a quienes llegaban a participar en el certamen.

El baile, al son de la marimba, comenzó la noche del 26 caracterizándose por la numerosa participación de hombres, mujeres y niños. Cabe anotar que algunos negros que habían llevado un gran equipo de sonido para animar la fiesta y bailar debieron regresar con él sin haber podido utilizarlo porque los indígenas prefirieron la música de marimba para el baile.

El 28 de octubre, día propio de la fiesta, comenzó con la celebración de los bautizos un poco antes de medio día, mientras los fiesteros o pendoneros-encargados de la fiesta-preparaban la “vara de El Pendón”, de la cual colgaron tres “postas” de marrano, un canasto, algunas yucas y plátanos. Los pendoneros cargaron la vara durante la procesión que encabezaban ellos, el gobernador iba detrás y, luego, la mayoría de personas de las comunidades presentes. Antes del recorrido, el sacerdote celebrante impartió la bendición a las personas y a los productos para agradecer a Dios por la comunidad, las autoridades y los pendoneros que hicieron posible la fiesta, y para pedir que nunca falte el alimento en el territorio Awá. Asimismo, se bendice agua, imágenes religiosas, fósforos, plantas curativas y las varas de alguaciles y autoridades.

La procesión estuvo animada por el toque del bombo mientras se escuchaban todavía los sonidos de la marimba instalada en la escuela. No faltaron los gritos de ¡viva! a la organización, al territorio, a la fiesta y al derecho indígena (17).

Terminado el recorrido, de regreso a la escuela, se presentaron los fiesteros para el próximo año. Los pendoneros siempre se ofrecen voluntariamente a llevar a cabo la celebración. Ellos deben encargarse de preparar todo lo necesario para brindar una buena atención a las personas que llegan: conseguir marranos o cerdos, guarapo, leña, chiro (18), plátano, yuca. Los productos que se colocan en la “vara de El Pendón” para la procesión, son llevados luego a la olla comunitaria. El día 28 de octubre fue escogido para celebrar la próxima fiesta de El Pendón y las siguientes. Asimismo, se está considerando la posibilidad de que el lugar de la celebración sea rotativo.

En la noche, la fiesta siguió con el baile al compás de la música de la marimba.

 

Fiesta de El Pendón en Alto Palay, noviembre de 2006

La fiesta se celebró el 24 de noviembre (19), el año anterior había sido llevada a cabo el 28 de octubre. En esta ocasión fue diferida debido a la muerte del hermano de uno de los fiesteros.

El día 23 de noviembre se entró hasta la comunidad de Alto Palay. Hay dos caminos para llegar allí: uno por La Guayacana que es muy pantanoso, y otro por el km 80, éste es empalizado durante un buen trayecto hasta casi una hora antes de llegar a la escuela, lugar de la celebración; por los dos caminos el tiempo que se emplea caminando es de siete horas. Con dos personas del cabildo se resolvió ir por el empalizado; comentan que este camino, aunque está en buen estado les da miedo caminarlo por que atracan y matan a los transeúntes. A nuestro paso encontramos gente que salía a La Guayacana desde Ispí y todos, hasta mujeres y niños portaban armas para defenderse, según ellos.

Empezamos a caminar desde las 10.30 de la mañana con un pequeño descanso en el camino para comer algo de “mecato” como almuerzo; tuvimos una pequeña perdida por la trocha, los acompañantes con carga pesada siempre son más ligeros para caminar. Llegamos a la comunidad cuando faltaban 20 minutos para las 5 de la tarde.

Al díasiguiente se esperaba que llegasen al cursillo a las 8 de la mañana como se había programado pero hubo que esperar hasta las 11 de la mañana para empezar la preparación.

Los temas que se trataron en el cursillo tuvieron en cuenta la espiritualidad indígena y la realidad. Se empezó con la pregunta de rutina para este cursillo ¿Por qué los Awá piden el bautismo? El equipo de misioneros que trabaja con los indígenas Awá tiene en cuenta que hay que valorar la religión desde sus creencias, la sabiduría de los mayores, los espíritus como Ambarengua (20); si no se bautiza estos espíritus atentan contra la seguridad de los niños, “los Awá bautizan para la vida, que el niño no sea auca”. Se leyó el relato del niño Auca, también el compromiso desde la enseñanza de Jesús que encontramos en Mateo 28,19-20, los valores familiares, sociales y políticos.

La fiesta religiosa empezó con la misa, los bautismos, bendición a la comunidad y autoridades, no fue posible realizar el acostumbrado recorrido con el Pendón a causa de la lluvia. La celebración se terminó a las 5.30 de la tarde y después de una deliciosa comida con abundante carne de res que los pendoneros ofrecieron a todos los asistentes, empezaron a tocar marimba y bombo mientras repartían guarapo de caña y chicha fresca de maíz; también hubo abundancia de frutas como papaya y chirimoya. La gente amaneció bailando. Llovió toda la noche y al día siguiente hubo que esperar hasta las 11 de la mañana para que bajara el caudal de los ríos y así poder regresar al pueblo. Muchos se quedaron sin bautizar por que les confundió el cambio de la fecha de la fiesta; sien embargo, hubo diez bautismos.

El regreso a La Guayacana se hizo por la trocha, éste es un camino muy descuidado pero no tan peligroso como el empalizado.

No se entregó la obligación de la fiesta a los nuevos pendoneros hasta que se realice una reunión que el gobernador hará con la comunidad para nombrar nuevos fiesteros y que la celebración se haga todos los años el 28 de octubre como se había acordado.

Los habitantes de Alto Palay están sembrando sus productos de pan coger, ahora tiene siembras de maíz, caña, plátanos y frutas, también algunos tienen ganado.

 

La fiesta de El Pendón en la montaña

La fiesta (Erazo 2004) es organizada por los pendoneros, autoridades y líderes del resguardo, el celebrante es invitado para que realice los bautizos, bendiga la comunidad y algunos objetos como semillas, productos, agua, imágenes, fósforos, velas, incienso y plantas. La preparación de los bautizos es atendida por los miembros de la Pastoral Indígena en colaboración con autoridades de la misma comunidad. El programa para celebrar la fiesta es elaborado días antes y anunciado, donde hay oportunidad, por la emisora local.

Los pendoneros son quienes se encargan de conseguir las ofrendas para la fiesta, deciden qué hacer, y reciben un aporte del presupuesto del resguardo para los gastos. Faltando cuatro días para la fiesta preparan el guarapo, aprontan la leña, todo en la casa indígena donde será la celebración.

Con un mes de anticipación el gobernador y un líder se encargan de hacer la programación y enviar las invitaciones a otras comunidades. Las festividades se inician con partidos de fútbol, en los que compiten con otras comunidades indígenas y, en determinados lugares, con comunidades vecinas no indígenas.

Alguien importante del cabildo toma la palabra para el saludo de bienvenida a todas las comunidades que se han concentrado para salir al recorrido, se escucha la música de marimba y del bombo; alrededor de la casa indígena han colocado casetas con ventas tanto de productos de sus cosechas, carnes de animal de monte (21) y “mecatos” del pueblo, la bebida es controlada por las autoridades del cabildo. Durante el recorrido, alrededor de la casa indígena, en un determinado lugar se detiene la procesión para que el celebrante haga una ceremonia de bendición a las autoridades, padres de familia, jóvenes, niños y el territorio.

Delante de los pendoneros va un líder con una cruz grande, en seguida los pendoneros llevan las varas de donde cuelgan la carne, las gallinas, maíz, chiro, la música se sigue escuchando hasta retornar a la casa, donde se hace entrega de la fiesta a los nuevos pendoneros, quienes en señal reciben la bandera tricolor.

Ya en la casa se escucharán las palabras de alguna autoridad que cuenta la historia sobre el proceso socio-político que han llevado. Hay otra intervención musical y uno de los organizadores anuncia la celebración de los bautizos, iniciando con una serie de consejos para los papás, padrinos y comunidad en general, sobre el compromiso del bautismo, los consejos los dan los mayores, las autoridades tradicionales y líderes, hablan en castellano y en awapit (22), los compromisos tienen que ver con los valores religiosos, culturales y políticos del pueblo Awá, esto puede durar hasta tres horas.

Terminados los bautizos el celebrante invitado procede a bendecir los productos que han colocado al pie del altar o sobre la mesa de celebración: semillas, algunas plantas curativas, agua, imágenes de santos, incienso, fósforos, a los lados están ubicadas las varas de El Pendón, la bendición debe ser ceremoniosa, es un acto de mucha importancia, las semillas bendecidas darán buen fruto, el agua servirá para regar en lugares peligrosos, es señal de protección, contra malos espíritus y se hace curaciones, también se la bebe para que les vaya bien en todo.

Después de la ceremonia religiosa los dirigentes dan paso a la fiesta bailable y ofrecen comida con la carne que han llevado los pendoneros al celebrante, y misioneros les ofrecen parte de la ofrenda, quienes deben aceptar porque en caso contrario quienes las ofrecen se sienten mal por no haber sido aceptada.

El ambiente es agradable, la gente está contenta, cada delegación se organiza con su gobernador y en una caseta donde cocinan y reparten la carne que se ofreció en El Pendón, aquí ellos son dueños de la fiesta, se escucha la música de marimba, los expertos en hacerla sonar son Awá que se turnan para tocar durante el baile que dura toda la noche; los fiesteros ofrecen guarapo y chicha de maíz, bailan todos, desde los niños hasta las más ancianitas, algunos cansados y otros borrachos se han dormido por los lados de la casa o fuera de ella, en las casetas se puede comprar comidas como sancocho de gallina criolla (23) y animal de monte.

Las autoridades indígenas controlan toda la noche, nadie debe portar armas de ninguna clase, los guardias están armados de bolillos (24) y han requisado a todo quien llegue a la fiesta, el que no cumpla las órdenes establecidas es castigado en el cepo, en dos maderos pesados donde le colocan las piernas y según el caso lo colocan en el campo abierto toda la noche o por varias horas. Los vendedores venidos de otras comunidades, algunos de ellos mestizos, pagan un impuesto que sirve para la atención de los guardias.

La fiesta termina al amanecer y todos emprenden su correspondiente viaje de regreso “enfiestados pero contentos”, se divirtieron, otros hicieron bautizar sus niños sin ningún problema que lamentar, las niñas pueden andar libremente de día o de noche, divertirse tranquilamente en este lugar donde encuentran su propia identidad y el espacio para relacionarse con jóvenes de otros resguardos (25).

Creo importante ofrecer un testimonio muy diciente de la manera como se celebraba esta fiesta en la población de Altaquer, lo cual obligó que en época más reciente el cura párroco la suspendiera definitivamente por los atropellos que se cometían en contra de los indígenas.

Celebración de la fiesta de El Pendón en Altaquer (1960-1965)

“Cuando el Pendón lo celebraban los Awá en el pueblo, salían a pedir posada en algunas casas para quedarse y preparar la fiesta.

Los organizadores, llamados pendoneros, eran los que se comprometían a realizar la fiesta. Estos eran: el capitán mayor, quien debía aportar con una res; dos marranos el capitán chiquito; quince gallinas el pendonero mayor, y el pendonero menor una docena de huevos, maíz, plátano y leña.

La vaca la conseguían trabajando donde un patrón mestizo que se sometía al trabajo más fuerte, derribando montaña para hacer potreros por espacio de más de tres años; ese era el contrato que nunca se cumplía honestamente para el obrero ya que siempre le tenían descontando por mucho tiempo.

Casos como el de Otoniel G., a quien un mestizo, M. S., le hizo derribar 24 hectáreas de montaña para hacer potreros. El indígena se sometía al trabajo rudo para descontar la res que había recibido para la fiesta, y casos como el de Otoniel que con otro patrón, R.B., le dio por un ternero. Otoniel tenía una vaca, era toda su fortuna; el patrón le obligó a matar su vaca que ya estaba para darle cría. Por supuesto, estaba gorda, y el ternero no alcanzaba para la fiesta.

Quienes vieron, dicen que el indígena no quería matar su vaca, pero a los mestizos del pueblo les interesaba solamente que haya carne para todos, en especial para ellos, los del pueblo, quienes se llevaban la mejor parte de la fiesta que sin ser de ellos siempre se aprovechaban de los Awá.

La leña que el pendonero menor llevaba a la posada del pueblo donde se preparaba la fiesta, cargándola una semana antes, llevándola algunos de más de dos o tres horas de camino, con el canasto a la espalda, los trozos de leña que había cortado toda una semana en algunote sus lugares en la montaña, tal vez sin la suficiente alimentación, mas con la ansiedad y el cansancio que esto le daba, para cuando ya estuviera la leña, en la posada donde el mestizo se la robaban sin ningún escrúpulo; todos los días llegaban con la carga y el montón no aumentaba hasta que tenía que quedarse algún indígena para cuidarla hasta el día de la fiesta.

Otoniel nunca le pudo pagar la res que el patrón le dio para el Pendón, por más años que le hubiera trabajado, internado en la montaña con su familia derribando monte viejo, viviendo en un rancho, comiendo palmito y, de vez en cuando, animal de monte, ya que en la selva húmeda y fría como en el Alto Nembí y Cuasbilal, la comida de caza es muy poca.

El único beneficio que los Awá recibían de esta fiesta era, como gratificación, la misa en la que sólo el padre se dirigía para darles la bendición; lo único que le entendían, pues no le entendían ni los mestizos, que en este tiempo no le hablaban sino desde un Dios al estilo romano, todas las ofrendas como las quince gallinas, la docena de huevos, y la arroba de maíz se entregaban al padre.

De la vaca, todos querían su parte. Al padre le daban una pierna además de las ofrendas anteriores; en la posada pagaban con otra pierna; al corregidor un brazo; la que le prestaba las ollas, otro brazo; y así, por todo préstamo los mestizos se hacían pago, tanto que a los dueños de la fiesta sólo les quedaba la menudencia que no alcanzaba para la comida de todos los indígenas que habían salido.

Hay casos muy similares al de Otoniel que después de tres años seguía pagando el ternero de El Pendón y nunca terminó de pagarlo. Cuando él empezó a trabajar sus hijos tenían de tres a seis años. Éstos se criaron y consiguieron mujeres, y el papá no terminaba de pagar la deuda, hasta que le tocó irse a escondidas con su familia y nueras y yernos para la costa sin que el patrón se dé cuenta” (fuente: Diario de campo de Nohemy Erazo).

Hace unos quince años o más, un misionero (26) de la zona escribía sobre esta fiesta tratando de hallar su origen y reflexionando sobre su sentido. Asimismo, alerta sobre las irregularidades que se presentaban por parte de los no indígenas que asistían al evento. Deseo ofrecer algunos párrafos de este escrito que apareció en dos partes en la revista La obra máxima. Revista misional carmelitana con los títulos “América: cinco siglos de misión. La fiesta de El Pendón” y “América: cinco siglos de misión. La fiesta de ‘El pendón’ (II)” (27).

En este documento, donde aparecen los escudos de Colombia, Castilla y León, el autor nos aproxima a los orígenes de la fiesta.

“El día de El Pendón es una institución del tiempo de la Colonia, un resto del tiempo en que los indios vivían en reducciones o poblados según mandaban las Leyes de Indias.

Con la Independencia de las Colonias se aventó el régimen de tutelaje y protección de los indios… Todos los nacidos en América eran libres e iguales… Desde entonces los indios fueron libres para ser explotados libremente sin intervención de la autoridad real o de la Iglesia.

Pero los indios no se olvidaron de su rey, de sus tutores ni de sus maestros. No se olvidaron de cuando eran ‘pueblo’, comunidad gobernada por sus caciques bajo la protección del “Pendón de Castilla”(28). Cada año, cuando llega el 7 de agosto entraban ellos en el poblado de los blancos donde se supone que residen las autoridades reales. Hoy lo hacen con la bandera colombiana; pero entonces lo hacían portando el Pendón de Castilla, el mismo que los capitanes del rey llevaban en sus conquistas, con el león y la cruz que los naturales tenían que acatar, primero en son de paz y si no, en son de guerra, porque ninguna nación de la tierra, según concebían aquellos misioneros seglares(29), podía quedar sin escuchar la palabra del Evangelio. ‘Mandamos a nuestros gobernantes y pobladores que, a las partes y lugares donde los naturales no quisieron recibir de paz la doctrina cristiana, tengan el orden siguiente a la predicación y enseñanza de nuestra fe: Conciértese con el cacique principal y procure atraer los indios a divertirse o a otra cosa semejante y para entonces estén allí los predicadores con algunos españoles e indios amigos secretamente… y cuando sea tiempo, se descubran y a ellos, junto con los demás, por sus lenguas e intérpretes comiencen a enseñar la doctrina cristiana y, para que la escuchen con más veneración, estén revestidos los predicadores a lo menos con albas y sobrepellices y con la santa cruz en las manos… Y, si para causarles más admiración y atención pareciere cosa más conveniente, podrán usar de música o cantores que conmuevan a los indios’” (30).

Después de presentar esta legislación sobre las tareas propias de estos “misioneros seglares” entre los “naturales”, Donazar describe la fiesta en las poblaciones de Altaquer, La Guayacana y Llorente.

“En la fiesta de El Pendón hay pendonero mayor y pendonero menor, Capitán grande y capitán chico. Cada uno viene a la casa del Padre una semana antes a reclamar su bandera que el día de la fiesta pasearán por el pueblo, supuestamente ante las autoridades reales y el Cabildo eclesiástico. Todo esto se ha reducido hoy a la entrada de los grupos de indígenas en el poblado de Llorente y también en el de Altaquer y La Guayacana, al son de los tambores, portando calabazos de aguardiente y tasajos de animales amarrados a unas varas (31).

Para comprenderlo y no escandalizarse o ponerse a llorar hay que pensar que estamos viviendo una hora de las más tristes y locas de la historia de Colombia, en que el sistema democrático, que se inició al resquebrajarse la unidad de fe bajo la cruz y el pendón de Castilla, sólo es una armadura carcomida, sostenida sólo por las palabras libertad, democracia, derechos humanos (32).

Hace 9 ó 10 años un Párroco de Altaquer, escandalizado por este derroche en gente tan pobre y por las borracheras que a la sombra de El Pendón se mamaban los benditos, se negó a recibir sus dádivas. Me cuentan que en la fiesta le traían al Padre colgando de las varas, media vaca, ocho medios marranos, 12 gallinas, cestas de huevos y 12 racimos de plátanos. Pero si se les rechazan los dones, ¿qué les quedará de humano y de cristiano? Así que este año (ya los estoy viendo venir) me traerán dos o tres cuartos de marrano, un par de plátanos, alguna gallina. Pero ya veo también las moscas negrísimas pegadas a la carne rosada del puerco. Así que habrá que regalarlo todo aprisa a los más pobres del lugar, que no tienen tan requintado el paladar… El que mejor sepa hablar de entre los indios presentará al Padre la ofrenda y luego buscarán su acomodo en la casa de los amigos”.

En la segunda parte del artículo sobre la fiesta de El Pendón, el autor describe la celebración que se llevada a cabo en la población de Llorente en 1989 según se desprende de un pie de foto dentro del texto.

“Pero este año la fiesta de El Pendón comenzó en la tarde del sábado con un solemne sahumerio y una aspersión en toda regla según la antigua liturgia, que no ha dejado dudas ni recelos. Los indios en llegando al pueblo han metido allí sus bártulos, han colgado las marimbas de las vigas del Refugio y han comenzado la fiesta. Hubo que velar hasta muy tarde para que los negros no turbasen la sencilla alegría de los naturales. Me cuentan que todos los años en esta noche los motilones negros acechan como tigres y al menor descuido se llevan una indiecita… A las seis de la mañana me desperté y fui corriendo al Albergue. A las dos de la mañana, con una puntualidad cómplice, el empleado negro de la planta eléctrica había cortado la luz y, lo que me temía, los lobos se lanzaron sobre las indefensas ovejitas. Cuando llegué, la pista de baile estaba sola y polvorienta, algunos benditos dormían en el cemento y un par de marimberos casi tocaban con sus narices los palos del instrumento.

Había que organizar la procesión y la misa. Las mujeres apilaban la leña para el desayuno en los dos fogones del Albergue. Los hombres se abrazaban en la calle hablando todos al mismo tiempo en una especie de glosolalia. Antes que aquella masa perdiese el sentido de la Fiesta bajo la mirada maliciosa de los negros y de los comerciantes, había que encaminarlo todo a buen término.

Como el Albergue tiene una plataforma entre la casa y la calle que hace de balcón, compusimos allí el altar. Los pendones flanqueaban la mesa. Los indios se acomodaron en torno y el pueblo de Llorente atendía la Misa desde la calle. Estoy seguro que los indios me entendieron todo aquel día (33).

Al filo del mediodía los grupos de indios enfilan para sus veredas respectivas. Los caminos embarrados son largos y la lluvia de la tarde no perdona. Han entregado sus pendones al Padre para el año que viene (34). Ya desde mañana o pasado mañana comenzaré a recibir la visita de uno y otro para decir: ‘Padre, yo el año que viene, pendonero’. Y no pasará mucho tiempo para que los más ajenos al calendario de las ciudades… comiencen a preguntar: ‘Padre, ¿cuánto falta para el Pendón?’”.

Esta última parte de la descripción que realiza el sacerdote Donázar sobre la fiesta del Pendón además de contar con algunos términos no sólo etnocéntricos y racistas, como el de “naturalitos” (35) para los indígenas y “motilones negros” (36), para los pobladores afrocolombianos, es también impreciso y, tal vez, tendencioso al decir que los negros se robaban a las niñas indígenas durante la fiesta, cuando en realidad eran los mestizos quienes realizaban esta práctica no sólo en Llorente y en la Guayacana, sino también en Altaquer durante las fiestas del Pendón y de la Virgen de las Lajas en septiembre. Los mestizos robaban las niñas y las llevaban a servir como empleadas domésticas a Pasto, Ipiales, Cali u otra ciudad utilizando sus redes familiares.

La manera como el religioso español relata su percepción de la fiesta -entre burlona, etnocéntrica, racista e imprecisa- nos hace ver lo lejos que estaba de entender el significado que ella tenía en ese entonces para los Awá, pero también para los mestizos y negros que en ella participaban. Lo exótico, por decir lo menos, pero también lo absurdo, lo extravagante se nos ofrece en el artículo que, seguramente, buscaba entretener o divertir a los destinatarios de la revista de misiones, españoles en su mayoría. Este tipo de textos ayudó y ayuda a reproducir y perpetuar el imaginario que sobre los Awá en particular y los indígenas en general tienen no sólo en Europa, sino en los mismos países de América Latina.

No hace muchos años los trabajos del antropólogo norteamericano Chagnon (1968) sobre los yanomami brasileños justificó una agresión y una política de exterminio al considerar que la vida de este grupo giraba en torno a la violencia, la ferocidad y la agresión sobre otros pueblos (Chagnon 1986; Tierney 2000; Velásquez 2000; Martens Ramírez 2003).

 

Conclusiones

Si bien ha ido cambiando en cuanto a quienes participan por la concurrencia de otros actores además de los Awá, los objetivos y las dinámicas permanecen y tratan se reproducirse en la medida que el escenario donde en la actualidad se desarrolla -la comunidad o resguardo- es el referente principal, y alrededor del cual se escenifican o expresan las distintas posturas de quienes asisten. El proceso de apropiación del espacio ha redundado no sólo en la potenciación por parte de las autoridades Awá-gobernadores y alguaciles-, sino también en el ejercicio de su soberanía territorial y su autonomía jurídica. En efecto, los alguaciles, con el gobernador a la cabeza, durante los días en que se celebra la fiesta, les recuerdan a los visitantes, tanto indígenas como no indígenas, que el territorio pertenece por ley y por apropiación efectiva a quienes lo habitan, y que allí se cumplen las leyes propias de una legislación que se ha ido abriendo camino en la maraña de leyes y normas estatales para llegar a ocupar un lugar importante en el ámbito de las conquistas indígenas, sobre todo si se tiene en cuenta el desproporcionado porcentaje de las poblaciones aborígenes (37) en relación con los blanco-mestizos.

Si en sus comienzos la fiesta del Pendón fue una estrategia de dominación tanto física como ideológica, en nuestros días, gracias a la reubicación espacial y a su refuncionalización, esa misma celebración les ha permitido a los indígenas inscribirla en un proceso de construcción de identidad y de toma del poder frente a la sociedad que, a través del Estado monárquico, la institución eclesiástica y algunos sectores de las clases dominantes, introdujo este evento en la vida de los Awá.

Pero sigue siendo, asimismo, una oportunidad de resistencia porque hay quienes quieren, al menos en Llorente y La Guayacana, que El Pendón regrese para que se celebre “como debe ser”, es decir, de la misma manera como intentaron en los últimos años apropiarse de la fiesta del Señor de Kwaiker en la población de Ospina Pérez (38) donde colocaron puestos de venta de comida, cerveza, aguardiente, y en la noche instalaron algunos “cambuches” (39) promoviendo bailes, juegos de azar y hasta prostíbulos con mujeres traídas de Llorente, lugar en donde abunda este tipo de lugares (Botero 2008).

 


 

Notas

1. El pueblo nkal Awá (se pronuncia engal -montaña-, awá -persona-, “gente de la montaña”), parte de la familia lingüística pasto (Jijón y Caamaño 1957), sindagua (Aragón 1974), o chibcha-barbacoa, según otros (Osborn 1969) es el ocupante tradicional, libre, autónomo y previo a la colonización de un extenso territorio situado en el suroccidente colombiano -actual departamento de Nariño en Colombia- y delimitado por los municipios de Ricaurte, Barbacoas y Tumaco, teniendo igualmente asentamientos en el departamento de Putumayo y en las provincias de Carchi y Esmeraldas en Ecuador. Su población, para el caso de Colombia, se estima entre 12 y 15 mil individuos. El artículo se basa en diferentes observaciones etnográficas registradas en los diferentes diarios de campo elaborados desde mi primer contacto con los “kwaiker” -hoy Awá- en febrero de 1981 hasta la actualidad. Si bien puede decirse que las relaciones fronterizas de los Awá con otros grupos humanos se han dado históricamente, desde fines de los años 90, con las situaciones que se desataron desde el arribo de la siembra de la coca en la región, estas relaciones se han intensificado.

2. Este ensayo sintetiza parte de una investigación en proceso.

3. Como Pendón se designa específicamente a la vara de madera de donde penden o cuelgan algunos productos agrícolas y pecuarios que se presentan para ser bendecidos y luego entregados al celebrante principal o compartidos por la comunidad. En sus inicios, como veremos, tal nombre lo recibía la bandera de Castilla.

4. Poblaciones situadas en la carretera que de Tumaco conduce a Pasto, capital del departamento de Nariño.

5. Porción de tierra entregada a los indígenas colombianos según la Ley 89 de 1890 que es la base de la posterior legislación indígena. El resguardo está bajo la administración de un cabildo. Hay resguardos conformados por una sola comunidad, como también existen resguardos compuestos por dos o más comunidades. En el caso de El Hojal, es un resguardo con una sola comunidad. Calbí, por ejemplo, es una de las comunidades del resguardo Gran Rosario. Los resguardos son regidos por un gobernador; las comunidades, a su vez, cuentan con un gobernador suplente o “gobernador chiquito”.

6. Pertenecientes al resguardo Gran Rosario.

7. Por razones metodológicas describo la forma como esta celebración se realiza en diversas comunidades Awá, buscando destacar tanto sus coincidencias como sus particularidades. De igual manera, hago mención del testimonio de alguien que vivió la manera como en los años 60 del siglo XX se llevaba a cabo esta fiesta y la raigambre de dominación colonial que entrañaba.

8. Si bien en un primer momento el término negro -negros- puede parecer racista, su utilización en lugar del vocablo afrocolombiano está sustentada en mi libro De negros a afros. Ley 70, poder e identidades negras en el Pacífico sur de Colombia (Botero Villegas 2005). A este respecto utilizo el término negro o negros, por cuanto las comunidades negras reclaman para sí esta denominación, argumentando que el concepto de afrocolombianos o afrodescendientes es propio de la gente ilustrada o de las elites académicas y organizativas. Las poblaciones ribereñas del Pacífico sur colombiano, por lo tanto, desean ese trato. Buscando respetar ese querer de las “bases” negras, continúo utilizando éste término que, aunque secularmente ha sido considerado ofensivo, en nuestros días se ha constituido en un elemento de “orgullo étnico” (Glazer y Moynihan 1975). En publicaciones especializadas como La revista de la CEPAL (Bello y Rangel 2002: 39-54), el término negro es utilizado con bastante frecuencia. Véase también Botero Villegas 2008.

9. Instrumento musical elaborado con la caña llamada guadua o guadúa. Conocido también como xilófono.

10. Nombre con el cual se conocía hasta hace algunos años a los Awá.

11. Muchas ceremonias indígenas fueron primero prohibidas y luego cristianizadas para despojarlas de todo su “paganismo” y “rastro demoníaco”. Es preciso recordar las famosas y tristemente célebres campañas de extirpación de idolatrías promovidas por la Corona española sobre todo a fines del siglo XVI con el virrey Francisco de Toledo (1569-1581).

12. El cabildo indígena, relativamente reciente entre los Awá, está encargado de administrar el territorio, de recibir las transferencias que el gobierno envía anualmente para invertir en educación, salud y otros proyectos, y de promover y mantener las buenas relaciones entre los habitantes del resguardo. El cabildo está conformado por un gobernador, un secretario, un tesorero y varios alguaciles (guardia indígena).

13. Bebida, fermentada o no, de la caña de azúcar.

14. Bebida fermentada de maíz.

15. Fuente: Diario de campo de Nohemy Erazo, mía la elaboración.

16. Comida rápida: galletas o pan, gaseosa o algún jugo. “Mecato.m. Col. Pequeño refrigerio que se toma entre comidas. Microsoft Encarta 2007“.

17. La legislación indígena colombiana es una de las más robustas de América Latina y tiene su origen en la Ley 089 de 1890. Además a partir de la constitución Política de 1991, los indígenas tienen su propio fuero.

18. Plátano pequeño que se constituye en el principal alimento de los Awá.

19. Fuente: Diario de campo de Nohemy Erazo, mía la elaboración.

20. Espíritu del bosque. En ocasiones representa la misma naturaleza o bosque Awá. Puede presentarse de manera benévola o malévola. En algunos relatos aparece como la que da origen a los diferentes frutos existentes (Botero Villegas 2003; EPI 2003; EPI 2007).

21. Tatabra o tatabro (saíno). Saíno. (Quizá de saín). m. Mamífero paquidermo, cuyo aspecto es el de un jabato de seis meses, sin cola, con cerdas largas y fuertes, colmillos pequeños y una glándula en lo alto del lomo, de forma de ombligo, que segrega una sustancia fétida. Vive en los bosques de la América Meridional y su carne es apreciada. Microsoft Encarta 2007; guatín (conocido también como guagua, un roedor de carne muy apreciada), ratón, conejo.

22. Idioma de los Awá.

23. No se compra afuera, sino que ha nacido y es criada en la propia casa.

24. Llamados también bastones de mando elaborados de una madera llamada chonta o gualte.

25. Cuando las fiestas se celebraban en la carretera, es decir en los pueblos de La Guayacana, Llorente o Altaquer, las niñas o mujeres jóvenes siempre corrían peligro de ser raptadas para obligarlas a servir en las casas de mestizos en Cali, Pasto o Ipiales. Los hombres eran obligados por los mestizos a beber hasta emborracharse para robarles o para aprovecharse sexualmente de sus mujeres.

26. Anselmo Donázar, sacerdote español.

27. Anselmo Donázar, s/f. “América: cinco siglos de misión. La fiesta del pendón”, La obra máxima. Revista misional carmelitana.

28. No puedo dejar de notar la perspectiva etnocéntrica e iberocéntrica, además de exotizante, del autor del artículo, que es un español, según la cual, los indios en la colonia no eran explotados porque estaban bajo la protección no sólo de la Corona sino también de la Iglesia, y que la explotación les vino precisamente al terminarse la colonia mediante la independencia, lo cual no es cierto. A este respecto véase Botero Villegas 1991b; 2006.

29. El autor llama “misioneros seglares” a los conquistadores, esto viene a confirmar la visión iberocéntrica comentada antes: el maltrato le llegó a los “naturales” después de la independencia, lo que hicieron los conquistadores españoles antes de eso fue, según Donázar, parte de su misión evangelizadora. Aunque el fin de este estudio no es analizar este discurso, es preciso poner en cuestión las supuestas bondades de tales prácticas colonizadoras que se extienden, por otros medios y vías, hasta hoy. Además, utilizar el término “naturales”, es no sólo etnocéntrico sino racista, por cuanto es la manera como los mestizos se refieren a los indígenas.

30. Según la descripción de esta norma podemos entender que la fiesta del pendón, en la época colonial, no era otra cosa que la lombriz en el anzuelo.

31. Esta vara se ha constituido, para la mayoría de indígenas, en el actual pendón.

32. Continúa la nostalgia y el deseo de regresar a la época colonial cuando, según el español Donázar, sí había fe y democracia.

33. Es una manera irónica y burlona de decir que como estaban borrachos no entendieron nada de lo que él dijo.

34. Para la época en que el misionero escribe, el pendón era una bandera que se le entregaba al sacerdote quien, a su vez, debía entregársela al indígena que, en su comunidad, había sido nombrado como pendonero mayor para realizar la fiesta en el pueblo.

35. Es la manera como los mestizos del lugar se refieren a los indígenas de manera ofensiva, aún más cuando se utiliza el diminutivo.

36. Donázar hace alusión al grupo étnico bari, conocido erróneamente como “motilones” por su corte de pelo -en algunas partes de Colombia al corte de pelo se le dice motilar-, que habita al nororiente de Colombia, y al cual se le representa como salvaje y asesino (Jaulin 1970).

37. En Colombia los indígenas no llegan al 2% de la población colombiana estimada entre 44 y 46 millones de habitantes.

38. Municipio de Ricaurte, departamento de Nariño.

39. Salones improvisados con plásticos o carpas para protegerse de la lluvia.

 


 

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Gazeta de Antropología