Gazeta de Antropología, 2009, 25 (2), artículo 41 · http://hdl.handle.net/10481/6910 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 21 mayo 2009    |    Aceptado 3 septiembre 2009    |    Publicado 2009-09
Estrategias de adaptación territorial y cultural a la ecología del estuario de Choroy-Traiguén, provincia de Osorno, Chile
Strategies of territorial and cultural adaptation to the ecology in the estuary of Choroy-Traiguen, Osorno province (Chile)



RESUMEN
El mundo huilliche de la zona costera de Osorno, en el sur de Chile, está conformado por diversas comunidades que ocupan el conjunto de cuencas y/o estuarios presentes en la faja litoral. En el presente artículo, se pretende profundizar la ocupación del estuario del río Choroy-Traiguén. Se postula que las características ambientales de la zona, inciden en las pautas culturales e identidad de sus ocupantes. A través del acopio de fuentes históricas, antropológicas y trabajo etnográfico, se constata dos formas de ocupación del espacio: horizontal y vertical, cuestión en cierta medida homologa a la diferenciación entre comunidades campesinas y pescadoras.

ABSTRACT
The Huilliche world of the Osorno coast , southern Chile, is formed by a variety of communities that inhabit the group of drainage basins and estuaries that can be found on the coastal belt. This paper examines the occupation of the estuary of the river Choroy-, proposing that the characteristics of the environment affect the cultural patterns and the identity of its inhabitants. Through a review of historical and anthropological research together with an ethnographic fieldwork, we can observe two forms of spatial occupation: the horizontal and the vertical form, which in some way reflect the differentiation between communities of peasants and fishermen.

PALABRAS CLAVE
territorio | estuarios | identidad | adaptación
KEYWORDS
territory | estuary | identity | adaptation


1. Antecedentes

La costa chilena, en sus 4.080 km de extensión, presenta una variedad de ecosistemas costeros, tanto desde un punto de vista oceanográfico como biológico. La caracterización como ecosistemas, lo cual va desde su flujo de nutrientes, circulación de materiales y ciclos biológicos es incompleta. Para lograr caracterizarlas a cabalidad, es preciso considerar un área que vaya desde el inicio de las cuencas en la cordillera de los Andes hasta el fondo oceánico (1).

De ahí, la necesidad de comenzar a indagar en las dinámicas presentes en el litoral chileno, el cual están siendo afectado por una serie de procesos ecológicos, económicos, políticos y sociales, que están incidiendo de manera clara, en la configuración del modelado social y cultural costero. Al respecto, se hace necesario distinguir qué clase de comunidades costeras son las existentes, y qué generalidades y particularidades presentan. Los estuarios al respecto, ofrecen un interesante escenario de estudio, debido a su condición intrínseca de encuentro entre paisajes diversos, que pasan a sintetizarse en un nuevo tipo.

Es por ello que el presente artículo, versa sobre cómo las características de un territorio determinado, en este caso un paisaje estuarial, habitado por grupos determinados, como es el caso de pescadores artesanales y poblaciones huilliches (2), incide en sus pautas culturales y forma parte de su identidad.

Nos centramos en los estuarios de manera general debido a que se constituyen en un hito geográfico y biológico relevante dentro de la costa del sur de Chile. De manera más especifica, abordamos el paisaje estuarial del río Choroy-Traiguén, en la zona de Osorno, el cual junto a los bosques de la cordillera de la costa se configura como un entramado territorial que involucra varios ambientes. Los estuarios en sí son por definición dinámicos y oscilantes y son muchos los factores que determinan su constitución y las del resto de las comunidades biológicas que lo circundan. Estas poblaciones, pasan a tener una relación estrecha con el mar, los bosques y los ríos; sin olvidar la conexión con otros pisos ecológicos más alejados, como los cordilleranos. Lo anterior, se refuerza con la evidencia arqueológica de restos funerarios, que haría posible sostener la existencia de un eje identitario común entre cordillera y mar. Se presenta, a modo de ejemplo, un entendimiento común del espacio funerario, tanto en la distribución de un entierro como de los ajuares que acompañaban el cuerpo en Calafquén (Marifilo), el litoral valdiviano y el golfo de Reloncaví (Piedra Azul) (Navarro 2003: 380).

En el mismo marco, es pertinente aclarar que los procesos de transformación ambiental en las costas chilenas, tienen una data de al menos 10.000 años (Llagostera 1982). Las respuestas sociales han ido desde formas más simples de apropiación del entorno, a otras de carácter mas sofisticado. El paisaje ha estado sometido, debido a la explotación de sus recursos, a la aplicación constate de innovaciones de índole tecnológico. De una u otra manera, es posible hacer referencia a la conformación de una “geografía cultural” con ciertos perfiles particulares, que la distinguen de otros territorios.

Siguiendo con lo anterior, no es preciso instaurar distinciones dicotómicas entre el ambiente natural y mundo cultural; sino más bien, atendiendo a la misma naturaleza oscilante de los estuarios, comprender como se configura la relación hombre-entorno; ya sea intentando conocer como las diferentes sociedades y los sujetos que la componen, comprenden el medio ambiente en que viven. Es posible distinguir entre: sociedades que diferencian entre mundos humanos y no humanos, y aquellas sociedades que conciben ambos mundos como un continuo. También, observar cómo se instaura una analogía persona-naturaleza; representado a modo de ejemplo, en la zona de San Juan de la Costa, en la figura del abuelito Huenteao, Huentellao y/o Wenteyao (3).

Los estudios antropológicos en Chile no se han centrado en las zonas de costa, sino más bien, tienden a enfocarse en casos etnográficos descriptivos sobre alguna población costera particular. La situación anterior, se debe probablemente a que los primeros cronistas españoles llegados a la zona centro-sur de Chile, enfatizaron en describir a la población indígena existente como campesinos sedentarios, los cuales utilizaban la pesca, caza y recolección como actividades productivas secundarias. Esto, respondería al parecer a la diversificación ecológica presente en la zona (costa, valle central, cordillera); que daría pie a expresiones culturales diferenciadas según la zona ambiental (Dillehay 1990: 48).

Creemos pertinente asumir la problemática desde un análisis que considere enfoques geográficos, ecológicos y territoriales y relacionar tales con el tema de la identidad. Ello, porque creemos que las poblaciones estuariales deben ser abordadas de una manera transdisciplinaria. Es posible por ejemplo, entender las comunidades desde una posición ecológica, considerando la forma en que se insertan en un territorio geográficamente determinado. De esta manera, es posible observar como las variables económicas y productivas inciden en el aprovechamiento de los recursos; o también, como la presencia o ausencia de esto da origen a sistemas sociales determinados. El aunar tales perspectivas enriquece la visión en torno a los procesos de adscripción de identidad territorial.

El factor identitario está fuertemente presente en la zona a través de la ya mencionada figura del Abuelito Huenteao. Este hito es fundamental, ya que incluye no sólo a las comunidades que habitan permanentemente la zona, sino también, a aquellas que hacen un uso estacional del territorio estuarial (Quiroz y Olivares 1987, Gissi 1997, Colipán 1999).

Además, a través del denominado “Viaje a la Costa” cuyos registros datan del siglo XIX, se constituye uno de los ritos más relevantes dentro de las ceremonias religiosas huilliches, el cuál posee un fuerte sustrato económico, ya que el viaje da pie a la recolección de productos marinos y obtener la autorización para la realización del nguillatún, el cual se constituye en el rito sacrificial, colectivo y festivo más importante; dónde se condensan todos los contenidos y vivencias de lo sagrado (Foerster 1985). Se expresa también, la dependencia y reciprocidad de lo humano con lo divino, en pos de la manutención del universo cósmico, lo que deriva en una identidad entre el trabajo y la celebración ritual. “Es por ende un viaje físico y metafísico a la vez” (ver Quiroz 1978, Foerster 1985, Quiroz y Olivares 1987, Gissi 1997, Colipán 1999).

 

2. Importancia de los estuarios para las poblaciones humanas

Un estuario, puede ser definido como el punto en que el agua dulce de arroyos y ríos, se junta con el agua salada del mar. Son porciones semicerradas del océano costero donde el agua del mar se diluye y se mezcla de manera parcial con el agua procedente de la tierra. Difieren en tamaño, forma y volumen del flujo del agua, de ahí que están influidos por la geología de la región donde se encuentran (Smith y Smith 2001: 576). Otras definiciones señalan que los estuarios son:

“Cuerpo de agua costero, semicerrado, con una conexión libre al mar, donde el agua marina se encuentra mesurablemente diluida por agua dulce, proveniente del drenaje terrestre” (Pritchard, en Constabel 1993: 6).

Tal conjunción, origina una serie de especificidades en las zonas estuariales. En primer lugar, el flujo unidireccional de ríos y estuarios tropieza con el flujo y reflujo de las mareas. El encuentro da origen al establecimiento de un complejo de corrientes que varían con la estación, la cantidad de precipitaciones, las oscilaciones de mareas y los vientos. La interacción del agua dulce y salada influye en la salinidad del medio estuarino. La salinidad puede ser la misma en la superficie que en el fondo, o puede presentar estratificación, con una capa de agua dulce en la superficie y una capa de agua salada más densa en el fondo. La salinidad es homogénea cuando las corrientes, particularmente las que forman remolinos, son los suficientemente fuertes para mezclar el agua desde la superficie al fondo (Smith y Smith 2001: 576).

La importancia de los estuarios para los seres humanos, está dada en definitiva por las características ya mencionadas con anterioridad, es decir, la alta productividad biológica; ya que son sitios de reproducción, desarrollo y crecimiento de una serie de especies de flora y fauna, y la gran cantidad de especies marinas, ya sean propias de los estuarios o de otras que retornan a él durante su período de reproducción. Es decir, el estuario se constituye como un ambiente que aporta gran cantidad de energía a las áreas costeras contiguas (Stuardo y Valdovinos 1989: 108). Por otra parte, los estuarios están afectos a grandes riesgos de contaminación debido a la cercanía a zonas pobladas del litoral (Jaramillo et al. 1981).

Muchos estudios realizados en los estuarios del sur de Chile, detectan una presencia en la reproducción y desarrollo de una serie de especies de gran importancia económica que viven tanto en la masa de agua (peces como el róbalo -Dicentrarchus labrax- o el pejerrey-Odonthesthes regia-) o en el fondo (choritos -Mytilus chilensis-). De ahí que son una fuente importante de recursos naturales renovables, siendo necesario hacer un uso racional del mismo (Jaramillo et al. 1981). Otro factor relevante a considerar radica en que por las características intrínsecas ya señaladas, como el rol preponderante de las mareas, la explotación de los recursos marinos en el estuario se presenta con relativa facilidad, específicamente cuando la marea está baja.

Por otro lado, el ambiente estuarino debe ser abordado desde un punto de vista integral, es decir, considerando el rol de, por ejemplo, los bosques cordilleranos que abastecen de agua a las quebradas. Algunos autores sostienen:

“no se debe olvidar que en la naturaleza las especies no viven solas y aisladas del medio que las rodea, sino que habitan con otras con las cuales se interrelacionan formando un todo complejo y armónico” (Jaramillo et al. 1981).

De ahí que es necesario ahondar en como la legislación chilena está actuando en torno a la protección de los recursos naturales. En este sentido, es criticable que la protección por parte del Estado al medio ambiente se sostiene en una política de “desarrollo sustentable”, que busca la manutención de un determinado modelo económico.

La primacía de esta visión “bancaria” de la naturaleza, debería ser contrarestada con una ley que aspirara a proteger en si mismo los recursos naturales, entendiéndolos como parte de un conjunto que no puede ser fragmentado, tal como sucede en la normativa actual (con la fragmentación del derecho a la tierra con los derechos de agua por ejemplo), en donde cada uno de los recursos pueden ser de propiedad de diversos dueños los cuales ejercen derechos como el de propiedad y el de libertad económica (4).

 

3. Espacio y territorio: más allá de las dicotomías

El concepto de espacialidad o el espacio visto desde una perspectiva social es un tema muy abordado en las ciencias sociales. Las discusiones versaban básicamente en como los seres humanos se adaptan a los distintos medios ambientes que componen el orbe o por qué dos grupos que coexisten en un medio similar se adaptan de diferente manera. O también, si es posible establecer una distinción entre el mundo cultural y el mundo “natural”, está última dicotomía era el paradigma ontológico con el cual se establecía toda referencia al tema. Por otro lado, se establecían categorías occidentales como base para analizar las concepciones en torno al espacio y el paisaje circundante de los grupos etnográficos a estudiar. Posteriormente, tal proyección estructurada del mundo dio paso a una visión constructivista del espacio, el cual no se asume como un fenómeno dado de antemano, sino que dotado de gran dinamismo y producto de las contingencias sociales, las cuales a su vez se ven afectadas por la espacialidad (Descola 2002: 101).

El espacio es relevante porque es resultado de la interacción social, producto de tal interacción se encuentra afecto a las dinámicas de poder, como aquellas que derivan del enfrentamiento por el control de los recursos. Los seres humanos pasan a ser relevantes en la constitución y reproducción del espacio y no son meros usuarios de un sistema cerrado. Se supera en cierta medida la separación entre sujeto/ subjetivo/ mental y objeto/espacio físico.

Soja (1989) afirma que las “ciencias normales” tendían a considerar al espacio como un agente estático, los procesos físicos o sucesos sociales se manifestaban en un escenario en que no existía la posibilidad de tener un rol activo. Posteriormente se dio paso a una noción constructivista del espacio, se incorpora la variable social. La naturaleza o el espacio físico ya no se presentan de manera externa al sujeto, sino que se construye de manera intersubjetiva. El sujeto social participa activamente en la construcción y reproducción del espacio, pero de manera paradójica, este se naturaliza, y pasa a considerarse como algo permanente. Otros autores como Massey (2005) han tratado de conceptualizar la idea del espacio, para ella este es producto de interrelaciones, se constituye por ende a través de interacciones. Lo anterior implica dotar al espacio de pluralidad, la cual siempre se encuentra en un proceso de devenir, en formación, no se constituye como un universo cerrado. Eso si, va más allá de una simultaneidad completa de un “todo se relaciona con todo” (Massey 2005: 104-105).

Lo anterior provoca una recursividad en el ámbito de la espacialidad, ya que por un lado se constituye como un producto social, pero a la vez genera o fija las relaciones sociales de una determinada manera. Entra en juego el poder y la ideología como potentes factores de configuración del espacio social; pasan a modificar o fijar las materialidades presentes en el espacio como las significaciones que se asumen para los actores sociales. El entramado de relaciones de poder en un espacio determinado puede ser “mapeada” a fin de determinar las relaciones de dominio que hay detrás, para el caso de nuestra zona de estudio, sólo basta con examinar las relaciones que se han establecido entre las comunidades originarias, los conquistadores españoles, los privados y el Estado chileno a fin de hacer más explícito los procesos de constitución de identidades. En este último punto se aprecia la injerencia del punto de vista histórico en la configuración del espacio (5).

El espacio es parte y producto a la vez de la constitución del proceso de identidad. Siguiendo a Heller (2002), es preciso también acercarse a un concepto de espacio que esté ligado a la experiencia cotidiana. Desde tal perspectiva, el espacio se concibe a partir del yo, o sea, de manera antropocéntrica. El espacio en lo cotidiano es representado y experienciado desde el sujeto, a partir de la constitución de orientadores como “arriba-abajo” “cerca-lejos” “izquierda-derecha”; siendo el límite la frontera del espacio, y en donde se desarrollan nuestras acciones, pasa a ser el radio de acción de los actos. A pesar de que los límites cada vez son más elásticos (ni siquiera el planeta se constituye como tal), el radio de acción de un sujeto en su diario vivir siempre detentará limites específicos, las percepciones siempre remitirán a un espacio concreto, ya sea a partir de categorías antropocéntricas o geocéntricas (Heller 2002: 630-634).

Para Augé (2005), los lugares antropológicos poseen tres elementos que los definen: son identificatorios, relacionales e históricos. Los lugares le otorgan identidad a quienes los habitan, de ahí que se constituyen como un eje de identificación; lo relacional está dado en la presencia de un “orden” en la coexistencia de los distintos elementos de un lugar; e histórico, ya que están contenidos de señales reconocibles para quienes los habitan, en este punto entra en juego la memoria social e individual de los habitantes del lugar (Augé 2005). Eso si, la noción de esta última se encuentra indisolublemente ligada al espacio, ya que permite entregar una resignificación que da sentido a las prácticas del presente.

A fin de entender materialmente la apropiación de un espacio, es necesario distinguir, como afirma Ingold (1998) entre tenencia y territorialidad. Lo primero hace referencia a cuando los sujetos son agentes productivos y dirigen sus relaciones en un ambiente dado, se liga en antropología con la jurisprudencia y por ende se suele aplicar al análisis de sociedades agrícolas e inaplicable para sociedades de cazadores-recolectores, es un modo de apropiación; por otra parte, el concepto de territorialidad se entiende cuando los propósitos anteriormente mencionados se ejecutan bajo circunstancias ambientales definidas, es decir, se hace referencia a un “sector” de naturaleza, espacio que es demandado por una sociedad determinada.

Consecuencia de esto, es que el comportamiento territorial se constituye básicamente como un modo de comunicación, se transporta la información en torno a la localización de los sujetos dispersos en el espacio; en cambio, la tenencia es un modo de apropiación, en el cual los sujetos realizan demandas sobre los recursos dispersados en el espacio (Ingold 1998).En síntesis, el territorio para Ingold hace referencia a un sector de naturaleza que se inserta en un espacio determinado, lo cual es demandado por una sociedad dada; esta última garantiza a sus miembros el acceso al control y uso de la totalidad o una parte de los recursos presentes, o los que sean capaces de ser explotados.

El medio local, ya sea en su forma de “territorio-espacio o naturaleza” pasa a constituir una suerte de analogía corporal tanto con las culturas como con los propios sujetos. Por ello, es posible sostener que en las localidades rurales está siempre reactualizándose el vínculo entre la comunidad y el territorio dónde está inserta, su asentamiento. El espacio, siguiendo la lógica de Heller, será más abarcable desde un punto de vista subjetivo, que los espacios urbanos. Unido a una interacción más constante y directa entre los habitantes, dando pie al surgimiento de identidades mutuas insertas en un territorio específico. Las relaciones sociales pueden ser emplazadas físicamente. La copresencia, emerge como un factor clave a la hora de entender cómo se configuran los imaginarios territoriales (6). Lo anterior, le otorga fuerza a la necesidad de elaborar una suerte de “políticas de los lugares”.

Seguimos a Leff (2005) en su definición de espacio local y/o territorio, como el “lugar donde la sustentabilidad se enraíza en bases ecológicas e identidades culturales”, que se constituye como la zona que articula las demandas en pos de la reconstrucción o salvaguarda de los peculiares modos de vida. Es decir, en el espacio local se forjan las identidades particulares y a la vez, pueden gestionarse las luchas globales (Leff 2005: 270).

Aún cuando el nexo identidad-espacio es claro, es necesario no caer en esencialismos identitarios, ya que la clave de la constitución del espacio, como hemos mencionado, está en la constante interacción. Las identidades adscritas a un espacio determinado no se conciben de antemano y por ende no son inmutables. Para el caso de una comunidad indígena, esta puede ser analizada como una entidad que cambia y es permeable a las influencias externas, al contacto con los otros. Para algunos, esto implica cierta debilidad en la constitución de las identidades (7).

Al observar los procesos de reivindicación étnica post caída del muro, especialmente en la zona de los Balcanes, Massey insta a entender la identidad de un lugar en concordancia a la construcción de relaciones con otros lugares, se insta a “un sentido global del espacio”; lo cual permite apreciar la identidad de un lugar pero a la vez situarla en un plano más general.

Lo señalado anteriormente, lleva a afirmar que el estudio de las historias de un lugar, apelando ya sea a la historia oficial o a la memoria comunitaria y mítica; es clave para comprender como un espacio determinado ha vivenciado su inscripción comunitaria, la identidad de sus habitantes y la cultura cívica que detentan.

 

4. Descripción de la zona de estudio

Choroy-Traiguén es una localidad estuarial ubicada en la desembocadura del río del mismo nombre. Su nombre proviene de “Choroy”: loro pequeño y “Traiguén”: La Cascada; de ahí que quiere decir “Cascada donde hay loros pequeños” (Colipán 1999: 124). Se encuentra a unos 70 km de la ciudad de Osorno, específicamente en la comuna de San Juan de la Costa, en el borde litoral de la Cordillera de la Costa. Se puede acceder en auto mediante la ruta que une Osorno con la costa (ruta N 40), lo cual incluye a las comunidades de Pucatrihue, Bahía Mansa y Maicolpué. La línea costera que abarca Llefscaihue, Caleta Manzano, Choroy-Traiguén, Pucatrihue, Bahía Mansa y Maicolpué corresponde a los lugares tradicionales dónde los huilliches mariscaban, representado fundamentalmente en el denominado “Viaje a la Costa” (Colipán 1999: 62). Actualmente, son considerados además los balnearios típicos de la zona, lo cual se aprecia de manera clara en la presencia de un sinnúmero de casas de veraneo, y de infraestructura prevista para tales fines, como zonas de camping por ejemplo.

Mapa 1. Ubicación geográfica de la zona de estudio. Fuente: GoogleEarth, 15/09/2007.

Este borde costero, se encuentra aislado de la depresión intermedia gracias a la presencia de la Cordillera de la Costa, la cual se presenta sólida, con alturas de hasta 800 msnm. En el área a estudiar, los valles de los ríos Contaco y Choroy-Traiguén se constituyen como quiebres a esta masa cordillerana. Estas cuencas hidrográficas son de naturaleza autónoma, son ríos de poca pendiente que conforman un sentido de cuencas Oriente Poniente. La importancia de estas últimas, es que se constituyen en ocasiones como la principal vía de accesibilidad en la inhóspita cordillera. En este contexto, la cuenca del río Contaco es la única manera de llegar al borde costero por vía terrestre desde Osorno, y de forma paralela, los ríos menores son la mejor manera para hacer un recorrido transversal entre el interior y la costa. Finalmente, estas cuencas entregan extensiones espaciales y de suelo horizontal, en donde es posible la habitabilidad humana. Se considera la cota 100 msnm. como la altura promedio de habitabilidad, con accesibilidad desde los ríos y con un dominio de las cuencas (Vera y Belmar 2006: 17).

En cuanto a los aspectos demográficos de la zona, los datos del Censo 2002 indican que de un total de 114 habitantes, un 66,7% de la población de Choroy-Traiguén correspondería a una población mayoritariamente mapuche-huilliche; información no menor ya que otorga luces en cuanto a las características particulares de la zona, la que estaría compuesta por una localidad indígena con raigambre costera, la que se potencia con la presencia del Abuelito Huenteao , el cual se ubica en la vecina caleta de Pucatrihue y el Canillo el que se encuentra en la desembocadura del río Choroy-Traiguén, figuras claves del universo mítico huilliche hasta nuestros días (Foerster 1985; Quiroz y Olivares 1987; Gissi 1997).

Los habitantes de Choroy-Traiguén detentan una economía de subsistencia, la cual se caracteriza por la extracción y venta de leña y carbón, la recolección y pesca de recursos marinos y una actividad agropecuaria de índole familiar, junto con la incipiente realización de iniciativas etnoturísticas, estamos por ende en presencia de unidades de producción domésticas (8)(household economies).

La estrategia de subsistencia de estas unidades es diversificada, por ende es posible señalar que son flexibles y responden a las condiciones ecológicas en que están insertas, es decir, una zona dónde los recursos son diversificados, pero a la vez no es posible abocarse de manera extensiva a uno de ellos. Emerge la necesidad, en palabras de una habitante de la localidad, de sostenerse “haciendo varias cosas a la vez”.

 

5. Consideraciones espacio-territoriales

Siguiendo con el análisis espacio-territorial, tenemos que Choroy-Traiguén se encuentra interconectado a la contigua caleta centro de Pucatrihue, sector que alberga los servicios básicos y agrupa a los pescadores. Es en esta parte dónde hay un conglomerado importante de población, a diferencia de lo que sucede en la desembocadura del río Choroy, la cual se constituiría en la zona huilliche propiamente tal, componiéndose como un área de casas desperdigadas.

Es posible distinguir tres tipos de asentamientos, según las comunidades que se autodefinen en la zona. Están las comunidades huilliches propiamente tal, las cuales se concentran en las riberas del río Choroy-Traiguén. En el sector Norte se encuentra la comunidad de Choroy-Traiguén, en la ribera sur, la comunidad Purrentrum Pucatrihue. En el borde costero, entre los ríos Choroy y Contaco se encuentran las “casas de veraneo”, representantes de los asentamientos estacionales de la zona. Y finalmente, se encuentra el sector de la caleta de pescadores de Pucatrihue.

Mapa 2. Delimitación de los asentamientos presentes en el área. Foto área de Pucatrihue, SAF, Chile, 1995.

Se propone entender el espacio estuarial desde una perspectiva bidimensional, dónde sea posible distinguir los asentamientos humanos (mirado a partir de la perspectiva del mar) desde una posición vertical-longitudinal y horizontal-latitudinal; junto con distinguir entre borde costero y mar adentro.

A continuación, señalaremos las especificidades para cada forma peculiar de adaptación a un entorno que, por un lado, tiene muchas riquezas y posibilidades; y por otro lado es un territorio adverso con una geografía un tanto inhóspita y de condiciones climáticas difíciles. Ante ello, es posible afirmar la presencia de dos clases de paisajes (9): uno exterior o de “intemperie” y uno interior que se repliega hacia el resguardo.

 

5.1. Relación horizontal del espacio

Es la que sostienen los habitantes de la Caleta de Pescadores y los loteos privados destinados a segunda vivienda. Se caracteriza por hacer un uso preferente del borde costero, ya sea para labores económicas o recreativas. Se estructura una relación a partir del “mar adentro” y la raigambre identitaria que poseen quienes habitan este espacio, ya sea de manera permanente o esporádica, se asocia a la figura del “pescador” o del “veraneante”, es decir, el mar y su inmensidad pasa a ser el eje de identificación. Por otra parte, este tipo de relación es más proclive para aquellas unidades domesticas familiares (los pescadores) que tienden a ser más individuales y realizan una actividad económica de manera predominante. Además, la economía de escala presente en la zona (sindicato de pescadores) se debe enfocar a un espacio que le otorgue una cantidad importante de recursos de forma exclusiva, sin presión por el espacio.

 

5.2. Relación vertical del espacio

Es el uso del espacio que detentan las comunidades huilliches (10) de manera preferencial, y también, visitantes esporádicos que quieren adentrarse en el paisaje propiamente tal (diferente al perfil del “bañista”). Se sostiene una relación más directa con el bosque de la cordillera de la costa y con las vegas que rodean al río Choroy-Traiguén. Es posible asociarlo también, a la recolección de orilla, ya que ello se estructura a partir del borde costero y del estuario propiamente tal. Esta clase de relación, es especialmente óptima para aquellas unidades domesticas familiares que poseen una mayor intensidad de las relaciones de parentesco, la cual es funcional para el tipo de explotación que se basa en una diversificación de los recursos.

Un hito geográfico relevante en la zona de la desembocadura son superficies planas, las cuales es posible denominar como “vegas”, estos sectores son multifuncionales en cuanto sirven para recolectar y juntar leña, son los embarcaderos del sector, hay pastoreo, etc. El río se constituye como un eje estructural que conecta el interior de la cordillera con la costa.

 

6. Viaje a la Costa

Las localidades costeras huilliches tradicionales no poseían asentamientos permanentes, sino que están insertas dentro de lo que se denomina el “Viaje a la Costa”. Tal antecedente está muy bien documentado (ver Foerster 1986, Quiroz y Olivares 1987, Gissi 1997, Colipán 1999, Molina et al. 2006). Para Colipán, solo hasta mediados de la década de los sesenta este viaje se efectuaba con regularidad y constituía un importante rito dentro de la vida huilliche. La localidad de Choroy-Traiguén está inserta dentro del circuito de los “mareros”, junto con las vecinas localidades de Pucatrihue y Bahía Mansa. De ahí que su historia intersecta con la memoria oral de la zona. Se está en presencia de un referente identitario en el uso del espacio costero por parte de las poblaciones huilliches.

Las comunidades del interior de San Juan de la Costa, solían viajar entre los meses de septiembre y noviembre a proveerse de recursos marinos. En la actualidad, aún se realiza está tradición, aunque para los habitantes de Choroy-Traiguén, la magnitud de tales viajes ha disminuido.

A pesar de la existencia de una necesidad económica para la realización de este viaje, hay detrás un fuerte componente ritual, constituido en la visita al Abuelito Huenteao. Se entra en un esquema de reciprocidad, en el cual el “Dar-Devolver-Recibir” está dado en la entrega de ofrendas al Abuelito y la vuelta de mano constituida en una abundancia en los recursos a recolectar y un buen pasar en el resto del año.

El territorio desde esta representación es abarcado plenamente desde la perspectiva vertical, la cual definimos con anterioridad. Se corresponde plenamente al uso del espacio desarrollado por las comunidades huilliches. El Viaje a la Costa es un antecedente de ello, ya que debemos considerar que está forma de acercarse al borde costero es anterior a los asentamientos permanentes de la actualidad.

El río pasa a ser el eje de comunicación entre los territorios, se corresponde a la idea de una “sociedad ribereña” propuesta por Bengoa (2003) y la forma de acceder al territorio es a través del entramado cordillerano, reflejo tal vez, de la trama de relaciones sociales que detentan los huilliches.

En definitiva, el Viaje a la Costa puede ser considerado como una forma de ocupación del espacio de manera plena. Ya que, a pesar de que no implica un asentamiento permanente, los caminos transcordilleranos o el propio río se constituyen como rutas que poseen una fuerte carga identitaria y de recursos económicos.

El Viaje se realiza en pos de la obtención de recursos, a fin de complementar la economía de subsistencia que detentan (o detentaban) las comunidades indígenas. Es coherente con el modelo de ocupación del espacio que se ha ido desarrollando a lo largo de este trabajo, que implica una flexibilidad y diversidad a la hora de hacer uso del territorio desde todas sus aristas.

Paralelamente, hay una correspondencia con la ya definida “relación vertical del espacio”, que se repliega hacia el interior del continente y se focaliza en el borde costero. Propia, cómo se ha venido afirmando, de las comunidades huilliches.

 

7. Dimensión ambiental de los mitos y su relación con la ocupación vertical

Como señalábamos con anterioridad, cada paisaje es un reflejo de las comunidades que lo habitan. Lo que se intenta proponer en este punto, es que los mitos más importantes del universo mítico huilliche, a saber el Abuelito Huenteao y Canillo, se insertan en el paisaje y se constituyen como hitos geográficos propiamente tales.

Es decir, a partir de estos elementos geográficos base es que se generan tales mitos. Ellos a la vez, resaltan en el paisaje y tal importancia es que los constituyen como referentes culturales claves de la localidad.

Además de los hitos paisajísticos ya mencionados; el río y el anfiteatro natural que constituye la desembocadura del río Choroy-Traiguén se vinculan con la raigambre cultural costera. Al ofrecer un espacio cargado de significaciones y sentido, el río por ejemplo, es un medio de comunicación, una fuente de recursos y un límite del espacio, dotado de los usos particulares que le otorgan las comunidades huilliches.

Además de ser referentes geográficos, el Abuelito Huenteao y Canillo se establecen como portadores de la memoria mítica del pueblo huilliche, ya que cómo se revisará más adelante, sus relatos son un reflejo de la historia ambiental de la localidad.

 

7.1. Huenteao

El Abuelito Huenteao es por un lado, el hito geográfico-cultural más importante de la costa osornina, junto con ser la principal figura mitológica del pueblo huilliche.

Es una deidad protectora de los recursos marinos, por ende es necesario pedir su protección y otorgarle ofrendas a fin de lograr una buena recolección de algas, peces y mariscos.

Emerge aquí una deidad que sintetiza lo natural con lo cultural; Huenteao adquiere una connotación animada y de correspondencia, en dónde prima las relaciones de reciprocidad. Como bien señala Taussig para el caso del “Tío de la Mina”, es pertinente realizar ritos a fin de restaurar el equilibrio perdido fruto de la proletarización. Tal como afirmamos anteriormente, detrás existe un principio de economía política, el cual remite a una producción y distribución de los recursos, que se rigen por los principios de intercambio a nivel comunitario; ello, contrario al individualismo rector del modelo neoliberal.

El abuelito Huenteao se ubica mar adentro, frente a la caleta de pescadores de Pucatrihue y corresponde a un islote rocoso, que antes del maremoto de 1960 estaba unido al continente.

Un habitante de la localidad, entrega una de las tantas versiones de la historia de Henteao:

“Ellos eran una familia de la cordillera, había un caballero viudo que vivía con su hijo. Un día, este niño se casó… La familia pasó a ser el abuelo, su hijo y la nuera. Pero, el abuelo se puso celoso de su hijo y decidió irse a vivir a una cueva acá en Pucatrihue. De ahí no se supo más del viejito, hasta que el hijo decide buscar a su padre, y el abuelito estaba viviendo en la cueva y se había vuelto a casar con una sirena… Al llegar el hijo, el abuelo le encarga a su mujer ir a buscar agua para recibir a la visita, pero como la esposa era una sirena, nadó hacia el islote… El abuelito, que se encontraba encantado por ella, nadó hacia el islote para perseguirla, y se quedo a vivir… eso, le pidió al hijo que no lo fuera a ver más… que lo dejara tranquilo”.

Para Viviana Lemuy, el Abuelito Huenteao no es una divinidad en sí, sino más bien, tiene el rol de ser un mediador, un comunicador que puede ir más allá de la oración y pedir directamente a divinidades mayores. Su papel sería homologable al de los santos católicos (Foerster 1985: 56).

Si duda, el mito es reflejo de la historia de las comunidades costeras de Osorno. El abuelito, migra desde la cordillera hasta establecerse de manera definitiva en el mar; lo cual es un reflejo de las migraciones estacionales que realizaban los grupos cordilleranos en busca de recursos marinos. La diferencia está en que el abuelito se asienta de manera definitiva en el mar de Pucatrihue. Ello quizás, a que se ve “obligado” debido a la presencia de los nuevos habitantes de los territorios del valle (ya sea españoles o alemanes). En ese punto pasa a convertirse en el héroe mítico que ejerce su presencia y protección a los mapuches en la costa.

Tal migración, que marca un punto de inflexión en las comunidades huilliches, es tan relevante que se inserta en el paisaje del borde costero y se constituye como el último bastión protector de los indígenas “expulsados de sus territorios”.

El dejar de lado la rogativa al abuelito, es una señal clara de cambio al interior de la comunidad. Es posible entender los conflictos que han acaecido al interior de ella desde una óptica en que las relaciones de reciprocidad son negadas (11).

De todos modos, a medida que se analizan los relatos, se vislumbra que su importancia no ha decaído, ya que aún es el núcleo aglutinador tanto de la historia como del paisaje costero huilliche, es tal su importancia como repetimos, que jerárquicamente esta en un lugar muy alto de las divinidades.

 

7.2. Canillo

La otra deidad presente en la zona es el “Canillo”, el cual se suele identificar en un peñón ubicado en la desembocadura del río Choroy-Traiguén. Aquí encontramos a un personaje de carácter negativo, como nos revela el testimonio de don Isidoro Maripán:

“Pero el Canillo… ese es malulo, ese no es persona buena… Pero el nombre de la mamá del Canillo me olvidé, porque él lo sabia todo… pero su residencia es el lago Ranco. De ahí es el Canillo… y ese es lago… Es medio brujito, porque no es na bueno ese lago… Así que…de ahí es el Canillo… Entonces ese Canillo… quizás que años atrás serían… Yo lo observaba todo… yo le preguntaba y le decía ¿Abuelito, y cómo Canillo? Me dijo, ese no es cristiano, es hijo del demonio… Porque me dijo, ese llegó donde vivían dos ancianos solos, que nunca tuvieron familia, se les murieron los hijos… quedaron los dos solos… ancianitos… y entonces y siempre la viejita le decía a su marido que mal estamos viejos… si criáramos un chiquillo, yo me animaría a criar… paque nos pase agua… busque leñita, porque somos tan solos… toysolita en la casa. Bueno, si te animas, de repente, pero yo no te digo na(…) Y de repente una noche, como a las doce de la noche… un poquito pasao…decía mas o menos… llegó y lloró una guagua al pie de la casa… La noche oscura y lloviendo… y la guagua se condenaba llorando… De repente la señora dice… oye… oye…está llorando una guagüita, al lado de la puerta…y ¿ a esta hora?, noche oscura, invierno, lloviendo, que se condenaba… Vamos a ver a la pobrecita, alguna chica soltera ha tirao esa guagüita… pasémosa, cuidémosla… claro, esta bien; que estaba envuelto en unos trapitos, chiquitito… recién nacido… ya po…ya… ya dijeron…y era hombre…Voy a tener una ayuda, dijo el viejito…ese va a ser mi bastón… Contento el viejito, pero no sabia adónde se estaba metiendo… y ya, de ahí… Pero ese chiquillo no crecía… Cumplieron un año, dos años, cuatro años, cinco años… Un poquitito nomás crecía… Lloraba todo el santo día, toda la noche, no se callaba, que no le daban… no… llanto nomás… Y ellos no se aburrían porque lo recogieron… entonces…y ya fue grandecito como de diez años… ya se sentaba y caminaba, pero de donde se sentaba no se movía… llanto nomás… Entonces la viejita hacía su comida y cuando… el anciano hacía como cuando nosotros hacemos huerta… así…Salía un rato y le iba a llamar paque vaya a comer, porque la comida ya estaba lista… Canillo se estiraba y de dos lengüetásle lambeaba la olla, no había na…Ese era Canillo… entonces llegó… la olla limpiecita… Bueno, primero el anciano le dijo… aquí esta bueno ya ¿Así que me andas mintiendo? Así que el viejito castigó a su mujer… por las mentiras… Así q la anciana lo que hizo fue dijo “hijito voy a llamar a tu papá” … pero no te muevas… Y ella salió (…) salió a la puerta nomás y se puso a mirar … Entonces Canillo de donde estaba sentado, se estiro una sanguijuela… metió la cabeza, las patas con la lengua y saco una tremenda lengua a la olla (…) y le fue a decir… Al otro día igual… estaba acostumbrado, se estiraba y se comía todo el pan, pero no tenía guata ni ninguna cosa… Ese era Canillo, hasta que lo pillaron… Entonces, ahora…antes habían machis… y ese niño no es cristiano, les dijo la machi… ese es el demonio… ese es hijo del diablo…desháganse de él, pero tengan mucho cuidado porque eso va a cobrar venganza para ustedes… Y ahora ellos no hallaron qué hacer (…) y entonces pano matarlo a palo, ni a cuchillo, ni ahorcado ni a ninguna cosa, entonces dijeron “vamos a tirarlo ahí” y arrancaron… Claro que cuando cayó al agua, el agua quedo como leche a donde pataleo, listo… Al otro día apareció un ganso, un ganso ahí nomás…y entonces Canillo, empezó a hacer una cueva por debajo pa echar la casa abajo enterita. Empezó a escarbar la tierra… Entonces fueron donde la machi otra vez y les dijo “mira… abuelita… salgan hoy mismo, ustedes se van a mandar abajo con toda su casa, porque ese… ese es el Canillo. Ya lo tienen listo y esta noche se van a ir al río…con casa y todo…” Porque le tenía toda la tierra hueca abajo (…) Y de ahí Canillo se crió de hombre y empezó a hacer maldad… en ese tiempo Canillo. Se terminó la sementera, no hubo arvejas, no hubo trigo, no hubo nada, porque empezó a salir a los campos. En todos no había… un grano de arveja lo guardó en una bolsita y un día se arrancó… dicen que la gente estaba muriendo de hambre, no tenían qué comer… Sembraban nomás, se terminó la semilla, no hubo qué sembrar… ya… no sabe de qué se alimentaban y de ahí… lo acusaron donde el Abuelito Wenteyao… Pero el abuelo… en ese tiempo los truenos daban miedo… que parece que el mundo se partía en cada retumbo… Buscaron por todas las piedras, el mar… y la mamá de Canillo prendió el fuego al mar, que ardía igual que paja seca. Iban a secar el mar… pero Dios no lo permitió… a él le hizo caso Dios… Sus papás le comentaban eso, que el mar ardía como paja… las llamas iban a tocar el cielo… así que el Abuelito Wenteyao apagó… y ese lo tomó prisionero… Cuando lo pillaron… lo pillaron no sé de qué lado, era la roca más grande estaba (…) allí lo pillo la policía… al abuelito… Y entonces… como lo iban ajusticiando botó un grano… Ese año volvió nuevamente la sementera…hasta el día de hoy…porque si no la gente se iba a morir de hambre… y quien sabe de que manera… Ese era Canillo… y así, el abuelito Wenteyao lo dejo ahí…y entonces le dio una hija paque lo acompañe… en matrimonio… Por eso ese morrito es idéntico al de allá… Ustedes se fijan… la del Canillo, en el río… donde pasa la balsa…Ese morro es idéntico al otro… antes que pase el maremoto era lo mismo… similar al abuelito Wenteyao…y antes, cuando mi papa salía al mar, había un fuego colorado ahí… en la noches” (Isidoro Maripán, 73 años, Choroy-Traiguén).

Se vislumbra en el relato de Canillo nuevamente, el proceso de ocupación de la costa de Osorno por poblaciones provenientes del interior (Lago Ranco en este caso), a partir de una migración forzada debido a la carencia de alimentos ocasionada por él. Reiteramos, que es posible sostener una analogía con todo lo que significo la llegada del “huinca” a la zona de los llanos -la cual era en extremo fértil- teniendo como consecuencia desplazamientos forzados de población hacia zonas más marginales desde un punto de vista geográfico y también económico, en este caso, la cordillera de la costa. Agrega Gissi (1997), que en el Canillo se plasma toda esa intranquilidad económica y social, herencia sin duda de los procesos históricos que ha debido soportar el pueblo huilliche. Los testimonios recolectados así lo comprueban.

Canillo personifica “el mal”, y gracias a la acción “del bien” representado en la figura del Abuelito Huenteao; pudo ser encarcelado en la roca ubicada en la desembocadura del río Choroy-Traiguén.

Al igual que con Wenteyao, en el paisaje se inscribe la identidad de las comunidades de San Juan de la Costa; esto, nos recuerda además el parentesco político que detentan ambas deidades, en donde a Canillo se le fue entregada una hija de Wenteyao, que emerge en los testimonios recabados en terreno como también en experiencias anteriores. Se manifiesta el rol del parentesco en la configuración territorial.

En definitiva, Canillo representa la depredación de los recursos naturales y el mal manejo del entorno si se posee una actitud egoísta en la satisfacción de las necesidades. Canillo hace daño y devasta los cultivos cuando está sólo (recordemos que es adoptado), pero cuando se casa con la hija de Huenteao, pasa a ser parte de una rama familiar.

 

8. A modo de conclusión

A lo largo de este trabajo, caracterizamos el paisaje estuarial del río Choroy-Traiguén, en el cual están asociados la comunidad huilliche de Choroy-Traiguén, la comunidad huilliche de Purrentrum Pucatrihue, casas de veraneo de particulares y la caleta de pescadores de Pucatrihue.

Se contextualizó a la localidad desde una perspectiva espacio-territorial y se describieron las principales dinámicas de relación con el paisaje en el cual se insertan. Estas se resumen en dos, por un lado hay un uso “horizontal” del espacio, paralelo a la costa, el cual es ejercido de manera preferencial por los habitantes de la caleta de pescadores de Pucatrihue y los visitantes veraniegos de la zona. También se circunscriben en este grupo los dueños de casas de veraneo emplazadas en el borde costero. Está aproximación espacial implica un uso distintivo de los recursos, en este caso, las artes de pesca y los cultivos acuícolas, también cabe en esta distinción algunas iniciativas de índole turístico.

La otra forma de posicionarse en el paisaje ya descrito es a través de la “verticalidad”, más propia de las comunidades huilliches que habitan la costa y de algunos turistas que poseen un perfil distinto al “veraneante popular”. De esta posición, el paisaje se repliega hacia el río y hacia el bosque cordillerano, presentando una gran diversidad de escenarios, la cual pasa a ser concordante con el sistema económico-productivo que poseen estas comunidades. Por otra parte, los principales referentes míticos huilliches concuerdan con esta forma de vivenciar el espacio.

De todos modos, los modelos vertical y horizontal del uso del espacio detentan una interfase de relación, la cual se condice con la naturaleza flexible del área estuarial. Las normas que rigen en la actualidad la explotación de los recursos naturales han conllevado a una suerte de cruce entre los distintos tipo de población descritos anteriormente. Es decir, en el sindicato de pescadores hay muchos miembros de la comunidad huilliche y los pescadores se han visto en la necesidad de realizar labores ajenas a las artes de pesca propiamente tal (como la explotación del bosque). Sería interesante observar a futuro la relación que se presentarán entre ambos modelos.

Relacionado con lo anterior, una investigación que puede surgir a partir del presente trabajo, dice relación al conflicto latente que sostienen las comunidades huilliches con los pescadores de la zona. La tensión surge cuando se intenta reivindicar por parte de los pueblos indígenas el uso del borde costero, lo cual es criticado por los pescadores quienes argumentan que no correspondería a su modo tradicional de subsistencia.

Por otro lado, se analizó el papel ambiental que juegan el Abuelito Huenteao y el Canillo en la localidad. Dos hitos geográficos llamativos en la zona, que son impregnados de significados y pasan a ser referentes culturales claves del pueblo huilliche. En ellos se resume una forma de posicionarse en el espacio, así cómo también la memoria histórica de la comunidad. Es posible en este punto, realizar una reflexión antropológica sobre cómo a partir del análisis de elementos culturales en conjunto con otros elementos de la realidad de las poblaciones; se pueden obtener observaciones novedosas sobre el actuar, las prácticas de los seres o grupos humanos.

Cabe recordar en este punto, el problema de investigación que guiaba este articulo. El cual era a cómo se presentaban las identidades territoriales de una localidad determinada en un espacio ecológico específico. Aunque en una primera instancia el centro estaba en las comunidades huilliches asentadas en el borde costero, emergieron también las particularidades del resto de los habitantes de este espacio estuarial. Las características físicas propias de los estuarios, dieron pie a determinar que las pautas culturales presentes en la zona eran tan flexibles como el ambiente diferenciado y complementario en el cual se desenvolvían.

 


 

Notas

1. El presente artículo está inserto en el proyecto Fondecyt Nº 1060111 Paisajes estuariales: Estrategias adaptativas de las poblaciones locales y el modelado social de los ecotonos costeros de la X Región Norte y su transformación a partir de la legislación pesquera, a cargo de Juan Carlos Skewes, siendo instituciones patrocinantes el Instituto de Ciencias Sociales, dependiente de la Facultad de Filosofía y Humanidades, y al Centro Transdisciplinario de Estudios Ambientales y Desarrollo Humano Sostenible, todos pertenecientes a la Universidad Austral de Chile.

2. Como “huilliches”, se suele denominar a los habitantes que estaban establecidos en el sector meridional del territorio mapuche. El territorio estaba comprendido entre los ríos Toltén y la Isla de Chiloé. El genérico quiere decir “gente del sur” (wili=sur; che=gente), de ahí que lo más probable que corresponda a una denominación que proviene del norte del río ya señalado.

3. El abuelito Huenteao se identifica con un roquerío que se encuentra en el mar, frente a la caleta de pescadores de Pucatrihue. Existen diversas variantes en su denominación; la voz Huenteao está más presente en la literatura especializada, en cambio el término Wenteyao es la denominación más común por parte de los hablantes. Optamos por la primera voz debido a que es más recurrente en la bibliografía.

4. En muchos países se sucedieron una serie de cambios jurídicos después de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el medio ambiente y desarrollo, realizada en Río de Janeiro el año 1992. En Chile, la regulación de los recursos naturales no beneficia a las comunidades indígenas, al respecto agrega Gentes (2004): “la problemática a fondo -los regímenes de derechos de propiedad de tierra y agua- que si bien han ido cambiando en su historia, variando entre diferentes conceptos de propiedad individual y colectiva, con diferentes grados de consagración en leyes formales, definitivamente no juegan a favor del derecho ni la gestión local de las comunidades indígena-campesinos, ni calman los ánimos de determinados grupos de jóvenes indígenas dispuestos a enfrentarse a las autoridades locales”.

5. Massey agrega al respecto que es necesario contextualizar el problema en torno a la configuración de las relaciones de poder. Esta suerte de geo-referencia del poder es sostenida por varios autores, una de las teorías más sólidas al respecto es la formulada por I. Wallerstein en relación a que el sistema capitalista mundial se estructura a partir de un centro que ejerce su influencia a las regiones que se sitúan en la “periferia” del sistema, el llamado “sistema mundo” (ver Massey 2005, Wallertein 1996).

6. Ver Giddens (1984): La constitución de la sociedad.

7. “Sabemos, en primer lugar, que los grupos que afirman tener atributos en común en virtud de la descendencia cambian con el transcurso del tiempo. Sabemos que esos atributos se mantienen activos en determinadas situaciones y caen en el olvido en otras. Sabemos también que tales entidades siempre existirán en presencia de otras etnias, pueblos, naciones; que ellas se mezclan y se funden con otras, tanto biológica como culturalmente; y que, por consiguiente, las entidades sociales y culturales y las identidades no son dadas sino construidas en el torbellino de los cambios” (Wolf, en Rojo 2006: 19).

8. Para Héctor Hugo Trinchero (1998) es preciso considerar a las unidades domesticas de producción como producciones históricas, dejando de lado visiones naturalistas y fetichistas, agrega: “la gran heterogeneidad de modalidades domésticas de producción y consumo que produce la dinámica contradictoria de los procesos de acumulación del capital. Contradicciones que se producen permanentemente aunque con particularidades históricas específicas entre reproducción de la vida y reproducción del capital” (Trinchero 1998: 138).

9. Un antecedente base importante de los modelos de adaptación al entorno propuestos en el presente trabajo se encuentra en Vera y Belmar 2006.

10. “Los huilliches de la Cordillera de la Costa viven en el sector de mayor biodiversidad y más alto endemismo de la ecorregión de los Bosques Templados de Chile y Argentina. Una de las principales características de su forma de vida es la doble dependencia del mar y del bosque, componentes y agentes estructurantes de su cultura. De estos ambientes, los huilliches obtienen alimento, vivienda, combustible, recreación. Encuentran, además, elementos de expresión cultural como plantas con propiedades medicinales y ceremoniales y lugares donde desarrollan ritos y manifestaciones religiosas” (Correa 2001: 5).

11. Foerster indaga a partir de la memoria mítica las diferentes “perdidas” que han tenido que soportar los huilliches y cómo ello a dado origen a una crisis a nivel comunitario: “estamos así porque perdimos nuestra tierra, porque ya no somos lo que éramos, porque nos olvidamos de nuestra cultura, de nuestra lengua, de la “rogativa”, etc. (…) si recuperamos lo que teníamos volveremos a ser lo que éramos” (Foerster 2000: 79).

 


 

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