Gazeta de Antropología, 2009, 25 (2), artículo 47 · http://hdl.handle.net/10481/6890 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 24 junio 2009    |    Aceptado 26 octubre 2009    |    Publicado 2009-11
Hombres sin mujeres. La búsqueda de la reproducción de la sociedad a través de la mirada de la ficción social
Men without women. The search for the reproduction of society through the view of social fiction



RESUMEN
En este artículo se presenta, a través de la mirada que ofrecen algunas películas y documentales de contenido social, la situación de la soltería masculina en el medio rural español. Se trata de ver cómo hombres solos que viven en pueblos alejados del área de influencia urbana, en grupo o individualmente, deciden buscar mujeres con la voluntad expresa de casarse y formar una familia; y cómo mujeres de procedencias muy diversas, en grupo o individualmente, contestan la llamada de estos hombres solos y deciden voluntariamente embarcarse en esta empresa que podría tener como finalidad el matrimonio con estos individuos que las aguardan. La revisión de esta situación a través de la ficción nos aporta elementos que, a modo de argumentos finales, consideramos básicos para poder entender su alcance. Estos son: la despoblación rural, la soltería masculina, el matrimonio, la migración, la fiesta y las relaciones de género.

ABSTRACT
This article presents the vision provided by several social films and documentaries of male bachelorhood in the Spanish rural environment. It deals with how single men living in villages far from any urban influence take individual or group decisions to find women for the express purpose of getting married and forming a family. It also discusses how women of a wide variety of origins also take individual or group decisions in response to the call of these single men and voluntarily embark on a venture that could possibly end in marriage. The fact that this situation has been reviewed in fiction highlights a variety of issues that are essential if we are to understand its scope. These elements are: rural depopulation, bachelorhood, marriage, migration, celebrations, and gender relations.

PALABRAS CLAVE
reproducción social | matrimonio | mujeres migrantes | soltería masculina | género
KEYWORDS
social reproduction | marriage | migrant women | bachelorhood | gender


Introducción

¿Qué tienen en común un westernamericano ambientado en la conquista del oeste con una comedia que transcurre en el entorno idílico de la campiña francesa? ¿Y un documental sobre mujeres que desde los años setenta emigran del Pirineo con otras que llegan a un pueblo de la Guadalajara de los años dos mil? ¿Qué tienen en común una peluquera cubana que decide vivir con un campesino español con una profesora de baile rumana que decide vivir con un campesino francés? Pues que en todos los casos el hilo conductor son hombres solos que, en grupo o individualmente, deciden buscar mujeres con la voluntad expresa de casarse y formar una familia, y también son mujeres que, en grupo o individualmente, contestan la llamada de estos hombres solos y deciden voluntariamente embarcarse en esta empresa que tiene como finalidad el matrimonio con estos individuos que las aguardan. En todas las situaciones se produce la intermediación de una caravana de mujeres que se nos presenta como la justificación perfecta para observar a través de ellas una parte de la situación actual por la que están pasando las zonas rurales.

El matrimonio, o más concretamente la búsqueda de pareja, aparentemente sin condiciones y supuestamente carente de reglas, o ajenas éstas a la lógica del sistema social dominante, ha formado parte de numerosas iniciativas encaminadas a poblar o repoblar territorios, nuevos o conquistados, más o menos inhóspitos, como también ha formado parte de las estrategias llevadas a cabo por individuos y grupos humanos para, en situaciones extremas, reproducirse a sí mismos y al sistema sobre el que se sostienen. No son éstos unos episodios que hayan sido el centro de numerosas investigaciones, quizás porque, a pesar de que el matrimonio forma parte de la cotidianidad universal, en estas situaciones adquiere una inusitada singularidad debida a la existencia de unas condiciones límite que conlleva a los individuos a practicar alianzas caracterizadas por una extrema exogamia. Algunas disciplinas, como la historia o la demografía histórica, nos han mostrado y narrado el proceso de nacimiento, impulso o transformación de determinados territorios a través del establecimiento de grupos humanos que llegaron a esas lindes en oleadas migratorias, como grupos familiares ya formados o como hombres solitarios que tuvieron que buscar mujeres fuera de su comunidad para llevar a cabo la empresa de construir una nueva sociedad. Otras ciencias sociales como la antropología o la sociología han realizado también importantes contribuciones a los estudios relacionados con la familia, el parentesco y el matrimonio en sociedades de funcionamiento diverso. En concreto y en lo que se refiere a las sociedades campesinas, han demostrado que tanto el matrimonio como el celibato forman parte del conjunto de prácticas que contribuyen a la reproducción social del sistema a la vez que también han analizado cómo, con el tiempo, lo que en una etapa histórica fueron reglas inamovibles pueden verse alteradas de forma que unas mismas prácticas tradicionales son sustituidas por nuevos valores considerados más prácticos e individualistas que los anteriores sobretodo cuando se pone en juego el futuro del propio territorio.

Como fuente de historias que contar con un final más o menos feliz, más o menos incierto, el cine no ha dejado perder oportunidades para relatar este tipo de acontecimientos que también han servido para ser narrados a través de documentales que procuran mostrar la realidad que la industria cinematográfica siempre intenta disfrazar. No obstante las cuatro películas y los dos documentales que hemos seleccionado y con los que nos proponemos trabajar en este artículo nos suministran elementos de reflexión y análisis sobre el tema central que nos ocupa: los hombres que buscan mujeres para casarse. Nuestra cita inicial se detiene en la primera película sobre esta cuestión de la que tenemos constancia. Se trata de un westernamericano ambientado en la repoblación de lo que hoy es California cuyo protagonismo lo detenta una caravana de mujeres, reclutadas en Chicago, que se dirige hacia un poblado donde les esperan un grupo de hombres solos asentados en un territorio sin mujeres disponibles para casarse.

 

Pioneras y pioneros: “Welcome ladies”

En el año 1951 el director de cine norteamericano William Wellman estrenaba la película Westward the women, literalmente ‘mujeres hacia el oeste’, aunque en España se tituló Caravana de mujeres. Ambientada en el siglo XIX, narra la peculiar historia de un ganadero llamado Buck Wyatt (interpretado por el galán de la época Robert Taylor), experto conductor de caravanas de ganado que se ve obligado a cambiar radicalmente el género habitual de transporte por un grupo de mujeres, al que ha de conducir desde Chicago hasta un pueblo de California donde les espera un nutrido grupo de colonos pioneros que no encuentran esposas para casarse. El film, como tantos otros, recrea un episodio más de la colonización del oeste americano en donde las mujeres tuvieron un importante peso en la construcción de la sociedad. Ciertamente en la imaginación popular, que nos brinda la extensa filmografía hollywoodiense de género western, se asocia generalmente la colonización del oeste americano con el vaquero solitario que cabalga por la pradera, un rudo individuo que lucha por la supervivencia en un paraíso más bien salvaje. El mítico oeste es sobre todo un lugar masculino y masculinizado al que se acercaron numerosos individuos en busca del Dorado o para hacer fortuna a costa de éstos últimos. Algunos acudieron en familia, otros hombres (la mayor parte) y algunas mujeres lo hicieron solos, a la llamada que el Gobierno lanzó, no solo en América sino en todo el mundo, para poblar determinadas zonas del país. Es en este contexto que algunas zonas se vieron (super)pobladas de hombres pioneros que una vez, más o menos, asentados necesitaron de las mujeres para reproducir su recién estrenada sociedad, momento en que da comienzo la historia que recrea la película.

“Este valle es rico (…) siempre soñé con esto (…) pero me olvidé de algo: raíces. Olvidé traer mujer conmigo y mujeres para todos estos hombres (…) echo de menos pañales tendidos y olor a comida que sale por la chimenea (…) los hombres se han cansado de las cantinas y del juego (…) Vamos a ir a Chicago, yo busco a las mujeres y tú las guías hasta aquí”. Con esta justificación inicial, extraída de la conversación que mantienen el organizador de la caravana y el hombre al que contrata para tal efecto, se inicia la película en la que un grupo de unos 100 hombres “rudos, solos y tan locos como para hacerse una casa en medio del desierto” esperan que mujeres procedentes de la urbanizada y poblada Chicago, de la que les separan unos 5000 kilómetros de distancia, acudan a su llamada. La convocatoria se realiza a través de un cartel en el que reza “Señoritas, vengan a California, una gran tierra para casarse, un nuevo hogar en el oeste”. Y a ella acuden numerosas mujeres de diferentes orígenes y condición social y personal, entre las que son rechazadas las bailarinas de cabaret y las chicas “de ambiente” por considerar que no son adecuadas para el cometido de ser esposa y madre de familia. Después de una disertación, por parte del conductor de la caravana, sobre los peligros que tendrán que soportar y lo que les supondrá para su integridad física un recorrido de tamañas características, allí mismo escogen las fotografías de los posibles novios que les esperan.

Durante el transcurso de la caravana iremos conociendo mejor a las protagonistas de la caravana y de la película (que representan a su vez diferentes prototipos de mujer) que nos irán exponiendo de una u otra forma los motivos que las movieron a tomar la determinación de formar parte en esta aventura que las llevará a una suerte de tierra prometida. Así, mientras que para unas se trata de dejar atrás la vida aburrida que han llevado hasta el momento, para otras es un momento idóneo para olvidar episodios personales como el de la maestra embarazada con deshonor que argumenta “de donde soy y con mi familia, mi hijo no tendría ninguna oportunidad, pero donde vamos las tendrá todas” a lo que su compañera de carromato contesta: “incluido un padre”. Para todas ellas, solteras o viudas, más jóvenes o más mayores “allá todo será diferente… es un mundo nuevo”.

El viaje (que ocupa la mayor parte de la película) transcurre, efectivamente, entre paisajes duros, casi inhumanos, que las obliga a atravesar situaciones extremas y, en algunos momentos, dramáticas. Ataques de tribus indias en defensa de su territorio, tormentas, accidentes, sequía, etc., contribuyen a diezmar trágicamente la población del grupo de tal manera que en varios momentos se pone en cuestión la continuidad de la caravana cosa que nunca llega a producirse tal es la voluntad de las mujeres por terminarla (uno de los protagonistas masculinos llega a decir “no pongas a prueba la voluntad de una mujer cuando de lo que se trata es de ir en busca de un anillo de boda”). Durante la travesía asistimos también a una magnífica exhibición de modelos de comportamiento masculino y femenino bien definidos desde el punto de vista tradicional: los hombres son duros, rudos, se emborrachan, cuestionan a las mujeres -y al matrimonio- y son violentos a la par que protectores mientras que las mujeres, a pesar de que durante este particular periplo “tendrán que aprender a ser hombres”, son coquetas, maternales, rivales y solidarias. Unos y otras tienen claro qué es lo que se espera de ellos.

Finalmente las mujeres llegan a destino, al Witman’s Valley, donde, sabiéndose deseadas, esperadas, son recibidas por hombres ataviados con sus mejores galas para esa ocasión. Tras un primer momento en el que unos y otras toman una distancia prudencial para reconocerse mutuamente, son ellas las que, fotografía en mano, eligen a cada al hombre esperado. El final feliz es inevitable. A pesar de las bajas, a todos y cada uno de los hombres que esperan, incluso al más reticente al matrimonio, les corresponde una determinada y predestinada mujer (la italiana con el italiano, la de gafas con el de gafas, la domesticada con el domesticado, etc.) haciendo realidad la frase literal que reza “cada oveja con su pareja”. El baile y un reverendo que casa inmediatamente a las parejas son el punto y final de este western.

Y esta es la película que, en el año 1985, vieron por la televisión unos hombres solteros de un pueblo oscense situado en otro valle, el Valle de Gistau en Huesca, y que les animó a hacer algo parecido.

 

Plan: “El Valle de Gistau os da la bienvenida”

Antes de situarnos en el instante en el que un grupo de solteros en el bar Ruché, de Plan, decidió pagar 75 pesetas cada uno para poner el anuncio en El Heraldo de Aragón, es conveniente que conozcamos el contenido de un magnífico documental, no muy conocido fuera del ámbito académico titulado ¿Por qué se van?, que nos muestra la situación de este valle poco antes de la caravana. Las antropólogas holandesas: Marijke Van Kester, Agnes Meijs, Janine Prins, Matje Postma y Corrie Zeeuw del Institut voor Culturele Antropologie en Sociologie de Nier-Westersevolken de la Universidad de Leiden filmaron la vida cotidiana de los habitantes de este pueblo, a través de la familia de Cecilia y Jesús, durante 11 meses entre los años 1982 y 1983. Una vez montado el documental volvieron al pueblo en 1984 e hicieron un pase colectivo para que ellos dieran su visto bueno. Este es el resultado.

 

¿Porqué se van?

San Juan de Plan, primavera de 1983. El documental inicia su relato sobre un paisaje montañoso idílico, pero también apartado y un tanto insólito. Se divisa el pueblo que en ese momento cuenta con 150 habitantes que básicamente viven de la ganadería (crían terneros y corderos). Nos informan de que hasta hace 30 años el pueblo se autoabastecía debido al aislamiento provocado por la propia orografía del territorio; ahora las comunicaciones han permitido la introducción de algunos cambios entre los que destaca el aumento de la migración, sobre todo femenina. En un grupo de mujeres de diversas edades sentadas en lo que parece ser un lugar de reunión, de socialización femenino, las más mayores cuentan -con orgullo pero con resignación- cómo antes el trabajo de las mujeres era mucho más duro e intenso que en la actualidad ya que el aislamiento las obligaba, además de trabajar duramente en la casa, el campo y con el ganado, a hacerse la ropa, el pan y otros productos que ahora “se traen de abajo”. Las jóvenes, en cambio no comparten ese espíritu de resignación y espetan la importancia que tiene para ellas irse y trabajar por un sueldo que les pueda proporcionar la libertad que en el pueblo no tienen “en el pueblo la carrera de una mujer es casarse cuanto antes, tener hijos y nada más (…) la ciudad es más abierta, más libre hay más trabajo y tienes libres los fines de semana… en el pueblo se trabaja siempre”. Como muestra de ello se sigue la cotidianidad de una familia compuesta por la madre -Cecilia-,el padre -Jesús-, el hijo mayor y heredero de la casa y las tierras familiares -José Antonio- y la hija pequeña -Rosario- que se casó, vive en Huesca y va al pueblo durante las vacaciones y en los periodos en los que se necesita mano de obra.

Desde que se levanta y hasta que se acuesta, Cecilia se encarga de trabajos muy variados repartidos entre la casa (fregar, planchar, cocinar, lavar platos, coser, comprar, etc.), el huerto de la familia (sembrar, regar, recolectar, etc.) y el cuidado de los animales -gallinas, terneros y conejos- (limpiar estancias y darles de comer, ordeñar las vacas, etc.). También se cuenta con ella en momentos clave en los que se necesitan todas las manos posibles para llevar a cabo determinados trabajos de la granja. Por su parte Jesús se encarga de las ovejas y las vacas (darles de comer, limpiar el estiércol y vigilarlas mientras pastan) que, además, están guardadas en lugares apartados del pueblo a los que se accede por interminables caminos empinados y pedregosos. La división del trabajo entre los dos es muy clara. El heredero complementa los ingresos de la granja haciendo de jornalero por las calles (que en ese momento se están asfaltando), aunque sabe muy bien cuál es su obligación como heredero: le da pena cómo se está quedando el pueblo y no tiene ninguna intención de marcharse. José Antonio está en edad de casarse pero no hay mujeres en el pueblo. De él se espera precisamente que se case y que su grupo familiar pase de ser nuclear a ser extenso para poder así repartir los trabajos entre los diferentes miembros: Cecilia lo hizo con su suegra “yo ayudaba a los hombres en el monte mientras ella se hacía cargo de los niños”, pero ella no puede repartir el trabajo con su nuera porque no la tiene.

Por la noche los jóvenes solteros (20 hombres y 3 mujeres) se juntan en el único bar del pueblo, “un café y a casa. En un pueblo no tienes nada más que hacer, es muy monótono. Antes sí que podían hacer baile pero ahora, ¿cómo vas a hacer un baile?” señala una, “a mí me gustaría quedarme pero es difícil porque no hay más que hacer que trabajar la tierra. No hay chicas porque la vida es dura para las mujeres que quieren expansionarse”, apunta otra y una tercera acaba expresando “yo ahora estoy con mi familia ayudando aquí, pero no me sirve de nada, la casa y todo será para él -su hermano-. A mí me gustaría más movimiento, más trabajo, no depender tanto de las tierras. Pero si nos vamos las mujeres más de una casa va a tener que cerrar.” Y eso es precisamente lo que está pasando y Cecilia teme por su hijo y su casa “las zagalas se van, pocas que han las dejan que se vayan con forasteros. Las casas se van a perder porque mañana nos moriremos las madres y los chicos se quedarán solos”. La percepción de los interesados ya va un poco más allá del interés porque la casa no se pierda. El propio José Antonio nos dice que efectivamente él quiere una mujer que se haga cargo junto a él de la casa y del ganado pero también ve que “los mayores quieren que sigamos trabajando igual que ellos, pero esto no puede ser igual”, primero hay que mejorar las infraestructuras y las condiciones de trabajo a través de la introducción de maquinaria que lo haga menos duro. Y respecto al tema de las mujeres “no se puede esperar de ellas que vengan aquí a limpiar estiércol de las vacas. Además muchas tienen novios que no trabajan en el campo. Es normal, pero tampoco es tan normal. Que hagan lo que más les conviene, si les conviene eso pues que se vayan. Ahora, cuando mis padres se mueran ¿qué voy a hacer yo solo? Ellas sabrán porqué se van”.

Al año siguiente, 1985, Plan tomó la primera iniciativa en España consistente en invitar a mujeres (sin especificar otras características) a vivir en su valle. Con gran acogida por parte del resto de la población, un éxito sin precedentes y apoyo incluso por parte de la Diputación de Aragón, hicieron una gran fiesta. El fenómeno resultante pasamos a describirlo en el próximo apartado.

 

“Se necesitan mujeres entre 20 y 40 años con fines matrimoniales para pueblo del Pirineo aragonés”

Al cabo de una semana de haber insertado este anuncio (1), que costó 1.280 pesetas, mujeres de diversas procedencias y medios de comunicación tanto nacionales como internacionales, empezaron a llamar al teléfono de referencia que era, como no podía ser de otra forma, el del mismo bar que se convirtió así en un centro de recepción de llamadas. Ellos (si contamos todo el valle de Gistau eran unos 142 solteros de un total de 750 habitantes repartidos en una media docena de pueblos -42 solteros de 170 habitantes solo en Plan-)respondían al perfil de solteros entre 20 y 60 años y dedicados básicamente a la ganadería y a negocios relacionados con la madera. Lo que esperaban de ellas, según sus propias palabras, a parte de unas determinadas características físicas (joven y delgada…) eran toda una serie de características personales relacionadas básicamente con sus habilidades domésticas y su capacidad reproductora como: que sea sencilla, hogareña, limpia “que sepa hacer comida con los recursos que tenemos, como las gallinas, las judías verdes y un huertecito, y criar y educar a los hijos, si llegaran” “que sepa hacer los quehaceres de la casa y que sea una mujer decente”, etc. Al tratarse de un acontecimiento que afectaba a toda la comunidad local, el Ayuntamiento de Plan así como la Diputación de Huesca y la Diputación General de Aragón intervinieron facilitando el local donde se celebraría la fiesta, la comida y la orquesta, financiando los autobuses en los que las mujeres llegarían al valle e incluso un concierto de final de fiesta a cargo del cantautor José Antonio Labordeta.

A diferencia de lo que pasaba en el Witman’s Valley, aquí sí había mujeres y también solteras (aunque el número de unos y otras no es equiparable) pero mientras algunas tenían el novio en otros pueblos (“el pan de casa no es bueno” decía la alcaldesa) otras estaban esperando la oportunidad para marcharse a trabajar y vivir fuera del pueblo. Los motivos por las que no había habido relación más allá de la de la de vecinos es, dicen, por timidez tal y como argumentaba una de ellas “…en el valle hay muchas chicas que se habrían casado aquí si los mozos les hubieran dicho algo”. Este argumento lo iremos viendo a lo largo de las diferentes experiencias que presentamos en este artículo y se fundamenta en el hecho-hipótesis de que mozos y mozas una vez han pasado cierta edad, la que se considera la edad ideal para tener novio y contraer matrimonio, y no se han casado, dejan de tener relación, incluso de amistad, en buena parte debido al control que el resto de la comunidad ejerce sobre ellos y que vela por el seguimiento y el respeto a unas normas de comportamiento (mediadas por una estricta separación de esferas) entre hombres y mujeres no escritas.

Es por eso que una fiesta (que se realizó en marzo de se mismo año) con mujeres desconocidas, aunque sea ante la atenta mirada de toda la comunidad, desinhibió a unos cuantos hombres que se atrevieron a acercarse a ellas y, tras noviazgos cortos, casarse. El éxito del encuentro se convirtió en un motivo para repetir el acontecimiento de tal manera que cuatro años después se celebraba la quinta caravana y se hablaba del siguiente balance: 33 matrimonios (de los cuales sólo 12 continuaban en el pueblo) que habían empezado a tener hijos que ya iban a la escuela del pueblo, la construcción de un hotel, un restaurante, farmacia, comercios, etc.

Veinte años más tarde el impulso turístico que ha experimentado la zona y la ayuda de las caravanas (que se dejaron de hacer) ha permitido evitar el despoblamiento de los pueblos, aunque Plan sigue viviendo también de la explotación de la ganadería de alta montaña combinada con el turismo de verano que pone en marcha iniciativas de empleo permanente. El problema tiende a repetirse y se continúan buscando soluciones: el presidente de la extinta asociación de solteros del valle se casó con una ucraniana que trabajaba en la cercana estación de esquí de Cerler.

 

Cuando entra en juego la diversidad: “Hola, estáis en vuestra casa”

Basándose en la experiencia de Plan y 48 años después de la película de William Wellman, Icíar Bollaín rodó en 1999 Flores de otro mundo donde se nos relata un episodio de similares características aunque esta vez ambientado en la España rural de finales los años 90. Mientras que Caravana de mujeres es un western que se desarrolla en forma de road movie, es decir donde gran parte de la película transcurre durante un viaje, en Flores de otro mundo la acción se desenvuelve a partir de la llegada de las mujeres al pueblo y hasta un año más tarde. Ya las primeras imágenes de la película nos muestran un autobús (ya no son carromatos) que circula por una carretera en medio de un paisaje árido, desértico y solitario que se dirige hacia el pueblo de Santa Eulalia (nombre ficticio), en Guadalajara. El autobús va lleno de mujeres bien engalanadas de diferente edad, nacionalidad y condición social cosa que nos ilustra no solamente la diversidad de la población española, también una pluralidad de motivaciones. Todo el pueblo ha salido a recibir a estas mujeres que son bien acogidas (tal y como pasa en el Witman’s Valley) queridas y deseadas por sus habitantes: banda de música de bienvenida, hombres de campo arreglados de forma impecable que regalan una rosa a cada una de ellas, miradas de aprobación general a primera vista (el color de la piel de algunas es una novedad) y en un marco de fiesta mayor (con orquesta, baile nocturno en la plaza del pueblo y fuegos artificiales). Ya desde un primer momento las intenciones de los organizadores quedan claras: “se intenta dar solución al problema de la despoblación del mundo rural en un marco lúdico y cultural”.

A partir de aquí ya comienzan las situaciones particulares que centrarán el nudo de la película y que nos interesan especialmente. Por un lado tenemos a Patricia, una dominicana casada y con dos hijos pero con un marido ausente y despreocupado. Ella trabajaba en Madrid, una ciudad que no resulta ser un paraíso donde prosperar: se trabaja mucho, muchas horas y por muy poco dinero. Ir hasta Santa Eulalia le puede suponer conocer a un hombre “bueno y honesto”, que cuide de ella y de sus hijos y que le proporcione estabilidad. Y lo encuentra. Se trata de Damián, un soltero dedicado exclusivamente a sus tierras y su ganado y que vive con su madre ya mayor. Al principio Damián está en el baile pero sin bailar, apoyado en la barra del bar, cubata en mano, mirando cómo los demás bailan. Finalmente los dos se encuentran y deciden aunar sus conveniencias mutuas (“yo no le tengo miedo al trabajo, dice ella y acaba “cuando hago esto, no pienso en mí, pienso en mis hijos para tenerlos cerca”), de tal manera que ella es la única mujer de la caravana que se queda en el pueblo. De ellos es interesante ver cómo se ponen de manifiesto tensiones surgidas desde diferentes bandos: por un lado por la condición de inmigrante de ella y por otro lado por la actitud de la madre ante ese matrimonio extremadamente exógamo (Patricia no es del pueblo, ni siquiera española, tiene dos hijos de otro matrimonio y además es mulata) que realiza su hijo y que le despierta recelos, inquietudes y rechazos que finalmente se solucionan.

Otra pareja que se forma y que continúa su relación en la distancia es la de Marirrosi, bilbaína y Alfonso. Ella, separada con un hijo y enfermera que trabaja en un hospital; él, soltero y agrónomo que regenta un vivero de plantas, un hombre muy participativo (organizó la caravana) y muy concienciado por intentar salvar al pueblo de la despoblación. Entre ellos no hay una migración por medio, ni desequilibrio económico. Las tensiones surgen por los intereses reales de cada uno: ella fue a buscar una pareja a la que llevarse a su ciudad, mientras que él buscaba una pareja que se quedara en el pueblo. Finalmente ninguno lo consigue.

La tercera situación se centra en un vecino del pueblo, soltero también, pero que no participa de la caravana ya que él mismo sitúa sus intenciones en otro plano: viaja periódicamente a Cuba donde tiene una novia a la que pretende traer al pueblo. De las mujeres de la caravana dice que no quiere saber nada porque “son todas unas casamenteras” y añade “son viejas para mí, y las que no lo son yo les parezco muy viejo (…) las morenitas son fáciles para hablar… para hablar y para todo”. Finalmente consigue que la novia cubana, mucho más joven que él y con expectativas, intereses y objetivos diferentes, venga al pueblo iniciando una relación basada en el desequilibrio económico y en las relaciones dominantes a las que éste conduce. Ella es, por el extrañamiento mutuo que tiene con el pueblo y con la gente, la que despierta más recelos entre la población: “A ver cuánto dura ésta, porque todas estas quieren lo mismo, el dinero y los papeles y cuando los tienen… aire”, dice la mujer que regenta el bar del pueblo, a lo que los presentes responden “quien lejos va a casar o va engañado o va a engañar”. Desengañada de una relación que no le gusta, sola y añorada, finalmente decide marcharse del pueblo.

La película acaba cuando un año más tarde nuevamente los niños esperan en la entrada del pueblo la llegada de otro autobús con otra caravana de mujeres.

 

Variaciones sobre un mismo tema: Francia e Irlanda

La problemática situación que relata Icíar Bollaín en Flores de otro mundo sobre los hombres solteros del medio rural español no es exclusiva de este país, también Francia e Irlanda han filmado temáticas donde se exhiben circunstancias similares a la de Santa Eulalia.

 

Francia: “Amour un jour… amour toujours”

En Francia la cineasta Isabelle Mergault se atreve a retratar una nueva realidad en esta compleja temática de los hombres sin mujeres que es la de la búsqueda de éstas fuera del país para cubrir determinadas necesidades relacionadas con el rol que se espera de las mujeres dentro del matrimonio. Expliquemos el argumento de la película para entender un poco más qué es lo que se nos quiere exponer y poder extraer elementos que nos permitan la comparación y la argumentación cronológica que rodea esta peculiar situación.

Mientras Aymée, un campesino francés se dedica en cuerpo y alma a su trabajo en sus tierras, su mujer, enganchada a los culebrones americanos bastante tosca y poco agraciada, se dedica a las labores propias del mantenimiento de la casa-granja. Ambos personifican el tópico según el cual el campesino es desconfiado y austero por naturaleza., además de representar a la perfección el papel que les ha tocado encarnar en el sistema social en el que viven: el de personajes subordinados a la lógica de la casa y del patrimonio. Tanto es así que cuando la esposa muere electrocutada, al manipular la ordeñadora eléctrica, el dolor de Aymée no lo es tanto por la pérdida de la mujer como por la pérdida de mano de obra en la granja, “lo del dolor ya lo arreglaré, lo peor es el trabajo (…) en Montbouchard muchas mujeres no hay (…) lo bueno de las mujeres es que saben hacer cosas que los hombres no saben hacer: todo lo de la casa, la colada…pero una mujer no cae del cielo”. Efectivamente el trabajo, absolutamente desconocido para él, de la mujer en la casa y en la granja resultaba fundamental como complemento al que él realizaba en las tierras, cosa que se empezó a poner de manifiesto desde los primeros días de su soledad: dar de comer a gallinas, vacas y conejos, labrar las tierras, poner la lavadora, cocinar, comprar, lavar, limpiar la casa y las dependencias de los animales, etc. Pronto el desorden vital se puso de manifiesto por lo que la premura con la que Aymée necesitaba una mujer que se encargara de todos estos trabajos y la falta de éstas y del tiempo necesario para buscarlas le inducen a contratar los servicios de una agencia matrimonial que trabaja sobre todo con mujeres rumanas que buscan un marido francés que les ayude a conseguir salir legalmente del país y que les ofrezca una mejor calidad de vida “ni se imagina la vida que estas mujeres llevan en Rumania”, le comenta la agente. Las intenciones de ésta y las de Aymée no coinciden plenamente ya que ella se considera a sí misma, a pesar de la cruda realidad con la que comercia, una especie de Cupido cuyo cometido principal es mediar para que hombres y mujeres encuentren al definitivo amor de sus vidas. Aymée en cambio quiere una mujer que cumpla con la parte del trabajo en la granja que él no puede asumir tal y como lo reproducimos en el siguiente extracto de una conversación entre ellos dos:

-Trabajadora agencia: Precisa de una compañera que comparta sus gustos.
-Aymée: …Tengo animales.
-Trabajadora agencia: Le buscaré una amante de los animales.
-Aymée: Bueno que sepa cuidarlos, también que sea fuerte y que tenga salud.
-Trabajadora agencia: … Una deportista, entonces.
-Aymée: Tiene que saber cómo funciona una lavadora.
-Trabajadora agencia: Bueno, este tema es secundario.
-Aymée: No, para mí no es secundario porque ya no tengo qué ponerme.

El grupo de mujeres que la agente le selecciona no concuerda con sus aspiraciones: demasiado jóvenes, demasiado frívolas “no podrán trabajar nunca, esto es el campo”. Pero ella no desiste y le insta a viajar hasta Rumania para conocerlas en persona: “piense que estas mujeres están dispuestas a todo con tal de venir a Francia… Vaya este fin de semana y se trae una el lunes (…)no compra una mujer, la saca de la miseria, es un benefactor, les salva la vida”. Finalmente éste se decide y planean un viaje a Bucarest en donde un selecto grupo de mujeres pasarán ante los ojos del solitario campesino el cual escuchará sus deseos, ambiciones y principales preocupaciones. Todas las mujeres van elegantemente vestidas y maquilladas, todas, acompañándose de una mirada sensual, le expresan sus aspiraciones de vivir en Francia, todas quieren bailar o ser artistas y todas le van repitiendo incesantemente que es muy guapo. Sorprende la escena de las chicas esperando su turno, atisbando la mirada de la compañera que sale de la habitación en donde tienen lugar las entrevistas con la mirada triste porque no parece que haya conseguido atraer al campesino y el resto de compañeras abrazándole para darle ánimos poniendo de manifiesto la solidaridad entre ellas al compartir la misma empresa, conseguir que un hombre de la Europa rica se fije en ellas. Las informaciones que las mujeres descartadas van destilando a su salida se convierten también en fuente de inspiración para la protagonista que las aprovecha en su favor: se desmaquilla, cambia el vestido de gala por una sencilla indumentaria y cuando se encuentra ante su interlocutor aparenta interés por la vida en el campo. Aymée ya ha encontrado a la mujer que trabajará en la granja. La decisión de Helena, nombre de la protagonista, de formar parte del catálogo de una agencia matrimonial de estas características es una decisión en la que participa su familia (madre, padre, hermana e hija) que no dispone de fuentes de ingresos, por lo que la posibilidad de un matrimonio de estas características se convierte en una forma de poder salir colectivamente de la miseria. A partir del momento Helena será una madre transnacional que seguirá día a día los pasos de su familia desde la distancia y una mujer trabajadora en unas condiciones bastante benévolas, a pesar de las iniciales miradas inquisitorias de algunos habitantes de la comunidad local. La trayectoria que sigue la película, de la que no nos interesa dar cuenta, acaba en un final feliz ya que la directora pretende mostrar que el encuentro con Helena cambiará la vida a ambos y que es posible juntar pertinentemente cada oveja con su pareja.

 

Irlanda: solteros pero no solos

Aileen Ritchie rodó en el año 2000 esta, nuevamente, comedia romántica sobre un grupo de hombres solteros que tomando unas pintas en el publocal intentan poner remedio a su situación civil. A pesar de emplazarnos geográficamente en el entorno idílico de la verde Irlanda (un lugar de “escabrosa belleza natural” nos apunta la voz en offdel inicio de la película), de nuevo desde el principio se nos presenta el contexto local como un lugar apartado, solitario e inhóspito. La voz en off corresponde a un chaval de 18 años, pastor, que confiesa sus deseos de marcharse del pueblo al sentir la necesidad de conocer gente y lugares. No tiene una cuadrilla de su edad y el grupo con el que comparte los ratos de ocio son hombres que sobrepasan la treintena, solteros y con pocas expectativas de casarse. A diferencia de las otras películas, lo que se pone de manifiesto aquí es que el grupo de solteros considera que su condición es la consecuencia de la falta de mujeres “jóvenes, guapas y modernas” las cuales no viven en los pueblos sino en grandes ciudades. Y es que en esta comunidad sí hay mujeres, también solteras y de su mismo grupo de edad, con las que mantienen una relación de cordialidad distante. La ecuación es sencilla: para estos hombres la vida continuada en el pueblo hace que las mujeres que permanecen en él resulten poco atractivas como para despertar deseo sexual, sean anticuadas y además carezcan de ánimo para estar a la última, lo cual respondería al hecho de que con los años unos y otros acaben distanciándose hasta tal punto que el sacerdote local nos hace saber que, desde que lleva haciéndose cargo de esta parroquia, los únicos acontecimientos especiales que oficia son entierros. Es por ello que la conversación en el pub que desencadena el argumento de la película termina con la decisión de ponerse manos a la obra para hacer que al municipio vengan mujeres modernas, jóvenes y guapas. Como su geografía del deseo se sitúa en la América que muestran las series de televisión, deciden poner un anuncio en el Miami Herald con el objetivo de atraer la mayor cantidad posible de mujeres “atractivas con miras al matrimonio”. El anuncio no deja lugar a dudas sobre las intenciones de estos hombres: “invitamos a americanas a venir a nuestro baile anual de Santa Marta con miras a posterior matrimonio. Edad ideal entre 20 y 21 años, deportistas y en buena forma. Los pretendientes irlandeses son solventes, sanos y capaces de proporcionar sustento: una oferta irresistible”. A partir de aquí empiezan a desencadenarse situaciones varias entre las que destacamos cómo se pone de manifiesto el tema del cambio de actitud y de hábitos de los hombres ante la cercana posibilidad de casarse: el cuidado personal (ducha diaria, deporte, cambio de vestimenta, etc.) o el desarrollo de una sensibilidad poco común en un soltero rural (adornar las ventanas con flores, por ejemplo). El entusiasmo de unos se transforma en perplejidad para las otras que a partir de ese momento se enfrentan a sus vecinos a través de una guerra silenciosa de sexos que a través de la cual se lleva a cabo el relleno argumental del film. Y como conclusión final nuevamente aparece el “cada oveja con su pareja” que no podía ser de otra manera teniendo en cuenta el género de comedia romántica sobre el que se inscribe este tipo de películas.

 

Las caravanas de mujeres en España: “Amor por la repoblación rural”

Acabamos nuestro periplo en Saceruela (2), un pueblo de Ciudad Real donde las cámaras de televisión (del programa de documentales Repor en la 2 de Televisión Española (3)) filmaron, a finales de 2007, las horas previas a la llegada a la localidad de una caravana de mujeres pagada por los solteros del lugar y alrededores y auspiciada por el propio ayuntamiento (al frente del cual hay un hombre que, como no podía ser de otro modo, también es soltero).

Las caravanas de mujeres son un fenómeno relativamente reciente en nuestro país y, según los datos de los que disponemos, único (al menos no tenemos información de la existencia de acontecimientos similares en otros países). Inspirándose en la película con la que iniciamos este artículo y teniendo en cuenta el éxito que la primera caravana tuvo en la localidad de Plan, algunas asociaciones han desarrollado la iniciativa que funciona con un mecanismo similar, al menos en la mayor parte de los casos investigados hasta ahora por la autora. Un grupo de solteros de un pueblo cualquiera, liderados en algunos casos por el alcalde de la propia localidad y siempre con el apoyo del consistorio municipal, inspirados en alguna iniciativa vecina deciden intentar poner fin a su soltería contactando con alguna asociación que se dedique a realizar este tipo de eventos. El grupo de solteros tendrá que acarrear con la mayor parte de los gastos: unos 50 € por persona. La corporación municipal, que para la organización de los eventos es fundamental, se hace cargo de poner el local y organizar las visitas turísticas o cualquier otro tipo de actividades que se quieran llevar a cabo con las visitantes: comidas, baile, regalos de bienvenida, etc. Las mujeres inscritas pagan alrededor de 20 € que incluye el viaje en autobús desde la ciudad de origen hasta el pueblo y, en general, disfrutar de las actividades que les hayan preparado en destino. En el ánimo de muchas de estas iniciativas está no solamente el paliar la soltería de los mozos de los pueblos, también contribuir a la repoblación de zonas rurales que, nos dice un organizador, la administración tiene olvidadas “no hay escuela, no hay autobús diario, no se potencia el ámbito rural en general”.

Saceruela tiene unos 750 habitantes de los cuales 200 son solteros (unos 150 hombres y 50 mujeres). Los hombres solteros, inspirados en otra caravana que se realizó en junio de ese mismo año en el pueblo cercano de La Viñuela, quisieron probar suerte y programaron una propia de la que el presente reportaje nos da cuenta. El perfil: hombres entre 25 y 75 años que trabajan mayoritariamente como ganaderos (el ganado ovino es la base de la economía local). El reportaje se centra en unos cuantos de estos hombres en un intento de hacer una radiografía de la situación de los solteros de Saceruela, una población donde no hay una falta inquietante de mujeres pero que el tiempo y los intereses de unos y otras les han ido distanciando: “Aquí vienen los forasteros y parece que tienen más categoría que los de aquí y nosotros nos desengañamos y nos desanimamos”, dice uno, “Cuando tú vas a una discoteca y te acercas a una chica y ella te pregunta ‘¿a qué te dedicas?’ y tú le dices ‘soy pastor’ pues ella ya se da la vuelta (…) Aquí lo que se lleva es que seas médico o administrativo”. Y es que tal y como nos lo muestran, la situación para muchos de ellos empieza a ser dramática ya sea por la situación de dependencia respecto a unos padres (sobre todo madres) que ya son mayores, ya sea porque definitivamente se han quedado solos sin haber aprendido a desenvolverse en las tareas domésticas más cotidianas: “Los mozos son cobardes delante de las chicas y no se atreven… pero las necesitan porque muchos de ellos están solos en casa y se tienen que lavar y se tienen que cocinar, se tienen de todo y tienen que trabajar… precisan una mujer”. Aunque algunos de ellos se han ido espabilando en previsión de una situación de soltería permanente: “Hoy yo sé hacer más cosas en casa que ninguna mujer, sé guisar, sé planchar, sé cocinar, se hacer mi casa, sé de todo”.

¿Qué han hecho ellos durante este tiempo? “Se juntan con los amigos y se lían de juerga y ellos no se preocupan por las mujeres (…) llevan una vida que si se juntaran con una mujer no la llevarían”, por lo que ha llegado un momento en el que parece que no han cumplido con aquello que la comunidad local espera de ellos y la soltería es la consecuencia más visible: “Hasta los veinte es el periodo de la juventud, luego hasta los 30 es otra cosa y a los 40 te das cuenta de que estás más solo, que te falta algo, sí.”. Y es que antes las dinámicas de flirteo eran diferentes “Antes las mozas salían y daban vueltas por el pueblo y salíamos a ellas y yo… hasta que me hice con ella tardé mucho” dice un pastor casado, “Ahora ya son otros tiempos y no hay mujeres aquí para nosotros”. Y ¿ellas? “La mujer ahora, como trabaja y se encuentra independiente dice ‘este no me hace falta para nada’”, cosa que ha provocado que haya “muchos mozos que no son capaces de decir a ninguna mujer nada”.

Es interesante no solamente ver cómo construyen el ‘antes y el ‘ahora’, también cómo se diferencian los solteros jóvenes de los más mayores sobre la base de una forma diferente de vivir y relacionarse. Muchos se marchan “y no quieren saber nada del pueblo” y otros que deciden quedarse han de aprender a convivir con el funcionamiento que impone la sociedad local. La siguiente cita es de un joven agricultor, antes ganadero, que trabaja asalariado y que su nueva condición le permite más tiempo libre y otra forma de entender la vida: “Aquí quedan muchos ‘solteros de antes’ para los que relacionarse con una mujer ahora lo ven como un delito”. No obstante tampoco lo tiene fácil ya que se ha comprado una casa cerca, inevitablemente, de sus padres con la intención de independizarse aunque los mecanismos de funcionamiento de la sociedad local no le permiten hacerlo “aquí en el pueblo no está bien visto que un hombre viva solo y menos a doscientos metros de sus padres”. La protección de estos, sobre todo de las madres, aunque por una parte resulta fundamental para solucionar las tareas domésticas cotidianas, puede convertirse en un arma de doble filo para encontrar pareja, aunque sea en una caravana:

“A mí me gusta más estar en casa que guardar ovejas pero se ha de hacer de todo. Mientras yo viva y él no se eche otro refugio no le dejo solo. Además él solo yo creo que no iba a sobrevivir. No sabe nada, no sabe hacerse nada de comer, no sabe ni limpiarse los zapatos porque como no ha hecho la mili no sabe ni limpiarse los zapatos (…) se pasa el día trabajando y yo el día aquí, no puedo consentir que él se haga la cena.”

Sin embargo las caravanas no son una solución para estas madres de solteros ya que el arreglo ideal pasaría por el matrimonio de sus hijos con una mujer de la misma comunidad local. Aceptando las dificultades que sus hijos tienen para relacionarse con sus vecinas, las caravanas, que podrían ser un recurso relativamente aceptable, las enfrenta con el peligro de la exogamia extrema, es decir con la posibilidad de que sus hijos se casen con una mujer extranjera. El testimonio de la madre del organizador de la caravana del pueblo vecino de La Viñuela a la que no gustó demasiado el contenido del autobús es revelador en ese sentido: “Yo, para mi opinión, en vez de una de esas… pues una española, porque estas mujeres, no digo yo que sean malas ni nada, pero veo yo que estas mujeres tiran a irse a su país…”

Mientras que por delante de las cámaras van desfilando diferentes personajes del pueblo, solteros, solteras y otros vecinos y vecinas a los que les apetece dar su opinión sobre el evento, vamos viendo los preparativos de la inminente caravana. En una nave industrial los solteros son los encargados de hacer los preparativos: la sangría, las mesas engalanadas con manteles de tela, vajilla de porcelana y vasos de cristal y flores. No aceptan mirones: “es una cita privada, no es una exposición”. Y es que se toman los elementos tradicionales del galanteo (cena romántica y baile) para reproducirlos en este contexto tan excepcional. Las cámaras también acompañan a los hombres mientras se acicalan para estar a la altura de las circunstancias. Sus expectativas sobre las caravanas es la misma que la de comprar un boleto de lotería: nos dicen unánimemente que lo primero que pretenden es pasarlo bien y no creen, en general, que este acontecimiento vaya a cambiar su vida aunque tampoco descartan encontrar entre esas mujeres, a su media naranja. Entre los habitantes del pueblo hay mucha expectación. El hecho ha atraído la atención de muchos curiosos y de otros medios de comunicación, nacionales e internacionales, entre los que se encuentra una reportera francesa que observa atónita el desarrollo de los acontecimientos. Afirma que a pesar de que en Francia ha pasado algo similar respecto a la soltería masculina rural, una iniciativa de estas características nunca funcionaría puesto que se vería como “una feria de mujeres”.

Llega el autobús y las mujeres van bajando algo perplejas por la expectación que levanta su llegada. La presencia de las cámaras de televisión provoca que algunade ellas contenga la decisión de bajar mientras que los espectadores las aplauden, las vitorean y las animan “valientes, que sois unas valientes”. La mayor parte son mujeres latinoamericanas y algunas españolas. De ellas poco sabemos ya que el reportaje no se ha centrado en ellas y en el periplo que las ha llevado hasta allí. No obstante, las que acceden a contestar las preguntas de la reportera nos permiten vislumbrar algunos de los motivos que las llevan hasta allí:

“[Cuando hacemos caravanas] nos consideramos reinas, cuando bajamos algunos nos reciben con flores, otros se ponen una fila de hombres y vamos pasando como si fuera una pasarela (…) Te sientes bien.
Si nos apuntamos a la caravana no es porque queramos sexo, queremos amor del bueno. Tampoco queremos engañar a nadie.
Aquí se habla de todo un poco, pero no de ligar, yo no he venido a ligar, he venido a hacer amistad, conocer otro pueblo. Yo vivo en Madrid, trabajo en Madrid, tengo un horario de 8 de la mañana a 8 de la tarde. No tengo tiempo para salir. A eso he venido a hacer amistad y a ver qué puede surgir.
Me divierto, me distraigo, conozco gente, soy libre, soy divorciada, no tengo nada que perder, si algún día toca la casualidad.”

Lo que para las mujeres resulta un divertimento, una cuestión, incluso, de vanidad personal, un ejercicio para sentirse reinas por un día en el que poco tienen que perder, para los hombres es una cuestión de supervivencia, una supervivencia donde se pone en juego cuestiones de índole individual y colectiva. Uno de los observadores, no participante, de la caravana comenta viéndolas bajar del autobús “de todas las que han bajado, solo dos o tres sirven para criar”. Pero esto, de momento, es otro tema del que nos ocuparemos en otros artículos.

De momento la fiesta termina desde el instante en que el grupo de solteros no permite la entrada de las cámaras para poder disfrutar de una fiesta privada (que no íntima). Se habla de unas siete u ocho parejas que se han intercambiado los teléfonos.

 

Consideraciones finales. Algunos elementos para entender el fenómeno “caravanas”

Hasta aquí hemos presentado una serie de documentos, lo que en el título hemos llamado ficción social, que nos han brindado elementos para la reflexión y que los enunciaremos a modo de consideraciones finales.

1. El primer elemento es el de la despoblación rural. Estamos ante una situación que, dado el tiempo que hace que se está produciendo, podríamos calificar de endémica puesto que no es nuevo el problema que ha supuesto y que sigue suponiendo el éxodo rural. No obstante parece que en la actualidad la situación es diferente ya que la cultura urbana está proyectado algunas de sus demandas de consumo sobre lo rural lo cual redunda en una progresiva terciarización que, en principio parecería solucionar los problemas de la emigración. No obstante esto no pasa ni en la ficción de Santa Eulalia ni en la realidad de Saceruela que, como muchos otros pueblos se encuentra de momento fuera de estos circuitos urbanos y ven cómo va menguando su población sin que se produzca el milagro de la repoblación. La realización de caravanas de mujeres o, como reza el slogan de una de las asociaciones promotoras, el “amor por la repoblación rural” no deja de ser una forma de poner pedazos, elaborar subterfugios o tener motivos para la fiesta que aportan soluciones más individuales que colectivas. En el mismo artículo ha quedado patente que las caravanas de mujeres han dejado de ser para los pioneros para convertirse en caravanas para los resistentes.

2. Muy relacionado con el anterior elemento está el de la soltería masculina. La situación que se ha dado en la mayor parte de las zonas rurales es la emigración masiva de las mujeres (también de hombres pero en menor medida) por motivos variados que se pueden resumir en la atracción que ha ejercido en ellas las enormes posibilidades que les ofrece la vida en las ciudades a nivel de promoción personal en contraste con las escasas oportunidades que hasta ahora les ha ofrecido el medio rural en relación con el acceso a la propiedad de la tierra o a los bienes familiares que históricamente las ha colocado en una situación de dependencia respecto al padre, al hermano o al esposo. Además, en los pueblos la transformación económica (allá donde ha llegado) no ha ido acompañada de una transformación social, en concreto de un cambio en las relaciones de género, de los roles que hombres y mujeres ocupan a la sociedad, cosa que se detecta en el factor de resistencia masculina a la desaparición del modelo tradicional de mujer y que en los sucesivos ejemplos se ha ido poniendo de manifiesto. La soltería masculina, además, está firmemente instalada en el medio rural por las escasas posibilidades de relación social más allá de los pueblos circundantes. Un análisis más pormenorizado nos mostraría, en este sentido, cómo el “soltero” al cabo del tiempo presenta una serie de características, que el propio Pierre Bourdieu (2004) llamaría “síntomas”, que son bien descritos en la realidad/ficción social con la que trabajamos: timidez con las mujeres, pasividad, cierta fachada exterior típica (forma de vestir, postura corporal, etc.), tendencia a ir en grupo -con otros solteros- y reunirse en el bar/pub del pueblo (el lugar donde en más de una ocasión hemos visto cómo se gesta el acontecimiento de la caravana), etc.

3. El matrimonio. Casarse y tener hijos es una parte de la solución a la despoblación (que también, ya lo hemos sugerido, pasa por la transformación socio-económica) pero la falta de mujeres imposibilita que este acontecimiento, de gran envergadura para la reproducción social, tenga lugar. Tradicionalmente los matrimonios, generalmente por interés y con intención de copiar lo más miméticamente posible el sistema, se solucionaban disponiendo(se) las parejas entre los hombres y las mujeres (un destino marcado desde el nacimiento) que formaban parte de la misma comunidad o de los contornos a la misma: redes de relaciones muy determinadas que no eran ni muy cercanas ni muy lejanas, tal y como lo mostró Françoise Zonabend (1981) para ilustrar las estructuras semicomplejas de la alianza en sociedades campesinas. La caravana de mujeres hacia el Withman’s Valley portaba mujeres de orígenes diversos pero ya formando parte del melting pot que las hacía (también a ellos) pertenecer a una misma comunidad, la americana. No era una comunidad local al uso puesto que sus pobladores acababan de hacerse con las tierras y todo tenía que empezar de nuevo. En la de Plan, el origen de las mujeres, tampoco tenemos constancia de que se cuestionara (todas eran españolas, por tanto, extrañas pero próximas), aunque sí importaran otras cuestiones de carácter más moral como el hecho de que algunas de ellas fueran madres solteras o divorciadas o separadas. En cambio en las caravanas de la ficción de Santa Eulalia o en la real de Saceruela sí que aparece esta posibilidad en el momento en el que la mayor parte de las mujeres que bajan del autobús son extranjeras. La posibilidad de realizar, una exogamia extrema, un matrimonio con extraños (extranjeras sobre las que, además, existe la sospecha de sus verdaderas intenciones) lleva a la propia comunidad, a través de la mirada de las madres de los solteros como hemos visto en los ejemplos, a cuestionar desde un principio la legitimidad de una relación que debería tener una finalidad muy concreta. Recordemos cómo uno de los asistentes (no participante) a la recepción del autobús de la caravana de Saceruela comenta: “de las que han bajado, solo dos sirven para criar”. Y es que mientras el matrimonio ha de servir para reproducir la sociedad, el matrimonio exógamo puede ponerla en peligro. No obstante es una realidad en la actualidad el hecho de que uno de los motores que hace funcionar la sociedad rural es precisamente la llegada de población extranjera que aporta personas (nombres, niños y mujeres) y mano de obra y este es un dato que se ha de tener muy en cuenta a la hora de abordar cualquier estudio que tenga como contexto estas zonas.

4. La migración: las sociedades móviles. La migración internacional de la última década en España tiene como una de sus peculiaridades más importantes el hecho de que se trata de una migración que no solamente se concentra en los ámbitos urbanos sino que cada vez con más fuerza va tomando posición en las zonas rurales. No obstante las mujeres de las caravanas no son “migrantes por amor”, es decir, no se trata de “la búsqueda de una pareja sentimental fuera de las frontera del propio país y el consiguiente proceso migratorio vinculado a ella para una de las partes”. Estas mujeres generalmente han emigrado ya hace algún tiempo y, frecuentemente, viven y trabajan en alguna ciudad (desde donde se recluta a otras mujeres y desde donde parten las caravanas). Como ha quedado patente en algún testimonio se trata de mujeres que buscan en las caravanas la evasión efímera de unas condiciones de vida y laborales en precario y quizás también encontrar una persona que les aporte estabilidad, económica y afectiva, y que les ayude a concluir con éxito su proyecto/proceso migratorio. Hemos visto en las ficciones de Santa Eulalia y de Montbouchard dos ejemplos de hombres que buscan mujeres, voluntaria y decididamente fuera del país, que finalmente se convierten en migrantes por amor, aunque no son formas mayoritarias de búsqueda de pareja sentimental puesto que la acción de buscar-encontrar pareja por parte de los solteros de los pueblos se reviste, mayoritariamente y de forma muy clara, del carácter colectivo que les otorga por un lado el compartir con otros una misma condición social y por otro la comunidad que les apoya y sobre la que ellos quieren actuar. Parece, tras el visionado de las películas y del documental que de sus decisiones depende el futuro de la comunidad ya que ellos son los resistentes, los que no se marchan y permanecen porque creen en el sistema sobre el que se asientan.

5. El ocio. La fiesta. Para recrear de manera más auténtica los espacios tradicionales de búsqueda de pareja, las caravanas se desarrollan en el marco de una fiesta que es la que da pie al festejo entre unos y otras. El baile en los pueblos ha sido habitualmente el lugar de seducción, el paso previo al cortejo y las caravanas en este sentido son como la gran performance de una Fiesta Mayor que se construye para darle más veracidad a la ilusión de la conquista. A pesar de que en Santa Eulalia nos muestran una baile típico de Fiesta Mayor, en la plaza del pueblo y a la vista del resto de la comunidad, en la realidad de las caravanas éstos se hacen a puerta cerrada y generalmente en algún lugar sobre el que ellos lo deciden todo: la música, la comida, el regalo que les harán a las mujeres, etc. Privatizar el espacio donde se realizará responde a dos motivos: por un lado asegurarse de que todas las personas que participan de la fiesta han contribuido económicamente a que se hiciera posible y por otro escapar del control social, de los comentarios y las miradas del resto de la comunidad. Es así que en este escenario privado el grupo de hombres solteros, que en la Fiesta Mayor del pueblo se quedarían mirando, apoyados en la barra del bar, al resto de hombres y mujeres bailando y festejando, en el lugar privado (no íntimo) tienen la oportunidad de transgredir el rol, anular los “síntomas” y lanzarse a la conquista de alguna de aquellas mujeres.

6. El género. Hemos dejado para el final este último elemento que consideramos fundamental para entender lo que llamamos el fenómeno caravanas. Sabemos de la importancia de la mujer en la sociedad agraria tradicional. Hombres y mujeres, a través de una clara división del trabajo y de una bien marcada separación de roles funcionaban de forma complementaria, que no igualitaria: la sociedad agraria ha sido fundamentalmente patriarcal y reservaba a las mujeres un papel secundario, silenciado aunque funcionalmente esencial. Lo hemos visto claramente en el matrimonio de Cecilia y Jesús, también en el de Aymée y su difunta esposa, en la ficción de Montbouchard. No es extraño que en el momento en que se produjo la transformación de los modelos culturales, que trajo consigo la incorporación de las mujeres a la enseñanza secundaria y superior o al trabajo extradoméstico lejos de las zonas rurales, éstas decidieran no volver y contribuyeran de forma dramática a la despoblación de las comunidades campesinas. Mientras tanto, la resistencia masculina al cambio, más patente en el ámbito rural que en el urbano, ha contribuido a conservar una imagen de lo que debería representar una mujer de carácter tradicional que ha contribuido a abrir una brecha, entre los hombres solteros y las pocas mujeres que todavía viven en los pueblos, que se alimenta, además, por la poca capacidad de elección -en términos de mercado matrimonial- que presentan este tipo de sociedades-en los inicios de películas y documentales las cámaras nos sitúan siempre en lugares muy bellos, pero alejados e inhóspitos-. Una caravana de mujeres representa, en principio, la llegada de mujeres que eventualmente representan para estos hombres un modelo de ensueño: dispuestas para ellos y su comunidad. Para ellas se trataría de re-situar sus circunstancias de vida y de replantear su inicial proyecto migratorio probando una nueva vida ocupando aquellos lugares sobre los cuales las mujeres del territorio han objetado.

En este artículo hemos presentado la panorámica que se dibuja a partir del análisis somero del fenómeno de las caravanas de mujeres. En el tintero nos dejamos, para una investigación en curso, otros temas relacionados que seguramente nos aportarán más luz para su comprensión: la repoblación, la comunidad, el desarrollo local a través de los procesos de terciarización, la conversión en sociedades de TIC, etc. Solo nos queda subrayar que las caravanas de mujeres, tras su aparente disposición accidental o secundaria y más allá de un primer juicio de valor que tiende a tildar el fenómeno de grotesco o machista -recordemos cómo la periodista francesa la califica de “feria de mujeres”-, nos aportan información muy valiosa acerca de lo que está ocurriendo en la actualidad en determinadas zonas rurales (4).

 


 

Notas

El interés por este tema se gestó mientras la autora participaba de la investigación titulada Amor importado, migrantes por amor: la constitución de parejas entre españoles y mujeres de América Latina y de Europa del Este en el marco de la transformación actual del sistema de género en España, dirigido por el Dr. Jordi Roca i Girona y financiado por el Ministerio de Asuntos Sociales a través del Instituto de la Mujer.

1. Este apartado, al carecer de documentación audiovisual que hubiera permitido tener datos homogéneos con el resto de apartados, se ha redactado teniendo en cuenta distintas informaciones periodísticas que se hicieron eco del acontecimiento durante y posteriormente. Concretamente en:
http://www.elpais.com/articulo/espana/HUESCA/Caravana/mujeres

http://www.elmundo.es/cronica/2005/483/1105830002.html

2. Más información en:
http://www.caravanasdemujeres.com

3. El reportaje puede verse en la siguiente dirección:
http://www.youtube.com/watch?v=1CQ3J1UJTfc

4. Al cierre de este artículo se emite un programa de televisión en el canal Cuatro titulado Granjero busca esposa que nos presenta, de forma un tanto exhibicionista, superficial, y si se me permite burlesca, esta misma problemática que analizamos aquí. De momento no tengo elementos suficientes para interpretar posibles significados, como tampoco sé si es posible pensar que esto es una forma de hacer emerger este asunto a la luz. Sin duda tendrá que ser para la investigación en curso, otro elemento a tener en cuenta.

 


 

Filmografía citada

Bollaín, I.
1999 Flores de otro mundo.

Mergault, I.
2006 Je vous trouve très beau (Eres muy guapo).

Ritchie, A.
2000 The closer you get (De profesión solteros).

Van Kester, M. (y otros)
1984 ¿Por qué se van?

Wellman, W.
1951 Westward the women (Caravana de mujeres).

 


 

Bibliografía citada

Bourdieu, Pierre
2004 El baile de los solteros. Barcelona, Anagrama.

Roca i Girona, Jordi
2007 “Migrantes por amor. La búsqueda y formación de parejas transnacionales” Aibr. Revista de Antropología Iberoamericana, 2(3): 430-458.

Soronellas, Montserrat
Políticas locales, género y desarrollo. El impacto de las mujeres en el desarrollo local. Inédito.

Zonabend, Françoise
1981. “Le très proche et le très pas loin. Réflexions sur l’organisation du champ matrimonial des sociétés à structures de parenté complexes”, Ethnologie Française, XI, 4: 311-318.


Gazeta de Antropología