Gazeta de Antropología, 2007, 23, artículo 08 · http://hdl.handle.net/10481/6990 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 6 febrero 2007    |    Aceptado 29 marzo 2007    |    Publicado 2007-05
La inmigración ignorada: Romá / gitanos de Europa oriental en España, 1991-2006
The unknown immigration: Roma / Gypsies from Central and Eastern Europe in Spain, 1991-2006



RESUMEN
Los romá o gitanos constituyen la minoría étnica más numerosa, más pobre y con mayor crecimiento de todas las que viven en la Unión Europea, especialmente en los países de reciente incorporación. En este artículo estudiamos el carácter de la inmigración romá/gitana de Europa oriental a España y los perííodos analííticamente distintos de este proceso migratorio. Nos hemos basado en una revisión de noticias publicadas en la prensa escrita utilizando la metodologíía de análisis de eventos históricos tal como ha sido desarrollada por historiadores de la accióón colectiva (ver Franzosi 1995; Olzak 1992). También, a partir de los datosde una investigación etnográfica en curso, describimos y analizamos la situacióón de los inmigrantes romá de Rumania en España atendiendo sobre todo a la organización social de sus comunidades o asentamientos, sus estrategias de búsqueda de recursos y las diferencias cruciales con las otras poblaciones de emigrantes. Esta emigracióón estáá generando también, sobre todo en las nuevas generaciones criadas en España, una nueva identidad donde convergen, se entrelazan y entran en conflicto varias influencias nacionales, étnico-culturales y morales y, en suma, una nueva forma de ser "gitanos" y romá en España que, por primera vez en siglos, se expresa en romaní y se diferencia notablemente de la cultura gitana española.

ABSTRACT
In Spain, as in other European countries, there is a type of immigration that politicians and researchers have dismissed in spite of its visibility and its long-standing presence: that of Roma/Gypsies from Central and Eastern Europe, especially Romania, who have been living here since 1991. Although their number is not as important as that of Moroccans or South Americans, they presence creates a series of challenges against which there is little policy experience, nor trained personnel, not even culturally and linguistically capable intermediaries. Moreover, the Roma/Gypsies tend to be one of the migrant communities that cause the greatest rejection and prejudice among their neighbors. The Roma/Sinti/Gypsies are the largest, poorest and fastest-growing ethnic minority in the European Union -specially within recently adhered countries. In this paper we have established the patterns of Roma/Gypsy migration to Spain from Eastern Europe since 1990, and the main periods of this process. We have relied on a review of news in the printed press, using methods of historical event analysis, as have been developed by historians of collective action (see Franzosi 1995; Olzak 1992). Moreover, based on data from an on-going ethnographic research project, we describe and analyze the situation of Romanian Roma immigrants in Spain, highlighting the social organization of their settlements and communities, their strategies for securing resources, and their crucial differences from other immigrant populations such as Moroccans, South Americans, and even non-Roma Romanians. This emigration is also creating, especially among the newer generations being raised in Spain, a new identity where various national, moral and cultural influences clash, interact and mix. Thus we are contemplating the appearance of a new Roma/Gypsy culture in Spain that speaks Romani and contrast notably with local Gitano (Spanish Gypsy) life ways.

PALABRAS CLAVE
etnicidad | romá | culturas romaníes | gitanos | antropología de la emigración | análisis de acontecimientos históricos
KEYWORDS
ethnicity | Romani cultures | Gypsies | anthropology of migration | historical event analysis


1. Introducción

En España, como en otros países de Europa, hay un tipo de inmigración que los políticos y los estudiosos han soslayado a pesar de su visibilidad y su ya dilatada presencia: la de los romá/gitanos procedentes de Europa central y oriental, sobre todo de Rumanía, que llevan más de una década viviendo de forma creciente en este país.

Los romá, sinti y gitanos constituyen un tronco étnico, un “archipiélago de grupos” emparentados y con cierto “aire de familia”, que cuenta con representantes en casi todos los países de Occidente y para los que hay apelativos, exónimos y generalmente despreciativos, en todas las lenguas: gypsies, rom, zigeuner, gitanes, tsiganes, manouches, sinti, cigány, tigane, etc. (ver Okely 1983, Sutherland 1985, Fraser 1992a, Crowe 1994, Stewart 1997, Pasqualino 1998). Sin embargo, a pesar de tener antepasados comunes en una remota migración india a Occidente, todas las poblaciones romá o gitanas del mundo han sufrido una marcada transformación por su contacto con los pueblos con los que han convivido y con los que se han ido mezclando. Por esto puede hablarse de un mosaico de grupos romaníes que muestran “una inmensa gama de variación étnica” (Acton 1979: 231) y una diversidad de formas de inserción sociolaboral.

En Europa occidental y en América, los grupos gitanos provienen de dos grandes oleadas migratorias, provocadas por una combinación de procesos de persecución, expulsión y atracción en diversas zonas del continente Euroasiático. La primera, que comenzó a principios del siglo XV, seguramente provocada por la presión turca sobre las zonas europeas del imperio bizantino, terminó al inicio de la siguiente centuria con el endurecimiento de las medidas contra la presencia y la movilidad de los gitanos en los emergentes estados de Suiza, España, Francia, Inglaterra, etc. (Piasere 2004). De esta primera oleada provienen las principales poblaciones gitanas “nacionales”, es decir, asentadas y asociadas con países concretos, como los calé españoles, los ciganos portugueses, los romanichels ingleses y los manouches franceses o los sintialemanes e italianos (Fraser 1992a ).

La segunda oleada migratoria se produjo en la segunda mitad del siglo XIX y concierne a grupos romáde ascendencia Vlax o valaca, que emigraron desde Hungría y los Balcanes, en parte siguiendo los mismos procesos migratorios que otros habitantes de esas zonas, por ejemplo, a Norteamérica (Fraser 1992b). Es también probable que esta segunda oleada migratoria se viera reforzada por el final de la esclavitud rom en Moldavia y Valaquia y, en cualquier caso, llevó a una diáspora de romá por todos los países de Occidente. La segunda guerra mundial y, sobre todo, la terrible persecución y holocausto nazi pondrán fin a este éxodo gitano y redujeron la presencia y la movilidad de los romá en Europa (Barany 2002).

Desde 1990 asistimos a la tercera gran oleada migratoria gitana hacia Occidente. Grupos romaníes de Rumania, Eslovaquia, Bulgaria, Bosnia, Kosovo, Macedonia, etc., llegan a Alemania, Suiza o Austria y se establecen allí o siguen camino hacia Francia, Italia, España, Inglaterra y varios países de América. En este período tras el final de la Guerra Fría, la inmigración romá se ha vivido por primera vez en nuestro siglo como un decisivo problema político internacional, concerniendo sobre todo a la integración europea (Guy, Uherek y Winerova 2004; Czech Academy of Sciences 1999).

La emigración romá/gitana de Europa oriental se ha configurado como un tema de especial relevancia internacional al final de la Guerra Fría y la caída de los regímenes de economía comandada del centro y este de Europa. Es llamativo que sólo en la última década haya inquietado a las organizaciones internacionales, como si antes no existieran gitanos o romá en el este. “Desde 1993 el tema romaní ha estado en el corazón del trabajo del Consejo de Europa para el comité europeo sobre migraciones” (Klimová 2004: 11). Un elemento de creciente importancia es el tamaño de estas poblaciones y el peso correspondiente de sus migraciones. Si “los saltos migratorios hacia occidente han sido un rasgo recurrente en la historia de los romá”, algo ha cambiado desde la Segunda Guerra Mundial y es que, a pesar del Holocausto gitano, “las migraciones romaníes involucraban cada vez a un número mayor de personas” (Klimová 2004: 11). Hasta tal punto esto es así que esta tercera oleada de emigrantes gitanos procedentes de Eslovaquia, Bulgaria, Serbia, Kosovo o Rumania se percibe como una avalancha masiva en la que las metáforas de “inundación” o “invasión” despiertan temores recurrentes y provocan reacciones desmedidas, aunque también promueven un interés por los gitanos orientales del que no gozaron nunca antes. Ahora la “estabilización” de los romá en estos países, es decir, la mejora de sus condiciones de vida y su integración en las comunidades locales se ha convertido en un tema estratégico no sólo para sus gobiernos, sino para toda la Unión Europea. Estamos entrando en una nueva época en relación a los grupos romaníes de Europa y su conformación de minorías étnicas en países de Europa occidental que, como España, tienen ya importantes minorías autóctonas.

Los romá/sinti/gitanos constituyen la minoría más numerosa, más pobre y con un mayor crecimiento de todas las que viven en la Unión Europea (1) (Holt 2005). Sólo en Rumanía, Bulgaria y Eslovaquia se calcula que viven cerca de tres millones de romá/gitanos. Y recordemos que en la Europa del este, los principales perdedores del proceso de democratización han sido los romá o gitanos. De hecho “para la inmensa mayoría de los gitanos, el cambio de régimen ha significado un deterioro en sus oportunidades de empleo, un desplome de sus condiciones de vida y una creciente animosidad por parte de sus vecinos que ha llevado a un mayor aislamiento social” (Barany 2002: 17). Una gran parte se ha quedado sin empleo, sus niveles educacionales, ya bajos, se han reducido y su situación general se ha agravado (Crowe 1999; Zoon 2001a, 2001b). Se aprecia por tanto una cierta nostalgia de la vida que llevaban bajo el régimen comunista, cuando “muchos romá se acostumbraron a la protección del estado paternalista y en la nueva Europa oriental no fueron capaces de adaptarse a los inmisericordes mecanismos del mercado” (Barany 2002: 201).

 

Inmigrantes romá en España

En España hay evidencias de una creciente presencia de romá o gitanos orientales desde 1991. Pero apenas se les considera como un grupo relevante y rara vez se atiende a su tradición cultural o a sus motivos para emigrar, o se intenta conocer sus redes familiares y vecinales, saber de dónde vienen y cuáles son sus intereses, sus capacidades y sus posibilidades de integración en la sociedad de acogida. De hecho, muchas de las descripciones de los grupos de “gitanos rumanos” que se escuchan y se leen hoy en los medios de comunicación recuerdan aquellas que describían a los primeros grupos de “egiptanos” que fueron llegando a la Europa en el siglo XV y que apreciaban en estos grupos de “peregrinos” una mezcla de magos, ladrones y embaucadores (Piasere 2004, Fraser 1992a, Leblon 1985).

En España la inmigración extranjera, tras crecer paulatinamente, se ha disparado en la última década. Y en la intensa preocupación e investigación que despierta la emigración (ver Martínez Veiga 1997, 2004; Zapata 2000; Checa y Soriano 1999; Izquierdo 1996) no se considera a los romá uno de los grupos inmigrantes de importancia. Aunque su número no sea tan importante como el de los inmigrantes magrebíes o el de los suramericanos, su presencia plantea desafíos para los que no hay experiencia ni personal formado ni siquiera intermediarios capacitados lingüística o culturalmente.

Varios de estos desafíos se han puesto de manifiesto de forma escandalosa en relación a algunos desalojos colectivos de asentamientos romá, lo que no ha llevado a un proceso de estudio, reflexión y preparación para la intervención. Y se trata, en cualquier caso, de un grupo creciente de usuarios y usuarias de los servicios públicos españoles, desde maternidades y centros de salud a colegios, servicios sociales, etc.

Por otro lado, los romá suelen ser una de las poblaciones inmigrantes que provoca un mayor rechazo y prejuicio entre sus vecinos. Si la importancia y el volumen de la inmigración son temas fácilmente manipulables y casi siempre distorsionados, en el caso de los romá la impresión de una presencia numerosa suele agravarse por su especial visibilidad y el rechazo que provocan algunas de sus estrategias culturales de adaptación y supervivencia.

 

2. Objetivos

En este artículo, a partir de los datosde una investigación en curso, repasaremos de forma somera y descriptiva la situación presente de los inmigrantes romá de Rumania en España atendiendo sobre todo a:

- El origen y carácter de esta inmigración.
- Los períodos analíticamente distintos de este proceso y su dispersión por España.
- Las organización social de las comunidades o asentamientos romá.
- Las estrategias de búsqueda de recursos y los principales empleos y ocupaciones.
- Las diferencias más fundamentales con las otras poblaciones de emigrantes.
- La importancia de un patrón específico de migración familiar y reproductivo.
- En relación a esa “emigración familiar” la capacidad para reproducir un modo de vida y una cultura propia en las condiciones más adversas.

 

3. Métodos y fuentes de información

Hemos utilizado una combinación de fuentes de datos con un enfoque multidisciplinar, guiados por el trabajo de campo antropológico con familias y grupos romá que residen en Andalucía y, en menor medida, en Madrid.

Estamos realizando una investigación etnográfica, que dura ya más de dos años, utilizando métodos de observación participante, conviviendo diariamente con una red familiar de romá que viven en Granada y que tienen familiares en zonas de Almería, Jaén y Málaga (Beluschi 2005; Gamella 2006). Hemos también realizado varios sondeos y una pequeña campaña etnográfica en asentamientos romá de Madrid. Además de la observación participante, este método incluye métodos de entrevista semiestructurada y de análisis de redes familiares y sociales que hemos utilizado para establecer las tendencias y procesos migratorios en curso. El trabajo está aún por terminar.

Así mismo, hemos contactado con diversos expertos públicos y privados que podían tener conocimiento y contacto con grupos romaníes de Europa oriental, tanto en municipios, las ONG, centros sanitarios (por ejemplo en servicios de maternidad), tratando de sistematizar el conocimiento que derivaba del contacto con personas y familias “gitanas” de Rumania. Hemos revisado los expedientes sobre familias “gitanas rumanas” que se atendieron en Madrid en los años 2000 a 2002 en varios organismos de la Comunidad Autónoma.

Por otra parte, hemos realizado una revisión de noticias publicadas en la prensa escrita utilizando la metodología de análisis de eventos históricos tal como ha sido desarrollada por historiadores de la acción colectiva en el estudio de huelgas, conflictos raciales, protestas sociales e intentonas revolucionarias a lo largo de un período prolongado (ver Franzosi 1995; Olzak 1992; Tilly, Tilly, y Tilly 1975). No existe otra fuente de información que ofrezca semejante cobertura de sucesos a lo largo del tiempo que la que hoy ofrecen las publicaciones periódicas que pueden consultarse en hemerotecas y, crecientemente, en internet. Naturalmente, como indica Roberto Franzosi, uno de los grandes investigadores en este campo, la validez de la información de prensa es cuestionable; los periódicos difieren ampliamente en sus prácticas informativas y en su cobertura de las noticias (1987: 6). Pero el tipo de sesgo más probable en los medios de comunicación de masas se nutre más del silencio y del énfasis que de la información directamente falsa (Franzosi 1987: 7). O sea, lo que callan y lo que resaltan es la fuente mayor de sesgo y manipulación en cuanto a las acciones colectivas. Además, es obvio que la agenda visible y oculta de cada medio de comunicación y de todos los dominantes en general, y los valores, rutinas y convenciones de las organizaciones noticiosas limitan el espacio y la naturaleza de la cobertura de cada historia (Kielbowicz y Scherer 1986). Por eso en esta metodología se presta especial atención a la información sobre las circunstancias objetivas de los hechos narrados más que al análisis de los contenidos y las representaciones que revelan (Olzak 1994: 206).

Para limitar estos inconvenientes, hemos contrastado los índices de diversos diarios nacionales, como El Paísy El Mundo, desde 1990 a junio de 2006, así como las referencias a “gitanos rumanos” en Internet. En total hemos repasado más de 3.000 noticias y establecido 634 episodios e informaciones diferentes sobre inmigrantes rom en España, que nos ofrecen una gran riqueza de datos sobre la evolución de la inmigración romaní a España.

 

4. Aspectos de la inmigración romá en España

Origen: Comunidades de procedencia: Inmigración romá rumana

Los gitanos/romá de Europa oriental que se han venido estableciendo en España desde 1991 proceden casi todos de Rumania. Esa es la identidad principal con la que son catalogados oficialmente, la que figura en sus pasaportes y documentos de identidad y la que les concede los principales derechos de circulación por territorios europeos. Hemos encontrado “gitanos rumanos” procedentes de aldeas, pueblos y ciudades próximas a Timisoara, Craiova, Tandarei, Tamna, Cluj-Napoca y Bucarest. Las regiones principales de las que provienen son por tanto, Transilvania, el Banato, Oltenia, Valaquia, etc. (2).

Mapa de Rumania

Es importante, en consecuencia, situar la migración romá en el contexto del gran flujo de emigración rumana a España, cuyo crecimiento, sobre todo desde el año 2002, ha sido tan rápido como sorprendente. En la tabla 1 puede apreciarse que, entre 1998 y 2004, el número de permisos de residencia concedidos a ciudadanos y ciudadanas rumanas se multiplicó por cuarenta. Estos datos, a pesar de su parcialidad, son claros indicadores de las tendencias en juego. Véase que sólo los ciudadanos de Ecuador pueden compararse con el salto cualitativo de la presencia rumana en España. En 2005 y 2006 esta tendencia ha seguido incrementándose, una tendencia que seguramente seguirá en ascenso en los próximos años, ahora que Rumanía forma ya parte de la Unión Europea.

Tabla 1. Residentes legales en España en diciembre 2004. Permisos legales de residencia concedidos por nacionalidad. Tres nacionalidades y total
  Rumania Ecuador Marruecos TOTAL
1995 1.208 1.963 74.886 499.773
1998 3.543 2.913 77.189 719.647
1999 5.082 4.112 111.100 801.329
1996 1.386 7.046 140.896 538.984
1997 2.385 12.933 161.870 609.813
2000 10.983 30.878 199.782 895.720
2001 24.856 84.699 234.937 1.109.060
2002 33.705 115.301 282.432 1.324.001
2003 54.688 174.289 333.770 1.647.011
2004 83.394 221.606 389.847 1.981.933
Fuente: www.ine.es

En este sentido cabe plantearse si los romá se comportan como los otros rumanos en sus trayectorias migratorios, si sus proyectos se pueden considerar una variación de proyectos “rumanos” o verdaderamente representan una forma diferente de aprovechar las oportunidades que se ha abierto tras el cambio de régimen de 1989.

 

4.1. Etapas en la emigración romá a España

Tras la caída del régimen de Ceaucescu se produjo una ola de emigración de romá rumanos hacia Alemania y Austria primero y hacia Inglaterra, Francia, Italia y la península Ibérica, después. En España hay evidencias de la presencia de familias romá rumanas ya en los años 1991 y 1992, Desde entonces, distinguimos cuatro etapas relativamente diferenciadas en la inmigración romá a España.

 

Primera etapa: 1991-1994. Avanzadilla de “refugiados políticos”

En esta primera fase, los patrones de llegada, asentamiento y explotación de recursos se basan en la existencia de pequeños grupos familiares relativamente aislados, que llegaban a España tras estancias en otros países de Europa occidental. Se trata de una emigración clandestina que utiliza canales ilícitos de transporte y ocultación, por ejemplo en camiones TIR, y que parece ser una derivación o “goteo” del gran movimiento de población que se había desbordado sobre Austria y Alemania.

Su presencia es juzgada a través de intensos prejuicios que se atribuyen a sus peleas internas, su pobreza y su especial acomodación a la sociedad huésped en la que es frecuente la mendicidad que, unida a su especial vestimenta y presentación de sí mismos, les hace, sobre todo a las mujeres, especialmente vulnerables al rechazo y el desprecio mayoritario. Para conseguir permisos de residencia, en este período se juega la baza de presentarse como refugiados políticos.

Algunos casos aislados denotan una forma de adaptación e inserción marginal. La mendicidad es una forma muy visible y común de obtención de recursos. A menudo se realiza con niños, cuya presencia es muy llamativa y define en gran medida a esta población.

En estos años, España aparece como un destino atractivo, un país en expansión económica, hospitalario y relativamente benigno para los transeúntes y refugiados. La Exposición Universal de Sevilla y las olimpiadas de Barcelona en 1992 sirvieron de señuelo y parecían prometer extraordinarias oportunidades de negocio y beneficio. Esta realidad se aprecia en nuestra revisión de la prensa escrita. Así, La primera noticia que hemos encontrado en nuestro repaso de prensa sobre “gitanos rumanos” en España concierne a una romí procedente de Timisoara, que en julio de 1992 abortó en plena calle, tras ser golpeada por otros “gitanos” que le exigían el pago de una deuda por haberla transportado clandestinamente desde Alemania. Sus perseguidores le amenazaron con llevarse a su hijo, de tres años, y golpearon brutalmente a su marido. Al final les quitaron su furgoneta. Las autoridades y los propios periodistas les identificaroncomo gitanos por su indumentaria y por unos supuestos “rasgos” faciales y corporales que les caracterizarían (ver El País, Madrid, 31 de julio de 1992).

Entre otras, al año siguiente descubrimos la noticia de una “niña rumana de seis años que mendigaba sola por la noche” en una céntrica calle de Madrid. Poco después la policía encontró a los padres y a otros dos hijos de la pareja, que vivían en una furgoneta y habían solicitado asilo como refugiados políticos (El País, Madrid, 5 de agosto de 1993).

Las noticias de este período muestran la desesperada situación en la que vivían muchos de estos emigrantes, la explotación a que se veían sometidos por “traficantes de personas” que no respetaban barreras étnicas. También es evidente el cúmulo de prejuicios a través del cual se percibe la presencia y naturaleza de estas personas. “Roba niños”, “mafiosos”, “violentos” son rótulos que les caen encima ya desde este primer caso, así como una casi animalizada descripción de mujeres que abortan en la calle y parecen no prestar atención ni mostrar dolor, pena o sufrimiento.

 

Segunda etapa: 1994-1998. Asentamientos colectivos

En la segunda fase se aprecia un claro aumento de la presencia romá en España que, además de dispersarse por el tejido urbano en pequeños grupos familiares, forman asentamientos colectivos en la periferia de las ciudades o en espacios degradados del centro urbano. Los precarios campamentos dan una nueva dimensión de esta emigración que empieza a verse como problema social.

En este período se imponen condiciones más exigentes y se restringen enormemente las concesiones de asilo y refugio. El cambio se justifica tanto por la avalancha de solicitudes como por el cambio político producido en Rumania, donde las condiciones de vida siguen siendo muy difíciles, pero existe un gobierno con cierta legitimidad democrática. Las restricciones a la concesión de refugio y asilo hacen disminuir rápidamente el número de solicitantes. De unas 12.000 demandas anuales entre 1992 y 1994 se pasa en 1995 a unas 5.000. Con todo, a finales de ese año los gitanos rumanos encabezaban la lista de peticionarios de asilo; sumaban 620 peticiones en los seis primeros meses; pero casi todas fueron denegadas (J. Duva, El País, 26 de diciembre de 1995). En 1997, todavía las solicitudes de asilo político de “gitanos rumanos” superaban el 40 por ciento del total de peticiones (Comisión Española de Ayuda al Refugiado, datos recogidos en El País, 16 de agosto de 1998).

Institucionalmente, la respuesta a los emigrantes del este se torna más exigente, y cuidadosa, lo que se corresponde con la creciente preocupación de la Unión Europea por la integración de los PECES, los Países de Europa central y oriental, casi todos los cuales cuentan con importantes minorías romá/gitanas (Barany 2002).

En el verano de 1994 se aprecia un cambio en los patrones de acomodación de inmigrantes romá al territorio español. Aparecen los primeros asentamientos colectivos importantes y estables. El primero del que tenemos noticia está situado en un descampado del norte de Madrid, junto a un vertedero. Unas 100 personas, pertenecientes a 20 familias “rumanas” que han solicitado asilo político, viven en tiendas de campaña y en furgonetas en un descampado de Fuencarral, un distrito en la periferia norte de Madrid. No tienen letrinas ni agua corriente y suelen dispersarse durante el día en busca de dinero, comida y recursos. La mayoría de las familias provienen de la región de Timisoara, en Transilvania. En ellas hay numerosos menores y algunos bebés. Varios médicos, enfermeras y voluntarios de la Cruz Roja de los pueblos vecinos acuden al poblado para llevar ropas, alimentos y medicinas. Los habitantes, de lo que se conoce ya como “la caravana rumana”, se mudan varias veces, dispersándose y concentrándose de nuevo según aumenta la presión policial. Hay períodos en que se les pierde la pista (El País, Madrid, 19 de enero de 1995).

A partir de entonces, el proceso se repite y se consolida en otros lugares. Así, por ejemplo, en julio de 1995 unas 30 familias gitanas procedentes de Craiova, se aposentan en las ruinas de un antiguo matadero de pollos situado en las afueras del pueblo de Rivas-Vaciamadrid, a unos 15 kilómetros de Madrid, y lo convierten en un campamento estable. “Casi la mitad son niños” y las mujeres van “ataviadas muchas de ellas como zíngaras, con faldas de colores y pañolones a la cabeza” (Begoña Aguirre, El País, 21 de agosto de 1995). Recurriendo las denegaciones de asilo político y desplazándose de un lugar a otro, la mayoría evitarán la expulsión del país. A pesar de sus malas condiciones higiénicas y sanitarias, el campamento se convertirá en lugar de encuentro y referencia para numerosos viajeros romá que llegan de Rumania, Alemania, Italia y Francia. Mas de 300 personas llegarán a vivir allí con cierta regularidad, sobre todo en verano, entrando y saliendo del campamento. El asentamiento superará reyertas internas con heridos graves, varios intentos de desalojo, enfrentamientos con la policía y los vecinos de los pueblos cercanos. En marzo de 1998 las autoridades locales, de partidos de izquierda, consiguieron el permiso de derribo y que se marcharan todos los habitantes del matadero tras pagar unas 20.000 pesetas (unos 150,00 euros) por persona en concepto de gastos de viaje. Esta decisión fue muy debatida políticamente.

En cualquier caso, los asentamientos populosos y estables de romá se habían convertido ya en una realidad española. Hacía siglos que no existían comunidades completas de romaní parlantes en la península tan numerosas, independientes y formadas por ciudadanos extranjeros. En poco tiempo, estos asentamientos se tornarán una preocupación para ayuntamientos y autoridades regionales en toda España.

 

Tercera etapa: 1999-2001. Expulsión y problematización

A partir de 1999, el impacto sociopolítico de la inmigración romá en España da un salto cualitativo; el desalojo forzoso de varios asentamientos provoca intensos enfrentamientos entre gobiernos locales y nacionales y la oposición. El caso de mayor relevancia ocurrió en Madrid, en 1999, de nuevo en el distrito de Fuencarral, en la periferia Norte donde se había formado un campamento muy precario de furgonetas, chabolas y tiendas de campaña donde vivían de forma intermitente más de 400 “gitanos rumanos” en un descampado cercano a zonas industriales y residenciales de importancia. Varias familias llevaban años viviendo allí y muchas otras utilizaban el asentamiento, que tenía más de un kilómetro de extensión, como lugar de encuentro y reposo y como base de operaciones. Este campamento seguramente derivaba de los otros que se habían ido creando y abandonando en esta zona de descampados en el Norte Madrid, junto a las grandes vías de comunicación con el Norte. A principios de 1999 llegan a juntarse allí unas 100 unidades domésticas que subsisten con la mendicidad, la limpieza de coches y la venta de diarios “sociales” para indigentes, como La Farola o La Calle. Casi 500 personas se cobijan en furgonetas y tiendas de campaña, rodeadas de basuras y escombros, compartiendo una sola fuente de agua y sin letrinas o baños (Begoña Aguirre, El País. Madrid. 17 de febrero de 1999).

El factor desencadenante fue una denuncia de UNICEF sobre la situación de miseria, abandono y riesgo de los 170 menores del asentamiento. Se exigió la escolarización inmediata de los niños y el seguimiento sanitario de los más de 20 bebés, la mayoría nacidos en España (Begoña Aguirre, El País. Madrid. 18 de febrero de 1999). Enseguida intervino el Defensor del Menor y acudieron los medios de comunicación, incluida la televisión (T. Escárraga, El País. Madrid, 23 de febrero de 1999). La situación se agravó sólo unos días después, cuando un niño de dos años muere abrasado al arder la tienda de lona donde dormía con su madre y su hermano, un bebé de dos meses, que sufrió quemaduras en las manos (L. Durán y B. Aguirre, El País: 11 de marzo de 1999). Esta tragedia elevó el tono de la polémica institucional y política. Ahora ya hay acusaciones directas de responsabilidad para las autoridades municipales, autonómicas y nacionales, todas, en ese momento, del Partido Popular, el partido conservador. Las administraciones reaccionaron con un programa de escolarización infantil y la instalación de letrinas, duchas y recogida de basuras. Con la llegada del verano y las vacaciones escolares, agobiada, por las presiones divergentes, la Delegación del Gobierno expulsó a los residentes que quedaban en el poblado y lo limpió.

La tragedia, de nuevo, añadió dimensiones imprevistas a las decisiones de la administración. A las pocas horas de ser expulsados, otro niño de cinco años murió aplastado por las ruedas de un camión mientras jugaba en el aparcamiento de una gasolinera donde se habían parado las furgonetas en las que se desplazaba su familia. El caso dejó al descubierto la desesperada situación de las familias y la inoperancia de un método de resolución que desplazaba el problema sin resolverlo. En las semanas siguientes, los expulsados de Fuencarral acamparon en varios parques de zonas residenciales de la ciudad. Las autoridades se vieron obligadas a intervenir y buscaron un nuevo hogar para estas familias: una escuela abandonada por la caída de activos que resultaba de la baja natalidad española. Todo un símbolo del porvenir. Los problemas no concernían ya al un aumento de la presencia de los “gitanos rumanos” y sus campamentos, sino a las repuestas de las administraciones públicas implicadas en el caso . A las denuncias de la oposición municipal se suman las autonómicas e incluso las críticas al Gobierno, que obligan a intervenir al Ministro del Interior.

El proceso de “descubrimiento” de este nuevo “chabolismo” -frente al “viejo” chabolismo de los gitanos españoles–de estos nuevos “parias” y su conversión en problema político se repite en otras regiones y ciudades, por ejemplo en Novelda, Alicante, en abril de 2001; en Berriz (Vizcaya) en junio de 2001 en el solar de Agurrelanda en Vitoria (Álava) en agosto de 2001, etc. Se ha generado un problema social desconocido por la necesidad de acabar con esos asentamientos chabolistas cuya persistencia no puede tolerarse, como se hizo con los asentamientos de gitanos españoles durante décadas, pues presentan circunstancias nuevas: son extranjeros a menudo en situación ilegal, acogen multitud de niños e incluso bebés en condiciones también ilegales y se sitúan en lugares de la geografía urbana que resultan intolerables para las autoridades municipales. Y es que no ocupan sólo la periferia abandonada y degradada, sino, a menudo, lugares céntricos o con usos ya establecidos y muy visibles.

A partir del año 2001, con la entrada en vigor de la nueva Ley de Extranjería se endurecen las condiciones de acogida y las exigencias para permitir la residencia de inmigrantes. Esto repercutió en el trato que se daría a los asentamientos romaníes más visibles. En este período se optó recurrentemente por la expulsión policial de los asentamientos y su destrucción inmediata, seguida del expediente para la expulsión del país de los residentes “sin papeles”. Pero la expulsión de familias enteras, sobre todo cuando incluyen menores, es larga y compleja. Y el problema no se resuelve ni se disuelve. Sólo se desplaza y vuelve a surgir en otro lugar, mientras sigue aumentando la atracción que la situación española ejerce sobre muchos habitantes de Europa oriental.

 

Cuarta etapa: 2002-2006. Masificación y dispersión territorial

El año 2002 marcó un cambio en la posición internacional de Rumania en Europa; los rumanos pueden, a partir deentonces, circular con libertad en el Espacio Schengen. Desde entonces se ha producido un aumento rápido de los desplazamientos de ciudadanos rumanos a España. Este proceso no es necesariamente lineal, sino que han aumentado también los retornos y las trayectorias migratorias que cobran un carácter más fluido y circular (Sandu et al. 2004: 21). Esto ha afectado también a los “gitanos” rumanos.

Hasta 2002, los acuerdos bilaterales entre los dos países “se concentraban en el problema de la readmisión de los ciudadanos rumanos que España quería repatriar. A partir del 2002, se firma el primer acuerdo bilateral, y aumenta el número de trabajadores legales, convirtiéndose España en el segundo receptor de trabajadores rumanos en situación legal, tras Alemania” (Sandu et al. 2004: 21).

Los problemas con campamentos de rumanos se extienden por más ciudades, cuyas autoridades, ahora cubriendo todo el espectro político, recurren a tácticas de expulsión, desplazamiento y destrucción de los asentamientos. Esto ocurre, por ejemplo, con las 53 chabolas que son derruidas en el Puente del Patrocinio de Sevilla en enero de 2003; o con la expulsión de un grupo de 50 personas de la finca de la Gran Vía de Valencia en noviembre de 2003; el desalojo de los “gitanos rumanos” acampados en Montoro (Córdoba) en febrero de ese mismo año; o la de agosto de 2004 en el Cortijo Los Ciegos de la ciudad de Córdoba, repetida meses después con el grupo asentado en la fábrica ABB de la misma capital, etc.

En cuatro años, las personas originarias de Rumanía se han convertido en la población de europeos más importante de España y la que más crece. Hay grandes asentamientos de rumanos en bastantes provincias, incluyendo Madrid, Valencia, Barcelona, Castellón, etc. Y en esas zonas también es notable la presencia gitana rumana, que va estableciéndose en barrios baratos, en viviendas de alquileres bajos, o en zonas de infravivienda o de autoconstrucción que, curiosamente, han sido tradicionalmente hogar de calés, de gitanos españoles. Así, son muchos los barrios de las periferias urbanas, más o menos degradados en los que hoy conviven estas dos minorías lejanamente emparentadas y, sin embargo, hoy tan diferentes. Desde el Polígono de Almanjáyar-Cartuja en Granada, la Cañada Galiana en Madrid, o Sant Roc en Badalona, etc.

No parece exagerado pensar que los inmigrantes romá en España pueden en este período contarse por miles, y su distribución sigue patrones semejantes al resto de la población rumana en cuanto a las regiones y provincias donde se establece, que suelen ser aquellas más pobladas yactivas económicamente. Pero sus estrategias familiares y socioeconómicas son muy diferentes y suponen un desafío mucho mayor para la integración y la atención social.

 

4.2. Caracterización de los grupos romá inmigrados

Varias formas de categorización convergen sobre esta población y confunden cualquier intento de establecer un sistema identitario coherente y exhaustivo. Desde fuera, la mayoría de los españoles tiende a ver a los “gitanos rumanos” un tipo especial de gitanos o de rumanos y, en cualquier caso, doblemente sospechosos, como extranjeros y como gitanos. Las diferencias entre ellos resultan poco importantes; lo que vale para un grupo vale para todos. Pero si se intenta penetrar en las categorizaciones de los propios participantes, se aprecia que en España se reproduce, aunque de forma simplificada el complejo panorama étnico rumano. Recordemos que en Rumania, como en otros países balcánicos hay una gran fragmentación étnica y en una misma ciudad o comarca pueden convivir hasta una docena de grupos “romaníes” muy diferentes en su lengua materna, adaptación profesional, costumbres, indumentaria y sobre todo, en su sentido de sí mismos y de su relación con la población mayoritaria y con los demás grupos “gitanos”.

La identificación interna puede no coincidir con la externa. Es frecuente que la percepción mayoritaria no valore o considere diferencias que son muy importantes para los propios participantes. Desde dentro, muchas de las categorizaciones clásicas de los grupos romá no son aceptadas o utilizadas canónicamente, prefiriendo el uso de categorías propias en las que las diferencias lingüísticas se combinan de forma compleja con las regionales y las familiares. El uso del idioma romanés (3)es un criterio fundamental, combinado con un estilo de vida que se manifiesta en aspectos que pueden servir, según las circunstancias, como marcadores de una frontera étnica no siempre fija ni estable. Por ejemplo, es generalmente mucho más visible la identidad “romaní” de las mujeres, con sus especiales tocados y pañuelos para el pelo, sus faldas largas (fusta, en el dialecto de nuestros informantes en Andalucía), y los delantales de las casadas (katrenca)…en total, por su renuncia a vestir a la moda moderna y gaikane.Pero seguramente los procesos de ocultamiento e invisibilidad de la diferencia son constantes, en un país tan crecientemente variado como se ha vuelto España.

Los grupos que hablan romaní se identifican mayormente como “rom” o “romá”, aunque a menudo de forma indirecta. Los que hablan rumano pero no romanés suelen ser identificados por estos como tigani un término con una importante carga despectiva. A veces en este sentido se usa el término bajas o be’asque podría ser la forma dialectal correspondiente a “boyash” (lavadores de oro) se supone que son un grupo de gitanos que no habla romaní, y de los que formarían parte los grupos “ursari” y los “rudari” tradicionalmente reconocidos (Fraser 1992b) pero que ha desarrollado importantes tradiciones musicales (Williams 1996) y culturales. Entre los informantes con los que hemos trabajado era común escuchar ese término despectivo, como forma de referirse a aquellos gitanos no hablan romaní y, de forma derivada, para burlarse o despreciar a alguien que ha perdido sus costumbres y su carácter “rom”.

 

Proyecto migratorio y duración de la estancia

Desde la perspectiva de los propios participantes, la estancia en España y en otros países del occidente europeo forma parte de un proyecto cuyo objetivo final es el retorno a “su tierra” con unos ahorros que permitan la mejora del nivel de vida. Los inmigrantes romá que hemos podido conocer más estrechamente siguen considerando Rumania como su patria. No se sienten apátridas, ni españoles, aunque los niños y niñas, sobre todo los que llevan años aquí y se expresan mejor en castellano o en catalán puedan estar desarrollando una nueva identidad más compleja y binacional. El proyecto migratorio no suele, por tanto, vivirse como una ausencia definitiva del hogar rumano. La gran mayoría quisiera volver y envía dinero regularmente a sus familias en las aldeas, pueblos y barrios de Rumania, manteniendo vivas relaciones cruciales de parentesco. Esto es muy semejante a los que señalaba Piasere respecto a los romá presentes en Italia y desplazados desde Yugoslavia (1999).

El sueño de nuestros informantes romá en Andalucía y en Madrid, especialmente los jóvenes recién casados, es ahorrar lo suficiente para poder comprar un terreno en la aldea rumana de origen y construirse allí una casa. La nostalgia puede trastocar los recuerdos de una tierra donde a menudo son también segregados y rechazados; pero en gran medida el sueño del retorno sigue muy vivo en estas personas.

Por eso, quien tiene una casa en Rumania se resiste en venderla y prefiere dejarla a cargo de parientes o cerrarla. Hay casas que permanecen cerradas durante largos períodos, otras cuya construcción se queda a medias por falta de fondos y en espera de nuevos envíos. En estas casas no sólo se invierte dinero, sino esfuerzo, tiempo y una parte considerable de la identidad personal y familiar. Construir una casa grande, como ser propietario de uno o mas coches de marca (la marca rom por excelencia, como la de tantos otros, es Mercedes, seguida por BMW y AUDI) u organizar grandes banquetes para muchos invitados, forma parte del estilo de vida con el que muchos sueñan para cuando regresen y que marca el estatus de los que han “triunfado” en la emigración y demostrado su valor y capacidad.

En Spanija, por el contrario, la vivienda que se ocupa tiene un valor más instrumental y las preferencias dependen de su precio y su utilidad con respeto a las oportunidades económicas del momento. Por eso, muchas veces se vive en una furgoneta al acudir a zonas rurales a la vendimia o las campañas de la recogida de aceituna, naranja, fresa, hortalizas, etc… En estos casos algunas familias pueden abandonar el piso que tenían alquilado en una capital y volver a buscar un alquiler cuando éste termina. En España ningún rom es juzgado según la casa que tiene; su capacidad de ‘hacer dinero’ la demuestra construyendo en Rumania, no alquilando, ni comprando aquí. La presión social que rodea el “éxito económico” de una familia, que recae normalmente sobre sus varones, es un factor importante en la emigración, tanto que, a veces, quien no ha conseguido ciertas ganancias prefiere no regresar a Rumania hasta tener dinero suficiente para poder dedicar una parte a ofrendas alimenticias y fiestas.

En este sentido, los emigrantes romá suelen practicar una movilidad territorial mucho mayor en España que en su tierra de origen. La movilidad espacial se relaciona sobre todo con la búsqueda de vivienda barata y adecuada, así como con las oportunidades ocupacionales y económicas que se presentan en cada momento, la presencia de grupos de parientes, vecinos o amigos, etc.

Curiosamente el nomadismo que se les atribuye a estos grupos por su carácter de gitanos, y que suele reflejar el desconocimiento real de “el otro”, es más fruto de la emigración romá que de su cultura originaria. Dicho de otra manera, están mucho más dispuestos a cambiar de residencia y a mudarse en España de lo que estuvieron nunca en Rumania, donde suelen formar parte de poblaciones asentadas en las mismas zonas urbanas o rurales desde hace décadas o siglos.

 

Vivienda y hábitat

Por lo que concierne a la obtención de vivienda y espacio para residir, los romá muestran una gran flexibilidad y una enorme capacidad de adaptación, siendo capaces de vivir en condiciones muy difíciles que rara vez son aceptadas por otros emigrantes, salvo de forma puntual, por ejemplo durante algunas campañas agrícolas. Por ejemplo, son capaces de vivir en tiendas de campaña en pleno invierno, con lluvia, viento y nieve, rodeados de barro y sin agua corriente ni baño ni letrinas. O adaptarse a chabolas de materiales de derribo de pésima calidad, o vivir largas temporadas en furgonetas o caravanas deterioradas que forman campamentos o asentamientos. A menudo las condiciones exteriores de estos asentamientos son deplorables y poco saludables, pero sorprende siempre el esfuerzo por tener un espacio familiar limpio, ordenado y con un especial sentido de dignidad y calidez humana que forma parte de su cultura y que rara vez es comprendido por los gae, los no gitanos. Chabolas y barracas de autoconstrucción sin agua ni luz, furgonetas, incluso tiendas de campaña han albergado a los romá en invierno y verano; también han empleado estrategias “okupas” y se han acogido en edificios abandonados, viviendas pero también fábricas, talleres, incluso el ya citado matadero de pollos. En Granada convivimos durante medio año con siete familias que se instalaron en un cortijo abandonado al borde de la autovía de circunvalación en el verano de 2003. Hasta que fueron desalojados en enero de 2004, en aquel edifico en ruinas, sin agua corriente y con electricidad robada de una línea próxima, aquel grupo de romá fue capaz de crear un espacio limpio y acogedor y de mantener una vida familiar protectora y satisfactoria en un país extranjero.

Pero según van acomodándose, aumentando sus ingresos y mejorando su inserción sociolaboral en España, los romá también alquilan pisos o pequeñas casas con jardín. Como ocurre también con otros inmigrantes, a menudo los pisos en alquiler son aprovechados al máximo: el salón, que funciona como espacio común durante el día, sirve de dormitorio por la noche, generalmente para los muchachos y hombres solteros. Cada dormitorio es ocupado por una pareja y sus hijos y puede contar con una pequeña cocina, dependiendo de la relación que esa pareja mantenga con el resto de los residentes de la casa y sobre todo con la pareja que domine la cocina principal. El precio de la vivienda por persona se reduce así notablemente.

 

Migración y redes familiares

Más que un proceso individual o de grupos de individuos adultos en busca de trabajo e ingresos, la emigración romá que hemos conocido en España es un proceso familiar, que involucra hogares o secciones de hogares que viajan o se establecen juntos o mantienen vínculos y apoyos una vez establecidos.

El núcleo central de convivencia suele ser un hogar conyugal centrado en torno a una pareja, a menudo extendido o con capacidad de “extenderse” y acoger a parientes “descolgados” o, típicamente, a un hijo casado con su esposa (la borí) e incluso a paisanos o vecinos o amigos que provienen directamente de Rumania o de otros de los muchos enclaves donde se haya extendido la red familiar.

Hay también hogares monoparentales, generalmente una madre con hijos, vinculados con otros hogares encabezados por hermanos, cuñados o hijos, y también se da el caso de personas, casi siempre varones, que viajan solas, pero generalmente se vinculan con otros hogares donde tienen parientes que les apoyan, informan, acompañan.

Los diversos hogares “extendibles” suelen estar encabezados por parientes consanguíneos y afines y de amigos y vecinos que conforman amplias redes de apoyo, información y solidaridad. Estas redes a menudo abarcan personas residiendo en varios países, junto a aquellos que quedan en Rumania y reciben envíos de sus familiares en España, Francia, Alemania o Inglaterra. Los miembros de estos hogares mantienen un contacto regular con familiares en Rumania, donde han quedado algunos hijos a cargo de abuelas, hermanos, hijos e hijas casadas, otras redes de hogares. Las nuevas tecnologías, sobre todo los teléfonos móviles, son un elemento central de comunicación familiar.

Los inmigrantes romá en España no suelen esperar al reagrupamiento familiar para tener unidades conyugales e incluso familias extensas conviviendo juntas en el lugar de llegada. El suyo es un proceso migratorio complejo en el que otros miembros del hogar pueden quedar atrás en Rumania (hijos con una abuela, por ejemplo) o algunas parejas seguir residiendo en lugares donde se han anclado.

A veces una o varias de estas parejas sirven de ancla para la venida, provisional o duradera, de personas solas, mujeres con hijos, parientes que prueban suerte, etc. Y las unidades conyugales forman redes que se apoyan, informan, consuelan y, en ocasiones protegen frente a las amenazas o los ataques de otros grupos. Generalmente estas redes no están focalizadas en torno a una persona (el padre o esposo dominante) sino a una pareja (padre y madre) y en sus hijos e incluso nietos. Cuando alguno de estos grupos familiares se establece en un espacio y lo coloniza, el asentamiento puede servir de anclaje, refugio y atracción para otros parientes que pueden entonces desplazarse aquí desde otros países de Europa.

Cada hogar suele preferir y buscar su independencia económica y suele contar con su propio presupuesto y toman sus propias decisiones en relación al trabajo, la residencia y el desplazamiento. La toma de decisiones suele ser un proceso jerárquico y el padre esuna figura central e incluso dominante; pero no conviene menospreciar la agencia femenina, sobre todo de las esposas mayores, que actúan más en la sombra y sin contradecir públicamente a los maridos. En cualquier caso, la emigración es un proyecto familiar mucho más que individual.

En Rumania un ‘típico’ núcleo doméstico romá, que suele coincide con una casa, es compuesto por los dos progenitores, sus hijos e hijas y, a menudo, las pareja del hijo más recientemente casado. En España esta estructura representa un ideal que no siempre es posible, o aconsejable, realizar. Aquí la composición de los núcleos domésticos responde a nuevas exigencias, como la presencia de ‘fragmentos’ de familias, como hombres sin esposas, o por el contrario, la fusión más o menos temporal de varias unidades domésticas que comparten un espacio común para reducir costes monetarios, aprovechar oportunidades (como la de un cortijo abandonado en Granada donde se instalaron 14 personas de tres familias emparentadas) y rentabilizar cualquier entrada monetaria y destinarla a Rumania. Esto ocurrió, por ejemplo, en el año 2003, en un cortijo abandonado en el borde rural de Granada, que fue “colonizado” durante seis meses por dos familias romá que llegaron a incluir a 14 personas viviendo permanentemente, aunque por allí pasaron más de 30 familiares, vecinos y amigos del pueblo en Rumanía. Aunque había independencia presupuestaria de los dos grupos, eran también frecuentes el compartir comida y otros recursos de forma temporal. Esta forma de vivir tenía su propio término en el universo conceptual de estas familias era vivir p’o placo y, según Beluschi, “resumen esas soluciones que excluyen vivir en una casa o piso en propiedad o en alquiler te beel n’o kher, o en pensiones u hoteles, n’o hotelo, y, a pesar de su incomodidad y de la preferencia general por vivir en una casa propia con jardín y comodidades e incluso a cierta distancia de otros romá, “los recuerdos de la vida p’o placo adquieren matices nostálgicos de la convivencia, la ayuda recíproca y la común resistencia contra la policía, los trabajadores sociales y, en general, la autoridad gae” (2005: 96).

 

Redes familiares y comunidades rom

Parentesco, vecindad y amistad son, pues, los vínculos relacionales cruciales para conformar redes de información, motivación y apoyo a la emigración. Por eso con frecuencia encontramos redes sociales entre los romá establecidos en España que reproducen porciones de las redes familiares y vecinales de las regiones de origen. Lo original en la estrategia rom es cómo esta reconstitución se lleva a cabo.

Los miembros de diversas unidades domésticas romá que residen en España suelen vincularse con otras encabezadas por descendientes que comparten un antepasado común y que son, por tanto, porciones de grupos de filiación que los romá llaman ratzas o vitsas. Suele tratarse de grupos con una dominancia virilocal y patrilocal aunque matizada por los numerosos matrimonios consanguíneos y una gran flexibilidad que permite la incorporación al grupo de descendientes del fundador epónimo por vía materna y de sus hijos y esposas, además de parientes afines y asociados.

Por ejemplo, en uno de los grupo romá con los que hemos desarrollado trabajo de campo en Andalucía oriental y a los que llamaremos los Radulesc (hijos de Radul) por seguir su manera de nombrarse a sí mismos, la mayoría de los miembros que conviven y cooperan pertenecen a un grupo de familias que reconocen un fundador o antepasado epónimo, Radul (4). Esta filiación les otorga una identidad parental, una pertenencia a través de la que se diferencian de otras ratzas. Es decir, se trata, al menos en parte, de un grupo de filiación virilocal, con elementos de ideología agnaticia junto a principios de parentesco bilateral, en un sistema en que la filiación es condición suficiente pero no necesaria para la pertenencia en el grupo de cooperación local por usar la terminología de Scheffler (2000). Los matrimonios entre miembros de la misma ratza son frecuentes y la incorporación a la ratza de la esposa es posible y puede incluso suponer una mejora de estatus socioeconómico. Los hijos pueden optar por la filiación materna o paterna dependiendo de la situación, aunque se aprecia una marcada preferencia por la residencia virilocal tras el matrimonio, lo que en la práctica otorga más relevancia al lado paterno. La solidaridad entre miembros de la misma ratza suele ser mas fuerte que entre miembros de ratza diferentes, pero no conforman corporaciones ni unidades cerradas, sino más bien relaciones con diverso potencial para la cooperación y el apoyo mutuo. Cuanto más cercanas las relaciones de parentesco, más frecuente y estrecha la solidaridad y la convivencia. Los Radulesc se sentían vinculados a otros miembros de su ratza con más de 100 miembros y asociados residiendo en la ciudad de Granada, donde a principios de 2004 vivían también otros 250 rom. Los Radulesc tenían parientes consanguíneos y afines en otras provincias andaluzas como Málaga, Huelva y Sevilla, así como de Murcia, Albacete, Valencia, Alicante, etc…

Los Radulesc y sus asociados en España proceden en su gran mayoría del mismo pueblo de Transilvania y de una aldea cercana, y el parentesco entre familias es muy cercano: son hermanos y primos, cuñados y concuñados que han migrado en diferentes momentos hacia España y se han ido concentrando en Andalucía. Hay familias que podemos llamar ‘pioneras’. Llegaron en 1999 y desde entonces se establecieron en Granada. Ellas fueron ayudando a otras familias que fueron llegando después y con las que les unían vínculos de consanguinidad, afinidad, vecindad y amistad. De este proceso han resultado dos redes familiares relacionadas, que se definen sobre todo por su zona de origen y que suman hoy cerca de 200 personas de cultura romá residentes en Andalucía. Estas redes de paisanos y parientes se distinguen drásticamente de otros grupo de romá al que llaman ‘Tsindereni’, que también residen en Granada, pero que proceden de zonas urbanas de Bucarest, Craiova y Tandarei. Con estos otros romá, los Radulesc y sus asociados se tratan poco y los casos de cooperación económica o apoyo mutuo son esporádicos.

En la percepción de los otros emigrantes aparecen procesos de categorización que varían según el punto de vista. Nosotros lo miramos desde la perspectiva de aquella red familiar con la que hemos adquirido más confianza y conocimiento, encabezada por el mayor de tres hermanos que también estaban aquí, junto a cuñados, algún primo e incluso algunas hermanas viudas con sus hijos. Otras personas y familias romá de Granada pueden enfatizar otros vínculos e identidades.

La importancia práctica de las relaciones familiares varía según la circunstancia y las personas implicadas. Frente a otros romá, los vínculos de paisanaje, el ser familia y el tener una historia común pueden ser cruciales. Pero en la relación estrecha entre familias, ese supuesto origen común puede no ser relevante. Los conflictos son posibles y se mantiene bastante independencia entre hogares, aunque también hay ayudas constantes, solidaridad y cooperación.

En Madrid hemos localizado semejantes redes familiares y locales, donde se combinan y refuerzan criterios de pertenencia familiar, local y dialectal. Por ejemplo, en el asentamiento chabolista de El Salobral que hemos podido estudiar, predominaron los procedentes de Craiova. En el barrio de Sant Roc en Badalona, en Cataluña, nos consta que predominan los romá procedentes de Tandarei, etc.

 

Género e identidad étnica: las imprescindibles mujeres romá

La presencia de mujeres es imprescindible a la hora de fundar un núcleo en la emigración y son ellas las que se ocupan de la preparación de los alimentos y del cuidado general del hogar y de la atención diaria a sus miembros. Hijas y nueras representan un apoyo indispensable para la mujer responsable de la unidad doméstica . Rara vez hay niños impúberes sin sus madres, mientras es frecuente encontrar varones que han dejado su mujer con hijos en Rumania y han venido a España para estancias que no suelen ser largas (algunos meses como muchos, a los que sigue o la reagrupación aquí, o la vuelta a casa), normalmente entran en el núcleo doméstico del hermano o de la hermana. Hay una considerable segregación de roles en todos los ámbitos de la vida social. Las tareas domésticas recaen casi exclusivamente en las mujeres, sobre todo lo que concierne la adquisición y preparación de alimentos, mientras que la iniciativa económica y la toma de decisiones ocupacionales está más a menudo en manos de los hombres. Por otra parte, las mujeres, por su vistosa vestimenta de largas faldas, vivos colores, cabello adornado y pañuelos que lo cubren suelen ser más fácilmente reconocidas como “gitanas” o, como dicen algunos periodistas, como “zíngaras”. Aunque esta indumentaria tan distintiva no es universal entre los romá, sí que permite afirmar que la distinción étnica indumentaria del grupo se basa sobre todo en el aspecto de las mujeres.

La adquisición, conservación y preparación de la comida es asunto de mujeres y parte esencial de un complejo sistema de pureza/higiene ritual y simbólico que también conecta con el lavado de ropa, de los utensilios de cocina y del propio cuerpo. Curiosamente, las mujeres son al tiempo fuente profunda de contaminación por su extraordinaria capacidad para traer niños al mundo y fuente esencial de la reproducción diaria de un modo de vida romá al conseguir y preparar el alimento que nutre y sostiene a todos (Beluschi 2005). Las mujeres son las que reconstruyen un intenso universo moral y social en uno de los ámbitos aparentemente más inhóspitos.

Las mujeres establecen elementos de la frontera étnica, más fácilmente reconocibles. Su cabello, sus pañuelos para cubrirlo, sus faldas largas, cierto aire anacrónico y como antiguo en su indumentaria y su presentación de sí mismas, rechazando pantalones y atuendos modernos, indican un especial sistema moral, ideológico y de creencias.

 

Una emigración reproductiva: el peso de niños y niñas

Una de las consecuencias principales de este “viaje” familiar es la abundante presencia de niños y niñas y, en general, de menores de edad en los grupos romá emigrados. La porción de menores en casi todos los grupos considerados, supera el 30 por ciento. Es decir, el perfil demográfico de la emigración romá es diferente al de los otros grupos de inmigrantes, y esas diferencias pueden incluso agrandarse con los nuevos nacimientos que ocurren en el país de destino. Esto exige medidas y recursos muy diferentes a los que se plantean normalmente con otros grupos inmigrantes.

Citemos dos ejemplos. Primero, según datos del Ayuntamiento de Madrid, las 205 familias de “gitanos rumanos” que habían pasado por los tres campamentos habilitados al efecto en diferentes zonas de la Comunidad Autónoma desde julio de 1999 a diciembre de 2000 comprendían 305 adultos y 301 menores (El País 8 de marzo de 2001).

Segundo, en un caso que hemos estudiado, en el asentamiento que se formó en el poblado chabolista de El Salobral en Madrid a mediados del año 2000 que llegó a contar con 39 hogares donde vivían 133 personas, pudimos establecer con cierta confianza los datos básicos de origen, fecha de nacimiento, profesiones y nivel escolar de 101 de los habitantes romá de la parcela (5). En la tabla 2 presentamos los resultados respecto a la edad. Se trata, como vemos, de una población joven, con una media de 23,5 años de edad; el 33 por ciento es menor de 16 años y por tanto obligatoriamente incluidos en programas de atención y seguimiento sanitario, vacunación, etc. Y el 25 por ciento está en edad de escolarización obligatoria. No había ninguna persona mayor de 60 años.

Casi todos los menores han viajado con su padre y su madre en familias conyugales o nucleares. Muchas de las parejas están en un momento de gran fecundidad y siguen teniendo niños que nacen en España. En los grupos romá hay muchos bebés y niños de pecho, muchas mujeres embarazadas y mucha alegría por tenerlos cerca. Las estrategias reproductivas no son sólo muy visibles y recurrentes, sino que seguramente pesan más que las productivas y acumulativas.

Tabla 2. Grupos de edad y sexo de los emigrantes romá asentados en el poblado chabolista de El Salobral, Madrid, 2000-2002 (N: 101)
Edad Mujeres
%
Hombres
%
Total
%
%
Acumulados
Total
N
0-4 años 9,8 10,0 9,9 9,9 10
5-9 años 15,7 10,0 12,9 22,8 13
10-14 años 11,8 6,0 8,9 31,7 9
15-19 años 3,9 6,0 5,0 36,6 5
20-24 años 15,7 14,0 14,9 51,5 15
25-29 años 9,8 20,0 14,9 66,3 15
30-34 años 9,8 12,0 10,9 77,2 11
35-39 años 5,9 8,0 6,9 84,2 7
40-44 años 9,8 8,0 8,9 93,1 9
45-49 años 3,9 2,0 3,0 96,0 3
50-54 años 2,0 4,0 3,0 99,0 3
55-59 años 2,0 0,0 1,0 100,0 1
Total 100,0 100,0 100,0   101
Fuente: Elaboración propia a partir de datos de IRIS (Instituto de Realojamiento e Intregración Social, Comunidad Autónoma de Madrid).

El peso relativo de los distintos grupos de edad es un elemento crucial de la diferencia entre esta emigración y las otras presentes en España. Como puede verse en la tabla 3 (si se nos permite la comparación), la mayoría de los emigrantes que llegan a España y consiguen permisos de residencia intentan traer a otros miembros de sus familias, a veces, si la situación económica lo permite a sus esposas/os e hijos/as. Pero los romá vienen ya directamente con esposas e hijos en un alto porcentaje de casos. Esto se revela también en la composición por sexo de los grupos emigrantes, mucho más equilibrada entre los romá, mientras predominan los varones entre los magrebíes, los rumanos y ecuatorianos y las mujeres entre las inmigrantes dominicanas.

Tabla 3 Distribución por grupos de edad de los residentes legales en España de cuatro nacionalidades (2004). Porcentajes
País origen Hasta 16 años De 17 a 25 años De 26 a 45 años De 46 a 65 años Desde 65 años Total
Alemania 3,9 7,8 40,5 34,0 13,7 69.832
Reino Unido 3,3 5,8 28,8 40,1 22,0 128.449
Rumania 7,5 16,4 61,6 11,6 2,8 83.394
Marruecos 12,5 17,9 54,6 10,2 4,4 389.847
Ecuador 11,8 16,0 57,7 10,0 4,6 221.606
Colombia 11,5 15,0 56,4 12,5 4,6 137.442
Romá 31,7 19,8 41,6 6,9 0 101
Fuente: INE, 2004 y datos IRIS para la Comunidad Romá de El Salobral.

En el caso de los británicos y alemanes tenemos un porcentaje importante de jubilados y prejubilados. Entre los inmigrantes marroquíes, ecuatorianos y colombianos vemos la presencia importante de menores, que responde a un gran número de unidades familiares en que se ha producido el reagrupamiento familiar tras la obtención del permiso de residencia. Los rumanos, curiosamente, se encuentran en una situación intermedia, lo que parece indicar una presencia mayor de trabajadores o personas en edad de trabajar. La distribución por edades de los gitanos rumanos difiere notablemente de la del resto de los rumanos y de los grupos inmigrantes en general, sobre todo por el gran peso de los menores e incluso de los bebés, así como por la intensa tendencia pronatalista y reproductiva que hace que tengan numerosos hijos en el propio proceso migratorio e incluso en el país de destino. Es decir, la inmigración romá es la más “familiar” y reproductiva de todas las que existen en España.

 

Menores y relación con el Estado

La presencia constante de menores en estos grupos de emigrantes transforma la sustancia y cotidianidad de su presencia en España, afectando su relación con las autoridades y a algunos de sus derechos y deberes fundamentales.

Primero, los hijos, especialmente los menores son un obstáculo para la expulsión rápida y ejecutiva. En bastantes casos esto ha garantizado la permanencia de los padres en territorio español durante años. Pero el tener hijos a su cargo, supone también para estas personas nuevas obligaciones que no tienen otros emigrantes que llegan solos o en grupos de adultos. Además de perder independencia y cierta libertad de movimientos, tienen responsabilidades diarias de cuidar, escolarizar y seguir protocolos sanitarios con sus hijos. Según la legislación española, la escolarización es obligatoria entre los 6 y los 16 años, y la atención y protección de la infancia es especialmente severa con padres y madres que tengan a sus hijos fuera del colegio o viviendo en condiciones inapropiadas, o practiquen cualquier tipo de actividad en la que usen directa o indirectamente a los hijos. Pueden ser denunciados y sus hijos pueden serles retirados por los Servicios Sociales, algo que, obviamente, es visto con terror por los romá.

La escolarización obligatoria de los niños y niñas menores de 16 años, se ha convertido en un elemento central de la relación de las familias romá con el sistema de asistencia social español y, por tanto, con representantes del Estado. Además, este proceso de escolarización de los niños romá en escuelas españolas juega un papel crucial en la transformación cultural y lingüística que está generando una inserción más compleja, más híbrida, si se quiere, de los niños y adolescentes romá en España. En nuestro trabajo de campo hemos prestado atención al proceso de escolarización de los más de 50 menores romá cuya existencia conocíamos en 2004 y 2005. La enseñanza suele ser considerada por los padres romá como un recurso valioso y una opción deseable para sus hijos (menos para sus hijas), aunque en la práctica han surgido muchos problemas y los niños faltaban mucho a clase y a menudo acababan sintiendo la asistencia a clase como una carga. Cuando se iban haciendo mayores, la escuela interfería con su interés y su capacidad para obtener de forma inmediata recursos necesarios para la supervivencia diaria. Se reproducía así el conocido fenómeno del absentismo escolar y la falta de aprovechamiento o “fracaso escolar” tal como es medido por el propio sistema escolar y tan común en la experiencia de los gitanos españoles. Pero también pueden producirse roces y conflictos con las propias autoridades, que exigían el cumplimiento de unas normas exigentes a este respecto.

En un caso que conocimos bien, unos padres de 45 y 43 años, enviaron al colegio en septiembre de 2003 a sus tres hijas. Pero a partir de noviembre, comenzaron a faltar, sobre todo la mayor de las tres, una niña de 14 años, sobre todo porque el peso de las tareas domésticas en las que ayudaba a su madre le impedían cumplir con sus deberes escolares y avanzar correctamente en su clase. Al notar sus faltas, una trabajadora social visitó la casa y realizó un informe que relataba como insostenibles las condiciones en que vivían todos los menores. No había agua corriente, ni luz, ni letrinas. En algún momento se llegó a amenazar con la retirada de custodia de los hijos Esta familia, que tenía una hija de 20 años, casada y viviendo en Francia y parientes en Italia, decidió bruscamente marcharse y se desplazó a un poblado en Italia donde pasó seis meses viviendo con parientes romá y otros grupos de emigrantes yugoslavos. A su retorno a España no volvieron a escolarizar a los niños y han tratado de escapar del control de los trabajadores sociales y la policía local.

El caso revela algunos de los costes y beneficios que en el proceso migratorio a España supone la presencia de menores en estas familias. Además de los típicos procesos de control, persecución y posible expulsión, la existencia de menores abre la vía para otras formas de control, vigilancia y, eventualmente, castigos diferentes. De nuevo la existencia de redes de parientes en países diversos y la capacidad de movimientos y la “ligereza” del equipaje romá, facilita un tipo de respuesta frente a estos desafíos. En cualquier caso, es obvio que la emigración familiar de los romá genera una problemática específica que afecta a esta población de forma diferenciada.

 

Estrategias económicas, ocupacionales y laborales

En relación a sus objetivos y estrategias ocupacionales y de obtención de recursos hemos encontrado una gran variedad, dentro de una general humildad. Por un lado hay romáo tigani rumanos que participan en los mismos empleos y trabajos que el resto de los rumanos, sea en la construcción, el peonaje agrícola, etc. Por otro, un amplio sector de estos grupos desarrollan un conjunto de estrategias combinadas con las que explotan oportunidades ocupacionales que a la mayoría de los españoles y de los rumanos nos parecerían insuficientes, insostenibles o inviables. Estas estrategias se basan en combinar diversas fuentes de ingresos y ocupar nichos marginales donde realizan tareas informales o irregulares pero que les proporcionan ingresos monetarios y no monetarios. Por ejemplo, la mendicidad, el aparcamiento de coches, el lavado de lunas en semáforos, etc.

Algunos miembros de las familias más necesitadas tienen también fuentes ilegales de ingresos, derivadas, por ejemplo, de pequeños hurtos, pero no son, en general demasiado importantes, a pesar de su relevancia mediática. Recordemos a este respecto el escándalo que han despertado algunas cuadrillas de niños que robaban al descuido en tiendas o a transeúntes y de los que se denunciaron casos en Madrid, Barcelona y otras ciudades, llegando en algún caso a denunciar a los padres por incitación al delito (El País, 28 marzo 2006; J. García, El País, Cataluña, 15/5/2006). Pero no se puede considerar, bajo ningún concepto, una práctica generalizable a todos o la mayoría de los “gitanos rumanos”.

Por otro lado, los romá rumanos a los que hemos llegado a conocer apenas tienen o han tenido contacto con drogas ilegales y rechazan profundamente su uso. De hecho, en muchos casos es en el nuevo contexto migratorio, como los barrios periféricos de las ciudades andaluzas, donde empiezan a entrar en contacto con drogas ilegales, cuyo uso rechazan profundamente los mayores y es, hasta ahora, completamente ajeno a sus costumbres y su tradición. No se puede decir lo mismo del tabaco o del alcohol, que sí son sustancias tradicionalmente consumidas. Lo que no podemos predecir es cómo se comportarán los adolescentes y jóvenes romá en el futuro en relación a las drogas ilegales, pues se están estableciendo en entornos donde su comercio es frecuente y su consumo habitual.

 

Ocupaciones y fuentes de ingresos

Una de las características centrales de los rom rumanos que hemos podido conocer es la gran flexibilidad de sus adaptaciones económicas y ocupacionales. En primer lugar se adaptan rápidamente a las circunstancias locales y explotan nichos para los que tienen experiencia y preparación. En segundo lugar, improvisan nuevas formas de conseguir recursos en vivienda, alimentación, transporte y dinero. La presencia de varios miembros de un mismo hogar contribuyendo a la captación de recursos hace más viable una estrategia que es en general precaria. Entre otros, las principales alternativas ocupaciones de los romá son las siguientes:

-Trabajos en la construcción.
- Trabajos en las temporadas agrícolas.
- Venta de prensa social, como La Farola.
- Mendicidad.
- Música callejera con diferentes niveles de especialización.
- Intermediación en la búsqueda de trabajo (tanto para los romá como para los gae rumanos inmigrantes) y la compraventa de coches usados.
- En ocasiones, las mujeres realizan trabajos de limpieza o domésticos.
- Recogida y venta de cartones, chatarra o ropa, en las grandes ciudades.

Como hemos dicho, los romá que hemos estudiado en Andalucía y en Madrid no participan en los mercados de drogas locales o internacionales ni suelen formar parte, al menos en España, de grupos delincuentes o criminales organizados, como a veces da a entender mucha de la prensa nacional y local española.

Los romá son expertos en improvisar y en desarrollar nuevas ocupaciones utilizando los talentos que poseen diversos miembros de la familia y la demanda inestable de los gae. Comentaremos a continuación algunas de estas formas de obtener recursos e ingresos y más adelante presentaremos ejemplos de las estrategias de varias familias romá para buscarse la vida relacionándose con el sistema económico de la sociedad más amplia.

 

Temporadas agrícolas

El ciclo de las temporadas, desde la vendimia, la recogida de la aceituna y otras frutas y hortalizas ofrecen bastantes oportunidades laborales a grupos como los romá desde Huelva al Levante y Cataluña, pasando por La Mancha y el interior andaluz. Para muchos romá, de hecho, es el empleo que les garantiza los ingresos más seguros y regulares del año.En los grupos que hemos conocido en Andalucía observamos en ocasiones cómo desaparecía una familia entera que reaparecía meses después, cuando la campaña de recogida de aceituna, naranja o vendimia había desaparecido, de forma bastante semejante a otras familias gitanas españolas o jornaleras en general. En estos períodos, los vehículos y sobre todo las furgonetas (y no digamos las caravanas cuando las hay) representan un recurso multiuso valiosísimo que es, al tiempo, medio de transporte, refugio, dormitorio, residencia y lugar de almacenaje de los bienes domésticos. Quien tiene coche también puede ofrecer a los que carecen de él servicios de transporte, que se remuneran cuando cobran todos. La capacidad de mantener y crear lazos sociales con el mundo externo es algo muy valorado para la comunidad romá. Así, algunos varones ejercen de intermediarios entre patrones y trabajadores romá. Ha habido ocasiones en las que todos los sueldos han sido entregados a estos mediadores y luego redistribuidos entre los trabajadores. Estas situaciones ocurren paralelamente a otras en las que la contratación sigue los protocolos formales y se negocia individualmente.

A menudo los extranjeros y sobre todo los que están en situación ilegal son explotados por propietarios sin escrúpulos. Nos consta que los romá han sido objeto de explotación tanto en las condiciones de trabajo, como en obtener salarios más bajos de los que predominan en una zona, afectando así el mercado laboral local y también el mercado general de productos agrícolas. Por ejemplo, UGT denunciaba en enero del 2000 que en algunas fincas de pueblos de la provincia de Córdoba se pagaba a “inmigrantes rumanos irregulares” -todo indica que se trataba de gitanos– jornales muy por debajo del precio establecido (20 euros en lugar de los 32 euros acordados) y se llegaba a contratar incluso a niños de 9 a 12 años, hijos de estos inmigrantes. Esto estaba creando un malestar entre los diversos grupos de trabajadores locales que podía conducir a enfrentamientos. Las fotos y cierta información contextual identificaba a estos trabajadores como romá (ver El País. Andalucía: 24 de enero de 2000). Tenemos constancia de hechos semejantes en otros pueblos andaluces. En general, es notable la presencia de grupos de familias romá en varios pueblos andaluces donde las tareas del ciclo agrícola requieren un importante aporte temporal de mano de obra en la siembra, la poda o la recolección, por ejemplo, en las provincias de Huelva, Córdoba y Sevilla.

 

Mendicidad y reciclaje: tareas masculinas y femeninas

Como se dijo antes, las mujeres romáson responsables de casi todas las tareas domésticas y de cuidado y atención de los niños y niñas. En relación a la comida no sólo se ocupan de reparar y servir los alimentos, sino de su obtención misma en el mundo exterior, lo que con frecuencia constituye una de sus ocupaciones principales. Por eso la tarea de la mujer romá incluye trabajo constante dentro y fuera del entorno doméstico. La mendicidad es un recurso siempre disponible para las mujeres romá y garantiza un mínimo de recursos, sobre todo monetarios pero también ropas y más aún, alimentos. En los grupos que hemos estudiado en Andalucía, las mujeres mayores tienen un sitio fijo en el que mendigan, por ejemplo a la puerta de una iglesia, o en las escaleras de un aparcamiento.

Las mujeres más activas suelen pedir en las entradas de establecimientos comerciales o por la calle, o incluso en el metro, enseñando fotografías de sus familias u vendiendo de forma más o menos simbólica revistas sociales como “La Farola”. Las puertas de los supermercados fueron un lugar bastante utilizado hasta hace algo más de un año, hasta que algunos colocaron guardias en su entrada para evitar la mendicidad. Estos enclaves, no obstante, resultaban muy ventajosos pues las mujeres romá podían obtener alimentos valiosos como cartones de leche, galletas, pan, pollos, patatas…productos que ellas no rechazan, a diferencia de otros mendigos, y que muchas personas tienen menos reparos en dar que dinero. Lo que gusta menos a las mujeres romá son los alimentos ya cocinados, que encierran para ellas connotaciones de impureza (han sido manipulados) y también de menosprecio cultural, pues los gae, como es universalmente conocido, no saben cocinar como los gitanos. Generalmente, no obstante, el dinero que las mujeres romá obtienen mendigando se gasta primero de todo en comprar los alimentos necesarios para la comida diaria. Este tipo de mendicidad, que tanto contribuye al sustento de todo el grupo, suele ser un trabajo diario de muchas mujeres romá.

Cuando dos o mas mujeres pertenecen al mismo núcleo doméstico, o sea, comparten la cocina, los alimentos comprados y los obtenidos mendigando (mangle) son cocinados y consumidos en común. El dinero, sin embargo, pertenece a cada una de las mujeres y a su respectivo marido, si está casada. El ahorro monetario que comporta el mange (“el pedir”) es sólo una parte de las estrategias económicas utilizadas en la esfera alimenticia y de reproducción doméstica.

En Rumania, la mendicidad femenina va a menudo acompañada de ofertas de quiromancia y otros servicios “esotéricos”. En Andalucía, esta oferta puede entrar en competencia con las que hacen las gitanas españolas o calé que también los ofrecen, sobre todo en entornos turísticos. Además, muchas mujeres romá renuncian a ofrecer aquí estos servicios por falta de competencia lingüística. Hay jóvenes rom que dominan el castellano, pero son las mujeres mayores quienessaben practicar el drabarel (la lectura de la suerte y la liberación de los conjuros). Sin embargo, la cooperación entre algunas mujeres mayores y los hijos o hijos de la familia que hablan fluidamente español permite realizar estas tareas, aunque de una manera antes desconocida.

La mendicidad masculina es mucho menos frecuente y regular. Los hombres romá que la practican se orientan exclusivamente a la recaudación monetaria y no a la adquisición directa de alimentos. Los hombres, a diferencia de las mujeres, prefieren los bares y utilizan ‘papelillos’, o sea carteles en español y otros idiomas describiendo una situación familiar desesperada. Una primera ronda sirve para depositarlos en la mesa de los clientes del local, una segunda para recogerlos y con ellos la dádiva que la gente haya dejado.

El “reciclaje” o reutilización de recursos en sus muchas variedades también es una estrategia crucial para obtener recursos, tanto alimenticios como de otro tipo. Por ejemplo, una forma obtención de alimentos en la que hemos participado en Andalucía se desarrolla también en las puertas traseras de los supermercados y consiste en hacerse con aquellos alimentos que, aún estando en buen estado, son desechados por cumplir la fecha de caducidad. En algunos casos la complicidad de algunos empleados permite no tener que buscar entre la basura, pero en otros casos hay que hacerlo. Los romá suelen preferir en este caso los productos no elaborados ni envasados industrialmente, las frutas y verduras. Las mujeres romá suelen ser hábiles cocineras, lo que les permite sacar el máximo partido a estos deshechos. Los centros de distribución al por mayor representan otra fuente alimenticia: en los mercados de frutas y verduras enormes cantidades de vegetales son descartadas por pequeños defectos que no permitirían la venta al detalle. En unas dos horas observamos a cuatro personas que recogieron del suelo y de los contenedores de desecho ajos, peras, pepinos, tomates, coles, pimientos y otras hortalizas con las que llenaron el maletero del coche. En los mataderos, donde los productos son más baratos, se pueden llenar varias bolsas de desechos de cerdo, la carne favorita de estos romá, que además de huesos suele contener grasa y piel, que se puede aprovechar para cocinar sopas, caldos y estofados de patatas y hortalizas. Todo esto suele ser gratis pues iba a ser arrojado a la basura; bien condimentado y cuidadosamente cocinado, garantiza una alimentación abundante a los romá.

 

Una estrategia propia: la explotación de oficios inviables

Además de mendigar, vender prensa social, utilizar servicios y subsidios y también de trabajar igual que otros inmigrantes como peones agrícolas o de la construcción, hay una forma de explotación de recursos que un sector de romá utiliza de forma más frecuente que otros grupos inmigrantes y quizá de forma original: la de ciertos oficios inviables o absolutamente marginales como la gestión de aparcamientos, la limpieza de los cristales de coches en semáforos, etc.

Pare entender esta tendencia debe considerarse que su búsqueda de empleo es generalmente tarea difícil, que hablamos de padres de familia sin formación profesional, con carencias importantes, a menudo analfabetos que apenas leen o escriben el rumano, menos aún el español. Y sin embargo, sobreviven en el nuevo entorno al que se han desplazado y, con altibajos, son capaces de mantenerse y, en muchas ocasiones, incluso de enviar recursos y dineros a sus familias en Rumania.

 

Limpiacristales de coches

Esta ha sido una actividad que han venido desarrollando diferentes grupos españoles y extranjeros. Nos consta la participación en esta actividad de grupos romá rumanos al menos desde 1998 y recientemente hemos intentado estudiar someramente su viabilidad económica. Hemos observado limpiacoches en Madrid, varios días durante varias horas, sobre todo en los cruces de la M-30, una avenida principal de circunvalación. En los casos observados trabajaban en pareja y consiguieron limpiar los cristales de entre 9 y 11 vehículos en cada hora. Los conductores les dieron algo (suponemos que una moneda de 1 euro) por su trabajo. Si esos ratos de observación fueran representativo de toda la jornada, tendríamos entre 8 y 10 euros la hora de ganancia en las mejores partes del día. No es inferior a lo que se gana en el servicio doméstico o de limpieza.

Aunque no vimos ningún caso de enfrentamiento, rechazo o amenaza por una u otra parte, algunos conductores se quejan de lo que consideran un engorro más o menos pesado, incluso una coacción. En algunos casos se ha utilizado esta actividad para robar a los conductores estacionados. Esto, sin embargo, debe considerarse más una excepción que la norma de esta peculiar actividad.

 

Aparcacoches en capital andaluza: un caso

Hemos conocido de primera mano la actividad de una familia que vivió varios años, en gran parte, de los ingresos que obtenía por la gestión o atención de un aparcamiento informal en una capital andaluza. Llamaremos Ion al padre de esta familia.

Ion empezó en el verano de 2003 a “dirigir” un aparcamiento situado en un solar vacío en las proximidades de una de las grandes vías de entrada a la ciudad, cercana a varios edificios de oficinas y donde se aparcaban entre 70 y 100 vehículos en las horas de máxima afluencia. Su mujer, Kretsa, le acompañaba algunas veces. El solar era de propiedad privada y el dueño se presentó en varias ocasiones, cuando Ion había consolidado cierta exclusividad sobre el aparcamiento y le exigió una contribución. Ion pagó durante unos meses y luego dejó de hacerlo. El propietario no insistió.

Poco a poco, Ion fue haciéndose habitual en el aparcamiento. Ayudaba a aparcar, dirigía hacia los lugares vacíos, maximizaba el espacio y vigilaba los coches aparcados en las muchas horas, de mañana y tarde que pasaba allí. Como el sol apretaba, alguno de sus hijos, que le acompañaban a veces, le ayudó a montar una especie de caseta en uno de los lados del solar donde pusieron un colchón y unas sillas. Pero una mañana se presentó la policía municipal y se la hicieron derribar. A partir de entonces colocaron una sombrilla.

Monetariamente no les iba mal. Recogían en torno a 10 euros la hora en los mejores momentos. No solían bajar de 40,00 euros al día y en varios de los días que pasamos con ellos recogieron bastante más. Un día de diciembre que pasamos con ellos en el aparcamiento, recogieron casi 130,00 euros. Trabajaban seis días a la semana, librando el domingo. Lo tomaban como un empleo en el que pasaban unas 8 a 9 horas.

En cierto sentido prestaban un servicio. Protegían los coches aparcados del vandalismo que en ocasiones se había producido allí y maximizaban la eficiencia del aparcamiento. Ion no habla bien español, pero es amable, simpático y ha llegado a establecer un cierto nivel de entendimiento con los dueños de los vehículos, a los que parece inspirar cierta confianza. La familia ha mantenido ese aparcamiento como una fuente común de ingresos durante más de dos años. De él ha vivido la porción de la familia que está en Granada y la que sigue en Rumania. Vemos, pues, como un nicho ocupacional aparentemente inviable permite sin embargo vivir a dos hogares unidos por la sangre y separados por un viaje de 2.500 kilómetros.

 

Mendicidad

La mendicidad es una estrategia bastante común entre ciertos grupos de inmigrantes romá. Aunque generalmente no sienten vergüenza por mendigar en un país y un entorno donde no son conocidos, esta actividad no deja de ser, también para ellos, un escalón más bajo que el trabajo. “Es de pobres mendigar”, nos han dicho a menudo. O sea, es un signo de pobreza y quizá les avergonzase si se encontrasen en sus propios pueblos o ciudades, pero no en España.

De nuevo conviene indicar que la mendicidad puede convertirse en una estrategia ocupacional lucrativa, aunque precaria. Algunas mujeres son capaces de conseguir entre 50 y 80 euros diarios mendigando con una cierta regularidad. Ese dinero puede sostener una unidad doméstica en España y otra en Rumania y conformarse como un modo de vida, aunque sin duda amenazado.

La mendicidad es una de las actividades irregulares más visibles y estigmatizadoras de las que realizan los romá. En principio no es ilegal, pero no cuenta con muchas simpatías. Ya hemos dicho que la mendicidad de los romá se ejercita sobre todo por las mujeres y tiene un claro componente de género. Se buscan zonas y sitios determinados que pasan a ser una especie de puesto fijo que algunos se atribuyen y que pueden causar enfrentamientos en caso de competencia. A veces varios miembros de una familia mendigan en posiciones cercanas desde donde pueden verse o ayudarse. Por ejemplo, en una céntrica plaza de Granada hemos observado entre 2004 y 2005 a varias mujeres del grupo romá local que, sentadas en el poyete del parque, vestidas muy limpias y cuidadas, sin pañuelos en la cabeza y con un cierto aire cosmopolita pedían en calles perpendiculares a unos cincuenta metros de distancia. Solían situarse estratégicamente para recibir de frente a todas las personas que circulasen por la zona en una u otra dirección. Podías encontrarte a las dos, pero lo más normal es que el viandante se cruzase con una o con otra. Tras unas cuantas horas de espera, al mediodía, las veíamos reunirse en una de las calles vecinas. Una vez nos acercamos y les hablamos en romanés, a lo que respondieron sorprendidas. Eran habituales de la zona y trabajaban en común. La mendicidad, sobre todo femenina, ha sido un elemento central de la adaptación de muchas familias romá en España.

 

Venta de prensa social

La venta de Prensa Social ha sido un recurso ampliamente utilizado por muchas familias romá que han inmigrado a España. La más importante de estas publicaciones es La Farola, que empezó a venderse en 1994 en Barcelona, poco después en Madrid y luego por toda España. En un principio fue recibida con entusiasmo como un instrumento de reinserción social de los indigentes. En 1996 se calculaba que “3.500 personas subsistían en 12 ciudades españolas gracias a este periódico. En el año 2001, el fundador de la revista fue acusado por varias ONG, pororganizar una trama de inmigración ilegal y de hacerse rico con el negocio de prensa “social” (El País: 5 de mayo de 2001). Durante años, muchos inmigrantes venían con la convicción de que podían viajar a España con el “carnét” de La Farola, lo que no era cierto. En algunos casos, la mendicidad se combina con la venta de esta prensa social. En 2001 se apuntaba que los vendedores “ganan entre 5.000 y 10.000 pesetas al día ( entre 30 y 60 euros) vendiéndola y pidiendo limosna. De hecho muchas veces la llevan en un plástico sólo como señuelo para la mendicidad. Se resaltaba en la denuncia que los niños y niñas son pieza clave para la venta y por eso no los llevan al colegio” (M. Corell, El País: 5 de mayo de 2001).

En suma, un importante sector de los inmigrantes romá en España son capaces de desarrollar procesos de inserción sociolaboral y de obtención de recursos en las que colaboran varios miembros de familias nucleares o extensas en procesos que parecen inviables y que resultan inestables e insuficientes considerados aislados, pero que en secuencia y de forma complementaria proporcionan fuentes de ingresos que les permiten sostenerse en el país de acogida e incluso enviar recursos a sus familiares en Rumania. Este es el motivo central de su venida a España.

 

Universo cultural constantemente reconstruido

Esta es una inmigración que lleva consigo su propio universo familiar y cultural y los superpone con bastante éxito al contexto local. En este proceso de reconstitución y reproducción cultural es fundamental la presencia de varias generaciones, casi siempre tres (padres/madres, hijos casados, hijos menores-nietos) y la presencia de esposas e hijas. El calendario ritual se conserva; y las ceremonias funerarias (pomanas) o de matrimonio o bautismo se repiten en la emigración o se reviven las ocurridas en otros lugares por familiares, usando nuevas tecnologías, desde vídeos y DVD y, sobre todo, teléfonos móviles que reducen los límites comunicativos de un grupo con grandes dificultades de lectoescritura. También se mantienen y se readaptan las formas autónomas de impartir justicia, como el kris, un proceso judicial ritualizado y basado en principios romá, en el que un grupo de hombres respetables y respetados adjudica un contencioso entre dos partes que exponen sus diferencias pública y ordenadamente. Esta forma de juicio se está ejecutando también en España y supone la existencia de una sociedad dentro de la sociedad que se reconoce a sí misma y que opera activamente en sus propios términos.

La aceptación del procedimiento y los resultados de un kris supone ya la existencia de una amplia comunidad más allá de las familias que sigue viva en la emigración. Y en esta “ley gitana”,”la sexualidad, la procreación y el matrimonio parecen percibirse… como nociones fundamentales la sostienen”, de alguna manera “un equivalente a una constitución no escrita que gana en su fuerza vinculante precisamente por no estar articulada” (Weirauch 2001: 3).

Mantener el universo social y cultural romá en circunstancias tan poco propicias es todo un logro de resistencia y afirmación, aunque también genera cierto aislamiento de la sociedad de acogida y problemas de mutuo rechazo e incomprensión que pueden incrementar la segregación y el enfrentamiento étnico que ya se percibe en muchos lugares. Curiosamente, de entre los vecinos de los romá, en muchos casos gitanos españoles, surgen algunos de sus mayores adversarios.

 

5. En resumen

La inmigración romá rumana tiene ya 15 años de historia en España y ha pasado por varias etapas diferenciadas por las estrategias adaptativas de los emigrantes y por las respuestas sociales y políticas que su presencia ha provocado. Desde el año 2002, dentro de una rápida y sorprendente extensión de los flujos de ciudadanos a España, la emigración romá ha multiplicado su tamaño y hay ya amplias comunidades en varias ciudades y provincias españolas.

Nuestro argumento es que la inmigración romá/gitana difiere de todas las otras que acuden a España, por su carácter, sus objetivos y sus formas de inserción social y de reproducción cultural. Desde el inicio del viaje, la inmigración romá incluye muchas más parejas con hijos y tiene por tanto un intenso carácter matrimonial, sexual y procreativo, lo que se manifiesta en todos los censos de las comunidades romá. Dada la mayor fecundidad y la menor esperanza de vida que aún mantienen la mayoría de los grupos gitanos de Rumania y otros países de Europa oriental, nos encontramos con poblaciones más jóvenes que las mayoritarias y con un mayor peso relativo de las cohortes infantiles y juveniles, necesitadas de un esfuerzo especial en educación, alimentación infantil y en general de programas para la infancia y la pubertad.

La presencia de menores, superior generalmente al 30 por ciento, supone oportunidades y desafíos nuevos para estos emigrantes. Primero, la opción preferida por las autoridades de expulsar a los ilegales no ha sido posible y la presencia de niños y niñas ha forzado a las autoridades a conseguir mejores alojamientos y atenciones para los romá. Pero también ha supuesto un aumento del control social sobre las familias y los hogares para asegurar que los menores están escolarizados y siguen los planes de atención sanitaria. Considerando la especial situación de pobreza y explotación colectiva de recursos de muchos romá, aumentan los choques, exigencias e incluso la amenaza de retirada de los hijos por las autoridades y, en paralelo, el rechazo y la resistencia de los romá y la incomprensión mutua.

Hemos visto que, a menudo, la inmigración romá implica un conjunto de hogares vinculados en redes de parientes, vecinos y amigos que es capaz de reproducir rápidamente un universo social y familiar en sus nuevos asentamientos, al tiempo que subraya y defiende las fronteras y barreras invisibles de la etnicidad y la diferencia. Esto provoca una gran capacidad de resistencia en unas condiciones de vida generalmente precarias y que, vistas desde fuera, parecen dominadas por el desempleo, la inactividad, la pobreza y el abandono y, en algunos casos, la delincuencia, pero que, desde dentro, muy a menudo consiguen una situación de esperanza, satisfacción y alegría de estar juntos.

Los romá son maestros en una dispersión familiar con vínculos en red por toda Europa, al tiempo que confirman un universo cultural que enfatiza fronteras y barreras invisibles que se nutre, literalmente, de frutos de la tierra elaborados y purificados por las manos romá, manos femeninas y que enfatiza el ellos/nosotros, gae/rom,reproduciendo, ahora de forma nueva, el juego de barreras étnico culturales de distinción y separación.

Esta emigración está generando también, en las nuevas generaciones criadas en España, una nueva identidad donde convergen, se entrelazan y entran en conflicto varias influencias nacionales, étnico-culturales y morales. Tenemos niños y adolescentes que viven identidades permeables y complejas en las que pueden reivindicar múltiples pertenencias identitarias (identidades all of the above), pero que también corren el riesgo del múltiple rechazo de no ser del todo rumanos, ni romá ni españoles y vivir en un espacio social de alienación.

Sea como fuere, es importante concluir que, por primera vez en siglos, hay amplias comunidades que hablan romaní, que reproducen física y culturalmente su existencia diferenciada y que mantienen ahora, con los recursos modernos del transporte, el viaje y la comunicación digital, una vinculación constante con otras familias y comunidades de toda Europa y de sus países de origen. Pero estas comunidades y redes transaccionales están desarrollando nuevas identidades, nuevos objetivos que dan sentido a sus vidas y una nueva forma de ser romá en Europa.

 



Notas

Quiero agradecer a Giuseppe Beluschi Fabeni sus aportaciones y sugerencias a este artículo. Él es el verdadero experto en los romá inmigrados a España, y pronto se encontrará preparado para hacer importantes aportaciones a su estudio. También quiero agradecer a Mercedes Alba su ayuda en la búsqueda y codificación de las noticias de prensa. Los errores que el articulo contiene son sólo responsabilidad mía. Una versión anterior y reducida del artículo se publicará en la revista Études Tsiganes.

1. Podría argumentarse que los musulmanes europeos constituyen hoy una población más numerosa. Pero eso supondría aceptar que constituyen un grupo o minoría étnica, lo que resulta dudoso. De hecho, una importante porción de romá/gitanos europeos son musulmanes.

2. En España es también creciente la presencia de inmigrantes búlgaros, de los que algunos pueden ser gitanos; pero no tenemos datos contrastados a este respecto.

3. El romanés o romaní es el idioma propio de los romá o gitanos. Se trata de una lengua neo-india, de tipo indo-ario que se ha hablado en Europa desde la Edad Media y supone un registro vivo de la diáspora romaní desde la India. Se calcula que pueden ser más de 6 millones los hablantes de algunos de los siete grandes grupos dialectales del romanés. El más extendido de todos los grupos dialectales es el vlaxo valaco, es decir, el de los gitanos rumanos. Para más información, consultar:
www.llc.manchester.ac.uk/Research/Projects/romani

4. Éste, como todos los nombres de informantes, es un seudónimo.

5. En el verano de 2000 se habían instalado en un sector del poblado chabolista de El Salobral, en el Sur de Madrid, seguramente el más grande de España. Estuvieron allí más de dos años, hasta que el Ayuntamiento les llevó a un poblado de casas prefabricadas del que fueron dispersándose por Madrid y otras ciudades españolas. Habían ocupado algunas chabolas o barracas hechas con maderas, cartón, materiales de derribo y uralitas, pero algunos vivían en tiendas de campaña o en furgonetas y coches, sobre todo los varones sin pareja que tenían familia en las chabolas y tiendas, parientes consanguíneos o afines. Venían principalmente de Craiova, pero también había algunas familias de Tandarei, Tamna y Bucarest. Entre las profesiones que declaraban predominaban los obreros de la construcción y los peones agrícolas, pero había también muchos que decían ser chóferes y un tipógrafo. La mayoría llevaban algo menos de un año en España y habían pasado temporadas en Francia, Italia o Alemania. Las trayectorias migratorias eran variadas. Había varias redes parentales distintas, centradas en torno a varias familias con sus hijos a las que se les habían sumado hermanos, primos, cuñados y en ocasiones alguna mujer con hijos, e incluso una pareja de cuñados que había dejado a sus cónyuges en Italia.

 



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Gazeta de Antropología