Gazeta de Antropología, 2007, 23, artículo 15 · http://hdl.handle.net/10481/7046 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 3 abril 2007    |    Aceptado 30 mayo 2007    |    Publicado 2007-06
El arco iris en la cosmovisión prehispánica centroandina
The rainbow in the Prehispanic central Andian vision of the cosmos



RESUMEN
El arco iris es un fenómeno natural que apenas ha sido investigado en el área andina, en el periodo prehispánico. Las poblaciones nativas le temían, principalmente porque éstas opinaban que se introducía dentro del cuerpo. En las crónicas aparece el Arco Iris como un eje, pero, en el caso inca, éste centra al gobernante como jefe de la comunidad, lo dota de poder sobrenatural. Es decir, el Arco Iris era una divinidad protectora del Inca. De esta manera el fenómeno multicolor se presenta como un acontecimiento complejo, pues se insinúa como una deidad bipolar, relacionada con las dos fuerzas que dominan el cosmos. Pero, su importancia se halla, principalmente, en que fue un agente regulador de los ciclos hidrológicos que fertilizaban las tierras.

ABSTRACT
The rainbow is a natural phenomenon that has hardly been investigated in the Andes area of the prehispanic period. Native populations feared it, mainly because they believed that it got into the body. In the chronicles, the rainbow appears as an axis, but, in the case of the Incas, this axis made the governing person the chief of the community, endowing supernatural power. That is, the Rainbow was a protective divinity of the Incas. In this way, the multicolor phenomenon appeared as a complex event, as it acted as a bipolar deity, related to two dominant cosmic forces. However, its importance was found primarily in that it was a regulatory agent of the hydrological cycles that fertilized the land.

PALABRAS CLAVE
arco iris | cosmovisión | universo indígena | ciclos hidrológicos | Andes | Perú
KEYWORDS
rainbow | vision of the cosmos | indigenous universe | hydrological cycles | Peru


El arco iris

El arco iris es una manifestación de la naturaleza que apenas causó mayor impresión entre los cronistas. Es significativo que la mayoría de las alusiones que existen en los textos se orientan hacia la capacidad de espanto que el fenómeno causaba entre los indígenas, sin embargo, se percibe que el gran arco multicolor fue más que una simple manifestación natural. Consecuentemente, hemos considerado la posibilidad de investigar el concepto que poseían las poblaciones centro andinas sobre el Arco Iris. Si bien, el Arco Iris se descubre como un fenómeno natural que se manifiesta en determinadas ocasiones, en el periodo prehispánico se mostró como una potencia sobrenatural; es decir, el fenómeno propiamente dicho albergaba la potencialidad de una divinidad. Además, teniendo en cuenta que la Naturaleza se percibió como la madre engendradora de la humanidad, nos remitimos a la historia cósmica, entendemos que el prodigio policromo acoge consideraciones más complejas que las que hemos considerado hasta el momento. Así, utilizando como base metodológica las fuentes coloniales y la información recopilada en los trabajos de campo intentaremos ampliar el concepto que poseemos sobre el Arco Iris antes de la colonia.

En la mayoría de los textos, y fuentes coloniales, hemos hallado un nexo de unión en la información. Existe una pequeña alusión al fenómeno multicolor, que, casualmente, casi todos los escritos repiten: los indígenas pensaban que el arco iris era un fenómeno maléfico. Desde esta primera información nos hemos interesado por realizar una mayor indagación sobre el Arco Iris, que opinamos es de gran valor para ampliar la percepción de la cosmovisión andina; la segmentación del universo y sus cauces.

Desde periodos muy tempranos de la historia de la cosmovisión andina aparecen alusiones a formas arquetípicas del fenómeno multicolor. Un ejemplo ilustrativo puede ser la Huaca del Dragón o Huaca del Arco Iris, ubicada en el yacimiento de la antigua capital del reino de Chimú, en la ciudad de Chan Chan. En estas primeras épocas de la historia del Perú antiguo la mayoría de las modelos que se estudian se imprimieron en el arte. No explicaremos las representaciones artísticas de cada uno de estos asentamientos, sin embargo, hemos observado que existe un concepto uniforme sobre el Arco Iris y su asociación con la serpiente bicéfala, que alude, consecuentemente, a criterios doctrinales que van más allá, como veremos, de la mera asociación física. Por ejemplo, hemos hallado notables muestras de la serpiente bicéfala, asociada a los reinos celestiales, en los maravillosos tejidos elaborados durante el periodo de Paracas, en la costa sur de Perú. En las delicadas telas se puede observar que la representación de la serpiente de dos cabezas suele aparecer encarnada junto al Cóndor o al Halcón (Paul 1993: 279). Al igual, hemos advertido que la imaginería animal, que acompaña al reptil bicéfalo, le atribuye rasgos especialmente asociados con el cielo, por lo que se la relaciona, también, entre otras muchas cosas, con los fenómenos atmosféricos, entre ellos, con el arco iris. Por el contrario, las serpientes terrestres, no bicéfalas, suelen asociarse, en la iconografía, al gato montes, la vegetación o el tiburón. Las semejanzas de la iconografía marcan los aspectos de la serpiente-tierra y la serpiente-cielo; semejantes a las características que existen en otras zonas de América, como en el área maya.

De la época de la colonia existen algunas alusiones al Arco Iris. Por ejemplo, Polo de Ondegardo indica como percibieron las poblaciones autóctonas el fenómeno de la siguiente manera: “Tienen por mal agüero y que es para morir, o para algún daño grave quando ven el arco del cielo, y avezes por bueno: reverencianlo mucho y no lo osan mirar…y aquella parte donde les parece que cae el pie del arco lo tienen por lugar horrendo y temeroso entendiendo que ay allí alguna guaca, o otra cosa digna de temor y reverencia” (Ondegardo 1584, cap. V). A través de las recopilaciones obtenidas por Polo de Ondegardo se podría concebir la idea de que el Arco del Cielo fue vinculado a dos aspectos básicos de la cosmovisión, uno “bueno”, y otro “malo”. Además, el lugar del cual nace se relacionaba con seres y formas del Inframundo. Sobretodo con lugares relacionados con los cuerpos de agua: fuentes, manantiales, etc.

Al respecto Pérez Bocanegra observó que como medida profiláctica (1) los nativos: “quando ves levantarse el arco en el cielo, adorasle, echando de tus orines, y regando con ellos, y poniendote tierra en las narices, porque no te entre en las tripas, y barriga” (Polia 1994: 199). En su presencia no se podía reír, ni abrir la boca para no adquirir caries o piorrea. Además, las mujeres no podían pasar por debajo del arco, ni descansar en sitios donde se aparecía el pie del Arco, para evitar bebés muertos o monstruos. Consecuentemente, se poseía la idea de que el Arco del cielo podía embarazar, se le relacionaba con la fertilidad.

Fray Martín de Murúa también recopiló información sobre el Arco Iris:

“El arco del cielo, a quien llamaban cuychi, les fue siempre cosa horrenda y espantable, y temían por lo que les parecía las más veces para morir o venirles algún mal. Reverenciábanlo y no osaban alzar los ojos hacia él. Si lo miraban no se atrevían a señalarlo con el dedo, entendiendo que se morirían o que se les entraría en la barriga, y tomaban tierra y untábanse con ella la cara y la parte y lugar donde les parecía que caía el pie del arco; le tenían por cosa temerosa, y que allí había alguna huaca u otra cosa digna de reverencia. Otros decían que salía el arco de algún manantial o fuente y que si pasaba por algún indio, moriría o le sucederían desastres y enfermedades” (Murúa 2001: 426).

Se podría afirma que el arco del cielo fue muy temido, entre las poblaciones nativas, principalmente porque éstas pensaban que se podía introducir dentro de ellos. Fray Martín de Murúa observó lo siguiente: “salía el arco de algún manantial o fuente y que, si pasaba por algún indio, moriría o le sucederían desastres y enfermedades” (Murúa 2001: 426). Al igual, en la actualidad existe la idea de que el Arco Iris “embaraza”. Cuando realizamos el trabajo de campo en Potosí los informantes nos explicaron lo siguiente sobre el fenómeno multicolor: las informantes Gregoria Vargas Mamami e Ignacia Collque explicaban (2) que el arco iris, cuyurumi, “aparece de malos lugares y se mete en el estómago. Tiene tres colores: amarillo, rojo y verde. Aparece de los puquios”. El medico tradicional Julián explicaba que el arco iris, al igual que un embarazo, te llena la barriga de aguas multicolores que te enferman; y que es preciso curar.

En general el Arco Iris se percibió como un fenómeno natural que poseía una gran capacidad para enfermar, principalmente porque se introducía en la persona que lo presenciaba. Al ser un agente relacionado, además, con Supay, y con los cuerpos de agua, se concibió como un agente dañino, que portaba intrínsecamente la enfermedad.

Durante el incanato el Arco Iris fue una deidad importante para los gobernantes. Apenas existe información sobre sus atributos, sus colores, u otras formas del fenómeno. Sabemos, por ejemplo, que el emblema de Pachacutec era una pequeña bandera con los colores del Arco Iris. Sobre el poder de los incas y su afinidad al Arco Iris, como emblema protector, el investigador S. Waisbard explica que Chuqui Illa, el dios Arco Iris, regaló al Inca Yupanqui, una culebra bicéfala, yawirka, “para que no le sucediera nada siniestro” (Waisbard 1977: 96).

El llauto, el emblema imperial, fue asociado también al Arco Iris. Cuychi, por lo tanto, fue un distintivo “político” durante la dominación inca. Entendemos que el hecho de asociar el poder de los incas con el Arco Iris se debe, principalmente, a las manifestaciones de la entidad en los tiempos primigenios. En los mitos hemos hallado muchas de estas explicaciones. Por ejemplo, Juan de Santa Cruz Pachacuti escribió lo siguiente: “y endonde junto del dicho Apo Manco Capac se lebanto un arco del çielo muy ermoso de todos los colores y sobre el arco pareçio otro arco de modo quel dicho apo manco capac se bido en medio del arco y lo avia dicho una señal tenemos y dicho esto dicen que dijo muçha prosperidad y historias que emos de alçanzar en veniendo el tiempo con todo lo deseado” (Pachacuti: fol.138/6v). En este Arco Iris, ubicado en el cerro de Huanacauri, se hallaba un indio muy fiero, con los ojos rojos, que convirtió a Ayar Cachi en piedra. Ayar Cachi, se presenta como un personaje relacionado con la sal, Cachi, y con el vuelo. La sal, el ají, y determinados colores, como el maíz morado, son ofrendas exclusivamente rituales. Estas particularidades las entendemos como la base de las manifestaciones del hombre-curandero. Es mas, hemos encontrado, en los textos, una gran afinidad entre el Arco Iris y el hombre-curandero.

Las informaciones orientan el concepto del Arco Iris, su aspecto bipolar y la culebra bicéfala, íntimamente ligado al dominio incaico. A través del texto de Huarochiríconcebimos, además, la hierofanía multicolor como un puente, que une el ámbito inframundano y el ámbito celestial. La particularidad de encontrar en el Arco Iris un medio por el cual se pude ascender o descender, lo presenta como un instrumento eficaz del hombre-médico, para atrapar las ánimas de los enfermos. Por ejemplo, entre los muiscas Juan Morales Pazos averiguó que la Serpiente Celeste, Bachue, es asociada al agua, y a la Vía Láctea, como un cordón umbilical de unión cósmica. La particularidad de transmutación de los oficiantes en ave, por su condición etérea, les permite ascender al cielo para agarrar las almas-pájaro (Eliade 417 y ss.). Por lo tanto, el concepto de axis mundi, vinculado al Arco Iris, conlleva una relación con los ritos chamanísticos; y en el caso inca, con los centros de dominación.

En las crónicas aparece el Arco Iris como un eje, pero, en el caso inca, éste centra al gobernante como jefe de la comunidad, lo dota de poder sobrenatural. Es decir, el Arco Iris era una divinidad protectora del Inca. Esta centralización del poder, otorgada por el Arco Iris, la hemos hallado en el texto de Juan de Santa Cruz Yupanqui, que escribió que junto al cerro más alto, “se levanto un arco del cielo muy ermoso, de todos los colores, y sobre el arco apareció otro arco, de modo quel dicho Apomanco Capac se bido en medio del arco” (Pachacuti 1968: 285). Así, el arco era percibido como un puente conectivo entre los dos mundos, y el Apu Manco Capac fue ubicado en medio de éste por ser un individuo sagrado; de esta manera el gran Señor del Tahuantinsuyu fue dotado de poder sobrenatural.

En el panteón inca el Arco Iris ostentó un lugar privilegiado en el templo más importante del Tahuantinsuyu,en el Coricancha. Éste poseía en su interior diferentes capillas para las deidades: una capilla para la Luna, Quilla; otra capilla para las estrellas, Coillur; la capilla de Illapa, para Inti; y finalmente, la capilla del Arco Iris (que precedía a la del Sol). En uno de los costados de la capilla de la deidad se trazó un arco del cielo tan grande que iba pintado de una pared a otra con todos sus colores en vivo. Además, pendientes del techo del recinto colgaban multitud de cristales, que con el movimiento que provocaba el viento, al colarse en su interior, se producía un arco multicolor que regaba las paredes de la estancia. Allí, en medio, se sentaba el inca, como centro y eje motor del universo, albergado por la capa multicolor que sobre él se ponía; reproduciendo los pasos de Manco Capac (Poma de Ayala 1987: 255).

 

 Para observar algunos detalles de la cosmovisión centroandina, y apreciar el lugar que cuychi asumía en dicho mapa conceptual, hemos añadido en el presente artículo el dibujo que realizó Juan de Santa Cruz Yupamqui, obtenido del manuscrito que se halla en la Biblioteca Nacional de Madrid. El Arco Iris está ubicado, como se aprecia en el dibujo, en la región derecha del cosmograma. Lo que más nos llamo la atención es que la derecha, como ejemplifica el ser ubicado en ese lado, se asocia a lo masculino. Junto al Arco Iris aparece el rayo, y el río. Entendemos que el cosmograma hace alusión a tres tipos de fenómenos relacionados con la serpiente, con el agua, y caracterizados como instrumentos de comunicación entre la Madre Tierra y el Cielo inmediato. En definitiva, todos ellos forman parte del ciclo hidrológico que se percibía mantenido en el cosmos andino antes de la colonia.

Fray Juan San Pedro observó lo siguiente sobre el Arco Iris y su relación con los incas: “y dizen q. el ingá tenya dos culebras por armas y así las he / yo visto en muchos tambos especialmente en el Cuzco y en guamachuco / dizen Estos indios q. antiguamente En t.po de chalcochima q. hera capitán /del ingá q. tenya toda la tierra…vino el demonyo hecho serpiente a manera de culebra la q.al hera según / lo q. la vieron tan gorda como un muslo y tenya pelos y la cabeça no podían ver la cola Estando / En t.rra llana a esta culebra o serpiente llamaban uscayguay (uscaiguai, uscayguay) a esta mocharon / los indios para ser ricos porq. traya unas petaquillas de oro en la cola y después…otra vez se les apareció diciendo que quería subir a el çielo lo q.al vieron todas aq.llas/naciones q. allí se hallaron començo subir haziendo bueltas por el ayre” (fray Juan San Pedro 1992: 199). En el presente texto se observa una estrecha relación entre el Arco Iris, personificado en una serpiente, Supayy la riqueza; al igual que nos mostraron los informantes de Tuysuri.

La huaca de Huanacaurirepresentaba los orígenes del poder, y se relacionaba junto al llauto, y otras formas del culto que recibió la serpiente, amaru, con los cimientos de la cosmovisión inca. Pensamos que éstas podrían estar íntimamente relacionadas con conceptos derivados de los andes orientales, de la zona del Perú amazónico. Por lo tanto, la serpiente estaría relacionada con la boa-anaconda, madre de los seres que habitan el plano terrestre, que a su vez posee una forma análoga en el plano celestial, el Arco Iris o la Vía Láctea. En los dos casos ambas formas se relacionan con la lluvia, con los ciclos hidrológicos.

El cuchavira, cocha huira, arco iris en Chibcha, se concibe como el producto del lago. Al igual, en quechua cuichi se traduce, escribió José Toribio, por cu-inti-churi. Cu, agua; inti, sol y churi, hijo, sería, por lo tanto, el hijo del agua y del sol (Toribio 1900: 30). El criterio desarrollado por el investigador podría haber sido una de las bases por las cuales los incas, hijos del Sol, tomaron la deidad multicolor como emblema. Además, esta interpretación reafirma nuestra hipótesis, sobre el aspecto bipolar de la deidad. Bernabé Cobo, y anteriormente Polo de Ondegardo, observaron la ambivalencia del fenómeno, que lo caracteriza como una entidad con cualidades multiformales: “tenían por mal agüero y que era para morir o para algún otro daño grave, cuando vían el arco del cielo, y a veces por buen pronóstico” (Cobo 1956: 233). Esta información es una de las pocas que existen sobre las cualidades benefactoras del fenómeno multicolor. Así, el Arco Iris se manifiesta como un fenómeno ambiguo, con características bipolares; el fenómeno multicolor es “bueno-malo”.

Para el investigador M. Eliade el arco iris es un puente, pero un puente que comunica la tierra con el cielo; es el puente de los dioses. Si bien, el fenómeno multicolor se asocia a las aguas celestiales, a la lluvia, entendemos que en los andes centrales era observado como un atentado de los poderes inframundanos contra los celestiales. Pero, los conceptos del fenómeno sagrado adquieren diferencias, matices, según las regiones que se indaguen. Por ejemplo, para los chibcha de Colombia el arco iris era una entidad divina protectora de las mujeres en cinta (3), mientras que para el pensamiento centro andino fue, y sigue siendo, una entidad que provoca enfermedades, y que es necesario evitar. Uno de los padecimientos que provocaba era la enfermedad de la lluvia con sol, chirapa uncuy (Poma de Ayala 1987: 244). Consecuentemente, opinamos que la deidad multicolor fue muy temida ya que albergaba potentes cualidades sobrenaturales, que ejercían un gran dominio sobre la población. Al respecto el cronista Pedro Cieza de León escribió lo siguiente:

“Si lo miraban, no se atrevían a señalarlo con el dedo, entendiendo que se morirían o que se les entraría en la barriga y tomaban tierra y untábanse con ella la cara y la parte y lugar donde les parecía que caía el pie del arco” (Cieza de León 2000: 425-426).

Al igual, en una narración sobre el origen del Arco Iris se halla la siguiente información sobre el temor que despertaba en las poblaciones: “recogida por los hombres cuando no era más que un gusanillo, a fuerza de comer tomó proporciones gigantescas. Los hombres se vieron obligados a matarla porque exigía corazones humanos para su alimentación Las aves se bañaron en su sangre y su plumaje se tiñó de los vivos colores del arco iris” (Chevalier y Gheerbrant 2003: 136).

El Arco Iris es un fenómeno complejo, pues se insinúa como una deidad bipolar, relacionada con las dos fuerzas que dominan el cosmos. Así, el complejo sistema clasificatorio de los fenómenos naturales fue interpretado, entendemos, como una formación bipolar cuyo equilibrio dependía de su esencia intrínseca. Éstos se formaban, básicamente, de dos sustancias. Dentro de esta pugna cósmica, el Arco Iris surge de las fauces de la madre tierra en ocasiones excepcionales, por lo tanto no es un acontecimiento cíclico, augurado, no se puede observar el movimiento de los astros para anteponer su posible ascensión. Esta particularidad, la de su repentino nacimiento, aturdía en demasía a las poblaciones que lo observaban, descubierto ante los ojos como una infracción del hurin pacha hacia las capas celestiales. Entendían que las dos fuerzas que gobernaban el universo se enfrentaban. Por una parte la fuerza celeste, el orden que el Ordenador (Viracocha) ejecutó en su creación, temporalizada por el Sol; y por otro lado, la fuerza del caos primigenio, que finalizaría con el orden establecido, ubicada en el hurin pacha.

Las dos fuerzas que gobernaban los diferentes planos del universo fueron personificadas por los animales, que comparten esa composición. Por lo tanto, no es de extrañar que se halle gran afinidad entre algunos agentes atmosféricos, por ejemplo, y la serpiente. Luis E. Valcárcel ha escrito sobre la existencia de dos seres mitológicos que podían viajar a través de los diferentes planos del cosmos. Estos seres eran dos serpientes. Una de ellas es la serpiente Yakumama (madre agua) y Sachamama(madre árbol). Cuando Yakumama sube de Uku Pacha, o Mundo de Abajo, llega a la superficie en forma de río, y al mundo de arriba, a Hanan Pacha, en forma de rayo, Illapa. Por otra parte Sachamama tiene dos cabezas, y al subir al Mundo de Arriba se trasforma en Arco Iris, vinculado éste a la fertilidad y fecundidad, pues este precioso fenómeno natural se aprecia cuando ha llovido. En el mito se advierte la misma afinidad entre las serpientes y los fenómenos atmosféricos que ilustró Juan de Santa Cruz Yupanqui en su cosmograma. Por otra parte Sachamama, madre árbol, y el texto que proponemos, nos hace pensar en la posibilidad de vincular el Arco Iris con el árbol del cosmos, identificado por M. Eliade como lugar de reposo de las almas- ave. Al respecto hemos hallado la siguiente información, en el manuscrito redactado por Francisco de Ávila, que apoya esta posibilidad interpretativa: “avia una como puente que era de un grande árbol que se dezia pullao y salía de la una punta de los cerros dichos y del otro salia otro y ambos se venían a encontrar y entretejer y hazían un hermosísimo arco, donde andavan huacamayas, papagayos, y otra diversidad de aves” (Ávila 1604: fol.126.R).

La información recopilada nos hace pensar que la importancia de la serpiente se centró en que representaba, en cierta medida, una forma axial. La transmutación que las serpientes sufren al comienzo del ascenso al Mundo de Arriba, en el texto de Valcárcel, manifiesta su vinculación, o su capacidad para poder viajar. Esta cualidad sobrenatural podría haber sido una de las condiciones más preciadas por el hombre -médico. Así, la capacidad de transmutación, el movimiento cósmico, ayudaría al oficiante en su viaje por los diferentes planos del cosmos. Se observa, además, que el Arco Iris se vincula con el rayo, asociado, también, a una serpiente. Al igual, en el mito que narra el nacimiento de Juan Tama, hijo del rayo, encontramos la siguiente información relacionada, al igual, con el Arco Iris:

“Cuentan que una inmensa piedra bajó por delante abriendo paso y por detrás venían remolinos de musgo y hojas. Juan Tama llegó envuelto en una faja de colores, era el Arco Iris, y traía consigo objetos de oro fino, fue entregado para que lo amamantasen a varias mujeres y todas en ese oficio hallaban la muerte. El niño habiendo venido de una estrella estaría sin sangre. Se lo pasaron a una señora y después a una negra y también murieron; mientras tanto la piel del niño descascaraba como escama de serpiente” (Granda Paz 1998).

Por otra parte, el único animal, como tal, que dibujó Juan de Santa Cruz, en el cosmograma, fue un gato o jaguar que expulsa granizó por la boca, en el lado izquierdo. Éste es un animal que posee la cualidad, al igual que la amaru, de poder trasladarse por las tres regiones del cosmos, aunque son percibidos como animales inframundanos. El felino, o qhoa como lo llamaría Federico Kauffman, sale por las bocas de la Madre Tierra, en forma de granizo. Es el señor de las montañas, el alter ego de lo salvaje, que se precipita por los aires con sus poderes sobrenaturales. Su morada, que se ubica en la montaña, le permite obtener los poderes que posee en su vientre ésta, además de los poderes de clarividencia de las fuerzas nocturnas. El precioso felino está íntimamente ligado a Quilla, la gran tejedora. Ésta relación, curiosamente, nos ha llevado a interpretar al Arco Iris como una gran pieza de colores que se teje gracias a los poderes inframundanos. La idea nos surgió con la lectura del trabajo de campo realizado por Ana de la Torre (1994), pues en la comunidad de Cajamarca el arco iris es percibido como una pieza textil, motivo por el cual posee franjas de colores. Consecuentemente, el Arco Iris demarca de manera bipolar el camino hacia el inframundo, y es, además, acceso o puente para las entidades anímicas, y por extensión para los hombres-médico.

El felino es asociado en el texto de Huarochiríal arco del cielo, además, se reconoce el origen del Arco Iris, en la historia cósmica, durante dicho periodo. La narración explica lo siguiente: “y entrando al lugar señalado vieron que llevava alrededor de la cabeça del león uno como arco del cielo” (Ávila 1604: fol.125.R). Al igual, hemos hallado en casi todos los textos una especial vinculación entre el jaguar, la potencia celeste, la cabeza y el agua. De igual modo hemos advertido la afinidad del felino a los poderes del inframundo, en las manifestaciones artísticas. En los keros, por ejemplo, el artista une la imagen del Arco Iris al felino. A su vez, dentro de la propia composición artística, frecuentemente, el arco del cielo alberga una escena de lluvia. En estos casos se aprecia claramente como el arco del cielo se abstrae en esa compleja bipolaridad de esencias, y evoca tanto rasgos inframundanos, caracterizados por el jaguar, como rasgos celestes, caracterizados por el agua que cae del cielo, por la lluvia. Si bien se ha destacado la importancia de la serpiente bicéfala en párrafos anteriores, se hace necesario anotar algunas características del felino, pues explican el fenómeno del Arco Iris. El jaguar es una deidad ctónica que manifiesta en su ser las fuerzas internas de la tierra, como se aprecia en el dibujo realizado por Juan de Santa Cruz Yupanqui. Algunos investigadores han asociado (Imbelloni y Kauffaman), los felinos que aparecen en los keros, en las extremidades del cuerpo del arco iris, con la representación del qhoa. Esta imagen felina es un ser mítico, llamado también oscollo, titi, amaru, vinculada a los fenómenos atmosféricos. En la gran mayoría de los keros (4)las escenas se desarrollan en el interior del arco iris. Siendo el kero un recipiente para los líquidos, nosotros especulamos con la idea de que se podría estar aludiendo a escenas vinculadas con el mundo acuífero, con el hurin pacha. Así, comprendemos que se relacionen, igualmente, dichas escenografías, con representaciones agrarias, pues el Arco Iris, aparece cuando cae la lluvia fertilizadora en los campos. Este felino es el portador que suministra las lluvias, un desdoblamiento de la deidad que domina los fenómenos atmosféricos.

En los textos coloniales el Arco Iris era provocado por la potencia de Supay, que lo levantaba desde los manantiales, boca por la cual la Pachamama expulsa su fertilidad. Al igual en la actualidad se conserva la misma percepción (de la Torre 1994: 63).Todas las formas de agua emergen o son paridas por las colinas, por los manantiales, por los caminos que surgen del inframundo, consecuentemente están relacionados con el hurin pacha. Así, los fenómenos que se ocasionan y están asociados al fluido vital, como el Arco Iris, fueron percibidos como manifestaciones del inframundo. Pero, además, el Arco Iris es un elemento que surge gracias a la ayuda del Sol, consecuentemente, es una forma de manifestación tanto del Inframundo como del Mundo Celestial. Posee cualidades de las regiones celestes, pero es un fenómeno principalmente acuático, “es percibido como una señal de que la entidad Shapi está intentando tomar, conquistar el cielo, pertenencia absoluta de la entidad Amito” (de la Torre 1994).

Por otra parte, la amaru, no bicéfala, como agua terrestre, era personificada por los cuerpos de agua como los lagos o los ríos; y, además, con el rayo. Estos fenómenos meteorológicos, junto a determinados animales y plantas, se podrían agrupar en un subconjunto caracterizado por aquellos seres que poseían un especial interés en la cosmovisión centro andina. Así, hemos apreciado que algunos animales han sido elegidos para representar el plano celeste, como el cóndor, y otros el inframundano, como el jaguar. Algunas plantas están íntimamente relacionadas con el mundo celestial, como el árbol, y otras con el hurinpacha, como la villca.

Para Mercedes de la Garza la serpiente bicéfala en forma de U, en el área maya, evoca a la luna, a la cueva, y a las fauces de la serpiente, asociada a su vez al agua y a la fecundidad de la tierra. De igual modo desde las primeras manifestaciones de arte en la zona centro andina se aprecia como la serpiente bicéfala aparece asociada al plano celestial, al arco iris. Podríamos generalizar y decir, consecuentemente, que el reptil, céfalo o bicéfalo, está inseparablemente relacionado con la mayoría de los fenómenos meteorológicos. A su vez, la serpiente, tanto en el plano celeste, como en el terreno, se puede fusionar con otros animales. Este complejo sistema transmutativo de las formas sagradas conlleva un sistema de cosmovisión, que mencionaremos brevemente. La polaridad de la serpiente bicéfala ha sido entendida por los investigadores como la representación de la lucha de contrarios, de las dos fuerzas que rigen el cosmos en continua batalla. La representación material de esta pugna se hace palpable durante la estación seca y la estación lluviosa (de la Garza 1984: 175). La serpiente está íntimamente ligada con el tiempo de lluvias, por lo que pensamos que de ese característica intrínseca proviene, además, su asociación al Arco Iris. El fenómeno multicolor es producto de la fusión de la lluvia y del sol. Al ser fruto de estas dos formas sagradas posee, como hemos señalado con anterioridad, un complejo sistema de valores.

Una de las características más notables del Arco Iris es su colorido. No tenemos noticias sobre los colores que eran asignados al arco iris durante el periodo prehispánico. En general, se podría afirmar que los colores no llamaron la atención a los cronistas, y en la mayoría de los casos las noticias son fortuitas. Por ejemplo, J. Vega y P. Guzmán comprenden que los siete días de la semana estaban repartidos de acuerdo con los colores del arco iris: nayruru, wasuru, jichhuru, qharuru, jurpuru y qhepuru (Vega y Guzmán 2005: 37-71). Así, los días se percibían bajo los colores. Al igual, existen dos tipos de días: días móviles y días estáticos. Los “días móviles” son: nayruru: otro día; waluru: anteayer; wasuru: ayer; jichhuru: hoy; qharuru: mañana; jurpuru: pasado; qhepuru: después. Y los días estáticos, añaden los investigadores, son: chupuru: sábado; wanturu: domingo; q’elluru: lunes; ch’oxñuru: martes; laqpuru: miércoles; larmuru: jueves; kulluru: viernes (Vega y Guzmán 2005: 37-71). Además, como hemos explicado, existían días “buenos” y días “malos”, por lo que se concibe la idea de que los días malos estarían asociados a colores relacionados con las regiones del hurin pacha; mientras que los días buenos, estarían relacionados con tonalidades claras. Desgraciadamente no tenemos mayor información al respecto.

En el trabajo de campo que realizamos en Tuysuri, Tinquipaya, Potosí, los informantes respondieron diversas opiniones sobre el color del Arco Iris. La partera Delia Mendohuanca nos explicó que el cuyurumi posee cuatro colores: el azul, el rojo, el amarillo y el verde. Por otro lado, el informante Óscar Huarachi Belén nos mostró una información muy interesante, por ejemplo, concebía que el arco iris cuando se ubica junto a un río posee cinco colores, en cambio cuando se halla en el interior, en el campo, éste posee siete colores. Denota, consecuentemente, una metamorfosis del fenómeno multicolor originada por el lugar por el cual brota; o junto al ser al cual se adjunta. Gregoria Vargas Mamami e Ignacia Collque, explicaban que el arco iris, cuyurumi, “tiene tres colores: amarillo, rojo y verde. Aparece de los puquios”. En las informaciones obtenidas hemos apreciado que el color rojo, el amarillo y el verde son tonalidades afirmadas en todas ellas, pero, al igual que el color del Arco Iris, éstas varían según la informante, y la región. Consecuentemente, se podría especular con la idea de que durante el periodo pre-colonial el Arco Iris poseyese rasgos identificatorios relacionados con la región y la comunidad inscrita a ésta.

En la cosmovisión prehispánica se concibieron cuatro formas de ver una misma deidad. Por ejemplo, la deidad Intiy sus tres formas principales, cada una acorde con los cuatro rumbos del cosmos; o Illapa y sus tres formas diferentes, cada una de ellas relacionadas con una calidad diferente que marca tanto la vida de la entidad o astro, como la esencia que posee en el ciclo de metamorfosis. Éstas responden a los niveles del cosmos: joven-maduro-viejo-inframundano. De esta manera se entiende que cada una de las regiones que formaban el Tahuantinsuyues una entidad viva y cambiante, que a su vez se mezcla con su vecina, y que posee un origen unigénito. Es decir, las formas elementales del cosmos permiten describir éste desde un panorama complejo, cambiante, dotado de esencias que fluyen por éste y se fusionan. Así, hemos concebido la idea de que estas esencias, ordenadas por el Hacedor (Viracocha) en las diferentes regiones del cosmos, se mezclaban en un eje sagrado multicolor, el Arco Iris, juntando las calidades de los colores del universo; en un lugar preciso y en un momento no-determinado. De esta manera cuando las energías se mezclan, el fluido frió y el calido que comparten el cosmos, y nacen del inframundo, se produce un fenómeno sobrenatural que es el Arco Iris. Éste posee todos los colores fríos y los colores cálidos, puede enfermar, o beneficiar. Aparece en un momento no- preciso y en un lugar concreto, sagrado, un manantial, por ejemplo, lugares que se asocian al fenómeno extraordinario. Al respecto el investigador Galinier, para los otomíes, observó que en los extremos del cosmos se hallaban las esencias en estado puro, así, “el universo era coextensivo al conjunto de los colores del arco iris, los cuales son atraídos por un solo punto del espacio, el ‘centro’” (Galinier 1990: 524, en Espinosa Pineda).

Gracias a una cita de Bernabé Cobo sabemos que los colores estaban unidos a los rumbos, por lo tanto, a una coordenada espacio-temporal: “ofrecíanle conchas de todos los colores, conforme a los tiempos” (Cobo 1956: 175). Las ofrendas responden a una metodología determinada y pensada para obtener unos resultados óptimos, en un periodo temporal concreto. El escrito nos ha hecho pensar, al igual, que las ofrendas de un color determinado respondían a los sacrificios que el calendario imponía. El espacio-tiempo se pensaba caracterizado por un color determinado. Teniendo en cuenta que el Arco Iris posee todos los colores del universo, o bien posee tres, o dos, o uno, etc. Es posible que cada cultura utilizase unos colores diferentes para caracterizar la entidad; pero todos ellos asociaban el fenómeno multicolor al espacio-tiempo.

Este fenómeno natural es un factor extraordinario que alberga en sí la indeterminación, no se pude establecer la secuencia de su aparición, y, además, alberga todos los colores de los rumbos del cosmos; formando, consecuentemente, un solo eje multicolor. El eje se formaría por aquellos colores que son portadores de “esencia buena” y los que son portadores de “esencia mala”. Según Chevalier y Gheerbrant, un eje se establece con la unión de dos fuerzas contrarias, que se unen formando un gran vértice. Opinamos que al caracterizar al Arco del Cielo como un eje estamos mostrando, consecuentemente, la unión de las fuerzas que emanan de los diferentes rumbos del cosmos. Este aglutinamiento de poderes sobrenaturales dotaría a la entidad multicolor de unos poderes extraordinarios, excepcionales. Para comprender con mayor claridad la propuesta planteada sobre el Arco Iris hemos elegido el presente texto: “era un lago de aguas negras, mal oliente y profundas, en cuyas angostas riberas de hombres vivían pobres, mal alimentados y en permanente zozobra..los hombres sufrían mucho y decidieron invocar la memoria de Wiracocha. El señor supremo del Fuego, la Tierra y el Agua ordenó al dios Tulumaya que fuera en su ayuda. Tulumaya posó sus piernas de 7 colores en los extremos del lago y produciendo un gran ruido, como el de rocas que se abrían, hizo nacer de su pecho un macho de Gran Serpiente alada llamada Amalu. El Amalu tenía junto a la cabeza un par de alas membranosas y puntiagudas como las del murciélago, el pico achatado similar al de lagunas aves del lago. El resto de su cuerpo era de serpiente” (Granda Paz 1998: 44).

En el texto se observa, claramente, el concepto “enredado” de poderes sobrenaturales relacionados con el Arco Iris. La narración continúa explicando que la gran serpiente luchó con los monstruos del lago y que los venció. Pero ésta poseía una gran voracidad que los hombres no podían saciar. Además, habían nacido pequeños amalus que devoraban a los hombres. El dios Arco Iris, Tulumaya, parió un nuevo monstruo. Los hombres atemorizados imploraron de nuevo a Viracocha, y creó dos nuevos dioses para que se enfrentasen a estos monstruos: Aulit, el rayo, y Waywa, el viento, que vencieron a los amalus. Tulumanya hijo, desde entonces adopta la forma de una serpiente de granizo blanca y alada (Granda Paz 1998). El texto alude a esta manifestación multicolor, de la suma de las regiones cósmicas, y a la gran culebra que representa la voracidad insaciable de la Madre Tierra en la estación seca, en el tiempo de su gestación. Pero, un dato muy importante es la oscuridad que precede a la intervención de Tulumaya, el Arco Iris. El fenómeno se presenta, como veremos, como una manifestación mas del Creador, en este caso Viracocha, que instaura un muevo periodo de luz, tras la oscuridad. Así, los colores, a su vez, representan el orden primigenio que el Hacedor estableció cuando creo el mundo; pero en el caso del Arco Iris se manifiestan en un solo acto, es decir, posee todas las tonalidades de la segmentación del cosmos.

El papel del Hacedor se propone en los textos, opinamos, como el ordenador de lo establecido, los seres son de la manera que él los ordenó, así, por ejemplo, éste formó de barro en Tiahuanacu a los hombres. Al igual, como hemos mencionado, los colores marcan la diferencia de las naciones, dispuestas éstas por la deidad en cada una de las regiones del plano terrestre. El color es la muestra material de la supremacía de los poderes celestes, frete a los inframundanos. Pero, la complejidad que porta la deidad Arco Iris se halla en su papel como mediador de los cataclismos por agua.

De manera paralela, hemos observado que el Arco Iris posee un aspecto bipolar, es decir, al igual que enferma ayuda a los campesinos; aunque el aspecto maléfico del fenómeno impera por encima de otras percepciones en las crónicas. El médico tradicional Alberto Camaqui nos explicó que:

“El arco iris en el mundo andino es muy distinto, es una cosa como sobrenatural, realmente este arco iris sale de los lugares ciénagas, pequeñas bocas de agua, salen y como lanzan en forma de un arco y cuando las personas o mujeres embarazadas cuando ven esto puede ocasionar que se introduzca al estomago, tanto a la mujer, tanto al varón. Cuando se introduzca parece que espera familia, pero en realidad es el arco iris que se ha introducido en el estomago, dentro hay un líquido, en los hombres lo mismo, no es tan abultado, tiene dolores estomacales, tiene molestias constantemente. Es como un sobrenatural para nuestra gente. Por otra parte sirve también para diagnosticar cuando va a llover, lo tomamos con dos maneras, uno que puede provocar la enfermedad, y uno para diagnosticar el tiempo, cuando va a llover o no va a llover” (Potosí, septiembre 2006).

El arco iris se manifiesta en el cielo inmediato, pero su origen lo sitúa en el inframundo, en el hurin pacha. Se concibe que éste enferma, pues, posee aspectos del hurinpacha, pero, a la vez, ayuda a entender los ciclos hidrológicos de la naturaleza. Su aspecto multicolor, su relación con la fertilidad lo vincula íntimamente con Supay. En el imaginario popular Supayse percibe de muchos colores, multicolor, es una deidad, al igual, que enferma, pero, se le considera, en ciertas ocasiones, en Carnaval, como una fuerza que ayuda, que porta las lluvias. En “su época” se le puede challar para pedir “riquezas”. Cuando realizamos el trabajo de campo pedimos a los niños del colegio de Tuysuri, Tinquipaya, Potosí, que dibujasen un panorama de lo que entendían por su entorno. Todos los niños han coincidido en varios aspectos: en dividir el universo en tres, y en establecer cada una de estas secciones con sus seres. Pero, al dibujar, los niños del colegio, a Supayeste aparece multicolor, sus cuernos se asemejan al arco iris. Este dato despertó nuestro interés por conocer la relación de Supay con el arco iris. La relación se entiende de la siguiente manera, explicaba Patricia Fuertes, maestra de Tuysuri, “el diablo dicen que es muy rico, el diablo vive en la tierra, en carnaval cuando él sale, sale con toda su carroza, ese día al diablo esta por todos los lados, hay que pedir, chillando. Hoy está por aquí, hay que pedirle algo, un auto, una casa” (Tuysuri, septiembre 2006).

Comprendimos que tanto los niños como la maestra relacionan los colores con la abundancia (5), con la fertilidad, el aumento y el bienestar. Así, Supaycuando aparece en agosto, mes relacionado con el inframundo, como muestran las crónicas, aparece como una deidad relacionada con la abundancia, la fertilidad y las lluvias que bañan las siembras. Pero, a la vez, se le teme porque las lluvias que anuncia pueden regar en demasía los sembrados y “matar” la cosecha. Así, el Arco del Cielo asciende desde el hurin pacha, al igual que Supay, y anuncia a los agricultores la regulación hidrológica. La apreciación actual nos sirvió para comprender que el Arco Iris poseía una percepción compleja, semejante a la mantenida en el periodo prehispánico sobre la Vía Láctea. Así, de la misma manera que la Vía Láctea fue percibida como una gran serpiente, o una llama, que absorbía las aguas, el Arco iris se percibió, al igual, como una serpiente que chupaba el agua de la tierra, en un circuito más reducido, y que en forma de lluvia regresaba a ésta (Sherbondy 1992: 90). Al respecto hemos hallado la siguiente información recopilada por fray Martín de Murúa:

“Y vieron un Arco del Cielo, que era tiempo de aguas, y el un pie estaba fijado en el cerro [Huanacauri], y como lo viesen una mañana al alborear, de lejos, dijeron los unos a los otros : veis aquel Arco, y todos respondieron que sí, y dijo Manco Capac, el mayor: buena señal es aquella, que ya no se acabará el mundo por agua; vamos allá y desde allí veremos a donde hemos de fundar nuestro pueblo, y echaron suertes qué harían, y en ellas supieron cómo era buena llegar aquel cerro a ver lo que había y qué tierra se parecía de allí, y viniendo caminando hacia el cerro, de lejos vieron una huaca, bulto de persona, que estaba asentado, y el arco llegaba a los pies de la huaca. Era esta huaca de un poblezuelo llamado Sano, que estaba a una legua pequeña, de allí llamase huaca Chimpo y Cahua, y entraron en consulta y trataron que sería bueno cogerlo y que si no lo tomaban, que no tenían ningún remedio, y yendo a ello, Ayarcache, así como llegó a la huaca se asentó sobre ella y le dijo :¿qué hacéis, hermano? estemos juntos, y la huaca volvió la cabeza a conocer quién era, y como lo tenían oprimido, no lo pudo ver bien, y queriéndose desviar, no lo pudo, porque se le quedaron las plantas de los pies pegados a las espaldas de la huaca. Los hermanos, entendiendo que ya estaba preso, fueron corriendo a ayudarle, y des que así se vio les dijo, cuando llegaron: mala obra me habéis hecho, que ya no puedo ir con vosotros; ya quedo apartado de vuestra compañía y sé que habéis de ser grandes señores. Lo que os ruego es que en todas vuestras fiestas y sacrificios os acordéis de mí y cuando hicieres Guarachico a vuestros hijos como a su padre que acá por todos queda, sea yo adorado dellos; y así quedó Ayarcache hecho piedra y le pusieron por nombre Guanacauri, y los hermanos, muy tristes, se volvieron la cuesta abajo y llegaron a un sitio que está a los pies del cerro Huanacauri, llamado Matahua, y allí horadaron las orejas a Sinchiroca, que es Huarachico, y lloraron la dejada de su hermano y dijeron: Oh, si nuestros hermanos vieran este infante, como se holgaran con él, y comenzaron a llorar, y allí se inventó el llanto de los muertos y las ceremonias con que se lloran, y tomando para ello el Pharasis y de las palomas, y allí inventaron las ceremonias de los raimis quico chico y rutu chico y la fiesta del ayuscai, que todo se declara en su lugar” (Murúa 2001: 41-42).

Consecuentemente, el Arco Iris fue un agente controlador de la lluvia, éste se comprendía que absorbía las lluvias, formando, así, al comunicar los planos del cosmos, un “circuito cerrado” por el cual circulaba el agua. De esta manera se concibe que el Arco del Cielo controló el agua evitando, al igual que la Vía Láctea en el texto de Dioses y hombres de Huarochirí, desbordamientos. Al respecto la investigadora Cecilia Sanhueza añade lo siguiente:

“La variedad de colores era también un atributo de Mayu, asociado en algunas tradiciones con un río terrestre, el Pilcomayo de la región de frontera oriental del Tawantinsuyu. El Pilcomayo o río de la “mezcla de colores” cruzaba el espacio celeste “para hundirse en el ukhupacha, al oeste, y volver a ascender luego, henchido de tierra fértil” (Zecenarro 2001: 188, en Sanhueza 2005: 68).

En conclusión podemos decir que la indagación de los aspectos del Arco Iris, su relación con los diferentes planos del universo, y con las formas primigenias del pensamiento mítico centro andino, amplían el concepto que se tenía hasta el momento de la entidad sagrada. El Arco Iris, en la zona centro andina, se vinculaba a la serpiente bicéfala y al jaguar, y representaba, en última estancia, la capacidad sobrenatural que dichos animales albergan en los diferentes planos del cosmos. Por lo tanto, lo podemos asociar a la curación, a la enfermedad, a la fertilidad, la fecundidad, a los animales celestiales e inframundanos, etc. Al concepto de tiempo cíclico. A través de los textos se pude apreciar que son los colores fríos los que pertenecen al señor del hurinpacha; mientras que los cálidos pertenecen a los terrenos celestes. Opinamos que los colores están íntimamente relacionados con los rumbos del cosmos, y con la esencia que los caracteriza. La unión de estos, o la mezcla de estos, se percibía como un movimiento del cosmos, o de las fuerzas que hacen germinar la vida. Así, el Arco Iris se gesta en el inframundo, como una tela que realiza Quilla, y es levantado contra las fuerzas celestiales, por un espíritu del inframundo, relacionado, consecuentemente, con el mundo de la oscuridad, del agua, etc. El surgimiento de esta hierofanía multicolor, que tanto temor ocasionaba, se presentaba de forma no temporal, sin un aviso o una presentación anterior, que hace de esta expresión natural un acontecimiento quimérico. Su atemporalidad lo relaciona con las fuerzas del desorden, del desequilibrio. Su manifestación, cargada de poderosas fuerzas sobrenaturales, fue percibida como una manifestación de las potencias primigenias que separaron el cosmos en dos, cielo-tierra. El Arco Iris se observaba, por lo tanto, como una hierofanía de los dos poderes que regían el universo. Así, la manifestación de los rumbos del cosmos en la deidad multicolor fue una de las creaciones que el principio organizador realizó, al derrotar las fuerzas del caos y de la oscuridad. Al igual, concebimos que los fenómenos meteorológicos, y demás manifestaciones naturales, fueron percibidas como repeticiones de este acto de creación divina. Los colores fueron el instrumento cardinal para el Creador, en su clasificación y ordenación del mundo; estos muestran la complejidad de la cosmovisión centro-andina. Se diferencian, por lo tanto, los colores fértiles de los colores estériles; los colores masculinos de los colores femeninos, las diferentes poblaciones, las diferentes vestimentas, etc. Y todos los colores se unen en un momento no-determinado, en una región determinada de la geografía, para formar el Arco Iris.

Por otro lado, la característica benefactora del arco iris se expresó por su estrecha relación con la fertilidad y con la lluvia. Como entidad sobrenatural, que poseía esencia celeste, cubría la bóveda espacial de colores que notificaban la caída del fluido vital. Además, su conglomeración de poderes, de los diferentes rumbos del cosmos, le otorgaba, de igual modo, una gran capacidad tanto para la curación, como para la enfermedad.

Hemos advertido, además, que el Arco Iris puede ser entendido, básicamente, como un eje que comunica las relaciones de la tierra con el cielo. El fenómeno multicolor se forma cuando brotan todas las sustancias, representadas por sus respectivos colores, del inframundo hacia el cielo inmediato. Comprendemos que es un agente frío y cálido, inframundano y celeste, por lo tanto, es un mediador de los planos del cosmos. Un agente extraordinario que se percibe como una señal anunciadora. El Arco Iris, al surgir por las fauces de la tierra establece, en ese momento, un centro del universo, un lugar sagrado, que comunica los planos del cosmos. El lugar y el momento de surgimiento del fenómeno, por su gran potencialidad sobrenatural, fue percibido, por las comunidades andinas, como un suceso que albergaba peligrosidad. Esta particularidad nos ha hecho pensar que se trata de un fenómeno en el que se aprecia claramente el aspecto bipolar de la esencia que poseen los seres que habitan el cosmos. Como toda manifestación sobrenatural éste alberga en sí mismo una cualidad que la diferencia de otro fenómeno. Al ser una entidad que nosotros percibimos más vinculada con el inframundo, que con los terrenos celestiales, su característica, la sustancia que se incrementa en su ser, es el fluido frío, inframundano, aunque posee aspectos vinculados con el cielo inmediato. Al indagar las noticias que aparecen en los textos, sobre la entidad multicolor, se aprecia claramente esta identificación con el inframundo. Así, en la mayoría de las informaciones el fenómeno es observado como una manifestación de los poderes inframundanos, como un comunicado nefasto para la comunidad. Pero, existen algunas noticias sobre ese otro aspecto que concibe la manifestación multicolor como un fenómeno extraordinario, bienhechor. Estas noticias se relacionan, además, con el incanato y sus manifestaciones de poder centralizador. Pero, su importancia se halla, principalmente, en que fue un agente regulador de los ciclos hidrológicos que fertilizaban las tierras.

 


Notas

1. En el trabajo de campo que realizamos en la zona quechua de Potosí el médico tradicional Alberto Camaqui nos explicó lo siguiente sobre las medidas profilácticas: “que hay dos tipos de sal, una de ellas se utiliza para poner en las casas, por ejemplo, para espantar al Supay, la sal posee fuerza, mucha fuerza y esa casa al tener sal esta protegida, ahuyenta los espíritus malos” (Potosí. Septiembre 2006). También nos explicó que hay que ahuyentar con orines al Arco Iris. Las medidas profilácticas, para alejar al Arco Iris, se perciben semejantes a las medidas tomadas durante el periodo pre-colonial. Éstas están íntimamente relacionadas, as u vez, con las medidas profilácticas que se deben tener en cuenta para espantar a Supay, en general a los espíritus intra-terrenos.

2. Mi agradecimiento a la doctora de Tuysuri, Zulma Rosis y a la maestra Patricia Fuertes por traducir del quechua al español las informaciones de la gente de la comunidad.

3. Hemos hallado una narración centro andina que relaciona una mujer en cinta con el arco iris, pero es del tiempo presente. “sucedió que un día, la esposa fue a traer agua de un manantial cercano en momentos que estaba lloviendo y saliendo en a la vez y al instante se formo el arco iris. Pero la gente ya había comentado que traer agua del manantial en esas circunstancias es malo porque el manantial es un ser que hace daño; por lo que desde entonces la señora apareció gestando…la mujer dio a luz y de cuyo vientre salieron sapos y culebras” Tradiciones orales de Huancavelica, 2005:12). Podíamos pensar que el arco iris tenía la potencia de gestar en el útero de las mujeres, que se hallaba en proceso de gestación. Además, al ser un acontecimiento relacionado con las potencias inframundanas “crea” animales infraundanos. Otra posibilidad se centra en considerar la posibilidad de que las mujeres pudiesen atraer, durante la gestación, los agentes anímicos de su entorno. Hipótesis que concuerda con las tradiciones recogidas durante la colonia, y con los trabajos de campo realizados en la actualidad. De esta manera, la esencia del periodo espacio-temporal circundante se trasmitía a la criatura en gestación.

4. En el estilo formal (Rowe) o virreinal arcaico (Gisbert) la presencia de dos arco iris, originados en la fauces de dos pumas, generan cuatro campos, dentro de los cuales se observan dos motivos antropomorfos, que diferentes autores consideran representan al Inca y la Coya; en el punto de unión de los arcos puede existir un motivo fitomorfo o una tercera representación femenina (Mulvani 2004). Los keros de la época Inca-colonial, están decorados con escenas figurativas pintadas. Las figuras humanas suelen representar a un Inca con su escudo y armas, solo, bajo un arco iris, acompañado por una mujer o en escenas preferentemente guerreras.

5. Supay es el dueño de la riqueza, del oro, de la plata; de la abundancia en general.

 



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Gazeta de Antropología