Gazeta de Antropología, 2006, 22, artículo 17 · http://hdl.handle.net/10481/7103 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 15 marzo 2006    |    Aceptado 31 marzo 2006    |    Publicado 2006-04
A propósito de un ritual. 'Correr el gallo', un rito de iniciacion
About the ritual: 'Cock race' as an initiation rite



RESUMEN
Los rituales han sido estudiados de manera amplia desde la antropología y también desde la terapia familiar sistémica. La cual, retomó los rituales del plano descriptivo-antropológico para utilizarla como técnica psicoterapéutica. En segundo lugar, y aprovechando la revisión anterior, el siguiente trabajo describe y analiza un rito de iniciación que se viene realizando de manera tradicional en una serie de pueblos de la provincia de Zamora, aunque últimamente se encuentra amenazada de extinción. Esta ceremonia, añade además unos elementos narrativos muy importantes: las relaciones (material que se muestra al final del trabajo). Utilizando varios de los conceptos desarrollados por la teoría sistémica se analizan las repercusiones y funciones de dicho ritual en el sistema pueblo, que es un sistema más amplio que el de familia, al cual engloba.

ABSTRACT
Rituals have been widely studied from Anthropology as well as systemic family therapy. The latter is examined from a descriptive anthropological level for use as a psychotherapeutic resource. Secondly, taking advantage of previous overview, the following paper describes and analyses an initiation rite which has been traditionally performed in some villages of Zamora (Spain). Although lately threatened with disappearing, this ceremony adds many important narrative features: the relationships. Using several concepts developed by the systemic theory, we analyse the repercussion and functions of such rite in the village system, broader than the families which it involves.

PALABRAS CLAVE
ritual | terapia familiar sistémica | rito de iniciación | folclore | correr el gallo
KEYWORDS
ritual | systemic family therapy | iniciation rite | folklore | cock race


Introducción

El ritual ha sido un tema tratado desde siempre por antropólogos que han descrito las costumbres y ritos de pueblos y comunidades. Por su parte la terapia familiar sistémica tiene una tradición de utilización de rituales creados en sesión que parte del trabajo realizado por Mara Selvini y la escuela de Milán en los años 1970 y que ha llegado a convertirse en una de las técnicas características del modelo sistémico. Su eficacia para lograr cambios terapéuticos ha sido descrita por gran número de clínicos dentro de la literatura sistémica (Ochoa de Alda 1995).

Utilizando varios de los conceptos desarrollados por la teoría general de sistemas, adoptaré un enfoque en el que el acento estará puesto en el sistema pueblo, que es un sistema mas amplio al de la familia, al que engloba. El sistema pueblo se entiende, como una comunidad global de personas que conviven en una localidad común y por lo tanto tienen entre si unos determinados vínculos e interacciones, a la vez que comparten unas determinadas tradiciones, historia, legados, mitos, normas implícitas y explícitas, etc. Todo esto genera un sentimiento de identidad común. En este sistema pueblo tienen mucha importancia las familias extensas, vecinos, etc., Será por tanto un enfoque ecosistémico, Ya que como describiré mas adelante la ceremonia se lleva a cabo ante todo el pueblo.

Algunos autores han subrayado las dificultades que se encuentran las familias de las sociedades modernas para señalar el fin de una etapa evolutiva y el comienzo de otra ,en especial, de la adolescencia a la adultez. La ceremonia de correr el gallo que se presenta aquí, es un ejemplo de rito de paso o de iniciación, que entre otras funciones que se expondrán, se encuentra la de marcar y facilitar el paso de un periodo evolutivo a otro. Este rito se viene realizando de forma tradicional en mi cultura desde tiempos antiguos. Mi abuelo me relataba que siempre lo conoció; y actualmente se mantiene con muchas dificultades, aunque la amenaza de desaparición está presente a causa de la progresiva disminución en el número de quintos, debido a la reducción de la población que sufren nuestros pueblos.

Ochoa puntualiza que “los rituales no son patrimonio de los terapeutas, sino procedimientos propios de pueblos y familias”. Otra cuestión es que, en el trabajo como terapeutas, debiéramos de tener muy en cuenta la importancia que tienen estos fenómenos en las personas y familias que participan de estas tradiciones (y de cualquier otra), y conociendo estos procedimientos, que de forma espontánea son realizados y “que tanto beneficio aportan a los pueblos”; puedan surgir nuevas ideas de cara a generar otras alternativas que puedan ser usadas en el contexto terapéutico, de cara a intentar promover cambios que ayuden a un funcionamiento más adaptativo, no sintomático, de las familias e individuos que, por causa de su sufrimiento, llegan a solicitar una terapia. Además de, y por supuesto, como un elemento, que bien trabajado, puede aportar sustanciosa información, sobre todo de tipo relacional.

 

1. Concepto de ritual y rito de iniciación desde la antropología

Desde la antropología hay que señalar que los límites operacionales del concepto no están claros, incluyéndose dentro de la palabra ritual o rito -ambos términos se usarán aquí indistintamente- diversas prácticas y actos. Nos encontramos con una serie de antropólogos que han trabajado acerca de la definición y concepto de ritual, entre ellos se acepta la definición de Victor Turner (1967) de ritual, en la cual destaca que “el símbolo es la unidad mínima de un ritual”, sin embargo se matizan ciertos aspectos. Moore y Myerhoff (1977) matizan que los estudios antropológicos se habían limitado a los aspectos mágicos y religiosos de la cultura, en parte por el tipo de sociedades que los antropólogos se habían centrado en estudiar hasta el momento, la mayoría sociedades muy primitivas y remotas, en las cuales lo mágico o religioso era lo esencial, sin embargo las sociedades se han ido secularizando cada vez más, y la definición de lo “sagrado ” va más allá de la definición religiosa o mágica y se centra más en lo especial como de algo dotado de un significado mas allá de lo cotidiano.

Siguiendo con las contribuciones de otros antropólogos Rappaport (1971) puso en claro seis aspectos claves del ritual, especialmente en las ceremonias colectivas:

1. Repetición: no solo de la acción sino también del contenido y la forma.

2. Acción: no sólo decir o pensar algo sino también hacer algo.

3. Conducta o estilización especial: en las que las conductas y los símbolos u objetos simbólicos se apartan de sus usos comunes y habituales.

4. Orden: algún comienzo y algún final, así como un cierto límite a la espontaneidad.

5. Estilo de presentación evocativo: por el cual mediante la representación y el enfoque se crea un “estado mental de atención”.

6. Dimensión colectiva: donde existe un significado social a la ceremonia ritual.

Myerhoff acepta estos aspectos del ritual y además destaca la importancia que tienen en la realización de estos los aspectos físicos, es decir, los ” trajes, mascaras, colores, texturas, olores, alimentos, bebidas, canciones, danzas, decorados, encuadres, y demás”, que confieren un significado especial al marco en el que se realiza la ceremonia ritual que trasciende lo cotidiano. Esta autora afirma: “Los rituales se distinguen de la costumbre y el simple hábito por su utilización de símbolos. Su significación va mucho mas allá de la información que transmiten… Dotan de un significado mas amplio a las actividades con las que se asocian”.

Desde una línea mas sociológica de la antropología se ha debatido acerca de la función social del ritual. Así, revisando la literatura sobre el tema, descubrimos que desde un planteamiento clásico, el ritual fue considerado un elemento conservador de un determinado orden social. Sin embargo, posteriormente se empezó a considerar también la capacidad de los rituales de provocar cambios en la estructura de la comunidad, o bien de reflejar y señalar las trasformaciones sociales, siendo fundamental para ello que el ritual sea flexible, lo cual se refleja en las partes abiertas , y que vaya incorporando las nuevas normas y valores que la evolución histórica y social exige.

Otro aspecto importante acerca de los rituales es el de las etapas que comprende todo ritual. en este punto, se aceptan las tres etapas clásicas planteadas por Van Gennep en 1909 en su libro acerca del estudio de los ritos de paso en diferentes culturas. Él planteó la existencia de tres etapas sucesivas. La primera, que él llama de separación debido a que las sociedades mas primitivas que él estudió incidían mucho en la necesidad de la separación previa de los que serían iniciados en la ceremonia, respecto al resto de la comunidad, se caracteriza por los preparativos necesarios para la realización adecuada de la ceremonia. Este momento de preparación para el ritual, debido a las fuerzas que se empiezan a movilizar, es una parte tan importante del proceso ritual como el acontecimiento en sí mismo. La segunda etapa que distingue es la etapa liminal en la que las personas de hecho participan en la ceremonia ritual. La tercera etapa es la de reagrupación o reintegración, en la que las personas vuelven a conectarse al resto de su comunidad con el nuevo status que han obtenido tras pasar por la ceremonia. Estas etapas pueden diferenciarse en diferentes ritos de paso aunque pueden estar mas o menos destacadas, así por ejemplo en las sociedades más modernas no se suele dar una separación previa tan estricta, previa a la ceremonia, como las que describe Van Gennep en culturas mas remotas.

 

El ritual en la terapia familiar de sistemas

La historia de la utilización de rituales como técnica de intervención en el marco de la Terapia familiar sistémica parte de un trabajo de Mara Selvini en 1974, en el cual se informa del uso de rituales como técnica de intervención terapéutica. En este libro: “Self-starvation: from intrapsychic to the transpersonal approach to anorexia nervosa“; dicha intervención era definida como: “Una acción o serie de acciones, acompañadas por formulas verbales y en las que interviene la familia en su conjunto. Como todo ritual, debe consistir en una secuencia regular de pasos dados en el momento oportuno y en el lugar adecuado”, Esta definición dista un tanto de tener en cuenta las raíces antropológicas, primando exclusivamente la prescripción de determinadas acciones para conseguir un cambio terapéutico.

Más adelante Van der Hart(1983) trabaja sobre los rituales en psicoterapia, pero documentándose en la antropología y buscando el poder aprender de muchos de los elementos presentes en los ritos que, de modo natural, son empleados por muchos pueblos y por ende en las familias que los componen, para poder poner dichos recursos al servicio de aumentar su posible utilidad terapéutica.

Este autor añade otro aspecto importante acerca del tema, él plantea la existencia en todo ritual de dos aspectos inseparables: en primer lugar un aspecto meramente formal, es decir las acciones que deben realizarse en un tiempo y lugar determinados y que pueden o no estar acompañadas por formulas verbales. En segundo lugar Van der Hart plantea la existencia de un aspecto vivencial en la realización del ritual, durante dicha realización debe existir una buena dosis de compromiso, ya que si no, estaríamos hablando de rituales vacíos, carentes de significado.

En psicoterapia se considera que un ritual comprende un conjunto de actos y\o interacciones simbólicas mas o menos estructuradas, que no se restringen únicamente a la ceremonia de realización, sino que incluyen el proceso completo de preparación, la experiencia misma de ejecución y la reintegración posterior a la vida cotidiana.

Un ritual debe de componerse de los siguientes elementos: símbolos, partes abiertas y partes cerradas, así como desarrollarse en un espacio y en un tiempo especiales (Whiting 1991). Como ya se mencionó los símbolos o acciones simbólicas son el elemento mínimo que constituiría a un ritual. El nexo del símbolo respecto al significado que se presenta suele ser una construcción personal, familiar o social. Además de símbolos los rituales constan de partes abiertas y partes cerradas unidas. Las partes cerradas son las partes del ritual invariables y comunes para todos los que realizan el ritual, estas partes más rígidas proporcionan la estructura mínima como para dar seguridad a fuertes componentes emocionales, transmitir valores importantes y dar forma concreta a las acciones. En cambio las partes abiertas proporcionan la suficiente flexibilidad como para que cada uno de los participantes en el ritual aporte su parte personal e idiosincrásica a la experiencia. En los rituales con una importante raíz cultural suele estar prescrito por la tradición el lugar y el tiempo en el que tendrá lugar la realización de la ceremonia.

 

Tipos de rituales

1. Ritos de paso o rituales de transición: descritos ya en 1909 por A.Van Gennep. Estos rituales se llevan a cabo en las transiciones experimentadas por personas o grupos a lo largo del ciclo vital, marcando el final de una etapa de desarrollo y el comienzo de otra nueva. Van Gennep tras el estudio de diversas culturas, sostiene la universalidad de este tipo de rituales, a la vez que distingue en ellos las tres etapas citadas anteriormente.

2. Ritos de continuación: rituales telécticos y de intensificación. A diferencia de los ritos de transición que generalmente se realizan solo una vez en la vida de cada individuo, los rituales de continuidad se ejecutan repetidamente, siendo su finalidad marcar el ritmo de la vida y mantener una continuidad, una normalidad dentro de cada etapa del ciclo vital.

3. Rituales de curación. Se incluirían aquí los rituales realizados para curar, sanar y mantener alejadas determinadas enfermedades.

4. Rituales terapéuticos. Aquí se incluyen los rituales desarrollados por terapeutas y utilizados en la psicoterapia, o bien se puede considerar la psicoterapia en algunos casos como una ceremonia ritual. Haley(1973) consideraba que el tratamiento que se realiza de determinados problemas que suelen surgir en la adolescencia (psicosis, trastornos de conducta, anorexias…) es como un ritual de iniciación, a través del cual se promueve la individuación y emancipación necesaria del joven, como forma de restituirlo a un funcionamiento normal del ciclo vital.

 

Funciones de los rituales

Las principales funciones descritas que cumplen los rituales en la vida de las sociedades, pueblos, familias e individuos son las siguientes (Ochoa De Alda 1995):

1. Los ritos hacen predecible la vida, proporcionando un sentimiento de pertenencia al grupo, que incide en el sentimiento de identidad de los individuos que lo forman. Los rituales ordenan y regulan el funcionamiento social, confirmando la estructura social, promoviendo a la vez una evolución en esta con mínimos conflictos.

2. Otra función primordial es la transmisión de la cultura, valores y normas más perdurables. Por un lado, crean un sentimiento de solidaridad, cohesión y continuidad en los grupos, y por otro, contribuyen notablemente a la creación de los sistemas de creencias de un grupo (Van der Hart, Witzum y De Voogt 1989).

3. Los rituales tradicionales no sólo canalizan la coordinación social entre individuos, familias, y pueblos o comunidades en el aquí y ahora, sino también entre el pasado, presente y futuro representados por las diversas generaciones (Davis 1987)

4. Los rituales de transición señalan y al mismo tiempo permiten efectuar el paso de una etapa a otra del ciclo vital. Su componente de acción hace que los roles, relaciones, normas y concepciones del mundo se modifiquen durante su ejecución (Davis 1987). Admitiendo que toda transición supone en mayor o menor medida un desequilibrio, las ceremonias rituales aportan una estructura conductual en la cual pueden acontecer los cambios y, después, normalizan la vida que sigue a los mismos (Van der Hart 1983).

5. Gracias a los símbolos que engloban, los rituales cumplen una triple función (Turner 1967): (a) En primer lugar, proporcionan significados polivalentes a conductas, afectos y cogniciones, lo que incide directamente en las partes abiertas o creativas de los rituales; (b) en segundo lugar, dichos símbolos caracterizados por la multiplicidad de significados evocan intensas emociones, uniendo en una misma experiencia fenómenos muy distintos que no podrían asociarse simplemente por medio de palabras; y (c) trabajan al mismo tiempo con los polos sensoriales y cognitivos del significado, razón por la cual es importante cultivar la potencialidad de cambio del más mínimo detalle, también del estético.

6. La naturaleza simbólica del ritual hace posible que operen y se mantengan al mismo tiempo los dos aspectos de una contradicción. En el ritual de correr el gallo, por ejemplo, la continuidad y el cambio.

7. Los rituales aportan apoyo y contención a las emociones generadas por crisis vitales. Esta función se ve mejor en situaciones vitales difíciles, por ejemplo la muerte de un ser querido. En tales situaciones es frecuente que las personas no manifiesten sus emociones ni sentimientos por miedo a la abrumadora amenaza de una pérdida de control. Precisamente, en dichas circunstancias, es cuando los rituales favorecen y encauzan la expresión de fuertes emociones, impidiendo que se desborden. Asimismo, propician una elaboración no consciente de la crisis, haciendo que los sujetos contemplen los cambios, operados en ellos y en sus relaciones, como algo que escapa a su comprensión (Scheff 1979).

8. Finalmente, los rituales favorecen cambios en el estado de conciencia, ya que, como mínimo, centran la atención de los participantes en aquello que están experimentando o presenciando, creando un ×estado de atención. Diversos autores han propuesto la utilización de vías no conscientes de transmisión de mensajes, por parte del ritual, como una posible forma de evitar posibles resistencias conscientes a los mensajes que este trasmite. (Hoorwitz 1987; O’Connor y Hoorwitz 1984.)

 

2. Las fiestas de quintos como rito de iniciación

Las fiestas de quintos están ampliamente extendidas como rito de iniciación, En su mayor parte el valor de este ritual es ignorado y ha sido poco estudiado, cuando no negado e incluso amenazado de prohibición. En diferentes localidades de la zona en la que todavía continúa realizándose ha ido tomando diversas variaciones que lo hacen diferente en muchos detalles que lo enriquecen pero que son similares en el aspecto simbólico. La esencia de la ceremonia capital es decir la relación ante el gallo, montado a caballo, delante del pueblo. Lo cual apoyaría la idea de Turner, referida con anterioridad, sobre que el símbolo es la unidad mínima del ritual. No es la pretensión de este trabajo comparar o catalogar las variaciones en su realización entre diferentes pueblos, simplemente me centraré en describir la ceremonia en la localidad que más conozco, que es el pueblo al que pertenezco, El Pego.

Primero, para facilitar la comprensión, intentaré contextualizar mínimamente el marco en el que tiene lugar; para pasar mas adelante a describir la ceremonia en sí, añadiendo muestras de algunos elementos que la componen.

 

Contextualización

Esta ceremonia se lleva a cabo en la actualidad en una serie de pueblos de la zona sureste de la provincia de Zamora, pueblos situados fundamentalmente en la comarca de la Guareña y algunos en la de Tierra del vino.

El Pego está enclavado en la meseta, aproximadamente su censo constará de unos quinientos habitantes. Su economía, como la de toda la zona, se basa en la agricultura y ganadería.

En estos pueblos, al igual que en otras sociedades, el ritmo de la vida lo marcan diferentes acontecimientos que marcan el ritmo al cabo del año. En este pueblo el ritmo lo marcan la combinación de las diferentes fiestas locales( San Clemente, La Purísima, Navidades, el Gallo, Semana Santa, San Isidro, Nuestra Señora la Tramposa) con el ritmo del trabajo duro, de la recolección de frutos: la vendimia, la siega, la matanza, etc.

 

Las fiestas de quintos

Los quintos son los mozos y mozas que cumplen, en la actualidad, 18 años durante el año en curso, es decir, comprende a todos los mozos y mozas que nacieron en un mismo año (una quinta). Normalmente son los mozos que deben incorporarse al servicio militar al año siguiente, entran en quinta.

Las fiestas de quintos abarcan varias fiestas y ceremonias que se realizan durante el año de su “reinado”. Estas podrían agruparse en tres, siendo la que se realiza en febrero la que centrará nuestra atención, pero considera necesario hacer una breve referencia a las otras dos, una que precede y otra que concluye la etapa como quintos. Lo cual coincide con la idea ya descrita de que la ritual abarca todo un proceso, un periodo más amplio a la realización de la ceremonia principal de correr el gallo.

La primera fiesta que realizan y en la que debutan como quintos y quintas es en las fechas de la fiesta de la Purísima concepción (ocho de diciembre). En ella organizan bailes y acuden a la misa en honor de la virgen, procesionándola. En esos días los mozos y mozas se sienten ya los protagonistas de la fiesta. Los quintos van ataviados, como distintivo, únicamente con la gorra militar de plato, suelen merendar juntos en las bodegas del pueblo, estar juntos en los bailes, es decir, serán ya los quintos que animarán los bares y los bailes en el salón del pueblo al grito de “vivan los quintos”. También realizan pintadas en sitios públicos como la pared de la iglesia o del antiguo frontón, en las que se leen: “vivan los quintos del…”, junto a los nombres de estos. Este tipo de pintadas suelen adornar algunos de los sitios públicos de muchos pueblos de la zona. Aunque esta primera fiesta es importante, las vistas estarán ya puestas en febrero, cuando llegue el momento de correr el gallo. En esta primera fiesta los quintos no estarán acompañados por las mozas de gallo.

En esta fiesta la tradición marca que la víspera de la fiesta salgan de caza durante todo el día y que la cena de esa noche fuera las piezas cazadas durante ese día, normalmente alguna liebre. Lo cual puede tener su importancia como una tradicional habilidad importante de subsistencia en la zona, sobre todo antiguamente. No hay que perder de vista que aquella zona es una zona de mucha tradición de caza, sobre todo con galgo.

Comentar brevemente que tras esta fiesta en diciembre, llegará en febrero el gallo y tras esta fiesta sólo le quedará hacer la tercera y última ceremonia, como quinto, a la que hacía mención antes, que es poner el “mayo” con la cual concluirá su etapa de quinto.

 

Descripción de la ceremonia de ‘correr el gallo’

La ceremonia de correr el gallo tiene lugar en El Pego coincidiendo con la festividad de la virgen de las candelas (que es el día dos de febrero), actualmente suele realizarse el primer fin de semana de febrero, de cara a favorecer la asistencia a la fiesta a las personas interesadas que residen fuera, lo cual es bastante corriente, no hay que olvidar que estamos hablando de una tierra en la cual la emigración a las grandes ciudades para ganarse la vida ha sido, y sigue siendo, una sangría constante de personas a lo largo del tiempo.

Como clásicamente se ha descrito todo ritual se compone de tres fases, la fase de preparación-que Van Gennep llama de separación, la fase de realización de la ceremonia ritual y por último la fase de reincorporación a la nueva situación.

Siguiendo este esquema la preparación del ritual incluye el encargar a alguien conocido que realice la relación así como aprenderla y practicar el recitarla. También el procurarse caballo ( si no se tiene). El aprender la habilidad, si no se sabe ya, de montar a caballo, siendo frecuente que los quintos salgan en grupo semanas antes al campo a practicar la monta para familiarizarse con la montura. Últimamente sobre todo muchos quintos y quintas prescinden de esta parte, sobre todo los que no viven en el pueblo, y pasan directamente a montarse en el caballo durante la duración de la ceremonia, mientras el caballo es sujetado durante la duración de la ceremonia por el dueño. Es decir la preparación incluye tanto a nivel individual, como familiar, de disponer de todo lo necesario para la realización de la fiesta, la gorra, el vestuario (la capa) así como la elección de la moza de gallo, que será la joven que acompañará al quinto en la fiesta y que lucirá durante los momentos principales traje regional, o bien un mantón. La preparación también incluye la contratación de orquestas para los bailes, preparación de las comidas, etc. Es decir todas las decisiones para que llegado el momento todo esté listo, durante esta fase los familiares y allegados se implican activamente en la preparación de los detalles.

La jornada se inicia con una ceremonia religiosa que tiene lugar por la mañana en la iglesia del pueblo, dicha ceremonia es una parte fundamental de la fiesta en este pueblo. A la misa deberán acudir, debidamente vestidos con todas sus galas los quintos. Ellos a caballo, con capa negra castellana y gorra militar de plato, las mozas de gallo, vestida con traje regional o mantón, y las quintas al igual que los quintos pero no van a caballo. Manda la tradición que se reúnan en casa de la quinta capitana, para, desde allí todos juntos dirigirse a la iglesia donde todo el mundo les aguarda para iniciar la ceremonia, no faltan fotógrafos y por supuesto más modernamente los vídeos. La quinta capitana llevará la vara de la virgen, la siguiente por orden llevará en una cesta dos palomas que serán ofrecidas a la virgen y se soltarán en la iglesia durante la misa, y otra quinta, la que le siga por orden de nacimiento, una tarta que también será ofrecida a la virgen y que después de misa comerán todos juntos invitando al cura.

Durante la misa los quintos presiden la ceremonia en los lugares destinados y reservados a las autoridades. Así los quintos ocupan el lado izquierdo del altar, las mozas de gallo el derecho y las quintas el primer banco al lado del altar. La ceremonia religiosa tiene varios momentos en que los quintos deben realizar diferentes acciones ante la mirada atenta de todos y la emoción de los más cercanos. Así en un momento las quintas hacen las ofrendas a la virgen, de los regalos que portan, soltando las palomas en la iglesia. Cuatro de los quintos, a su vez llevarán en procesión a la virgen desde la parte de atrás de la iglesia a la parte delantera.

Tras la misa, y la sesión de fotos con todos los conocidos, los quintos se reúnen para comer la tarta ofrendada a la virgen junto al párroco, tras lo cual irán a reunirse con sus respectivas familias para la comida. Este suele ser un momento de reunión importante, tras esta el quinto suele decir la relación como último ensayo general, ya previo a la ceremonia, recibiendo los últimos consejos de los familiares. El quinto en este punto está nervioso, el momento se acerca, aproximadamente a eso de las cuatro de la tarde la gente se va congregando en la plazoleta donde por tradición se lleva realizando el acto. El quinto recogerá el caballo mientras que algún familiar se encargará de traer la soga y el gallo, en El Pego, de unos años para acá, el gallo se cuelga ya muerto, para acatar la prohibición gubernamental. En otros pueblos, como Venialbo, el gallo se cuelga vivo pero en una jaula, son opciones llevadas acabo para eludir las amenazas de fuertes multas.

El acto principal es la ceremonia que se realiza en una conocida plazoleta de la localidad. Dicha ceremonia consiste fundamentalmente en que el quinto, montado a caballo, echa su “relación” ante un gallo, estando el pueblo y su familia presente. El ave simboliza a él mismo, o a ella misma, en la parte de su vida que queda atrás, que muere con este acto y a partir de este momento comienza la vida de adulto.

La relación es una pieza en verso en la cual, utilizando la ironía, la exageración y el humor, va relatando su vida pero centrándose en sus andanzas, travesuras y desmanes; se le permite la licencia de meterse con su familia, en un tono distendido y cuyo fin es el entretenimiento y la diversión, provocando la risa y carcajada en el público ya que se ironizan continuamente, muchas situaciones asuntos del quinto o de la familia, que suelen ser conocidos por el resto del pueblo y que en esos momentos se airean y se sacan a la luz; culpando y acusando al gallo, que tiene delante, simulando un juicio y ejerciendo de acusador, siendo frecuente el dirigirse al gallo en segunda persona, o directamente al público hablando del gallo en tercera persona. Todo esto se muestra en la última parte de este trabajo.

Este acto es seguido con interés y expectación por toda la gente que se ha congregado para ver la ceremonia, y con gran emoción por parte de los más cercanos. Al finalizar de decir la relación, el quinto o quinta, grita el ” vivan los quintos”, que es respondido por todos. Tras esto, los que montan a caballo pasan por debajo del ave y hacen un recorrido dando la vuelta a la manzana al galope y volver a situarse en el lugar desde el que avanzará ya el siguiente quinto/a al que, por orden, le toque el turno para cumplir con la tradición.

La jornada continuará con una cena a la que acuden quintos y padres de quintos, y que en la cual, hace años, el menú debía ser el gallo previamente juzgado y ejecutado. Y habrá bailes con orquesta en el salón del pueblo hasta altas horas en el que los quintos tendrán “licencia” de desmadre, no obstante son los reyes de la fiesta.

Al día siguiente recorrerán el pueblo cantando y haciéndose notar, casa por casa, lo que se llama “correr el chorizo”, ya que llevan un varal para recoger los chorizos y el dinero que los vecinos les quieran dar para aliviar los gastos de la fiesta, a la vez que pararán en las casas de los quintos para repostar comida y bebida( que no falta).

Esta ceremonia históricamente ha sufrido diferentes avatares, pero en lo esencial apenas ha variado. Aunque ha sido lo suficientemente flexible como para adaptarse a los diferentes cambios sociales que los tiempos han ido provocando, como ha sido, por ejemplo, la incorporación de la mujer en un papel mas activo, corriendo ellas también el gallo al ser quintas y participando a partes iguales de los gastos de la fiesta, cosa que no ocurría antes.

Hay que añadir, que el grado de participación de los quintos en la fiesta es libre y tradicionalmente hay situaciones en las que es normal hacer la fiesta aunque no se corra el gallo como: enfermedades, estar en duelo o simplemente no querer hacer esa parte de la fiesta.

Vivencialmente, tras haber pasado la prueba, los quintos coinciden en el alivio y la satisfacción que acompañan el haber realizado lo que tanto tiempo llevaban preparando ” han sido muchos nervios” me comentaba, en un aparte, tras finalizar su relación mi sobrino, al que recuerdo ya de pequeño en una foto jugando con una gorra militar vieja a correr el gallo, al mismo tiempo que me pedía opinión respecto a si lo había hecho bien, qué reacciones había tenido la gente ante su relación, etc. Fernando, otro amigo suyo, quinto también ese año, me comentaba”: cuando te vas acercando con el caballo para decir la relación, y notas todas las miradas en ti… impresiona. La mirada de tu pueblo, de tu gente… es un momento en que se te pasa por la cabeza la importancia de todo, el peso de la tradición… esta capa que llevo ahora mismo encima era de mi tatarabuelo, del abuelo de mi abuelo Pepe.” Este aspecto vivencial toca a todos los presentes implicados, durante esos días se puede comprobar como las conversaciones en el pueblo giran en torno a la fiesta, los que ya la hemos pasado, rememorando anécdotas de los años que pasaron. El contacto intergeneracional sale mas a la luz. En una conversación con mis abuelos me contaban como ellos hicieron la fiesta, los aspectos que habían cambiado y los que básicamente perduraba.

 

3. Discusión y reflexiones acerca de este ritual

Este acto consta de todos los elementos que se plantean en los rituales (whiting 1991), por supuesto el gallo que es el elemento simbólico. Como ya hemos dicho anteriormente simboliza la etapa del ciclo vital que el quinto deja atrás, es decir la niñez y adolescencia, dicho símbolo se convierte en receptáculo de todo lo negativo realizado. En el acto de correr el gallo, este es juzgado y condenado a morir ante todo el pueblo, que ejerce de testigo. Con él simbólicamente morirá dicha etapa del ciclo vital. Además hace años el acto se realizaba poniendo cada quinto su gallo, en la actualidad se coloca solamente un gallo para todos los quintos y se coloca, en este pueblo, ya muerto, como se había comentado. Hay que decir, además que el gallo era la cena del quinto para esa noche, lo cual añade un cierto elemento de continuidad o de asimilación, y en otros casos se han referido a este elemento como autoantropofagia simbólica, pero unido a un elemento de continuidad, ya que el pasado alimenta y mantiene el futuro. En cuanto al simbolismo del gallo, Caro Baroja, cuando hace una muy breve referencia a esta fiesta como la “corrida del gallo” (Caro Baroja 1981), se remite a la explicación del simbolismo del gallo clásica aportada por Frazer(1890), en la cual el gallo era uno de los animales que en una amplia zona de Europa simbolizaba un espíritu maligno que se refugiaba en las mieses de la cosecha y que era necesario combatir simbólicamente como forma de asegurar una buena cosecha, así como protegerla. Lo cual puede aportar una nueva perspectiva que se añade al rito aparte del claro componente de iniciación se le suma, enriqueciéndolo, este otro componente simbólico apuntado de fertilidad-productividad.

El segundo elemento al que se hace referencia son las partes cerradas. La ceremonia de correr el gallo sigue una serie de pautas mas o menos cerradas, entre ellas, los caballos, la vestimenta, etc. Así como una serie de normas aceptadas como que el orden en que se corre el gallo, que se realiza por riguroso orden de nacimiento, siendo el encargado de abrir la ceremonia el capitán, que es el quinto/a que primero nació en ese año, siguiéndole el quinto o la quinta cuya fecha de nacimiento le siga en ese año. Tras decir la relación y pronunciar al final el “vivan los quintos ” y ser respondidos por el público, proceden a pasar todos por debajo del gallo a galope dando la vuelta a la manzana para volver a la plazoleta donde se realiza la ceremonia, para que el siguiente quinto que le toque continúe diciendo o echando su relación.

El tercer elemento al que se alude del ritual son las partes abiertas, es decir las variaciones que cada uno introduce y que hacen que la ceremonia sea diferente en cada caso, esto como se puede imaginar está perfectamente reflejado en la relación de cada quinto, ya que la relación de cada uno es personal, matizado esto en la modalidad que en El Pego se llama “desafío” en el cual dos quintos dicen una relación conjunta, en el que cada uno va relatando la parte que le toca, al estilo de un guión, esta modalidad suele darse entre quienes lo deciden y por algún lazo especial, primos o como en el último caso que recuerdo se hizo esto, unos hermanos mellizos.

El cuarto y quinto elementos que Whiting cita como constitutivos de un ritual son el espacio y el tiempo determinados, dichas ceremonias se realizan por tradición en un lugar y en unas fechas determinadas.

En cuanto a las funciones de los rituales citadas anteriormente, pueden reconocerse cada una de ellas en mayor o menor medida. Así es indiscutible que marca un periodo de la vida de las personas que participan en él, siendo un momento fundamental en cualquier familia del pueblo, proporcionando y/o acentuando el sentimiento de pertenencia a un grupo, promoviendo el paso a una etapa adulta de la vida, Situación que contrasta con la práctica inexistencia de este tipo de ritos de iniciación, organizados y culturalmente prescritos, en la sociedad “occidental” o en la perdida o sustitución de ritos existentes y que son un auténtico legado cultural. Siempre en pro del desarrollo de nuestra cultura de cara a la occidentalización. Esta ausencia de ritos de iniciación en la sociedad occidental permite observar las dificultades que atraviesan muchas familias con hijos adolescentes de cara a atravesar ese conflictivo momento evolutivo, ya que” en la mayoría de los casos el adolescente experimenta sus ritos de transicióna través de un grupo de compañeros de igual género sin supervisión de ningún adulto” (Bagarozzi y Anderson 1995 ).

Otro tipo de componente que tiene este ritual sería el componente de rito de despedida. Una especie de carnaval o desmadre antes de una época difícil de separación o emancipación forzada, que llegaría al año siguiente con la partida de los mozos de esa quinta hacia el servicio militar. No hay que olvidar que, hace años, las “milis” eran muy largas y hacia destinos alejados, suponiendo, normalmente, la primera salida del hogar o separación larga respecto a la familia.

 

Anexo. Las relaciones: Historias personales y familiares narradas en verso

Llegados a este punto sería obligado hacer una mínima referencia teórica acerca del punto de vista desde el que voy a conceptualizar las relaciones, para mas adelante mostrar fragmentos significativos que he encontrado y que ilustren o por lo menos den alguna pincelada que permitan al lector hacerse una idea de lo que implican.

Como tratamos de relatos, me gustaría enfocar este punto desde las actuales corrientes narrativas en terapia, abanderando esta corriente White y Epston (1990) plantean la importancia de las historias narradas como base para organizar y dar sentido a la experiencia personal propia, del mundo y de las relaciones. Así se plantea que los relatos asignan significados a los sucesos de nuestras vidas y determinan, en gran medida, la naturaleza de nuestras vivencias y nuestras acciones. Desde este punto de vista, la terapia se plantea, en parte, como un contexto para la reescritura de las vidas y las relaciones de las personas que llegan a acudir a terapia por diversas circunstancias problemáticas.

Las relaciones de los quintos son un medio narrativo muy peculiar. Como se ha dicho previamente, son piezas en verso, realizadas por alguna persona conocida a la que el quinto o alguien de su familia le pide que se la realice. Es alguien que se acepta como competente o capaz de realizar esa labor, que sabe de qué se trata y que suele conocer su historia, sus anécdotas y a su familia. En definitiva, podríamos decir que sabe, de sobra, o dispone de los medios para enterarse, de “qué pie cojea cada uno” a los que va a aludir; que será fundamentalmente el material del que parta el autor de cara a elaborar una relación que haga reír y pasar un buen rato al público. Es preciso decir que durante el acto se acepta la norma implícita de que “hay que aguantar el chaparrón” y no suele haber problema debido al mínimo tacto a la hora de expresar ciertas cuestiones puesto por el autor y al contexto festivo-lúdico que tiene este ritual.

Podemos decir por lo tanto que es un acto donde, aparte de las funciones que se han dicho más arriba, se realiza una labor muy clara de validación, en presencia de todo el pueblo como testigo, de ciertos significados, así como una importante relectura de las historias personales que se narran. Estas narrativas distan bastante de las narraciones saturadas de problemas y ofrecen una interpretación que puede servir para organizar la experiencia y dar continuidad y significado a la experiencia vivida, así como aportar una base para organizar una autoimagen y futuras experiencias. Es más, me atrevería a decir que, muchas veces, se enmarcan y definen o redefinen muchas de la conductas, tanto del quinto/a como de las personas (familiares o no) a las que este alude en su relación, bien por lealtad o continuidad de estilos familiares, lo que podría reforzar determinados mitos familiares o bien haciendo mención al estilo propio, que en otro contexto podrían ser interpretadas de un significado diferente. Me refiero en concreto, a lo que ocurriría si fueran expuestas en un contexto de consulta, presentadas como narrativa problema ante un terapeuta con cierto interés etiquetador.

Aquí expondré fragmentos de algunas de las relaciones que ejemplifiquen lo expuesto con anterioridad.

La relación normalmente consta de un saludo inicial al público, un “nudo” en el que se cuentan, con el lenguaje de la calle, las fechorías, travesuras, anécdotas, tanto del quinto como de su familia o conocidos; para llegar a la parte final que suele consistir en la acusación al gallo de todo lo anterior y la condena, finalizando con el grito de ¡vivan los quintos! El autor suele adaptar el estilo de la relación a las características y al estilo de personalidad del quinto.

En el saludo el quinto se presenta, saludando y en ocasiones situándose en relación a sus padres o familia, por si alguien no lo conoce.

Quiero deciros quien soy,
por si alguno lo ignoraba.
Soy el mayor de Privado,
a mí me apodan Moraga.

Para ejemplificar como incluso los saludos se adaptan a la idea de persona que se quiere reflejar en la relación, mostraré un saludo mas irreverente. Para alguien que funciona en un plan más de rebelde, nada mejor que un saludo cuasi “disocial”, que desafíe en alguna medida las normas más o menos establecidas, como el siguiente:

¿Qué pasa con vosotros, tíos?
Os montáis esta movida
pa escuchar cuatro paridas
de padre y muy señor mío.
Yo la verdad, me río
me espitrino y me sofoco
viéndoos aquí con el moco,
como unos cursis finolis.

Paso de titis panolis,
que no me comáis el coco.

…Quién me lo iba a decir
tener yo que hacer reír
a tanto carroza viejo.
Largar una perorata
destinada a los canicas,
esa vasca que critica
en cuanto metes la pata.

Aquí se entran a narrar las andanzas más significativas del quinto hasta el momento:

Y ya sin más dilación,
les contaré mi andadura,
si me deja la montura
y me prestan atención.

La adaptación en tono jocoso llega al extremo de provocar llegando incluso cargar en determinados algunos fonemas que al quinto le cueste pronunciar, como recuerdo varios casos. Imaginen un quinto diciendo la relación con problemas de pronunciar la letra erre diciendo en su relación:

Agarrado a la garrafa
soy el rey de la risa.

Encontramos que en algunas relaciones se puede abordar la historia del quinto desde el nacimiento e incluso, a veces, desde la formación de la pareja de padres o el motivo de elección del nombre. También, a veces, se rememoran y a veces se sacan a la luz circunstancias dignas de mención y reacciones de la familia o incluso embarazos tardíos o prematuros:

Vine al mundo con Dolores,
y con Dolores yo vivo
como una cosa normal.
Porque el maldito de Geño,
a ese pueblo de Venablo,
a Dolores él fue a buscar.

La cosa no está muy clara:
¿Fue causa de un calentón?
¿Tuvo la culpa una helada
o el no haber televisión?
Pues según he oído contar
no había entretenimiento,
o echar la partida al bar
o ver la del movimiento.

Como final del negocio
de esta limitada empresa,
a alguno le dio el soponcio
al conocer la sorpresa.
La cosa siguió creciendo,
como era de esperar,
y me acabaron pariendo
que a todos nos pasa igual.

Chico recio y atrevido
nací con sorpresa y guasa.
Me presenté un día en casa
y les dije: Ya he nacido
………

Trasto, inquieto y juguetón,
peor que un dolor de muelas,
vino al mundo este gorrión
al poco de hacer candelas
la primera comunión.

También el otro gachó
era un joven mozalbete.
Mi abuelo me aseguró
que Ángel usaba chupete
el día que nací yo.

Tenían las aficiones
de los chiquillos con mocos.
¡Qué pareja de bribones!
Si me descuidaba un poco,
tomaban mis biberones.

He podido encontrar en las relaciones estudiadas alguna referencia explicita al cambio de momento evolutivo del quinto:

Con mi mejor voluntad,
con mi mayor gratitud.
Hoy que estreno juventud
os dedico mi emoción
y os deseo de corazón:
trabajo, pan y salud…

Hoy cumplo una tradición
añorada con afán.
A mi voz, asoman siglos de ritos,
para brindaros un grito:
¡Mil besos del capitán!”

Los siguientes fragmentos abordan la relectura que se hace de los accidentes o sucesos traumáticos acaecidos al quinto, que son narrados en una clave más que desdramatizada:

El gallo tuvo un problema
surgido en la cremallera,
fue al tratarla de subir.
Tras mear en el jardín,
se la pilló toda entera.

Alboroto y conmoción
recorren la población.
Ante los gritos del gallo
acude el vecindario
en busca de solución…

El accidente acabó
con el mejor de los modos.
El asunto se solucionó
reparando el gallo en Toro.

El tratamiento a la familia. De la madre:

Es señora singular,
poderosa, elegantorra.
Pero si se pone a hablar
casca y casca sin parar,
como una auténtica cotorra.

Recorre calles y esquinas
a enterarse de lo nuevo.
A decirlo ni me atrevo,
pero si fuera gallina,
ni Dios le encontraba el huevo.

Del padre:

Tito es algo diferente:
Tipo fino, inteligente,
distraído, campechano.
Pero donde pone la mano,
sale con un accidente…

Son tan grandes sus desmanes,
sus despistes, su trajín,
que debo decir, por fin:
En vez de tener un padre,
tenemos un botiquín.

De los hermanos:

Ana María, anteojeras,
colgaduras y alamares.
Armando, chicles a pares.
Y Raúl lucirá el premio
que ganó antaño a Eufemio
boxeando por los bares.

Las despedidas y el juicio final al gallo:

Mi historia aquí dejaré
que hay más quintos esperando,
todos queriendo largar
y la tarde va acabando.

Pero antes ese colgado
que tanto estira la cresta
ha de ser ajusticiado
por burlón y por chuleta.

Mentiroso, pendenciero
borracho, difamador,
presume en su gallinero
de guapo y conquistador.

Desenvainad los aceros,
que lleváis en vuestros cintos.
Desplumadlo, compañeros
y gritad: ¡Vivan los quintos!

Epílogo. Relación de Fernando (capitán de los quintos de 1998):

Disfrutad con alegría
de este carnaval festivo,
aunque el Gallo siga vivo.
Tiene contados los días.
Tristeza y melancolía
me invaden como un torrente.
Ya se palpa en el ambiente
la pregunta sin respuesta:
¿Qué va a ser de nuestra fiesta
si casi no queda gente?
¿Quien estará en las candelas
y se enfundará estos trajes
y lucirá correajes,
capas, gorras y espuelas?
Sobre el horizonte vuela
el presagio de un final.
Se muere el mundo rural,
agoniza lentamente.
Mientras cuatro incompetentes,
te chupan sangre y jornal.

 



Bibliografía

Anderson, H. (Y H. Goolishian)
1995 “El experto es el cliente: la ignorancia como enfoque terapéutico”, en S. McNamee y K. J. Gergen, La terapia como construcción social. Barcelona, Paidós.

Bagarozzi, D. A. (y S. A. Anderson)
1996 Mitos personales, matrimoniales y familiares: formulaciones teóricas y estrategias clínicas. Barcelona, Paidós.

Calvo Calvo, Luis
1986 “Etnografía y folklore en Castilla y León”, en La antropología cultural en España. Un siglo de antropología. Barcelona, P. P. U: 247-266.

Caro Baroja, Julio.
1981 Los pueblos de España. Vol. II. Madrid, Istmo.

Frazer, James G.
1890 La rama dorada. Madrid, Fondo de cultura Económica, 1992.

Ochoa de Alda Ochoa de Eguileor, Inmaculada
1995 “Rituales sociales, familiares y terapéuticos”, en José Navarro y Mark Beyebach (comps.), Avances en terapia familiar, Barcelona, Paidós.

Redondo Vera, Antonio
1997 “Las familias y los pueblos: aproximación antropológica a los ecosistemas familiares”, Systemica, nº 3.

Roberts, Janine.
1991 Rituales terapéuticos y ritos en la familia. Barcelona, Gedisa.

White, Michael (y David Epston)
1992 Medios narrativos para fines terapéuticos. Barcelona, Paidós.


Gazeta de Antropología