Gazeta de Antropología, 2005, 21, artículo 17 · http://hdl.handle.net/10481/7188 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 18 abril 2005    |    Aceptado 25 mayo 2005    |    Publicado 2005-06
Entre Oyá y santa Teresa. El controvertido asunto del sincretismo en la santería
Between Oyá and Saint Theresa. The controversial syncretism in the Afro-Cuban Santeria



RESUMEN
El artículo resalta lo inadecuado de aplicar el término sincretismo a la religión afrocubana ocha o santería. Presentarla como el resultado de la mezcla de la religión yoruba y el catolicismo, denota cierta ideología y desvirtúa el verdadero carácter de la religión. También se pone de relieve la confluencia de intereses, incluidos los de los propios santeros, en caracterizar la santería como sincretizada con el catolicismo. Como contrapunto a esta aproximación, surge una corriente, todavía minoritaria, que retoma los orígenes africanos y niega el sincretismo con el catolicismo.

ABSTRACT
This article emphasizes the inadequacy of applying the term syncretism to the Afro-Cuban religion called Ocha or Santeria. Presenting it as the result of merging Yoruba religion with Catholicism denotes a certain ideology and misrepresents the true nature of the religion. It also stresses the convergence of interests, including those of santeros themselves, in showing Santeria as syncretized with Catholicism. As a counterpoint to this approach, there is a trend, still held by a minority, seeking to return its African origins and denying its syncretization with Catholicism.

PALABRAS CLAVE
sincretismo| ocha | santería | lukumí | religión afrocubana
KEYWORDS
syncretism | Afro-Cuban religion


Hace un calor terrible en Opa Locka en este domingo de junio. Son las cuatro de la tarde en la casa de una familia de negros cubanos venidos de Cuba a Miami hace menos de dos años. Delante de la puerta de entrada, en el porche, cuelga una bandera minúscula con los colores rojo, azul, amarillo y blanco. Es el símbolo de la “brujería” que lanza su mensaje a iniciados y conocedores de la religión. El tambor, en honor de Ochún y Yemayá (amarillo y azul), lleva en marcha una media hora, durante la cual se van sucediendo toques y cantos que van saludando un “santo” tras otro. “Vamos a tocarle a Obatalá. A ver, los hijos de Obatalá”, grita Luisito ‘oferere’, que como apuón (cantante) decide a qué santo se le va a cantar. Bailan pocos, ya que somos unas quince personas, mientras nos deslumbra el sol que se cuela por la puerta. Los ‘tamboleros’ se van calentando entre toque y toque con la ayuda de la botella de whisky a la que tienen derecho. Entre los presentes abunda la piel negra y las prendas de oro, que se ostentan en el cuello, las muñecas, las orejas o los tobillos. También se ven muchas incrustaciones del mismo material en los dientes de los que están tocando. Junto a ellos, muy serio y discreto, un mulato de unos veinte años que, con libreta y bolígrafo en ristre, trata de anotar los diferentes toques por que está aprendiendo. Su actitud es de humildad al igual que ocurre con los candidatos a la iniciación en la religión. Una muchacha de unos veinticinco años, de piel muy morena y falda ajustada, baila con su hijo de pocos meses en sus brazos; por supuesto, el niño será “brujero” sin ningún problema. Junto a mi, una madrina afroamericana muy voluminosa que siempre tiene a su disposición una de las cinco sillas que hay en la sala. En una pausa me dice que tiene más de noventa ahijados, la mayoría afroamericanos. Le acompaña una ahijada suya, afroamericana de piel muy oscura y pelo alisado, que anda de blanco inmaculado y tocada de un chal como corresponde a una iyawó. También le sigue un norteamericano anglosajón, muy blanco, obviamente candidato a la iniciación. Ninguno de los tres habla español. Las blusas se van empapando de sudor mientras por la puerta abierta entra un sol de justicia. “Martillo”, el babalawodueño del tambor, impecablemente de blanco con su gorrita Kangol, controla todo con sus ojillos; sólo de vez en cuando acompaña los cantos o sigue el ritmo de la clave con las palmas. Se termina un canto y Luisito, con una pequeña toalla para secarse el sudor en una mano y unos cuantos billetes de dólar en la otra, grita: “Ahora vamos a cantarle a Oyá, Santa Teresa en la Iglesia Católica”. Varias personas se ríen y Manolo, uno de los cuatro babalawos presentes, dice con ironía, “Eso, con sincretismo y todo”. Luisito se da cuenta y reacciona disculpándose: “Hombre… para el que no lo sepa”. Más risas, y Luisito comienza a cantar “Oyá Oyá e ladié Oyá, Oyá Oyá e ladié Oyá…” al tiempo que arrancan los tambores. El incidente acaba de lanzar un mensaje que recojo al instante y que automáticamente me deja grabado el título de este trabajo. Con el sol que entra por la puerta, acaba de dejarse ver por un instante el polémico asunto del sincretismo con el catolicismo que se le supone a la santería. De pronto, me doy cuenta…, me están…, no, no, nos están engañando todavía. Los santeros nos siguen “vendiendo” el cuento del sincretismo y muchos continúan creyéndoselo, tanto dentro como fuera de la religión.

Introducción

La santería, cuyo verdadero nombre es ocha, es una religión afrocubana heredada de los esclavos yoruba que ha pasado de ser patrimonio exclusivo de los negros a verse desbordada por blancos y por no cubanos. En la actualidad, y gracias a la emigración de más de dos millones de cubanos, experimenta una gran expansión especialmente en Estados Unidos, pero también en el área del Caribe y en otros países latinoamericanos, llegando a estar presente incluso en un país como España, debido al asentamiento de una cantidad considerable de emigrantes cubanos.

Por lo general, a esta religión se la describe como de orígen yoruba y fuertemente sincretizada con el catolicismo y el espiritismo, aunque la polémica se teje alrededor del primero. Prácticamente todas las referencias a ella en tesis, artículos, libros y comentarios vienen a parar a este punto, que últimamente está resultando controvertido por haber surgido voces desde dentro de la religión que no aceptan que la santería esté mezclada con el catolicismo.

Naturalmente, el hecho de que a la santería se le cuelgue el calificativo de sincrética está basado en unos hechos concretos. En primer lugar, los santeros (en adelante el término se utilizará para ambos sexos) se declaran, por lo general, católicos. Muchos de ellos tienen imágenes católicas, algunos incluso de tamaño natural. Ciertos babalawos ponen una imagen de San Francisco en la parte exterior de su casa. Normalmente, se exige el bautismo antes de iniciarse. Muchas personas se santiguan con el dinero antes de depositarlo ante el “santo” o el tambor. Se lleva a los iyawós(o recién iniciados) a la iglesia durante la semana de iniciación, y muchos santeros visitan las iglesias para rezar ante determinados santos y ponerles flores. Se utiliza agua bendita en algunas ceremonias. A la ermita de Regla en La Habana o a la de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba acuden gran cantidad de santeros vestidos de blanco con los collares de su religión y participan en las procesiones. Frecuentemente se nombra a los orishas con los nombres de santos católicos. Y lo que resulta más llamativo, cuando se les pregunta a los santeros si su religión está sincretizada con el catolicismo, la inmensa mayoría responde que sí, al punto de que si se les hace algún comentario poniendo en cuestión tal afirmación, comienzan a ponerse inquietos y a reafirmar el tal sincretismo.

Sucede que durante los últimos años se ha despertado una corriente en la santería, tanto dentro como fuera de Cuba, que se niega en redondo a que se les relacione con el catolicismo y que al parecer va calando en el resto de los creyentes poco a poco. No obstante, hay muchos santeros que no están de acuerdo con una tendencia a la que se tilda de africanista, ya que los que la defienden suelen afirmar que esta religión es africana, más antigua que el cristianismo y que por tanto no le debe nada a la religión católica. El asunto de las manifestaciones católicas es considerado por los “africanistas” como algo superficial que no toca el núcleo de la religión, y que se adoptó como una forma de protección ante la actitud beligerante de la Iglesia Católica y la sociedad colonial.

En toda esta controversia, lo que produce más asombro es el hecho de que muchos estudiosos y especialistas de la religión aceptan la etiqueta del sincretismo y no se plantean cuestionarse el término, aceptándolo la mayoría de ellos como un hecho, lo cual se refleja en sus escritos con unas consecuencias que afectan incluso a los mismos religiosos (Palmié 1995: 91).

La polémica se remonta a los escritos de varios autores, quienes vieron los santos católicos manejados en la santería, el candomblé y el vudú, cumpliendo una función de enmascaramiento de los orishas, orixás o vudúes africanos (Nina Rodrigues 1945; Herskovits 1941, 1966; Bascon 1950; Michel Leiris 1953; Verger 1993; Métraux 1959, 1972 y Bastide 1960, 1978, en David Brown 2003: 336). El problema surgió al dividirse las opiniones entre los que comprendían el sincretismo como un mero enmascaramiento, y los que pensaban que se había dado una internalización de los conceptos católicos adquiridos a lo largo del tiempo. Según Brown (2003: 336), “the historiography has mostly rejected any question of the internalization of belief in favor of nominal or outward Catholic practice only“. Es decir, que todo se queda en una declaración y en cierta apariencia de práctica del catolicismo.

Es justo reconocer que algunos santeros se identifican con la religión católica, e incluso he conocido a uno de ellos involucrado al máximo en una organización católica, pero la mayoría de los santeros se limita a gestos testimoniales de signo externo y a declaraciones afirmativas de que son católicos.

La experiencia que tengo con la religión a lo largo de siete años y en tres países, así como el trabajo de campo realizado para una anterior investigación, aunado a la que llevo a cabo en la actualidad, me conduce a pensar que el llamado sincretismo no es sino un mecanismo defensivo puesto en marcha por los esclavos y sus descendientes, mantenido hasta la actualidad como una costumbre que pasó a formar parte de la tradición en la ocha o santería. Ello significa que algo que comenzó como una estrategia defensiva se ha convertido en una actitud ante los extraños que ha pasado a ser un patrimonio y una seña de identidad.

El santero Ulises Yaniz (olokunyao olomí kunyao) me hacía la siguiente observación, “Oye, ya sabemos que Santa Bárbara y Changó no son la misma cosa, pero… es que llevamos muchos años diciendo que lo son, y ahora están enseñando a los que llegan a la religión que no son lo mismo, y eso no puede ser”. Esto demuestra que el peso de la costumbre (convertida en tradición) es muy grande y que en muchos santeros se da una identificación iconográfica entre santos católicos y orishas, que en mi opinión no es conceptual. Por encima de todo, mi impresión es de que hay un acuerdo tácito entre los santeros de seguir con la costumbre de emplear indistintamente los nombres yoruba o los católicos y de afirmar ante los extraños que son católicos porque es lo más cómodo y favorable para ellos.

Estas supuestas manifestaciones católicas perceptibles en la santería, creo que no son más que la institucionalización de una costumbre arraigada que les evita dar explicaciones engorrosas acerca de su religión y les proteje de los prejuicios de la sociedad que les rodea. Esta forma de enmascarar la religión, puede incluso aminorar el control a que les someten instancias oficiales ante unas actividades, que especialmente en los Estados Unidos, son sospechosas de contravenir algunas reglas de ciudadanía. Entre ellas, tocar los tambores durante horas en los eventos religiosos con la consiguiente molestia para los vecinos, depositar restos de ofrendas en vías del ferrocarril, parques, orillas de los ríos o zonas naturales siguiendo la indicación de los oráculos, criar animales en el jardín de la casa, tirar en ciertos lugares los objetos religiosos de los santeros que han fallecido, y algunas otras.

La persistente insistencia en presentar la santería como sincretizada con el catolicismo se debe a unos motivos muy concretos que voy a intentar analizar.

 

Cómo se llega al ‘sincretismo’

Parece ser que en Cuba los sacerdotes no andaban corriendo tras los tambores para romperlos y amenazar a los “paganos” como ocurría, por ejemplo, en Curaçao (René Rosalía 1997). Lo que sí se les permitió a los negros en Cuba es formar cabildos, o asociaciones de recreo y ayuda mutua que también eran religiosas. Estando bajo la adscripción de determinados santos católicos, se les permitía, hasta cierto punto, expresarse según las culturas de orígen (Ortiz 1992), probablemente con la esperanza de que fueran abandonando sus creencias y adoptaran el catolicismo. El precio que tuvieron que pagar los lucumís por ese espacio utilizable fue adoptar la estrategia de, 1) buscar unos santos católicos que tuvieran alguna característica en común con los orishas y colocarlos en los altares de sus casas mientras se ocultaban sus representaciones africanas, y 2) asegurar en todo momento que eran católicos.

El proceso no fue ni tan simple ni tan ideal (Palmié 2002 :232) como puede desprenderse de este pequeño resumen, ya que en Cuba se pusieron en marcha prohibiciones y persecuciones con respecto a las religiones africanas (Palmié 2002 :189), pero los negros tuvieron la habilidad (y necesidad) de enmascarar sus orishastras los santos del catolicismo, declarándose a sí mismos católicos para poder continuar con la práctica de su religión.

Fue sobre todo el fomento del secreto como uno de los valores fundamentales de la religión, el mecanismo defensivo por excelencia que sirvió de protección ante el resto de la sociedad, algo que ya tenían arraigado a través de las sociedades secretas tan comunes en las culturas africanas, como la de los ogboni entre los yoruba (Bascon 1984 :92; Idowu 1995: 22, 27, 228, 230).

En la sociedad cubana de la época colonial, los negros eran oficialmente católicos, y tocaban el tambor y bailaban como una manifestación folclórica bajo la cobertura de los cabildos, o al menos eso era lo que se creía (Ortiz 1992: 6). Todo ello a semejanza de lo que ocurría en Brasil, donde según Bastide (1986: 80), “ante el modesto altar católico (…) los negros podían bailar inpunemente sus danzas religiosas tribales. El blanco se imaginaba que bailaban en honor de la Virgen y los santos; en realidad no eran sino pretestos y los pasos de los ballets rituales, cuyo significado se les escapaba a sus amos, trazaban en el suelo de tierra batida los mitos de los Orishas o de los Vudúes”. En último caso, resultaba más fácil en Cuba controlar a los negros dentro de estos cabildos al tiempo que se fomentaba la ilusión de que poco a poco irían dejando sus prácticas africanas y se integrarían en el catolicismo.

Fue así como Ochún pasó a ser la virgen de la Caridad del Cobre, Yemayá la virgen de Regla, Changó fue Santa Bárbara, etc. La imágenes católicas fueron colocadas a la vista en los altares de sus casas de forma que ocuparan una posición predominante, lo que al parecer les valió el nombre de santeros. Mientras, las representaciones africanas se mantenían en la parte inferior del mueble donde estaba colocado el altar, ocultas a la vista de los extraños y visitantes tras unas puertas o cortinas, como todavía ocurre, según hemos podido comprobar, en el caso de algún santero, aunque cada vez son menos los que ocultan su religión. Según nuestro informante Oswaldo Martínez, su madrina en Matanzas todavía seguía la tradición hace unas décadas de tener todos los implementos religiosos en una habitación cerrada con llave y, por tanto, oculta a los visitantes (Entrevista personal, seis de abril, 2004). Es decir que la ocultación fue un imperativo necesario para hacer sobrevivir la religión yoruba en Cuba.

 

Situación actual

No es una casualidad que tanto la ocha en Cuba, como el candomblé en Brasil, o cualquiera de las creencias de orígen africano asentadas en América (en realidad todas las religiones africanas podrían ser contempladas como una sola [Mbiti, 1999]) hayan tenido problemas en las sociedades en donde se han establecido. Ciertas prácticas religiosas que se llevan a cabo en estas creencias, como pueden ser los sacrificios de animales, la posesión, la relación constante con los espíritus, o las consultas a los oráculos, simplemente asustan y desconciertan a las personas educadas en las tradiciones de las culturas occidentales. Ello es así, tanto por las características de estas religiones, como por ser la herencia de unas culturas percibidas como primitivas, exóticas y en cierta medida molestas (Augé 1996: 118).

En las sociedades actuales, y en especial en un país como Estados Unidos, estos aspectos religiosos resultan incomprendidos y bajo sospecha, despertando una actitud prejuiciada, la cual puede empeorar al constatar que en ciertas ocasiones entran en juego la magia y la brujería. Estas actividades no aceptadas y heredadas de unas culturas africanas con una cosmovisión y valores muy diferentes de los de las sociedades actuales occidentales, tienen la misión de favorecer y defender o proteger la vida de las personas. Practicar la brujería con el fin de hacer mal no es aceptable, pero sí lo es el defenderse por medio de otra brujería cuando se es atacado.

No sólo el desconocimiento real de lo que es la santería resulta ser un factor que alimenta el rechazo y la incomprensión social; también el tratamiento de los medios de comunicación y cierta literatura sobre la religión pueden tener un efecto negativo si se presenta esta creencia con sesacionalismo o inexactitudes. La ignorancia, prejuicios y desconfianza que afloran frecuentemente al describir la santería, siempre por personas ajenas a ella, parece que predisponen a comprenderla más bien como prácticas de brujería, como explica Joseph Murphy (1989), él mismo iniciado en la religión e investigador.

Desde la llegada de los esclavos yoruba a Cuba, hasta la implantación de la ocha o santería en los Estados Unidos, sus practicantes se han visto sometidos, no sólo a la incomprensión de la sociedad, si no a la persecución de los gobiernos e instancias oficiales. En Hialeah, Miami Dade, el ayuntamiento (dirigido por un cubano) intentó prohibir los sacrificios de animales en la santería (Miami Herald, 10 de junio, 1987), lo que dio lugar a una batalla legal que duró varios años y se saldó con el triunfo de los santeros (Miami Herald, 11 de junio, 1995). Mi informante Natividad Torres (santera, medium y conferenciante sobre temas afrocubanos) se encontró dos personas en la puerta de su casa dando patadas a una imagen que tiene colocada en el exterior mientras rezaban (según ella eran cristianos fundamentalistas). Un babalawo que conocí en Tampa tenía que soportar la música evangélica que su vecina portorriqueña ponía a todo volumen cada vez que él salía al jardín de su casa, ya que, según ella, la religión del babalawo era una práctica satánica que trataba de contrarrestar de ese modo. Según una agente de bienes raíces en Miami, hay personas que se niegan a alquilar o comprar la casa donde han vivido santeros o practicantes de otras religiones afrocubanas. De vez en cuando, ocurre en Miami que los policías que entran en casa de santeros para investigar han roto algunas de las representaciones materiales sin respetar el hecho de que se trata de objetos religiosos (conversación escuchada a un grupo de policías de Miami en un curso que hice con ellos sobre sectas cultos y religiones afrocaribeñas en enero de 2005).

Estos pequeños ejemplos sirven para demostrar la poca aceptación que la santería tiene entre la sociedad, sea estadounidense o latinoamericana, y para comprender la necesidad que siguen teniendo los santeros de ocultar su religión. En la santería se da una constante comunicación con los muertos, hay posesiones, se sacrifican animales, en ocasiones se utiliza la magia, y la mitología describe a los orishas como espíritus africanos de características humanas con sus miserias y defectos. ¿Alguien se puede extrañar entonces de que los santeros continúen hablando de santos católicos cuando se refieren a sus orishas?

 

Fundamento del llamado ‘sincretismo’

El enmascaramiento de la ocha o santería tras la religión católica, proviene de la presión de la Iglesia Católica y la incomprensión de la sociedad cubana desde los tiempos de la colonia hasta el régimen comunista actual. Los santeros tienen una larga tradicición, no sólo de ocultar y enmascarar su religión ante el resto de la sociedad, sino de mentir a los investigadores que se han interesado por ella, de ahí las equivocaciones que se han vertido en numerosos trabajos. Un ejemplo lo ofrecen Lidia Cabrera y Migene Gonzáñez Wippler, ambas dedicadas a escribir sobre la ocha, quienes tuvieron que reconocer que habían escrito cosas que no eran ciertas porque habían recibido información intencionadamente falseada.

Es justo reconocer, sin embargo, que siempre han existido santeros que se han considerado católicos, y aquí viene la confusión. Ser practicante de una religión como la ocha y ser creyente de al menos algunos aspectos de la religión católica no es lo mismo. Según el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española (vigésima primera edición), sincretismo es un «Sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes». Este término, que fue popularizado por Herskovits (1937) en Estados Unidos fue definido así: “Syncretism is a process of merging items that combine to become one(Theodorson and Theodorson 1969: 431, en Pérez y Mena 1998: 16).

Lo importante a la hora de evaluar el significado de la palabra sincretismo, es que se trata de una especie de cajón de sastre en el que se introduce todo aquello que no se comprende bien. Hay que tener en cuenta que el empleo de este término en las ciencias sociales data de una época en que la antropología estaba dando sus primeros pasos y los antropólogos se dedicaban a estudiar sociedades tradicionales muy alejadas y diferentes de las suyas. Las interpretaciones que hacían tenían en consecuencia, como referencia las sociedades industrializadas de las que ellos provenían, con unos conceptos y visión del mundo muy diferentes a las que investigaban, de modo que no era extraño que se cometieran errores de bulto que, por otra parte, nadie era capaz de cuestionar por tratarse de sociedades bastante desconocidas.

Como resultado de la aplicación del término sincretismo, se comprendieron las religiones que en Latinoamérica provenían de los indígenas y de los esclavos africanos, y que de alguna manera mostraban alguna relación en sus prácticas con el catolicismo, como híbridos. Es decir, que habiendo adoptado aspectos de la religión de los colonizadores se habían convertido en una creencia diferenciada, la cual no era una cosa ni la otra. En palabras de Joseph Murphy (1993) se trataría de un híbrido, “a ‘syncretism’ of black and white worlds“.

Se dan en la santería dos fenómenos, 1) sentirse identificado en parte o por completo con la religión católica, y 2) haber adoptado solamente algunos signos externos de esa religión como medida de protección ante la sociedad y como tradición. En mi opinión, el error consiste en asignar a los dos el término de sincretismo.

Si el sincretismo consiste en que surja una creencia a partir de dos o más que fueron su orígen, no creo que pueda ser aplicado a los santeros que se identifican realmente con el catolicismo, que son muy pocos, y que además practican las dos religiones por separado y sin mezclarlas. Mucho menos con la gran mayoría de ellos que siguen declarándose católicos y tienen alguna imagen en su casa, pero que no tienen apenas idea de los fundamentos de la religión católica, ni pisan nunca una iglesia como he podido comprobar en las entrevistas que les he realizado.

Una prueba de que los santeros no confunden los santos católicos con sus orishas son las declaraciones que hizo Calixta Morales (oddedei) a Lidia Cabrera: “Los Santos son los mismos aquí y en Africa. Los mismos con distintos nombres. La única diferencia está en que los nuestros comen mucho y tienen que bailar, y los de ustedes se conforman con incienso y aceite, y no bailan” (Cabrera [1954] 1983: 19). Se afirma que son los mismos pero después se deja claro que son dos cosas distintas. Obviamente quienes hablan de sincretismo con el catolicismo se basan en la declaración primera de que son la misma cosa olvidando la segunda parte.

 

Factores involucrados en el ‘sincretismo’ practicado por los cubanos en la ocha

¿A qué se debe entonces que algunos santeros se sientan católicos convencidos, o al menos así lo declaren, y alternen la creencia en las dos religiones? Creemos que es debido a varios factores.

La presión de la Iglesia Católica, la represión de los sucesivos gobiernos en la isla y la incomprensión de la sociedad cubana ya fueron mencionadas anteriormente, y dieron lugar a la necesidad de enmascar la ocha tras las imágenes católicas y a declaraciones públicas de catolicismo por parte de santeros, algo que resulta comprensible. Fernando Ortiz ([1906] 1995: 70) contaba, en referencia al sincretismo, “El brujo Bocú se defendió hábilmente ante el tribunal que lo condenó, diciendo que el altar que tenía en su casa estaba dedicado a una divinidad católica, a Santa Bárbara, y que por lo tanto no era brujo” (la palabra brujo se refiere a un practicante de una religión africana). Ahora bien, el convencimiento sincero de ser católicos y llevar a cabo la práctica de esta religión por parte de santeros, es algo que llama la atención teniendo en cuenta las grandes diferencias que separan las dos religiones.

Una de la explicaciones que suelen darse es que los antiguos esclavos encontraron similitudes entre los santos católicos y sus orishas, y no tuvieron gran problema en adoptar la religión de sus amos, pero esta razón no parece muy convincente. Adentrándose en el campo de la psicología, podría ser que los yoruba hubiesen interiorizado como un castigo de sus orishas el haberse convertido en esclavos por el hecho de haber esclavizado ellos mismos a sus vecinos y haberlos vendido a los europeos. Por otro lado, es posible que pensaran que si los santos católicos protegían a sus amos, y éstos los dominaban a ellos, bien pudiera ser que esos santos fueran más fuertes que sus orishas, por lo que no estaría de más buscar su proteción.

Un factor importante a tener en cuenta, es el hecho de que en Cuba se vieron obligadas a convivir distintas etnias, las cuales se acostumbraron a adoptar aspectos de las otras culturas como algo natural. Esto supuso el desarrollo de una actitud oportunista que aprovechaba lo que tenía a su alcance para poder supervir en un medio plural y variopinto. Puede que este factor sea importante para comprender el porqué ha habido personas, tanto negras como blancas, que siendo seguidores de la ocha no hayan tenido inconveniente en identificarse con el catolicismo.

Otro de los motivos que ha podido contribuir a la ambivalencia religiosa entre los santeros, es el hecho de que se han ido incorporando paulatinamente cada vez más blancos que habían sido educados en familias católicas, especialmente aquellas de origen español que llegaron tras la independencia de Cuba. De nuestras entrevistas se desprende que aquellos santeros que fueron educados en familias católicas, tienden más a identificarse con los conceptos e imágenes católicas y a manifestar que son católicos.

Por último, creemos que los santeros gays, quienes representan un grupo numeroso e importante dentro de la santería, inclinan la balanza a favor del catolicismo, ya que según hemos podido comprobar, son más propensos a utilizar imágenes católicas y a declararse católicos.

Es decir, que hay un número indeterminado de santeros que practican la ocha, que se consideran católicos también y que practican esa religión de una forma más o menos constante y ortodoxa. Pero esto todavía no explica de forma clara y convincente el hecho de que se da un supuesto sincretismo real entre las dos religiones, entendido éste como una práctica distintiva de aquellas creencias que la originaron.

Ya he apuntado al principio que, por lo general, se maneja la tesis por parte de muchos estudiosos y especialistas de que se da un sincretismo en la ocha, o santería (nombre peyorativo adjudicado por personas ajenas a ella) con la religión católica. Ahora bien, no se especifica claramente en qué consiste este sincretismo fuera de unos cuantos detalles anecdóticos. Porque si esos detalles sirven para calificar la ocha como sincretizada, habría que decir de la religión católica que también lo está, ya que el papa se pone en su cabeza un gorrito como los judíos, se quema incienso como los hindúes, o en su mitología aparecen sucesos y personajes muy similares a los de otras religiones. Sin embargo, sólo las religiones de los indígenas y de los esclavos traídos a América son calificadas como sincretizadas, lo que hace sospechar que se da cierta manipulación de tipo ideológico que persigue algún interés.

 

Voces desde dentro

Para tratar de esclarecer un poco la consistencia del sincretismo, puede ser interesante escuchar lo que dicen algunos religiosos sobre el tema en cuestión, que hablan desde la religión yoruba en Nigeria, el candoblé brasileño, así como desde la ocha.

Veamos lo que escribe Wande Abimbola, babalawo yoruba, académico en Nigeria y Estados Unidos, y elegido por una asamblea de babalawos en Nigeria como embajador de la religión yoruba: “To some extent, I believe that the things people call syncretism are not syncretic at all. When a babaláwo tells stories of the Odú in Cuba, he doesn’t mix it with stories from the Bible. What is called syncretism has mainly to do with the icons of the Òrìsà, and this is sometimes just a way of saluting the divinity of a neighbor or of a master” (de su obra If a will mend our broken world, disponible en Internet:
http://afrocubaweb.com/Abimbola.htm).

En el candomblé brasileño, creencia similar a la santería, la conocida iyalorixáMãe Stella de Oxóssi hizo unas declaraciones públicas asegurando que el candomblé es incompatible con la religión católica, posición respaldada por las más respetadas mães (madrinas de santo) de Salvador (“Candomblé diz não ao sincretismo”, Jornal da Bahia, Salvador, 29 de julio de 1983). También el pai-de-santo de Salvador, Balbino, do Opô Aganju, entrevistado sobre el sincretismo declaró: “O candomblé e o catolicismo são como a água e o oleo” (Ferretti 2001).

El obá-oriatéde Miami Ernesto Pichardo, quien fue el que consiguió, tras una larga lucha, que la justicia estadounidense reconociera el derecho de los santeros a sacrificar animales de forma ritual, afirmó, “The initial question of ‘syncretic religion’ is simple to answer. The religion is not syncretic but a parallel can be made with several religions. However, some people manifest forms of syncretism to more or les degrees” (Pichardo 1999). Es decir, que no es la religión la que está sincretizada, si no que hay santeros que muestran cierta adherencia al catolicismo.

Raul Cañizares, antiguo profesor the universidad, quien fundó un templo de santería en Nueva York, estaba de acuerdo con la idea de Roger Bastide (1986) de que la identificación de los orishas con los santos católicos estaba más bien dirigida hacia el mundo exterior de la santería: “…a santero’s statement that ‘orishas are the same as saints’ may be understood as attempts by devotee to make his or her world understandable and concrete to the outsider through the use of analogous imagery” (Cañizares 1999).

El babalawode Miami José Martínez (baba ejiogbe), cuando le preguntamos qué tenía la religión lukumí del catolicismo contestó, “Nada… yo no le veo ninguna relación. Yemayá es Yemayá, no es la virgen de Regla, Changó es Changó, no es santa Bárbara (…) los que consideran que es lo mismo es por ignorancia (entrevista en Miami, 11 de diciembre de 2003).

Según la santera y espiritista de Miami Natividad Torres (oní Changó), “Producto de la persecución religiosa que hemos sufrido … esta religión tuvo que enmascararse, encubrirse detrás de las religiones oficiales para poder sobrevivir, y se buscaron puntos de contacto para establecer esta subsistencia . Aquí en América, en Brasil, en Cuba y en todos los lados … pero homogeneidad no hay ninguna… y sí, fueron tomándose elementos y entrándolos en la religión lukumí para ir buscando a través de estos elementos, por orientación de los orishas, una absolución y una aceptación de la sociedad civil” (entrevista en Miami, 16 de mayo de 2004).

En opinión del babalawo Juan Manuel Casanova (obara kasica), “El pueblo cubano se autotitula siempre católico. ¿Por qué? Porque decir que uno no es católico, es decir que uno está en contra de Cristo, que uno es “judío” … y entonces hay un complejo de culpa…porque no ser cristiano es ser lo más malo del mundo … hay una polarización … El cubano ante esta disyuntiva se siente amenazado y aunque sea santero dice que es cristiano. El dichoso sincretismo es una gran trampa …ene que ver con la política de la Iglesia…tiene que ver con los cabildos. Todo esto se tejió de tal forma que llegó un momento que la mente del afrocubano aceptaba esto de una forma natural” (entrevista en Miami, 14 de abril de 2004).

El caso del santero Oswaldo Martínez (obindé) es muy significativo, ya que él se considera católico siendo santero iniciado hace cuarenta y tres años en Matanzas. No solamente se limita a una declaración, si no que tiene un espacio en su casa acondicionado como capilla con imágenes católicas metidas en urnas, vestidas igual que se las ve en una iglesia, con luces y flores. El día que se celebra la virgen de Las Mercedes, trae un sacerdote, invita a decenas de personas y se celebra una misa en la parte trasera de la casa, tras la cual la sacan en procesión por las calles aledañas. Al frente camina un diácono con un incensario y tras él, tres santeros vestidos de túnica blanca con estandartes. Les siguen las banderas de Cuba y Estados Unidos que preceden a una banda de quince músicos. A continuación, cuatro personas llevan a hombros una virgen de las Mercedes con su manto blanco y su corona dorada, entre luces y flores bamboleándose bajo el palio. Unas ochenta personas caminan tras la imagen y una patrulla de la policía con las luces de colores encendidas cierra la comitiva. Algunos vecinos de la zona (la mayoría cubanos o latinoamericanos) salen a la calle a ver pasar la procesión. El evento se celebra sin la aprobación de la parroquia más cercana desde hace varios años.

Hemos tenido la oportunidad de asistir a este evento organizado por Oswaldo Martínez, y también a varios rituales de santería celebrados en su casa. Lo hemos entrevistado dos veces y hemos conversado con él en muchas ocasiones sobre la religión. Su caso no es común, ya que la mayoría de los santeros se limitan a una declaración breve sobre su adscripción al catolicismo que, en general, se percibe poco convincente. Por esta razón damos mucha importancia a sus declaraciones, debido a que defiende el sincretismo ante aquellos que pregonan que la ocha o santería no tiene nada en común con el catolicismo.

En la segunda entrevista que le hicimos nos dijo, “Yo tengo la católica separada de la religión mía […] en el sincretismo, lo único que conozco es en las imágenesyo me crié bajo eso de la imagen católica y el santo (se refiere al orisha) y nunca ha interferido una cosa con la otra…mi madrina que era una santera viejísima, y cantidad de santeros viejos, viejos, y la difunta Ferminita, tenían la Caridad del Cobre (patrona de Cuba) y la paseaban, y el cabildo de Oyá en Matanzas sacaba a Santa Teresa que era casi de seis pies. Esas imágenes, como te dije la otra vez, tenían ceremonias (se refiere a que se les hacían ceremonias santeras y se les introducían ciertos productos), se “cargaban”, para convertirlas en las representaciones de orishas africanos… Tu puedes adorar a Santa Bárbara pensando que es Changó perfectamente” (entrevista en Miami, 6 de abril de 2004).

Estas declaraciones del santero mayor Oswaldo Martínez, dejan al descubierto varias cosas: 1) a pesar de declararse practicante de las dos religiones, deja claro que su religión es la ocha o santería (nos lo ha manifestado también en otras ocasiones), 2) para él, el sincretismo queda reducido a las representaciones materiales y a ciertas costumbres (manifestado en otra parte de la entrevista), 3) hace una clara distinción entre las dos religiones sin mezclarlas, 4) que los santeros tienen asumido tradicionalmente el uso de imágenes católicas, 5) que para utilizar esas imágenes se les practicaban ceremonias que las convertían en representaciones de sus orishascon apariencia católica, y 6) que los santeros no ven problema en dirigirse a sus orishas aunque estén representados por una imagen de otra religión.

 

¿Por qué tanta insistencia en hablar de sincretismo?

Lo más curioso del sincretismo es que las personas que practican la ocha apenas hablan sobre él, es decir, que es desde fuera de la santería donde se despierta interés. La excepción la representan aquellos religiosos, por lo general los más informados y conscientes de la manipulación que representa el uso del término, que niegan el tal sincretismo y tratan de recuperar los orígenes africanos (Brown 2003: 162).

Sin dejar de reconocer que algunos santeros se identifican con el catolicismo, se bautizan, aceptan algunos postulados de la religión católica, y eventualmente visitan alguna iglesia, se conjugan en mi opinión, una serie de factores para que se siga aceptando la sincretización entre las dos religiones. Desde mi punto de vista, existe un interés en determinados ámbitos para que se continúe empleando el término sincretismo.

En primer lugar, nos encontramos con el medio académico y el papel jugado por los estudiosos dedicados a las religiones de origen africano en América. El uso del término por los primeros estudiosos y por los que han continuado usándolo, aparenta estar cargado de una ideología que comprendió al “primitivo” como un ser inferior al que se consideró incapaz de distinguir entre sus divinidades y las del catolicismo, de ahí que no tuviera inconveniente en equiparar a las unas con las otras (Pérez y Mena 1998).

Si hace unas décadas era aceptable el uso del término sincretismo para calificar una serie de fenómenos no bien comprendidos a falta de un mayor conocimiento, hoy en día resulta más que sospechoso que estudiosos e investigadores continúen utilizándolo. En mi opinión, no tiene mucho sentido utilizar este término puesto que todas las culturas, así como las creencias, tienen influencias externas, es decir, que se podría afirmar que todas son sincréticas.

Ahora bien ¿por qué utilizarlo con tanta insistencia con religiones originadas en África o en América? ¿No será que se las quiere desnaturalizar, opacando su carácter, negándoles la capacidad de elaborar creencias coherentes desprendidas de un elevado nivel de pensamiento? Negarles esa capacidad, equivale ver a sus practicantes como personas inferiores y por tanto a seguir ejerciendo e imponiendo una hegemonía, que en tiempos de la colonia justificaba la esclavitud, y que ahora se lleva a cabo de una forma más sutil.

Otro aspecto sobre el uso del término sincretismo, es la forma en que se va recogiendo sucesivamente un concepto y traspasándose entre estudiosos e investigadores, aceptando el significado asignado en un principio sin ponerlo en cuestión. Aquí estamos hablando de posible negligencia en las investigaciones, puesto que en el caso de la ocha o santería, ya hemos apuntado lo difícil que supone interpretar correctamente lo que dicen y hacen los santeros. Sospechamos que ante las dificultades para llevar a cabo el trabajo de campo en las investigaciones sobre la ocha, lo más fácil es retomar lo que descubrieron otros anteriormente.

Joseph Murphy, profesor de teología en la Universidad de Georgetown, y autor de varias obras sobre la santería y otras religiones afroamericanas, en su obra “Working the Spirit. Ceremonies of the African Diaspora” (1994: 184), en donde compara cinco de ellas, afirma: “It was the relationship of these actions with Catholic or Protestan traditions which formed the basis for “syncretisms” or “reinterpretations” that each tradition developed. In general we might see the traditions of the Latin Americans: vodou, candomblé, and santería as developing alternative and complementary ritual systems to those of Catholicism. The traditions of British America, Revival Zion and the Black Church, on their part, developed alternative ritual forms of Protestan Christianity“.

Bien, que las religiones Revival Zion y Black Church desrrollaron formas rituales del protestantismo puede ser, pero que el vudú, el candomblé y la santería desarrollaron sistemas rituales alternativos y complementarios de los católicos requiere algún tipo de explicación. En siete años de contacto con la ocha, no he podido apreciar que los rituales fueran una alternativa y un complemento de los catolicos, claro que eso no es una garantía, ya que el subjetivismo a veces juega malas pasadas.

La cuestión respecto a la ocha, no creo que sea tan difícil si se siguen dos pasos: 1) hay que escuchar bien lo que dicen los santeros y comprobar en qué medida concuerda con sus prácticas, y 2) se debe poner atención a las creencias y los conceptos, así como a los rituales que se manejan en la ocha. Primero, para ver si es cierto que los santeros practican el catolicismo, y segundo, para eventualmente comprobar que tanto en las creencias como en las prácticas, la ocha está permeada por la religión católica, o lo que es lo mismo, que resulta una mezcla de la religión de los yoruba con el catolicismo. Por lo pronto, he sido testigo de la resistencia por parte de algunos estudiosos a revisar el término sincretismo, probablemente por no aceptar que se ha construído sobre una base inconsistente.

En Cuba, es demasiado patente la insistencia en describir la ocha como una religión netamente cubana y sincretizada con el catolicismo, tanto desde instancias oficiales como por parte de los intelectuales que escriben sobre ella. La santería, después de haber sido reprimida desde el triunfo de la revolución, y ante la imposibilidad de anularla, se benefició de la actitud tolerante surgida del Cuarto Congreso del Partido Comunista Cubano en 1991, cuando se eliminaron los obstáculos para que los miembros del partido tuvieran creencias religiosas. De este modo, la mitología yoruba se enseñó en las escuelas, se programaron cursos en la universidad sobre la religión yoruba o la santería y se promocionaron estos cursos entre estudiosos e investigadores del exterior. Además de servir como un reclamo académico, a la santería se la empezó a utilizar como un atractivo de corte turístico utilizando la rica iconografía que muestra, así como bailes y música, siempre procurando mostrarla como un patrimonio folclórico y cultural y no tanto como una religión.

Presentada la santería como sincretizada con el catolicismo, se conseguía contrarrestar por un lado el impulso que tomaba la Iglesia Católica en Cuba, ya que el número de asistentes a las iglesias podía no era real si se contaba entre ellos a los santeros, y por el otro, diluir el supuesto africanismo de la santería, presentándola como una mezcolanza que vendría a ser una fiel representación de la cultura cubana. Es decir, que se utilizaba el sincretismo de la religión como muestra de una identidad cubana, que desde tiempos de Fernando Ortiz, se la describe constantemente como mulata (el ajiaco cubano en la comida, la música, y la novela Cecilia Valdés de Cirilo Villaverde son los paradigmas por excelencia).

El supuesto sincretismo de la santería venía a corroborar la tal mulatez, y por consiguiente a reforzar la exaltación de esa identidad, que ya no sería ni la del blanco colonialista, ni la del negro esclavo. Resultaba pues funcional para los intereses de un régimen, cuya misión ha sido conformar un nuevo tipo de persona concebida como revolucionaria, en una sociedad en la que no habría ni racismo ni diferencia de clases, siendo la mezcla racial un factor favorecedor del proceso.

Por su parte, la Iglesia Católica en Cuba y Estados Unidos, sabiendo que gran parte de la población religiosa cubana practica las religiones de origen africano, en especial la ocha, se muestra algo ambivalente, ya que si por un lado permite a los practicantes de la santería visitar las iglesias (a veces vestidos de blanco) y participar en las procesiones, por el otro deja claro que la santería y el cristianismo son irreconciliables (carta pastoral de Monseñor Eduardo Boza Masvidal, disponible en www.corazones.org). Pero en cualquier caso, las referencias hechas a la santería por los portavoces de la Iglesia Católica siempre vienen teñidas por una descripción que la presenta como sincretizada con el catolicismo (Sosa 1999, Padre Jordi Rivero, en http://www.corazones.org/apologetica/practica/santeria/htm).

En cuanto al interés de los santeros por que se mantenga el término sincretismo, nos encontramos con varios aspectos. En primer lugar, esta religión proviene de los negros del occidente africano, quienes consiguieron con mucho celo conservarla en la sociedad colonial. Este empeño se mantuvo a lo largo del tiempo, hasta tal punto que hace cuatro décadas nuestro informante Oswaldo Martínez, blanco de formación católica, tuvo que esperar tres años hasta que la madrina negra que había elegido en Matanzas consintió en iniciarlo en la ocha ya que se negaba a iniciar blancos. Según él, muchos negros que eran santeros mayores en Cuba se llevaron a la tumba los secretos traídos de África porque se negaban a transmitirlos a los blancos (información personal). De hecho, dos de nuestras informantes, negras y por separado, nos han expresado su sentir con estas palabras: “Los blancos nos han robado la religión”.

Efectivamente, los “blancos” (los términos blanco y negro son muy relativos entre cubanos) se han ido incorporando a la religión hasta ser mayoría en la actualidad, especialmente en los Estados Unidos. El bagaje cultural y religioso que estos cubanos blancos traían consigo, tenía necesariamente que estar teñido por el catolicismo, puesto que la mayoría eran de origen español. No es de extrañar entonces que ellos hayan ejercido influencia para que se diera una mayor aceptación, tanto de las imágenes católicas, como de la equiparación entre santos católicos y orishas. Esto mismo puede haber fomentado el que se diera entre los santeros un intento de presentar una religión africana, concebida por la sociedad como primitiva, bajo el maquillaje de un catolicismo que la haría más fácilmente digerible.

En la actualidad, y en Estados Unidos, declararse los santeros como católicos y sincretizados puede ser una actitud práctica y conveniente de cara a la sociedad. Esta estrategia es susceptible de facilitar el encubrimiento de algunas de las actividades que llevan a cabo, las cuales infringen normas de ciudadanía, que añadido a la animadversión que las religiones afrocubanas despiertan en las religiones fundamentalistas que dominan la convivencia en este país, puede acarrearles ciertos problemas. Abandonar los ebós u ofrendas en parques, ríos, vías de ferrocarril o en los cementerios, no mueve precisamente a la comprensión al resto de la sociedad. No digamos sobre el prestar el cuerpo para que sea ocupado por un espíritu o el ofrecimiento de la sangre de animales a los orishas. Estas actividades son calificadas por los fundamentalistas como satánicas.

Es decir, que algunas de las actividades que se llevan a cabo en la ocha pueden producir el rechazo de parte de la sociedad, con lo cual resulta mucho más cómodo declararse católicos con el fin de contrarrestar los prejuicios y la concepción negativa que sobre la religión se tiene en general. Ahora bien ¿coinciden las declaraciones de catolicismo con las prácticas que se llevan a cabo? En mi opinión, no.

El verdadero carácter del sincretismo de la santería con el catolicismo se puede buscar en las estanterías de cualquier supermercado de Estados Unidos donde haya muchos hispanos, y por tanto santeros. Allí se pueden encontrar velas en unos cilindros de vidrio decorados con imágenes católicas de San Lázaro, Santa Bárbara, o la virgen de las Mercedes, entre otras. Los clientes que las compran saben muy bien que son para Babalú Ayé, Changó u Obatalá, pero al fabricante no se le ocurre ofrecerlas con estos nombres, porque quizá no las vendería allí.

Es cierto que tanto en el vudú, como en el candomblé o la santería se dio una equiparación entre loas, orixás y orishas con los santos de la Iglesia Católica. También es cierto que unas religiones más que otras han adoptado algunas características del catolicismo. La mentalidad y la cosmovisión de los que practican la ocha actualmente no es la misma que tenían los yoruba cuando fueron traídos a América, pero tampoco lo son las de los yoruba actuales. Es decir, cualquier religión es algo vivo que se va transformando de acuerdo a las circunstancias y necesidades del momento.

Pero nos preguntamos de nuevo. Estas transformaciones y la adopción de algunos rasgos del catolicismo ¿significan realmente que se da un sincretismo? ¿Debemos creer en un supuesto sincretismo como en el candomblé de Bahia en Brasil, donde según Bastide (1986), a Yemanjá se la equiparaba a seis vírgenes diferentes y a Oshun a otras cinco?

 

Conclusiones

No pretendo decir que la santería no está mezclada con otras creencias, porque desde mi punto de vista, todas las religiones han recibido mayor o menor influencia de otras. La misma religión yoruba en África ya tenía algún rasgo del islam (Binsbergen 1999), como el sistema oracular de Ifá. De lo que sí estoy convencido es de que la santería, o mejor, la ocha, no está sincretizada con el catolicismo (de nuevo, entendiéndola como creencia y prácticas surgidas de la fusión del catolicismo y la religión yoruba). Ello a pesar de que algunos santeros puedan practicar el catolicismo por separado, que se hayan hecho intentos de presentar la religión haciendo un paralelismo entre la Trinidad católica y el conjunto Olodumare-Olorun-Olofin (Pichardo y Nieto 1984: 28-34; Díaz Fabelo 1960: 28-33, en Brown 2003: 124), y que muchos de ellos continúen colocando alguna imágen católica delante de las representaciones de sus orishas o exigiendo el bautizo a los aspirantes a la iniciación.

Hemos visto cómo se da una confluencia de intereses para que se siga hablando de sincretismo con el catolicismo, lo que significa que conviene seguir diciendo que la santería está teñida de él, o que ha surgido de una mezcla al igual que el resto de la cultura cubana. Comprendemos el interés de las instancias oficiales cubanas. Mejor aún se entiende la posición de los santeros, ya que siempre han tratado de protegerse de la persecución a la que se han visto sometidos y a la incomprensión de la sociedad. Lo que ya no se entiende tan bien, es la posición de muchos intelectuales que escriben sobre la religión, la mayoría de los cuales siguen empecinados en repetir de que se trata del sincretismo de una creencia africana con el catolicismo. También se lo pregunta Stefan Palmié: “If ‘syncretism’ has gone sour for everybody involved, why do we all-Santeros, American Yoruba, and anthropologists- find it so easy to agree on this matter?” (1995: 92).

Se habla constantemente de reinterpretaciones referidas al proceso de transformaciones que se dieron en la religión yoruba en Cuba, pero tampoco este término parece adecuado puesto que en tierras yoruba no existía una homogeneización de las prácticas y creencias. Cada población veneraba un orishadistinto, de forma que unos eran más aceptados y reconocidos en unas áreas, mientras que en otras eran desconocidos. Por esta razón, en la literatura unos autores dicen que se conocían varias decenas de orishas, mientras otros hablan de cientos. Por supuesto que se dio un momento que en Cuba surgió la necesidad de unificar las prácticas (Brown 2003: 130-132), no obstante, siempre se mantuvieron las diferentes tradiciones como la de Matanzas (arará) y la de la Habana (Oyó) (Ramos 2000) que, aunque bajo el paraguas común de la ocha, siguieron conservando algunas características propias.

Si es cierto que las prácticas de la ocha están sincretizadas con las católicas, como dicen la mayoría de los autores, ¿por qué no se explica y se ofrecen ejemplos claros y bien argumentados? ¿Por qué la supuesta sincretización se queda en comentarios sobre aspectos superficiales?

Aparentemente, esta discusión puede parecer, y lo es, ocupación de intelectuales, puesto que los santeros no se preocupan por el tema, y sin embargo, tiene su importancia puesto que si se admite que la ocha es una mezcla de creencias y prácticas africanas con las católicas se la está desnaturalizando. Implícitamente se está queriendo decir que los africanos y sus descendientes fueron renunciando a sus creencias, que sus conceptos religiosos cedieron ante los más elevados del catolicismo.

Creo que no es acertado pensar de este modo, ya que fueron capaces no sólo de conservar su religión, si no también de atraer a muchos de aquellos que trataban de imponerles la suya (el presidente cubano Carlos Prío [1948-52] estaba iniciado en Ifá, y se cree que el dictador Machado también lo estaba [Brown 2003: 290]). Posteriormente la ocha ha conseguido expanderse por Latinoamérica, el Caribe, Estados Unidos, y modestamente hasta ahora, por varios países de Europa. ¿Con adaptaciones, recomposiciones, invenciones, préstamos y cambios? Por supuesto, ya que no podía ser de otra forma. ¿Acaso no se ha transformado el cristianismo a lo largo del tiempo? Pero a quien se inicie en la ocha, por mucha influencia que arrastre del catolicismo o de otra religión, no le quedará más remedio que mirar hacia África, ya que sus divinidades, su mitología, sus valores y sus rituales provienen de allí. Si paralelamente quiere practicar otra religión nadie le va a recriminar, ya que en la ocha ni se ejerce el proselitismo, ni hay dogmatismo intransigente, ni se procede al estilo de las sectas separando a los creyentes del resto de la sociedad.

La ocha no consiste solamente en sacrificar animales y bailar en los tambores para atraer los orishas.Tiene como trasfondo una cosmología muy sofisticada, recogida en el cuerpo de conocimientos de Ifá, que enlaza con la teoría física del electromagnetismo (Awo Fá’Lokun Fatumbi 1992) por extraño que pueda parecer, pero para conocerla hay que escuchar a los babalawoscon más conocimiento. Willian Fagg (1977: 164, en Mason 2002: 69) apuntaba que las culturas africanas tendían a concebir las cosas como objetos de cuatro dimensiones, siendo la cuarta, la energía, la más importante. Baba Ifá Karade (1994) relaciona los centros de energía conocidos como chakras con los principales orishas. El babalawo de Miami Juan Manuel Casanova (obara kasica), va más allá, y relaciona los orishas con los chakras, las zonas del cuerpo, los colores, los elementos de la naturaleza, las notas de la escala musical, los sentidos, los nervios y las glándulas del cuerpo humano (libro en preparación). También encuentra vínculos con la cábala judía, al igual que Migene González Wippler (1999), psicóloga, antropóloga y practicante de la ocha, quien cree que se debe a que ambas religiones tienen raíces africanas originadas en Egipto.

Se puede alegar, desde luego, que todo esto son reinterpretaciones y préstamos, como es el caso de los manuales de Ifá que manejan los babalawos, que como Brown (2003: 123) apunta, se sostienen sobre “intrincadas etimologías egipcias”. También parece obvio que los mismos practicantes están influenciados por la literatura, tanto sobre la religión yoruba en África, como de la ocha en América; los primeros de la mano de autores que eran misioneros yoruba cristianizados, y los segundos por la tradición etnográfica americana moderna con Herskovits a la cabeza (Brown 2003: 122).

El hecho de que se haya escrito sobre la ocha como sincretizada con el catolicismo ha originado que muchos santeros hayan aceptado el término y aseguren que su religión resulta de una sincretización con el catolicismo, pero cuando se les pregunta no saben explicar en qué consiste esa fusión, ofreciendo respuestas vagas y poco convincentes. Es por eso que sigo preguntándome (y preguntando a los religiosos) que dónde está el tal sincretismo.

La ocha, a la que quizá habría que llamar Ifá, puesto que está basada en sus conocimientos (Murphy 1981: 227-228, en Brown 2003: 144), muestra, en mi opinión, un grado de complejidad y sofisticación que queda oculto por unas prácticas rituales heredadas de África, que pueden resultar engañosas para los que desconocen su verdadera base.

El ingreso en la ocha de personas con un mayor nivel de educación, la expansión de la religión, la gran cantidad de literatura disponible, y la paulatina pérdida del miedo a la actitud del resto de la sociedad, fomentan el deseo en los santeros de ser reconocidos en una sociedad caracterizada por la pluralidad religiosa. Por consiguiente, cada vez más va surgiendo entre ellos una actitud reivindicativa de su religión y el reconocimiento de la falacia que ellos provocaron al enmascarase tras la religión católica.

La tendencia africanista dentro de la ocha y entre los cubanos todavía es muy minoritaria, puesto que lucha contra la costumbre y la inercia que ha provocado el que se acepte un sincretismo con el catolicismo declarado y no real. El resultado es que se ha convertido en un patrimonio y una especie de tradición difíciles de borrar, lo que no es el caso entre los afroamericanos que han ingresado en esta religión y que reivindican con fervor el legado africano sin complejos. No hay que olvidar, que siempre ha habido voces en contra del sincretismo desde dentro de la religión. El obá-oriaté Nicolás Angarica (obá tolá) hace cincuenta años y actualmente los miembros del Ilé Tun Tun en Cuba, y los actuales oriatés de Miami “Willie” Ramos y Ernesto Pichardo, así como muchos de mis informantes son algunos ejemplos.

Las discrepancias sobre el sincretismo provienen, en mi opinión, del empleo extensivo (y excesivo) del término, al aplicarlo a una religión que ni siquiera era homogéna en África. Si en el área geográfica donde se originó se adoptaban orishas de otras poblaciones y se daban intercambios ¿cómo no iban a adoptar los africanos de la diáspóra una actitud oportunista con el fin de sobrevivir?

Mi posición se resume en que si el término sincretismo se emplea como significado de cambio, préstamo y adaptación, resulta aceptable aunque continúa siendo equívoco; ahora bien, si se lo emplea presentándolo como una fusión con el catolicismo, entonces no, ya que ni mis observaciones, ni las declaraciones de mis informantes (con verdadero conocimiento) lo muestran. Hablar de la ocha como un híbrido, o como una nueva religión me parece un error ya que se trata de de una creencia milenaria que, a juzgar por el rumbo de los acontecimientos, ha conseguido sobrevivir y expandirse con bastante éxito, a pesar de los obstáculos y la incomprensión.

 



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