Gazeta de Antropología, 2004, 20, artículo 21 · http://hdl.handle.net/10481/7272 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 15 agosto 2004    |    Aceptado 30 agosto 2004    |    Publicado 2004-09
La arqueología histórica en Argentina. El caso del cantón Tapalqué Viejo
Historical archaeology in Argentina: the case of Tapalqué Viejo canton





RESUMEN
El presente trabajo intenta reconocer y analizar aquellas prácticas sociales de los pobladores del partido de Tapalqué (provincia de Buenos Aires, Argentina) que están referidas a la construcción de su identidad local. Como referente inicial se considera la existencia en el lugar, entre 1831 y 1860, de una fortificación militar, la que correspondió a un nodo de la denominada frontera entre "indios" y "blancos" en la pugna por el dominio de un territorio de llanuras. Las investigaciones incluyen el registro de datos desde el contexto arqueológico, la etnografía y las fuentes escritas, en el marco transdisciplinario de la denominada arqueología histórica.

ABSTRACT
This work seeks to recognize and to analyse social practices of inhabitants from the Talpaque area, a province of Buenos Aires, Argentina. These practices refer to the construction of their own local identity. Initially, the existence in this area of a military fortress has been taken into account, this existing from the 1831 and the1860. This fortress was a key-point of the so-called frontier between the Indians and the white men struggling to own a territory of valleys. The research has gathered data from the archaeological site, ethnography, and the written sources, inside the interdisciplinary framework of the so-called historical archaeology.

PALABRAS CLAVE
arqueología histórica | Argentina | transdisciplinariedad | Tapalqué
KEYWORDS
historic archaeology | transdisciplinarity | Tapalqué


Introducción

Los estudios del pasado humano relacionado con tiempos históricos han dejado de estar restringidos a la Historia. Durante la última década se han desarrollado y consolidado investigaciones desde otras disciplinas de las Ciencias Sociales. La Antropología, la Etnohistoria y la Lingüística, entre otras, han asumido las problemáticas como formando parte de su objeto de estudio y a partir de las propias perspectivas disciplinarias. En Argentina, la Arqueología Histórica surgió, en principio, como un campo que pretendió abarcar el estudio de sociedades ‘históricas’ desde el enfoque de la Arqueología. Sin embargo, con el crecimiento del interés por los trabajos en esta área ha sido posible reconocer que existe una complejización en los problemas de investigación, los que exigen un abordaje interdisciplinario, tanto para el análisis y la elaboración de conocimientos científicos como para el contexto de aplicación de dicha producción.

El proyecto de investigación “Cantón Tapalqué Viejo” se formula como objetivo central el de fortalecer la identidad cultural, en primera instancia, de los pobladores del actual partido de Tapalqué (provincia de Buenos Aires, Argentina) y, en un segundo nivel, una identidad en términos más generales. El propósito más general es el de contribuir con el reconocimiento y la construcción del patrimonio cultural a escala local y regional y orientar a la práctica comunitaria al reconocimiento de una experiencia social previa y a su implicación en situaciones actuales y futuras. Los trabajos toman como base y desarrollan dos líneas de investigación, articuladas permanentemente. Por un lado, indagan el sitio arqueológico Cantón Tapalqué Viejo, fortificación del período preformativo del Estado argentino. Esta línea se plantea, a través del registro arqueológico y de la documentación de la época, el estudio de sociedades que habitaron el lugar y que suelen ser caracterizadas en los textos históricos como diferenciadas: la militar, la indígena, la de civiles ‘blancos’ y la negra. Parte de dicha población fue la que, posteriormente, se constituyó en la base de la actual ciudad de Tapalqué, cabecera del partido homónimo. Por otro, las investigaciones apuntan a estudiar el pasado a partir de los sentidos actuales otorgados al mismo, de los saberes identitarios, de las representaciones sociales de los habitantes del Tapalqué de hoy. Para ello, la etnografía se constituye como el instrumento indispensable en el abordaje, en tanto establece el registro de conocimientos y prácticas relacionados con los significados que se elaboran sobre el pasado histórico.

 

1. Antecedentes. Estado actual de los conocimientos en el área

Consideramos que el patrimonio cultural está constituido por aquellos bienes materiales, intelectuales y comportamentales de una sociedad que intervienen permanentemente en la construcción de su identidad. El concepto implica una dimensión simbólica de la cultura, la que toma en cuenta las producciones de sentido sociales sobre dichos bienes.

En las representaciones del presente sobrevive la idea de asociar la noción de patrimonio cultural con dos estereotipos: por un lado, con el pasado histórico, lo que lleva a considerar una sola dimensión del pasado y a disociar en etapas unilineales lo que debe entenderse como proceso, provocando fragmentación y divergencia en la construcción de la identidad colectiva; por otro, con monumentos arquitectónicos, espacios geográficos con estructuras materiales-producto de la actividad humana y, en general, ciertas expresiones culturales que aseguren su percepción sensorial, tal como la música.

En principio, los estudios desde la Arqueología Histórica han de considerar que el ‘pasado histórico’ puede ser abordado desde diferentes perspectivas, según sean las situaciones de interacción social a las que se refiera. Dos de las perspectivas, las de la Arqueología y de la Historia, serán las que remitan al ‘pasado histórico’ propiamente dicho; así, la primera tomará como registro de las interacciones sociales a los contextos arqueológicos y la segunda, a los textos escritos considerados como documentos de la época en cuestión. Otro enfoque, el de la Antropología Social, trabajará sobre los datos anteriores pero sumando las percepciones que desde el presente se hacen del pasado, esto es, las construcciones actuales sobre aquél.

El registro arqueológico se entiende como diferente del histórico. Mientras que los registros históricos operan selectivamente, presentando lo que las sociedades han querido dejar como constancia escrita de sus acciones (Thompson,1984: 54), la arqueología pretende acceder a la experiencia humana del pasado desde el contexto mismo de su accionar. En el registro antropológico, las entrevistas orales a los pobladores de Tapalqué ponen en juego la otra dimensión del pasado, en tanto tratan de indagar las producciones de sentido sobre la identidad de esta sociedad en particular, teniendo en cuenta una experiencia colectiva que surge y se continúa desde los momentos históricos del Cantón Tapalqué Viejo. El desarrollo intelectual humano supone la interrelación múltiple y simultánea de conocimientos de índole diversa, conexión posible sólo si existe la capacidad social para la elaboración de una red en el proceso del pensamiento y de la construcción de un patrimonio cultural. Así entonces, en dicho proceso intervienen tanto los investigadores como los actores sociales actuales de Tapalqué.

El proyecto se enmarca en un convenio entre la Municipalidad de Tapalqué, provincia de Buenos Aires y la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Argentina. En las actividades estipuladas para tres años de trabajo, desde su inicio en el año 1996, se contemplaron cuatro campañas de excavación arqueológica y la posibilidad de reconstruir el fortín, respetando la disposición espacial y los materiales originales. Cabe mencionar que dicho contrato ha sido renovado recientemente por otro tres años, situación que permite profundizar las líneas de investigación de este estudio.

Al iniciar los trabajos del Cantón Tapalqué Viejo, encontramos que las excavaciones arqueológicas sistemáticas, en sitios de la zona central pampeana que tomaran como eje los asentamientos militares fortificados, eran escasas. Se limitaban, a saber, a las áreas antiguamente ocupadas por el Fortín Miñana (partido de Azul, Buenos Aires, Argentina) y por el Fuerte Blanca Grande (partido de Olavarría, Buenos Aires, Argentina). Posteriormente, el Municipio de General Alvear, de la misma provincia y colindante con el de Tapalqué, imitó la iniciativa para investigar el Fortín La Parva o Fortín Arévalo. Fuera de esto, los materiales culturales del pasado de la zona, obtenidos por medio de formas de recuperación identificadas con el coleccionismo y con las prácticas aficionadas de búsqueda y de clasificación, no suponen la rigurosidad científica de relevamiento y, por lo tanto, han contribuido parcialmente a la interpretación de los fenómenos sociales del pasado. Así rescatados, se presentan como meros objetos descontextualizados de la experiencia social que les dio sentido.

Las primeras elaboraciones teórico-metodológicas para la Arqueología Histórica que se ha planteado en Argentina se podrían rastrear en trabajos de investigadores norteamericanos y canadienses. En ellos se abordan problemáticas sociales similares a las de nuestro país, aunque cada experiencia presenta características diferenciales como resultado de la propia particularidad. Para el caso del CTV (Cantón Tapalqué Viejo), se toman como referencia las llamadas “conquista del Oeste” (Estados Unidos) y “conquista del Desierto” (Argentina), procesos que coinciden en la implementación de una política con dos estrategias básicas:

1. El avance de una línea de frontera móvil, esto es, la movilización de tropas militares-desde un centro geográfico determinado, generalmente el lugar de residencia del poder político- para ir estableciendo fortificaciones sobre el territorio a conquistar (espacio de asentamiento de sociedades indígenas), las que, en la ‘Conquista del Desierto’ fueron denominadas fuerte, fortín, cantóny comandancia, según la cantidad de tropas que albergaran y el poder logístico que asumieran desde su instalación.

2. La apropiación de esos territorios-para implementar un modelo económico europeo sobre la base de la explotación del recurso tierra- y la ‘colonización’ de los mismos a partir de la instalación permanente de poblaciones ‘blancas’, preferentemente en áreas aledañas a aquellas fortificaciones, instando a la creación de poblados que luego serían las ciudades de hoy.

Los períodos que abarcó el proceso argentino se caracterizaron por la coexistencia de un Estado nacional en construcción y los llamados cacicatos, formas de organización sociopolítica y económica de los indígenas. La articulación de aquellas estrategias implicó, a corto plazo, la asimilación forzada de ciertos grupos indígenas y, a largo plazo, la exclusión física y cultural de casi toda esa sociedad original.

Las problemáticas ‘de frontera’, surgidas en estas situaciones sociales de mediados del siglo XIX en la pampa bonaerense y en el sur patagónico, han formado parte, obligadamente, del objeto de estudio de los historiadores. Sin embargo, se ha hecho preciso un enfoque interdisciplinario considerando, como lo hemos mencionado, que los registros de información, aquellos que luego son la base de los datos para el análisis científico, son de diferente índole y requieren de formas de abordaje específicas.

 

1. La interdisciplinariedad: Entre el discurso y la práctica

Coincidiendo con Héctor Vázquez, “por multidisciplinariedad entendemos la yuxtaposición de enfoques teóricos diferentes sobre los mismos problemas a partir de disciplinas distintas, sin llegar a establecer un denominador teórico común. No se produce convergencia teórico-metodológica. Interdisciplinariedades una categoría referida a la investigación. Y, además, implica diferentes niveles de integración teórico-metodológicos entre cada disciplina, mediante la construcción de un común denominador teórico en los dilemas planteados en las zonas fronterizas intermedias. Todo ello supone un esfuerzo de síntesis en diferentes grados y niveles. (…) El problema del entrecruzamiento de conocimientos en función de la construcción de una temática de investigación no es de fácil resolución. La solución pasa por la reflexión conjunta de los investigadores en un trabajo de cooperación colectiva con relación a una problemática específica. (…) (citando a Guy Michaud 1975): ‘La interdisciplinariedad es el fruto de una formación continua, de una flexibilización de las estructuras mentales. Por lo tanto, el trabajo en equipo supone la tarea de investigación asumida como tarea colectiva. Se necesita formar equipos divididos en subequipos cada uno de los cuales ha de ser coordinado por un investigador. (…) (Esto supone) la convergencia -establecida en distintos planos y niveles- de núcleos interdisciplinarios. Tales núcleos no son estáticos sino que se reelaboran constantemente según la dinámica impuesta por el proceso de investigación. (…) Esto exige un esfuerzo de creatividad que abra la posibilidad de construcción de nuevas categorías conceptuales, lo suficientemente flexibles para -en varios dominios y niveles- las variaciones de sentido que deben explicitarse muy claramente. Todo abordaje interdisciplinario es, por definición, multidimensional, por lo que su estructura interna ha de adecuarse operativamente a esta exigencia” (Vázquez 1994: 110-112).

Según Jaques Lombard (1994), la labor interdisciplinaria puede apreciarse desde tres perspectivas: en la formación, en la investigación y en la aplicación científicas. Para el caso de los trabajos en Arqueología Histórica, los tres planos se articulan en la tendencia a constituir especialidades vinculadas a otras disciplinas. El área se centra aquí en aquellos aspectos de otras disciplinas cuyo estudio le es propio. Esta incumbencia no significa que la Arqueología Histórica contribuye sólo de manera puntual con sus recursos para el estudio de aspectos concretos que conciernen a otras disciplinas, sino que los hace suyos, como objeto de estudio propio y específico y desde una perspectiva interdisciplinaria. Esta especialización ubica entonces a la Arqueología Histórica en situación similar a la de la Etnohistoria, la Etnobotánica o la Antropología Médica, entre otras.

La mención a la interdisciplinariedad atraviesa, en forma creciente, los trabajos presentados en las incipientes reuniones científicas referidas a la Arqueología Histórica de Argentina. Sin embargo, la apelación a la investigación conjunta, multidisciplinar, es invocada, por ejemplo, a partir de la necesidad del arqueólogo de recurrir a conocimientos que no pertenecen a su dominio de conocimiento profesional, tales como son los de la Ingeniería, la Química, la Agronomía, la Edafología, entre otros. Así, algunos investigadores parecen no haber conocido o tomado en cuenta el debate, en el seno de las Ciencias Sociales, sobre las nociones de pasado, el que conoció su auge durante el decenio de los 1980 y comienzos de los 1990 y que exigió, precisamente, una “flexibilización de las estructuras mentales”, al decir de Vázquez. Persistir en una visión parcial sobre la interdisciplinariedad resulta perjudicial para el desarrollo del área, en tanto su mención banal se plantea como estrategia retórica pero excluye la puesta en práctica concreta. Prueba de ello son las recurrentes discusiones acerca de la exigencia a que toda referencia sobre el pasado -en los documentos o en los enunciados de un entrevistado- haya de ser comprobada en un contexto arqueológico, lo que supone un recorte y una actitud restrictiva con respecto a las competencias profesionales de, por ejmplo, los antropólogos sociales en los trabajos de la Arqueología Histórica.

 

3. Los referentes teóricos y metodológicos en el proyecto Cantón Tapalqué Viejo

En principio, se toma como base la articulación de dos perspectivas teóricas y metodológicas de la Antropología, enfoques que relacionan el abordaje de la Arqueología y de la Antropología Social. En el primer caso, la llamada arqueología procesual, desde un paradigma ecológico-sistémico (Kirch 1980; Politis 1988) que se complementa con las visiones de la arqueología conductual(Schiffer 1983), contribuye al estudio de los procesos de formación de sitios y de la transformación que sufren los contextos culturales cuando devienen en contextos arqueológicos o viceversa (Schiffer 1972). Las técnicas cuantitativas aportan a la reconstrucción del número mínimo de individuos (MNI), estadística para referenciar la cantidad de animales en la dieta humana, diferenciándolos taxonómicamente y por edad, a partir de las evidencias esqueletarias que se hallan presentes en el registro arqueológico (Mengoni Goñaloz 1988). Los estudios actualísticos, desde la tafonomía, la experimentación y la etnoarqueología, brindan la posibilidad de poner en práctica Teorías de Rango Medio (Binford 1981). En el CTV, los trabajos arqueológicos iniciales consistieron en prospecciones y mediciones del sitio. El registro fotográfico aéreo proporcionó datos fundamentales de contexto para realizar mapas digitalizados, ofreciendo precisiones sobre la potencialidad arqueológica del sitio. La recolección de materiales en superficie se organizó sistemáticamente y el planteo de unidades de excavación ha respondido a un diseño de muestreo estratigráfico probabilístico y no-probabilístico (Borrero 1987).

Para el caso de la Antropología Social, se han privilegiado ciertos enfoques que provienen de las corrientes interpretativas, los que aproximan a la interpretación de una experiencia del pasado y su correlato con el presente, proponiendo las nociones de contexto o escenario social (Turner 1975), representaciones (Jodelet 1986), imaginario social (Castoriadis 1983), fenómenos de significación particulares o grupales y redes sociales (Geertz 1987), entre otras categorías para el análisis de los procesos de construcción de la identidad colectiva. Las entrevistas abiertas a actores locales, registradas en cinta magnética, y el análisis del los géneros discursivos permiten el acercamiento a la producción de sentido de los que se identifican como pobladores de Tapalqué. Se suman las observaciones con distinto grado de participación y el relevamiento de reseñas y documentos históricos (Coulon 1988). Este registro pretende rescatar, además, datos sobre las antiguas formas de organización de las poblaciones del cantón: uso racional del espacio, aprovisionamiento local de recursos y diferenciación social en el acceso a los mismos.

 

4. Localización geográfica y contextualización histórica del Cantón Tapalqué Viejo

El sitio Cantón Tapalqué Viejo se halla a 361 34′ 40” latitud Sur y 601 04′ 40.6” longitud Oeste, en Argentina, provincia de Buenos Aires, partido de Tapalqué. Está ubicado en el interior de un campo de 2350 hectáreas -dedicadas a la producción ganadera y a la agricultura- y a la vera del arroyo homónimo, en una ‘rinconada’ que forma el curso de agua y que fue utilizada como barrera natural en el sistema de defensa de la fortificación. Dista a 17 kilómetros de la actual ciudad de Tapalqué, cabecera del partido mencionado. El lugar se corresponde con la subregión pampa húmeda, específicamente con lo que se define como Área de Depresión del Río Salado (Politis 1988).

En la transición a convertirse Argentina en una incipiente ‘nación’, los años sucesivos a la Revolución de Mayo (1810) y a la Independencia (1816) marcaron una etapa de expansión territorial interna y el planteo de unificación ideológica para formar el Estado argentino. Durante la segunda y tercer décadas del siglo XIX, el gobierno central, instalado en Buenos Aires y bajo la forma de gobernación de la provincia, pretendió dar solución a las guerras civiles entre grupos militarizados con bases ideológicas diferenciadas o con control de poder territorial, llamados ‘federales’ o ‘unitarios’, representados en caudillos y en referentes intelectuales y militares. Estas luchas, también fundamentadas por la pugna de modelos comerciales aparentemente antagónicos, compartían, sin embargo, un objetivo común, como era el de la plena disposición del recurso natural tierra, considerado de excelenciaen las teorías económicas liberales impuestas por los países centrales en el resto del mundo colonizado. Aunque algunos caudillos privilegiaban las economías regionales o locales, el control de la tierra y de otros recursos naturales en función de la producción se enmarcó en los lineamientos internacionales dominantes para Occidente’ Fue así que, a pesar de no existir aún un gobierno consolidado, las políticas de expansión territorial interna se desarrollaron progresiva y eficazmente. El antecedente de este proceso se encuentra en el modelo de colonización española para América, diferente del de los ingleses o del de los franceses, caracterizado por poner en práctica una política que implicó, a largo plazo, la desaparición física de la mayoría de los habitantes originales de los territorios conquistados (Ocampo 1986). En otras palabras, los españoles provocaron el exterminio físico y étnico como medida exitosa para su conquista y para el dominio definitivo de la cultura de ultramar.

Consecuentemente, lo que se denominó “conquista del desierto” a partir de las “líneas de fronteras” en la provincia de Buenos Aires, a fines del siglo XVIII y durante siete décadas del siglo XIX, fue el concepto legitimado por los gobiernos sucesivos para continuar la expansión sobre el teritorio de los cacicatos. Las fronteras internas fueron límites simbólicos-materializados en fuertes, fortines, cantones y comandancias- de esa situación permanente de colonización (Cabodi 1950). Paralelamente, las leyes de enfiteusis instalaban a colonos inmigrantes, otorgaba tierras de la pampa bonaerense a oficiales y soldados que hubieran participado de las luchas por la Independencia o “contra el indio” (Raone 1969) y regalaba tierras a allegados de los gobernantes, lo que aseguraba el cambio de manos de ese recurso: de ‘indios’ a ‘blancos’ (Donghi 1969, 1975 y 1972; Bechis 1982 y 1989; Fradkin 1987). Sucesivamente, la línea “avanzaba” y “ganaba” tierras para el incipiente Estado nacional. Es así que los malones fueron considerados por algunos autores (Mandrini 1987 y 1992) como ‘empresas’, esto es, estrategias de la sociedad indígena para la recuperación de bienes y para la redefinición económica y política ante la instancia de su exclusión.

Hacia 1830, luego del asesinato del primer gobernador federal de la provincia de Buenos Aires, don Manuel Dorrego, elegido para iniciar la etapa de formación de un Estado argentino, asumió la gobernación el XX…. Coronel don Juan Manuel de Rosas, hasta ese momento representante del federalismo y supuesto continuador de las acciones de su antecesor. En 1829 y con poderes absolutos, Rosas atribuyó un nuevo significado a los postulados federales y desarrolló una forma de gobierno que aún suscita controversias en su análisis. Durante su gobierno, hasta 1852, promovió la explotación ganadera en territorio pampeano, estableciendo estancias como unidades de producción y de crecimiento de la riqueza económica del futuro país, régimen que conciliaba una apropiación progresiva de tierras y la institución de alianzas y acuerdos con los principales referentes del poder indígena (Angueira, 1989; Mayo 1987). En octubre de 1831, y a raíz de un ataque indígena a la hacienda del Gral. Marcos Balcarce -entonces Ministro de Guerra y Marina y amigo personal de Rosas- el gobernador ordenó la construcción del Cantón Tapalqué en tierras de aquél, en una explanada elevada, a la vera del arroyo Tapalqué y coincidiendo con una zona de tránsito y de comunicación para los grupos indígenas y para las partidas de militares y comerciantes hacia el sur. El CTV reemplazaría la función que había cumplido el Fuerte Blanca Grande, distante a 50 km al oeste, entre 1828 y 1829, fechas de fundación y desalojo respectivamente (Capdevila 1963). El coronel Gervasio Espinosa fue el comandante de la nueva fortificación durante cinco años y la primera dotación militar habría contado con veintisiete hombres (Capdevila 1963).

La presencia de agua y pasturas permanentes, la proximidad al sistema serrano de Tandilia y la rinconada del arroyo definieron también la importancia logística para establecer la fortificación y relocalizar parte de los cacicatos considerados aliados por el gobierno central, los de los caciques Cachul y Catriel. Los grupos de ambas sociedades indígenas sumaban quinientos indios pampas en su población (Martínez Sarasola 1992; Sarramone 1993).

El CTV pasó a integrar la denominada Línea Frontera Sur. Fue habitado permanentemente desde 1831 hasta 1855, cuando se decidió trasladar la población y fundar el Nuevo Fortín Tapalqué, a 17 kilómetros al norte, donde actualmente se halla la ciudad de Tapalqué. Declinó su importancia al perder Rosas el poder político y, finalmente, el cargo de gobernador. Según algunos autores, el fortín estuvo ocupado aún después de 1855 (Capdevila 1963; Comando General del Ejército 1974). La Historia destaca al Cantón Tapalqué Viejo por dos batallas: la de octubre de 1836, un enfrentamiento entre vorogas, indígenas provenientes de Chile, y tropas acantonadas, y la de 1839, un ataque al cantón ejecutado por Calfucurá (cacique mayor que forma una Confederación, alianza entre distintos grupos indígenas a modo de estrategia resistencia colectiva) y una coalición de caciques y capitanejos (jerarquía menor dentro de las organizaciones indígenas), en donde las tropas militares mataron cerca de trescientos indios, mientras que de sus fuerzas murieron un teniente, dieciocho soldados y cinco indios “amigos”; los militares recuperaron también los caballos robados. En el cantón existe un monolito con una placa recordatoria de esta última batalla, la que determinó la declaración de Tapalqué como partido, y, en 1945, la del sitio como Lugar Histórico Nacional.

El Cantón Tapalqué no se limitó a la ocupación del espacio de la fortificación, sino que abarcó un área común para el desarrollo de actividades de sociedades que, en apariencia, se presentaron como diferenciadas pero que, en la práctica, participaron de una serie de tareas integradas y de una red de relaciones sociales complejas. La investigación en el Cantón Tapalqué Viejo aborda, en consecuencia, el estudio de dicha interacción, la del pasado y la del presente. Militares y no militares se constituyeron en la base de una población que fue conformando una identidad en consonancia con el medio, que sobrevivió al desmantelamiento de la fortificación y que se relocalizó, en parte, en la actual ciudad de Tapalqué. El registro arqueológico, los documentos y los relatos orales evidencian un fenómeno particular dentro de las situaciones de frontera de la pampa bonaerense del siglo XIX, el que permitió elaborar histórica y permanentemente nuevos sentidos a aquella identidad inicial.

 

5. El campo de la arqueología en el proyecto CTV

Los trabajos en el sitio arqueológico han intentado conocer si los grupos sociales asentados -militares y no militares- se organizaron según posiciones de jerarquía, relación, situaciones de contacto o divisiones ocupacionales dentro de un sistema de producción coherente con el medio y las necesidades humanas. Las tareas iniciales consistieron en relevamientos areales del sitio, efectuados con nivel óptico, imágenes de video y fotografías aéreas. Se confeccionaron mapas digitalizados, representando las dimensiones, formas y límites del cantón, los que aproximaron a las potencialidades arqueológicas del lugar y evidenciaron un uso racional del espacio, aún fuera de los límites del cantón.

La imágenes del registro fotográfico aéreo mostraron, en principio, la existencia de un sistema de canales que dividen en parcelas los terrenos adyacentes al cantón. Estas zonas, así delimitadas, podrían haber funcionado como espacios destinados a cultivos intensivos y a la cría de animales por parte de los pobladores del lugar. Al reconocer veintiún sectores o potreros, se realizaron, posteriormente, sondeos expeditivos en cada uno de ellos. Por un lado, los materiales recuperados en los sondeos se corresponderían con diferentes momentos de ocupación. La presencia de ladrillos, en particular, revelaría el uso diversificado de técnicas para la edificación o para la construcción defensiva en cada potrero. Por otra parte, la esterilidad arqueológica de algunos sectores supondrían su uso para la cría de animales o para el establecimiento de huertas, si es que allí se desarrollaron unidades sociales de producción. Esta suposición se sostiene, en parte, sobre la base de haber hallado, en cuadrículas excavadas en el interior del cantón, semillas que pertenecerían a cítricos y duraznos.

La distribución espacial de las viviendas dentro y fuera del cantón, la identificación de predios asociados a áreas de actividades diferenciadas y separados por canales, el hallazgo de fragmentos correspondientes a elementos de uso cotidiano pero que denotan componentes suntuosos (vajilla de loza importada, cuentas de collar talladas con procedimientos indígenas) y la presencia de materiales diversos que intervinieron en la construcción de recintos (ranchos de barro y de ladrillo), son algunas de las evidencias estudiadas.

 

Al interior de las cuadrículas

Todas las preguntas adquieren un significado cuando se llevan a cabo las excavaciones y se contempla el registro arqueológico. Teniendo en cuenta que la primera parte del convenio de trabajo sólo permitió el desarrollo de cuatro campañas de excavación, el muestreo se propuso cubrir las diferentes áreas de ocupación descriptas por la fotografía -capitalizando estos datos en mapas digitalizados- y plantear cuadrículas en zonas que marcaban significativamente acción humana en épocas activas del cantón. Este muestreo, descripto brevemente, explica los abordajes al sitio para organizar eficientemente las unidades de excavación y maximizar el rescate, en función del tiempo disponible y de acuerdo con las preguntas que orientan las hipótesis del trabajo.

Según el modelo de tipo probabilístico-estratificado, los estratos considerados fueron los siguientes:
a- Áreas de basural.
b- Áreas de elevaciones o montículos.
c- Áreas de zanjas.
d- Áreas de potreros y/o quintas.

A partir de esta distinción, se organizaron inicialmente cuatro unidades de excavación (1x1m): cinco de ellas dentro del cantón y la restante sobre la zanja perimetral Este, coincidiendo posiblemente con el acceso a la fortificación. Se sumaron dos cuadrículas en el perfil de la barranca sur, a partir de observar allí materiales arqueológicos (óseo, carbones, vidrio y gres).

La prospección en la zanja perimetral del cantón se realizó a través de veinticinco pozos de sondeo, distantes 5 metros uno de otro. De forma similar, se trazaron dos transectas, con veintiún sondeos en el interior del cantón, partiendo de sus vértices. Otros diez sondeos circundaron al cruce céntrico de estas transectas, en un radio de cinco metros.

 

6. Escenarios y roles: ¿Actividades idénticas en lugares idénticos?

Según Lewis Binford (1988), “cuando los individuos realizan un trabajo que requiere el uso de un hogar tienden a desempeñar su tarea de acuerdo con un modelo espacial que parece ser universal”, aunque “el modelo… difiere ostensiblemente si se trata de todo un grupo de individuos… o tan sólo de un único operario”.

¿Podrían las áreas de basural indicar un comportamiento tipificado?

Los materiales arqueológicos de los perfiles de la barranca más próxima al cantón, distante a 40 metros de la zanja perimetral, fueron, en su mayoría carbones, conjuntos óseos y fragmentos de loza, gres y vidrio, y estaban ubicados en el estrato de suelo actual (humus). Plantearon al sector como una área de actividad asociada a descarte o basurero. Dos cuadrículas, con diez niveles excavados en cada una, dan cuenta de una notable densidad y concentración de restos óseos, mayoritariamente de vacunos (bos taurus), equinos (equus caballus), ovinos (ovis aries) y porcinos (sus escrofa), asociados con fragmentos de vidrio, gres (aparece una botella casi entera con identificación de origen alemán), lozas y metales. Estos restos desechados del quehacer humano se relacionaron, además, con dos cuentas de collar, posiblemente indígenas o “chaquiras”. Aquí es relevante también el hallazgo de un instrumento confeccionado con técnica bipolar, en vidrio de limeta y con evidencias de talla bifacial. En el mismo sector se efectuó un diseño de sondeos, tratando de establecer los límites de la zona de descarte o basurero principal. Sobre la base de categorizar a los basureros en primarios y principales, los primeros serían los de uso diario, por lo que mantendrían un volumen y extensión menor, mientras que los basureros principales estarían destinados a concentrar el descarte producido por varios basureros primarios. Cinco sondeos cubrieron el frente de la barranca (47 metros). Otros ocho se extendieron 30 metros en abanico, hacia el interior del terreno, a partir de la barranca. Los materiales aparecidos presentan la diversidad característica de un basural. La superficie del sector abarca setecientos metros cuadrados, de 30 metros de frente por 40 metros de fondo.

La asociación de numerosos restos óseos quemados con otros vestigios coincide con algunos niveles que presentan momentos de uso interpretados como periódicas “quemazones”, actividad cuya finalidad habría sido el control regular de la polución y putrefacción de la basura.

Otras excavaciones en el interior del cantón, ampliando el sondeo de una de las transectas, revelan contextos similares, dada la heterogeneidad de los materiales hallados: cáscaras de huevo de ñandú, especímenes de aves de corral, clavos, botones de hueso, monedas, fragmentos de diferentes tipos de botellas, carbón vegetal, fragmentos metálicos, balas redondas de fusil avancarga, lozas y dos coprolitos.

¿Son los basurales, como indicadores del consumo de esta población, referentes de actividades diferenciadas a partir de la producción de recursos locales? ¿Cuál fue la necesidad de plantear unidades de producción en el lugar si el cantón, según las reseñas escritas, fue una de las fortificaciones privilegiadas por el abastecimiento gubernamental? ¿Cómo interpretar el sentido de asociación de elementos aparentemente heterogéneos?

Esa mayoría de fragmentos esqueletarios de diferentes taxas de animales domesticados y una minoría de las correspondientes a fauna local podrían reflejar patrones de alimentación y la situación de privilegio. Estos materiales arqueológicos presentan marcas de corte de metal y evidencias de consumo humano. Los antecedentes sobre el tema en los trabajos del Fortín Miñana y del Fuerte Blanca Grande proponen lo contrario, es decir, la falta de aprovisionamiento regular de ganado para el sustento alimenticio y el desarrollo de estrategias indígenas para la caza de fauna silvestre y su procesamiento como comida.

Con el auxilio de la Arqueología Subacuática, la segunda excavación pretendió sumar indicios acerca de la hipótesis de las unidades de producción locales. La presencia de un poste de madera antiguo, enterrado a orillas del arroyo y dentro del agua, que se ha conservado por fuera pero se halla carcomido por dentro, sugirió excavar bajo la superficie, en el lecho mismo. Al pie del poste se hallaron, entonces, dos argollas de metal, hasta el momento no relacionadas con aperos o arneses. El poste se ubica justo al inicio de la zanja principal, la que habría retomado el curso descendente del arroyo para llenar el sistema de canales mencionado, racionalmente pensado para el riego y/o la defensa, lo que evoca un sistema de exclusas incaico. Su conservación habría sido posible por las condiciones de pH alcalino del suelo, analizado a partir de muestras de sucesivos niveles de excavación.

La entrevistas abiertas a pobladores del partido de Tapalqué aportaron datos acerca de algunas actividades del pasado. Por una parte, existen actualmente allí constructores de ranchos que aplican la técnica denominada “de chorizo”, la misma que se usó, según consta en los documentos, para edificar las tres dependencias interiores del cantón: la comandancia, la cuadra y la pulpería. Ellos rescatan una secuencia idéntica de tareas organizadas para la construcción de los ranchos, la obtención de materias primas locales -humus, estiércol de caballo y varillas de duraznillo- y el recurso foráneo de madera, también presente en el registro arqueológico e identificada como proveniente de la zona litoraleña: ñandubay. Por otra, algunos habitantes que actualmente superan los ochenta años de edad han conservado en su memoria referencias de la vida cotidiana de sus padres y abuelos, los que residieron en la zona rural del incipiente partido de Tapalqué. Sus testimonios evidenciarían un correlato entre algunas pautas de vida de sus antepasados y las que pudieron desarrollar los grupos relacionados con el Cantón Tapalqué Viejo: el uso de mulas para el transporte, la caza o cría de ñandúes (rhea americana), las formas de consumo de su carne y huevos, la alimentación alternativa con fauna silvestre, especialmente con roedores tales como carpinchos (hydrochoerus hydrochaeris), peludos (chaetophractus villosus), mulitas (dasypus hybridus) y ratones (akodon) y el aprovechamiento de los corrales o pircas indígenas para encerrar el ganado. Partes esqueletarias de los animales mencionados también se suman a los hallazgos, llevadas ya dos campañas de excavación.

El hecho de suponer que la población civil -asentada a la vera del cantón y conformada inicialmente por familiares de algunos acantonados- habría sido el componente original del poblado de Tapalqué fue precisamente lo que ha orientado a la investigación a buscar en el contexto arqueológico y en los registros de la memoria colectiva las evidencias de formas productivas para el autoabastecimiento, de experiencias sociales que tendieron al establecimiento definitivo de esa sociedad.

 

Un fragmento cerámico

En la tarea de recolección superficial, durante la primer campaña de 1996, se produjo el hallazgo de un único fragmento alfarero en la superficie del campo arado, en el potrero denominado CSE. Esta circunstancia aparece como excepcional, por lo que se ha considerado relevante incluir el informe de su estudio.

El análisis de la Lic. María del Carmen Langiano (Facultad de Ciencias Sociales, UNICEN, Argentina) permitió determinar del tiesto su forma, pasta, manufactura y decoración. La forma se infirió con la plantilla para describir las dimensiones aproximadas (Rice 1987). Los estándares de color fueron definidos a partir del Sistema Munsell de colores y el “Code des Coulers del Sols”, de A. Cailleux de Bubée. Se analizaron macroscópicamente las inclusiones, utilizando lupa, plantilla transparente y lupa binocular.

El fragmento, de poco más de 30 mm de largo y ancho y 7 mm de espesor, parece haber pertenecido a una vasija de forma globular, de base curva, con 200 mm de diámetro de boca. La pasta, homogénea, presenta abundantes inclusiones de cuarzo, micas, cuarcitas y aisladas inclusiones negras. El color de la pasta en superficie externa es Brun rouge, con variaciones al Brun. Si bien sus bordes están rodados, gastados, no hay marcas de cuchilla de arado o de otras actividades agrícolas modernas. Hay espacios sin decorar y de pequeños rectángulos, con indicios de haber sido trabajada con la pasta fresca, por la profundidad de las marcas y por la presencia de cortes sin rebarbas. El fragmento está totalmente decorado a partir de 7 mm del borde, con dibujos rectángulos formando bandas.

Atendiendo a la forma y a la pasta, se podría catalogar como parte de una pieza de tipo doméstico o de transporte. Con respecto a la decoración, se puede advertir la recurrencia con otros fragmentos hallados en el área interserrana Sitio Zanjón Seco (Langiano 1995), en la costa central de la provincia de Buenos Aires y del litoral. Sin embargo, sería arriesgado arribar a otras conclusiones hasta no contar con una matriz de datos suficientes que permitan realizar un análisis más completo y profundo e incrementar el nivel de discusión, tanto a nivel intra-sitio como regional.

 

Unidades experimentales

Se sumaron algunas unidades de excavación consideradas como experimentales. La primera se estableció en el campo arado, en el “potrero o campo SE” y donde se recolectó sobre superficie, para controlar las profundidades de perturbación por acción de maquinarias agrícolas y localizar los límites del posible basurero. Su información permitirá contrastar los datos de la excavación, la que comprobó que la perturbación de los sedimentos no se da por debajo de los 55 cm: A partir de esa nivelación, se recuperó un conjunto óseo articulado (metatarso o metacarpio/falange), posiblemente de vacuno (bos taurus). Ambas evidencias, la ósea y el sedimento compacto, podrían indicar que los contextos arqueológicos representados en los niveles por debajo de los 55 cm no fueron afectados por la acción antrópica.

La segunda se planteó a partir del hallazgo, en superficie y en el interior de una de las zanjas principales, de un esqueleto articulado, correspondiente a un ejemplar de bos taurus,cuya muerte dataría de no más de cinco años atrás, determinada la meteorización ósea en grado 1 sobre la escala de Berensmayer. Los restos aparecen, aproximadamente, a 600 metros al Este del sitio y en el sector de entrada de la zanja principal. Esta circunstancia está siendo aprovechada para poner a prueba estudios de experimentación tafonómica (unidad experimental CET1).

Por último, se plantearon dos unidades de experimentación -CEa y CEb- con materiales similares a los arqueológicos (gres, vidrios, metales), procurando registrar referencias de pisoteo, dispersión, rotura, enterramiento y meteorización, información que podría ser inferida en la situación o locusde los materiales representados en el registro arqueológico. Fueron ubicadas a 4 metros de la unidad tafonómica CET1. La CEa se estableció en el interior de la zanja, mientras que la CEb se halla a 8.37 metros por fuera de la zanja. Esta disposición obedece a que los factores de perturbación se presentarían diferentes para cada caso. Siendo la diferencia de nivel de 1,35 metros entre las dos cuadrículas, se espera que en unidad CEa el factor enterramiento se presente con mayor intensidad, debido a la acción del escurrimiento del agua; en tanto que la unidad CEb sufriría un pisoteo del ganado más intensivo, observando que los movimientos del ganado que pacía allí durante los trabajos campo evidenciaban una dificultad de acceso de estos animales a la zanja.

 

Labor conjunta

A partir de lo descrito, es necesario mencionar que este proyecto ha brindado ámbitos para la labor conjunta con otras disciplinas. Por ejemplo, durante la segunda excavación se realizaron actividades de Arqueología Subacuática en el arroyo Tapalqué, adyacente al sitio, con buzos estudiantes de Arqueología, posibilitando el rescate de material arqueológico asociado con la ocupación del Cantón y la identificación de áreas de descarte. Los materiales vegetales (semillas, madera, carozos), las muestras de suelo y dos excrementos fósiles, todos ellos recuperados en las excavaciones, han sido analizados por especialistas de la Facultad de Agronomía de Azul, UNICEN, Argentina, y de la Universidad de Buenos Aires (Cátedra de Dasonomía) para lograr determinaciones precisas de clasificación. Por último, postes antiguos de madera a orillas del arroyo, preservados por condiciones de pH estable y asociados con argollas de metal encontradas bajo la superficie del agua y con los canales encadenados que presenta todo el terreno perimetral del cantón, sugieren el posible funcionamiento de un sistema hidráulico, racionalmente pensado para el riego y/o para la defensa. Restablecer cuáles fueron estas formas de organización requerirá también del auxilio de la Ingeniería.

 

7. El campo de la antropología social en el CTV

El concepto de red como totalidad (o descartamos a los chinos)

Para el trabajo nuestro, también hemos considerado los fundamentos de la posición denominada teórico-metodológica reflexiva del conocimiento. Guber sostiene que “el trabajo de campo implica un pasaje de la reflexividad general, válida para todos los individuos en tanto seres sociales, hacia la reflexividad de aquéllos que toman parte en la situación de campo, desde sus roles de investigador o informante” (Guber 1991: 88). Pensar el proceso de investigación social en términos de reflexividad implica, por un lado, asumir que formamos parte del mundo que estudiamos y, por otro, que esa pertenencia no impide que podamos indagarlo y conocerlo. “Estudiar cómo la gente responde a la presencia del investigador puede ser tan informativo como ellos reaccionan frente a otras situaciones” (Hammersley y Atkinson 1994: 21).

Metodológicamente, las entrevistas de nuestra investigación pobladores actuales de Tapalqué son simultáneas a la observación con participación.La reflexividad se halla presente en ambas instancias y se evidencia en las marcas contextuales y de la enunciación: uso de expresiones cotidianas de la lengua oral para comunicarse, distensión entre quienes interactúan, espacios domésticos donde se da el registro, pasaje de temas específicos (por ejemplo, sobre el tipo de construcción de los ranchos del CTV) a cuestiones que se desprenden o “despegan” de los mismos (hablar acerca de la propia ascendencia y también recordar y exponer conocimientos sobre el pasado, local o no, que los involucra). Esto queda ilustrado en los ejemplos que siguen, con marcados contrastes sobre el mismo tema:

Entrevistados: matrimonio de Tapalqué:

Ella: Tengo yo, eso sí, tengo guardado el recorte del diario ¿viste? Porque… la de… la Ernestina, la dueña de La Nación, es prima de mi abuela, Ernestina Clapenback de Mitre… casada con Bartolomé Mitre…. y… nosotros podíamos sacar gratis ¿viste? en La Nacióncualquier cosa … porque éramos parientes”.

En otro pasaje de la entrevista, un diálogo:

Él: Cuando vos vas a Campodónico pasás un canal… también ¿viste?, que tiene un camino por arriba, le han hecho un camino… por ahí podés ir también a la estancia…

Ella: Ese tiene rejas todavía...(en referencia al casco del campo o estancia mencionada arriba).

Él: Tiene, sí, tiene las rejas y tiene formando las tres “o” que son la marca de nosotros… Es la segunda marca registrada en el partido de Tapalqué… La primera es de Jurado… (en referencia a la marca de ganado)

Entrevistadas: dos hermanas de Tapalqué, J. y L.:

Entrevistador: Jorja, este, ¿y cómo se lo toman a esto de… cómo se lo tomaron en la vida esto de ser… descendientes de una cautiva?

J: (Risas) Contentas nosotras, porque papá nos contaba todo… Papá era más indio que la abuela todavía… ¡Y esos gritos de indio que pegaba! ¡Ay, mi Dios!

L: Cuándo llovía, ¿te acordás, los truenos?

J: Sí...

Entrevistador: ¿Y gritaba cuando había truenos?

J: Tenía una descendencia…

L: ¡No! ¡Zapateaba y decia indiujuuhúú! ¡Zapateaba! (superpuesta, J. dice “esos gritos”) ¡Ay, Dios! Y nosotras hacíamos así (le sale una risita y se agarra la cabeza con las dos manos).

Entrevistador: ¿Pero por qué?

L: Y porque era lo que hacían los indios y el… el papá de él que había escapado de los indios… todo eso lo sabían… porque…

J: Pero él nos contaba a nosotras… nosotros bien bien exacto no sabíamos… (superpuesta, L. dice: “Eran indios pichones”).

No obstante, consideramos que aquella reflexividad no atraviesa únicamente el momento concreto de la entrevista, sino que se despliega en los contactos previos y posteriores a la misma. En este sentido, interviene en lo que hemos distinguido como la “red de informantes”, esto es, la constelación de posibilidades de registro.

Para el trabajo etnoarqueológico se trató de entrevistar a personas que hubieran residido la mayor parte de su vida en el medio rural del partido de Tapalqué, privilegiando a los habitantes de las zonas aledañas al Cantón, Crotto y Altona. Se apuntaba entonces a conocer sobre la técnica llamada “de chorizo” para el armado de ranchos, ya que algunos datos de historiadores consignan que en el CTV las edificaciones del interior del cantón habrían sido de este tipo, aprovechando los recursos disponibles. Luego, la indagación a estos informantes se amplió para obtener información sobre dieta alimentaria, prácticas laborales concretas y estrategias medicinales que supusieran un correlato de experiencias similares en el pasado; también sobre las propias historias de vida, atendiendo a lo registrado en los constructores de ranchos. Actualmente, las personas entrevistadas no se limitan a las elecciones anteriores y proponen otro campo, tanto para la unidad de análisis -los sujetos-como para el nivel empírico o unidad de estudio, el contexto de la entrevista: habitantes del partido de Tapalqué que asuman una historia de vida -personal y/o familiar- relacionada con la historia de esa localidad.

Desde los comienzos, los informantes no fueron seleccionados por un muestreo o por una determinación previa. La unidad de análisis ha surgido a partir de una red en cuyo ‘armado’ intervienen permanentemente los entrevistados y los investigadores. La dimensión de los alcances de la red no puede ser calculada de antemano ni explorada en su totalidad. Tampoco se llega a prever hacia dónde extenderá sus posibilidades de registro ni en qué momento se agotarán las mismas. Cada uno de los entrevistados remite a otros informantes factibles de ser registrados. De esta manera, todos los informantes actúan como ‘la referencia’ o el antecedente conocido para los entrevistados posteriores.

Consideramos que el establecimiento de esta red no es casual ni forzado, sino que obedece a una dialogia, entendida ésta como un proceso de interacción-construcción en el cual la autoridad está representada en ambas partes, informante e investigador. En un trabajo anterior (Guerci et al. 1999) asociamos este proceso con la negociación que atraviesa toda entrevista. El rol del investigador aprendido parece predisponer para ser los iniciadores de cualquier conversación. Disparamos las primeras preguntas y explicaciones, casi siempre cuando se conviene la cita con el informante o en los momentos iniciales de la entrevista. Es posible, entonces, que ese sea el punto de inflexión que suele establecer las condiciones y el ‘clima’ del futuro registro. En estos pasos cruciales reconocemos que la estrategia reside en explicar, desde construcciones lingüísticas de sentido común, los motivos y los alcances del proyecto de investigación. Aquí se convienen mutuamente los términos de la conversación, cuando aparecen tanto las categorías nativas del entrevistado como las del entrevistador, las que construyen un plano lingüístico común y en continua ‘negociación’. Pero, ¿en qué consiste dicha ‘negociación’?

Las corrientes interpretativas consideran que cada uno de los actores de la entrevista se halla en un punto de intersección en el cual su recorte del mundo se legitima y convalida intersubjetivamente. Los significados que otorga a sus experiencias son definiciones de lo real, pero éstas varían según quienes las enuncian, en tanto cada uno selecciona de su mundo aquello que considera que está de acuerdo con aquél punto de intersección. El investigador también aprende empíricamente la ‘estrategia’ que desarrollará en su trabajo de campo, es decir, actúadesde su bagaje metodológico pero se hacea partir de la situación concreta de entrevista. Observador y observado interactúan construyendo un código de comunicación que permite la comprensión de las conexiones de significación. De hecho, es en la instancia inicial de contacto y de establecimiento de los términos de la comunicación mutua donde comienza a operar aquel proceso de negociación y de equivalencia de estatus. Esto significa que el orden simbólico de las interacciones se construye también a partir de ciertas reglas relacionadas con la particularidad del contexto en que ocurre.

Rosana Guber plantea que una de las utopías movilizadoras para sostener el trabajo de campo en los antropólogos es lograr el rapport. En términos generales, éste ha sido definido por varios autores como “un estado ideal de relación entre el investigador y los informantes, basado en un contexto de relación favorable, fundado en la confianza y la cooperación mutua que viabiliza un flujo, también ideal, de información (esto es, un material genuino, veraz, detallado, de primera mano)” (Guber 1991: 249). Sin embargo, la autora advierte sobre los riesgos de ‘cristalización’ del ‘vínculo’, situación que no daría lugar al proceso de contrastes y reflexividad en dicho trabajo de campo.

Para nuestra investigación, es precisamente en este punto donde percibimos que han de producirse ciertos ‘ajustes’ del pretendido rapport. Establecer las mejores condiciones de interacción-construcción para cada entrevista lleva a considerar que la estrategia debiera adoptar diferentes pautas, según la particularidad de las situaciones que hacen al registro. Guber admite que una de las trampas del rapport “es creer que existe un happy end lleno de certezas y adoptar actitudes concesivas ante la información y los datos obtenidos. Pero si se lo concibe como una instancia de la relación entre investigador e informantes, en la cual ambos han construido un sentido compartido de la investigación y en el que el investigador va realizando el pasaje de un modelo, formulado en sus términos, a otro modelo en términos del informante, entonces, la figura del rapport adquiere la imagen del proceso de conocimiento sobre la población estudiada y su logro es el logro de la investigación misma. Desde esta óptica, lograr el rapport significa que aquella dimensión descriptivo/explicativa del mundo social de los informantes y la perspectiva teórica adoptada se plasman y traducen en la relación misma entre el investigador y los sujetos de estudio” (Guber 1991: 250-1).

Tender a lograr el rapport ha significado una cuestión esencial para constituir la red en los trabajos de la Antropología Social del CTV. Los ajustes del rapportconsisten en realizar -por parte de los investigadores- un permanente esfuerzo para no quedar ‘cristalizados’, esto es, llevar a cabo una reflexión crítica antes, durante y después de la entrevista. El interactuar-construir con el informante un sentido compartido de la investigación misma ha aportado para nosotros la posibilidad de conocimiento y de utilización del “rapport nativo”. Con esta categoría queremos significar la relación establecida de antemano entre un entrevistado que se asume como ‘la referencia’ y el que éste ‘recomienda’ para la entrevista, relación que opera al momento de establecer el primer contacto entre los investigadores y éste último. Presentarse ante un futuro informante implica “venir de parte de alguien”, instancia en que se crea otro nodo de la red a partir de la reflexividad. De esta manera, la red ofrece sus posibilidades de expansión en la medida en que lo anterior esté presente.

La idea que da existencia a una red de informantes, constituida sobre la base de la reflexividad y del pretendido rapport, ha estado presente en trabajos de otros investigadores. Sin embargo encontramos que ambos elementos no han sido considerados como actuando conjuntamente. Si tomamos en cuenta que las entrevistas pueden ser entendidas como textos producidos en una situación de interacción, cada texto supone un entrecruzamiento, implícito o explícito, de palabras, ideas, actitudes, posturas, distancias y circunstancias contextuales, entre otras posibilidades. En nuestro trabajo, el registro es el resultado de ciertas variables previstas y de una mayoría de imprevistos. Aun cuando el problema de la investigación orienta al trabajo de campo, las instancias de nuestra interacción con los informantes despliegan sus propias ‘reglas de juego’, esto es, situaciones en las cuales no sólo nos disponemos para el registro antropológico ya planificado. La reflexividad y los tipos de rapport mencionados actúan regulando la estrategia del trabajo de campo permanentemente.

 


 

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Gazeta de Antropología