Gazeta de Antropología, 1990, 07, artículo 00 · http://hdl.handle.net/10481/13679 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 20 junio 1990    |    Aceptado 22 junio 1990    |    Publicado 1990-06
De la antropología de la ética a la ética
From anthropology of ethics to ethics



RESUMEN
Editorial acerca de unma ética civil.

ABSTRACT
Editorial about civil ethics.

PALABRAS CLAVE
antropología y ética | filantropía | conciencia de humanidad
KEYWORDS
anthropology and ethics | philanthropy | conscience of mankind


 Si la idea de tolerancia fue una adquisición dieciochesca, volteriana, nacida del cansancio de las guerras de religión, la del relativismo cultural es una idea inherente a la propia Antropología, que tras estudiar, en ocasiones con morbosidad policiaca, la vida de los Otros acabó por reconocerlos iguales en la diversidad. En el colmo del ideal tolerante, la relatividad cultural habría abolido el logocentrismo, y por extensión el predominio de la ética occidental, subsumiéndola entre las otras éticas posibles. Así, los sacrificios humanos aztecas o el canibalismo polinesio quedaron equiparados a las hogueras inquisitoriales o a las guillotinas revolucionarias, y el robo de los pascuanos pasó de ser un delito a ser un rito. Más aún, el último epígono de les Lumières, el estructuralismo, nos enseñó que, en lugar de hablar, «éramos hablados» por sinuosas redes inconscientes, lo que clausuraba la posibilidad de la ética absoluta y consciente, pues todos a la larga seríamos engranajes irresponsables de la Gran Máquina.

Finiquitados el optimismo histórico y el temor religioso, entrábamos en la ambigua posmodernidad, donde pasamos del relativo cultural al relativo individual, guiados por el interés, el «enriqueceos» y el «todo vale».

Pero he aquí que el babélico contacto universal de las culturas que la moderna O/Urbe ha generado, amén de la barbarie egotista, nos han expuesto a contagios más que teóricos, que nos dejaron desconcertados: ¿Dónde empieza y acaba la tolerancia fundada en la relatividad cultural?, ¿dónde está el límite, el no más allá, la defensa intransigente de la tolerancia?, ¿dónde está, en definitiva, la norma mínima para los comportamientos individuales y colectivos?

En una sociedad agnóstica por excelencia, como la nuestra, en la que el Absoluto divino se ha oscurecido, la lógica racionalista nos induciría a establecer un culto civil, que ya se mostró ridículo en la Revolución Francesa, o a una ética igualmente civil que también se ha mostrado inoperante sin recurrir a la coerción. Nosotros, desde la Antropología, la ciencia de la relatividad humana cuyo iniciador filosófico fue el bon Rousseau, nos atrevemos a proponer una terapia a esta Humanidad sin norte: El amor a sí misma, el desinterés, y la conciencia de especie. Es decir, la filantropía, en la tradición ilustrada, por más que sabemos que la doble moral, la inevitable doblez, renacerá en el seno de aquella. Empero, del nihilismo radical, cuyo paradigma es Sísifo, puede emerger de nuevo la necesaria filantropía, ahora como forma de supervivencia cultural, que no por telosreligioso o político, como lo fue en el pasado.

Antropología y filantropía, ésa es nuestra divisa.

 


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