Gazeta de Antropología, 2014, 30 (1), artículo 05 · http://hdl.handle.net/10481/30311 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 2 diciembre 2013    |    Aceptado 15 diciembre 2013    |    Publicado 2014-02
Religión, etnicidad raizal y educación trilingüe. Un estudio de caso en la isla de San Andrés (Colombia)
Religion, Raizal ethnicity and trilingual education: a case study in the Island of San Andrés (Colombia)



RESUMEN
En este artículo me propongo relacionar a los movimientos de reivindicación étnica y política de los raizales de la isla de San Andrés y Providencia (Colombia) con la labor desarrollada, en el colegio de la primera iglesia bautista fundada en el archipiélago caribeño, para la realización de un proyecto educativo trilingüe (inglés, castellano y creole). Para hacerlo, me baso en un trabajo de campo etnográfico de un año, que he realizado entre 2010 y 2011 para mi tesis doctoral, y en particular en algunas entrevistas realizadas a líderes de los movimientos raizales.

ABSTRACT
In this paper the propose is to relate the ethnic movements of San Andrés Island (Colombia) to recognize the work of the school with reference to the archipelago’s First Baptist Church. This school is currently the only one that is putting into practice a trilingual educational project (English, Spanish, and local Creole). To do so, this work is based on one year of ethnographic fieldwork (2010-2011), and particularly on interviews conducted with the Raizal movements’ leaders.

PALABRAS CLAVE
Colombia | Caribe Occidental | etnicidad | protestantismo | educación trilingüe
KEYWORDS
Colombia | Western Caribbean | ethnicity | Protestantism | trilingual education


1. Introducción

La isla de San Andrés (1) se caracteriza por su naturaleza fronteriza entre el Caribe anglo y el hispano: su población y tradiciones se vinculan más bien al primero, aunque formalmente la isla pertenece a Colombia desde 1822. Durante el siglo XX la población criolla nativa (que hoy se autodefine pueblo raizal) tuvo que resistir a políticas colombianas dirigidas al aniquilamiento de las tradiciones locales a través de la imposición del catolicismo y de la lengua castellana, y del fomento de la inmigración masiva de colombianos continentales. En este contexto histórico-social, la iglesia Bautista ha representado y representa un verdadero “polo” en el que convergen muchas de las inquietudes sociales e identitarias del pueblo raizal. Es por ello que en este texto me gustaría analizar algunas características de las relaciones entre movimientos sociales de reivindicación étnica, religión y educación formal en la isla de San Andrés. Para hacerlo me basaré en datos etnográficos producidos en un trabajo de campo desarrollado entre el año 2010 y el 2012.

Antes de seguir, es necesario ubicar al Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina en su contexto geográfico, histórico y político. Lo que significa esencialmente entenderlo como parte del entramado muy intricado de la región que se suele llamar Caribe Occidental. A pesar de su integración temprana al territorio nacional, el estado-nación colombiano no se ha interesado por el Archipiélago, que se encuentra geográficamente muy alejado del continente suramericano (480 km de Colombia, contra los 180 km de Nicaragua), prácticamente hasta comienzos del siglo XX.

El Caribe Occidental va desde Jamaica hasta Belice en el Norte, la selva del Darién y Cartagena de Indias en el Sur. Comprende una parte insular (Jamaica, Cayman, Bahía, San Andrés y Providencia, Corn Islands, entre otras) y otra continental centro y suramericana (Puerto Limón en Costa Rica; Bocas del Toro y colón en Panamá; Bluefields y Mangle Islands en Nicaragua; San Andrés y Providencia en Colombia). Su característica principal es entonces la dispersión en lugares apartados unos de otros y pertenecientes políticamente a países diferentes, pero a pesar de esto, puede y debe ser considerado una región con características comunes pues es un territorio que se ha construido simbólicamente a través de rasgos culturales (entre otros, el inglés caribeño, la religión protestante, la música afro-anglo-caribeña), étnicos/sociales (la población por migraciones sucesivas, mayoritariamente a través de Jamaica; migraciones laborales después del fin de la esclavitud, que han conformados redes parentales y sociales que persisten) y económicos (intercambios comerciales que en parte siguen activos, a pesar de las nuevas fronteras nacionales) que son comunes (Sandner 2003: 14-22).

De hecho, la población del archipiélago hasta los años 1950s era constituida por “un grupo homogéneo de todas las razas del mundo” (2), como le gusta decir a uno de los líderes raizales entrevistados. En esta paradoja está el fulcro de la identidad étnica que -desde hace unas décadas- se define como pueblo raizal. Los raizales, como sugiere la palabra, vendrían a ser los que tienen raíces en la tierra del archipiélago. Un archipiélago que según los historiadores no era habitado establemente antes de ser descubierto por los españoles alrededor del año 1500. Los indios miskitos lo visitaban y han seguido haciéndolo después de la colonización por parte de puritanos de la New Westminster Company (1629) y de colonos ingleses y holandeses en el siglo siguiente. Los esclavos negros, en parte traídos directamente de África pero la mayoría provenientes de Jamaica y otras islas antillanas, constituían la mayor parte de los habitantes (Parsons 1985, Vollmer 1997). En fin, la composición demográfica del Archipiélago, con las debidas diferencias, no difiere mucho de la de otras islas caribeñas: como dijo el escritor cubano Benítez Rojo, el Caribe es un meta-archipiélago sin centro y sin límites, un caos dentro del cual hay una isla que se repite incesantemente… pero cada copia distinta de las otras (Benítez Rojo 1989: 56).

Los raizales son entonces una población afro-caribeña, producto de siglos de encuentros (y desencuentros) de africanos, indios, chinos, europeos ingleses, holandeses y quién sabe quiénes más. Comparten, desde que se conformaron como población más o menos estable (está probado que no haya continuidad de población desde 1629), el uso del inglés caribeño y en particular del creole (muy parecido al de Jamaica, isla con la que las relaciones y la ida y vuelta han sido intensas). Y comparten, está claro, la religión cristiana protestante: antes en la vertiente de los puritanos ingleses de 1629, que llegaron con la goleta Seaflower (hermana de la bien más famosa Mayflower), que hoy en día son el principal referente identitario mítico de los raizales; y, desde 1844, de los bautistas norteamericanos, que son los que más han influido en la conformación de lo raizal tal como hoy la conocemos. A la iglesia bautista se han añadido la adventista y la católica a partir de 1900.

A parte de la iglesia bautista, ha sido paradójicamente la católica la que más ha contribuido a la articulación actual de la etnicidad raizal. Las misiones católicas, sobretodo la de los Capuchinos implantada en 1922, han sido favorecidas por el gobierno colombiano en el marco de una política dicha de “colombianización” de las islas (Clemente 1991: 223). Todo ello bajo el lema de “una fe, una lengua, una Nación”. Esto explica el papel de las misiones, que ha sido fundamental tanto en la implantación de la fe como de la lengua (a través de las escuelas). Esta política respondía a las continuas controversias para el poseso del Archipiélago que, desde su descubrimiento hasta hoy en día, no han dejado de surgir. El presidente Rojas Pinilla, en un intento de acabar con esta cuestión, declaró en 1953 a San Andrés “Puerto Libre” de impuestos, y favoreció la migración masiva de colombianos continentales hacia las islas. Una política que ha funcionado, pues entre los años 1950 y 1980 San Andrés se ha vuelto una de las islas más pobladas del mundo y la más poblada del Caribe, con sus 66.000 habitantes en 27 km. De estos, se estima que los raizales (o sea, los afro-caribeños anglófonos que correspondían a la casi totalidad de la población hasta 1953) sean alrededor del 30%.

Aunque sean minoría en su propio territorio y se hayan roto muchos de los lazos tradicionales que garantizaban la continuidad de sus procesos culturales, los conflictos derivados de la colombianización han jugado un papel en la creación de una conciencia étnica raizal, reivindicada hoy en día como diferencial respecto a la colombiana (o, por lo menos, como articulación de la colombianidad en una nación plurinacional). El mismo término raizal viene de aquí: con la llegada de los continentales, los raizales se definían isleños y a los migrantes los llamaban “pañas” (derivado del inglés Spanyards). Pero con los hijos e hijas de la migración continental las cosas han cambiado, pues siendo nacidos en San Andrés son, sin duda, isleños también. Dijo a este propósito en una entrevista uno de los líderes raizales:

“pudimos definir una identidad que marca una diferencia, porque Colombia en los años 1950 y 1960 hablaba de los isleños, (y) llegó el momento en el que dijeron que cualquier persona que vive en la isla es isleño: y entonces nosotros desaparecemos como en una limonada, el azúcar y el agua, y ya no se sabe el limón y el azúcar donde está. Entonces, en nuestro esfuerzo por mantener la diferencia, llegamos al punto de decir bueno, nosotros tenemos una raíz histórica común, que no es de ellos.” (3)

La afirmación del término raizal para definir a los descendientes de los pobladores anteriores a la colombianización coincide con el surgimiento de los movimientos étnicos de reivindicación política que se conectan, en línea directa, a los que existen hoy en día. El primero de estos movimientos surgió en los 1960s y fue liderado por Marcos Archbold, que quería la secesión del Archipiélago y su anexión a EE.UU. Envió cartas al Congreso y a la ONU declarando que San Andrés y Providencia estaban siendo colonizadas por Colombia. El movimiento de Archbold no fue el primero, ha habido varios precedentes en la historia colombiana del Archipiélago (y también cierta inconformidad documentada de las elites locales en los períodos de dominación española bajo el Virreinato de la Nueva Granada). Lo que distingue la acción de los años 1960 es su naturaleza secular: ya no es el pastor que, en su sermón o fuera de ello, denuncia la opresión del gobierno central, sino un laico, un emigrante además, que utiliza las herramientas diplomáticas y políticas para denunciar dicha situación frente a instituciones internacionales y sus redes para movilizar a su gente en el territorio.

El testimonio de Marcos Archbold ha sido recogido en 1984 por la organización raizal SOS (Sons of the Soil Movement), que en su periodo de actividad ha reivindicado la autonomía política y denunciado lo que ha definido “el etnocidio de la cultura nativa de San Andrés”. El SOS ha sido un movimiento secular, pero en el que militaron también pastores y sacerdotes. Un movimiento social en el sentido más clásico, con una fuerte base de militantes no necesariamente politizados en sentido partidista, con reivindicaciones claras y compartidas, con simpatizantes y relaciones también dentro de las instituciones, pero quedando esencialmente en un movimiento “de masa” (y no un lobby político). En los años 1990 han ocurrido varias acciones y accidentes que han visto confrontarse los movimientos raizales y las autoridades. Cuando en 1999 algunos líderes de la comunidad (pastores y seculares) fueron amenazados de muerte durante una confrontación, se ha reaccionado con marchas y el bloqueo del aeropuerto. De esta ola de movilizaciones ha surgido una organización “paraguas” que ha intentado la coordinación de varias estructuras más pequeñas. Su denominación es AMEN-SD (Archipelago Movement for EthnicNative Self-Determination) y aún se encuentra activa. En 2007 ha declarado la independencia de San Andrés del estado colombiano.

 

2. Reivindicación étnica y religiosa

El AMEN-SD, como también otras organizaciones raizales menos radicales, se considera y es un movimiento secular y político. No es religioso en su impostación ni en sus reivindicaciones, que apuntan a la protección de lo raizal, a resolver de forma drástica la sobrepoblación, al cese de la explotación de los recursos marinos por flotas no raizales, etc. Y no es religioso porque no es expresión de ninguna de las iglesias que se han nombrados: participan de AMEN militantes bautistas, adventistas, católicos y declaradamente no creyentes. Sin embargo, lleva ya en su nombre un marco profundamente cristiano (aunque sea considerado “una casualidad” por varios miembros que se han entrevistado). Su presidente es el pastor bautista de la First Baptist Church, varios directivos son pastores y a su fundación ha participado también un sacerdote católico.

Otro aspecto que apunta hacia una relación osmótica entre lo político y lo religioso son las retóricas discursivas utilizadas por sus líderes, sean o no pastores. Cito algunas expresiones de las entrevistas realizadas:

“Lo que nosotros pedimos, es lo que Colombia pedía a España en la época de su independencia. Pero no lo reconoce: es como un caballo que anda y no mira sus pisadas. No se acuerda de dónde viene, y por eso no trata al próximo suyo como trataría a sí misma.” (4)

“Colombia tomó la vía equivocada cuando quiso matar a nuestra cultura, colombianizarnos. ¿Qué tendría que hacer quién toma la vía equivocada y se da cuenta? Arrepentirse, volver atrás y encaminarse por la justa vía.” (5)

“Nosotros sabemos que vamos por la vía certera. Yo sé que un día Colombia se irá de San Andrés con sus buques de guerra, sin disparar un solo golpe. Como han venido se irán, porque nosotros tenemos la razón. Y yo sé que haré a tiempo para verlos alejarse, con sus buques y sus cañones.” (6)

O, más explícitamente:

“Yo tengo documentos colombianos, pero no soy colombiano. No lo soy. No quiero ser parte de una nación que conquistó con sangre su independencia. Nosotros recusamos la violencia, somos un movimiento cristiano. Preferimos construir nuestra independencia por la vía larga, aunque sea un calvario lleno de sufrimientos, porque pueden matar nuestros cuerpos, pero nuestros espíritus quedan intactos.” (7)

Es significativo también que uno de los líderes de AMEN, al contestar a una pregunta sobre el nacimiento del movimiento (con la que queríamos hacer alusión a las marchas de 1999), haya empezado a contarme la historia del señor Phillip Beekman Livingston:

“Un esclavista”, dijo, “su madre (siendo) una Archbold (uno de los más típicos apellidos raizales), que mandó a que su hijo liberara a los esclavos. Pero este señor no simplemente liberó a los esclavos de la esclavitud como tal, sino que los liberó como personas, que es diferente. ¿Por qué digo que los liberó como personas? Cuando uno es convertido a esclavo, se convierte en un instrumento de su amo. Y ningún instrumento tiene propiedad. El señor Livingston liberó al instrumento y lo volvió persona, dándole propiedades. O sea estas tierras las tenemos, porque el amo nos las dejó: sale uno de la esclavitud con vida, como persona, con planes, con proyecciones, con libertad.” (8)

Lo que el líder raizal no dijo explícitamente es que Livingston también fue el primer pastor bautista de San Andrés, el que fundó la First Baptist Church de La Loma, en cuyo jardín todavía existe el viejo árbol de tamarindo bajo el cual el joven Livingston -todavía un simple hijo de un propietario de tierra- ofrecía clases de lectura y escritura a hijos e hijas de esclavos y a sus padres y madres, yendo en contra de las convenciones de un grupo muy pequeño de amos esclavistas, muy asustados por el viento de libertad que acompañaba a las raras goletas que llegaban a la isla (Turnage 1975: 21-24). Es decir, relacionando el origen del AMEN con el gesto de inconformidad hacia el orden esclavista de Livingston, el entrevistado quería subrayar la continuidad existente entre este y el proyecto de liberación del pueblo raizal llevado en adelante hoy en día por AMEN, como heredero también de los otros movimientos surgidos a lo largo de 1900s. Pero al mismo tiempo, dejaba clarísimo como la liberación del pueblo raizal pasa y siempre ha pasado por la victoria de la moral cristiana/protestante sobre la injusticia: la esclavitud en el régimen imperialista del siglo XIX, la colombianización en el colonialismo colombiano del siglo XX.

La iglesia bautista, entonces, está estrictamente relacionada a la mayoría de los episodios de inconformidad hacia las políticas colombianas en las islas. Y gracias al liderazgo de los Livingston en la iglesia bautista sanandresana, que duró durante tres generaciones, se ha entrelazado de forma indisoluble con la identidad étnica que hoy llamamos raizal, pues coincidió con la formación de la sociedad isleña. Coincidió con el pasaje de la era esclavista a la del monocultivo del coco, que volvió los pequeños cultivadores de la isla -ex amos y ex esclavos- en los principales productores de los cocos exportados a EE.UU. La iglesia bautista, entonces, llegó a la isla en un momento estratégico en el que estaba empezando la era más prospera para sus habitantes. Y llegó como parte de la gran ola misionera que miraba a la difusión del bautismo en todo el Caribe anglófono, llevando en muchos casos un mensaje de libertad: muchos pastores bautistas fueron activamente abolicionistas y se apoyaron en la ayuda económica de hombres de negocios estadounidenses e ingleses entregados a la causa del abolicionismo misionero. Por eso también tuvieron tanto éxito en la conversión de esclavos, en EE.UU. como en el Caribe. No hay que olvidarse que los bautistas que llegaron a San Andrés, tenían su centro propulsor en los EE.UU. del Norte, y nada tuvieron que ver con los estados del Sur que, más o menos en el mismo periodo, miraban al Caribe como a una región donde posiblemente se habría podido continuar con una economía esclavista en el caso en que esta fuera impedida en Norteamérica. Pero debemos aclarar que no se dieron dichas “iglesias africanas” en San Andrés, producto del sincretismo entre una fe impuesta y creencias africanas que resistieron disfrazándose. El protestantismo sanandresano ha sido, hasta tiempos muy recientes, más “WASP” (9) que “afro” (Ranocchiari 2013: 369). Ello es un signo de que probablemente la aceptación del cristianismo de parte de los esclavos haya sido mucho menos conflictiva que en el resto del Caribe.

Otro aspecto importante del credo bautista que tuvo que tener efectos en una sociedad que salía de esclavismo es el igualitarismo. La forma tradicional de estratificación social raizal tiene que ver, según el antropólogo Peter Wilson, con la dialéctica entre la “respetabilidad” y la “reputación”. No se reconoce la existencia de clases sociales o “razas” diferentes entre los isleños, pero sí la sociedad se estratifica según estos dos principios reguladores. Y en los dos, el respeto de la moral protestante es uno de los requisitos fundamentales: la asistencia de la familia a la iglesia tiene que ver con la respetabilidad y la ayuda desinteresada al próximo necesitado (amigo o familiar) con la reputación (Wilson 2004: 177).

Tradicionalmente, en la cima de la estratificación social raizal están los pastores. En general son los que tienen la más alta respetabilidad y reputación. Han tenido siempre un papel fundamental como mediadores en los conflictos e intercesores para la comunidad con las autoridades políticas (colombianas e hispanas). Este papel se ha debilitado con la imposición del modelo institucional estatal, el de la policía y de los juzgados… y quizás no sea una casualidad que precisamente la autoridad de la policía y de los juzgados sean de las más cuestionadas por los movimientos raizales. Los pastores siguen siendo considerados, por una parte de la gente con la que se ha tenido ocasión de hablar, las autoridades consideradas más equitativas. Los que no los reconocen como tales, se quejan precisamente de que la mayoría de los raizales sólo confían en ellos. En este sentido es significativo lo que le indicó un entrevistado a Natalia Guevara : “el pastor siempre ha sido el líder natural del pueblo, o sea que cuando usted quiere saber cómo está el pueblo y qué piensa el pueblo y qué hace el pueblo siempre tiene que hablar con el pastor” (Guevara 2004: 12).

Existe indudablemente una superposición entre la esfera política y la religiosa en San Andrés, y con ella tiene que ver el aspecto estratégico del liderazgo de los pastores en los movimientos étnicos seculares. O sea, como bien explica Natalia Guevara, lo religioso es de un lado una manera de entender y asumir el conflicto, de otro una estrategia política para ampliar el alcance de las reivindicaciones autonomistas. La centralidad del ámbito religioso se encuentra en: 1) la estratificación supuestamente igualitaria de la sociedad, 2) el contexto eminentemente raizal de sociabilidad, 3) la conformación de lo raizal, convierte este ámbito en el privilegiado para llamar los raizales a la defensa de su identidad étnica.

Al mismo tiempo, aunque supongan posiciones importantes en el ordenamiento de las organizaciones raizales (AMEN, como dijimos, tiene un pastor como presidente), los pastores no manejan los vínculos políticos nacionales e internacionales de los que está hecha la militancia política. El trabajo político, las negociaciones, la definición de estrategias prácticas, etc., lo desarrollan principalmente los líderes seculares. Uno de los actuales dirigentes de AMEN dijo que los pastores tienen el papel de “asesores espirituales”. Y, además, añadió: “tú sabes, convocan a las masas, la gente los escucha porque saben que tienen claro qué es lo justo y qué lo errado. ¿Quién más tiene el poder de reunir a tanta gente en un lugar sólo (la iglesia)? Y no una vez cada año, sino una cada semana.” (10)

Pero el papel de los pastores también es de traductores de los acontecimientos políticos a un horizonte de sentido más cercano a la sensibilidad de los raizales (por lo menos de las generaciones menos jóvenes). El lenguaje bíblico y sus parábolas se vuelven un diccionario para leer la situación política nacional y sus implicaciones para el Archipiélago. En algunas iglesias protestantes, los sermones de los pastores, de diáconos o de miembros destacados de la comunidad (en varias ocasiones, líderes seculares) se vuelven reflexiones desde lo religioso sobre la realidad política y social isleña. Reflexiones que presentan puntos de vista muy cercanos a los de los movimientos raizales.

Es interesante notar como en algunas iglesias católicas ocurre lo mismo, y ello a pesar de que el único que dirige sermones en este caso sea el sacerdote. En esta como en otras cosas, los católicos tuvieron que acercarse a las prácticas protestantes para tener éxito en la conversión. Se ve claramente en la música: las iglesias católicas tienen coros, como las protestantes, y cantan prácticamente el mismo repertorio de himnos protestante y con las mismas modalidades, además de las canciones religiosas de tradición católica. Podemos decir, entonces, que a pesar de que la sociedad raizal sea hoy en día pluriconfesional, aunque esencialmente cristiana, el protestantismo bautista funcione como eje primario también en la configuración religiosa, siendo hegemónico también en la estructuración de las prácticas de las otras confesiones cristianas.

Volviendo a lo político, los pastores y los raizales bautistas siguen siendo mayoritarios entre los comprometidos en los movimientos raizales, pero no hay exclusión o auto-exclusión de las otras confesiones. No es el ser religioso, sino el “ser raizal” lo que decide la adscripción al movimiento.

Como hay osmosis entre lo político y lo religioso, también la hay entre lo protestante y lo católico (o mejor: entre lo bautista, lo adventista y lo católico). Podríamos decir que la iglesia bautista (y, físicamente, la First Baptist Church de la Loma en San Andrés como edificio y comunidad) sea el símbolo de lo raizal y el centro de su reivindicación étnica. Por eso, la confesión bautista se configura como eje primario alrededor del cual se articula la identidad raizal y su reivindicación, que sin embargo comprende a las otras confesiones cristianas (adventista y católica). En este sentido, en la articulación entre religión y reivindicación política, el marco primario de lo religioso tiene que ver con la idea de “ser cristianos” (con una supremacía de lo bautista) y el marco primario de lo político con la de “ser raizales”.

 

3. El modelo trilingüe cristiano en la First Baptist School

La educación intercultural, o etnoeducación, en San Andrés, tiene entonces que ver fuertemente tanto con la religiosidad (“ser cristianos”) como con la etnicidad (“ser raizales). La First Baptist School, que está estrechamente vinculada con la primera iglesia bautista, surge en el centro de un complejo entramado político y social, tiene detrás de sí una historia densa de significados y constituye un observatorio privilegiado para entender tanto lo qué se entiende por “ser raizal como qué se está haciendo para reivindicar dicha identidad étnica.

Digo que está “al centro” porque la educación era y es un elemento clave en la praxis bautista y en general protestante. Tiene que ver con la afirmación de la igualdad, y por supuesto de la evangelización. La educación se basaba en la lectura de la Biblia y tiene como objetivo primario posibilitar la lectura personal de las Sagradas Escrituras. Como hemos indicado, el padre fundador de los raizales, Phillip Beekman Livingston, fundó una escuela antes que una iglesia: no puede existir una iglesia bautista sin fieles, y no hay fieles si no hay una relación directa con las Sagradas Escrituras. La First Baptist School es la escuela fundada por Livingston: en su patio surge todavía el árbol de tamarindo bajo el cual el reverendo daba las primeras nociones de lectoescritura a los esclavos.

La educación bautista se ha conformado entonces en un elemento fundamental para la sociedad isleña que, a diferencia de otros territorios, tenía un índice de analfabetismo muy bajo. Obviamente me refiero a una alfabetización en inglés y no en castellano, pues es sólo con la llegada de las misiones católicas que el castellano (junto con el catolicismo) ha entrado en la educación isleña, causando fuertes conflictos con las escuelas bautistas. La situación se ha complicado después de 1953, con la implantación de las primeras escuelas públicas colombianas, que ofrecían clases en castellano, religión católica como asignatura obligatoria y que obviamente eran gratuitas. Muchos raizales acudieron a las escuelas públicas no solo por razones económicas, sino por la obtención de puestos de trabajo. Todo ello estaba vinculado al dominio del castellano y a la fe católica (los denominados job catholics). Con el avanzar de la colombianización, cuando la iglesia protestante empezó a encontrarse siempre más cerca de los opositores a las políticas colombianas y más lejos de las instituciones estatales, su escuela se afirmó como la única que valoraba la identidad raizal. Al contrario, las escuelas públicas y católicas trabajaban activamente para que esta identidad “antipatriótica” se perdiera.

Con la aprobación en 1991 de la nueva Constitución colombiana, se rompió con el lema “una fe, una lengua, un pueblo”. Se promovió una Colombia como una “nación multicultural”. Las instituciones sanandresanas empezaron a implementar, aunque de forma contradictoria y poco efectiva, proyectos educativos bilingües (castellano e inglés). El objetivo era acabar con la política de la colombianización y, al revés, valorizar lo raizal. Es en este período cuando, para marcar aún más la diferencia, los movimientos raizales empezaron a valorar al creole como elemento fundamental de la identidad cultural. Las escuelas bautistas, que siempre lo habían considerado una no-lengua, un inglés mal hablado, y como tal prohibido en contextos formales -alineándose otra vez con las posiciones de los movimientos y en contra de las políticas oficiales-, empezaron a pensar cómo incluir el creole en los currículos escolares.

El First Baptist School es el único colegio de la isla que ha implementado el uso del creole tanto escrito como oral y un proyecto educativo intercultural trilingüe (inglés, castellano y creole) en su currículo y en sus prácticas. Esto ha supuesto un largo conflicto entre los miembros y directivos de este colegio y la misma Secretaría de Etnoeducación colombiana, que no obstante debería ser la que apoyara y fomentara una educación que respetara a las pautas culturales raizales. La realidad es que dicha Secretaría, en su práctica política, ha descalificado al creole como verdadero idioma, considerándolo un dialecto del inglés, desincentivando su escritura y prohibiendo la enseñanza oficial del mismo en todos los colegios públicos. El resultado de este conflicto ha sido la privatización del First Baptist School y la crisis de todas las iniciativas por reconocimiento oficial del creole escrito. Estas iniciativas han tenido que ser desarrolladas por miembros de AMEN-SD, pastores y miembros de la First Baptist Church y School, reunidos en una universidad privada de inspiración protestante, la Universidad Cristiana de San Andrés Isla. Esta, en su breve vida (3 años en total, desde 1999 hasta 2002), tuvo tres carreras principales: educación intercultural, idiomas y teología. Hoy en día los materiales y los proyectos desarrollados por esta universidad, de la cual solo queda un edificio vacío, se encuentran en la biblioteca de la First Baptist School. Los miembros de esta comunidad educativa y religiosa intentan seguir adelante con los proyectos empezados por la Universidad Cristiana.

En 2010 el colegio tenía 689 estudiantes, desde el nivel de preescolar hasta el de bachillerato. Aproximadamente 324 estudiantes tienen padres y/o madres raizales, esto es, tienen uno o los dos apellidos raizales (según una encuesta que se ha hecho a los padres de familia en mayo de 2011). De estos estudiantes, hay cerca de 172 provenientes de familias en las que ambos padres son raizales, y 152 de padres “mezclados”. Estos últimos son también considerados raizales en el colegio. En cuanto a los docentes, son en total 33 y de ellos 27 se autodenominan raizales.

Se puede afirmar que este colegio es entonces el símbolo de la reivindicación de la libertad de los afrodescendientes, de la raizalidad y de la forma de educar en el Archipiélago. Es por ello que sigue manteniendo sus raíces en la historia promulgando lo raizal a través de la enseñanza del creole y de valores cristianos. Como Livingston, liberando a los esclavos y convirtiéndolos en personae iniciándolos en la lectura de la Biblia, así el actual First Baptist School se propone formar a todos los isleños como ciudadanos raizales de mañana. En este sentido es útil analizar el manual de convivencia que se vende en la secretaría del colegio y que cada alumno debe tener en su casa. En este se declara abiertamente que la misión del colegio es:

“educar con excelencia a niños y jóvenes del departamento, formándolos como líderes de gran compromiso social y espiritual, que se forman y vivan en la cultura raizal y desarrollen competencias básicas que les permitan comunicarse en creole, inglés y español al igual que acceder a una educación superior” (First Baptist School 2011:54).

El colegio se plantea “en diez años convertir la institución en un modelo de educación cristiana, étnica/trilingüe, con excelencia en cuanto a calidad, posicionándola en los primeros lugares en los indicadores externos de calidad académica del país” (First Baptist School 2011: 54). Es interesante ver como en el caso del programa educativo del First Baptist School, la identidad étnica sea sinónimo de educación cristiana y esté conectada directamente con el idioma. Pero mientras en el caso del idioma aún hay muchas cuestiones para resolver y muchos estereotipos que romper, en el caso de la religiosidad todo el colectivo que participa en el proceso educativo está de acuerdo en inculcar principios cristianos al alumnado que participa activamente en este proceso. De hecho, la única asignatura que el alumnado autogestiona es la del culto. Este se celebra cada viernes en la “cancha” o más bien en la iglesia, donde cada semana el mismo alumnado participa y organiza un servicio religioso, preocupándose de invitar a un pastor diferente (se da preferencia a pastores bautistas pero no se excluyen a priori pastores de otras confesiones protestantes). A parte de esto, en el bachillerato cada hora antes de empezar la clase se reza junto con el profesor mientras que en la primaria normalmente se reza al comienzo de la mañana y luego a lo largo de la mañana se va intercalando las clases con canto e himnos religiosos. Este colegio, además, tiene en su currículo una hora semanal obligatoria denominada “Patrimonio: historia y cultura raizal”, otra de danzas típicas y una hora de religión semanal mientras que el mismo pastor, a parte de religión, imparte una hora de “Ética y valores”. Todas estas asignaturas son valoradas al igual que las demás asignaturas del currículo (si el alumnado no aprueba cuatro asignaturas, no pasa al año siguiente).

Otra peculiaridad que tiene este colegio y que lo acerca más a la organización de una iglesia que de un colegio, es que se trata de un centro abierto a todos y para todos (la igualdad que decíamos antes), en donde no se piden competencias previas a la matriculación por parte del alumnado (como por ejemplo en otros colegios públicos bilingües donde formalmente en el manual de convivencia se pide que el alumnado sea bilingüe o egresado de una escuela bilingüe), pero donde se exige la aceptación de varias normas por parte de todos los que participan en el proceso educativo: directivos, docentes, administrativos, estudiantes, acudientes, normas que son principalmente morales y de aseo personal (cómo vestirse y peinarse por ejemplo), reglas que siguen siendo muy valoradas en las iglesias bautistas del archipiélago. Pero en especial, a todo este colectivo se le pide sobre todo ser cristiano, promover y apoyar los valores cristianos (participando activamente en ellos), capacitarse para comunicarse en los tres idiomas y participar activamente tanto en las actividades escolares como las relacionadas con la iglesia First Baptist Church: catecismo, Sunday School, cursos y talleres de creole, actividades de emprendimiento, de gastronomía local, de turismo. Por el lado del ocio se fomentan actividades para el conocimiento del medio ambiente local a través de excursiones.

 

4. Conclusiones

Hemos visto como la tradición de escuela-iglesia sigue cumpliéndose aún hoy día dentro del First Baptist School y como en las prácticas educativas lo que se pretende es formar ciudadanos que tengan principios cristianos. Este tipo de formación es aceptado como obvio de forma generalizada por los isleños. Ahora bien, hay que subrayar el hecho de que si por un lado este tipo de formación ayuda a que todo el alumnado se sienta igual, por el otro esta supuesta igualdad significa formarse para ser ciudadanos iguales en la moral cristiana, sin que se contemple la experiencia enriquecedora de la diversidad como forma de conocimiento y de educación. Otra vez, el “ser cristiano” y el “ser raizal se superponen sin por eso coincidir.

Si miramos no solamente a las prácticas pedagógicas, sino también a las políticas educativas, podemos ver como el programa propuesto por el movimiento AMEN-SD para la educación en la isla está siendo desarrollado exactamente en este colegio. De la misma forma, el tipo de política que AMEN-SD propone para el archipiélago se parece mucho a lo que acontece los domingos en la First Baptist Church y durante la semana en las actividades y reuniones que se desarrollan tanto dentro de la iglesia como en el colegio. Esto pasa también porque las tres instituciones comparten “militantes” y directivos: no solo Raymond Howard, pastor de la iglesia, director del colegio y presidente de AMEN-SD, sino también el rector del colegio y varios profesores. Como AMEN-SD, la First Baptist School también tiene la ambición de ser no solo la escuela de la primera iglesia bautista de las islas, sino de todas y todos los y las sanandresanas (raizales): su directivo está compuesto por representantes de todas las iglesias bautistas del archipiélago (con la significativa exclusión de la Bautista Hispana, fundada por continentales) a través de la Baptist Churches Association.

La presencia de familias, alumnado y profesores que son considerados no-raizales nos ayudan a interpretar que la política de igualdad que promueve tanto el colegio como la iglesia bautista homogenizan al colectivo que participa, lo incluye bajo una educación en la raizalidad. Es por esta razón que no se nota discriminación en estas familias, sino todo lo contrario, aceptación y promoción de estos valores.

Las relaciones entre escuela, iglesia y movimientos sociales en el caso del First Baptist School se mantienen muy fuertes hoy en día a través de dos ejes. Desde la organización política, a través de proyectos por parte de los miembros de AMEN-SD, y a través del apoyo económico y político de todos los pastores de la asociación de las iglesias bautistas y desde toda la comunidad educativa (profesores, alumnos y padres de familia) mediante la participación, aceptación y promoción de valores religiosos, étnicos y políticos tanto dentro del colegio como de la iglesia. Uno de los mayores desafíos a lo que hoy se enfrentan los centros educativos del archipiélago radica en cómo lograr una educación que incluya las particularidades sociales y culturales de los estudiantes de las islas, tanto isleños-raizales como continentales. La importancia de rescatar el encuentro intercultural que se da en el centro educativo radica en que este último debe enriquecer su labor educativa y pedagógica sin prácticamente ningún apoyo institucional tanto por el lado económico que por el lado curricular. En este sentido resulta interesante el aproximarse a las diferentes comunidades educativas para analizar y ver cómo han reinterpretado en la práctica el modelo educativo de la etnoeducación. En nuestro caso se ha tomado en cuenta un modelo educativo de una institución privada dado que nos pareció significativo por las relaciones que sigue manteniendo con la comunidad nativa de la isla y que intenta mediar con la comunidad de colombianos continentales. Queda para un trabajo posterior el analizar el desarrollo de los proyectos etnoeducativos en el archipiélago.

 


 

Notas

1.Este texto se inscribe en el marco de mi tesis doctoral desarrollada en el Departamento de Antropología Social de la Universidad de Granada, en el programa de doctorado de Antropología Social y Diversidad Cultural, bajo la dirección de los profesores F. Javier García Castaño y Gunther Dietz y gracias al apoyo financiero de una beca pre-doctoral de la Junta de Andalucía (FPDI). Una versión previa de este texto ha sido leída en el I Seminario de Doctorandos en Antropología Social y Diversidad Cultural de la Universidad de Granada (2013).

2.Líder raizal 01. Entrevista realizada el 30 marzo 2011.

3.Líder raizal 02. Entrevista realizada el 20 de septiembre de 2011.

4.Líder raizal 01.Entrevista realizada el 28 de febrero de 2012.

5.Militante raizal 01. Entrevista realizada el 03 de junio de 2011.

6.Líder raizal 01. Entrevista realizada el 28 de febrero de 2012.

7.Líder raizal 01. Entrevista realizada el 21 de mayo de 2011.

8.Líder raizal 01. Entrevista realizada el 30 de marzo de 2011.

9.Con este acrónimo se suele indicar en los EE.UU. al grupo social relativamente cerrado de los “White Anglo-Saxon Protestant”.

10.Líder raizal 02. Entrevista realizada el 07 de abril de 2011.   

 


 

Bibliografía

Benítez Rojo, Antonio
1989 La isla que se repite: el Caribe y la perspectiva posmoderna. Hanover, Ediciones del Norte.

Clemente, Isabel
1991 Política educativa y conflicto político y cultural en San Andrés y Providencia (1886-1980). Bogotá, Uniandes.

First Baptist School
2011 Manual de convivencia. Edición propia.

Guevara, Natalia
2006 “‘Self-determination is not a sin; it is a human right, a God given right’: autonomismo y religión bautista en San Andrés Isla”, Memorias (Barranquilla), nº3, vol. 5.

Parsons, James J.
1985 San Andrés y Providencia. Una geografía histórica de las islas colombianas del Caribe. Bogotá, El Áncora Editores.

Ranocchiari, Dario
2013 Música y etnicidad en el archipiélago de San Andrés y Providencia. Tesis doctoral defendida en la Universidad de Granada.

Sandner, Gerhard
2003 Centroamérica y el Caribe Occidental. Coyunturas, crisis y conflictos 1503-1984. San Andrés Isla, Universidad Nacional de Colombia.

Turnage, Loren C.
1975 Island Heritage. A Baptist View of the History of San Andrés y Providencia. Cali, The Historical Commission of the Colombian Baptist Mission.

Vollmer, Loraine
1997 La historia del poblamiento del Archipiélago de San Andrés, Vieja Providencia y Santa Catalina. San Andrés Isla, Ed. Archipiélago.

Wilson, Peter
2004 Las travesuras del cangrejo. Un estudio de caso Caribe del conflicto entre reputación y respetabilidad. San Andrés Isla, Universidad Nacional de Colombia.


Gazeta de Antropología