Gazeta de Antropología, 2017, 33 (1), artículo 00 · http://hdl.handle.net/10481/44359 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 3 octubre 2016    |    Aceptado 3 octubre 2016    |    Publicado 2017-01
Presentación. Claves del turismo de base local
Keys for approaching community-based tourism. Presentation




RESUMEN
A modo de presentación del número monográfico “Claves del turismo de base local”, este artículo introduce una reflexión teórica sobre el propio concepto de turismo de base local, destacando su acusado carácter normativo. No obstante, los múltiples estudios de caso disponibles reflejan una gran heterogeneidad y diversidad interna en las experiencias analizadas. Por todo ello, se insiste en la necesidad de estudiar empíricamente los factores y elementos que condicionan el desarrollo y sostenibilidad de este modo de organizar la actividad turística, procurando establecer estrategias comparativas entre casos. Finalmente, se proponen diferentes perspectivas de análisis y enfoques de investigación aplicados al turismo de base local que nos permitan profundizar sólidamente en su conocimiento.

ABSTRACT
By way of a presentation to the special issue entitled “Keys for approaching community-based tourism”, this article offers a theoretical reflection on the very concept of community-based tourism, highlighting its markedly normative character. However, the multiple case studies available reflect a great deal of heterogeneity and internal diversity with regard to the experiences analyzed. Hence, there is a need to study empirically the factors and elements that condition the development and sustainability of this way of organizing tourist activity, seeking to establish strategies for comparing different cases. Finally, the article proposes different analytical perspectives and research approaches applied to community-based tourism, which will allow us to gain a much stronger and more in-depth understanding of this phenomenon.

PALABRAS CLAVE
tursmo de base local
KEYWORDS
community-based tourism


 1. Turismo de base local

El turismo es un negocio de carácter global, una actividad prácticamente ubicua que se gobierna desde un mercado supuestamente inaccesible a nivel local. Parece no haber duda, el turismo está orientado por quienes controlan su demanda, la oferta es tan solo una respuesta dependiente de esta. A los que así piensan solo les cabe asumir un tipo de turismo, y por tanto vuelcan sobre esta actividad una lectura unívoca y plana: el turismo es una manifestación exclusiva de los intereses y lógicas del mercado. Con ello se niega la posibilidad de alternativas o matizaciones. Es como si solo se pudiera considerar una forma de practicar agricultura, ganadería o industria; sabemos que no es así, para el turismo tampoco. Por otra parte, es evidente que el desarrollo del turismo -de cualquier turismo- implica una transformación integral en aquellos lugares en los que previamente no se realizaba, como ocurre con cualquier otra actividad económica que emerja de la nada o que experimente cambios sustanciales. Esa transformación provocada por la actividad turística no puede dilucidarse a partir de una lectura mecánica y apriorística, sino que precisa de un análisis que contemple la incertidumbre y ambivalencia de lo complejo, considerando, junto a los evidentes factores estructurales, la agencia humana.

Como cualquier otra actividad, el turismo puede organizarse de distintas maneras, y a su versión más convencional y hegemónica que sitúa a la demanda como piedra angular del modelo turístico, cabe matizarla con una perspectiva más anclada a la oferta: un modelo de organización, gestión y reparto de beneficios orientado localmente. Por supuesto no hay turismo sin turistas, no hay actividad sin atracción y satisfacción de la demanda, en este sentido el turismo siempre es global; pero sin contradecir este principio de mercado, es posible connotar sustancialmente esa actividad turística desde la perspectiva e intereses locales. ¿Acaso no se pretenden como deseables la agroecología, la pesca artesanal o la ganadería ecológica? Todo ello redunda no tanto en la naturaleza del producto turístico -que puede coincidir en gran medida con las ofertas convencionales y estar animada desde el mercado- como en las formas en que este se organiza. Se trataría, por tanto, de una actividad orientada al mercado -los turistas-, en la que no obstante se produce un rejuego particular entre oferta y demanda que propicia el protagonismo local en la organización, gestión y beneficios del turismo. Aparentemente el fenómeno y el producto turístico pueden ser convencionales, pero la estructura desde la que se ofertan difiere de lo habitual.

Estas iniciativas turísticas de carácter local cristalizan alrededor de todo el mundo tomando denominaciones variadas: community-based tourism y community-based ecotourism en inglés y turismo comunitario en gran parte del contexto latinoamericano; pero también ecoturismo comunitario, turismo rural comunitario, e incluso turismo de base local como noción más general que puede incorporar incluso diversas tendencias del turismo rural en Europa. Toda esta nomenclatura evidencia la relativa expansión de esta modalidad de organización del negocio turístico que ha sido incorporada progresivamente por organismos internacionales, Estados, agencias de desarrollo y cooperación internacional, ONG e incluso organizaciones indígenas, mostrándonos su versatilidad. Este proceso ha dotado al turismo de base local (TBL) -noción que prefiero por su capacidad de sintetizar a todas las demás y como más apropiada traducción del término en inglés- de un carácter normativo del que carecía en sus inicios y que se encuentra con facilidad en las múltiples legislaciones nacionales e internacionales que procuran no solo ya regularlo, sino previamente definirlo y concretar sus objetivos (sin esconder la preocupación por delimitar la creciente competencia con las actividades turísticas convencionales). Lógicamente, desde la perspectiva de la investigación es necesario tener muy presente siempre la dimensión normativa, pero en la misma medida resultaría muy peligroso confundirla con la realidad de estas experiencias turísticas.

No vamos a hacer aquí un recorrido por esa abundante legislación, pero sí es oportuno apuntar los principios básicos que están en la base de las políticas públicas que animan este tipo de turismo. Por un lado, se establece una vinculación a modo de desiderátum entre el turismo de base local y la sostenibilidad ambiental, entendiéndose que una actividad turística anclada a lo local, sobre todo en espacios protegidos o de interés ambiental, puede ayudar a modular los flujos turísticos y a hacer más sensible esta actividad con las políticas de conservación. Por otro, la vinculación directa y concreta de la actividad turística con la comunidad local se presenta como una vía garantizada para que los beneficios del turismo reviertan sobre ella; de esta manera el turismo de base local sería un vector del desarrollo socio-económico, de ahí su estrecha relación con el turismo pro-poor y otras estrategias análogas. Por encima de todo ello, y de manera general, no podemos obviar la preocupación de los gobiernos y organizaciones por los efectos sociales y ambientales no deseados del turismo convencional, marcado por la demanda global y las grandes corporaciones turísticas.

A nivel normativo, el turismo de base local parece tener tanto de antídoto como de panacea y desde el propio ámbito científico hay un eco común a la hora de definirlo y delimitar sus objetivos. Si se repasa parte de la relativamente abundante literatura sobre el particular (Amati 2013, Cañada 2014, George y otros 2007, Hiwasaki 2006, Leksakundilok y Hirsch, 2008, Manu y Kuuder 2012, Matarrita-Cascante y otros 2010, Moore y Rodger 2010, Mtapuri & Giampiccoli 2014, Okazaki 2008, Ramsa y Mohd 2004, Ruiz-Ballesteros y otros 2008, Stone y Stone 2011, Tamir 2015, Tosun y Timothy 2003) encontramos, con pocas matizaciones, una visión nítida de qué se espera de una iniciativa de turismo de base local. Como elemento distintivo y destacado se alude al protagonismo local, sustanciado en la propiedad y el control sobre la actividad turística. Esta circunstancia se traduce a un nivel más político en forma de empoderamiento local. En segundo lugar se alude a un compromiso definitorio con la conservación de los recursos naturales y culturales del territorio, poniendo a ambos al mismo nivel. El tercer aspecto destacado del turismo de base local sería su orientación prioritaria hacia el desarrollo social y económico de la comunidad. Por último, y más centrado en la propia actividad turística, se espera que esta forma de organizar el turismo, vinculado estrechamente a lo local, propicie una experiencia muy particular para el visitante, sustentada en la noción de autenticidad, que redunde en la calidad distintiva de esta modalidad turística.

No es difícil imaginar que bajo este paraguas normativo caben experiencias particulares muy diferentes entre sí. La propia noción de turismo de base local se está convirtiendo en un término polisémico, cuando no abiertamente laxo, que hace referencia en la práctica a muy diversas formas de organización turística. Solo hace falta acudir a los múltiples estudios de caso disponibles para darse cuenta de ello. Aunque siempre encontramos una evidente presencia de la participación local en la planificación, desarrollo, gestión y reparto de beneficios del turismo, los contextos y formas que toman estas circunstancias varían muy sustancialmente. A poco que indaguemos y comparemos casos de estudio nos encontramos un continuum que abarca desde experiencias de marcado carácter colectivo, en las que existe una propiedad y gestión comunitaria de los recursos y negocios turísticos, hasta otras que incluyen fundamentalmente iniciativas familiares-individuales que presentan un mayor o menor nivel de coordinación. En cualquier caso, será el nivel de protagonismo local en la actividad turística el que sirva para determinar si una experiencia concreta es efectivamente un caso de turismo de base local. Por otra parte, la propia génesis de estas experiencias puede ser muy heterogénea. Hay casos que resultan de estrategias explícitas y planificadas para el desarrollo del turismo de base local desde un principio, con una evolución que contempla procesos colectivos de maduración y diseño progresivo del proyecto basados en la propiedad y/o usufructo colectivo de los recursos turísticos. Pero igualmente nos encontramos con otras que han surgido de una manera más bien espontánea, a partir de iniciativas individuales y/o familiares que progresivamente han ido articulándose a ciertos niveles y en virtud de distintos intereses, hasta conformar un modelo local capaz de articular de forma compleja lo individual y lo colectivo en el negocio turístico.

Mención especial merece la reflexión sobre el carácter exógeno o endógeno de estas iniciativas. Cabe pensarse que el turismo de base local responde a una iniciativa exclusivamente local y que, en tanto en cuanto esa exclusividad se diluya, se perderá el sentido auténticamente local de la experiencia. Sin embrago, la participación de agentes externos en el desarrollo del turismo de base local es lugar común, con distintos protagonismos e intensidades; en la literatura disponible no se encuentran casos en que no haya habido algún tipo de intervención externa en la emergencia de los proyectos. Con ello no se pierde per se el sentido local de la experiencia, ya que la clave reside en el control y gestión del negocio y no exclusivamente en la naturaleza de los agentes participantes. Por otra parte, a nadie se le escapa la dificultad de cualquier comunidad de desarrollar por sí misma un proyecto turístico competitivo sin contar con asesoramiento, formación o financiación inicial externa. Indudablemente los diferentes grados y niveles de intervención externa (y a veces dependencia) se convierten en un diferenciador neto entre las experiencias de turismo de base local, marcando asimismo su sostenibilidad y verdadera autonomía.

Toda estas muestras de heterogeneidad y diversidad interna de lo que llamamos turismo de base local, fruto de la materialización de unos mismos principios normativos, no hacen más que llamar la atención sobre la necesidad de investigar de manera empírica el fenómeno para poder comprenderlo adecuadamente. Resultará problemático -como estrategia- acudir a cada una de las experiencias turísticas que se reivindican como “comunitarias” con la predisposición de encontrar suficientemente desarrollados los principios normativos que supuestamente las definen; más bien habría que adoptar una posición contraria o al menos neutra: analizar de manera convencional el negocio turístico y deducir si hay rastro de esos principios y en qué medida. Lo más práctico es establecer un diálogo entre los objetivos manifiestos del turismo de base local y las “realidades” que las distintas experiencias nos presentan. No siempre lo normativo alcanza expresión empírica, máxime cuando los principios del turismo de base local se sitúan contracorriente al turismo convencional y hegemónico, cuestionando una parte importante de los principios básicos del mercado así como los comportamientos individualistas en el funcionamiento social y económico. Desarrollar turismo de base local no es tarea fácil.

Surgen así críticas generales a este tipo de turismo en virtud del mayor o menor alcance de los principios que se suponen básicos en el TBL; e incluso se cuestiona si esos principios como tales son realmente alcanzables a unos niveles razonables. Hay casos exitosos, fracasos evidentes, e incluso experiencias que utilizan el calificativo de comunitario o local de una manera muy discutible. Todo ello revela una lógica distancia entre la pretensión ideal de un turismo de base local y lo que las materializaciones de esa pretensión nos presentan. ¿Supone esta distancia una descalificación general del turismo de base local como estrategia para procurar empoderamiento, conservación ambiental y cultural, desarrollo local y calidad turística? Evidentemente no. El turismo de base local tiene un componente si se quiere utópico, no diferente a la de cualquier otro planteamiento en torno al turismo o a otra actividad productiva; su valor reside en el horizonte ante el que nos coloca, sensibilizado con lo local como legítimo depositario de la actividad turística. Por supuesto cabe debatirse si, en cualquier caso, el desarrollo de un turismo de base local sería positivo para la comunidades o si por el contrario las transformaría irremediablemente de forma negativa. Desde mi punto de vista, el abordaje de este tipo de diatribas requiere más de análisis empírico-contextuales que de debates teórico-normativos.

Por eso, si existe un interés por el desarrollo de un turismo más justo y sensible socioambientalmente, no podemos quedarnos en sus principios normativos, a modo de desiderátum, esperando que de la claridad de su formulación emerja su materialización. Tampoco podemos permanecer exclusivamente en el estudio empírico de caso tras caso, que si bien nos muestra de manera evidente éxitos y fracasos incontestables, no permiten por sí mismos profundizar en el conocimiento general de este tipo de turismo. Para ello es necesario dar un paso estratégico y abordar -a través de la comparación entre casos- la determinación de los factores que condicionan el desarrollo de los principios normativos que definen al turismo de base local. De esta forma seríamos capaces de comprender cabalmente este tipo de turismo; no tanto en qué se pretende con él, sino en cuanto a las potencialidades y límites de su implantación efectiva. Las consecuencias teóricas y prácticas de este enfoque son evidentes. Por un lado, nos permitirá conocer cuáles son las claves para el desarrollo del turismo comunitario; por otro, qué elementos deben tenerse en cuenta cuando se inicia una experiencia de estas características. En definitiva, no cabe más que profundizar analíticamente en las condiciones de emergencia de estas formas de organizar el turismo y en sus posibilidades de sostenibilidad.

Desde 2006, y en el contexto del área de Antropología Social de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (España), venimos trabajando en esta línea de investigación a partir de diferentes proyectos en América Latina (Ecuador, Perú, Nicaragua, Costa Rica) y Andalucía, que confluyen actualmente en el proyecto de I+D Retóricas de la Naturaleza y Turismo de Base Local: Estrategias de Sostenibilidad (SOC2012-33044), de cuyos resultados se da parcialmente cuenta en este número monográfico, junto al aporte destacado de otros investigadores especialistas también en este campo de investigación.

Nuestro interés ha sido siempre reflexionar sobre los condicionantes del TBL a nivel de sociedad local, no tanto indagar en los procesos que tienen que ver más directamente con el mercado turístico y su organización. La pretensión no es otra que desentrañar el funcionamiento del turismo de base local desde las propias sociedades locales; de ahí nuestra orientación principalmente antropológica y el uso de una metodología anclada firmemente a la etnografía como estrategia para desentrañar la cotidianidad de este tipo de turismo. Fruto inicial de estos trabajos de investigación, se determinaron cinco factores que entendíamos clave para el desarrollo del turismo comunitario (Ruiz-Ballesteros y otros 2008, Ruiz-Ballesteros y Solís 2007): 1) la consistencia de la comunidad como marco de acción y decisión colectiva, 2) el papel de los líderes locales en los proyectos turísticos, 3) el nivel e intensidad de intervención externa en el desarrollo de estas iniciativas, 4) la apropiación local de los fenómenos y productos turísticos, y finalmente 5) las formas en que la sociedad local se inserta, a través del turismo, en el mercado. Entendíamos y entendemos -pues la profundización posterior en más casos y ámbitos de estudio no nos hacen cuestionar estos factores, más bien al contrario- que estos factores nos ayudan a entender plenamente este tipo de experiencias turísticas, sus orígenes, evolución y también vislumbrar evoluciones posibles. Asimismo, su análisis en experiencias concretas nos permiten dilucidar hasta qué punto y en qué medida se alcanzan los objetivos normativos del TBL. No obstante, conviene matizar que estos factores no deben ser entendidos como causas que provocan efectos, en este caso la emergencia y sostenibilidad del turismo de base local. La cuestión es más compleja. Hablamos de factores no de causas. La relación entre estos factores y el turismo de base local es más recursiva que lineal. Es necesario que estos factores se desarrollen para que una experiencia concreta de TBL llegue a buen puerto, pero no tiene porqué ser previamente, sino que a través de una relación recursiva el negocio turístico y los distintos factores pueden activarse simultáneamente. Por ejemplo, la construcción de comunidad que se supone asociada al TBL no tiene por qué ser una condición previa, sino que paradójicamente el desarrollo de un proyecto de TBL puede propiciar la conformación progresiva de una comunidad en cuanto a capacidades de acción y decisión colectiva (véase Ruiz-Ballesteros 2009, Coca 2007). Y asimismo puede ocurrir con la apropiación local del producto turístico, el desarrollo de liderazgos o la intervención externa. Se trata de condiciones necesarias aunque no suficientes, interconectadas entre sí a través de una relación sistémica y compleja (Ruiz-Ballesteros y Fedriani 2009). Los casos que hemos estudiado a lo largo de estos años corroboran la oportunidad de esta perspectiva para comprender más apropiadamente las experiencias de turismo de base local.

 

2. Líneas de investigación en torno al turismo de base local

Este trabajo continuado de investigación, análisis y maduración nos sitúa en la actualidad ante distintas líneas de indagación en torno al turismo de base local. Junto a los factores que determinamos previamente (Ruiz-Ballesteros y otros 2008), se han identificado otros elementos y dimensiones que resultan capitales para una comprensión integral de estas iniciativas turísticas, facilitando un enfoque más completo del turismo de base local. Todo ello permite también establecer comparaciones más operativas entre casos. Tal como los presentamos aquí queremos que se entiendan como perspectivas de análisis convergentes y con límites difusos entre ellas; pero que no obstante, delimitan enfoques de investigación que pueden ser particularizados por las dimensiones específicas que revelan. De una forma mucho más sencilla cabría decir que se pretende responder a la pregunta genérica ¿a qué prestar atención cuando estudiamos el turismo de base local? Con ello pueden aventurarse las claves de su comprensión más general.

2.1. Construcción de comunidad

Para comprender apropiadamente una experiencia de TBL es necesario analizar cuidadosamente la propia sociedad local, poniendo especial énfasis tanto en la influencia que esta tiene en el desarrollo y la gestión del turismo, como en los efectos que el turismo tiene sobre ella.

Cuando intentamos desentrañar las claves de las iniciativas turísticas comunitarias y nuestra mirada pasa del fenómeno explícitamente turístico al funcionamiento de la sociedad local, se recurre habitualmente a nociones como capital social o capital humano, construidos a partir de atributos como la confianza, la reciprocidad, el compromiso o la equidad, entre otros. El éxito de las experiencias de TBL se nuclea en torno al desarrollo local y la cohesión social, de hecho son estos sus objetivos normativos más destacados. Sin rechazar las aproximaciones que desde la perspectiva del capital social puedan hacerse, entendemos que el concepto comunidad presenta una capacidad heurística mucho mayor. La noción de comunidad, entendida desde una perspectiva procesual que focaliza en la capacidad de acción colectiva -de ahí que prefiramos hablar de construcción de comunidad (community-building) -, nos permite entender el funcionamiento colectivo desde una perspectiva holística antes que desde la fragmentación analítica de sus supuestos componentes en forma de atributos. La comunidad, como concepto, nos permite entender el funcionamiento colectivo desde su totalidad: ¿es capaz y en qué medida una sociedad local de desarrollar acción colectiva? Evidentemente ello tiene que ver con la confianza, la cooperación, la reciprocidad, el compromiso…, pero más que quedarnos en cada uno de estos atributos fragmentados, estáticos y sus hipotéticas formas de constatación-medición, consideramos más práctico analizar directamente cuándo, cómo y con qué profundidad toman cuerpo y se desarrollan, de forma efectiva, acciones colectivas en una sociedad local dada (enfoque dinámico). Es ahí donde reside la capacidad de construcción de comunidad, en este caso íntimamente vinculada al desarrollo de un modelo local de organización y gestión turística.

No obstante, para ello es necesaria una re-conceptualización de la noción comunidad, que supere exclusivas acepciones estructurales o simbólicas. Resulta capital asumir que la comunidad se explicita de facto en procesos y prácticas cotidianas, cuya dimensión política y práxica resulta de mayor relevancia que la estructural o simbólica (aun incluyéndolas). Para desarrollar este enfoque analítico -que consideramos capital para estudiar el turismo de base local- habría que implementar una perspectiva mucho más compleja y flexible que la que habitualmente se pone en juego cuando se utiliza la noción de comunidad en el marco de las ciencias sociales. No se trata de constatar si un colectivo atesora tal o cual atributo, sino de analizar si su dinámica genera comunidad o no, entendida esta como la capacidad de propiciar acción colectiva ante problemas o intereses comunes (véase Ruiz-Ballesteros 2012, Ruiz- Ballesteros y Gálvez 2012, Ruiz-Ballesteros 2015, Ruiz-Ballesteros y Cáceres-Feria 2016). Esta dimensión es capital en el contexto de cualquier experiencia de TBL. Y precisamente es un factor crucial para comprender el éxito o fracaso de las mismas: no puede haber turismo de base local sin un proceso paralelo de construcción de comunidad. El propio desarrollo de una iniciativa turística colectiva contribuye en sí mismo a construir comunidad en tanto en cuanto se trata de un proceso de acción colectiva.

2.2. Integración del turismo en la economía local

Es fundamental comprender el papel que el turismo alcanza en las economías locales. Por un lado tendremos que procurar una evaluación de corte cuantitativo, dilucidando qué peso tiene la actividad turística en la economía local, qué porcentaje de los recursos obtenidos son turísticos y cuáles no. Para ello debe tenerse muy en cuenta el carácter monetario o no de muchos de los recursos y actividades económicas (autoconsumo). Por otro lado, es necesaria una aproximación más cualitativa. Es preciso captar el sentido de la actividad turística en el conjunto de las actividades económicas: diferencias en el tipo de recursos que propicia, diferencias en las relaciones de producción, diferencias en las formas de relación con el entorno y con los demás vecinos. Hay que determinar en qué medida y sentido el turismo se integra en la economía, en el conjunto de actividades productivas de la localidad, y si esto produce algún tipo de fractura que rompe en vez de integrar el funcionamiento socio-económico local. La generación de mundos distintos y separados dentro de las sociedades locales -el del turismo y el de las demás actividades- con lógicas, formas y consecuencias distintas, no propicia normalmente un modelo de integración y cohesión social, sino todo lo contrario. Mientras que resulta muy factible, en este sentido, que en el seno de las unidades domésticas e incluso para los propios individuos, la dualidad turismo/resto de actividades sea un hecho creativo en forma de pluriactividad que añade complejidad y resiliencia a la vida social; no lo es igualmente si lo que se produce es una cierta monoactividad turística, con el abandono consiguiente de otras actividades, o si la actividad turística es desarrollada en exclusiva por unos grupos concretos excluyendo a otros de forma estructural. Por todo ello, es necesario desentrañar el sentido económico y social de la actividad turística en las experiencias de turismo de base local.

2.3. Retórica de la naturaleza

El desarrollo del TBL está íntimamente relacionado con el turismo de naturaleza o ecoturismo, por tanto su implementación convierte al entorno como tal en recurso de una forma sin precedentes. En la mayoría de experiencias, nunca antes del turismo el entorno se había mirado y vendido de la forma en que comienza a hacerse. Este proceso implica la naturalización del entorno (Ruiz-Ballesteros y otros 2009). Asociado a las iniciativas de turismo de base local se encuentra frecuentemente un proceso de patrimonialización que genera una retórica muy particular en referencia a ese entorno que habitualmente ha sido el contexto de actividades productivas o extractivas, como la agricultura, la ganadería, la caza, la tala de madera…, y que el turismo viene a transformar induciendo una nueva mirada asociada a una retórica muy particular.

Este proceso, por supuesto, no es privativo del TBL, sino que es lugar común en todo desarrollo turístico relacionado con la naturaleza como producto. Sin embargo, sí resulta necesario indagar en las diferencias que estas retóricas de la naturaleza alcanzan en las experiencias de TBL. A diferencias de otras iniciativas turísticas, el TBL reivindica de manera muy especial el papel de lo humano en el medio, hasta el punto de que muchas experiencias de TBL plantean abiertamente una naturaleza antropizada en la que se explicita un entorno que incluye a los humanos, e incluso que problematiza y contesta los discursos naturalizadores que los excluyen. En cualquier caso, prestar atención a las retóricas y prácticas de la naturaleza en las iniciativas de TBL nos ayuda a comprender el modelo de interacción humano-ambiente que está detrás del modelo turístico en cuestión, contextualizando a su vez la forma en que el turismo se integra en el conjunto de actividades económicas de la sociedad local y los discursos de representación colectiva que se despliegan (identidades sociales).

2.4. Bienes comunes

Estudiar el turismo de base local desde la perspectiva de los bienes comunes es una estrategia muy fructífera. El turismo es una actividad que utiliza una variedad muy heterogénea de recursos, bajo regímenes de propiedad y acceso muy variados; pocas veces esos recursos son exclusivos del turismo sino que se comparten con otras actividades. Cuando nos encontramos con una experiencia de turismo de base local es frecuente que el carácter colectivo de la actividad se fundamente en la propiedad/acceso colectivo a unos recursos (bosques, paisajes, mar…) que además son utilizados para otras actividades bajo lógicas distintas (cultivo, pesca…). La gestión colectiva de esos recursos implica la existencia de bienes comunes a los que se viene a sumar la actividad turística, por eso es importante analizar el efecto que el desarrollo del TBL produce en esos bienes comunes y su gestión. Pero la vinculación entre comunes y turismo va más allá en tanto en cuanto puede que sea el propio desarrollo del TBL el que propicie la generación de nuevos bienes comunes, centrados precisamente en la actividad turística.

En este sentido, vincular analíticamente turismo de base local y bienes comunes (la lógica de su gobierno y gestión) viene a ser particularmente elocuente para comprender cómo se organiza la actividad turística que depende precisamente de esos recursos y de su naturaleza comunal. No en vano existe un creciente interés en el análisis del turismo desde la perspectiva de los comunes tanto a nivel general como particularmente aplicado al TBL (Briassoulis 2002, Healy 2006, Holden 2005, Moore y Rodger 2010, Stronza 2010, Ruiz-Ballesteros y Gual 2012, Ruiz-Ballesteros y Brondizio 2013).

2.5. Identidades y etnogénesis

El papel del TBL en la reactivación o activación de identidades es a estas alturas un fenómeno asumido de manera indiscutible. Vinculado de alguna manera al debate sobre la autenticidad del producto turístico (del Campo 2009) se asocia asimismo, de manera muy acertada, a conceptualizaciones más generales como la de “cultura turística” (Picard 1992) y a sus efectos en la construcción de identidades colectivas, hasta llegar a configurar auténticos procesos de etnogénesis como el del pueblo manta en Ecuador (Ruiz-Ballesteros 2009, Hernández-Ramírez y Ruiz-Ballesteros 2011). Una vez superada la tendencia a considerar el turismo exclusivamente como un mero destructor de identidades y fuente de homogeneización cultural, es hora de considerar también su papel como catalizador de otro tipo de procesos identitarios de diversa índole y calado. El turismo no solo es un proceso top-down que se cierne inexorablemente sobre las sociedades anfitrionas, sino que los habitantes de las sociedades locales en las que este tiene lugar son capaces de utilizar el turismo para posicionarse en el mercado y ante el Estado a partir de una reflexión sobre su cultura y una apropiación de los recursos y productos turísticos que no pocas veces implican una reivindicación territorial y política explicitas. Es necesario cuestionar la visión que propone como única perspectiva de análisis del turismo a nivel comunitario su indudable -pero no exclusiva- capacidad de destrucción de la diversidad y trivialización de la cultura, para considerar también su capacidad para contestar el acceso externo a los recursos locales (extractivismo maderero o minero, por ejemplo) y reclamar la diferencia también en el mercado.

Todos estos procesos tienen una dimensión discursiva muy fuerte, que como mínimo activan y catalizan identidades y como máximo son capaces de desarrollar auténticas etnogénesis que animan el indigenismo del siglo XXI. Sorprendentemente, las experiencias de TBL tienen a veces un papel muy destacado en todo ello que precisa analizarse.

2.6. Gobernanza

El turismo de base local se vincula a un modelo particular de gestión de la actividad turística a nivel local que en consecuencia, debe ser estudiado con la suficiente profundidad. Pero, paradójicamente, este análisis no puede quedar relegado a un mero nivel local, es prácticamente inviable una experiencia turística comunitaria si no cuenta con el apoyo externo a distintos niveles (encaje institucional y administrativo, formación, financiación, apoyo comercial…), tanto privado como público. Es capital analizar la relación de cada experiencia concreta con el ámbito público: legislación, administración. El turismo de base local tiene una semilla endógena que difícilmente germinará y evolucionará si no es abonada exógenamente. Por eso deben ser objeto prioritario de análisis tanto el liderazgo interno y las formas de organización intracomunitarias, como los distintos cauces de intervención externa (ONG, agencias de desarrollo, Estado…) y asimismo el entramado institucional-administrativo en el que esas iniciativas de turismo de base local se insertan. La forma particular que estos marcos de gobernanza puedan tomar supondrá bien un catalizador de la viabilidad de las experiencias de TBL o, por el contrario, potentes vectores de un evidente bloqueo a pesar de que a nivel local la iniciativa sea seguida y alimentada de forma comprometida y entusiasta. Trazar el marco de la gobernanza de cada experiencia que estudiemos es un objeto de análisis prioritario para poder aprehender con garantías el modelo de organización turística que estamos estudiando y, por tanto, la naturaleza de la iniciativa de TBL en cuestión.

2.7. Sostenibilidad socioambiental

El objetivo último de nuestro interés por el TBL no puede ser otro que comprobar en qué sentido contribuye a la sostenibilidad del sistema socio-ecológico del que forma parte, y en qué medida la propia actividad turística es sostenible en sí misma. Estos dos objetivos analíticos están obviamente relacionados pero de ninguna forma pueden confundirse. La mejor forma de abordarlos es el análisis a través de la noción de resiliencia socio-ecológica, entendida esta como la capacidad de un sistema socio-ecológico para absorber alteraciones; superando los procesos de cambio al mantener esencialmente las mismas funciones, estructura y retroalimentaciones (Walker y Salt 2006: 32).

El turismo de base local es solo una de las múltiples actividades que tienen lugar dentro de un sistema socio-ecológico. Si nos preocupa la resiliencia general del sistema (la resiliencia de su conjunto a las alteraciones que puedan producirse) lo que investigaremos en referencia al TBL será su papel particular en el mantenimiento y potenciación de esa resiliencia general (como ejemplo de este tipo de estudios, véase Ruiz-Ballesteros 2011). Si lo que nos preocupa es simplemente la resiliencia de la propia actividad turística (resiliencia específica), prestaremos atención a un objeto mucho más clásico dentro de los estudios turísticos: la sostenibilidad de la propia actividad turística ante las alteraciones del mercado turístico o de la economía local, independientemente del curso que siga el conjunto de socioecosistema.

Es evidente que la relación entre TBL y la resiliencia general del sistema socio-ecológico es mucho más relevante ya que supone un análisis del efecto integral del turismo para la sociedad local y el territorio que esta ocupa. Además, de alguna manera, incluiría la resiliencia específica de la actividad turística. Para su estudio habrá que tener en cuenta prácticamente todas las dimensiones analíticas que hemos ido enumerando aquí. La sostenibilidad que puede propiciar el TBL es una función compleja y sistémica de su influencia en la construcción de comunidad, su inserción en la economía local, las formas de su gobernanza, sus efectos sobre las identidades colectivas y los discursos de representación del entorno, y asimismo de su contribución al desarrollo de bienes comunes.

Gran parte de todas estas dimensiones analíticas se recogen directa o indirectamente, explícita o implícitamente, en los diferentes estudios de caso que componen este monográfico. A veces se constata cómo las sociedades locales estudiadas alcanzan a desarrollar un modelo plausible de turismo de base local; en otras se hace hincapié en la distancia insalvable entre los principios normativos del TBL y lo que encontramos de facto en esas localidades. En cualquier caso, tanto unos análisis como otros, vienen a mostrar la oportunidad de focalizar en ciertas claves para elucidar el turismo de base local y desarrollar de este modo estrategias que nos permitan comprenderlo desde dentro.

“Desde dentro” no significa obviar a agentes y factores externos, sino tomar una perspectiva analítica consecuente con los objetivos del TBL. El desarrollo de este tipo de turismo implica siempre un proceso de reflexividad en las sociedades locales que debería conducir a su empoderamiento a través de la reivindicación y autogestión de sus territorios y recursos. Este proceso, en caso de producirse de forma sólida y sostenible, sirve a las comunidades para reclamar un lugar en el Estado y en el mercado que paradójicamente, convierte a la iniciativa turística en una táctica política que necesita ser analizada en toda su complejidad.


Agradecimientos. Este texto ha sido elaborado en el marco del proyecto “Retóricas de la naturaleza y turismo de base local: estrategias de sostenibilidad (CSO2012-33044, MINECO).


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Gazeta de Antropología