Gazeta de Antropología, 2017, 33 (1), artículo 06 · http://hdl.handle.net/10481/44381 Versión HTML  ·  Versión PDF
Recibido 6 septiembre 2016    |    Aceptado 17 diciembre 2016    |    Publicado 2017-01
Forasteros residentes y turismo de base local. Reflexiones desde Alájar (Andalucía, España)
Otusiders residents and community-based tourism. Reflections from Alájar (Andalusia, Spain)





RESUMEN
El mundo rural, sobre todo en Occidente, está sujeto a procesos de movilidad y neoruralidad que no pueden obviarse a la hora de estudiar el turismo de base local (TBL). Estos procesos no solo cuestionan la comunidad entendida como una realidad aislada y cerrada, sino que explican el creciente protagonismo de los forasteros residentes en el desarrollo rural. En este artículo analizamos, a través de un estudio de caso etnográfico en Alájar (Andalucía occidental), la participación de forasteros residentes en el TBL, su contribución a la dinamización y desarrollo de la actividad turística, así como a su conexión con el mercado externo. A partir de aquí podemos reflexionar de manera más general sobre la naturaleza del TBL y especialmente en el papel de la influencia externa en su desarrollo.

ABSTRACT
The rural world, especially in the West, is subject to processes of mobility and neorurality that cannot be ignored when studying community-based tourism (CBT). These processes not only question the community understood as an isolated and closed reality, but explain the increasing prominence of outsider residents in rural development. In this article, through an ethnographic case study conducted in Alájar (Western Andalusia), we analyzed the participation of outsider residents in CBT, its contribution to the development of tourist activities as well as its connections with the external market. From here we can reflect more generally on the nature of CBT and the role of external influence in its development in heterogeneous local societies.

PALABRAS CLAVE
turismo de base local | forasteros residentes | amenity migrants | neorurales | España
KEYWORDS
tourism local base | resident foreigners | amenity migrants | neorurals | Spain


Introducción

La noción de turismo de base local (TBL) (community based tourism) está adquiriendo cada vez más un carácter polisémico ya que refiere, en la práctica, a formas diversas de organización turística. Bien es cierto que TBL se correlaciona siempre con participación local en la planificación, el desarrollo, la gestión y los beneficios del turismo. Pero sus contextos, formas y tipologías son muy variados, estableciéndose un continuum desde experiencias marcadamente colectivas de propiedad y gestión de los recursos y negocios turísticos a otras conformadas por iniciativas de carácter individual-familiar articuladas -en mayor o menor medida- a nivel local.

El debate académico en torno al TBL no hace más que crecer, aportando diferentes enfoques, propuestas, herramientas y modelos de análisis para encarar apropiadamente su complejidad (Jamal y Stronza 2008, Gascón 2013, Liu y otros 2014, Ruiz-Ballesteros 2011, Holladay y Powell 2013, Salazar 2012, Okazaki 2008, Matarrita-Cascante y otros 2010). Hay quienes, desde el análisis de sus casos de estudio, apuntan en mayor o menor grado los efectos positivos de estas experiencias turísticas (Hiwasaki 2006, Ruiz-Ballesteros 2011, Ruiz-Ballesteros y Hernández-Ramírez 2010, Tao y Wall 2009, Sakatay y Prideaux 2013, Mohamad y Hamzah 2013, Steinicke y Neuburger 2012, Zapata y otros 2011, Jamal y Stronza 2008, Mbaiwa y Stronza 2010, Lapeyre 2010); pero también quienes cuestionan su efectivo alcance social y económico (Gascón 2013, Sin y Minca 2014, Stem y otros 2003, Goodwin 2006, Mitchell y Muckosy 2008), o la consistencia de la participación comunitaria (Amati 2013, Li 2006, Tosun y Timothy 2003, Gascón 2013, Stone y Stone 2011). El debate no se agotará fácilmente habida cuenta de la preeminencia de los estudios de caso con limitada perspectiva longitudinal, la falta de sólidos ejercicios de síntesis, y el inherente carácter contextual del TBL. Pero también por la necesidad aún de profundizar en algunos factores muy relevantes que concurren en su desarrollo.

A pesar de su teórica naturaleza comunitaria, el desarrollo del TBL no tiene un exclusivo carácter endógeno. La intervención externa -agencias para la cooperación al desarrollo, ONG, programas públicos nacionales e internacionales- es una constante en estos procesos (Iorio y Corsale 2014, Zapata y otros 2011, Giampiccoli y Mtapuri 2014, Mtapuri y Giampiccoli 2013, Ruiz y otros 2008, Hummel y van der Duim 2012). Sin embargo hay otras “intervenciones” más informales a las que no se les está prestando la misma atención y que se antojan cruciales en el desarrollo de muchas experiencias de TBL.

El contexto rural, ámbito prioritario de expansión del TBL, está marcado, sobre todo en países desarrollados -aunque también crecientemente en países en desarrollo-, por un proceso de apertura, movilidad y neo-ruralidad (Boyle y Halfacree 1998, Kayser 1990, Marsden 2009, Rivera y Mormont 2007, Urry 2006; para el caso de España véase Oliva 2010) que ha supuesto un cambio sustancial en las bases sociales de multitud de pueblos y comarcas considerados marginales o deprimidos. Gran parte de estas zonas están asimismo sujetas a programas que directa o indirectamente potencian el TBL como estrategia de desarrollo local (programa LEADER en Europa, por ejemplo). En los pueblos encontramos cada vez más “autóctonos cosmopolitas” (cosmopolitan locals siguiendo a Iorio y Wall 2012) al tiempo que aparecen también forasteros residentes que juegan roles protagonistas en la vida de la comunidad y eventualmente en el desarrollo del TBL. Estos fenómenos no han sido todavía suficientemente estudiados en relación al desarrollo del TBL y sus efectos están pendientes de valorar.

El papel de los forasteros residentes, junto a los locales, en el desarrollo del TBL puede ser más importante de lo que se presupone. Con ello podría cuestionarse, en cierta medida, el sentido endógeno y el carácter marcadamente local y comunitario del TBL. Al tratar la presencia de forasteros residentes en el TBL surge inevitablemente la discusión del carácter abierto o cerrado de la propia comunidad. Los investigadores sobre TBL siguen habitualmente una conceptualización de comunidad que acentúa su carácter estático, conformado por atributos materiales o simbólicos (tamaño, cohesión, símbolos comunes, territorio…). Se trata de visiones clásicas y a veces románticas que asumen la comunidad como una entidad muy cerrada, volcada sobre sí misma y en la que se delimita con claridad un adentro y un afuera, siendo el exterior la fuente de conflicto y anomalía, como si su funcionamiento interno comportara un equilibrio permanente. La autenticidad de la comunidad se reconoce precisamente en ese carácter cerrado y la principal virtud del TBL estribaría, precisamente, en mantener en la medida de lo posible ese aislamiento -o al menos una protección consistente- de la comunidad hacia el exterior, siendo sus propios integrantes los que, con la menor influencia posible, desarrollen, capitalicen y controlen el turismo. El turismo sería un mal menor si se somete al control de esa comunidad cerrada.

Sin embargo, resulta evidente que el desarrollo del turismo en una comunidad supuestamente aislada es altamente improbable (Sakata y Prideaux 2013), mientras se constata que la intervención externa (no solo financiera) es uno de los factores condicionantes para el desarrollo del TBL (Iorio y Corsale 2014, Zapata y otros 2011, Giampiccoli y Mtapuri 2014, Mtapuri y Giampiccoli 2013, Ruiz y otros 2008, Hummel y Van der Duim 2012). No obstante, esta influencia externa puede darse a muchos niveles y distintas intensidades, abriéndose así un debate sobre el carácter “auténticamente” comunitario del TBL.

En este debate se desliza con frecuencia esa conceptualización de la comunidad como ente cerrado, cuando la realidad es que las sociedades locales son con bastante frecuencia abiertas y complejas. Los habitantes de las sociedades rurales tienen un contacto importante con el exterior a múltiples niveles y dimensiones; y sobre todo, conviven con una proporción de forasteros que no es baladí ni cuantitativa ni cualitativamente.

Desde la década de los sesenta del siglo pasado se observa un progresivo interés de la población urbana occidental por la naturaleza y la vida rural, atracción que ha generado un trasvase demográfico desde las ciudades a las zonas agrarias. En un principio, estos nuevos pobladores del campo, calificados a partir de los ochenta como neorurales (Chevalier 1981), estaban ligados a la contracultura y el movimiento hippy. Buscaban formas de vida alternativas que incluían una conexión más íntima con la naturaleza, frecuentemente a través de espiritualidades vinculadas al movimiento New Age (Heelas 1996, Hess 1993, Danforth 1989). Esos desplazamientos hacia el campo han continuado hasta nuestros días aunque con características distintas. En la actualidad habría que ampliar el concepto de neorural y adoptar una noción más amplia como la de amenity migrant, entendido como el migrante a lugares que se perciben “con una mayor calidad ambiental y una cultura diferenciada” (Moss 2006: 3). Se trata, por lo tanto, de migrantes sin una especial motivación económica o política, que estarían ligados a la búsqueda de una genérica calidad de vida (Abrams y otros 2012, Glorioso y Moss 2007, Gosnell y Abrams 2011). En las áreas rurales que tuvieron una fuerte emigración, habría que añadir a este flujo foráneo los emigrantes que retornan a sus lugares de origen una vez jubilados, después de haber vivido media vida fuera; e incluso los jóvenes locales que tras diversas experiencias en la ciudad retornan a sus pueblos. En este sentido, las localidades rurales se están convirtiendo también en el hogar de autóctonos cosmopolitas (Iorio y Wall 2012).

Los forasteros residentes y los locales con experiencia fuera de la localidad, pueden tener una participación protagonista en los procesos de desarrollo del TBL, contribuyendo con su conocimiento y sensibilidad al desarrollo de distintas actividades turísticas (restaurantes, hoteles, guías…) que se ofrecen a visitantes provenientes precisamente de sus lugares de origen. ¿Se pierde por ello el carácter local del TBL?, ¿supondría su participación un factor de bloqueo al efecto del turismo a nivel local?, ¿podemos obviar su existencia si aspiramos a comprender el TBL?

Nuestro caso de estudio nos ayudará a reflexionar en torno a estas interrogantes. Para ello vamos a analizar la participación directa e indirecta de los forasteros residentes en el desarrollo del TBL y sus efectos sobre la comunidad en Alájar (Huelva, Andalucía). Entendemos que nuestro caso de estudio es lo suficientemente significativo (zona rural periférica enclavada en un parque natural) como para aproximarnos analíticamente y de manera exploratoria a la participación de forasteros residentes en el desarrollo del TBL.

A continuación, vamos a presentar nuestro caso de estudio y la metodología de investigación que hemos seguido. En la siguiente sección nos ocuparemos del análisis del TBL en Alájar y el papel que en él han jugado los forasteros residentes. Finalmente exponemos la discusión y conclusiones que se derivan del análisis del caso y sus implicaciones para el estudio del TBL.

 

Caso de estudio y metodología

Alájar es una localidad situada en Andalucía, en la provincia de Huelva, dentro del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. Su población ronda los 820 habitantes y su término municipal ocupa 41,5 Km2 repartidos en zonas de dehesa al sur y castañar al norte. La localidad se configuró históricamente como un enclave periférico y autárquico, aunque no aislado. Tradicionalmente, sus principales actividades económicas han sido la agricultura, la ganadería y el aprovechamiento forestal (principalmente corcho y castaña), así como una pequeña industria local en torno al cerdo ibérico.

La transformación general del mundo rural que afectó a España a mediados del siglo XX tuvo una especial incidencia en la Sierra de Aracena. Se desmanteló toda su industria local y gran parte de la producción agro-ganadera, proceso que se agravó aún más con las epidemias que afectaron al cerdo ibérico. La migración se convirtió en el fenómeno social definitorio y el aislamiento se acentúo en tanto en cuanto las vías de comunicación no se modernizaban. Alájar experimentó un proceso de despoblamiento progresivo que hace que hoy tenga apenas un tercio de la población que tuvo en 1920 (2.491 habitantes).

La comarca en general, y Alájar en particular, llegó a los años ochenta inmersa en un profundo deterioro ambiental, demográfico y económico. Pero se convirtió en objeto de políticas públicas para la reactivación y el desarrollo rural, animadas notablemente desde las instituciones europeas con el objetivo de revertir la “situación marginal” de muchas zonas rurales de Europa. Este punto de inflexión inaugura la aplicación de una lógica que tiene como ejes centrales la conservación ambiental, la patrimonialización cultural, la promoción de productos locales (alimentos, artesanías), y el desarrollo del turismo. Estos han sido los pilares fundamentales de las políticas públicas para dinamizar las zonas marginales en España.

Alájar es declarado Conjunto Histórico-Artístico (1982) habida cuenta del valor de su casco urbano muy bien conservado en virtud del aislamiento y despoblación que había experimentado el pueblo; en 1989 se crea el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, en el que se integra su término municipal; y finalmente se desarrollan distintas políticas para la promoción económica del turismo y los productos locales a través de los distintos programas LEADER y PRODER de la Unión Europea (desde 1994). Se configura así una estrategia que marca el devenir del pueblo. No podemos olvidar el impacto que también ha tenido la modernización, a finales de los ochenta y principios de los noventa, de las vías de comunicación por carretera, especialmente la N-433 Sevilla-Lisboa, que ha mejorado las conexiones de la comarca con el exterior. Todo ello ha contribuido a un notable proceso de transformación (ambiental, económica, demográfica, cultural…) que si bien sostenido en el tiempo, muestra hoy claramente sus efectos.

Así, a partir de los noventa Alájar experimenta dos procesos convergentes. Por un lado se empieza a contener la pérdida de población, principalmente por el aporte de nuevos habitantes consecuencia de los flujos neo-rurales que en Alájar toman un cariz muy especial. Por otro, comienzan a tener efecto las políticas de desarrollo turístico, con consecuencias sociales, económicas y urbanísticas muy claras.

Una de las alternativas económicas que con más fuerza se han barajado para este territorio es el turismo como catalizador del desarrollo local. El producto turístico local se focaliza en la naturaleza y la ruralidad, articulando la peculiaridad biofísica del entorno con su antropización secular que explica el carácter de sus paisajes y el propio urbanismo. El senderismo y la gastronomía son los mayores alicientes para el visitante que busca incorporarse a esa “naturaleza humanizada” que se encarna en Alájar y en su entorno (Ruiz-Ballesteros y Cáceres-Feria 2016a). Si bien Alájar tenía ya una cierta tradición turística a partir de los noventa surge una oferta importante de restauración y desde el 2000 aparecen pequeños hoteles y alojamientos de distintas tipologías, amén de otras iniciativas complementarias (guías, artesanías…). Se ha configurado así un sector turístico muy importante, en el que convergen las políticas y subvenciones públicas con una exclusiva iniciativa local, convirtiéndolo en un claro ejemplo de turismo de base local en Occidente.

En los noventa, y primer decenio del siglo XXI, el protagonismo del sector público en la economía local ha sido notable y junto al pujante sector de la construcción conformarán el grueso de la economía local. Es en esta coyuntura que se ha ido desarrollando también el sector turístico, que alcanza un papel protagonista cuando la crisis financiera ha retraído completamente la participación pública en la economía, prácticamente ha desaparecido el sector de la construcción, y el empleo en los sectores agrario, ganadero y forestal se mantiene a un nivel muy bajo.

La reciente evolución demográfica de la localidad merece especial atención. Si bien la población ha experimentado un descenso permanente desde hace casi un siglo, se constata en la actualidad un claro cambio de tendencia debido al aporte directo de población foránea, lo cual desmitifica la idea de pequeña comunidad cerrada. En Alájar, según datos del padrón de habitantes (2014), en torno al 35% de la población proviene de fuera del municipio y prácticamente un 10% de sus residentes son extranjeros. Sin este aporte de población externa la evolución demográfica sería muy distinta y, desde el punto de vista cualitativo, su configuración muy diferente. La neoruralidad es un fenómeno tan capital para comprender Alájar como su desarrollo turístico. Alájar es la localidad de su entorno con mayor índice de población extranjera, y mientras en los pueblos de la comarca el origen de esos foráneos es mayoritariamente Rumanía o Portugal, en el caso de Alájar las procedencias principales son Alemania y Reino Unido, lo cual viene a indicar por sí solo un perfil de residentes extranjeros muy distinto.

Una parte importante de la población neorural de Alájar se concentra en El Calabacino, una antigua aldea que quedó despoblada y en estado ruinoso con el éxodo rural de la década de los sesenta. A finales de los años setenta del siglo pasado comenzaron a instalarse en los edificios abandonados jóvenes de muy diversos orígenes que buscaban formas de vida alternativas. Estos asentamientos continuaron hasta que todas las viviendas fueron ocupadas. En la actualidad, El Calabacino conforma un pequeño núcleo, una ecoaldea, sin electricidad ni agua corriente y sin acceso para vehículos a motor. Un elemento central para sus habitantes es la vida comunitaria que se potencia a través de la organización de actividades lúdicas y de cooperación vecinal. El Calabacino se ha convertido en un lugar de referencia a nivel nacional e internacional para el movimiento neorural. La heterogeneidad de sus pobladores es grande, y no solo en relación a su procedencia (nacionalidades), sino también en cuanto a sus dedicaciones y perfiles. Desde los que viven mayoritariamente de sus huertas y de la cría de algunos animales, hasta los que se ocupan en actividades artesanales o artísticas: fabricación de zapatos, espectáculos, bisutería o elaboración de pan… Aunque para todos ellos el cultivo de los huertos es importante como actividad de subsistencia, son muchos los que complementan sus economías con actividades estacionales fuera de la aldea: venta de productos artesanales en mercadillos o actividades musicales.

No todos los neorurales de Alájar se concentran en este núcleo. La saturación de El Calabacino ha llevado a muchos a instalarse en el casco urbano de Alájar y en otras aldeas (El Collao y El Cabezuelo). Y si bien también ellos les conceden una gran importancia al cultivo de la tierra, aprovechan sus conocimientos y aptitudes para dedicarse a actividades ligadas al turismo, como las de guía o las de monitores de diversas actividades (yoga, reiki). Aunque mantienen estrechos lazos con El Calabacino están más integrados en la vida comunitaria del pueblo. Pero, a pesar de ello, para los habitantes “originarios” de Alájar, todos los neorurales reciben el mismo calificativo: hippies. Esta etiqueta es independiente de dónde residan -El Calabacino, El Collao, El Cabezuelo o Alájar- y está ligada tanto a una estética como a la atribución de un estilo de vida.

Estos neorurales no son los únicos forasteros que viven en el pueblo. Otro grupo lo constituirían aquellos que podríamos calificar más genéricamente como amenity migrants (Gosnell y Abrams 2011), individuos y familias que se han instalado en Alájar buscando una mayor calidad de vida, un contacto directo con la naturaleza y unas relaciones más personalizadas, pero sin la estética y la filosofía neorural que los alajeños definirían como hippy. Una parte importante de este colectivo procede de Sevilla y de Huelva, pero también los hay de otras zonas de España y de varios países europeos. Muchos trabajan fuera y pasan temporadas en Alájar, otros hacen teletrabajo y algunos han montado negocios turísticos, casas rurales y pequeños hoteles, con el objetivo principal de poder residir de forma permanente en el pueblo.

A pesar de sus escasos 800 habitantes, Alájar es un contexto de creciente heterogeneidad y polarización social. Su renovación socio-demográfica ha tenido efectos muy variados, como el surgimiento de una sociedad local dual, dividida entre autóctonos y forasteros residentes, o el encarecimiento del suelo urbano consecuencia de una demanda creciente de vivienda. Por eso resulta un lugar idóneo para explorar las vinculaciones entre el desarrollo del TBL y la presencia de forasteros residentes.

La investigación en Alájar (1) responde al modelo de estudio de caso con vocación exploratoria (Poteete y otros 2010, Yin 2009) y su metodología ha sido eminentemente etnográfica. Ambas estrategias parecen especialmente adecuadas atendiendo al carácter del problema teórico abordado y a la dimensión del contexto de estudio. El trabajo de campo se ha desarrollado entre los años 2013 y 2015, de manera intensiva durante tres meses y medio, y el resto del tiempo mediante un seguimiento extensivo. Las principales técnicas utilizadas han sido la observación participante de la vida local y las actividades turísticas, y las entrevistas a los actores y agentes relevantes en el desarrollo del TBL. Adicionalmente se ha analizado la bibliografía disponible sobre distintos aspectos de la localidad (historia, demografía, economía, patrimonio…) y especialmente sobre el desarrollo turístico del conjunto de la comarca. Hemos estudiado la documentación del archivo municipal en torno al turismo y la evolución demográfica. De especial interés ha sido el análisis y seguimiento de la información disponible en internet sobre la oferta turística local, tanto de las distintas empresas e iniciativas como del propio ayuntamiento; este estudio se ha extendido a tres localidades vecinas para apreciar las similitudes y particularidades de Alájar en su contexto.


Turismo en Alájar

El turismo es una actividad que a nivel local adquiere múltiples ramificaciones. Alájar no es una excepción y engloba distintos negocios que directa o indirectamente se reconocen como turísticos.    

Tabla 1. Iniciativas turísticas 2013 (elaboración propia)

En comparación con las localidades circundantes, algunas de las cuales la doblan en población, Alájar presenta un notable desarrollo del sector turístico, y en ello tiene capital importancia la presencia de forasteros residentes (Ruiz-Ballesteros y Cáceres-Feria 2016b). El turismo local tiene un doble perfil: por un lado, las visitas de carácter diario, normalmente los fines de semana, centradas en la oferta gastronómica local; y por otro, las visitas que implican pernoctación y que conllevan mayor número de actividades a realizar en el pueblo o sus alrededores. Como comentamos anteriormente, la gastronomía y el senderismo son los dos productos principales de la oferta turística alajeña. De esta manera el eje central del sector turístico local está compuesto por negocios de alojamiento, restaurantes, guías y producción-venta de productos alimenticios y artesanías locales, a las que habría que sumar toda una serie de actividades informales (alquileres de vivienda, limpieza y mantenimiento de viviendas, trabajos auxiliares, recolección productos silvestres). Todo ello conforma el entramado del turismo a nivel local.

El carácter informal y temporal de muchos de los servicios turísticos hace difícil cuantificar su peso absoluto en la economía local, pero su impacto queda fuera de toda duda ampliándose mucho más allá de los negocios explícitamente turísticos y extendiéndose en forma de empleo, suministros y servicios, a prácticamente todas las actividades económicas del pueblo (agricultura, construcción, ganadería, recolección). El turismo tiene así un efecto marcadamente comunitario sobre la población local y en épocas de crisis, como la actual, juega un papel estratégico en el sostenimiento económico del pueblo. Así es ampliamente reconocido con muy escasas excepciones:

“Hoy Alájar vive de forma casi exclusiva del turismo, antes era de la albañilería” (empleado de hotel y agricultor).

“El turismo es algo fundamental para el pueblo (…). Antes es cierto que todo iba bien, había mucha construcción y el sector público daba mucho empleo, pero ahora que todo eso se ha acabado el turismo es lo único que tiene el pueblo” (alcaldesa).

“Del turismo vive mucha gente en Alájar no sólo los bares (…). Directa o indirectamente el turismo siempre deja dinero: limpiadoras, pintores, carpinteros…” (hostelero).

El efecto del turismo se deja sentir tanto entre la población autóctona de Alájar como entre los forasteros residentes. Incluso, una parte de aquellos neorurales con formas de vida alternativas que aparentemente viven de espaldas a esta actividad, obtienen algunos ingresos a través de la comercialización de productos artesanales y agrícolas, o la oferta de actividades variadas (música, yoga). Pero la aportación para el turismo de este colectivo va más allá. Su presencia en el pueblo le imprime a Alájar un sello propio que sirve para crear un producto turístico diferenciado del resto de localidades del entorno. La nutrida presencia de neorurales, especialmente en la aldea de El Calabacino, es un atractivo más del pueblo como queda patente en el hecho de que esta ecoaldea sea el único elemento destacable de Alájar en la guía Lonely Planet.

Todas las iniciativas turísticas en Alájar tienen carácter familiar; la familia es el contexto empresarial exclusivo y el empleo contratado es un recurso secundario. No hay iniciativas de carácter típicamente empresarial, y solo un par de pequeños alojamientos rurales están regentados por gente que no reside en el pueblo. El turismo genera unos 45 puestos de trabajos directos y permanentes (2013), y al menos otros 40 empleos contratados de carácter parcial o eventual (fines de semana, por ejemplo; o trabajo diario por horas). La presencia de la mujer es muy destacada, aunque inmersa en una estructura familiar que diluye frecuentemente su verdadero protagonismo. La contribución del turismo a la economía local tiene así una notable importancia cuantitativa y cualitativa, además de mostrar una gran capacidad de complementariedad con otras actividades (agricultura, ganadería).

La configuración actual del turismo en Alájar arranca a principios de los noventa, íntimamente vinculada a la declaración de la zona como parque natural. El despegue turístico se apoyará en el surgimiento de establecimientos dedicados a la restauración. Bares y restaurantes locales comenzaron a ofertar comida con productos típicos de la zona a los visitantes que se desplazaban durante los fines de semana y periodos festivos desde las ciudades cercanas. En esos momentos, Alájar no contaba todavía con ningún establecimiento hotelero. En 1994, el ayuntamiento abrirá el que será el primer hotel de la localidad (iniciativa pública local) y en 1996 se inaugura la primera casa rural (iniciativa privada local). Desde entonces y hasta hoy la progresión del turismo será constante, siempre animada por políticas públicas de incentivos y formación, pero protagonizada por residentes. Como muestra cabe señalar que en la actualidad la localidad -de 800 habitantes- oferta unas 150 camas en alojamientos turísticos oficiales (todos pequeños negocios), y otras 150 plazas en viviendas de alquiler.

Los bares, restaurantes y la recolección-cultivo-venta de productos locales (castañas, nueces, hortalizas) han surgido desde la iniciativa de familias autóctonas. Por su parte, y desde finales de los noventa, familias forasteras residentes en la localidad comenzaron a desarrollar la oferta hotelera. Incluso el hotel de propiedad municipal ha sido regentado desde el principio por forasteros residentes. Se forja así una dualidad en el sector turístico local que es su distintivo fundamental. Van surgiendo progresivamente nuevas actividades (guías, por ejemplo) en las que las familias forasteras afianzan su protagonismo, participando también en las iniciativas de restauración o de producción-venta de artesanías. Por su parte, el sector del alquiler de casas está completamente en manos locales (véase tabla 1).

Como puede comprobarse fácilmente, el TBL en Alájar aparece segmentado entre locales y forasteros residentes. Sin la presencia de estos forasteros sería complicado entender la evolución del turismo. Por regla general, las iniciativas locales se han centrado en actividades con las que los alajeños mantienen cierta familiaridad y requieren una inversión limitada (bares, restaurantes o casas para alquilar), mientras que los establecimientos hoteleros han supuesto una inversión importante y unas habilidades y conocimiento más cercanos a las capacidades de los forasteros (conocimiento particular que igualmente requieren otras ocupaciones que se desarrollan mayoritariamente por los forasteros: guías, monitores deportivos o ciertas artesanías).

Una gran aportación de estos forasteros residentes ha sido también la capacidad de conectar la localidad con el exterior. Si los clientes de los primeros bares y restaurantes eran los visitantes habituales del Parque Natural de la Sierra de Aracena, procedentes de ciudades cercanas, la mayor parte de los usuarios de los alojamientos tiene otra procedencia. Los empresarios foráneos han atraído visitantes de lugares más alejados y han abierto nuevos mercados en el exterior, en países como el Reino Unido, Holanda o Alemania (países de los que provienen ellos mismos). Sus contactos con empresas turísticas extranjeras, y sus capacidades para interactuar con las administraciones públicas (promoción, subvenciones), han propiciado la construcción de sólidas redes exteriores a la localidad que difícilmente se hubieran establecido los promotores nativos. Las consecuencias de este proceso sobre la actividad turística local son evidentes. Durante la década de los noventa, la estacionalidad del turismo era muy acusada (otoño) y los visitantes apenas permanecían unas horas en la localidad. Ahora la temporada turística se alarga, los turistas que pernoctan son muchos más y la estacionalidad es menor. La llegada de estos turistas no solo ha tenido repercusión sobre los hoteles sino que también se ha dejado sentir notablemente sobre los establecimientos dedicados a la restauración o la venta de artesanías y productos locales. Los viajeros que pernoctan acuden habitualmente a comer a los bares y restaurantes de la localidad permitiendo que estos puedan subsistir durante todo el año e, incluso, que aparezcan nuevos negocios. De la misma forma, al amparo de estos hoteles han aparecido negocios auxiliares, como guías y empresas dedicadas a actividades turísticas complementarias. Por tanto, estas iniciativas lideradas por forasteros residentes no solo han tenido un efecto cualitativo en torno a la estacionalidad o el tiempo de permanencia en el destino, sino en el crecimiento de los visitantes.

La pluriactividad económica es también un factor diferencial entre locales o forasteros. Mientras estos últimos se dedican de forma casi exclusiva a la gestión de los alojamientos, los locales mantienen una mayor complementariedad de actividades, sobre todo vinculadas a los tradicionales sectores agroganaderos. Para los propietarios de casas de alquiler estas son, en todos los casos, un complemento a sus economías domésticas; por su parte, algunos propietarios de bares y restaurantes mantienen también explotaciones agroganaderas. En relación al empleo cabría señalarse que mientras la restauración (regentada mayoritariamente por locales) propicia puestos de carácter más coyuntural, informal y circunscritos a fines de semana y temporadas, los hoteles (regentados por forasteros) ofrecen por lo general un empleo contratado más estable. En cuanto a los suministros, tienen mayoritariamente un carácter local; no obstante, la presencia de forasteros en el sector turístico ha potenciado aún más esa circunstancia ya que ellos son los que más han acentuado el valor de lo local. De esta forma, las iniciativas de locales y forasteros residentes no solo se complementan, sino que amplifican a distintos niveles el efecto local de la actividad turística.

Tal como hemos señalado, la principal aportación al sector turístico de los forasteros son los establecimientos hoteleros. Sin embargo, no podemos desdeñar su contribución al sector través de una serie de productos y actividades que, si bien con menor peso económico, sirven para enriquecer y diferenciar la imagen turística de Alájar. Paradójicamente cubren la demanda de unos turistas que buscan, además de los paisajes de la Sierra, la autenticidad de sus pueblos. Así, varios hoteles en su afán de prolongar la estancia de los turistas, proponen a sus clientes actividades como senderismo, recolección de setas o avistamiento de aves, para lo que contratan como guías principalmente a forasteros residentes, aprovechando tanto su conocimiento de la zona como el dominio del inglés o el alemán. La proliferación entre los neorurales de prácticas “alternativas” como masajes, yoga, reiki o meditación también se convierte en un recurso turístico. Algunos hoteleros utilizan a estos forasteros como monitores. Pero no son únicamente los empresarios foráneos los que aprovechan este potencial; hosteleros locales, dueños de bares y restaurantes, puntualmente, contratan a músicos entre los neoruales para que amenicen sus locales. Algunos hoteles ofrecen a sus clientes productos ecológicos o artesanales que provienen específicamente de El Calabacino: pan moreno, nueces u hortalizas. La producción y venta local de artesanía de alta calidad (zapatería, bisutería…) también obedece a la iniciativa forastera, como asimismo actividades culturales, visitas guiadas y espectáculos que cubren una muy variada oferta, incluyendo mercadillos de artesanía y productos alimentarios locales.

El hecho de ser un pueblo elegido para vivir por tantos neorurales imprime curiosamente una marca de autenticidad a los ojos de los turistas. Muchos de los visitantes están tan interesados en subir a la Peña de Arias Montano (donde se encuentra un conocido santuario mariano) como en conocer la ecoaldea de El Calabacino: ambas resultan igualmente exóticas. Todo lo que gira en torno a los hippies despierta una gran curiosidad. Los turistas no solo visitarán las huertas tradicionales de la localidad sino que algunos se interesan por conocer cómo son los huertos de permacultura que tienen estos neorurales, y en general cómo es su vida alternativa.

 

Forasteros: amenity migrants y neorurales

Frente a los amenity migrants que quedan definidos por el mero hecho de ser forasteros residentes, los neorurales se distinguen de forma más precisa por integrarse en sectores poco convencionales (artistas, músicos, artesanos) en los que trabajan de manera autónoma, con gran flexibilidad de horario y calendario, y dedicarse a la agricultura de subsistencia con una inclinación militante. La estética alternativa, hippy, es un elemento claramente diferenciador de este colectivo, así como una forma de entender la relación con la naturaleza que les lleva a contestar el modo “tradicional” de explotar el medio (caza, agricultura convencional, ganadería). El rechazo a la religión católica y la búsqueda de nuevas formas de espiritualidades será otro de sus rasgos característicos.

La práctica totalidad de las aproximadamente 15 familias forasteras que se dedican al turismo como actividad principal en Alájar (regentando pequeños hoteles y casas rurales, como guías, artesanos, restauradores…) no tenían experiencia previa en el sector turístico. La mitad de ellas incluyen extranjeros. Casi todas llegaron al pueblo a partir de los noventa con el objetivo primero de instalarse en él y, posteriormente, o al hilo de construir sus casas, intuyeron en el turismo una actividad que les facilitaría vivir en el pueblo en concordancia con sus expectativas como amenity migrants. Rara vez hablan de sus hoteles, sino más bien de sus “casas” ya que tienen todas un doble uso y eligieron el sitio más pensando en habitarlo que en convertirlo en negocio. Sus actividades implican una forma de vida, de habitar el entorno de acuerdo con un habitus posmaterialista:

“Me gusta dedicarme al turismo rural, preparar la casa para el que viene, hablar con los huéspedes. Yo he hecho amigos entre mis clientes, de incluso llegar a ir a sus casas o de quedar juntos para celebrar navidades. Me gustan las relaciones con ellos” (dueño de alojamiento rural).

“Cuando voy con mis turistas a veces los traigo a casa a que vean nuestro huerto, les encanta y se quedan maravillados” (guía turístico).

“Llegué por primera vez y vi que esta era mi casa (…). Mi satisfacción es compartirla con los huéspedes, ofrecerles el sitio en el que vivo y que se sientan bien aquí” (propietaria de hotel).

Para otros dedicarse a una actividad turística (guía, artesanía) es una estrategia complementaria que les permite practicar una economía de autosuficiencia desde una perspectiva neorural, o simplemente habitar un entorno natural. Cuando reconstruyen la historia que los ha traído hasta Alájar, el beneficio, la rentabilidad o lo económico, rara vez son un argumento. Para todos ellos vivir en el pueblo es una elección, una apuesta de vida; y el negocio turístico es el medio para facilitar ese fin. De la vida en Alájar aprecian fundamentalmente el tenor de las relaciones sociales (vecindad, amistad): confiesan abiertamente que valoran ser saludados por la calle por su nombre. Provienen de ámbitos urbanos marcados por el anonimato y precisamente la ruralidad les atrae por esa personalización de las relaciones sociales. En estas familias, aunque muy diferentes entre sí, se repite una visión limitada de la actividad económica: “no pretendo ganar dinero con esto [turismo], solo quiero que me permita vivir aquí”. Sin duda se trata de una actitud que matiza sustancialmente la manera de participar en la actividad turística, máxime en una localidad con un flujo de visitantes limitado y donde los umbrales de rentabilidad económica son, por tanto, restringidos.

Estas particularidades, como ya hemos apuntado, no son exclusivas de los forasteros que participan del turismo. En el pueblo hallamos un colectivo bastante numeroso de neorurales que combinan la agricultura con labores artísticas (actores, músicos, artesanos), son provenientes de los lugares más dispares del mundo y han confluido por diferentes razones en este punto de la serranía andaluza. A pesar de la diversidad interna de estos nuevos residentes en cuanto a edad, procedencia, formación, todos tienen en común el haber apostado por una vida alejada del ajetreo urbano que busca el contacto directo con el entorno rural y el acercamiento a una determinada ensoñación de naturaleza. Pero tras esta coincidencia encontramos trayectorias vitales y expectativas muy distintas que se reflejan también entre los empresarios turísticos forasteros. Unos han llegado en el inicio de su vida laboral, otros rompiendo drásticamente con las ocupaciones que ya tenían y aun otros cuando ya se han jubilado. Unos vienen atraídos por el entorno como contexto ideal para la procreación y educación de los hijos, otros como ámbito para ensayar la autosuficiencia alimentaria, el cultivo y la inserción en un entorno natural, otros como espacio privilegiado de creación artística. Más de un 20% del total de la población local responde a este perfil, y de ellos un tercio participa del sector turístico; por tanto, su importancia no es baladí. Además, en una economía de subsistencia como las que tienen muchos, el aporte del turismo es un recurso importante.

Como hemos señalado en la presentación del caso de estudio, este fenómeno hace que la sociedad local esté adquiriendo un acusado carácter dual. Estos forasteros residentes son personas de un perfil bien distinto al que encontramos entre los que habitan el pueblo “de siempre”, sus ocupaciones son divergentes, hay escasa integración a nivel simbólico, y los conflictos emergen potencialmente como consecuencia de cosmovisiones muy distintas que sirven de base a una sociedad local heterogénea y polarizada. Por todo eso, precisamente, la participación conjunta de forasteros y locales en la actividad turística tiene una dimensión capital.

 

Forasteros y locales en el turismo

En teoría, la acusada segmentación entre locales y forasteros en el sector turístico debería suponer una dificultad estructural para el desarrollo del TBL, ya que entorpece la generación de un producto común y bloquea el sentido comunitario de la actividad turística. Un sector caracterizado por iniciativas de naturaleza individual-familiar, y segmentado entre locales y forasteros, no alcanzará dimensión realmente comunitaria si no desarrolla una articulación interna suficientemente sólida (Iorio y Corsale 2014).

Sin embargo, el análisis de las relaciones entre los negocios turísticos en Alájar nos muestra un alto grado de vinculación interna. Estos lazos están íntimamente relacionados con las características específicas de las propias actividades turísticas y de la vida en el pueblo.

La complementariedad es especialmente evidente entre los alojamientos y la restauración. Los hoteleros están interesados en prolongar al máximo la estancia de sus clientes en la localidad. Para ello necesitan ofertar actividades y, sobre todo, dada la importancia de la gastronomía en el producto turístico local, ofrecer una amplia gama de lugares donde los turistas puedan degustar los productos locales durante su estadía. Este hecho favorece que los propietarios de los alojamientos promocionen entre sus clientes los bares y restaurantes locales, llegando en ocasiones a acuerdos concretos con estos establecimientos. Por los mismos motivos se establecen vínculos con tiendas, guías y otros servicios complementarios. Si bien todos estos lazos se explican por la complementariedad de las actividades, se dan también relaciones análogas entre promotores dedicados a una misma actividad. Los alojamientos en Alájar son familiares y pequeños, con frecuencia no tienen capacidad suficiente para alojar a sus clientes y se ven obligados a cooperar con otros hoteles. Aunque no existe una estructura formal para encarar estas necesidades de cooperación, hemos comprobado cómo se solventan, de manera muy efectiva, informalmente, a partir de contactos personales.

Evidentemente no todo es cooperación. En las relaciones entre negocios turísticos locales existe también un alto grado de competencia. La rivalidad se aprecia menos en los negocios dedicados al alojamiento: sus perfiles no son coincidentes sino muy diversos en cuanto a precios y carácter de los hoteles. Es cierto que hay ciertas quejas sobre el alquiler ilegal de casas (todas ellas propiedad de locales) por considerarlas una competencia desleal. Pero no se trata de un hecho generalizado, ya que estas viviendas van destinadas a visitantes con un perfil muy diferente al que se aloja en los establecimientos hoteleros, evidenciándose más una complementariedad en la oferta que competencia como tal. En cambio, en el sector de la restauración la rivalidad es mayor, especialmente en temporada baja cuando los visitantes son escasos. Sin embargo, esto no puede hacernos creer que no existen también formas de colaboración mutua a partir de las relaciones personales que articulan a los habitantes locales. Así, paradójicamente, el mayor grado de cooperación dentro del sector se produce precisamente entre forasteros y locales. Pero estas relaciones de complementariedad y de competencia no explican por sí solas la articulación de los negocios turísticos a nivel local. Para comprenderla hay que prestar atención al funcionamiento comunitario de manera más general.

Alájar es una población pequeña donde las relaciones son muy estrechas y en las que la reciprocidad como práctica cotidiana juega un papel importante a todos los niveles. En este pequeño universo social los lazos de parentesco, amistad y vecindad se superponen a las relaciones mercantiles de complementariedad y competencia; y todo ello afecta notablemente a un sector turístico local compuesto tanto por locales como por forasteros, que funcionan como empleadores y empleados, y como empresarios de distintos subsectores (hoteleros, restauradores, otros servicios). En estas circunstancias, las redes sociales locales se complejizan profundamente.

Las relaciones personales entre los dueños de los negocios turísticos son fundamentales para entender esta vertebración. Un primer nivel de vinculación “racional” (complementariedad-competencia económica) se expresa con nitidez, pero no lo es menos la emergencia de otras “racionalidades” más comunitarias que no podemos obviar. Unas y otras se alimentan recursivamente. Estos empresarios aprovechan su capacidad económica, y de atracción de turistas, para posicionarse en el sector a nivel local; pero este no es el único recurso que tienen para hacerlo. Son fundamentales los vínculos personales que establecen con otros individuos de la sociedad local, su participación en actividades colectivas y su presencia en los espacios de sociabilidad local. La actividad turística no está aislada de la vida cotidiana, sino que forma parte integrante de esta. Enviar clientes a otro negocio, recomendar un establecimiento vecino, llegar a acuerdos de colaboración mutua, son prácticas insertas en el funcionamiento económico pero que, en una localidad como Alájar, solo pueden entenderse como resultado de prácticas cotidianas que van más allá de la esfera económica, de sistemas de intercambio que tienen otra lógica distinta a la mercantil. Estamos refiriéndonos a relaciones inmersas en los sistemas de reciprocidad, en el don y el contradón, que articulan gran parte de la interacción social en un pueblo como este: obsequios, regalos y favores, participación en fiestas o en celebraciones privadas, intercambio recíproco de bienes y servicios, las propias redes de amistad, la vecindad… Toda una fábrica informal que engrasa los vínculos comunitarios, que en Alájar es muy relevante, y por la que muchos forasteros se sienten especialmente atraídos: “Mi hija es muy buena amiga de la hija de N [alajeño, vendedor de productos locales]. Ellas están en la escuela juntas y se pasan todo el día juntas, ya sea en mi casa o la suya” (forastero, propietario de hotel).

No obstante, existen trazas de una articulación mucho más explícita a nivel de los propios negocios turísticos:

“Con el del bar de al lado es como si fuésemos familia, nos prestamos cosas, nos ponemos de acuerdo para fijar los precios y no nos importa que los clientes se sienten en la terraza de uno u otro. El de P [hotel] me ha traducido la carta al inglés. El de F [hotel] me manda gente a comer. En general con todos los hosteleros las relaciones son buenas. Hemos tenido al hijo del bar de al lado trabajando mientras estuvo cerrado por obras. Nos prestamos unos a otros todo lo que nos hace falta” (local, propietario de bar).

“Yo tengo una guía propia donde recomiendo ir a comer en el pueblo, yo quito y pongo sitios sin problemas. Como yo soy pionero sí suelo mandar gente a dormir a otros sitios cuando estoy lleno y me preguntan, por ejemplo a M [alojamiento local] le mando mucho, cuando empezó a él no lo conocía nadie. Al M [hotel, propietario forastero] también le mando gente” (forastero, propietario de hotel).

[Sobre los que tienen casas rurales] “Es un círculo donde todos tenemos los teléfonos de todos. En un papel tenemos los teléfonos de todos y se los pasan unos a otros. Por ejemplo de JL y P [forasteros], PA y algunos particulares [locales], F [forastero]…, y ellos le dan el mío” (local, propietario de alojamiento).

El estudio de esta trama de relaciones comerciales y recíprocas nos indica que, a pesar de la segmentación locales-forasteros, el sector turístico está articulado y que en esa articulación los forasteros juegan un papel capital. Paradójicamente este sistema de vertebración, si bien sólido, no está formalizado en absoluto. Los miembros del sector, sobre todo los forasteros, son conscientes de la importancia del desarrollo de un producto turístico local integrado, pero a pesar del nivel de vinculación que hemos comprobado no existe una asociación de empresarios turísticos y una iniciativa para crearla ha fracasado recientemente (2013). Los integrantes del sector han desconfiado de la formalización y del liderazgo del ayuntamiento (promotor de la iniciativa), prefiriendo un modelo informal pero efectivo: autónomo de los poderes públicos y libre de intereses más particulares. Deducir que la incapacidad para crear una asociación implica falta de articulación, desconociendo las redes que informalmente conectan al sector, implicaría obviar los resortes básicos del funcionamiento colectivo.

 

Reflexiones al hilo de Alájar

Los forasteros residentes que participan en el CBT en Alájar desempeñan un papel estratégico en su desarrollo. Varios son los factores que lo explican. En primer lugar, resulta evidente su papel en la ampliación y consolidación del sector turístico local. El protagonismo de los amenity migrants en el desarrollo de la oferta hotelera, campo prioritario de su participación en el CBT, ha supuesto el crecimiento del turismo local más allá del campo de la restauración y ha contribuido a disminuir sustancialmente su acusada estacionalidad. Igualmente, la presencia de neorurales, proporcionando una serie de productos y actividades particulares, ha contribuido a enriquecer y diferenciar la imagen turística de Alájar dentro de la comarca.

En segundo lugar, los negocios regentados por forasteros suponen una fuente de empleo exclusivamente local y han propiciado el desarrollo de nuevas actividades (guías, venta y producción artesanías, actividades auxiliares). Sus suministros son básicamente locales, la oferta de productos locales es una estrategia capital de sus negocios. Con todo ello expanden localmente el efecto de la actividad turística en la que participan.

En tercer lugar, los forasteros tienen un protagonismo muy relevante en las redes que articulan el sector turístico (Ruiz-Ballesteros y Cáceres-Feria 2016b). Los promotores turísticos forasteros mantienen y alimentan intensos contactos con los demás actores turísticos tanto foráneos como locales, estableciendo de facto alianzas y estrategias para la promoción conjunta de los negocios, cuestión de indudable interés común. Igualmente lideran también la conexión del sector turístico local con el mercado externo y las instituciones públicas. Sus contactos externos son fundamentales para la atracción de visitantes extranjeros, de lo que se beneficia el conjunto de los negocios turísticos locales.

Pero más allá del propio ámbito del TBL, no podemos obviar que estos mismos factores tienen un efecto fundamental en el acercamiento del mundo local y forastero a nivel comunitario. Los empresarios turísticos locales aprecian de manera general a estos forasteros que han dinamizado el sector turístico, abriéndoles nuevos horizontes de mercado y aumentando sus clientes. Asimismo, no podemos obviar que los locales valoran en muchos de ellos la laboriosidad, la “formalidad”, la amabilidad, la profesionalidad y otros valores clave desde el punto de vista local, muy vinculados al mundo del trabajo. Con ello se propicia su integración en el imaginario local de manera muy diferente a la de otros forasteros tipo neorural, cuya vida y actividades son más difícilmente asimilables para los locales. Así, por su papel protagonista en el TBL, ciertos forasteros se han convertido en un vector de integración del conjunto de forasteros en la sociedad local, ya que su ejemplo rige como factor de acercamiento entre esos dos mundos tan dispares. Este efecto se potencia aún más cuando una parte sustancial de ellos participa activamente en algunas asociaciones locales, y todos frecuentan los principales espacios de sociabilidad del pueblo.

En una sociedad como la alajeña resulta en la actualidad muy difícil generar espacios para la acción colectiva entre locales y forasteros; y sin embargo, nuestro análisis del TBL nos lo revela como un espacio de articulación efectiva entre estos dos grupos tan heterogéneos: un contexto en el que establecer comunicación y hacer cosas juntos. En este sentido, puede afirmarse que el TBL en Alájar ejerce potencialmente un papel catalizador de acción colectiva y como tal es generador de comunidad (Ruiz-Ballesteros 2012 y 2015, Ruiz-Ballesteros y Cáceres-Feria 2016b). En una localidad tan segmentada y polarizada este fenómeno es de capital importancia para la cohesión social: actúa como vía de integración. Por tanto, la participación de los forasteros residentes en el TBL de Alájar no parece invalidar su carácter comunitario, sino más bien lo contrario. Asimismo, resulta evidente que obviar analíticamente la presencia de estos forasteros nos impediría comprender cabalmente el desarrollo del TBL en la localidad.

En este mundo interconectado y heterogéneo, la presencia de forasteros residentes es un hecho cada vez más habitual en los ámbitos rurales. Nuestro caso de estudio -muy particular pero al mismo tiempo significativo- ha ilustrado el papel potencial de estos en el desarrollo del TBL. Junto a la necesidad de intervención externa (Zapata y otros 2011, Giampiccoli y Mtapuri 2014, Mtapuri y Giampiccoli 2013, Ruiz y otros 2008) o la presencia de autóctonos cosmopolitas (Iorio y Wall 2012), los forasteros residentes (amenity migrants o neorurales) son otro factor potencial más a tener en cuenta para comprender el desarrollo del TBL. En nuestro caso de estudio, el forastero es un actor que no genera dependencia externa sino que refuerza precisamente la dimensión local del turismo a diferentes niveles. Pero sin duda, en otros casos, el efecto de su participación en el TBL podría ser bien distinto. Dilucidarlo depende principalmente del análisis de su papel en las relaciones que se generan alrededor de la actividad turística, tanto hacia el interior de la sociedad local como al exterior de la misma. El análisis de estas relaciones, interacciones y redes resulta muy relevante para comprender el sentido general del TBL y del papel particular que podrían jugar los forasteros residentes en su desarrollo. Este estudio es solo un primer paso exploratorio que debe continuarse con una mayor perspectiva longitudinal y a través de análisis comparativos que permitan avanzar en sus consideraciones teóricas.

 


Notas

1. Esta investigación ha sido financiada a través del proyecto “Retóricas de la naturaleza y turismo de base local: estrategias de sostenibilidad (CSO2012-33044, MINECO).


 

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