Gazeta de Antropología, 2020, 36 (1), artículo 03 · http://hdl.handle.net/10481/63253 Versión HTML
Recibido 4 junio 2020    |    Aceptado 24 junio 2020    |    Publicado 2020-06
La uva de Almería. Un cultivo comercial que construyó un paisaje agrario en la montaña mediterránea (siglos XIX y XX)
The Almería grapes. A commercial crop that built an agrarian landscape in the Mediterranean mountains (19th and 20th centuries)





RESUMEN
Durante los siglos XIX y XX se produjo en la provincia de Almería el cultivo y la comercialización de un tipo de uva de mesa que, por sus características ampelográficas, era idónea para soportar viajes de larga duración hacia mercados lejanos. Su expansión y consolidación supuso un cambio en muchas zonas que abandonaron los tradicionales cultivos de subsistencia para desarrollar un cultivo comercial que entrañó la transformación del paisaje agrario. La impronta de las parcelas de parrales, escalonadas en las pendientes de algunos valles, sostenidas por el uso de los balates (muros de piedra seca), ha quedado como un legado espectacular. Esta producción requería el empleo de inputs industriales y la especialización laboral en tareas relacionadas con el ciclo productivo y comercial. Junto a la minería y al esparto, este cultivo marcó la historia económica de la provincia.

ABSTRACT
During the 19th and 20th centuries, the cultivation and dissemination of a type of table grape, which due to its ampelographic characteristics was suitable to withstand long-term trips to distant markets, occurred in the province of Almería. Its expansion and consolidation meant a change in many areas that abandoned subsistence traditional crops to develop a commercial one that entailed the transformation of the agrarian landscape. The imprint of the vineyard plots, staggered on the slopes of some valleys, sustained by the use of balates (dry stone walls), has left a spectacular legacy. This production required the use of industrial inputs and specialized labor in tasks related to the productive and commercial cycle. Alongside with mining and esparto, this crop starred the economic history of this province.

PALABRAS CLAVE
historia económica | historia agraria | paisaje agrario | piedra seca | cultivo comercial | uva de Almería
KEYWORDS
economic history | agrarian history | agrarian landscape | dry stone | commercial cultivation | Almería grapes


1. Introducción: siglo y medio del cultivo del parral

Desde el segundo tercio del siglo XIX comienza a expandirse por la provincia de Almería el cultivo de una variedad de uva que será designada como de Almería, de Ohanesde embarque o de barco. De todas estas formas se llamó a un tipo de uva blanca de mesa que debido a que tenía un hollejo grueso, pulpa carnosa y dura, tenía la peculiaridad de poder soportar varios meses fresca desde su recolección y, por ello, era susceptible de ser comercializada y enviada a destinos lejanos (generalmente por vía marítima hasta mediados del siglo XX) y llegar en buen estado a las mesas de los consumidores finales (Rueda 1932, Bosque 1960, Puyol 1975).

Nos encontramos por tanto ante un cultivo tradicional con una vocación netamente comercial, que precisaba una gran cantidad de mano de obra en determinados momentos del ciclo y que con el paso de las décadas adquirió tal peso en la agricultura provincial que llegó a ser una fuente de ingresos fundamental para las familias que lo cultivaban en particular y para el conjunto provincial en general (Sánchez 1992).

Tuvo su primera etapa de auge en el contexto de la primera globalización hasta que la crisis de la filoxera a finales del siglo XIX sacudió los cultivos. Tras su recuperación usando pies de parra americanos el cultivo continuó su desarrollo con gran vigor tanto en expansión por el territorio, como con la articulación de canales de comercialización desde la producción y hasta el consumidor final, hasta tal punto que la dificultad con la que tendrían que lidiar desde finales del siglo XIX fue con el llamado problema uvero (Sánchez 1992), esto es, un exceso de oferta reiterado que dificultaba la salida de género a precios remuneradores que se convertiría en un situación crónica, foco de problemas campaña tras campaña y que no pudo ser solventada pese a los intentos de promover iniciativas que agruparan los interesen del sector (Marzo 2006).

A estos problemas desde el lado de la oferta, vino a unirse un problema de demanda, pues con el inicio de la Primera Guerra Mundial, muchos mercados receptores de este producto, restringieron sus compras por la situación bélica que se atravesaba. Con la llegada de los años veinte, el cierre del mercado americano a este producto vino a seguir ahondando los problemas que se atravesaban (Sánchez 1992). Más tarde aún, la crisis derivada del crac de 1929 sumió al sector en una deriva en la que se tocaría fondo tras la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.  

La recuperación tras estos acontecimientos fue lenta ya que el nuevo régimen político instaurado en España acarreó un periodo autárquico en el que el sector tenía que reorganizarse al amparo de un marco institucional diferente, el marcado desde el gobierno central articulado a través del Sindicato Vertical  y, además, reconstruirse tras los daños y deterioros lógicos acaecidos durante el tiempo que duró la contienda española. Además, pasaron a estar también bajo la supervisión de las organizaciones al servicio del Estado el consumo de los inputs que se requerían para su cultivo y el proceso de comercialización (Cazorla 1999).  

Una vez normalizada la situación a partir de la década de los cincuenta, con la reactivación de los flujos comerciales de este producto hacia el extranjero, se empezó a producir en la provincia de Almería también el desarrollo de la agricultura intensiva de productos hortícolas. Junto a esta circunstancia, se añadió la progresiva mejora en los sistemas de transporte (acortamiento de los tiempos y generalización de las cámaras frigoríficas), el aumento de competencia e, íntimamente relacionado, el cambio de gustos de los consumidores hacia uvas de otras características organolépticas y junto a la incapacidad para reconvertir el sector ante estos acontecimientos, todo ello terminó por abocarlo hacia su decadencia y desaparición, llegándose a conceder ayudas en su etapa final orientadas a su sustitución por otros cultivos. Ante esta situación, el coste de oportunidad de mantener el cultivo del parral en relación a otras alternativas, como el arranque o la sustitución por otras producciones agrícolas de mayor rentabilidad y posibles dadas las condiciones climáticas de cada zona, fue aumentando hasta resultar inasumible.

La importancia de este cultivo comercial fue fundamental en la provincia pues, de una parte, fue desde el último cuarto del siglo XIX hasta la década de 1970, esto es, durante más de un siglo, uno de los pilares económicos de Almería; de otro, como cultivo comercial orientado hacia los mercados exteriores, supuso el nexo entre los cultivos tradicionales y el actual modelo agrícola intensivo; y, finalmente, las necesidades de adecuación del territorio para su cultivo y la importante dedicación de recursos (tanto humanos como materiales) durante los casi dos siglos en que se desarrolló, dejaron una profunda huella en el paisaje y vidas de los habitantes de las zonas parraleras.

Las fuentes de información sobre el tema las encontramos ya publicadas en la bibliografía sobre el tema (mayoritariamente centradas en el estudio de la época anterior a la Guerra Civil española) y, también, están disponibles más datos y documentación en archivos históricos.

La metodología que se emplea en la presente investigación es la adecuada para el análisis de la información objeto de análisis: investigación histórico-económica con enfoque holístico y tratamiento estadístico de los datos recopilados, principalmente.

 

2. Caracterización del parral de uva de Ohanes

El parral de uva de mesa constituye un ejemplo de cultivo comercial; esto es, no estaba orientado hacia la satisfacción de la demanda local, sino dirigido a abastecer la demanda internacional mediante su exportación desde los momentos iniciales (hacia 1830). Al mismo tiempo, era un cultivo intensivo en mano de obra, continuación de la tradición del campesinado de montaña mediterránea, por lo que se adaptaba a la estructura de propiedad minifundista que caracterizaba la sociedad de la zona de sus orígenes y aprovechaba la gran abundancia de mano de obra disponible en las montañas mediterráneas en la sociedad tradicional anterior al proceso de modernización. Este cultivo es una verdadera producción de transición por lo que consta de rasgos modernos y tradicionales a la vez. Lo moderno es la apuesta por un cultivo especializado y de mercado que además va a transformar de manera intensa el paisaje y que requiere una logística muy avanzada para su distribución por el mercado internacional (vapores fruteros). De tradicional tuvo que supo crecer y desarrollarse aprovechándose de los recursos de las comunidades rurales mediterráneas (los cultivadores de las explotaciones familiares minifundistas).

2.1. El cultivo, el entorno, y su extensión territorial

El origen del cultivo de esta variedad de uva lo encontramos a principios del XIX a caballo entre los términos de Rágol y Ohanes, diversos autores a lo largo del tiempo (Ramón y Vidal 1902, Rueda 1932, Bosque 1960 y Puyol 1975), han localizado las primeras plantaciones del fruto en los márgenes del río Andarax antes de comenzar su expansión décadas después a los pueblos de la misma zona y con posterioridad también a otras comarcas de la provincia.

Las condiciones edafológicas de buena parte del territorio provincial con alta radiación, temperatura media elevada, humedad relativa, escasa pluviometría, intensa evaporación (Puyol 1975) favorecían este tipo de cultivo y por ello su expansión fue cuestión de tiempo a partir de que se conocieran las buenas perspectivas comerciales que se abrían para el mismo. Las principales zonas de la provincia de Almería por las que se cultivó fueron: los valles alto y medio del río Andarax, la vertiente meridional de la Sierra de Gádor, el valle del Almanzora y la comarca del río Nacimiento (Sáenz 1977). En la imagen 1 vemos como para 1922-1928 el parral se había extendido ya por todas las zonas mencionadas, aunque con desigual intensidad. Posteriormente, en 1954 se puede ver el reajuste que se produjo en las siguientes décadas con una menor presencia en territorios como los del bajo Almanzora, compensada por la conquista de posiciones en municipios de la cabecera alta del mismo río.

Imagen 1: Parrales en la provincia de Almería hacia 1922-1928 y en 1954.
Fuente: coloreado a partir de Bosque 1960.

Las grandes áreas productoras estarían primero en el Andarax medio (Canjáyar, Ohanes, Alhama), pero tras la lucha contra la filoxera, el cultivo se extendió hacia el suroeste de la provincia, encontrado en las amplias vegas de Berja y Dalías la zona de preferente localización.

Fue la tradición oral lo que se recogía en los primeros y más antiguos textos donde se hacía mención a los orígenes del fruto y a su comercialización (Alonso 2006) dándose por bueno lo que se iba contando en la zona sobre el surgimiento de esta variedad como consecuencia de una hibridación espontánea entre dos tipos que se cultivaban en la zona: viñedos de uva de Jaén (dedicados a la elaboración de vino y cultivados a lo largo del valle del Andarax) y la uva de colgar de Rágol (Rueda 1932). Surgió así un fruto descrito como uvas oblongas y blancas, crujientes, con el  hollejo grueso, muy sabrosas, con pepitas y tardías (Rojas 1807). Será uno de estos rasgos, su hollejo grueso, el que resulte trascendental para que el fruto aguantara en buenas condiciones durante incluso meses desde el momento de su recolección y le hiciera ganar su fama en aquellos momentos.

2.2. El paisaje del parral: los bancales de piedra seca

El cultivo del parral en una orografía como la almeriense, poblada de montañas y sierras en buena parte de su territorio, requirió el empleo de técnicas como la de la piedra seca con el fin de habilitar superficie de cultivo en aquellos territorios de laderas inclinadas donde no era posible cultivar parrales tal y como se presentaba el terreno. Estas modificaciones realizadas por el hombre dieron lugar a un paisaje característico en las zonas parraleras de montaña: un aterrazamiento que ascendía por la ladera cubierto del verdor propio de las hojas de la parra durante la primavera y el verano.

Fue en 1972 cuando la UNESCO creó un instrumento internacional para proteger y conservar el patrimonio natural y cultural (Centro del Patrimonio Mundial de la UNESCO 2005). Responde a sus requerimientos como paisaje cultural en la provincia de Almería el municipio de Ohanes, especialmente la zona del barranco del río Chico, que ha conservado en sus laderas la infraestructura que dio soporte a las plantaciones (Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico 2006).

Asimismo, más recientemente, en 2018, la UNESCO inscribió en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad los muros en piedra seca de varios países europeos, entre los que figuraba España (UNESCO 2018).

Es por tanto este doble motivo el que nos lleva a poner el acento en estos territorios de la provincia de Almería como ejemplo de paisaje singular; la citada zona constituye un inmejorable ejemplo tanto de paisaje cultural en general, como de uso de balates de piedra seca en particular.

2.2.1. La construcción en piedra seca para los parrales de Almería

En concreto, los parrales se expandieron por el territorio provincial almeriense a lo largo del tiempo desde su localización originaria, en la media montaña de la zona de los pueblos de Ohanes y Rágol (en torno a los 800 metros de altitud sobre el nivel del mar en las estribaciones de Sierra Nevada), hasta ocupar extensiones prácticamente a nivel del mar; aunque “su óptimo vegetativo se da entre las curvas de nivel de 500 a 800 metros” (Bosque 1960: 7). Es por ello que, debido a que la localización de estas altitudes óptimas para el cultivo venía a coincidir en la provincia con terreno montañoso, surgiera la necesidad de habilitar las laderas de manera que se pudieran hacer las plantaciones recurriendo al empleo de la piedra seca para contener los aterrazamientos que se practicaban.

Esta primera etapa de preparación del terreno en las laderas causaba un gran impacto en el espacio donde se iba a proceder a plantar. Comenzaba con la construcción de pedrizas o balates, ya se localizasen en los márgenes de ríos o ramblas, en llanos altos, o en laderas con pendiente. Se conoce que el agricultor comenzaba la labor teniendo que crear el propio suelo rompiendo “el roquedo con dinamita, sobre todo cuando se trata de lastral o travertino, que aflora muy frecuentemente; después ha lavado la tierra para disminuir el salitre (…); finalmente ha construido unos muretes de piedra y tierra, a fin de abancalar las laderas, haciendo surgir un viñedo escalonado en suave pendiente” (Bosque 1960: 10). Si la pendiente de la ladera era muy marcada, los bancales allí creados eran “estrechos, no teniendo más de dos filas de plantas, y a veces solo una” (Rueda 1932: 71). Este trabajo constituyó un esfuerzo titánico por parte del campesinado que con escasísimos medios y gran esfuerzo consiguieron poner en producción tierras que hasta ese momento no lo eran (Lucas 1924). Después de la adecuación del terreno, cobraba importancia el desfondarlos, nivelarlos y abonarlos para proceder a plantarlos (Ramón y Vidal 1902); hasta la instalación de la estructura en la que tendrían que desarrollarse las parras de forma que la cubierta vegetal fuera proveedora de sombra para el fruto durante los meses del verano.

A la vista de la evolución de la superficie de parral en el municipio de Ohanes (Sánchez 1992: 330), se puede observar como pasó de ser esta de 26 hectáreas en 1885 a 143 en 1889. Esto nos lleva a pensar que coincidiendo aquellos años con los de gran auge en la expansión del cultivo en esa zona y dado el escarpado relieve del municipio, ésta pudo realizarse debido a los trabajos de aterrazamiento de las laderas antes descritos y visibles en las imágenes 2 y 3.

Otro de los desafíos que presentaba esta puesta en cultivo de nuevos terrenos era la necesidad de dotarlos de sistemas de riego. Estos podían alcanzar grandes alturas remontando los cursos de agua o ascendiendo hasta la cima de las montañas donde se elevaba el agua artificialmente, siendo así como la hidráulica tradicional, aprovechando los acuíferos superficiales disponibles, abasteció a estos regadíos de montaña y dando lugar a un aumento de las sociedades hidráulicas para su gestión (Bosque 1960, Sánchez 1997).

Imagen 2: Vista general del pueblo de Ohanes y del barranco del río Chico en cuya ladera se realizaron abancalamientos de piedra seca para el cultivo de los parrales, ejemplo de paisaje parralero en la provincia de Almería. En la parte superior también se observa encinar autóctono. Fuente: fotografía cedida por Francisco Javier Martínez Rodríguez.

 

Imagen 3: Ladera de pronunciada pendiente con abancalamientos.
Fuente: fotografía cedida por Francisco Javier Martínez Rodríguez.

En la actualidad, como podemos apreciar en las imágenes 2, 3 y 5, la zona conserva los elementos paisajísticos que se han descrito, aunque con usos diferentes o en abandono. En la imagen 2 tenemos una visión general del pueblo de Ohanes con encinar tradicional que aún perdura en la parte alta bordeando la población y el ya explicado abancalamiento efectuado en la ladera del río Chico y que otrora estaba destinado al parral. También se conservan algunos parrales, pero en general se ha procedido a ocupar algunos de esos bancales con otros cultivos (como olivos) al mismo tiempo que están siendo ocupados por ejemplares de celtis australis (conocidos con el nombre de almeces en la zona). También pueden verse (imágenes 2 y 3) algunas zonas donde han surgido bosquetes de ribera.

Imagen 4: El pueblo de Ohanes al fondo y muro de piedra seca sobre el que aún pueden observarse restos de alambres de las estructuras parraleras.
Fuente: fotografía cedida por Francisco Javier Martínez Rodríguez.

 

Imagen 5: Balates en Ohanes con cultivo de parrales en las paratas.
Fuente: Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (2016).

 

2.3. Un cultivo comercial especializado para la exportación

El surgimiento y desarrollo de la agricultura del parral supuso la principal novedad en el campo almeriense del siglo XIX. Dio lugar a una auténtica revolución agraria que reorientó el aprovechamiento de los factores productivos, con importantes repercusiones demográficas y sociales, y dio lugar a una convulsión en el agro provincial, solo superada en su intensidad y transcendencia por la reciente expansión (en la segunda mitad del siglo XX) de los cultivos bajo plástico, a la que, de alguna manera, sirve de preámbulo, en el sentido de compartir la vocación comercializadora de sus producciones (Sánchez 1992).

Esta agricultura de orientación comercial requería gran cantidad de inputs industriales para su adecuado desenvolvimiento. En un primer momento, para el montaje de la estructura del parral, se recurría a sogas de esparto, sin embargo desde finales del siglo XIX comenzó a ser la tónica habitual la introducción de nuevos materiales como el alambre, siendo el “que mejores resultados da el galvanizado belga” (Rueda 1932: 74). La introducción del alambre mejoró el sistema ya que no era excesivamente costoso, era de fácil transporte e instalación y no cobijaba parásitos (Gómez 1999). También se producía el aprovechamiento de raíles de ferrocarril (Sáenz 1977) para los soportes de hierro de las esquinas debido a la gran cantidad de peso que habrían de resistir cuando el parral estaba en pleno rendimiento. Además se prefería el uso de puntales hechos con tubos de hierro frente a los de madera.

El uso de insumos para evitar enfermedades criptogámicas parasitarias como el oídium o el mildiu y el abonado eran otros de los productos requeridos. El oídium (también conocido popularmente como ceniza) se combatía con la aplicación de tres tandas de azufrados en distintos momentos del ciclo vegetativo, mientras que el mildiu requería del uso de sulfato de cobre para prevenir su aparición existiendo variadas formulaciones para su preparación como eran el caldo bordelés, delfinés, con jabón o con colofonia entre otros (Ramón y Vidal 1902). Todo ello pone de relieve la importancia de tener acceso a todos estos insumos para conseguir una producción sana y abundante.

También la industria auxiliar de este cultivo requería una gran cantidad de inputs. El caso más destacado es el de la industria artesanal de la barrilería que era necesaria para el envasado del fruto. Pronto proliferarían tanto en la capital como por las comarcas uveras talleres dedicados a la creación del envase más icónico de este fruto en una primera etapa del negocio: el barril de dos y de una arroba. Un ejemplo de estos talleres se puede observar en la imagen 6. Los materiales requeridos para su elaboración eran tablas de madera de roble, castaño o pino (que frecuentemente procedían del extranjero, incluso de los, por aquel entonces, más lejanos que hoy en día Estados Unidos), castaño o avellano para los arcos, adelfa para los fondos, el serrín de corcho para el relleno y púas (Buendía Muñoz y López 2005). Los barriles eran especialmente adecuados para soportar las largas travesías marítimas de la época de esplendor de la comercialización del fruto ya que los buques empleados, con frecuencia, no reunían las condiciones idóneas para el transporte de frutas. No obstante, con el paso del tiempo y avanzado ya el siglo XX, estos barriles irían siendo paulatinamente sustituidos por cajas (popularmente conocidas como platós), ya que éstas se adaptaban mejor a las circunstancias del negocio de ese momento.

Imagen 6: Taller de barrilería de la familia Yebra en Terque (1916).
Fuente: Centro de documentación de los Museos de Terque (2011).

Desde el inicio de su comercialización el destino principal de esta variedad de uva fueron eminentemente los mercados extranjeros, salvo momentos puntuales en que se producían restricciones en dichos mercados, bien por factores bélicos o políticos. A lo largo del siglo XIX y del primer tercio del XX, como se puede observar en el gráfico 1, aumentando o disminuyendo su peso en el conjunto debido a los avatares históricos, encontramos siempre como destino principal a Gran Bretaña seguido de otros más o menos estables a lo largo de las décadas como Alemania o Estados Unidos y, finalmente, un conjunto de mercados que absorbían una menor proporción de los envíos tales como los países del Báltico y Escandinavia, Rusia y países de América Latina.

Grafico 1: Principales destinos de las exportaciones de uva de Almería en los años 1877-1936.
Fuente: elaboración propia a partir de los datos de Sánchez 1992: 357.

 

2.4. Los ciclos productivo y comercial: mano de obra y agentes implicados

Los trabajos requeridos por este cultivo empezaban con la preparación y sembrado del terreno donde se ubicaría el parral. Después, ya con la plantación en producción, a lo largo del año tenían lugar las labores de poda, abonados, riegos, engarpe (fecundación artificial) y recolección.

Realizada la recolección, la uva seguía requiriendo trabajo y una abundante mano de obra al iniciarse la fase de preparación del fruto para ser comercializado. Estas necesidades de mano de obra eran abundantes tanto en el propio medio rural donde tenía lugar la recolección, limpieza y envasado; como en la industria auxiliar relacionada con la fabricación de los envases. Se observa aquí una gran multiplicidad de trabajos realizados por mujeres y hombres.

Desde su origen se dio una clara división de las ocupaciones por género. Los hombres eran requeridos como jornaleros en el parral para la recolección, arrieros o en los talleres de  barrilería. Las mujeres lo eran como limpiadoras de uva, repasadoras, emporronadoras y envasadoras.

Imagen 7: Mujeres realizando las labores de limpieza del fruto antes de su envasado en el cortijo de los Paniagua (Terque, 1905). Foto: familia Paniagua.
Fuente: Catálogo de la exposición “La faena de la uva” (Buendía 2006).

 

Imagen 8: Un almacén de confección y personal del empresario Navarro Moner (hacia mediados del siglo XX). Fuente: Centro de documentación de los Museos de Terque.

Todo ello pone de relieve que el cultivo de este producto era intensivo en trabajo a lo largo de todo el año, alcanzando sus mayores picos en la época en que había que realizar el engarpe y también en el momento de la faena (recolección y posterior limpieza y envasado de la uva). A su vez, cabe señalar que estos oficios requerían cierto grado de especialización y, además, que aunque la dedicación al parral en la provincia de Almería se ha relacionado con el trabajo familiar, en los mencionados picos, era habitual recurrir a mano de obra extrafamiliar (Sánchez 1992). En cuanto al trabajo femenino, habitualmente infrarrepresentado en las investigaciones sobre temas agrarios, conviene señalar que las mujeres eran parte esencial en muchas de las citadas labores, uniendo a su quehacer doméstico y otras ocupaciones fuera del hogar, las propias del momento del ciclo productivo y comercial del producto.

Tras la recolección era preciso limpiar la uva y envasarla. A lo largo del tiempo, como vemos reflejado en las imágenes 7 y 8, la forma de organizar este trabajo fue variando: hasta los años cuarenta del siglo XX se realizaba en los propios cortijos situados cerca de la correspondiente plantación, mientras que a partir de entonces comienza a observarse un cambio en el modelo que hacía que los grandes exportadores de uva concentraran en sus propios almacenes estas labores.

Una vez realizado el envasado, el fruto estaba listo para ser transportado hasta los puertos, embarcado y vendido. Esta última fase del proceso implicaba también la participación de numerosos agentes: asentadores, asentistas, casas fruteras, consignatarios de buques, casas embarcadoras y agentes de seguros (Alonso 2006). 

 

3. Evolución histórica

Las exportaciones de la uva de Ohanes a partir del último tercio del siglo XIX experimentaron un espectacular aumento constituyendo con ello uno de los más destacados capítulos del comercio exterior español de productos agrarios al destinarse su producción a la venta en el extranjero. En el gráfico 1 se puede observar su evolución hasta el año 1936, el inicio y aumento progresivo con una primera gran etapa expansiva (1875-1914) solo interrumpida por los problemas causados por la plaga de la filoxera que afectó tanto a Europa como a España, un primer paréntesis consecuencia del cierre de los mercados internacionales por la Primera Guerra Mundial y una recuperación con fuertes oscilaciones. Después se vivió un nuevo parón derivado de la sucesión de la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial y del período autárquico de la económica española (años cuarenta del siglo XX), recuperación a partir de la década de los cincuenta (aunque sin recuperar las magnitudes precedentes) y declive progresivo desde finales de los setenta. Todo ello será explicado con más detalle a continuación.  

3.1. Los inicios: 1830-1870

Los primeros envíos de uva a destinos extranjeros (a Gibraltar concretamente), de los que se tiene constancia en la actualidad, adquieren regularidad a partir de 1831 (Alonso 2006). Después, durante el segundo tercio del XIX, gran parte del comercio del fruto se realizaba tanto desde el puerto de Málaga como desde el de Almería, ya que las casas malagueñas venían a Almería a embarrilar y embarcar la uva bien desde el puerto local o desde el de Málaga (Rueda 1932). No obstante, antes de finalizar este tercio del siglo, los flujos comerciales desde Málaga fueron disminuyendo para ir pasando a realizarse los envíos desde Almería. La tendencia ascendente de las exportaciones de este período sufrió el bache derivado de la epidemia de oídium de la década de los cincuenta (Bosque 1960). Superado éste, las exportaciones continuaron creciendo a un ritmo todavía mayor que en el período anterior con dos rasgos; por una parte, los altos precios registrados tras reanudarse las ventas y, por otra, se produjo un aumento de los costes de producción al encarecerse las labores productivas que cada vez se fueron especializando más (Alonso 2006).

3.2. Consolidación del negocio y lucha contra la filoxera

En esta segunda etapa, el parral se extendió intensamente dentro de la comarca en la que había surgido y poco a poco se fue extendiendo a otras zonas no muy alejadas geográficamente, pero sí ya pertenecientes a otras comarcas (municipios del río Nacimiento, zona de Berja y Dalías y zona baja del río Andarax aproximándose a la ciudad) (Sáenz 1977). Fue con esta expansión del cultivo cuando se empezó a dejar notar que una parte considerable de las nuevas plantaciones en algunas de estas zonas (vegas bajas del Andarax y zona de Berja y Dalías concretamente) venían de la mano de fortunas de origen minero y comercial, que disponían de patrimonios rústicos que sembrarían de parrales en régimen de explotación indirecta, dando así lugar a una mayor desigualdad en la distribución de la propiedad (Sánchez 1992).

La expansión se vio perturbada por una nueva crisis que golpeó al sector: el brote de filoxera que afectó a Europa. En los años ochenta empezaron a dejarse sentir sus mayores efectos en la zona sin haber sido éstos tan graves como en otras áreas españolas de viñedos (Sáenz 1977). Los mayores daños que produjo este parásito en distintos territorios (tanto nacionales como europeos) supusieron un estímulo para promover su reconstrucción empleando para ello pies americanos que eran resistentes al parásito, pero también es cierto que también produjo desequilibrios en la productividad normal de las plantas injertadas (Bosque 1960). Los anuncios en prensa de estos pies fueron habituales desde entonces, haciendo mención a su capacidad para resistir la filoxera, como vemos en la imagen 9.

Imagen 9: Anuncio de prensa de la época en la que se anuncia la venta de pies americanos resistentes a la filoxera.
Fuente: La Crónica Meridional (1902).

Además de estos acontecimientos críticos, durante este período también fue cambiando el modo en que se habían venido produciendo las transacciones entre productores y comerciantes. Se pasó de un sistema en el que la uva recién cortada era comprada en firme al agricultor, quedando por cuenta del comerciante el resto de gastos y riesgos; a otro en el que pasó a ser el agricultor quien asumía los gastos de preparación y transporte hasta los almacenes de los exportadores, así como los riesgos derivados de la cotización final del producto en destino y la consecuente necesidad de créditos y anticipos para poder afrontar los gastos de cada campaña (Alonso 2006). Las expectativas de precios remuneradores seguían haciendo que este cambio compensase aún los esfuerzos adicionales que pasaron a recaer sobre el agricultor. Sin embargo, a medida que la producción seguía aumentando y los parrales extendiéndose por terrenos aptos para su cultivo, entre 1885 y 1903 se quintuplicó el número de hectáreas (de 632 a 3.000) y casi se dobló la extensión en los catorce años siguientes (Sánchez 1992) con el consiguiente aumento de la producción, anticipo de los problemas que se desencadenarán como consecuencia del exceso de oferta. En la época se acuñó la expresión fiebre uvera para referirse a este incremento sin precedentes. Fue precisamente esta fiebre uvera la que transformó los paisajes de buena parte de la media montaña de la provincia de Almería en busca de la creación de nuevas tierras para la plantación de parrales tal y como se ha explicado en el apartado sobre el paisaje parralero y la piedra seca. Algunos de estos balates e incluso algunas estructuras de los propios parrales serán aprovechadas alrededor de un siglo después y reconvertidas en invernaderos para el cultivo de hortalizas (Caparrós 2005) como se observa en el municipio de Alhama de Almería (situado en la misma comarca y a tan solo 18 kilómetros lineales del ya mencionado municipio de Ohanes).

Por su especial significación reveladora de la envergadura del negocio, cabe mencionar las cifras alcanzadas en la campaña de 1907 (Bosque 1960): 2.492.273 barriles que se traducían en casi 60.000 toneladas y un total de 66 mercados diferentes, destacando por su especial importancia los del Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania. Así pues, con una media de 40.000 toneladas anuales en la primera década del siglo XX, se abría la puerta a una saturación sistemática de los mercados y al aumento de la dependencia financiera y comercial de los parraleros respecto de las casas fruteras (Alonso 2006). Se pasaba entonces de hablar de la fiebre uvera a hacerlo del problema uvero al producirse campaña tras campaña una superproducción crónica y una incapacidad de organizar los envíos de tal forma que no saturaran los mercados de destino, perdiéndose así la utilidad de la ventaja competitiva de esta variedad de uva (su capacidad de resistencia en buenas condiciones durante largo tiempo desde el momento de su recolección). Los problemas relacionados con este tema ocuparon numerosas líneas en la presa local de la época tal y como se muestra a modo de ejemplo en la imagen 10.

Imagen 10: Fragmento de una portada de un periódico de la época en plena campaña uvera en la que, en convivencia con anuncios de vapores para la exportación, serrín y barriles (necesarios para el envasado del fruto), aparece un artículo sobre el problema uvero. Fuente: El Radical (1904).

 

3.3. Tiempos de crisis: el problema uvero

El panorama poco alentador de este período vino derivado de una serie de factores que determinaron la crisis del negocio (Sánchez 1992): la estructura comercial carente de un mercado de origen, la desorganización y atomización de la oferta, la superproducción y el aumento de la competencia, la desvinculación del mercado interior, la debilidad financiera y crediticia y la incapacidad de establecer industrias auxiliares.

Pese a estos problemas, es en este período cuando se empiezan a observar producciones en la zona del valle del Almanzora, aunque con la peculiaridad de producirse en convivencia con la introducción de naranjos. En esa comarca los primeros parrales plantados en el municipio de Tíjola de los que hay constancia datan de finales de la etapa anterior y se extenderán desde la parte alta del valle del río Almanzora mientras que los naranjos lo iban haciendo desde la parte baja del valle, de tal forma que su zona media entraban en contacto ambos tipos de plantaciones (Ferre 1977).

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial y el cierre de los mercados internacionales se contrajo la demanda. Las incertidumbres derivadas del inicio del conflicto bélico se tradujeron en un incremento del  precio de los fletes y los seguros, a lo que se sumó el abarrotamiento temprano de los mercados ante las perspectivas nada alentadoras del horizonte. Todo ello causó que la campaña de 1914 fuese la que obtuvo un menor precio medio de la historia uvera hasta el momento (Alonso 2006).

El deterioro de la situación intentó ser paliado mediante algunas tentativas para organizar la oferta en una época de gran efervescencia asociacionista en un intento de dar una respuesta a la variada problemática del sector.

A los problemas mencionados al inicio del apartado, debemos añadir los derivados de la evolución de la coyuntura internacional del momento: el aumento de la competencia derivada de las medidas proteccionistas que en la década de los años veinte muchos mercados extranjeros practicaron. El cierre de los mercados de los Estados Unidos a partir de 1924 supuso un nuevo jarro de agua fría. Siendo este destino uno de los más importantes, se decretó su cierre argumentando por parte de sus autoridades que se habían detectado envíos de mercancía afectados por la mosca mediterránea, aunque detrás de este motivo lo que se escondía realmente eran presiones proteccionistas de productores californianos de uvas (Alonso 2006).

En este contexto surgió la Cámara Oficial Uvera (1924) para organizar y regular las exportaciones ante esta mala situación. Encargada inicialmente de abrir nuevos (y necesarios) mercados, organizar las salidas de los frutos y, además, iniciar experiencias destinadas a que una industria auxiliar pudiera absorber el exceso de fruto para la obtención de otros productos (bebidas o conservas). De corporación forzosa y con una dirección mayoritariamente ocupada por personalidades que inclinaban las decisiones a favor de sus propios intereses y no en los del bien general, a la postre seguiría sin ser capaz de dar solución a los problemas que motivaron su creación y fue menguando hasta desaparecer absorbida por el nuevo orden sindical del franquismo (Marzo 2006).

Un nuevo golpe llegaría como consecuencia de la crisis derivada del crac de 1929, otro de los principales mercados, el británico, estableció la política de la preferencia imperial sobre productos de terceros países, como era el caso de España. Se produjo entonces un estancamiento del sector parralero hasta un mayor en buenas condiciones declive al iniciarse la Guerra Civil en nuestro país.

3.4.  Guerras y posguerra: el cierre de los mercados y la implantación de una organización corporativa

La situación que venía atravesando el sector, no hará otra cosa que agudizarse por los terribles acontecimientos bélicos que el mundo afrontaría en esta etapa: desde el inicio de la Guerra Civil española al final de la Segunda Guerra Mundial, la situación del sector no hizo otra cosa que casi desaparecer, alargándose sus repercusiones más allá de la duración de los conflictos como consecuencia del régimen autárquico que se vivía en España en los años cuarenta.

La situación periférica y marginal que ocupaba la provincia de Almería en el contexto nacional, viendo mermadas sus opciones comerciales con el exterior, con falta de material para reconstruir los parrales deteriorados por los avatares de los años previos y sin acceso a otros insumos necesarios para el adecuado mantenimiento de las plantas (Mignon 1982), condicionó una recuperación que se produjo de forma paulatina en las décadas siguientes.

En los primeros años de la década de los cuarenta, la (no olvidemos que más que menguada) producción fue consumida en un 90 % dentro del territorio nacional y el 61 % entre 1945 y 1948 (Bosque 1960). Esto fue debido a la serie de normas dictadas y campañas realizadas para apoyar el consumo de productos nacionales entre los que se incluía la uva de Almería en el complejo contexto de aislamiento comercial en que se encontraba la economía española.

Otro de los factores característicos en el período, el intervencionismo, centrado en una doble dirección de formar precios y asignar los recursos, regulados por una pesada maquinaria burocrática (Carreras y Tafunell 2003) derivó en el surgimiento de una nueva estructura centralizada de gestión de los procesos productivos en su totalidad: primero se materializó en el Sindicato de la Vid, Cervezas y Bebidas pero después, y ya con aspiración a perdurar, en el Sindicato de Frutas y Productos Hortícolas en 1943. En este sentido:

“El Sindicato se convirtió desde el primer momento en el portavoz de los intereses de grandes propietarios y exportadores (figuras minoritarias que en muchas ocasiones iban de la mano), de los que fue también un útil instrumento para la especulación en torno a la uva de embarque y las naranjas; concretamente para la obtención de divisas y la concesión de licencias de exportación durante los años cuarenta, un negocio muy rentable en tiempos de racionamiento y generalización del mercado negro” (Alonso 2006: 186).

En la zona del valle del Andarax, ampliamente poblado por parrales durante la expansión tras la crisis de la filoxera antes descrita, se producirá una basculación, sin llegar a desaparecer los parrales en su totalidad,  hacia la preferencia por el cultivo de naranjas que se apreciará notablemente una vez finalizada la Guerra Civil (Sáenz 1977).

3.5. Recuperación a partir de los años cincuenta

En estas décadas se fue recuperando la tradicional tendencia de que la producción se comercializara casi en su totalidad en mercados extranjeros. En el quinquenio 1948-1953 solo se comercializaba el 12% en el mercado nacional y entre 1954-1957 esta cantidad se redujo al 2% (Bosque 1960). Para finales de los cincuenta, el flujo de exportaciones se da por recuperado y el volumen de producción y comercialización exterior volvían a alcanzar cuotas de antes de las últimas guerras.

Los medios de transporte se adaptaron a una mayor presencia del movimiento de mercancía por tierra según la documentación consultada conservada en el Archivo Histórico Provincial de Almería y ello derivó en una evolución del tradicional envase, el barril, a otros tipos, tales como las cajas, que estaban más acorde con los gustos del mercado y los cambios logísticos (Sáenz 1977). En la imagen 11 se pueden ver varios de estos envases y la máquina grapadora empleada para su ensamblaje.

No obstante, en determinados momentos antes, sobre todo, de la recuperación en los años cincuenta, seguirían produciéndose dificultades tales como los problemas de acceso en cantidad y calidad adecuada a insumos requeridos por este tipo de agricultura. Otra cuestión que tuvo incidencia en estos años fue el descenso poblacional observado en muchas de las comarcas productoras con motivo de la emigración rural hacia otras zonas con mayores oportunidades. Por lo demás, se sucedían proyectos frustrados para modernizar y diversificar el sector.

A todo lo dicho, vendría a unirse que en los últimos tiempos de este período, se vino a producir un cambio progresivo en el cual los agricultores almerienses, que habían dependido tradicionalmente de empresas de comercialización del entorno, pasaron a hacerlo de empresarios levantinos que se desplazaban hasta aquí para comprar las cosechas y posteriormente reexportarlas (Cazorla 1999). Las cooperativas constituidas en este período como vía de defensa frente a estas prácticas no fueron todo lo exitosas que se esperaba al detectarse con frecuencia comportamientos oportunistas por parte de muchos productores (Sáenz 1977).

Imagen 11: Los plateaux o platós fueron los envases que fueron ganando presencia para el transporte de la uva de mesa hacia mediados del siglo XX.
Fuente: Centro de documentación de los Museos de Terque (2011).

Finalmente, contextualizando el momento en el marco europeo, el libre comercio entre los países miembros de la Comunidad Económica Europea y los asociados vino a perjudicar las posiciones de España en general y de Almería en particular en relación a los envíos de uva de mesa.

3.6. Decadencia y cambio de cultivo: último tercio del siglo XX

El declive progresivo que experimentó el sector a partir de la década de los setenta, pese a la recuperación en hectáreas cultivadas de parra y en volumen de producción de las dos décadas precedentes; puede explicarse como una confluencia de varios motivos (Marzo 2005) tales como: los efectos a largo plazo que tuvo el intervencionismo estatal y la dicotomía que se había producido entre productores e intermediarios.

Además, en el contexto global de mejora de los medios y condiciones de transporte (carretera y refrigeración), la ventaja de la uva de Ohanes, dejó de serlo y los consumidores se inclinaban ya hacia otro tipo de uvas (de hollejo más fino y sin pepitas) dado el nuevo escenario en el que más frutos podían competir. Atrás quedaron los tiempos en que las uvas de Almería eran las que llegaban a los mercados extranjeros en régimen de semimonopolio al mantenerse sin cambios la estrategia de comercialización mientras que sí cambiaban las preferencias del consumidor (Gómez 1999 y Cazorla 1999).

Ante este panorama lo que vino a ponerse de manifiesto fue la incapacidad del sector para reconvertirse: bien realizando injertos para pasar a cultivar otras variedades susceptibles (o no) de otros usos. Por el contrario, lejos de buscarse soluciones en esa línea, cuando las protestas de los agricultores pasaron a ser continuas a finales de los setenta, se promulgaron normativas como el Real Decreto 354/1980 de 22 de febrero, por el que se establecían ayudas a la reconversión de uva de mesa variedad Ohanes en la provincia de Almería.

Después, durante estos años de estertores del cultivo con la entrada de España en la Comunidad Económica Europea en 1986 como miembro de pleno derecho (Góngor 1997), los reglamentos  del sector pretendían eliminar cultivos de rentabilidad marginal y excedentarios, en los que encajaban las uvas de Almería. Lejos de ser una oportunidad, la entrada en este momento y el auge que experimentaban los cultivos bajo plástico en la provincia, supusieron otro motivo para la aceleración del abandono del parral.

Finalmente, considerando el contexto general de la uva de mesa en el país, los problemas de la variedad Ohanes conviene estudiarlos dentro del conjunto nacional que se fue fraguando durante la segunda mitad del XX: Alicante y Murcia encabezaban la  producción y la distribución hacia el exterior, solo Valencia y Badajoz destacaban en el resto del panorama del territorio nacional en el mismo período (Gómez y Gil 1987). Se observa pues, no solo que se produjo el relevo en la hegemonía productora y distribuidora de la uva de mesa, sino que se trataba de un camino decadente para la uva de Almería.

Más recientemente y al amparo de iniciativas puntuales, han surgido voces que apuestan, de la mano de variedades de uva de mesa, por la puesta en valor de los territorios antaño sembrados de uva de Ohanes como forma de diversificar la actual especialización hortofrutícola de la provincia y también para contribuir a frenar la erosión y deterioro paisajístico en los territorios en baldío de las comarcas de tradición uvera. No obstante, ya se ha producido el aprovechamiento de parte del conocimiento generado durante la época de esplendor uvero, al servirse los primeros invernaderos que empezaron a funcionar en las décadas sesenta y setenta de las estructuras que se empleaban en los parrales.

 

4. Conclusiones

La uva de Almería supuso el establecimiento de un sistema de agricultura con componentes tanto tradicionales como innovadores. De tradicional tenía el modelo de explotación basado en pequeñas propiedades y en una agricultura eminentemente familiar. También energéticamente se basaba en el uso de energía orgánica (personas y animales) para la recolección y el transporte. Sin embargo, es un modelo de transición hacia la modernización agraria en otros aspectos. El acceso a los mercados internacionales se hizo contando con la flota de vapores mercantes que se desarrolla desde finales del siglo XIX. También es moderno el uso de inputs industriales (no aportados por el entorno) como las maderas o el alambre belga.  O por el empleo de pies de origen americano para la lucha contra la filoxera. Y sobre todo, al tratarse de una agricultura comercial conectada con mercados internacionales de todos los continentes, es un ejemplo del despliegue de la primera globalización anterior al estallido de la Primera Guerra Mundial. Su declive viene a coincidir y servir de nexo entre la agricultura tradicional y la agricultura intensiva actual bajo invernadero.

El cultivo del parral requirió una transformación importante de los terrenos en los que había de instalarse: la estructura del parral requería el aterrazamiento y abancalamiento de laderas y de ahí también el tener que recurrir a soluciones constructivas tales como los balates de piedra seca para poder corregir la pendiente y proceder al desfonde y arado de la tierra. Además, la reconversión de antiguos terrenos en donde se cultivaban cereales a tierras aptas para el parral (que precisaban de riegos), llevó aparejada la construcción de infraestructuras para este fin que pasaron también a formar parte de estos paisajes. Desde los pueblos de la alpujarra almeriense con la Exaltación de la Santa Cruz de Canjáyar, hasta la Sociedad de Nuevos Riegos San Indalecio en torno a la capital, pasando por la Fuente Nueva en la zona de Dalías, nacieron numerosas sociedades hidráulicas y se realizaron proyectos de envergadura para proveer de agua las tierras que se llenaron de parrales (Sánchez 1997).

Desde la perspectiva económica, a pesar de las etapas de altos y bajos durante los casi dos siglos precedentes, supuso una fuente de riqueza de primer orden para la provincia, de la que pudieron vivir muchas familias y en torno a la cual se generaron industrias auxiliares y una red de agentes que hacían posible el cierre del círculo productivo y comercial.

El eco del esfuerzo realizado por tantas personas vinculadas al parral pervive todavía en la memoria de los pueblos de las comarcas de mayor tradición. El recuerdo del trabajo realizado a lo largo de toda una vida (Suárez 2015) es, a día de hoy, objeto de reconocimiento por parte de instituciones provinciales. Otro tipo de iniciativas velan por la conservación y difusión de aspectos etnográficos e históricos de la uva de Almería, tales como el anillo museístico del pueblo de Terque y los proyectos paralelos que realizan encomiablemente.  

Existen así pues motivos para la recuperación de algunos de los territorios donde echó raíces la de Ohanes bajo la justificación de que esto acarrearía consecuencias positivas como serían el freno del deterioro causado por la erosión de las parcelas abandonadas y, además, la puesta en valor de un legado histórico, paisajístico y cultural que marcó la vida de varias generaciones de almerienses.


 

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Gazeta de Antropología