En noviembre de 2018 la UNESCO inscribe los “Conocimientos y técnicas del arte de construir muros de piedra seca” en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad tras aceptar la propuesta de Croacia, Chipre, Eslovenia, España, Francia, Grecia, Italia y Suiza.
En España, con las competencias culturales y patrimoniales transferidas a las Comunidades Autónomas, la propuesta queda avalada y asumida por nueve de estas diecisiete entidades territoriales (Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Cataluña, Extremadura, Galicia y Valencia), lo que viene a suponer un 56% del territorio y un 64% de la población. No quiere esto decir que las ocho comunidades restantes carezcan de patrimonio significativo en piedra seca, sino que por diversas razones o no mostraron el interés suficiente o sus medios, información o disposición no alcanzó para sumarse a la iniciativa.
En este contexto, creemos que el presente monográfico que ve la luz en Gazeta de Antropología viene a aportar un amplio conocimiento de la técnica de la piedra seca, imprescindible para documentar, entender y extender la protección de este patrimonio en todo el territorio nacional. Por ello, además de los artículos iniciales sobre Almería (de Francisco Majuelos y Ángeles Arjona, de José Antonio Muñoz y Francisco Checa, y de María Dolores Haro y Andrés Sánchez) y sobre Andalucía (de Celeste Jiménez y el de Aniceto Delgado), nos ha parecido imprescindible conocer su importancia en otros espacios, como Castilla y León (texto de Arsenio Dacosta y Elvira Sánchez) y Cantabria (artículo de Eloy Gómez) que, junto con la visión general que aporta ‘Ada Acovitsióti-Hameau, miembro del grupo que elaboró la propuesta UNESCO, avalan las razones e importancia de este legado tradicional en toda la península ibérica.
Cabe recordar que la variedad paisajística y cultural del territorio conlleva la existencia de múltiples soluciones y técnicas, entre las que destaca la de piedra seca, pues impera un determinismo ambiental impuesto por los materiales inmediatos, el relieve y la climatología. Todo ello, unido las necesidades agropecuarias a las que tienen que dar respuesta, genera construcciones y tipologías diferentes adaptadas a los diversos entornos. De ahí que al conjunto se suma el legado cultural y los recursos de sus constructores y propietarios.
Contamos, por tanto, con una amplia variedad tipológica extendida por los espacios rurales y naturales de todo el territorio nacional; un patrimonio variado que hunde sus raíces en nuestra historia cotidiana. Y es que el legado etnográfico más numeroso y extendido del territorio lo conforma una ingente obra popular que ha sido levantada durante siglos y generaciones, formada por los innumerables muros de piedra que por doquier aterrazan los valles y las sierras, los paisajes del agua armados en torno a los sistemas hidráulicos y el resto de construcciones tradicionales del ámbito agropecuario.
La técnica de la piedra seca ha permitido la conquista del medio, de manera que garantiza la supervivencia humana, e incluso ha supuesto una transformación del territorio acorde con la naturaleza, pues se construye de forma manual tomando los materiales más inmediatos, al tiempo que se favorece la biodiversidad con intervenciones a pequeña escala. Se genera así un legado patrimonial armónico e integrado, en contraposición con la mayoría de las transformaciones urbanas o agrícolas actuales.
Esta mímesis se ha producido especialmente en espacios europeos y mediterráneos, donde se ha venido dando un gran soporte a la trilogía mediterránea y generado conjuntos integrales e integrados, cuya técnica constructiva –la de la piedra seca– justifica por sí misma la propuesta de declaración patrimonial por parte de la UNESCO.
En los espacios más áridos, como es el caso de Almería, y como lo afirman José Antonio Muñoz y Francisco Checa en su texto sobre tipologías de piedra seca, la montuosidad del territorio ha obligado a la construcción de una extensa escalera de muros de piedra que, además de servir de soporte agrario, almacenan los paquetes de tierra fértil que mejoran la biodiversidad y frenan la desertificación. Y es precisamente esta funcionalidad, como decimos, el motivo principal de la declaración de esta técnica por parte de la UNESCO: “constituye un ejemplo de relación equilibrada entre el ser humano y la naturaleza”. Por lo demás, estos muros “desempeñan un papel esencial en la prevención de corrimientos de tierras, inundaciones y avalanchas”. Una afirmación que encaja a la perfección con la realidad almeriense, desde siglos amenazada por la aridez, el cambio climático, la pérdida de suelo fértil y el desmoronamiento de las estructuras tradicionales de piedra.
Afortunadamente, la iniciativa de un grupo de países europeos ha permitido que este patrimonio, hoy en vías de extinción en muchos lugares, tome relevancia universal y empiece a considerarse como tal.
Por nuestra parte, conscientes del valor de este legado material e inmaterial, de su falta de estudio y de que el tiempo corre en nuestra contra, desde el Laboratorio de Antropología Social y Cultural (LASC) de la Universidad de Almería (UAL) decidimos abordarlo. Así, aprovechando que algunos de sus investigadores trabajábamos ya la arquitectura tradicional, la cultura del agua, la interpretación del territorio y su puesta en valor, en 2017 decidimos implementar el trabajo sobre la piedra seca. Para ello, le dedicamos más tiempo, medios y estructuramos nuevas líneas de trabajo, tanto para la recogida de material y catalogación, como teóricas y de análisis.
En la necesidad de establecer sinergias, los investigadores del LASC contaron con la colaboración y financiación del Instituto de Estudios Almerienses (IEA), de la Diputación Provincial de Almería, para organizar un congreso internacional sobre la técnica de la piedra seca, al tiempo que se montaban exposiciones, diseñábamos material divulgativo, realizábamos encuentros con especialistas en la construcción con piedra seca, se grababa un documental y se preparaba la publicación de un monográfico. Todas estas actividades difícilmente hubiesen prosperado de manera aislada y sin el aporte económico del IEA.

Sede del Instituto de Estudios Almerienses. Reunión de trabajo para la preparación del monográfico. De izquierda a derecha: Francisco Checa (UAL), Francisco Alonso (Director IEA), Manuel Carmona (técnico IEA) y Juan Antonio Muñoz (LASC, IEA).
Lo cierto es que en este 2020 tan extraño, debido a la mil veces nombrada COVID-19, gran parte de estas actividades se han quedado solo iniciadas, otras sin empezar y el congreso suspendido hasta mejor disposición sanitaria. En la actualidad vamos dando cumplido a casi todas. Por suerte, Gazeta de Antropología ha mantenido su compromiso de sacar a la luz este monográfico, que originalmente estaba pensado como ponencias para ser debatidas en Almería durante la segunda quincena de mayo.
Para finalizar esta presentación, señalaremos algunas conclusiones y prospectivas. En primer lugar, cabe decir, en síntesis, que el patrimonio de la piedra seca lleva décadas en recesión debido a la falta de relevo generacional, al despoblamiento rural, al empleo de nuevos materiales, al coste de mantenimiento y la decreciente rentabilidad de los espacios agropecuarios que sustentan su vigencia. Su estado de conservación se encuentra deteriorado debido al paso del tiempo, la erosión y la falta de uso y restauración. Muros, caminos empedrados, eras, hornos, corrales, paisajes del agua, y un largo etcétera, van dejando de cumplir su función tradicional, tras miles de años, donde eran imprescindibles.
Sin embargo, en este contexto hay un halo de esperanza, la inscripción por la UNESCO de estos “Conocimientos y técnicas del arte de construir muros de piedra seca” en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, sin duda supone un antes y un después en las expectativas de conservación, dado que incrementan su nivel patrimonial y deben condicionar a las administraciones e instituciones a protegerlo, restaurar muchos ejemplos y ponerlos en valor, así como a estudiarlo, lo que vendrá a significar llegar a mostrarlo a los ciudadanos desde una perspectiva bien fundamentada científicamente.
Cabe matizar que la declaración UNESCO no conlleva protección implícita y, por ende, la viabilidad de este patrimonio –ahora que se abren nuevas perspectivas– pasa por una exhaustiva catalogación llevada a cabo por las administraciones competentes (locales, provinciales y regionales) y, sobre todo, como generador de identidades locales y provinciales, sin olvidar que puede ser un buen potenciador de empleos locales. Así que también se abren oportunidades en el turismo natural y cultural, mediante talleres, espacios de interpretación, rutas, recuperación de elementos, agroecología o alojamientos rurales, entre otras. No cabe duda de que la dualidad entre campo saludable y ciudad masificada se presenta como una oportunidad de resignificación y recuperación de parte de la vigencia perdida en el patrimonio de la piedra seca; no en vano, casi todas sus construcciones se encuentran en ámbitos rurales, aspectos que, por lo demás, deberían incidir en la creación de oportunidades laborales y fijación de población.
Reiteramos nuestro agradecimiento a todos los autores que han hecho posible este monográfico, al LASC de la UAL, al IEA de la Diputación Provincial de Almería, en especial a su actual director, Francisco Alonso, y al personal técnico, así como a la revista Gazeta de Antropología.




