Gazeta de Antropología, 2020, 36 (2), artículo 06 · http://hdl.handle.net/10481/65178 Versión HTML
Recibido 18 octubre 2020    |    Aceptado 21 diciembre 2020    |    Publicado 2020-12
Entre la precariedad y la resistencia. Características de la antropología venezolana en las primeras dos décadas del siglo XXI
Moving between precariousness and resistance. Characteristics of Venezuelan anthropology in the first two decades of the 21st century




RESUMEN
El siglo XXI en Venezuela se caracteriza por un fuerte conflicto político que se filtró en diversos ámbitos e instituciones de la vida nacional, incluyendo la investigación. El presente estudio vincula el desarrollo de la investigación antropológica en Venezuela con los cambios sociales y económicos del país durante las primeras dos décadas del siglo XXI, con el objetivo de conocer cómo ha impactado la Revolución Bolivariana en la investigación antropológica, cuál es el estado actual de la investigación antropológica en y sobre Venezuela, y qué significa hacer antropología en el contexto de crisis que define al país. Las consideraciones finales ofrecen algunas reflexiones sobre las dificultades de la producción científica en contextos de precariedad y crisis.

ABSTRACT
The 21st century in Venezuela is characterized by a strong political conflict that has filtered into different areas and institutions of national life, including research. This study links the development of anthropological research in Venezuela with the social and economic changes in the country during the first two decades of the 21st century, with the objective of determining how the Bolivarian Revolution has impacted anthropological research, as well as identifying the current state of anthropological research in, and concerning, Venezuela, and what it means to carry out anthropology in the context of the crisis that is currently defining the country. The final considerations offer some reflections on the difficulties of scientific development and progress in the contexts of precariousness and crisis.

PALABRAS CLAVE
antropología | producción científica | Venezuela | politización de la ciencia
KEYWORDS
anthropology| scientific development | Venezuela | politicization of science


1. Introducción

Efervescencia política, incertidumbre, polarización y crisis son palabras con las que el historiador Elías Pino Iturrieta (2018: 233-234) define las dos primeras décadas del siglo XXI en Venezuela. Dos décadas caracterizadas por la puesta en marcha de un proyecto económico y político conocido como la Revolución Bolivariana, que inició con el triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998 y se prolonga hasta la actualidad (agosto de 2020) bajo el mandato de Nicolás Maduro. El ascenso al poder de Chávez sienta sus raíces en la desigualdad y el descontento popular; Chávez capitalizó este descontento y logró imponer su candidatura presidencial en 1998 obteniendo un 56.2% de los votos. El siglo XXI irrumpe en Venezuela con un nuevo actor político quien, con su promesa de acabar con la desigualdad e instaurar un modelo económico socialista, promovió la politización y polarización del país. El proyecto bolivariano sentó sus bases sobre la renta petrolera, el control estatal, la nacionalización de las empresas privadas y un alarmante gasto público con fuertes indicios de clientelismo político y populismo (Quintero 2018: 211-217). Este modelo colapsó con la caída de los precios del crudo en el año 2013, sumiendo al país en una aguda crisis que se extiende hasta el presente.

La antropología venezolana, como toda ciencia social, no ha permanecido impasible a su entorno y es un reflejo de las tensiones del país. Desde sus inicios como disciplina institucionalizada, la antropología ha estado en constante diálogo con su contexto y las coyunturas han tenido un impacto sobre los objetos de estudio, los métodos y los enfoques de investigación. Teniendo ello en consideración, el objetivo de este estudio es hacer un balance de la antropología venezolana en las dos primeras décadas del siglo XXI. Para cumplir con este objetivo, se realizaron entrevistas a 23 antropólogos entre enero de 2018 y septiembre de 2019 (1): 11 de ellos residentes en Venezuela y pertenecientes a universidades del país; 3 estudiantes de antropología residentes en Venezuela; un antropólogo que trabaja de forma independiente; y 8 antropólogos que trabajan sobre Venezuela, pero no residen en este país. La información obtenida en las entrevistas fue complementada con fuentes documentales y con un análisis de la producción científica, en los últimos 20 años, de dos revistas de antropología venezolanas: Antropológica y Boletín Antropológico.

Partiendo de las entrevistas realizadas, de las fuentes documentales y del análisis de los artículos publicados en las revistas, se pudo observar que la antropología en Venezuela, desde 1999 ha sufrido un proceso de transformación particular, impulsado por dinámicas nacionales. A continuación, nos hemos propuesto hacer un estudio de la evolución de la antropología venezolana durante el siglo XXI, con el propósito de ofrecer un diagnóstico de los desafíos que enfrenta y de las estrategias que los antropólogos han adoptado para seguir investigando.

 

2. La antropología Venezolana en el siglo XX

Para comprender los cambios que ha sufrido la Antropología Social en Venezuela durante el siglo XXI, es conveniente conocer algunas características de la antropología en el siglo precedente, de esta forma será posible observar los cambios y continuidades que ésta presenta en la actualidad. Desde sus comienzos, la antropología venezolana ha estado comprometida y en constante diálogo con su contexto social. Entre los precursores de la antropología venezolana encontramos autores como Arístides Rojas, Gaspar Marcano, Tavera-Acosta, Lisandro Alvarado y Julio César Salas, que, desde una mirada positivista y claramente evolucionista, fueron los primeros en sostener posturas indigenistas en el país y manifestaron un franco interés por vincular las ciencias sociales en la transformación de Venezuela; un ejemplo claro de estos vínculos entre los antropólogos y la sociedad, es la labor de Julio César Salas, quien reivindicaba la importancia de crear un marco legislativo diferenciado que contemplara la diversidad étnica venezolana (Potelet 1991: 378).

La antropología venezolana tiene una estrecha relación con la antropología estadounidense que comenzó a forjarse en la década de los años 30 del siglo XX, cuando la Universidad de Pensilvania organizó una expedición a Venezuela para realizar trabajo de campo con los Yaruros. Esta iniciativa impulsó el diálogo y la cooperación entre investigadores venezolanos del centro del país e investigadores estadounidenses. Dicha cooperación se materializará en la contribución de investigadores estadounidenses en la fundación de centros y departamentos de antropología en el centro de Venezuela durante los años 50.

A finales de la década de los años 40 comienza a eclosionar la antropología como disciplina institucionalizada en Venezuela. En 1949, Miguel Acosta Saignes, antropólogo marxista formado en la en la Escuela Nacional de Etnología e Historia (ENAH) de México, creó el Instituto de Antropología y Geografía, que posteriormente se llamará Instituto de Antropología e Historia de la Universidad Central de Venezuela (UCV) (Caula 2010: 84-85). La existencia de este instituto, que fue el primero en formalizar la antropología como saber en Venezuela, ha sido omitida en algunos trabajos sobre historia de la antropología del país, entre otras causas, por las rencillas universitarias del homo academicus y rivalidades ideológicas. Esta disputa inicial preconiza lo que será una característica estructural de la disciplina en el país: las rencillas interdepartamentales e interinstitucionales por motivos ideológicos.

Posteriormente, en 1952 el sociólogo estadounidense George Hill fundó el Departamento de Sociología y Antropología de la Facultad de Economía y Ciencias Sociales de la UCV, apoyado por un equipo de investigadores norteamericanos entre los que se hallaban Thomas Nooris, Painter y James Silverberg; todos ellos, seguidores de los postulados de la escuela de Franz Boas y partidarios del trabajo de campo intensivo. La antropología realizada durante la primera mitad del siglo XX era sobre todo positivista, folklorista y especulativa; a partir de los años 50, esta situación cambia y el trabajo de campo se convirtió en el eje estructural. En 1954 se organizó la primera salida de campo con estudiantes de la UCV hacia el Delta del Orinoco (Mejías 2018). A juicio de la antropóloga Jacqueline Clarac, el trabajo de campo y la escuela culturalista boasiana predominaron como paradigmas de investigación hasta 1968, cuando arribó a Venezuela una diáspora de investigadores exiliados latinoamericanos que promovían una antropología reflexiva y alejada del trabajo de campo (Clarac 1993: 17).

La fundación en 1953 del Instituto Caribe de Antropología y Sociología de la Fundación La Salle, marca otro hito en la antropología nacional pues desde este instituto se impulsó la Revista Antropológica, que desde entonces y hasta el año 2016, cuando dejó de publicarse, se posicionó como uno de los principales medios de divulgación de la investigación antropológica en el centro del país.

A partir de los años 90, la institucionalización de la antropología venezolana se expandió con rapidez en el occidente, concretamente en Mérida y en el Zulia, donde se fundaron nuevos centros de estudio y titulaciones. En este caso, la promoción de la antropología en el occidente venezolano estuvo encabezada por las antropólogas Jacqueline Clarac y Nelly Gavidia, ambas formadas bajo la influencia de la escuela sociológica francesa imperante en la École des Hautes Études en Sciences Sociales (Mejías 2018: 83). En contraste con la antropología del centro del país, que seguía teorías y métodos norteamericanos, la antropología en el occidente estuvo inicialmente vinculada al pensamiento francés; no obstante, desde finales de los noventa, se hace una antropología estrechamente vinculada con el paradigma de las Antropologías del Sur que promulga la descolonización del pensamiento científico en el Sur Global (Clarac 2011).

Los principales centros de investigación venezolanos que imparten títulos oficiales en antropología se encuentran en la región capital y en el occidente del país. Por un lado, en la región capital, en Caracas, la UCV ofrece una licenciatura en antropología y un programa de doctorado en ciencias sociales con línea en antropología; en Caracas también se encuentra el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) que posee una maestría y un doctorado en antropología. Por otro lado, en la región occidental de Venezuela, la Universidad de Los Andes de Mérida (ULA) oferta una maestría en etnología y un doctorado en antropología, mientras que La Universidad del Zulia (LUZ) cuenta con una licenciatura y una maestría en esta área. En total, en Venezuela se imparten ocho títulos oficiales en antropología: dos licenciaturas, tres maestrías y tres doctorados. Además, existen dos importantes centros de investigación que, aunque no ofertan títulos oficiales, impulsan el conocimiento antropológico, estos son: el Instituto Caribe de Antropología y Sociología de la Fundación la Salle, y el Centro de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Experimental de Guayana (UNEG).

La antropología en Venezuela en el siglo XX se caracterizaba, entre otras cosas, por la desconexión entre los centros de investigación existentes en las diversas regiones del país, y por su poca participación en los problemas nacionales (Mansutti 1999). En este sentido, una de las críticas que se hace a la antropología del siglo XX, es su limitada aportación en la transformación social y en la toma de decisiones sobre políticas públicas, especialmente, en materia indígena. Con la llegada de Hugo Chávez al poder, la antropología recibió un impulso ideológico, los nuevos actores políticos promovían en sus discursos la construcción de una sociedad inclusiva y multiétnica, principios ampliamente defendidos por la antropología contemporánea; por ello, muchos antropólogos se sintieron identificados con las propuestas bolivarianas y vieron la oportunidad de participar en la transformación social.

A continuación, realizaremos un recuento de la evolución de la antropología venezolana durante el siglo XXI, vinculando su desarrollo al contexto sociopolítico y económico del país.

 

3. Aspectos económicos de la antropología en Venezuela

Pensar la relación entre la antropología y su contexto, especialmente en un contexto marcado por la crisis económica y la radicalización política, supone reflexionar acerca de las vinculaciones entre el poder y la producción del conocimiento; al respecto, surge la siguiente interrogante: ¿cuáles son los mecanismos que tiene el poder para controlar la producción del conocimiento científico?. Claramente, una de las estrategias directas mediante las cuales el poder orienta la producción del conocimiento es a través de la financiación de la ciencia.

3.1. La financiación pública de la ciencia en Venezuela

Las ciencias comienzan a promocionarse y financiarse desde el ámbito público en Venezuela a partir del año 1959 con la creación del IVIC, este instituto en sus inicios se alineará con los principios de la Asociación Venezolana para el Avance de la Ciencia (ASOVAC), la cual promovía la libertad de investigación y la autonomía del investigador como las formas más idóneas de estimular la actividad científica (Ministerio de Ciencia y Tecnología 2005: 22). Este liberalismo científico también será promovido por los Consejos de Desarrollo Científico y Humanístico (CDCH) de las universidades, que se encargarán de evaluar y financiar proyectos de investigación en sus propias universidades. La antropología fue una de las áreas iniciales beneficiada por las políticas de promoción científica, pues durante casi toda la década de los años 60, el IVIC fue la única institución en Venezuela que recibió fondos públicos para la financiación de la investigación, y desde 1960 en el IVIC existía un departamento de investigación en antropología que había sido fundado por el catalán José María Cruxent. Así pues, la investigación antropológica desde el inicio de la relación Estado-Ciencia recibió promoción a través de financiación pública (Requena 2003: 21-28). 

A partir de 1999, con el comienzo de la Revolución Bolivariana, se inicia un nuevo periodo en la financiación científica caracterizado por sus lineamientos apegados a la ideología socialista (Peña 2011: 273). El gobierno estableció ciertas áreas de interés prioritarias para el país en materia de ciencia y tecnología, y orientó los recursos de los programas de promoción científica hacia éstas. Esta medida puso freno a la libertad científica pues, temas de estudio que se encontraban fuera de las áreas prioritarias no conseguían financiación. En consonancia con estas nuevas ideas se crea en 1999 el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MPPCT); más adelante se publica el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2005-2030; se promulga la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (2005) y se crea la Misión Ciencia (2006). Todas estas iniciativas tenían como fin suplantar las antiguas instituciones encargadas de hacer políticas científicas y promocionar una nueva ciencia estrechamente relacionada con los intereses del gobierno. La agenda política se superpuso a la agenda científica y la direccionó de forma tal que la ciencia se convirtió en un vehículo de propaganda política (Rangel 2008). Un análisis actual de las redes sociales del MPPCT demuestra los estrechos vínculos ideológicos entre la ciencia que se financia con fondos públicos en Venezuela y el socialismo del siglo XXI (2).

Las nuevas políticas de promoción científica buscaban centralizar y controlar la investigación a nivel nacional, alineándola con los principios del socialismo. Se comenzó a promover un nuevo ideal de ciencia vinculado a los saberes populares; para ello, fueron creadas en el 2001 las Redes de Cooperación Productiva y en el 2006 la Misión Ciencia, cuyo objetivo era acabar con el monopolio del conocimiento detentado por las universidades tradicionales y los centros de investigación. El nuevo modelo de desarrollo científico propuesto e impulsado por la Revolución Bolivariana buscaba la inclusión del pueblo y sus saberes tradicionales en la generación del conocimiento. De acuerdo con Ramírez y Salcedo, la nueva ciencia promovida desde 1999 “parte de la premisa de que no solamente la ciencia se construye a partir de la actividad de los científicos y del saber científico, sino también a través de los saberes populares” (2016: 152). Todo ello implicó la reducción de la financiación a las universidades y centros de investigación tradicionales, y el protagonismo de nuevos creadores de saberes no vinculados a los métodos de la ciencia occidental.  Por otro lado, la reducción del presupuesto de las universidades públicas contrajo la capacidad de financiación de proyectos de investigación universitarios desde los CDCH. Aunque los CDCH no han sido eliminados, perdieron sus funciones y ya no son capaces de financiar iniciativas, su labor actual es sobre todo simbólica.

Las nuevas políticas científicas no solo son criticables por su sesgo ideológico, sino también por la ausencia de mecanismos de transparencia y la falta de auditorías en el uso de los fondos (García, Silva y Ramos 2018). Un caso que ejemplifica el mal uso de los recursos es el deterioro del Centro de Investigaciones Arqueológicas de Taima-Taima, al cual le fueron asignados cuantiosos recursos para su construcción y mantenimiento en el 2005 pero nunca llegó a edificarse (Riera 2017).

La antropología se ha visto afectada por estos cambios en las políticas de promoción científica y ha visto reducido su presupuesto, especialmente aquellos grupos que no comulgan con la ideología de la Revolución Bolivariana. Ninguno de los antropólogos entrevistados afirmó poseer financiación de programas públicos nacionales para realizar sus proyectos actuales, la crisis económica ha frenado la financiación de la ciencia, especialmente, la referente a las ciencias sociales y ni siquiera los antropólogos militantes del gobierno han recibido financiación en el último año.

 

3.2. El impacto de la crisis económica en la antropología

Las universidades públicas de Venezuela fundadas antes de la irrupción del chavismo fueron tildadas por el gobierno bolivariano como centros hegemónicos y elitistas de producción del conocimiento; por ello, se les dio la espalda y se recortó su presupuesto en favor de la creación y financiación de nuevos centros, como, por ejemplo, la Universidad Bolivariana que han sido severamente criticada por ser vehículo de propaganda.

Los antropólogos que investigan en Venezuela, mayoritariamente, son docentes en universidades públicas. Las investigaciones impulsadas desde las universidades comenzaron a decaer con el derrumbe del sistema universitario público tradicional; al decaer la financiación destinada a las universidades, decayó también la capacidad de éstas de financiar proyectos de investigación. A la carencia de fondos para proyectos, se añade la austeridad de los sueldos universitarios cuyo importe no cubre las necesidades básicas. El salario mensual de un profesor titular de universidad en Venezuela, contratado a tiempo completo y con dedicación exclusiva, es de 8.957.279,30 Bsf, equivalentes a 4,07 dólares (3).

De los 23 antropólogos entrevistados, 20 señalaron que la precariedad económica es uno de los problemas más urgentes de la investigación en Venezuela. El antropólogo 15 afirmó lo siguiente:

“Todos los espacios de investigación en Guayana (CIAG), en Caracas (UCV-ICAS, FLASA), en Mérida (Museo Arqueológico de la Universidad de Los Andes), Quíbor (Museo de Quíbor), el Museo de la Universidad Francisco de Miranda en Falcón, y el Museo de LUZ están en crisis severa. Hacen investigación de calidad, pero limitada en el alcance y la actualización. Nuestros investigadores difícilmente salen a eventos académicos. No tienen como comprar libros y mucho menos como financiar sus proyectos” (antropólog@ 15).

Por su parte, el antropólogo 22 señaló esto: “Por varios motivos familiares decidí quedarme y, como lo que me pagan de la universidad es más bien… ¿Cómo diría?… simbólico… comencé a trabajar con otras cosas. También nos ayuda mi hijo que vive fuera”.

La precariedad de los antropólogos venezolanos es reconocida por sus pares en Latinoamérica, la ausencia de venezolanos en congresos y eventos internacionales ha despertado solidaridad entre colegas, por ejemplo, en el V Congreso de la Asociación Latinoamericana de Antropología (ALA) se exoneró a los venezolanos de las cuotas de inscripción; al respecto, esta asociación emitió un comunicado en septiembre del 2016 en el cual señalaba que eximía a los venezolanos del pago de la matricula, por las siguientes razones:

“La situación de extrema devaluación del bolívar con respecto al dólar y al peso colombiano que experimentan en Venezuela. Esto se traduce en que las tarifas de inscripción establecidas por el Congreso sean equivalentes, por ejemplo, a más de un salario mínimo mensual de un profesor en Venezuela. Esta situación no es comparable con la de ningún país de la región. Teniendo en cuenta lo anterior, anunciamos que no se cobrará el costo de inscripción al Congreso a los participantes y ponentes venezolanos y de otros países que residan en Venezuela” (Comité Académico del V Congreso ALA 2016).

No solo la financiación de los investigadores ha entrado en severa crisis, también la financiación para las publicaciones y eventos académicos fue eliminada. Las dos principales revistas de antropología en Venezuela durante el siglo XXI, han sufrido los efectos de la precariedad económica, una de ellas dejó de publicarse en el 2016 y la otra redujo su periodicidad. Las publicaciones en papel son cada vez más escasas, no solo por la tendencia global a la digitalización, sino también por la escasez del papel en Venezuela y los altos costos de impresión. Los editores de la revista Antropológica, en la nota editorial del número 119-120, señalaban que, tras cincuenta y siete años de publicaciones en papel, no podían continuar con el formato físico debido al incremento del costo de impresión. Tres años después de este anuncio, la revista dejó de publicarse completamente. 

La restricción en las importaciones y los controles en la adquisición de divisas internacionales impidieron −entre otras cosas− la compra de papel, por ello, numerosas editoriales y revistas recurrieron al formato electrónico como medida de supervivencia. No obstante, el cambio no ha sido más favorable, el deterioro de los equipos informáticos, especialmente de los servidores, unido a los constantes cortes en el suministro eléctrico, crean dificultades tanto a los editores como a los lectores; la caída de los servidores es frecuente y por tanto, el acceso a las páginas web no es constante, esto genera una difusión inestable de las publicaciones y un menor número de accesos y citas. A las dificultades mencionadas se añade la baja calidad y velocidad de los servicios de internet en Venezuela que, según el reporte de Freedom House Net de 2019, es uno de los peores del mundo (Freedom House 2019). En este sentido, podemos afirmar que la digitalización de las revistas no solucionó los problemas de difusión, simplemente, cambió la naturaleza de los mismos.

Así como las revistas, los museos también han sufrido la crisis económica, por ejemplo, al Museo Arqueológico de la ULA en el 2018 se le asigno un presupuesto anual de 3.000.000 de Bsf, equivalentes a 1,36 dólares, cifra claramente insuficiente para mantener el funcionamiento de esta institución. Sin presupuesto, todos los proyectos de investigación antropológica y de trabajo comunitario que se llevaban a cabo en el museo se paralizaron (Meneses 2018). En una situación aún más preocupante se halla el Parque Arqueológico Taima-Taima que fue fundado en el 2005, y tan solo tres años después de su inauguración dejó de recibir todo tipo de financiación pública; en la actualidad, el parque está siendo desvalijado lentamente, la cubierta que protege los yacimientos arqueológicos ha sido robada y los recursos destinados a la construcción del Centro de Investigaciones de Taima-Taima desaparecieron (Riera 2017).

La crisis socioeconómica y política impulsó una diáspora migratoria de profesionales e investigadores sin precedentes en la historia contemporánea de Venezuela (Requena 2016: 444-453). Entre el 30% y el 40% de los profesores universitarios emigraron en el año 2018 (Vinogradoff 2018). Las plazas del profesorado que migra no son cubiertas: “Se han marchado varios profesores que me dieron clases y no hay generación de relevo, han quedado plazas de concurso abiertas y desiertas, nadie quiere hacer una carrera académica en Venezuela” (antropólog@ 17). A la emigración del profesorado se añade el ascenso de la deserción estudiantil, la cual entre el 2016 y el 2017 aumentó 29,1%, siendo mucho mayor en el caso del alumnado de las Facultades de Humanidades y de Ciencias Sociales, donde la tasa de deserción se ubica entre el 40-42% (Victoria 2017). Ante esta avasalladora deserción estudiantil, las universidades han comenzado a implementar estrategias de docencia virtual; no obstante, la escuela de antropología no ha implementado esta modalidad, como señaló uno de los estudiantes de esta carrera, “[Antropología] es la única escuela de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales que no ha tenido una inmersión dentro de lo que es el aula virtual de la UCV, no dictan cursos por allí mientras que las otras escuelas de la facultad sí, incluyendo sociología” (antropólog@ 17).

No solo la falta de inversión y promoción de la ciencia ha disminuido la producción antropológica, también la decadencia del sistema universitario ha tenido un impacto directo sobre el capital humano e intelectual, cuestión que afecta la producción antropológica en el presente y repercute en las generaciones de relevo.

 

4. La politización de la antropología

La antropología venezolana del siglo XX ya presentaba fisuras en su interior ocasionadas por tendencias ideológicas. Lino Meneses (2011: 103), refiriéndose a la fundación de la Escuela de Sociología y Antropología de la UCV, que será el germen originario de la institucionalización de la antropología venezolana, da cuenta de estas disputas: “Por razones políticas e ideológicas, para la fundación de la Escuela de Sociología y Antropología de la UCV en Caracas, se dejó de lado al Instituto de Antropología e Historia que había creado en 1949 en la misma Universidad el maestro Acosta Saignes”. Para Meneses, la creación de esta Escuela, en la cual predominaba el paradigma culturalista estadounidense llevado a Venezuela por investigadores de la Universidad de Wisconsin, desconoció los aportes de Acosta Saignes por su postura ideológica de izquierda. Así pues, desde los inicios, la antropología venezolana ha mostrado una polarización ideológica que se exacerbó con la llegada de Hugo Chávez al poder.

La antropología en la era bolivariana se ha caracterizado por una fuerte radicalización que ha fragmentado grupos de investigación, dividido departamentos y obstaculizado proyectos. El viraje ideológico en las políticas de financiación de las ciencias polarizó aún más la antropología, como señalan algunos de los antropólogos entrevistados:

“A medida que el segundo gobierno de Hugo Chávez consolida un discurso ideológico abiertamente socialista-comunista, se produce un proceso de radicalización ideológica que fractura toda la sociedad venezolana, inclusive, los espacios científico-académicos, especialmente los relacionados con las humanidades y las ciencias sociales, según se estuviese con el proceso de la ‘revolución bolivariana’ o ‘contra’ (antropólog@ 3).

“En los Andes, así como en el IVIC, la política partidista ha rebasado a la actividad y si no se es afecto al gobierno se generan tensiones que han hecho que los grupos de trabajo se hayan dividido(…) Los antropólogos además si no estamos con el gobierno somos vistos de manera sospechosa por lo que el ejercicio de la profesión en campo se ha tornado riesgosa” (antropólog@ 10).

Durante las entrevistas, dos antropólogos relataron abiertamente como fueron excluidos de proyectos y grupos de trabajo por no tener la misma tendencia política. El antropólogo Esteban Emilio Mosonyi, es ejemplo de la discriminación que sufren los científicos debido a sus discrepancias con el gobierno; aunque Mosonyi apoyaba al presidente Chávez, fue depuesto de su cargo como rector de la Universidad Nacional Experimental Indígena en el año 2018, tras manifestar públicamente su preocupación por el impacto sociocultural y ambiental generado por el Proyecto Nacional Arco Minero del Orinoco impulsado por el gobierno de Nicolás Maduro (Observatorio de Ecología Política de Venezuela 2018).

Ciertos antropólogos, que en los inicios del periodo bolivariano cooperaron con el gobierno en diversos proyectos, se han desilusionado y alejado del mismo, manteniendo una posición crítica con la gestión de Nicolás Maduro “en este momento, el régimen actual postmadurista es profundamente anti-ambientalista y profundamente anti-indígena” (Observatorio de Ecología Política de Venezuela 2018). Aunque algunos antropólogos continúan apoyando al régimen bolivariano, el rechazo a la explotación minera en el Orinoco ha generado un consenso entre los antropólogos de ambas tendencias políticas que concuerdan en que dicho proyecto ha creado un desastre ecológico y está afectando directamente a las poblaciones originarias de la zona (Asociación de Arqueólogos y Arqueólogas de Venezuela 2016). La contaminación mercurial de las reservas de agua de la región y la presencia de grupos ilegales armados ha generado un desplazamiento forzado de las comunidades indígenas y los ha convertido en víctimas de redes explotación sexual y laboral. El arco minero es una zona de grandes y silenciados conflictos sociales, donde convergen bandas de delincuencia local, guerrilleros, mafias del oro y mineros ilegales, amparados por el silencio cómplice del gobierno y las instituciones militares. Uno de los antropólogos entrevistados, refiriéndose a la antropología en la zona del arco minero, señalaba lo siguiente:

“La antropología que aún se hace, a muy duras penas en el país, es esencialmente un trabajo de profunda protesta y denuncia del gigantesco crimen etnocida y ecocida que se esta cometiendo brutal e indiscriminadamente en las tierras ancestrales de la Guayana venezolana en el Parque Nacional Canaima, a partir del proyecto de explotación de Arco Minero del Orinoco” (antropólog@ 3).

El ascenso del chavismo al poder con su discurso participativo, multiétnico e inclusivo inicialmente generó un clima de entusiasmo entre un gran número de antropólogos, quienes vieron una oportunidad de promover la visibilidad y el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios que se venían defendiendo desde los años 70 sin conseguir ser legislados. Al periodo bolivariano se le debe el reconocimiento legislativo de los derechos de los pueblos originarios que, tras décadas de reivindicaciones, finalmente fueron incluidos en la constitución de 1999. La nueva carta magna les consagraba por primera vez su derecho a la diversidad cultural, a la educación, a sus tierras ancestrales, su derecho a la salud, a tener organizaciones económicas y políticas propias, etc. Este reconocimiento legislativo es una de las herencias positivas del periodo bolivariano; sin embargo, tras 19 años de haber sido proclamados, la ejecución de los mismos es materia pendiente. En el plano real, el deterioro en la calidad de vida de los pueblos originarios es palpable, especialmente en la zona del arco minero de Venezuela.

Durante los primeros años del chavismo la causa indígena cobró fuerza, como lo demuestran los logros en materia indígena concretados en la Constitución de 1999; no obstante, la relación entre Chávez y los indígenas comenzó a resquebrajarse “a partir del año 2007 cuando lamentablemente el mismo compañero Chávez empezó a tener diferencias con los indígenas, especialmente con los pemones, en cuanto al tendido eléctrico, en cuanto a su no reconocimiento de las tierras indígenas” (Mosonyi apud Observatorio de Ecología Política de Venezuela 2018). Estas diferencias también se hicieron patentes en el 2013, en el caso de la demarcación de tierras yukpas, donde los ganaderos y hacendados, en complicidad con las fuerzas armadas y el gobierno, asesinaron a varios yukpas, incluido el líder Sabino Romero. A partir de este momento, la causa indígena, que había sido una de las banderas sociales del programa bolivariano, comenzó a desligarse del chavismo, y la antropología, defensora de los pueblos originarios, también se comenzó a distanciar del gobierno en alianza con las demandas indígenas (Mora y Rodríguez 2019: 19-22).

 

5. La producción y difusión de la antropología venezolana

Pese a las dificultades económicas y a la polarización política, la producción y difusión de la antropología venezolana se mantiene activa tanto en el interior como en el exterior de Venezuela. Aunque se investiga con mucha precariedad, con bibliografía desactualizada y con datos de trabajos de campo antiguos, se sigue investigando.

5.1. La producción de investigaciones: las dificultades del trabajo de campo

La producción antropológica durante los últimos años se ha visto truncada por las dificultades de realizar trabajo de campo, especialmente desde el 2013. La ausencia de campo fue mencionada por 12 de los 23 antropólogos consultados. La inexistencia de recursos destinados a la investigación, el empobrecimiento de las universidades públicas y los elevados índices de violencia e inseguridad son esgrimidos como las razones que impiden realizar nuevas investigaciones en terreno:

“No hay recursos en las universidades para salir a campo por lo que en los últimos cinco años trabajamos con los datos ya recolectados, al menos ese es mi caso” (antropólog@ 10).

“Hay poco trabajo de campo por la carencia de recursos” (antropólog@ 5).

“En Venezuela ya no se hace trabajo de campo con comunidades indígenas por temor a las mafias delincuentes en la zona y por la pobreza de los que dependemos de sueldos universitarios” (antropólog@ 9).

Para el conocimiento antropológico el trabajo de campo resulta esencial pues es el método que distingue la labor antropológica, sin el mismo, la calidad y la actualidad de las investigaciones quedan comprometidas.

A las dificultades actuales se suma un problema estructural de la antropología venezolana, desde finales de los años 70 se hace poco trabajo de campo, según la antropóloga Jacqueline Clarac, la antropología en Venezuela a partir de esta década se sumió en un constante debate que sostenía que era necesario tener un dominio teórico y metodológico total antes de salir al campo, como los estudiantes nunca alcanzaban este dominio, nunca salían de las aulas (Clarac 1993: 18-19). Esta tendencia se mantiene; los estudiantes de las carreras de antropología hacen pocos trabajos de campo durante sus estudios, como afirma el estudiante y antropólog@ 17: “Al campo solo sales cuando vas a hacer la tesis, si es que puedes”. A esta inclinación hacia la reflexión que caracteriza a la antropología venezolana desde los años 70, se añaden la precariedad económica y la inseguridad, tres razones que explican la escasez de trabajo de campo desde el año 2013. En el caso de la antropología urbana, las dificultades son menores pero siguen estando presentes, la falta de gasolina y trasporte, así como la inseguridad y escasez de fondos para la investigación desalientan el trabajo.

Las dificultades para realizar trabajo de campo han tenido una repercusión directa en la producción antropológica venezolana. No obstante, aunque la producción desde el interior de Venezuela se ha visto afectada por la crisis y la emigración de investigadores (Vargas 2018: 102), desde el exterior se han creado nuevos espacios de divulgación y redes científicas que mantienen activa la circulación de saberes y que constituyen verdaderos espacios de resistencia. Un ejemplo notable de estas redes de la antropología venezolana en el exterior son las iniciativas organizadas en Francia por la Dra. Catherine Alés, etnóloga experta en el estudio de los Yanomamis y Directora de Investigaciones del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia. La Dra. Alés desde 1975 y por más de tres décadas realizó trabajo de campo en Venezuela y contribuyó ampliamente a impulsar la antropología nacional participando en la creación del CIEG en los años 90, en el comité editorial del Boletín Antropológico y realizando numerosas publicaciones y conferencias acerca de los pueblos originarios venezolanos. En los últimos años, la investigadora gala ha liderado diversos programas de cooperación científica del convenio francés ECOS-NORD, junto a la Dra. Nalúa Silva del CIEG, para apoyar la investigación antropológica sobre Venezuela, el último de estos proyectos fue titulado “Nouvelles formes de participation citoyenne: genre, droits, bureaucratie”. De estos programas han derivado seminarios y talleres organizados en la École des Hautes Études en Sciences Sociales y en el Collège de France en los cuales participan de forma presencial y virtual antropólogos que abordan temas de antropología política y culturas originarias de Venezuela. Por ejemplo, en los años 2014 y 2015 la Dra. Alés coordinó, junto a la antropóloga venezolana Paula Vásquez, un seminario denominado “Le Venezuela contemporain: approches d’anthropologie politique comparée”; y en los años 2018 y 2019 se organizaron dos workshops titulados “Jeux de frontières. De part et d’autres du Venezuela” (4). Estos espacios de diálogo en el exterior sirven de punto de encuentro entre antropólogos venezolanos que han emigrado, antropólogos residentes en Venezuela y antropólogos extranjeros que siguen investigando y repensando la complejidad del país.

Uno de los debates centrales planteados en la red de antropólogos que investigan sobre Venezuela es la dificultad existente para realizar trabajo de campo. El trabajo de campo está lleno de riesgos vitales, sobre todo en el caso de investigaciones en poblados indígenas aislados y de la zona del arco minero. Algunos investigadores afirman estar trabajando con datos recabados en trabajos de campo antiguos (antropólog@ 10). Otros, afirman que, tras las dificultades enfrentadas para acceder a las poblaciones indígenas en Venezuela, han decidido hacer sus trabajos de campo con las mismas comunidades, pero en los países fronterizos. Por ejemplo, el antropólogo francés Allard, quien desde el 2007 estudiaba a los Waraos en el Estado Delta Amacuro, a partir del 2018 ha continuado sus investigaciones en Guyana, del otro lado de la frontera. Los problemas del trabajo de campo en Venezuela constituyen uno de los debates epistemológicos centrales de la producción antropológica actual. Estos debates acerca de las dificultades y peligros de hacer trabajo de campo son en sí mismos trabajos de denuncia sobre el deterioro del estado del bienestar en Venezuela y de las violaciones a los derechos humanos. La importancia de estos espacios de debate en el exterior radica en que permiten a la diáspora de antropólogos alzar la voz sin temor a las posibles represalias y censuras que sí sufren los investigadores que viven dentro de Venezuela, como es el caso de Esteban Emilio Mosonyi quien fue depuesto de su cargo por contradecir al gobierno.

5.2. La difusión de investigaciones: las revistas de antropología en Venezuela

La difusión de los resultados de las investigaciones está estrechamente vinculada con la producción de éstas y con el uso de instrumentos adecuados de divulgación; evidentemente, con el decrecimiento de la producción de investigaciones la difusión ha seguido la misma tendencia al declive. Una de las evidencias más claras del desplome de la investigación antropológica en Venezuela es el estado de las revistas científicas. Las dos principales revistas de antropología publicadas en Venezuela durante el siglo XXI son Antropológica y Boletín Antropológico (5). Una revisión del estado actual de ambas evidencia el panorama general de la antropología en Venezuela durante el periodo bolivariano. A continuación presentaremos un panorama general del desempeño de ambas revistas en el siglo XXI.

La revista Antropológica es la revista de antropología más longeva del país, se creó en 1956 en el ICAS de la Fundación la Salle, por iniciativa del alemán Johannes Wilbert y se publicó hasta el año 2016 contando con 126 números. La revista tuvo un funcionamiento regular y constante hasta el 2013, cuando comenzó a presentar síntomas de decaimiento a raíz de la escasez de recursos y los altos costos de impresión. Inicialmente, para responder a esta crisis, los editores disminuyeron la frecuencia de publicación ­–era una revista semestral– y la transformaron desde el 2013 en una revista anual; no obstante, esta periodicidad tampoco pudo mantenerse, por ejemplo, en el año 2015 no se realizó ninguna publicación, y a partir de 2016 no se han realizado nuevos números. En la nota editorial del número 119-120 del año 2013, se informaba que la revista atravesaba dificultades económicas que le imposibilitaban continuar con el formato de impresión en papel, desde entonces, la revista comenzó a publicarse solo de forma digital.

Hasta marzo del año 2019, en la antigua página web de la Fundación La Salle podían consultarse de forma online todos los números de esta revista comprendidos entre 1956 y el 2010, no obstante, los números correspondientes a 2011, 2012 y 2016 no se encontraban ni en el repositorio oficial de la revista, ni en otros catálogos en la red. Pese a no contar con la totalidad de los números publicados, el repositorio de la Fundación La Salle resultaba de gran utilidad, pues ponía a libre disposición de la comunidad científica internacional 118 números de la revista, del total de 126 que han salido a la luz. Lamentablemente, la web de la Fundación La Salle fue actualizada y el repositorio que contenía los números de la revista fue eliminado. En su lugar, la revista Antropológica migró, en agosto de 2019, a la plataforma Open Journal Systems (OJS) de la UCV, donde pueden consultarse únicamente los últimos cinco números publicados, del 2011 al 2016 (6). Esta migración del repositorio, por un lado, demuestra que existen iniciativas para mantener la difusión de esta importante publicación, adaptándola a los criterios y estándares internacionales del OJS; además, es un buen indicio de que la revista, quizá, pueda retomar su actividad a futuro. Sin embargo, también demuestra las dificultades que tienen las publicaciones online para su difusión; la migración de la revista a la plataforma OJS de la UCV comenzó en agosto de 2019 y hasta los momentos, solo han sido cargados 5 números. El resto de los números, que hasta el 2019 se encontraban disponibles en la web de la Fundación La Salle han desaparecido, por tanto, hoy día la revista es menos accesible a la comunidad internacional, cuestión que repercute en los índices de citas, de alcance y visibilidad.

El comportamiento de la revista Antropológica durante el siglo XXI refleja los problemas propios de la antropología venezolana del periodo bolivariano. Teniendo en consideración los números de la revista publicados desde el año 2000 hasta el 2016, hemos extraído algunas de las características generales de esta revista que evidencian las fortalezas y debilidades que ha atravesado la antropología en Venezuela. Durante este periodo se publicaron 132 entradas (artículos, notas editoriales, reseñas de libros y bibliografía reciente), si excluimos las reseñas de libros y las revisiones bibliográficas se publicó un total de 114 entradas, de éstas un 55,2% hace referencia a temas de antropología sociocultural, 11,4% aborda temas de arqueología, el 9,6% aborda biografías de antropólogos, el 5,2% corresponde a trabajos de etnohistoria, 4,3% a antropología lingüistica y el 14,3% restante se divide entre temas variados. Resulta interesante mencionar que durante este periodo se publicaron 17 artículos que abordan problemas referentes a territorios indígenas y conflictos derivados de la demarcación territorial de los mismos; es decir, un 14,9% del total de los artículos publicados en la revista discurren sobre un mismo tópico, mostrando que éste era un tema central de preocupación entre los antropólogos venezolanos, tema que fue avivado con las políticas de demarcación territorial propuestas en el gobierno de Hugo Chávez.

La vinculación de los autores que publican en la revista es otro indicador de las fortalezas y debilidades de la antropología en Venezuela. De los 177 investigadores que firman como autores (7), 105 pertenecen a instituciones venezolanas (59,3% del total), 46 a instituciones del exterior (25,9%) y 26 autores no indican su filiación institucional. Hay 105 autores nacionales, 77 pertenecen a un instituto del centro del país (IVIC: 44 autores, Fundación La Salle: 26 autores y UCV: 7 autores). De los autores nacionales que no son del centro de país, 10 pertenecen a la UNEG, demostrando los estrechos vínculos entre la antropología del centro del país y la de Guayana. La representación de autores de otras universidades venezolanas como la ULA (2 autores), LUZ (1 autor), la Universidad Indígena (1 autor) y la Universidad Bolivariana (1 autor) es realmente limitada. Estas cifras indican que la revista se ha enfocado en la difusión de trabajos de investigadores del centro del país, especialmente del IVIC, institución de la cual procede la mayoría de los autores. En lo referente a la vinculación de autores extranjeros, de los 46 autores con filiación en el exterior 28 proceden de instituciones estadounidenses. Sorprende la escasa participación de investigadores latinoamericanos, en todos estos años, solo hay 1 artículo firmado por 4 autores de México y 1 artículo firmado por 2 autores pertenecientes a una entidad brasileña. En cuanto a los idiomas de publicación, del total de 132 entradas, 21 están publicadas en inglés y las 111 restantes, en castellano.

La revista, según evidencian los indicadores anteriores, durante el siglo XXI tuvo un desarrollo local y endogámico estrechamente vinculado con el IVIC. Es desconcertante que durante el periodo estudiado, que abarca 17 años, solo hay 2 autores de la ULA y 1 autor de LUZ; la falta de difusión de investigaciones realizadas en otras regiones del país pone en evidencia el poco diálogo interuniversitario y la desarticulación de los antropólogos del centro y occidente de Venezuela. En lo que respecta a la internacionalización de la revista, se demuestra la existencia de una red de cooperación estrecha y continuada con instituciones estadounidenses; no obstante, sorprende la ausencia de autores latinoamericanos, solo 2 artículos fueron escritos por autores latinoamericanos de México y Brasil. La desaparición de esta revista en el 2016, que ya contaba con más de 50 años, representa el declive de la investigación nacional, evidencia la falta de presupuesto y la escasez de personal.

Por lo que al Boletín Antropológico se refiere, es la única revista de antropología en Venezuela que se mantiene activa, fue creada en 1982 por la Dra. Jacqueline Clarac y depende del Museo Arqueológico “Gonzalo Rincón Gutiérrez” de la Universidad de Los Andes. Desde el año 2011 disminuyó su frecuencia de trimestral a semestral, y se mantiene activa hasta el presente con esa periodicidad. En lo referente a los temas tratados por la revista, entre el año 2000 (número 48, volumen 01) y el 2020 (número 99, volumen 01), se publicaron 52 números con un total de 359 entradas en la revista (artículos, reseñas, boletines, compilaciones de índices de la revista, presentaciones de dossier y aportes documentales), firmados por un total de 475 autores (8). De estas 359 entradas, 269 son artículos de investigación; un 54% de los artículos aborda temas de antropología sociocultural, 18% trata temas relacionados con arqueología, 8% de teoría y reflexiones teóricas de la antropología, un 6% corresponde a investigaciones del área de la etnohistoria, 6% a temas de antropología física y el porcentaje restante se divide entre antropología lingüística, biografías, etnobotánica y ecología. Estas categorías, por supuesto, son arbitrarias y existen artículos que podrían estar etiquetados dentro de dos categorías, cuestión que genera ciertas imprecisiones; no obstante, este sencillo acercamiento cuantitativo sirve para dar cuenta del área principal de interés de la revista. Por ser mayoritariamente una revista de antropología sociocultural, resulta adecuado observar las subdivisiones temáticas que se encuentran dentro de esta categoría: entre los 146 artículos escritos sobre antropología sociocultural, un 40% de éstos aborda temas relacionados con sociedades indígenas, un 8% versan sobre antropología del cuerpo, 8% sobre patrimonio cultural, y el porcentaje restante se divide entre rituales y fiestas, campesinado, derechos de las minorías étnicas, antropología de la salud, antropología de la religión, y otros temas menos frecuentes.

Acerca de la vinculación de los autores, en la revista hay una participación del 79% de autores venezolanos, tendencia que refleja las dificultades que tiene la revista para internacionalizarse. 219 artículos están firmados por autores de la ULA, institución que patrocina la revista, este indicador alerta sobre la endogamia de las redes. Sin embargo, hay una considerable participación de antropólogos de otras regiones del país, por ejemplo, UCV 45 autores, LUZ 31 autores, UNEG 12 autores, IVIC 7 autores, Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda 7 autores, Universidad Experimental Rafael María Baralt 6 autores, Petróleos de Venezuela 3 autores, Universidad Experimental Ezequiel Zamora 2 autores, Universidad Pedagógica Experimental Libertador 2 autores, entre otras.

De acuerdo con estas cifras, el Boletín Antropológico tiene mayor apertura a autores e instituciones en el interior de Venezuela que la revista Antropológica. En el Boletín Antropológico publican un total de 475 autores, 116 de éstos provienen de universidades en el exterior y 358 están afiliados a instituciones venezolanas. En contrate con la revista Antropológica, en la cual la presencia de autores latinoamericanos es muy reducida, en el Boletín Antropológico esta presencia es mayoritaria dentro del grupo de autores del exterior: 85 autores provienen de Latinoamérica (México 33 autores, Cuba 18 autores, Argentina 16 autores, Colombia 9 autores, Brasil 6 autores, Chile 1, Ecuador 1 y Perú 1), mientras que 31 autores provienen de otras regiones del mundo (España 17, Francia 5, Burkina Faso 1, Estados Unidos 1, Holanda 1, Portugal 1 y Suiza 1). En este sentido, es evidente que las redes exteriores de difusión de esta revista están en Latinoamérica.

Por otro lado, desde 1993, en la región andina ha comenzado un movimiento a favor del paradigma de las Antropologías del Sur, el cual sostiene que el pensamiento antropológico debe ser descolonizado y desanglosajonizado. La fundadora del Boletín Antropológico, la Dra. Jacqueline Clarac, es una de las grandes promotoras de la red de Antropologías del Sur en Venezuela, y defiende el uso del castellano y del portugués como idiomas científicos para combatir la anglosajonización de la investigación. Estas ideas están reflejadas en la revista Boletín Antropológico pues durante los últimos 18 años, 325 entradas están escritas en castellano, 1 en francés y 1 en portugués, ningún artículo fue publicado en inglés, demostrando coherencia con los planteamientos de las Antropologías del Sur. De igual manera, la preeminencia de antropólogos del sur global, especialmente de Latinoamérica, forma parte de los postulados de esta tendencia antropológica. Sumado a ello, hay 9 entradas en la revista que plantean reflexiones teóricas sobre la importancia de las Antropologías del Sur en el contexto mundial de crisis de las ciencias sociales. Sorprende que, aunque este paradigma es abrazado por un gran número de investigadores en el occidente del país, ningún antropólogo del centro de Venezuela mencionó la existencia de éste, mostrando, una vez más, la fractura existente entre los investigadores del centro de Venezuela y los de las periferias.

 

6. Consideraciones finales

En medio de una crisis política y social compleja, la investigación en Venezuela se ha visto fuertemente afectada. La antropología no ha sido una excepción, las evidencias presentadas anteriormente demuestran que la investigación antropológica se encuentra en retroceso debido, principalmente, a la falta de financiación y a la politización de las ciencias. Estos dos factores han tenido un efecto inmediato en la disminución de la producción de investigaciones, en la desaparición de medios de difusión especializados, en la emigración de investigadores y en la deserción de la generación de relevo.

La precariedad ha sido el signo distintivo de la investigación antropológica en Venezuela durante la segunda década del siglo XXI. Los recortes de presupuesto a las universidades y a los programas de I+D, sumados a los escándalos de corrupción y desviación de fondos, han repercutido negativamente sobre la capacidad investigadora en el país. El porvenir de la investigación suele depender estrechamente del estado de las universidades, el declive de éstas ha significado el declive de la antropología y de la investigación en las demás áreas. Los salarios de los investigadores de las universidades son tan precarios que se ven en la necesidad de desempeñar otras labores para subsistir, no siempre relacionadas con su profesión. En estas condiciones, investigar resulta un verdadero sacrificio y esfuerzo. La precariedad económica dificulta el trabajo de campo, entorpece el funcionamiento de las revistas científicas, paraliza el mantenimiento de los museos, imposibilita la contratación de nuevo personal, acelera la emigración de investigadores y desalienta a las generaciones futuras de antropólogos.

Pero a la severa precariedad se ha contestado con la resistencia y el compromiso social de los antropólogos quienes, a pesar de todo, continúan investigando, publicando, participando en eventos de difusión académica y enseñando. Las estrategias para vencer la austeridad son variadas, desde el empleo de trabajos de campo antiguos, trabajo de campo en los países fronterizos con Venezuela, uso de fuentes digitales, docencia virtual, manifiestos en redes o participación por teleconferencia en congresos, seminarios y workshops en el exterior. No se ha dejado de producir antropología en Venezuela, pero se produce con recursos mínimos y con un alcance reducido.

A las deficiencias coyunturales actuales de la antropología venezolana, se añaden deficiencias estructurales que caracterizaban a esta disciplina desde sus comienzos. La endogamia de los centros de investigación sigue siendo una realidad, como atestiguan las revistas Antropológica y Boletín Antropológico pues la mayoría de los autores que publicaron en las mismas durante el siglo XXI provienen de la propia institución de las revistas. Los órganos de difusión del centro del país han volcado su mirada sobre sus propias producciones y la de sus colegas en EE.UU, mientras que la zona andina se enfoca en la producción del occidente de Venezuela y la de América Latina; no hay diálogo ni difusión de investigaciones entre estos polos regionales que se voltean la mirada entre sí y se desconocen; como resultado, estas revistas no solo tuvieron problemas para internacionalizarse, sino también para difundirse a nivel nacional y tener índices de impacto. Tanto la revista Boletín Antropológico como Antropológica se han visto afectadas por la crisis económica que vive el país, los cortes eléctricos, la escasez de papel y de recursos humanos, a ello se suman los conflictos internos en las universidades y centros de investigación que entorpecen el funcionamiento de las revistas y las aíslan, disminuyendo su capacidad de divulgación. El colapso y desaparición de la revista Antropológica es síntoma evidente del retroceso de la investigación a nivel nacional, así mismo, la disminución en la frecuencia de publicación del Boletín Antropológico indica la precariedad con la que se trabaja.

La desactualización es otra de las características presentes en el siglo XX que se ha agudizado en las dos primeras décadas del XXI. A los trabajos de campo desactualizados se suma la dificultad para acceder a bibliografías recientes y participar en congresos y seminarios en los que se planteen las últimas tendencias y debates sobre antropología. Esta desactualización es una forma de aislamiento intelectual y genera estancamiento. Los salarios de los investigadores están por debajo de los índices de pobreza, por tanto, invertir en bibliografía actualizada o en matrículas de congresos está fuera de las posibilidades de la mayoría.

Queda en evidencia con este estudio, la importancia de crear políticas de promoción científica no partidistas. Los escasos programas para la promoción y financiación de las ciencias que existen en Venezuela se han politizado y responden más a criterios de propaganda que de rigurosidad intelectual con lo cual la credibilidad de las investigaciones se pone en tela de juicio. La militancia partidista ha sobrepasado las esferas políticas y se ha impuesto como criterio de participación en grupos y redes de trabajo. Esta radicalización política dentro de la academia obstaculiza el diálogo y la discusión fructífera de las investigaciones que se realizan, y la convierte en una disciplina profundamente ideologizada.

Desde sus albores, la antropología como disciplina institucionalizada en Venezuela se ha visto entorpecida por rencillas académicas que limitan su desarrollo, la desarticulan y dificultan la ampliación de redes de investigación y de difusión de resultados a nivel nacional. A estas rencillas iniciales se ha sumado la militancia partidista actual dando origen a un alejamiento aún mayor entre investigadores.

La antropología en la Venezuela de la segunda década del siglo XXI se caracteriza por la precariedad, la politización, la ausencia de espacios institucionalizados de discusión, la desactualización y desconexión internacional, y la falta de personal. Aún así, aunque la producción antropológica haya disminuido, la antropología que se hace tiene un profundo contenido de crítica social y protesta ante las violaciones de derechos humanos, por lo que podríamos decir que una parte importante de la antropología venezolana actual es una forma de contestación y de resistencia.


 

Notas

1. Para mantener la confidencialidad de los participantes, a cada uno de los entrevistados se le ha asignado un número, antecedido por la palabra “antropólog@”.

2. Véase el perfil oficial de twitter del MPPCYT (https://twitter.com/Mincyt_VE), donde constantemente se enaltece la labor de los científicos venezolanos en la supuesta guerra contra EE.UU (ver, por ejemplo, el tweet del 10/09/2019). En dicho perfil, abundan frases como “ciencia contra el imperio” y “nueva ciencia socialista”.

3. Estos datos fueron extraídos de la nómina correspondiente a junio de 2018, de una profesora titular con dedicación exclusiva a tiempo completo y con 30 años de servicio en la ULA. Según la casa de cambio Zoom, el cambio de bolívares a dólares estadounidenses el día 21 de junio de 2018 era de 2.200.000bsf por 1$.

4. Los programas de los seminarios y workshops pueden consultarse en el sitio web de la EHESS en http://enseignements-2014.ehess.fr/2014/ue/203/ y https://cutt.ly/xhBw0sp.

5. En este artículo hemos considerado estas dos revistas por estar dedicadas exclusivamente a temas antropológicos, no obstante, hay que mencionar que existen otras revistas de ciencias sociales donde se publican artículos antropológicos, aunque estas revistas no están dedicadas solo a la antropología, por ejemplo: la Revista de Ciencias Sociales (LUZ), Revista Venezolana de Antropología y Sociología: Fermentum (ULA), la Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales (UCV), y Opción: Revista de Ciencias Sociales y Humanas (LUZ).

6. La dirección web para consultar el nuevo repositorio de la revista Antropológica es  http://saber.ucv.ve/ojs/index.php/rev_ant/issue/archive

7. Aunque hay 177 firmantes, es importante señalar que algunos de ellos han firmado más de una entrada, es decir, un autor puede haber publicado más de una vez en la revista. Por ejemplo, la investigadora Erika Wagner firma 11 entradas.

8. Aunque hay 429 firmantes, es importante señalar que algunos de ellos han firmado más de una entrada, es decir, un autor puede haber publicado más de una vez en la revista. Por ejemplo, la Dra. Jacqueline Clarac firma 17 artículos.


 

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Gazeta de Antropología