Gazeta de Antropología, 2021, 37 (1), recensión 03 · http://hdl.handle.net/10481/69150 Versión HTML
Publicado 2021-06
María Pilar Panero García (ed.):
Mirar, vivir, participar. Turismo cultural y Semana Santa.
Valladolid, Ediciones Universidad de Valladolid, 2020.

Ángel Montes del Castillo


RESUMEN
Recensión del libro: Mirar, vivir, participar. Turismo cultural y Semana Santa (Valladolid, Ediciones Universidad de Valladlid, 2020) de María Pilar Panero García (ed.).

ABSTRACT
Review of the book: Mirar, vivir, participar. Turismo cultural y Semana Santa (Valladolid, Ediciones Universidad de Valladlid, 2020) by María Pilar Panero García (ed.).

PALABRAS CLAVE
Semana Santa | turismo | patrimonio
KEYWORDS
Holly Week | turism | heritage

Mirar, vivir, participar. Turismo cultural y Semana Santa es el título y subtítulo de la obra cuyo contenido vamos a comentar a continuación. Ambos, título y subtítulo, son ya una invitación para acercarse a la Semana Santa y para comprenderla, y, a la vez, un diagnóstico de esta.

Mirar es ver con intención. La Semana Santa es un escaparate en movimiento de los acontecimientos de la Pasión de Cristo, que nos llama a su contemplación. Pero no es una observación cualquiera, como cuando vemos un paisaje. Es una observación que nos lleva a identificar cada una de las figuras de los pasos procesionales, su actitud, su expresión, sus sentimientos, y a la vez a percibir los objetos y adornos de los diferentes pasos y a comprender y a penetrar en su significado religioso para el observador. Porque el escenario y lo que en él acontece es, sin duda alguna, en primer término, religioso. Después habrá que identificar otros elementos latentes y escondidos.

Por eso, junto al mirar, se invita al espectador a vivir y participar. Lo que quiere decir que se le propone introducirse física, mental y emocionalmente en el significado religioso del acto, es decir, experimentar un sentimiento religioso. Hemos observado que muchos análisis de la Semana Santa, tanto periodísticos como académicos, olvidan con frecuencia esta evidencia primera y fundamental.

Y, a continuación, en el subtítulo de la obra se propone un diagnóstico del acto de mirar, vivir y participar, que viene recogido en la expresión “Turismo cultural y Semana Santa”.  Esta forma de ver la Semana Santa desde el turismo, es, sin duda, legítima y pertinente, pero resulta reduccionista si limita su comprensión a la dimensión turística, porque la Semana Santa es un fenómeno mucho más complejo que un simple objeto que moviliza el turismo regional y nacional. La razón de esto es que lo primero que está en el escenario de la Semana Santa es un acto religioso, unas acciones de personajes y objetos religiosos promovidos y conducidos por cofradías y reconocidos por el pueblo que las contempla, y con las que establece una relación durante todo el año, pero especialmente en el momento procesional. Y así sucede tanto en las procesiones castellanas como en las andaluzas y murcianas, con sus propias características cada una, que año tras año hemos contemplado. Esto es irrefutable. La Semana Santa es, en primer lugar, un acto religioso, un acontecimiento religioso. Después habrá que analizar qué tipo de religión es el que se activa, qué formas religiosas movilizan a los cofrades y participantes, qué expectativas genera en los visitantes y turistas. Pero el punto de arranque es la religión.

En la obra que vamos a comentar a continuación se proponen tres bloques de temas. El primero centra el espacio teórico en el que se mueve la obra con una Presentación sobre “Semana Santa, patrimonio y turismo”, y con una Introducción titulada “El espacio turístico: La Semana Santa”. El segundo bloque de capítulos se titula “Antropología, turismo y religión”, en el que se ofrecen cuatro capítulos, preferentemente teóricos, sobre la Semana Santa. Y el tercer bloque con el título “Turismo y Semana Santa. Estudio de casos”, presenta ocho capítulos sobre diferentes actos religiosos de Semana Santa en Portugal, Italia y España.

Veamos el contenido de cada uno de los tres bloques. En el primer bloque de la obra se incluyen la “Presentación” y la “Introducción”. En la “Presentación” se trata de ligar tres conceptos: Semana Santa, patrimonio y turismo. Inicialmente, junto a la celebración litúrgica de la Semana Santa surgen una serie de actividades (representaciones de la Pasión, cofradías, viacrucis, etc.), orientadas a animar la fe de los creyentes. La tesis central es “celebramos la fe”. La procesión aparece como expresión de la fe comunitaria. Con el paso del tiempo muchas de estas actividades se han ido cargando de un componente identitario, en el sentido de que las celebraciones expresan la cultura del grupo. Son “nuestra manera propia de celebrar y de vivir la fe”. Son nuestro patrimonio ligado a lo religioso. Es un patrimonio que refleja la identidad del grupo. Por eso, la procesión aparece como una afirmación de una identidad comunitaria. La procesión no es solo expresión de una fe comunitaria, sino la afirmación de una identidad comunitaria.

Pero, sorprendentemente, la explosión y el auge de las celebraciones de Semana Santa, especialmente de las procesiones, ha ido paralelo a la secularización de la sociedad. ¿Cómo explicar este fenómeno? A esta y a otras muchas preguntas trata de responder esta obra.

En este contexto, aparece un nuevo actor: los turistas. Estos no son creyentes propios de la comunidad celebrante; no son tampoco creyentes ajenos que nos acompañan. Son unos personajes extraños que nos visitan porque quieren contemplar lo que hacemos, sea esto –añado– cosas bellas o cosas singulares. Por último, el autor se pregunta por el futuro de la Semana Santa en un mundo secularizado. Su respuesta, que está en un componente no explícito, es nítida: dicho futuro es la eclosión de lo sagrado que está presente en la Semana Santa y en otros actos religiosos, sean católicos o no.

En la “Introducción”, su autora realiza una presentación de la obra, junto a una breve reseña de sus diferentes capítulos. En ella recoge las cuatro perspectivas vigentes sobre el turismo. La primera es el turismo entendido como proceso de aculturación. La segunda se sustenta en los presupuestos teóricos básicos de espacio, tiempo y cultura. En la tercera se tiene en cuenta las constantes axiológicas de la sociedad de origen, la que produce el turismo. La cuarta es el valor del turismo como restauración psíquica.

En el segundo bloque titulado “Antropología, turismo y religión”, se ofrecen cuatro capítulos, preferentemente teóricos, en los que se aborda el turismo religioso o de Semana Santa. Aunque sea de paso, conviene recordar que el llamado turismo religioso, para distintos autores, es mucho más que la Semana Santa. Nos referimos a la religiosidad popular, tan extendida y vigente en todo el país.

Alessandro Simonicca (“La Antropología, entre el turismo y la religión. Un estado de la cuestión”) elabora un discurso sobre dos tipos de turismo, el religioso y el espiritual. Esta es una distinción, en principio, válida. El problema es que, aunque parece que el sustrato de ambos es la religión, sin embargo, según el autor, el turismo religioso no implica la pertenencia a una iglesia concreta, y a su vez el turismo espiritual no supone una adhesión a valores y creencias específicas. Así que el turismo religioso como práctica cultural del tiempo libre se ha convertido en una forma de religión secularizada.

Miguel Antonio Nogués-Pedregal (“Marcando el paso. Una visión socio-antropológica del turismo en tiempos de Pasión”) presenta una visión del turismo centrada en la Semana Santa. Parte de un concepto genérico de turismo, para pasar a definir el turismo religioso, a mitad de camino entre el pensamiento ilustrado y el pensamiento mágico. Establece una distinción, pertinente a mi modo de ver, entre turismo religioso que privilegia el rito o la dimensión ritual, en todo su significado, y la banalización del rito. Recoge la posición de las cofradías, que son contrarias a la mercantilización de la Semana Santa.

José Luis Alonso Ponga y María del Pilar Panero García (“Peregrinos, viajeros y turistas: religión, economía y cultura en la construcción del relato de la Semana Santa”) proponen una distinción entre turismo religioso, turismo cultural-religioso y turismo espectáculo religioso. Según los autores, en este último tipo de turismo se incluiría la Semana Santa. En la celebración de la Pasión establecen una distinción entre peregrinos, viajeros y turistas, por un lado, y nativos, curiosos y turistas, por otro, con el objeto de clasificar los diferentes tipos de viajes que realiza la gente hoy relacionados con la muerte de Cristo. La Semana Santa, como espectáculo, se ha construido inicialmente como catequesis para el pueblo cristiano y muy posteriormente como espectáculo religioso en cuanto producto turístico. Sin embargo, el turismo no ha liquidado la experiencia religiosa del pueblo.

Narciso Lorenzo Leal (“Semana Santa: teología, tradición y turismo en el marco de un diálogo interdisciplicar”) establece su punto de vista sobre la conexión entre teología, tradición y turismo en Semana Santa. En la descripción del relato se hace compatible el nivel escenográfico de las procesiones con el nivel teológico-trascendental. Realiza una revisión de los fundamentos litúrgicos y teológicos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, como hecho salvífico que repercute en la cultura y la sociedad y activa la economía. Según nuestro punto de vista, es un análisis acertado, pero insuficiente porque no explica el fenómeno de la Semana Santa en sí mismo. Parece olvidar que el origen y el fundamento de la Semana Santa no es el turismo; este y su repercusión en la economía vinieron después, con la modernidad y el estado de bienestar.

En el tercer bloque de capítulos, titulado “Turismo y Semana Santa. Estudio de casos”, se presentan ocho capítulos sobre diferentes actos en la Semana Santa en tres países, Portugal, Italia y España. Veamos muy brevemente cada uno de ellos.

Juan Manuel Guimeráns Rubio (“Turismo y Semana Santa en Valladolid: desde la pasión a lasexperiencia”) describe el modelo de gestión turística de una de las semanas santas más importantes de España por la singularidad de su desarrollo y por el valor artístico procesional de sus pasos. Esto ha generado una expectativa de los poderes públicos por su gestión debido a la trascendencia turística de la Semana Santa para la ciudad de Valladolid. Consciente de esta relevancia turística para la ciudad, el Consistorio trabaja en impulsar una gestión turística sostenible, consciente de la trascendencia cultural y religiosa de la Semana Santa y de sus efectos beneficiosos para la ciudad.

Rui Ferreira (“Semana Santa de Braga: Patrimonio Inmaterial de Portugal”) justifica en su capítulo la consideración de la Semana Santa de Braga como Patrimonio Inmaterial de Portugal. La celebración de la Semana Santa rebasa el ámbito privado de las creencias para convertirse en un fenómeno activador de la ciudad y de todo el Patrimonio. Apuesta por la defensa de la Semana Santa como factor movilizador de la identidad local frente a las tendencias homogeneizadoras. Recuperar la memoria colectiva es un modo de construir significaciones operativas para la comunidad en el presente. Alerta sobre el riesgo de convertir las prácticas tradicionales en espectáculo religioso. La patrimonialización debe ser fundamental para la conservación.

Julio Grande Ibarra (“Los disciplinantes de San Vicente de la Sonsierra, La Rioja, España. Un ejemplo de las repercusiones del turismo”) aborda el rito singular de los disciplinantes. Se trata de un rito asediado por el turismo, lo que ha hecho que los nativos reaccionen en varias ocasiones contra las injerencias extrañas y contra el desconocimiento de su significación. El autor es crítico con la visión exótica de estas celebraciones que algunos presentan sin tener en cuenta su sentido para el pueblo. Es partidario de un turismo sostenible que respete la tradición sin alterar el patrimonio inmaterial.

Fina Antón Hurtado (“La Semana Santa en la ciudad de Murcia: icono del turismo multivivencial”) inicia su exposición destacando que el tema de la religiosidad popular suscitó el interés de la Antropología Social desde sus inicios por considerarla una manifestación de la capacidad simbólica exclusiva de la especie humana en tanto que vehículo de expresión de creencias. Confiere a la categoría de sentido una posición central y establece su relación con el concepto de identidad y el de emoción. Muestra, a través del análisis antropológico de las procesiones de Semana Santa en la ciudad de Murcia, cómo los participantes y los espectadores vivencian un conjunto de sensaciones, que cada uno personaliza y concentra en la expresión de una emoción, no vinculada exclusivamente al sentimiento religioso, sino diversificada en sentimientos de identidad, de pertenencia, estéticos, etc.

Paola De Pinto (“La producción artística y musical en los ritos pascuales de Puglia. Un patrimonio para custodiarse y narrarse”) ofrece la perspectiva de una institución religiosa que, además de ejercer una función catequética, contribuye a generar beneficios económicos y simbólicos. El museo promueve acciones relacionadas con la Semana Santa. Las actividades se llevan a cabo con instituciones civiles, asociaciones culturales, bandas de música y cofradías de la ciudad; y van destinadas a la conservación y la divulgación. Una es la via dell´arte sobre las esculturas de madera policromada, y otra la via dei suoni e delle melodie para recuperar obras de una importante tradición de compositores y bandas de música.

Gema Carrera Díaz (“La Documentación de la Semana Santa en el Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía”) alerta sobre la necesidad de documentar adecuadamente el Patrimonio, y en concreto la Semana Santa, como fundamento de su conservación. El riesgo de los rituales festivos para mantener su identidad y sus funciones está precisamente en los procesos de institucionalización, que los secuestran, frente a las formas de organización comunitaria tradicionales. Cuando esto sucede, la pérdida de la vertebración social y la pérdida de la diversidad cultural es inminente.  Por eso, la autora es crítica con la falta de rigor en la construcción de la identidad andaluza. Refuerza el valor y función de la Semana Santa como elemento activador de la reproducción simbólica e identitaria de los grupos sociales que, año tras año, la mantienen al margen de otros intereses.

Salvador Rodríguez Becerra, Salvador Hernández González y Encarnación Giráldez Cejudo (“Patrimonio y promoción turística de la Semana Santa en las ciudades medias de Andalucía. La ruta ‘Caminos de Pasión’”) explican en su capítulo el modelo de gestión cooperativa de diez ciudades medias representativas de las celebraciones andaluzas. Son las ciudades de Alcalá La Real, Baena, Cabra, Carmona, Écija, Lucena, Osuna, Priego de Córdoba, Puente Genil y Utrera, agrupadas en la Asociación para el desarrollo turístico de la ruta “Caminos de Pasión”. La asociación nació con la aspiración de que estas importantes villas históricas, eclipsadas por las grandes semanas santas andaluzas, den a conocer sus ritos de Cuaresma, Semana Santa y Pascua en su tiempo, pero también otros bienes culturales como los museos a lo largo de todo el año. La asociación tiene como fin principal conocer, difundir y revitalizar el patrimonio para conservarlo.

Gaetano Armenio (“La Settimana Santa in Puglia: un viaje entre la fe, la tradición y la experiencia turística”), desde una perspectiva diferente a la académica y a la institucional, que ha dominado la mayor parte de los capítulos anteriores, aborda las tradiciones populares de Puglia. El autor ofrece la imagen que se proyecta sobre esta región en los circuitos profesionales, pero subraya la conveniencia de trabajar en el territorio para que los propios protagonistas valoren sus recursos culturales y los conserven.

Para terminar esta breve descripción, solo queremos, primero, agradecer a los diferentes autores de esta obra sus aportaciones a la comprensión de uno de los fenómenos religiosos más importantes del mundo cristiano, la Semana Santa, vista en esta obra desde el ángulo del turismo. Nos parece una aportación fundamental en estos momentos de creciente olvido de las creencias religiosas. Y, en segundo lugar, queremos subrayar una evidencia, que los distintos autores reconocen: el hecho de que la Semana Santa es, sin duda alguna, en principio, un fenómeno religioso, y su fundamento es la experiencia de lo sagrado.


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