Gazeta de Antropología, 2021, 37 (3), artículo 04 · http://hdl.handle.net/10481/70184 Versión HTML
Recibido 13 julio 2021    |    Aceptado 2 agosto 2021    |    Publicado 2021-09
El exilio como sendero del ser
Exile as a path of being




RESUMEN
De manera tradicional solemos definir la metafísica como la ciencia del Ser como Ser. Para Ortega y Gasset la Metafísica es construcción del Mundo con la circunstancia. Para Zambrano la metafísica hunde sus raíces en la propia vida humana, se sustenta más concretamente en el sentir, en el sentirse mirado, sin saber por quién ni cómo. El ser no es una pregunta, es una respuesta. De este modo, Zambrano propone una Metafísica diferente frente a la Metafísica tradicional. En el exilio encontramos la figura que lo define.

ABSTRACT
In a traditional way we usually define metaphysics as the science of Being as Being. For Ortega y Gasset, metaphysics is the construction of the world with circumstance. For Zambrano metaphysics sinks its roots in human life itself, it is sustained more concretely in the feeling, in the feeling of being looked at, without knowing by whom or how. Being is not a question, it is an answer. In this way, Zambrano proposes a different Metaphysics as opposed to traditional Metaphysics. In exile we find the figure that defines him.

PALABRAS CLAVE
metafísica | circunstancia | vida | respuesta | exilio
KEYWORDS
metaphysics | circumstance | life | answer | exile


A Juan Antonio Estrada Díaz, quien nos enseñó a mirar

 

1. Introducción. La Metafísica experimental para comprender el “Ser” de la vida humana 

El término metafísica viene del griego metà, más allá, y physiká, física o, más concretamente, lo palpable. Este término es utilizado tradicionalmente para definir la metafísica como la ciencia del Ser como Ser, de los primeros principios. Así la metafísica ha sido considerada como un estudio del ser y de todo lo que implica. No obstante, para Ortega y Gasset (1932-1933: 171) la Metafísica no es ciencia: “La Metafísica no es ciencia; es construcción del Mundo, y eso, construir mundo con la circunstancia, es la vida humana”. Agrega en líneas posteriores: “El hombre hace mundo para salvarse en él, para instalarse en él el hombre es Metafísica. La Metafísica es una cosa inevitable” (Ortega y Gasset 1932-1933: 172), ya que el ser humano siempre busca una orientación radical en su situación concreta.

En este mismo sentido, para Zambrano la metafísica ocupa un lugar esencial en la existencia humana, pues ella hunde sus raíces en la propia vida humana, de ahí que cuando habla del ser no lo hace desde la mera visión ontológica, sino que su comprensión sobre el ser se sustenta en un contenido existencial y más concretamente en el “sentir” en su  Hacia un saber sobre el alma en el año 1930. “Mas lo primero en el ser humano no es mirar sino sentirse mirado, sin saber por quién ni cómo. La pregunta filosófica no es el comienzo sino, más bien, el final. (…) El ser no es una pregunta, es una respuesta” (Moreno 2005: 17). De este modo, Zambrano propone una Metafísica diferente frente a la Metafísica tradicional, la cual crítica porque ve en sus fundamentos, sobre los cuales está construida, la tendencia a distorsionar la verdad y nuestra visión sobre la realidad. 

Zambrano considera que dichas estructuras son creadas por la imaginación en un mundo poético que ella llama “forma-sueño”, en un mundo de ficción que desfigura y suplanta la verdad (Ortega 2005: 173).

Cuando planteamos el método Razón Poética hemos hecho alusión a Xavier Zubiri porque Zambrano hereda de él la primacía del sentir (sentirse con la realidad). No obstante, se plantea que hay en este aspecto del sentir una profunda diferencia entre estos dos autores, que es necesario considerar. Zubiri analiza el sentir como nous, al estilo aristotélico, desarrollando sus dimensiones noética y noérgica, se trata de la impresión de la realidad, dicha impresión es el acto de la inteligencia sentiente:

“No se trata de inteligir lo sensible y de sentir lo inteligible, sino de que inteligir y sentir constituyen estructuralmente –si se quiere emplear un vocablo y un concepto impropios en este lugar– una sola facultad: la inteligencia sentiente. El sentir humano y el inteligir no solo no se oponen sino que constituyen en su intrínseca y formal unidad un solo y único acto de aprehensión. Este acto en cuanto sentiente es impresión; en cuanto intelectivo es aprehensión de realidad. Inteligir es un modo de sentir, y sentir en el hombre es un modo de inteligir” (Zubiri 1989: 13).

De este modo, Zubiri precisa en que consiste el inteligir y el sentir humano afirmando –en palabras de Bundgard– que son dos actos que constituyen dos momentos de un solo acto de aprehensión sentiente de lo real. Se trata del inteligir y sentir en su estructura formal. “Lo peculiar del hombre es que es capaz de una aprehensión sensible de realidad. La inteligencia sentiente aprehende el ‘de suyo’ de la realidad, en contraposición al animal que solo aprehende estimúlicamente” (Bungard 2001: 53).

Por tanto, la realidad para Zubiri se da como “realidad sentida” en “impresión de realidad” y el ser humano puede ser definido como “inteligencia sentiente” porque es capaz de enfrentarse “sentientemente” con la realidad de las cosas.

Frente a esta forma de comprender la realidad, la posición de María Zambrano se hace desde dos lecturas. Por un lado se plantea una divergencia con el planteamiento zubiriano (Cerezo 2005: 19-20) y por otro lado existe una convergencia evidente (Ortega 2005: 169-181).

Con respecto a la primera postura, se plantea que si Zubiri analiza el sentir como nous, que es el acto de la inteligencia sentiente, Zambrano nos conduce a comprender el sentir “por vía pática” y no por la vía “noética” al estilo zubiriano. Los argumentos que sostienen tal posición emergen de la propia autora, pues para ella lo primero que el ser humano experimenta no es el pensar sino el sentir, de ahí que el sentir sea un acto más originario y primigenio que el pensar:

“Todo aquello que puede ser objeto del conocimiento, lo que puede ser pensado o sometido a experiencia, todo lo que puede ser querido, o calculado, es sentido previamente de alguna manera; hasta el mismo ser que, si solamente se le entendiera o percibiese, dejaría de ser preferido a su propio centro, a la persona” (Zambrano 1989: 159).

Así pues, el sentir zambraniano nos lleva a experimentar la realidad como un abismo, como una realidad con un fondo inagotable en el que el alma está perdida, abandonada y necesita superarse. En esa expresión de que en el naufragio va la vida de María Zambrano en notas de un Método, más tarde Ortega y Gasset señala la situación de “naufragio” como la situación más adecuada para que surja el pensar. Pero para Zambrano (cfr. 1989: 20) el sujeto del naufragio es el estar sumergido el sujeto. Esta situación corresponde a la vida originaria en que:

“La situación en que todo ser humano en cuanto cae en la cuenta de sí, sintiéndose más que pensado, pensándose, sea la de estar sumergido él en su vida y en su ser, él mismo también en su constante quehacer: de los acontecimientos que posee y que un buen día siente que le poseen, de sus apetencias insoslayables, de su poder” (Zambrano 1989: 21).

De este modo, la realidad que Zambrano describe refleja la experiencia humana comprendida como pathos o pasión, de ahí que el sufrimiento y padecimiento adquieran en Zambrano una importancia fundamental para comprender la existencia humana, que reclama una nueva concepción de metafísica:

“Una nueva concepción de la claridad, una atención a las formas discontinuas de la luz y del tiempo, se abre camino ya, aun dentro de la llamada psicología de lo profundo. Y así también, en la Fenomenología de Husserl. Ambas carecen de una última exploración metafísica. Una metafísica experimental, que sin pretensiones de totalidad haga posible la experiencia humana, ha de estar al nacer” (Zambrano 1989: 26).

La segunda postura, converge con el pensamiento zubiriano, nos lleva a comprender el sentir por vía noética, así Zambrano llamará a este saber intuitivo o nous que posibilita el conocimiento humano con el nombre de “aurora”.

“Esta ‘aurora’ del pensamiento no es episteme, necesariamente es nous. Nous que acertadamente Julián Marías traduce por intuición” (Zambrano 1989: 26). Así pues, la metafísica que plantea Zambrano es experiencial y se construye desde una razón intuitiva que responde a un posible conocimiento pasivo, en el sentido de que no es dado, no logrado por nuestro esfuerzo discursivo.

Para Fernando Ortega, esta metafísica experiencial se entiende como “vivencial”, traducción de la palabra alemana Erlebnis, que María Zambrano llamó “revelación”, intuición clara que se nos impone como una verdad incuestionable. Al respecto se afirma: “no es un saber discursivo, ni un saber empírico o experimental, sino una intuición intelectual, donación gratuita de conocimiento que posibilita nuestro discurso, es experiencial” (Ortega 2005: 175-176).

Sin embargo, la metafísica experimental a la que alude Zambrano se construye desde la experiencia humana y más concretamente desde el sentir las situaciones de padecimiento en que el ser humano está inmerso, por ello al hablar de una metafísica no solo experiencial sino experimental, en la que “se ex-pone el alma en una historia en que vive padeciendo y actuando las diversas suertes existenciales en su contacto con el fondo misterioso de la realidad, en donde ha de nacer de nuevo” (Cerezo 2005: 19). Nos conduce a una clase de conocimiento que se determinada como la razón vivencial o intuitiva en la que está sustancialmente contenido en el sentir como pathos. Para Zambrano lo fundamental de la Metafísica experimental que propone no persigue un carácter universal sino que haga posible la experiencia humana.

 

2. Las tres cuestiones 

Como preocupación en la década de 1940, en que Zambrano manifiesta su interés por tres cuestiones, a saber: la forma del pensamiento, la situación de Europa y la situación de la mujer. El acercamiento de María Zambrano a la realidad de la mujer se refleja especialmente. En este sentido, Juana Sánchez-Gey Venegas (1996: 76-78) nos deja entrever el desarrollo del tema en cuestión. Afirmando que el núcleo de esta realidad Zambrano lo aborda no desde la exterioridad sino que lo enfrenta como una cuestión radical y desde su propia experiencia como mujer.

Zambrano se ubica frente a la realidad de la mujer como la persona que desea recrear y crear un espacio diferente, pero sobre todo reivindica el papel de la mujer como creadora de orden:

“Si es algo la mujer en la vida de un hombre como Nietzsche –quizá, de todo hombre– es creadora de orden. Ordenar graciosamente la barbarie de los instintos, la selva del sentimiento, la contradicción de los anhelos fue la misión que declinó Lou Salomé frente a Dionisos germánico” (Zambrano 1933: 106-108). 

Este orden al que alude Zambrano (1993: 186) a través de Lou Salomé implica “elevar su feminidad a norma luminosa”, lo que sugiere una verdadera actividad del espíritu. De este modo, la autora busca la raíz que motive la existencia humana en los que están cargados de espíritu, pues son los únicos que mueven a vivir, y es lo que en parte refleja Zambrano en Misericordia de Galdós:

“A través de toda la novela, la criada Benigna aparece como el único ser íntegro, la única criatura tan arraigada en la realidad que no parece arrastrar pasado alguno, es como sí estuviese naciendo en cada instante. Es la única que con su existencia no plantea ningún problema; apenas sabemos nada de ella: que se llama Benigna de Casia (…). Ella es lo más vivo que hay, el presente, la actualidad de la vida libre de residuo alguno, libre de toda traba. Presente que al renacer en cada instante es porvenir, porvenir que descendiendo hacia la realidad desde el infinito horizonte de lo posible es la verificación más fiel de la esperanza” (Zambrano 1938: 29-52). 

En el ensayo La tumba de Antígona (Zambrano 1948: 199-265), presenta a Antígona como el personaje (mujer) que transgrede los límites de la ley y de los preceptos de los viejos dioses. Su hazaña se ubica en el ámbito político, pues se inspira en la búsqueda de la ley nueva, redentora, que parece dominar la historia occidental. Este personaje con rostro de mujer engendra una nueva conciencia ética que busca trascender la historia del poder masculino.

En el artículo titulado Mujeres de Galdós (Zambrano 1942: 7-17), se presenta de fondo un debate acerca del papel de la mujer en la vida española y, siguiendo a Sánchez Gey, el artículo se estructura en tres partes: 1) se deja al margen el debate feminista, 2) se rechaza un tratamiento genérico dualista y 3) apoya la existencia individual de la mujer.

Ve importante vivir la heroicidad aceptando tu destino o inventándolo si es necesario. Refleja esta situación su artículo titulado Eloísa o la existencia de la mujer (Zambrano 1945: 35-38). Aquí Zambrano (1945: 42) desarrolla la heroicidad de Eloísa, cuyo destino es ser “una protagonista de la historia de la mujer y del amor”, a partir de su propia intimidad como lugar en que permanecen ocultos los padeceres y logros de la mujer, que aún no han llegado a los linderos de lo histórico, quedando “siempre en los límites, desterrada y, como toda realidad, rechazada” (Zambrano 1945: 39). Para Zambrano, Eloísa representa la mujer que ha alcanzado el derecho a la existencia porque desata los nudos históricos desde su propia libertad: “las hazañas históricas solo tienen sentido como nudos que desatan para todos, dejando modos de ser libres, haciendo asequible para muchos lo antes cerrado, en virtud de la pasión de alguno. Así Eloísa padeció un destino al que acabó venciendo” (Zambrano 1945: 40-41).

En este mismo artículo, Zambrano hace alusión, en nota a pie de página, al libro titulado Grandeza y servidumbre de la mujer, de Gustavo Pittaluga, y afirma: “Por primera vez, creemos, se plantea el problema de la mujer en su realidad histórica, con entera pureza intelectual y libertad de espíritu, lo que hace esperar esa claridad tan urgentemente requerida por la conciencia actual” (Zambrano 1946: 38).

Para Zambrano (1947: 58), este libro será la inspiración del artículo A propósito de la grandeza y servidumbre de la mujer, en el que se pregunta si la cuestión feminista fue debatida hasta la saciedad. De este modo, hace una lectura del movimiento feminista y explica que el problema sobre la “cuestión feminista” tiene su proceso y pasa por etapas distintas, la más visible, la pasión, que interviene hasta el paroxismo, hasta que la realidad en cuestión cede y se modifica, luego viene otro paso que es de quietud y tranquilidad. No obstante, señala que la cuestión feminista de hecho necesita ser aclarada, ya que no se sabe si está resuelta, ella reconoce que no estará como las principales cuestiones de la historia, si nos conformamos con los hechos y no intentamos una objetividad, la cual, viene después del desencanto.

Zambrano va más allá de la situación de la mujer y sugiere al autor del libro mencionado que es necesario plantear no el problema de la mujer en la Historia, sino de la Historia misma (Zambrano 1947: 58-68).

Estos son algunos textos, entre otros, en que María Zambrano refleja la situación de la mujer. De este modo, Zambrano como mujer muestra un interés polifacético que responde a su vocación de filósofa, poeta, literata, teóloga, feminista que apunta a la necesidad de preguntarse por un mejor vivir en que la mujer salga de la sombra que ha sido impuesta por la sociedad.

 

3. El exilio

Consideramos que el exilio es el aspecto más importante en la vida de María Zambrano. Por ello, buscamos mostrar el desarrollo de lo que significó dicha experiencia en la autora. Por el momento, queremos dejar consignada la evolución de su pensamiento a través de dicha experiencia, recurriendo al aporte dado por Juana Sánchez-Gey Venegas (1996: 371-389), quien presenta un estudio exhaustivo de este proceso tanto intelectual como existencial.

La evolución del pensamiento de María Zambrano se ubica antes del exilio en los años 1931-1939. Los primeros escritos de la autora son tres cartas que van dirigidas a su maestro Ortega y Gasset: Tres cartas de juventud a Ortega y Gasset (1991). Las dos primeras cartas fueron escritas en el transcurso de 1930 y la tercera en 1932.

En la primera carta, fechada el 11 de febrero de 1930, Zambrano escribe desde el dolor y muestra una crítica severa al partidismo, piensa que es necesaria una conciencia nacional que esté a la base de cualquier partido. Pero, en esta carta, hace explícita la valoración de la condición humana y busca lo mejor para ella, pues España requiere de una entrega absoluta y de corazón; de este modo, entiende que conseguir una mejor situación política se logrará por una razón ética más íntima al ser humano y a España.

La segunda carta, fechada el 3 de noviembre de 1930, manifiesta la honda meditación por la situación de España y se afirma en buscar soluciones a los conflictos del momento, a través de una razón ética que libera al hombre. Con sus palabras trata de llegar a los matices del razonar y del sentir y lamenta la postura reductivista que se caracteriza por una visión miope, esquematizada y generalizada que no reconoce la totalidad del mundo que habitamos.

La última carta, fechada el 28 de mayo de 1932, está en el contexto del desencanto en que la República lleva un año. Escribe para decirnos que no podemos hacernos claros sino en algo y ante algo, que a veces no se nos presenta concreto vivo en ninguna persona, en otras, en que somos más afortunados, se nos da, se nos ofrece realizado en una persona. Estas son palabras que nos descubren un diálogo abierto y profundo. Somos comunicación y necesitamos encontrarnos con alguien para aclarar el oscuro mundo en que habitualmente vivimos. En esta carta, Zambrano manifiesta un deseo hondo por la búsqueda de lo originario, busca su raíz, su esencia, pues ella sabe que allí reside la verdad y el sentir más puros, allí no caben resentimientos, ni nacionalismo, ni rencores, sino que es nacimiento. Paradójicamente, la acompaña la angustia en su interioridad. No obstante, expone la radical importancia de sentirse bien, porque descubre que no es la política ni el partidismo, quien puede atraer bondad al vivir sino que es la fe y la solidaridad, pues sin ellas nada se puede hacer.

De este modo, podemos decir que Zambrano vive preocupada por el destino de su pueblo y esta es la realidad a la que alude en estas cartas y, a la vez, es el motivo para soñar, crear, repensar. Su pensamiento en esta época se caracteriza por la inquietud y el misterio, le preocupa lo opaco y lo mudo de la propia realidad, por ello España será el tema central de su reflexión por estos años y su pensamiento se irá configurando a partir de la angustia de los problemas que llaman su atención.

En este sentido, la sensibilidad y el pensamiento son una realidad integradora desde la que se interroga por la historia y la política pero más por el ser humano:

“A María Zambrano le interesa sobre todo el ser del hombre, su estado, su íntimo vivir y no tan solo su sacudida –se refiere a la política de esencia revolucionaria–. De este modo, analiza también los tipos y situaciones que conducen a la revolución. No le convencen ni el exceso de individualismo, ni los estados de rebeldía incapaces de espíritu constructivo. (…) Al hilo de esta reflexión María Zambrano anota otro sentimiento profundo, que hemos venido citando, el de la religión creadora, amante de la revelación porque ‘la verdad sobrenatural puede ser enriquecida por el mismo que en gracioso don nos ofreció su iniciación un día’” (Sánchez-Gey 1990: 376-377).

Desde el contexto político, María Zambrano mantiene una postura crítica frente al liberalismo político del siglo XIX, por ser ajeno al hombre solidario con los demás. Sin embargo, frente a una postura crítica, manifiesta una postura en la que defiende un liberalismo que atienda por igual los campos ético, religioso y social (véase Sánchez-Gey 1990: 376-377). 

La filosofía zambraniana refleja un pensamiento encarnado en los problemas concretos del hombre y la mujer de su época. En su escrito Nuevo liberalismo, Zambrano expone una experiencia de libertad como razón, más cercana a la vida y al pueblo que encarna el sentir más hondo. A este respecto Cerezo Galán, (1991: 87) afirma: “se trata de un nuevo liberalismo que no está fundado en premisas escuetamente humanistas, sino mucho más originariamente, en la razón poética, o mejor aún en una religión cordial”. De ahí, que filosofía y vida se entrañan.

Su reflexión va adquiriendo una fuerza ética, y el acercamiento al ser humano, que la lleva a la política, la inclinará más tarde a la filosofía. Del mismo modo, si el centro de su reflexión era España en sus escritos Nuevo liberalismo y Los intelectuales en el drama de España, poco a poco se irá inclinando en torno a la vida humana, y atiende al ser humano bajo un contexto histórico y político. Fruto de esta reflexión será Persona y democracia, en 1958.

En la obra Hacia un saber sobre el alma, la autora presenta “la razón y la pasión unidas” (Zambrano 1950: 22), gestando una razón íntima, cotidiana y mediadora, nacida de la reconciliación y especialmente del amor. Esta obra es la que trata más ceñidamente sobre el amor y la razón, de ahí que se afirme de su razón poética que sea femenina, intuitiva, es decir una razón que domina, que no toma represalias (Sánchez-Gey 1996: 380-381). Esta filosofía significa para Zambrano (1950: 22) revelación y nos enseña a hacernos cargo de nuestro ser como personas, del sentido de la vida y de los problemas que ella conlleva. Por ello, afirmará “la idea cristiana de hombre como un ser que muere y ama, que muere con la muerte y se salva con el amor” (Zambrano 1950: 22).

Por medio de esta razón poética, cotidiana, Zambrano desea comprender y humanizar racionalmente el padecimiento. Entonces decide que la razón debe aprehender la vida y en estos momentos vida es sinónimo de tragedia. 

En el periodo de 1940 a 1950, tras sufrir dos guerras mundiales, el dolor por Europa es un tema central de sus reflexiones. En esta época, la forma del pensamiento será esencial; le interesa un pensamiento vivo que se desmarque de todo carácter cientificista. La razón se explica estando abierta a la vida (aquí muestra afinidad con el raciovitalismo de orteguiano), es una forma de visión, de carácter revelador y trascendente que configura un vivir integrado. Así la visión lleva a una forma de entender que atrae el corazón.

 

4. Conclusiones

María Zambrano (1950: 59-69) escribe el artículo La metáfora del corazón, en que enfatiza que “el corazón debe acompañar la razón”. Así se va prefigurando la razón poética que aporta un elemento salvífico que posibilita la actitud transformadora. El corazón aporta el sentir en el que se proclama un pensar que arrastra nuestro propio ser (cfr. Sánchez-Gey 2002: 228-229). Para el acercamiento a este pensar, Zambrano propone el artículo La guía (Zambrano 1943: 151-156) como forma de saber. Este saber se caracteriza porque va dirigido a alguien, como un saber que mira al otro/a y muestra el sentimiento de amor. De esta manera, concibe la filosofía como el saber que se orienta a explicar la propia vida. De ahí que el vínculo central será la experiencia, la cual se refleja en su libro La confesión; género literario. Si La guía es importante como saber de experiencia, se hace necesario que ese ser humano, a quien se le dedica este saber, lo comunique desde sí mismo, desde dentro (véase Sánchez-Gey 1996: 232-233).

Durante estos años, a María Zambrano la acompaña la preocupación sobre quién es el hombre. Intentando responder a esta pregunta se sumerge en el plano personal y luego social. Desde donde expone los elementos esenciales que deben ser la respuesta a dicha preocupación. Estos elementos son la trascendencia, la cual explica desde unas cualidades que caracterizan a la persona: la confianza y la esperanza. 

La confianza es el fondo y el principio del amor. La esperanza es puerta abierta a la trascendencia. En cuanto a la esclavitud, según Sánchez-Gey (1996: 234), la comprende como un “anonadamiento o abajamiento para contemplar mejor la realidad del otro, porque la constante imposición del yo impide ver el tú. Desde la experiencia del anonadarse se proyecta el adentramiento en la otra realidad”.

La reflexión zambraniana es una filosofía del hombre definido como un ser capaz de crear, soñar, dueño de su destino, creado para amar, dialogar, comunicarse.

Será en la segunda década de exilio, cuando Zambrano (1955: 76) perfila su ser como ser relacional y vislumbra que así como ella siente la soledad, el otro, el prójimo está solo en su fondo como yo. En torno al año 1955, Zambrano es una intelectual con libertad e independencia, y ya se evidencia la creación de una filosofía original, con sentido crítico y riguroso, aunque, desde 1950, la segunda década del exilio, Zambrano empieza a analizar su pensamiento desde claves propias. Sus temas abordan la profundidad de la existencia humana: “La filosofía progresa adentrándose en las capas más profundas de la ignorancia, descubriendo problemas bajo las evidencias; criticándose a sí misma, es decir; reiterando su nacimiento. Y al reiterarlo lo radicaliza, ahonda en la raíz de su necesidad” (Zambrano 1987: 17). Aquí Zambrano manifiesta el sentido metafísico que gira en torno a la intimidad del ser humano y cuya finalidad es buscar un orden a las revelaciones que emergen de la dimensión sentimental, pasional y creadora del alma.

Según Ana Bundgard (1996: 151), los escritos en el período inmediato a la guerra civil, que parecen orteguianos tanto en el enfoque teórico como en lo conceptual, no lo son, pues ya se evidencia en ellos un carácter metafísico. Así, los escritos de este periodo tendrían que ser interpretados como replica al raciovitalismo y a la circunstancialidad del yo orteguiano.

El exilio entendido como categoría cultural (véase Abellán 2008: 43-47) se irá comprendiendo desde un presupuesto neumatológico, que posibilitará una nueva manera de entender el exilio como experiencia metafísica, cuya raíz está en lo íntimo de la persona. Así para Zambrano el exilio será el espacio privilegiado para la revelación del ser. “Vida itinerante y exilio aparecen así vinculados por un impulso trascendente que está más allá de toda circunstancia concreta” (Abellán 2005: 61).

Existen muchos escritos sobre esta experiencia del exilio en María Zambrano, esta experiencia del exilio como una experiencia espiritual que vive una mujer española.

“Y así como don de la experiencia se vino a hacer presente que en la vida humana trascendencia es transparencia. Y el tiempo así fluye acompasadamente permitiendo a los sentires en estado naciente hacerse visibles. Y el ser donde tal cosa sucede respira en libertad. Puede pensar. Ya que pensar es por el pronto descifrar lo que se siente liberándole de la opacidad en que está apresado. Y así va a pareciendo el sentir originario no en la claridad que avasalla, si no en luz que se enciende dentro de un comienzo oscuro corazón como llama pálida, llama que actualiza la pura llama de la luz primera” (Zambrano, Itinerario, 15 de agosto de1984).

 


 

Bibliografía 

Abellán, José Luis
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Bungard, Ana
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1991 “De la historia trágica a la historia ética”, Philosophica Malacitana, vol. 4.
2005 “La herencia de Unamuno, Ortega y Zubiri en María Zambrano”, Pensamiento y Palabra.

Moreno, Jesús
2005 “Luz para la sangre. Genealogía del pensamiento en la vida de María Zambrano”, Pensamiento y Palabra.

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Sánchez-Gey, Juana
1996 “La evolución del pensamiento en María Zambrano: su filosofía antes del exilio (1931-1939)”, El Basilisco, nº 21.
1996 “Sobre la mujer: experiencia y reflexión en María Zambrano”, El Basilisco, nº 21.
1996 “La evolución del pensamiento en María Zambrano: Su filosofía antes del exilio”, Cuadernos de Pensamiento (Madrid), nº 10.
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1930 “Misericordia”, Hora de España (Valencia-Barcelona), nº 21.
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1942 “Mujeres de Galdós”, Rueca (México D. F.), nº 4, otoño.
1943 “La ‘Guía’, forma de pensamiento”, Revista de las Indias, nº 56, agosto.
1945 “Eloísa o la existencia de la mujer”, Sur (Buenos Aires), nº 124, febrero.
1947 “A propósito de la grandeza y servidumbre de la mujer”, Sur, nº 350, abril.
1948 “La tumba de Antígona”, Senderos. (Publicado también el mismo años en la revista cubana Orígenes).
1950 Hacia un saber sobre el alma. Madrid, Alianza, 2004.
1955a El hombre y lo divino. Madrid, Alianza.
1955b “Adsum”, La Licorne (Montevideo), nº 5-6, septiembre. (Publicado también en Anthropos, Suplementos, nº 2, marzo-abril, 1987).
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1991 “Tres cartas de juventud a Ortega y Gasset”, Revista de Occidente, mayo.

Zubiri, Xavier
1981 Inteligencia sentiente. Madrid, Alianza.


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