1. Introducción
Atraer nuevos pobladores y fijar a los residentes son los principales objetivos para luchar contra la despoblación rural. Para ello se potencian actividades económicas que se suponen estratégicas para el cambio de tendencia demográfica. En este sentido, el turismo y el sector de los cuidados se han convertido en ámbitos privilegiados dentro de las políticas públicas de recuperación ante la crisis rural. Se argumenta que ambas actividades propician tanto la atracción de nuevos pobladores como la fijación al territorio de los que ya lo habitan, además de dinamizar recursos materiales y humanos de gran impacto en la sociedad y economía rural. Se trata de dos ámbitos —el turismo y los cuidados— de muy diferente naturaleza y carácter, que parecen vincularse a sectores de emprendedores y trabajadores muy heterogéneos, y que se dirigen a grupos sociales extremadamente diversos. Da la impresión de que la actividad turística o los servicios en torno a los cuidados, compartiendo el mismo mundo rural, pertenecen a dos universos muy diferentes en cuanto a lógicas, significaciones e implicaciones sociales y económicas.
Hasta ahora los análisis sobre la incidencia de estas dos actividades en el mundo rural se realizan de manera independiente: no encontramos investigaciones en las que se analicen articuladamente los efectos del turismo y de la economía de los cuidados en el devenir del mundo rural. Pero en la cotidianidad de los pueblos las prácticas relacionadas con estas dos actividades estratégicas no presentan una separación tan drástica como las aproximaciones académicas nos hacen ver. En economías como las rurales, basadas tradicionalmente en la diversificación económica, el desarrollo de las actividades turísticas y de aquellas ligadas a los cuidados se combinan de manera porosa y fluida a nivel de los grupos domésticos y de los propios individuos. Todo ello nos hace presuponer que si integramos conjuntamente el análisis del turismo y de los cuidados en tanto que prácticas socio-económicas, podremos arrojar más luz en la comprensión de sus efectos en la evolución rural. Para ello, paradójicamente, no se trata tanto de retratar ambos sectores de forma independiente, estrategia convencional de los estudios sobre la crisis rural, sino más bien de dilucidar cómo los grupos domésticos y los individuos que habitan los pueblos participan en estos sectores económicos: ¿de forma paralela, simultánea, independiente, combinada?
Este artículo tiene como objetivo profundizar en las significaciones y efectos que las actividades económicas vinculadas al turismo y los cuidados tienen en el devenir del mundo rural contemporáneo. Para ello queremos explorar como estas dos actividades estratégicas se articulan no solo a escala local, sino también a escala de grupo doméstico. De esta forma será posible discernir transiciones, solapamientos y diversificaciones entre una y otra, lo que ilustrará la forma en que se implantan y desarrollan en la vida de los pueblos.
Para desarrollar esta perspectiva de análisis es necesario ir más allá de las fuentes secundarias, por eso hemos desarrollado un estudio de caso etnográfico en Benalauría, un pequeño pueblo de la serranía de Ronda (Málaga, España). Esta localidad resulta especialmente indicada para nuestra exploración porque además de ejemplificar la crisis rural, presenta un desarrollo intenso tanto del turismo como del sector de los cuidados. Por tanto, nos servirá para ilustrar un análisis que complemente —desde una perspectiva micro, cualitativa, y que vincula dos actividades productivas muy diferentes— a los estudios convencionales —macro, cuantitativos y que segmentan actividades económicas— sobre el mundo rural.
Como veremos a lo largo del artículo, esta propuesta teórico-metodológica nos permitirá: (1) entender mejor los efectos del turismo y de los cuidados en el mundo rural, (2) desde aquí focalizar en las transiciones y complementariedades entre ambos sectores, y (3) abrir diversas líneas de indagación para comprender el devenir del mundo rural ante la crisis demográfica
2. Turismo y cuidados en el mundo rural
El devenir rural está marcado por un proceso de crisis sostenida y crónica (Camarero, 2009) que se manifiesta en los más dispares ámbitos: alteración demográfica que va de la emigración selectiva y el envejecimiento a la despoblación más radical (Rodríguez-Soler, Uribe-Toril y Valenciano 2020); pérdida de soberanía alimentaria; erosión de las relaciones comunitarias; aumento y diversificación de la vulnerabilidad por edad, acceso a recursos y sobre todo de género (Pavón-Benítez, Romo-Avilés y Tarancón Gómez 2022); acentuación del extractivismo y deterioro biofísico (Yang y otros 2018); y un déficit en comunicaciones, servicios y movilidad (Camarero y Oliva, 2024). En un contexto cultural y político de acusada urbanormatividad (Fulkerson y Thomas 2019), los espacios rurales procuran navegar en esa situación de permanente crisis a través de múltiples estrategias, en muchos casos impuestas desde el exterior urbanita, pero también traducidas o surgidas desde las lógicas propias de la ruralidad.
Dos de los retos fundamentales para encarar esa crisis sostenida del mundo rural en España tienen que ver con su propia viabilidad económica y con la sostenibilidad de su estructura demográfica. El turismo y los cuidados son dos de las actividades que, de manera más destacada, dan respuesta a esos retos. Para comprender sus dinámicas y modelos de implantación en el mundo rural es necesario tener muy presente la diversificación de actividades económicas que tradicionalmente ha marcado la lógica rural (Scoones 1998, Niehof 2004). Esta lógica de la pluriactividad es esencial para comprender cómo se han insertado estas actividades productivas y sobre todo cómo contribuyen a mitigar los efectos de esa crisis cronificada.
El turismo en los contextos rurales no es un turismo convencional, se trata casi siempre de una actividad a muy pequeña escala, gestionada a nivel familiar (Lane 1994) y que se entiende mejor como turismo de base local (Ruiz-Ballesteros 2021), una modalidad de organización turística que se caracteriza principalmente por el control y la participación local en los emprendimientos turísticos (Matarrita- Cascante y otros 2010, Okazaki 2008, Ruiz-Ballesteros 2017 y 2021, Stone y Stone 2011) aun cuando la intervención externa sea estratégica para su desarrollo. En consecuencia, sus formas de organización y gestión son particulares y ayudan a comprender los efectos que producen en la vida rural, tanto económicos como demográficos. Las iniciativas de turismo de base local rural son pequeñas empresas de alojamiento y restauración, así como de guías, turismo activo o souvenirs y artesanías, gestionadas localmente desde una lógica económica particular. Por un lado, el sector turístico rural se inserta plenamente en la diversificación económica junto a otras actividades productivas, la mayoría de sus protagonistas no se dedican en exclusiva al turismo que se considera un complemento a sus economías. Por otro, el objetivo de estos pequeños negocios turísticos no es tanto la acumulación de capital sino su contribución a la reproducción doméstica. Estas características hacen que el desarrollo del turismo tenga un papel peculiar en el contexto de la crisis sostenida que marca el devenir del mundo rural. Sus efectos son notables, pero no podemos esperar que se conviertan en la panacea o la solución, sino más vienen en un elemento más, junto a otros, que procuran la viabilidad económica rural y su sostenibilidad demográfica. Es desde esta perspectiva que debemos intentar comprender que los objetivos, significación, y encaje en la vida rural del turismo siguen otras lógicas sociales, laborales y económicas.
Los cuidados en los contextos rurales se han centrado casi en exclusividad en las personas mayores debido al drástico envejecimiento alcanzado en estas zonas. En el medio rural, al importante crecimiento en la esperanza de vida y de reducción de la fecundidad, se añade el vaciamiento por emigración de ciertas generaciones y el impacto que dicha emigración tiene sobre las sucesivas (Cerri 2013, Camarero y Del Pino, 2014). El resultado ha sido, por un lado, una relación de personas mayores sobre generaciones jóvenes mucho más elevada que lo que los procesos meramente vegetativos producen y, por otro lado, la disminución de presencia femenina en los contextos rurales (proveedoras tradicionales de cuidados) debido a que ellas fueron las que protagonizaron los flujos migratorios. Ambos aspectos (crecientes necesidades de atención debido al envejecimiento y presencia limitada de los proveedores de atención tradicionales) han marcado los desafíos prioritarios de los cuidados en el mundo rural (Elizalde-San Miguel y Díaz-Gandasegui 2016).
No obstante, desde nuestra perspectiva, la estructura demográfica rural y su sostenibilidad hace necesaria una mirada más amplia sobre los cuidados que considere también a los menores, habida cuenta de su papel estratégico en la fijación y atracción de población. De hecho, cada vez más, los debates en torno a los cuidados —centrados en contextos urbanos— se orientan hacia el análisis de las personas dependientes, tanto de hijos menores como de personas de edad avanzada (Hobson y otros 2002, Bytheway y otros 2002, Lewis 2002, Badgett y Folbre 1999, Bettio y Platenga 2004, Daly 2004, Sainsbury 1999). En este artículo pretendemos trasladar este debate sobre los cuidados, en un sentido amplio, al contexto rural, una perspectiva que ha sido poco considerada en la literatura (Cerri 2013).
A estos efectos necesitamos una definición amplia de cuidados. Tronto y Fisher (1990: 40) conceptualizan el cuidado como una actividad específica que incluye todo lo que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro “mundo” con el objetivo de que podamos vivir en él lo mejor posible. En la misma línea, Molinier (2005: 299-301) considera a los cuidados como cualquier tipo de actividad que participa directamente en el mantenimiento o la preservación de la vida del otro, en la asistencia a sus necesidades básicas o en la promoción de su autonomía. Estos conceptos amplios de “cuidado” nos permitirán identificar diferentes estrategias y prácticas empleadas en el mundo rural con las poblaciones más dependientes, mayores y menores. Junto a la definición de cuidados necesitamos un marco de provisión de estos cuidados, ya que, en la mayor parte de la investigación internacional y nacional, los cuidados se han relacionado casi en exclusividad con el sistema sanitario. El modelo de social care, desarrollado por Daly y Lewis (2000) es el que nos parece más adecuado para comprender el sentido de los cuidados en el contexto rural, ya que: (1) parte de una visión no fragmentada, sino transversal y multidimensional de los cuidados como organización social; (2) integra todas las actividades y relaciones implicadas en el sostenimiento de las necesidades físicas y emocionales de los niños y adultos en situación de dependencia; y (3) tiene en cuenta los marcos normativos, económicos y sociales en los que se insertan. Se trata de un modelo integral para la provisión de cuidados que considera al mismo nivel el papel del estado, del mercado, de las familias y de la sociedad civil. Como plantea Martín (2009), este modelo de social carees sugerente en tanto que amplía el campo social de los cuidados: de la familia y el espacio definido como privado (doméstico) al entorno social e institucional más amplio. En la mayoría de los casos, las formas de cuidado se entrelazan dando lugar a situaciones intermedias e híbridas a través de las “redes de cuidado” (Comas y Roca 1996). No obstante, en esta investigación focalizaremos en las actividades de cuidados formales o informales, sujetas a retribución económica o prestación pública. Este es el ámbito de los cuidados que da respuesta estratégica y articulada a los dos retos fundamentales de la crisis rural: la viabilidad económica del mundo rural y su sostenibilidad demográfica.
En apariencia, el desarrollo turístico y la economía de los cuidados parecen dos sectores muy alejados entre sí; de hecho, hay una ausencia total de análisis conjuntos de ambos sectores en el mundo rural. Nadie los ha estudiado buscando prioritariamente sus conexiones y articulaciones. Nosotros pensamos que teniendo en cuenta el tamaño tan reducido de las sociedades locales rurales y la lógica de diversificación y pluriactividad económica que se da en ellas, resultaría especialmente apropiado focalizar el análisis precisamente en la vinculación entre estos dos sectores de actividad: desvelar las transiciones, complementariedades y solapamientos entre turismo y cuidados como sectores de actividad emergentes en el mundo rural. Entendemos que, siendo dos ámbitos crecientes de la economía rural, estudiarlos de manera vinculada puede ayudarnos a identificar algunos rasgos básicos del devenir de la ruralidad contemporánea.
3. Metodología y caso de estudio
Estudiar dos actividades económicas diferentes, con el objetivo de dilucidar cómo se articulan en la práctica, requiere que pongamos nuestro foco de análisis tanto en la escala local como en la de los grupos domésticos. Es a nivel de los hogares dónde se materializa, por un lado, la diversificación y la pluriactividad económica rural, y por otro, dónde se toman las decisiones estratégicas y tácticas (de Certau 2000) que hacen que los individuos participen de las actividades económicas disponibles. Precisamos de un abordaje micro para comprender no solo las peculiaridades del turismo y los cuidados en el mundo rural, sino cómo la gente participa en ellos y los convierte en prácticas cotidianas, desarrollando transiciones y solapamientos si llega el caso. Con esta intención exploratoria lo más apropiado es fijar un estudio de caso (Poteete y otros 2010, Yin 2014) que nos permita llevar a cabo una aproximación etnográfica (Hammersley y Atkinson 2019, Olivier de Sardan 2008) que combine la escala local con la de los grupos domésticos.
Benalauría, un municipio de la provincia de Málaga situado en la serranía de Ronda, ha resultado ser un caso especialmente apropiado para nuestra indagación. Con unos 400 habitantes (apenas 300 habitan en el núcleo principal), este pueblo ha experimentado prácticamente todos los elementos que definen la crisis rural, desde una sustancial desactivación del agrosistema (Castillo 2002) a una pérdida radical de habitantes (65% desde 1950) pasando por un notable envejecimiento de su población: la edad media en Benalauría es 47,7 años frente a los 44,1 años de media española (SIMA 2023, INE 2023). Su viabilidad económica se sustenta principalmente en la presencia del estado a distintos niveles (servicios y empleo público, subsidios, pensiones, subvenciones, inversiones) que sirve prácticamente de base estructural a una frágil economía local (escasa producción agraria y forestal, servicios, construcción, agricultura de autoconsumo, turismo). Mientras que en España en 2020 un 29,3% de las rentas familiares provenían de pensiones y prestaciones públicas, en Benalauría esa proporción subía hasta el 43,1% (INE 2023). La renta media es de 10.081€ frente a los 19.160€ de la renta media española, y en relación al desempleo su tasa alcanza un valor del 20,8% frente al 12,9% de la tasa nacional (SIMA 2023, INE 2023). Como muestran los datos, Benalauría se separa negativamente de las medias nacionales, pero a pesar de ello la percepción de los vecinos es que en el pueblo se vive bien, sobre todo porque no hay necesidad de mucho gasto y existe una fuerte economía informal.
El declive demográfico en Benalauría, al igual que en el resto de contextos rurales españoles, ha propiciado tanto su envejecimiento como la escasez de menores. De los 434 habitante actuales del pueblo 81 de ellos tienen más de 70 años (18,6%) siendo todos ellos receptores potenciales de cuidados. A estos datos le podemos añadir otra característica cada día más acuciante en la realidad rural: la soledad. De los 81 mayores de 70 años más de la mitad (43) viven completamente solos (según datos de los servicios sociales que atienden esta zona) ya que sus hijos residen fuera por razones laborales y los visitan de forma puntual (fines de semana, vacaciones). Esto hace que, para estos vecinos, la necesidad de cuidados sea imprescindible. Si atendemos al Índice Potencial de Prestación de Cuidados (Walker y otros 1993, Llitra i Virgili 1998, Elizalde-San Miguel y Díaz-Gandasegui 2016) que refleja la correlación entre la población mayor de 70 años y quienes desempeñan el papel tradicional de cuidadores (mujeres entre 45 y 69 años), en Benalauría este índice es del 0,70 frente al 1,00 del índice nacional. Esta circunstancia nos muestra la limitada capacidad de cuidados desde las redes de apoyo informal (menos de una cuidadora por cada mayor necesitado de cuidados) y la necesidad de participación de agentes externos (estado, mercado) que suplan el papel que tradicionalmente ha desarrollado la familia, y más concretamente las mujeres (Martín y Rivera 2018).
Pero desde nuestro enfoque amplio de cuidados, no solo los mayores son susceptibles de necesitar cuidados. También habría que tener en cuenta tanto a las personas con diversidad funcional y enfermedades que les imposibiliten una vida autónoma como a los menores edad. Con respecto al primer grupo en Benalauría no se llega al 1% de la población. En relación a los menores en Benaluaría hay 56 menores de 18 años (12,9%), de los cuales 5 están aún en etapa no escolar (0-2 años), 41 en etapa de educación obligatoria (3-15 años) y 11 en etapa de educación no obligatoria (16-17 años) (INE, 2023).
Si contemplamos la necesidad de cuidados de estos grupos de población, en Benalauría hay unos 140 vecinos receptores potenciales de cuidados, un 32,2% de la población. Estos datos muestran cómo los cuidados se han convertido en un eje central para comprender la situación actual del pueblo, donde la capacidad de los cuidadores tradicionales (familiares femeninos fundamentalmente) se ha visto superada, y por tanto se hace necesario el concurso de otros actores que puedan satisfacer esos cuidados, generándose así una economía de los cuidados: un sector económico y laboral que responda a una demanda de servicios no satisfechos a nivel informal.
El trabajo de campo en Benalauría ha sido de carácter extensivo y fue desarrollado entre octubre 2022 y junio 2023, periodo en que se realizaron estancias de unos 4-5 días cada mes. Las técnicas empleadas han sido la observación, entrevistas semiestructuradas y el recuento etnográfico de aquellos aspectos relacionados con la actividad turística y la economía de los cuidados, tanto a escala local como de los grupos domésticos. Todo ello ha sido combinado con el análisis de la bibliografía disponible y la consulta de fuentes de información secundaria.
En nuestra investigación ha tenido una importancia destacada la observación y la participación en la vida del pueblo, esta técnica nos ha permitido penetrar en la cotidianidad de los habitantes de Benalauría y compartir con ellos espacios y conversaciones informales que han nutrido de manera especial nuestras reflexiones. Hemos realizado dos tipos de entrevistas semiestructuradas. En primer lugar, se entrevistaron a informantes clave (19: 7 mujeres y 12 hombres) a los que se accedió a través de la técnica de bola de nieve hasta alcanzar la saturación teórica en el contenido de las entrevistas. Estos informantes clave son personas relevantes en el funcionamiento de la sociedad local por su papel en instituciones, iniciativas económicas, asociaciones, etc… Con sus testimonios —combinados con la documentación y bibliografía consultada— reconstruimos la evolución y el estado de la localidad. Seguidamente iniciamos una segunda fase de entrevistas específicas con personas vinculadas a los negocios turísticos y las actividades de cuidados (14). Aplicamos un guion específico que nos permitió reconstruir la trayectoria de sus ocupaciones y el funcionamiento de sus grupos domésticos, con especial atención a la diversificación económica y sus decisiones al respecto.
Nuestra presencia reiterada en un pueblo pequeño ha hecho posible que tejamos redes de relaciones personales basadas en la confianza mutua. Con ello se ha propiciado unos cauces de observación y conversación informal que nos permiten disponer de información complementaria de gran valor para desentrañar las dimensiones más informales de las prácticas económicas.
Las notas de campo, los recuentos de las actividades económicas, las transcripciones de las entrevistas y las notas derivadas de la documentación y la bibliografía, fueron recopiladas en un único repositorio para el análisis. Sobre todos esos datos se aplicó una metodología analítica basada en la teoría fundamentada (grounded theory) (Charmaz 2003) y el análisis de contenido (Krippendorff 2018) que nos permitió, a partir de sucesivas lecturas sistemáticas, identificar dimensiones, aspectos y fenómenos emergentes en la relación entre turismo y cuidados.
La metodología seguida en esta investigación ha recibido la aprobación del Comité de Ética de la Universidad Pablo de Olavide (22/1-1), garantizando el consentimiento informado para la participación en las entrevistas, la confidencialidad, y la gestión y almacenamiento seguro de los datos obtenidos.
4. Turismo y cuidados en Benalauría: síntomas y respuestas a la crisis rural
4.1. La evolución del turismo en Benalauría
Benalauría ha sido un pueblo pionero en el desarrollo turístico de su comarca (el valle del Genal) y un referente a nivel de la Andalucía rural. A mediados de los noventa, un grupo de jóvenes crearon una cooperativa en el momento en que más evidente resultaba la aguda crisis demográfica, social y económica que afectaba a la localidad. Este grupo reunía a personas de dos perfiles complementarios: (1) jóvenes que habían salido del pueblo para estudiar, pero con la intención de regresar y contribuir a su desarrollo; y (2) jóvenes trabajadores locales con inquietudes hacia nuevas actividades económicas. Todos mezclaban una motivación comunitaria junto a la necesidad de forjarse un futuro profesional. Su objetivo no era otro que la revitalización de lo rural pero la política pública los indujo pronto al desarrollo turístico: las ayudas económicas públicas que en esos momentos resultaban más accesibles estaban enfocadas a incentivar sobre todo iniciativas turísticas (programa LEADER de la Unión Europea). Ante la más absoluta incredulidad de sus paisanos, abren un restaurante, restauran un molino de aceite como museo etnográfico y ofertan algunas plazas de alojamiento. Nadie entonces podía imaginar que esta iniciativa se convertiría en el catalizador de un proceso de desarrollo turístico local. La Molienda SCA, así se llamaba la cooperativa, generó una sinergia en la sociedad local que desembocó en la creación de otras cooperativas (construcción, carpintería, artesanías…) y en múltiples iniciativas de los grupos domésticos locales que empezaron a adecuar casas como alojamientos rurales, abrir bares y restaurantes, negocios de artesanía… Superando las reticencias iniciales, el ayuntamiento se sumó a este proceso, contribuyendo a generar las infraestructuras precisas para soportar y apoyar este desarrollo turístico.
Los turistas en Benalauría responden al perfil habitual del turismo rural en Andalucía. Por un lado, visitantes de una jornada que desde las ciudades cercanas llegan para conocer el pueblo y practicar el senderismo en sus alrededores. Por otra parte, visitantes de fin de semana que pernoctan varios días en la localidad, provenientes de entornos urbanos nacionales, pero que en este caso amplían el ámbito geográfico de referencia. También se da una cierta presencia de turismo internacional que en gran parte se vincula a la cercana costa del sol, para ellos la incursión en la serranía supone un complemento al turismo de sol y playa. Este tipo de turismo tiene en la oferta gastronómica y de alojamiento sus principales vectores económicos; y en la ruralidad y la naturaleza sus productos de consumo. En el caso de Benalauría, el sector de restauración fue el motor del desarrollo turístico que propició el posterior desarrollo de la oferta de alojamiento. Ambos servicios se articulan para ofrecer un producto consistente en el que la vista diaria o la estadía resulte satisfactoria. Aunque la evolución reciente del sector turístico local, como veremos, debilita esta complementariedad.
En torno a 2010 se llega al momento álgido del desarrollo turístico. Entonces había en el núcleo principal del municipio 24 casas rurales que ofertaban 111 plazas de alojamiento; es decir una por cada 2,7 habitantes. Asimismo, estaban abiertos cinco bares y restaurantes, tres de ellos con servicio de cocina diario. En esos momentos al menos 41 grupos domésticos del núcleo principal (con unos 300 habitantes) tenían una implicación económica directa en el sector turístico: propietarios de bares o casas rurales, empleados en la hostelería o en el mantenimiento de los alojamientos, pequeños emprendedores en negocios de artesanía u otros servicios vinculados al turismo.
En Benalauría, el sector turístico es completamente local. Más del 80% de sus promotores a lo largo del tiempo han residido en el pueblo y el resto son personas vinculadas a la localidad que han emigrado, pero mantienen fuertes vínculos a nivel local. Su participación en el sector turístico es complementaria a la que tienen en otros sectores y actividades económicas. Solo hay una emprendedora que viva exclusivamente del turismo en el ámbito del alojamiento. En cuanto a los empleos que se han ido generando también recaen exclusivamente en habitantes del pueblo. Los emprendedores turísticos en hostelería o restauración, no responden a perfiles homogéneos. Por un lado, nos encontramos con propietarios de casas recibidas en herencia que las han habilitado para el alquiler turístico, cuyas actividades principales están en otros sectores (administración, construcción) o están jubilados; por otro, gente con experiencia en restauración adquirida fuera que desarrolla su propia iniciativa en el pueblo; o incluso grupos de mujeres que han implementado experiencias de artesanía. No ha habido una presencia foránea en el desarrollo del turismo en Benalauría, sus protagonistas son “hijas e hijos del pueblo”.
Trece años después, en 2023, los alojamientos se han reducido a 16 con 60 plazas, una por cada cinco habitantes; y la oferta hostelera ha experimentado un descenso aún mayor: en junio de 2023 quedaba un restaurante que solo abría los fines de semana y un bar sin cocina, ambos de propiedad municipal. Con todo ello la participación de grupos domésticos en el sector turístico se redujo a 22 familias.
Nos encontramos, por tanto, que los alojamientos han descendido en un 46%, la oferta hostelera en un 80% y que las familias implicadas en el sector turístico se han reducido a la mitad. Se evidencia una clara contracción/desactivación del turismo en la localidad que no puede ser achacada a un problema relacionado con un descenso en la demanda o de adecuación de la oferta, ni tampoco asociada a la crisis coyuntural del COVID (de hecho, tras la pandemia se produjo un aumento general en los flujos de turismo rural en Andalucía). Todas estas explicaciones han sido descartadas al analizar la evolución del sector turístico comarcal y el estado de su oferta. Para nuestra sorpresa, las razones esgrimidas por los propios protagonistas del sector en el pueblo, se vinculan a procesos de decisión individual y doméstica en los que priman la calidad de vida como argumento (Ruiz-Ballesteros y González-Portillo 2024).
El tipo de trabajo como empleado o empresario en la hostelería o la dedicación exigida como propietario de viviendas de alquiler turístico, justifican la preferencia a dedicarse a otras actividades que generan menos estrés laboral o modos más cómodos de extraer rendimiento de propiedades inmobiliarias (alquiler convencional). Sin duda, en esta orientación de preferencias juega un papel capital la posibilidad de diversificación económica, la pluriactividad y la disponibilidad de recursos públicos (empleo, pensiones…). De esta forma, la contracción del sector turístico local no ha provocado una situación traumática en la economía de los grupos domésticos ni de los propietarios ni de los trabajadores, ya que se trataba de ingresos/actividades complementarias que se sustituyen por la dedicación a otras actividades o el desarrollo de otros usos de los inmuebles (alquiler convencional, uso privado). Por tanto, tampoco puede ser vinculado a tendencias generales en el sector turístico, en el que —por las precarias condiciones laborales y salariales— se produce una sustitución de mano de obra local por trabajadores inmigrantes. En Benalauría sencillamente se fueron cambiando el uso de casas o cerrando bares y restaurantes, como iniciativa de los grupos domésticos concernidos, sin que pueda identificarse una estrategia colectiva, sino más bien un patrón táctico doméstico (Ruiz-Ballesteros y González-Portillo 2024). Este proceso de parcial desactivación turística se desata de forma análoga a cómo surgió el propio desarrollo turístico: el liderazgo de la cooperativa La Molienda, que también ha sido pionera en la renuncia a sus negocios turísticos. El cierre del exitoso restaurante que regentaba puede ser tomado como inicio del punto de inflexión hacia el decrecimiento turístico local. La razón de sus socios: dedicarse a otros sectores relacionados con la producción agro-artesanal y posteriormente, algunos de ellos, como veremos, a los cuidados. En cierto sentido, una parte de la población local vinculada al turismo siguió esta tendencia.
Por tanto, no se comprendería de forma completa esta evolución del sector turístico si no prestamos la debida atención a la emergencia del sector de los cuidados y su imbricación, a nivel doméstico, con las dedicaciones al mundo del turismo.
4.2. La creciente economía de los cuidados
Entender la oferta de cuidados actuales en Benalauría pasa necesariamente, al igual que con el turismo, por analizar algunos hitos externos o internos al pueblo que han marcado su devenir al respecto.
No podemos entender la emergencia de la economía de los cuidados sin tener presente la aprobación a nivel nacional en 2006 de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, en la que se reconoce el acceso a cuidados de las personas dependientes como un derecho subjetivo, financiado por el estado y la comunidad autónoma. El desarrollo e implementación efectiva de esta ley ha sido lento y en el caso de Benalauría agravado (como nos referían los técnicos de servicios sociales) por la resistencia de los propios vecinos: costaba aceptar que alguien externo al hogar entrara en las casas para realizar tareas que antes implementaban los familiares, desarrollándose así un sentimiento de culpabilidad por parte de estos y un rechazo frontal por parte de las propias personas cuidadas. Con el tiempo, y a base de mucha insistencia y concienciación por parte de las trabajadoras sociales, la dinámica cambió y las familias fueron aceptando la entrada de este tipo de personal en la medida en que la necesidad de cuidados era imposible de satisfacer en el propio ámbito familiar. De esta forma, en la actualidad hay 28 vecinos de Benalauría que disfrutan de la prestación del Servicio de Ayuda a Domicilio, implementada por 5 auxiliares (3 de ellas viven en Benalauría, y las otras dos son de pueblos cercanos) contratadas por una empresa a la que la Diputación Provincial de Málaga tiene subcontratado este servicio. El contrato de las auxiliares oscila entre 20-30 horas semanales, en función del número de mayores que atiendan y de las horas que éstos tengan asignados de servicio. Sus funciones varían dependiendo de las circunstancias del mayor, pero están vinculadas al aseo personal, la limpieza de la vivienda, la gestión de compras, la preparación de comidas o el acompañamiento de los mayores en diversas salidas.
Pero como hemos mostrado con los datos demográficos, en Benalauría son muchos más los mayores que requieren de cuidados, y el servicio público no llega a dar respuesta a todas las necesidades. A este respecto, junto a los cuidados garantizados por el Estado, encontramos otra forma de satisfacer esta demanda: la contratación informal de mujeres que cuidan de mayores realizando funcionas análogas a las que se prestan desde el servicio público. Este sector informal funciona como complemento o directamente como sustitutivo al servicio público ya que son muchos los mayores que viven completamente solos. En ciertas circunstancias las cuidadoras podrían llegar a residir permanentemente con los mayores, aunque en Benalauría no hemos encontrado el caso. Estimamos que no llegan a la media docena las mujeres del pueblo que trabajan en este campo de los cuidados privados, que como podemos imaginar resulta muy flexible y cambiante, no habiendo identificado población inmigrante extranjera implicada en esta actividad (algo usual en otras zonas rurales).
Junto a la protección estatal y autonómica y al mercado informal tenemos que referir la aparición en el municipio en 2002 de la asociación Montaña y Desarrollo creada por parte de los miembros de la cooperativa La Molienda SCA, concretamente por los miembros más vinculados a la acción social. En sus inicios esta asociación se centraba en el desarrollo local basándose en la recuperación de la cultura campesina y de los saberes locales. Con el tiempo la misma fue ampliando su actividad a través de cuatro áreas interconectadas entre sí: acción social, género y feminismo, fomento de la cultura emprendedora y sostenibilidad agroecológica. En el marco de la acción social, aunque la asociación llevaba tiempo trabajando en diferentes líneas de actuación, es importante destacar la puesta en marcha en 2022 del proyecto Biocuidados centrado en la atención directa de las necesidades de los colectivos más vulnerables (principalmente personas dependientes) mediante la puesta en marcha de una serie de recursos y servicios de proximidad. Este proyecto, financiado por fondos europeos, está coordinado a nivel nacional por COCEDER y se desarrolla en diversas comarcas rurales de España. Su implementación en el valle del Genal ha supuesto que la asociación cuente en la actualidad con 14 personas contratadas del ámbito sociosanitario (siendo 7 de ellas de Benalauría) y tenga una gran oferta de actividades vinculadas a los cuidados: ayuda en el domicilio, fisioterapia, podología, terapias ocupacionales, desplazamientos a recursos institucionales lejanos… Y para el caso de los más jóvenes también ofrecen actividades de ocio.
Por último, es importante mencionar el papel desempeñado por el propio ayuntamiento que, a diferencia de lo que pasó con el turismo en sus inicios, se ha mostrado desde el primer momento sensible a los problemas de su población y que, en su papel de administración de proximidad, ha intentado dar respuesta a los problemas de cuidados dedicando una parte de su actividad y de su presupuesto a los mismos. Este posicionamiento y actuación municipal demuestra la preocupación colectiva por la crisis demográfica y sus consecuencias en el pueblo. Asimismo, se convierte en evidencia de que el sector de los cuidados es un ámbito de empleo que, dadas las circunstancias demográficas de la población local, no solo es emergente, sino que adquiere un progresivo y evidente carácter estructural que además trasciende el ámbito del envejecimiento. De esta forma, siendo conscientes de que gran parte de las necesidades asistenciales (sobre todo para mayores y personas con discapacidad) ya estaba cubierta por otros actores, el ayuntamiento ha desarrollado un papel complementario poniendo en marcha diversas iniciativas. En el caso de los mayores, talleres de ocio de diversa índole: animación a la lectura, manualidades, actividades recreativas… En el caso de los menores su papel se sitúa, principalmente, como complemento al sistema educativo (en actividades y calendario), y así, por un lado, gestiona una Biblioteca que además de las propias funciones de animación a la lectura, sirve en horario de tarde como ludoteca para los más pequeños y como espacio de estudio vigilado para los más mayores. A esto se le une que en periodos vacacionales (navidades, semana santa, verano) el ayuntamiento oferta para los menores espacios de dinamización y actividades extraescolares (deportivas, talleres educativos…) cubriendo prácticamente el horario escolar. Por último, el ayuntamiento cuenta también con el servicio Guadalinfo que ofrece a los menores (principalmente a los que están en etapa de estudios secundarios y de bachiller) cursos relacionados con las tecnologías de información y comunicación. Toda esta relación de actividades gratuitas ofertadas por el municipio hace que los menores de 18 años del pueblo tengan cubiertas una serie de necesidades fuera del calendario escolar que, por un lado, complementan su formación académica y, por otro, facilitan la conciliación laboral de sus progenitores. Desde el punto de vista de la economía de los cuidados son 6 personas (todas ellas del pueblo) las que, empleadas por el ayuntamiento, desarrollan estas actividades de cuidados a lo largo del año.
Haciendo un compendio general de todas las actividades vinculadas a los cuidados, podemos concretar que son unos 20 grupos domésticos de Benalauría los que participan (en diferente medida) en esta economía de los cuidados, sustentada tanto por la administración pública (en sus diferentes niveles competenciales) como por el mercado y el tercer sector. En este sentido, el sector de los cuidados parece que está en clara expansión (a diferencia de la contracción en el turismo), mostrándose como un nuevo sector económico en auge para el pueblo.
4.3. Transiciones y complementariedades entre el turismo y los cuidados
Como se ha mostrado en los apartados anteriores, el turismo y los cuidados forman parte destacada de la vida de Benalauría, pero esto no ocurre de forma independiente sino de manera completamente integrada, plasmándose en las economías de los grupos domésticos.
A través del trabajo etnográfico se han identificado 34 grupos domésticos locales que participan de estas actividades de diferentes maneras: a) 21 grupos domésticos que solo participan de una actividad (13 en turismo y 8 en cuidados); b) 5 grupos domésticos que han transitado de una actividad a la otra (en todos los casos el tránsito ha sido del turismo a los cuidados); y c) 7 grupos domésticos que en la actualidad combinan ambas actividades. Esto refleja cómo la complementariedad, el solapamiento y las transiciones entre ambos sectores son parte inherente de la vida cotidiana de Benalauría.
Los datos nos muestran que hay una cierta equiparación en la participación de los grupos domésticos en ambas actividades (20 grupos domésticos en turismo y 19 en cuidados), aunque la tendencia parece ser ascendente en el ámbito de los cuidados y descendente en el del turismo. Muestra de ello es que todas las transiciones que han llevado a cabo los grupos domésticos han sido de abandono del turismo y de incorporación a los cuidados. A esto habría que añadir que la disolución de la Cooperativa La Molienda SCA (organización que ha liderado en gran medida el desarrollo turístico en el pueblo) coincide con el punto álgido del crecimiento de la asociación Montaña y Desarrollo y la puesta en marcha de su proyecto Biocuidados. De hecho, como se apuntó, dos de los miembros fundadores de la cooperativa son también fundadores de la asociación y forman parte de su plantilla, ejemplificando así su personal transición entre los sectores.
Como hemos visto, la participación local en el turismo ha descendido notablemente en los últimos años, y ello ha coincidido con la emergencia de los cuidados como sector económico local. A este respecto, en el campo del turismo, encontramos cierta sensación de hartazgo entre los vecinos que participan en esta actividad, tanto alquilando casas como trabajando en la hostelería, por lo que supone de sacrificio y de la permanente atención que requieren estas actividades, en muchos casos sin un horario establecido:
“La gente del pueblo no quiere trabajar en la hostelería, prefiere ganar menos dinero trabajando en la construcción; la hostelería es sacrificada cuando la gente se está divirtiendo tú estás trabajando” (F, enero23)
“Yo tengo dos casas (una comprada y otra herencia), pero prefiero alquilarlas a larga duración que es más cómodo que el turismo. Y las dos las tengo alquiladas, es más cómodo, paso de complicaciones. Pierdo dinero si lo comparo con tenerlo en turismo, pero no me merece la pena. Prefiero que no me den ruido de limpieza, sábanas…” (E, febrero23)
En contraposición a estos discursos encontramos una mayor predilección hacia las actividades vinculadas al cuidado, por tener unas condiciones menos sacrificadas: “Aquí las auxiliares de ayuda a domicilio tienen claro que quieren trabajar de 8 a 3 y ya está” (A, enero23). A lo que habría que añadir que en la actualidad está siendo un nicho laboral con mucha proyección en la medida en que está llegando financiación específica para ello, tanto de la administración pública como a través del tercer sector.
Los datos apuntan un cierto tránsito o, al menos, la emergencia de un equilibrio creciente entre el turismo y la economía de los cuidados en el pueblo. Entendemos que la mejor forma de plasmar las transiciones y las complementariedades de estos dos sectores es focalizando el análisis a escala de grupo doméstico. De esta forma podremos vislumbrar los comportamientos y decisiones que materializan, en la cotidianidad, estas vinculaciones, evidenciando las formas y trayectorias diferentes que se muestran en los hogares del pueblo. Veamos algunos casos, cuatro en concreto.
1) Grupo doméstico 5 (combinación de ambas actividades). Pareja de unos cincuenta años con dos hijos adolescentes en etapa de educación obligatoria. Él percibe una pensión por incapacidad, pero de forma complementaria elabora artesanías (fruto de su pasado laboral como carpintero) que vende en ferias turísticas de los pueblos de la comarca. Ella, en el pasado, ha trabajado durante mucho tiempo en hostelería, habiendo pasado por la cocina de prácticamente todos los bares del pueblo. También formó parte de una cooperativa de artesanía que trabajaba principalmente las flores secas y que se vendían a los turistas que visitaban la localidad. En la actualidad su dedicación formal principal es el trabajo en cuidados en la ayuda a domicilio, financiada desde la administración pública. Tiene claro que muy difícilmente volvería a trabajar en la hostelería, ahora está mejor que nunca y no quiere un trabajo sacrificado sino tiempo para disfrutar. La planta baja de su casa la tienen preparada para alquiler turístico.
2) Grupo doméstico 9 (transición del turismo a los cuidados). Pareja al final de los cuarenta con dos hijos jóvenes en etapa de educación post obligatoria. Él fue uno de los socios cooperativistas de La Molienda participando en todo el proceso de la puesta en marcha del turismo en Benalauría (restaurante, museo, casas de alquiler). De ahí pasó al desarrollo de una iniciativa de elaboración de mermeladas y frutos locales, que actualmente regenta. Ella es empleada pública en la biblioteca local desde donde lidera distintas iniciativas vinculadas al cuidado de los menores (ludoteca, estudio vigilado, talleres de lectura…), asimismo es animadora a la lectura de los mayores del pueblo. La planta baja de su casa la tenían adaptada como vivienda para alquiler turístico. Con la llegada del COVID decidieron usarla como espacio de uso privado y ya no la han vuelto a alquilar más para el turismo, desvinculándose completamente de este sector.
3) Grupos doméstico 7 (combinación de ambas actividades): Pareja de unos 45 años, con dos hijos menores en etapa de educación obligatoria. Él estuvo trabajando en la hostelería como camarero, posteriormente junto con otros dos compañeros, asumió la gestión de un restaurante, pero terminó dejando esa experiencia a los tres años. En la actualidad está contratado por la asociación Montaña y Desarrollo dentro del proyecto de Biocuidados. Ella ha trabajado desde el inicio de esta asociación como trabajadora social, siendo en la actualidad la responsable del proyecto Biocuidados. Desde hace algunos años ambos han puesto en marcha una iniciativa de turismo experiencial en el pueblo, que aúna lo gastronómico con la elaboración de vino y visitas para pequeños grupos que buscan acercarse a la esencia de lo rural.
4) Grupo doméstico 2 (transición de turismo a cuidados): Pareja de unos 35 años, con una hija pequeña en etapa de educación obligatoria. Él trabaja en la construcción, es de fuera y nunca ha participado en el turismo. Ella estuvo trabajando durante varios años en la hostelería y paralelamente gestionando una casa familiar que pusieron en alquiler para turistas. Con el cierre del restaurante en el que trabajaba su actividad en la hostelería cesó y fue contratada por la asociación Montaña y desarrollo para su proyecto de Biocuidados. En la actualidad se dedica de forma exclusiva al sector de cuidados, ya no gestiona la casa de alquiler para turistas de la familia, lo hace su padre que se ha jubilado recientemente.
Como se puede apreciar en las trayectorias de estos grupos domésticos, queda patente la peculiaridad propia de cada uno, pero en todos los casos:
1) Ha estado o está presente la participación en el turismo en sus diferentes expresiones (hostelería, venta de artesanía, alquiler de casas) así como en los cuidados en sus diferentes tipologías (mayores, menores…). Estas estrategias de ingresos para la economía doméstica han ido fluctuando (mayores o menores ingresos provenientes de uno u otro sector) en función de la coyuntura local y de las decisiones del grupo doméstico.
2) Hay una articulación de lo público y lo privado en estas transiciones y complementariedades entre ambas actividades: ocupaciones vinculadas con el sector público, la iniciativa privada y la acción del tercer sector.
El retrato de los grupos domésticos nos muestra que sin una imbricación consistente y sólida entre el sector turístico y el de los cuidados, entre el ámbito de lo público y el de lo privado, difícilmente se podría entender la viabilidad a través del tiempo de muchos hogares del pueblo. Esto mismo ilustraría el sentido y medida en que los sectores turísticos y de cuidados son capitales para comprender el devenir de Benaluaría.
El uso de datos secundarios y nuestro recuento etnográfico, nos ha permitido estimar que en el núcleo principal de Benalauría, habitado por unas 300 personas, si exceptuamos los 43 grupos domésticos unipersonales conformados por mayores de 70 años, encontramos unos 73 grupos domésticos formados por una media de 3,5 personas. De ellos 34 (46%) responden a un perfil similar a los casos expuestos más arriba, combinando de alguna manera su participación entre el sector turístico y el de los cuidados. Esta circunstancia evidencia de manera clara la importancia de la conjunción de ambos sectores para el funcionamiento local, una apreciación difícilmente identificable si no se articula consistentemente el análisis de ambos sectores de actividad y si no se desciende a escala doméstica.
4.4. ¿Qué nos muestra esta confluencia entre turismo y cuidados en Benalauría?
Turismo y cuidados conforman un pilar importante para la economía de muchos de los grupos domésticos en Benalauría. En este sentido no es descabellado pensar que el desarrollo de estos dos sectores facilita la permanencia en el pueblo de muchas familias, especialmente de la generación soporte (Camarero 2009) esenciales para la sostenibilidad del mundo rural. El turismo y los cuidados favorecen la empleabilidad y el emprendimiento (para las generaciones productivas) y a su vez garantizan cuidados para menores (facilitando la conciliación familiar) y para mayores (que pueden permanecer en su medio y no tener que salir a residencias fuera del pueblo). Asimismo, hemos comprobado cómo, a pesar de ser actividades económicas nuevas en el ámbito rural, han sido perfectamente adaptadas a la tradicional diversificación y pluriactividad económica rural, permitiendo complementariedades, transiciones y en definitiva ser usadas estratégicamente por los locales.
Visto desde la perspectiva de la economía de los cuidados, el envejecimiento puede ser resignificado en los contextos rurales, adquiriendo un carácter ambivalente, como debilidad y fortaleza al mismo tiempo. Si bien es cierto que es uno de los factores que caracteriza más contundentemente a las crisis rurales (Camarero y Del Pino 2014, Elizalde-San Miguel y Díaz-Gandasegui 2016), también puede ser visto como uno de los factores que las mitigan ya que, por un lado, se presenta como uno de los nichos de empleabilidad en aumento y, por otro, facilita la fijación de la población: tanto de las personas que desarrollan esos cuidados como actividad económica como de las propias personas cuidadas que puede seguir permaneciendo en su medio.
Junto a los mayores, los menores son otro colectivo central a tener en cuenta en el contexto de las crisis rurales. Su papel estratégico se ha centrado principalmente en que garantizan la permanencia de recursos públicos como los colegios (algo central en la vida de los pueblos) pero desde la perspectiva que presentamos en este artículo, considerando los cuidados en sentido amplio, las redes de cuidados a los menores pueden convertirse en un recurso esencial para que muchas familias permanezcan en el pueblo o para ser atraídas a residir en el mismo. En comparación a los contextos urbanos, estos servicios de cuidados a los menores en el pueblo son mucho más económicos (en la mayoría de los casos son gratuitos, provistos por los ayuntamientos) y además cubren una amplia gama de servicios, desde la máxima proximidad y cercanía, con una atención bastante más individualizada (puesto que se dirigen a grupos muy reducidos de menores). En este sentido valoramos que el modelo de cuidados a los menores se configura también como un potencial a tener en cuenta ante las crisis rurales.
El caso de Benalauría parece indicar una cierta nueva tendencia de preferencia en los grupos domésticos hacia el sector de los cuidados en detrimento del turismo. La argumentación gira en torno a las condiciones laborales y la búsqueda de calidad de vida. A este respecto podemos apuntar que esa creciente economía de los cuidados puede estar provocando cierto efecto en la modelación y contención del turismo a nivel local. Se apunta en Benalauría a una relativa desactivación del turismo cuyas razones no podemos buscarlas exclusivamente en la evolución convencional del ciclo del producto o al descenso de la demanda, sino principalmente por: (1) la mejora progresiva de las economías domésticas con gran apoyo desde el sector público; (2) las pautas de diversificación económica rural que hace que los grupos domésticos e individuos no dependan de una única actividad económica y que, por el contrario, tengan margen para elegir en qué actividades económicas se participa, apareciendo aquí de forma evidente el sector de los cuidados; y (3) el concepto de calidad de vida de los habitantes del pueblo. Todo ello ha dado pie a una suerte de decrecimiento turístico a nivel local: a mucha gente no le merece la pena participar en estos momentos en la hostelería porque se trata de un sector que requiere unos ritmos de trabajo y una dedicación muy intensas, otros han retirado sus casas de la oferta turística para dedicarlas al alquiler convencional o habitarlas porque les resulta más cómodo y conveniente. Como hemos comprobado en alguno de los casos descritos, se ha producido incluso una transición neta desde el sector turístico al de los cuidados.
Todo este análisis nos revela una vez más la centralidad del papel femenino en el devenir rural. Tanto en el ámbito del turismo (hostelería, limpieza, gestión de casas de alquiler, artesanía…) como en el del cuidado (ayuda a domicilio, dinamización de talleres a diferentes grupos etarios…) la mujer ocupa un papel central en su implementación. Se evidencia una clara mayoría femenina en el sector de los cuidados y asimismo en la hostelería. Todo ello ha supuesto en Benalauría una monetarización de las tareas femeninas tradicionales y por tanto su reconocimiento como actividad productiva y económica formal. Podemos apuntar, por tanto, el papel de ambas actividades como activadores del empoderamiento femenino, así como el protagonismo de la mujer en la revitalización de la localidad (sin descuidar, por supuesto, el efecto que pueda derivarse a modo de “doble jornada” de las mujeres).
5. Conclusiones
El artículo que presentamos quiere llamar la atención, a través de un estudio de caso, sobre el papel estratégico que la convergencia del turismo y los cuidados pueden tener ante las crisis rurales. Además, nos hace intuir cómo el desarrollo de una economía de los cuidados podría facilitar la potencial contención del turismo. Este caso de estudio puede incitar a preguntarnos. ¿estamos antes una nueva transición rural? Sería muy osado pretender responder a esta pregunta solo desde un caso de estudio. Pero sí consideramos que Benalauría puede estar mostrándonos una tendencia significativa a este respecto y que el reto está en extender esta mirada analítica a otros contextos rurales. Nuestro estudio anima a la apertura de diferentes líneas de investigación desde perspectivas novedosas, que nos pueden ayudar a comprender el devenir rural, atendiendo no solo a esas convergencias y transiciones entre el turismo y los cuidados sino también poniendo el foco en diferentes colectivos que habitan el mundo rural: resignificación del envejecimiento como fortaleza en los contextos rurales, la atención a la infancia como oferta diferenciadora de los contextos urbanos o el papel del empoderamiento femenino en lo rural por la monetarización de actividades que han venido realizando desde el espacio informal-familiar. Estas líneas abren un campo muy interesante en el que seguir profundizando en investigaciones futuras.
Junto a las temáticas para la indagación que abre el caso presentando es importante valorar la importancia de la metodología de investigación utilizada. Intentar comprender el devenir rural solo desde datos estadísticos a nivel macro se nos presenta, cuanto menos, como una estrategia muy limitada. Las estadísticas, por lo general solo pueden desarrollar escalas de investigaciones regionales ya que no hay datos disponibles desagregados para escala inferiores (comarcales, locales) y a esto se le suma que gran parte de las actividades de los grupos domésticos se desarrollan en un campo de la economía informal que no aparecen reflejadas en las estadísticas oficiales. Solo si descendemos a la escala local y de grupo doméstico podremos llegar a comprender la imbricación, complementariedad, convergencias y dinámicas de fenómenos como el turismo o los cuidados y, por ende, su papel en el devenir rural y, en este sentido, la etnografía se nos presenta como la estrategia de investigación más adecuada.
El desarrollo rural copa hoy la agendas de muchas instituciones políticas públicas (desde la Comisión Europea hasta los ayuntamientos) pero desde una perspectiva que, a nuestro parecer, está demasiado sesgada a lo demográfico (Camarero y otros 2023) y, por tanto, limitada para la implementación de respuestas reales a las crisis rurales por dos cuestiones principalmente: (1) el reto de lo rural va más allá de que haya población en los contextos rurales, habrá que considerar también las condiciones en las que habita esa población a diferentes niveles (cohesión, integración, recursos, servicios, movilidad…) y (2) la estrategia no solo puede estar centrada en atraer a nuevos pobladores a estos contextos rurales, sino en implementar medidas para que los que ya residen puedan quedarse si así lo desean. En este sentido, la mirada exploratoria que aporta este estudio puede apuntar nuevas líneas de abordaje y sensibilidad con el mundo rural.
Notas
Queremos dar las gracias a los habitantes de Benalauría por su acogida y cariño. Esta investigación se ha realizado en el marco de los proyectos “Servicios sociales comunitarios ante la crisis rural en Andalucía” financiado por la Junta de Andalucía [PROYEXCEL-000124], y “Turismo de base local y crisis rural” financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación [PID2021-123158OB-I00].
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