1. Introducción
Desde finales del siglo XX, las zonas rurales periféricas se vieron abocadas a un proceso de terciarización, con un fuerte énfasis en el desarrollo del turismo como panacea frente a los males dejados por décadas de integración a los mercados de escala (Halfacree 1999, Wilson 2001 y 2007, Sivaramakrishnany Vaccaro 2007). Acompañado de un discurso de patrimonialización de la naturaleza y la cultura rural, la promoción de diversos turismos adjetivados (rural, cultural, sostenible) fue el eje que acompañó las transformaciones sociales y económicas de las últimas décadas (Frigolé y Roigé 2006, Vaccaro y Beltran 2010). Pero la terciarización de la actividad económica y el predominio del modelo de explotación turística terminaron agudizando en muchos casos la competencia por los usos de la tierra a raíz de las presiones de la economía del ocio (Marull y otros 2008, Cervera y otros 2013, Cañada y Murray 2019), la gentrificación (v.g. segundas residencias) (Lasanta y otros 2013, Vlès 2014) y la difícil convivencia entre la conservación de la naturaleza y los anteriores modos de explotación de los recursos (Beltran y Vaccaro 2014). En particular, el abandono progresivo del aprovechamiento agrosilvopastoril supuso un incremento de la vulnerabilidad de las zonas de alta montaña ante los desafíos del cambio climático, así como un agravamiento de la despoblación y los procesos de abandono (Fillat 2003, Collantes 2004, Estrada y otros 2010).
A partir del caso del Pirineo catalán, nos interesa analizar la emergencia de un discurso crítico inédito hasta este momento en la región que se opone abiertamente a lo que cada vez más se denomina como “monocultivo turístico”. En el marco de una serie de proyectos no necesariamente coordinados pero que se reconocen como parte de una lucha colectiva por modelos contrahegemónicos de desarrollo social, opuestos a las lógicas de explotación dominantes del capitalismo y que hemos denominado como “resistencias rurales”, se consolida un discurso crítico que organiza nuevos imaginarios de lucha y propone formas alternativas. Se constata, en este contexto, el surgimiento de un paisaje de movilización social que responde a intereses y perspectivas compartidas y permite avistar, en muchos casos, un horizonte de exploración de alternativas que tiene el potencial de promover debates en torno a los modelos de gobernanza, las dinámicas demográficas y de innovación social, los roles y perspectivas de género, así como las prácticas de producción y los hábitos de consumo.
En este artículo nos proponemos específicamente identificar dos modelos de desarrollo formulados como posiciones opuestas que enfrentan al territorio a futuros contrapuestos. Si hasta hace diez años el modelo de desarrollo turístico en zonas rurales periféricas parecía incontestado, la emergencia de nuevos movimientos sociales surgidos como respuesta a la crisis de 2008 ha transformado el escenario del conflicto sociopolítico en estos territorios. El impulso de distintas iniciativas sociales en forma de plataformas u organizaciones en oposición a lo que consideran “amenazas sobre el medio ambiente y las condiciones y formas de vida de los Pirineos” (Sos Pirineus 2019), ha contribuido a denunciar un modelo económico que se considera agotado a nivel social, ecológico y territorial. Se trata de la ruptura definitiva de un consenso tácito que habíamos identificado en nuestros trabajos previos en la zona, un largo periodo en que la promoción del turismo y el patrimonio cultural y natural fue considerada como la alternativa sostenible para hacer frente al envejecimiento y el abandono de estos territorios (Vaccaro y Beltran 2007, Del Mármol 2012 y 2016). La crisis de 2008 sentó las bases para un escenario de conflicto y lucha social que se propagó por distintos territorios rurales, impactando en el Pirineo catalán y contribuyendo al surgimiento de una crítica a su modelo de desarrollo. Esta se articula en oposición a la excesiva dependencia de la economía local respecto al sector turístico, planteando a la vez un modelo de aprovechamiento cercano a la reagrarización y a la defensa de la agroecología y la economía social y solidaria. La ruptura con esta dependencia en relación con el turismo se presenta como la única alternativa para el desarrollo de modelos sostenibles y la recuperación de la capacidad de decidir, entendida como una nueva soberanía local.
Nos proponemos avanzar aquí la exposición de algunos casos de estudio de colectivos que comparten estos imaginarios emancipadores, concretamente aquellos que responden a la esfera de los movimientos sociales, las redes de economía social y solidaria y la agroecología. El bagaje de las investigaciones llevadas a cabo en la región a lo largo de más de tres décadas se suma a nuestro presente interés en las nuevas dinámicas mencionadas de transformación social. Esta indagación, iniciada en 2021 y todavía en curso, se centra en las comarcas del llamado Alto Pirineo catalán (Alta Ribagorça, Alt Urgell, Cerdanya, Pallars Jussà, Pallars Sobirà y Val d’Aran) y se basa en observación participante en distintas iniciativas y movimientos sociales, así como en la realización de entrevistas abiertas y semidirigidas a distintas personas implicadas en ellas. Concretamente, en el marco del proyecto en curso, se ha entrevistado a 36 personas (25 hombres y 11 mujeres), en muchos casos en más de una ocasión (15), centrándonos en perfiles jóvenes (18), tanto locales (22) como neorrurales (14), y buscando su activa implicación en las iniciativas identificadas. Hemos podido observar como el seguimiento de las personas activas en el surgimiento, implementación, difusión y consolidación de nuestras resistencias forman parte de un colectivo social que comparte lazos de comunidad específicos y que muestra una fuerte tendencia a crear profusas redes de colaboración. La observación participante se centró en los ámbitos de militancia y sociabilidad de distintas iniciativas y movimientos sociales, pero también se realizó un seguimiento a proyectos impulsados desde la Administración que en los últimos años abrió ámbitos participativos de discusión sobre los modelos de desarrollo de la zona. Se etnografiaron más de 60 acontecimientos relacionados con las temáticas estudiadas, asambleas, eventos públicos, celebraciones, ferias y jornadas de las iniciativas que son el objetivo de esta investigación, pero también los talleres de la Agenda Rural, las sesiones de debate y presentación de la Estrategia del Pirineo, los debates en relación a la nueva Ley de montaña que está siendo tramitada actualmente, así como las reuniones de la mesa de negociación sobre el futuro Centro de la Leche y el Queso que, por el momento, todavía no ha llegado a concretarse.
2. Antecedentes
Nuestro trabajo responde a la necesidad de analizar la situación de las zonas rurales periféricas en España, en particular de alta montaña, afectadas desde hace décadas por fuertes procesos de despoblación, abandono y cambio de los usos del territorio (Villaró y Campillo 1988, Collantes 2004, MacClancey 2020) y relegadas a un segundo plano de la agenda pública. La situación excepcional causada por la pandemia de la COVID-19 ha enfrentado el mundo rural a una serie de presiones añadidas que han contribuido a evidenciar aún más las tensiones sufridas por estos territorios a causa de las dinámicas mencionadas. Las crisis complementarias en los ámbitos ambiental, económico-financiero, sociosanitario y energético, sumadas al creciente consenso sobre el calentamiento global y sus efectos en las áreas de montaña mediterráneas (https://opcc-ctp.org/), han promovido un nuevo marco político y legislativo en la Unión Europea que atribuye un importante potencial de cambio a las zonas rurales del continente. Los fondos Next Generation, el European Green Deal, laRaw Material Initiative así como la nueva PAC o, a nivel nacional, el Reto Demográfico, auguran un tiempo de transformaciones sustantivas (Del Mármol y Vaccaro 2020). Esta situación ha permitido visualizar un momento de cambio profundo en el mundo rural como resultado de las “múltiples crisis” del modelo socioeconómico y de desarrollo vigente que dan lugar a transformaciones socioecológicas evidentes y a una situación de creciente incertidumbre en términos de sostenibilidad (Demirovic y otros 2011, Brand y Wissen 2021).
El despoblamiento, el abandono y el cambio en los usos del territorio, así como las dinámicas conflictivas entre lo rural y lo urbano, no son en ningún caso procesos nuevos en el Pirineo catalán, pero galvanizan y favorecen nuevas complejidades ante las condiciones que en los últimos años han alterado nuestras vidas cotidianas. La convergencia de las crisis de acumulación con la crisis ambiental y sanitaria plantea un escenario de inflexión que nos obliga a repensar el estudio de las periferias rurales en todo el país. Este escenario de crisis convergentes (Moore 2015), donde se conjugan las contradicciones del modelo de desarrollo global, nos lleva a entender las complejidades territoriales en términos de lógicas multiescalares de explotación que se materializan en una serie de fenómenos concretos. Por un lado, debemos hablar de un modo de acumulación basado en una lógica extractivista en relación con los recursos naturales que viene de larga data, pero que se concreta hoy en la exacerbación de diversas amenazas como el aumento de la minería (Del Mármol y Vaccaro 2020), la expansión de los proyectos de energías renovables (eólica y solar) (Franquesa 2018, Pallarès-Blanch y otros 2021), o la intensificación de la agricultura y la ganadería bajo la lógica productivista clásica de la agroindustria (Estrada y otros 2010, Van der Ploeg y otros 2015, Gascón y otras 2021, De Castro y otros 2023). Al mismo tiempo, podemos hablar de una intensificación de los usos del territorio mediante la promoción del turismo como única alternativa de desarrollo local que provoca desigualdades, abandono forestal, así como dinámicas de gentrificación rural con el consecuente problema de escasez de vivienda para la población residente (Guirado y Tulla 2010, Duro y Rodrıguez, 2011, Beltran y Vaccaro 2024). Los complejos procesos de migración rural asociados a la evolución del capitalismo industrial deben ser repensados a la luz de las nuevas dinámicas de repoblación acentuadas por la pandemia y cuyo alcance y trascendencia todavía desconocemos (Barañano y otros 2022).
Concretamente, para el caso del Pirineo catalán partimos de una serie de nociones básicas que son el resultado de nuestros trabajos previos realizados en la zona. En primer lugar, las limitaciones del modelo de desarrollo vigente e impulsado todavía en la actualidad desde algunas esferas de la propia administración. Se trata de un corpus legislativo y de distintos mecanismos de intervención dirigidos a la protección y la promoción del territorio desde una perspectiva conservacionista y desarrollista que se han demostrado insuficientes para frenar la actual crisis ambiental, social, económica y cultural. Esta estrategia ha dejado entrever la fragilidad de sus instrumentos, una dificultad para establecer modelos de desarrollo endógeno, así como problemas de gobernanza. Consideramos que ha promovido los conflictos sociales basados en la confrontación entre distintas percepciones y maneras contrapuestas de entender el territorio, favoreciendo la emergencia de diversas formas de resistencia. En segundo lugar, la relevancia de la presión creciente sobre los ecosistemas de montaña en los que las recientes transformaciones socioeconómicas han contribuido a agudizar la competencia por los usos de la tierra a causa de las demandas de la economía del ocio y el turismo.
Las crisis múltiples y solapadas que conyugan la emergencia climática y social en términos de crisis de sostenibilidad y de reproducción, se han hecho evidentes no solo a nivel analítico, sino también a través de una toma de consciencia específica por parte de la población local. En nuestro trabajo nos acercamos a estudiar la contraposición entre distintos modelos de desarrollo, entendiéndolos como ensamblajes complejos compuestos por una variedad de conocimientos, saberes técnicos y científicos, imaginarios, ideales políticos, actores y afectividades que se conjugan para producir horizontes de transformación. De esta forma, partimos de una perspectiva crítica que rechaza las teorías unificadoras para centrarse en la variedad de ensamblajes que se van configurando impulsados por fuerzas sociales concretas y la inestabilidad con la que se fragmentan y reorganizan (Li 2009).
El trasfondo de los conflictos que analizamos en el Pirineo catalán puede entenderse si pensamos en una confrontación de escalas, donde una serie de modelos hegemónicos, que transformaron el territorio a partir de la década de los ochenta con la incorporación a una economía postindustrial y terciarizada (Frigolé 2007, Roigé y Frigolé 2010, Vaccaro y Beltran 2010, Del Mármol 2012), se encuentran actualmente cuestionados por una miríada de propuestas e iniciativas de pequeña escala que compiten por sobrevivir y sostener futuros alternativos. Estos movimientos contestatarios e iniciativas son a su vez variados en su origen y naturaleza. Mientras que algunos son respuestas reactivas y de base vecinal frente a macroproyectos que se entienden como especuladores y centrados en una mera extracción de recursos del territorio, otros se conforman como iniciativas individuales y colectivas, más o menos organizadas, que se concretan en prácticas políticas y socioeconómicas entendidas y vividas como alternativas. Estos proyectos locales y desde los márgenes se suman además a movimientos sociales globales, cada vez más organizados en torno a la denuncia y el rechazo al modelo hegemónico de desarrollo y sus consecuencias, como los surgidos en relación con la emergencia climática, la soberanía alimentaria, el decrecimiento, el ecofeminismo y la justicia social. En efecto, esta nueva generación de los movimientos sociales responde a nuevas dinámicas de conflictos socioambientales, trabajan principalmente en red a través de medios digitales y sugieren propuestas de cambio transformador, pero también convergen con un rechazo histórico de distintos sectores de la población que no siempre habían encontrado canales para expresarse. El análisis de este momento de ebullición política y social es fundamental tanto para poder entender las dinámicas del cambio como para ofrecer un marco de reflexión desde donde pensar las transformaciones rurales contemporáneas.
3. “Resistencias rurales”
La percepción de la crisis socioecológica en el Pirineo catalán ha forzado la apertura de un nuevo debate que se concreta en una sumatoria de proyectos que nos hablan de nuevas aspiraciones y futuros alternativos. Las demandas de justicia social y ambiental se multiplican en la forma de movimientos sociales de contraposición a proyectos de carácter extractivista de explotación de los recursos naturales, organizados en base a agrupaciones vecinales por la defensa del territorio o a plataformas activistas más estructuradas. En el ámbito de la ganadería y la agricultura se ha extendido el reclamo en favor de una producción ecológica y de proximidad y por la creación de nuevas alianzas y redes que garanticen la soberanía alimentaria, aspirando a formas de producción y de distribución alternativas al modelo industrial y globalizado que predomina en el actual sistema agroalimentario. La crisis del modelo de la agroindustria y la necesidad de una apuesta por nuevas estrategias y políticas en favor de las redes agroecológicas se han agudizado durante el confinamiento y en el contexto postpandemia (Arran de Terra 2020). El “nuevo campesinado” y el marco del decrecimiento se enarbolan como pancartas por un futuro viable y sostenible (Van der Ploeg 2008, Monllor 2011, Calvário 2017). La apuesta por la economía social y solidaria se evidencia en una proliferación de cooperativas y asociaciones diversas, a menudo proclives a recuperar y reinterpretar las viejas formas de la gestión comunal como modelo de relación sostenible con el territorio y sus recursos.
El estudio de este escenario de crisis de conflicto social en el Pirineo catalán es relevante para entender las dinámicas de cambio así como las disyuntivas entre distintos modelos de desarrollo. Nuestro análisis se centra en los debates y las luchas que se están consolidando y se concretan en una multitud de iniciativas heterogéneas, proyectos colectivos y movimientos que se presentan como transformadores. Se trata de propuestas diversas, comprometidas con nociones de justicia social y ambiental, que basculan hacia formas de producción no industrial y reclaman modelos de economía social y cooperativa. Estas propuestas se consolidan mediante fenómenos sociales con distintos grados de organización formal que comparten prácticas, ideales e imaginarios alternativos, así como una voluntad de funcionar cooperativamente o en red, reforzando la conexión entre iniciativas surgidas a nivel local y movimientos de alcance global. Una de sus características más relevantes es que se reconocen como parte de una lucha colectiva por modelos de desarrollo local opuestos a la lógica de explotación dominante. En el contexto de los debates recientes sobre el giro ético en la política (Garber y otros 2000) y de los enfoques centrados en el estudio de la concepción asociativa de la política democrática (Myers 2013) y la economía solidaria (Healy y otros 2021), nos proponemos explorar algunos ámbitos de la acción colaborativa y de protesta en esta zona rural periférica, con el objetivo de iluminar los factores de cambio social que pueden servir para entender las dinámicas transformadoras en distintos contextos rurales europeos. Nos interesa explorar en el Pirineo catalán aquello que Gibson-Graham (2006, Gibson-Graham y otros 2016, Nightingale 2019) define como una nueva polítics of the commoning, y que se ha convertido en un amplio campo de exploración académica para intentar documentar los esfuerzos de llevar a la práctica modelos económicos y movimientos cooperativos, justos, sostenibles e inclusivos (Kawano y otros 2009, Grasseni 2013, Safri 2015, Utting 2015). En este marco, consideramos que un conocimiento en profundidad de estas formas de resistencia nos permitirá acercarnos a la materialización del conflicto social en los Pirineos, así como a la configuración de debates y narrativas sobre los modelos de desarrollo posibles y necesarios.
Emprendemos el análisis de las resistencias rurales a través de tres ámbitos que conjugan la mayor parte de estas iniciativas y que estructuran nuestra investigación:
1) Movimientos sociales y conflictos socioambientales: agrupados en movimientos de oposición (en contra de macroeventos, parques eólicos o huertos solares, minas y actividades extractivas, infraestructuras, reintroducción de fauna) o de defensa (conservación ambiental, usos del territorio, patrimonio cultural e inmaterial, identidad local), entre otros.
2) Comunes y economía social y cooperativa: incluyen la reorganización local vecinal alrededor de la gestión de recursos, bienes y servicios comunes y nuevas formas organizativas en la definición de lo común, como por ejemplo cooperativas de servicios, entidades para el desarrollo rural, redes de segundo nivel o iniciativas para el fomento de la repoblación y la revitalización territorial.
3) Agroecología y soberanía alimentaria: incluye, entre otras, todas aquellas entidades, colectivos y alianzas que trabajan en la investigación, la formación o las prácticas productivas tradicionales y sostenibles; la recuperación de conocimientos, productos y variedades locales; las redes de coordinación e intercambio de experiencias; los proyectos para fomentar el acceso a la tierra y el relevo generacional; las iniciativas individuales o cooperativas en el sector de la producción de alimentos; las plataformas y programas de trasformación, distribución y comercialización directa y, en algunos casos, colectiva de productos; los proyectos de territorios agroalimentarios.
En este contexto, nos preguntamos cómo se originan estas nuevas formas de resistencia cada vez más visibles en términos de movimientos sociales y proyectos autodenominados como alternativos en el Pirineo catalán. Se trata de propuestas distintas, iniciativas eventualmente individuales o colectivas pero que, a la vez, se articulan formando redes de segundo grado y compartiendo modelos de organización centrados en ideales de horizontalidad, democracia directa, autogestión y equidad. Los discursos e imaginarios que alimentan estas formas de organización social se nutren de distintos usos del pasado así como de experiencias de gestión colectiva disponibles en la historia local. Nos interesa también muy particularmente explorar su dimensión histórica y demográfica, analizar aquellos factores concretos que han permitido en los últimos años el surgimiento de movimientos reivindicativos y su relación con el desarrollo político y social de la población. Entendemos que su surgimiento y consolidación en contextos concretos responde a ciertas dinámicas geográficas y político-económicas.
En este sentido, es importante entender el papel de los cambios sociales y demográficos recientes que señalan un aumento de la desconcentración urbana en los últimos años (Recaño 2017, Idescat 2024). Las corrientes migratorias hacia el Pirineo catalán expresan un crecimiento leve pero sostenido desde principios de siglo, que sufrió un parón después de la crisis de 2008 pero a su vez se vio impulsado por la pandemia de la COVID-19. Si bien es difícil prever la estabilización de esta tendencia creciente, que puede observarse también en otras zonas rurales (Barañano y otros 2022, López-Gay 2023), la llegada de generaciones jóvenes provenientes de entornos urbanos en muy relevante en los entornos de militancia y sectores de izquierda del territorio movilizados, estando seguramente sobrerrepresentados. Pero no se trata de un fenómeno exclusivamente neorrural. Por el contrario, la etnografía nos indica que la irrupción de un ámbito de movilización y protesta debe pensarse también en términos generacionales. Los movimientos juveniles locales de izquierda recobraron presencia desde el 2010, especialmente en la Seu d’Urgell (la ciudad más poblada del área de estudio), y fueron clave en la organización de la resistencia a los efectos de la crisis de 2008 así como en el conocido como Procés independentista. Los efectos a largo plazo de la crisis de austeridad, la pandemia y la voluntad de permanecer en el territorio han contribuido a que una parte de la población joven local regrese sus lugares de origen después de haber realizado estudios superiores fuera de la zona, marcando un contrapeso a la dinámica secular de éxodo juvenil. Los casos que estamos estudiando se definen como alternativas en relación a las opciones aplicadas en las últimas décadas, activamente promovidas por las políticas públicas. Se refieren a las consecuencias de los planes de desarrollo que no consiguieron imponerse a la emigración, el vaciado del territorio y el abandono de campos y pueblos. Este proceso es leído también a partir del marco teórico del “extractivismo” (Gudynas 2015, Hornborg y Martínez-Alier 2016, Ye y otros 2020), como un vaciado de recursos de la periferia al centro o su inclusión en procesos de mercantilización (energía, minerales, territorio, naturaleza, patrimonio material e inmaterial). Por otro lado, las mencionadas iniciativas se consideran transformadoras con relación con el modelo productivo imperante, que habría abandonado al sector agrario al no adaptarse a los patrones de productividad de la agroindustria. En este sentido, se critica lo que se ha dado en llamar la “agrojardinería”, centrada en el mantenimiento del paisaje y el entorno para un consumo urbanita, tanto por parte de visitantes como de nuevos residentes que entienden el territorio local en términos de un lugar bonito para vivir o más cercano a la naturaleza (greentrificación) (Phillips 1993, Smith y Phillips 2001, Richard y otros 2017). En la misma línea, se denuncia también el proceso de gourmetización de la producción agrícola, una producción de alto valor agregado dirigida al consumo de unas élites o de visitantes ocasionales que son quienes pueden pagar los precios más elevados de productos ecológicos o elaborados artesanalmente. Estas prácticas se oponen a una mayoría de la población local que consume los alimentos producidos por la agroindustria, importados desde lugares remotos y vendidos a bajo precio a costa de la supervivencia del campesinado y de los altos costes ambientales del modelo (Guthman 2003, Fonseca 2005, Harris y Phillips 2021).
Nuestro objetivo es identificar y conocer más a fondo estas resistencias heterogéneas que hemos identificado en nuestro territorio de estudio y que comparten la característica de oponerse a los modelos hegemónicos de desarrollo. La exploración de estos nuevos fenómenos, no muy numerosos pero que resultan altamente significativos, nos permite fundamentar el debate necesario sobre los modelos de desarrollo de las últimas décadas y su impacto en zonas afectadas por una alta vulnerabilidad social y territorial (De Cos y Reques 2019). En el Pirineo catalán, desde la Llei d’alta muntanya (1983) todavía vigente hasta los esfuerzos coordinados de los distintos fondos europeos (Leader, Feder, Interreg), las políticas públicas no han conseguido paliar los efectos del despoblamiento, el abandono de los usos tradicionales del territorio y la consecuente desertización demográfica (Ayuda y Pinilla 2002, Fillat 2003, Del Mármol y Vaccaro 2015, Del Mármol, Celigueta y Vaccaro 2018, Guirado y Tulla 2010). En este contexto, el reconocimiento de la emergencia de prácticas e imaginarios alternativos se abre como un camino hacia la proyección de nuevos modelos sostenibles para repensar el futuro del territorio.
3.1. Movimientos sociales y conflictos medioambientales
La demanda de regeneración política y cambio en el sistema político español fue la clave que impulsó el movimiento de los indignados a partir de 2011. Las críticas del 15M al sistema de representación y participación política existente (Díez y Laraña 2017) calaron en una movilización profunda contra el régimen nacido de la Transición, basado en el bipartidismo y el anclaje en un modelo económico neoliberal que había ido atacando las bases del Estado del bienestar. La crisis de austeridad, precariedad, desempleo y deuda consolidada tras la debacle económica de 2008 (Hadjimichalis 2013, Varvarousis 2020) revirtió entonces en una fractura de modelos hegemónicos que abrió la puerta a una nueva fase de movilización social tanto en Europa como en muchos otros lugares de todo el mundo (Graeber 2011, Harvey 2011). Como constataron analistas de distintas zonas de las Península, se trataba de un movimiento impulsado fuertemente por generaciones jóvenes (Díez y Laraña 2017) que supieron articularse con sectores pauperizados de la sociedad, así como con grupos de mayor edad con experiencia en distintas movilizaciones previas a la crisis.
El Pirineo catalán había experimentado un significativo ciclo de movilizaciones en la década de los años setenta, en las transformaciones que rompieron con el régimen franquista y permitieron la configuración democrática posterior. A nivel territorial ese fue un momento importante para la configuración de un pensamiento regionalista que abarcaba el conjunto del Alto Pirineo. La organización de sectores jóvenes propició el desarrollo de proyectos de análisis territorial, organizados a través de los Grups de l’Alt Pirineu(GAP), pero también una importante presencia en el Congrés de Cultura Catalana,así como en acciones reivindicativas más puntuales que consiguieron, por ejemplo, la retirada de la construcción de la presa de Tres Ponts en el Alt Urgell (Alsina y otros 1996, Campillo y Sanclimens, 1987). De esta reemergencia político-cultural surgieron muchos de los nombres que dirigirían la política local en las décadas siguientes.
Mientras que en los años 2000 podemos hablar de algunas iniciativas protagonizadas por jóvenes, la movilización social no adquiere un carácter más amplio y organizado hasta los años posteriores a la crisis, haciéndose eco del levantamiento de los llamados indignados del resto de Europa. Sectores jóvenes se organizan en secciones locales de partidos de alcance nacional y logran articularse con grupos de distintas generaciones con experiencia en otros ciclos de movilización social. Se observa una cierta ebullición activista concretada en movimientos opuestos a distintos proyectos que en su mayor parte tienen un carácter extractivista. Igualmente se registra un auge asociacionista en actividades de defensa del territorio y la identidad local (a nivel de pueblos, valles, comarcas), en favor de ciertos modelos de desarrollo o por la conservación del patrimonio cultural tanto material como inmaterial.
En abril 2019 se presentaba en la Seu d’Urgell SOS Pirineus, la primera coordinadora de organizaciones y plataformas ecologistas del conjunto del Pirineo catalán. En este acto se denunciaba el modelo socioeconómico imperante como el principal responsable del excesivo peso del sector turístico en las comarcas pirenaicas, y del énfasis extractivista erigido en único modelo de desarrollo posible. Si bien algunas de las organizaciones que conforman la mencionada plataforma se remontan a diez, o incluso a veinte años atrás, la consolidación de un movimiento unitario consciente de ser parte de luchas interconectadas constituye el síntoma de un nuevo ciclo de crítica social y consciencia colectiva. Se articula entonces un nuevo marco compartido que considera el sistema socioeconómico como el causante “de diversas amenazas que planean sobre el medioambiente y las condiciones y formas de vida del Pirineo” (Sos Pirineus 2019). Los colectivos que impulsaron esta iniciativa se organizaron contra la especulación inmobiliaria y los proyectos de infraestructura como la ampliación de dominios esquiables de las estaciones de esquí, el desdoblamiento de carreteras destinadas a favorecer el tránsito de vehículos hacia la capital catalana, las reclasificaciones urbanísticas o los proyectos extractivistas (mineros o de autopistas eléctricas) que ponen en riesgo la sostenibilidad ecológica del territorio.
El modelo turístico impulsado desde la década del 1970, celebrado como alternativa de desarrollo en numerosos estudios y análisis territoriales de esa época y plasmado en distintas iniciativas legislativas y programas de desarrollo local desde entonces, es considerado ahora un modelo obsoleto, culpable de la degradación sistemática del territorio y alejado de las necesidades de la población local, especialmente de sus “intereses reales” (Sos Pirineus 2019). La lucha contra la “precariedad laboral, la despoblación, la industrialización a gran escala y la especulación” (Sos Pirineus 2019), deberán articular un nuevo ciclo de organización y movilización social para reclamar una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones. La lucha por la dignidad se establece así a nivel local, con el establecimiento de una “unidad popular pirenaica” que reclama un modelo de desarrollo digno en términos socioeconómicos y de sostenibilidad ambiental.
Este camino se ha ido consolidando en los últimos años con la emergencia de ateneos populares, asociaciones de defensa locales y lucha contra la despoblación, asociaciones y colectivos feministas y transfeministas, sindicatos de vivienda y redes de desarrollo local. Un punto de inflexión fue el surgimiento de una plataforma unitaria contra la candidatura de los Juegos Olímpicos de Invierno Barcelona-Pirineus 2030, promovida desde la Generalitat y que contó con el apoyo de diversos sectores socioeconómicos de la región (empresarios del turismo y partidos políticos tradicionales, entre otros). La reacción a la candidatura se organizó ante lo que se consideraba una profundización de un modelo que ya había mostrado numerosos estragos a nivel social, económico y ecológico. Una dimensión importante de este movimiento fue la estructuración de un relato alternativo que, en términos gramscianos, disputase la hegemonía cultural construida alrededor del mantra que equiparaba el turismo con la riqueza. Con el fin de dar coherencia al movimiento, se buscó articular un corpus teórico a partir de varios debates monográficos (que comenzaron en 2020 y, interrumpidos por la pandemia, finalizaron recién en 2023) sobre la emergencia climática, el agotamiento del modelo económico y sus alternativas; el modelo territorial y el turismo; los servicios públicos y los servicios sociales; y el campesinado y la gestión de los recursos naturales. Finalmente, más de 200 personalidades firmaron un manifiesto científico que acumulaba argumentos en contra de los Juegos y que contribuyó a la proyección mediática de la plataforma, poniendo por primera vez a debate el desarrollo futuro del territorio. El portavoz de la plataforma decía en una entrevista:
“La Plataforma StopJJOO estem incidint molt en el canvi de model econòmic, social i polític, i defensem que es posin al centre les necessitats de la gent del territori. Parlem del despoblament rural, de les potencialitats del sector agrari, de l’elaboració artesana, de l’aprofitament forestal, és a dir, de projectes que són ambientalment respectuosos i socialment justos amb la gent del territori. (…) La nostra problemàtica també té a veure amb l’extractivista i l’espoli, perquè al nostre territori es generen rendes que repercuteixen en els beneficis d’uns altres. Tenim molts punts en comú amb la resta de territoris amenaçats i zones rurals dels països empobrits”.
En diciembre de 2023 la Generalitat anunciaba su renuncia definitiva al proyecto olímpico. La plataforma StopJJOO se encuentra actualmente en un proceso de rearticulación para estructurar la lucha anticapitalista en el Pirineo catalán.
3.2. Economía social y solidaria
La eclosión de diversas iniciativas en el ámbito de lo económico y lo político caracterizadas por una reformulación de los modelos convencionales (tanto en sus propósitos como en sus propias formas de organización) es también indicativa del proceso mencionado y conforma un segundo énfasis de nuestra indagación sobre las transformaciones contemporáneas en el Pirineo catalán. El surgimiento de un número significativo de proyectos cooperativos en ámbitos que van desde la producción agropecuaria y los servicios hasta la vivienda y el consumo contrasta con el carácter más limitado, a menudo individual, de las iniciativas llevadas a cabo tanto por parte de la población neorrural como de la retornada a sus lugares de origen en la región en momentos anteriores. Las cooperativas de trabajo se orientan explícitamente a alcanzar, a partir de una participación equitativa y una toma de decisiones horizontal, objetivos compartidos entre sus integrantes frente a la priorización de los criterios de eficiencia y competitividad. Cabe destacar que esta forma de organización de la actividad laboral, que goza de una larga tradición histórica en otras zonas rurales de Cataluña, constituye una referencia puntual y hasta conflictiva en las comarcas pirenaicas. Asociadas a la modernización de la actividad primaria, la mayor parte de las cooperativas constituidas en distintos momentos del siglo XX, dedicadas todas ellas a la transformación y la comercialización de la leche producida en explotaciones de carácter familiar, terminaron fracasando y arrastrando en su caída a numerosos campesinos de la zona. Destaca como excepción la Cooperativa lechera del Cadí, en la Seu d’Urgell, cuya pervivencia se relaciona con la adopción de una gerencia de carácter empresarial y a distintas estrategias de marketing que le permitieron mantenerse a flote en el competitivo mercado de la producción agroindustrial (Gascón 2015, Del Mármol 2016). También responden a un modelo formalmente cooperativo algunas iniciativas ocupacionales dirigidas a personas con discapacidad impulsadas por fundaciones privadas. Las nuevas cooperativas laborales (desde comercios a despachos profesionales) deben relacionarse, así, con otro tipo de patrones y referentes que resultan innovadores en la región.
En el ámbito del consumo, en los últimos años se han constituido algunas cooperativas dirigidas a la distribución de productos agroecológicos, de acuerdo también a un modelo con un cierto arraigo en las zonas urbanas del país. Así, frente a la larga tradición de la producción de frutas y hortalizas para el autoconsumo en fincas de carácter familiar (mantenidas incluso cuando los ingresos principales de la economía doméstica provienen de una mayor especialización productiva en la ganadería o de fuera del propio sector primario), la distribución de las llamadas “cestas ecológicas” conjuga el acceso por parte de los consumidores a productos alimentarios al margen de los canales de comercialización convencionales con unas ciertas garantías de venta para los productores locales. El protagonismo casi exclusivo de las frutas y verduras, así como el perfil de los participantes en estas redes de distribución (jóvenes, empleados o profesionales, habitualmente originarios de fuera de sus lugares de residencia) son características a destacar en este caso.
Las dificultades en el acceso a la vivienda han favorecido también el surgimiento de varias cooperativas dirigidas a hacer frente a esta demanda específica. A pesar de tratarse de un problema con una mayor profundidad temporal, la llegada reciente de nueva población de origen urbano en unas comarcas donde la construcción ha estado dominada durante décadas a satisfacer la demanda turística de apartamentos y viviendas unifamiliares ha evidenciado una escasez de oferta y un valor del mercado inmobiliario comparable a las zonas metropolitanas del país. La reciente creación de sindicatos de vivienda en la Cerdanya y el Pallars Sobirà refleja el alcance de esta problemática. En este capítulo, tanto la administración autonómica como diversas entidades que promueven la economía social en el conjunto de Cataluña están potenciando la constitución de cooperativas de vivienda en cesión de uso que, además de contribuir a la financiación de nuevas unidades residenciales y de favorecer con ello el acceso a la vivienda (generalmente, a partir de la rehabilitación), impulsan al mismo tiempo formas colectivas de gestión de servicios. Como expresa Coop57, que contribuye a la financiación de alguna de estas iniciativas, “el objetivo es desmercantilizar y socializar patrimonio con un alto contenido social y medioambiental en beneficio de la comunidad y de entidades de economía social y solidaria y que este no pueda entrar en lógicas especulativas en un futuro”. De acuerdo con los integrantes de una de estas iniciativas, “más allá de conseguir una vivienda accesible, digna y estable, nos gustaría impulsar un proyecto más amplio de soberanía alimentaria, dinamización económica y social, y participación con el pueblo y el territorio”. En otro caso, el acceso colectivo a la vivienda constituye la base de un proyecto de vida en común: “Es una forma de vivir y de entender la vida, y una decisión personal de compartir y de vivir en comunidad”.
En el campo de lo político, en las comarcas pirenaicas se identifican asimismo varias iniciativas que tienen un carácter igualmente novedoso y merecen ser analizadas por su singularidad. La crítica a las formas de la política delegada adquiere en localidades de pequeñas dimensiones demográficas (donde las relaciones sociales suelen tener un carácter personalizado) una especial relevancia. La distribución desigual de la población neorrural contribuye a que esta haya adquirido un peso significativo en determinados lugares hasta el punto de devenir puntualmente un actor decisivo. En este sentido, los últimos ciclos electorales han visto aparecer grupos políticos, de carácter formalmente independiente o vinculados a formaciones de la llamada izquierda radical, con presencia en algunos consistorios y hasta con responsabilidades de gobierno. Tanto en su discurso como en sus propuestas y espacios de gestión, destacan de estas iniciativas dos aspectos que merecen analizarse con cierta atención en tanto que son indicativos de su dimensión ideológica y de la orientación de su crítica. Por un lado, la reivindicación que realizan del patrimonio comunal que habían gozado en el pasado las comunidades locales de la zona (Beltran y Vaccaro 2017). A pesar de la desvirtuación del carácter colectivo de los bienes comunales a raíz de la desamortización del XIX y de reflejar una mirada idealizada en torno a los mismos (como supuestos referentes de una antigua economía colectivizada) (Vaccaro y otros 2023), la tradición comunal apoya un discurso que otorga primacía al bien común. La recuperación de convocatorias de trabajo vecinal, así como la organización de ciertos eventos y celebraciones festivas, se relacionan plenamente con esta dimensión.
La participación en la deliberación política y la toma de decisiones constituye un segundo ámbito en esta misma dirección. Frente a las formalidades de la democracia representativa (en los ámbitos de decisión, los derechos políticos y los órganos institucionales), se reclaman y promueven las asambleas vecinales a nivel local, en un contexto en el que muchas de las actuales entidades municipales fueron creadas a partir de agrupaciones forzadas en un proceso de simplificación administrativa del último franquismo. En este sentido, se reclama la actualización de los antiguos concejos vecinales en favor de una democracia participativa. Es el caso, por ejemplo, de Soriguera, donde en el mandato del gobierno municipal presidido por la Asamblea Popular de Soriguera se impulsó el llamado Comú de Veïns: “Amb el Comú de Veïns de Soriguera la idea és recuperar aquelles maneres de fer més antigues de cada poble, on els veïns i veïnes col·laboraven i es coordinaven per tal de mantenir els seus pobles i fer aquelles feines de manera conjunta que aportaven un benefici comú”.
3.3. Agroecología y soberanía alimentaria
A medida que el fracaso del modelo de desarrollo basado en la economía del ocio y el turismo y sus consecuencias ambientales y socioeconómicas negativas han sido más evidentes, han ido surgiendo voces críticas reivindicando el pasado agrícola, ganadero y forestal del territorio junto con la agroecología como una alternativa de futuro. Estas reivindicaciones se han concretado en una diversidad de propuestas individuales-familiares y colectivas relacionadas con la agricultura ecológica, la ganadería extensiva, la artesanía y la soberanía alimentarias. Sin embargo, no todas las experiencias de producción ecológica encajan en el tipo de resistencias rurales que estudiamos. Para algunas explotaciones agroganaderas, la opción por la producción ecológica es una estrategia de especialización que busca aprovechar la creciente demanda de alimentos orgánicos. Aunque estas iniciativas también podrían pensarse como formas de resistencia en un territorio de montaña dominado por el mercado global, en este momento no forman parte de nuestro objeto de estudio. Los casos que nos interesan particularmente son aquellas explotaciones que se identifican con la agroecología (Sevilla 2006) y que, en mayor o menor grado, producen de modo ecológico como una opción socioeconómica y política consciente, como una estrategia orientada a la transformación social y no simplemente como una forma de producción. En este sentido es muy clarificadora la explicación de un campesino que cultiva fruta en un portal web (“RibagorSanes”. Taste the altitude) donde se presentan productores de montaña:
“És decebedor que persones que segueixen treballant en convencional i amb productes demostradament tòxics puguin conrear una part en ecològic ‘per provar’, mentre que els qui ho fem tot en ecològic perquè creiem que aquesta és l’única manera neta de fer les coses, ens hàgim trobat que ens han rebentat els preus amb els quals pensàvem recuperar la inversió que hem fet. És trist. Però és que simplement aquestes són les normes del capitalisme, davant les quals cal seguir lluitant, intentant caminar un pas més endavant amb la imaginació, i no pas estudiant els marges de benefici. Per tot això també cada cop més prefereixo dir que jo no ‘produeixo’ pomes, sinó que cultivo aliments i transformo unes fruites en uns altres aliments (compotes, sucs, poma seca…), que puc intercanviar per euros o per altres béns i serveis” (https://tastethealtitude.com/ca/ribagorsanes/).
Los proyectos de carácter individual-familiar son los más frecuentes, si bien encontramos diferencias en su orientación y desarrollo. En unos casos, se trata de explotaciones campesinas que han reorientado su actividad hacia la producción ecológica desde una agricultura y ganadería convencional, con frecuencia en el momento de la incorporación a la explotación de hijos e hijas jóvenes que aportan ideas y proyectos distintos a los de sus progenitores. Por el contrario, otros casos encajan dentro de lo que se ha denominado “nuevo campesinado” (Monllor 2011): personas de origen urbano, algunas (no en su mayoría) con raíces familiares en el territorio, que deciden vivir en un entorno rural y llevar a cabo algún proyecto relacionado con el sector primario. Una diferencia fundamental entre ambos es el acceso a los medios de producción, en especial la tierra, que resulta muy difícil para los nuevos campesinos, determinando con ello en buena medida el tipo de iniciativa que se puede desarrollar e, incluso, la posibilidad misma de iniciarla. En algunos casos, los proyectos de este nuevo campesinado se orientan también a la rehabilitación y recuperación de edificios y parcelas en desuso con el objetivo de volverlos a habitar y aprovechar.
En estas iniciativas individuales-familiares encontramos principalmente tres tipos de orientación productiva. Por un lado, las explotaciones agrícolas y/o ganaderas extensivas, con una producción más o menos diversificada y orientada a la venta de productos sin elaborar: carne (vacuno, ovino y caprino), forrajes y cereales para la alimentación animal, fruta (manzanas y peras) y hortalizas. Por otro, los pequeños campesinos que también elaboran su producción a partir de procesos de transformación: pastores-queseros que, además de cuidar sus rebaños, elaboran quesos y otros productos lácteos con la leche de sus rebaños, apicultores y productores de plantas medicinales y aromáticas. El último tipo de proyecto que encontramos es el de los talleres artesanales de productos alimentarios que trabajan con materia primera adquirida a otros productores (quesos y lácteos, mermeladas). En general, el nuevo campesinado es más frecuente entre las iniciativas de estos dos últimos tipos a raíz de sus dificultades para acceder a la tierra.
Más allá de los proyectos individuales encontramos también otras iniciativas de carácter colectivo, aunque con una frecuencia menor. Algunas de ellas han surgido como propuestas para agrupar propuestas particulares con el fin de unir esfuerzos, trabajar en red y ofrecer soporte a sus participantes. Es el caso, por ejemplo, de la cooperativa Biolord, que agrupa productores de manzanas y peras ecológicas de diferentes comarcas, de la asociación Ramaderes de Catalunya, que reúne ganaderas en extensivo de toda Catalunya y cuenta con diversas asociadas en la zona de estudio, o la cooperativa Coopyrene, que agrupa diversas ganaderas ecológicas del Alt Urgell y la Cerdanya, para gestionar un taller y comercializar la producción de sus asociados. Otras iniciativas, en cambio, se dirigen al conjunto de la comunidad y se desarrollan por parte de colectivos más o menos amplios. Para poner tres ejemplos muy distintos: la asociación Rurbans,que promueve y gestiona la Escola de Pastors i Pastores de Catalunya, impulsa, entre otros proyectos, una iniciativa de relevo agrario; el proyecto Senterada Comestible, de huertos comunitarios de este pueblo de la Vall Fosca; o la recientemente creada asociación Esboïgapara la recuperación y la difusión de las variedades locales de cultivo y que mantiene un banco de semillas propio. Estos proyectos colectivos son también muy distintos en cuanto a su grado de institucionalización (desde grupos informales a asociaciones, cooperativas y redes) y a la relación que mantienen con instituciones y órganos de la administración (ayuntamientos, consejos comarcales y parques).
A pesar de su diversidad, todos ellos comparten, en mayor o menor medida, unos objetivos y características que los identifican como formas de resistencia y por impulsar propuestas productivas de carácter alternativo. Por un lado, se trata de iniciativas que, frente a los usos turísticos y urbanísticos, el abandono de cultivos y pastizales y la pérdida de biodiversidad, defienden los usos agrícolas, ganaderos y forestales del territorio y persiguen la conservación y recuperación del suelo agrícola, de los pastos de montaña y de sus paisajes asociados. En este sentido se expresaba uno de los fundadores de la cooperativa Biolord en una entrevista en la prensa:
“Biolord sorgeix a conseqüència del que nosaltres entenem que és una necessitat social, no pas per fer una activitat agrícola. La nostra visió del territori és que es troba en una franca decadència i que costa molt entreveure possibles sortides a aquesta situació. Aleshores, vam començar a fer hipòtesis i plantejar arguments per intentar revertir aquesta tendència. (…) Durant els últims quaranta anys, però especialment des que ha tombat el segle, l’única activitat econòmica que queda és la del sector terciari, i sobretot la construcció de segones residències. Això s’ha demostrat absolutament insuficient i comporta un pilot d’efectes molt perniciosos per al territori. El primer i el més evident és que es carrega el sòl fèrtil, perquè per a aquestes segones residències es van a buscar les millors parcel·les per urbanitzar, que són les més fèrtils de totes, les més planes. I arran d’aquesta problemàtica vam començar la iniciativa” (Sorolla 2024).
Igualmente, frente a la agricultura y la ganadería industriales, defienden y trabajan para la recuperación de las variedades locales y los conocimientos tradicionales, aplican prácticas de agricultura ecológica o regenerativa y de ganadería extensiva a sus actividades. Asimismo, su objetivo último es producir alimentos saludables y de calidad de una manera sostenible, así como fomentar la soberanía alimentaria. Finalmente, frente a las formas de comercialización dominadas por la distribución a gran escala, reivindican un precio justo para sus productos y apuestan por la venta directa o la comercialización a través de plataformas que agrupan a pequeños productores.
Por otro lado, son iniciativas a pequeña escala que, frente a los procesos de descampesinización y concentración de la agroindustria y el agronegocio, reivindican las pequeñas explotaciones y la recampesinización. Sin embargo, no conforman propuestas de carácter individualista ni localista, sino que se orientan por el trabajo en red y la colaboración más allá del ámbito local. En este sentido, muchos de estos proyectos participan de redes y asociaciones de mayor alcance que agrupan iniciativas similares, como por ejemplo Ramaderes de Catalunya, la Associació de Pastors i Pastores Formatgers dels Països Catalans, laXarxa pel Relleu Agrario la Xarxa d’Economia Solidària. En otros casos, los vínculos van más allá del ámbito regional, como ocurre con Rurbans-Escola de Pastors y su participación en la red europea Acces to Land. La Escola de Pastors i Pastores de Catalunya es un buen ejemplo de la conjunción de distintas iniciativas y de la diversidad de los actores implicados. Con más de quince años de trayectoria es impulsada tanto por jóvenes locales que regresaron al Pirineo después de estudiar en la ciudad como por personas provenientes de entornos urbanos. Su principal objetivo es la formación en pastoreo extensivo, pero, junto a ello, desarrolla otros proyectos para facilitar el relevo agrario y la instalación de nuevos ganaderos, siempre en pequeñas explotaciones enraizadas en el territorio. Entre los más de 250 alumnos que han pasado por la escuela ha habido tanto personas originarias de las comarcas pirenaicas y de familias ganaderas como también provenientes de zonas urbanas y sin ninguna relación previa con el pastoreo. En su página web, resumen de un modo muy claro su voluntad de cambio de paradigma:
“Volem una ramaderia extensiva, sostenible, rendible i reconeguda pel conjunt de la societat. Volem que els nostres pagesos i pageses es guanyin la vida dignament una pagesia innovadora, que pugui viure dignament i feliç venent un producte de qualitat responsable amb el medi ambient. Volem una nova generació de pagesos i pageses que fomenti un canvi en el paradigma actual del sector, basant la seva activitat en un model agroecològic” (https://escoladepastorsdecatalunya.cat/qui-som/).
Igualmente, estas iniciativas están conectadas entre ellas y sus impulsores participan al mismo tiempo en movimientos sociales de carácter más general. En este sentido, en los movimientos surgidos en torno a conflictos ambientales, la denuncia de iniciativas extractivistas suele ir acompañada de la reivindicación de un modelo de desarrollo en el que la agroecología y la ganadería extensiva ocupan un papel central. Así, por ejemplo, en las manifestaciones en contra de la candidatura olímpica eran frecuentes las pancartas con el lema “La terra per sembrar” (el título de una canción compuesta específicamente para dicha campaña; https://www.youtube.com/watch?v=4Q2DiCcB5GQ), con el que se reclamaba el uso agrícola de la tierra para cultivar frente a la especulación urbanística y, al mismo tiempo, como metáfora de un sustrato fértil donde crecerá un futuro alternativo. Igualmente, el manifiesto de la plataforma SOS Pirineusreclamaba “un modelo económico basado en la recuperación de los oficios, como la ganadería o el campesinado, preservando las especies agrarias y ganaderas propias y en peligro de extinción” (Sos Pirineus 2018).
4. Conclusiones
El Pirineo catalán es una de las zonas con mayor dependencia del turismo en Cataluña (Duro y Rodríguez 2011). La especialización productiva del territorio, desarrollada en los últimos cincuenta años gracias a una confluencia de directivas y legislaciones que orientaron las políticas públicas y las inversiones en la zona, ha llegado a un punto de inflexión evidenciando las brechas y limitaciones del modelo. Un primer análisis de distintos ámbitos de movilización social e iniciativas que promueven nuevos modos de producción y gobernanza nos permite acercarnos a las dimensiones contrahegemónicas de lo que denominamos resistencias rurales. Se trata de una primera exploración que nos enfrenta a una serie de preguntas clave para entender las dinámicas de conflicto en zonas rurales periféricas.
En este artículo nos hemos centrado en tres ámbitos de análisis que nos permiten entender distintas actuaciones sociales como formando parte de dinámicas y lógicas compartidas. Más allá de las especificidades concretas de los movimientos sociales, los proyectos de economía social o las propuestas agroecológicas, todas las iniciativas surgen a nivel local, pero en su mayoría buscan conectarse a redes más amplias formadas por proyectos semejantes a nivel comarcal o nacional. En muchas ocasiones, estas redes permiten incluir las iniciativas mencionadas en un corpus teórico ya desarrollado que justifica su necesidad y relevancia. Por otro lado, se consideran a sí mismas como iniciativas con un potencial transformador, como semillas que desde lo más pequeño pueden contribuir a cambiar situaciones estructurales que consideran injustas o insostenibles: la amenaza climática, la crisis social, las desigualdades del sistema capitalista, etc. Comparten por lo tanto un diagnóstico común sobre las limitaciones del modelo de desarrollo, un monocultivo turístico que acabó con la explotación diversificada y, especialmente, con el sector primario. En este sentido, estos movimientos reivindican determinadas formas de producción, así como conocimientos y formas de vida que son parte del pasado. Y, sin embargo, comparten una serie de componentes sociales y políticos de plena actualidad, siendo fundamentales las relaciones horizontales y asamblearias, la autogestión, la acción colectiva, las curas y el apoyo mutuo. En este sentido, abogan por nuevos modelos de gobernanza y autoorganización alejados de las relaciones de mercado capitalistas, promoviendo la sostenibilidad social, económica y ambiental. El estudio de estos procesos es fundamental para entender las dinámicas sociales y políticas de las zonas rurales periféricas en la actualidad y, quizás, para pensar nuevas maneras de enfrentarse a las distintas amenazas que las acechan.
Notas
Este trabajo se ha realizado en el marco de un proyecto de investigación titulado Resistencias rurales: crisis socio-ecológica, desarrollo territorial y futuros alternativos en los Pirineos, financiado por el MCIN/AEI/10.13039/501100011033/FEDER, UE. PID2021-125132NA-I00.
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