1. Introducción
La crisis rural se presenta como un fenómeno complejo y multidimensional marcado por la despoblación (García-Moreno 2019), la erosión de las relaciones comunitarias y el aumento de las vulnerabilidades, así como un déficit en los servicios y las comunicaciones (Camarero 2009, Cáceres-Feria y otros 2021, González Bernáldez 1991). Entre las causas que explican este proceso, podemos referirnos a razones estructurales, como la transformación de las actividades agrícola, pesquera y ganadera, y a otras de tipo contingente como los efectos de la globalización económica y las crisis financieras. A esto se une el cambio climático y la degradación ambiental, que se presentan en forma de sequías, inundaciones o incendios, que pueden afectar a la sostenibilidad de las comunidades rurales. Por último, la escasez de oportunidades educativas y empleo también contribuye en ocasiones al ciclo de pobreza y vulnerabilidades en estas localidades, que pueden presentar una población envejecida, masculinizada y en riesgo de exclusión social (Martínez Lorea 2024).
La despoblación que caracteriza a la llamada España vacía o vaciada viene acompañada por procesos de contraurbanización, incorporando nuevas aristas al entramado social de las zonas rurales (Camarero y Rivera 2024, Cloke 1985, Ferrás 2007, Fielding 1982, Weekley 1988). Así, los entornos rurales aparecen como comunidades abiertas y complejas. Desde esta perspectiva y, por tanto, superadas las aproximaciones clásicas que han abordado su realidad como mundos uniformes e idealizados, estáticos como contrapunto de la agitación propia del entorno urbano (Pitt-Rivers 1954, Redfield 1960, Tönnies 1947), lo rural generará estructuras y dinámicas que muestran un contacto significativo con el exterior en distintos niveles. En este sentido, resulta de interés el estudio de este flujo intermitente de entradas y salidas, y así identificar cómo la confluencia y convivencia entre distintos perfiles de actores en las comunidades rurales genera espacios comunes, significaciones compartidas, así como reivindicaciones y, en su caso, redes y capital social que podrán derivar en experiencias de acción colectiva.
El capital social se puede entender como el repositorio que contiene recursos intangibles individuales (Bourdieu 1983 y Loury 1977) o a disposición de un grupo (Coleman 1990), que se configura a partir de la construcción de redes sociales, explicadas en términos de amistad, familia y afinidad, que se articulan a partir de la confianza (Fukuyama 1995) y la necesidad de compartir y obtener información. El capital social compartido por una comunidad se entenderá como un bien público que beneficia a todos los individuos de la estructura social (Ostrom 1990 y 1992). Los efectos positivos de un alto nivel de capital social en una comunidad pueden resumirse en la configuración de una sociedad civil con un fuerte sentido de cooperación comunitaria (Ooi 2014). Así, el capital social, vertebrado a partir de redes sociales, se presentará como el andamiaje que posibilita en su caso que se desarrolle la acción colectiva (Brondizio y otros 2009, Ostrom 1994).
La literatura que aborda la acción colectiva en el contexto rural se ha centrado principalmente en las estrategias comunitarias vinculadas al ámbito productivo (Cayuela 2013, Moyano 2008, Lugo-Morín 2010), así como la gestión y preservación de bienes compartidos o las propias producciones agrícolas locales (Cárdenas y otros 2003, Lugo-Morín 2013, Requier-Desjardins 2005, Ximena y otros 2017). También, encontramos trabajos que estudian el papel del turismo como catalizador de una acción colectiva y generador de comunidad (Cáceres-Feria y Ruiz-Ballesteros 2017, Ruiz-Ballesteros 2012 y 2015). En estos textos, la acción colectiva se vincula a la producción, los recursos físicos y el trabajo. Sin embargo, aunque existen numerosos textos que abordan la capacidad de la fiesta y el ocio para generar capital social (Arcodia y Whitford 2007, Glover y Hemingway 2005, Mair y Duffy 2020), sostenibilidad social (Black 2016) bienestar (Brownett y Evans 2020) poco se ha reflexionado sobre el potencial transformador de este capital en acción comunitaria capaz de responder a los retos que plantea la crisis rural.
El objetivo de este trabajo consiste en analizar cómo se articulan las redes de confianza y colaboración, las normas sociales que las rigen y la reciprocidad que las sustenta para conciliar intereses y motivaciones, en ocasiones con perjuicio individual, con una serie de actividades de carácter lúdico que se estructuran en torno al entramado asociativo y las fiestas patronales de Sella (Alicante). La planificación y puesta en marcha de un extenso calendario de actividades para beneficio de toda la comunidad se entienden aquí como acción colectiva que ocupa, además, otras facetas de la vida social, cultural y política de la localidad. El análisis de cómo se articula esta acción permite identificar las legitimaciones (materiales y simbólicas), intereses, expectativas y estrategias de los distintos actores, a través de la activación de diferentes herramientas que tienen que ver con la reciprocidad y la confianza, en un objetivo común de empezar y/o mantener un proyecto vital en este territorio. Por último, se reflexiona sobre la capacidad de esta acción colectiva de mitigar algunos aspectos de la crisis rural.
2. Caso de estudio y metodología
Sella es una localidad rural situada en la Comunidad Valenciana, a los pies de la Sierra de Aitana, la formación montañosa más elevada de la provincia de Alicante (1.557 metros). Se trata de un municipio de interior, a unos 20 km de la costa, rodeado de fuentes y manantiales que le confieren una riqueza ecológica y paisajística significativa. Su paisaje de terrazas superpuestas muestra una actividad humana intensa en un medio estrecho y complicado, sin embargo, la progresiva modernización de la agricultura llevó al abandono del trabajo en estas terrazas, una de las causas que propició la migración hacia el litoral y otras localidades (Giménez-Font 2013). Por otro lado, el atractivo de sus montañas, el clima soleado y la proximidad a importantes núcleos de población ha hecho de Sella un punto de encuentro para el disfrute de los deportes de montaña. Esto, unido al capital social que rodea al ocio y la fiesta en Sella, ha contribuido a los procesos de contraurbanización que a continuación exploraremos.
Su población ronda los 600 habitantes, llegando a registrarse picos estacionales de 1850 habitantes (2015). Al igual que encontramos en otros territorios rurales, en Sella identificamos el fenómeno progresivo de la despoblación como resultado de las migraciones campo-ciudad en el contexto de los países desarrollados (Johnson y Lichter, 2019, Münz 2006), la transformación de la actividades agrícolas y ganaderas (Collantes, 2004), así como los ajustes y adaptaciones que experimentan estos socioecosistemas (Entrena-Durán 2012, Pinilla y Sáez 2021, Sáez 2019). En el caso del levante español, hay que añadir el potente atractor de mano de obra que supuso el desarrollo turístico del litoral (Mazón 2016). Esta transformación demográfica queda expresada en el caso de Sella en el grafico 1.
Como se aprecia en el gráfico 1, la caída poblacional fue constante desde principios del siglo XX hasta entrados los años 80. Sella comenzó el siglo con 1758 habitantes y fue perdiendo población progresivamente hasta alcanzar un nivel de estancamiento en torno a los 600 habitantes que se mantiene en la actualidad. Sin embargo, resulta de especial interés observar el origen heterogéneo de los residentes actuales de la comunidad. Según los datos publicados por el INE del padrón municipal de 2022, el 58% de los habitantes de Sella lo componen personas que no han nacido en la localidad. De este porcentaje, el 45% ha emigrado desde diferentes lugares de España: el 36% (212) desde otros municipios de la provincia de Alicante, el 3% (18) desde otras provincias de la Comunidad Valenciana y el 6% (36) se han trasladado desde otras comunidades autónomas. Por su parte, el 13% restante de los no nacidos en Sella (79) procede del extranjero. Por tanto, los números no hablan del freno a la emigración o de un crecimiento vegetativo positivo sino de procesos de contraurbanización con cambios importantes en la estructura social de la comunidad.
2.1. Estructura social
Es importante entender de forma sucinta dicha estructura. En la caracterización de Sella identificamos dos perfiles dicotómicos, autóctonos y (recién llegados) forasteros residentes, que se exponen como tipos ideales que nos permiten analizar sus narrativas, motivaciones y estrategias en el marco de la acción colectiva. Se trata de arquetipos que encontramos en la literatura (Gosnell y Abrams 2011, McKiernan y Gill 2022, Moss 2006) y que no se presentan como categorías fijas, sino que en ocasiones contendrán características compartidas, modulaciones que nos permiten hablar de híbridos o solapamientos de perfiles que ocuparían distintas categorías.
El perfil de personas autóctonas lo componen aquellas que tienen una vinculación con Sella por razones de nacimiento o parentesco. Estos individuos manejan discursos que se presentan como un continuum de donde se desprenden narrativas que denotan identidad, pertenencia y en su caso legitimación por genealogía. Por legitimación nos referimos tanto a su auto-percepción como a la validación y reconocimiento del resto de actores de su rol y posicionamiento concreto que les corresponde por ser locales. La categoría de autóctono, también denominado “vecino” (Báez 2019) no implica necesariamente haber nacido en Sella ni residir de forma permanente en la localidad, sino que designa una continuidad identitaria con marcadores materiales y simbólicos. La condición vernácula se adquiere también por vinculación familiar o política, por herencia o matrimonio. Así, este grupo incluye a los residentes permanentes, a las parejas que se incorporan a la vida comunitaria, a los que regresaron tras vivir fuera del pueblo (Iorio y Wall 2012), a los que regresan de forma temporal intermitente, los llamados veraneantes (Baéz 2019) o hijos del pueblo (Cucó i Giner 1990) y también a los que, tras años de regreso intermitente, deciden instalarse de forma permanente en el municipio, identificados por Gascón (2021) como turistas domésticos de diáspora.
Por su parte, los forasteros residentes, denominados en Sella nouvinguts (recién llegados), lo componen aquellos individuos que sin vínculos familiares se trasladaron a la comunidad motivados por su localización (cercanía al aeropuerto y a núcleos urbanos), características naturales (el atractivo de la montaña), atributos sociales y culturales (capital social e identitario) y otras motivaciones que explicarían su interés por comenzar un proyecto vital en Sella. Se trata de perfiles heterogéneos que pretenden escapar de la vida urbana refugiándose en entornos rurales. Hay migrantes internacionales que buscan destinos para el descanso y la mejorar de la calidad de vida (Halfacree 2007, Liang y otros 2023) como los Amenity migrants de Moss (2006) y migrantes laborales que encuentran oportunidades en los entornos rurales (Jentschy Simard 2016). Encontramos también perfiles motivados por redefinir su relación con el entorno, valorando la sostenibilidad, la autenticidad y la comunidad local (Boyle y Halfacree1998, Marsden 2009), en línea con lo que Chevalier (1981) denominó neorrurales. En el caso de Sella, se trata de individuos y grupos que están desarrollando un proyecto laboral y vital en relación con la naturaleza, la sostenibilidad y el decrecimiento.
2.2. Metodología
En este trabajo, analizamos las dinámicas del entramado local, sus sociabilidades y legitimaciones, para atender en concreto a las manifestaciones lúdico-festivas, la generación de capital social y la relación de este con la acción comunitaria. La orientación metodológica es de carácter eminentemente etnográfico, concebida con el propósito de abordar de manera integral los diversos perfiles poblacionales vinculados a distintos ámbitos sociales y colectivos. El trabajo de campo se ha llevado a cabo en los años 2023 y 2024, período en el cual se han realizado estancias de manera extensiva, distribuidas a lo largo de distintos meses, con el objetivo de adquirir un conocimiento profundo y abarcador de las variadas actividades desarrolladas en la comunidad a lo largo del ciclo anual. En el marco de esta investigación, se han empleado técnicas específicas para la recolección de datos, destacando la observación participante de la vida local como herramienta fundamental. Esta estrategia ha permitido obtener una comprensión inmersiva de las dinámicas cotidianas y de las interacciones sociales en el entorno de Sella.
Además de numerosas conversaciones informales con múltiples agentes del entramado local se han realizado un total de 21 entrevistas en profundidad con actores clave con el propósito de conocer sus experiencias, perspectivas y roles en la localidad. Entre las categorías que se han considerado para diferenciar y vincular los distintos perfiles destacamos, además de las demográficas, profesión, trayectoria vital, vínculos familiares y nivel de participación en las actividades asociativas, lúdicas y festivas. La información se ha complementado con la transcripción de 9 entrevistas realizadas en la radio local y lasfacilitadas por la colaboración con el GIAP (Grupo de Investigación Acción Participativa), asociación de actores locales que trabajan por la mejora de las condiciones de la comunidad. Otra fuente documental de gran interés han sido los libros de fiestas en honor a la Divina Aurora.
3. Crisis rural en Sella
A parte de la despoblación antes mencionada, la crisis rural suele manifestarse en otras variables demográficas como la distribución por género o el envejecimiento. En Sella, la proporción entre hombres y mujeres no muestra un desequilibrio significativo en números absolutos (307 hombres y 285 mujeres, 52 % vs 48%), sin embargo, al analizar las cohortes de edad se aprecia un proceso de masculinización en la población comprendida entre los 35 y 64 años, donde el 61% son hombres y el 39% de mujeres. Este grupo etario, la llamada generación soporte (Camarero 2009), constituye un pilar vital al ser la generación activa, dedicada a la producción, la reproducción y los cuidados de la generación adulta. En el contexto europeo la tarea de los cuidados informales recae predominantemente sobre las mujeres por lo que, en contextos rurales, con procesos de masculinización acusados y con escasez de recursos sociosanitarios, el impacto de las labores de cuidados en la vida de las mujeres se vuelve especialmente crítico (Martín Gómez y Rivera Navarro 2018).
Otras evidencias de la crisis rural en Sella las encontramos en la perdida de servicios, comercio o transporte. La proximidad con núcleos urbanos de la importancia de Alicante (50,4 km), Benidorm (31 km) o poblaciones medias como Villajoyosa (20.9 km) y Finestrat (15,4 km) han posibilitado el acceso a un mercado de trabajo y de servicios fuera del núcleo rural, lo que ha convertido a Sella en un pueblo “dormitorio” para muchas de sus necesitades vitales. La generalización del vehículo particular ha llevado a limitar los servicios de transporte público a un servicio diario y solo entre semana. En el periodo de nuestra investigación los servicios de peluquería, fontanería, una de las dos panaderías y los dos espacios de hostelería más céntricos han cesado sus actividades por jubilación sin encontrar relevo generacional en sus familias. El abandono de la agricultura, la falta de industria y una oferta de servicios prácticamente limitada a la hostelería reduce las posibilidades laborales por lo que la mayor parte de la población soporte se desplaza para trabajar.
A esto se une una crisis inmobiliaria que afecta tanto a los locales comerciales como a las viviendas. La rápida despoblación del siglo XX llevó al abandono de propiedades que, ya sea por herencias divididas o por falta de interés o medios no se han rehabilitado. Otros inmuebles han pasado a uso recreacional o turístico generando mayor presión sobre el mercado inmobiliario y un incremento de los precios por m2. Aunque el número de habitantes apenas ha cambiado desde mediados de los 80, el número de unidades familiares y por tanto las necesidades de vivienda se han incrementado. Según datos del INE en 1981, 590 habitantes de derecho vivían en 223 hogares (2,6 personas por hogar) en 2021, con 579 habitantes, se había pasado a 259 hogares (2,2 personas por hogar) (véase el gráfico 2).
Por último, es necesario hacer hincapié en la degradación ambiental que está sufriendo el paisaje agrícola de Sella. Se trata de estructuras aterrazadas de piedra seca que se reconocen como una de las técnicas de cultivo más antiguas y extendidas de la humanidad (Jiménez-Font 2018). A parte de la pérdida patrimonial que supone el abandono de la técnica de piedra seca, cuando las tierras no se cultivan de manera regular, la capa fértil del suelo se ve expuesta a la erosión, perdiendo su capacidad para retener nutrientes y agua. Esto puede provocar una degradación progresiva de la tierra, disminuyendo su productividad y afectando negativamente a la biodiversidad local. Además, la falta de mantenimiento de las terrazas de Sella puede crear condiciones propicias para la propagación de incendios forestales. La acumulación de vegetación seca y la ausencia de prácticas agrícolas regulares aumentan el riesgo de que los incendios afecten no solo a las tierras abandonadas, también a áreas circundantes, poniendo en peligro propiedades, así como la flora y fauna autóctonas.
4. Ocio y fiestas
4.1. La generación de capital social
La acción colectiva, entendida como “la acción conjunta para alcanzar metas comunes (…) está estrechamente vinculada a la capacidad de compartir, confiar y comunicarse; capacidades que se alimentan a través de vínculos de unión” (Cáceres-Feria y Ruiz-Ballesteros 2021: 108). Con apenas 600 habitantes y una alta dependencia de las localidades vecinas para suplir de trabajo y servicios a la población, sorprende el alto nivel de implicación de los habitantes de Sella en el tejido asociativo, como muestra el siguiente listado de asociaciones de distinto tipo:
- Musicales: Unió Musical L’Aurora, Rondalla de Sella y Grup de Danses, Associació L’Endeví de Sella (Sedans) y Boato Amira.
- Deportivas: Club de Pilota de Sella, CREM- Club Realet d’Escalada i Muntanya y la Societat de Caçadors La Murtera.
- Festeras: Associació Comissió de Festes de la Divina Aurora y Associació Comissió de Festes de Santa Bàrbara.
- Culturales: Col.lectiu Cultural Tastaolletes, Cabiló Ràdio, L’Arxiu de Sella y Aula Universitària de Sella.
- Vecinales: Associació Ames de Casa de Sella, Associació de Pensionsistes i Jubilats de Sella y GIAP. Grupo de Investigación Acción Participativa.
Incluidas comúnmente como parte de las asociaciones de tiempo libre “las sociedades musicales, las bandas, son quizás uno de los elementos más representativos del País Valencià” (De la Cruz 1990: 209). En Sella, la música es un articulador clave de cohesión social que se expresa principalmente a través de la Unió Musical L´Aurora con 220 socios. En ella se integra la banda con 54 intérpretes y la escuela de música que en este momento cuenta con 30 alumnos y 7 profesores. En 2007 se creó el Coro de la Unión Musical L´Aurora que reúne a 34 personas con una franja de edad que va de los 28 a los 74 años lo que nos habla del carácter intergeneracional de todas estas actividades. También hay que incluir aquí a la Rondalla compuesta por intérpretes musicales y el grupo de danzas. A nivel social, estas agrupaciones juegan un papel protagónico en el desarrollo de la fiesta por lo que “su peso en la vida socio-política del pueblo es notable” (De la Cruz 1990: 209).
Otro signo de identidad colectiva es el juego de pilota de carrer articulado a través del Club de Pilota Sella. La transmisión generacional se asegura con una escuela mancomunada con el municipio de Relleu, para aprovechar los recursos y aglutinar a las personas participantes. La escuela cuenta en la actualidad con 27 aprendices de pelotari. Aunque este tipo de agrupaciones deportivas sean numéricamente minoritarias, representan al conjunto de la comunidad en sus encuentros deportivos por lo que se erigen en “representantes directos del prestigio colectivo” (Piqueras 1990: 288). Los encuentros semanales de pilota son motivo de reunión social en la Plaza Mayory el vestuario, los colores e incluso los individuos se convierten en símbolos comunales potenciando el capital social.
Otras organizaciones societarias de carácter comunal, es decir, donde su presencia y afiliación están vinculadas a los confines de una determinada comunidad son la Sociedad de Cazadores La Murtera premiada en 2014 con el récord español de caza de arruís en coto abierto; las comunidades de regantes, que en el caso de Sella se vinculan al abastecimiento de agua de tres procedencias La Alcántara, El Azud de la Murtera y el Azud Toll del Molí; el GIAP o Grupo de Investigación Acción Participativa, que desde hace poco tiempo busca mejorar la vida local a través de la comprensión colectiva de la comunidad; o el Colectivo cultural Tastaolletes quienes además de un club de lectura, producen un programa de radio local, El Turrumpero. Estas son algunas muestras del amplio panorama asociativo de la comunidad que sin duda toma fuerza y se articula en torno al hecho social total, la fiesta Mayor.
4.2. El calendario festivo
La entrada en la vida social se establece en la Comunidad Valenciana a través de las colles d’amics. Las cuadrillas de amigos se presentan como la entidad más importante de sociabilidad formal, es decir en los grupos intermedios que se establecen entre familia e instancias políticas e indica que es la amistad, y no el parentesco o el vecindario, el principal motor de adscripción a las relaciones grupales (Cucó i Giner 1990). En Sella, las cuadrillas de amigos, núcleo de contacto, relación y comunicación entre festeros, son las barracas. Actualmente, hay 21 barracas oficiales, aunque en el trabajo de campo identificamos alguna más en proceso de formación. Se trata de agrupaciones de carácter generacional, de entre 10 y 15 miembros, que disponen de un local donde reunirse a lo largo del año, y de manera más intensa durante las fiestas de la Aurora.
Cada año, miembros de una (a veces dos) de estas barracas, y en ocasiones un listado de personas, se convertirán en mayorales, es decir, conformarán la Comisión de Fiestas de la Divina Aurora, institución social y cultural que se encarga de planificar y organizar las fiestas patronales durante la primera semana del mes de octubre. Su función principal consiste en recaudar fondos para sufragar la fiesta Mayor por lo que ofrecen a lo largo de todo el año un cargado calendario de actividades, eventos, fiestas y encuentros de ocio que articulan la vida social para toda la comunidad. Además de activar la vida social, las comisiones festeras promueven la cultura y el arraigo local a través de otras iniciativas como la publicación de libros o la organización de conferencias. Sirvan de ejemplo el libro de historia local Sella, historia y costumbres de Martínez Lloréns patrocinado por la comisión del año 1987 o el texto Cuina de Sella. Receptes d’ací fetes per gent d’ací a cargo de la Comisión del 2012.
Las Fiestas de la Divina Aurora dan comienzo de forma extraoficial el jueves con la noche de las barracas, punto de encuentro de todos los festeros. El viernes por la noche empiezan oficialmente después del pregón y concluyen el martes con la partida de pilota en la Plaza Mayor. La procesión de la Aurora, ritual central empieza alrededor de las 5 de la madrugada y recorre gran parte del pueblo hasta acabar en la plaza, frente a la iglesia, al amanecer. Durante la marcha, acompañados por un grupo de músicos de la Rondalla, se entonan cánticos en honor a los varios santos que dan nombre a sus calles, se hacen paradas para compartir pastas, bizcochos y aguardiente contribuyendo a la creación de la identidad colectiva. Es al final del recorrido cuando el primer rayo de sol ilumina la cara de la Santa Patrona, cuando la communitas adquiere toda su dimensiónAsí, a lo largo de 4 días se establece esa relación paradójica que caracteriza la fiesta donde lo sagrado y lo profano, lo ritual y lo lúdico, lo institucional y lo espontáneo confluyen contribuyendo a crear la experiencia de la comunidad imaginada.
4.3. Acción colectiva y fiesta
A través del trabajo del equipo mayoral es dónde los vínculos y redes del capital social acumulado se transforma en acción voluntaria y colaborativa. Durante todo un año, un grupo reducido de personas contribuyen de forma sostenida por el bien común incluso a pesar del prejuicio individual. Los y las mayorales se ponen en cuerpo y alma al servicio de las fiestas. De la noche a la mañana se convierten en planificadores de agendas, gestores de cuentas, contratadores de proveedores, seguros y espectáculos, dinamizadores de pequeños y mayores, organizadores totales del ocio y la fiesta local. Cocinan, sirven mesas, ponen copas, se levantan al alba y se acuestan al amanecer; gestionan el conflicto y las tensiones que se producen al interno del grupo y continúan ejerciendo su función. Así, de forma continua, al menos una vez al mes, durante todo un ciclo anual, los miembros de la Comisión de fiestas están siempre al servicio de la comunidad, en un ejercicio de entrega y reciprocidad que se repetirá dos o tres veces a lo largo de la vida de los y las vecinas de Sella. Como ilustración, se listan las siguientes actividades organizadas en 2022 y 2023 por los mayorales de las fiestas (se refiere el nombre del evento, la fecha en que acaeció y las actividades que se realizaron):
- Halloween (29 de octubre de 2022): fiesta infantil y merienda, Far West (ocio nocturno).
- Batida (24 de diciembre de 2022): jornada de caza de jabalí con pago de inscripción (donativo a la comisión), Nit de Natal (cabalgata de Papá Noel).
- Cap d’Any (31 de diciembre de 2022): cena comunitaria de fin de año y cotillón.
- Cavalcada de Reis (5 de enero de 2023): cabalgata de reyes, Far West (ocio nocturno).
- San Antoni del Porquet (21 de enero de 2023): actividades desde las 10 de la mañana hasta entrada la madrugada, incluyendo bendición de animales, demostración de elaboración de embutidos, comida y cena comunitaria y entretenimiento musical.
- Carnestoles (25 de febrero de 2023): actividades desde las 5 de la tarde hasta entrada la madrugada, incluyendo disfraces de carnaval, comida, bebida y música.
- Coques Tapaes (11 de marzo de 2023): actividades desde las 12 del mediodía hasta la madrugada. Elaboración del plato tradicional, comida comunitaria y música en directo.
- La caga de la burra (22 de abril de 2023): juego popular de azar.
- Paelles (6 de mayo de 2023): concurso de paellas, comida comunal y discomóvil.
- XXVI Fira de Mostres y Cultura Mediterrànea de Sella (3 y 4 de junio de 2023): fin de semana de actividades culturales de todo tipo incluyendo talleres artesanales, conferencias, juegos infantiles, música, etc.
- Dinar de quintos (17 de junio de 2023): cena comunal y fiesta.
- Hola verano. Festa d’estiu (1 de julio de 2023): fiesta nocturna con mojitos y macro disco móvil (400 personas).
- Sopar d’estiu (15 de julio de 2023): cena comunitaria y orquesta (a cargo de la Comisión del 2022).
- Banyà i Fideuà (12 de agosto de 2023): fiesta de agua y comida comunitaria con chefs de referencia.
- El Festival (19 de agosto de 2023): festival con actuaciones de playback y baile con numerosas actuaciones infantiles y juveniles.
- Festes de la Divina Aurora (28 de septiembre-3 de octubre de 2023): programa completo de actividades con procesiones, misas, pasacalles, concurso de disfraces, castillos de fuegos artificiales, y numerosos momentos de comensalidad y música, públicos (calles) y privados (barracas).
Los vínculos, las redes y la reciprocidad se establece también a través de la acción colectiva de otros grupos. Así, a las actividades de los mayorales se unen las fiestas menores de carácter religioso como la Romería a la ermita de la Santa Bárbara, las celebraciones de la Inmaculada, Santa Teresa o las cruces de Mayo; con los actos culturales organizados por otras asociaciones como los encuentros con autores y autoras y las lecturas mensuales de libros del Club de Lectura Tastaolletes; el programa de radio local, el Turrumpero, que ofrece información sobre los distintos acontecimientos que ocurren en el pueblo, además de reforzar los vínculos comunitarios al invitar a participar a distintos individuos y colectivos; los actos en torno al día de la mujer o las múltiples actividades musicales impulsadas desde La Rondalla o la Banda de Sella generando una agenda de actividades comunitarias constante. Como afirmó una de nuestras informantes, “en Sella siempre hay algo”.
5. Nexo comunitario
Sella se presenta como una comunidad donde la agencia individual combinada con la acción colectiva de sus residentes vertebra las distintas actividades festivas y de ocio descritas, conocidas y participadas por la mayoría de sus miembros, facilitando la cohesión, el apego al territorio y sentimiento de comunidad. Las actividades programadas crean un fuerte nexo comunitario que podemos analizar a dos niveles. Por un lado, se traduce en cohesión intergeneracional, aportando justificación y sentido de pertenencia a los distintos grupos etarios; por otro, pone en diálogo a los perfiles heterogéneos que conforman la actual estructura social de Sella, generando oportunidades de socialización e integración.
5.1. Nexo intergeneracional
La antropología ha definido el tiempo de fiesta como locus de intensa interacción social, con dinámicas intergrupales que no se desarrollan de la misma forma en ningún otro momento de la vida comunitaria (Velasco 1982). En Sella, la calendarización de actividades festivas a lo largo de todo el año intensifica y extiende la transmisión de mensajes y el desempeño de roles relacionales. Los mayorales son conscientes del reto intergeneracional que supone la organización del ocio comunitario y procuran actividades específicas para los distintos grupos etarios así cómo momentos de comunalidad intergeneracional. También intercalan actividades de distinto tipo y escala consiguiendo lo que la literatura denomina una “estrategia de portafolio de eventos” (Ziakas 2016). Al adoptar un enfoque integral y coordinado consiguen satisfacer las demandas de grupos aparentemente antagónicos. Son conscientes del papel que juegan como eje vertebrador de toda la vida comunitaria y saben que la regularidad de las actividades festivas y de ocio y la atención a todos los perfiles encarnan un medio y un fin en sí mismas.
Las actividades para mayores presentan no solo una oportunidad de ocio y encuentro para los ancianos, sino una oportunidad de control social sobre la salud física y mental de los más mayores, especialmente de aquellos que viven solos (Hennessy y otros 2014). Los niños, aunque pocos, son protagonistas inequívocos de numerosas actividades (cabalgata de Papá Noél y cabalgata de Reyes, Halloween, el Festival, etc.), pero si en algo se concuerda en Sella es en la importancia que reviste el ocio y la fiesta para la integridad física y emocional de los jóvenes. La fiesta rural se ha identificado con la confianza de familias y jóvenes como espacios seguros para la exploración del ocio nocturno y de su relevancia en la entrada a la edad adulta (Mecca 2019). Pavón-Benítez y otros (2023) consideran que el desarrollo del ocio en los pueblos abre, entre los jóvenes, la posibilidad de ver la ruralidad como espacio de oportunidad y desarrollo personal. En Sella, la oferta de ocio nocturno se convierte en estrategia de retención, control social y estímulo para los y las jóvenes del municipio.
5.2. Nexo intergrupal
El peso de la migración en una localidad de casi 600 habitantes resulta fundamental para comprender las dinámicas sociales y culturales que caracterizan a la comunidad. Las oportunidades de ocio y esparcimiento son fundamentales en los procesos de integración y asentamiento de nuevos residentes (Quirke 2015). Es en los momentos de ocio dónde la información se comparte contribuyendo notablemente a la adaptación de los recién llegados. La existencia de un 58% de habitantes procedentes de otros territorios nos sitúa en un marco de convivencia entre autóctonos y forasteros residentes. Estos dos grandes perfiles aparecerían en principio como dos bloques distintos y distintivos, de donde extraer diferencias y acercamientos. Sin embargo, se nos muestran más capas que matizan otros perfiles adscritos a cada categoría, precisamente, en función de su grado de implicación con las actividades sociales.
Dentro de los forasteros podemos identificar dos grupos. Por una parte, tendríamos a los que hemos denominado neo-comprometidos. Lo que los distingue sería un deseo de compartir una identidad territorial-rural, que se materializa, en muchos casos, en su residencia en el centro del pueblo lo que facilita la proactividad y sociabilidad. Participan de una forma u otra en los distintos eventos organizados e incluso están generando la propuesta de nuevas actividades (GIAP, radio local, etc.). En contraposición a estos encontraríamos los no-benvinguts, un perfil que vive de espaldas a las dinámicas sociales y culturales del pueblo e incluso las cuestionan. Desde el pueblo se les ve con desconfianza, de ahí, el nombre que asignamos a este tipo de nouvingut. Estas categorías son resbaladizas y nos encontraríamos en realidad con un continuum donde se van situando los forasteros según sus inquietudes personales y sus momentos vitales.
En relación con la fiesta, los neo-comprometidos son claros participantes de las dinámicas comunitarias, no tanto así de las privadas, es decir, de las barracas. Al ser grupos generados en la adolescencia e infancia, la entrada en la edad adulta en estos grupos se consigue normalmente a través de relaciones de pareja. Esto abre pocos espacios de socialización a los forasteros. La mejor opción, que ya se ha planteado entre ellos, es la creación de una barraca propia. En las actividades abiertas, sin embargo, tienen plena presencia llegando incluso a alcanzar uno de los mayores honores de la identidad local: el pregón de fiestas. Es el caso de un británico afincado en Sella desde hace décadas que dictó el pregón de 2022 en la lengua local, el valenciano. En este mismo contexto, en el pregón de 2023, se agradeció a otra forastera su labor en la revitalización de la radio local.
La fiesta también supone un nexo fundamental para los locales. En contraposición a otros lugares en los que la fiesta Mayor ha pasado del invierno al verano para acomodar las necesidades de los emigrados (Baéz 2019), en Sella, la proximidad de lugar de residencia, unida al calendario festivo vincula a los emigrados de manera constante con el municipio a lo largo de todo el año. Las propuestas de la comisión festera se convierten en una obligación tácita de regresar al pueblo al menos una vez al mes, para participar en las actividades programadas, contribuir económicamente a la financiación de las fiestas patronales, reunirse con los amigos de la barraca y cumplir con reciprocidad al esfuerzo realizado por los mayorales. Esto genera una obligación de retorno al pueblo que fortalece el nexo comunitario de los “hijos del pueblo”. Por su parte, los regresados y los nuevos vecinos por razón política (parejas) participan en distintas actividades como estrategia de reconocimiento y aceptación en su proceso de aculturación para tejer redes de afecto, amistad y confianza.
6. Acción colectiva y mitigación de la crisis rural
6.1. Extensión de la acción colectiva
La acción colectiva generada para el ocio y la fiesta que, como hemos visto, es clave en la conformación cultural de Sella, alcanza otras facetas de la vida social, política y ambiental de la localidad. Podemos identificar sus efectos en tres áreas: la lucha contra el desarrollismo inmobiliario que ha transformado el litoral levantino, la actuación política y la batalla contra el deterioro del medio.
En 2003 se aprobó un Plan de Actuación Integrada (PAI) como instrumento de planificación urbanística que en 2009 tendría continuidad mediante la reparcelación de un terreo donde se proyectó una urbanización de 180 viviendas. A pesar de la necesidad de vivienda identificada en Sella, esta iniciativa se topó con la oposición frontal de los vecinos por tratarse de un proyecto de carácter desarrollista, pensado con intencionalidad vacacional y no de residencia permanente. Esta respuesta de la comunidad local puede explicarse a partir de la existencia de redes y alianzas basadas en la confianza y la solidaridad que facilitaron la acción colectiva a partir de un objetivo común (Melucci 1999, Tarrow 2004). La resistencia mostrada por los vecinos de Sella puso de manifiesto su capacidad de organización y de oposición al gobierno local para enfrentarse a un proyecto que percibían como una amenaza para el entorno natural, económico y social de la comunidad. La movilización comunitaria reflejó una profunda preocupación por la preservación del carácter único y del equilibrio ambiental de la zona, así como por la calidad de vida de sus habitantes.
Esta organización colectiva dio lugar a otra acción de mayor calado, la conformación de un grupo político de carácter independiente y absolutamente local, la Agrupació d´Electors de Sella que accede al gobierno en 2015, tras 20 años de dominio Popular. En las últimas elecciones, 2023, con un índice de participación del 80,36%, no solo confirmaron su liderazgo, sino que añadieron un escaño más consiguiendo un apoyo del 74% del electorado. La relevancia de este hecho radica en que quienes lideran la administración municipal son individuos comprometidos con la comunidad, lo que fortalece el vínculo entre la toma de decisiones y las necesidades reales de la población. Prueba de ello es la consecución de una de las principales promesas electorales del primer mandato: el comedor escolar. Las características laborales de la generación soporte de Sella hacían imposible la conciliación laboral y familiar sin el apoyo de las instituciones públicas.
En Sella, la trasmisión de información entre vecinos es inmediata y fluida gracias a un grupo de WhatsApp, Veïns de Sella, en el que participan 172 personas. Esta red social permite la comunicación de todo tipo de información útil para los vecinos, desde un evento a una queja por vandalismo durante las fiestas. En febrero de 2024 un nuevo incendio conmocionó a los vecinos de Sella. Ocho unidades de bomberos y numerosos voluntarios de la comunidad, coordinados a través de las distintas redes sociales, lucharon durante 18 horas contra el incendio. Esta movilización es una muestra más del alcance del capital social y la acción colectiva contra la crisis rural. A instancias de un miembro de las Brigadas de Naturaleza, programa de la Generalitat Valenciana para la protección social y del medio, a quién numerosos vecinos contactaron durante el incendio, se va a crear un grupo voluntario organizado y entrenado para responder de forma efectiva contra el riesgo de incendios.
6.2. Mitigación de la crisis rural
La acción colectiva que se identifica en Sella se revela como una estrategia eficaz para atenuar los desafíos que afectan a las comunidades rurales. La fortaleza de esta comunidad radica no solo en la suma de esfuerzos, iniciativas y motivaciones individuales, sino en la capacidad de generar una cohesión social que sirve para construir comunidad. Las redes sociales descritas emanan como facilitadoras clave en estas dinámicas y actúan como canales para el intercambio de recursos, información y apoyo. En este contexto, el capital social se presenta como el activo fundamental para la comunidad que se consolida a través de la participación, las relaciones y el sentido de compromiso y reciprocidad.
Con mayor o menor intencionalidad, las prácticas individuales y el entramado de actividades festivas y de ocio, activarán redes de participación y solidaridad, más allá del disfrute de la actividad concreta como fin-en-sí-mismo. En este sentido, la producción de capital social en torno a la fiesta y el ocio contribuye a mitigar la crisis rural en alguna de sus dimensiones.
Por lo tanto, esta acción colectiva actuaría contra la despoblación rural, en la medida en que la acción colectiva se vincula en Sella con la capacidad de acción política para alcanzar metas de gran interés social; en relación a los servicios públicos necesarios, como el comedor que atraen a población joven, y la matriculación de niños de otros pueblos que incrementan las cifras de matriculados en Sella; contra la feminización de los cuidados, de modo que el capital social se presenta como atracción de mano de obra nacional e internacional; ante la escasez de vivienda, el capital social y las redes se presentan como los mecanismos que funcionan en Sella para encontrar un lugar dónde vivir. Igualmente son estos mecanismos sociales los que alivian la carencia de transporte público; así como en la lucha contra la degradación medioambiental, a través de una red de información y proactiva para la previsión de estas posibles situaciones.
Por último, resulta de interés señalar las relaciones con los pueblos vecinos a través de la escuela mancomunada de Pilota o el servicio de comedor que alcanza a otras localidades vecinas, fortalece los lazos sociales y promueve la colaboración intercomunitaria, de modo que genera la posibilidad de posibles iniciativas conjuntas para el desarrollo comunitario, fortaleciendo así el tejido social y económico de toda la región.
7. Conclusiones
El concepto de ruralidad se caracteriza por entornos socioambientales que exhiben dispersión geográfica, núcleos poblacionales reducidos y envejecidos, al tiempo que pueden encontrarse conexiones y lazos comunitarios, además de una cultura arraigada en la tradición y las costumbres (González Portillo y Ruiz-Ballesteros 2023).
En estos contextos rurales, las redes y las relaciones sociales gestadas en la participación compartida en eventos festivos y de ocio, posibilitan el surgimiento de elementos como la reputación, la solidaridad y la reciprocidad. La reciprocidad como “fuerza institucionalizada que crea cohesión social y remite al orden moral […] engastada en el orden institucional de la sociedad” (Moreno y Narotzky 2000: 130) se muestra de manera clara en el papel de los mayorales de Sella. En este sentido, observamos cómo la reciprocidad puede generar un círculo virtuoso en el que las contribuciones individuales inspiran a otros a participar de manera activa. Este efecto multiplicador fortalece la cohesión social y propaga un sentido de responsabilidad compartida hacia el bienestar colectivo, y se vertebra a través de la planificación, organización y disfrute de actividades festivas.
El conflicto inherente a la fiesta entre identidad y comercialización; tradición y modernidad; autenticidad y globalización (Crespi-Vallbona y Richards 2007) se supera en Sella a través de la acción colectiva. Los intereses de los distintos grupos quedan representados en el sistema rotatorio de mayoralías, y aunque la crítica y el descontento afloran en numerosas ocasiones, el consenso se alcanza en base a la reciprocidad en la que se sostiene el sistema. Además, el sistema de organización autogestionado de Sella busca acuerdos con las instituciones locales, pero no depende de ellas. Esta libertad de los intereses políticos o comerciales mantiene la fiesta a salvo de algunas de las trampas propias del sistema capitalista como la comercialización de los rituales festivos.
Desde esta aproximación, se ha prestado especial atención a la agencia de los actores de esta comunidad rural, lo que se concreta en su capacidad para tramar redes de apoyo y colaboración que, con mayor o menor intencionalidad, traslucen las prácticas festivas descritas y el reconocimiento de roles complementarios que puede estructurarse como sinergia de acción colectiva. Una acción donde los mayorales actúan como agentes dinamizadores, responsables de planificar y distribuir estas actividades a lo largo del año, de manera autogestionada y desde la motivación de ejercer una responsabilidad solidaria que beneficia a la comunidad. Una serie de tareas que “genera calendario”, congrega a la comunidad, sirviendo así de citas festivas periódicas para el encuentro y la socialización, al tiempo que se explican como propuestas eficaces encaminadas a garantizar el disfrute de la fiesta patronal de la Divina Aurora.
Notas
Esta investigación ha sido financiada por el Ministerio de Ciencia e Innovación a través del proyecto Turismo de base local y crisis rural, PDI2021-123158OB-I00.
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