1. Introducción: esperanzas y transformaciones de la praxis cultural de jóvenes
Este trabajo parte de un interés propio por el conocimiento y vivencia de la diversidad cultural, por el despertar, en mi caso, en un nuevo espacio de diálogo e interconexión de la juventud y la política, a la vez que mi autobiografía se entreteje ahí mismo. Aunque ya no sea tan joven, o me mantenga en la creencia de que el concepto de juventud borra fronteras según la cultura (Bourdieu 2002), mi mente aún es consciente de que hay cuestiones de mi juventud no resueltas, como es volver al lugar de origen y ponerlo en valor, aspecto que como una espiral (el sentido de la vida del pueblo Misak), desde el vientre de la madre, el nacimiento hasta la muerte y conexión con la vida, me ha vuelto a despertar emociones del patrimonio propio, de mi memoria desde los sentires pero también de la antropología militante que he ido curtiendo y desde la que me siento viva pero aprendiz en este nuevo lugar, Colombia y sus pueblos en resistencia. De Sabine, del pueblo Embera, profesora de Pedagogía de la Madre Tierra, aprendí toda la relación existencial que se despierta en el momento de la concepción, el vientre materno, el crecimiento, la adolescencia y la analogía del sistema con la comunidad. Esta transcendencia me permitió comprender la conexión con el territorio, y si esta parte no está sanada, debes armonizarte para suplir las dificultades que puedes encontrar en el proceso de la espiral de vida. Pueden estar reflejados en los ritos de paso (Van Gennep 1969) incluyendo las peculiaridades culturales en cada escenario.
Desde la antropología, la etnografía día y noche, aquí y allá, observar y observar, escuchar y ralentizar las prisas del día a día en lo productivo y cotidiano, me han servido mis silencios al lanzarme a escenarios que no controlaba, y liberarme en solo ver, sentir, vivir e intentar entender las acciones y procesos, ya tenía suficiente para satisfacer una contemplación que echaba de menos. Mi sed de conocer movimientos sociales siempre ha estado permeando mi vida, las investigaciones y las miradas. Pero también mis subjetividades y deseos de comprobar escenarios idílicos me han llevado a cuestionar mi mirada.
En este caso, haciendo uso de mi propio interés y placer por conocer los procesos de resistencia de las organizaciones comunitarias, en su mayoría de los pueblos indígenas Nasa, Misak y Embera. Dentro y fuera, inter e intra epistémicos, coloniales, postcoloniales y decoloniales, se entrevé un pasado, un presente y un futuro, en manos de la juventud del territorio. Los discursos recogidos fundamentalmente provienen de la población indígena organizada (CRIC, Consejo Regional Indígena del Cauca y AISO, Autoridades Indígenas del Suroccidente Colombiano) (1), así como de las reuniones, formaciones y festividades, siempre se nombran tanto a los mayores y mayoras como a los jóvenes, fuentes inspiradoras para dejar un legado cultural, destacan: la recuperación del territorio, la conservación y el uso de los idiomas propios, la preservación del medio ambiente, la defensa y el uso de la vestimenta propia, la guardia; los cargos comunitarios, los saberes ancestrales y forjar el futuro. El CRIC ha trabajado por la educación propia y potenciado con la Universidad Autónoma Indígena Intercultural UAIIN del Consejo Regional Indígena del Cauca (Bolaños y Tatay 2012), entre otras universidades, pero estos estudios fueron protagonistas de una lucha histórica de la población indígena en toda la historia colombiana.
Dentro del concepto de identidad, ya nuestro colega antropólogo Modesto García me convencía del utilitarismo de la identidad, nunca convencido de las diferencias entre Europa y América Latina, muy consciente del riesgo clientelar entre las propias instituciones y movimientos sociales, el concepto de Estado Nación y las estructuras creadas para tal fin. Pedro García (1998) critica el concepto de etnia, así como el de raza, por lo que recurre al parentesco y las políticas de la sociedad tribal, para evitar la intervención de fuerzas externas como el Estado: “La política del estado, por su génesis histórica y por su propio concepto, es supratribal, supone una discontinuidad constitutiva respecto a toda ‘etnia’. Desde la emergencia de la civilización, las tribus se han disgregado y, por consiguiente, toda etnicidad resulta mendaz. Y toda identidad étnica, una ilusión” (García 1998: 15).
Cardoso de Oliveira (2007) señala el reconocimiento de la cultura, de la etnia, mayoritariamente en comparación con otra, del “nosotros frente a los otros”, junto al colonialismo interno que pueda darse, y en este caso, se protagoniza la identificación ideológica y política, frente a un estado que es etnocentrista y puesto en debate por no representarlos. Y como políticas y culturas, me sugiere confianza la idea de la “cultura de contacto” (Cardoso 2007) para la idiosincrasia de las identidades, y así, podemos comprobar como en la etnografía presentada, mestizos y campesinos se van identificando con la cultura de grupos étnicos de la región, pero también lo contrario, y por ende, de valores que permean en las creencias y posturas. Por esto se presentan manifestaciones artísticas con una clara identificación por los movimientos sociales, y más, por los grupos subalternizados, que se convierten en transnacionales y globales.
Los estudios juveniles deben ser multidimensionales (Gallego 1995), permiten poner en cuestión la cultura propia, identidades y los valores en función de su historia y del presente y el futuro, a veces, queda muy alejado. Hay una conexión transnacional que posiciona las acciones desde una perspectiva global, en lo local y en el mundo contemporáneo: el Estado-Nación, los flujos diaspóricos y las comunidades electrónicas y virtuales (Appadurai 2003: 206). Estas se mantienen sujetas a las políticas nacionales, internacionales y la idiosincrasia del lugar con conceptos sobre jóvenes y adolescentes que pueden contradecirse con la visión universal.
Nos encontramos en una región complicada de Colombia, el Departamento del Cauca, se distingue por ser el territorio de más población indígena del país, y en continua “zona roja”, no es posible describirlo porque me mantuvieron alejada desde las propia red de académicos y sociedad civil defensora de Derechos Humanos, en este caso de la colega y amiga responsable de mí, Elizabeth Castillo Guzmán en la estancia de investigación en la Universidad del Cauca, Departamento de Estudios Interculturales.
Existe una especial vulnerabilidad donde los y las jóvenes tienen el peligro de ser atrapados por las guerrillas, ejércitos o bandas, una característica que denominan “juvenicidio” en la II Guerra Mundial, y que ahora puede aplicarse a América Latina (Feixa y González 2013 y Feixa et al. 2022). Actualmente está en todos los discursos que se encuentran cada día en los medios de comunicación, en la población y más en la sociedad civil organizada.
El Cauca no es un lugar fácil para hacer una incursión en determinados territorios, desde los centros educativos se pueden escuchar tiroteos (balaceras), hay violencia estructural y es transversal a cada persona, cuyo origen se va desde la colonia española a mediados del siglo XX con las historias de familias e instituciones entre conservadores y liberales, la dependencia del patrón y las expulsiones de las tierras por cultivos ilícitos de coca y la elaboración de sustancias psicotrópicas.
Actualmente son las disidencias y grupos paramilitares o, en definitiva, una nueva forma de vida que se va extendiendo a jóvenes en situación vulnerable, “la economía es la economía y se van a los grupos armados por plata, armas, algunos no van a la guerrilla, pero son reclutadores de información” (entrevista a Muralista). No especificaré aquí la violencia, bandas organizadas y nuevos grupos armados que citan las personas entrevistadas, este no es el espacio para especificarlo, pero está en los propios discursos de estos jóvenes, sobre todo por el momento con incertidumbres que se están viviendo.
En esta temática, desde el ámbito de la juventud y la cultura, existe algo que me ha ayudado a pensar sobre los aspectos políticos de jóvenes como constructores y transformadores de la existencia, así como vierto esa esperanza en jóvenes transgresores que se manejan en contradicciones culturales, tanto valorar como rechazar parte de sus propias culturas, despiertan a su conciencia y a todos estos porqués en comportamientos, únicos, individuales, colectivos y globales.
Desde los programas educativos, bilingües y etnoeducativos, nacidas desde las demandas de los movimientos sociales (Castillo 2008), la categoría etnojuvenil en las investigaciones de jóvenes deja ver la complejidad de la cultura originaria y las nuevas prácticas, algunas con confrontaciones, que representan nuevos rumbos, valores y expectativas. Sus estudios se tejen sobre la corporalidad, como vertebrador e incorporación de manifestaciones que conlleva “expresada en un conjunto más o menos coherente de elementos materiales e inmateriales y que los jóvenes consideran representativos de su identidad como grupo” (Feixa 1996: 81). El vestido y el idioma, a veces solo el sombrero es suficiente, para manifestar que deseas representar la cultura, aunque no haya un acuerdo con adultos e instituciones; masticar coca se convierte en un símbolo de identidad a un movimiento, así como de armonización: “Yo mastico coca” (muralista mestizo) que lo nombra para reafirmar su apuesta comunitaria. Hay usos que no se comparten y se crean conflictos generacionales, se observa más evidente en la población indígena del estudio, ya que mucha se ha mantenido en su territorio con una apuesta conservadora donde no es fácil la inclusión de determinados códigos que no están implícitos en su cultura, como la aceptación de la diversidad sexual o aspectos de estructuras jerárquicas en las familias, nuevos gustos musicales y quienes van a vivir a la ciudad y se alejan de la cotidianidad de sus culturas familiares o étnicas.
Pero en la lógica en la organización comunitaria, cultural y transcultural, se observan conductas similares tomando como referente la propia y las consecuencias de la globalización, colonialidad y la toma de conciencia de la decolonialidad en defensa de la cultura propia. Sobre jóvenes en Chiapas, está el trabajo sobre la complejidad en los procesos de identidad en la juventud y lo etnojuvenil de la antropóloga Tania Cruz (2017: 54-55): “lo etnojuvenil entre estos pueblos indígenas se define y practica en la transformación identitaria frente a “la costumbre”, es decir, en ese devenir espaciotemporal”.
Son nuevas identidades, algunas contestatarias y que responden a construcciones desde la solidaridad (Cohen 1985) o también identidades alternativas funcionales en diversos escenarios con el propósito de mejorar lo propio frente a procesos migratorios posibles (Muñoz-Sánchez y Cruz 2012).
El sincronismo religioso convive entre creencias evangélicas, católicas y transversalmente e intracomunitario las creencias ancestrales (Demera 2022). Muchas de ellas se convierten en funciones de control y de practicas de cosmologías intermediarias (Auge 1998 y 2020) cuando se produce una crisis de identidad de las propias organizaciones que dicho de amiga evangélica e indígena Nasa: “no sirve que la organización critique las pocas prácticas indígenas si no es capaz la propia organización de mirarse para adentro y dar ejemplo”.
“Acción sin daño” (Anderson, 2009), siendo el arte y la posición política de dar la voz a los sin voz, es una de las intenciones de resolver conflictos, muy adoptada por la población indígena, afrodescendiente, campesina y mestiza entre otra, para valorar la paz.
Así como la implicación en la realidad, de intervenir, de militar (Ardenne 2006), en el caso de la esencialización cultural, se requiere revisar lo aspectos de la identidad que se configuran por estrategias del propio sistema, sin ser validados o reconocidos por la cultura original (Muñoz-Sánchez 2023).
En definitiva, se presentan aspectos identitarios y políticos de la cultura propia en algunas manifestaciones artísticas. Se defiende el arte colaborativo como político y en el caso de espacios vulnerables, se convierten en “estrategias pedagógicas comunitarias que han contribuido a conservar identidades culturales y a aminorar fuertes conflictos locales” (Calero 2021: 227). Son acciones nada estáticas, que van cambiando según las perspectivas globales y locales, serían descritas como fluidas, pero con un arraigo a la cultura propia, siendo esta el hilo conductor de esta pequeña investigación.
2. Etnografía situada en un escenario transformador, dinámico y diverso entre el conflicto
Poner por escrito una etnografía de carácter reflexivo y política tiene una carga enraizada en la voluntad surtida de la antropología comprometida. Ha sido fruto de un encuentro de jóvenes, maestras y maestros, cargos de la organización comunitaria y mayoras y mayores en un espacio eminentemente indígena, de los pueblos Nasa y Misak, junto a afrodescendientes y mestizos. Pueblos con grandes historias que, gracias a la estancia de investigación en el Departamento del Cauca de mayo a agosto de 2024 y a las redes de la población civil conectada con la Universidad del Cauca, se enlazan con procesos y frutos de la Licenciatura en Etnoeducación, que justo este año 2024 ha celebrado los 30 años (2). La etnografía está protagonizada por muchos de sus estudiantes, líderes comunitarios, maestros y maestras, representantes del CRIC y AISO fundamentalmente, pero también jóvenes diversos de la ciudad junto a testimonios de cargos comunitarios interrelacionados.
Parto de lo deseado, compartir espacios propios-cotidianos, de ocio y de expresiones políticas en diferentes casos. Me he desplazado por el territorio (caminando, en moto, en taxi y en chiva), he necesitado de armonización sine qua non (su experimentación, la gratitud y la nivelación espiritual, o como denominan Anne Marie Losonczy y Sandra Liliana (2020: 184) “normalizar las relaciones intra y extra étnicas en escenarios de concertación política”. La armonización está inmersa en la cosmogonía de las creencias de Sur América y Centroamérica. Es parte del camino también en la etnografía, es obligatorio para el bien individual y colectivo, armonizar y dejar a un lado cualquier episodio personal que impida un buen desarrollo del día. Siempre se comienza el día con gratitud a la madre naturaleza y a todas las personas vinculadas que tienen su propia función en el sistema. Por este sentido, ha sido fácil mi incursión con las personas de Colombia, en general la predisposición a hablar y compartir sus saberes ha fluido en todo momento, y la perspectiva intergeneracional en las actividades organizativas de la sociedad civil, el respeto a los mayores y mayoras, así como el deseo de la comunidad en la participación de jóvenes, facilita la inclusión en las temáticas. Esto me ha permitido estar de oyente, conversar y dar mis sentires a los procesos políticos (privados y públicos), pero en la mayoría de los espacios mi voz estaba apagada, sentía que esta vez mi militancia se había convertido en un “estar silencioso”, ni me salía un qué hacer, salvo cuando me invitaban a opinar.
Lo he disfrutado desde una parte más contemplativa, y la temática sobre jóvenes ha sido transversal en todos los estudios, tanto de la Licenciatura de Etnoeducación, la formación técnica en el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje, llamada “universidad de los pobres” de formación técnica y profesional) como en la Licenciatura de la Madre Tierra en la Universidad de Antioquía, Misak Universidad (en Silvia, Cauca) y la Universidad Autónoma Indígena Intercultural UAIIN del Consejo Regional Indígena del Cauca, liderada por el CRIC. Cada escenario ha estado lleno de significados donde predominaba la intención de un desaprendizaje colonial y una apuesta en acción de manifestaciones en defensa de la cultura propia.
El objetivo de esta etnografía es describir y analizar diversidad de expresiones, inquietudes, sentimientos y acciones en torno a las artes y escenarios con carga política, protagonizada por jóvenes que motivan a reflexionar sobre cambios, así como legitimidad a la representación de sus identidades como poder político en estos escenarios, recordando que la violencia permea sus vidas y por tanto también sus sentipensares.
Mi experiencia está delimitada por los triples saberes que se apoyan en la condición humana compartida: de la pluralidad, de la alteridad y de la identidad (Auge 1998 y 2020).
Todo se confunde, la función como antropóloga, acompañante en procesos y el qué hacer cuando se perciben acciones, llevando estas ideas a un compromiso donde las observaciones, la etnografía, tenga una utilidad para la comunidad de estudio o solo de acompañar, pero la antropología militante se mantiene como guía reflexiva (Juris 2006, Dietz 2011) desde el sentir de un para qué, o simplemente para visualizar prácticas necesarias de descentralizar, descolonizar y apoyar en los significados intra epistemológicos y por qué no, ideológicos. No descubro nada nuevo, son manifestaciones plurales, diversas, la mayoría desde lo personal y comunitario, pero también acompañado de un marketing, de mensajes cortos y subliminares, a la vez que profundos y dinamizadores de ciudadanía.
La antropología situada, en este caso en Colombia, adaptada al marco geopolítico del conocimiento y de la relación al marco estado-nación, así como la relación existente en la red de académicos y sus propios caminos epistemológicos (Rojas y Jaramillo 2020), intenta mostrar el lado de la descolonización del saber y un diálogo de saberes aprendidos de Aníbal Quijano, Walter Mignolo, Xochitl Leyva, Gunther Dietz y ahora Elizabeth Castillo.
Desde que inicié este periodo de vivencia y observación, la violencia era nombrada por cada persona que conocía, así también mis preguntas solo iban en esa dirección: ¿has sufrido el conflicto armado?, ¿has sufrido violencia?, ¿y en tu familia? Así como preguntas y conversaciones destacando: represión estatal, violencia de género, dificultades transculturales en el lugar de origen, globalización e identidad, racismo y diásporas y símbolos de identidad y organización comunitaria. El día que inicié mi estadía en el Cauca ocurrió un suceso por las disidencias (3) de las FARC-Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, en Morales, con varias muertes, pero lo más extraño y conmovedor fue escuchar a la maestra del lugar, que vino a la actividad de la Cátedra Afrocolombiana Rogelio Velásquez Murillo de la Universidad del Cauca (4), cuyas palabras parecían esperanzadoras, a la vez que nombraba la soledad de las instituciones ante la violencia de las comunidades y el riesgo del alumnado, se le olvidaba pedir cuidados para los docentes, para ella misma.
Tal ha sido esta característica que el trabajo de campo en el escenario no ha podido ser más allá de la cabecera municipal de Silvia, característico del pueblo Misak en el Cauca (ubicada en la montaña tras ser expulsado de la cabecera Popayán por la colonia española –discurso del territorio). Muchos de los testimonios recogidos han sido de personas cercanas al municipio Candono, cuyas entrevistas y conversaciones se han realizado en la capital del Cauca. El riesgo de la violencia está, “maluco” denominan cuando algo no está bien, o hay riesgo, “no hay que dar el patazo”, “siempre me armonizo, me armonizan en la comunidad, para evitar cualquier peligro”, en el sentido de cuidarse y no llamar la atención (comenta el joven muralista entrevistado).
En este trabajo destaco entrevistas a jóvenes vinculados a proyectos políticos y creativos, junto a otras muchas (coordinadores pedagógicos, docentes, padres y madres, representantes de cabildos, menores de educación primaria, madres y padres de jóvenes Nasa y Misak, entre otras) que han reflejado interés y preocupación por la vinculación y cuidados a jóvenes: Luz, diseñadora y filósofa, Misak; John Gil, músico y profesor de música, locutor de radio, Nasa; Jason Felipe, músico autónomo de Popayán; Aura Méndez, cantante de rap, poeta y diseñadora, afrodescendiente; Yessica María, artesana, Nasa; Marcela Cune, coordinadora de zona juvenil, Nasa; Sergio B. Ríos A. Sr. Mani, muralista, mestizo; Dos Jóvenes jugadores del Tato, Espacios territoriales de capacitación y reincorporación, ETCR Tolima (comunidades excombatientes de las FARC-Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia); y Margarita Guerra, poeta, comunicadora y aprendiz de piano, Popayán, Cauca.
3. Contexto social etnojuvenil promotor de la identidad, memoria, cultura y paz en el Cauca
La cultura de Colombia y de América Latina en base a la identidad, el territorio y los procesos de vida y experiencia, son transversales a la vida cotidiana y pública. No obviemos que la violencia está en los discursos tratados.
No hablaremos de mestizajes o hibridación cultural, donde se puede observar reproducciones sociales con un carácter de subalternidad y dominación (García Canclini 1990). En Colombia, aunque existe un importante racismo, tanto en la sociedad como en las estructuras, el territorio es parte de la convergencia de identidades sobre la pertinencia, unos le llaman “marketing indígena” pero en definitiva, se ha encontrado sentido en la reivindicación de lo propio, atrae a la población mestiza y considero que aún es mínima la visibilidad y atención a la cultura afrodescendiente como denominan José Caicedo y Elizabeth Castillo (2022), la ideología del mestizaje se olvidó de la población afrodescendiente.
Se describen manifestaciones y simbologías de las reivindicaciones culturales e históricas, con una atención sublime para evitar esencializar. En el sector joven del ámbito rural, el impulso sigue siendo la defensa del territorio, cuya identificación del enemigo es la lejanía, o más bien, el abandono del sentido cultural de prácticas ancestrales a consecuencia de la globalización o del sistema económico capitalista, la subalternidad, el colonialismo y postcolonialismo que queda vigente así como nuevos escenarios que se están viviendo, la vuelta a lo rural frente a la centralización de la capital, la apuesta por el desarrollo local y propio frente a la emigración y las dificultades de convivencia sobre la diversidad, al interior de las comunidades.
Las expresiones de los jóvenes no son las únicas para su análisis, pero la intención de este estudio va de la mano de mostrar los procesos de población mayoritariamente joven e indígena en el departamento del Cauca, lugar actualmente denominado “zona roja o caliente”, por la violencia a consecuencia de la militarización del lugar (guerrillas, disidencias –en discordia con los Acuerdos de Paz-, paramilitares y otras bandas de delincuencia). La violencia destaca por coacciones para alistarse, desplazamientos, “balaceras” en diferentes escenarios (escuelas, espacios públicos, cultivos y producción de coca, entre otras). Hay municipios donde incide la violencia, convirtiéndose en lugares inhóspitos, imposibles de visitar, por lo que quedan a la deriva, a veces se concentran en unos lugares, pero otras veces se dispersan, a la vez hacen confundirse con actos de protesta como los paros en la carretera panamericana de las acciones del CRIC, AISO junto a otras. Los movimientos hashtag (Feixa et al. 2016), han ayudado a las noticias rápidas, de convocar en casos de urgencia, que podemos sentir en los paros de la carretera otra dimensión, que se amplía a toda la población, mayores y mayoras con sus celulares, crean una imagen de conexión en la nueva era digital (Castells 2009).
La diversidad étnica, un factor enormemente maravilloso, por los escenarios de colores, siendo lo más representativo los tejidos, sombreros, mochilas, el transporte en la chiva (5), la música y las danzas, está estigmatizado por un racismo estructural donde nombran “un racismo sistemático, añejo, cotidiano, frente al cual se guarda absoluto silencio” (Caicedo y Castillo 2022: 113). La diversidad cultural cuando es nombrada como desigualdad social por el ámbito institucional, tiene una carga con la diferencia y las relaciones interétnicas (Cardoso de Oliveira 2007)
Las acciones de la academia, en este caso de la Universidad del Cauca están encaminadas en visualizar y poner freno al racismo, como ha sido con la realización de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos, que junto a la Licenciatura de Etnoeducación aportan un conocimiento real de la diversidad étnica y el qué hacer para abordar estas competencias culturales, cargada de estudiantes jóvenes, muchos líderes de sus comunidades, que volverán o no, a su territorio, pero que creen en el desarrollo de sus comunidades, en las reivindicaciones y en transformación social, y por ende, de sus identidades.
Tengo que admitir que en la pedagogía colombiana hay una enseñanza y aprendizaje de la cultura propia, pero también que está estigmatizada, los y las maestros/as son equiparables a revolucionarios, la lucha sindical y la visión crítica, no les deja como imparciales, la responsabilidad de la educación se traduce en investigar y entender la cultura propia, reconocer los saberes locales, denunciar si existen injusticias, conducir hacia el enamoramiento de la cultura propia, su defensa y buscar una transformación emancipatoria que se podrá evidenciar en los discursos recogidos.
Destaquemos al CRIC, como organización social, movimiento social que lleva desde la década de los 70 en la organización. Destaca por sus demandas territoriales en primer lugar, y después, la cultura propia (cosmovisión-espiritualidad, organización, idiomas, salud, educación y música). Sus congresos y formación han legitimado una forma de vida, de pensar y de construir. Ha movido y sigue moviendo a población indígena, y cada vez más se amplía a mestizajes que envuelve en una lucha universal por la justicia social (Muñoz-Sánchez 2024), junto a organizaciones que han estado vinculadas a partidos políticos, el movimiento estudiantil, entre otros.
Sin idealizar, estas luchas de fuerza, autonomías y denuncias contrastan con la violencia externa, pero como la maestra Nasa describe, se requiere detenerse en qué le está pasando a los pueblos; la violencia sigue y hay jóvenes que se van a alistar a los nuevos grupos armados. ¿Qué se está haciendo desde las organizaciones para evitar esta fuga? ¿Es más fácil el discurso contra hegemónico y contra el capitalismo para no revisar las causas profundas de lo que está ocurriendo?
Una de las personas que protagonizan este estudio es músico y primo del indígena líder y maestro Nasa, que asesinaron a finales de agosto de 2024: “Es mejor no dejar huella”, “las redes sociales, sobre todo el Facebook, hace mal con noticias que son mentira, es mejor no mencionarlo por la familia” (músico Nasa entrevistado). A continuación, se presenta una denuncia del Consejo Indígena, que resume la violencia en sus territorios:
“A estas alturas del proceso organizativo como pueblos indígenas y de proceso social del país, es inadmisible que, a nombre de la revolución, los más afectados con la ola de violencia estratégica, los homicidios selectivos ya sea a líderes, guardias, comuneros indígenas, campesinos, el desplazamiento interno, el reclutamiento forzado de menores de edad y en general toda la violencia desmesurada; la tengamos que sufrir la población que nada tiene que ver con este conflicto irracional, inhumano que los grupos armados están generando en los territorios indígenas” (CRIC 2024) (6).
Los asesinatos en las comunidades indígenas, directamente vinculadas a la organización, se han convertido en muertes semanales, que puede derivar en otras situaciones, aún no predecibles. La radio es otro elemento de denuncia que no calla y refuerza los procesos de identidad de los pueblos, así como en las redes sociales se observan estas denuncias sin temor alguno, en este caso de un guardia indígena en el territorio Sa’th Tama Kiwe, Pueblo Nuevo Caldono (7). Dos maestras coincidieron en comentar que la población graba la violencia con el móvil/celular, son testigos, pero comienza a naturalizarse, también otras violencias que se desconoce el origen y que atentan contra crisis de la juventud, nombrada por jóvenes entrevistados e incluso han servido muchas entrevistas de la etnografía como terapia psicológica:
“Dos suicidios de 15 y 18 años, pensamos que es abandono, no económico, pero hay algo, algo pasó allí, la mamá estaba metida con la comunidad, una excelente mamá, un hijo y un sobrino de ella, no sé qué presiones hay, pero se debe de preguntar. Los jóvenes que son indígenas todavía buscan su identidad como cualquier joven busca su identidad, a veces hablamos mucho, somos de fuera y el valor de fuera parece más relevante, si no somos de fuera no somos tan valiosos, si somos dentro somos valiosos dentro, es un conflicto muy fuerte, en juego, (…) el movimiento indígena regional, estamos diciendo mucho… ‘es que nosotros estamos en el fogón’ y luego vas a su casa y no tiene fogón (8) (…) hablar el idioma y no lo hacen, ‘es que nosotros los indígenas y la parte espiritual y no se qué’ y están celebrando la navidad, yo no digo que no lo celebren, yo la celebro porque a mi mama le gustaba y me quedo pero evito decir algo de más, pero si hay un discurso que es falso, un discurso para los de fuera, un discurso para el gobierno” (Entrevista a Maestra Naza y maestro mestizo).
A la vez se muestra los significados y símbolos que están en la necesidad de decolonizar aspectos históricos que asemejan postcolonialismo o la negación a mantener como legítimos los símbolos de la opresión recibida (iconos, efigies, nombres de plazas o calles, murales y otros), en el caso de la acción política contra la violencia estructural que protagonizó la colonia en la región andina; veamos qué significados podemos encontrar. David Freedberg (1992 y 2017) y Darío Gamboni (2014) no son tan apropiados para este análisis ya que parten de realidades occidentales, todavía demasiado eurocéntricas, pero no niegan los significados tan interesantes que se pueden observar en destrucciones coloniales y su complejidad, teniendo en cuenta actores, escenarios, historias del momento actual y en definitiva, los significados del poder, que están fuera de un significado artístico pero sí político, donde la historia transgrede al momento actual.
No es este el espacio para ver las causas, pero las manifestaciones de jóvenes nos pueden dar una pista de lo que ocurre, de las transformaciones, además de los espacios de investigación y organización, deconstruyendo el concepto de investigación por semillero para la recuperación de la cultura, como “semillero de la guardia” (representación indígena en la organización estudiantil heredado de las demandas sobre cultura propia, también denominado en otros espacios “cabildo estudiantil”), “semilleros de la cultura” (investigación de la cultura originaria y búsqueda de mejoras para conservación y equilibrio sostenible).
“Los semilleros de autoridad (grupo de investigación) junto a la guardia escolar y el cabildo escolar, es parte de la ruta del buen vivir, y si la violencia llega a ‘casa’ (escuela) le afecta, el camino para poder convivir. Existen amenazas a maestros, hay menores convencidos por las disidencias de las FARC, sentimos la violencia a veces indirectamente” (Entrevista a maestro en Candona, Cauca).
4. Expresiones etnojuveniles que mueven, transforman y consolidan la cultura propia
¿Qué expresiones juveniles consideramos de interés político y cultural?, ¿qué es lo más representativo en prácticas, usos y demandas de la cultura? En este caso se muestran algunos perfiles sobre la cultura propia de población Diversa, indígena, afrodescendiente y mestiza, convertidas en acciones políticas desde el territorio. Estos ejemplos no son la totalidad, son una muestra de expresiones de corrientes que fortalecen la identidad, están vivas y en su mayoría, son muestras en pro de una justicia social, son manifestaciones etnojuveniles de interés global, como: diseños de ropa, música, poesía, juegos, comunicación y representación juvenil y manifestaciones públicas en espacios simbólicos. Cada una requiere un análisis más exhaustivo, pero se ha optado por una representación más amplia de las prácticas culturales políticas e identitarias, para dar un panorama de estas manifestaciones.
Hay un significado que es transversal en la muestra del estudio, los dones de cada quien y la función en la comunidad, territorio y cultura propia; a la vez que los significados de la violencia, y la necesidad de reconocimiento de autonomía y libertad. Está relacionado con la propia armonización de cada quien, en su territorio, incluso de mi aparición sin esta intención. El arte es una función que está en lo cotidiano, la función para la comunidad y en este caso la creatividad preponderante en: música, letras de canciones y poemas, material didáctico, quehacer comunitario, guardia, docencia, entre otras muchas funciones. La cultura propia compite con la visión global y local de cuál es la mejor sabiduría o las necesidades de la comunidad. Asimismo, se encuentran pensamientos que confrontan el interés de preservar su cultura, prefieren evitar que se les enseñe su idioma originario porque lo consideran que es perder el tiempo: “algunos piensan que volver a la cultura propia es volver al taparrabos” (Maestra Nasa).
Lo propio no puede alejarse de las injusticias, machismo, rechazo de lo foráneo, o vivir aisladamente, idealizar lo propio, lo indígena, también lleva contradicciones, como comenta la maestra Naza y contesta en plural: “Cuando nos preguntan por el tema de violencia, qué ocurre, también es la responsabilidad en las familias, algo no estamos haciendo bien, porque algo generamos que van los jóvenes a estos grupos (grupos armados, disidencias de las FARC), o si hay violencia en las familias (9)”.
Hay significados que no quieren visualizarse, pero el arte amplía esta mirada y se observa cómo poco a poco van calando mensajes, no hay aceptación verbal de la diversidad de género y sexual, pero se van mostrando banderas como la de la paz, inca y del orgullo gay. O también en murales y letras de canciones podemos ver significados de identidad y sus reivindicaciones, pero también de confrontación a las tradiciones, por ejemplo, deleitando o defendiendo el cultivo autóctono de la hoja de coca sin dejar de lado la armonización, que igual se observa con la planta del cáñamo y usos medicinales de la ayahuasca entre otras plantas, que confronta con letras de bachatas o rap alejadas de lo propio.
Este estudio ha estado vinculado con representantes culturales, personas con cargos organizativos y son ejemplo a seguir para las comunidades, por lo que la etnografía se basa en manifestaciones en pro de la defensa y conservación de lo propio o es parte de mi filtro en la propia etnografía por ese idealismo posible de la identidad y mi conducción en las entrevistas y conversaciones. Es cierto que, desde esta corriente dinámica, los significados pueden variar según el momento, la historia y el deseo de sus oficios, por lo que se ofrece un paseo desde jóvenes creadores.
4.1. Recuperación de la cultura propia mediante diseños de símbolos en el atuendo Misak
Presento a Luz Helena Almendra Aranda, diseñadora y filosofa Misak, joven de 28 años de la comunidad Guambía, en Silvia, Departamento del Cauca, Colombia. Su padre y madre son maestros, y han sido responsables de funciones en el cabildo, sus descripciones están en consonancia con lo aprendido desde su familia y su función en la cultura Misak.

Imágenes 1 y 2: Diseñadora Luz Helena, fotos donadas por la artista. “Vestir Misak”: @vestirmisak https://fb.watch/vgu01UqGu3/
Su objetivo ha sido y sigue siendo encontrar, crear y representar su cultura, se basa en utilizar objetos de uso para poner en valor significados, en este caso destaca los petroglifos, que se observan en las cintas tejidas como fajas y para los bolsos (mochilas o morrales). Ha investigado desde el origen los significados de cada símbolo y como adaptación de estos a un uso personalizado, como la siembra, mujer y hombre sin pareja, mujer y hombre mayora y mayor que representa la sabiduría de su cultura:
“Inspiración de mi propia experiencia, sentí un objeto que me representa, con dos funcionalidades, como vestido y sin utilizar, utilicé talleres con jóvenes para que ayudara a conocer la cultura y que eliminen lo occidental a la vez y pintaran su simbología (…) un primero de enero mi mamá la nombraron secretaria general del cabildo y la vestí con mis diseños, la blusa habla por ti, como el bastón de mando” (Luz Helena, misak).
Luz comenzó a realizar su trabajo artístico en forma de taller creativo con jóvenes, potenciando la participación juvenil a la vez que fortaleciendo su cultura, fue muy bien valorado por la comunidad, algo que siente como muy importante, además de útil porque servía para conocer mejor su cultura y era fiel a los objetivos de la organización comunitaria; a continuación, se observa el sentido que le dio:
“Dedico esta investigación a mi querida comunidad Misak, porque de mis raíces indígenas he aprendido conocimientos espirituales, prácticos, naturales, que me hacen una joven Misak con creatividad cultural; y dedico este proyecto a mis padres, por ser los pilares fundamentales quienes me otorgan un pensamiento propio Misak; Y finalmente agradezco a mis docentes de diseño visual, quienes impulsaron mi creatividad desde sus exigentes sugerencias, labraron en mí una persona segura de mí misma y de mis capacidades. Unku unkua pai: Gracias por esta enseñanza” (Luz Helena Almendra Aranda, Dedicatoria del Trabajo Fin de Grado de Diseño, 2017).
En la conversación y entrevista realizada, no cesaba de nombrar su cultura, los dones que cada quien desarrolla y lo vincula con la espiral de la vida Misak, pueblo del agua, conecta las etapas de la vida con su propio desarrollo y función comunitaria. Una de mis preguntas fue si se veía con cargos en el cabildo o en los programas de coordinación, me afirmó que que cada quien tiene su función, y se nace o se es para algo, y en su caso su capacidad creativa, de escritura y diseño, le había permitido esta función, ahora tiene otro reto, no solo con Misak si no con otros pueblos.
4.2. Nuevos usos creativos de música en el entorno etnojuvenil del Cauca
En este apartado se destacan tanto gustos musicales como prácticas culturales de recuperación, así como de nuevas manifestaciones. En este caso presento varias entrevistas a cantantes de rap, músicos Nasas con estilos andinos y maestros músicos.
En primer lugar, señalo que fue para mí una sorpresa cuando una colega Nasa me dijo que sus hijos escuchaban una música que no era muy aceptada en su comunidad, por cómo sonaba y por sus letras, pero estaba ocasionando furor entre los jóvenes de esa cultura, compartió conmigo un vídeo muy significativo:
“Te invito a mi tierra” de Lili Jiménez y John Jota (10), con un claro carisma de reconocer la cultura propia, el territorio, la lucha histórica y el propio CRIC con los bastones de mando, “Toriweed” John Jota (11), canción que pone en testigo que su territorio, Toribío, es el lugar de cultivo de mariahuana y coca, justificando el uso y conexión, como este fragmento de la canción: “Viva la medicina para el alma, la planta santa y sus poderes, es que te brindan calma (…) a invitar a que sienta la conexión de la Pachamama con la mente, el alma y el corazón”, así como otras canciones donde se ve la conexión perfectamente con la memoria histórica que puede comprobarse en las imágenes de los vídeos musicales, como “Resistencia” (12): “Yo crecí en un pueblo donde aprendí a vivir esquivando balas, balaceras. Donde muchos se van y no se pueden despedir porque la muerte no espera. El Indio del Rap. Toriweed, Colombia”.
Los raps facilitan manifestar los sentimientos, y con un furor de transformación desde lo inter-, Feixa et al. (2022), señalan los cronotopos en relación a la identidad y pertenencia propia y familiar, el país y los espacios creativos de resistencia; nuestra joven rapera dice: “no somos el futuro, somos el presente, y por eso, tenemos que dar ejemplo a los más pequeños y también a más adultos” (Entrevista Aura Méndez, joven afro de Guapi, rapera, poeta y alumna de la licenciatura de Etnoeducación, Universidad del Cauca).

Imagen 3: John Jota expresándose desde el rap con la bandera del CRIC.(Web de la revista Unidad Álvaro Ulcue del CRIC).
Para muchos es una bocanada de aire fresco, pero aún no aceptada por toda la comunidad: el ejemplo puede sentirse en la defensa del cultivo y uso de la marihuana, pero se equilibra con todo la defensa por el territorio, como la canción “Queremos la Paz” (13) donde directamente denuncian la presencia militar en sus comunidades, “no más guerrilleros y afuera los militares”, “si nos quieren morir será defendiendo el territorio”.
Un joven músico, maestro y comunicador Nasa, de Pueblo Nuevo, comenta sobre John Jota (14) y las denuncias al conflicto y violencia: “las letras son muy analíticas, ha crecido en el entorno de vivencias al perder gente y eso lo ha llevado a sus letras”.
Pero la propia población indígena discute estas idealizaciones del territorio con sus contradicciones en cuanto a identidad y valores:
“vamos a las comunidades indígenas y los líderes tienen dos o tres mujeres, los líderes se emborrachan, y claro y los jóvenes también ven eso y se emborrachan, los líderes siembran coca, siembran marihuana, hay una canción de John Jota que es un jovencito que como no fumarla si en el territorio la cultiva, y él es nasa, lo han criticado mucho pero es la voz del joven, como no consumirla si allá la cultivan, son críticas muy fuertes, por ejemplo, críticas de que vengan todas las organizaciones indígenas que es el CRIC y pillé unos recursos de proteger la naturaleza y si vas a los resguardos lo primero que ves es coca por todos lados, o estamos atacando donde no se debe, y la problemática es la familia, por eso hay que hacer minga hacia dentro, ya se ha hecho hacia fuera, qué está pasando con nuestros líderes, nuestras mujeres que se van de líderes, dejan familias abandonadas…, yo no estoy hablando del machismo, estoy hablando de que la presencia de la mujer dentro de la casa es importante, si somos tan buenas doblando el trabajo” (Maestra Nasa, agosto 2024).
Otro grupo de música que se caracterizan como andina es Wejxakiwe (15), destacan por crear una escuela de niños y niñas y jóvenes, en Pueblo Nuevo, Caldona, Cauca, no están muy bien considerados por la propia comunidad y por sus mayores porque hacer música andina es de origen más ecuatoriano y creen que están perdiendo su música original. A la vez, gusta entre la población joven. El representante del grupo menciona la relación de la música con la cultura propia y el territorio, pero también es consciente que hay muchos jóvenes que no quieren ser indígena y van adoptando costumbres de fuera, impera conseguir dinero fácil recogiendo hojas de coca y está también el reclutamiento forzado o engañoso:
“la educación propia parte desde la casa, de la tulpa, esa es la primera escuela, se imputa el respeto, valores, cosmogonía, (…) aquí hay una gran ventaja, hay talento en danza, música y tejido, pero no hay apoyos, el arte con los niños son procesos, surgen casi por voluntad propia, no es solo pelear y cerrar la carreta, es mantener vivo lo indígena, es bastante complejo” (Entrevista a Miembro de Wejxakiwe, grupo de música Caldona, anónimo).
Desde otro lado, está la agrupación de rap en la ciudad de Popayán, Joan Alexander Puente Jiménez, conocido en el mundo artístico como Máster, “soy rapero, vi la falta de proyección y apoyo y evaluación, en el freestyle y me metí como gestor cultural, puedo hacerlo por amor, pero hay que pedir recursos y apoyo a los políticos, a gobernación, a la alcaldía”. (Esta entrevista fue realizada tras la visita con la viceministra de cultura, que escuchó a su grupo en la plaza central, Parque Caldas de Popayán, Cauca y se hicieron diversas fotos con ellos). Máster cup es la entidad desde la que organizan batallas escritas, batalla de Freestyle y a veces, exhibiciones de boxeo. Este espacio se ha convertido en encuentro de jóvenes que demandan paz y sosiego, diversión y libertad, un espacio de expresión que ayuda a mantener a los jóvenes del riesgo.
“Mastercap ha dado renombre a nivel nacional y hemos logrado que los jóvenes de Popayán tengan más nombre y lo inviten, porque esto es arte, es cultural, y en la ciudad pequeña de Popayán, si no hay palanca no se consigue nada, Freestyle con jóvenes de bajos recursos, maltratados por drogadicción, con ganas de suicidarse, sin salidas… improvisan, se expresan y es una solución para los barrios populares” (Entrevista Máster-Joan Alexander Puente Jiménez).
Y como mujer rapera también está Aura Méndez, actualmente estudiante de la Licenciatura de Etnoeducación, así como voluntaria y dinamizadora de Save the Children, ella se autodenomina multifacética que hace “rap consciente” para reflexionar, no le gustan las batallas freestyle.
Su canción que comparte es Me cansé (16), ejemplo de canción denuncia, “mi país es rico, pero mal administrado (…) En memoria a un pueblo luchador, desesperado por ser escuchado y con el más grande deseo de que sus gritos y lamentos no sean más ignorados. El acto no está en ser el héroe, el acto es llevar al pueblo a vivir heroicamente”.
Aura destaca por ser la artista en el grupo de etnoeducación, es valiente, tiene claros los objetivos, la historia de su familia va con ella, ha visto secuestros, asesinatos, maltrato a su familia, y es consciente de que vale como líder.
Otra manifestación musical que está siendo reconocida es el “Barrismo social” convertida en una estrategia pedagógica juvenil de reinserción desde sus prácticas en el deporte, para desestigmatizar a jóvenes, fútbol y violencia, en este caso el profesor de música Jason Felipe, “a través de la música se pueden hacer otras cosas” me explicó que también está el colectivo “Barras bravas” en Popayán que tocan batucadas con ritmos colombianos: “el barrismo social está estigmatizado porque se hacen matar por una camiseta de su equipo pero se han ido incorporando con la gestión social, hacen panelazos (agua de panela como tentempié), ollas comunitarias, ayudan a personas indigentes, recolectan insumos escolares… Muchos, papitos y mamitas se organizan para recoger insumos para autogestión, lo hacen porque se benefician de quitar el estigma del barrismo, pasan su gusto futbolístico a un proyecto cultural a través del fútbol y un beneficio social de carácter urbano”. Como puede comprobarse en el Facebook de Popayán Verdolaga Oficial (17), la música en estos escenarios es reconocida como muy importante y vital para evitar confrontaciones. Pueden verse algunos testimonios en el estudio de García, Yánez y López (2020) sobre la identidad juvenil y fútbol, así como los rituales que determinan manifestaciones violentas, pero también aspectos de control y de conciencia de grupo para aflojar las tensiones que se producen en el fútbol.
4.3. Derrumbe de estatuas coloniales, espacios transformados en encuentros alternativos
En este caso se presenta el acto llevado a cabo por la organización AISO en Popayán, el origen fue por diversas causas que no van a ser transcritas, pero sí acercarnos al discurso que se ha obtenido tras este suceso el 16 de septiembre de 2020.
La efigie de Sebastián de Belalcázar (gobernador colonial durante los años que fundó Popayán 1537 y murió en 1551) ha estado erigido en un lugar que se asemeja a una pirámide donde se esconde una construcción precolombina en el Morro del Tucán, Popayán, capital del Cauca, esta imagen no era protagonista de nada, la población solo se desplazaba allí por las vistas de la ciudad y del entorno, puede verse el volcán Puracé si está despejado.
Pero tras el estudio sobre el colonialismo, la organización AISO le dio un sentido de lucha tirar la estatua, algo que estaban viendo en otros países y por qué no, poder realizarlo en Popayán, cuando realmente, detrás de este personaje, había una historia destructora, en este caso, Belalcázar fue responsable del traslado de la población Misak a un lugar en la montaña, Silvia, para no molestar al régimen colonial.
Hubo una manifestación contra la violencia a la población indígena y decidieron tirar la estatua como símbolo decolonial.
“Fue cercano al estallido social, un movimiento en cabeza de algunos jóvenes, fue un año de mucha actividad, la época de tumbar las estatuas (sonríe) primero en Popayán y después Cali y Bogotá, LUNACHA que es la organización del pueblo Misak. Las gobernaciones las asumieron gente joven, taítas (…) y ellos iban a nivel nacional y aquí, nos metieron que había que organizarse hacer justicia, fue un año de mucho movimiento, tuvimos que unirnos (…) se reunían constantemente se dialogaba de cómo hacer las cosas, hubo un movimiento muy interesante porque movió a muchos jóvenes, se reunían secretamente, hay que hacer justicia decían de Sebastián Belalcázar porque históricamente se le atribuía que la fundación de Popayán, se dialogaba que él no era el fundador, si no que él había asesinado, el acabó con los líderes y nuestros pueblos y se decía que cómo íbamos a tenerlo allí, había que hacerle justicia y eso era derribarlo, y se hizo un documento donde se dice que por qué se le juzga, y que no debe de estar en un lugar sagrado de representar al pueblo pubenense (…) se recogieron varias historias, memorias de historiadores que algunos no se les ha reconocido como académicos, y describen como fueron asesinados (…) como los fueron aniquilando, se acudió a la universidad del Cauca, a archivos, hubo dos intentos y no se pudo y en una movilización, mientras otros fueron a tumbarla, nos dimos cuenta que mirando por internet vimos que en otros países se había hecho y se fue creciendo aquí, también de forma secreta en Cali, fuimos a la marcha del estallido, se derribó, inclinó la estatua, nos echaron gases y todo y fue algo histórico, fuimos de marcha a Bogotá y se planeó tumbar a los reyes de España de Castilla, después del aeropuerto (…) estuvimos muy activos, y los jóvenes lo vieron” (Entrevista a la Coordinadora Educación Misak, Silvia, Cauca, secretaria general del cabildo durante 2020-21, gobernadora en 2022).
Estos cambios también son evidentes en la forma de profesionalizarse, aunque existe una labor comunitaria que me sigue sorprendiendo, la joven coordinadora juvenil, de 24 años, del grupo Nasa, ha dejado aparcado sus estudios para trabajar por la comunidad, totalmente altruista, dejando de lado sus estudios y profesión para ejecutar sus funciones en la comunidad, que se contradice con discursos que confrontan la “irresponsabilidad” a la que han sometido a muchos jóvenes.

Imagen 4: Estatua tumbada por la comunidad Misak de AISO, en Popayán, Cauca, Colombia (17 de septiembre de 2020).
La respuesta de la alcaldía de la ciudad fue aprisionar y condenar a los culpables, la sociedad civil respondió con campañas de apoyo a la población indígena, incluso se solicitó que fueran ajusticiados por la Jurisdicción Especial Indígena de acuerdo con sus normas y costumbres, en virtud del principio de autodeterminación adoptadas desde la Constitución de 1971, otros castigos subliminares se vieron al no dejar que docentes siguieran con su función pública.
Este espacio es ahora mítico, representa la lucha de la población indígena a la vez que se unen otras resistencias. El soporte de la efigie es un espacio para pegar carteles de los movimientos sociales, es un espacio de encuentro con carga reivindicativa, se va allí a festejar ritos, a ver el amanecer, el atardecer, como a mingas y concentraciones.
Actualmente están en activo manifestándose en la plataforma @Pos-monumenta de prácticas contrahegemónicas de conmemoración colectiva. Sus acciones no han sido comprendidas por todos los esperados, aunque la población joven entrevistada siempre ha manifestado su apoyo y no han entendido posturas conservadoras de parte de la academia. Lo cierto es que ha activado a jóvenes en la participación y defensa de la cultura propia, como recientemente en la COP16, Cumbre de Naciones Unidas por la Biodiversidad en Cali, Colombia, en octubre de 2024, por la Reparación Histórica y Derechos de la Naturaleza, se unen de forma nacional a más colectivos, y ha sido y sigue siendo un motor de activismo intergeneracional.
4.4. Juegos ancestrales en la actualidad, permanencia en el territorio
Presentamos actividades que se han retomado y a la vez se mantienen como parte del ocio de jóvenes de una forma cotidiana.
En una comunidad, desde donde se puede ver toda la sierra entre Tolima y el Meta, compartí con dos jóvenes el juego del tejo, patrimonio cultural por la Unesco desde 2019 y en 2000 deporte nacional, tiene un origen cosmogónico del pueblo muisca (amerindio, centro de Colombia) cuyo significado relaciona el lanzamiento del disco con la travesía del sol en el cielo.
El espacio, muy agradable, al aire libre, donde el internet casi imposible de que llegue señal, y las conversaciones, el enseñar y compartir este juego es simplemente un placer para quien pasea por estos lugares. Sin manifestar el escenario como político o no, fue idílico el estar entre dos mundos, música cumbia moderna y dos jóvenes que han abandonado el ámbito educativo y van a veces a trabajos en el campo, mantienen un espacio de recreo con billares y juegos del tejo en ese mismo lugar. Era evidente una preocupación porque estos jóvenes habían abandonado los estudios, justo en un espacio con una carga ideológica y organizativa.
Este territorio destaca por ser una comunidad reciente de población desmovilizada, ETCR, Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación Antonio Nariño, en 2020, muy alejada del centro municipal y con dificultades de transporte y conexión a internet, la educación solo es hasta primaria. Estábamos de visita de la Universidad de Tolima, estudiantes de Sociología con el profesor Fernando Cruz especialista en estudios de Paz.
Otra práctica que está en auge con una proyección hacia todos los sectores de la población (mayores y mayoras, menores, jóvenes, guardia, docentes, otros) son festividades comunitarias, por diversas causas como mingas, intercambio de semillas, exposición de teatro y música, donde se escucha a cada rato “guardia-fuerza, guardia-fuerza” (Himno de la guardia indígena) (19). A continuación, se observa una imagen como ejemplo de actividades de recuperación de la cultura propia como juegos ancestrales, y divertidísimos son: el concurso de bailar trompos, donde se observan a docentes y su alumnado bailando unos trompos artesanos con cuerda; o el concurso de cazar cuis con ojos cerrados desde niños y niñas de 3 años a personas de avanzada edad. Otros como pelar patas de vaca tras calentarlas en la brasa, moler maíz con la piedra de molienda, hilar desde lana de oveja en bruto y tejer cuerda para hacer un sombrero.

Imagen 7. La guardia de la comunidad con sus bastones de bando creando un cinturón de seguridad. Foto: Práxedes Muñoz, comunidad Polindara.
4.5. Mingas políticas, espacios de compromiso comunitario
Este trabajo no puede dejar de lado los actos políticos de las comunidades y el activismo juvenil, vital en estos espacios indígenas. El significado varía, es tomado en cuenta como un trabajo comunitario, pero a veces una reunión importante (al menos con cargo gubernamental o si va a ser crucial para cambios) también es considerada como Minga de Resistencia Social y Comunitaria; es vista por el gobierno aún como ilegítima con influencia de los medios de comunicación en la creación de estereotipos contras las Mingas (Ruano 2019).
Como ejemplo se presenta el 7 de agosto de 2024, una minga en El Túnel, en la carretera Panamericana entre Popayán (capital del Cauca) y Cali (capital del Valle del Cauca) protagonizada por AISO. Se respira organización, bastones de mando, jóvenes y mayoritariamente hombres, se preparan en la carretera por si hay que hacer un bloqueo, mujeres en su mayoría se encargan de la comida, pelamos patatas más de 50 mujeres, la cocina comunitaria es una fiesta pero seria, se percibe enfado con el Ministerio de Interior que aún no se sabe si va a llegar a la actividad convocada para que dé explicaciones y avances del Decreto de AISO como autonomía, prometida desde la Constitución de 1991 y por supuesto, recursos dignos “Decreto que debe firmar”.
De parte de jóvenes, expuso una chica:
“vemos como nos mienten, cuando tenía 15 años y no tenía cédula quería tenerla para votar pero ahora estoy triste, doy voto de confianza pero el día que quedan a llegar tampoco llegó, esperamos tener buen ejemplo desde quienes son superiores, tenemos el derecho de hablar de protestar, nos traen promesas, yo cuando era niña tenía respeto de los que estudian, los ministros a sus hijos, que ejemplo dan, algo que no puede ser, por eso le digo a los jóvenes, a nuestras generaciones, que iniciemos a mirar estos procesos y a denunciar si no cumplen” (Entrevista a joven Misak AISO).
Este espacio se convierte en una demanda, donde los jóvenes son protagonistas deseados, están bien vistos, aunque no tengan preparación suficiente en la responsabilidad comunitaria o estudios, hay consciencia de la necesidad de sus aportaciones y se les respeta desde esta implicación, a la vez los jóvenes entienden las dificultades de los cambios necesarios en aspectos tradicionales no tan éticos (por ejemplo, sobre la tolerancia a la diversidad, conversaciones con jóvenes Misak y Nasa). En estos lugares se unifica la lucha, cada quien tiene una función, una mayor de AISO dijo: “la universidad no es suficiente, esos escenarios ayudan, cerrar la panamericana para recuperar el territorio, Nunacha (plan de vida) hay que levantar la coordinación del cabildo y seguir fortaleciendo, desde la Mesa Marco del Decreto para tejer el buen vivir”.

Imagen 9: Minga de AISO por la visita del Ministerio de Interior para concretar la demanda del Decreto de los derechos de la cultura propia, bandera de AISO a un lado de la carretera y la bandera de Palestina con la denuncia del Alto el Fuego al otro lado (El Túnel, Cauca, 7 agosto 2024). Mural fotográfico de fotos de Práxedes Muñoz, elaboración propia.
4.6. Murales y Artesanías representantes de una cultura originaria en continuo movimiento
No se puede dejar de lado la artesanía, como fiel a la cultura propia y a la identidad. Esta es la que más se repite de todas las acciones juveniles, tanto para mostrar la identidad como para obtener algunos recursos económicos. Actualmente las ferias de artesanía se han convertido en espacios de encuentro “se socializa mucho y se conoce a gente” cuando hablamos del entorno universitario y en la ciudad, también en cualquier acto público de respeto y promoción de la cultura propia.
Los escenarios son múltiples, pero podríamos dividirlos en tres: las plazas de las ciudades, las mingas (actividades comunitarias, reuniones, asambleas, mejoras entre otras muchas tareas) y el espacio cibernético. En los espacios de encuentros se reivindican sus prácticas, se promociona la artesanía tradicional y sus nuevas tendencias, se crea un espacio seguro, visible y alternativo, es transcultural del territorio, donde pueden verse productos del Amazonas colombiano a las hojas de coca en múltiples usos (cremas, vinos, tés…) propias del Cauca y de territorios cercanos, músicas originarias; todo ello se complementa por nuevos espacios de propaganda en las redes sociales. La presencia multicultural va en aumento y necesita hacerse visible en el propio país donde ha sufrido un desconocimiento de esta diversidad (amazonas, costa, sierra, lagos…), un joven de origen afrodescendiente me confirmó que pensaba que los indígenas de Colombia solo era un solo grupo, cuando realmente, hay más de un centenar de etnias diferentes.
En las plazas más concurridas, los jóvenes suelen cantar para dinamizar el espacio y recibir algunos recursos, así también con representaciones teatrales y bailes como break dance, música y baile tradicional, rap, entre otras.
La artesanía sigue siendo uno de los simbolismos de la identidad que se mantienen. Manifiestan su creatividad mediante los significados de su cultura, se destaca la mochila (llamado morral en Centroamérica) como elemento que es más vendible, junto a aretes (pendientes), pulseras y collares de manillas:
“Es bonito porque es representar lo que uno es, cómo representarme. Me gustan los colores vivos, hacer cosas nuevas, con las mochilas me gusta más porque es como transmitir, no sabía como se hacía, sabía que lo quería y lo tejí y ahí lo tengo. Por ahora no me separo de mi mochila, uno se siente como tranquilo, es más que un hobby, algunos solo para ganar plata, es como representarme en un arte y luego lo hago tal quiero o mi imagen plasmarla o lo que las personas lo quieren, porque ellos quieren transmitir lo que son en lo que usan” (Entrevista a artesana Nasa, Cauca).
Y como últimas representaciones, hay que brindar un espacio a los murales, con una característica global, llamativa, se destacan elementos para reconocer y valorar elementos del territorio, su patrimonio, su historia, y, por ende, sus denuncias y protección. Se observan representaciones de animales y de la naturaleza (cascadas, ríos, volcanes y otros).
La Primera minga muralista fue organizada por el Proyecto Nasa y el Centro de Educación, Capacitación e Investigación para el Desarrollo Integral de la Comunidad (CECIDIC), se realizó entre el 16 y 29 de octubre de 2013 en el marco del IV Encuentro Cultural Alvaro Ulcué, y de ahí se fueron realizando otras, sus objetivos destacan por ser espacios de memoria, encuentro, trabajo colaborativo, construcción de paz, resistencias e incluso turismo; se iniciaron muchas representaciones de murales en lugares que habían sido escenarios del conflicto (Zambrano 2018). La I Minga tuvo como lema “¡Porque el territorio no es como lo pintan!”, la comunidad participó como gestora de los contenidos, sus significados y la intención de su aparición.
“Uno de los acontecimientos más violentos y de impacto mediático, ocurrió el 9 de julio de 2011 con la explosión de una “chiva bomba”, que produjo la muerte de 4 personas, cientos de heridos y la destrucción de más de 400 casas. Las ruinas que quedaron de este ataque fueron intervenidas en la primera Minga con grafitis y mensajes como “odio su guerra”, “sin ejércitos existiría la paz”, que reflejan la indignación de la población frente a la guerra” (Zambrano 2018: 661).
Nos encontramos con dos facetas, borrar los mensajes históricos o, por el contrario, recordar la historia; con el cartel “Toribío no es como lo pintan, es como lo pintamos”: en la Minga del Muralismo, reflejan esta dicotomía de los mensajes, “grafiteros de Colombia y México borrarán las huellas de la guerra en este municipio del norte del Cauca y plasmarán en las paredes la resistencia de los indígenas nasa. Esta es la historia de un Toribío que se prepara para el posconflicto (20).
Los artistas articulan sus elementos creativos con los procesos sociales y políticos, ¿cómo lo realizan? en su mayoría “son propuestas de la comunidad, de la organización y/o de los semilleros, vinculados a procesos comunitarios o como denominan programas de desarrollo e investigación, pueden ser con recursos, a nivel privado, así como altruista” (Mani, muralista).
Destacamos al muralista Sergio Bladimir Ríos Angulo, llamado “Mani”, cuyo lugar de origen es Popayán. Este joven enfatiza por su carácter investigativo y por el trabajo con los jóvenes del territorio cauqueño, destaca por sus murales en los territorios Nasa y Misak, colabora con el CRIC (21) y sus orientaciones a jóvenes con talleres itinerantes por el territorio, y actúa y vive para y por el desarrollo comunitario. Mani manifiesta que hay mucho por hacer, “hay que coordinarse, dinamizar para que funcione, las pinturas fortalecen, pero todavía no es suficiente, hay muchos jóvenes que se van a la coca, otros salieron y ya no volvieron, por eso hay que llamar a las energías para que se enamoren de lo propio, de la educación”.
El mural que Mani está terminando es el laboratorio de desarrollo cinético, de la facultad de salud de la Universidad del Cauca, parte de un trabajo de 4 meses donde se ha trabajado por lo colectivo y su representatividad, a la vez que incorpora elementos que son propios del territorio y que manifiestan los derechos humanos y la inclusión.
Nos despedimos con lágrimas en los ojos porque el siguiente mural es la conmemoración a un colega asesinado, Carlos Andrés Ascué Tumbo estudiante de antropología de la Universidad del Cauca y líder de la guardia indígena del CRIC en Candono. La forma de manifestar una representación se hace tras un trabajo previo de memoria, de trabajo colectivo y de los insumos que pueden representarse, en este caso con la imagen del rostro del líder asesinado y lo que la familia en primer lugar, determinan como representativo.

Imagen 10: Mural cedido por Mani, en memoria del Kiwe thë Rogelio Chate, médico y sabedor espiritual asesinado en noviembre de 2023, fue secuestrado, torturado y asesinado.

Imagen 11. Andrés, pintura digital de Mani. Trabajo basado sobre los insumos de la persona a representar tras recoger aspectos que caracterizan, en este caso al “mártir” (Andrés fue músico y líder comunitario, asesinado en 2024), “la parte de creación del mural, acá se acostumbra a hacer con la comunidad” (Mani).
La creación de los murales ya en sí es un proyecto político, mueve a la población, a jóvenes, tal vez de moda en una llamada a la resignificación de la cultura propia, en este caso también llamado “marketing indígena” lo denomina el artista, pero que a la vez denuncian para no olvidar la trascendencia que se realiza. Ejemplos de muralistas en el cauca podemos ver varios, como el Colectivo de Arte Urbano Vacalok (22), cuyo objetivo igualmente es poner en valor cuestiones culturales y significados que sirven de espacios públicos de reflexión como de conexión con la cultura ancestral.
4.7. Jóvenes poetas y activistas, alteradoras de realidades
Como última participación, dejamos a las poetas jóvenes Margarita Guerra y Aura Méndez, cuyos testimonios deja entrever la esperanza del arte en espacios de violencia y pobreza, además de que su potencial en transformar escenarios viene de sus liderazgos en sus propios barrios y son mentes hábiles en identificar los problemas de la realidad.
Margarita Guerra @guerrademar_ presenta su obra en dos libros: Bitácora del duelo y Astro. Producciones “caseras” que permiten, con ayuda, visibilizar este arte: “lo personal es político”; “la educación es un ejercicio fundamental porque aprovecha sus cuerpos y territorio, la música genera expresión artística, la docencia es lo más coherente de generar posibilidades (…) debemos ser mediadores de la experiencia” (Entrevista a Margarita Guerra).
Aura desde su música rap y sus letras, visibiliza conflictos y jóvenes, pero también está en procesos de artesanía y de ayudar en su barrio natal, mediante una ONG, activista en Save the Children, y con una gran capacidad de ayudar, de mediar ante necesidades vitales de su territorio, con menores y jóvenes y con un sentido de cuidar.
La capacidad de liderazgo se observa, ambas entre 18 y 19 años, están despiertas, saben y entienden cómo ayudar a jóvenes, empoderadas y futuras líderes o mediadoras comunitarias.
“Llevo mi tierra conmigo, en el color de mi piel, en el amor por mi gente, en creer que es posible.
Llevo mi tierra conmigo en el canto de mi padre, en las memorias revueltas de noches enteras habladas, en los zapatos naranjas y en mis caminatas largas” (Margarita Guerra).
5. A modo de conclusión. Reflexiones desde transgresiones de las culturas y el estar político como esperanza a la violencia
Este paseo por diversas escenas creativas, a las que invito a verlas, sentirlas y escucharlas, permiten una manifestación multidimensional en sus significados, sus protagonistas mantienen una cultura viva, de lucha y resistencia, organizativa, identitaria y culturas en transición. Hay un respeto y una necesidad de jóvenes en los procesos, si bien, desde mis vivencias puedo constatar que hay una gran participación e implicación política, complejo de comparar en un mundo globalizado.
Las expresiones culturales no han estado siempre con el beneplácito de sus propias culturas vistas en vecinos e instituciones (Nancy 2007). Las manifestaciones para proteger, visibilizar y cuidar la cultura propia y más si se tiene en cuenta el territorio, sí se han valorado, por lo que se van aceptando las transformaciones desde los parámetros de la etnojuventud (Cruz 2013).
Hay imágenes, hay producciones creativas, hay miradas colaborativas e individuales que ponen la guinda al arte, no hay palabras para estas poesías praxiológicas, que favorecen una comunicación íntima desde la alteridad.
En este espacio rescato prácticas políticas que revierten lo cultural en significados y símbolos que reivindican la justicia, a la vez que es un encuentro intrapersonal e intercomunitario, armonizando los desafíos de conflictos en resistencias de los pueblos. Es solo un paseo por algunas de las manifestaciones, que han despertado en mí un orgullo en la juventud, en la esperanza y en la construcción de paz, y he dejado de lado otras manifestaciones que están alejadas de la cultura. La tendencia a esencializar no está recogida en los testimonios, se puede deducir que se desean autonomías y liderazgos, pero haciendo uso de los recursos institucionales, empoderamiento para pedir que se cumplan sus derechos, y por qué no, vivir de ello.
No hay una conclusión, es una exposición de tendencias para resistir ante las hostilidades que son frenadas por la desigualdad, el racismo y las violencias frente a los valores de la cultura propia, en cuanto a las vivencias privadas y públicas, familia y comunidad, así como posturas en la capital regional y del país, salir a la descentralización es interesante y necesario, pero requiere un posicionamiento cultural en su defensa del territorio.
En palabras del artista Mani:
“El CRIC tiene su programa de jóvenes, pero su función tiene que ver con el trabajo de las bases que están en el territorio, coordinación y dinamización para que funcionen, la música, la danza, la artesanía, ayuda a fortalecer, pero todavía es corto, porque muchos se van a los cultivos de coca, algunos salieron y nunca volvieron. El proceso de jóvenes es muy fuerte pero todavía hay mucho que caminar y reclutar, llamar a esas energías para que se ‘enamoren de lo propio’ ”.
Notas
Esta investigación se ha realizado mediante la estancia de investigación 22200/EE/23 financiada por la Fundación Séneca-Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia, España, entre mayo y agosto de 2024, https://www.fseneca.es/
1. CRIC (https://www.cric-colombia.org/portal/) es el colectivo indígena más activo de Colombia, protagonizado por indígenas en el Cauca, denominado Máxima Autoridad Tradicional. AISO (https://www.misak-colombia.org/category/autoridades-indigenas-del-sur-occidente-aiso/) se creó por una escisión del CRIC desde 2019; se produce por diferentes formas de opinar, de trabajar, de ideologizar aspectos de sus luchas e identidades como grupo (Muñoz-Sánchez, 2024).
2. 30 años de logros transformadores de nuestra licenciatura en Etnoeducación. Facebook Universidad del Cauca.
3. Sería necesario un artículo solo para explicar las disidencias de las FARC y todo lo que esto conlleva, hay que recordar que Colombia estámarcada por dos conflictos importantes que se citan en el texto: el conflicto entre liberales y conservadores desde principios del siglo XX y; el conflicto armado interno en Colombia desde 1960 y que en 2016 comienzan a ceder las diferentes fuerzas gubernamentales, militares y guerrilleros para obtener los Acuerdos de Paz. Fuente de interés: ¡Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad y Comisión de la Verdad: https://www.comisiondelaverdad.co/causas-del-conflicto-armado-interno
4. X Cátedra Afrocolombiana Rogerio Velásquez Murillo. Reivindicaciones colectivas, producción de conocimiento y la construcción de paz. 23 y 24 de mayo de 2024, Popayán, Cauca.
5. La Chiva es un autobús utilizado por los pueblos indígenas, preparado para cargar mercancías. No tiene puertas, es abierto y con mucha más capacidad que un autobús. La chiva tiene un carácter muy identitario de la población indígena del Cauca, es su forma de transporte y utilizado para las mingas. A la vez, podemos encontrarnos una chiva en cualquier lugar turísticos para fiestas, sin ningúna valoración de lo indígena, sino un utilitarismo de recreo que puede parecer como burla de la cultura indígena.
6. Grupo armado, instala punto de control ilegal en Kwet Kina, 24 julio 2024. https://www.cric-colombia.org/portal/grupo-armado-instala-ilegal-kwet-kina-cauca-cric/
7. Informativo regional AMCIC CRIC 30 de Agosto: CRIC denuncia el asesinato de Guardia Indígena https://www.cric-colombia.org/portal/informativo-regional-amcic-cric-30-de-agosto-cric-denuncia-el-asesinato-de-guardia-indigena/
8. El fogón es la cocina, el hogar, tiene todo un sentido del cuidado, de la armonización, es el centro de reunión, de identidad (Ver tesis doctoral 2024de Sabine Sinigui, Embera de la comunidad Eyábida de Frontino, 2024, aún sin publicar).
9. Las violencias en la propia comunidad o en las familias han sido razones para el alistamiento de población joven en las guerrillas, pueden documentarse en Thalía Manchola y Práxedes Muñoz (2022). 10. Te invito a mi Tierra – Lili Jiménez & John Jota: https://youtu.be/XA0fjpaY8Ao?si=5bMogODr3NZF-xDN
10. Te invito a mi Tierra – Lili Jiménez & John Jota.
https://youtu.be/XA0fjpaY8Ao?si=5bMogODr3NZF-xDN
11. Jhon Jota – Toriweed – Prod Atilaproductions & ESK: https://youtu.be/ZQ7-I0wPOUE
12. Resistencia – Jhon Jota: https://youtu.be/WC47NH5iciI
13. Queremos la Paz-Jhon Jota: https://youtu.be/BpJcHB8PMyo
14. Jhon Jota, expresándose desde el Rap. Estribillo: “Y como quieren que no fume si yo vivo aquí. Y como quieren que no lo prenda si crecí aquí. Aquí donde se siembra y se manda pa’ todo el país. Aquí donde me levanto respirando la weed” (https://revistaunidad.cric-colombia.org/jhon-jota-expresandose-desde-el-rap/).
15. WejxaKiwe. ҪxapuҪ (video clip):https://youtu.be/sGWwklLa2xY
16. ME CANSÉ Herrero – Lil 2wyn – kid boy – Aura Méndez – Lali (ROSADO VRSIÓN COLOMBIA poeta callejero) 4 de agosto de 2021: En memoria a un pueblo luchador, desesperado por ser escuchado y con el más grande deseo de que sus gritos y lamentos no sean más ignorados. El acto no esta en ser el héroe, el acto es llevar al pueblo a vivir heroicamente.
#pacifico#sos#tendencia#memoriadeunpueblo#colombia#residente;https://youtu.be/
bcen0vI7lY4?si=-xmr_9uAZ7VlzKjR
17. Popayán Verdolaga Oficial.
18. Justicia y Paz Colombia (17 de septiembre de 2020) Comunicado de autoridades indígenas sobre el juicio popular a Sebastián de Belarcázar. https://www.justiciaypazcolombia.com/comunicado-de-autoridades-indigenas-sobre-el-juicio-popular-a-sebastian-de-belarcazar/
19. Himno de la Guardia Indígena – Guardia Fuerza – Parranderos del Cauca 21 de octubre de 2020. https://www.youtube.com/watch?v=uwR6VgQ1mOE
20. “Toribío no es como lo pintan, es como lo pintamos”: Minga de Muralismo (11 de agosto de 2016). https://www.elespectador.com/colombia-20/paz-y-memoria/toribio-no-es-como-lo-pintan-
es-como-lo-pintamos-minga-de-muralismo-article/
21. “Aprendamos a escuchar a la Madre Naturaleza, a las autoridades, mayores y mayoras, para mantener la vida, el respeto, la unidad como familia y comunidad”. En memoria del Kiwe thë Rogelio Chate. Intervención en el marco de los 53 años del consejo regional indígena del cauca – Cric, casa del resguardo indigena de Pueblo Nuevo, Caldono Cauca Colombia, Resguardo indigena de Ukawe’sx Khwe’nxa Çxhab. muralismocolombia#lapazsepintaconbrochagorda#resguardoindigenadepueblonuevo
#caldonocauca#pueblonasa#thewala#Destacados#destacar.
22. Se pueden ver sus trabajos en su página de Facebook: https://www.facebook.com/p/Colectivo-de-Arte-Urbano-Vacalok-100081819211137/
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