Introducción
Pasado el primer cuarto del siglo XX, las ciencias sociales tomaron conciencia paulatina de que era preciso superar muchas de las concepciones dicotómicas sobre las sociedades humanas que se habían realizado, las cuales jugaban un importante papel a efectos teóricos. Una de estas dualidades típicas había sido la de clasificar el hábitat mediante las categorías de rural y urbano, tal como se evidencia en la sociología empírica de William Thomas y Florian Znaniecki, y muy especialmente en su magna obra The Polish Peasant in Europe and America (2018-2020), por poner un ejemplo bien conocido. Sin embargo, antes de que acabe la tercera década del siglo XX, Pitrim Sorokin y Carle Zimmerman ofrecerán una visión bien distinta en Principles of Rural-Urban Sociology (1929), que acabaría por convertirse en auténtico paradigma, de acuerdo con el cual lo rural y lo urbano no son términos duales, sino, muy al contrario, la expresión de un continuum, esto es, de una gradación que niega cualquier intento de separación radical como la que se había asumido en el pasado. Ahora bien, estos últimos aceptan que, por razones históricas, pueda hablarse de diferencias entre la sociedad rural y la urbana, hasta el extremo de que no niegan muchos de los atributos que le habían sido conferidos a una y a otra por la sociología clásica.
Aun así, el tiempo ha corrido tan deprisa que en el presente ni tan siquiera la percepción del continuum resulta por entero satisfactoria. Aquellos caracteres que condujeron a Sorokin y Zimmerman a concebir el espacio como “más rural”, y que, a grandes rasgos, eran la homogeneidad social, la menor movilidad social, el sentido de la comunidad, la intensidad de la interacción social, la baja densidad de población y el dominio de la actividad agraria, han dejado paso a una nueva percepción, que, manteniendo la de Sorokin y Zimmerman (1929) en buena medida, aboga por la complementariedad del espacio rural y el urbano. El objetivo de este artículo consiste en descubrir los escenarios más esperanzadores de un espacio rural de la cordillera Cantábrica acosado por la pérdida de efectivos demográficos desde hace tres cuartos de siglo y, al mismo tiempo, cargado de la fuerza esperanzadora que le otorgan las formas de vivir y sentir la nueva ruralidad en el presente.
1. La complementariedad de las áreas rurales y el medio urbano
Existe en la actualidad el convencimiento de que, si algo define, a título de común denominador, al medio rural y al urbano es su complementariedad. Al abandono prolongado de los espacios rurales desde hace más de un siglo, le ha seguido una atribución progresiva de funciones a este último que en el pasado no formaron parte de su caracterización. En primer lugar, la intensa urbanización que se ha producido en el transcurso del siglo XX, y el tiempo transcurrido del XXI, ha puesto al descubierto el hecho de que es imprescindible que los espacios rurales sigan cumpliendo con la necesaria función productiva, capaz de garantizar la seguridad alimentaria, y con una larga nómina de usos al servicio de la sociedad en general. Por otro lado, es evidente que la imprescindible producción agraria no sería suficiente para mantener el tejido social del medio rural con el suficiente dinamismo. Sin embargo, tampoco cabe duda de que, junto con la producción de alimentos, el medio rural ha de seguir cumpliendo con funciones que resultan insoslayables, entre las cuales están las de ser provisor de empleo, guardián del patrimonio natural y cultural, generador de símbolos decisivos en la construcción de las identidades colectivas, o artífice en la producción de energías naturales. Más aún, el medio rural cumple un papel imprescindible realizando su contribución al uso y disfrute de la naturaleza, en una sociedad impregnada de unos valores posmaterialistas que abogan por el uso y el disfrute de los espacios naturales y que hacen de los mismos sus áreas preferidas de recreo y descanso (Moyano 2008, Aguilar 2014). Los valores ligados al compromiso ecológico y al disfrute de la naturaleza ocupan en el presente un lugar muy destacado en nuestro estilo de vida (Nates y Raymond 2007). Quienes viven en el medio rural en nuestros días representan la mejor expresión de lo que se ha venido denominando con el expresivo nombre de las nuevas ruralidades (Gómez-Pellón 2015). El encuentro con el campo, unas veces de manera permanente y otras periódica, forma parte de nuestra manera de ver y sentir el mundo.
Progresivamente, la idea de la multifuncionalidad de la agricultura, que situaba en el ámbito de esta última una larga nómina de cometidos, se ha desplazado hacia la multifuncionalidad del territorio (Bianchi 2018; vid. Granvik y otros 2012). De hecho, la agricultura familiar desempeñó durante largo tiempo una gran cantidad de cometidos, entre los cuales el nuclear era el de proporcionar un soporte de vida a un pequeño grupo social y, complementariamente, proporcionar excedentes al mercado. Era así como se desarrollaban actividades que, aunque en buena parte formaban parte del principio de la sostenibilidad, llevaban aparejadas externalidades negativas, las cuales cobran especial trascendencia en los sistemas agropecuarios de tipo intensivo. Sin embargo, la explotación doméstica se trascendía a sí misma para desparramarse sobre el territorio, de modo que los miembros de la explotación se encargaban de algo tan imperativo como era el cuidado y la limpieza del territorio. En el presente, cuando la multifuncionalidad del medio rural reside con especial énfasis en el territorio, este último representa, antes que nada, una inmensa oferta de bienes públicos (Moyano 2008, Gómez Pellón 2017). El programa LEADER constituye uno de los resultados más logrados de esta multifuncionalidad del territorio, y los llamados grupos de desarrollo local la manifestación más significativa del encuentro entre los valores del territorio y la sociedad civil (Gómez Pellón 2025). La metodología LEADER logró aunar los intereses de la administración local con los de la sociedad civil en un proyecto que resultara satisfactorio para los residentes en el medio rural, consistente en llevar a cabo la gestión eficiente de los recursos endógenos que laten en el territorio.
Las áreas rurales forman parte de un territorio, dentro del cual llevan a cabo una rica interacción con los espacios urbanos (Camarero 2019). Los textos normativos de la Unión Europea vienen utilizando desde su plasmación en el Tratado de Lisboa, que entró en vigor en el año 2009, un concepto que ha resultado valioso para comprender el significado del territorio, y es el de cohesión territorial. Constituye una noción que recrece la de cohesión económica y social, que adquirió carta de naturaleza en el Tratado Constitutivo de la Comunidad Económica Europea de 1957. Realmente, la idea se materializó en el Comité de las Regiones, y su esbozo embrionario ya había sido recogido en el Tratado de Amsterdam de 1997, aunque fue necesario esperar a su cristalización en el Tratado de Lisboa. El concepto de cohesión territorial (Medeiros 2016 y 2017) trata de superar la separación entre las áreas rurales y las áreas urbanas, para reparar en la existencia de un territorio y una comunidad territorial capaz de alimentar un proyecto común y una identidad, acaso contando con las potencialidades del presupuesto participativo (Manin 1999), sin perjuicio de la existencia de una diversidad de situaciones. De este modo, cobra singular relieve la importancia de la ordenación del territorio en Europa, o, si se quiere, el hecho de repensar el espacio europeo a propósito de las políticas de desarrollo implementadas desde la Unión Europea (Lukkonen y Moilanen 2012).
2. Metodología
Un proyecto financiado con fondos estatales abrió la posibilidad a este autor, entre el año 2016 y el 2019, de realizar una investigación detallada acerca de una extensa área rural del sur de Cantabria, coincidente con la comarca de Campoo. La investigación, que no ha cesado nunca desde entonces, contó con nueva financiación, en este caso del Gobierno de Cantabria, a partir de 2022. Las entrevistas realizadas en una primera fase (2016-2019) fueron en su mayoría semiestructuradas, en número inicial de 30, distribuidas entre hombres y mujeres de diferentes edades, aunque focalizadas en distintos asuntos relacionados con el cambio social, la sostenibilidad social, las desigualdades de género y la cohesión territorial. Posteriormente, este número se incrementó en 19 entrevistas más, con idénticos criterios de distribución, y aún en los dos últimos años he tenido la oportunidad de realizar 16 entrevistas complementarias, que, en todos los casos, han sido semiestructuradas. La observación participante realizada en diferentes etapas y las numerosas conversaciones informales mantenidas con los lugareños han resultado especialmente útiles a efectos metodológicos, debido al gran rendimiento etnográfico que han generado.
Por supuesto, la etnografía visual (net-mapping), no ha faltado en ningún momento y también ha contribuido a la fijación de unidades de observación que, finalmente, han resultado decisivas, tanto en el presente texto como en otros salidos de este mismo proceso investigador. De hecho, el net mapping y las conversaciones informales han supuesto un peso significativo en algunos de los aspectos tratados en este artículo, especialmente en todo lo concerniente a las segundas residencias. También tengo que añadir que la quincena, aproximadamente, de entrevistas realizadas a personas que ostentaban representación institucional ha resultado particularmente fructífera en relación con este artículo. La información cuantitativa procede básicamente del Instituto Nacional de Estadística (INE) y del Instituto Cántabro de Estadística (ICANE), y en algunos casos concretos, como en lo relativo a la información sobre residencias principales, secundarias y vacías, he tenido en cuenta las publicaciones periódicas del Ministerio de Hacienda acerca de las viviendas existentes en la comarca y su ocupación.
3. Al sur de Cantabria
Ocupando un sector de la cordillera Cantábrica, al sur de Cantabria, se encuentra la comarca histórica de Campoo. Se trata de una comarca singular en lo geográfico, ya que en su mayor parte se halla en la vertiente meridional de la cordillera Cantábrica, ocupando los valles altos del río Ebro. Extendiéndose sobre algo más de mil kilómetros cuadrados de superficie, presenta los caracteres típicos de un espacio de montaña, de fisonomía cambiante, que conjuga las tierras montuosas y escarpadas de la cordillera con las suaves elevaciones y las planicies típicas de un paisaje de transición a la Meseta castellana. Todos los asentamientos humanos se hallan entre los 600 metros y los más de 1.100 metros, en un clima que, por las razones expuestas, está a caballo entre el atlántico y el continental. La comarca representa el 20% de la superficie de Cantabria, pero tan solo alberga al 3,5% de su población, que, en el año 2022, según los datos del INE, estaba compuesta por 17.716 habitantes. De los once municipios que componen la comarca, ocho poseen una densidad que se halla bastante por debajo de los 10 habitantes por km2, mientras uno supera esta densidad sin llegar a los 15 habitantes por km2, otro más, anexo a la capital comarcal, se halla en el entorno de los 40 habitantes por km2, y solo esta última, un diminuto municipio de cuatro kilómetros cuadrados, albergaba 8.810 habitantes en el año 2022 (frente a los 13.440 con los que contaba en 1984, en vísperas del proceso de desindustrialización), que son la mitad, por tanto, de todos los que viven en la comarca.
Reinosa, la capital comarcal, es la pequeña urbe de un vasto paisaje desolado demográficamente. La práctica totalidad de la comarca constituye la expresión de una ruralidad que podemos llamar tradicional (Camarero y otros 2009), e incluso marginal (vid. Johnson y Lichter 2019), cuyos índices nos sitúan ante lo que las organizaciones internacionales consideran ruralidad extrema. A lo largo de un siglo la comarca ha perdido efectivos demográficos sin parar, especialmente desde 1950, alimentando con ello la población de las áreas circundantes más urbanizadas, la de aquéllas que necesitaban mano de obra para ser empleada en la industria y en los servicios, empezando por la cabecera comarcal, y siguiendo, a mayor escala, por Santander y la cuenca del Besaya (Torrelavega y Los Corrales de Buelna). También los núcleos de la industrialización vizcaína succionaron con fuerza durante gran parte del siglo XX los excedentes de mano de obra que el campo de esta comarca del sur de Cantabria podía ofrecer. No es un hecho menor el protagonismo que adquirirá la comarca entre 1928 y 1947 (Gómez Pellón 2010), cuando se lleve a cabo una de las grandes obras civiles de la contemporaneidad española, como fue la del pantano del Ebro, consistente en anegar una superficie de 60 km2 y almacenar 540 millones de metros cúbicos de agua, que era el volumen de agua necesaria para irrigar todo el enorme valle que conforma este río del nordeste español, hasta su desembocadura en el mar Mediterráneo. Por su parte, Reinosa, el epicentro de la comarca de Campoo, tras una prometedora etapa preindustrial a la vera del río Ebro, se convertirá en el primer tercio del siglo XX en un referente significativo de la industria siderúrgica española y de la maquinaria eléctrica que conocerá medio siglo de esplendor. Abruptamente, a mediados de los años ochenta comenzará un acelerado proceso de desindustrialización que frustrará muchos de los cambios experimentados hasta entonces.
Podría pensarse que la incuria y el olvido de las administraciones públicas han propiciado la situación actual y, sin embargo, los hechos parecen desmentirlo en buena medida. La comarca de Campoo ha sido una de las beneficiarias en los últimos 31 años de los efectos de la iniciativa comunitaria LEADER, que, con el objetivo de promover el desarrollo rural, ha sido impulsada desde la Unión Europea (Gómez Pellón 2025). Nos estamos refiriendo a una iniciativa que trasciende la mera ayuda al desarrollo rural para adoptar una filosofía de trabajo, animada por un régimen de partenariado, cuyos objetivos se hallan orientados a la promoción económica y social del territorio a largo plazo, a partir de una progresiva valoración de su patrimonio natural y cultural. La enorme inversión económica realizada durante estas tres décadas no ha conseguido, sin embargo, un objetivo, que por cierto resulta fundamental, en esta estrategia LEADER, como es el de alcanzar la retención demográfica del territorio. Es evidente, no obstante, que la catástrofe demográfica que se continúa produciendo habría sido mucho mayor de no haberse implementado el programa LEADER, de manera persistente y continuada en esta comarca, desde 1994 hasta el presente, aunque ello no represente más que un triste consuelo para sus habitantes, que siguen contemplando el derrumbe demográfico de sus municipios (Gómez Pellón 2018b y 2018c). En los últimos años se advierte una resistencia a la emigración gracias a la existencia de pequeños mercados de trabajo, locales y extralocales, que han generado el característico commuting de los residentes más jóvenes (Gómez Pellón 2022).
4. La marca-territorio como desarrollo local
Uno de los proyectos puestos en marcha por los habitantes de la comarca en la última década ha sido el de la diversificación de la producción agraria y el intento para desarrollar una creciente industria agroalimentaria, similar a la que se ha fomentado en otros lugares (vid. Lozano y Aguilar 2020, Lurie y Anderson 2017, Aguilar 2022). Si bien no se trata de un objetivo sencillo, los resultados hasta el presente están siendo esperanzadores. El proyecto consiste en articular las condiciones naturales del territorio para la agricultura, especialmente orientada a la producción agroalimentaria, con la promoción de una ganadería sustentada en el aprovechamiento de los abundantes pastos naturales de la comarca. Campoo constituye un espacio típico de montaña, en el que los valles altos de la cordillera Cantábrica dejan paso progresivamente a las tierras meseteñas. Mientras en la parte norte de la comarca están presentes los cereales de primavera, a medida que nos desplazamos hacia el sur los cereales de invierno terminan por dominar el paisaje. Al mismo tiempo, la comarca reúne unas condiciones óptimas para el aprovechamiento de una ganadería que dispone de abundantes forrajes y que, complementariamente, cuenta con el acceso a los frescos pastos de la montaña Cantábrica.
Distintas asociaciones locales, a las que no es ajena la Asociación de Desarrollo Territorial Campoo-Los Valles, vienen alentando desde hace varios años una estrategia de desarrollo local participativo en la cual la asociación marca-territorio es uno de sus objetivos más anhelados. Se trata de que los pequeños productores atribuyan valor a producciones que pueden ser destinadas exitosamente a la comercialización. La estrategia de los sellos de calidad está contribuyendo a la diversificación productiva y a generar modos de vida que complementan a los tradicionales, o que suponen una alternativa a estos últimos. Aprovechando la vieja tradición local, un tanto marginal, un bien muy apreciado en el contexto doméstico ha sido convertido en un producto que aúna la Denominación de Origen Protegida con el nombre de la comarca. De este modo, la miel, el edulcorante más tradicional de la vida campesina, incluso tras la introducción del azúcar de caña y del de remolacha, se ha convertido en un producto certificado con la denominación de DOP Miel de Campoo-Los Valles. Se han aprovechado así las características de un producto alimenticio local, producido con técnicas autóctonas y con materias primas del territorio, para activar una promoción que está generando réditos importantes, análogos a los de otras áreas rurales de montaña (vid. Bianchi 2011). En este caso, es un producto con la marca del territorio, debido a las genuinas condiciones de producción, y gracias a la concurrencia de la materia prima, la producción, la transformación y la elaboración, cumpliendo de este modo con la regulación de la Unión Europea a propósito de las llamadas calidades diferenciadas.
La DOP Miel de Campoo-Los Valles, que alcanza a los once municipios de la comarca, se concreta en un producto alimenticio, propio de las abejas melíferas de la comarca, que es el resultado que estas últimas hacen de las partes vivas de las plantas de los ecosistemas comarcales. Se obtiene así una miel que se produce, se transforma y se madura en los paneles de las colmenas de Campoo-Los Valles. Es una miel que es producto de aprovechamientos de la flora autóctona, que da lugar, al menos, a dos variedades, que son la de la miel monofloral de brezo y la miel de mielada, procedente del mielato del roble y de otras plantas. La varroa de los años ochenta del siglo XX, provocada por un ácaro, supuso el declive sistemático de la práctica de la producción melífera, de suerte que ésta quedó en manos de un reducido número de productores locales que lograron conservar la elaboración artesana de la miel. La DOP Miel de Campo-Los Valles, queobtuvo su certificación en el año 2012, constituye una de las expresiones más evidentes de la asociación de marca y territorio, y desde entonces ha alcanzado cotas muy apreciables de comercialización. Además de fortalecer la producción de los pequeños productores (vid. Gómez Pellón 2024), genera un sentimiento identitario muy profundo. En lo económico, procura una actividad, que es también fuente de empleo, mientras que en lo social crea sentimiento de comunidad al asociar el modo de vida con el nombre de la comarca. Más aún, la actividad permite conservar un patrimonio inmaterial, preservar la sostenibilidad ambiental, promover modos de producción y generar una cohesión interna entre los habitantes de la comarca. Aparte, la DOP contribuye a la retención de población. La DOP es la encargada de esparcir el nombre de la comarca por otras comarcas y por el área de distribución del producto en general.
El hecho de que sea una Denominación de Origen Protegida supone que el producto que se comercializa posee unas características que se hallan indefectiblemente unidas al entorno, “con sus factores naturales y humanos”, puesto que sin estos no sería posible la denominación y el reconocimiento. Por otro lado, la obligación que impone la categoría DOP implica que todas las fases del proceso se realizan en la comarca, agrandando con ello la repercusión económica. Sobre la producción de esta DOP nos ilustra el hecho de la existencia de una Asociación de Productores Campurrianos de Miel, cuyos socios están en posesión de más de tres millares de colmenas, las cuales producen por encima de los 40.000 kilogramos de miel anualmente. No en vano, la actividad histórica de los apicultores artesanos españoles ha sido reconocida en este mismo año de 2025 como manifestación representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial (Real Decreto 199/2025, de 11 de marzo).
Ahora bien, la conquista de la DOP Miel de Campoo-Los Valles no es la única marca de calidad de Campoo. Recientemente, desde 2024, la comarca cuenta con una Indicación Geográfica Protegida Patata de Valderredible, relativa a la producción de este tubérculo en el municipio de Valderredible, que es uno de los que componen la comarca y el más extenso. La patata se introdujo muy tardíamente en el norte de España, lo cual explica que las noticias más antiguas de las patatas en el municipio de Valderedible, ribereño del río Ebro como se desprende de su toponimia, sean de 1820, si bien se tiene constancia de su introducción en la comarca a finales del siglo XVIII, cuando se empiezan a cultivar en todo el norte de España. El crecimiento demográfico que experimentó la zona en el siglo XIX convirtió el cultivo indiano en un recurso muy apreciado, destacando muy pronto por la calidad. No obstante, mientras a lo largo del siglo XX el municipio conoció un retroceso demográfico inclemente, la patata constituyó un cultivo de resistencia de los lugareños, espoleado por su creciente comercialización, que ha alcanzado sus cotas más altas en el siglo XXI. Algunos emprendedores locales han hecho de esta producción endógena de patatas vallucas (de los valles campurrianos) un modo de vida, gracias a sus excelentes rendimientos y al atractivo que representa para los mercados este tubérculo que se comercializa sin lavado previo.
A diferencia de la DOP, la IGP revela la existencia de un producto que posee alguna cualidad o que está en posesión de un prestigio atribuible al área de producción, a lo que se une que su producción, transformación o elaboración se lleva a cabo en una zona perfectamente delimitada de la cual toma el nombre la IGP. De lo dicho, se desprende la importancia que para la comarca tiene está IGP, que se une a la DOP precedente, determinando dos certificaciones de calidad que han sido reconocidas en los últimos años. Para un municipio como el de Valderredible, que ha perdido el 88% de su población desde comienzos del siglo XX, la IGP Patata de Valderredible constituye un estímulo insoslayable para los residentes locales, y un reto para quienes quieren hacer de la agricultura un modo de vida frente a la emigración. Los generosos rendimientos, que alcanzan los 30.000 kg. por hectárea de regadío, y que suponen 2,5 millones de kgs. en el municipio, constituyen un aliciente más.
En general, las iniciativas que se han producido en la comarca de Indicaciones Geográficas, en cuanto asociación de marca y territorio, revelan el importante movimiento que se está generando en el seno de este espacio comarcal denominado Campoo, precisamente en el momento histórico en el que la despoblación es mayor, pero también cuando la resistencia a la emigración es, asimismo, más acusada, lo cual ha sido percibido como una constante en muchas áreas del medio rural europeo (vid. Knickel, 2018). El hecho de que, en el contexto de las IGs, exista una DOP y una IGP muestra una actividad conjunta de los operadores de la administración local que actúan en el área, pero también de la sociedad civil organizada, dispuesta a resistir desesperadamente ante una preocupante e insistente pérdida de recursos humanos (vid. Delgado 2019). Para que estas iniciativas se hayan abierto paso ha sido necesaria una planificación, en la que han intervenido los ayuntamientos, las entidades menores de población, las mancomunidades que articulan los municipios de la comarca y, muy especialmente, el grupo de acción local del programa Leader Campoo-Los Valles, como canalizador del desarrollo rural en esta parte de Cantabria. También ha resultado imprescindible que las agrupaciones locales de productores, contando con el amparo del movimiento asociacionista que existe en la comarca, hayan logrado asumir los requisitos exigidos en el territorio de la Unión Europea, a los efectos de formalización registral de las correspondientes marcas, para alcanzar el objetivo de dotar a la producción local de un doble significado, esto es, el socioeconómico y el identitario.
5. La importancia del turismo de retorno
La resistencia de esta comarca de Campoo-Los Valles del sur de Cantabria al despoblamiento se manifiesta no solo en la importancia de la denominada marca-territorio, sino en otras estrategias de acusado alcance. Estamos ante el caso de una comarca del interior en la cual la sangría emigratoria ha sido de una desmesurada intensidad. La inauguración del tren de la Robla que unía esta localidad leonesa con la capital vizcaína en 1894, tratando de acercar los recursos carboníferos de la provincia de León a la naciente industrialización Vascongada, había creado una vía que, atravesando las provincias de León, Palencia, Cantabria, Burgos y Vizcaya, se convirtió también en un poderoso canal de emigración. Sin embargo, y curiosamente, desde muy pronto este ferrocarril se convirtió en un eficaz medio de transporte de viajeros que, a la inversa, desde Bilbao, se dirigían a las Merindades burgalesas, buscando el ocio y el descanso, en algunas épocas del año. Pero, más aún, en relación con el presente trabajo, en los últimos años veinte y en los primeros treinta también lo fue de un incipiente turismo de retorno que, por razón de su nostalgia y en aras de una acusada identidad, elegía el período estival para realizar un breve retorno a la tierra de origen, aunque fuera para compartir la casa familiar durante unos pocos días. A partir de los años sesenta del siglo XX el automóvil complementaría este concurrido trasvase estacional de turistas, precisamente coincidiendo con los años de mayor emigración, como fueron los de las dos décadas que siguieron a 1950.
Progresivamente, la segunda residencia en la comarca de Campoo llegará a adquirir unas dimensiones que son inesperadas para un espacio interior de montaña, pero que solo se comprenden a partir del éxodo que simultáneamente se estaba produciendo. La segunda residencia es una modalidad de alojamiento turístico privado, reconocida como tal por la Organización Mundial de Turismo. Es lo que se denomina también con otros nombres como turismo familiar o de estancia, por cuanto alude a la permanencia prolongada del colectivo familiar, frente al turismo itinerante. El nombre más técnico es el de residencia secundaria, que, por lo regular, remite a una residencia temporal y no usual. Sin embargo, en España es muy frecuente que por segunda residencia se entienda, precisamente, no una residencia que se alterna con la principal, sino una residencia de vacaciones (vid. García y otros 2008). Además, es un tipo de residencia habitual en nuestro país, aunque más asociado al turismo en las áreas litorales. En el caso que nos ocupa, estamos hablando de una residencia nostálgica, o más técnicamente de retorno, debido a que sus usuarios son antiguos moradores del lugar o descendientes de estos últimos. Este turismo, cuando está referido a áreas interiores, constituye un fenómeno insuficientemente conocido, sobre todo debido a la frecuente ausencia de fuentes (vid. Gannon 2009, Capdepón 2023).
En efecto, el fenómeno de la segunda residencia puede ser invisible en alguna medida. Desde el año 2001 el INE incluye entre sus mediciones una estadística de población vinculada, esto es, compuesta por el conjunto de personas que tienen algún tipo de vinculación con un municipio determinado, debido a su residencia, a su trabajo, a sus estudios o a sus estancias periódicas en el mismo a lo largo del año. En consecuencia, dentro de la población vinculada distinguimos entre población vinculada residente y población vinculada no residente. Esto significa que la población vinculada no alude únicamente a la población que estamos llamando de segunda residencia, sino a una serie de categorías de personas, entre las cuales nos interesa un tipo de visitante que, no teniendo la residencia habitual en el municipio, pasa algún período del año en su segunda residencia establecida en este último municipio. La administración sitúa en esta categoría a aquéllos que pernoctan, al menos, 14 noches al año. Evidentemente, puede haber usuarios de una segunda residencia que pernocten menos noches y que resulten estadísticamente invisibles. Hay otro problema añadido que nos impide conocer el número exacto de las segundas residencias, y es que solo hay información estadística del INE para los municipios de más de 10.000 habitantes.
Ahora bien, en el caso de los municipios de más de 2.000 habitantes (INE, Censo 2021 de Viviendas por municipio, según tipo de ocupación), contamos con información de segundas residencias. La comarca de Campoo solo acoge dos municipios que superen esta magnitud, que son el de Reinosa (8.810 habitantes en 2021) y el de Campoo de Enmedio (3.692 en el mismo año). La información del primero nos permite determinar que el municipio de Reinosa contaba con 614 viviendas secundarias, que equivalían al 10,8% de las viviendas totales. Por su parte, el de Campoo de Enmedio acogía 498 viviendas secundarias, que corresponden al 23,55% de las viviendas totales. Estos datos nos permiten confirmar la evidencia más generalizada, que consiste en que, con mucha frecuencia, el porcentaje de segundas residencias es proporcionalmente mayor en los municipios de pequeño tamaño.
Un cálculo aproximado, realizado a partir del trabajo de campo de 2024, nos lleva a pensar que, en los 9 municipios restantes de la comarca, con poblaciones entre los 1.616 habitantes de la Hermandad de Campoo de Suso y los 70 del municipio de Pesquera, la suma rondará las 920 segundas residencias, que sumadas a las anteriores ofrece un resultado de 2.032 segundas residencias, de las cuales alrededor del 65% (1.320) estarían en uso en el presente. El cálculo evidencia que, proporcionalmente, el número mayor de segundas residencias corresponde a aquellos municipios que han perdido un porcentaje mayor de su población desde mediados del siglo pasado. Este sería el caso de Valderredible, el municipio que cobijaba 6.092 habitantes en 1950 y en 2024 tan solo acoge a 931. Una emigración tan masiva ha generado una singular red de segundas viviendas, principalmente desde la segunda mitad de los años setenta.
Hay otra fuente de información sobre las segundas residencias que abonaría la bondad de nuestro cómputo, que es la estimación de población máxima estacional que proporciona el Ministerio de Hacienda. El inconveniente reside en que no es una información actualizada, puesto que la última que hemos podido manejar es la referente a 2015 y en que el parámetro es estimado. De acuerdo con la población máxima estacional, los municipios de la comarca de Campoo-Los Valles estarían entre parámetros que multiplican por 4,5 la población ordinaria, como sería el caso de Valderredible, y los que solo la multiplican por 1,03 (caso de Las Rozas de Valdearroyo). Ambos son extremos y excepcionales, porque lo más común es que la multiplique por magnitudes que están entre el entorno del doble y el del triple de la población que, en períodos temporales muy concretos, alcanzan estos municipios. De este modo, tenemos información de la totalidad de los municipios, aunque las magnitudes no nos permitan discernir qué parte de los visitantes utilizan la segunda residencia, sino tan solo aproximarnos al hecho de la importancia que tiene el fenómeno de los visitantes en esta comarca interior, entre los que estarán los usuarios de la segunda residencia. Pero, sobre todo, nos está indicando que, frente al declive demográfico, hay otros indicadores que muestran la intensa actividad socioeconómica que esconden estos espacios rurales.
Se ha dicho más atrás que en la comarca puede haber dos millares de segundas residencias, entre las que no se computan las vacías. Sin embargo, el uso de las segundas residencias, de acuerdo con nuestras observaciones de campo, es muy variable, y oscila entre las breves estancias de determinados fines de semana y los períodos de varios meses. En general, los emigrantes de primera generación son los que más usan la segunda residencia, pero hemos hallado casos de tercera generación en los que se mantiene el nexo con el lugar de origen de la emigración. En estos casos, y dado que el vínculo es también nostálgico, podríamos seguir hablando de residencias de retorno romántico. Existen casos en los que la segunda residencia es espacio de refugio temporal, especialmente por razones de desempleo, aun tratándose de los descendientes de los emigrantes de primera generación. Y no solo eso, sino que hay residencias que, incluso, vuelven a convertirse en primeras residencias al cabo del tiempo, debido a que el retornado inicia un nuevo proyecto de vida.
6. Una inmensa oferta de bienes del patrimonio natural y cultural
La comarca de Campoo, a pesar del retroceso demográfico que experimenta desde mediados del siglo XX, ha mantenido un nexo indisoluble con el medio urbano que ha sido causa de la singular construcción del territorio que acontece en estos casos (vid. Capdepón 2023). La oferta de bienes naturales y culturales que realiza el medio rural al medio urbano constituye la clave que nos permite comprender este papel (Moyano 2008, Granvik 2012). Tierra de promisión para el visitante, es una comarca atravesada por la cordillera Cantábrica, de manera que mientras la franja septentrional comparte un clima oceánico típico, la franja meridional presenta muchos de los rasgos del clima continental, con claras influencias mediterráneas. La sierra del Cordel, que une las comarcas de Saja-Nansa y la de Campoo, culmina en el Pico Tres Mares (2.175 m.), al norte de la comarca campurriana, auténtica divisoria de aguas entre el Cantábrico, el Atlántico y el Mediterráneo, gracias a los tres ríos que nacen a los pies de esta sierra: el Nansa, el Pisuerga y el Ebro. Todavía en la comarca campurriana, la sierra del Cordel tiene su continuidad en la sierra de Híjar que corona en Peña Labra (2.029 m.). Entre los valles cantábricos y los páramos castellanos, entre los valles ondulados y las planicies, se hallan estas tierras de inviernos fríos, pero también de veranos calurosos cuando llega la canícula. La orografía, el clima y los suelos han dado lugar a un paisaje de bellos robledales en las tierras nórdicas de la comarca, que se alternan con los hayedos y fresnedales de la umbría, y, por otro lado, al paisaje mediterráneo característico del sur de la comarca, compuesto por manchas de encinares y carrascales. En el medio, entre un paisaje y otro, los sempiternos rebollares entreverados con quejigales y otras formaciones análogas. Campoo constituye una de las manifestaciones más elocuentes de un espacio transitivo entre la cordillera Cantábrica y las tierras de la Meseta.
Esta configuración orográfica explica el atractivo de la comarca para los visitantes, cuyo flujo explica los movimientos urbano-rurales que se producen en dirección a la comarca de Campoo. El contacto con el medio natural constituye la motivación principal que mueve al turista al encuentro con los espacios que le ofrece el medio rural. En la Hermandad de Campoo de Suso, en las laderas menos escarpadas del Pico Tres Mares, se encuentras las pistas de esquí de Alto Campoo, compuestas por una veintena larga de kilómetros de espacio esquiable, por encima de los 1.600 metros de altitud, en un paisaje de pastos de montaña que se alternan con grandes extensiones de piornos y brezos. Las pistas de esquí de Brañavieja, pero también la Fuentona donde nace el Ebro, los robledales del Monte Hijedo, el pantano del Ebro y otros lugares se han convertido en espacios que suscitan la atracción de los visitantes, siempre que las condiciones lo permiten, con objeto de practicar deportes de montaña, acuáticos y de todo tipo, pero también con el propósito de disfrutar del paisaje o de practicar la recolecta de plantas silvestres (Gómez Pellón 2018a). A menudo son prácticas que, aunque pueden estar ligadas al uso de la segunda residencia, los usuarios son mayormente excursionistas, que unas veces requieren una pernoctación breve en los establecimientos de la comarca y, en otras ocasiones, reducen la estancia al encuentro gozoso con el medio natural, sin necesidad de hospedaje. Se trata de una oferta natural, que es sostenible en términos generales y que insufla vida a la comarca, gracias a la riqueza de valores paisajísticos y ambientales que se hallan a disposición de los usuarios.
Campoo representa a las claras el caso de un área montañosa cantábrica, despoblada y envejecida, que, sin embargo, y contradictoriamente, posee una extraordinaria vitalidad por razones de su atractivo natural y cultural. En el transcurso del año, especialmente cuando llegan los fines de semana, el área recibe numerosos visitantes dispuestos a disfrutar de la atractiva oferta de esta comarca interior de Cantabria. Varias figuras de especial protección ambiental recaen sobre algunos de sus espacios naturales más valiosos, como la sierra del Cordel, la sierra de Híjar, el embalse del Ebro, el singular paisaje de las hoces del mismo río Ebro, y el río Camesa, único de los de Cantabria que desagua en el Duero. Todos ellos son Espacios Naturales Protegidos, que se hallan integrados en la Red Natura 2000, y que, además, se hallan reconocidos como ZEC (Zonas de Especial Protección) y ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves). La Red Natura 2000 responde a una iniciativa de la Unión Europea, cuyo objeto es la protección de la biodiversidad, que ha dado lugar a sucesivas directivas contenidas traspuestas a nuestro derecho en la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y la Biodiversidad. La sierra del Cordel y la sierra de Híjar constituyen algunas de las mejores muestras de los ecosistemas de la cordillera Cantábrica, gracias a la alternancia que se produce en los mismos de los bosques caducifolios y las superficies de pastizales subalpinos, de suerte que, además, es área privilegiada de fauna salvaje, compuesta por osos, cérvidos, liebres y una rica avifauna. Una naturaleza tan generosa en las distintas estaciones halla su complemento idóneo en el senderismo que se despliega por el espacio comarcano, gracias a las llamadas Rutas Naturea Cantabria ENP, esto es, en rutas señalizadas y autoguiadas, acomodadas a los diferentes Espacios Naturales Protegidos, en las que el visitante puede explorar individualmente toda la riqueza natural que le ofrecen sus paisajes.
Los valores naturales de esta comarca alimentan un turismo permanente de fervientes usuarios, que ha crecido sin parar en el transcurso de los años, y que coinciden o se solapan con otros que acuden a esta comarca atraídos por los valores del patrimonio cultural, complemento insoslayable del patrimonio natural de Campoo. El territorio campurriano guarda un importante patrimonio prehistórico, del cual forman parte varias representaciones megalíticas, como los menhires de Valdeolea, el crómlech de La Corona en La Población de Campoo de Suso, el conjunto megalítico de la Sierra de Híjar, en Campoo de Suso, el yacimiento de Monte Ornedo relacionado con la Edad del Hierro y otros yacimientos y lugares de la prehistoria. También cuenta con un abundante patrimonio relacionado con la época prerromana en estas tierras y con los escenarios de la misma: el campamento de Monte Cildá, Monte Bernornio, Celada-Marlantes y otros. El asentamiento romano de mayor importancia ha sido identificado con Iuliobriga, fundada en el altiplano campurriano de Retortillo (Campoo de Enmedio), a 917 metros sobre el nivel del mar, a instancia del emperador Augusto, a cargo de la Legio IV Macedonica hacia el año 15 a. C., como estrategia de dominio y romanización del área, en un punto intermedio de la vía que unía el área costera con la Meseta. De hecho, aún se conserva un importante tramo de esta calzada romana que unía el Portus Blendium con Pisoraca (Herrera de Pisuerga), parte de la cual está en el norte de la comarca de Campoo. Todos ellos son lugares de fácil acceso para el excursionista, que puede acceder al uso y disfrute de tan abundantes bienes culturales.
La comarca conserva un valioso patrimonio referido al cristianismo erimítico de los primeros siglos medievales, de un extraordinario valor histórico, que alcanza sus manifestaciones más relevantes en el sur de la comarca, en áreas de frontera con la Meseta, como el municipio de Valderredible. Los conjuntos erimíticos de El Cuevatón y de El Tobazo, consagrados respectivamente a San Andrés y Santa María, constituyen ejemplos de la simbiosis entre la naturaleza y la cultura. Aprovechando las cavidades de las rocas, se levantaron auténticos complejos rupestres en tiempos altomedievales, que se convirtieron en espacio de las prácticas religiosas de las pequeñas comunidades cristianas, deseosas de compartir una fe. El roquedo y las cercanas corrientes de agua hicieron de estas cavidades lugares de morada, que, en algunos de estos conjuntos rupestres, pudieron serlo también de cenobios primitivos. Toda la comarca está sembrada, complementariamente, de un potentísimo arte románico rural, que ha dado lugar a un gran número de templos, que, en su mayoría, son de los siglos XII y XII, aunque a menudo con orígenes previos. Algunas de estas iglesias gozan de la consideración de bienes de interés cultural. Sin embargo, hay manifestaciones que merecen mención aparte por el hecho de representar las cotas más altas del románico, y son estas las de la Colegiata de San Pedro de Cervatos, en Campoo de Enmedio, y la Colegiata de San Martín de Elines en Valderredible. Ambos templos representan auténticas cumbres del románico rural, y, de ello resulta bien indicativo el hecho de que fueran elevados a la consideración de Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1895 en el caso de la Colegiata de Cervatos, antes que ningún otro en Cantabria, y de Bien de Interés Cultural en 1931 en el caso de San Martín de Elines.
Por otro lado, Campoo posee un admirable patrimonio histórico civil, que incluye las torres-fortaleza que florecieron en los tiempos medievales, como la torre de Proaño (Campoo de Yuso), la torre de los Bustamante de Valdeolea (Campoo de Yuso), que en ambos casos forman parte de la nómina de bienes de interés cultural de la comunidad, o la torre de San Martín de Hoyos (Valdeolea). También forman parte de este patrimonio cultural distintas casonas, así como una notable arquitectura tradicional que han sobrevivido al tiempo, dotada de una singular personalidad, a pesar de que en la actualidad muchas de estas construcciones yazcan abandonadas. Integra, asimismo, este patrimonio un gran número de puentes que han vadeado históricamente los ríos de la comarca, testigos mudos del trasiego de personas y mercancías, especialmente a partir de 1765, cuando se liberalice el comercio trasatlántico con América y Santander se convierta en el puerto de Castilla por excelencia.
El magno atractivo que genera este patrimonio histórico tiene su reflejo en la destacada red de museos y centros de interpretación que se ha creado en Campoo. Esta red ha sido el resultado de la atención que se viene prestando al patrimonio histórico desde hace más de un siglo, y al patrimonio natural en las últimas décadas. Esta red de museos tiene uno de sus referentes en el Museo Domus Romana de Retortillo (Campoo de Enmedio), donde se exhiben algunos de los objetos más valiosos hallados en el transcurso de las excavaciones realizadas hasta el presente en Iuliobriga. Más aún, Campoo cuenta con un Centro de Visitantes del Embalse del Ebro, en Corconte (Campoo de Yuso), donde se pueden conocer los avatares que acompañaron a la creación del pantano y sus consecuencias, tanto satisfactorias como negativas; un Centro de Vistantes del río Ebro en Fontibre (Campoo de Suso), donde se explica la importancia histórica de este río en la Península Ibérica; un Centro de Visitantes del Monte Hijedoen Riopanero (Valderredible), en el que se explica la riqueza de la masa arbórea del área y los hábitats que la integran; un Centro de Interpretación en Valdeolea sobre el contexto natural y cultural del valle; un Centro de Intepretación del Románico en Villacantid sobre la historia y los valores del románico campurriano; un Centro de Visitantes del Camino de la Harinaen Pesquera, sobre el papel histórico de los cereales castellanos, su conversión en harina en los ingenios hidráulicos y su trasiego camino de la costa; un Centro de Interpretación del Ferrocarril de La Robla en Mataporquera (Valdeolea), mostrando el significado histórico del ferrocarril de vía estrecha con el trazado más largo de Europa durante la industrialización; y otras muestras más de esta notoria red expositiva.
7. Capital social e identidad colectiva
Una de las maneras que han hallado los habitantes de Campoo para generar la participación ciudadana en la vida de sus municipios ha sido la práctica del asociacionismo, producto de su extraordinario capital social en el sentido que le fue atribuido al concepto por Bourdieu (2006). Sus municipios poseen una singular tasa de asociacionismo, hasta el punto de contarse el número de asociaciones por decenas, incluso en un solo municipio. En Campoo de Enmedio, el segundo municipio más poblado de la comarca, con sus 3.692 habitantes en 2021, existen veintiséis asociaciones con los más diversos fines: culturales, agroganaderos, vecinales, de caza, recreativos y de todo tipo. Un número análogo existe en Reinosa, la capital comarcal, con fines similares a los anteriores, incluidos asimismo los deportivos, los excursionistas, los literarios, los de amigos de la Naturaleza, etc. Pero en los municipios más pequeños esta actividad asociativa es, igualmente, extraordinaria, y no faltan las musicales, las micológicas, las ornitológicas, las gastronómicas, etc.
En el seno del tejido asociativo de la comarca adquieren una especial relevancia las asociaciones corales, en su modalidad de ronda, debido a que el canto tradicional constituye una de las señas de la identidad comarcal. Las fiestas patronales se acompañan con mucha frecuencia de la actuación de estas rondas cantando a capela, y sobre todo coincidiendo con los concursos de ronda que se organizan periódicamente, particularmente en dos momentos del año: la noche de marzas, que es la última del mes de febrero, de extraordinario arraigo en la comarca, y el día de Campoo que tiene lugar el último domingo del mes de septiembre. Esta última es una de las fechas señaladas de la identidad comarcal, en la que tienen lugar todo tipo de manifestaciones que remiten a leyendas de origen y a una supuesta vida arcádica de la comarca, y en la que tampoco faltan las expresiones musicales que se hallan unidas a la percusión de la pandereta y a un instrumento de cuerda, muy unido a la vida de la comarca, que es el rabel. Curiosamente, sin embargo, existen asociaciones vinculadas a la sociedad moderna, y concretamente a una de las innovaciones introducidas en la vida comarcal en el siglo XIX, que es el tren. El tren creó mano de obra y una sucesión de generaciones, a veces en forma de sagas familiares, vinculadas al ferrocarril. Uno de los municipios más vinculados al ferrocarril fue el de Valdeolea, debido al hecho de que era parada obligada del tren que desde La Robla leonesa llegaba hasta Bilbao, pero también lo era la del tren que unía Castilla con Santander. Fueron los trabajadores del primero de estos itinerarios, del de La Robla, principalmente fogoneros, maquinistas, guardafrenos y otros ferroviarios los que popularizaron la llamada olla ferroviaria, resultado de cocer las patatas, las legumbres y la carne aprovechando el vapor de la máquina en la parada de Mataporquera, capital de Valdeolea. En el transcurso del tiempo la llamada olla ferroviaria fue evolucionando, pero, al mismo tiempo, pasó a convertirse en un plato inseparable de la oferta gastronómica de Campoo, que, complementariamente, y aunque pertenezca a la modernidad que representó el tren, se ha incorporado a la identidad local, dando vida una asociación que fomenta su consumo y que atrae a personas de otros lugares.
Este vigoroso tejido asociativo se convierte en un instrumento vital en la sostenibilidad social de la comarca, pero también constituye un aspecto fundamental de la cohesión territorial de la misma. Ello sucede porque estas asociaciones no se circunscriben generalmente a la localidad donde se ubican, sino que, muy al contrario, despiertan una gran atracción en otros lugares de la comarca, y, con mucha frecuencia de fuera de la comarca, y aún de Cantabria, extendiendo sus tentáculos por el norte de la vecina región de Castilla y León. Más aún, una parte importante de las mismas se halla integrada en movimientos nacionales, y a veces internacionales. Esto es lo que sucede con algunas asociaciones de mujeres rurales, deportivas, ecológicas, excursionistas, ganaderas, agrarias, etc. La mayor parte de ellas celebran reuniones anuales, encuentros y actividades de diverso tipo que son selladas con actos de comensalidad que, además, entrañan reciprocidad, garantizando con ello su poder cohesivo, tanto intracomarcal como extracomarcal.
Se acaba de decir que muchas de estas asociaciones integran a miembros que ni siquiera son residentes en la comarca. Sin embargo, entre estos últimos hay algunos que poseen un nexo especial con la comarca. Se trata de personas que nacieron en la misma y que, posteriormente, emigraron a áreas urbanas, como Reinosa, y sobre todo Torrelavega, Santander y Bilbao. Pero tantas o más que estas personas son las descendientes de los que emigraron en las generaciones anteriores. Pues bien, sean emigrantes recientes o descendientes de las sucesivas generaciones de emigrantes, con alguna frecuencia han renunciado a romper su relación con Campoo, y han optado por mantener la casa familiar o por crear una nueva como segunda residencia. En todo el espacio rural de la comarca la segunda residencia es un fenómeno de suma importancia como se ha visto. Constituye la expresión de una notable movilidad estacional, de carácter urbano-rural, que permite el mantenimiento de un compromiso sustancial con la sostenibilidad de la comarca, y con el fundamento de la cohesión territorial, que tiende a hacerse muy intenso cuando la persona llega a la edad de la jubilación y pasa largas temporadas en su segunda residencia rural. Estas personas, a su vez, tienen hijos y nietos, que se convierte en nexos de la relación entre la ciudad y el mundo rural de Campoo, que, a menudo son vectores de la transmisión de tradiciones y de costumbres, y, en suma, del sostenimiento de la cultura local.
Cabe preguntarse si con estas premisas, esta comarca sureña de Cantabria posee algo parecido a un imaginario cultural. Pues bien, como cabía esperar, las imágenes que alimentan la identidad colectiva de Campoo nunca han sido las de la industrialización, sino las de la ruralidad tradicional. En el caso de Campoo, los escritores locales elaboraron en la segunda mitad del siglo XIX diacríticos exitosos acerca de la vida tradicional de los valles de Campoo, los cuales estaban empezando a sufrir el acoso de la modernización industrial. Esta última constituye el estímulo que hace posible la construcción de un imaginario colectivo sustentado en el trabajo sacrificado de los comarcanos, tomando como referencia el Campoo nuclear, es decir, el área inmediata a Reinosa, que es justamente la que vivió, desde muy pronto, el choque brutal entre la tradición y la modernidad. En esa literatura se resaltan los valores de la vida colectiva, propios de la solidaridad mecánica durkheimniana, el amor a la naturaleza, la religiosidad popular, el frío del invierno, los viajes al mercado de la villa, y, en suma, las imágenes de una vida arcádica, adoptándose como estampa ilustrativa de la superación y del esfuerzo la de los carreteros locales, que dieron fama a la comarca con su tenacidad y su abnegación. La arriería es elevada a la categoría de metáfora del trabajo denodado de los comarcanos, y también de la lenta agonía del carro ante un tren, que, atravesando la comarca, arrasaba la vida tradicional y los sueños de los lugareños. En el presente, cada año, cuando llegan las fiestas de San Mateo, en el mes de septiembre, se produce la gran fiesta de la identidad campurriana, que desde mediados del siglo XX tiene el nombre de día de Campoo, como remate de las fiestas, en el que se recuerdan las ferias de ganado de San Mateo,cuando todos los comarcanos se desplazaban a la villa de Reinosa. Precisamente, uno de los actos más valorados de la fiesta, y el más emotivo, que despierta el entusiasmo de los asistentes, es el desfile de carros del país conducidos por paisanos ataviados con los trajes de época, debido a su capacidad para idealizar el tiempo mítico de la tradición y para exacerbar el imaginario colectivo.
Pero no es la única forma que tienen los habitantes de Campoo de crear la ilusión de la identidad colectiva. Se trata de un intento de cohesionar territorial e internamente a la comarca, atando todas las pequeñas, pero poderosas, identidades locales que se despliegan sobre su territorio. Desde 1880, los alcaldes de todos los municipios de la comarca, tratando de proporcionar la mayor cohesión posible al territorio comarcal y de reforzar la identidad colectiva, decidieron elevar a la condición de icono identitario la imagen de la Virgen de Montesclaros, vinculada al santuario del mismo nombre, en el municipio de Valdeprado del Río, elevándola por encima del resto de las devociones locales de la comarca: la Virgen de las Nieves en Campoo de Yuso, la Virgen de Labra en la Hermandad de Campoo de Suso y la Virgen de la Velilla en Valderredible, cada una de ellas dotada de una potente tradición local. Para ello, y tratando de hallar una representación identitaria de la comarca entera, por acuerdo de los alcaldes de la Merindad de Campoo se convierte a la Orden de Predicadores de los Dominicos en la guardiana del santuario de Montesclaros, considerando los derechos históricos de la orden, que había sido exclaustrada en 1844, en medio de los vaivenes políticos del siglo XIX. A partir de esta emotiva decisión se articulará una curiosa estrategia festiva e identitaria que ha resultado eficaz en el correr del tiempo.
Desde el momento de la reocupación del santuario, los frailes dominicos se comprometieron a pagar la renta simbólica de una peseta por la reocupación del vetusto santuario, adquiriendo la orden, complementariamente, la obligación de predicar gratuitamente el denominado Sermón de la Peseta con motivo del día de la Inmaculada en la iglesia de San Sebastián de Reinosa, en presencia de los once alcaldes, autoridades y público en general de la comarca, tras lo cual el prior del santuario hacía solemne entrega de la peseta en el salón de plenos del ayuntamiento de Reinosa, tal como sigue sucediendo en el presente, tras haber quedado fijada la equivalencia de la transacción en un céntimo de euro. Esta fiesta identitaria da lugar a otra más, que es la llamada Fiesta de los Procuradores, celebrada el segundo domingo de septiembre, cuando los once alcaldes acuden al santuario para homenajear a la patrona en nombre de toda la comarca y agradecer a los dominicos su labor de guardianes del santuario. Además, el último domingo de mayo se celebra la Fiesta de la Rosa en el santuario, que es la gran fiesta de la Virgen de Montesclaros, patrona de la Merindad de Campoo, que incluye celebración solemne, procesión de la Virgen, bendición de rosas, bailes y danzas locales, y comida campestre, con todo el boato propio del gran día festivo de la comarca. Las tres fiestas, instituidas alrededor del santuario de Montesclaros con el afán de trascender las fragmentadas identidades locales de escala menor, constituyen hoy otros tantos vectores de la identidad de la comarca de Campoo.
Conclusión
Este texto muestra el caso arquetípico en España de una comarca montañosa, en una situación demográficamente regresiva. Es una comarca de la cordillera Cantábrica, cuyo territorio alberga un gran escenario geográfico, compuesto por más de un millar de kilómetros cuadrados. Tras un siglo inclemente de pérdida de efectivos humanos, especialmente desde mediados del siglo XX, la comarca acoge en la actualidad una población profundamente envejecida y masculinizada, incapaz de revertir un saldo vegetativo que es negativo desde hace muchas décadas, ni tan siquiera contando con el efecto del desarrollo rural propiciado por un programa de metodología LEADER que se viene desarrollando desde 1994. Los déficits estructurales, la insuficiencia del equipamiento y la baja densidad de población han refrenado numerosas iniciativas, y también socavan la imprescindible reproducción social. Sin embargo, el presente artículo trata de mostrar una imagen esperanzadora de una comarca cantábrica que se resiste a su aparente declive. El análisis de su situación nos descubre fortalezas que acaso sean mucho mayores que las debilidades, y cómo la certera valorización de los recursos endógenos, aliada con un acendrado sentimiento identitario, puede representar una alternativa muy sólida a tanto decaimiento.
La filosofía de la multifuncionalidad de los espacios rurales promovida por la Unión Europea se pone de manifiesto en esta comarca de la cordillera Cantábrica con notable nitidez. Los escenarios de la ruralidad tradicional han dejado paso paulatinamente a los de la nueva ruralidad. En estos nuevos escenarios sigue evidenciándose la atenuada presencia del alma agrarista y productivista que distinguió en el pasado a los espacios rurales. Las tierras comarcanas, que en otro tiempo fueron soporte de la pequeña agricultura, lo son ahora de una agricultura y una ganadería modernas, cuyos importantes excedentes no solo alimentan la demanda regional sino también la nacional, gracias a iniciativas como la de la marca-territorio, afirmando complementariamente la identidad local. El patrimonio natural constituye en la comarca de Campoo una oferta ilimitada de bienes que la comarca pone a disposición de la sociedad entera en forma de parques naturales, de espacios naturales protegidos por la Red Comunitaria Natura 2000, que llevan aparejado un valioso reconocimiento de áreas ZEP y ZEPA, con senderos señalizados y autoguiados correspondientes a la modalidad de Rutas Naturea Cantabria ENP. Al mismo tiempo, la comarca ofrece a la sociedad una abundante nómina de bienes culturales, que, como los naturales son susceptibles de contemplación gracias a una importante red de museos y centros de interpretación. Más aún, el vigoroso capital social ha generado un tupido tejido asociativo que ha elevado los iconos de la identidad local a la categoría de patrimonio compartido, dispuesto para el uso y el disfrute de todos. De este modo, la comarca se ha convertido en epicentro de un movimiento interminable de usuarios que recalan en su territorio, venciendo las limitaciones estacionales, unas veces como excursionistas y otras como moradores de segundas residencias. En definitiva, las áreas rurales, al calor de su multifuncionalidad, han sido elevadas a la condición de espacios de vida de una nueva ruralidad, dotados de valores superiores, por su contribución a la sostenibilidad social, económica y ambiental.
Los cambios acontecidos en las últimas décadas han conferido nuevas funciones a los espacios rurales, que, dependiendo de la variedad y de la intensidad de estas últimas, han generado una tipología de ruralidades, compuesta por tipos más numerosos que los que se utilizaban en el pasado, aunque manteniendo la idea de que el mundo rural y el urbano son complementarios, sin que exista cesura entre ambos. El común denominador es que en el medio rural actual convive la actividad agraria con otras actividades económicas muy diversas. La actividad agraria, al revés de lo que sucedía en otro tiempo, supone la dedicación de un número muy reducido de personas, que logran rendimientos muy notables gracias al empleo eficiente de los medios. Además, frente a la tradicional emigración del campo a la ciudad, ahora cobran consistencia los retornos periódicos de una larga cadena de visitantes deseosos del uso y disfrute de los valores naturales y culturales. En definitiva, dependiendo del peso de todos estos caracteres se han configurado distintos tipos de ruralidad, condicionados por un pasado histórico que sigue estando presente en la morfología de sus paisajes. Más aún, en todos los casos se pone de manifiesto que lo rural y lo urbano se hallan menos separados que nunca en la modernidad tardía que vivimos, hasta el extremo que uno necesita imperativamente del otro. El medio rural, contemplado a menudo como espacio declinante, se convierte en el presente en un espacio decisivo del territorio, debido, entre otras razones, a la relevante oferta de bienes públicos que realiza a la sociedad entera.
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