Introducción
La producción científica sobre la inmigración internacional en zonas rurales se ha focalizado, desde hace décadas, en las y los trabajadores agrícolas inmigrantes y sus condiciones de trabajo (Pedreño 2005, Moraes y otros 2012, Corrado y otros 2017, Rye y Scott 2018). La despoblación, el envejecimiento, la emigración de la población autóctona, particularmente de mujeres y jóvenes, y la necesidad de mano de obra, han convertido a las áreas rurales en destinos migratorios (McAreavey y Argent, 2018, Alonso y otros 2023). Sin embargo, no siempre trabajo agrícola implica arraigo rural. En unos casos, se realizan desplazamientos diarios o se considera el trabajo agrícola como una etapa transitoria hasta conseguir un mejor empleo en entorno urbano (Camarero y otros 2012, Flyn y Kay 2017). En otros casos, los inmigrantes se instalan con sus familias en los municipios agrícolas. En la Unión Europea, el 21,2% de los migrantes comunitarios y el 14,8% de migrantes de países terceros viven en zonas rurales (OIM 2018). En España, en 2019, casi el 10% de los residentes en municipios de menos de 10.000 habitantes habían nacido en el extranjero (Camarero y Sampedro 2020).
Además de factores personales o de otro tipo, la estrategia del arraigo parece estar condicionada por las posibilidades que ofrezca el área rural para desarrollar un proyecto familiar de progreso. En España, estas posibilidades están condicionadas por el “modelo español de integración” basado en flexibilidad en el acceso a la regularidad, el empleo de baja cualificación y un tratamiento universalista en educación, sanidad y servicios sociales, aunque con un Estado de Bienestar de baja intensidad protectora (Laparra y Zugasti 2015). Además, cabría resaltar la relevancia de la sociabilidad cotidiana en términos de coexistencia pacífica, con creciente interrelación (Torres y Gómez 2022). En el contexto español, la literatura destaca como factores de arraigo en el ámbito rural las oportunidades de trabajo, vivienda y servicios, como señalan Torres y otros (2007) para Campo de Cartagena, Soronellas y otros (2014) para Catalunya, y Sampedro y Camarero (2016) y Sampedro (2022) para Castilla León. Además de los factores señalados, Flynn y Kay (2017) destacan en Escocia y Sætermo y Kristensen (2023) en Noruega, la relevancia de la percepción de seguridad material y emocional de los inmigrantes en su entorno local. Igualmente, tras comentar estos factores, Kasimis y otros (2010) subrayan de la inserción rural de los albaneses en Grecia, su deseo de ofrecer un futuro mejor a sus hijos e hijas.
Este proceso de arraigo suscita un creciente interés en función de la aportación que puede realizar la inmigración internacional a la sostenibilidad rural (Camarero y Rivera 2024, Santaballa y Moralli 2023, Sætermo y Kristensen 2023). Sin embargo, más allá de la sostenibilidad demográfica y económica, son escasos los estudios que abordan los cambios sociales que la inserción de los inmigrantes y sus familias generan en estos municipios rurales.
Este articulo aborda de forma comparativa el proceso de asentamiento y arraigo del vecindario inmigrante en los municipios valencianos de Carcaixent y de Utiel y Requena, sus implicaciones en la vida cotidiana y los cambios generados en el orden social local, en dos periodos temporales distintos. Requena y Utiel, los dos municipios cabecera de la comarca de La Plana de Utiel-Requena, son representativos de las comarcas interiores con una agricultura de secano, fundamentalmente viticultura. Carcaixent, en la comarca de La Ribera del Xúquer colindante con el Área Metropolitana de Valencia, es un municipio representativo de las comarcas costeras valencianas, de tradición citrícola y agroexportadora. Entre la amplía heterogeneidad de las zonas rurales españolas (Camarero 2009, Gómez Pellón 2012), los municipios escogidos responden a tipologías distintas, municipios en el área de influencia de una gran ciudad y municipios en territorios rurales, pero tienen en común que mantienen población, importante actividad agrícola y dinamismo social de la mano de la inmigración internacional.
Nuestro análisis del proceso de arraigo del vecindario inmigrante se estructura por dimensiones. Nos centraremos en la inserción laboral y la inserción social en aspectos como servicios públicos, vivienda y participación en la vida local, a la que nos aproximamos por los espacios públicos, las relaciones vecinales y los imaginarios sobre el nuevo vecindario, atendiendo al género y el origen etnocultural. Este proceso de arraigo supone la inclusión de los recién llegados en el cuadro de interacciones sociales codificadas que constituyen el orden social local. En particular, nos interesan las tendencias más inclusivas y más excluyentes respecto a las familias inmigrantes y cómo se reconfigura ese orden social local.
Desde hace décadas, la ruralidad no responde a la imagen tradicional de estabilidad, homogeneidad social y cultural y relativo aislamiento. Muchas zonas rurales, entre otras los municipios elegidos, están en acelerada transformación con diversidad de movilidades, heterogeneidad social, cultural y de origen, y redes de relaciones que exceden al pueblo de residencia, incluso transnacionales. Para aludir a este cambio de lo rural, Woods (2012) lo caracteriza como “Global countryside”, Oliva (2010) “rural melting-pot” y Hedberg y do Carmo (2012) lo definen como “translocal ruralism”.
Este orden social local y multicultural, ¿es inclusivo con el nuevo vecindario? O, por el contrario, ¿se configura como un orden social etnofragmentado? Un orden social etnificado en el que los anteriores factores de estratificación y desigualdad, clase y estatus, se interrelacionan y retroalimentan con otros factores como el origen, la cultura y la religión. En la tradición constructivista (Barth, 1976) entendemos la etnicidad como una relación entre grupos que confiere a ciertas características culturales, fenotípicas u otras, un carácter relevante y significativo, que establece un ellos/nosotros y tiene implicaciones sociales.
En este marco de análisis, someramente esbozado, los objetivos de este artículo son: (1) captar la inserción laboral y el proceso de arraigo de los vecinos y vecinas inmigrantes y su evolución en Carcaixent, Utiel y Requena; (2) abordar la inclusión de las familias inmigrantes en los ámbitos más significativos de la vida local y en la sociabilidad cotidiana; y (3) captar las transformaciones del orden social local, las dinámicas más inclusivas y más excluyentes respecto al vecindario inmigrante y las tendencias de futuro que se apuntan.
Metodología
La metodología de nuestro trabajo es básicamente etnográfica, aunque también se han trabajado datos de fuentes secundarias (INE, censos agrícolas, etc.), con una dimensión comparativa y desde una perspectiva interseccional. El trabajo de campo, el conocimiento de los espacios significativos y el acceso a informantes clave, ha sido facilitado por ser la Dra. Pérez vecina de Carcaixent y haber realizado varios diagnósticos sociales para su Ayuntamiento. En Utiel y Requena, a cargo del Dr. Torres, se adoptó la estrategia de sucesivas estancias cortas, de tres a cuatro días, entre 2014 y 2018, con una media de cinco estancias por año, lo que facilitó insertarse en la vida local.
Nuestros resultados se basan en el trabajo de campo realizado entre 2013 y 2019, en el caso de Utiel y Requena, y entre 2022 y 2025, en el caso de Carcaixent. En los dos casos se ha realizado observación, observación participante, entrevistas informales, focus group y entrevistas en profundidad a informantes clave. Las y los informantes y participantes en los focus group fueron seleccionados en base a tres criterios: la diversidad de perfiles como situación socioeconómica, origen y género, la representatividad de diferentes actores relevantes (vecinos y vecinas; profesionales de educación, sanidad y servicios sociales; agricultores y jornaleros; trabajadores y trabajadoras de empresas y cooperativas agrícolas) y el tiempo de residencia en el municipio. Para captar las dinámicas de la vida cotidiana que nos interesan nos hemos focalizado en los espacios públicos significativos, como los parques, la puerta de los colegios, el tejido comercial y los mercados ambulantes semanales, en la línea de otros investigadores (Padilla y otros 2015, White y Germain 2022), así como en acontecimientos importantes a nivel local como las fiestas (López y Espeso 2024).
En los períodos señalados, en Utiel y Requena se realizaron 47 entrevistas, 43 individuales y 4 grupales a 56 personas; y en Carcaixent, 37 entrevistas, 17 individuales y 20 grupales, a 145 personas. En total, han participado 201 personas, 155 autóctonas y 46 inmigrantes, 84 varones y 121 mujeres.
Las entrevistas han sido analizadas desde una perspectiva socio-hermenéutica, que interpreta los discursos de los actores en su contexto social, sus intereses e imaginario, y la historia local (Leloup 2022). Su validez y confiabilidad se ha ratificado con las diversas modalidades de observación y la coincidencia de informantes de diversa tipología en la descripción de los procesos, aunque no siempre coincidían en su valoración.
Los resultados se han fortalecido y profundizado por la aplicación del método comparativo entre municipios diversos y en períodos temporales distintos, 2013-2019 Utiel y Requena, 2022-2025 Carcaixent. A pesar de esa diferencia temporal, las tendencias de convivencia que nos muestran son las mismas que nos señalan otros estudios sobre convivencia multicultural en España (Iglesias y otros 2025, Torres y Gómez 2025), lo cual avala su validez. Además, nuestro objeto de estudio es el proceso de asentamiento y arraigo en contextos distintos, con temporalidades diferentes, primera década del siglo XXI para Utiel y Requena, segunda década para Carcaixent. A pesar de las diferencias, se tratan de procesos muy similares con los mismos factores. La dimensión comparativa ha facilitado distinguir entre las especificidades de cada contexto local y las tendencias más generales del proceso de arraigo.
De trabajadores a vecinos. El proceso de arraigo del vecindario inmigrante
Situada en el interior de la provincia de Valencia, colindante con Albacete y Cuenca, la comarca La Plana de Utiel-Requena ha sido históricamente bicéfala siendo los municipios de Requena y Utiel, distantes 14 km, los más importantes. Tradicional zona cerealista, se convirtió en vitivinícola con la crisis del oídium en Francia (1852-1862) y la demanda exterior de vinos, particularmente para el coupage. A primeros del siglo XX se conforman algunos de los rasgos que definen la zona: el predominio de los pequeños propietarios que, a partir de los años 50, se organizan en cooperativas, la dedicación vitivinícola y la exportación de vino a granel (Piqueras 1997).

Tabla 1. Evolución de la de la población según nacionalidad en Carcaixent, Requena y Utiel. 2024-2014.
Fuente: INE. Padrón Continuo y Censo Anual de Población. Elaboración propia.
A principios de los años 80, se diversificó un poco la estructura productiva, con una reducida industria ubicada en Requena y Utiel, aunque la comarca mantenía su carácter vitivinícola. Sin embargo, el éxodo rural particularmente joven al Área Metropolitana de Valencia se acentuó; además, entre quienes continuaron residiendo, el aumento del nivel educativo y de las expectativas laborales, la caída de las rentas agrarias y el mayor atractivo de otros sectores generaron que una buena parte no continuara en la agricultura.
En los años 90, en el marco de la PAC y con el impulso del Consejo Regulador de la DO Utiel-Requena, se produjo en la zona un importante proceso de reestructuración del cultivo, la elaboración y la comercialización del vino para adecuarse a los nuevos requerimientos del mercado (Gadea y Torres 2017). Sin embargo, la mano de obra barata, flexible y disponible en períodos puntuales, como la vendimia, que garantizaba la rentabilidad de esta reestructuración ya no la proporcionaba la ayuda familiar, los jornaleros locales y las cuadrillas itinerantes de Castilla La Mancha, como en el pasado. Esa necesidad, como en otras zonas agrícolas españolas, se cubrió con trabajadores extranjeros.
Inicialmente, entre mediados de los años 90 y el año 2002, los inmigrantes se trataban de hombres marroquíes, argelinos, ecuatorianos y colombianos, que realizaban el circuito de las diferentes cosechas y, en su inmensa mayoría, en una situación de residencia irregular. En todo caso, a aquellos que disponían de permiso no se les hacía contrato. En 2001 se realizó una amplia campaña de inspección de trabajo y la Administración urgió a viticultores y sindicatos agrarios a regularizar la situación. A partir de 2002 el sindicato Unión de Agricultores y Ganaderos inició un proceso de contratación en origen, primero en Polonia y después en Rumanía, que se mantuvo hasta 2009. La contratación en origen se combinó con otras formas de reclutamiento mediante contactos de diversas entidades y de algunos agricultores (Gadea y Torres 2017). Este fue, también, un periodo de rápida y relevante proceso de asentamiento familiar. En 2008, los 2.101 vecinos y vecinas inmigrantes de Requena ya representaban el 10,1% del vecindario y los 795 de Utiel, el 6,5%.

Tabla 2. Evolución de las principales nacionalidades en Requena. 2004-2022.
Fuente: INE. Padrón Continuo. Elaboración propia.

Tabla 3. Evolución de las principales nacionalidades en Utiel. 2004-2022.
Fuente: INE. Padrón Continuo. Elaboración propia.
Tres razones fundamentales nos explican este arraigo familiar. En primer lugar, la existencia de nichos laborales con contrato para los hombres inmigrantes tanto en agricultura, no solo en vendimia sino también en otras tareas, como en las granjas avícolas o porcinas. En el caso de las mujeres, se trató de trabajos de limpieza, cuidado de ancianos, casi siempre sin contrato, así como en hostelería y pequeño comercio. Nos referimos a mujeres europeas del Este y a latinoamericanas. Las mujeres marroquíes y argelinas residentes en la zona, salvo excepciones, no trabajan de forma asalariada.
En segundo lugar, la suficiencia económica que proporcionaban los trabajos de, al menos, dos miembros del hogar, y la seguridad documental del contrato, normalmente del hombre, así como la oferta de vivienda más barata y accesible que en la costa valenciana, facilitaron este asentamiento. Además, tercera razón, la comarca cuenta con servicios públicos a todos los niveles, incluido hospital comarcal, y está muy bien comunicada por la autopista A3 Valencia-Madrid que la atraviesa.
A partir de 2009, con la crisis de 2008-2014, aumentó el paro, se suspendió la contratación en origen y se redujo el vecindario extranjero. De acuerdo con los datos del padrón y nuestro trabajo de campo, los inmigrantes que dejaron la zona correspondían a hombres y mujeres solas. En contraste, los núcleos familiares mostraron un mayor arraigo (en 2016 el 17,7% del total de extranjeros empadronados en Requena y el 19,4% en Utiel eran menores de 16 años, un claro indicador de familias). Además, a pesar del paro, la mano de obra inmigrante continuaba siendo imprescindible en la zona. Asimismo, se dieron diferentes estrategias combinando el arraigo y la movilidad, en unos casos una migración circular con Rumanía y otros países del Este, en otros casos con una movilidad temporal a otras áreas agrícolas españolas o a la costa valenciana.
Más tarde, con la recuperación económica, la población total y extranjera se estabilizó. Con los lógicos altibajos, comparando con las cifras de inicio del siglo XXI, la población se ha mantenido básicamente estable. En 2024, Requena tenía 20.884 habitantes, con un 11,7% de vecindario inmigrante, y Utiel, 11.661, con un 9,6%. Además del perfil familiar, que se mantiene, en estos años aumentó la diversificación laboral del vecindario inmigrante constatable ya en el pasado. Latinoamericanos y rumanos, con años de residencia en la zona, red de relaciones y competencia reconocida, pasaron a trabajar en construcción, servicios y las industrias de la zona; sin embargo, los marroquíes se mantienen en las tareas agrícolas.
Carcaixent es un municipio situado en la comarca de la Ribera Alta, provincia de Valencia, integrado en el área funcional de Alzira. Esta comarca, desde mediados del siglo XIX, ha estado dedicada a la agricultura citrícola, la industria de tratamiento y envase de la naranja, y a su exportación. Tuvo su época de esplendor a mediados del siglo XX; los buenos precios y la ausencia de competidores en el mercado europeo proporcionaron importantes beneficios, permitió la acumulación de capital para la industrialización y modernización, así como una renta modesta pero relevante a amplios sectores de agricultores (Bono 2010).
Desde la década de los 70, La Ribera Alta posee una estructura económica diversificada, con una presencia mayoritaria del sector servicios y una citricultura e industria auxiliar con un peso económico y social importante en el territorio. A pesar de las transformaciones socioeconómicas, se mantienen los rasgos tradicionales de esta zona citrícola: estructura de pequeños propietarios de la tierra, relevancia de las cooperativas, aunque debilitadas por la hegemonía de las grandes cadenas, y la orientación exportadora de la producción (Torres y Pérez 2021).
Desde finales del siglo XX, con la introducción de las grandes cadenas de distribución alimentaria, y hasta la actualidad, la actividad agrícola en Carcaixent atraviesa una situación de crisis estructural. Entre las décadas de 1950 y 1990, muchas familias vinculadas al trabajo agrario compatibilizaban dos campañas estacionales: la recolección de la naranja en Carcaixent y la vendimia en Francia. Posteriormente, con el auge de la construcción, una parte significativa de los jornaleros se desplazó a ese sector. Este cambio evidenció la creciente necesidad de mano de obra barata para garantizar la continuidad de la actividad agrícola.
Desde comienzos del siglo XXI, este nicho laboral ha sido cubierto fundamentalmente por población de origen inmigrante, que no solo se incorpora al trabajo agrícola, sino que se asienta en el municipio y desarrolla en él su vida familiar y social. La demanda inicial de mano de obra se concentró en las campañas de la naranja, la mandarina y otros frutales de hueso. En este contexto, el peso de la población inmigrante aumenta de forma notable en un corto periodo de tiempo: del 0,8% en el año 2000 pasa al 4,6% en 2004 y alcanza el 9% en 2008.
En 2004, el 53,4% de la población inmigrante procedía de Europa, el 28,8% del norte de África —principalmente Marruecos y Argelia—, el 13,8% de América Latina —con especial presencia de Ecuador y Colombia— y el 3,9% de Asia, fundamentalmente China. Inicialmente, la población procedente de Europa del Este era claramente mayoritaria frente a la magrebí; sin embargo, el crecimiento sostenido de esta última ha equilibrado la presencia de ambos colectivos. En 2022, el 39,1% de la población inmigrante era originaria de Europa del Este y el 37,1% del norte de África.

Tabla 4. Evolución de las principales nacionalidades en Carcaixent.
Fuente: INE. Padrón Continuo. Elaboración propia.
La población inmigrante procedente de Europa del Este se incorporó inicialmente al trabajo agrícola, tanto hombres como algunas mujeres. Con el tiempo, algunos de los hombres permanecieron en el campo, aunque una parte importante transitó hacia la construcción. En el caso de las mujeres, pocas continuaron en campo y la mayoría se integraron en los almacenes de manipulado de fruta y en el sector de la hostelería.
Por su parte, la migración de origen magrebí fue eminentemente masculina y su inserción laboral se produjo casi de forma exclusiva en la agricultura, lo que se mantiene en la actualidad, si bien con una progresiva diversificación de tareas (poda, aclareo, arado) durante todo el año. Existen, no obstante, algunos casos de emprendimiento vinculados a la propia comunidad, como locutorios, carnicerías halal, tiendas de ropa o barberías. Los residentes marroquíes, tras más de una década en Carcaixent, iniciaron procesos de reagrupación familiar que transforman el perfil inicial, pasando de una población compuesta mayoritariamente por hombres a familias con hijos e hijas. En una primera etapa, las mujeres permanecían fundamentalmente en el ámbito doméstico; en la actualidad, su presencia en el espacio público es mayor, visible en entornos como los centros escolares, los parques o los comercios. Aunque la mayoría no trabaja fuera del ámbito doméstico, se observa una incorporación creciente a los almacenes de fruta.
La migración latinoamericana presenta un marcado carácter feminizado y una inserción laboral centrada principalmente en el trabajo de cuidados —personas mayores y menores— y en la hostelería. Muchas mujeres, una vez regularizada su situación administrativa y laboral, transitan desde los cuidados hacia la hostelería y hacia actividades vinculadas con la estética, el bienestar y los servicios personales.
Durante los primeros quince años del siglo XXI, la población asiática se compuso casi exclusivamente de familias de origen chino, estrechamente vinculada a la restauración y al pequeño comercio (bazares). A partir de 2015 se incorpora Pakistán como nuevo país de origen, con una migración mayoritariamente masculina, dedicada principalmente a la agricultura y al comercio de proximidad (fruterías y verdulerías).
Los efectos de la Gran Recesión, 2008-2014, afectaron tanto a la población autóctona como a la inmigrante. Sin embargo, se observa una reducción significativa de la población procedente de Europa y América Latina —del 8% y del 4%, respectivamente, entre 2008 y 2016—, mientras que la población de origen magrebí experimenta un notable incremento (10%) y la población asiática se mantiene relativamente estable.
Tras la crisis y el posterior periodo de recuperación económica, la población del municipio se ha estabilizado. La presencia de población inmigrante ha contribuido a mantener el volumen demográfico, compensando parcialmente la pérdida de población autóctona, en un contexto en el que la inmigración mantiene una tendencia positiva. Así, el porcentaje de población inmigrante pasa del 0,8% en 2000 al 13,7% en 2024, configurándose un perfil migrante predominantemente familiar. De forma paralela a lo observado en Requena y Utiel, se intensifica la diversificación laboral del vecindario inmigrante: la población de Europa del Este transita progresivamente del trabajo agrícola hacia la industria, la construcción y la hostelería; la población latinoamericana amplía su presencia desde los cuidados hacia la hostelería y los negocios de belleza y bienestar; la población asiática se consolida en la restauración y el comercio; y la población magrebí mantiene una fuerte vinculación con la agricultura.
La inclusión en servicios públicos y condiciones de vida
Uno de los factores de arraigo es el futuro de hijos e hijas y, en esa perspectiva, la educación es muy valorada por las familias inmigrantes. En Requena y Utiel se ha dado una inclusión normalizada en los colegios públicos y en los institutos, si bien se ha modificado con el tiempo. En los primeros años del siglo XXI, con una proporción relevante de alumnado inmigrante que habían llegado preadolescentes, las dificultades por desconocimiento del idioma o por diferente cultura escolar se acumularon, con altos índices de fracaso escolar. En estos casos “se puede contar con los dedos de las manos los que han sacado el graduado en educación secundaria obligatoria” (profesor IES, Utiel). Más tarde, cuando la mayoría del alumnado de origen inmigrante había nacido en España o llegaron muy pequeños, estos sesgos dejaron de ser relevantes. Integrados desde pequeños en el sistema escolar, acceden al IES como sus compañeros y compañeras y tienen una trayectoria normalizada, si bien con diferentes resultados según el origen y la situación socioeconómica de sus familias. De acuerdo con nuestras entrevistas al profesorado de los IES el alumnado de Europa del Este “llevan muy bien su escolaridad, incluso con notas mejores que algunos de aquí”, los resultados de los latinoamericanos eran más discretos y los de origen magrebí acumulaban las mayores tasas de fracaso. Una parte del alumnado latinoamericano y la mayoría de los y las marroquíes son derivados a Programas de Formación Profesional Inicial (FPI) como alternativa a la ESO. En estos resultados influyen, según los docentes, “tener una disciplina de estudio… y también la familia con una exigencia que en los hispanoamericanos no se ve”. Igualmente, influye la situación socioeconómica de las familias, con casos de buenos alumnos y alumnas que no continúan estudiando, y optan por una inclusión laboral temprana. “Tres alumnos polacos que los veía que podían haber hecho lo que hubieran querido y al final están trabajando en un bar de camareros y sin plantearse ya otras aspiraciones” (profesor IES, Requena).
El caso de Carcaixent es bastante similar. El alumnado de segunda generación, o aquel que llegó de pequeño al municipio, presenta menos dificultades de aprendizaje que aquellos niños y niñas que se incorporan en el segundo o tercer ciclo de primaria o en la educación secundaria. La escolarización del alumnado de origen inmigrante en el sistema educativo español a edades tempranas reduce los problemas de aprendizaje y el fracaso educativo y facilita una mejor inclusión social. Esta inclusión se mide con diferentes parámetros como la sociabilidad y amistad con el grupo de iguales, el conocimiento del valenciano y la participación en actividades deportivas o culturales locales. Algunos profesores señalan que “la convivencia entre ellos muy bien, porque han crecido juntos” (maestra primaria, Carcaixent) y que el rendimiento académico de la segunda generación es similar al de la población autóctona. Aunque el profesorado entrevistado matiza que el perfil socioeconómico, socioeducativo y la competencia lingüística de las familias condicionan dicho rendimiento académico.
Al igual que en Utiel y Requena, el alumnado que presenta mayores dificultades y fracaso educativo es el magrebí, en especial, los niños. Muchos de ellos son derivados a programas de diversificación curricular y presentan un abandono temprano del sistema educativo. Por el contrario, el profesorado señala la facilidad de colectivos como el rumano, ucraniano, venezolano o chino para su inclusión educativa y social “se integran muy bien, en el cole van súper rápido” (maestra primaria, Carcaixent).
Una de las problemáticas más destacadas por el profesorado es la incorporación de estudiantes recién llegados de sobrevenida durante todo el curso. Esta incorporación tardía, que no ha cesado con los años, empeora cuando el alumnado recién llegado no tiene competencia lingüística en las lenguas oficiales de la comunidad autónoma (castellano o valenciano), desconoce la cultura local y dispone de escasas redes sociales. De forma espontánea se generan grupos de alumnos por origen que comparten lengua y cultura, retrasando el aprendizaje de la lengua vehicular y su inclusión social. Muchos de estos alumnos comparten la cultura, la lengua y el haber vivido procesos similares de agrupación familiar.
“El tema está en que antes, vamos a poner hace 6 años, venían poquitos árabes y a lo mejor había 2 o 3 por clase. Entonces se integraban porque tenían necesidad de integrarse. ¿Ahora qué pasa? A lo mejor hay 6, 7, 8 por clase, árabes, entonces no necesitan integrarse, ellos son suficientes para convivir y no necesitan a los otros niños… El instituto está teniendo problemas graves porque se está convirtiendo en un gueto” (profesor IES, Carcaixent).
En Carcaixent, como en Utiel y Requena, la mayor parte del alumnado de origen inmigrante se concentra en centros educativos públicos, tanto en la educación primaria como en la secundaria. El IES se percibe como un espacio masificado y superdiverso, con 39 nacionalidades.
“El alumnado… es un alumnado, tenemos un alto porcentaje de alumnado de compensatoria, ¿vale?… es un alumnado de un perfil socioeconómico pues bajo, ¿vale? Evidentemente, no todos, pero hay un gran (número)… También está el tema de desconocimiento de la lengua, porque tenemos muchas familias inmigrantes. […] Las familias son trabajadores del sector agrario, obrero, ahora empiezan muchas familias árabes a entrar a trabajar en los almacenes y fruto de ello es que más alumnado árabe está quedándose en el comedor. Mujeres almacén y hombres en la cosecha” (profesora IES, Carcaixent).
Esta concentración de alumnado inmigrante en la pública genera rechazo social, y esto se traduce en una mayor concentración de alumnado autóctono en los tres centros educativos concertados. Sin embargo, de forma incipiente se observa una práctica diferenciada por género de algunas familias marroquíes: los hijos al instituto y las hijas a los centros educativos concertados, que son católicos. Esta práctica responde una doble lógica: por un lado, una mayor calidad educativa atribuida a los centros concertados y, por otro lado, una lógica patriarcal basada en el control, la protección de las mujeres y la trasmisión de los valores tradicionales de la familia, con el supuesto por parte de estas familias marroquíes que estos valores estarán más presentes en un colegio concertado católico que en otro público.
Otro servicio público básico es el sanitario. En Utiel y en Requena, las profesionales de Servicios Sociales y de la agencia AMICS (1) destacan, durante los primeros años del siglo XXI, los problemas para un acceso normalizado a los centros de salud, generados por la situación de irregularidad administrativa y su actividad para “regularizar las tarjetas sanitarias de los menores”. Posteriormente, con el mayor arraigo y la generalización de contratos en la zona, como hemos comentado, el acceso a la atención sanitaria se normalizó. En fechas más recientes, lo único que se destaca es algunos acompañamientos a mujeres de origen marroquí, desde la agencia AMICS y/o Cáritas, o bien, para esta misma nacionalidad, que sean los hijos, escolarizados en la zona, “quienes hacen de traductores a sus madres… y por eso algunos días fallan a clase” (maestra primaria, Utiel).
El recurso de los hijos e hijas como traductores entre paciente y sanitario también es una práctica habitual en Carcaixent. No obstante, desde la pandemia, principalmente con las citas telefónicas, se observa una mediación de mujeres de la comunidad magrebí con una alta competencia lingüística en castellano y un amplio periodo de residencia en España.
“Normalmente, los médicos nos tratan bien. Pero últimamente ha venido una que es una infección, que es extranjera [latina], esa nos trata fatal. Yo como voy y acompaño a las mujeres y hago de intérprete, para que se entiendan, lo sé” (entrevista grupal, vecinas magrebíes, Carcaixent).
Pese a la mediación, la comprensión en ocasiones es limitada: “¡Es que no sé si se ha enterado! Porque hace cara de…” (trabajadora social sanitaria, Carcaixent). La falta de competencia lingüística y de mediación intercultural afecta directamente a la salud. Las personas inmigrantes entrevistadas señalan la dificultad de comunicar el malestar en códigos ajenos a su propia cultura y el personal sanitario destaca la complejidad para establecer un diagnóstico cuando no se comparte ni la lengua ni la cultura. Tras el diagnóstico, aparecen otras problemáticas derivadas de la comprensión de la enfermedad y sus implicaciones, el tratamiento y la posología, o la asistencia a las citas médicas. “A mí me dicen: ‘Entonces, a la prueba que voy ¿es el día siguiente del mercado?’ Porque no saben a lo mejor decir… miércoles” (trabajadora social sanitaria, Carcaixent). Como sucede en otros servicios públicos, la visibilidad de las personas inmigrantes en el contexto sanitario es percibido como masivo, especialmente en el servicio de urgencias, lo cual genera rechazo social por una parte de la población autóctona.
Respecto a Servicios Sociales, en Utiel y en Requena, las profesionales destacan en las entrevistas dos etapas. Una, “más difícil” durante los primeros años del siglo XXI, con la llegada inicial de los inmigrantes, la falta de redes y escasez de apoyos, y la alta incidencia de situaciones de irregularidad administrativa. Años más tarde, con el arraigo y la normalización documental, la accesibilidad a Servicios Sociales se regularizó. Durante los peores años de la Gran Recesión, 2008-2014, las trabajadoras sociales constataron comentarios negativos por “conceder más ayudas a los inmigrantes… aunque no era cierto, es que de media tienen más hijos y menos ingresos”; con la mejora de la situación esta dinámica de competencia por recursos escasos se diluyó. En 2019, las trabajadoras sociales distinguían dos situaciones entre el vecindario inmigrante. Una mayoría, en su opinión, tienen una situación modesta pero normalizada, “un estatus, un nivel de vida y bueno unas redes muy consolidadas”, que no desestabilizó gravemente los impactos de la Gran Recesión.
“más apretados (con la crisis), claro… con más apuro. Tampoco veo que les haya afectado de una manera así muy alarmante… alguno algún caso concreto de construcción evidentemente, pero se pasaron a la agricultura, entonces… sí que han visto reducido su nivel de vida … pero han sido los menos… porque la mayoría estaba en agricultura” (entrevista grupal, trabajadoras sociales, Utiel).
Lo que preocupaba a las trabajadoras sociales es la consolidación de una “bolsa” de familias inmigrantes que no logran salir de una situación de precariedad y dependencia de las ayudas, con trayectorias de trabajos precarios y períodos de paro, y el peligro de generar una bolsa de pobreza etnificada consolidada.
“hay un grupo de gente que no sale del círculo (de la dependencia), que están siempre en el margen de la marginalidad y siempre son demandantes de ayudas, pues porque no acaban de despegar… No acaban de funcionar solos… con contratos laborales muy puntuales, muy precarios… de esa manera no generan tampoco derecho para otro tipo de prestaciones por desempleo” (entrevista grupal, trabajadoras sociales, Utiel).
La situación de las familias inmigrantes en Carcaixent es muy parecida a la descrita para Requena y Utiel. Un grupo mayoritario de personas inmigrantes con una situación modesta pero normalizada y otro grupo minoritario caracterizado por una situación de precariedad laboral y social, dependiente de la intermitencia de trabajos estacionales, ayudas sociales y algunas tareas en la economía sumergida. En las entrevistas se destaca una inserción laboral desigual de la población inmigrante según su origen que genera una precarización mayor de magrebíes, senegaleses y otros subsaharianos, y que se traduce en una etnificación de la pobreza.
Sin embargo, a pesar de una inserción laboral más inestable y de una economía más precaria, la percepción generalizada de la población autóctona es que los Servicios Sociales “están dándoles [a las personas inmigrantes] unos privilegios y están creando un agravio comparativo muy grande… tienen derecho a más ayudas que yo” (entrevista grupal, vecinas autóctonas perceptoras de ayudas, Carcaixent). En este discurso, se evidencia la competencia por recursos escasos y el rechazo a la población de origen inmigrante.
“Ostras y yo por estar aquí, que mi padre y mi madre han cotizado toda su vida y yo he estado cotizando toda mi vida, y ahora que necesito ayuda y como no he venido de fuera, me encuentro desamparada ¿ya no tengo ayuda de nada?” (vecina autóctona, Carcaixent).
Otra dimensión básica para captar las condiciones de vida es la vivienda. En Utiel y en Requena, en los primeros años del siglo XXI se dieron situaciones de infravivienda de jornaleros inmigrantes que, posteriormente, desaparecieron con el arraigo, la complementariedad de tareas a lo largo del año y la mejora económica del vecindario inmigrante. En la segunda década del siglo XXI, la situación más generalizada era de vivienda modesta pero normalizada, de acuerdo con los estándares de la zona, según la percepción de las trabajadoras sociales y nuestro trabajo de campo. Hay que señalar que el precio medio de la vivienda es bastante menor a los de las comarcas costeras valencianas y que, como consecuencia del éxodo rural, en particular en los municipios más pequeños de la comarca, había una cierta oferta de viviendas vacías (que, en muchos casos, los inmigrantes acondicionaron de común acuerdo con los propietarios). En 2019, la vivida precaria tanto por su estado, como por hacinamiento, era bastante minoritaria y concentrada en la bolsa de precariedad étnica anteriormente citada.
En el caso de Carcaixent, la situación de la vivienda es más complicada: una oferta muy baja de vivienda de alquiler y compra, junto con un estado precario de las mismas y unos precios medios bastante superiores a los de Utiel y Requena. La población de origen inmigrante reside en vivienda precaria de forma generalizada. Además, en las entrevistas se relatan algunos casos de infravivienda, hacinamiento y ocupación (algunos con contrato de alquiler).
“[ocupación] Sí, mucha, mucha, porque yo tengo un edificio, solo un edificio en mi zona lleno de okupas, quitando dos personas que pagan alquilar… todos los demás son okupas […] ahí sí que en los dos están llenos de okupas, que entran, salen” (trabajadora social, Carcaixent).
Derivada de la complicada situación de la vivienda, surgen estrategias vinculadas con la infravivienda. En la primera década del siglo XXI se denunciaron casos de hacinamiento de personas inmigrantes en la temporada de la naranja, alojadas en huertos o almacenes, en situaciones de alta vulnerabilidad y en condiciones higiénico sanitarias deficientes (sin agua y sin luz). Si bien esto se redujo con los años, tras la pandemia, se han observado diferentes casos de hacinamiento e infravivienda. El más flagrante es la transformación de una antigua residencia de la tercera edad abandonada en un hostal de larga duración no reglado, que alberga principalmente personas de origen inmigrante en situaciones de alta vulnerabilidad social y económica.
Luces y sombras en la inclusión en la sociabilidad cotidiana
En Utiel, Requena y Carcaixent, se ha dado una inserción tranquila en las distintas dimensiones de la sociabilidad cotidiana, una inserción basada en su perfil familiar, el tiempo de residencia de muchas familias y la percepción social de su carácter funcional, laboral y social.
En Utiel y en Requena los inmigrantes y sus familias están presentes en todos los espacios significativos de la vida local, como los mercados semanales al aire libre, los sábados por la mañana, donde acuden los vecinos de estos municipios y del resto de la comarca. Estos mercados, más allá del aprovisionamiento, constituyen un espacio básico de sociabilidad, donde la gente se reúne, se intercambian saludos y se comentan las noticias del pueblo y la comarca. Aunque a estos mercados acuden vecinos de todos los grupos del vecindario, las interrelaciones más significativas se dan entre los vecinos y vecinas del mismo origen, si bien en diversos grados. Hay más interrelación —en grupos, en terrazas de bares, en saludos— entre españoles, rumanos y latinoamericanos. Sin embargo, las familias magrebíes o las mujeres de este origen, normalmente ataviadas con chilaba e hijab, tienen una relación estrictamente instrumental, en función de la compra de artículos.
En Carcaixent, la población de origen inmigrante se encuentra presente en la mayoría de los espacios significativos de la vida local. Es el caso, también, de los mercados. El vecindario de origen latinoamericano o de Europa del Este muestra mayores niveles de interacción con la población autóctona y participan en prácticas sociales ya consolidadas. Por el contrario, la población de origen magrebí y asiático mantiene una mayor distancia tanto con la población local como con otros grupos inmigrantes, articulando su vida cotidiana en torno al trabajo y a una intensa sociabilidad endogrupo.
Otro espacio significativo en Carcaixent, Requena y Utiel, es la puerta de los colegios, donde coinciden madres y abuelas, fundamentalmente. Si bien las y los menores se relacionan sin problemas unos con otros, lo que genera saludos entre sus mayores, es perceptible la segregación de las madres y otros familiares por grupos más o menos homogéneos por origen. Aquí también, las madres magrebíes suelen conformar un grupo propio. En Carcaixent, una de las profesoras entrevistadas señala que la relación multicultural que se da en el recinto educativo, caracterizada por la convivencia, el respeto y la cohesión del alumnado, se ciñe a este espacio ya que fuera del colegio no se mantienen estos vínculos entre alumnado de distintas culturas.
El tiempo de residencia, la copresencia cotidiana en los espacios locales significativos y la presencia de hijos e hijas han contribuido progresivamente a la generación de relaciones vecinales, que oscilan entre vínculos banales, limitados al intercambio de saludos, y relaciones más significativas basadas en mayores niveles de confianza. No obstante, algunos agricultores de Requena y Utiel señalan que, si bien la convivencia con los trabajadores inmigrantes en el trabajo es adecuada, esta no se traduce en una participación compartida en los espacios de sociabilidad, especialmente en los bares, lugares de socialización por excelencia en los municipios de menor tamaño. Estas apreciaciones se refieren principalmente al vecindario de origen marroquí, aludiendo a que, “como no beben, no van a los bares” (agricultor Requena). En Carcaixent se observa una dinámica similar: aunque coinciden en diversos ámbitos como el laboral u otros, esto no se reproduce en los espacios de sociabilidad colectiva. Ello se relaciona con prácticas de sociabilidad predominantemente endogrupales en la comunidad magrebí. Los hombres acuden a bares concretos, con clientela mayoritariamente magrebí, y recrean su sociabilidad de calle en grupos en las plazas públicas y en los alrededores de la mezquita, ubicada en una nave en el polígono industrial.
En contraste con esta situación, bastante extendida, no faltan quienes han establecido relaciones vecinales de confianza, con intercambio de pequeños favores y ayuda mutua. Un agricultor de Caudete de las Fuentes, municipio colindante con Utiel, comentaba los lazos que había establecido con sus vecinos rumanos, con quien compartían la tarea diaria de llevar su hijo a la escuela. “Unos días baja mi mujer a mi hijo y a otro chico que es de una chica rumana y otras veces es ella quien baja a los dos [a la escuela], se van turnando”. En otros casos, se comparten actividades de ocio y relaciones de amistad. Uno de nuestros entrevistados de Utiel, en contraste con otros, se refiere así a un vecino marroquí con el que juega a fulbito, “si ese vino aquí con trece años el muchacho, y tiene ya veintitantos. Si son más de aquí ya que de (allí)… Vamos, amiguete nuestro, lleva aquí la tira ya. Ese es más español que… ese de moro ya no tienen nada” (agricultor, Utiel). En Carcaixent, una vecina ucraniana valora la ayuda que le ofrece su vecino para comprender las normas sociales y su preocupación por su estado de salud,
“Siempre. Él, mi vecino, siempre me ayuda en información. Él conoce normas de gente que vive aquí. Porque hay normas de ley y hay normas que tú no sabes, esa norma no escrita. norma no escribe. También… Cuida, por ejemplo, tengo migraña. Siempre tengo migraña. Él todos los días escribe. ¿Tú estás viva? Si necesita algo, escribe”.
La participación de las personas de origen inmigrante es escasa en las fiestas patronales y las ferias populares en los tres municipios estudiados y difiere según origen. La mayoría de las fiestas tienen una importante dimensión católica y prácticas y tradiciones culturales locales (gastronomía, etc.). En el caso de Requena y Utiel, la población de Europa del Este y de América Latina tiene cierta presencia y participación en algunos actos o ferias, pero la de la población magrebí en dichos espacios es nula. En el caso de Carcaixent, sucede prácticamente lo mismo en las fiestas patronales. En las fallas y la feria modernista, dos de las actividades festivo-culturales con mayor participación autóctona, la presencia de personas de origen inmigrante es muy reducida y la del vecindario magrebí inexistente. La ausencia de la población de origen inmigrante en las fallas, más allá de su vinculación con la religión católica, está relacionada con una cuestión de clase social, dado los gastos que comporta.
Al preguntar por la convivencia en Utiel y en Requena, la respuesta más común es que es “buena, se integran”. Aquí inciden diversos factores. Unos más pragmáticos y utilitarios, como la conciencia explícita de la contribución económica y social de la inmigración al mantenimiento de la comarca.
“La integración es bastante buena, en el sentido de que realmente la gente percibe que hacen falta… que están salvando en cierta manera las tareas, las tareas agrícolas, no se tiene percepción de que vienen a quitar la faena a nadie… si se cuidan ancianos es porque están ellos, si se recoge la almendra es porque están ellos y si se coge la vendimia es porque están ellos” (profesor IES, Utiel).
Otros factores se derivan de los años de copresencia tranquila, el perfil familiar de la inmigración y el establecimiento, en diverso grado, de relaciones vecinales, así como los matrimonios mixtos entre mujeres latinoamericanas o europeas del Este con varones españoles. Todo ello ha facilitado su aceptación vecinal, si bien de forma diferenciada según los colectivos. De acuerdo con la opinión general, los europeos del Este y los latinoamericanos se “adaptan”, “se han hecho de aquí… mejor”. Cuando se pregunta, ¿mejor que quién?, la respuesta es invariable: mejor que los “musulmanes” o “moros”, lo que se atribuye a su cultura y a sus relaciones endogrupales.
“hay inmigrantes que se suelen integrar bastante bien y bueno acaban emparejándose con gente de aquí y su círculo de amistades es el mismo que el de su marido, acaba siendo admitida e integrada, y hay gente que mantiene digamos su círculo dentro de la gente de su país o su etnia, vale, y no acaba de integrarse. Yo creo que también va un poco por el rollo religioso e ideológico porque sí que veo que la gente del Este sí que se integran más fácilmente y sin embargo los musulmanes, por ejemplo, las mujeres musulmanas con la historia de llevar el velo y tal… ves grupos de mujeres todas musulmanas, no ves gente de aquí con ellas o al revés” (agricultor, Requena).
De forma similar, en Carcaixent la inmigración laboral también es percibida como necesaria para dar respuesta a la demanda de mano de obra en la temporada de recogida de la fruta y del tratamiento y envasado de la misma. En las entrevistas aparece de forma reiterativa que “son personas que vienen a trabajar y hacen los trabajos que los españoles no queremos hacer” (agricultor, Carcaixent).
La convivencia en Carcaixent la podemos caracterizar como distante, pero pacífica y tranquila. Socialmente, la población de Europa del Este y de América Latina pasan más desapercibidos y están mejor valorados por su capacidad de integración (participación en actividades, lengua compartida o aprendida, etc.), mientras que la población magrebí es muy visible y está mal valorada por su cultura, de la que se destaca el trato hacia las mujeres, por su religión y por su hermetismo endogrupal. La llegada de personas de origen magrebí se suele caracterizar como “avalancha” o “invasión” y algunos admiten tener “miedo” a este colectivo (entrevista grupal, vecinas marroquíes, Carcaixent). En diferentes entrevistas y focus group se constatan posiciones islamófobas. En contraste, algunos de los vecinos autóctonos entrevistados muestran mayor empatía y aceptación del colectivo senegalés, percibidos como “buenas personas” o “lo tienen muy complicado”. En su caso, no hay comentarios negativos por su pertenencia a la religión musulmana.
Discusión y conclusiones
Como en otras zonas rurales españolas, la aportación de la inmigración internacional ha sido decisiva para estabilizar la población y mantener el dinamismo económico de los municipios analizados. En Requena, Utiel y Carcaixent, la inserción laboral de las y los inmigrantes se ha dado por “abajo” de la estructura laboral, con la agricultura como puerta de entrada para los hombres y el servicio doméstico, la limpieza y el cuidado de ancianos, para las mujeres. En años posteriores, esta estructura laboral etnofragmentada, si bien se mantiene, se ha suavizado, de forma diferenciada según los colectivos. Con el tiempo, el aumento de relaciones y recursos, y en algunos casos, el reconocimiento de competencias, una parte de los latinoamericanos y rumanos han pasado a otros sectores. En Utiel y en Requena, los hombres a la construcción, talleres, las escasas fábricas de la zona y el transporte; en Carcaixent, están más presentes en las fábricas de los municipios vecinos, en construcción y servicios. Las mujeres, en el pequeño comercio y la hostelería, con mejores condiciones de trabajo, en los tres municipios. Sin embargo, no ha sido el caso de los marroquíes, que continúan confinados en el campo, y los senegaleses en el caso de Carcaixent que continúan combinando las tareas agrícolas, cuando les surge, y la venta ambulante en las diversas poblaciones de la Ribera del Xúquer.
En los tres municipios se ha dado un claro proceso de arraigo familiar, combinado como hemos visto, con diversas formas de movilidad. A pesar de las diferencias entre las dos comarcas, podemos constatar como la existencia de nichos laborales, la generalización de hogares con dos sueldos, la extensión de contratos, permisos y seguridad documental, así como la accesibilidad a servicios públicos, han sido factores clave para el arraigo familiar.
Con el proceso de inserción social de los nuevos vecinos y vecinas, con sus luces y sus sombras, la vida local se ha transformado. En términos generales, en Utiel, Requena y Carcaixent, se ha dado una inserción tranquila con presencia de los inmigrantes y sus familias en los ámbitos significativos de la vida social: los mercados, los espacios públicos y los centros de enseñanza, sanidad y servicios sociales. Si bien predomina una coexistencia, más o menos indiferente, se han desarrollado relaciones significativas de vecindad, con pequeños favores y apoyo mutuo, y hay matrimonios mixtos. Esta inclusión tranquila en la sociabilidad informal se ha visto muy favorecida, en el caso de Utiel y Requena, por la percepción generalizada de la contribución económica y social de la inmigración; esto es más matizable en el caso de Carcaixent, con un sector de la población más receloso ante la presencia de la inmigración musulmana.
Este balance no sería completo sin las sombras, similares en los tres municipios. La situación social de las familias inmigrantes, las trayectorias formativo-laborales de sus hijos e hijas de abandono escolar temprano y rápida inclusión laboral, incluso en casos de éxito escolar, favorece que reproduzcan la posición social subordinada de sus padres, como señalan otros estudios (Pedreño y otros 2013, Aparicio y Portes 2021). Otro problema para una inserción normalizada es la consolidación de “bolsas étnicas” de situaciones de pobreza y peligro de exclusión social, que detectamos. Por último, pero no menos relevante, se constata el establecimiento de una jerarquía valorativa étnica, con mayor aceptación de europeos del Este y latinoamericanos y en la que los marroquíes ocupan la posición inferior, dado que suscitan mayor distancia o recelo.
Nos encontramos ante procesos en curso, con dinámicas contradictorias, que pueden decantarse en un sentido más inclusivo o más excluyente. Si se consolidan las tendencias negativas señaladas, es decir la reproducción generacional de una posición social subordinada de una parte del vecindario por su origen inmigrante, se puede consolidar a nivel local una estructura social local etnofragmentada, donde las desigualdades de clase, posición social y etnia, se retroalimenten. En un futuro, una fuente de nuevas diferencias, discriminaciones consolidadas y posibles tensiones.
Muchos de los factores que inciden en el desarrollo de estas dinámicas exceden el ámbito local como un mercado de trabajo etnofragmentado, la escasa capacidad protectora de nuestro Estado de Bienestar en problemas como la vivienda, la inseguridad de sectores populares precarizados y una real igualdad de oportunidades educativas, o la islamofobia latente en la sociedad española, ahora fomentada y legitimada por VOX. Otros factores son más propios del ámbito local. Este, por un lado, da forma específica a estas tendencias generales. Por otro lado, en el ámbito local se da la inserción tranquila del nuevo vecindario, su arraigo familiar y una coexistencia cotidiana con una creciente interrelación. Para una parte del vecindario de los tres municipios, los inmigrantes “ya son del pueblo”. Consolidar y fortalecer estos aspectos positivos de la vida cotidiana, avanzar hacia un orden local menos desigual y más intercultural, no solo involucra a los agentes locales, pasa también por unas políticas sociales más potentes, en términos de vivienda, educación y mejora de oportunidades, así como de gestión inclusiva de la diversidad cultural, adaptadas a la realidad de nuestros municipios rurales.
Notas
Este trabajo se ha realizado, en el caso de Utiel y Requena, en el marco del Proyecto CONACYT-México 182648, “La expansión de zonas vitivinícolas y el trabajo inmigrante. Estudio comparativo en Estados Unidos y España”, y en el caso de Carcaixent, del proyecto PID2021-124346OB-I00, “Participación, relaciones vecinales y convivencia en barrios multiculturales en pandemia. Un análisis comparativo”.
1. AMICS responde al acrónimo de Agencia de mediación para la integración y la convivencia social, una red de oficinas locales de atención a la inmigración, con el apoyo financiero de la Generalitat Valenciana. Entre 2017 y 2018 la Red AMICS pasó a ser la Red Pangea, y sus centros se integraron en los Servicios sociales de atención primaria de cada Ayuntamiento, aunque manteniendo la financiación autonómica.
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