1. Marco teórico
Durante el pasado siglo XX, varios filólogos de prestigio como el español Ramón Menéndez Pidal con su obra El dialecto leonés (1906) y sus sucesivos discípulos con Trabajos sobre el dominio leonés (Galmés de Fuentes 1957) o la francesa Jeannick Le Men Loyer con Repertorio de léxico leonés (1996) se interesaron por la lengua leonesa. Esta lengua se caracterizaba, y aún hoy en día también, por tener un uso predominantemente rural. Los filólogos y lingüistas anteriormente mentados trazaron diversas isoglosas lingüísticas basándose en el léxico autóctono leonés de las comarcas. Llevaron a cabo compilaciones de vocabulario y plasmaron sobre papel la riqueza de todo el patrimonio cultural lingüístico leonés. Muchas de esas zonas rurales que eran prolíficas en hablantes de leonés se han visto afectadas por el creciente descenso demográfico que ha supuesto la pérdida de hablantes de lengua leonesa. El conjunto de la Región Leonesa (León, Zamora y Salamanca) concentra la mayoría de los hablantes de leonés en las comarcas más occidentales. En el mapa 1 podemos ver, en verde, aquellas áreas de la Región Leonesa donde aún hoy perviven rasgos de la lengua leonesa en cualquiera de sus formas, variedades y niveles de vitalidad.
Si se examina exclusivamente la provincia de León, el leonés aún pervive principalmente en las comarcas de Laciana, El Bierzo, La Cabrera, Babia, Omaña, La Cepeda y La Maragatería. A través de un análisis antropológico se puede contemplar que estos territorios se caracterizan, desde el punto de vista demográfico, por la pérdida sostenida de población a partir de los años cincuenta del siglo XX. Desde entonces, en un mundo rural en general marginado en los procesos de concentración de la actividad económica, las áreas de montaña son consideradas ejemplos extremos de regresión demográfica, abandono y dependencia (Lois 1993).
Desde la antropología rural se observa que, a las causas generales de reducción de los efectivos rurales y su trasvase a los núcleos urbanos como proceso general en todo el país, se unen un conjunto de factores que impulsan el éxodo rural en esas zonas montañosas y periféricas de la provincia de León. Estos factores se concretan en unas condiciones ecológicas del medio muy limitantes (elevada altitud media, escasa fertilidad de los suelos, elevadas pendientes y, en ocasiones, clima extremado) y agrarias con excesiva división de la propiedad (Cortizo 1994), escasez de terrazgo aprovechable y ausencia de regadío.
El ámbito rural es donde más se ha sufrido la pérdida de habitantes (Salgado 2020). En esas zonas rurales, se ha pasado de una sociedad agraria tradicional cuya producción se orientaba básicamente al autoconsumo (Cabero 1980), a la salida del campo y de los pueblos habiendo núcleos que quedaban despoblados (Prieto 1996) y a la emigración hacia territorios más prósperos como las ciudades y las cuencas mineras.
No obstante, a pesar de esas limitaciones, el manejo secular que el hombre ha llevado a cabo en el territorio se ha plasmado en una organización tradicional del medio rural, y sus paisajes asociados, que destaca por su riqueza y singularidad. Por ello ha sido reconocida por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, en sus siglas en inglés) que ha designado, en 2022, al sistema agrosilvopastoril de las Montañas de León como territorio SIPAM (Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial). Es decir, se reconoce el patrimonio mundial por la diversidad de usos de la tierra, con bosques (castaños, hayas, abedules, enebros, robledales), pastos y cultivos que permiten la convivencia de agricultura, ganadería, silvicultura, recolección, caza y pesca, otorgando a la región un alto valor agroecológico, así como los usos y costumbres tradicionales de sus pueblos y pobladores, en el manejo del territorio en su vinculación con ese valor agroecológico y con el sector agroalimentario. Esto sin duda, ha supuesto un revulsivo para el territorio por las posibilidades de crecimiento y desarrollo que ofrece (https://www.fao.org/giahs/around-the-world/es).
Esa despoblación rural y concentración urbana ha sido durante décadas el proceso que activó la expansión de núcleos como Ponferrada (Alonso y Cabero 1982) o la ciudad de León. Sin embargo, esto ha traído consigo una pérdida de población y un envejecimiento de los efectivos demográficos que aún persistían en los pueblos y que son, precisamente, quienes hablan aún el leonés. Al problema general del envejecimiento de la población rural en la provincia de León se une que es ella la que habla leonés; la depositaria natural de ese patrimonio. Es el estrato más anciano de la sociedad leonesa el que usa el leonés con más frecuencia. Por eso se considera que la transmisión de esta lengua se encuentra bajo amenaza de desaparición solamente considerando el crecimiento vegetativo de las comarcas mencionadas y planteando cualquier proyección demográfica a corto o medio plazo.
Por otro lado, la propia estructura de la población dificulta esa transmisión en el medio rural, pues es casi inexistente la población juvenil censada en muchos de esos municipios que deberían ser los nuevos receptores del idioma. La transmisión intergeneracional se halla en situación crítica. Al ser los más ancianos quienes aún hablan y conservan el leonés, no tienen a quién transmitirlo y son los primeros en desaparecer del padrón y engrosar las listas de descenso demográfico. La transmisión del leonés se produce entre los hablantes de mayor edad en los pueblos y también cuando estos reciben a sus nietos que vienen desde las ciudades. Sin embargo, esta generación joven no puede transmitirlo una vez sale del pueblo dado que no hay clases de lengua y cultura leonesa en todas las escuelas de los núcleos urbanos.
Partiendo del análisis del estatus actual del leonés como lengua minoritaria y desde una perspectiva antropológico-social, el objetivo de este trabajo es analizar la tendencia demográfica rural actual, en su vinculación con el uso de la lengua leonesa, utilizando como modelo, a modo de estudio de caso, la comarca leonesa de Omaña que integran los términos municipales de Murias de Paredes, Riello, Valdesamario, y Las Omañas. Por otro lado, se plantean también algunas medidas que desde la Administración responsable se podrían implementar para su conservación y desarrollo y revertir esa situación. En el mapa 2 se puede ver, en naranjalos municipios de la comarca de Omaña que tradicionalmente tenían el leonés como lengua de comunicación y en los que aún hoy pervive en diferentes formas.

Mapa 2. Municipios de la comarca de Omaña.
Fuente: Servicio de Cartografía de la Universidad de León.
Para llevar a cabo este estudio se ha puesto el foco en diversos documentos oficiales estatales sobre legislación de lenguas como el Estatuto de Castilla y León de 2003, o la Constitución española de 1978, que marca las pautas en cuanto a la protección de las diversas modalidades lingüísticas de España. También, se han analizado varios documentos de política lingüística de la Unión Europea, a través de su Consejo de Europa que, con la Charte Européenne des Langues Regionales ou Minoritaires (Carta europea de las lenguas regionales o minoritarias) de 1992, plantea que las lenguas regionales o minoritarias son parte del patrimonio cultural y que han de ser protegidas y fomentadas. Para comparar las distintas políticas de salvaguarda de lenguas minoritarias, otro territorio que se ha estudiado en este estudio es la República Popular China, país que cuenta con un gran número de lenguas minoritarias y que ha llevado a cabo políticas de protección y fomento de estas. Aparte de esos documentos, la lectura detallada del Atlas de las lenguas en peligro del mundo de la UNESCO, publicado en 2010, ha arrojado luz sobre la situación crítica en la que se encuentran muchas lenguas del mundo, entre las que se encuentra el leonés.
A partir de los datos oficiales del INE que figuran en los censos de población de los últimos setenta años de la comarca leonesa de Omaña, se ha analizado lo más relevante desde el punto de vista demográfico como el volumen de población y su evolución, el crecimiento vegetativo y la estructura de la población. El análisis de los datos poblacionales y su tendencia ha aportado una información muy relevante que relacionamos con la situación crítica del leonés: es el estrato poblacional de mayor edad quien todavía utiliza el leonés en su día a día y son estas comarcas rurales las que mayor grado de despoblación han sufrido en las últimas décadas.
Además, desde un punto de vista lingüístico, se han examinado tesis doctorales, libros, diccionarios de uso de la lengua y abundante documentación de la Cátedra de Estudios Leoneses (CELe) de la Universidad de León, de la Asociación Cultural Faceira y de la Academia de la Llingua Asturiana (ALLA), así como el Atlas de las Lenguas en Peligro (UNESCO) sus proyectos sobre lenguas minoritarias.
2. El territorio del leonés y su nivel de vitalidad
El leonés, como el resto de las lenguas romances, es un idioma que nació de la evolución del latín vulgar en la Península Ibérica. Está encuadrado dentro del dominio lingüístico del asturleonés. En este dominio existen tres zonas diferenciadas: el bloque occidental, el bloque central y el bloque oriental. En la actualidad, es una de las lenguas minoritarias de España y de Portugal, donde se la conoce bajo la denominación de lhéngua mirandesa (lengua mirandesa) puesto que es en la comarca de Miranda do Douro donde aún es usada.
Aunque este estudio de lengua y demografía rural se centra principalmente en una comarca de la provincia de León, se ha de tener en cuenta que el dominio lingüístico del asturleonés es mucho más amplio y se extiende desde el Principado de Asturias y el occidente de Cantabria hasta el sur de Extremadura coincidiendo con la expansión geográfica del Reino de León medieval. De hecho, en las diferentes provincias cada comarca lo denomina de diferente manera: patsuezu, bercianu, cabreirés, cepedanu, oumañés, senabrés, sayagués, alistanu, habla riberana, arribeñu o la palra. En algunos contextos, en tono despectivo y no exento de diglosia se le refiere como chapurriáu. El término leonés es pues un glotónimo para designar a las distintas hablas asturleonesas que se hallan en las diferentes comarcas rurales de las tres provincias de la Región Leonesa.
A pesar de ser una lengua con un número importante de hablantes en la Edad Media ya que los documentos de foros, testamentos y la literatura medieval del Reino de León así lo atestiguan (Morala 2008), en pleno siglo XXI apenas cuenta con 30 000 hablantes patrimoniales, si nos ceñimos exclusivamente a las tres provincias de la Región Leonesa. El grado de comunicación en leonés de estos hablantes varía mucho. Hay hablantes que lo emplean diariamente, otros que lo emplean exclusivamente en el ámbito familiar, otros cuyo leonés está repleto de castellanismos y otros que solo hacen uso de él en fiestas y tradiciones populares.
La mayoría de esos hablantes se encuentran fundamentalmente en las comarcas y municipios rurales del oeste que han sufrido un descenso demográfico muy intenso y cuentan con una edad avanzada. Al haber ausencia de clases de lengua y cultura leonesa en la enseñanza primaria y secundaria, las nuevas generaciones solo escuchan leonés si hablan con sus abuelos con lo que el leonés quedaría encuadrado en las lenguas en peligro de desaparición por la UNESCO. Esta organización se encarga de la cultura, la ciencia y la educación en el mundo y en su Atlas de las Lenguas en Peligro (Moseley 2010) establece que el asturleonés está en nivel amarillo de riesgo. Sin embargo, tras un exhaustivo trabajo de campo, se puede observar claramente que no en todo el dominio lingüístico asturleonés la lengua leonesa goza de la misma vitalidad. Dependiendo de la comarca y su escasez de transmisión y uso podríamos considerarlo como seriamente en peligro o incluso en situación crítica como indica la figura 1:
3. Breve descripción lingüística del leonés
Muchos son los lingüistas y filólogos que se han adentrado en el mundo de la lengua leonesa para investigar sus rasgos tanto fonológicos como gramaticales y léxicos. Desde los primeros estudios de Menéndez Pidal con sus estudios sobre El dialecto leonés (1906) hasta los más recientes estudios de la Academia de la Lengua Asturiana (ALLA) prestigiosos análisis se han hecho sobre la lengua del Reino de León. La lengua leonesa goza de un patrimonio léxico muy prolífico (LeMen 1996) y sus usos y características la definen como una lengua propia. Como mencionamos anteriormente, el dominio lingüístico asturleonés se subdivide en tres grandes áreas con sus distintas variaciones y rasgos específicos que a través de isoglosas el pionero Menéndez Pidal ya estableció a principios del siglo XX. Desde el punto de vista lingüístico, el bloque occidental se extiende en el occidente del Principado de Asturias, en el noroeste y oeste de las provincias de León, Zamora y Salamanca, así como en el concejo de Miranda do Douro en Portugal. Los rasgos lingüísticos más relevantes de este bloque son (1) la diptongación de la o breve tónica latina puede originar tres casos diferentes: puerta, puarta o puorta; (2) el mantenimiento de los diptongos decrecientes ei y ou, por ejemplo, tamborileiru, llousa (Faceira 2012); y (3) la formación del femenino plural en -as, por ejemplo, las pitas, las uveyas (con la excepción del área zamorana de San Ciprián de Sanabria en la que se forma el plural femenino en -es).
En cuanto al bloque central del dominio lingüístico asturleonés, es el que goza de mayor número de hablantes debido a que los tres grandes núcleos de población del Principado de Asturias (Gijón, Oviedo y Avilés) se hallan encuadrados dentro de él y también comparten estos rasgos lingüísticos el leonés hablado en algunos pueblos de los concejos de la Montaña Central Leonesa. Los rasgos lingüísticos más relevantes son (1) la monoptongación de los diptongos decrecientes (tamborileru, llosa), (2) la existencia de una única diptongación de o breve latina (ejemplo: puerta) y (3) la formación del femenino plural en -es, por ejemplo, les pites, les uveyes; sin embargo, este fenómeno no se aprecia en las comarcas leonesas-parlantes de la Montaña Central Leonesa que forman el plural femenino en -as.
En cuanto al bloque oriental, abarca a los subdialectos del oriente del Principado de Asturias, el occidente de Cantabria, así como el nordeste de la provincia de León y algunas áreas del sur de la provincia de Salamanca. Uno de los rasgos principales de este bloque lingüístico es que la f-inicial latina se convierte en una h- aspirada. Así, por ejemplo, la palabra farina sería pronunciada como “jarina”. Esta característica del leonés oriental es compartida por el leonés hablado en la comarca salmantina de El Rebollar también llamado la palra d’El Rebollar.
4. El leonés en la legislación
En general, la mayoría de los estados del mundo promulgan leyes para proteger su patrimonio lingüístico. Desde la República Popular China hasta la Unión Europea con sus 27 países que la conforman son muchos los territorios que consideran la pluralidad lingüística como un bien a proteger y como una parte esencial de la cultura y la intrahistoria de su pueblo. En España, en el preámbulo de la Constitución española de 1978 se dice que: “La Nación española (…) proclama su voluntad de (…) proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones” (Declaración Universal de los Derechos Humanos. Constitución Española. Estatuto de Autonomía de Castilla y León 2003). Si uno se adentra un poco más en el libro constitucional de todos los españoles, podemos observar como en el punto 2 del artículo 3 del Título Preliminar se dice que, aparte del castellano como lengua oficial del Estado, “las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus estatutos” (Declaración Universal de los Derechos Humanos. Constitución Española. Estatuto de Autonomía de Castilla y León 2003). En el punto 3 de ese mismo Artículo 3, se dice que “La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial objeto y protección”(Declaración Universal de los Derechos Humanos. Constitución Española. Estatuto de Autonomía de Castilla y León 2003). Más adelante, en el Artículo 148 se establece que dentro de las materias en las que las Comunidades Autónomas podrán asumir competencias, está la 17ª: “El fomento de la cultura, de la investigación y, en su caso, de la enseñanza de la lengua de la Comunidad Autónoma” (Declaración Universal de los Derechos Humanos. Constitución Española. Estatuto de Autonomía de Castilla y León 2003). Además, en el Estatuto de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, en el Artículo 5.2. se establece que: “El leonés será objeto de protección específica por parte de las instituciones por su particular valor dentro del patrimonio lingüístico de la Comunidad. Su protección, uso y promoción serán objeto de regulación” (Junta de Castilla y León 2020). Por lo tanto, a la vista de nuestra Constitución y del Estatuto de la Comunidad Autónoma, la lengua leonesa debe ser protegida y fomentada. Sin embargo, como se expone a continuación, la realidad es muy distinta.
5. La protección tardía del leonés y la desaparición de sus hablantes
Al leonés, como patrimonio lingüístico que es de España y del mundo, no se le ha prestado atención hasta hace relativamente muy poco tiempo. Desde la aprobación de la Carta Magna española en 1978 y la implantación en la Unión Europea de la Carta Europea para las Lenguas Regionales o Minoritarias en 1992 hasta el año 2018 que se creó la Cátedra de Estudios Leoneses; es decir, más de un cuarto de siglo, la administración autonómica de la Junta de Castilla y León no tomó ninguna medida para salvaguardar y difundir la lengua leonesa. Es de crucial importancia mantener un patrimonio tan valioso como la lengua leonesa. Sin embargo, llama la atención que esta administración autonómica sí haya tomado medidas para la protección del gallego, que es otra de las tres lenguas habladas en la provincia de León junto con el mentado leonés y el castellano. La Junta de Castilla y León sí implantó el gallego en los planes de estudio de algunos municipios de la comarca leonesa de El Bierzo. Desde un análisis antropológico-lingüístico, se contempla que esta comarca, por otra parte, en sus áreas norte y oriental mantiene muy vivo el uso del leonés con la población de mayor edad aun usándola en su día a día. Todas las lenguas tienen el mismo derecho a ser enseñadas y fomentadas puesto que forman parte del patrimonio cultural del territorio en el que se hablan. Además, debido al vaciamiento de las comarcas rurales y el éxodo que se produjo hacia las ciudades, se considera también importante implantar el leonés en la capital leonesa para que se pueda transmitir a los más jóvenes. Si una lengua no se transmite desaparece, y al extinguirse una lengua se muere una parte esencial de la idiosincrasia de una comunidad cultural, de un pueblo. Además, dado que durante el periodo estival es cuando los más jóvenes regresan a sus pueblos de origen a pasar tiempo con los más mayores, se considera de especial importancia el establecimiento de cursos de lengua y cultura leonesas de verano en las comarcas donde aún perdura el leonés. Esto sería un punto de inflexión para detener la perdida de hablantes y, sobre todo, fomentar la comunicación intergeneracional entre los hablantes con más edad y las nuevas generaciones.
La hipótesis Sapir-Whorf establece que las lenguas son las portadoras del conocimiento y las experiencias acumuladas por una nación o un grupo a lo largo del tiempo (Kottak 2019). Esta teoría del campo del relativismo lingüístico llevada a cabo por prestigiosos antropólogos lingüistas estadounidenses muestra que hay ciertos pensamientos e ideas de un individuo en una lengua que no pueden ser bien entendidos por aquellos que viven en otra lengua. El modo de pensar de las personas está altamente afectado por sus lenguas nativas. Por lo tanto, la desaparición de un idioma es una pérdida irrevocable y permanente de cierta visión del mundo, algo equiparable a la pérdida de un animal o una especie de planta. Un idioma es lo más representativo del ser humano, es la herramienta con que los pueblos han ido mostrando y trasmitiendo a la posteridad su propia imagen y la información de sus inquietudes, de su evolución, de sus logros, dando lugar así al proceso de las civilizaciones (Díez 1994). Por lo tanto, el acto de extinción de una lengua es un acto que constituye una seria pérdida de conocimiento heredado y de legado cultural no solo para el territorio donde esa lengua fue hablada, sino también para el mundo en general. La lengua leonesa es portadora de la cultura y las tradiciones que han forjado al pueblo leonés desde el nacimiento del Reino de León a principios del siglo X hasta nuestros días. Por lo tanto, como parte del patrimonio cultural de la Comunidad de Castilla y León debe ser protegida y promocionada.
Desde una perspectiva antropológica, se observa nítidamente que a la inacción de los organismos oficiales autonómicos y nacionales con la lengua leonesa se le une la drástica pérdida de población que se ha producido en la Región Leonesa desde la creación de la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Las provincias donde aún se mantiene viva la lengua leonesa en sus diversas formas (León, Zamora y Salamanca) habían ya perdido un total de 150 000 habitantes desde 1983 en el año 2019 (Salgado Fuentes 2019) y en la actualidad la pérdida poblacional de esta región ronda los 180 000 habitantes menos (INE 2025). Cuando analizamos detenidamente los gráficos de población desde mediados de los años 80 del siglo XX hasta la actualidad, es clamoroso el descenso que han tenido las provincias de la Región Leonesa. En el periodo de 1981 a 2020, cuando el conjunto de España aumentó su población en 9 646 619 millones de personas, la Región Leonesa perdió 153 882 (Díez 2020). Ciñéndonos exclusivamente a la provincia de León, se ve claramente que esta ha pasado de tener 526 000 habitantes en 1983 hasta los actuales 446 857 habitantes en enero de 2025; lo que supone una pérdida de casi 80 000 habitantes (INE 2025). A través de la antropología rural y los estudios de campo podemos confirmar que la lengua leonesa, a pesar de no recibir ningún tipo de apoyo, pervive en aquellos municipios más depauperados desde el punto de vista demográfico. Pero su supervivencia no está asegurada. Estos habitantes principalmente emplean el leonés en conversaciones diarias con otros vecinos o en el ámbito familiar. La comarca de Omaña es un claro ejemplo donde todavía se mantiene viva la lengua leonesa en el léxico y la gramática empleada por sus habitantes que cada vez son menos. Esto pone de manifiesto claramente el deterioro demográfico tan grande que sufre el territorio leonés en particular y aquellas comarcas y concejos donde aún se mantiene viva la lengua leonesa.
6. La dinámica rural de la población de Omaña
La dinámica poblacional rural es un factor a tener en cuenta cuando se trata de preservar una lengua minoritaria. Los hablantes de una lengua forman un conjunto que, según su dimensión, referida a cantidad de habitantes de un territorio que lo hablan, tal es su importancia y su influencia socioeconómica. Los distintos factores que influyen en la pérdida de población rural afectan a la pervivencia de una lengua, que, como minoritaria, cuenta con pocos hablantes como es el caso del leonés. No todas las lenguas del mundo gozan del mismo vigor, ni tienen la misma función ni perspectiva de uso (Romaine 2002). La población que lo habla, por tanto, nos indica la vitalidad de la lengua en cuestión y por eso muchas culturas indígenas que se extinguieron al ser absorbidas por otra dominante perdieron su lengua. Esto fue lo que ocurrió, por ejemplo, a finales del siglo XIX con las lenguas nativas que hablaban las tribus de Tierra del Fuego. Del mismo modo, el actual proceso mundial de globalización supone un riesgo elevado de absorción y eliminación de otras culturas minoritarias y sus lenguas (Xiulan 2007).
Esa relación directa que lógicamente se establece entre el volumen de población y su vitalidad queda de manifiesto cuando analizamos la dinámica demográfica de territorios rurales en los que aún se habla el leonés. En este trabajo se ha tomado como ejemplo de análisis la comarca de Omaña en León, referida en este caso solamente a la población de los términos municipales de Murias de Paredes, Riello, Las Omañas y Valdesamario a partir de los datos de los gráficos de los Censos del Instituto Nacional de Estadística desde 1950 a la actualidad. Se ha excluido Soto y Amío para que las series de datos fueran los más homogéneas posible ya que este término incluye, según los censos considerados, localidades no específicamente omañesas del valle del río Luna. Por otro lado, se ha incluido el de Las Omañas al completo a pesar de que no siempre se le considere un espacio geográfico de Omaña.
Este análisis de la demografía rural considera que estos cuatro municipios son plenamente significativos de las características demográficas de las zonas deprimidas de la provincia de León. La despoblación rural en la provincia leonesa es un hecho constatable no ya solo por los datos que arrojan los análisis de pérdida de efectivos, sino también por el paisaje vacío y que uno encuentra al realizar trabajo de campo por esas áreas con numerosos pueblos con casas abandonadas en los que el número de habitantes en invierno son muy escasos. Aunque este análisis se ha centrado principalmente en la zona de Omaña, los datos recogidos en este estudio son intercambiables con los de otras comarcas leonesas como Maragatería, La Cabrera, o la montaña del Bierzo que también están encuadradas en el dominio lingüístico del leonés.

Figura 2. Evolución de la población de Omaña en los últimos 75 años.
Fuente: Censos de Población, INE.
Si se observa la representación del volumen de población de Omaña en los últimos 75 años (fig. 3) lo primero que se aprecia es una caída sostenida de los efectivos de población de la comarca desde mediados del siglo pasado. La caída afecta a los cuatro municipios, aunque no tiene la misma intensidad ya que hasta 1980 el municipio más poblado era Murias de Paredes y a partir de esa fecha lo es Riello, aunque con la misma tendencia descendente que en el resto. Por lo tanto, se aprecia una tendencia constante: los municipios rurales siguen perdiendo población y no logran recuperar los índices poblacionales de antaño.
La población de los cuatro municipios era en 2021 de solo 1439 habitantes (ver fig. 3) lo que supone menos de la cuarta parte (el 22,7%) de la que tenía en el 1950 y en el último año del padrón (2025) era de 1341; es decir, había perdido 98 habitantes más con respecto a 2021.

Figura 3. Volumen de población de los municipios de la comarca de Omaña.
Fuente: Censos de Población, INE.
A lo largo de la serie temporal Riello perdió 1219 habitantes, teniendo ahora el 31% de la población que tenía en 1950. Por su parte, Valdesamario perdió 592 habitantes censados con lo que su población actual es del 22% de la que tenía hace setenta años. Las Omañas perdió 1197 habitantes, con lo que su población ahora es el 18% de la que tenía al comienzo de la serie. Por último, Murias de Paredes ha perdido 2283 habitantes de modo que ahora su población es solo el 12% de los que tenía a mediados del siglo XX.
El proceso de pérdida de población en términos absolutos se acompaña además de un envejecimiento de los activos demográficos que persisten en el territorio. Es decir, hay mucha menos gente y esta es más vieja, mostrando la representación de los datos la típica estructura de pirámide invertida. Es esta gente de mayor edad, además, la que conoce y aún usa el leonés, por lo que el descenso demográfico en estas áreas rurales está estrechamente ligado a la pérdida de hablantes de leonés. Como se observa en las gráficas demográficas el nacimiento de niños en estas áreas rurales es mínimo; por lo tanto, la transmisión intergeneracional del leonés está en una situación muy crítica.
Así, si se observa la representación de la pirámide de Murias de Paredes (ver fig. 4) no solo muestra esa forma invertida con muchos más activos en la parte alta de la misma y pocos en la base (de hecho, no hay varones censados de menos de 10 años), sino que la población de más de 85 años representa un porcentaje considerable. Algo parecido ocurre con la pirámide de Las Omañas (ver fig. 5) que también aparece muy engrosada en la parte media y alta de la misma y muy adelgazada en la base (también faltan activos en la cohorte de 0 a 4 años).
Con los datos de esas pirámides, la proyección de población nos lleva a un mantenimiento de la tendencia, al menos, a medio plazo, y con ello, la tendencia de mantenimiento de la trasmisión del leonés dado que es el estrato de población de más edad quien, con mayor o menor frecuencia, aún mantiene el uso de esta lengua.
La estructura que presenta las pirámides que hemos elegido indican una población muy envejecida, ejemplo de una provincia que, a su vez, también lo es. Así, según datos del INE, León era en 2016 el territorio administrativo que ocupaba la 8ª posición de las más envejecidas de todas las de la Unión Europea, con un porcentaje de 5,3% de población mayor de 85 años (España en ese mismo año el porcentaje era del 2,9%). Ese porcentaje que caracteriza a León como provincia se supera ampliamente en el caso de Omaña si observamos los de población que superan los 85 años.
Este somero análisis de la población de esta comarca indica una población ya escasa, que no ha parado de disminuir en los últimos 75 años, muy envejecida y con poca capacidad de renovación por si misma. Los problemas estructurales de la población leonesa, tan conocidos desde hace tiempo como ocultados interesadamente por la Administración, se ven incrementados en todas las comarcas periféricas como Omaña y si sobre esta estructura de la población ha de descansar, como depositaria, el leonés y su trasmisión, la empresa se antoja muy difícil de llevar a cabo. Por ello la principal debilidad que presenta la supervivencia del leonés es que a medio plazo no dispondrá de hablantes en las áreas rurales donde tradicionalmente se ha utilizado. Al no haber nacimientos en esta comarca, se pierde la trasmisión intergeneracional del leonés; es decir, los mayores que aún utilizan el leonés no tienen a quién pasarles ese patrimonio lingüístico. Como queda demostrado al analizar las gráficas, la tendencia de pérdida de población es constante en Omaña y dado que es la población de mayor edad la que usa ese patrimonio inmaterial, en el momento que ya no esté se perderá ese patrimonio. Por lo tanto, la despoblación es un factor que afecta profundamente al mantenimiento de una lengua minoritaria como el leonés.
7. La protección de lenguas minoritarias en el mundo
Son numerosos los países y los modelos políticos que han intentado poner freno a la despoblación y que han llevado a cabo fórmulas para salvaguardar su patrimonio cultural en el que quedan encuadradas todas las lenguas minoritarias habladas dentro de la nación. Destacan las áreas de la Unión Europea y la República Popular China, ambas zonas geográficas cuentan con 450 y 1400 millones de habitantes respectivamente y son un crisol de culturas, etnias y lenguas. La Unión Europea en su conjunto establece que se han de proteger todas las lenguas regionales o minoritarias que se hablen dentro de ella. Con la Carta Europea de las lenguas regionales o minoritarias se puso la primera piedra en los años 90 para que cada uno de los estados miembros tuvieran unas putas de cómo proteger y fomentar el uso de las lenguas minoritarias, sin que esto supusiera un riesgo o una confrontación con en el resto de las lenguas nacionales. La Unión Europea apoya proyectos y pone medios para proteger esas lenguas e instiga a los estados miembros a proteger y evitar su pérdida, ya que esta sería perder una parte del patrimonio cultural de todos los europeos.
Otro ejemplo de territorio que protege sus lenguas minoritarias y regionales es la República Popular China. En China, existen más de 120 lenguas en peligro de extinción según la UNESCO y hay una gran variedad de lenguas minoritarias que gozan de la protección estatal en aquellas demarcaciones donde aún se hablan. Para evitar la pérdida de estas lenguas minoritarias, el gobierno chino establece asignaturas de lengua y cultura de las respectivas lenguas minoritarias en la educación primaria y en la secundaria puesto que son las generaciones más jóvenes quienes más van a poder transmitir esa lengua y esa cultura. Asimismo, aparte de la nomenclatura y la señalización de los topónimos en la lengua nacional (chino mandarín) y en la lengua minoritaria, el gobierno chino y las entidades regionales llevan a cabo programas de radio y televisión semanales en los que se habla en las lenguas minoritarias y autoriza la publicación de revistas y periódicos con contenido en lenguas minoritarias. A pesar del potente peso del chino mandarín como lengua oficial en todo el territorio, destacan la lengua tibetana, la lengua mongola, la lengua uigur y la lengua zhuang entre las lenguas minoritarias de China con mayor protección y que siguen los programas del gobierno para salvaguardar todo su patrimonio lingüístico y cultural (Minlang 2004).
Del mismo modo que las lenguas minoritarias de China son patrimonio cultural; el leonés, en cualquiera de sus variedades, es un patrimonio cultural de León, Zamora y Salamanca y, como patrimonio cultural que es, la administración autonómica que gobierna esas tres provincias ha de protegerlo y desarrollarlo. De la misma forma que la administración se implica en preservar el patrimonio artístico con fondos y ayudas para restaurar nuestras catedrales, iglesias y demás monumentos históricos que son motivo siempre de orgullo, sería extremadamente recomendable que se implicara activamente en preservar y fomentar el patrimonio lingüístico como parte del patrimonio cultural que por ley tiene encomendado.
El conocimiento y el fomento de la lengua leonesa se ha desarrollado fundamentalmente a partir de iniciativas académicas como cátedras de estudios, trabajos de investigación y tesis doctorales o iniciativas culturales privadas. Existe una clara ausencia de apoyo gubernamental y sin ese apoyo es extremadamente difícil que una lengua minoritaria y de profundo carácter rural como el leonés se conserve.
Para que el leonés perviva, se antoja de crucial relevancia que se le incluya en los planes de estudio de enseñanza primaria y secundaria para que esta lengua milenaria no se pierda. Siguiendo el modelo de la República Popular China, estado que protege sus lenguas minoritarias y establece cursos de lenguas y culturas minoritarias obligatorios en las prefecturas y provincias que tengan rasgos etnolingüísticos diferentes (Minlang 2004), se podría establecer el fomento del leonés en las escuelas e institutos de las comarcas donde aún perdura la lengua leonesa. Si el Gobierno de China, un país tan extenso y con peores infraestructuras que España en cuanto a comarcas rurales se refiere, ha podido mantener lenguas como el mongol, el tibetano, el uigur y el zhuang, está claro que la Junta de Castilla y León está sobradamente capacitada y cualificada para implantar cursos de leonés en la enseñanza de primaria y secundaria en aquellas comarcas que los lingüistas y expertos filológicos muestren la pervivencia del leonés.
Asimismo, dado que la despoblación es cada vez más acuciante en esas comarcas rurales, la Junta de Castilla y León tiene capacidad para implantar el leonés (en sus diversas variantes comarcales), como patrimonio cultural que es, en los planes de estudio de los centros educativos de las principales ciudades de las tres provincias de la Región Leonesa. Por último, fuera del calendario escolar, el leonés podría ser objeto de cursos y actividades durante la época estival en aquellas comarcas rurales en las que aún pervive. Su difusión ayudaría a contrarrestar la acuciante pérdida de comunicación intergeneracional entre los más mayores, que son depositarios de la lengua, y los más jóvenes cuyos conocimientos de leonés son mínimos.
8. Perspectiva optimista hacia la preservación de la lengua leonesa y la repoblación del medio rural
La pérdida de población en el medio rural en comarcas como Omaña y la pérdida de la lengua autóctona ha sido una constante desde finales del siglo XX. Son dos fenómenos que se han entrelazado y han marcado la tendencia regresiva en muchas comarcas rurales leonesas que durante comienzos del siglo XX estaban rebosantes de población y en las que el leonés gozaba de gran vitalidad como lengua. A pesar del diagnóstico de la UNESCO que encuadra al leonés como lengua en riesgo y la decadente tendencia a pérdida de hablantes de esta, existen razones para un cierto optimismo desde una perspectiva antropológica. El leonés no es una lengua muerta.
La primera razón y una de las más fundamentales es que, aunque su número es muy minoritario, hoy en día todavía existen hablantes de leonés que utilizan esta lengua no solo en cuestiones léxicas, de vocabulario local, o toponímicas, en nombres de lugares geográficos, sino en conversaciones diarias. El filólogo Menéndez Pidal a principios del siglo XX ya expuso la vasta área donde el leonés se hablaba y tenía vigencia. Las comarcas del norte de la provincia de León eran una de las zonas donde más vivo se encontraba esta lengua romance. En la actualidad, casi un siglo después de esas investigaciones, la comarca de Omaña (Oumaña en leonés) cuenta con población autóctona de avanzada edad que todavía usa la lengua leonesa en su día a día o en conversaciones vecinales o familiares. Aunque la diglosia ha sido uno de los principales motivos por los que el leonés ha ido perdiendo presencia desde finales del siglo XX; hoy en día, dentro de la comarca omañesa, en el municipio de Las Omañas, en concreto, no es difícil encontrar a personas mayores empleando esta lengua.
El segundo motivo de esperanza es la comunidad afectiva que existe en torno al leonés y, sobre todo, a la identidad leonesa. La lengua leonesa es vista por una gran parte de la población de la provincia de León como rasgo identitario del territorio que componía en su época uno de los grandes reinos no solo de España sino de Europa. Aparte de esta conexión con la historia, el vulgo se muestra afectivo hacia esas expresiones léxicas, esos vocablos propios y esa forma de hablar que considera suya y única. Cuando los leoneses entran en contacto con visitantes de otras provincias se dan cuenta de que su forma de hablar es peculiar y tiene sus raíces ancladas en la lengua leonesa. Además, ese léxico autóctono es una forma de orgullo y una muestra de la singularidad del territorio leonés. Palabras como mancare (hacerse daño), facendera (trabajo colectivo comunitario) o expresiones como me presta/préstame (me gusta mucho) forman parte de la idiosincrasia del pueblo leonés y reciben siempre un especial cariño por parte de este que las dice y las entiende como suyas. El afecto hacia la lengua leonesa se da también a través de la poca conexión intergeneracional que aún existe: cuando los abuelos en señan a sus nietos palabras en leonés, estos las toman como algo distintivo, algo de lo que pueden sentirse orgullosos, algo que les conecta a su pueblo, a su familia.
El tercer impulso para la revitalización de la lengua leonesa que invita al optimismo es la acción de redes y asociaciones privadas formadas por filólogos, historiadores y también personas del ámbito no académico que se establecieron en los años 2000 para luchar contra la pérdida de la lengua leonesa. Forman parte de un movimiento social y comunitario que está muy presente en la sociedad leonesa y frecuentemente organizan congresos, conferencias y ponencias sobre temática leonesa. Colectivos como El Teixu y Faceira son un claro ejemplo de ello y demuestran que el asociacionismo privado se muestra voluntarioso y luchador para que el patrimonio lingüístico de León no desaparezca. Estas entidades no solo cuentan con páginas web muy extensas en las que exponen la realidad lingüística de León, sino que son artífices de muchas publicaciones y actividades para la promoción y el desarrollo del leonés como guías gramaticales del leonés y mapas toponímicos.
El cuarto motivo por que el que el leonés puede ser revitalizado y escapar de ser una lengua en peligro de extinción es que hay instituciones públicas que poseen algunos fondos públicos destinados a la promoción de esta lengua. Destacan la Cátedra de Estudios Leoneses (CELe) de la Universidad de León y el Instituto Leonés de Cultura (ILC) principalmente. La CELe ha llevado a cabo la digitalización del diccionario del léxico del leonés actual, obra magna de la filóloga y erudita de la lengua leonesa, Jannick Le Men Loyer. Este hito ha puesto a disposición para todos los usuarios de internet el acceso al vocabulario de la lengua leonesa. Además, la CELe ha desarrollado un excelente trabajo de campo entrevistando a hablantes de leonés y grabándolo y documentándolo todo para su biblioteca pública digital de libre acceso. Junto con el diccionario, numerosos libros, conferencias, congresos y publicaciones que recogen las hablas leonesas del mundo rural constituyen otros elementos para la recuperación y promoción del leonés. Estudiantes de la Universidad de León, a través de la beca RALBAR, han llevado a cabo investigaciones para fomentar el leonés dignificando el patrimonio lingüístico y fortaleciendo el respeto y la conservación del mundo rural y todo su léxico.
El ILC, por su parte, tiene unidades didácticas de libre acceso para todos los usuarios para el estudio y el aprendizaje del leonés para infantil, primaria y secundaria. Este hecho es crucial para que no se pierda la conexión lingüística intergeneracional y los más pequeños puedan aprender la lengua de sus abuelos. Dado que estas unidades didácticas son accesibles para todos, los colegios de las zonas rurales pueden utilizarlas en sus clases también. Otro hecho de promoción del leonés llevado a cabo por el ILC es la traducción al mismo de folletos culturales como ocurre con el del Museo de Los Pueblos Leoneses.
Otro instituto que aboga por la difusión del leonés es el Instituto de Estudios Cabreireses que se centra en dar visibilidad al leonés y a todas las costumbres tradicionales de la comarca de La Cabrera (Cabreira en leonés). En su diario digital La Fueya Cabreiresa se encuentran numerosos artículos escritos en leonés. Además, abogan por la recuperación de la toponimia tradicional en leonés.

Figura 8. Cartel bilingüe en castellano y en leonés en La Cabrera.
Fuente: La Senda del Hayedo, 2025.
En cuanto a la recuperación de la población rural, también existen algunos motivos para la esperanza. Según apuntan varios estudios se está produciendo una incorporación de mujeres al mundo agropecuario con lo que tierras que estaban abandonadas vuelven a recobrar vida. Las mujeres siempre han sido un pilar fundamental en las zonas rurales leonesas. Hoy en día, numerosas evidencias muestran que las mujeres se están incorporando al ámbito rural de una forma plena como lo hacían los varones (Fernández 2022).
La llegada de población fundamentalmente femenina a las comarcas rurales se alinea también con las iniciativas de recuperación de la lengua leonesa en la que la mayoría de los informantes y la mayoría de los hablantes son mujeres. Los archivos de vídeo y audio de las investigaciones antropológico-lingüísticas en torno al leonés nos muestran que la lengua leonesa tiene en las mujeres un reducto que no decae. El programa de radio en patsuezu (la variedad de leonés hablado en Laciana, Palacios de Sil y Páramo del Sil) y emitido para otras comarcas colindantes como Omaña está conducido por dos maestras lacianiegas hablantes de leonés: Blanca Berdasco y Guadalupe Lorenzana. Esto es una muestra de que la mujer es un pilar importante en el mundo rural no solo como elemento esencial de asentamiento poblacional, sino también como vehículo conductor y propagador de la lengua y cultura leonesas.
Otro motivo optimista para frenar la despoblación de las áreas rurales es el cambio de visión de muchos habitantes que han visto la importancia económica y cultural de los recursos endógenos. La puesta en valor de estos y la conexión que tienen con la población local forman parte la idiosincrasia colectiva. El retorno a los recursos propios de la tierra influye de una forma determinante en el desarrollo local proporcionando empleo y sostenibilidad. En la provincia de León se hallan diversos ejemplos como la explotación de resina o la recolección y el cultivo de hongos que han proporcionado nuevas expectativas al mundo rural leonés (González 2019).
Los estudios en el campo de la antropología rural nos indican que todos los proyectos y política públicas que se lleven a cabo para repoblar el mundo rural o frenar la caída de población en el mismo han de contar con la iniciativa privada y las asociaciones rurales (González y Fernández 2022). Una gran parte de los habitantes del medio rural piensa que las políticas para el medio rural se dictan en despachos alejados del campo y muestran un desconocimiento de la realidad de este medio. Por lo tanto, es crucial que cualquier política para las comarcas rurales cuenta con las asociaciones y los habitantes de estas comarcas pues son ellos los que mejor conocen el terreno. La comunicación y la unión de sinergias de medio rural y administraciones puede traer consigo buenos resultados y frenar la caída poblacional con proyectos atractivos que fomenten el desarrollo y asienten población.
9. Conclusiones
El leonés actual es una lengua minoritaria en peligro de desaparición. En muchas comarcas rurales leonesas el leonés se halla en riesgo ya que son solo los abuelos y las personas mayores quienes hablan la lengua. Los miembros de la generación parental, aunque pueden comprenderla, no la hablan entre sí, ni tampoco la usan para comunicarse con sus hijos. Además, en muchas otras zonas de la provincia leonesa, también el leonés está en grave peligro. Se encuentra en una situación crítica puesto que los únicos hablantes son los abuelos y las personas de mayor edad, personas que en su mayoría superan los ochenta años y solo usan el leonés parcialmente y con escasa frecuencia. El leonés en este caso es utilizado en algunas expresiones fijas, en contextos familiares o en conversaciones vecinales en las que hay un mayoritario uso del castellano y de castellanismos.
El éxodo rural de población comarcal hacia las ciudades y grandes núcleos de población ha llevado consigo el nacimiento de nuevos modos de vida en la ciudad y un abandono no solo de las costumbres y tradiciones del leonés rural, sino también de la lengua leonesa como lengua de comunicación. En las últimas décadas, comarcas leonesas como Omaña han sufrido una pérdida de población rural que se ha desplazado hacia las grandes ciudades. Estos efectivos han abandonado su modo de vida rural en pos de uno urbano. Además, el uso que hacían de la lengua leonesa que antaño era habitual en las tareas de campo y vida comarcal, hoy en día en el ambiente urbano queda reducido al ámbito familiar y de forma casi anecdótica o residual.
Como se muestra en los gráficos del estudio, el descenso demográfico del medio rural de León ha sido grande y se ha llevado consigo buen número de los efectivos principales que usaban el leonés como lengua habitual. Además, los pocos efectivos que aún pueblan comarcas fundamentalmente rurales como la de Omaña están envejecidos y los nacimientos que hay son escasos que inviertan la pirámide poblacional. El mundo rural de la provincia leonesa está perdiendo población desde hace décadas lo que conlleva no solo la desaparición del modo de vida rural y tradicional, sino también de la lengua que acompañaba toda esa vida rural.
Las zonas donde aún pervive la lengua leonesa cuentan con pocos habitantes y estos, a su vez, son de una edad muy avanzada, lo que implica el peligro de desaparición del leonés a medio plazo dado que no existe una transmisión intergeneracional. Cada vez quedan menos hablantes de leonés y los que aún viven no utilizan la lengua de forma habitual. Además, las nuevas generaciones ya nacidas fuera del mundo rural no tienen realmente oportunidad de poder estudiar leonés por la inacción de las instituciones gubernamentales que todavía no han incluido esta lengua dentro del currículo de enseñanza.
Son estrictamente necesarias medidas reales de apoyo institucional para revertir no solo la gran caída demográfica del mundo rural leonés, sino también para disminuir el peligro de desaparición de la lengua leonesa. No se ha de olvidar que el leonés forma parte del legado cultural inmaterial de la Región Leonesa y como tal ha de ser preservado y cuidado. Sin duda, el patrimonio lingüístico, como todos ámbitos patrimoniales deber ser protegido para su salvaguarda por las diferentes instancias, pues protegiendo al patrimonio cultural, se protege al paisaje humano que lo sustenta (Gómez Pellón 2020).
Los motivos para el optimismo radican principalmente en el incremento de asociaciones e instituciones académicas dispuestas a investigar y recopilar léxico en leonés y darle visibilidad; el cariño y afecto social hacia la lengua leonesa como parte de un legado histórico que el pueblo leonés ve como algo suyo; las facilidades dadas por instituciones para su visibilidad en zonas urbanas, la posibilidad de que en las zonas rurales se pueda acceder a léxico y artículos escritos en leonés en internet, la repoblación de áreas rurales con población que muestra interés en las raíces culturales y lingüísticas del territorio y el retorno a los recursos autóctonos como medio de vida en el mundo rural.
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